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12 septiembre 2011 1 12 /09 /septiembre /2011 22:15

 

Desde el  descubrimiento  del tabaco y del hábito de fumarlos, los puros habanos fueron un signo de distinción ya en las colonias o en la Metrópolis, y de ahí en más una seña de identidad  de las personas más acaudaladas y poderosas del planeta, caso Rotschild o las caricaturas de Tío Sam.

Si  la revolución socialista había estigmatizado a toda la burguesía , por contravenir los fines del nuevo estado, y se les había conminado a abandonar el territorio nacional con lo puesto, me preguntaba ¿por qué los apellidos  Partagás H Uppman, o las casas Regalier el cuño y Romeo y Julieta , pasaban a ser símbolos identitarios de la Revolución, fetiches comunistas del Caribe?, La caracterización del enemigo capitalista norteamericano que más se usaba en la URSS , siempre iba acompañada de un puro tabaco, cosa que a partir del triunfo de la revolución cubana se modificó en parte, ya que en la URSS era muy conocida la imagen de Fidel con el tabaco en la boca.

Los rusos solían besar en la boca a sus visitantes. En las calles de La Habana se comentaba que cuando Fidel se encontraba oficial o extraoficialmente con Leonid Ilich Brezhniev, iba con un puro largo y grueso encendido y entre los labios, para obligar al premier ruso a dar por bueno el saludo con un abrazo de carácter latino, y evitar un innecesario intercambio internacionalista de babas revolucionarias .

Un buen tabaco pasó a ser incluso símbolo de rebeldía anti imperialista, tanto para los visitantes que encontraban cierta gracia en aficionarse al habano mientras paseaban por La Habana de brazos de una amiga cercana, como para los dirigentes del gobierno, que insistían en ofrecer la imagen de una cara con un gorro verde olivo y un Montecristo entre dientes, con una amiga íntima en cada brazo. 

Los hombres del pueblo trabajador podían disfrutar también del humo del tabaco, aunque de unas brevas mucho más humildes  en calidad y confección, que al poco de haber sido encendidas se abrían  en la punta como un plumero, apagandose de inmediato,  acompañados del cariño revolucionario de  su miliciana esposa, la compañera del bigotico.

La diferencia entre la caricatura de Rotschild con el bombín en la cabeza, el habano en la boca, y la efigie de un jefe revolucionario con el mismo puro y una gorra verde, parecía ser sólo una cuestión de gustos en sombreros.

Aunque había alguna más, el  ritmo de la amiga cubana bailando salsa es incomparable.

 

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Published by martinguevara - en Cuba flash.
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