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13 agosto 2016 6 13 /08 /agosto /2016 19:42

Ayer comí en una parrilla argentina y hoy en un ranchón cubano, con su música de son en vivo, ambos en el centro de Madrid, a metros de Sol, centro geográfico de España.

Así resulta que confronté gastronómicamente dos de mis tres identidades nacionales en el mismo centro cardinal de la tercera.

Es curioso como el torrente de expresiones, de terminologías descriptivas, halagüeñas, insultantes, que me recorre de súbito con la aparición de un estado de ánimo inesperado, ora alegría o enfado calurosos, ora gozo o dolor agudos, varía de una identidad a otra sin que intervenga en absoluto mi control consciente.

En la carretera me enojo en argentino, acaso porque alguna vez cuando chiquito vi a mi viejo puteando a un conductor medio salame.

De peatón con los torpes o los pozos callejeros en cubano, y a un contratiempo como cliente de alguna compañía hago frente como un español enojado.

Las chanzas y sornas en argentino ¿dónde se inventó la burla si no en Buenos Aires?

En el humor soy original, generalmente una mezcla de los literatos que leí, ese humor que se aprende en silencio, que se expresa estando sólo frente a los estímulos, sin embargo en los chistes pugnan y comparten las tres identidades.

Chistes sobre gente burra en argentino, sobre la vida cotidiana y medio verdes, en cubano, y como no he vivido en Andalucía o Cataluña que son las dos grandes marcas registradas del humor ibérico, muy distinta una de otra, en menor medida me expreso jocoso como castellano.

El tonito pedante intelectual, con mayor ahínco incluso cuanto menos sepa del tema, por supuesto: argentino. Tono displicente, hedonista, lúdico, desde ya, el cubano. Y para el tono serio, decidido, impertérrito: adopto la pose y ese híbrido en mi acento que se acerca al recitado épico español.

La poesía por supuesto la  pienso en acento español, los más grandes de todos los tiempos.

"El cuchi cuchi mandarina", el frenetismo interpretativo de pieles y secreciones, la cláusula que Barrabás le puso a Jehová, el sempiterno"quita y pón", varía según en el momento y según la partenaire.

Hablando de las postrimerías femeninas durante el frenesí, con una baba sedienta de sangre para colmillo de lobo, uso el término: "la colita" en el más auténtico, grasoso, Olmediano y Porceliano porteño, lo mismo me ocurre si en el trance menciono las esponjas pectorales.

Pero al hablar del arma de este Lancelot de entre siglos, menciono la palabra acaso más usada en Cuba, que dicen que proviene de China y refiere a un rudimento en forma de palo sobre el hombro que ayuda a portar velas o baldes de agua de un lado a otro. Utilizaré la palabra en su acepción fina, la del lejano Oriente, esa que precedió al hombre occidental, la que tal vez aparezca mencionada en el poema que algún emperador Ming le pudo dedicar a su amada: la Pinga ( con tono chino)

Y en todas esas partes donde el arrebato precisa casi más de la intervención de manos, soplos, piel y guarrerías verbales me vuelvo el más soez de los ibéricos, aunque puede saltar también el puerco de La Habana y el zarpado de Baires.

Con la música no me pasa, en realidad casi escucho exclusivamente la inglesa, la norteamericana, y cuando no, clásica, ópera y de cámara. Europea, y bailando soy patón en cubano, argentino y español.

En su mayoría uso expresiones argentinas, porque allí nací y aprendí a hablar, seguidas por cubanas ya que allí crecí, y por último españolas que es donde he pasado la mayor parte de mi vida, aunque de adulto, por lo que el acento ya vino definido y contorneado, pero siempre queda espacio para un "vale" un "venga" un "vamos" y por supuesto, para ese sonoro y siempre tonificante:

¡Joder!

Para concluir me gustaría destacar estas curiosidades de la lengua castellana en sus continuos viajes por el orbe, otra vez centrado en la figura femenina, aunque en esta ocasión en su vestimenta más ligera:

En Argentina lo que tapa la ropa interior femenina se llama pollera, en Cuba saya, en España falda, en Argentina lo que hay debajo en la parte de arriba se llama corpiño, en Cuba ajustador, y en España sujetador, mientras que lo de abajo en el sur celeste se llama bombacha, en la perla del Caribe blúmer, y en la Hispania de Trajano: bragas; y a lo que esa prenda íntima protege y cuida, como si fuese una coraza protectora marina: se le dice concha en argentino, o como si se tratase de un pastel de harina y azúcar: bollo le llaman los cubanos y como si saliese de la galera del mago con las orejas tiesas: en España le llaman conejito.

Y la noche, aquí, allá, acullá, sólo se llama noche.

Comida argentina y cubana en Madrid
Comida argentina y cubana en Madrid

Comida argentina y cubana en Madrid

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Published by martinguevara - en Relax
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  • : Mi Déjà vu. En este espacio comparto reflexiones, impresiones sobre la actualidad y el sedimento de la memoria, sobre Argentina, Cuba o España, países que en mi vida conforman un triángulo identitario, de experiencias diferentes y significantes correlativos.
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