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6 octubre 2012 6 06 /10 /octubre /2012 21:49

 

 

Antes de que caiga el simbólico muro de Wall Street, y los harapientos mendigos  que mitigan su hambre con perritos calientes a un dólar con cincuenta  al lado del edificio de  la Bolsa, suban a las plantas superiores a por los fajos de billetes virtuales, como otrora los alemanes del Este pasaron al Oeste a comprar todo lo que brillase, tras el derribo de otro famoso muro, más tangible que el neoyorquino, sería conveniente que los ideólogos, artífices y benefactores de este capitalismo, al que la humanidad benefició con su voto de confianza frente  al decadente comunismo despótico, reflexionasen acerca de la conveniencia de su alejamiento paulatino de la senda democrática.

A partir de la caída del muro de Berlín y el comienzo del desmoronamiento de las dictaduras de los países mal llamados comunistas, donde campeaba todo tipo de opresiones, de escarnios , incluso para la clase obrera, patrona de aquel sistema por antonomasia, el deterioro de las promesas del vencedor por K.O. ha sido notable.

Desde los inicios del enfrentamiento en el pasado siglo entre el capitalismo y el socialismo, encarnados por las súper potencias URSS y EEUU, modofocaron en varias ocasiones los puntos de cuestionamiento, manteniendo el libre mercado y la democracia  como dos hitos inamovibles a lo largo del período que duró la batalla ideológica.

La URSS también contaba con los suyos, como el amparo social de los más desposeídos y la salud y educación gratuita universal fueron las que más influencia tuvieron en el consciente colectivo de los más carenciados, en los países en vías de desarrollo, por lo cual el capitalismo en Europa se apresuró a desarrollar una compleja política de beneficios sociales homologables a los propuestos en el socialismo, y sobradamente mejores que aquellos en la práctica.  Mientras que Estados Unidos, siempre parco en la injerencia estatal, sin embargo expandió sus horizontes democráticos incorporando a las minorías tradicionalmente excluidas,  absorbiéndolas mediante el consumo.  De tal manera que al producirse la caída del muro y de los países de la llamada cortina de hierro,  pareció llenarse de razón Fukuyama con su teoría del fin de la Historia, una Historia entendida como un movimiento épico, de multitudes uniformadas, únicamente factible bajo el fin de las ideologías, con la proclama de que tocaba el tiempo a las libertades sociales, partiendo desde las libertades en el ámbito íntimo del individuo,  lo cual generó un alto nivel de entusiasmo, en el cual nos vimos participando con ciego optimismo.

De repente nadie se vería compelido a elegir un modo de vida, las personas que querían apoyar las luchas  sociales podían compartir sus ideas con el placer de una vida confortable, con el deleite del consumo moderado, con las elección de una tan variada gama de opciones como cantidad de personas hay. O al menos esa era la tendencia y desde el poder parecía alentarse y apoyarse.

Esto desembocó en la falta de interés por la participación en el debate político, se extirpó la confrontación ideológica, y el mundo pensó que comenzaba el camino del fin de los enfrentamientos, el principio del desarme, del fin del hambre , del fin de las guerras, del dolor causado por la avaricia humana. Pensábamos que los problemas que se presentarían se reducirían y limitarían a qué hacer con la basura acumulada, con el consumo ingente de agua, con la obesidad, con el cambio climático y la caza de la ballena y el oso polar.  Y todo parecía indicar que irían por ahí los tiros.

La caída abrupta de la URSS, dejó sin sentido a las leyes de protección social diseñadas para disuadir a las clases más bajas de la idea de probar un sistema igualitario y paulatinamente se fueron deteriorando estos logros, que curiosamente constituyeron los éxitos más trascendentes y genuinos de la Revolución de Octubre, aunque haya tenido lugar en tierras occidentales.

Europa vive en medio de la usurpación de la vida parlamentaria  por la tecnocracia y el mundo financiero. Destrucción del estado de bienestar con diferentes grados de deterioro y vertiginosidad según el país, pero con idéntica determinación en todos. Represión brutal a los sectores descontentos con el estado de las cosas, el sur de Europa presentando preocupantes niveles de pobreza. Gobiernos que no respetan los programas electorales, corrupción galopante unido a una impunidad inédita para la delincuencia de guante blanco.

Mientras tanto Estados Unidos está por abocarse a una elecciones en las cuales deben elegir entre un candidato que no ha podido desarrollar su plan humanitario para el mundo entero y de cara a su propio país para el creciente pozo de miseria en la primera potencia, a partir de una crisis que a diferencia de la de la de 1929, no muestra la misma aflicción de sus poderosos autores, que llegaban incluso, a poner fin a sus vidas por pundonor.  Un gobierno que se encontró con el escollo de un congreso que puso freno a todas las iniciativas sociales, de elemental solidaridad con el prójimo. Frente a un candidato que ha presentado un lenguaje que acuña el retroceso cultural, de conciencia social, incluso de nivel académico de nuestra era, planteando la desprotección de los necesitados en el momento en que más precisan de su gobierno. Un sistema que ha permitido el intervencionismo del Estado solamente en el caso de salvar a los bancos que provocaron el enorme shock con su avaricia y sus procedimientos fraudulentos.

Serio deterioro del activo del capitalismo según el cual: de nadie es asunto excepto de tus accionistas y de ti, si tu empresa va bien, regular o mal.

Del  capitalismo de los derechos sociales, del respeto a las oportunidades,  a la capacidad de cada uno para mejorar su nivel de vida, de las garantías de libertades individuales, y también de la protección a quienes no poseen la capacidad o el interés por el crecimiento patrimonial, del capitalismo de la participación de la voluntad popular en el tipo de mundo que queremos mediante la democracia, nos va quedando ya muy poco.

Conocemos el riesgo que comporta el provocar semejante torbellino en el seno de los pueblos, han sido pasto de ideologías absolutistas parapetadas tras pretextos de justicia que han terminado provocando peores calamidades que las prometían socorrer. A río revuelto ganancia de pescadores.

El comunismo, el sistema social basado en la premisa de: “a cada cual según su necesidad” no llegó a cristalizarse ni en un solo caso como una sociedad medianamente justa. Constituyó un embuste, un secuestro de los pueblos a través de su crédito a las palabras grandilocuentes. Sin embargo, el capitalismo regulado por un estado proteccionista tuvo su momento de gloria.

- Señores encargados de la granja. Tómense en serio por una vez  el reposo con la finalidad de la reflexión, y aunque solo sea por el bien de ustedes, hagan el favor de echarle un ojo de vez en cuando a la debilitada gallina de los huevos de oro.

 

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Published by martinguevara - en Opinion crítica.
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