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11 septiembre 2012 2 11 /09 /septiembre /2012 19:45

 

 


Hoy tuvo lugar una marcha en Catalunya cuyo lema es algo así como: "Un nuevo Estado en Europa". La verdad es que ya más del cincuenta por ciento de los catalanes reclaman la independencia de España, la quieren por diversas razones, no todas homologables entre sí, pero lo cierto es que se desea mucho más de lo que en cualquier país se acepta de buena gana su propio status quo, o a sus monarcas con excepción de Inglaterra, incluso representa un porcentaje más elevado que el que suele simpatizar con las decisiones técnicas y estratégicas adoptadas por los seleccionadores de fútbol de casi todos los países, en la confección de sus escuadras.

Admito que aún cuando todo nacionalismo me irrite, aunque  me causen una enorme desconfianza los  macroacuerdos multitudinarios, aún cuando me aterren tantos millones atesorando el mismo pensamiento, temor justificado por el mecanismo fascista que suele acompañar los consensos más que por el mensaje que se enuncia y el que subyace, es verdad que en esta ocasión no hay demasiada coartada para desoir los reclamos de una clara mayoría, para alienarlos , para enajenarlos y convertirlos en especímenes ridículos desde las instituciones democráticas, desde la España de bien que ha ido caminando con paso decidido aunque no siempre orientado hacia una sociedad plural y basada en los derechos de todos y cada uno de sus ciudadanos, y menos razón que siempre para ser  rechazados por un fascismo de piñón fijo e idea única, el Nacionalismo Mayor del Estado, del Ejercito. No hay ya mucho sitio para el  ardid dialectico de los  descendientes y nostálgicos del Imperio, mucho mayor en envergadura alcance peso y profundidad absolutista, que los regionalismos nacionalistas reivindicadores de una cultura, que no obstante cabe recordar que en mejor de los casos, subsiste a merced de ingentes aportaciones del erario público y una manipulada idealización de la pureza de la idiosincrasia perdida, de la identidad aplastada, a instancias del victimismo de quienes sempiternamente saben manipular los sentimientos de masas, los grandes maniqueos. esos que desde los intereses políticos suelen tergiversar los hechos  propinándoles tal patada  que al final la Historia se pierde de vista.

Es hora de que la "metropoli" o la capital, lo que otrora fue la corona de Castilla, escuche a sus súbditos vecinos de Occitania, catalanes, levantinos y mallorquines y que trate con ellos, equidad mediante y también de que no olviden estos últimos, los hoy agraviados por el inexistente peso de la bota opresora, que distantes de haber sido las tristes víctimas de un represor proceso de rapiña, más bien los hechos fueron que la corona de Aragón , como en su momento la de Navarra se subordinaron a los Reyes Católicos , para  conformar la España en ciernes que en ese entonces significaba estar a punto de poseer el mundo compartido con Portugal,  mientras que hoy ser español significa casi lo que mucho antes de la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas como colonias, venían asegurando algunos franceses, más ponzoñosos que agudos: "España no pertenece a continente alguno, es el límite entre Europa que termina en los Pirineos, y África que empieza al sur de Andalucía."

 
Si bien es cierto que dado lo inaceptable de la firme determinación del gobierno representante por voluntad propia de la carcundia descendiente directa de Torquemada, y gran parte de la sociedad de España de retorno a velocidad de vértigo a tiempos medievales en lo referente a conquistas sociales, es comprensible el firme deseo de separarse de dicha vorágine y dinámica retro. Es de aguardar que vislumbren que se trata solo  de desprenderse del lastre, que por lo demás una vez quitado este cuco y pasada esta cortina de humo, reflotaran los problemas que en realidad sin remedio más efectivo jamás habrán partido, a los cuales la actual Generalitat está tan poco capacitada y animosa de brindar solución como el ejecutivo de Rajoy.

No estaría del todo mal que los ciudadanos bienintencionados de Catalunya no olvidasen fácilmente que el proceso de integración a la Corona de Castilla  no tuvo lugar mediante el derramamiento de sangre, sino el de tinta. Si bien todos debemos de comprender que cuando uno anuncia que se va, ya se ha ido.
Y que el beneficio que les proporcionó pertenecer a la hoy denostada Iberia estuvo sujeto a similares propósitos que los que hoy procuran quienes de manera hábil han logrado conducir sus legítimas ilusiones y aspiraciones soberanistas.

Se trata como siempre de una cuestión de beneficios,  de "la pela" como se dice en ambos territorios, el catalán y el castellano.
Pero más allá de que no persigan otra cosa que despegar esa molesta marca y adosarse como mínimo a la fama de Barcelona como ciudad cosmopolita , sofisticada y moderna, lo que en realidad puede devenir en preocupante, es que  se pierdan de vista los no siempre nítidos límites, entre los más o menos justos y pertinentes reclamos soberanistas e independentistas, y el espíritu intolerante, xenófobo y de aire provinciano que suele vestir a los émulos, sucedáneos y sucesores de Nicolas Chauvin.

A España no le convendría ya que es cierto que Catalunya es una fuente inagotable de aportes en tecnología modernidad e intelectualidad, pero sobre todo de riquezas contantes y sonantes. Aunque lo que más me preocuparía a mi sería que los franceses decidiesen modificar ligeramente su irónico dicho dados los cambios geográficos y a las últimas conductas del Estado:

“ Catalunya no pertenece a continente alguno , es en sí el limite entre Europa y África.”

 

 

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Published by martinguevara - en Europa Aorta

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