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4 marzo 2018 7 04 /03 /marzo /2018 19:39

Mi hijo mayor hace unos diez o doce años tuvo un accidente de una gravedad extrema en Marianao, La Habana, conduciendo un automóvil alquilado por unos días en que había regresado a pasar unas vacaciones a su barrio desde Europa donde vivía y vive actualmente.
Tomé un avión el mismo día que me avisaron desde la isla, la cosa no pintaba demasiado bien. En el aeropuerto me encontré una prima que había venido a hacer actos y dar charlas sobre nuestro célebre pariente común. Ella regresaba a su casa, yo volaba a ver a mi hijo tendido en la habitación del Hospital Militar de Marianao, y a encontrarme con el país al que tras tomarle un cariño especial después de un rechazo inicial, tuve que abandonar porque lo decidieron entre mi familia y el Consejo de Estado. Todavía yo no había empezado a escribir artículos manifestando mi postura frente a la dictadura cubana, por ende aún no había sido del todo fumigado por el oportunismo familiar, aunque desde siempre era considerado lumpen y "no afecto", cuando curiosamente llevaba lustros siendo el único que vivía con humildad y exclusivamente de mi trabajo.
Conversamos las cosas equivalentes al estado del tiempo que solían charlar los ingleses a la hora del té, me mostró fotos de sus crías, y yo le comenté porque viajaba. 
En el aeropuerto me esperaba otro pariente, intimo amigo de toda la vida, nos abrazamos, olí el almizcle y respiré ese aire cargado de aromas de flores, plantas y humo de los tubos de escapes viejos que al olerlo me doy cuenta cuanto los extraño y a cuantas emociones me remite, me preguntó a donde me llevaba, fuimos a dejar las maletas a la casa en que me quedaría esos días y de ahí al hospital.
Una vez en el hospital habiendo estado delante de mi hijo en un estado verdaderamente crítico, en los hospitales que no eran para los familiares de los dirigentes no había casi nada, y ese el destinado a los militares de graduación media y baja, o sea que estaba entre medias. Mi hijo ya se había ido a vivir afuera de la isla y yo era desde hacía años considerado "desafecto", así que se quedaría en el Hospital militar, ni siquiera intentamos moverlo de allí a uno de parientes de la aristocracia revolucionaria. La madre de mi hijo, me comentó que el médico le había pedido que “resolviéramos” una cánula porque no tenían en el hospital
Todos los días su madre, que había viajado con él a Cuba, gastaba una buena cantidad de dinero y tiempo en conseguir regalos para las enfermeras, los médicos, los conserjes, incluso para que lo cambiasen de habitación cuando entraba en la suya un herido a machetazos o a puñaladas, tras una gresca grupal o familiar, ya que muchas veces por la madrugada llegaban bandas con el cometido de liquidar el trabajo o que no había podido ser concluido en la calle. No era un buen ambiente donde reponerse de una operación al cráneo. 
Las noches las pasábamos conversando y haciendo chistes, mientras nos turnábamos para vigilarlo, echarle un ojo, en esas circunstancias la vida de una persona depende tanto de la atención profesional como de la energía que desprende el apoyo de los afectos que reciba en su recuperación. Los familiares de los ingresados de fuera de La Habana estaban en condiciones deplorables, en el suelo, sin comida, sin lugar para ducharse. Nosotros no, la familia de mi hijo vivía en una desvencijada mansión del elegante barrio de Miramar, el cual estaba también la casa donde yo me quedaba a dormir, además teníamos algo que en el capitalismo, el feudalismo y el socialismo supone un bálsamo: efectivo contante y sonante.
Llamé a mi pariente para pedirle la cánula, el médico también había sugerido que resolviésemos unas placas para soldar su mandíbula, hilo de coser, gasa, y varias cosas más. La prima mencionada me dijo que vería donde la podía encontrar, pero que el médico supiese que el Comandante había dado la orden en todos los hospitales de que nadie podía pedir nada afuera, y entonces le dije que como se le ocurría que le iba a meter esa muela al médico que estaba haciendo lo que podía por salvar a mi hijo, le dije que me ayudase si podía y si no yo buscaría por otro lugar, pero sin esa descarga. 
Me dijo que sí.
Al día siguiente, cuando llegué al Hospital con la cánula que previamente había pasado a buscar por la casa de mi pariente, la madre de mi primer hijo tenía el semblante pálido, adusto, rígido, justo cuando iba a preguntarle por qué, ella me llamó aparte:
-Martín ¿ tú hiciste o dijiste algo a alguien del médico que lo comprometiese? 
Me quedé lívido pensando y no encontré nada en mi memoria hasta que caí en la cuenta de lo que había pasado. No me acordaba de donde estaba precisamente. Le di la cánula que era un tamaño mayor, y le conté como la había conseguido, entonces me dijo que el médico repentinamente no quería nada de afuera, ni las placas para soldar al mandíbula, ni la cánula, ni la gasa, ni regalos. Estaba aterrado.
No me lo podía creer, quise dejar lugar a la duda.
Mi hijo salió de aquella, volvió a nacer.
Hace pocos días, en una de las visitas que le hago en su hábitat actual en una isla española bañada por el sol y la arena casi como su bella y fatídica Habana, me hizo una confidencia de la que yo había escuchado una vez, hace mucho tiempo, un cierto murmullo procedente de un tío que también se quedó viviendo en la isla de la Involución, pero a lo que no había querido dar mayor relevancia.
Me contó que cuando tenía la sensible edad de 15 o 16 años, fue a una fiesta acompañado precisamente de ese tío, en la cual se festejaba el cumpleaños de una hija de mi pariente de la cánula, la fiesta era en un lugar ni privado ni público, conocido como el Cristino Naranjo en Miramar, y cuando llegaron a la entrada, mi pariente en persona dijo que mi tío podía entrar, pero su acompañante no, mi tío le explicó que se trataba de mi hijo, y ella taxativamente dijo: 
-No, ese no es de familia revolucionaria.
Cuando me contó esto, el estómago se me encogió, el alma en un instante se me secó, sentí que toda la soledad que yo había padecido a causa de mis actos, de mi responsabilidad, se la habían hecho sentir sin la más mínima razón ni compasión a un muchachito que empezaba a incorporarse a la vida adulta, le habían hecho sentir ese vacío, ese desaire, esa crueldad gratuita; como dicen los españoles: ese feo. 
Pensé largo y tendido si tener una plática epistolar o mandarla a hacer todas la puñetas que tiene pendientes de hacerse. 
En ese momento pensé que en la vida siempre hay una de cal por otra de arena, un hermano de esa pariente, durante los años en que yo no pude o no era capaz de ocuparme de mi hijo, él lo iba a visitar, se preocupó porque mi hijo tuviese un familiar mío  cerca, porque supiese de donde venía por mi parte. 
Fue él quien me esperó en el aeropuerto y me llevó al hospital la noche que llegué, y también me llevó el último día al hospital y de ahí al aeropuerto. 
Entre el asco que me produce una actitud y la ternura de la otra, siempre elegí por esta segunda. Pero hoy sentí que debía contar esta crueldad innecesaria que una persona abyecta le hizo a mi hijo, que él se guardó tanto tiempo y que le supuso sentirse menospreciado frente a otros parientes en la isla donde hay más castas sociales qu en la propia India, seres infinitamente menos valiosos que él como persona; por ende esto no es literatura, no es narrativa, no está ni bien ni mal escrito, como en la foto de un crimen, sólo es necesario que esté nítido y diáfano. Un vomito incontenible.

 

A traición

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Published by martinguevara - en Cuba flash.
25 febrero 2018 7 25 /02 /febrero /2018 13:21

Estamos atravesando un retroceso democrático que tiene la particularidad de parecer gentil siendo agudo y grave a la vez.

El derecho de expresión es una libertad que auxilia al débil frente al poderoso, más que un rudimento para la transformación de la sociedad es pariente del derecho al pataleo, al último escupitajo o insulto del condenado antes de lucir su perfil más refinado suspendido a contraluz bajo la madera, la soga y la sed de poquedad del rebaño adocenado.

Perros que cuidan con celo la mansión del amo pero duermen a la intemperie.

Entre las funciones del arte hay dos irrenunciables, una es cantarle a la belleza o el horror de las formas y los contenidos, la otra es incomodar, inquietar, invitar a la reflexión mediante la sacudida, el enfado, la ira, la risa, la lágrima o la admiración, que provoque el abandono de la postura inmejorable en el sofá.

Dos semanas después de que un joven fuese condenado a pagar una fuerte multa por "herir los sentimientos religiosos" al intercambiar la cara de una postal de Jesús por una suya, están por meter preso a un cantante de rap, en calabozos donde en su lugar, deberían pernoctar un nutrido grupo de violadores con sotana, de asesinos con uniforme, de torturadores, de delincuentes mafiosos de traje y campaña electoral, lo van a enchironar por unas letras agresivas, vomitadas desde las entrañas e igualmente vomitivas, el rap es una modalidad que no tiene sentido para hacer loas al poder, una modalidad que como el rock, nació para incomodar a todo victimario disfrutador de su botín.

Los Rolling Stones enfrentarían la posibilidad de prisión sin fianza y sin escala por muchos años sólo por canciones como Sympathy for the Devil, continente de los tres delitos que condenan al rapero, entre las que se encuentra uno tan disparatado como "Injurias a la Corona" que aunque  suene a medieval goza de lozanía y excelente salud en la España del siglo XXI. Por la canción Doo Doo Doo Heartbreaker se podría abrir el debate del la cadena perpetua, y no habría tiempo de reclusión suficiente en diez vidas humanas par satisfacer el deseo de los modernos Torquemada para castigar a artistas de hip hop como Snoop Dog, el difunto Tupac o Eminem, la movida Punk, desde los Sex Pistols, a los Ramones, Men at Work, Clash, o a Iggy Pop, Eskorbuto, de los combativos cubanos Gorki Águila y Los Aldeanos, del rock gallego y vasco de la década de 1980, de letras tremendamente contestatarias hace treinta años, hoy imposibles de imaginar.

La Movida Madrileña correría el riesgo de marchar encadenada al pabellón de máxima peligrosidad.

Sería imposible imaginar la televisión que germinó en los años de la directora Pilar Miró, o programas como La Bola de Cristal con la Bruja Avería y aquél Pablo Carbonell de los Toreros Muertos, simplemente el nombre del grupo lo condenaría, podrían ser considerados subversivos y condenados por incitar a la insurrección.

Y respecto de la salud con que cuenta la censura tras retirar una obra por su contenido de una "ex prestigiosa” feria del arte como ARCO, en lugar de enumerar los artistas de todas las expresiones que tendrían que irse con su obra bajo el puente de los apestados, por abreviar prefiero decir que soy incapaz de imaginarme una sola obra provocadora de las que me cautivaron a lo largo de mi vida, que no encontrase obstáculos para atravesar el filtro actual de la censura española. Ni una sola. Desde Los Miserables a El Padrino, de Grossman a Cabrera Infante, Las Meninas, la Maja Desnuda, el Grito, todo Goya, todo Caravaggio, Van Gogh, Wolf, Lautrec, Degas, Tarkovsky, Verdi, Donizetti, y por supuesto Chaplin, Saura, Lennon, Hendrix, Warhol, Reed, Dietrich, Almodóvar, Gamoneda, si se contasen en clave ibérica actual, deberían enfrentar el dilema de reafirmar su obra o retractarse ante el chasquido de las ramas.

Eso sí, curas violadores destrozadores de esfínteres de cientos de niños, un torturador con decenas de víctimas, como Billy The Kid, uniformados armados que amenazan de muerte a la alcaldesa de Madrid, a dirigentes de la democracia, a progresistas, "negros" ,"maricones" y "moros";  ministros, tesoreros, empresarios, presidentes, corrompidos hasta la médula, de accionar mafioso; a fascistas que irrumpen golpeando a asistentes a un acto en la librería Blanquerna, incluso ya con condena firme, a todos esos: Santas Pascuas, justicia garantista a tope. Se les concede una indulgencia de récord Guiness para que gocen de la libertad, de la impunidad, de la cortina de oscurantismo que una y otra vez, ora paseando ufana ora cabalgando iracunda, va y regresa de la médula espinal del Señorío feudal con derecho de diezmos y pernada, atravesando toda suerte de barrera de tiempo, moda y usanza.

No obstante, cuando afino el oído escucho desde las cenizas y las lombrices de la tierra, a Giordano Bruno, Hernández y Lorca susurrando a los cuatro vientos el secreto de la inmortalidad.

 

 

Giordano Bruno quemado por la Inquisición; Lorca Hernández y Machado
Giordano Bruno quemado por la Inquisición; Lorca Hernández y Machado

Giordano Bruno quemado por la Inquisición; Lorca Hernández y Machado

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Published by martinguevara
22 febrero 2018 4 22 /02 /febrero /2018 16:06

Estoy empezando a pensar, si el refinado intelectual que por fortuna le tocó a los Estados Unidos como presidente, el brillante Mr. Tronal Gump, no tendrá dentro de todo su buena parte de razón. 

Incluso en Europa deberíamos empezar a evaluar estas propuestas y desistir un poco del prestigio que el magisterio ostenta en Finlandia, Suecia, Noruega, ya que al aplicarlas, de nuestras las aulas los niños saldrán hechos unos perfectos “Dog of the War” sin necesidad alguna de gasto extra en servicio militar.

Hay que producir mucho más armamento, la gente en las calles en EEUU tiene muy pocas armas, no se permite ir con bazucas ni con morteros y si compras un tanque de guerra no te dejan usarlo en la ciudad, eso aparte de ser injusto es una muestra de tiranía contra la 2ª Enmienda de la Constitución Norteamericana.

A esos infames demócratas que son todos comunistas, gais, travestis, lesbianas, pervertidos, hippies, drogadictos, vagos, intelectuales, artistas, científicos, a toda esa plebe traidora, a todos esos Walt Whitman, Mark Twain, Norman Mailer, Paul Auster, Steinberg, Buckowsky, Marlon Brando, Redford, Roosevelt, Lincoln, Orson Welles, Patricia Highsmith, Susan Sontag, Arthur Miller, Louis Armstrong, Lisa Minelli, BB King, Sly Stone, Elvis, Luther King, Spielberg, Scorsese, Meryl Streep, Robert de Niro, Gene Hackman, Rauschenberg, Warhol, Dylan, Lou Reed, Ella Fitzgrald o Billy Holliday sólo por mencionar algunos traidores de EEUU, en fin toda esa basura antiamericana hay que enseñarle los valores de la Nación:

Lo de los maestros con ametralladoras está bien, pero no es suficiente ni para empezar.

Primero que todo hay que quitar a los maestros flojos y amanerados y poner en las aulas veteranos de guerra con serios traumas por haber disparado a una elevada cantidad de personas, también conseguir la mayor cantidad posible de personal del KKK, de la superioridad Aria, de los Hells Angels, y de esta manera conseguir esa tan ansiada seguridad en las aulas para los niños, y en adición, con la misma inversión, impedir que se perviertan con las demoníacas ideas del judeo comunismo de mezclas impuras de razas y otras herejías.

Sin descuidar el protagonismo de los críos, a quienes, siendo menores de doce años hay que darles un cinturón de granadas a cada uno, un par de revólveres de calibre 38 porque son pequeños aún, cuando ya pasen de los doce, que pueden aguantar el retroceso de una bazuca se les debe dar junto a tanquetas y morteros, y con dieciséis ya se les puede hacer responsables del uso de tanques de guerra así como a los profesores.

A los directores de las escuelas además del arsenal de armas lógico que debe tener un director, también se les debe apertrechar de minas para que rodeen los colegios y no entre nadie sin su detector anti minas y alambradas electrificadas con sus respectivas torres de guardias armados para disparar ante la más mínima duda.

A los padres que no tengan miedo a las alturas se les deben adiestrar en el uso de aviones B 52 y Sea Harrier lanzamisiles y a los que padezcan vértigo, pues cañones terrestres con ojivas nucleares. 

De esa forma sí que podemos garantizar que se estaría llegando a la paz absoluta, a la tranquilidad y al silencio total y la calma perfecta en las aulas y en general en todo el país.

No quedará ni el loro

 

 

Estampa de un día en el futuro inmediato en un colegio de Florida, Montana o Arizona

Estampa de un día en el futuro inmediato en un colegio de Florida, Montana o Arizona

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Published by martinguevara - en Relax
20 febrero 2018 2 20 /02 /febrero /2018 14:11

A raíz de una denuncia de un matrimonio de turistas cubanos y sus familiares de la que se hizo eco la prensa sobre el maltrato en Cuba a los turistas nacionales en comparación con los extranjeros, me vino a la memoria y a la reflexión este pasaje.

Llegué a La Habana en 1973 siendo un crío, nos fueron a buscar tres automóviles con milicianos y nos llevaron directo al Hotel Habana Libre, viví tres años y medio allí mientras estudiaba en la primaria Orlando Pantoja y la secundaria “Felipe Poey”, anexa a la Universidad.

La realidad en el hotel comparada con la de la calle parecía una película de Tarzán o Daktari en África, era difícil vivir entre dos mundos tan diferentes, recuerdo que denominaba esa situación como: “los de adentro y los de afuera".

Cinco restaurantes a mi disposición más servicio de habitación, piscinas, entretenimientos, mucho espacio, confort, toda suerte de exquisiteces en las cantidades que desease, mis padres tenían mucho cuidado de ir al restaurante más familiar y menos ostentoso y de pedir los platos menos suntuosos, imagino que por la propia contradicción a que los obligaba aquella doble moral tan evidente, incluso mi padre antes de irse rumbo a su lucha contra los molinos de aire perfumados con aroma de mataderos, pidió encarecidamente a las autoridades que nos atendían, que nos enviaran a un barrio obrero. Cuando a finales del año 1976 comenzaron a reformar el Hotel para satisfacer la nueva política de cara al novedoso proyecto para el turismo bañado de “moneda enemiga”, fuimos los últimos en irnos, los pasillos parecían edificios bombardeados, nos mandaron sin escala al paraíso proletario de Alamar.

 Sólo la imaginación podía componer un mayor contraste.

Antes de irnos, a principios de aquel mismo año 1976, se estableció la primera tienda experimental de productos del capitalismo y se puso en nuestro hotel. Con mi amigos Fernando y Pedrito teníamos un equipo que competía contra Gerardo y Alejandro para ver quien sustraía cosas de mayor precio de dicha tienda, aunque nosotros nos esforzásemos con muchas postales y otra baratijas que al ser de bajo valor estaban en la zona menos vigilada, generalmente Gerardo que era mayor que nosotros y tenía más pinta de serio, se atrevía con un reloj o algo de similar valor más cercano a las vendedoras y nos eliminaba. Un día mientras llenaba mi pantalón y camiseta de postales como un canguro con su bebé me "partieron" , al salir me dieron la voz de alto y me largué a correr como perseguido por un guepardo, un pequeño grupo empezó a gritar ¡atájalo! mientras yo iba incrementando la velocidad, esquivando columnas y curiosos y el grupo de los perseguidores fue creciendo por todo el Lobby del hotel, sólo me detuve una fracción de segundo cuando Fedora la mamá de Pedrito y la mejor amiga de mi madre que era como una tía para mi, entró al hotel trayendo de la escuela a Paula, su otra hija, y con el asombro clavado en su cara me ensartó una porción con la mirada, seguí corriendo deshaciéndome de esa daga por el instante en que lo necesité aunque con el coste de llevarla enfundada en la retina el resto de mi vida. En un recodo de mi huída mi amigo Fernando tuvo el valor de salirme al paso para aliviarme de algunas postales, cosa que nos terminó de hermanar, y ahí frente a los baños que hay tras los ascensores doblé la curva hacia la izquierda, a la derecha estaba la barbería, los baños turcos, la lavandería y luego una vía muerta, y hacia donde me dirigí estaban las tiendas para huéspedes pero en dinero cubano, en aquel entonces no había puertas era todo pasillo diáfano, más tarde destrozaron la estética de ese magnifico edificio, estaba la tienda de artesanías con sus espantos varios que nadie compraba, ranas tocando la tumbadora, diablillos abacúa, cangrejos con maracas, sombreros de yarey, y otras por el estilo, a continuación estaba la perfumería, después la tienda de fotos y oficinas. En la fuente que hay en medio de las tiendas dejé casi todas las postales dentro de un cajetín de electricidad que había entre las plantas, me quedé con cuatro o cinco y paré de correr, se me echó un grupo de corredores burlados y me llevaron a la oficina de la milicia, que estaba detrás de la cafetería, bajó el administrador Zorrilla y tras reprimendas y regaños llamaron a mi madre. Fue un escándalo surrealista, el sobrino del Che perseguido por el lobby de su casa con productos sustraídos de la primera tienda anti comunista de la isla, muchos trabajadores y huéspedes exiliados habían tenido butacas de primera fila para ver el show. Yo me sentía entre aterrorizado y dignificado por los esfuerzos invertidos por los seguidores en capturarme, mi padre estaba preso en ese entonces en Argentina y por transferencia para mi ser detenido, era más honroso, más heroico que lograr escapar. Huelga aclarar que si en vez de ser extranjero y pariente de un comandante hubiese sido "de afuera" de la pompa de jabón, otra breva me habría caído.

Aquella tiendita al fondo del pasillo del Hilton confiscado por la revolución, donde para comprar había que previamente cambiar las divisas en la carpeta, era el comienzo del virus degenerativo de la autoridad moral para pedirle sacrificios a la población cubana, en pos de resistir al enemigo imperialista, ya que la división de castas nacionales era menos evidente y de alguna manera se podía camuflar y de otra intentar justificar, para las pocas personas en toda la isla que conocían como vivía un familiar de un dirigente, pero la discriminación y xenofobia que despertaron esas infames tiendas no se podían esconder, y difícilmente se podían explicar.

 Después empezaron a chorrear las Easy Shopping y casi al unísono las Diplotiendas, las Diplopeluquerías, las Diplodulcerías, donde todos los productos tenían un común denominador: eran infinitamente mejores que aquellos destinados al consumo de los cubanos. La consecuencia más directa fue que se evidenció a todo nivel el desprecio por la población, por el ser cubano, por los mismos por los que se decía que se había hecho la revolución, enviando el mensaje de que el gentilicio “cubano”, frente a cualquier extranjero, de los cuales había siete castas, le correspondería  siempre el rol del servidor, del culpable, del sospechoso, del castigado. El del contaminado por la pandemia de la humillación y la doble moral.

El cubano ha sido mucho más dignificado en cualquier país del mundo que en su propia tierra. De ahí que sea menester entender que la inmensa mayoría de los cubanos que convivían con este enorme y profundo desprecio permanente, sienta una especial gratitud a EEUU en ocasiones erróneamente personificada en una opción política y no en los tratados de elementales Derechos Humanos, al haber experimentado por primera vez en su suelo la dignidad personal, el trato igualitario y el respeto como ciudadano.

 

 

 

Lobby del Total Habana Libre

Lobby del Total Habana Libre

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Published by martinguevara - en Cuba flash.
11 febrero 2018 7 11 /02 /febrero /2018 06:01

Reconozco esa sensación lejana. Se fue el roedor que incordiaba entre loas a las hienas, en su lugar entró una brisa dentada, afilada y fría como el acero, las pupilas me las llevé ajustadas a la nuca, esmerándose en conseguir una mirada que no obstante fenecía posada en el hombro, “una mirada y una danza" agua fría como en el primer día, una súbita ascensión y la corona oxidada.

Y luego rutas y carnes, pan, gritos, ademanes de Ave Fénix, cuchillos con trozos de grasa, de cuero, de limón y de ajo.

Ya lo había soñado recientemente y casi seguro que me hubiese pasado o estaría aprendido en lo más pertinente de mi ser para que tuviese lugar el futuro.

El entusiasmo del dedo en el gatillo, la mirada amenazante cinco balas y la pólvora mojada. ni salsa ni adobo, un fogonazo ente piernas semicubiertas por los vestidos autóctonos y algunos diafragmas y preservativos chinos de piel gruesa y tacto de rueda de tractor.

Piernas en Kimono, servicio de té verde que sale caliente, y sale con sake, con sashimi con umami, unir las palmas de la mano a la altura de la barbilla, esbozar una ligera inclinación y a comer. A discutir, a tirotear, a rasgar y cavar cuencas estrechas por debajo del festín, donde discurra el veneno, el tóxico, los jirones de rodillas pegados al suelo de alquitrán, carne picada a cuchillo y ojos tristes sobre la plancha con salsa vietnamita.

Laoseanos arrastrando su arado con su sombrero de carey, fumando el aliciente de sus batallas. Y otro y otra y muchas decepciones mas--


Es un agujero en el centro del órgano que gestiona la lealtad, el respeto, el temor a ser abandonado, la pleamar, la luz y la sombra de la noche.


Fui sin bolsa y regresé con diez premios.


¿Cuándo estuvo Dios con este sueño? ¿Cuándo se dejó Odin vencer?


Polizontes de las altas cuevas y lobos solitarios hoy se asoman al abismo y desentonan desde de las entrañas el aullido que llora a los muertos y canta a la nueva vida.

 

Paleolítico interior

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Published by martinguevara - en Relax
2 febrero 2018 5 02 /02 /febrero /2018 21:40

Según versión oficial, Fidel Ángel Castro-Díaz Balart atentó contra su vida con éxito en la ciudad de La Habana.

Con la debida cautela inducida por el extenso historial de embustes de la oficialidad cubana, para el caso es lo mismo si se suicidó o de algún modo le quitaron la vida, el muchacho, eterno niño hijo del dictador, no era feliz en absoluto.

 

Hubo quien llevado por el júbilo de celebrar cualquier deceso proveniente de semejante linaje, mostro su alegría exclamando: “uno menos”. Pero cabría recordar que Fidelito no era responsable de lo que hizo el padre, y recordar también, que además era hijo de Mirta, integrante de una de las familias menos entusiastas con el comunismo que puede encontrarse en todo el hemisferio.

 

¿Era el primogénito del Mega Comandante Guarapo Castro, un niño que disfrutó de una vida con privilegios? Sí, claro que sí; pero también inundado de desamor, de un padre ausente y una madre que lo quería pero a miles de kilómetros. Cabe acotar que siendo Castro Díaz-Balart, si hubiese continuado el capitalismo en Cuba y su padre se hubiese dedicado a explotar su indiscutible inteligencia como abogado, este niño, entre los bienes y capitales que tenian su abuelo paterno, toda la familia materna y lo que hubiesen generado los padres, habría sido un pichón de multimillonario de todas formas.

Pero hablemos de cada uno de nosotros.

¿ O hay alguien que teniendo algún pariente que viajase afuera de la isla, o un pariente guajiro que consiguiese alimentos codiciados en la ciudad, como puerco, aves, yuca, malanga o plátanos, o bien cuando eran niños si les regalaban algo que los demás del aula no tenían les decían: "no, ese pitusa (blue jean), esos tenis, esa camisa, ese puerco, esos plátanos, esos juguetes, no los quiero porque los niños de mi cuadra y de mi aula no lo pueden tener?

 

¿ O los que emigraron, a la hora de haber tenido esa inmensa suerte, dijeron: "no que va, no me voy a ir aunque lo desee con intensidad, porque millones de compatriotas quisieran lo mismo y los voy a dejar embarcados en el sufrimiento"?

 

¡Vamos, vamos, vamos, que nos conocemos entre los que aramos y los que majaseamos!

 

Fidelito no mató, no prohibió, no encarceló ni siquiera siguió carrera militar y hubo problemas con eso, cuando fue quien dirigía la nunca concluida construcción de la central nuclear de Juraguá en Cuba y el Organismo Internacional de Energía Atómica, tuvo diferencias de criterios con el rumbo que debía tomar una vez que la URSS había desaparecido y algún otro desliz, lo "hicieron a un lado" por supuesto con conocimiento paternal, porque "tronar" al hijo de Guarapo no quedaba en absoluto presentable.

Hay que decir que acaso la virtud más extraña de Fidelito fue que no participó de ningún escándalo, exceso, excentricismo habitual entre los hijos de los dirigentes en los países mal llamados socialistas, de eternos gobiernos de partido único.

 

No lo sé porque no estuve en su piel, pero puedo decir que desde la mía, apuesto que habría preferido un padre que no hubiese estado clandestino los años más importantes en la vida de un crío, y que cuando cobró visibilidad, entonces fue la madre quien se exilió y lo llevó con ella, hasta que en un viaje el padre lo volvió a retener con él como un trofeo.

Encuentro algunas similitudes con mi prima mayor, la primogénita de mi tío Ernesto, con la diferencia que mientras él vivió a Hildita se la recibía en su casa igual a los demás hijos, aunque le cayese mal a quien fuese; sólo cuando él murió, mi tierna y a la vez rebelde prima fue apartada de sus hermanos, excepto del menor que la adoraba y que siempre hizo lo posible por refrendar su afecto, pero aun así ella a casa de sus hermanos no podía ir.

Guarapo no tuvo ni siquiera los timbales de decirle a su esposa que en su propio hogar se recibiría a su hijo mayor como lo que era, que ya suficiente bruma había tenido en su infancia y vida para añadirle más.

También concurre el error frecuente de pensar que es deseable ser el vástago de alguien con semejante poder que perpetuó la adoración permanente y obligada; baluarte de virilidad, inteligencia y coraje (cosas que cabría someter al más somero de los tamices para comprobar su inconsistencia), omnipresente como mito en la misma medida que omniausente como padre, tan autoritario, tan imposible de emular.

Son muchos los casos de estos primogénitos, que hasta cuando peinan canas se les sigue llamando por el diminutivo y jamás pasan de ser los “hijos de”, que terminan de manera trágica.  Cristina Onassis, sólo para citar un caso.

Soy partidario de que cuando alguien que no ha causado daños irreversibles a las personas, no ha destruido la vida de gente inocente, decide algo tan profundo, personal y necesariamente triste como el suicidio, hay que dejar que su familia y sus seres queridos lo lloren y los demás permitirle un respeto.

 

Sería bueno ver cuantos de los plañideros que asistirán a su sepelio como asistieron en su momento al de mi prima Hildita, llorarán lágrimas de cocodrilo o de culpa, y cuantos serán los escasos que conocían el alma del niño que precedió al famoso cardenense Elián, en el tira y encoje de Guarapo en su batalla propagandística contra EEUU, Miami, los Díaz-Balart, la burguesía de la que él formaba parte y la paz de cualquier alma.

Ojalá a su manera, lo haya querido.

Fidelito en los años felices, antes de la serie de diásporas.

Fidelito en los años felices, antes de la serie de diásporas.

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Published by martinguevara - en Cuba Opinión
18 enero 2018 4 18 /01 /enero /2018 14:45

Ojo.

Ayer un aficionado a la violencia y al odio más que al deporte de balompié, asestó tres puñaladas a un asistente a un partido de fútbol en el metro de la zona de San Blas, en Madrid, el mismo "navajita plateá" que había apuñalado a un aficionado de la Real Sociedad unos cuantos años atrás. Es de ideología nazi y así lo expresa con total libertad junto a sus correligionarios, siendo que según nuestras leyes, constituye apología del terrorismo y delito de odio.

Ha dos meses atrás se dictó sentencia contra los fascistas que irrumpieron con violencia en un acto en la Librería Blanquerna de Madrid, golpeando, empujando, impidiendo celebrar el acto y declamando consignas de odio explícito, fueron sentenciados a prisión, pero en el mismo juicio se decretó que no entraran en la cárcel, me recordó la película "Mississippi en llamas", la escena que el juez confederado sentenció a los asesinos de un afroamericano, pero a renglón seguido dejó sin efecto la sentencia.

Un nutrido grupo de WhatsApp expresaron sus deseos de exterminar a "negros" "moros" "maricones" "progresistas"  a lo largo de diez años con total impunidad, e incluso llegaron a decir abiertamente que tenían que matar a la alcaldesa de Madrid y al líder de un partido político legal en España. De por sí daría terror cualquier grupo con esas declaraciones de principios, pero más aun tratándose de policías municipales, los cuales recorrían las calles de Madrid de noche y madrugada, según sus propias palabras, limpiándolas de basura. Alguno, tras una preocupante vacilación, fue apartado del cargo, del arma y de las calles. Ninguno está preso. 

En la calle continúa pavoneándose el Sheriff de Coslada que pasó entre rejas sólo un año a espera de juicio, tras cometer todo el abanico de delitos que figuran en el código penal, con el agravante de que era comisario de Policía. Parece que Junqueras es mucho más peligroso.

El Estado salió en defensa de "Billy el Niño"  un torturador confeso, de ideología fascista y criminal abyecto,  negando su extradición que la Justicia argentina reclamaba por medio de la jueza Cervini de Cubría, por crímenes de lesa humanidad que no expiran en el ámbito internacional, ni por supuesto  en la más elemental interpretación de la ciega Lustitia. Uno esperaría que hubiesen negado la extradición para juzgarlo en suelo español; pues no, fue para dejarlo disfrutar de su, al parecer, merecido descanso.

El Estado continúa otorgando subvenciones de la Fundación Francisco Franco, se continúan destinando finanzas a monumentos al terrorismo de Estado como el Valle de los Caídos, un canto al sometimiento de los vencidos y al exterminio en masa, y se continúa obstaculizando todo esfuerzo por recuperar los cuerpos de los asesinados y desaparecidos en la ominosa era del franquismo.

Hace quince días estuve con mi hijo en el campo de concentración de Dachau, en los alrededores de Münich, uno de los primeros campos  nazis, al principio cuando estuvo regentado por las SA era para comunistas, socialistas, homosexuales, gitanos y díscolos en general. Pasó a estar bajo el poder de las SS y de a poco fueron nutriéndolo de judíos y demócratas de varias nacionalidades hasta armar una orgía de dolor y muerte para concluir en el límite del horror.

Al investigar en algunos ensayos, mellado la atención que el nivel de tolerancia con los crímenes de la derecha que dieron pie a las políticas que comenzaron en 1933 en Alemania, era notablemente inferior al que hoy disfrutan los nostálgicos del fascismo de corte español, que no llegó a eliminar a seis millones de judíos y veinte millones de rusos en una guerra porque no fue necesario, pero mató salvajemente a todo aquel que podía significar algo de progresismo, torturó y liquidó los derechos de la mujer, de los trabajadores, de las clases medias, de la democracia, de expresión, culturales, en definitiva, políticas de vanguardia conseguidas con mucho sacrificio en España.

Un fascismo que no habría titubeado en matar el doble que el alemán si hubiese sido necesario, porque mató lo necesario y un plus, y que encima gozó del privilegio de ser vencedor durante cuatro décadas dejando el terror impregnado en el ADN de la población, incluso tras cuarenta años de su aparente adiós.

Lion Feuchtwanger, vaticinó escribiendo como poseído por el futuro inmediato sobre la Alemania que estaba por venir, y ponía en boca de uno de sus personajes principales en la obra "Los hermanos Oppermann", el descrédito a quienes temían que en su país, el de Beethoven, Goethe o Bach, los bárbaros de ls SS pudiesen ir más allá de algunos tumultos y asesinatos puntuales, era precisamente el hermano que no se exilió y terminó muriendo en el campo de concentración.

Ojo.

Nada de lo que tenemos es perpetuo ni es seguro, pero mucho menos lo será si no tomamos parte en su cuidado.

"El trabajo os hará libres" Letrero en la entrada del campo de la muerte de Dachau

"El trabajo os hará libres" Letrero en la entrada del campo de la muerte de Dachau

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Published by martinguevara - en Europa Aorta
16 enero 2018 2 16 /01 /enero /2018 14:07

Mayte se ahorcó, colgándose de un framboyán, algunos años después de dejar aquel puesto de dirigente de la Unión de Jóvenes Comunistas en la secundaria, en el cual se desempeñaba a la manera de un Torquemada del estalinismo, señalando, delatando y destruyendo la vida de compañeros de aula, marcada por la urgencia del ascenso en aquel crimen generalizado. O bien por el miedo a ser tomada por alguien con desafección al sistema. O quizás sólo tuviese pavor a que se hiciese público su latente lesbianismo. Mayte sólo abandonó el cargo de delatora habitual cuando encarcelaron a Benjamín por la venta de unos pantalones vaqueros, de los que ella misma había comprado unos para regalarle a Amalia, la niña de sus ojos inyectados en remolacha. Sin embargo, cuando en prisión apuñalaron a Benja, y se empezó a hacer público su amor por una mujer, Mayte quedó tocada y al poco se hundió, colocando un banquito al pie de la rama más fuerte del árbol florido, para quedar suspendida como en el vuelo de un cernícalo o de un colibrí, detenida en un único punto del aire. Para siempre.

Pedrín no paró de comprar periódicos para revenderlos al grito de ¡Rebelde!, ¡Rebelde!, unos años después de haber participado en varios pelotones de fusilamiento, cosa de la cual, según me confesó entonces, no estaba del todo avergonzado, ya que ningún soldado sabía si llevaba la bala definitiva en su fusil.

Pedrín no se ahorcó, gracias a que no estaba seguro de si había liquidado a alguna de aquellas personas, pero también , a merced de la misma razón, se vio invitado a abandonar la cordura.

Nilda, el chivatón de cuarto, Cuca y su marido, tan perfectos y chismosos ellos, igualmente enloquecieron o se dedicaron a recoger colillas de tabaco por el Vedado o, como Fefa, la del núcleo del Partido, terminaron haciendo felaciones en los chupa chupa de la rotonda de Alamar, casi sin dientes y con una halitosis que armonizaba con su labor. Los que se salvaron de terminar en el infierno terrenal dentro de la isla compraron su salvación con el desgarro del destierro y mantienen pulcra discreción acerca de sus anteriores prácticas.

Pero los que ahora están empezando a salir de sus madrigueras, los que hoy harían lo imposible por borrar todo vestigio de nexo con el poder absoluto, toda pista que los relacionase con medio siglo de obsecuencia incondicional, de prácticas vejatorias para con sus víctimas, éstos no son venidos de las asustadas viviendas pobres, de las aulas de construcción Girón de las escuelas al campo, ni tan siquiera de las aulas vocacionales de la ciudad-escuela Lenin.

Son los distribuidores del pan. Los que administraban el hierro y el miedo. Los que estudiaron en escuelas militares para familiares de dirigentes, los que hicieron carrera en el MININT (Ministerio del Interior), los que dirigieron a Mayte a Pedrín y a Nilda, como instrumentos del odio entre todos los ciudadanos, odio que permanecerá por mucho más tiempo como sedimento, de consecuencias lapidarias, que el ya impresentable y obsceno medio siglo en que violentaron a diestra y siniestra todo material sensible de ser humillado.

 

"Framboyán con línea" Óleo de Richard Somonte

"Framboyán con línea" Óleo de Richard Somonte

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Published by martinguevara
15 enero 2018 1 15 /01 /enero /2018 16:43

A raíz de la pública diferencia mantenida entre las norteamericanas que denuncian lo que para ellas son abusos o acosos, y la posición de las más libertinas y trotadas francesas, que consideran tales denuncias una muestra más del puritanismo de origen cuáquero en EEUU, quería aportar algún apunte.

En esta contienda concurren dos realidades muy diferentes, famosas por opuestas precisamente en ese rubro. Dos grupos de expresión que llevan toda la razón en sus proclamas, y que no se anulan ni se superponen por la sencilla razón de que pertenecen a dos realidades tan diferentes que casi configuran dos dimensiones irreconciliables, intangibles. Refrendan posiciones  la cultura que cobijó el desborde de testosterona de Strauss-Kahn frente a la que condenó sus formas de expresión.

Es curioso, lo primero que pensé desde antes de este manifiesto de damas mucho más cercanas a mi ideario cultural, de reivindicaciones vanguardistas, del más amplio espectro de libertad individual, pero sobre todo del derecho a la exploración sin límites del erotismo personal, del interés por el hedonismo, de la incursión de la levedad del ser y de la catarsis lúdica en el peso de la vida cotidiana, fue ¿qué pensarán mis conocidas franchutes sobre esta exposición pública, ora en modo de denuncia ora de diatriba, de la vieja y paradigmática diferencia característica entre lo que son dos ejemplos de democracia y de progreso en el mundo, los franceses y los norteamericanos, centrados precisamente en el recato y la virtud forjada por los luteranos y calvinistas del tipo del Cuáquero Penn y su esposa Silvania versus la apología del retozo, del placer y la iconoclasia gala post Victor Hugo y descendiente de aquellos perversos católicos vencedores sobre los coherentes puritanos Cátaros?

Primero ausculté la temperatura preguntando a dos amigas francesas cuyo feminismo no sólo está fuera de duda sino que casi está fuera de sus agendas por el ambiente que a lo largo de los años han creado a su alrededor, gracias más a sus predecesoras que a ellas, y aunque ratificaron su rechazo a todo abuso de poder machista, también como esperaba, usaron un tono algo sobrado y ciertamente sarcástico con las norteamericanas.

Poco después salió el manifiesto de las cien.
Pero claro, las realidades de la sociedad francesa, parisina sobre todo, la crianza de los niños, de los derechos que les asisten desde la cuna a la más insignificante queja, reclamo, ora de espaldas al analista en el diván ora de cara al poder en la Bastilla, no son ni remotamente los resortes y mecanismos de respuesta con que fue dotada la muchacha de Wisconsin frente a la grosería limítrofe de los muchachos criados en Wichita, y sobre todo a la mirada culposa de toda esa sociedad rebosante de parafilias, a quien ejerce una queja por algo inferior a un balazo en la pelvis; aunque en los últimos años hayan proliferado como chinos en la era Ming, los “Suits” o querellas, frente al más mínimo desacuerdo y precisamente por ello, incluyen letrados porque carecen de rudimentos e instrucción de uso 
para resolver los entuertos de carácter doméstico y cotidiano.

A ambos grupos les asiste su porción de razón, y en ambos casos son voces autorizadas las que se expresan con mayor o menor decoro.

Acaso lo que le haya sobrado al manifiesto de “Belle de Jour” y compañía es la falta de empatía y la comprensión de que para que la sociedad norteamericana viva con misma naturalidad y sobre todo igualdad, el disfrute de su sexualidad y de los límites difuminados del derecho y la libertad individual  que la sociedad francesa, no desde la catarata de la líbido reprimida sino desde el conocimiento a merced de la exploración y construcción del deseo, habría que hacer un viaje a un pasado muy remoto para incluir varias modificaciones o bien a un futuro demasiado distante; o lo que es más posible, probable y solidario: que aquellos que pensemos que de alguna manera, la justicia, el bien, la equidad nos hará además de más libres, también más felices a todos, seamos solidarios con quienes aún están derribando muros que tal vez en nuestras vidas ya fueron derribados por los que nos precedieron. Y que con toda seguridad habrían brindado mayor apoyo moral a “Kill Bill” y sus hermanas.

 

Catherine Deneuve en Belle de Jour y Uma Thurman en Kill Bill
Catherine Deneuve en Belle de Jour y Uma Thurman en Kill Bill

Catherine Deneuve en Belle de Jour y Uma Thurman en Kill Bill

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Published by martinguevara
12 enero 2018 5 12 /01 /enero /2018 13:50
¿Por qué me irrita la muerte, de Laura Pollán, cofundadora y cabeza visible de las Damas de Blanco, en el hospital Calixto García de La Habana?.
¿ Y por qué razón me siento tan presto a opinar sobre el asunto cuando en mi vida cotidiana me muestro muy desconfiado de todo lo que provenga de la política?.
 Intelectuales involucradas como Yoani Sánchez, o luchadoras como la maestra Pollán, me causan una gran admiración, conozco lo impenetrable del sistema al que osaron oponerse y que de a poco va humillando su testa pero que dará muchas coces y cornadas antes de sucumbir.
Si ordenas levantar el pie que pisa al último oprimido, debajo encontrarás a una mujer.
No me sorprende que ambas sean mujeres.  
Algunos, incluso de entre las diferentes organizaciones de madres, abuelas, esposas de represaliados en el mundo, explican que una ventaja del machismo es que a la mujer la respetan más en el momento de decidir si ejercer  la violencia sobre ellas, que a un hombre. Tal vez incluso alguno llegue a creer a pies puntillas esa explicación.
Tonterías, las mínimas. Hay un modo de valor femenino, uterino, diferente al del hombre, la mujer es mucho más dura y valiente, porque es más optimista, casi por antonomasia, su realismo místico no tiene nada que ver con el escapismo de que son acusadas en las conversaciones domésticas;  más bien parecen sintonizadas con una realidad imperceptible para la mayoría de los varones, para la masculinidad, que está en el más allá, en el futuro, gracias a ese mundo de sabiduría innata que les dota el estar preparadas para la procreación. 
El valor del hombre está siempre más relacionado con la perspectiva de la muerte, con el fracaso de la contienda que con las verdaderas posibilidades de éxito. 
Es frecuente escuchar decir acerca de las mujeres que no se sabe donde llevan la cabeza; pero amigos,  acaban de descubrir donde: la tienen justo sobre los hombros. A nosotros, el solo hecho pensar en esa posibilidad, nos aterra y enloquece. Pareciera ser que lanzarse emitiendo un alarido, a incrustarse contra la hoja de una bayoneta, conformase un acto de valor superior a detenerse y decir:  por aquí no señores, es mejor abandonar el plan, demos la vuelta.
La calma y el valor que se precisan para ser arrojado sin llegar a ser temerario, es enorme.
 Y si bien es cierto que  golpear una mujer públicamente resulta más difícil de explicar por los represores que atizar a un portador de testosterona,  en cualquier plaza, también los es que la impertinencia, el ninguneo, y la falta de respeto a que se ven sometidas a diario las mujeres que demuestran mayor valor o inteligencia que el común de los hombres,  es muy aguda.
Bajo sus faldas, implorando el amor de sus úteros, el calor de sus vulvas,  y el perdón a la cobardía.
  Como expresara Yoani, una de las facetas más importantes, de las mayores pérdidas con la muerte de esta mujer luchadora, es su tesón frente a una sociedad conducida por los caprichos de los pelos en el pecho, desde hace siglos, con un histriónico desprecio misógino a cualquier cualidad femenina.
El machismo exacerbado es el amor perverso del hombre a la hombría, el miedo a la feminidad ajena y el terror a la expresión de la propia ¡Yo la tengo más grande! es una expresión de deseo parece representar  un deseo oculto, aunque no demasiado bien disimulado, propio de las congregaciones recontra hombrunamente machistas. Esas que en el fondo temen a Yoani y a Pollán, más que por sus proclamas, por ese valor femenino, meditado, ese arrojo que nunca es usado en vano, y que cuando se presenta, irremediablemente anuncia como las golondrinas, un cambio de estación.
 
 

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