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24 febrero 2019 7 24 /02 /febrero /2019 15:00

Desde hace unos doce años, dirigentes, entrenadores, jugadores y sobre todo simpatizantes del real Madrid vienen sufriendo a un extraterrestre, que cada año juega mejor y cada vez que ve una camiseta blanca se activa aún más.
Pero hay un momento de inflexión en todo madridista, de extremos casí inigualables en ningún otro terreno:
Las Copa de América y los Mundiales de Fútbol.
A lo largo de estos doce años han rezado por todos los santos que Argentina de ser posible no pasase de la primera fase de ninguna de las dos. Al ir superando instancias en dos Copas de América y un Mundial gracias al ET, los afciionados del RM se enfermaban progresivamente, sólo veían los partidos hasta que se suponía que Argentina no perdería, ahí abandonaban para combatir la depresión con un whisky de veinte metros de largo.
En cada fase el sufrimiento era mayor, en la Copa del Mundo vi madridistas sosteniendo un talismán para que Argentina perdiese en octavos de final. Los cuartos de final eran padecidos como clavos en las rodillas, las semifinales como dagas en las costillas, y cuando el marciano llevó a Argentina a tres finales, más de uno debió ser atendido en el cuerpo de guardia con clavos, dagas y alambres de púas en los ovoides.
En las finales se daba el punto de máxima tensión cadíaca para los madridistas, la gran mayoría no las podía ver, cada vez que el ET tomaba el balón debían ir corriendo al baño. No habia papel higienico que alcanzase, los anfitriones llegaron a pedir que los invitados prescindiesen de llevar a la cita cervezas en viurtud de paquetes de papel sanitario.
Las tres finales terminaron empatadas en lo que dura un partido de ese deporte desde que se inventó, noventa minutos, de hecho sus inventores ingleses no alargan el partido, ya que entienden que ese ya es otro deporte sino que vuelven a jugar las finales de su Copa nacional en caso de haber empate.
A esas alturas esperando el tiempo extra, los madridistas eran abordados por el sentimiento más contradictorio, de perfil, nunca de frente al televisor esperaban que en cualquier instante aconteciese el momento más terrible o el más feliz de sus vidas.
Pasados ciento y pico de miunutos en el caso del Mundial más que gritar el gol de Goetze, lo lloraron, lo mearon, lo moquearon, lo babearon, alguno incluso lo eyaculó, nunca, ni siquiera en la séptima copa de Europa robada en fuera de juego de Mijatovic llegaron a sentir algo tan intenso, una alegría que subía desde el abismo en que se había depositado su ya acstumbrado miedo a una paliza de escándalo, dadas las experiencias en el Bernabeu hasta la coronilla del placer por no perder el último clavo ardiendo al que se podían agarrar como al asta de la última vela. Así pasaron del casi ictus cuando Neuer le cometió penalty no pitado a Higuaín a pase del ET, a dejar que sus órbitas oculares desprendiesen rayos de luces multicolores de tonaldiades no vistas con anterioridad en la Tierra cuando el árbitro silbó el pitido final minutos después del golazo germano, al igual que en las otras dos finales americanas resueltas a penalties.
En doce años la mayor alegría de cada madridsta ha sido reverdecer y explotar en un volcán de gozo tras pasar un mes eterno sufriendo crecientes estertores, en los cuales llegaban a desear que el fin se apresurase, no pudiendo soportar la espera de la daga que los dejase sin la última excusa para inclinarse ante el Extraterrestre.
Ayer cuando se enfrentaron el Sevilla y el Barça, el madridismo pasaba ora de la doble satisfacción de ver caer al extraorbitario y de recortar distancia para poder soñar con la pelea de la máxima competición local, a la desazón, el desconcierto, el escudriñamiento del lado más vil, tenebroso y abyecto del alma, hasta que rendido, medio madridismo abandonando el gesto adusto para dejar sitio a la resignación, dijo:

-Basta de engaños, ni siquiera el mejor equipo al completo de este planeta puede compararse con el alienígena bajito que ha portado a otra dimensión la belleza plástica del deporte considerado "la cosa más importante entre las cosas que carecen de importancia".

Lionel E.T.

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Published by martinguevara

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