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16 septiembre 2016 5 16 /09 /septiembre /2016 22:34

Un año después de mi aparición en escena en la ciudad de las hojas y el otoño, se coló en las librerías un título que resultó ser un best seller de sociología, algo novedoso casi hasta en el terreno de la narrativa, mucho antes que Alain Touraine o Eco nos acostumbraran a sus súper ventas. Se convirtió en un hito, tanto por el autor, un verso suelto que no se deja atar a ningún poste, ni resbaladizo ni espinoso, como por el texto ágil, certero, intuitivo; el libro "Buenos Aires vida cotidiana y alienación" y Juan José Sebreli el firmante.

Cuando tuve que desprenderme de esa ciudad siendo niño, todo lo que se quedó aferrado a modo de garantía en la corteza cerebral, y que permanecería intacto hasta el fin de los días, era perenne, no susceptible de cambios por el paso del tiempo, con la excepción quizás de ese cambio climático, los otoños, estación en que nací, hace medio siglo eran más insistentes con el color, el viento, y las hojas de arce dobladas sobre el borde de la vereda como un reloj de Dalí. Pero casi todo lo demás permaneció intacto para la primera vez que regresé. Todo mi pecho era un enorme rejunte de deseos. Mi padre, mis primos, mis amigos de cuando niños y los olores, los sabores, los colores, volver a tierra abierta y no dentro de una maceta.

Cada vez que regreso, haya pasado quien haya pasado por la intendencia o el gobierno, yo encuentro mi propio Buenos Aires. En un lugar o en otro lo encuentro. Para mi, como sujeto en maceta, desterrado de la tierra de mis amores, de la única metrópoli posible, del campo argentino, de las playas del Atlántico, debo decir que lo que percibo en la ciudad de los techos dispares, de las baldosas sueltas, de los linyeras letrados nada tiene de vida cotidiana, y desde ya, todo allá puede ser enloquecedor, ensordecedor, irritante, encantador o frustrante, a contramano de cualquier alienación.

 Que placer pasar unos días perdido por sus calles, de un café a una librería, de una muestra a una de las buenas galerías, de una parrilla al centro de un corazón, de la cima de un adoquín al olor a boca de subte y a pebete de salame, de oir las bocinas de nueve de Julio o de Libertador a escuchar lo que habla la gente, y como lo habla, el histrionismo natural, el arte de los bueyes perdidos. un taxista, un kiosquero o el gallego del bar. Ver pasar el 60, el 12 y el 86 y participar en el derretido de una, dos, tres Vauquitas.

Y una justa inundación de asados y afecto entre amigos y parientes

 

 

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Published by martinguevara - en Argentina frizzante

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  • : Mi Déjà vu. En este espacio comparto reflexiones, impresiones sobre la actualidad y el sedimento de la memoria, sobre Argentina, Cuba o España, países que en mi vida conforman un triángulo identitario, de experiencias diferentes y significantes correlativos.
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