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30 abril 2016 6 30 /04 /abril /2016 10:17

A propósito de la noticia acerca de que un nieto de Fidel Castro va a desfilar como modelo para Chanel próximamente en La Habana, y las criticas y chanzas que surgieron a partir de este no poco llamativo hecho, que no lo sería si su abuelo no hubiese estigmatizado y reprimido tanto y durante tanto tiempo las manifestaciones de esa índole, las bromas del cubano siempre dispuesto a una buena risa, de que el modelo debería ser nieto de Raúl por las inclinaciones que los mentideros habaneros populares le atribuyen al geronte hermanísimo, me gustaría apuntar una observación, que nada tiene que ver con el citado muchacho a quien ojalá la vida lo trate de maravillas, sino sobre el resultado o el producto de las conductas altamente machistas inducidas en los individuos por los convencionalismos sociales.

El exceso de machismo como temor declarado a las propias feromonas y al hecho perturbador de la pulsión homosexual, hace que en Cuba y en muchos ámbitos donde es muy acusado el patrón de la virilidad, de potencia varonil, y por ende perseguida, más la pose, que el hecho homosexual en sí (importante recalcar que en dichas sociedades es donde más tienen lugar relaciones homosexuales furtivas), se represente, se incorpore una actitud histriónica híper machista, súper varonil , para evitar cualquier género de dudas, y más que eso: cualquier tipo de "avistamiento" de características no adecuadas, de "descubrimiento" de "aparición imprevista de rasgos y vetas indiscretas" que fuesen a revelar indecibles imágenes, tortuosos sueños, que en la vida son totalmente naturales, pero que los convencionalismos sociales han estigmatizado, como muchos otros actos reflejos naturales reprimidos y apisonados por la maquinaria de los prejuicios consagrados, compartidos y fuertemente establecidos. 
El exceso de machismo en el habla de un niño, que en presencia del padre y sus amiguetes manifiesta que quiere "copular" con todas las niñas de su aula, para regocijo y orgullo del progenitor presente, termina por generar un hastío acumulado de todo ese exceso y un deseo cada vez mayor, una pulsión, por, a la vez que se evita, conocer, explorar, experimentar el área prohibida, que se manifiesta emergente en los sueños y en los deseos no controlados fuera de los límites de la atenta vigilia.
De ahí la idea de que el sometimiento sexual del contrincante al representar la mayor vejación, sea una muestra de supremacía varonil, sin tener en cuenta que en la condición homosexual de dicho acto, es tan partícipe el "verdugo" como la víctima sometida. 
De ahí los deportes ingleses de equipos, concebidos en ejércitos, en escuelas de varones, cuyo objetivo casi siempre es colar un gol a un equipo que cuenta para evitarlo, con un solitario gladiador que defiende el agujero. El placer del gol clavado y la humillación del gol recibido.
En el lenguaje permanente del machismo aparece el acto de someter y sodomizar en forma figurada, como una virtud, como un "triunfo" no como algo aberrante, quien lo logra se hace acreedor del respeto y la admiración de sus iguales, se trata de ser quien hace el "gol" y quien evita que te lo metan. Todo ello en un ámbito altamente misógino, donde la mujer no tiene más participación que la cuota femenina del propio hombre.
De hecho casi es prescindible el sujeto sometido si pertenece al mismo sexo, todo se podría resolver en casa. El sodomita se somete a sí mismo, y lo único que precisa para continuar reforzando la sensación de virilidad es que el telón caiga tras el acto del rugido victorioso. Ello mantiene a buen recaudo y entre bambalinas a la traviesa inquilina juguetona, que sólo reclama para sí el premio del gozo.
Basta con remitirse al acto de la masturbación, donde un individuo se convierte en dos, el que recibe el placer de una mano muy amiga, y el que lo otorga, ambos aparentemente del mismo género, pero en la realidad que anida en toda ficción, de géneros complementarios.
Y en todo ese ejercicio tan plagado de hitos así de reconfortantes como perturbadores, terminan por no relacionar al sodomita con la homosexualidad, sino como una forma superior, con una elevación del grado de macho, del nivel de hombría. Y por ende termina viviendo una sexualidad sufrida, cercenada, culposa y sórdida.
Pues Fidel, como gran parte de toda esa desviación de la especie en que se terminaron convirtiendo aquellos "rebeldes del '59" , tenían y fueron desarrollando y perfeccionando esa característica en su lenguaje coloquial, sumando además a la charretera masculina, virtudes propias de un revolucionario prolongación de las fálicas, como el valor en la lucha, la cantidad de enemigos vencidos, la resistencia del dolor, aunque no de manera tan evidente como un hooligan o un presidiario, pero del mismo corte y estilo.

Y a la larga esos súper machos revolucionarios se fueron moldeando, inventando, temiendo un límite oscuro y recurrente, una frontera aterradora y omnipresente.

Guarapo, como buen sodomita potencial, tiembla de terror ante el deseo de ser él, su propio sujeto sometido.

 

 

La destrucción de Sodoma y Gomorra- John Martin

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Published by martinguevara - en Relax
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