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16 abril 2013 2 16 /04 /abril /2013 21:05

 

 

En el caso de las elecciones de Venezuela no concuerdo en absoluto con los detractores del castrismo. Cuba es una dictadura de la más concentrada pureza, donde no ha habido ni una sola elección, ni una sola consulta popular de ninguna especie de decisión, ni importante ni efímera, donde todo se hizo a golpe de dictados de un poder en torno a un hombre que ido cambiando de ideología según los mecenas que se prestasen a su manutención. Donde se  encarceló, fusiló o se mandó al exilio a todos los opositores en un principio. Donde se ha prohibido a todo cubano viajar libremente por el mundo, y opinar de un modo diferente a los lineamientos del líder máximo. Pero que por otro lado dicho autoritarismo desterró totalmente el analfabetismo, el crimen organizado, la violencia delincuencial, la miseria infantil, a diferencia de Venezuela.  Cuentan con algunos puntos en común como la nariz y el codo, más relacionados con los barnices con que han recubierto  sus respectivos discursos en la última década, que en cualquier otro aspecto de la realidad objetiva. Decir que Cuba y Venezuela son la misma cosa sería tan  acertado como decir que Marx y Engels han sido idénticos a Pol Pot y Ieng Sari porque en ambos casos se autodenominaban comunistas.

 Chávez se refrendó en las urnas más veces que cualquier presidente de las democracias occidentales. Simplemente usó las reglas del juego que el mundo occidental jugaba y de las cuales adolecía el segundo mundo.
No hay comicios más auditados que aquellos de los países en que de alguna manera, aunque casi siempre mediante la demagogia, se incomoda al gran capital internacional. En la Historia de América Latina se sucedían y suceden infinidad de trampas electorales y nunca un periódico europeo ni norteamericano estuvo tan atento a los resultados, muy por el contrario encubrían y encubren cualquier mal procedimiento que beneficiase a las grandes oligarquías que defienden los intereses económicos de algunas transnacionales. 
Ocurre permanentemente en África y les importa un pepino porque son gobiernos literalmente "comprados", pero ni bien entran en colisión con la gran patronal internacional, todo tipo de sospechas recaen sobre ellos y se ciernen en torno a las urnas los cuervos, buscando más la rendija por donde poder colar la duda en caso de que aquellos resulten victoriosos, que las garantías de buenos procedimientos. Pero precisamente es esta obsesión lo que las convierte en las elecciones más inspeccionadas. 
Luego si resulta salir un Allende deja de gustarles todo lo que la democracia puede deparar, si es un Chávez les gusta un poco más porque es un perfil menos serio, más humo de feria, ruido de artificios, pero no les termina de agradar del todo, cosa que dicho sea de paso a mi tampoco, pero no porque hubiese dotado de un poco de dignidad y algo de comer a los pobres, tan despreciados por la oligarquía de aquel y de tantos países sino más bien al contrario, quizás precisamente eso sería lo único que me gustaría.
 
Ahora bien, conviene  tener claro que ni Maduro es Chávez, ni Capriles la herencia de aquella oligarquía rancia antipopular. 

No soy de sentirme atraído por propuesta alguna de ningún tipo de poderosos, considero a los individuos que precisan concentrar mucho poder como parte del mismo conjunto, cualquiera que sea el disfraz ideológico que escoja para participar en este gran carnaval.
En España país con vitola del primer mundo desarrollado, todo lo que ha hecho el gobierno electo en las urnas desde que asumió el poder, va en sentido contrario a lo prometido, constituyendo una estafa en toda regla, algo que sujetos a la lógica, debería ser punible con cárcel y con cese inmediato del acuerdo tácito que implica el contrato electoral. Se le hurta, roba, esquila, pela, rapa, lo poco que le queda a los trabajadores para cedérselo a los bancos.
O sea que una actitud civilizada pasaría por tragarse sin chistar a un gobierno que no ha cumplido ni una sola de sus promesa a excepción de endurecer la ley del aborto, y por el contrario causa daño a toda la clase media en beneficio de los culpables de esta Gran Estafa eufemísticamente llamada "crisis", que está minado por la corrupción en todas sus instituciones, con personas del partido de gobierno inmersas en procesos judiciales por presuntos casos de corrupción, que incluso cuenta con una jefatura de Estado gestionada por una monarquía, que aparte de su deterioro, se decide única, exclusiva y sencillamente a través de la cópula y la fecundación, como toda muestra de exquisita sofisticación europea.
Sin embargo resulta que el centro de la desconfianza universal acerca de la poca transparencia democrática, es el legado de un tal Chávez, que por más reprobable que resulte, al menos a sus votantes no los defraudó en lo esencial, ¿ Estamos desde Occidente en condiciones de dictar cátedra de decencia, de claridad , de transparencia? 

Esta no es la forma en que Occidente sedujo al hombre necesitado de normas para una vida civilizada en cierto marco de paz y progreso.
¡Por favor!
Dediquémonos a arreglar nuestro patio y a barrer bajo nuestras alfombras, que en materia de orden y de seriedad estamos a años luz de poder darle consejos a nadie.

 

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8 abril 2013 1 08 /04 /abril /2013 19:25

 

 

Hoy murió Sara Montiel, la Rita Hayworth española, más que Rita , era Sarita.

Nació María Antonia Abad, de una familia muy humilde de Castilla la Mancha, estaba marcada para el mundo del escenario, del show, de la vida licenciosa, de la manera más intensa y vivaz de ofender a lo más retrógrado de la aplicación en la realidad del pensamiento tradicional, que supuso el franquismo. Musa de innumerables poetas, le atraían los ambientes intelectuales y dentro de ellos, los hombres mayores, vivió en México rodeada de parte de la crema intelectual del siglo XX, Neruda, León Felipe, Octavio Paz.

 Amante de Hemingway, Severo Ochoa, o musa de poetas de su época, compañera de reparto de Gary Cooper,  hizo su fortuna en Hollywood, donde firmaba contratos por un millón de dólares por película en los años cincuenta.

Escandalizó a la pacatisima sociedad española del post franquismo por su sinceridad para hablar de las relaciones amorosas que mantenía, por su transparencia para admitir que le gustaban los hombres casados, aunque aclarando no sin ironía que siempre mostrando respeto hacia sus esposas, y por la declaración en una entrevista que concedió a Vázquez Montalbán:

_Yo soy socialista,  como toda mi familia.

Y cuenta que no fueron ambos a la cárcel franquista de milagro. Todas las mujeres copiaban sus peinados. Se convirtió como Liz Taylor en un símbolo de la Diva con carácter, y de la misma manera fue adoptada en secreto como icono de la dispersa comunidad gay, como elemento fetiche que en algún punto los unía en las extremidades de la diversión y el terror , de la alegría y el llanto de aquellos años tan oscuros para la exposición  y libre expresión de tal condición.

Sarita Montiel, quien hasta sus 84 años seguía diciendo que ella nunca fue al supermercado, que no conocía la diferencia entre un chuletón de buey de Avila y una pechuga de pollo, hasta el momento en que los probaba con sus papilas gustativas. Dictó cátedra de estrella en España sin olvidar una bien tallada dignidad y autenticidad que hoy se echa de menos como una Seven Up helada en una tarde al solcito en el medio del Sahara.

 A Sarita se la recordará con una sonrisa en los semblantes de los hombres y mujeres de edad madura en el mundo hispanoparlante, entre los programas de televisión de tipo rosa, y en algunos sectores ya ancianos, de la izquierda anti franquista.

Hoy murió otra celebridad. La  diva de los actuales neo cons, musa del Tea Party, la quintaesencia de los Tories más recalcitrantemente conservadores.

Se fue Margaret Thatcher.

Hija de un tendero inglés, Margaret Hilda Roberts, terminó convirtiéndose a partir de una voluntad férrea, énfasis en el autocontrol y gran capacidad de trabajo, en una de las artífices directas del triunfo del capitalismo, en una vena conectada directamente a la arteria del también británico Adam Smith, que proveyó la sangre necesaria en el momento que más lo necesitaba la sociedad del mercado. 

El hecho de que su mandato de once años al frente del Reino Unido, sólo superado por Lord Liverpool, haya coincidido con el derrumbamiento de la URSS no sólo fue una coincidencia histórica, sino que su aporte fue fundamental junto al de Reagan para permitir dar los pasos del fin de la Guerra fría, la caída del comunismo como sistema alternativo al capitalismo occidental. Aunque se puede admitir que la prensa occidental dio mucha más importancia a estos dos actores de lo que en realidad tuvieron en dichos acontecimientos nada fortuitos, la URSS cayó casi exclusivamente por su propio peso, por el peor manejo y administración que se tiene noticia de tal renta histórica y semejante margen que dejaron el derrocamiento del zarismo.

Lo que sí se le podrá deber a Margaret Thatcher en todo caso,  será la depauperación, el empobrecimiento del sistema de Salud Pública en el Reino Unido, de la minería en Inglaterra, Gales y Escocia, del entramado ferroviario británico, y la perpetuación de la desconfianza cuando no del odio entre los partidarios de la independencia de Irlanda del Norte con sus detractores, tanto ingleses como irlandeses de la Orden de Orange.

Donde es bastante probable que no se la vaya a recordar con demasiadas muestras de afecto, será en Argentina.  Donde ni los partidarios de reclamar, ni los detractores, ni los indiferentes ante los colores de la enseña nacional que termine flameando en las dos o tres astas para bandera enclavadas en aquellas rocosidades del Atlántico Sur llamadas Islas Malvinas por unos y Falkland Islands por otros, olvidarán la excesiva crueldad con que se aplicó una vez concluida la innecesaria contienda bélica, que reactivó su credibilidad en unas elecciones que ya tenía perdidas.

 Hoy murieron dos damas del siglo XX. Ambas fueron auténticas. Pero sólo se me dibuja una sonrisa en el semblante al pensar en una de ellas, la que vivió la vida a fondo brindando a la gente más alegrías que otra cosa.  

 

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8 abril 2013 1 08 /04 /abril /2013 16:10

 

Cuando me repuse de lo más pesado del mareo, intercambié saludos de gratitud con el extraño ser que me había asistido. Me dejó una tarjeta con su nombre, el teléfono directo y la dirección del Hospital psiquiátrico que dirigía. Me invitó a visitarlo y a que no dudase en pasarme una temporada en sus instalaciones si así lo requiriese.

La verdad es que sólo dejé pasar algunos días por mantener cierto decoro, y en cuanto consideré que ya era adecuado, me vestí, me perfumé con colonia búlgara y fui a ver al doctor P.

En cuanto le dije al taxista: _ A la clínica del CENSAM, Centro de Salud Mental, me preguntó ¿tiene usted a alguien ingresado allí? Me extrañó ese excesivo trato de respeto,  en el ámbito tan coloquial de un taxi habanero, y le respondí – No, voy a ver al director, ¿por qué lo pregunta? No, nada, era porque ahí sólo hay “pinchos”, generales, oficiales del MININT,  ministros, o familiares cercanos  de estos. No le expliqué nada pero me quedé pensando, que si era así no debería estar mal. Claro que estaba el tema ese de los militares y toda esa paranoia y alergia que me producían.

 El taxi me dejó en la puerta de entrada, en Jaimanitas. Era un complejo de edificios nuevos, chalets y cabañas, distribuidos  cuidando el entorno, y su belleza, salpicados de jardines por doquier, atravesado por el río del mismo nombre que el pueblo, que iba a desembocar al mar. Llegué a la oficina del doctor P., me recibió con un café y con un apretón de manos cálido. Me explicó que el tratamiento constaría fundamentalmente de descanso y medicación, con horas de terapia de grupo, y sesiones de terapia individual. Con tiempo para ejercicios, para cine, y muchas horas de ocio medicado con amitriptilina y otros sedantes. La mayoría de los hospitalizados allí, estaban por un exceso de celo en sus ocupaciones, aunque yo pensaba más bien que las cosas que habían tenido que presenciar, o hacer, no les dejarían descansar en paz nunca en sus vidas. Dimos un paseo largo por las instalaciones en el cual me explicó que era cada cosa, en ese complejo  que de primera impresión era tranquilizante. Nos cruzábamos con hombres y mujeres en pijamas que caminaban con los brazos caídos, inmóviles, a los costados del cuerpo, como zombis. Esa era la sección de los que volvían de alguna guerra, en la que estuviese envuelto el ejército cubano, las llamadas misiones internacionalistas, que se diferenciaban de las invasiones imperialistas, solo en los prefijos de las palabras, imperialistas e internacionalistas. Había un hombre,  me explicó, que había perdido las manos y los ojos por la explosión de una granada, en África, y la mujer que lo llevaba del brazo era su madre, ya que la esposa un tiempo después de su regreso no podía soportar y lo abandonó, Me pidió que no me alarmase, que aquella era la sección dura.

Entrada de clínica CENSAM

Yo estaría en las cabañitas, junto al río, la piscina, la mesa de billar, la jaula de pájaros y tendría una cabañita con una habitación amplia y muy bien climatizada. Cuando vi mi área, volví a tomarme un tiempo por dignidad para decirle, sí doctor, me quedo aquí. En los minutos que llevaba allí, podía decir que empezaba a sentirme mejor pensando en una amitriptilina, los paseos por los jardines y partidos vespertinos de squash. Luego me llevó a una casa blanca con una piscina de mármol, flanqueada por las estatuas  de dos leones, en posición de vigilia,  se notaba que esa parte había sido construida antes de la Revolución, porque aunque  todo lo demás era muy correcto estéticamente, la diferencia de calidad de la casona era notable en su favor. Y me dijo. -Martín, esta parte pertenece a la casa original que había aquí antes de que esto fuese una clínica; era propiedad de Al Capone.

Casa de Al Capone en Varadero

Si ya estaba decidido a irme allí todo el  tiempo que pudiese quedarme, este detalle terminó de convencer a esos pequeños flecos de sospecha. M llevó al área deportiva y luego al comedor, que expelía un  aroma digno de restaurantes cinco tenedores. Y me dijo, _es hora de comer, ¿me acompañas a almorzar? Le dije _ por supuesto, y considere este, el primero de mis almuerzos, en esta, la clínica que usted dirige. Nos dimos la mano, como si cerráramos un trato comercial, tomé mi almuerzo. Y al día siguiente regresé con un bolso Adidas deshilachado que además de las cosas que le metí dentro siempre llevaba adosado, casi formando parte de este,dos pares de calcetines de deporte y un libro de Carpentier: Dos novelas, también una caneca de ron, pero esa la tuve que dejar.

El mareo,  la resaca , el eco mezclado con mucho miedo y finalmente el frío.

El lugar estaba preparado para que cayese un torrente de paz sobre los hombros de personas con sumo estrés. Había muchos sobrevivientes de las guerras de se habían librado en África, pero también había militares y personal del MININT de alta graduación o de puestos muy exigentes que estaban extenuados por diferentes razones. Había mayores, coroneles, jefes de guardaespaldas de altos cargos que estaban allí a causa de años de estrés, de no dormir, de tener que cambiar de súbito las rutas, los itinerarios, una y otra vez para impedir atentados verdaderos o imaginarios propios de la paranoia que todos vivían a todo nivel por diferentes causas. Esa tremenda presión se terminaba traduciendo en ausencias de la casa, en no ver crecer a sus hijos, divorcios, hasta que se bloqueaban y precisaban de la internación en la clínica pro alcoholismo o depresión.

Escolta de Fidel

Yo siempre tuve la leve impresión de que además a ellos los concurría un motivo extra que era el haber sido participe de muchas cosas ocultas, de haber observado de primera mano, los nervios, el día a día, las decisiones más controvertidas, sin poder comentar y ni siquiera pensar en que las habían escuchado. Tanto tenía pinta de ser así, que sus ojos revelaban el temor a hablar, cuando ya sentían el calor de la amistad se los notaban temerosos, desacostumbrados a tanta tranquilidad a tanto tiempo para pensar y tal era la manera en que yo lo percibía que no quería escuchar ninguna historia de sus esferas de trabajo, se podía sentir la carga eléctrica en cada instante en que se aproximaban a esos temas. De hecho me contaron anécdotas comprometidas de varios dirigentes altos dela Revolución, pero se cuidaban mucho de no decir ni palabra de Fidel, en ello les podía ir una afeitada del pescuezo muy apurada.

 

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1 abril 2013 1 01 /04 /abril /2013 20:44

 

 

El fenómeno Yoani me parece totalmente grato y fortuito.

Reinaldo es un periodista intelectual como la copa de un pino, si algo han obtenido, bien que lo han buscado y han sido ellos dos sin la ayuda de nadie excepto esos tejidos tan solidarios de la base en Cuba y en cualquier país, pero con mucha delación alrededor también, cuando todos se iban, incluida ella misma, regresó porque es su tierra y dijo así de claro, - de aquí no me saca nadie, y opino lo que pienso!. Y lo hizo, y cuando lo hizo hacía falta mucho valor, ahora le es más fácil porque la conocen todos, pero cuando no la conocía nadie, era muy complejo, porque además de la represión sempiterna, en los sistemas socialistas, existía y existe una inducción a la auto represión , a la autocensura, una especie de sucedáneo de la flagelación, que funciona de una manera muy perversa y difícil de salvar.

Por otro lado es importante destacar que comenzó con un blog, con una pluma descriptiva sensacional, de la tradición cubana de Cirilo, Carpentier, Cabrera Infante o Padura, y esos relatos del pan duro al borde de la ventana y las metáforas con la vida ordinaria, corriente, cotidiana, domésticamente agobiante, fueron para mi los cimientos del fenómeno que yo con la  humildad que me confiero, apoyo hoy, porque proviene del mundo de la escritura, de la reflexión, de la observación, de la tranquilidad, de la Paz y de la polémica.

Eso, en lo particular me da buena espina, sinceramente no apoyaría como referentes de futuro a un militar disidente o un ex comandante, porque creo que lo que nos sobran son potenciales violentos, no apoyaría a un ex preso político de la primera era, dado el más que probable justificadísimo resentimiento (excepto en algunos casos que conozco como el de Alberto Müller que es un ser entrañable pero todos no son capaces de llegar a una condición humana tan elevada), ni a un familiar de preso, ni de un muerto, porque el dolor o el miedo no legitiman la opinión, del mismo modo que "una víctima de accidente de tráfico no debería dictar las leyes del tránsito". Entonces pienso que quienes podrán conformar cierta disidencia sana, fresca, constructiva, de futuro, llamada al progreso económico pero también social, pasa más o menos por gente como Yoani, para mi ella da el perfil no de Presidente ni de político profesional, sino de institutriz en la formación de una plataforma de debate, de libertad para el disenso, de donde puedan salir los futuros activos de una sociedad que recoja lo no demasiado mal hecho e innove para una sociedad realmente nueva, con la participación de la imaginación, el sentido común y mucho trabajo, no una inmersión en el retroceso de modelos como el del capitalismo de estado actual que no deja nada a los trabajadores.

Más bien algo vinculado a la Libertad, y la Libertad es un concepto muy amplio.

Creo en que hay que tener la humildad y la capacidad de decir de alguien: ¡este consigue expresarse mejor que yo! o bien: este le echó al asunto los huevos que yo no le eché ni le echaría jamás.

Pero además me gusta por el equilibrio, y me solidarizo en esa tarea tan compleja de explicarles a los pseudo izquierdas, que no suelen poner en práctica la progresía como lo anuncian, el por qué de que aún con la medicina gratuita, la educación gratuita, y otros hitos más o menos sostenibles en una disertación al uso, esa Revolución se fue "a bolina" desde el mismo momento que se empezaron a encarcelar compañeros de lucha, gente por opinar diferente, cuando se le puso reglas parciales a la cultura, según escribió Armando Hart Dávalos: "Las reglas del Juego", rejas al pensamiento, candados a la libertad.

 Yoani logra como pocos advertir de ese engaño, de quienes secuestran para sus fines esa terminología socializante, mesiánica, cristiana, numantina, que consigue engañar a mucha gente y condicionar el criterio de no pocos comunicadores.

En esto la considero importante, y luego, si a alguien le gusta más o menos su cara, su tono de voz, lo que dice, como lo dice, eso es harina de otro costal, pero creo que hay pocas dudas de que cada pulgada de reconocimiento se las ha ganado a pulso

 

 

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Published by martinguevara - en Cuba flash.
31 marzo 2013 7 31 /03 /marzo /2013 21:54

 

 

He comprado el libro Por el camino de Swan, la parte uno de "En busca del tiempo perdido" de Marcel Proust, lo había leído veinte y pico de años atrás, pero lo compré ahora por primera vez.
Me he pasado la vida dando vueltas hasta hace relativamente poco tiempo, y por la razón que sea he conseguido detenerme. 
Hubo una época en que lo único material que me ataba a los lugares, cabía en un bolso, y casi todo ello eran cosas de leer. La mayoría eran cartas. Cartas de mi padre cuando estaba en la prisión, cartas de mis amigos de la primaria, cartas luego de mis otros amigos del otro lado del océano, cartas de amor, y cartas mías. Sí , cartas que me habían devuelto por alguna razón y las guardaba. Lo segundo en importancia, eran cuentos, versos, esbozos de historias, reflexiones, constancias de sensaciones, decenas de estos papeles, algunos borroneados sobre servilletas de bares, otras sobre papeles de cuadernos a rayas, cuadriculados, lisos, con hojas amarillas, verdes, azules, e incluso rosadas, rugosas, sedosas de difícil acceso para la tinta, hojas de todo tipo de papel menos higiénico. Y no por sus nexos escatológicos, los cuales no me habrían detenido a no ser que ya hubiese sido utilizado de alguna manera "propia", sino a causa de su dificultad para mantener el dorso incólume al tacto con la punta del bolígrafo o del lápiz. 
Todos y cada uno de aquellos escritos estaban inconclusos, excepto uno, el de la muerte en túnel de La Habana, que estaba tan terminado, tan perfectamente concluido, que dejaba un poco de incómoda desazón por su halo presagioso.
Lo tercero que había de papel, eran libros. Pero eran muy pocos. No eran incluso ni los esenciales, ni los que creía que eran referencias literarias, tenía una amiga que era la mejor guía literaria con la que se puede contar jamás así que no los necesitaba en absoluto, estaba tan atendido en ese sentido como lo habría podido estar Borges por Victoria Ocampo. 
Sólo que yo era un ente que iba y venía, me había transformado en un extraño incluso para mi. Iba y venía de dentro mío hacia una especie de "afuera" en donde jamás había puesto ambos pies, y por esa misma razón me perdía tanto allí afuera, que parecía como si estuviese a años luz de mi centro de gravedad, del Yo con que más facilmente me identificaba, pero también del que mayor dosis de contaminación solía recibir.
Entre aquellos libros, había uno que conservaba por una razón tan sencilla y válida como innecesariamente sensiblera. Era el primer libro que había leído en el trabajo que compartí con mi padre una vez que nos reencontramos en Buenos Aires, tras una larga separación, el modelo de abandono,   que me conminó a  temer luego y por siempre, a poner ambos pies fuera de ese Yo artificial, pero tan bien recreado. 
Ese libro de Ediciones Cubanas lo guardé por aquella razón y porque era el primer libro de Shakespeare que había leído y que me llevó luego a leer toda su producción en prosa. No he leído aún íntegramente sus sonetos. Y tal vez también concurriese el hecho de que era una forma de premiar el buen camino de ediciones Cubanas en la publicación de un material, al que aún hoy considero el más alejado del adoctrinamiento ideológico a que se veían obligados por la realidad del país. Se llamaba, Comedias. Eran las comedias del brillante director del The Globe. Las alegres comadres de Windsor y La Tempestad se me quedaron para siempre como dos ejemplos de libros que nunca pierden su condición de modernos, con toda la complejidad que ello conlleva, con todo el despliegue de profesionalismo que ello requiere, y sin embargo tremendamente divertidos, con toda la necesaria liviandad que para ello se demanda. Shakespeare y sus libros, los cuales para mi eran un descubrimiento tremendamente revolucionario, ya que invita a pensar en las cosas que a nuestra especie le importan tanto como el kétchup y la mostaza al perrito caliente, en cualquier época; no existe algo más subversivo que plantarle cara a los artificios creados para dividir a los hombres, recordándoles la parte amable de su esencia, aquello que los une. Pero  Shakespeare podía parecer subversivo al lado Maxim Gorki, de Makarenko, de Julius Fucik.
Y el librito más personal era un pequeño libro hecho de páginas de papel de arroz, con una impecable impresión de las letras, los bordes de las hojas en color dorado, como un baño en oro, con un cordón marcapáginas que parecía el pendón de una cortina de Palacio real en miniatura. con la cubierta en piel tratada con tal refinamiento que parecía poliuretano de antes de que existiese el poliuretano. El ejemplar de mini bolsillo era de Erasmus de Rotterdam: "El elogio de la locura". La importancia de este objeto era enorme porque me lo habían regalado en una circunstancia límite en la cual sentí que Erasmus me cuidó de una forma muy tierna, como si hubiese esacrito para acompañarse a sí mismo a través de todas las almas afines. 
Los otros dos libros eran una autobiografía de Stefan Zweig, y una biografía de Marcel Proust. Ambos seres exquisitos, de una profundidad en sus respectivas bondades que me conmovían mucho más que sus habilidades artísticas, aunque reconozco que sin ellas jamás me habría enterado de como resolvieron esa contienda entre la luminosidad y el dolor de sus espíritus.
Todos los clásicos los leí de las bibliotecas de padres, primos, amigos, conocidos. Desde que compro libros he comprado cientos de libros de escritores fantásticos, pero siempre contemporáneos. Todos los clásicos los leí porque en cierta forma me cayeron de "arriba". Y recién hoy me di cuenta de ello. 
Y no es que lo hubiese recordado, fue como si en el momento de tomar la decisión de comprar el libro, alguien me hubiese tocado el hombro por detrás para advertirme, a modo de memorándum, que tenía licencia para dejar de dar rodeos a las cosas, que ya me era permitido ir directamente al grano sin ser confundido con un desvergonzado o un inaprensivo. Pero en lugar de hacerme notar esto advirtiéndome que me apresurase ante la escasez de tiempo con que empezaba a contar en mi vida, como siempre había pensado que ocurriría llegado el caso, fue como si me hubiese dicho:

_ El tiempo ahora es tuyo, tómatelo.

Entonces enfilando hacia la caja me di cuenta de que incontables veces había tomado un clásico de los estantes de las librerías, deseándolo, llenando mi percepción de sus encantos antes de saborearlo y que cuando tenía decidido llevarlo para hincarle el diente en casa, me detenía súbitamente y lo cambiaba por otro de un escritor de culto moderno o simplemente desaparecía con las manos vacías y una sensación extraña de aprisionamiento, pero también de libertad de elección, de angustia, de una angustia de la que soy más dueño que de cualquier otra cosa sobre la Tierra, pero también de una pizca íntima y singular de dignidad de alto voltaje.

Me gustaría decir que lo compré en la mejor edición que encontré,  pero lo cierto es que no, compré la edición bolsillo y no pude dejar de sumarle un ejemplar de literatura actual: "Némesis" de Philip Roth, libro digno, pero en ese acto representante de un estigma, que ya comienza a languidecer, a soltarse de la piel como un tatuaje descontextualizado del aspecto del portador, que ya no lo explica, que ya no lo representa, que ya nada tiene que ver con él presuntamente, pero que no obstante permanece pegado a la piel como el testigo del timbre más profundo y claro que esa voz tuvo alguna vez en la primera persona.

 

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Published by martinguevara - en Relax
29 marzo 2013 5 29 /03 /marzo /2013 22:28

 

 

 

Era ocho de octubre, justo cuando  comenzaba la jornada Camilo- Che, que llegaba hasta el veintiocho del mismo mes, día en que en el año 1959, desapareció en circunstancias más que misteriosas , Camilo Cienfuegos, el héroe de Yaguajay, la Voz del Pueblo, a quien el pueblo de Cuba  sentía más cercano de los Comandantes de las columnas invasoras. Desde el año siguiente a la muerte del Che en el año 1967, tenían lugar estas jornadas, que eran un período de reflexión revolucionario, a modo de cuaresma católica, en que se hacían innumerables homenajes, conciertos, actos públicos con declamaciones altisonantes, se saturaba la cotidianeidad de lemas y consignas, los periódicos dedicaban paginas en ensalzar, y resaltar las cualidades sobrehumanas de estos dos héroes de la Patria, las mañanas en los colegios resultaban interminables a causa de las obras que se representaban en honor de los ausentes, durante varias noches de aquellos veinte días, en los CDR se organizaban reuniones, a las que no era del todo aconsejable no asistir , para leer  diferentes trabajos acerca de  los dos comandantes, cualquier evento de estas características resultaba propicio, para que algún  vecino, que tuviese alguna pequeña manchita en su historial chismográfico se la aclarase un poco, exclamando en voz alta y firme sus convicciones u aspavientos.   La ciudad se llenaba de carteles, y llegado el último día, el día del aniversario de Camilo, por la mañana todos los niños de todas las escuelas eran llevados hasta el malecón, o hasta otra playa para hacer una ofrenda floral a Camilo en el mar, ya que según la historia oficial, su avión se estrelló en el agua, en un día sin tormentas, después de ir a ver al Comandante Huber Matos, para pedirle que se entregara tras garantizarle que iría preso veinte años, cosa a la que el valiente Camagüeyano accedería sin mayores pruritos. Por la tarde, el broche de oro, lo ponía Fidel, con uno de sus discursos, transmitidos por ambas cadenas de televisión, por casi todas las de radio, y retransmitidas al día siguiente, para quienes no hubiesen podido asistir a la Plaza a oír al líder, blandir unas banderitas  gritar algunas consignas, y pasar unas tres o cuatro horas de pie, bajo el ya atenuado aunque siempre picante sol de octubre. 

Jornadas Camilo- Che

Me senté en el bar de la Uneac, el hurón azul, enclavado en el patio lateral de la mansión, arbolado con las mesas y sillas de hierro fundido pintadas de blanco, bajo los framboyanes.

He tragado las grageas de sangre,

Y los brotes de hiel que hallé en la garganta del camino,

Te busqué en el semen de mi falo,

Te aguardé en cada esquina, puñal en mano,

Nunca pude esperar, ni sentí siquiera,

el carbón ardiendo,bajo la planta de los pies,

ni las gotas de lluvia,

Lejanas, inalcanzables desde la lengua,

Agrietada de sed

Fui al Hotel Nacional, me tomé unos rones en el  bar de la planta baja, donde había visto pocos días atrás una performance íntima y preciosa de Juana Bacallao con Fito Páez . Bebí tragos preparados. Pusieron música de piano ambiental y conseguí relajarme casi hasta dormirme.  Entró una mujer madura, morena,  con los senos generosos, aprisionados en un vestido al que los botones estaban a punto de abandonar.  Se sentó frente a una coqueta mesa ratonera, y cruzamos una mirada que duró más que lo que las buenas costumbres sugieren. Volví a prestar atención a mi vaso, y a los pensamientos, el bar tenía alfombra roja y todo en él, desde las paredes hasta el techo eran variaciones del color rojo, ya rojo vino,  fucsia o bordeaux, lo cual inquietaba a la testosterona hasta despertarla, y al pedir otro trago de Bellomonte, volví a mirar a la mujer escultural, a la que había evitado mirar pero no había dejado de pensar en ella.

La excepcional Juana Bacallao

Yo era absolutamente monógamo en un sentido, nunca tenía una relación paralela, pero fiel, lo que se dice un hombre de una mujer, no era. Solamente quería a Mariana y de un modo profundo, no había lugar en mis sentimientos para otra, pero eso solo ocurría con el corazón.

Una vez fuera del hotel y sintiéndome más liviano, pero un poco culpable  con Mariana, me dirigí a un pequeño bar muy coqueto, seguí “cargando”. Ron cinco años de añejo sin hielo, acodado a la barra. Cuando salí del barcito sentí que tambaleaba, y que el sol en la cara me daba la sensación de duplicar la narcotización que tenía. Pero en Cuba caminar por la calle tambaleándose no era algo raro de ver. Toda esquina que se preciase, debía presentar su borrachín de turno, asido a algún poste de luz. Llegué a 23 y L, y me dirigí al Hotel Habana Libre, para echar un trago más al gaznate. No podría beber mucho más porque todo me daba vueltas, pero quería tomarme el “del estribo” antes de ir a casa a dormir la cogorza en el regazo de la lejanía del acecho de los sueños. Las pesadillas como a cualquiera, me aterraban, pero los sueños me dejaban una brecha directa al abismo, me plantaban la promesa de la pérdida de la inocencia.

Entrada del Hotel Habana Libre

Al llegar a la puerta automática del Hotel que otrora había sido mi vivienda, la casa donde más años había vivido en mi vida hasta entonces, todo giró en mí alrededor y caí redondo al suelo.

Cuando volví en mi, estaba sentado en una ambulancia en las puertas del Hotel, y había conmigo un hombre delgado, de tamaño medio, y aspecto intelectual. Que me dijo:- Sé quién eres_  alguien que no había visto en mi vida, sabía”quién” era, algo tan difuso que ni yo mismo lo sabía. Aunque el buen samaritano se refería a algo mucho más mundano y superficial, a que era un Guevara, uno de la tribu de los Jefes Unga Dunga, de los de sangre azul, con tintes rojos fuego. Sabía que era sobrino del Che y se quedaba tan ancho al decirme:- tranquilo ya sé “quien” eres- mientras yo sentía, como cada vez que me comparaban con sus ideas prefabricadas de cómo debía ser el familiar del Mito, que también subrepticiamente me estaba diciendo: – Y también sé “lo que” eres.

Un día de Octubre, como cualquier otro, mi tío cayó redondo en el suelo no demasiado limpio de una escuelita rural en la quebrada del  Yuro, en Bolivia, con el torso cargado de plomo, con las costillas asomando a la piel, la sangre manchando su pecho disminuido por el hambre y el asma, pero temido. Cayó con los ojos abiertos, atentos al último suspiro de la vida, a las imágenes que salieron por última vez de la cabeza y quedaron suspendidas en el aire, por un rato, antes de iniciar el viaje hacia el  ámbito de las cosas y personas que le importaban, y de aquellas  que ya no estaban.

Su último día coincidió con los últimos días de su destacamento guerrillero, ya que estaba prácticamente sólo. En una soledad más brutal si cabe, que era  evidenciada por el contraste con el objetivo inicial que era crear varios focos de insurrección en toda Latinoamérica, y como mínimo una Revolución en Bolivia. Pero estaba sólo,  como tal vez habría buscado sentirse, el vacío llama al que padece vértigo. Había llegado lejos en su juego, ya que había podido comprobar  que su madre podía morir  lejos de él, y que él podía morir lejos de los suyos, desde hacía un tiempo ya, desde que sabía que esa aventura acabaría con sus huesos sobre el polvoriento suelo de una escuelita rural cualquiera.

Mural de René Portocarrero en el bar “Las cañitas” del Hotel Habana Libre

Y como yo no tenía la más minima probabilidad de ninguna de las grandezas que enunciaban las historias reales y aderezadas de su vida,pero menos aún las de su muerte, había comenzado a coquetear con vicios y  fracasos,  imaginando que esa soledad me confería cierta proximidad a la esencia de la poesía trágica, que era el único medio para dotarme de rasgos pintorescos y excéntricos, y por ende sería lo más cerca que podría estar del destino que yo pensaba que mi tío me había legado a través de mi padre.

Aunque cuando me quise despegar de ese juego  no pude, en una eternidad viajando hacia abajo comprobé que había ido demasiado lejos, aunque nunca tanto como los protagonistas de aquellas tan conmemoradas jornadas, que recordaban a dos ilustres traicionados.

 

 

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11 marzo 2013 1 11 /03 /marzo /2013 21:15

 

En Yoani se puede encontrar a una de esas personas grandes en serio, grandes de verdad, fuera de estereotipos, lugares comunes y dimes y diretes. De esa vieja tradición de mujeres aparentemente frágiles pero increíblemente invencibles. Y esa es sólo la punta del iceberg, porque en aquello que percibí a la persona fuera de lo común es precisamente en su cotidianidad, en lo inconfundible de su paso por cada asunto sin la pretensión de separarse de la normalidad, del terreno circundante, lleva los pies lo más pegado posible al suelo dado lo alto que porta su cabeza. 
Me subyuga la claridad de las ideas, no en el modo del necio que aparenta no tener dudas, sino más bien al contrario, manifestando un modo de ser propenso y sujeto a modificaciones permanentes, pero sin abdicar de lo fundamental de su timbre de voz, de su razón de ser. Esa capacidad para que aún mostrándose flexible, tolerante, conciliadora, sean los "otros" los que terminen sumándose a sus palabras, a sus propuestas, a sus irrebatibles razones de un modo natural, sin esfuerzo, sin resignar las ideas propias, su propuesta no está emparentada con el sometimiento, alineamiento, sino con la reflexión, el reparo justo ahí en la duda, en ese recodo del camino en que se abren encrucijadas y se nos plantea la necesidad de elegir, ahí es donde la percibo más tranquila, más segura, más conductora, a sabiendas de que el éxito de la elección del camino no responde a la finalidad de este, sino a como sea transitado, a como sea vivido.

Es más compañera que pedagoga, más el "sherpa" que un líder impostado, pero en el fondo, como con el "sherpa", uno termina siguiendo sus pasos. 
Hay algo muy íntimo en ella alejado de preconceptos, de prejuicios, cargado de aire muy fresco mezclado con los mismos viejos cantos humanos de libertad.
Trae en su estilo que no en su propuesta, una invitación al cambio de estructuras, pero también de modificación del firme, y no parece asustarle toda la inmensa tarea que ello puede llegar a insumirle si realmente empieza a concretarse, a la vez que da la sensación de que no defraudará en lo inmediato a quienes decidan subirse, con recaudo y vigilantes, a su barco sin un final definido en la partida, pero con rumbo inmediato a cada puerto del bien, de la suma, lo que yo denomino el amor. Lo único que me atrevería a sugerirle es que no abandone del todo esa magnífica pluma, su senda literaria, ya que es en lo descriptivo un prodigio del sello de la tradición cubana, desde Villaverde hasta Carpentier y Cabrera Infante. 
Definitivamente me gusta esta chica y no tengo ni idea de sus proyectos en el corto plazo, pero me parece de la gente que ayuda a cambiar todo a mejor, me gustan las personas convencidas de la necesidad de hacer Paz, la Paz no está nunca lo suficientemente esculpida ni completamente conquistada, me gusta la gente que no quiere problemas, pero que no les teme si se cruzan en su camino, que procuran el entendimiento, los puentes, pero que no se agachan ante las dificultades.

Presenta un seria dificultad añadida frente a ciertos auditorios internacionales de afectados por las violaciones de los derechos humanos, a la hora de explicar la opresión, la represión, lo asfixiante de una sociedad de las mal llamadas socialistas, que precisaente hacen un uso pernicioso de la terminología asociada a la víctima, secuestrando el sentimiento de solidaridad con los más necesitados, con los desposeídos mediante la apropiación de un lenguaje mesiánico, pero completamente ajeno a la verdad.
Tuve la oportunidad de comentarle que yo había sido precisamente uno de esos extranjeros privilegiados a los que ella a menudo se refiere, con toda razón, que pueden hacer en su país lo que les está prohibido a los ciudadanos del mismo, y le dije que ni aún así yo habría tenido el valor y los pantalones tan bien puestos como para seguir adelante con mis convicciones de la manera que ella lo ha hecho. Me dio un afectuoso abrazo y me dijo:
- No muchacho, no digas eso, tú no sabes como me tiemblan las piernas cada día- y entonces el abrazo se lo dí yo con un profundo respeto.
De una manera que no suelo hacer, excepto con mi abuela Elena a la que llevo en la proa de mi nave, a la tía Celia y a la Reina Juana la Loca, a quien hice una promesa de lealtad a sus pies en Tordesillas, donde fue condenada y traicionada por su familia y de quien estoy encantado de sentirme aunque sea un poco, como su leal escudero.

 


 

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10 marzo 2013 7 10 /03 /marzo /2013 06:30

 

Un reciente artículo aparecido en el periódico El Mundo me recordó una vieja reflexión. 

El ser humano es "singador" "cogedor" "follador", ni homo, ni bi, ni hetero, es simplemente sexual.
Si alguien está durmiendo plácidamente y le lamen el glande o el clítoris según sea, se calienta con cualquiera sea el propietario de aquella lengua juguetona, tanto si es una oveja, un chimpancé, una vieja o un viejo de 94 años, una mujer u hombre joven. Sin embargo, si el mismo ser durmiente despierta súbitamente dado el gozoso trance, una vez que abre los ojos y toma conocimiento de quien le está haciendo la fellatio o el cunilingus, sólo continúa disfrutando si coincide éste con el estereotipo aceptado, pero si ve algo muy diferente se le apaga el mechón, le entra remordimiento, asco , pena y una incómoda perturbación por haberla pasado tan bien hasta ese instante. 
Los animales son sexuales, de otro modo no existiría la tan socorrida y sempiterna masturbación, lo cual nos somete a una pregunta: ¿ un apasionado affaire con la mano es en realidad menos perverso que una refriega gozosa con otros cuerpos? 
En la célebre escuela al campo en Cuba, donde los alumnos de la secundaria pasaban cuarenta y cinco días ligados a las actividades productivas agrícolas, se aprendían pocas cosas con respecto del trabajo, pero de vivezas criollas y perversiones diversas se adquiría el más nutrido catálogo. Los que trabajamos alguna vez en el surco de plátano, entramos en conocimiento de un extraño y particular tipo de satisfacción sexual, nada más ni nada menos que con los troncos de las plantas de plátanos. El tallo del platanal está compuesto de capas de hojas encimadas, su interior resulta baboso y cálido, húmedo y mullido, muchos guajiros adolescentes y otros no tan adolescentes ni tan guajiros, les hacen una escisión con un palo o un cuchillo, miran a los costados con sigilo, y cuando se sienten con la intimidad necesaria, ¡les dan al arbolito para que tenga! 

El arbol de plátano da un fruto de forma alargada conocido por su socorrida asistencia en las fantasías frente a la apetencia del retozo y la escasez de falos, sin embargo se le suele desconocer al travieso tallo su concreto y real auxilio como reemplazante de vulvas y culetes. 

 De ahí que al pasar por un campo de plátanos en la noche de regreso a la casa, al pueblo o al albergue, la gente cree percibir a personas escondidas entre las matas reflejados por rayos de Luna, algunos creen que son ahorcados, lo cierto es que no son visiones, son unos seres híbridos nacidos de las fugaces relaciones amorosas en los platanales, conocidos comunmente con el nombre de: " hombres-banana", o dicho en un lenguaje más chic: los Banana Man.

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10 marzo 2013 7 10 /03 /marzo /2013 04:21

 

Una de las particularidades en el habla en que están bien diferenciadas las procedencias de los cubanos es en la manera de llamarle a Fidel Castro Ruz.

Hay unos que le llaman Fidel y están quienes se refieren a él como Castro. Con Raúl pasa algo similar pero mucho más atenuado, desde que es Presidente se dice en los medios del exterior los “Castro”, pero también está permitida la acepción Raúl, por dos razones, la primera es para diferenciarlo del hermano mayor y la segunda es porque con él no existió ni existe el mismo encono histórico que con Fidel.

Quienes le llaman Castro son los que se fueron a primera hora. Incluso dentro de ellos hay muchos que le llamaron Fidel durante un tiempo, ya que formaron parte de la lucha contra Batista o simplemente simpatizaban con su campaña inicial, pero una vez arribado al poder el célebre hijo del hacendado de Birán y cambiado todo el sentido de  sus planes declarados, acabaron girándose en contra y llamándolo por su apellido estableciendo así una distancia, en la familiaridad, en la simpatía y por ende en la ideología,  similar a la de los primeros enemigos de "Castro".

Quienes le llamaban Fidel, fueron tanto de dentro del proyecto revolucionario como de fuera de éste que sentían algún grado de simpatía por el mismo o por el pintoresco personaje.

Con el paso del tiempo se fue afianzando la denominación de Fidel como el primer sello irrenunciable de alineación en sus políticas y de simpatía por sus ideas, así como de pretendido amor de masas.

Concurría la contradicción de que en cualquier acto público, en cualquier discurso, para nombrar a Fidel había primeramente que hacer un recorrido verbal de amplio espectro, había que decir algo así como el nombre barroco completo de un Rey en la época del Renacimiento: Primer ministro y Presidente del Consejo de Estado y de ministros, del Buró Político y del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

Pero coloquialmente se lo llamaba Fidel.

Como dijo Fidel.

Lo que Fidel quiera.

Lo hacemos por Fidel.

¡Fidel, seguro, a los yanquis dales duro! 

Los deportistas lo primero que debían hacer al llegar al aeropuerto José Martí con una medalla en el cuello, antes que saludar a nadie, ni a su querida madre convalesciente,  era decir: Le dedico este logro al Comandante en Jefe.

Mientras más se acercaba la posibilidad de tener un contacto con él,  más había que ir adornando aquel “Fidel” pelado, escueto, que presentaba el amor popular refiriéndose a él como a un padre, en la medida que se acercaba físicamente, como un deportista con medalla quien bordeaba la posibilidad de un encuentro fortuito con la deidad, debía revestir ese solitario nombre de pila. “Se la dedico al Comandante en Jefe”.  Y evitar el Fidel y desde luego el Castro.

Para los artistas muy afines era definitivamente Fidel. Cuando se referían a él en tercera persona, incluso en las canciones se le podía tutear. ¡ Se le debía tutear! Pero en un encuentro de primer tipo, hablando en segunda persona había que usar el Comandante y por supuesto precedido del usted.

Así como la Iglesia evita la blasfemia, pero prefiere que alguien se maldiga en nombre del Padre y en el de todos los Santos antes de que los olvide, la inteligencia del Estado igual, si alguien manifiesta defecarse en todos los antepasados de Fidel, toma represalias, pero prefiere con creces ese impío improperio que la indiferencia.

¡ Abajo Fidel! 

Los que le tomamos animadversión por diferentes razones viviendo en Cuba, luego de haberlo respetado como presidente o de haberle temido como comandante del bien y del mal, lo hicimos pensando y hablando de Fidel. Tanto en los chistes como en las críticas era y es Fidel, o en su defecto, algunos de sus innumerables apodos, que también los había para los obsecuentes y otros para quienes sentían rechazo. Para los apestados era Guarapo o Esteban (por: Este-bandido) . Para los delatores era "El caballo" o "Fifo".

Sin embargo aquellos de la generación “Fidel” que emigraron a Miami, de repente se vieron compelidos a llamarle por su primer apellido, ya que llamarlo por su nombre de pila era una muestra de sospechosa cercanía. Y pasaron a hacerlo subordinándose de un modo poco meditado, a las razones de los primeros inmigrantes exiliados, siendo que existía y existe un abanico amplio de razones  para la disidencia , muchas de ellas de índole sensiblemente diferente.

Dicha impostura, los dejó huérfanos de sus razones y de sus conquistas personales en el terreno de la insumisión, de la rebeldía, ya que la bronca genuina se la profesaban a “Fidel” por sus traiciones, excesos y represiones y no al primerísimo “Castro”.

 

Una crítica hecha desde el peso semántico y simbólico del nombre "Fidel", en apariencia no difiere de si está construída en torno a su apellido: Castro. Pero la diferencia existe, y abarca la finalidad y a génesis misma de dicha crítica.

 

Guarapo

Guarapo

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10 marzo 2013 7 10 /03 /marzo /2013 01:39

 

Ayer me ocurrió algo curioso que sin pretenderlo, encierra el meollo de uno de los asuntos en los que más me interesa incidir, de los que más me placen reflexionar e invitar a hacerlo. 
Asistí al final del III Congreso de i Redes en la ciudad de Burgos para escuchar a Yoani Sánchez y de paso saludarla. Ambos objetivos quedaron más que satisfechos, incluso pude invitar a Yoani a leer el homenaje que había escrito unos pocos días antes a ella y a su esposo. Pero vamos a lo que me ocupa.

 Una vez que terminó el acto me apresuré a salir para evitar la muchedumbre en la entrada del edificio del Fórum y en su lugar encontré apostados bajo el día fresco y las gotas de llovizna, a un grupo de unos catorce o quince manifestantes contra la filóloga, bloguera y periodista cubana. Los con toda probabilidad poco espontáneos voceros portaban banderas de Cuba y del Partido Comunista español. Había el triple de policías antidisturbios que manifestantes esperando que saliese Yoani del edificio. Me quedé de pie a un costado dispuesto a asistir a un espectáculo más de repudio, sin embargo con estos actores en escena, sentía por dentro la fricción de la contradicción.

comisión de repudio Yoani

Los jóvenes que la esperaban para gritarle tenían la misma pinta que ella y que los jóvenes contestatarios y antisistema habaneros que asisten a sus cursos de blogueros, a sus reuniones de arte contracultural. Incluso puedo aventurar que mi simpatía habría estado al cien por ciento del lado de esos escasos jóvenes que desafiaban el mal tiempo, si en lugar de ir a gritar improperios a una chica de su misma especie irreverente, hubiesen estado allí para interpelar a las autoridades del Ayuntamiento, la Diputación y la Junta de Castilla y León que también estaban adentro para la entrega de premios, mezclados con medios y periodistas de izquierdas y de derechas.
A los cinco minutos de estar de pie esperando un desenlace cuando la multitud de pesados y reporteros de adentro le permitiesen a Yoani salir, pasaron del otro lado de la avenida, en el paseo del río, dos jóvenes con cinco perros de raza de pelea, que comenzaron a insultar de un modo extremadamente violento a los militantes de izquierdas, gritaban consignas nazis y levantaban el brazo en señal de saludo hitleriano, el incidente duró un tiempo corto pero tenso, en el que la policía no hizo nada por impedirlo, entonces yo me acerqué a un policía de los que en los últimos tiempos tienen como trabajo romper cabezas de desahuciados y de inconformes con el gobierno, y le comuniqué que las manifestaciones de esos individuos, aparte de ser agresivas eran anti constitucionales, ilegales, y conformaban una apología al terrorismo, me miró de arriba a abajo, y se movió un poco desconcertado al ver que yo era un asistente al congreso e intercedía en favor de los contrarios al mismo, lo que no sabía el policía es que además estaba allí por mi admiración a Yoani, pero también a esos jóvenes cuando salen a defender los pocos derechos vírgenes que aún nos asisten.antidisturbios-i-Redes.jpg

La tensión se disipó cuando los dos pichones de criminales siguieron su camino con sus perros de presa. Entonces me giré y vi dentro del recinto ferial, como el periodista Ander Izagirre quien también había sido premiado en aquel acto, bajaba con su comitiva de amigos por un ascensor y sonreí recordando que unas horas antes al llegar al lugar mojado por la llovizna, me había reprochado el haber dejado el coche a tres manzanas, al constatar que había un parking público subterráneo en el mismo edificio. 
Me alegré por el mitin que se ahorraría la valerosa bloguera, pero no puede dejar de sentir una brizna de pena por la esterilidad de la reunión de aquel pequeño grupo. Instantáneamente recordé el estilo de los jóvenes rebeldes cubanos contra la intolerancia, contra la sinrazón y la represión, y pensé que el único sitio de la ciudad donde se los podría ubicar en ese instante si se los trasladase por abducción en tiempo y espacio a la fría Burgos, sería dentro del reducido grupo de aquellos enrojecidos indignados.

También pensé que una vez culminadas las entrevistas, a Yoani la invitarían a comer los representantes del gobierno de Burgos, que eran lo más parecido estéticamente, a aquellos gordos sebosos con guayabera ostentadores de cargos político en Cuba, que tanto la odian y persiguen por su arrojo y claridad en su posicionamiento. Y por último no pude dejar de pensar que aquellos policías que estaban para protegerla, eran lo más parecido a los valientes efectivos de la Seguridad del Estado que en La Habana se esmeran en hallar maneras de no dejarla en paz.
Aquel escueto hato de militantes comunistas me recordaron al personaje Ira Ringold, de la novela “Me casé con un comunista”  de Philip Roth , quien decía de su criatura de la ficción, que era asombroso ver como un hombre que no había temido en absoluto, a toda la policía junta y la sociedad entera en su contra, sin embargo era incapaz de discutir la más mínima ordenanza del Partido.

En una de las más brillantes observaciones que he leído en mi vida, ya que en efecto llama la atención como todo el enorme caudal de valor necesario para ser comunista en una sociedad de mercado, se convierte en humo, se evapora frente a las controvertidas, caprichosas, increíbles y a menudo vergonzosas órdenes que se imparten en el seno del Partido y que deben ser cumplidas a rajatabla.

Yoani y yo

Por supuesto no sé que le habría parecido mi observación a Yoani, pero al conocer su prosa, sus deseos de concordia, de suma más que de resta, de respeto por la libertad de los individuos y sus ideas, me place pensar que habría convergido en algún punto con esas sensaciones de apariencia contradictoria y paradójica, pero de una coherencia tan fiel en el relato, como compleja de interpretar.

Me fui de allí antes que los militantes, antes que los políticos, antes que los premiados, quería evitar el riesgo de llegar al bar de los mejores pinchos de morcilla de Burgos con cebolla caramelizada cuando ya estuviese abarrotado de unos o de otros, se trata de una delicatesen que prefiero saborear acodado a la barra, en silencio y en solitario.

 

 

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