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12 julio 2020 7 12 /07 /julio /2020 01:01

Durante años que me parecieron siglos, milenios, no podía pasar por delante de un bar sin sentarme a la barra estando solo o en una mesa con compañía y beber todo lo que pudiese aguantar el equilibrio.

Hoy paseando entre cientos de mesitas de bares colocadas en las calles de León, con gente disfrutando de la tarde de verano reparé en sus caras, en sus barbijos, en sus actitudes e incluso en sus comidas, pero recién ahora pienso que ni siquiera me fijé en sus bebidas.

Y entonces me invadió una sensación de confort, de cierto orgullo, hubo un tiempo que sólo podía vaticinar la muerte en una zanja, en coma, a puñaladas o a patadas. Cuando llegué a ese punto en que solía quedarme sin una moneda, ni siquiera entre los adoquines de las calles, salía a beber el vino que los borrachos dejaban en botellas o tetra briks en las escaleras o los bancos de las plazas.

Eso fue tocando el fondo, pero sí, hacía eso, hoy siento arcadas sólo de recordarlo. Si me quedaba una de esas monedas, entre las llaves o entre dos adoquines, podía comprar alcohol de farmacia y mezclarlo con agua y un poco de café para disimularle el sabor y olor a enfermería. El alcohol de 96 grados con agua da una borrachera absoluta, de liberación total, se consigue perder del todo el control del zapallo, hay que consumirlo bajo techo si no se quiere aparecer dormido en cualquier parque o calabozo sin zapatos ni llaves.

Recién al llegar a casa pensé en cuantos de esos alegres viandantes y bulliciosos parroquianos que vi sentados en sus mesas departiendo terminarían hoy prisioneros de sus más o menos controladas dependencias al trago, y sentí una inmensa paz. Pasé por clínicas, por AA en diferentes épocas, por abstenciones que nunca conseguían que deslindase ni un instante el deseo de beber, porque como decía Raymond Carver, beber es algo muy serio y que consume mucho tiempo entre unas cosas y las otras, el borracho de verdad vive con la presencia del alcohol tanto cuando lo consume como cuando se abstiene, excepto, y esa excepción me llevó una vida conocerla, cuando todo aquello que lleva a dedicar tanto rato a terminar cada noche abrazado al suelo, de súbito desaparece y sólo queda una sensación de vacío en lo relacionado con los senderos del alcoholismo, queda un segundo dado, una segunda vida dentro de la misma botella.


Y la sensación de haber conocido la mayor de las victorias.

 

 

Detalle de "Los borrachos" de Velázquez

Detalle de "Los borrachos" de Velázquez

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Published by martinguevara

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  • : El blog de martinguevara
  • : Mi déjà vu. En este espacio comparto reflexiones, flashes sobre la actualidad y el sedimento de la memoria. Presentes Argentina, Cuba y España, países que en mi vida conforman un triángulo identitario de diferentes experiencias y significantes correlativos.
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