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11 marzo 2016 5 11 /03 /marzo /2016 11:15

Rip this joint

 

El rock en Cuba estuvo proscrito, como lo estuvieron incluso ciertos cantantes de la música romántica, como Julio Iglesias, Roberto Carlos o José Feliciano. Cuando digo que durante mucho tiempo estuvo prohibido, no me refiero a la venta, sino a pasarla por la radio, en una fiesta o simplemente escucharla en la casa.

Los amantes del rock, además de reunirse para lucir sus atributos contestatarios, lo hacían más que nada por la convicción de que aquella música tenía un poder que oscilaba entre la sanación y el cambio de luz, escuchaban algún long play que había llegado de afuera, el olor a carátula, las fotos, los créditos, todo de afuera menos aquella fantasía casi materializada en las logias rockeras.

Grand Funk Railroad, Led Zeppelin, Deep Purple, Kiss, The Faces, Frank Zappa, Jimi Hendrix y siempre, los Rolling Stones.

En ellos se mezclaba la pasión por la música que hizo mover las caderas a los ingleses, el respeto a los precursores del blues, con un torrencial de irreverencia terrenal, sin embargo, posible en la vía pública, glamoroso, vital, beodo y sexy. ¿Qué mejor estandarte podía querer un joven inconforme y desafecto al sistema?

 Sumergido en efluvios etílicos en alguna barra de bar, uno es Keith Richards, y las veces que tocado por la gracia del buen duende, uno es merodeado por la curiosidad de las chicas, entonces es Mick Jagger. 

Esas dos  palabras unidas, Mick Jagger, forman parte de casi todas las lenguas del mundo, pero más aún que del idioma, forman parte de una sensación, del deseo, de la vaga imagen de un modo de ser. Porque el Mick cotidiano es admirador de Borges, como "Keef" es poseedor de una magnífica biblioteca.

Cuba fue uno de los primeros países de afuera de los Estados Unidos donde se bailó rock’n’roll, antes de 1959 había músicos de rock emulando a sus pares del norte. La Habana recibía estrellas de la escena norteamericana. Y un buen día, junto a la promesa del “Hombre nuevo”, borraron de la faz de isla al hombre frívolo, desterraron la liviandad, condenaron el entretenimiento volátil, ahogaron al joven díscolo, y se perdió la desobediencia.

El tema grabado por la EGREM que más punteos y riffs de guitarras eléctricas exhibió, "Cuba va", del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, no obstante parecer rock, para ver la luz debió rezar en su letra algo tan poco hippie como: "Por amor se está hasta matando, para por amor seguir trabajando".

El propio Comandante Guarapo, en varios discursos acusó de afeminados, desafectos del sistema, vagos y burgueses a los jóvenes pepillos, que sólo buscaban pasar un buen rato escuchando música o haciendo el amor en una plaza, en el malecón, en la Rampa, o frente al Hotel Capri, como muy enfadado en uno de sus discursos, acusó a dichos jóvenes de ofrecer shows elvisprelianos y feminoides, que la Revolución no podía permitir.

Muchos de ellos pasaron momentos terribles. Otros desistieron de sus modas ante el acoso de los años y de los sempiternos agentes de la moral revolucionaria. En cualquier cuadra, en la reunión del CDR se trataba a quien escuchaba música rock del imperialismo como un elemento antisocial, como un lumpen.

En cualquier escuela, cada seis meses tenía lugar la Asamblea de Moral Comunista, y se levantaba cualquier compañero de clases sin mayor rubor, para  acusar delante del tribunal del aula, al hedonista que disfrutase de aquellos punteos subversivos, de esos baquetazos desenfrenados, a los que se dejasen el pelo por encima de la oreja, usasen el pantalón de uniforme demasiado ajustado, la camisa demasiado ancha, el cinturón subversivamente a la cadera.

Y entonces le manchaban el expediente escolar acumulativo o laboral, con una etiqueta muy reconocible: “Diversionismo Ideológico”, que lo acompañaría entre otras probables manchas, por el resto de sus carreras evitando los railes de la conducta adecuada.

Incluso a los Beatles se los acusó de lumpen que pervertían a la juventud, hasta que la URSS fue desmoronándose y Guarapo en un intento por acercarse a los cultores de los blue jeans gastados, lo más que se aproximó fue a una estatua de Lennon, que él permitió instalar en un parque del barrio de El Vedado .

Pero el copyright de esta intolerancia no lo ostentaban Cuba y sus monarcas, sino que toda la izquierda gobernante en los países del Segundo Mundo, y la que intentaba arribar al poder en América latina, eran tan represores como lo más retrógrado de la derecha, con aquella pose naif, que a priori resaltaba por estética y que hoy desde la distancia se le reconoce el perfil ético.

Campos de concentración de la UMAP, furgones para cargar pepillos, peludos, gansos, hippies, cortarles el pelo, internarlos en centros de trabajo que enseñarían la hombría a base de esfuerzo, prohibiciones de géneros musicales, censura a los Almas Vertiginosas, a Dada, los Barba, Maggie Carlés, tras evaluaciones del ministerio de Cultura no superadas. 

Y mientras, los Rolling Stones seguían tocando con los tiempos, pasaron del blues al rock, pasarona la psicodelia, al funky, al disco con Miss You o Undercover, tocaron el Reggae, la balada, flirtearon con el punk, vieron caer Berlín, Praga, Moscú y allí hicieron sonar el aire, para cambiar el sello de “prohibido” al de “abierto”.

Como si se tratasen de aves míticas, sus majestades Satánicas tocarán en La Habana tras la visita de un "hermano presidente estadounidense", el mundo ha cedido a los cambios de época, pero Cuba, zigzagueando el brillo de esos barnices, sigue gobernada tras más de medio siglo por los Torquemada del desenfado apolítico.

En 1968 un inglés flaco, glamoroso e irreverente, se plantó delante de la Embajada de EEUU en Londres en una manifestación contra la guerra. Algunos dijeron que por una vez Jagger y Richards se envolvían en política. Hoy pondrán el escenario sobre el último reducto de la Guerra fría. 

Espero que ese gran concierto sea una fiesta de todos los inquietos, divertidos y díscolos, los de ayer que queden en la isla, los de hoy y los de mañana, que no pase como con el tristemente famoso concierto  de Billy Joel, Kris Kristofferson, Rita Collidge y otros en el Karl Marx, en 1979, bajo secretismo para el común de la población, donde  asistieron en su mayoría militantes de vanguardia de las organizaciones de masas, invitados de confianza, y una nutrida pléyade de obsecuentes.

Ojalá sea una fiesta donde se diviertan los cubanos, los Stones, y los visitantes. Y aquellos delatores, abusadores, genízaros, que desde luego asistirán cumpliendo órdenes y dando los pocos coletazos que le van quedando ya, tengan la poca vergüenza de mantenerse fuera, de ponerse tapones en los oídos, de no mirar la pantalla gigante, de no sentirse saludados ni aludidos, sepan que ese concierto es para la gente de buena vibra, es para cambiar el "prohibido" por el "abierto".

Durante décadas, ingente cantidad de jugadores perdieron sus apuestas a favor de: “a Fidel le queda una afeitada” y de: “este será el último concierto de los Rolling Stones”.

Dos dinosaurios duros de pelar. 

Señores, se abre la Gran apuesta ¿Cuál de ellos seguirá ganando la partida de la eternidad?

Guarapo indignado con los "Pepillos feminoides elvisprelianos"

Mick Jagger en La Habana
Mick Jagger en La Habana

Mick Jagger en La Habana

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Published by martinguevara - en Cuba flash.
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