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20 septiembre 2012 4 20 /09 /septiembre /2012 00:42

 

 

El pueblo de Barajas en Madrid y sus alrededores sintieron el estruendo y un tanto acostumbrados a los exabruptos de sus separatistas del país vasco y algún que otro tremendo petardo de las hordas fundamentalistas de Al Qaeda pensaron que se trataba de una nueva reivindicación con métodos tan expeditivos como aterradores. Aunque en esa ocasión se equivocaban, el abrumador sonido y temblor no provenía de una explosión ocasionada por grupo terrorista alguno, sin embargo si que fue una explosión y dejó la cifra de 154 muertos por incineración y fracturas.

El vuelo JK5022 de compañía Spanair tras la toma de impulso no lograba despegar aunque había levantado unos metros del suelo su fuselaje y caía nuevamente al suelo pero no ya sobre la pista de despegue, se desvió hacia la derecha a gran velocidad arrasando con el contén de una carretera, luego con una valla para terminar chocando violentamente con el suelo y un montículo de tierra provocando chispas que encendieron el depósito de combustible deflagrando instantáneamente y causando una violenta explosión que envió trozos de avión, de equipaje y de viajeros por todos los alrededores.

Solo diecinueve personas que conservaron sus vidas plagadas de dolor y espanto. Y comenzó el largo, pero en apariencia seguro camino de la justicia para aclarar las responsabilidades penales de este sinestro, que ostenta multitud de flecos, de negligencias y fatales descuidos en el quehacer técnico.

Hoy recién cumplidos los cuatro años de aquel terrible cúmulo de descuidos y errores fatales, la justicia les da la  espalda a los reclamantes archivando la causa en lo penal, quedando abierta la vía civil para reclamar indemnizaciones,  aunque con  derecho a percibir solo un 50%.

 

Miembros de la asociación de afectados del vuelo declaran sentirse devastados, no entender como la justicia funciona con tal deficiencia. Y remarcan que esta decisión es muy peligrosa ya que marca un terreno de impunidad para los responsables de la seguridad aérea en los diferentes operadores.

Señala  este colectivo de afectados, que con sus propios recursos y sin apoyo ni ayuda de nadie "han luchado con una flagrante desigualdad de condiciones con las poderosas multinacionales que, con ingentes recursos, se opusieron sistemáticamente a la celebración de un juicio en el que pudiera conocerse la verdad de lo sucedido".

Quizás este nuevo episodio de impunidad de los poderosos sea de los que más daño puedan causarle a la justicia española en el crédito entre sus ciudadanos,  paralelo a la opacidad mostrada para juzgar los recientemente destapados casos de decenas de miles de presuntos bebés robados a sus madres en el posparto, y vendidos posteriormente a los mejores postores, como ya evidencian las pruebas que poseen muchas de las víctimas, ya sea agrupadas en los “Afectados de clínicas de toda España. Causa niños robados” o a titulo personal y que aún a pesar de la sordera de la justicia, si procede llamársele de ese modo eufemístico, continúan con su lucha para conocer la verdad y que los culpables enfrentes sus responsabilidades.

En dichos execrables  delitos habrían participado religiosas y altos directivos de clínicas de manera tal que la obstaculización a la justicia se daba por descontada, pero de ahí a que el sistema judicial casi en masa diese la espalda a las víctimas de semejante crimen masivo, resulta un espectáculo esperpéntico y que también deja la sensación de asfixia al resto de la sociedad.

El segundo país del mundo con mayor cantidad de fosas comunes después de Kampuchea, pero en el caso de España sin abrir, sin perseguir legalmente a los culpables, lejos de eso dotándolos de toda suerte de ardides que facilitan su impunidad.

El país en que hay mayor flujo de billetes de quinientos euros no declarados. Donde los políticos encausados con pruebas condenatorias resultan ni indultados, ni sobreseídos, ni amnistiados sino absueltos como inocentes para escarnio del erario público e indignación de los contribuyentes.

 El país donde los mayores causantes del desastre económico actual, no solo se “van de rositas” sino que parecen ser premiados por sus hazañas devastadoras escalando socialmente, en la vida pública o privada.

Un país en el cual aún existen personas con imputaciones penales ejerciendo la política.

Casos de robos confesados como el del Palau de la Música de Barcelona cuyos culpables continúan en la calle, casos como el del yerno del monarca que se han convertido en un verdadero escándalo del cual hasta ahora y lo más probable es que por siempre resulten ilesos de el más mínimo arañazo proveniente de las leyes, tanto él como su esposa la infanta, que alega no tener conocimiento de las actividades del esposo.

El caso Gürtel casi al completo sin aclarar, la presunta compra de diputados socialistas  tránsfugas, los abusos policiales cerrados con rotundas sentencias condenatorias a la acusación, por incitar a la violencia a los efectivos.

Y suman tantos casos de flagrantes faltas al más elemental de los sentidos de la justicia, que resulta hasta un incordio enumerarlos, además de un trago difícil de aceptar.

Todo ello aderezado con el hecho de que las cárceles españolas registran el mayor número de presos comunes de Europa con 65000 reclusos, con un común denominador que no remite a la nacionalidad, a la raza, a la estatura, al peso, a la religión, a la orientación sexual, ni a las preferencias culturales,  sino únicamente refiere a su situación económico social, a sus espaciosos bolsillos y apellidos poblados de un intenso y persistente vacío.

El país aún tiene la tarea pendiente de la profunda reestructuración del poder Judicial. Es acaso el poder que menos transformaciones ha experimentado desde el advenimiento de la democracia.

Constituiría  una temeridad innecesaria añadir al descontento de la población causado por la crisis, la debacle en el crédito , en la última pizca de confianza que le va quedando al hombre común en los fundamentos culturales y formales que permiten mantener la armonía entre los ciudadanos, mediante la equidad de la dama invidente con la balanza y la espada.

Ciento cincuenta y cuatro muertos por un desliz, ya sea de un notable poderoso o de un villano infame, son demasiados muertos.

 

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Published by martinguevara - en Europa Aorta

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