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22 diciembre 2011 4 22 /12 /diciembre /2011 22:23

 

 

Habiendo terminado su trabajo temprano en la provincia de Valladolid, Combi decidió quedarse en un hotel en Tordesillas, ciudad del toro, de su iconografía, y de la resistencia tradicionalista de la inquisición española que rodea a lo más retrógrado del toreo, y que se representa en el espectáculo del sufrimiento, argumentando el valor plástico del toreo, las cualidades estéticas de las poses y el valor del hombre frente a la bestia, que curiosamente, no dejan de ser ciertas.

También la ciudad del tratado que dividió el mundo en dos, una mitad para Portugal y la otra para España.

              Acostumbraba a dormir en un hotel  que tiene todas las comodidades que se pueden pedir para descansar bien de una jornada de trabajo en la carretera.

            Prefiería los hoteles alejados de los centros urbanos para aparcar mejor, y de paso evitar salir en busca de aventuras por las ciudades.

            Pero cerca de Tordesillas está el puticlub mayor de Castilla y decidió darse una vuelta por allí. Se dijo a si mismo que sólo para ver de que se trataba,  ver las chicas, y juntar un poco de calentura, relevar la testosterona ralentizada. Desempolvó el truco de entrar hasta la barra y una vez allí, cuando se acerca el barman preguntarle hasta que hora está abierto el lugar, y luego marcharse, de ese modo poder pispear tetitas y piernas, sin usar la nariz. Actividad pajera.

            Una vez dentro se percató de que el sitio era mayor de lo que imaginaba, dos gorilas flanquean la puerta, los saludó con una media sonrisa entre cómplice y tímida, solo recibió como respuesta un leve movimiento de cabeza y una mirada que lo auscultó entero.

"Puedo reconocer a un policía, a un soldado o a alguien que lo fue, allí donde se produzca la mirada sin  importar si proviene de unos rasgadísimos ojos orientales que casi no permitan acceder al brillo de la pupila, o de unos ojos endurecidos, del este de Europa, por ejemplo rumanos como apostaría que son en este caso", pensó Combi.

            A los portones de entrada le seguía un hall amplio, donde dos máquinas expendedoras de dinero esperan, una de cigarros, y otra de condones la acompañan, detrás había una recepción, donde una mujer gruesa, que no aparentaba ser la estrella del lugar, miraba sin embargo con una sonrisa mucho más acogedora que la de los dos grandullones de la entrada. Se escuchaba la música proveniente del salón contiguo, de luces rosadas y violetas, que erradiban todo trabajo a la sugerencia, sin embargo pensó que daba gusto oler el aroma de esos sprays dulzones, cuales perfumes búlgaros. Entró.

                  En cuanto abrió la puerta se amplificó en sus oídos la música, acorde con la iluminación y los ambientadores. Y lo que más le sorprendió resultó ser las chicas. Eran casi todas muy jóvenes, esbeltas, con cuerpos  fantásticos, caras atractivas, había algunas ya no tan jóvenes pero igualmente bellas. Estaban vestidas con paños reducidos que permitían apreciar las bondades de sus naturalezas, todas sus curvas. Algunas iban con tangas con lo cual se podía apreciar el tamaño y la forma del trasero, así como la del pubis.

Las chicas paseaban de un lado a otro mirándose entresí, a él, o a los pocos pasmados que se detenían ante tanta feromona dormida, una de ellas se detuvo a preguntarle su nombre y si quería tomar algo, Combi siguió moviendose en varias direcciones antes de dirigirse a la barra a hacer su numerito para tener la excusa de salir.  El club era espacioso y contaba con varios salones. Experimentó súbitamente una tremenda erección cuando una joven se le aproximó tanto que dejó aplastar las tetas en su pecho y cruzó su pierna por entre las de él preguntándole  si deseaba subir a una habitación, con ella por supuesto.

El camarero lo miró fijamente.

Combi se sintió increpado y le dijo que estaba buscando a una chica especifica que no veía por allí, entonces  salió del recinto nuevamente al hall de entrada, estaba excitado y no sabía bien que hacer. Lo que menos tenía eran ganas de marcharse de allí sin echarse un revolcón primero con cualquiera de las que había visto, todas le gustaban, todas le parecían lindas, estaba asombrado de su escasísimo sentido de selección. Esperaba encontrarse con el tipo de mujer que había visto en esos lugares en sus anteriores entrometimientos de nariz, con motivos más cercanos a la curiosidad antropológica que a la libidinosa. Pero aquello rompía sus antiguos esquemas. y hacía tambalear su moralina de entrecasa y sus convicciones de pacotilla. " Soy un hombre de familia", solía decir cuando, de vez en vez a la salida de alguna reunión,  los compañeros de trabajo, algo más aligerados de prejuicios que él, se proponían a salir en busca de algun buen rato.

Entonces se dirigió hacia la entrada y les preguntó a los muchachos que hasta que hora estaba aquello abierto, _ hasta las cuatro d e la mañana, le dijeron con toda la amabilidad que cabía esperar de ellos.

Subió al coche y salió con la intención de regresar al hotel, pero a los dos kilómetros, en vista de que el empalme no solo no se le había atenuado, sino que se intensificaba a merced de los juegos de la imaginación , volvió a saludar a los dos gorilas a los pocos minutos, aunque en esa ocasión con menor despliegue de simpatía, quizás con el fin de resultarles más familiar. Como si a los tipos duros se los pudiese engrupir tan facilmente.

Subió a a una habitación con una doncella, de pelo liso castaño hasta la cintura, que hablaba español con una voz de acento indefinidamente eslavo. El pantalón le  crecía dos tallas más por el lado de la bragueta. Nunca se la había visto de ese tamaño, deseaba inmortalizar el momento, que algún acontecimiento mágico, le permitiese conservar ese perfil combado, en en esos poco llamativos bultos que formaban los pliegues de sus blue jeans habitualmente. Aunque en realidad estaba más entretenido mirando la belleza con que estaría trincando tan solo un ratito después , unos metros más arriba. Ya le había soltado  cuarenta euros que costaba su servicio,  y ella se los había entregado a la de la recepción.

Combi, que no veía unas piernas así ni en la playa, ya que veraneaba en la zona de las familias, no podía creer que por solo esa suma de dinero estuviese a punto de comerse aquel conejito.

La habitación estaba a tono con todo lo demás. Le preguntó a la chica por su nombre primero, y luego por su procedencia, de repente se vió adquiriendo un amolesta y no tan deseada familiaridad, preguntandole si extrañaba su tierra.

La chica tenía un tatuaje en la espalda, un tanto revelador de que por más modosa que se mostrase, era lo que se dice coloquialmente, un tiro al aire. Le apretó las nalgas y se dieron un beso de lengua para su asombro, ya que pensaba que no solían besarse con los clientes. Eso le hizo derramar unas gotas de semen.

Se llamaba Soriana, como si fuese de la provincia donde el poeta Machado  gastó gran parte de su genio. Pero no era de allí , había hecho un largo viaje hasta esa carretera infernal.

Cuando le dijo que era rusa, Combi le preguntó: ¿ cag tiviá sabú? Palabras que había aprendido en Cuba. Ella pareció soprendida y le preguntó por qué sabía ruso, él le dijo que sabía unas pocas palabras porque las había aprendido en la isla caribeña. Ella por primera vez, se quedó mirandolo en serio, a él, no al cliente, estuvo así un rato en sillencio, con las piernas cruzadas.

_ Viví allí cuando niña. le confesó , echando un brazo hacia atrás y apoyandose en la almohada, tomando posición para una conversación más larga de lo previsto. Se había criado en La Habana, en el edificio Sierra Maestra de Miramar donde vivían las personas de los países socialistas de Europa, destinados a Cuba para trabajar como técnicos extranjeros,  de aquella época conservaba ese castellano impecable. en gramática El caso fue que la conversación dejó el derrotero profesional y comenzó a centrarse en sus vidas. Le contó que provenía de un pequeño  pueblo, que estaba maldito.

Si bien Combi, en parte lamentaba haberse alejado del subidón inicial, y empezó a temer que toda evidencia de la lujuria que iría a experimentar esa tarde , se reduciría a una poco novedosa mancha fría en su ropa interior, es cierto que también entraba en un territorio en cual sentía mayor comodidad, aparte de que en cierta forma le autorizaba a estar allí.

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Published by martinguevara - en Opinion crítica.
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Comentarios

Our 01/05/2012 13:28

La luminosidad es uno de los puntos mas importantes que hay en esta vida, sin luminosidad, no hay nada!

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  • : Mi Déjà vu. En este espacio comparto reflexiones, impresiones sobre la actualidad y el sedimento de la memoria, sobre Argentina, Cuba o España, países que en mi vida conforman un triángulo identitario, de experiencias diferentes y significantes correlativos.
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