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7 julio 2012 6 07 /07 /julio /2012 22:08

 

 

Al enterarme que habían condenado al ex dictador Jorge Videla por un ramillete de los más execrables crímenes que se puedan tener idea, como casi todos los que involucran a criaturas, sentí una extraña sensación, no salté de alegría, no puse una botella de frizzante en la nevera, y aunque no estaba frente a un espejo me atrevo a aventurar que ni siquiera sonreí. No me muestro demasiado entusiasta de disfrutar con el daño en niinguna circunstancia que se presente, ni tratándose de esta justa punitiva.
En su lugar me embargó un alivio restaurador, sobre todo esta condena por crímenes cometidos sobre los niños,  recién entonces me di cuenta de manera integral que en efecto el exilio que pasó por encima de mi cabeza fue difícil, como muchas veces escuché decir y me negué a aceptar, quizás con el afán de  reservarme el derecho a un recóndito y genuino pataleo, el día que lo quisiese representar en el modo que mejor me pareciese.  Y me di cuenta  de que aunque no las vivíamos en primera persona como los niños robados de los desaparecidos, a los niños del exilio también se nos hacía participes de no pocas noticias monstruosas, acontecimientos no elaborados para mentes en la búsqueda del atractivo de hacerse adulto y abandonar el nido de la infancia, podíamos escuchar tantas historias de muertos y adoloridos de las charlas entre los mayores, o las leíamos de sus pasquines abandonados en la esquina de un escritorio de hotel, o simplemente nos la comunicaban ellos mismos, que habitualmente las introducíamos en nuestras conversaciones compitiendo con alardes  y bravuconadas  de hasta donde sería capaz cada uno de aguantar la picana y las diversas modalidades de tormentos sin denunciar a los compañeros. -Sin cantar- decíamos.
 Siempre supe que llegada la ocasión, después del primer sopapo, a mi deberían darme unos cuantos más para callarme. Y cuando lo contaba me decían que no podría ser un gran revolucionario, luego el tiempo se encargó de darles toda la razón.
Habitualmente nos implicábamos en estos temas y podíamos pasar horas comparándonos con gente que acababa de morir de manera indescriptible.

Otro tema recurrente entre los niños exiliados de diferentes países que habitaban el hotel donde residíamos en La Habana, era decir por turnos que le haría cada uno a los dictadores que detentaban el poder en nuestros países de proveniencia, los que habían ganado la partida a nuestros padres. Cada uno hacía gala de su más fértil imaginación para adjudicar una muerte proporcional a las brutalidades que cada tirano había perpetrado- “los cortaría en tiritas con una Gillette y les echaría ácido en las heridas“–era la más popular e internacional, “lo metería en una jaula y dejaría que todas sus victimas diesen cuenta de él”- era otra de las recurrentes, los más expeditivos optaban por el fusilamiento, y aquellos más pacientes, que más horas pasaban destripando pajaritos y lagartijas, se inclinaban mayormente a despellejarlos vivos. Nos iba en ello nuestra valía , nuestra convicción en los ideales  más puramente revolucionarios se vería reflejado en la escenificación del tormento más adecuado para acabar con la vida de semejantes sabandijas.

Mi padre estaba preso, y el solo hecho de desearle a alguien la prisión me revolvía el estómago. Yo sentía el deseo de sublevarme  y proclamar que quería ponerlos en una prisión confortable, con atención médica y sicológica, justamente para que se reconociese la diferencia entre la bestialidad y la justicia, entre ellos y nosotros, pero no me atrevía, terminaba sucumbiendo a la carrera de truculencias.  Y para no gustarme era asombrosa la regularidad conque asistía a esas charlas y me esmeraba en mi simulación. Quizás estuviese despellejando a alguien mucho más tangible que a Videla.

Aquellas conversaciones y bravuconadas, definitivamente no eran lo que mejor nos explicaba a ninguno de esos niños ateridos de terror y confusión por la sangre, las pérdidas y las mentiras entre las que vivíamos , pero aquel era el rol del hijo del guerrero.

También teníamos otras charlas y otros amigos sin traumas e infinidad de distintas diversiones. Detesto que nos aprecien como los que buscan tener el copyright del padecimiento, puede parecer que estemos en todo momento preparados para recibir una subvención. Pero el paisaje al asomarnos por la tapia a la vida de adulto, fue indefectiblemente marcado por las desventuras de nuestros mayores y las atrocidades cometidas por sus captores. 

Represores de toda calaña, nacionalidad e ideología.

 
Tendrán tiempo para reflexionar en sus celdas,  de pensar y de conversar, e incluso dado que se dice que los ancianos se convierten en niños, podrán hablar entre ellos en el patio o en el comedor,  de cuanto hubiesen aguantado sin denunciarse los unos a los otros si les hubiesen aplicado la picana que ellos solían administrar.  

Con absoluta sinceridad declaro que deseo, por el bien de sus almas y de las nuestras,  que aprovechen este tiempo para irse de la vida habiendo comprendido aunque sea en parte,  el daño que ocasionaron y habiendo esclarecido todo lo ocurrido y el destino de los niños que faltan por encontrar, así como el de los cuerpos de sus padres; ya que, no puedo imaginar éxito mayor que si alguno de ellos antes de morir, experimentase el verdadero arrepentimiento, ni mayor reto para quienes nos suponemos en un peldaño moral superior, que comprobarlo viendonos en la tesitura de poder otorgarles el perdón.
Por España hubo emoción entre la gente sensible al conocer esa sentencia. Acompañada de una pizca de sana envidia.

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Published by martinguevara - en Argentina frizzante
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Comentarios

aliciapeire 09/25/2012 00:58

Date una vueltita y ve la infancia clandestina pelicula de Benjamin Avila , hijastro de Horacio Mendizabal secretario militar de la organizacion Montoneros-La historia es mas compleja y
multicausal. Uds tienen el derecho de decodificarla como sientan y crean.

martinguevara 09/25/2012 01:08



Si puedo sin duda la veré. Creo que la historia es compleja con la nuestro inapreciable aporte- Justam

Florencia de Lezica 07/17/2012 00:51

Martín...terrible, verdadero, honesto...de algún modo bello ésto que escribste. No quiero comentarlo en Face...por pudor quizás por el dolor que tranmitís. Los que nos quedamos...sufrimos lo que se
llama "insilio"...ni mejor ni peor, diferente. Vos sabés que quiero mucho a tu viejo...cómo no entenderte!!!
Abrazo desde el alma!!!
Flor

martinguevara 07/17/2012 01:04



Totalmente de acuerdo Florencia, vos además del insilio tenés otras heridas de estos cabrones... Un beso grande y muchas gracias.



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