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13 septiembre 2011 2 13 /09 /septiembre /2011 22:35

 De la andanada de buenas, regulares y pésimas intenciones que en un inicio, se dieron cita en la novísima Revolución cubana del año 1959, en una demostración de impudicia, más que  en un alarde de sinceridad, el ex mandatario oficial, y señor absoluto en la realidad aunque de modo extraoficial, admitió que de eso en Cuba, en la Cuba revolucionaria, no queda nada, aunque a poco de hacerlo, se arrepintiese.  
               
 De entre las intenciones pésimas a que me refiero, destaco y no necesariamente en el siguiente orden, la instrumentalización de todo un pueblo para perseguir fines personalistas, para perpetuarse en el poder. La eliminación física y moral de los oponentes,  de los opositores, de los opuestos. La división abrupta y terminal de la familia cubana, mediante la difamación  y cizaña en un principio, y luego a través del ostracismo, el destierro, el encarcelamiento,  o la humillación pública. La canonización y exhortación de conductas como la traición, el odio, la delación entre hermanos,  entre vecinos, a través del creciente envilecimiento de asociaciones, contempladas oficialmente para combatir sabotajes, tales como los Comités de Defensa de la Revolución, adoctrinadores como  los núcleos de Juventud Comunista, de tipo identitario como la Federación de estudiantes, o la Federación de Mujeres Cubanas, organizativos como las Asambleas de los poderes populares, de adiestramiento como las Milicias de Tropas Territoriales, y un sinfín de organizaciones  ,  fundadas en realidad, con la intención de observarse y vigilarse de cerca, los unos  a los otros, en un alarde de de espionaje endogámico.
 La construcción de una sociedad donde el hombre fuese un ser sin inclinaciones estéticas, sin vacilaciones frente a la tentación del materialismo, sin vicios, sin intimidad, ni individualismo, sin egoísmo ni conciencia del Yo, una sociedad de autómatas cumplidores del deber y perennemente,  felices y satisfechos con la nada. El mecanismo represivo, el miedo, la intimidación como método cotidiano de anulación,  de ni siquiera el descontento, sino de la duda.
                De entre las aberraciones regulares,  se me ocurre el internacionalismo, ese deber insoslayable de todo revolucionario de interesarse, en primera instancia por la suerte de los desgraciados de cualquier sitio lejano antes que de  los alrededores.  La instauración del estímulo moral suplantando al estímulo material, de riguroso cumplimiento, para todo aquel que no ostentare un puesto en la dirigencia de la revolución.  La distribución de la pobreza por partes equitativas sin generar nuevos recursos, ni un solo elemento fetiche de la Revolución, manteniendo el Ron, el tabaco, el café y la mulata como valores nacionales  exportables y al alza, con la  incorporación de alguna nueva marca revolucionaria, ya sea Cohíba , Havana Club, Café Cubita, o las  famosas por alegres, pero en realidad humilladas y tristes Jineteras.
                Y de entre las cosas buenas, si así se le puede llamar a alguna de las intenciones que no contenía la malicia ex profeso en su génesis, se me ocurre el hecho de que nadie tuviere que humillarse nuevamente ante otro ser, pretendidamente superior por razones económicas, y menos aún ante  extranjeros prepotentes. 
Esta duró menos que su propio eco. 
Que todos los cubanos tuviesen garantizados los alimentos, el trabajo, la vivienda. 
Que la aberración cometida en siglos pasados por el tráfico de esclavos, y el dolor que dejó en sus protagonistas, los recelos, los prejuicios, fuesen extinguidos de una vez y por todas, y no que las cárceles, los calabozos y las fichas de  sospechosos de peligrosidad,  estuviesen llenas de los descendientes de aquellos hombres engrilletados de Africa.  
Que cada cubano tuviese dignidad, libertad, como decía Guillén en su poema Tengo.
                La lista es escandalosamente larga, hoy no hay  ni una sola de las supuestas metas que justificaron la Revolución, que continúe siendo defendible por sus propios ejecutores, que tenga vigencia ni siquiera para quienes se aplicaron con mayor celo en la vigilancia del cumplimiento de semejante agobio.
De tal penalidad.
No basta con declamar al paso, como quien regresa al hogar arrepentido por la comisión de una infidelidad. "_ Lo siento-son cosas que pasan."
Ni de prometer que de allí en más todo será diferente.
               Nadie desea ya  escuchar excusas ni disculpas. Hoy solo cabe dar pasos en un sentido generoso. Los que han conducido la el país hasta hoy, hacia un costado definitivamente.

Los cubanos de bien, un paso al frente, tienen un futuro ilusionante, y un trecho muy largo que andar.

 

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Published by martinguevara - en Cuba Opinión

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