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18 mayo 2013 6 18 /05 /mayo /2013 10:13

 

 

 

Los González Aguilar, llegaron a la Argentina expulsados por la barbarie del fascismo en la Guerra Civil española y fueron recibidos por la solidaridad de mis abuelos paternos, que en la provincia de Córdoba dirigían una casa de apoyo a los exiliados republicanos, con los años se convertirían para mi familia en  simplemente: los Aguilar, remarcando la palabra más cargada de metáforas y significantes, reflejo similar al que nos llevó a apelar Zapatero al ex presidente español de primer apellido Rodríguez. Carmen creció en Argentina, allí se casó y tuvo sus hijos. Ella era solo dos años mayor que mi tía Celia con quien continua uniéndola una de esas amistades de toda la vida.  Los tíos de Carmen tenían un cuarteto musical, eran astros del laúd, todo aquél que les escuchaba quedaba extasiado por unos días, en épocas previas al CD, en que la música después de oída se reproducía una y otra vez en el interior, música en silencio a través del mecanismo de la memoria. Tocaban por placer. 

Cuarteto Aguilar

Yo nací bastante después que todos ellos, cuando Carmen Aguilar y sus hermanos ya tenían hijos mayores que yo. Solíamos frecuentarnos, hasta que tuvimos que abandonar Argentina por motivos políticos. Mi padre quedó preso en el país por ocho años y medio, los demás nos instalamos en Cuba, Carmen al poco tiempo también tuvo que exiliarse en la isla caribeña, le quedó igualmente un hijo preso, pero también una hija desaparecida, la mayor. De Cuba se fue  a España con el marido y los vástagos que pudieron salir, se instaló en Cataluña.

Estaba el comienzo inocente y entusiasta de la democracia, participaba en trabajos de solidaridad desde su tierra de nacimiento para con los presos y reprimidos de su tierra adoptiva.  Igual que mi tía se ocupó por entero con la ayuda de los Estados Austríaco y Suizo a tratar de mantener con vida a mi padre, Carmen lo hacía con su hijo Juan, quien compartió cárcel con mi propio viejo. Una vez,  las amigas de siempre, se juntaron en España con el fin de hacer un viaje solidario para visitar a los presos cuando mermaba la dictadura en Argentina pero se mantenía intacta la sed asesina de sus protagonistas. Lo hicieron, acompañaron a los presos, les llevaron una fragancia fresca y la mano, una esperanza, un aliento, les arrimaron una yesca.

Eran leonas mayores y estaban heridas, por sus venas corría  sangre que lamía  desde el interior las cicatrices.

Un poco antes de regresar el período democrático a los países del sur de América, mi padre y el hijo de Carmen salieron de la cárcel. Luego retornamos nosotros desde Cuba y ella desde España, mi tía Celia desde Suiza e intentamos comenzar nuestras vidas, un poco  de la manera que nos lo habían permitido y un poco como no sabíamos. Todo era otra cosa, para mi era otra Argentina iba y venía intentando reencontrarla, para Celia también aunque ella se quedó, y para Carmen ya nada era algo, ni España desde que era niña, ni Argentina desde que Soledad, su hija, se perdió en la profundidad del espanto. Retornó a Cataluña donde casi todos su otros hijos terminaron por quedarse menos Juan, que al igual que mi padre nunca se marcharon de su país, sí sé que salieron de las celdas, sé que tardaron en despegar los barrotes de sus caras,  no sé si alguna vez dejaron atrás lo que murió entre ciénagas.

Nunca Más

Celia aun visita cada dos años a su amiga Carmen ya que tiene la suerte de contar con un físico saludable y una voluntad de la época extinta de las personas comprometidas, que le anima a desplazarse miles de kilómetros. La última vez que se vieron hace unos meses ya, fue justo antes de que el país de los Aguilar decidiese votar en masa a la opción más antipopular, estafadora neo franquista y corrupta de que se tenga recuerdo en democracia. Europa necesita escuchar a aquellos juglares  del cuarteto musical ejecutar sus instrumentos para crear una comunión de personas, una sonrisa sostenida, para dar un poco de merecido reposo a los Aguilares de todo páramo.

Cuarteto Aguilar de laúdes para Europa aturdida

Es una mujer culta y fuerte, aunque ya es mayor, hecha de lealtad de una era que no es esta, de voz clara y firme, Carmen no pudo regresar de ningún sitio jamás, ella estará siempre en su generación comprometida, escuchando la guitarra de sus tíos, admirando a sus padres, arrullando a sus hijos y quedándose en vela, ante el sempiterno  silencio de su perdida Soledad.

En algún lugar de la Historia.

Hoy murió en una celda el sanguinario dictador Jorge Rafael Videla, autor intelectual del asesinato de Soledad y de tantos otros; y si bien para mi no hay alegría en ello ya que sigue tratándose de muerte, sin embargo resulta admirable que haya fallecido en una celda, visto desde España donde ya ni siquiera el ánima espera, donde el fascismo perdura en el Valle de los Caídos, en el Alcázar, en el carácter inquisidor de la Iglesia, aunque haya personas que sigan arañando la tierra para encontrar la noble calavera de su ser querido, como dijese en una estrofa de “Elegía”, Miguel Hernández,  el poeta más estremecedor y jugado que he podido leer:

Miguel Hernandez con Josefina Manresa

“..Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera..”

 

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Published by martinguevara - en Argentina frizzante

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