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27 agosto 2016 6 27 /08 /agosto /2016 19:52

Es asombrosa la sensible diferencia que existe entre la solidaridad mostrada con las víctimas de atentados terroristas islámicos, con cascadas de lágrimas virtuales, sentidas frases concursantes top al premio kitsch, y decididos apoyos para la vendetta, y la escasísima solidaridad mostrada en banderitas, frases, melaza de caña y llantos plañideros en las redes sociales y en los periódicos, en los informativos de tv y radio, a los damnificados italianos por el terremoto de Amatrice donde no hay culpables con turbantes ni posibilidad de usarlo de pretexto para mover una buena millonada en gasto militar.


Por supuesto no digo que guarde relación alguna, se me ocurrió esa asociación como podía haber sido cualquier otra; porque hablando con seriedad ¿qué empresa, compañía o gobierno sería tan abyecto de utilizar el dolor ajeno para arrimar unos cuantos milloncejos de rupias a sus ascuas?

 

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26 agosto 2016 5 26 /08 /agosto /2016 21:39

Cuando no son las guerras, ni el hambre causado por la avaricia humana, arriba una plaga o una catástrofe natural, para de todos modos destruir a la gente más humilde.

Centro de Italia, gente que derrama bondad. Una vez me senté a comer antipasto, grisines, bruschettas, y algo de pasta en un pequeño restaurante familiar cerca de Teramo, próximo al desastre de ahora y de dos mil nueve. Era domingo, acaso por eso cuando terminé el plato de ravioles, la familia entera se había sentado a comer en la mesa de al lado, charlaban en viva voz y compartían como si fuesen los tanos de mi Argentina tan lejana en tiempo y espacio, había un televisor encendido con las noticias de la tarde que el patriarca comentaba con cierta indignación, yo me puse a mirarlo también y a asentir con la cabeza sus comentarios, entonces el viejo, todo un personaje, se puso a hablar conmigo de la corrupción en la política de su zona y yo le respondí con la de todas las zonas que habitan mi identidad, fue curioso porque la corrupción ofició de bisagra, de traductor, nuestro rechazo a la misma pero ella como elemento permanente en nuestra cultura, nos ubicó en un bando y nos unió, y después de un rato de despotricar y arreglar el mundo con salsa en las comisuras, me invitó a probar los fideos que se estaban devorando él, sus descendientes y su esposa, la que poco antes me había cocinado los ravioles. Entre la pinta que tenían, el buen rato que yo estaba pasando y lo agradable del lugar, se me escapó un sí redondo e integral, y de ahí en más aunque permanecí en mi mesa, casi formé parte de la familia.

Luego de agradecer y de despedirme de todos, terminé pagando la mitad de lo que me hube limado y dejé una propina generosa impropia de mí, a la chica que servía el cafecito ristretto en la barra del bar, igualmente familiar de los hacedores de tallarines.


Miré el reloj y salí pitando en el coche de alquiler, había quedado con mi padre en otra parte bastante escarpada del Abruzzo. Son tan pocas las veces que veo al viejo que cuando esto sucede me lo tomo como un acontecimiento, un obsequio, y a pesar de las muchas  diferencias los termino disfrutando de cabo a rabo.

En el año 2009 en L' Aquila un terremoto arrasó con la vida de trescientas personas, hubo un despliegue informativo y un aspaviento plañidero por todos los medios e instituciones a cargo del  drama durante los primeros días, luego, de a poco todos los abandonaron, los olvidaron, los dejaron con sus casas y sus almas en ruinas, empezando por el gobierno de Berlusconi.

Hoy la cifra de víctimas puede llegar a superar aquella, el hecho de que este tipo de tragedias sean un desastre natural sin protagonistas de uno u otro signo religioso o político, facilita que la gente en su totalidad vuelque un sentimiento de solidaridad unánime y sin fisuras.

Y cabe decir que en efecto, del terremoto, de las inundaciones, de los tsunamis, no hay culpables, pero de la atención, del cariño, de la ayuda y memoria que una vez pasada la primicia, el rating y las consiguientes ganancias que deja el morbo de la noticia, que se les debe a toda esa gente que te invita a su charla y a comer sus fideos con tuco y parmesano, de eso sí, por supuesto, hay un buen manojo de sempiternos responsables.

 

Los fideos del Domingo

Los fideos del Domingo

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16 agosto 2016 2 16 /08 /agosto /2016 14:51

Por favor España aparta ese cáliz

Hoy mismo las cámaras de T.V. mostraron a Luis Bárcenas aparcando en una zona para minusválidos mientras disfruta de su de veraneo en el súper chalet que supuestamente estaba embargado, un criminal ex tesorero del PP durante la friolera de veinte años, amigo personal y confidente del actual presidente, ladrón de cantidades de dinero abrumadoras que supondrían el no cierre de diez hospitales, por poner un ejemplo.
No diré ni una sola vez la palabra "presunto" que se puso de moda desde que empezaron a saltar los casos de crimen organizado del PP y que nunca se había propuesto cuando la corrupción era del PSOE, prefiero ir preso mil años que aceptar la indignidad y humillación de encima tener que tratar de señorías a esos delincuentes, a esa escoria, a esa basura.

Rodrigo Rato, ex vicepresidente del gobierno y referente del PP quien se presentaba a su imagen y semejanza, delincuente a tiempo completo, cleptómano que no podía controlar su pasión por robar cuanto dinero público pasase por su mano, pasea libre, tranquilo en su yate por zonas vedadas para los simples mortales que viven de su trabajo, ríe a carcajadas haciendo trompetillas a la tan humillada "Lustitia" ibérica.

Sueltos por la calle, felices, apoyados por la dirección del partido que pretende volver a gobernar el país, andan , deambulan, continúan gastando los emolumentos malversados que obtuvieron de sus actividades inmorales o directamente ilíciitas, Barberá, Mata, Fabra, Castedo, Matos, De la Serna, Aristegui, González, Viejo, la propia sede del PP en la calle Génova en Madrid, y una lista interminable de corruptos demostrados, que han destruido las arcas de este país en beneficio propio, y los que faltan por demostrar encubiertos abiertamente durante todos estos años por el Partido Popular, que ha llegado a atacar a jueces, policías, guardias civiles, y por supuesto a la prensa para defender a sus ladrones, a los ejemplares de la peor putrefacción que hemos sufrido, y que nos ha traído hasta esta situación, eufemísticamente llamada por sus autores como "crisis" y que no es más que el resultado de la pillería y la rapiña de semejantes delincuentes empapaos de tanta infamia como impunidad.

¿Es que esperan que aceptemos de buena gana que todo delincuente del Partido Popular sea impune de todo acto delictivo, ya incluso llegando a aparcar en zona de minusválidos para hacer uso de su chalet supuestamente embargado, con una cultura cívica mínimamente presentable estarían, si no presos, al menos esperando el juicio avergonzados, cabizbajos, tomando recaudos de imagen en cuanto a austeridad y humildad para ser juzgados con la menor severidad posible? 

Pero se muestran arrogantes, insolentes con los ciudadanos que les pagan el botín que hurtaron y siguen disfrutando luego de saberse como lo obtuvieron, impertinentes con los periodistas que cumplen con algo que ellos desconocen llamado “trabajo” , se muestran tranquilos e indolentes, porque saben que nos pasará nada, alguien tiene que haberles prometido que está todo bien, si no es imposible que no estuviesen nerviosos con las acusaciones que pesan sobre sus cabezas.

¿Es de este modo que quienes recibieron el beneplácito de ese 33% de votantes de escasísima exigencia ética, dentro panorama proselitista nacional en los últimos comicios, le quieren pedir al restante 66% que los apoye incondicionalmente?

Son incapaces incluso de prescindir de sus interminables cajones de manzanas podridas, hediondas, pestilentes,

No son capaces siquiera de decir que sí sin titubeos ni ambages, a las seis condiciones del más elemental sentido común que les planteó Ciudadanos para poder llegar a un acuerdo de investidura. Seis puntos dirigidos a dejar fuera del gobierno ( ni siquiera les exigen que pisen la cárcel como lo hacen 70.000 españoles de bajos recursos por robar infinitamente menos dinero) que sólo exigen lo que debería ser de tácito acuerdo en cualquier democracia, y me atrevería a decir que hasta dictadura del siglo XXI, y que sólo podría entenderse que fuese discutido en el Parlamento del Reino de León en el año 1100, o quizás en la Inglaterra de Cromwell que con mano dura promovió la libertad de credo y el republicanismo, aunque entonces ya daban por sentado que los corruptos debían estar fuera de un gobierno sino en las mazmorras, o podría entenderse incluso en pleno siglo XXI que fuese motivo de debate y estudio en el seno jerárquico de la Cosa Nostra; pero jamás en un gobierno pretendidamente europeo.

¿Y así quieren presionar para que los apoyen en la investidura del jefe de toda esa Pléyades de pícaros, bribones, prevaricadores, hurtadores y cómplices, aquellos partidos que precisamente votamos para echar del poder a esta podredumbre, a este cáncer que está destruyendo todos y cada uno de los valores de esta sociedad?

Vamos hombre.

Hace poco Trump declaró en EEUU que sus votantes son tan fieles que aunque él se pusiese a disparar aleatoriamente en la Quinta avenida de Nueva York, lo seguirían votando, eso se explica porque para los norteamericanos disparar a alguien no es algo tan mal visto como ocurre fuera de aquel país; en respuesta, Rajoy en España podría asegurar que a él y a todo su partido lo podrían descubrir robando todo el dinero público, todo el dinero de los hospitales y escuelas, y lo seguirían votando la misma cantidad de personas, si no más. Cada país tiene sus características identitarias incluso para definir los contornos de sus más atesorados defectos.

 

Por favor España:  ¡Aparta ya y de una vez por todas, ese maldito cáliz!

 

Bárcenas aparcando en plaza de minusválido en sus vacaciones

Bárcenas aparcando en plaza de minusválido en sus vacaciones

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13 agosto 2016 6 13 /08 /agosto /2016 19:42

Ayer comí en una parrilla argentina y hoy en un ranchón cubano, con su música de son en vivo, ambos en el centro de Madrid, a metros de Sol, centro geográfico de España.

Así resulta que confronté gastronómicamente dos de mis tres identidades nacionales en el mismo centro cardinal de la tercera.

Es curioso como el torrente de expresiones, de terminologías descriptivas, halagüeñas, insultantes, que me recorre de súbito con la aparición de un estado de ánimo inesperado, ora alegría o enfado calurosos, ora gozo o dolor agudos, varía de una identidad a otra sin que intervenga en absoluto mi control consciente.

En la carretera me enojo en argentino, acaso porque alguna vez cuando chiquito vi a mi viejo puteando a un conductor medio salame.

De peatón con los torpes o los pozos callejeros en cubano, y a un contratiempo como cliente de alguna compañía hago frente como un español enojado.

Las chanzas y sornas en argentino ¿dónde se inventó la burla si no en Buenos Aires?

En el humor soy original, generalmente una mezcla de los literatos que leí, ese humor que se aprende en silencio, que se expresa estando sólo frente a los estímulos, sin embargo en los chistes pugnan y comparten las tres identidades.

Chistes sobre gente burra en argentino, sobre la vida cotidiana y medio verdes, en cubano, y como no he vivido en Andalucía o Cataluña que son las dos grandes marcas registradas del humor ibérico, muy distinta una de otra, en menor medida me expreso jocoso como castellano.

El tonito pedante intelectual, con mayor ahínco incluso cuanto menos sepa del tema, por supuesto: argentino. Tono displicente, hedonista, lúdico, desde ya, el cubano. Y para el tono serio, decidido, impertérrito: adopto la pose y ese híbrido en mi acento que se acerca al recitado épico español.

La poesía por supuesto la  pienso en acento español, los más grandes de todos los tiempos.

"El cuchi cuchi mandarina", el frenetismo interpretativo de pieles y secreciones, la cláusula que Barrabás le puso a Jehová, el sempiterno"quita y pón", varía según en el momento y según la partenaire.

Hablando de las postrimerías femeninas durante el frenesí, con una baba sedienta de sangre para colmillo de lobo, uso el término: "la colita" en el más auténtico, grasoso, Olmediano y Porceliano porteño, lo mismo me ocurre si en el trance menciono las esponjas pectorales.

Pero al hablar del arma de este Lancelot de entre siglos, menciono la palabra acaso más usada en Cuba, que dicen que proviene de China y refiere a un rudimento en forma de palo sobre el hombro que ayuda a portar velas o baldes de agua de un lado a otro. Utilizaré la palabra en su acepción fina, la del lejano Oriente, esa que precedió al hombre occidental, la que tal vez aparezca mencionada en el poema que algún emperador Ming le pudo dedicar a su amada: la Pinga ( con tono chino)

Y en todas esas partes donde el arrebato precisa casi más de la intervención de manos, soplos, piel y guarrerías verbales me vuelvo el más soez de los ibéricos, aunque puede saltar también el puerco de La Habana y el zarpado de Baires.

Con la música no me pasa, en realidad casi escucho exclusivamente la inglesa, la norteamericana, y cuando no, clásica, ópera y de cámara. Europea, y bailando soy patón en cubano, argentino y español.

En su mayoría uso expresiones argentinas, porque allí nací y aprendí a hablar, seguidas por cubanas ya que allí crecí, y por último españolas que es donde he pasado la mayor parte de mi vida, aunque de adulto, por lo que el acento ya vino definido y contorneado, pero siempre queda espacio para un "vale" un "venga" un "vamos" y por supuesto, para ese sonoro y siempre tonificante:

¡Joder!

Para concluir me gustaría destacar estas curiosidades de la lengua castellana en sus continuos viajes por el orbe, otra vez centrado en la figura femenina, aunque en esta ocasión en su vestimenta más ligera:

En Argentina lo que tapa la ropa interior femenina se llama pollera, en Cuba saya, en España falda, en Argentina lo que hay debajo en la parte de arriba se llama corpiño, en Cuba ajustador, y en España sujetador, mientras que lo de abajo en el sur celeste se llama bombacha, en la perla del Caribe blúmer, y en la Hispania de Trajano: bragas; y a lo que esa prenda íntima protege y cuida, como si fuese una coraza protectora marina: se le dice concha en argentino, o como si se tratase de un pastel de harina y azúcar: bollo le llaman los cubanos y como si saliese de la galera del mago con las orejas tiesas: en España le llaman conejito.

Y la noche, aquí, allá, acullá, sólo se llama noche.

Comida argentina y cubana en Madrid
Comida argentina y cubana en Madrid

Comida argentina y cubana en Madrid

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5 agosto 2016 5 05 /08 /agosto /2016 22:05

Según fuentes oficiales, Eusebio Leal, jefe de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana,  fue relevado del cargo y de su puesto al frente del Imperio formado por el conglomerado de empresas Habaguanex por asuntos de salud, pero no lo relevan ni vicepresidentes, ni encargados, ni ninguno de los gerentes de las diferentes ramas de la compañía, sino las FAR.

Y aunque lo preocupante en realidad sea que ni por la oficina de Leal, ni por las FAR, jamás mereció la minima atención esa Habana Vieja habitada por vecinos reptantes entre escalones desechos, columnas a punto de desplomarse, sostenes para techos agujereados improvisados de madera, sinuosamente moviéndose para alcanzar la puerta desconchada de un baño pestilente, sin un solo sanitario que funcione, ni una tubería que ose transportar agua por su garganta hasta los restos de grifos y duchas, La Habana de cuerpos que sortean a saltos los pozos callejeros y en rodeos las montañas de escombros de la acera, en tanto sólo se preocuparon por embellecer la parte más lucrativa de La Habana Vieja para disfrute de turistas, empresarios y famosos modistos que viven a miles de kilómetros de de sus paredes; aún así, cabe decir que es una barrabasada que uno de los escasísimos emprendimientos que se llevaron a cabo con buen gusto y criterio como el que demostró Leal y su equipo, pase a ser administrado por gestores de tan escaso éxito financiero, comercial y estético como las Fuerzas Armadas.

Pero este acontecimiento puntual no es ni remotamente lo más comentado en la isla, por una parte porque de ello no se deriva debate alguno en los medios, ni se informa de los verdaderos entresijos, y porque la atención toda está puesta en los noventa años que próximamente a mediados de Agosto, cumplirá el líder histórico y máximo dirigente de la revolución cubana, Fidel Castro.

Una longeva vida en un deteriorado cuerpo, estirada con toda suerte de onerosos tratamientos, eminencias médicas internacionales, por supuesto de países capitalistas como España, vida de la cual, bastante más de la mitad ha sido un paradigma del poder absoluto universal, permaneciendo en lo alto del sistema de jerarquía vertical nepótico, casi monárquico, que él mismo estableció en la isla otrora llamada la Perla del Caribe, hoy más cercana a: “la Bisutería perdida”.

En estos días de campaña electoral en EEUU gran parte de la opinión pública se alarma con razón con las declaraciones poco elegantes y democráticas de algún candidato, o frente a cualquier mandatario del mundo que esgrima argumentos de corte poco tolerante, decisiones no suficientemente consensuadas con la oposición y la población para llevar a cabo sus ideas o caprichos, sin embargo buena parte de esa masa crítica ni siquiera se inmuta ante el más de medio siglo de políticas de despropósitos y abusos de poder a base de "dictados" y "lineamientos" del Comandante. He ahí el major éxito de las barbas y el verde olivo.

Las fosas sépticas no se encuentran en exclusiva en el capitalismo desprovisto de sensibilidad social, ni en el comunismo enemigo de toda diferencia, distinción, cualidad o ambición personal, sino que se halla allí donde el fuerte hedor lo evidencia.

Nueve décadas cumplirá próximamente, quien para los adeptos que aún continúan con la voluntad secuestrada por esa suerte de Síndrome de Estocolmo colectivo, es Fifo, el Caballo o el Comandante; y quien para los detractores que han tenido la fortuna de poder enterarse de que pasaron medio siglo padeciéndolo, es Cara de Coco, Guarapo, Esteban, Bola de Churre.

El Aliñao o Ciruelón, es una bebida de las provincias orientales de Cuba, asi como el prú. El "Aliñao" se elabora con licores y maceración de frutas no cítricas, grosellas, ciruelas, trozos de piña. Según la tradición el Aliñao se empieza a preparar cuando una mujer está encinta, se hunde bajo la tierra, y cuando la mujer da a luz se bebe y se celebra con algunas botellas de lo enterrado, otras botellas se dejan los años que sea necesario hasta que haya una quinceañera en la familia, e incluso se deja una parte más para cuando toque el turno de casarse.

Guarapo se ha vuelto viejo como un Aliñao sustancioso que hubiese pasado por nacimientos, quinces, bodas y hasta sepelios. Aunque según la tradición, el Aliñao es un eficaz donante de buena suerte, por ende, aunque el comandante sea oriental,  se recomienda no llamarle Aliñao sino: "Guarapo añejo".

Por favor afines, afectos, secuaces, simpatizantes y obsecuentes, no pierdan la dignidad.

Dejen que le canten cumpleaños feliz solamente su familia y aquellos guatacones a quienes él hizo inmensamente poderosos y hoy se hacen ricos, a cambio de la sempiterna adulación zalamera.

Y que soplen noventa velas de cera sobre la tarta, y también una inmensa vela desplegada sobre el palo mayor de una nave que ponga la proa a Lontananza, más allá de Finisterre, y que soplen fuerte, que no dejen de soplar.

Los hermanos Kastromasov

Los hermanos Kastromasov

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4 agosto 2016 4 04 /08 /agosto /2016 13:24
Ombú

Ombú

Bien, habrá que parecer fresco como la lluvia

o como esos tamarindos que caen con la cáscara fracturada

y la pulpa agujereada por el intruso de trazo sinuoso,

lozano como el recuerdo de la mirada que inclina la nuca.

que eleva la plegaria y luego la hunde hasta el averno,


rozagante como el grito y la caída.

 

Pero…

 

¿No hay ya suficientes trasnochados, vigilantes del silencio, angustiados por la cercanía de la locura?

¿No hay ya bastantes almas auto conmiserativas, victimas de su propia luz, verdugos de sus sombras?

¿No está el patio repleto de juguetes abandonados, usados sólo una vez o ni siquiera estrenados?

¿No son demasiados niños tontos, que no saben patear, que no pegan como es debido, que se escoran en el recreo  y que huyen a la salida?

¿No está henchido el mundo de bobos esperando una exclamación de admiración en lugar de una mirada compasiva, de una caricia estupefaciente?

 

¿De verdad necesitan a uno más?

Ombú

Ombú

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30 julio 2016 6 30 /07 /julio /2016 17:57

-Hola- le dije al conserje en portugués- me dijeron que aquí se puede dormir por poco dinero.

-Depende- me dijo el hombre- de lo que usted considere poco.

Me dijo que por medio dólar tendría una cama, que debía compartir con un compañero de cuarto. Acepté, y le di dos dólares para cuatro días, los tomó sin salir de dentro del cubículo enrejado en que estaba, y me indicó las escaleras que me llevaban a mis nuevos aposentos. Mi habitación era un trozo del cuarto original de la casona, que había sido dividido cuatro espacios con tablones de aglomerado, de una forma que dejaba ver el escaso amaneramiento del  propietario. Había dos literas con dos camas cada una, y un pasillo estrecho entre ambas, tuve suerte de que me tocara la parte de la habitación donde originalmente se encontraba la ventana.  las camas contaban con una sábana gastada pero limpia, y una almohada sin funda que sólo de verla me despertaba los alérgenos del asma.

-¿Y ahí? – me dijo un hombre delgado de estatura baja, con pocos dientes y de mediana edad_ Joao, dijo cediéndome la mano.

-Martín- le dije mientras presentí como escudriñaba mi humanidad con la mirada, tal como yo había  hecho poco antes con él. 

Un joven de otro país, delgado, de estatura media, pelo oscuro largo hasta los hombros y de vestimenta llamativa, y con un excéntrico abrigo polar en su mano, un pequeño bolso al hombro, que no dede esconder mucho de valor, y un reloj que sí debería estar oculto- debió pensar a su vez Joao.

Yo estaba cansado, había llegado a Santos a dedo, después de andar  dando vueltas entre Sao Paulo y Río de Janeiro, viajes en los que gasté todo el escasísimo dinero que llevé a Brasil. Me desplomé sobre la catrera, que en ese momento me sabía a gloria,  preguntándole antes al flamante compañero de habitación:

- No irás a robarme mientras duermo no? Joao sonrió y no entendí lo que me dijo a continuación, pero su semblante hablaba por él, era de fiar.

Me levanté unas horas más tarde con mucha hambre, solo había comido una coxinha y una esfinha en la rodoviaria al llegar a Santos. Me quedaban unos dólares que llevaba cuidadosamente enrollados en los calzoncillos. Esto solucionaba dos asuntos: dado el estado higiénico de mis pantalones, cabría  suponerle demasiado valor a cualquier delincuente rastrero que decidiese probar suerte mientras dormía introduciendo sus dedos en semejante caja de sorpresas, y por otro  lado, mientras estaba en vigilia, le daba ese toque de aumento, que no se puede decir de manera categórica que mi bulto lo precisara, pero el cual no le venía mal en absoluto, para poder pavonearme entre las garotas casuales de la rúa. De todos modos estaba bien reguardado frente a posibles decepciones, ese blue jean no me iría a permitir demasiados acercamientos. Años más tarde, me resulta sugerente la imagen de mi pene desorientado envuelto en dólares, para lo que sea que fuese.

   

Había ido a Brasil unos tres meses atrás, sin saber bien donde dirigirme, pero con la intención de encontrar  un puerto importante donde parasen barcos de bandera noruega, panameña y de Liberia, que eran los que tomaban trabajadores para cubrir plazas sin requerir mucho más que un pasaporte en regla, y la promesa de que no marearse en alta mar, requisitos hasta los que podía llegar. Mi intención era pasar un par de años a bordo como marinero general  o como ayudante de cocina, ganar un buen sueldo y ahorrarlo íntegro. Aunque la fantasía del escape componía la mayor porción en el entusiasmo con que iba en la búsqueda de mi barco. Tenía metido en la cabeza a mi tío el héroe de las Américas, del lado izquierdo de la cabeza y del lado derecho, incluso hasta en ese desafío, ya que él había intentado viajar sin abonar el monto del pasaje  en un barco, durante uno de sus periplos, hasta que el hambre lo obligó a presentarse en el puente de mando y admitir que iba de polizón. También como en todo lo que me rodeaba, había una mujer en mis fantasías, quería impresionar a una reciente amante que había quedado en Buenos Aires a recaudo de sus infidelidades, en aquellos entonces, en mis condiciones, haber logrado que aquella mujer me amase, rebasaba lo que cabía que yo esperase de mi. Y ello me entusiasmaba empujandome hacia el precipicio de riesgo que suponía era lo que a ella le atraía de mi.

Vos sos el viajero descalzo, el gitano- me dijo mi madre una vez.

Lo cierto era que embarcar no se estaba llevando a cabo lo rápido que había supuesto, aunque seguía subiendo a la borda de los barcos mercantes para hablar con el capitán insinuar que sería bienvenido un plato de comida de barco europeo y alguna cerveza fría de las gambuzas, ya empezaba a divertirme más el hecho de conocer Brasil, su gente y también un poco más a mí mismo, como es menester en un buen viaje. Tenía el discurso fijo de bajarme en Rotterdam una vez que me cansara de alta mar, pero la idea era difusa. Se me había ocurrido Holanda a raíz de de mi nueva amiga y una ex novia que sólo hablaban maravillas de la vida allí. Por eso llevaba el abrigo de pluma de ganso que en el sur argentino lo había puesto a prueba de un invierno durísimo. 

 Santos era la ciudad portuaria más importante de Brasil, y en los muelles brasileros por entonces, con solo presentar el pasaporte la guardia permitía entrar hasta los embarcaderos, a los que uno pretendía enrolarse. Era de esperar que allí tuviese más suerte que en Río grande do Sul donde llegué a bordo de  un camión, que tomé en el mercado central de frutas. Los camioneros argentinos entonces solían dar aventones para que les entretuviesen con historias y les cebaran el mate, siempre que uno se acreditara debidamente y presentara un aspecto, si bien no atildado, al menos poco temerario.  

Un día subí a tres barcos en los cuales me trataron con cordialidad, y escucharon mis plegarias de dos años de sueldo y al cabo de ello,  Rotterdam, con cervezas holandesas y pasto de marineros. Cuando desperté en mi cuarto de hotel con los jugos gástricos pidiéndome combustible,  aún estaba Joao en la habitación tumbado en su cama, y continuaba en mi pantalón el preciado bulto.

 

2

 

Fui al cuarto de baño, que se encontraba en la misma planta,  austero pero limpio,  regresé a la habitación, le dije a Joao que bajaría y en dos horas estaría allí nuevamente. Salí a la calle a ver que tenía preparada la ciudad de Santos para seducir a un entumecido paladar citadino.

El pasillo del "Hotel" era luminoso, de suelos de mármol y marcos de caoba, revelaba un pasado de mayor resplandor. Había  cierta decencia expresada  en el esfuerzo que parecía hacer ese otrora conjunto de espacios ordenados, para intentar dar fe de su rancia aunque avejentada prosapia.

Cuando bajé ya se había hecho de noche. El Hotel estaba en una calle perpendicular a la avenida que pasaba frente a los muelles de carga. Al lado del viejo portón de entrada del Hotel, de madera oscura y compacta, hacia la esquina del muelle, había un bar desde el cual procedía el sonido en alto volumen, típico de las aglomeraciones con gente macerada ya por la ingesta de alcohol, sonando todas a la vez, formando un coro  reconocible en cualquier cultura del mundo con independencia de lo gregarias de sus idiosincrasias. Me asomé a la puerta iluminada y de donde además del bullicio y del vahído de cachaza salía de una victrola una música pésima pero alegre. Percibí el olor a algún tipo de fritura y me adentré en el local. La música  lejos de parecer atemperar los ánimos de las conversaciones las azuzaba, parecía exhortarlas a llegar a las más altas cotas de volumen.

Excepto por la variedad en los productos, me recordaba a los bares cubanos,  por lo animado de la charla, hasta por el fenotipo de los parroquianos y sus ademanes.

Una vez acodado pedí dos muslos de pollo y una coxinha, una especie de croqueta que se hace también a base de pollo y que recién cocinada en un sitio menos grasiento que aquel, puede resultar incluso aceptable para un buen paladar. Los acompañé con una coca cola fría. Debía ser el único tipo en ese bar y a varios metros a la redonda, que no estaba bebiendo cerveza o cachaza. Una semana antes me había propuesto no ingerir alcohol, al menos hasta que tuviese un alojamiento en condiciones y un trabajo como la gente, debía andar fresco y en las mejores condiciones posibles, hasta que volviese a reunir las  condiciones para vomitarme encima. Promesa que había caducado unas horas atrás en el barco nórdico, pero que intentaba reconstruir con todos sus piezas.

Había mujeres con medias negras y medio pecho al aire, arrimadas a los tipos de la barra que discutían entre sí, sin participar en las palabras de ellos pero sí en los sorbos a sus vasos. El culo de la chica que acompañaba al morocho alto que estaba a mi lado, se pegó a mi cadera sin que yo lo procurase, aunque sin que me desviviese por evitarlo.  La chica que contaba con una cantidad de años imposible de intuir detrás de todas aquellas superpuestas manos de pintura facial, me miró de reojo y sonrió. El moreno la apartó con la mano y me echó una mirada desafiante, yo lo observaba con el rabo del ojo mientras comencé a levantarme de la banqueta atornillada al suelo, con la coxinha en la mano y un muslo de pollo en la boca.

_ ¿Que es lo que es?  Me preguntó en tono camorrero.

De inmediato y sin pensarlo, me levanté y salí de aquel antro, guardando  la máxima dignidad que fuese capaz de conservar en mi huida. Llevaba el tiempo necesario en Brasil como para saber que en cualquier sitio que  se podía armar una pelea, se armaría.  Y podían intervenir puños, navajas, armas de fuego y todos los clientes del local. Y aunque alguna vez habría podido fantasear con ser una especie de maestro de Shaolín y darle su merecido a todos los que se habían mofado de mi, lo cierto es que no pasaba de ser un deseo difuso, y no sentía el más mínimo apego por la temeridad o el heroísmo.

Antes de salir miré a los ojos de la chica y del borracho, sonreían, parecían estar festejando mi espantada con sus interlocutores. Los dejé con sus asuntos a tratar y me fui con mis dientes sanos y el estómago sensiblemente más aliviado a dar un paseo por esa parte de la ciudad. No había muchos sitios más recomendables que ese para ir a aquellas horas. El hotel se encontraba en una parte de la ciudad que no era la elegida por las familias de clase media, ni de ninguna clase de familia, para salir de paseo.

Comí alguna cosa más en el bar de la Rodoviaria,  donde pedir un refresco de guaraná o una coca cola, se parecía más a un acto cotidiano que a una afrenta. Luego regresé al hotel, al fin y al cabo no había dormido más que un rato, y no tenía demasiado sentido quedarme haciendo turismo por aquella barriada de clasicismo  portuario.

-Da mais uma Pinga- decía un borracho pidiendo la copa salidera en un barcito a pie de calle. Me causaba gracia, en Cuba pinga es el pene e infinidad de significados y significantes que lo rodean, en Brasil es la cachaza. Si le hubiese dicho al borracho que en Cuba estaría diciendo: Dame más pinga papito- y que ello me estaba causando risa me habría partido la botella en la cabeza. O quien sabe.

En la entrada  del Hotel había dos hombres discutiendo algo, estaban alterados, pero conservaban el tono de voz bajo, cuando pasé por su lado hicieron silencio y me observaron , les di las buenas noches y me dirigí al cuarto sin más escalas. Joao estaba profundamente dormido, era demasiado temprano para un brasilero buscavidas, observé  su corte de pelo, la higiene de su ropa y tenía aspecto de llevar una vida ordenada,  tanto él como yo habíamos dejado el equipaje tras las rejas de la recepción, así que podíamos confiar en nuestras respectivas corazonadas.

 

3

 

Por esos meses había tomado posesión del cargo de presidente de la nación, Fernando Collor de Mello, y se respiraba un ambiente optimista. Representaba el éxito de las políticas liberales en alza representada entonces por los yuppies, tenía cuarenta años, coqueteaba con la juventud admitiendo que había fumado maconha en el colegio, y se granjeaba la simpatía de la comunidad gay, trans, y de la heterosexual interesada en las refriegas con sabor variado,  resaltando la figura de Roberta Clós, una transexual famosa y de tal belleza femenina, que fue propuesta un ocho de marzo como representante de la mujer brasilera. Desde las cadenas de televisión de mayor éxito se aclamaba a Collor como el transformador de Brasil, quien erradicaría la corrupción de cuajo, era el adalid de la derecha moderna, el Indiana Jones que necesitaba América Latina. Cambió la moneda de cruzados novos a cruzeiros, bajo el plan de renovar el país.

Comenzaba con esas premisas uno de los periodos de mayor corrupción en Brasil y alrededores, pero en ese momento el clima era optimista, transmitía la sensación de tener los bolsillos llenos, había una alegría generalizada en el gasto, tanto de los individuos como de las instituciones. Los municipios y Estados gobernados por el PT de Lula propiciaban a los viajeros que se quedaban sin dinero, una cama en uno de los albergues para pobres, que en algunos casos eran sensiblemente más cómodas e higiénicas que las colchonetas de aquel hotel. Claro que por cincuenta céntimos de dólar, era difícil concebir algo substancialmente mejor que aquella litera.

Los Estados gobernados por el Partido liberal en lugar de proporcionar albergue, utilizaban los medios económicos para conceder un pasaje gratuito al Estado limítrofe más cercano, sin importar si este era del mismo partido político o del opuesto, la consigna era no almacenar “maluqueiros” foráneos, cada ciudad y Estado ya contaba con una bien nutrida cantidad de los propios. Semejante gentileza debía ser convenientemente aceptada, de buena gana o a regañadientes, pero nunca rechazada, ya que en caso de que los “malucos” y “doidones” poco perspicaces, insistiesen en la idea de pernoctar en las calles, plazas, o playas de aquellas ciudades,  había pensada otra solución, algo extrema quizás, casi póstuma, y con el mecanismo bien engrasado, que era darle trabajo a los escuadrones de la muerte, que gustosos, a cambio de cachaza,  blanca navidad y una exigua paga, se encargaban de dejar bien limpio el patio.

Yo había utilizado ya el boleto gratuito de una población a otra, pero nunca la opción del albergue para indigentes. El haber conseguido conciliar el sueño en semejante lecho, solo podía ser una premonición de lo que mi espalda se vería abocada a soportar, si no subía a ese bendito barco de bandera internacional de una vez y por todas. Así que mejor sería que me dispusiese a descansar en condiciones y que aprovechase las horas del día en hacer amigos de alta mar. Dormí a pierna suelta, permitiendo que cada chinche o pulga que lo desease, hiciese uso de toda la sangre que fuese capaz de obtener de mis venas.

Cuando me desperté, Joao estaba sentado al borde de su cama leyendo una de esas revistas de actualidad repletas de fotos y de titulares en colores, con un nada despreciable espacio destinado a la presentación de una variada fauna. Muchachas, muchachos, travestis, chicos que eran chicas , chicas que eran chicos, sirenas, centauros, unicornios, tríos, cuartetos, grupos, exhibicionistas, voyeurs, en fin, la más variada fauna como objeto de compañía cronometrada.

Abrí el pequeño sobre de polietileno que usaba a modo de neceser, donde guardaba mis efectos personales, una a cuchilla de Gillette tan usada que resultaba más fácil que arrancase de cuajo los pelos cuando se aferraba a ellos de manera persistente y tenaz,  a que lograse segarlos a ras de la piel. Un cepillo dental que una vez ya superada su vida útil, permitía a sus finas cedras disponerse anárquicamente apuntando cada una a una constelación distinta. Un frasco de agua de colonia de Yves Saint Laurent, al que aún le quedaba para tirar un tiempo utilizando unas recortadísimas dosis, un cortaplumas suizo de seis elementos. Lo demás eran jaboncitos, algún frasquito de champú eventual, o algún desodorante de roll on, siempre en las últimas trazas resbalosas a punto de secarse y tirar de los vellos trabados entre la bolita y el borde.

Saqué el cepillo de dientes, la cuchilla de afeitar un pedacito de jabón y me fui al baño.

En el pasillo, sobre las baldosas vi unas gotas de sangre, como las que me solía sacar de mi pescuezo ancho como el ombú, poblado de un incomodo vello, que convenía rasurar cada día, en vistas de que no obtenía ese aspecto, desaliñado pero sexy que presentaba Mickey Rourke en nueve semanas y media. Cuando llegué al baño debí esperar ya que había un hombre afeitándose. Me miró fijamente, amenazante, parecía no buscar bronca sino afeitarse en paz. Decidí apartarme un poco de la puerta y regresar hacia el pasillo junto a las gotas  de sangre secas,  para esperar a que terminase sin riesgo alguno de que un repentino brío matutino lo animase a la pelea.

Desde el pasillo, se escuchaba un grupito de tres personas de la planta inferior, que  hablaban en portugués muy cerrado, intercalando lo que parecía ser el lunfardo brasilero, la Yiria, con algunos vocablos inteligibles, de lo que conseguí entender que había habido un problema durante el transcurso de la noche. Cuando regresé a la habitación, Joao no estaba, me peiné, colgué la toalla, y aproveché para perfumarme y recontar la plata que me quedaba. Como si cupiese la posibilidad de que el dinero experimentase un repentino crecimiento, al cabo de alguno de aquellos  recuentos. Me senté a armar un cigarrillo de tabaco Samson holandés, y apareció por la puerta Joao, con dos pastelitos de carne. Me ofreció uno, asegurando que ya había comido abajo ante mi negativa a tomarlo hasta que accedí, y en pago le convidé un cigarrillo armado. Entonces me contó que la noche anterior un hombre había muerto apuñalado en ese pasillo.

Dos hombres habían entrado al hotel durante la noche, con un solo bolso, según le explicó el muchacho de la entrada, a quien ni intentaron dejárselo en consigna. Al rato salieron a tomar algo y al regreso se detuvieron a discutir en el pasillo de entrada, primero en voz moderada que luego fue creciendo en volumen y gravedad de acusaciones y amenazas, dijo que no se ponían de acuerdo en cual de los dos había trabajado más en un robo que acababan de perpetuar. Al final se pusieron más o menos de acuerdo y se fueron a dormir.

Muy temprano en la mañana uno de los dos, salió del hotel con el bolso. Al poco rato el muchacho de la conserjería escuchó una voz en el pasillo de arriba quejándose de un dolor, y moviéndose por el suelo. Sabía que algo no andaba bien; pero tenía la orden de llamar a la policía y no salir del nicho por nada, menos aun en aquella situación, en la cual el ánimo solidario podría costarle caro.

Cuando la policía se presentó, el hombre agonizaba inmóvil sobre el suelo. Lo pasó a recoger una ambulancia, al parecer habían discutido por el botín y antes de terminar mal, uno le dio la razón al otro, de ese modo le permitió ir tranquilo a dormir la última mona de su vida. 

Antes de aligerarlo de equipaje le asestó unas cuantas puñaladas.

El sorprendido bribón, tuvo tiempo de arrastrarse fuera de la habitación y pedir auxilio. Pero ni los picotazos de los insectos, ni la incomodidad de la alcoba, ni la llegada de la policía, ni siquiera la ambulancia si alguna vez sonó a tal, hicieron mella en el profundo sueño, que en tales circunstancias suele apropiarse de las personas de sentido común y valor ordinario.

Joao dijo que el muchacho había limpiado el suelo. todo mientras dormíamos, mientras una pulga se cebaba en la aorta de mi cuello, tratando de extraer algo de lo poco que había dejado otro tipo de chinche, que hablaba mi lengua y la de mil demonios, que besaba y maldecía, y que también succionaba aquello que había dejando a su paso una sensible roncha perenne.

 Basta de barcos, me quedaría en Brasil. Aún no había probado garota.

 

Puerto de Santos, Brasil.

Puerto de Santos, Brasil.

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28 julio 2016 4 28 /07 /julio /2016 13:59

España

¿Qué es este conjunto de sensibilidades bulliciosas, extrovertidas, tercas, en constante formación, erosión, y crecimiento, tan disimiles y a la vez tan parecidas como sus destinos comunes?

Sólo un país europeo estuvo más tiempo que España sin gobierno tras elecciones, Bélgica; aunque en honor a la verdad hay que admitir que el caso de España tiene lugar en una Europa que se maneja casi en exclusiva en piloto automático, con el centro de control precisamente en Bruselas y Frankfurt.

Aún así se está convirtiendo en un asunto delicado debido más a la subjetividad popular, al terreno de las sensaciones, que a lo estrictamente objetivo, que es más que nada la necesidad de que los grandes capitales y sus administradores sepan que partido político se hará cargo de la gestión de sus inversiones y haberes, ya que aunque la variación de la políticas no sería mayor a un diez por ciento, ni siquiera en el caso en que Podemos subiese al poder como ya han demostrado allí donde gobiernan, ese diez por ciento tiene precisamente el mismo efecto publicitario y de impacto en la opinión pública, que la actual subjetividad popular y las consiguientes sensaciones .

Esa es la diferencia que ha habido entre socialdemócratas y conservadores en Europa desde la restauración del continente tras la Segunda Guerra Mundial, la gestión de ese diez por ciento, que en ocasiones, según el panorama mundial oscilaba en aumento o en detrimento. Y así tuvimos a Kohl y a Mitterrand, a Craxi o a Suárez, a Papandreu y González o Rajoy, Hollande, Sarkozy, Blair o Cameron.

Excepto en el caso de los extremistas Thatcher, Aznar y Berlusconi, al resto, se muestren como socialdemócratas o conservadores, el tiempo y la distancia les concede un parecido asombroso, mientras que vistos más de cerca, eran percibidos con mayor antagonismo de lo que hoy los vemos.

Ni una cosa ni la otra.

Sí que eran distintos, y hoy no son tan opuestos. Son políticos de una misma sociedad. Los mejores de cada país del continente.

¿Queremos terceras elecciones? ¿Podemos permitírnoslas ? Esas son dos interrogantes diferentes.

La primera sólo se puede responder en las urnas, ya que son muchos los imponderables que rigen desde hoy a unas supuestas terceras elecciones.

La regla que se usa para sentenciar que unas terceras elecciones serian producto de la irresponsabilidad del partido que no ceda su voto a la investidura de un gobierno en minoría, es la misma que condena a PP y Podemos, quienes facilitaron las segundas elecciones, haciendo perder seis meses a España según su actual punto de vista diametralmente opuestos al que tuvieron hace pocos meses en la votación por Pedro Sánchez.

Hay tres dichos en el refranero español para esta situación:

 "Donde las dan la toman"; " No se puede sorber y soplar al mismo tiempo" y una tercera que hoy sería políticamente execrable, así que le cambio el verbo y el predicado  clásicos conservando el sentido fundacional " Aquí o comemos todos o la paella al agua".

 

El mundo adolece de falta de participación en las deciciones que toman los gobiernos en casi todos los países, en este sentido podríamos sentirnos afortunados. No ha pasado nada por pasar a unas segundas elecciones, no sentimos falta de gasolina, ni de enseres de primer, segundo ni de ningún orden, ya que nos gobiernan desde entidades supranacionales, podríamos pasar a terceras elecciones, y aunque conllevase una mayor demora podría ser lo más saludable, si así lo implorase la realidad.

Estamos al borde de la edad adulta, en este punto decidiremos que tipo de adultos seremos, si seremos maduros y proactivos, o victimistas y abúlicos.

Desde mi punto de vista se abre una posibilidad a la que se le ha brindado ninguna atención institucional o publicitaria desde los medios.

Habida cuenta que el electorado votó a todo el arco político presente en el muestrario proselitista, podrían estudiar la posibilidad de dejar de lado los intereses puramente personales y pudiesen divisar que por primera vez la Historia les otorga la posibilidad de compartir gobierno entre las dos fuerzas políticas principales y las dos emergentes.

Todos los partidos tienen políticos brillantes y mediocres. Pues usemos los brillantes de cada sensibilidad social para las carteras respectivas. Un ministerio de salud y de educación o de igualdad ganaría siempre siendo liderado por políticos de partidos que tengan más tradición en los asuntos sociales, en tanto que ministerios como industria, defensa, agricultura suelen mostrar mejores resultados en manos de equipos de perfil más técnico que utópico, pragmáticos.

 Mientras que la guinda de la torta, el de asuntos económicos, que los gestionen todos los criterios.

Lo tenemos delante, en la nariz, espero que ellos sepan ver las buenas posibilidades para todas las partes, pero más que nada para este histórico conjunto de valores e identidades ibéricas, que sin falsos alardes, ni banderitas como pulseras o pegatinas de automóviles, sino con un profundo y sosegado respeto por nuestro brillo y destino cultural, este que llamamos España sin artificios, con genuino orgullo identitario.

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25 julio 2016 1 25 /07 /julio /2016 15:52

Mañana se conmemora, festeja o sufre según quien lo mire, el 63 aniversario del asalto al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba, noventa y nueve años después de su construcción en 1854 como Cuartel del Nuevo Presidio, a cargo del Marqués de Villaite, al que ya entrado el siglo XX se le cambió el nombre por el del insigne general mambí, Guillermo Moncada.
Episodio llevado a cabo por 135 asaltantes anti batistianos preparados en la granjita Siboney y comandados por tres cabezas, Fidel Castro, quien dirigió la columna que asaltaría al cuartel con 95 hombres, su hermano Raúl Castro con diez efectivos quien tomó el Palacio de Justicia y el valeroso Abel Santamaría quien con veintiún hombres se hizo con el Hospital Civil.
De los encargados de asaltar el cuartel un grupo de ocho hombres fueron a la vanguardia para atacar la posta número 3, pero fueron sorprendidos por un destacamento de guardia que permitió que se organizaran las fuerzas militares en el interior, detrás iban 45 hombres con armas cortas.
Y detrás de esos hombres estaba Fidel, como siempre, detrás. 
Otro grupo importante de hombres que portaban las armas largas se perdió en las calles de la ciudad de Santiago de Cuba y llegaron tarde al combate. En el lance hubo bajas de ambos lados, los insurgentes emprendieron la retirada en grupos de diez personas defendidos por seis francotiradores.
Fidel logró huir al monte sin el rasguño de una bala, y más tarde se entregó por las garantías que le ofreció la mediación del arzobispo de Santiago de Cuba Enrique Pérez Serantes, en cuanto la total integridad de su vida, y a juzgar por las abrumadoras pistas, alguna otra concesión menos presentable.

En el asalto murieron numerosos guardias del cuartel llamados "casquitos" y un alto número de guerrilleros, que se incrementó notablemente con la represión posterior inmediata a la derrota de las fuerzas atacantes, brutal e indigna del prestigioso ejército de la República de Cuba forjado en la lucha independentista de sólo medio siglo atrás.

Uno de los tres comandantes, Abel Santamaría, fue torturado, antes de asesinarlo se le extrajeron las uñas, se le cortaron los testículos y por si el sadismo no fuese suficiente, los llevaron a la celda de su hermana Haydeé Santamaría para enseñarle lo que habían hecho con su hermano, a modo de escarmiento.

Los otros dos comandantes del asalto, Fidel, mayor responsable y autor intelectual, y su hermano Raúl Castro, salieron ilesos e inmunes, sin un solo rasguño, y pasaron sólo un año y medio en prisión, una pena llamativamente garantista si se tiene en cuenta que habían protagonizado una masacre contra el Ejército de la República; en nuestros días hasta en los países más sofisticados, cumplirían penas de reclusión de no menos de veinte años, sino perpetuas o de muerte, pero hablando de los años cincuenta, pocos son los países donde no hubiesen muerto en el mismo instante en que pusieron un pie en el calabozo.

Al poco de habese entregado Fidel probablemente bien asesorado sobre el efecto propagandistico, tomó la decisión de defenderse a si mismo en el juicio por el asalto, y su alegato quedó recogido por la Historia que él mismo estableció años más tarde como la oficial, en un panfleto conocido como "La Historia me Absolverá".

La pena la cumplieron en la cárcel de Isla de Pinos, la misma prisión a la que Fidel y Raúl pocos años más tarde, una vez acontecido el triunfo de la Involución, enviaron a cumplir cadenas desorbitadas, delirantes, en condiciones de reclusión inhumanas, a opositores de toda índole, que iban desde alzados en las montañas del Escambray, a simples detractores del sibilino rumbo alineado a la URSS que iba cobrando subrepticiamente la revolución que ellos mismos habían apoyado, ya fuese con logística, con dinero, con servicios e incluso con la propia sangre, para derrocar la dictadura y establecer una democracia regida por la Constitución del 1940 inspirada en la constitución española de 1931.

Este texto moderno constituyente a cargo de nada menos que Grau San Martín, Prío Socarrás, Eduardo Chibás, Blas Roca y Juan Marinello, era sofisticado para su época e incluso para nuestros días.

Sesenta y tres años más tarde siguen en el poder a cal y canto, los hermanos que salieron ilesos de aquella masacre, los dirigentes que decían atacar al cuartel para derrocar un gobierno dictatorial que detentaba el poder desde hacía un irrisorio período de tiempo en comparación con el impresentable medio siglo, que más tarde ellos, como "patriotas relevadores" de Batista, tuvieron a bien amoldar a sus traseros los sillones del poder, a las espaldas de los inconformes las fustas del miedo, y a la inanición del pueblo su poco decorosa y sempiterna opresión.

Habiendo entrado a la Historia por el siempre purificador pasadizo  al reino de las Tinieblas, ya se puede asegurar que a los hermanos Santamaría y a los muertos de ambos bandos en aquel asalto del cual mañana se conmemoran 63 años, la Historia los ha sobreseído, los ha indultado y a algunos los ha absuelto; sin embargo  ese mismo magma impreciso de hechos transformados en efemérides, onomásticos, aniversarios, estandartes, iconos y en medio de todo algo de realidad imparcial, que conocemos por Historia, lo que sí tiene claro, es que a los todavía vivos Raúl y su ínclito hermano Guarapo, no les tiene reservado el banquillo del perdón, ni siquiera el rincón del beneficio de la duda.

 

Fachada del Cuartel Moncada tras el asalto e imagen de Abel Santamaría
Fachada del Cuartel Moncada tras el asalto e imagen de Abel Santamaría

Fachada del Cuartel Moncada tras el asalto e imagen de Abel Santamaría

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23 julio 2016 6 23 /07 /julio /2016 14:03

Vi que daban Tarzán en las carteleras quise retornar a mis conversaciones con mi amigo el chimpancé en el zoo del Nuevo Vedado, a los años de trepar hasta la copa de los árboles y darle sentido a ese sentimiento tan arraigado de eterna soledad, me dije: esta peli llena de animales, lianas, selva, sonidos, la veré en pantalla gigante y dejaré descansar por una vez el subtorrent y su formidable gratuidad. Así que decidí sumergirme en la nostalgia de esa actividad perdida en el túnel del tiempo, fui al cine.

Mi entusiasmo alcanzó su punto máximo cuando se apagó la luz tras la publicidad y apareció la primera imagen del conde de Greystoke, y en el acto mis vecinos de asiento comenzaron a conspirar contra el buen gusto y el mínimo decoro, desenfundaron las coca colas en esos enormes vasos con pajitas y las palomitas de maíz tamaño súper destrucción cerebral, que hasta entonces descansaban en las ranuras habilitadas en sus sillones, comenzaron a sorber, a masticar y a escarbar con las uñas en los interminables buckets de maíz reventado, todo ello sonaba como Guayos del infierno, tablas de lavar de pésimo jazz, maracas tocadas por aprendices de Laponia, parecía una escuela de tablao flamenco para austríacos, sonaba a discusión futbolera de bar, sorbos, dentelladas, escudriñes, calzoncillos rotos, almas envenenadas, shhuurp, shorp, crash, smerck, crack, rab rib rub trash, en tanto el entusiasmo se desvanecía.

Miré a mi lado varias veces y al notar que les importaba un bledo la opinión de este espectador de su masacre contra la armonía, dirigí mi súplica a la pantalla:

- Tarzan por favor suelta a Jane, coge la liana, salta fuera de la pantalla dispuesto a una lucha despiadada, a mi lado te esperan dos de tus más encarnizados enemigos!

Pero el hombre mono continuó luchando contra los enemigos del celuloide, y yo tremendamente indignado, aunque precavido, tras sopesarlo respondí al grito de alerta de la preservación de mi especie emitido por la madre naturaleza, y no me atreví a a hacer frente a tales ejemplares sorbedores y trituradores de cuanta materia se atreviese a rodearlos.

Con la esperanza de que más temprano que tarde, ya fuese Tarzán, los gorilas o una devastadora indigestión diesen cuenta de los desaforados depredadores, me mudé tres filas más atrás donde dos amantes producían ruidos de una naturaleza mucho menos estruendosa, aunque de un atractivo carácter perturbador.

Entre los crunch cranch de adelante y los mmmmññ uummhh de más atrás, sólo puedo garantizar que me quedó claro que Tarzán ganó, dentro de todo suerte que la película no era un suspense ni encerraba mayor misterio, aunque sí emergió de aquella sala una sólida moraleja:

 Donde esté el Subtorrent y la intimidad a que invita, que se quite todo lo demás, a pesar del llamado a abusar de su ínclita gratuidad.

Palomitas de maíz y refresco interminables

Palomitas de maíz y refresco interminables

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  • : Mi Déjà vu. En este espacio comparto reflexiones, impresiones sobre la actualidad y el sedimento de la memoria, sobre Argentina, Cuba o España, países que en mi vida conforman un triángulo identitario, de experiencias diferentes y significantes correlativos.
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