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4 septiembre 2020 5 04 /09 /septiembre /2020 11:15

 Existe un persistente intento historiofráfico de identificar la cultura Abakuá como un invento vago con retazos de africanismo de total creación cubana, ya desligado de su procedencia y que obedece a unas referencias difusas a las raíces para armar una secta de débiles conceptos, con el fin de aglutinar a un grupo étnico desorientado en cuanto a sus orígenes en la normalidad de la vida africana, desnaturalizados a través de la opresión propia del esclavismo.

De eso nada.

La sociedad abakuá cubana, descendió de las sociedades èfìk del sudeste de Nigeria y el suroeste de Camerún, fundada en La Habana en la primera mitad del siglo XIX por líderes capturados en aquellas aldeas. De ahí que quienes han tenido algún contacto con el ñañiguismo hayan escuchado "la tierra efik, o enfí" refiriéndose a Regla "la primera villa" dónde se establecieron las primeras sociedades abakuá. También se puede escuchar tierra efó, proveniente de la etnia efut. Los abakuás era una secta de varones "no afeminados" llegaron a funcionar como un sindicato para procurarse apoyo, conseguir trabajo, al principio no eran permitidos los mulatos con el fin de proteger la pureza, de a poco se permitió su entrada incluso en 1863 se fundó el primer juego blanco.

Un buen día, sobre el fin del siglo XX, en la sociedad éfik estadounidense escucharon una grabación de un toque y canto abakuá "Enkame" (canto que este seguro sevidor escuchó en reiteradas ocasiones cantado por los morenos del edificio) y de inmediato reconocieron música y palabras del lenguaje, como ellos también habían tenido que recomponerse, reamarse, viajando a África en busca de sus raíces, habían ya recabado contactos y mucha información con los puntos geográficos donde se encontraban las aldeas de donde fueron secuestrados y arrancados sus antepasados, por suerte Nigeria atesora su inmenso acervo de joyas culturales, en constante proceso de cambio , de evolución, pero guardan la historia contada de boca en boca, no escrita. Y mandaron esta cinta, a lo que los lejanos parientes nigerianos reconocieron de inmediato su propia cultura. No reminiscencias, sino el lenguaje asombrosamente conservado bajo condiciones impensables y toques y voces procedentes del lugar.

Así fue que se reunieron estadounidenses, nigerianos, cameruneses y cubanos en un plante abakuá realizado con el fin de encontrar los parentescos. Las diferencias en los rituales radicaron en la salida de los íremes, los diablitos abakúa, comparados a los diablitos Igbó, en cuanto al cinturón, los manojos que usan para espantar a otros demonios, los cencerros, detalles, pero en suma muy similares, aunque eso ya se sabía, pues era lo más fácil de conservar, ya en la salida del primer diablito comenzó a instalarse en el recinto una fuerte energía sacra. Cuando tuvo lugar un canto: "Okobio Enyenisón, awana bekura mendo/ Núnkue ItiaOroro Kánde Efí Kebutón/ Oo Ékue" no les cupo dudas de que estaban hermanados, que no había tierra, ni había tiempo, que no había dolor ni nombres, ni siquiera había historia, sólo una unidad, un alma más fuerte que todas las murallas unidas.

Terminado el canto donde todos montaron su santo, el jefe de la delegación africana tomó la mano del estadounidense, la del Tata Bocandá, anfitrión cubano, y sus ojos se cruzaron, sin lágrimas, sin aspavientos, hasta el silencio quedó debajo de aquel reencuentro tras el largo peregrinaje.

Abakuá sólo le debe a Cuba el haberles podido demostrar, amén de las penurias del camino, la fuerza de la cultura efik y efut , la dificultad de talar aquellas raíces, y el haberles devuelto esa mirada abrasiva por encima del silencio.

 

 

 

Íreme abakuá

Íreme abakuá

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Published by martinguevara - en Cuba Opinión Cuba flash. Opinion crítica.

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