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31 mayo 2018 4 31 /05 /mayo /2018 11:38

 

 

Ronnie vivía también en aquel edificio de veinticinco plantas, el Hotel Habana Libre, en el piso 19, yo vivía en el 21. Mi hermanos, mi madre y yo ocupábamos dos habitaciones desde las cuales se veía el Hotel Nacional, el edificio Foxa y el Someillán, daban al mar, en una tercera que daba a la otra cara de la ciudad, mostrando el barrio de El Vedado noqueado por la Revolución, dormía mi abuela. Ronnie era hijo de Huey Newton, quien fuera cofundador de los Panteras Negras norteamericanos, una agrupación del poder negro de moda por aquellos años convulsos, ellos estaban exiliados como nosotros. En el Hotel había varios cabecillas de organizaciones revolucionarias a nivel mundial cuyos hijos terminaban formando una pandilla, pero ninguno tan perfecto como Ronnie, a excepción de Fernando y por supuesto de mi.

Pasábamos el día incordiando a la mayor cantidad de personas posibles, ya tirándoles grampas con hondas desde el segundo piso a los que se sentaban a disfrutar de la lectura de un plomizo Granma aderezado con el aire acondicionado en el lobby, o lanzándoles limones desde la parte trasera de la piscina a la calle o huevos desde el piso 21 para que se llevasen un buen susto antes de regresar a sus casas a cambiarse la ropa salpicada de yema, también rompíamos la paciencia saltando de balcón en balcón y lanzando lo que fuese que encontrásemos secándose sobre los sillones de paja y cobre, pantalones, camisas, ropa interior o caracoles cobos y aguas vivas como los que atesoraba aquel ruso, que un día me descubrió tras haber lanzado sus preciados moluscos desde el piso 21 al tercero solo para verlos hacerse añicos, formando un lío que alcanzó al Administrador del hotel, a la milicia y a nuestros mayores.

Carlitos Cecilia vivía cerca del parque Aguirre, a más o menos un kilómetro del hotel y muy cerca de la Anexa a la Universidad, la escuela Felipe Poey donde ambos estudiábamos. Éramos compañeros inseparables en el aula y mientras duraban los paseos por la calle, una vez que entraba al Hotel la realidad cambiaba, mudaba hasta el tono de la voz, retornando hacia lo que quedaba ya de argentinidad en aquellas consonantes sostenidas y vocales abiertas. Eran otros los amigos, los juegos también, todo ello había nacido de la perversa orden dada por la administración de que al hotel no podía entrar ningún cubano, ningún niño amigo de la escuela podía subir a las habitaciones, a menos que fuese familiar de un alto dirigente, y aún así precisaban un pase. La administración tenía orden de que los de afuera no pasasen de solamente sospechar los privilegios que disfrutaban los de adentro. Esta ordenanza me ayudó a desarrollar una doble vida, como Mr. Hyde y el doctor Jekyll. Mientras afuera del hotel iba creciendo a pasos ligeros y convirtiéndome en el justiciero de mis amigos y un habanero más, dentro me transformaba en un malcriado muchacho privilegiado. Durante medio año que estuve faltando cada tarde a las clases de séptimo grado en la Felipe Poey, iba primero a casa de Carlitos y nos dedicábamos a cocinar tortillas con lo que hubiese en la alacena, el padre era militar y conseguía latas de alimentos que con la libreta no se conseguían así que contábamos con cierta variedad de ingredientes.

Por supuesto todo aquello era limitado y un día la madre pegó el grito en cielo, entonces Carlitos les tuvo que decir lo que hacíamos aunque se echó la culpa a sí mismo garantizándose un buen castigo, cuando en realidad el instigador de las faltas a clase y las prácticas culinarias era yo. Aquel desliz no trascendió al hotel y pude continuar faltando a clases, tenía pesadillas en que me descubrían, que me enviaban un miliciano de los que me solía detener por hacer gamberradas en el Hotel y averiguaba que no había ido a clases en los últimos meses, se lo contaban a mi padre que estaba preso en Argentina pensando que nos estábamos formando como buenos revolucionarios y le causaba un buen disgusto; me despertaba transpirando como casi día de mi vida después de aquellos años.

Entonces fue que Carlitos me invitó a la primera fiestecita con música lenta de noche y me presentó a Moraima, que me tenía fichado, a mi me venía bien cualquier cosa para dar mi primer beso, que solamente lo había podido casi saborear en la persona de alguna prima o la hermana de algún amigo del Hotel a hurtadillas, robado en un trance de algún juego. Fue la primera vez que toqué pechos y sus pezones, los sobé los apreté con fruición, difícil olvidar aquella emoción, me entusiasmé bailando con la entrepierna de Moraima, el vaquero fue áspero, por suerte ella tampoco sabía mucho de nada, ya que yo solo había besado mi antebrazo practicando con un morreo prolongado. Carlitos ya había “apretado” alguna vez y hablaba de ello como de algo muy especial, desde aquel día constaté que era mágico, incluso hoy pienso que el placer de ciertos besos en posición de pie, estando vestidos, pudiendo permitirse alguna licencia como acariciar los senos o tocar el sexo por encima de la ropa dejando a la mano explorar entre cinturones, botones, cremalleras y telas pueden ser momentos exquisitamente tensos, para aquellos y otros blue jeans menos acartonados. Después de esa ocasión estuve como dos años sin apretar, pero me servía de aquella experiencia que se enriquecía con el aporte de la imaginación cada vez que la sacaba a pasear en los relatos varoniles, para el simple recuerdo o para las mullidas memorias noctámbulas. Carlitos me había hecho un favor impagable, lo probó el tiempo que debió transcurrir hasta que pude acceder por propios medios al área íntima de otra chica. Los cuatro meses siguientes ya que no podía ir a su casa me iba al zoológico de el Nuevo Vedado y llegué a hacerme amigo de un chimpancé que tendría mi edad, era mi alter ego. Llegué a tener una gran amistad con ese animal, el cuidador me permitía acercarme hasta la jaula y pasábamos horas mirándonos e intercambiando las galletitas para monos que yo le daba y las media naranjas que él me convidaba, se podía hablar con él sin tapujos, desde la una hasta las cinco había muy poco público. Entonces, además de la realidad del hotel, la de la calle y la escuela incorporé una tercera, las rejas del mono estaban también en mi cara. Aquel preso no hacía reproches por conducta poco revolucionaria.

 

Ronnie tenía dos años menos que nosotros pero nos sacaba media cabeza. Una tarde que me había visitado Carlitos y que había conseguido en la administración que le diesen un pase que no permitía entrar a restaurantes pero sí estar por el Hotel, Ronnie quería jugar a los escondidos en el Salón de los Embajadores, que estaba restaurándose y era inmenso, repleto de recovecos. Yo estaba entre la costumbre de seguir a mis amigos del hotel en los juegos aún infantiles, y el pudor que me daba con Carlitos ya que dados sus hábitos suponía que consideraría aquello un poco ridículo. Pero él mismo se enchufó y se entusiasmó de tal manera que llamamos a otros muchachos.

En una ocasión le tocó a Carlitos buscar, Ronnie y yo habíamos subido por una escalera de cabillas de hierro incrustadas en la pared dentro de un agujero con paredes de cemento. Estaba oscuro en lo alto y al acercarse, Carlitos se persuadió de que arriba había gente y empezó a decir nombres al azar para ver si adivinaba, lo cierto es que si acertaba no había manera de ganarle corriendo hasta la base, así que había que intentar que subiese hasta arriba y saltar del agujero al mismo tiempo que él para tener una chance. Comenzó a subir y de repente dijo el nombre de Ronnie. Y cuando comenzó a bajar, yo vi como caía un líquido sobre él y al girar la cabeza buscando a Ronnie, vi que había pelado la habichuela y estaba orinando a mi amigo en la cabeza, mientras Carlitos decía- -Oye que mal perder tienes, no me eches agua que me estás empapando!. Entonces, agudizó el olfato y el tacto y se dio cuenta de que no era agua, yo reprendí a mi amigo del Hotel que reía a carcajadas y bajé inmediatamente a contener a Carlitos, eso para él era una asunto muy serio, en Cuba cualquier líquido en la cara que no fuese agua o ron podía saldarse con más que una buena pateadura, ¿pero una meada?, por una meada hasta yo habría sido capaz de soltar los puños.

A duras penas conseguí llevarme a Carlitos abajo, rogándole que no formase lío ya que encima llevaba las de perder. Lo acompañé hasta su casa y no dejé de escucharlo decir que lo buscaría por todos lados y le metería con un bate de beisbol, con una cabilla, con una chaveta, en fin estaba hecho un basilisco, y aunque Ronnie lo había hecho en broma yo había visto a Carlitos en la escuela fajarse con una pandilla y empatar la bronca.

Provenían de sitios irreconciliables como el Hotel y la Ciudad, pero eran mis amigos.

Cuando regresé al Hotel lo fui a buscar al piso 19 y me dijo que lo sentía mucho, que fue un impulso y que iría a pedirle perdón, le dije que encima si había bronca culparían al cubano, me dijo que no, que él diría lo que pasó, Ronnie era muy noble, puro corazón pero ese día había perdido un tornillo.

A los pocos días, llevé a Carlitos al Hotel nuevamente para que sellaran las paces, pasamos el día charlando y esa tarde hasta fuimos a comer los tres a la cafetería, nadie nos dijo nada, ni la camarera ni el capitán, nadie molestó aquella ocasión.

La semana pasada mi hijo pequeño me preguntó si yo tenía amigos que ya hubiesen muerto, íbamos caminando por la cima de un monte, un viento fresco me dio en la cara y recordé cuando regresé de Argentina a Cuba a los 22 años y fui a buscar a Carlitos a su casa, entonces la madre, el padre y el hermano me dijeron - Si quieres verlo ven con nosotros ya mismo , porque le quedan dos o tres días. Y en el camino al oncológico me contaron que había desarrollado un tumor bestial en los pulmones, y que le habían amputado un pulmón, un brazo, un omoplato, una clavícula y ya habían desistido.

Entré en la sala y lo vi en la cama, me recibió con una sonrisa, no recuerdo lo delgado que estaba ni su estado gravísimo, sino su ánimo, me abrazó al borde de la cama y me dijo: -Martín tú me ves así, pero cuando salga de aquí formamos una fiesta, yo voy a seguir tocando el piano con el brazo que me queda, incluso mejor y tú verás que las muchachitas se van a volver locas con nosotros- Pasé una hora con mi amigo que estaba lleno de vida, los ojos le brillaban y su voz era fuerte, a un paso de la muerte no estaba rendido. Salí de aquel cuarto vacío y en efecto cuando regresé a su casa al cabo de una semana ya había fallecido.

Hace dos años mientras recordaba algún pasaje del Hotel Habana Libre, me dio por buscar a mi amigo Ronnie por enésima vez con la ayuda de internet, cosa con que otrora no contaba. Le había perdido la pista hacia el año 1978 cuando él había regresado a los Estados Unidos, ya que el padre había preferido enfrentar la prisión y que la familia viviese en su tierra. Varias veces había intentado saber que habría sido de su vida, sin éxito una y otra vez.

Tiempo atrás habían matado al padre en extrañas circunstancias y hace muy poco supe que posiblemente Ronnie habría presenciado quien había sido. Y entonces me enteré de que un par de años más tarde, cuando estaba por celebrarse el juicio del presunto asesino de Huey, unas pocas horas antes de declarar su hijo, mi amigo Ronnie, quien desde los diez años hacía cuarenta largos en la piscina del Hotel Habana Libre para poder quedarse hasta más allá de las siete de la tarde jugando con los demás muchachos, como condición que le ponía su viejo, apareció ahogado en la orilla de un lago cercano al lugar del juicio.

Lo supe diecinueve años después de los hechos.

 

-Sí- le dije a mi pequeño vástago- se llamaban Carlitos Cecilia y Ronnie Newton.

Y entonces recordé el día del juego de los escondidos. Y el Habana Libre, y la fiestecita con Moraima, los chicles norteamericanos y las tortillas de carne rusa y me acordé de aquel chimpancé que cuando nos quedábamos mirándonos durante eternidades, no quedaba claro a cual de los dos aprisionaban más aquellas rejas.

Quien también fue un buen amigo y que ojalá continúe con vida.

 

 

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Published by martinguevara - en Relax
26 mayo 2018 6 26 /05 /mayo /2018 09:46

Que Pedro Sánchez se apresure a la moción para gobernar es un golpe al PP pero, ojo, puede representar una victoria pírrica.

Será un año de pocas oportunidades para brillar, aún cuando apruebe leyes que todos esperamos no florecerán hasta pasado un año y medio, excepto la derogación de la Ley de protección ciudadana, conocida como ley Mordaza. El primer día hurtas y orgasmos, el segundo día resaca y el tercero estará sólo en medio de un desierto de 360 grados a la redonda sin señales ni alguaciles, y es ahí donde tendrá que decidir el camino a tomar. Porque ojo, a un presidente elegido se lo espera, se lo tolera, pero a uno que sube sin el apoyo de las urnas, máxime cuando es uno que pretende serlo por las urnas, desde el primer día se lo mirará con lupa. Y por supuesto estará rehén, de los caprichos ocurrencias, improvisaciones de sus socios, muy serios todos, pero de demasiadas procedencias diversas, sin contar con que Rajoy con un escasísimo bagaje de pruritos ético morales y una paciencia y desidia que le brindan esa rara capacidad de invernar en medio de la tormentas, ya ha dado cátedra de como ganar batallas aburriendo al enemigo.

También es cierto que el año, bien tomado, no sería para presentar resultados, sino para tener un sitio envidiable desde donde desarrollar la campaña electoral de los próximos comicios.

Por el otro lado el PP contará con un año, que para unas cosas es poco pero para otras es mucho tiempo. El Partido ya está armado, son setecientos mil militantes, muchos son jóvenes brillantes, todo depende de la amplitud de miras de los gerontes y de su generosidad, tendrán tiempo los portavoces de presentarse como víctimas, dejando pasar un poco el eco de las noticias de su podredumbre, y resaltando la usurpación del legítimamente conseguido en las urnas, por partidos que quieren dividir España, moneda que en este país a la derecha le garantiza importantes dividendos.

Pablo Casado ya no podrá fácilmente encabezar los aires de cambio por el asunto muy poco claro de sus carreras universitarias, aunque haya que tener en cuenta que el español, es infinitamente más indulgente con la corrupción de la derecha, también es cierto que puede que, y ojalá, se produzca un hartazgo acerca de esta persistente tolerancia. Por otra parte, aunque Casado sea joven viene muy precedido por su barniz abulense que porta demasiadas reminiscencias de una derecha muy ligada a las cunetas y los fusilamientos, que Ciudadanos está enterrando al menos en sus formas.

En cambio Andrea Levy, puede alzarse con sus méritos y la ayuda de los supervivientes del PP que deseen desatascarse y no enrocarse negando la realidad, es un capital muy valioso y un diamante al que aún le queda bastante por pulir, un cuadro de los de tener en cuenta. Energía no le falta, ostenta la condición de mujer que se aviene con los tiempos, los de izquierda no la denostarán, o al menos la arista machista y misógina tradicionalmente asociada con la derecha quedará suprimida en apariencia, los de centro simpatizarán, y la derecha aunque no le convenza del todo no podrá jamás darle la espalda. Es joven, es fotogénica, tiene un nombre comercial muy fuerte, los mejores y más utilizados vaqueros en el mundo entero llevan su apellido y son más símbolo de la libertad de la llanura sin límites y el rock que de la carcundia propia de su partido. Es catalana y eso no es una cosa menor para los tiempos que corren, uniría autoridad y sensibilidad al aplicar leyes, políticas o determinaciones puntuales, tendría autoridad moral para opinar sobre su territorio, y en España nadie dudaría de su implicación con el país.

Sólo debería pulir su actitud socarrona y algo petulante ante los medios de comunicación y los interlocutores en general, más proveniente de la brega permanente, de la actitud de defensa frente a las numerosas amenazas que una chica debió atravesar para llegar a hacerse notar en cualquier medio, pero más aún en su partido político, acostumbrada a llevar la contra, a saber luchar y no perecer, que a su propio carácter, mucho más jovial y gregario.

 

Por otro lado dejar la partida a Ciudadanos habría sido un riesgo para el PSOE y la izquierda en general, pero podrían haber tenido un exquisito espacio de tiempo para presentarse como la contracara de lo presente, de lo decrépito, guardando las municiones e incluso los estandartes definitivos para cuando les toque hacerse cargo del bastón, y dejar que los hunda cada vez más cualquier paso en falso del PP, que en ese caso y con el año de juicios que viene, podrían ser todos.

 

Hasta ahora Pedro Sánchez ha atacado mejor desde las cuclillas que desde el equilibrio en pie. 

Pedro y Andrea en sus avatares
Pedro y Andrea en sus avatares

Pedro y Andrea en sus avatares

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Published by martinguevara - en Europa Aorta
12 mayo 2018 6 12 /05 /mayo /2018 12:24

Una de las mejores y menos realistas pelis que he visto es la vida. 

Se me parece mucho al cine, aunque en lugar de ir pasando por delante de una butaca en la sala penumbrosa, me ha ido transcurriendo por todos lados, lo cual también incluye delante de los ojos y en torno al cuello. Por detrás, por dentro, lo que está por venir que nunca supe si llegará, a que distancia se encuentra y si terminará perteneciéndome.

Se parece a una película pero de mucho misterio y en cuatro dimensiones, aunque también se parece a tantas cosas que si nos ponemos a comparar no terminaríamos nunca. La vida es una película, un cuento, una novela, una ópera, una sinfonía, una obra de teatro, un sainete, una opereta , un cuadro, una canción, un deporte, una guerra, un desastre, una solución, un problema, un amor, mil amores, ningún amor.

Y es mucha soledad barnizada, bañada en chocolate, con trozos de nuez, pintura de acuarelas, y humo, sobre todo es mucho humo sin cenizas ni brasas.

Y así como no hay nada mejor que un día tras otro, a veces no hay nada más terrible que ello, saber que es imposible salir en un abrir y cerrar de ojos de esa pesadilla que empieza cuando nos levantamos. Pero sí, se puede, cuando se cuenta con fuerzas para asomarse al borde y con la suerte de divisar el oasis. También con algún lugar para entrar y con alguna mano enchufada a un corazón.

A cada una de las personas que esté pasando un momento duro me gustaría poder comunicarles como si fuese un noticiero de televisión o una publicidad repetida diez veces en un día, que es posible, que todo lo que se imagina se puede, que lo que se sueña está soñando también con nosotros, que el aliento va y viene y la soga tensa que aprieta en algún momento se remoja en el fondo del mar junto al ancla. Más tensa, pero empapada.

Varias veces temí estar en las proximidades de la demencia, de la pérdida de nexos con la realidad consensuada, no sé cuanto de cerca o lejos estuve en realidad porque del todo nunca enloquecí, pero sí que debí combatir depresiones intensas, impulsos autodestructivos, adicción a substancias que aunque las explicaba con una frase de Bukowski: "cuando las cosas están mal bebo para olvidar los problemas, cuando están bien bebo para celebrar, y cuando no pasa nada bebo para que algo pase", lo cierto es que me substraían de la agobiante amalgama de abulia, miedo, desprecio personal y sobre todo, ese lento, lentísimo tránsito de un día pésimo a otro igual, del inexorable paso de un grito ahogado a un alarido muerto, de lo poco a lo menos, hasta que la lucha, la ilusión, el amor ajeno al mismo tiempo que el propio, empezaron a cambiar los ladridos por lamidas, los sopapos por caricias, la toxicidad propia y ajena por anticuerpos, y llegó un momento que gracias al haber visto esa película en cámara lenta, ya ningún pasaje fue un infierno, los obstáculos comenzaron a parecer regalos, y empezaron a llegar días detrás de otros cada vez menos agobiantes, hasta que llegó el momento en que tiré de las riendas para frenar los instantes, para regresar a lo perdido, para aprovechar cada minuto de paz, empecé a redescubrir aromas agradables, a disfrutar la película despatarrado en la butaca envuelto en la penumbra cómplice, a verla pasar por delante, por detrás, tomado de su lengua, de su entrepierna, hasta la paz de una siesta sin corset.

La Película

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Published by martinguevara - en Relax
7 mayo 2018 1 07 /05 /mayo /2018 11:11

Me refregaba las manos porque me quedaban un par de capítulos de la segunda temporada de Homeland, que había declinado ver siempre que me lo sugerían, porque cometí el error de hacerle caso a esas sinopsis ultra resumidas que aparecen en internet tras los créditos de las películas y series. Decía que se trataba de espías y de Medio Oriente y como detesto todas las historias de ficción e incluso de no ficción sobre el tema, me tiene refrito, ni siquiera me planteé husmear.

Pero una amiga cuyo criterio intelectual me obliga a tenerla en cuenta y con quien intercambio introducciones a ls series, me la recomendó encarecidamente diciéndome "al menos comiénzala, si no te gusta la dejas", en efecto me gustó tanto que vimos cuatro capítulos de un tirón en su casa. La segunda temporada es aún más trepidante. Y me refregaba las manos porque me quedaban unos capítulos para disfrutar y un paquete entero sin abrir de papas fritas con pimienta y limón, una exquisitez que no dura ni medio capítulo, pero que valía la pena abrir.

Puse el play, tiré de las esquinas de la bolsa e hizo "pop". Metí la primera papa a la boca, ese sabor ácido, ese gustito picante, lo bajé al gaznate y apenas tocó el glotis me percaté de que algo no andaría del todo bien. Comencé a carraspear para poder aspirar aire mientras la garganta se me cerraba cada vez más, en pocos segundos no podía respirar, me puse boca abajo, comencé a hacer ejercicios con la garganta, me llevé unos dedos a la campanilla y resultó peor, la pimienta sintetizada o lo que quiera que esa sustancia fuese comenzó a actuar de candado entre mi interior y el mundo de la fotosíntesis en una manera ya preocupante, fui a mi neceser de medicamentos, cogí un antihistaminico que todo asmático atesora en su morada y comencé a hacer ejercicios de calma mental, de control de la situación desde la cabeza, pero tomé conciencia de que o solucionaba el entuerto con premura o debía salir al palier a llamar el ascensor y tratar de llegar lo más lejos posible para pedir auxilio. Abrí ventanas y comencé a ejercer una ligera presión con el dedo a la parte posterior de la lengua hacia abajo, me tranquilicé y de a poco comenzaron a deslizarse hacia los bronquios briznas de aire, permanecí inmóvil y dejé que cada vez entrase un poco más de cantidad de oxígeno, sentía como me descongestionaba por dentro y por fuera, volví a sentir sangre en las manos, riego en toda la entendedora y una sensación entre gloriosa por no precisar salir a escandalizar a la gente con las sirenas de la cura, y aterrorizadora por la evidencia de levedad del bienestar. No soy nuevo en sustos pero este casi me puede.

Regresé a mi serie sabiamente recomendada por mi amiga pero lejos del paquete de sucedáneos papas fritas sabes a pimienta y limón y es que vivir sólo, puede conceder ciertas libertades y dotar de un halo misterioso; pero también supone aprietos que requieren de determinaciones y decisiones acertadas y flema inglesa, de esa que precisamente por ser un enjambre de nervios, atesoro en toneladas en el baúl de las emergencias

Chips, glotis y flema inglesa

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Published by martinguevara - en Relax
2 mayo 2018 3 02 /05 /mayo /2018 01:57

Antes de pagar tuve que llenar el espacio de la fecha de nacimiento y de repente me acordé: "En un par de días cumplo años" pero cuando me quedé hierático, congelado fue cuando recordé cuantos años tendré en dos días.

Cincuenta y cinco años, 55, LV, 五十五, cinco décadas y un lustro, un lustro menos que sesenta, un lustro menos que ser viejo de modo inapelable. Hace cinco años estaba casi en el mismo instante que ahora, no sé si ha pasado siquiera un día desde hace cinco años.

No-me dije- con la esperanza de despertarme de esas pesadillas que a menudo me sacudo de encima dando un respingo en la cama, aunque nunca me las quito del todo hasta pasadas unas horas en vigilia. 

Pero sí, son 55 pirulos. Y no es que en la costumbre de respirar no sienta su paso, su peso, su pisada, o que bajo el cúmulo de ocurrencias, aventuras, desventuras, situaciones, entornos, desengaños, amores, olvidos, tristezas y existencias no sienta justo el arribo de una edad que los pontifique, en ese sentido hasta encuentro muy escaso ese tiempo, no veo como pudo entrar todo en ese bolsillo.
No veo la relación que tengo con lo que incluso hoy entiendo que son cincuenta y cinco años, como pesan, como se reflejan, como se expresan, que aspecto sugieren, que requisitos exigen, a que seriedad comprometen, a que tenor obligan, que pose imponen, que seguridad otorgan, que logros, certezas, firmeza, otredad, charme, rotundidad, permiten alcanzar, y sobre todo a cuanta renuncia de sueños, a cuanta claudicación de carcajadas espontáneas, de utopía matutina, de angustia en la madrugada, de la inocencia y el rubor en las miradas, de la ternura en la caricia a la espera de la retribución, de la pasión por cada cosa, por cada tema, por cada rincón y esquina donde se escondan las ideas, las dudas, los deseos, en cada recóndito resquicio en que se atrinchere el abandono y en cada sonrisa franca que acerque al abismo de la locura mediante el fracaso y la desesperación. 

Hay una forma de ver cincuenta y cinco años, de la silueta hacia afuera, valijas de cuero marrón, bochas peladas, caras acontecidas, sensación de seguridad, todo doblado, todo resuelto, papá de pipa, semi abuelo reposado, pero si yo lo única certeza que tengo es que duermo mejor acostado que de pie

¿De qué aplomo me visto?

 Como cuando iba al colegio: "ese viejo", digo cuando hablo de alguien que tiene un rematado aspecto a mi edad próxima, zapatos de cuero inglés, bastón, miradas babosas de ojos saltones en párpados que inician su declive definitivo; ¡pero que 55 ni ocho cuartos si yo me sigo riendo como si me hiciesen muecas desde afuera del moisés! 

 Aunque existe también una forma de ese tiempo desde adentro, desde las mandíbulas, la lengua, la campanilla que regula cada grito, desde el pulmón espaciado de mucosidad rebosante de asma, que resiste al tedio, al cansancio, pulmón bregado, luchado, experimentado uno, y el otro taimado, pícaro, agazapado, oportuno; hay un modo del estómago y sus pasadizos secretos que conducen a una salida que también atesora su particular forma de entender los 55 pirulos. 

Como la ruta 66, también hay un estilo 55, se manifiesta en las rodillas, en los hombros, en cada vena del falo en cada arteria sensible del escroto, en el disfrute del camino hacia la llegada del semen, hacia el brote de nuevos estrenos frente a las redondeces femeninas, de la respiración en la oreja, de las palabras en el cerebro, de los dedos de los pies. Hay una forma de verlo desde el abdomen definitivamente cambiado, desde el interior de la mirada, donde se cuece la timidez, la osadía, el templo que resguarda la antesala desde la cual saldrá todo lo que jamás ha de regresar, desde donde cada cosa que viaja se disemina y multiplica y nos olvida para siempre jamás, como hijos que se enfrentan a su ola, como olas que nos revuelcan entre nuestras facultades aprendidas, moldeadas, revisitadas una y otra vez y el límite cada vez menos perturbador de aquella oscuridad.

Hay unos cincuenta y cinco que se deberían percibir en los huesos, en cierto modo de cansancio y de sabiduría, pero nunca imaginé llegar sin pasar primero por la abulia, el desdén, la contemplación de las cenizas. 

Soy responsable de ese cúmulo de días que la vida depositó en la bolsa que me fue confiada para limpiarla de cardos pero me identifico más con la caminata que me trajo, y en algún sitio albergo las pizcas, las migas, los destellos, las chispas de todo lo que pasó, y su olor, su dolor, su gozo y su respiración con sibilancias me observan como quien mira su coche viejo o su bólido, su desvencijado asiento de tren o su jet particular. No necesito examinarme, sé que no encuentro en ningún punto cardinal el transcurso del tiempo ordinario porque he atravesado mi pecho con el juego de las pistas, siguiendo huellas con el olfato, la intuición, el deseo, el desespero por la aprobación, buscando un elogio inmerecido, uno merecido y otro asesinado al costado del prepucio.

Sé que no me puedo encontrar de una pieza porque me perdí en algunos recodos mientras en otros me adelanté, pero mi baile con la ilusión y la sorna de la vida aún acaricia los primeros compases, abierto, torpe, entusiasmado, acaso algo taimado pero sin llegar a sabio. Disperso como ante aquella pizarra de la señorita Isabel, recorrida con trazos de tiza, llena de infancia ausencias y perpetuidad.

 

Transcurso

Transcurso

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Published by martinguevara - en Relax
19 abril 2018 4 19 /04 /abril /2018 22:49

El Nene, Orestes y Peter eran mis socios en el preuniversitario de Alamar.

El Nene era el amigo natural, ese que aún hoy cuando lo recuerdo lo hago con una sonrisa en el rostro, nos reíamos a pata suelta, Peter vivía en mi edificio, le gustaba escuchar rock como a mi y vestir imitando alguno de aquellos rockeros de "afuera". Ambos teníamos la misma mancha en el expediente escolar acumulativo: "diversionismo ideológico" por escuchar música en lengua enemiga y vestir pantalones de mezclilla azul, el estigma de los pioneros del imperialismo. La amistad con Orestes fue más extraña, pero igual de verdadera.

Era en la secundaria antes del pre, estábamos en la misma aula, un día que Orestes y su amigo de entonces, Amador, estaban sentados detrás de mi, recibí en reiteradas ocasiones impactos de pelotillas de papel en la oreja, reaccioné girándome cada vez con creciente enfado pidiéndoles que dejasen de joder, hasta que me levante y hablé en voz alta escupiendo no recuerdo que improperios. Tras sonar el timbre de cambio de turno, Orestes me dijo que el profesor los había regañado por mi culpa, le dije que ya estaba harto de los papelitos, y me dijo, junto a Amador, que él no tomaría represalias pero que lo haría su hermano esa tarde en la piscina, que era menor que él y de mi tamaño. 
Por la tarde fui a la piscina habiéndome desentendido del episodio y mientras estaba nadando sorteando cuerpos que se lanzaban o se cruzaban, vi que Orestes llegaba a la piscina junto a Amador sin aparente intención de nadar a juzgar por la indumentaria de pies a torso, Orestes habló con un muchacho que sí estaba bañándose y me señaló, entonces me di cuenta que era cierto lo del hermano, seguí nadando y sentí un bombazo justo a mi lado, tan cerca que parecía imposible que no me hubiese impactado. paré de nadar y era el hermano de Orestes que me decía que saliésemos del agua.
Empezaron a amontonarse los muchachos animando a que sonase un galletazo, exhortándonos a que nos diésemos un buen tranqueo para divertirse bajo el proletario, guaposo, “testosteronero” y cruel sol padrino de ese tipo de adolescencia.

El hermano de Orestes si bien era menor que nosotros en cuanto a edad, estaba muy trabado, hacía lucha libre, era puro músculo, yo me quedé de pie mirándolo y esperando a ver si empezaba una bronca sin las más mínimas ganas de seguirle el ritmo, pero entregado al destino, y entonces, Rubén, como se llamaba el gallo de pelea, empezó a decirme que por que le había guapeado al hermano, que si era guapo le guapease a él, y yo seguí impávido, no tanto por una suerte de gelidez samurái sino por un escasísimo deseo de empezar una bronca en esa piscina con aquel ovillo de músculos rodeado de amigos y hermanos. Orestes lo llamó, se fueron y seguí nadando completamente perturbado por la violencia de la situación. Había conseguido salvar los muebles de la dignidad pero por dentro estaba más apendejado que si hubiese salido corriendo con un tigre detrás.
Después de aquel día Orestes y su amigo Amador no me molestaron más, y de a poco se fue acercando a mi, hasta que en el preuniversitario comenzamos a trabar amistad, pero nunca se borró del todo el recelo que aquel episodio sembró. Igual le ocurrió con Jesusito, el hermano del Nene, con quien se había fajado en el baño en uno de los recesos de aquella secundaria, Jesús ganó, y después de aquello hicieron paces pero nunca se tragaron del todo.
Yo no le guardé rencor el absoluto, no así al hermano, con el tiempo comencé a ir a su casa y él a la mía, su familia me recibía como a un familiar, eran muchos en la casa, su hermana Pochi y Yamila eran como primas para mi, querían que yo fuese el padrino del primer sobrino de Orestes, Yidier, comenzaba entonces la generación Y. 
Cuando empecé a salir con mayor frecuencia con Hanoi y comenzamos a atravesar esos períodos en que no se sabe como definir la relación, justo antes de llamarnos novios y poco después de denominarnos materiales, amantes, amigos con derecho a roce, en ese ínterin ya Hanoi decidió que su amigo de mis amigos sería Orestes, no el Nene, a quien percibía demasiado amigo, demasiado cercano, demasiado competidor en el más que probable futuro camino de la intensificación del afecto, incipiente pero vigoroso.
Cuando ya había dejado el preuniversitario en el último año, Hanoi y yo nos aficionamos a hacer el amor a la mañana y la tarde para lo cual ella debía saltarse clases, fue in crescendo y un día que no olvido, por aquella imbecilidad de la vanidad masculina, ella llegó a casa en la mañana, echamos el primer amistoso, y cuando caía el sol que la acompañé a la guagua que la llevaría a Habana del Este, ya habíamos echado ocho palos.
¡Ocho palos! 
Los últimos eran tremendamente placenteros, me hacían temblar desde los pelos lacios de la cabeza a los enroscados de otras zonas, pero claro, lo que me salía entonces, era ya casi un holograma de semen. Tal vez si uno de aquellos últimos espermatozoides del octavo palo hubiese fecundado a un generosísimo óvulo ¿quién sabe si el crío resultante no habría sido un hacha de la sangre fría, el campeón de la probabilidad, un Atlante de la optimización?
El asunto con Hanoi terminó muy mal con su familia, su padre había sido embajador en Vietnam, por eso, en un rapto de genialidad impresionista se le ocurrió  el nombre de mi novia, aunque antes había sido embajador en Bolivia y había hecho ya uso de edu talento abstracto al ponerle a la primera hija, no La Paz, sino directamente Bolivia, y aunque su hermano del medio se llamaba Mauro, en absoluto había nacido en Mauritania.
Me culpaban a mi de que su hija hubiese dejado de estudiar y se hubiese aficionado al descanso prolongado y no merecido, a la bebida y al rabo.
¿Qué culpa tenía yo? ¿No era el simple vehículo liberador de la expresión que con el paso de los años y ya distante de mi, Hanoi llevó a niveles proverbiales? Bueno quizás un poquito de ánimo le daba, pero aquello era mutuo en todo sentido, hoy las feministas darían la vida por defender mi inocencia: la mujer no es un producto ni una costilla del hombre. 
La última vez que nos vimos como novios, yo la acompañé a los bajos de su edificio en la Habana del Este, ya había sido advertido por varios medios de que no me aproximase más a ella, y cuando nos vieron desde el balcón de su casa despidiéndonos, el padre y el hermano bajaron hechos unos basiliscos prometiendo que me dispararían, yo la despedí y puse pie en polvorosa, y aunque a los pocos días Hanoi pasó por casa a despedirse asegurándome que el padre andaba armado y decidido a agujerearme, como todos nos fuimos al mazo y la partida no se terminó de jugar, nunca llegué a saber si aquello era todo humo o había habido algo de incandescencia.
Caliente sí que estaba, así que por las dudas era mejor dejar enfriar las cosas.
Un año o dos más tarde, yo vivía en Miramar, en la misma playita de 16 y casualmente Hanoi, que hablaba bien alemán desde pequeña porque había crecido en la RDA donde su padre fue también embajador, se matriculó en la escuela de idiomas para los estudios superiores, eligió Inglés, estudiaba a una manzana de mi casa y de ese modo volvimos a vernos con frecuencia y volvimos a beber, a vaguear y a echar menos, pero más refinados palos. 
Una tarde de las que Oestes me visitó a Miramar, Hanoi se unió a nosotros, fuimos a comprar una botella de ron a la tienda de técnicos extranjeros del Sierra Maestra, y cuando la vaciamos subimos a mi departamento. Aquellas casas eran de tropas especiales y se repartían a familias o personas que se consideraban adecuadas para vivir en ellas. 
Antes que nosotros había vivido en aquel enorme departamento un militante de algún movimiento revolucionario de Latinoamérica, había dejado varias cosas, entre las que me interesaron había unos blue jeans Levi's, unas camisetas Adidas de los cuales le di un juego al Nene y me quedé con otro yo, y una pistola de aire comprimido que llamó mi atención, ya que la escopeta de perles que yo había tenido se la agitaron unos guapos en Guanabacoa a mi amigo Juan José, un día que me la había pedido prestada para ir con un amigo suyo a tirar cerca de la bahía. Me contó que los guapos sólo le dijeron "dame la escopeta o te despingamos todo" y se la dio en vez de tirarle aunque fuese un perle, pero aquello era Guanabacoa, la primera Villa, puedo figurarme la pinta de los personajes que le agitaron mi escopeta de balines, la sola mirada de los guapos de la Jata afloja el esfínter del más aguerrido.
La pistola semejaba una Luger alemán, las del cañón delgado. Me asomé al balcón y le disparé a un árbol, se la di a Orestes que le tiró a otro árbol y Hanoi hizo lo propio, hasta que a alguno de los tres se le ocurrió tirarle a un transeúnte que pasase a cierta distancia para que el balín sólo alcanzase a molestarlo.
Un hombre entraba a un pasillo de un edificio en la calle de enfrente con seis litros de leche en botellas de vidrio sostenidos por una cesta metálica para botellas, uno de nosotros le apuntó a la nalga, apretó el gatillo y ahí fue el perle. En el acto, el blanco improvisado soltó un alarido seco y también los litros seis de leche, que se hicieron añicos contra el suelo, el hombre se giró rápidamente hacia todos lados, los tres bajamos la cabeza, y al poco rato había dos coches de policía mirando en todas direcciones.
Les dije a Hanoi y a Orestes que los acompañaría abajo hasta la parada para que no tuviesen problemas, Orestes era negro y sabíamos que en esos casos, antes de cualquier investigación, tanto en Cuba como en el resto del mundo,  si había un negro cerca, cargaba con la culpa de manera ineludible.

El hombre se había rascado dos veces la nalga, imaginé que lo que más lo animó a llamar a la policía y no cesar de insistir en saber quien le había tirado una piedra, como se escuchaba desde lejos, no sería tanto aquel incómodo ardor postrero, como la atomización súbita de nada menos que ¡Seis litros de leche en la Cuba de la libreta! 
Y sinceramente era en lo único que yo pensaba "coño , le jodimos la leche de la semana".
Una vez que regresé a casa me estaba esperando el Nene, que no bebía ni le gustaba meterse en problemas. Le conté que Orestes y Hanoi acababan de irse y el resto de la historia pero tampoco a él le dije quien tiró y no hizo ningún esfuerzo en averiguarlo, o sí, pero recordar que no, tomamos café y le dije que si quería se podía quedar a dormir, porque yo no tenia más ganas de salir a la calle, ni de asomarme al balcón, ni de recordar que Hanoi estudiaba en la facultad de idiomas de la esquina, ni que años atrás Orestes me había enchuchado al hermano, sólo quería pedirle disculpas al vecino de la calle de enfrente por su picazón en la nalga, por la leche derramada y por toda aquella imbecilidad supina que me embargaba y de la que veces era rescatado por la alfombra planeadora de la amistad.

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Published by martinguevara - en Relax
7 abril 2018 6 07 /04 /abril /2018 11:55

Sólo con visitar un campo de concentración nazi en Alemania y ver de lo que esa gente han sido capaz en materia de mea culpa y de inflexión en la Historia, ya deberíamos sonrojarnos al sostener con dinero público el indecoroso Valle de los Caídos. 
Están en otro nivel, no practican la justicia a la carta, allí fue preso el Presidente de uno de los clubs más poderosos del mundo, el Bayer de Múnich y cumplió íntegra su condena de tres años: ¿alguien puede siquiera fantasear con algo similar en nuestro patio? 
Si hasta está encarecidamente recomendado callar las correrías y tropelías de ciertos clubes, grandes empresarios, altos políticos, que han entrado paseado y pernoctado en todos los intersticios de putrefacción de nuestra sociedad para lucrarse de una manera procaz. 
No entremos en comparaciones ni en competencias que sólo nos ocasionarían daño al intentar revestirnos de una identidad antagónica a la que representa Alemania en el contexto contemporáneo.

La Justicia en Alemania es totalmente independiente del poder político, hay que verlo con perspectiva, estamos desarrollando un aparato represivo muy delicado cuando decide desatarse. Queremos meter a los catalanes incómodos en prisión y a los que se salven de las rejas, que pidan perdón de rodillas, mientras el estado protege de la más que comprensible y justificada extradición a la Justicia Argentina, a Billy el Niño, un vil torturador, que goza del recuerdo de sus crímenes y tormentos en la brisa de la calle. La tendencia represiva delicada que presenta nuestro panorama actual, aún en ciernes pero "in crescendo", goza de mucha mayor simpatía en otros confines que en Europa Occidental.

No hay presos länder, ni provos holandeses, ni escoceses del Scots unthirldom, ni milaneses de la Liga del Norte, ni siquiera ya encarcelan a militantes del Sinn Feinn irlandés. No esperemos que los tribunales alemanes se aboquen a esta cacería por las bravas.

Los más emparentados ideológicamente con aquél terrorista de Estado, que fue el mayor obsecuente español del III Reich, que no sólo envió efectivos para asesinar a personas en una orgía de sangre y abuso en toda Europa, sino que solicitó que los alemanes nazis bombardeasen Gernika, curiosamente son los que hoy hablan de echar un pulso a Alemania, de enfrentar nuestra actitud hostil a su pretendido y acaso también, pretencioso civismo.

Si el nacional catolicismo no le jugase tan mala pasada a la médula espinal hispana, y en lugar de pasarse de rosca y exigir la humillación de toda postura contraria, si no hubiesen ido a ablandarlos a palos, ni se los persiguiese con la saña con que en otras épocas de mayor violencia pero misma obcecación se capturaba a judíos, moros, herejes o rojos, Europa entera estaría de rodillas ante M.Rajoy, ningún gobierno europeo quiere independentistas, pero menos aún quieren figurar como simpatizantes ante su electorado con esta ola de retrospectiva tan preocupante.

 

La casi siempre "tuerta" Lustitia

La casi siempre "tuerta" Lustitia

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Published by martinguevara - en Europa Aorta
3 abril 2018 2 03 /04 /abril /2018 23:03

No hay purgatorio sin oasis. Hace unos días decidí que ya reconstituido   los tejidos de mi cubanismo y cubaneo tras un recomendable período de reposo y descanso respecto de la realidad de la isla, de sus avatares y los nunca bien ponderados tejes y manejes de sus gerontes propietarios.

Para poder analizar bien, para poder tomar la tarea de opinar sobre una realidad que rebasa los disparates, ocurrencias, dislates, improvisaciones, de todas las obras surrealistas y su propio manifiesto de André Breton, del absurdo de Inonescu, del abstracto, del cubismo, del dadaísmo de Tzara, de la deconstrucción del tiempo y espacio de los conceptualistas, de la desesperación de los suicidas, de la temeridad de los acorralados, del abuso de los cobardes, de la cobardía de los abusadores, hay que dejar pasar un tiempo, tomarse unos jugos de otras temáticas, dormir unas siestas a la sombra de complejas reflexiones, audaces análisis incluso, pero dotados de algún sentido, de la mínima lógica, para saltar otra vez con energías renovadas al ora tibio, ora helado ora ardiente estanque de los debates sobre la realidad del país y la participación de la sociedad civil en Cuba. Y ni bien me tiro al agua, con motivo del anuncio de la reforma de la Constitución, liderada nada menos que por el demócrata y moderno dirigente Raúl Castro Ruz, e inspirada su eternizado hermano, el semi diós devorador “Guarapo  Castro”, me encuentro con una novedosa curiosidad.

Movido por la curiosidad hacia los contorneos y malabares qu deberán realizar para acometer la tarea de cambiar algo de la Constitución para que en el contenido nada cambie,  encontré esta curiosa novedad. 

A los nuevos y a los ya clásicos disidentes, esos que se ganaron su derecho a ser reconocidos como tales enfrentando una mole de dimensiones que nadie que no haya conocido un sistema absolutista al cien por ciento puede imaginar,los están combatiendo no ya los típicos cuadros de la UJC o del PCC formados en los principios del marxismo cultural de la Escuela de Frankfurt, aunque todo hay que decirlo, cada año iban mermando n materia de sustento y sustrato técnico e incluso intelectual tras el período especial proporcional a la población en general, sino que ha tenido lugar en mi más o menos breve ausencia la germinación de unos especímenes de lo más curiosos, y aunque lo exprese sin datos, con toda probabilidad son apadrinados ya en lo económico, en lo institucional o en ambos, por los mismos que otrora salían al paso desde sus pódiums de poder verde olivo y de guayabera, barriga cervecera y tres bolígrafos en el bolsillo.

Ninguno de estos nuevos especímenes de la lucha ideológica vive en Cuba, ni come salteado, ni sabe ni supo lo que es “jalar un chivo espeso” o sea pedalear una bicicleta china sin piñón de velocidades, cuesta arriba y abajo con  el buche vacío y un sol de justicia para luchar unas papas o unas cebollas, ni discute una guagua batiendo récords en los cien metros planos, ni choca con los apagones, los cortes de agua, los derrumbes de los edificios, ni mata mosquitos a dos manos por la noche que no hay ventilador ruso que los espante ni con su aire ni con su ruido, todos viven a cuerpo de rey en el exterior, para mi sorpresa, la mayoría en Estados Unidos, algunos en México, otros en Europa y todos tienen dinero a punta pala. Las nuevas "Brigadas de choque" contra la disidencia cubana, ya son Made in "Yuma".

Algunos de estos defensores de la pasta de oca y del picadillo de soya son nacidos y otros criados en el capitalismo y la democracia, también hay recientemente emigrados. Defienden la "Involución" sin tener la más remota idea de lo que hablan, ni siquiera una percepción lejana, muy por el contrario una vida henchida de opciones políticas, ideológicas, culturales de movimientos, y sobre todo, de fibras de diferentes procedencias para mantener siempre calmados, adormilados, incluso ausentes los rugidos intestinales tan presentes en las barrigas cubanas. Además hay que destacar que son portadores de una incultura supina, de un desprecio por la lectura, por el lenguaje, por la Historia, ni siquiera me refiero a su descomunal páramo de conocimientos sobre los temas que se atreven a abordar, sino acerca de todo, es como la elevación de la brutalidad en su máxima expresión, habida cuenta que el punto de encuentro para estos debates son las conocidas como "Directas" de los diversos o hegemónicos canales audiovisuales disponibles en la red. Escuché unos que ni hablan con tono cubano, una habla como una estadounidense que aprendió español hace poco, aunque intentando incurrir en cubanías como “veddá” o “po’qué” y otra hablando como una película mejicana de Cantinflas, y los hay que atacan o debaten desde sus automóviles del año con tono portorriqueño de “Nueva Yol”, lo colisiona con una característica del cubano, incluso habiendo nacido en EEUU hablan con tonalidad cubana no renuncian jamás a sus raíces identitarias en lo culinario cultural y lingüístico, como se aprecia en los casos de famosos como Andy García, María Elvira Salazar o Gloria Estefan.

Analizar las tácticas de los dinosaurios de la Involución de esperpéntico pero una vez más la maquinaria de auto conservación del sistema de represores inútiles y vagos de la isla se las ha ingeniado como cualquier parásito u holgazán para encontrar una nueva forma, nada despreciable a juzgar por su éxito, de meter cizaña, de emponzoñar, de crear divergencia y sobre todo de difamar.

Por favor queridos Eliécer, Rosa María, Yoani, Manuel, Laritza, Antúnez, Damas de Blanco en general y todos los demás, no les proporcionen la satisfacción de sus mal habidos minutos de fama para lo cual deberán descender al nivel del betún con fin de sostener un debate paupérrimo y estéril.

 

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Published by martinguevara - en Cuba flash.
2 abril 2018 1 02 /04 /abril /2018 20:09

Una querida amiga estaba de visita en casa y en un momento que intentábamos entrar en una determinada página web, el sistema me re direccionó a otra página en la que aparecían exuberancias y voluptuosidades poco destacables por su discreción, al instante apresuré el mouse buscando abandonar tal situación embarazosa que podía revelar alguno de mis suplementos en más de una medianoche impía, acompañando la prisa con excusas típicas de mal perdedor, ya que no hacia falta explicar nada, el pescado ya estaba vendido; pero aún así es comprensible que el chorro de sangre ascendente por las mejillas, exhorte aunque sea a un tímido intento de nobleza exculpatoria.

Luego ingresamos a la página que queríamos entrar en un inicio, mientras nos reímos de como a veces aquellos auxilios binarios al llamado del "mantecado celestial", cobran vida propia y deciden presentarse según sus propios criterios y decisiones.

Más tarde mientras íbamos a un pueblo típico del campo, mi querida amiga de muy buen ver, empezó a comentarme, advirtiéndome que lo hacía sin acritud, que un amigo gay le contó que cuando quería ver una película porno para encender su cacerola, no veía películas gays, sino heterosexuales, y concluía que todos los que ven películas porno, en lugar de calentarse con la cajita que guarda los fósforos se deleitan, consciente o inconscientemente, con la imagen de los fósforos; o sea que todo aquel que le concede unos minutos al séptimo arte del desenfado, alberga un gay agazapado, perdido en el subconsciente por el batallador embutido de tendones y venas, que todo aquél que se deja llevar por esas imágenes jadeantes, cadenciosas, lujuriosas de hembras insaciables que socorren las fantasías provenientes del nido del marote, en realidad no miran la cajita, sino que miran el fósforo.

No le veía demasiado sentido a tal sentencia aunque tampoco la encontré descabellada del todo, pero en lugar de oponer mi criterio me sentí invitado a contarle como desde hacía relativamente poco, en mi edad, había descubierto una forma de satisfacción gracias a las computadoras y la red que mezclaba la comunicación con partenaires de verdad con fantasías espontáneas guardadas en los tupperware de las babas contenidas, y me di cuenta que por primera vez hablaba de esta práctica, los "pali-pajas", o "paji-palos" como los bauticé al notar que la mitad de ellos aproximadamente, eran auténticos actos sexuales llevados a cabo por dos personas, toda vez que cuando llamamos acto sexual, incluyamos también ese altísimo porcentaje de ojos cerrados, imágenes complementarias recorriendo el iris resguardado por los párpados, ora de la vecina, la suegra o la compañera de trabajo, y la otra mitad compuesta de pura fantasía y autosatisfacción.

La primera vez, como casi todo, empezó por casualidad en uno de esos chats: "te mando un beso, pero mis besos son traviesos y por más que los mande a la mejilla a veces se escapan por el cuello, el escote, o las caderas, en fin, tú discúlpalo" y luego rematando el mensajito con un precavido: "jaja", para recibir a continuación la respuesta: "jajaja"- La cama lista y el champán servido. De ahí pasó a: "como me gustaría hacerte esto por aquí" o "lo otro por allá" y del trote al galope y de ahí al desboque, dando rienda suelta a los "que rico, que sabroso, mima, papi, toma, dame" y la mar en bote.

 

Sin reglas, solo una sugerencia planteada por el sentido común, es mejor que los jugadores no se conozcan para permitirse imaginar el olor perfecto, el aliento, la voz, la piel y poder siempre cuadrar los atributos en cuanto a forma, textura y volumen.

El ejercicio virtual no es supletorio ni excluyente, sino complementario.

Le conté que durante la época más álgida de las refriegas virtuales fue también cuando más empujado me sentí a vivir relaciones presenciales esporádicas. Ambas con gran respeto, pero sin inhibiciones ni tupperwares que retornen cerrados a la nevera, disfrutando de ese casi único capital que la edad nos declina: saber lo que nos interesa y lo que no.

Llegamos al pueblo con la boca seca y los patitos alborotados, lo atravesamos por la calle principal y salimos tan rápido como pudimos, busqué un camino de campo mientras sentía la mano de mi amiga acariciando la exigida cremallera del jean, cada vez que podía le tocaba las piernas y mi obsesión, mi deleite, mi perdición, los senos. Aparqué debajo de un árbol, ni bien tiré del freno de manos nos enredamos en un abrazo interminable, de besos, de lenguas desaforadas, enérgicas, exploradoras labios tersos y mullidos a la vez, los cuerpos cargados de sensibilidad desde la oreja hasta al pantorrilla, desabrochamos todo lo que tenía broches o botones, sus pezones erizados en mis manos primero y de ahí a la boca y otra vez en las manos, mi miembro ya encerado por una media eyaculación dentro del pantalón en sus manos y el interior de su braguita de seda manando jugos en mis manos, mis dedos subiendo y bajando mientras los besos y la tonelada de saliva producida anunciaba la gozosa explosión y la catarata de fluidos que no demasiado tiempo después tuvo lugar en el asiento trasero, de costado, precisamente cambiando de la posición de ella encima subiendo y bajando acariciando mis muslos y testículos, poniendo sus senos en mis labios, una nalga en mi mano y entregando la entrada de su oquedad posterior a las caricias de uno de mis dedos, el más sensible, como convenciéndose de la conveniencia de abrir todas sus puertas, semi vestidos ambos, sedientos de esa apresurada y retozona corrida con todos los patitos de la cabeza saliendo disparados campo afuera. Luego nos vestimos, visitamos el pueblo y terminamos la fiesta en casa pero nunca más hablamos sobre el tema.

 

¿A qué universo virtual debíamos agradecer aquel desenfadado escarceo liberador, a la aparición abrupta de la paginita picante, a la interpretación transgresora de la afición por disfrutarlas o a mi revelación del lascivo jueguito binario? Fuese cual fuese su génesis virtual, terminó tan concreta, tangible y directa, como la mejor de las refriegas soñadas.

 

De modo que si las preferencias de repente se ven invadidas en las fantasías por sujetos y objetos extraños, bienvenidos sean, lo que no mata ni engorda, alimenta al cuchi cuchi mandarina.

 

 

Cuchi cuchi mandarina

Cuchi cuchi mandarina

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Published by martinguevara - en Relax
13 marzo 2018 2 13 /03 /marzo /2018 14:28

Hace veinticinco años visitando Londres por primera vez, al salir de una boca de subte buscando un museo me percaté de que andaba despistado, entonces no había Google Maps ni TomTom, así que decidí parar a un viandante e incomodarlo con mi pesquisa, el buen hombre me respondió con esmero en la amabilidad y recién cuando ya me di por orientado, me preguntó ¿Perdón, de dónde es usted? -Argentino- le contesté a mi seguro servidor .

¡Ah, como Maradona!-y entonces charlamos un poco más y me recomendó más actividades que hacer por la zona.

Sonreímos mutuamente y nos despedimos estrechándonos las manos, con mucha más complicidad que rivalidad, por el fútbol y sobre todo por las tan disputadas Malvinas. Me dejó tan buen sabor en el paladar aquella experiencia, que de repente entendí la relevancia para todo pampeano mundano que representaba aquel muchacho que tras Ricardo Bochini manejaba como nadie la pelota y que lo había manifestado con meridiana claridad al mundo entero en el Mundial de México de 1986.

Hace mucho menos, el año pasado, un editor español amigo me dijo:

-¡Bueno macho, estáis casi por devolvernos la colonización, tenéis al Messías, a la reina de Holanda y al interlocutor de Dios con la humanidad!

-Sí, pero de los tres, la relevancia de uno es porque le pega de maravillas a la pelota, otra porque se casó con un príncipe,  mientras el tercero es porque desde que asumió la exclusividad de la conexión con el de la barba blanca, no sólo la Iglesia y sus feligreses, sino incluso gran número de ateos y agnósticos hemos  sentido que la institución son todos y cada uno de ellos, y no somos pocos los que pensamos que es una pena que algunos Papas no asuman con cuarenta años.

Se cumple un lustro de la elección del ex técnico químico, Jorge Mario Bergoglio como Papa Francisco, por el Santo de Asís, en la quinta elección, tras la renuncia de Benedicto XVI, siendo el primer Papa Jesuita y el primero del hemisferio sur. Y primer Papa simpatizante del club San Lorenzo de Almagro.

El recorrido que dieron sus pasos, los aciertos y errores a los que lo condujo su profunda conciencia humanista, conocimiento teológico y notable vocación de servicio, los aprendizajes y la concientización, comenzaron mucho tiempo atrás, en parte tomando como punto de partida las escrituras sagradas y su propia interpretación de la religión, y en gran medida también tomando como base su profundo conocimiento y particular percepción de la realidad circundante, de los problemas y las alegrías de la gente, de la vida cotidiana, el conocimiento más empírico de la de realidad más concreta, como corresponde a la tradición de los jesuitas.

En los cinco años que lleva de papado, desde el mismo inicio dio un giro de timón y fijó su residencia en la Casa de Santa María en lugar de en el habitual Palacio Apostólico, mostrando con claridad sus intenciones de no escatimar en esfuerzos a favor de los humildes, como sugiere su opción preferencial por los pobres.

En la institución más monolítica, antigua y eficaz a lo largo de la Historia tanto en sus obras de bien como en las de “nada bien”, ostenta asombrosos logros en materia de economía, finanzas, administración de la institución, comunicaciones sociales, sanidad, laicado y familia, además de tribunales eclesiásticos y derecho canónico.  Trabajó concienzudamente en la transparencia del dinero vaticano, el nexo entre la misión evangelizadora y la actividad económica, la simplificación de la burocracia.

 

Viene destacándose especialmente en la lucha contra males execrables a los que la Iglesia no se decidía a hacer frente, como la pedofilia y los abusos sexuales sobre menores y trabaja duramente en la divulgación de la necesidad de proteger a los menores y a los seres humanos migrantes por condiciones de vida infrahumanas como el hambre y la guerra.

 

Pero más allá de los logros concretos y tangibles aunque no desvinculado de ellos, Bergoglio ha devuelto, tanto para la feligresía como para el resto de habitantes del orbe, la sensación de que la Iglesia no es sólo un Estado Vaticano preocupado de sus bienes patrimoniales y su capacidad de ejercer el poder. Y aunque en un inicio pudo haber sido evaluado el perfil humilde del aspirante argentino, para recuperar la cercanía de la gente común a la Iglesia que venía perdiendo progresivamente de manera preocupante, lo cierto es que ha ido más allá, ha generado una simpatía diáfana por la  sinceridad de sus sentimientos por la humanidad.

 Y por otro lado, lo que no es menos relevante,  como ocurre con toda personalidad que cuenta en su agenda con la intención de poner en marcha cambios profundos en la conciencia a favor de los más desfavorecidos, despertó el recelo de determinados sectores del poder económico y político, tradicionalmente poco entusiastas tanto con el perfil de Francisco como con sus intenciones. Cosechando también de los extremistas de todo color y condición los menos imaginativos disparates, para los incondicionales del panteón neocon trumpista, es nada menos que "comunista",  mientras que para los acólitos de Corea del Norte, Madres de Plaza de Mayo y demás sectores de la izquierda intolerante, es un ex colaborador de la dictadura. 

 

Por eso en esta ocasión, además de la pequeña cuota de gratitud  que siento al ser puesto en el mapa, tal como lo hizo Maradona, siento un plus especial de orgullo, cuando en cualquier lugar del mundo, al responder la misma pregunta que me hiciera aquel viandante inglés en  Russell Square, alguien me replica:

 

-Argentino como el Papa

 

Francisco tomando mate

Francisco tomando mate

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Published by martinguevara - en Argentina frizzante

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  • : El blog de martinguevara
  • : Mi déjà vu. En este espacio comparto reflexiones, flashes sobre la actualidad y el sedimento de la memoria. Presentes Argentina, Cuba y España, países que en mi vida conforman un triángulo identitario de diferentes experiencias y significantes correlativos.
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