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19 diciembre 2011 1 19 /12 /diciembre /2011 23:31

 

 

Una conversación reciente me remitió a una antigua aunque no archivada alergia, a una suerte de mecanismo, que siempre ha conseguido disparar la caridad de las almas culposas, de las mesiánicas, de las aventureras, de las reflexivas y de las solidarias.

La conversación giraba en torno a la presunta cualidad de las personas pobres, que aún llegando a lo más alto en la pirámide social, entendida por fama alienante y sólidas sumas de dinero, se mantienen fieles a sus orígenes retornando de vez en vez,  micrófonos y cámaras mediante, a sus raíces a través de alguna pantomima más o menos efectista.

El mecanismo al que adeudo importante cuota de alergia es la pasión por la pobreza, la miseria o los miserables. La mutación hacia un ser cuya principal arteria resulta ser el hallazgo de la desgracia en el prójimo, para encontrar sentido en la propia vida, para acallar las carencias propias, a la mayor brevedad, simplificando y resumiendo todo lo posible. Y de modo especial a la utilización de estas almas,  de sus carencias, de sus lamentables apariencias, de sus vidas, habitadas de los mismos sentimientos que otro ser social, entre las cuales cabalga el bien y el mal con la misma intensidad en el galope que en cualquier otro medio.

Crecí entre personas que hicieron de la idealización de la residencia de la bondad  en la condición de la carencia material, un modo de vida, un medio y una meta en sí.

Me resulta tan fantasiosa la procura de una veta idílica del pobre, de la beatificación de la miseria, como la culpabilización inquitante y perturbadora de la misma, por quienes encuentran allí un chivo expiatorio perfecto para sus intereses.

Guardo una distancia  prudente con los estereotipos, y huyo de los de este orden,  como de la poesía renacentista.

Escuché decir una ocasión que cierto deportista de éxito económico, era un ídolo porque no había perdido su nexo con el barrio que lo vio nacer.

A saber, el tipo de población emergente armada por inmigrantes  o desahuciados no bien recibidos en las grandes urbes, barrios satélites de los basurales, focos de la escoria que arroja incluso la clase trabajadora.  Nichos fabricantes de desarraigados, de seres excluidos, profundamente discriminados, donde se obra una gran porción de resentimientos sociales.  De sitios que solo suscitarían la alegría de cualquier ser equilibrado, con la noticia de su extinción y el arribo de sus habitantes a una calidad de vida mejores. 

Me asombró escuchar a alguien de probada formación,  creer que al citado deportista, le honraba rememorar, añorar y reivindicar el modo de vida de semejante sitio. Sin renegar, dicho sea, de los flamantes  lujos propios de millonarios de plastilina, coca & Ferraris.

Las villas miserias, poblaciones callampas, favelas, solares, chabolas, guettos, o cualquier otra denominación semántica para indicar a esos dormideros forzozos, constituyen residencias de emergencia,  temporales, concebidos para ser abandonados a la más mínima posibilidad,  marcados a fuego con sus nombres despectivos, plastica y estéticamente emparentados con las representaciones del pecado de El Bosco.  Sitios  así nos indican justamente, que todavía queda mucho por hacer para sacar  nuestros traseros de dos especies de pozos , de dos tipos de oquedades, una a la que nos somete el abuso de una sociedad deshumanizada, y la otra, el agujero cultural de donde resulta más difícil rescatarnos.

Durante un tiempo deambulé por albergues para necesitados, pernocté en residencias de personas de ánimo destruído, de ropa sin bolsillos,  dormí en algunas calles y en muchos caminos, en las horas más bajas de mi vida, compartí albergue con seres a los que solo les quedaba un aire de cuando fueron gente. Y una mirada sin brillo.  Aquello comenzó como un coqueteo con los intocables de occidente, los mendigos, y con mis propias ánimas, y terminé quedando atrapado por más tiempo del que me hubiese gustado permanecer. Pero esa es otra historia.

Sin embargo fue una escuela de fuego. Aquello que me enseñó permanece marcado. 

Y no vi a muchos romanticos por esos lugares.

Por ello siento simpatía por la persona que habiendo conseguido superar ese modo de vida, utiliza la oportunidad para  llenar su cotidianeidad de formas amables,  adquirir sofisticaciòn y conocimientos, que sumados a los profundos valores de lealtad y coraje, que con mayor frecuencia en su origen se encuentran, suelen formar una personalidad de rasgos únicos, incomparable. Mucho más que por quien defiende a ultranza la permanencia en la procacidad, incluso en la holgadez de  la vida suntuosa, y además piensa que ello amerita.

Me remito las palabras de una amiga, que suele apuntar:

_ Somos de izquierdas, siempre  cuando sea para repartir las oportunidades de acceso a la belleza , no para  elevar de categoría el espanto, ni cantar odas a los basurales.

O cito a Marguerite Durás: "Cuando se tiene cierta moral de combate, hace falta muy poco para dejarse llevar, para pasar a la embriaguez, al exceso".

 

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Published by martinguevara - en Opinion crítica.
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Comentarios

Our 01/05/2012 13:26

Me ha gustado mucho el texto que nos has puesto por aqui, la verdad que da que pensar...

martinguevara 01/05/2012 23:54



Gracias por las palabras tan alentadoras.



Anna Assenza 12/21/2011 04:36

Excelente! Comparto el mismo camino... Me encontré en la calle bajo la nieve, durmiendo en la calle codo a codo con gente que nunca jamás encontraré, hace bien ver de cerca que significa poseer
algo... hasta llegar a Cuba, donde todo lo que había aprendido en las calles del mundo ahí era como empezar desde cero. Es una cuestión de educación, desde niños nos trabajan el cerebro... para mi
gusto las palabras pobreza y riqueza deberían desaparecer en lo que concierne el lado material de la vida, en el 2012 el ser humano debería empezar a tomar consciencia de que los reyes han muerto
desde hace rato, afortunadamente. Hay comida para todo el mundo, pero está mal distribuida, ya sabemos porqué y por quien, cada Estado tiene su patrañas escondidas para mantener el poder sobre la
masa carnica...
El problema es definir que significa ser rico o ser pobre, hasta cuando no se cambia el lenguaje, la mente parirá siempre obscenidad y todo el mundo lo aceptará porque le parece normal, en la
palabra 'pobre' está todo el desprecio que sigue a ese ser humano que se encuentra en esa posición, se les degrada a la nada total, cuando es propiamente gracias a esa nada que los ricos se hacen
siempre más arrogantes y más ricos, además imponiendo el sueño de su estatus simbol atreves de sus televisiones y medios de comunicación masivos.

martinguevara 12/21/2011 11:04



Anne, me encató tu comenatrio. a veces la interacción es el mejor de los premios a mostrar lo que uno piensa porque asume nuevos puntos de vista. Siempre es así solo que a veces estamos
susceptibles a poder recibirlos y dejar que penetren en nuestras convicciones cerradas a cal y canto,  y en otras, la mayoría pues dejamos todo cerrado. El tema es que yo nací en una época y
en un medio en el que estaba absolutamente de moda el coqueteo con la pobreza, la entrega de la vida a niños de africa, abandonando los propios, la proletarización, el encumbramiento de la bondad
que reside en el alma de la gente carenciada. En mi experiencia, en la cual si encontré la pobreza mezclada con vicios y etc, y no pude salir por años, encontré lo contrario, en cuanto a estética
me refiero. y en cuanto a ética, la misma que he visto en todas las clases sociales.  Una vez en Cayenne, un brasilero amigo con el que hacíamos auto stop y yo, habíamos pasado la frontera
ilegalmente, proque aquello era terrirorio francés, y por ende muy codiciado por las oportunidades de trabajo, y nos encontramos a uno de la guyana holandesa de surinam,  estaba con un
hambre tremenda, nosotros creíamos ser los parias del mundo, hasta que nos dimos cuenta de todo lo que nos sobraba aún, le dimos una camisa un pantalon, lo que quedaba, y mi amigo Joao, me dijo,
Martín, hay pueblos en Africa en los que si distribuimos lo que tenemos ahora mismo, comen una semana. Se me quedó grabado toda la vida, cuando escucho la queja fácil de alguien, el hecho de no
mirar lo que hay en lugar de lo que no hay, tanto en lo espiritual como en lo material ( material es la playa, es el bosque, es la carretera, es el sol aunque esté lejos), en fin.  Y esto
era a colación de esa atracción por la miseria parecido al de los misioneros religiosos de encontrar gente muy por debajo de su nivel, para darle sentido a la vida, y no obligarse a enfrentar los
propios fantasmas. Aunque respeto mucho eso. A mi me ayudó a darme calor y una cama caritas, y soy muy belicoso con las instituciones pero debo decir que hay gente haciendo cosas buenas, nolo
puedo nehgar, yo voy a lo perverso de la fascinación por la decrepitud, no por la decadencia, que sí tiene algo bello, ves la diferencia entre lo decadente y lo decrépito?, Un poco de ambas. No
conozco tu vida, pero veo que puedes haber hecho el camino inverso, desde europa, según que parte de italia, tan bella, hasta la b´suqueda de un mundo con mayores significantes. Bueno no deja de
ser yin y yan!!! un saludo.



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  • : Mi Déjà vu. En este espacio comparto reflexiones, impresiones sobre la actualidad y el sedimento de la memoria, sobre Argentina, Cuba o España, países que en mi vida conforman un triángulo identitario, de experiencias diferentes y significantes correlativos.
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