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1 septiembre 2017 5 01 /09 /septiembre /2017 10:42

Salí a dar un paseo con Martintxo por el centro de Buenos Aires como hacemos cada noche desde hace unos días que llegamos para disfrutar de la ciudad, en esta ocasión por Callao desde Corrientes con la idea de ir hasta Las Heras, impensable que en dicha zona pudiese pasar algo con mayor peligro que un tropezón con una baldosa floja.

Diez y media de la noche, temprano para Buenos Aires, fresquito para caminar, iba revisando la pantalla del teléfono celular y llegando a la esquina de Callao y Viamonte escuché un ruido en mi cara, de mi cara hacia afuera y de mi mano hacia la mandíbula, desperté tras una milésima de segundo de profundo sueño, y el teléfono estaba en el suelo, me agaché a recogerlo, mi hijo me miró con los ojos como platos, y un flaco al que no había prestado atención se alejaba en sentido contrario corriendo, mientras otro que había caminado junto a él, repetía "que hijo de puta" como si se tratase de un desconocido. No había pasado nada grave por suerte, pero estaba aturdido y me preocupé de quedarme hablando con mi hijo para calmarlo y que no quedase demasiado impresionado, iba a seguir caminando pero pensé ¿por qué tienen que llevársela gratis? entonces le grité a Martintxo - ¡Andá, andá a buscarme el chumbo!- y sólo tres segundos más tarde empecé a correr detrás de ellos profiriéndoles varias clases de improperios y diciéndoles que los quemaría a balazos. Por suerte no eran valientes ni tenían un arma encima y se largaron ambos a correr como gallinas.

Menos de un segundo.

Me dejaron una sensación que habría preferido no tener, una precaución que preferiría no portar, y un poco deteriorado y disminuido mi fervor defensor de las garantías para con estos delincuentes y mi oposición a la limpieza radical de estos ladronzuelos que pueden causar un enorme daño. Si me hubiesen arrebatado el teléfono me habrían jodido bien, si los hubiese perseguido hasta una oscuridad probablemente me habrían apuñalado, y aún no habiéndomelo robado me dejaron un sabor amargo injusto, ya que Buenos Aires estaba siendo preciosa, de hecho esa tarde había escrito “Lo siento por el mundo desarrollado, subdesarrollado, híper e hipo sensible: Buenos Aires está en otra dimensión”

Algo hay que hacer no se puede convertir en la moneda corriente que cualquier lugar de la ciudad te depare agazapado el peligro de un robo con violencia.

Eso no es resultado de la pobreza, si me hubiesen arrebatado el helado unos minutos antes habría corrido detrás de los ladrones para comprarles uno, hay mucha gente muy dañada en todo sentido que luchan para salir adelante y hay otros que ya se han rendido al alcohol y la locura pero sin lastimar a las demás personas. Estos son seres despreciables, tóxicos, tanto si son pobres como si son ricos, si te arrebatan una pensión de por vida, o un celular rompiéndote la cara, son precisamente lo que no necesitamos en nuestro mundo.

Un segundo

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Published by martinguevara

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  • : Mi Déjà vu. En este espacio comparto reflexiones, impresiones sobre la actualidad y el sedimento de la memoria, sobre Argentina, Cuba o España, países que en mi vida conforman un triángulo identitario, de experiencias diferentes y significantes correlativos.
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