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22 enero 2012 7 22 /01 /enero /2012 02:03

 

 

 

 

Una vez de las que andaba sin rumbo fijo y sin embargo tremendamente orientado sin saberlo, llegué a Cayena, Guyana francesa , atravesando el río que separaba Brasil de Guyana en un bote , habiendo pagado 20 dólares en moneda cruzados novos. Yo tenía el pelo largo sobre los hombros, pantalones rojos a cuadros y una camiseta roja, que tenía un logo en letras amarillas que decían Love, en cursivas, mi amigo y compañero d e viaje Joao, me decía que después de cinco meses de llamar la atención por todo Brasil, no era el momento de cortarse con los pajueranos de Cayena, ya que lo más probable era que la policía no me parara, al verme con esa pinta. Yo le decía  Joao, te crees que son tontos? yo llevo ya inscrita ya marca del camino, el sol de Brasil y el color de ojos que da comer feijoada todos los santos días, con pupilas de arroz.

Nos bajamos de aquella chalupa , le di a duras penas el billete al flaco del machete y el revolver, y me bajé mojando las zapatillas le coq sportif, que ya estaban sino gastadas al menos rayadas, perdiendo la razón de tanto friccionarlas contra el suelo y los elementos. Dormimos en la casa que habíamos acordado, y al otro día el francés me dijo que no había problemas, que podíamos esperar dos días más en esa casa, con todos los gastos pagos, cervezas, música, carne de cerdo, pollo, verduras, y sorprendentemente, muchos libros. Joao leía en francés, yo no. pero hacía un esfuerzo con los libros de poesía de Guillaume apollinaire,

Ton frère

Allons vite nom de Dieu

Allons oplus vite.

   algo así recuerdo. cachaça , limón, camarones, patitas de chancho, música rock brasilera, a Legiao Urbana, no aguantaba ni a Sepultura con su heavy  metal pueblerino, ni a Os paralamas do sucesso, con su pop pretensioso.  También aprendía el pagode.

Pero con el mar de frente todo parecía bien.

Salimos a dar un paseo en un jeep hasta la ciudad, que era mucho más limpia y menos desagradable que lo que me habían jurado. Sería porque casi todos los lugares me gustan, o que habíamos ido muy bebidos y fumados. El hecho fue que en un bar descansamos cuando llevábamos unas cuadras caminadas, el calor y las gotas de sudor resbalando por el hombro de las botellas frías de cervezas, que se veían en las mesas de los comensales en la vereda, no dejaban opción. El francés pidió tres cervezas, y llegó un amigo suyo, al parecer nativo, se sentó en la silla vacía, y se pidió otra cerveza más.

_ Este país es una merde! me decía mezclando los idiomas, luego de haber terminado de charlar sus asuntos con el francés. Y me dijo que aún así era  la mejor de  las tres Guayanas.

_ Aquí llegan vietnamitas e indonesios, para sembrar la lechuga y el arroz, son maestros en ello, y los negros de Surinam y Georgetown.

Ya sabía que las otra Guayanas eran independientes y que toda la vida pasaron lamentando semejante osadía, ya que desde el día que se segregaron , solo les quedó un par de horas de dignidad. Al poco rato debieron bajarse todo tipo de amarraderas para conseguir lo que habían perdido siendo satélite de la Metrópoli. Mientras los independentistas de Cayena, estaban cerca del poder, los otros llegaron con sus expresiones cariacontecidas, para rogarles que no hiciesen los mismo, que luego deberían ir a vender la lechuga a lo que la lechuga vale en el mercado, en lugar de estar subvencionada por Francia. Y que se acabaría el franco francés, la telefónica de france, el hospital gratis, y si se terciara operación, un viaje a Martinique gratis, y si precisase de mayor alegría en el gasto, a París en un vuelo ambulancia a operarse con los mejores médicos. Los ex holandeses y ex ingleses les rogaban no lo hiciesen, ya que de ese modo ellos al menos tendrían un lugar cercano para ir a trabajar de vez en cuando, aunque solo fuese como trabajador golondrina.

_ Esto es una merde!- repetía el amigo del francés- Pero tenía pinta de  no irle demasiado mal las cosas-

Estábamos allí para seguir camino en un barco de buena pinta, dos motores, velas en tres palos, de varios pies de eslora y manga, con camarotes con aire acondicionado para los tres, y con varios equipos modernos de buceo. El trabajo no era sobre lo que más convenía preguntar si se quería hacer. Nadie tenía interés por saber que podían contener esas pacas, ni tampoco se iría a preguntar, era una especie de ley no escrita. Hay mucho dinero y diversión, tómalo o déjalo. Había conocido al francés en Macapá, y me había dado buena espina, pero ya esa espina se había esfumado. De todos modos por aquella época yo no estaba emparentado con el tipo de miedo que después conocí. O sea que simplemente desconfiaba de su lealtad al final del trabajo. Íbamos a ser marineros y buzos por un par de meses, y cobraríamos en Belice, desde donde nos podríamos largar por aire, barco o tierra a donde quisiésemos.  Yo pensaba ir a Dinamarca o a Canadá. Quería fumar tranquilo y lidiar con chicas fáciles.

Pero algo me olía mal, y no eran las cabezas de pescado que en Cayena tiran en unos latones , al lado de los bares y restaurantes populares.

_ ¿Sabe una cosa? , me dijo el amigo del francés. Usted ganaría mucho más si se queda entre nosotros trabajando, dese cuenta que aquí se gana en francos, y usted con su pinta conseguiría triunfar. Di un respingo , al viejo modo guevariano, esas proposiciones no se hacían por mi barrio de hombre a hombre. O sí. Y entonces me dijo:

_ Amigo, en los dos países de al lado , la gente después de la independencia se empezó a matar por nada, a robar , a crear cizaña entre la familia. No hay descanso para el mal en la libertad de nuestros vecinos. En cambio amigo nosotros seguimos con bandera francesa, con moneda francesa, y cantamos la Marsellesa, que además es un himno agradable, y  nuestros hijos se van a estudiar a la Sorbona, o se prueban en el Paris Saint Gemain. No amigo, me da igual lo que diga un papel que soy, ya que ningún papel dirá nunca lo que  yo soy, ni a nadie más que a mi , le importará donde va a parar este negro culo.

Chocamos las cervezas , habremos bebido unas cinco o seis más cada uno,  y nos fuimos de aquel lugar antes de que el moreno que acompañaba a una de las muchachas que flirteaban con la mirada a nuestra mesa, decidiese que debía abordarnos.

Una vez en la casa, le dije a Joao, mi amigo de Curitiba, que yo no iba a Belice, que me olía raro aquel trabajo de buzo tan bien pagado. Porque aunque se pagaban bien los trabajo puntuales de buzo, para sacar coral negro, para hundir un barco y hacer pecios, para limpiar un casco de barco o rescatar un cuerpo ahogado, inflado, apestoso incluso a cuarenta metros bajo el agua. Para sacar piezas antiguas de galeones españoles. Todo eso era pagado un poco mejor que cualquier profesión, incluso bastante mejor en algunos casos. Pero no con aquella diferencia.

Por la noche Joao y yo  salimos en silencio de la casa, con las mochilas y un pedazo de jamón en cada una, cigarrillos y cachaça. Atravesamos nuevamente el río , por veinte dólares. Y volvimos a Belén de Pará.

En un albergue que nos quedamos a dormir, yo recordaba al viejo Angelo, que nos decía en su hotel restaurante de Paratí,  en el estado de Río: _ No confíen en nadie que no les proponga trabajar fuerte.

El amigo del francés casi me convence. Ya que su trabajo no parecía ser  especialmente duro, aunque tampoco un chanchullo  tan evidente como el del francés.

Quizás debimos habernos quedado unos meses en Cayena probando suerte. Pero el francés, en su habitación tenía revólveres  y más balas que  sábanas.  En sus ojos había aún una brizna de bondad. Pero no podíamos apostar a ella, era muy poca.

Y para el sincero trabajo que nos ofrecía su amigo, no estaba hecha mi consistencia, mi persistencia, yo tenía sed de aventura, pero no de trabajo, yo no venía huyendo de la libertad hacia  la colonia.

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Published by martinguevara - en Relax
18 enero 2012 3 18 /01 /enero /2012 01:05

 

 

 

Pocos días atrás leí, confieso que aún con asombro, la noticia de que Mercedes Benz había utilizado, con fines publicitarios y de marketing,  la foto más famosa de el Che Guevara, la que le diera la vuelta al mundo, convertida en la imagen más reproducida en la era moderna.

Yo crecí cerca de esa foto tomada por Alberto Korda, fotógrafo cubano de revistas de moda, antes del arribo de la revolución, y reconvertido en fotorreportero más o menos oficial luego, foto tomada el día del duelo por los muertos a raíz del atentado al barco La Coubre. Aprendí a jurar en la formación matutina de la escuela, a las ocho y veinte de la mañana, junto a todos los estudiantes de primaria en Cuba, que sería como él,  aprendimos a mentir a la fuerza, con ese lema como estandarte.

Me acostumbré a ver gente querida partir en diferentes direcciones, invocados por el espíritu que esa foto sugería, unos a morir en guerrillas pro guevaristas, y otros al exilio de por vida, por posiciones anti guevaristas.

           

            Me acostumbré a ver a comunistas, anarquistas, socialistas, activistas de izquierdas del mundo entero, enarbolar la bandera con su foto, o pasear carteles en la concentraciones en que efectuaban distintos tipos de reclamos. Su imagen en carteles junto a las de Marx, Lenin, Engels, Mao,  Sandino, o Malcom X, con la inscripción Venceremos.

            Me acostumbré más tarde, a ver a los jóvenes descontentos con la sociedad, inadaptados, contestatarios, lumpens, asociales, usar como ícono la imagen del Che, en telas o cartulinas . Con letreros debajo reivindicando cosas como marihuana libre, Rolls para todos, Quema a tu suegra ya, hagamos el amor no la guerra, o sexo drogas y rock’n’roll. En la zona de posters junto a los de Hendrix, Joplin, Marley o Morrison.

            Más tarde me acostumbré a verlo en elementos de consumo de la vida cotidiana, billetes de tres pesos cubanos, cajas de fósforos, vasos, tazas de té, billeteras, mecheros, pantalones, zapatos, calcomanías, camisetas de todos los tamaños y colores. En posesión de personas que perseguían lograr una actitud, una pose que bien habría podido ser cubierta con suficiencia, con la foto de James Dean, el logo de Liberen a la ballena Willy, o un portazo, el grito de un improperio a los padres al marchar y dos años de terapia de diván.

            En los últimos años he visto el uso y la implementación de la imagen de el Che Guevara como elemento de marketing directo en emprendimientos, en cursos de  identificación de aptitudes, como algo que representa y sintetiza cualidades tales como la rebeldía y también la disciplina, útiles en el nuevo concepto de empresa, así  como justificante de todo tipo de disparates, de los que habría estado, el ya anciano Ernesto,  enajenado del todo. Estamos viendo como comercializan con su imagen, desde quienes no hicieron demasiado esfuerzo en acompañarlo en sus objetivos, mientras aún respiraba, hasta incluso sus más cercanos, extrayendo una suerte de bula para obrar de indulgencia unos y jugosos beneficios económicos los otros.

            Pero recién cuando ví como el capitalismo es capaz de fagocitar este mito, que a tantos les costó una eternidad desenroscar del cuello y a otros reponerse de su influjo, me convencí de lo humano que puede llegar a ser este sistema, muchas veces tachado justamente de lo contrario, lo impregnado que está de lo más auténtico del hombre y sus inclinaciones. Lo identificado que está el capitalismo con la naturaleza humana, y lo bien que encajan.

              No puedo dejar de maravillarme, así como de estremecerme, pensando en que cada pensamiento, idea, sentimiento u obra, a los pocos años de ser concebida para desacralizar todo a su alrededor, de mejor o peor manera, puede terminar, y lo más seguro es que lo haga, en la presentación de un artículo mimado por el mercado, deseado por la mayoría.

             Lo contradictorio es que quienes alzaron su voz contra la elitista marca alemana, aquellas personas que fueron directamente damnificadas por su política en la Cuba involucionaria, son los que más beneficios podrían haber obtenido de progresar la imagen  del icono de la lucha contra la diferencia de clases, al frente de la campaña de ventas de uno de los coches más caros, cómodos y seguros de manejar, paseando su imagen de eterno joven, a lomos de un Rocinante más confortable y menos romántico  que el de sus últimas horas en Bolivia.

  El Che del póster, cabalgando junto a Janis Joplin, más allá del alcance de la naturaleza inhumana de las ideologías y la terquedad de los sueños.

 

 

 

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Published by martinguevara - en Opinion crítica.
15 enero 2012 7 15 /01 /enero /2012 12:07

 

 

  Terciopelo Mojado. I.

La criba.


Más a menudo de lo que me gustaría admitir, algunas personas me interpelan, acerca de la razón por la cual me refiero en mis escritos,  reflexiones, conversaciones, pensamientos, charlas, disquisiciones, polémicas, debates o discusiones, a la situación socio política cubana.

Me preguntan si después de tanto tiempo fuera de la isla, aún conservo el interés intacto.

Y lo cierto, debería responder es que no, que el tiempo y la distancia me han permitido develar aspectos otrora difusos, y que el interés ha ido in crescendo una vez alejado de los focos de adoctrinamiento cotidiano; incluso con tiempo se acrecentó el enigma.

No hay demasiado que explicar, podría simplemente decir que me he convertido en una especie de cubanólogo comunistólogo del caribe. Pero si bien no me siento extraño con estas definiciones inciertas, la verdad es que llevo este tema grabado en la carne, porque es la realidad más compleja y nutrida de factores,  más controvertida y contradictoria conque haya tenido oportunidad de lidiar en toda mi vida.

Además concurre un detalle nada baladí que puede contribuir en la fijación. Pertenezco a ese conjunto de personas, que alguna vez fuimos puestos en tela de juicio, por seres que creyéndose en superioridad moral, repartían a su alrededor toda suerte de definiciones y epítetos despectivos, denigratorios, que de algún modo consiguieron estigmatizarnos, a unos más que a otros cabe destacar,  y que nos provocaron que con el paso del tiempo hayamos ido acumulando , un deseo permanente, de que enseñasen su verdadera calaña. Especímenes estos, que provenían de las filas de los convencidos y firmes comunistas, dentro de la sociedad de la dictadura del proletariado, pelotón formado en su mayoría, por un grueso de patanes simuladores en virtud de obtención de privilegios y prebendas, o a merced de la coacción de sus superiores. Y en aislados casos, honradas excepciones, gente bien intencionada, aunque orientada de manera inconveniente.  

Quizás también me interese más contar las batallitas, que alejadas de escenarios polvorientos y colmados de tiras de piel y huesos ensangrentados, casan mejor con mi naturaleza,  definitivamente más inclinada a lo frugal y hedonista que a la exhibición de la herida abierta en zanja. La monstruosidad del dolor.

Quiero aclarar que no soy valiente en absoluto. Cuando el sable en alto se aproxima al galope, se desmorona todo montaje previo, todo barniz, y emerge lo innato, ese tipo de valor temerario que no se adquiere mediante la educación ni la persuasión. A los de esa madera se los reconoce a la legua, no pretendo figurar en esa instantánea.

Pero trato de aproximarme al centro incandescente de mi purgatorio, para acallar el crepitar de las llamas o entornar las compuertas del horno. Y en ese viaje me ha podido caer un barniz contestario. Sin la posibilidad de obtener grandes beneficios, y por haber tomado riesgo impensables, perdí sin embargo, más de lo que jamás habría comprometido de buena gana. Nada que no se pueda solucionar con otra buena mano de barniz.

No obstante fui un testigo privilegiado, más por el tiempo y la circunstancia que me tocó vivir, que por la voluntad de serlo. Solo habiéndome criado y visto envuelto en las intrigas palaciegas del Vaticano, podría haber tenido una noción tan completa como la que tuve, de lo que es la doble moral, vivir en la simulación constante, en el doble discurso perenne, fraguado en los vértices salivados de las más viperinas lenguas.

 

TERCIOPELO MOJADO. II.

Futuro.


En estos días Eliecer Ávila, aquél famoso joven polemizador cubano sobre derechos fundamentales del pueblo, con el genuflexo ministro Ricardo Alarcón, convertido actualmente en un disidente activo, publicó un artículo en el cual advierte, sobre el peligro del más que posible uso de la fuerza por parte del gobierno, en caso de que existiesen manifestaciones contrarias al sistema. Sería conveniente no pasar esta advertencia por alto. Conato de aviso.

En pos de cualquiera que resulte ser el tipo de sociedad que se reclame y avecine, será conveniente contemplar que una considerable masa social no querrá abandonar su status actual, por más paupérrimo que este pudiese aparentar. Es probable que las personas involucradas en el actual sistema ofrezcan resistencia al cambio, ya por su nivel de participación, por la cantidad de tiempo en cargos de relativa importancia, o por haberse desempañado toda la vida en puestos poco útiles o sumamente burocráticos, caso en que están representados la mayoría de los trabajadores estatales cubanos.

Así como sucedió en los países del este de Europa, podría existir la amenaza de una importante cantidad de mano de obra desocupada, de la cual solo un bajo porcentaje, podría emplearse en tareas más o menos legales, por ejemplo los elementos bien formados de las fuerzas de seguridad y espionaje, que estarían con toda probabilidad, bien cotizados en agencias de inteligencia, o en el crimen organizado.

 Y en muy pocos terrenos más.

Por ello es importante, a quienes tengan la delicada tarea de plantear una alternativa a la desfachatez y el sinsentido que desgobierna hoy la isla de Cuba, que tengan en cuenta, la amenaza que puede representar el cambio no sólo para el aparato represivo que sería sustituído en un nuevo gobierno, sino para gran parte de la sociedad.  Es asumible que no estén en disposición de aprobar la opción del ostracismo y el desahucio. No sin chistar.

Y tanto por la conveniencia de evitar derramamientos de líquidos de cromatismo refulgente, siempre lamentables, como por ir directamente hacia la convergencia de todos los sectores posibles, convendrá prestar especial atención a este aspecto.

En la propia intención de evitar el espectáculo de la represión, que bien cabe esperar si son amenazadas sus cotidianeidades, se puede ensayar el esfuerzo por andar sendas, que sumen en la construcción de una nueva realidad plural, aglutinadora, donde cada cubano, que no hubiese tenido responsabilidad en actos de consecuencias irreversibles, y quisiese hacerlo, pudiese integrarse.

El nivel de comprensión, y de altruismo que, llegado el caso, será requerible para construir una sociedad en la que todos quepan, colocará alto el listón de la conducta, del autocontrol, pero también, será directamente proporcional a la satisfacción de formar parte de la construcción de un país sensiblemente mejor.

De los jinetes que suelten las riendas del deseo, en un territorio adusto, plagado de obstáculos en la brega del hombre, por su porción de libertad.

 

 

 

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Published by martinguevara - en Cuba flash.
13 enero 2012 5 13 /01 /enero /2012 00:31

 

 

Hoy sentí la plenitud en mi ser al pensar que se desarrollaba una revolución de buenos modales y cortesía en el mundo entero, a causa de un escándalo más que justificado.

Un grupo de militares norteamericanos, fueron tomados in fraganti en una foto mientras orinaban sobre los cuerpos de unas personas a las que habían abatido con anterioridad con grueso calibre, a juzgar por el aspecto de los empapados cadáveres.
Intercambiaron mensajes de indignación entre las cancillerías norteamericanas y afganas, entre los ejércitos de esos países, la OTAN, la ONU pidieron explicaciones, los organismos de derechos humanos se indignaron, la iglesia se manifestó, los locutores de los noticieros sonaban afligidos, en fin se congregó un despliegue de condolencias, de buenos modales, de condenas al tan execrable acto, que de repente me entró un volumen extra en el pecho,  un aire intangible que hinchó los pulmones y el alma de tal manera, que debí detener la marcha de mi automóvil, que en ese momento atravesaba una niebla de mil demonios con cinco grados bajo cero en algún punto de la provincia de Salamanca. Estaba teniendo lugar mi deseo social, mi anhelo compartido más intenso.
Me bajé y pensé que por fin el mundo comenzaba a entrar en razón, a dar los pasos de claridad mental y de audacia necesarias para poner fin a la sin razón de la violencia.
Respiré los diminutos trocitos de hielo, en que quedaba convertida la niebla a esa temperatura. _ Este momento es único, - me dije-Formaré parte de la generación del final y el principio!.

En ese instante recordé a todos los que han influído en mi deseo de un mundo que logre trencar el círculo vicioso de guerra y paz, de dolor y alivio, de amor odio. Filosofos, escritores, poetas, amigos que habían incidido de algún modo en mi formación pacifista, en ese momento estaban a mi lado, o dentro de mi bocanada de aire frío. Nada podía arrebatarme ya esa felicidad.
Entré nuevamente al automóvil y antes de pisar el acelerador escuché la noticia nuevamente.

Al principio no pude creer lo que estaba oyendo, pero a los pocos segundos , cuando recuperé la conciencia, debo admitir con sonrojo, que  si bien me embargó una profunda trsiteza, también  sentí un pequeño alivio de estar de regreso en la realidad que mejor controlo.
Nada había mejorado por aquí.
El mundo estaba escandalizado por tres cadaveres meados, no por tres personas muertas.
Todas esas disculpas y pésames no eran por el líquido rojo que les cubría el cuerpo , sino por el amarillo.

Entre la bala y el pis, elementos dispensados desde un cilindro alargado,  ruborizó más el que fue lanzado desde el más fálico de ambos, desde el propio falo. Sólo concibo mayor reprobación del mundo entero, una condena unánime de la tilinguería, no si los hubiesen rematado en el suelo, incluso  si los hubiesen quemado, apedreado, pisado con tanques y arrastrado, sino si procedente del mismo cilindro, hubiese sido otro  el fluído vertido, más denso, viscoso y blanquecino.
Por las barbas de Dios, Babalú, Tutatis,Thor, y Belcebú!,-me dije-Que me aspen si me importa más que tipo de animal o bicho, escupe, defeca, orina o come de mi cuerpo, una vez ascendida mi alma al cielo de la lujuria, a que me agujereen el torso como un colador, cosa que además  dejaría mi cuerpo embebido, en diferentes tipos de secreciones, sensiblemente menos higiénicas que el residuo renal.

Quise preguntarme a mi  mismo en ese instante, si no sería capaz de firmar que toda agresión y castigo humano se redujese a ser orinado, en lugar de ser ejecutado en alguna de las formas del amplio y generoso abanico humano, de posibilidades de apachurrar al prójimo.
Pero desistí de hacerlo, porque pensé:

_ Si me mean mis captores, ¿ querrá alguien amortajarme después?

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Published by martinguevara - en Opinion crítica.
8 enero 2012 7 08 /01 /enero /2012 17:11

 

 

 

Si  mi tío, el guerrillero heroico, se levantase de su tumba y me viese se volvería a meter en ella. Afirmaban algunos en  Cuba, durante la época en que viví allí.

Las maestras, los profesores, las directoras de institutos, la policía, los representantes del Partido, del Consejo de estado, los CDR, las milicias, y algún que otro pariente, parecían verse en el derecho de comunicármelo. Casi se tomaban este asunto como una tarea.

El motivo, era al parecer, que me percibían como un ser inadaptado a ese modelo de sociedad.

A la luz de hoy, esos recuerdos no me resultan especialmente gratos, pero admito que dentro de la molestia permanente en que me creía sumido, me causaba cierta satisfacción , una suerte de gozo solapado,  el  esfuerzo por incomodar.  La búsqueda de la más imbécil rebeldía juvenil me mantuvo al borde del idiota clínicamente diagnosticado, y terminó estirándose hasta más allá de lo recomendable.

 Estuve tanto tiempo enredado en mi propia riña con mis enemigos imaginarios,  que ni siquiera hoy, estoy seguro de haber  alcanzado la edad adulta. Me resulta extraño, cuando no tengo más remedio que entender que cuento con los años que tengo, y cuando estoy obligado a compararme  con mis contemporáneos. No puedo mirar de frente el hecho sin más, y como si se tratase de  la constatación de una terrible sospecha, siento como si descubriese repentinamente un execrable acto de que fui objeto en el pasado, como si me enterase de súbito que fui un niño abandonado y adoptado. Como si me dijesen que soy el hijo de la criada. Y que me dejaron de garantía por cinco gramos de cocaína, hasta que regresasen a pagarla y jamás se hubiesen dignado en retornar. Rebelión juvenil, caprichosa sí,  absurda quizás,  que no obstante me ayudó a correr una cortina para no divisar el final del camino, me ayudó a echar una alfombra sobre  la sangre húmeda, y cenizas con serrín, sobre los casquillos del campo de batalla.

Hubieron quienes gritaron tanto, que ensordecieron todo alrededor.

Mayte se ahorcó colgándose de un framboyán, algunos años después de dejar aquel puesto de dirigente de la Unión de Jóvenes Comunistas en la secundaria, en el cual desempeñaba a la manera de un Torquemada del estalinismo, señalando , delatando y destruyendo la vida de compañeros de aula, marcada por la urgencia del ascenso en aquel crimen generalizado, o bien por el miedo a ser tomada por alguien con desafección al sistema, o quizás solo tuviese pavor a que se hiciese público su latente lesbianismo.  Mayte sólo abandonó el cargo de delatora habitual cuando encarcelaron a Benjamín por la venta de unos pantalones vaqueros, de los que ella misma había comprado unos para regalarle a Amalia,  la niña de sus ojos inyectados en remolacha.  Sin embargo, cuando apuñalaron a Benja, Mayte quedó tocada y al poco se hundió, colocando un banquito al pie de la rama más fuerte del árbol floreado, para quedar suspendida eternamente, como en el vuelo de un cernícalo o de un colibrí, detenida en un único punto en el aire, por siempre.

Pedrín no paró de comprar periódicos para revenderlos al grito de Rebelde!, Rebelde!, unos años después de haber participado en varios pelotones de fusilamiento, cosa de la cual según me confesó entonces, no estaba del todo avergonzado, ya que ningún soldado sabía si llevaba la bala definitiva en su fusil.

Pedrín no se ahorcó, gracias a que no estaba seguro de si había liquidado a alguna de aquellas personas, pero también , a merced de la misma razón, se vio invitado a abandonar la cordura.

Nilda, el chivatón de cuarto , Cuca y su marido, tan perfectos y chismosos ellos, igualmente enloquecieron, o se dedicaron a recoger colillas de tabaco por el Vedado, o como Fefa la del núcleo del Partido, terminaron haciendo felaciones en los chupa chupa, de la rotonda de Alamar, casi sin dientes y con una halitosis que armonizaba con su labor. Los que se salvaron de terminar en el infierno terrenal dentro de la isla, compraron su salvación con el desgarro del destierro, y mantienen pulcra discreción, acerca de sus anteriores prácticas.

Pero los que ahora están empezando a salir de sus madrigueras. Los que hoy harían lo imposible por borrar todo vestigio de nexo con el poder absoluto, toda pista que los relacionase con medio siglo de obsecuencia incondicional, de prácticas vejatorias para con sus víctimas, estos no son venidos de las asustadas viviendas pobres, de las aulas de construcción Girón de las escuelas al campo, ni incluso de las aulas vocacionales de la  ciudad escuela Lenin.

Son los distribuidores del pan. Los que administraban el hierro, y el miedo. Los que estudiaron en escuelas militares para familiares de dirigentes, los que hicieron carrera en el MININT, los que dirigieron a Mayte, a Pedrín y a Nilda, como instrumentos del odio, entre todos los ciudadanos, que permanecerá por mucho más tiempo de sedimento, de consecuencias lapidarias, que el ya impresentable y  obsceno medio siglo, en que violentaron a diestra y siniestra, todo material sensible de ser humillado.

Estos dirigentes, generales, conductores del despropósito personalista en que se convirtió la revolución , muy al poco de haberse declarado, hoy se acomodan en sus puestos de poder de cara a un futuro muy alejado de las teorías de igualdad social.

Pero lo que más me habría costado suponer, y de hecho nunca imaginé, es que los mismos lideres del gran complot contra las libertades, los propios silenciadores de toda discrepancia, estarían hoy  renegando del enorme cúmulo de advenedizos engaños, de instrumentalización de las mentes, de métodos violentos, que no dudaron en utilizar, para llevar a cabo el objetivo de permanecer todo el tiempo que fuese posible asidos al bastón de mando. Ver a estos gerontes, manifestar abiertamente la fe en el Vaticano, en el libre mercado, en la diferencia de clases, aunque no debería resultarme incongruente, sí que me asombra, su ausencia total de vergüenza, de honor, e incluso admito cierta admiración, por la desfachatez con que se mueven. Rasultan muy modernos.

La URSS, Mongolia, China, o Viet Nam echaron por tierra todas sus promesas iniciales, como está haciendo Cuba, pero al menos los líderes reformistas no fueron Lenin, Ulan  Bator, Mao, o ( u) Ho Chi Min, cierto decoro o reparo en la desfachatez, los dejó al margen de liderar la transformación en capitalismo salvaje. En Cuba estamos viendo a los que decían capitanear la superioridad moral, capitulando de todos y cada uno de los postulados iniciales, que en su mayoría ni siquiera fueron ideas suyas.

Hoy miro a la cara de toda esa escoria y les digo, sin hacer uso de la voz, algo parecido a lo que me solían decir, pero con alguna diferencia en el contenido. 

Si aquél tío mío, se levantase de su tumba y viese lo que están haciendo y han hecho, más les valdría haber conservado algunas fuerzas para correr o pelear, porque él no regresaría jamás a su tumba, sin antes poner un poco de orden en ciertos asuntos de carácter doméstico.

 

 

 

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Published by martinguevara - en Cuba Opinión
6 enero 2012 5 06 /01 /enero /2012 22:04

Días atrás un amigo del barrio de mi hijo menor, le obsequió, procedente de un huerto barrial, una lechuga a medio crecer. Se la dio con las raíces al aire, fláccida, condenada a perder todo su verdor en unas pocas horas más.

Él llegó a casa la puso en una maceta, le colocó buena tierra, la regó, lo felicité diciéndole que al menos le estaba dando una muerte digna. Al día siguiente la lechuga continuaba verde y al parecer, viva. A los tres días, la propia planta se había encargado de descartar las hojas que no podría volver a levantar, y en su lugar empinaba otros jóvenes brotes hacia el sol, dándonos una lección acerca del poder de la clorofila y la fotosíntesis, o sobre la confianza y la convicción en el cariño y el cuidado, que los adultos hemos ido dejando en el mismo baúl de recuerdos olvidados, en cuyo fondo quizás encontremos al osito Cocó, o al diente de leche por el que ya recibimos la correspondiente indemnización.

La lechuga fue creciendo de tal manera, que en un momento y como visible causa de su agradecimiento por la actitud de mi hijo, comenzó a cantar canciones que contenían la palabra amigo. de este modo hizo un recorrido por un catálogo de temas populares famosos y otros quizás no tanto para seres del mundo animal. Entre las conocidas cantó, Quiero tener un millón de amigos, de Roberto Carlos, With a Little help from my friends, de los Beatles, cosa que entusiasmó mucho a mi hijo que es un fan declarado del cuarteto de Liverpool.

También cantó : ."..barquito de papel mi amigo fiel/ llévame a navegar por el ancho mar/ quiero conocer a niños de aquí y de allá...", melodía que yo no escuchaba desde que había vivido en Cuba, y me dejó impresionado con sus conocimientos y cultura general.

Mi hijo me dijo, _ Papá tengo que hacer algo más por esta lechuga. Si dice que quiere ir al mar la llevaré al mar. Es encantadora.

Y así fue que lo llevé junto a su amigo del barrio a que le diesen un paseo en el yate del príncipe Guillermo antes de que se casase, por el mar Mediterráneo. El mayordomo del príncipe, tan inglés, respondió a mi pedido con un afirmativo: -Of course. Y con su gesto adusto y el torso firme se llevó a los chicos y su querida hortaliza a un paseo que duraría medio día.

Cuando estaban en una zona profunda mi hijo sacó la lechuga por la borda para enseñarle la transparencia del agua, y un súbito golpe de timón a causa de una ola de babor, hizo que perdiese el equilibrio y la lechuga se cayera por la borda, lanzando primero gritos de auxilio, y luego improperios, acusando a mi hijo y a su amigo de traidores, de haberla alimentado para luego permitir que se ahogase en aquella inmensidad, en aquel desierto de verduras. A mi hijo y a su amigo se les aguaron los ojos, pero intuían que arrojarse al agua habría sido una temeridad.

Una vez que la lechuga llegó al fondo del mar, pensó que no estaba todo acabado al ver las algas, se hizo a la idea de vivir como una de ellas, y hasta le causó emoción el hecho de pensar que sería mecida por las olas y acariciada por los pececillos de colores. Le entristeció el hecho de no poder cantar a viva voz bajo el agua - Pero no se puede tener todo- se dijo a si misma y de alguna manera se sintió reconfortada en su propio consuelo.

Después de andar por varias profundidades encontró el Octopus’s Garden, del que hablaba Ringo Starr en sus canciones, y que la lechuga, de amplísimas nociones musicales, conocía tan bien. Le pidió permiso al pulpo para establecerse, y después de enternecerlo con su historia, no solo logró que el pulpo la aceptase sino que le concediese un privilegiado lugar, cerca de Bob esponja y compañía.

Mi hijo y su amigo decidieron lanzarse al agua tras evaluar los riesgos y los esfuerzos que habían realizado para ser tenidos en cuenta como niños adorables. Al príncipe Guillermo de Inglaterra le faltaban aún unos días para casarse, pero el mayordomo Perkins debía estar listo antes de tiempo, y fue tan tajante como delicado en sus expresiones, les dijo:

_ Chicos, puntualidad británica, por favor, si no están aquí mañana en la mañana me veré obligado a zarpar sin vuestra presencia. Y se lanzaron al agua con aqualungs para tres días.

No hizo falta agotar la paciencia del buen sirviente real, ya que a la caída del sol los dos niños encontraron el Octopus’s Garden, y como ya indiqué, mi hijo es un fan irredento de los Beatles, le agarró la botella de aire comprimido a su amigo y le hizo señas para detenerse allí unos instantes. Una vez que entraron y hablaron con el pez administrador, un pez con una nariz puntiaguda como el baterista de la banda, y una vez que se sacaron unas fotos, los dos niños vieron al mismo tiempo, detrás de Bob el esponja, a una lechuga idéntica a la que andaban buscando, pero pensaron que no sería aquella, ya que en el jardín del pulpo solo debía haber algas.

Pidieron permiso para restaurar fuerzas comiendo un poco de la lechuga, y cada uno se zampó una mitad.

Mientras tanto, la lechuga gritaba e imploraba por su vida, por su integridad, cantaba con cierto desespero las mismas canciones que había entonado en mi pequeño jardín trasero, pero sin demasiadas esperanzas de ser escuchada ni oída.

Una vez en casa, el pichón aún seguía sintiendo cierta tristeza. Pero había algo que estos chicos y yo aún desconocíamos.

A los dos días de ser engullida la lechuga regresó al agua, aunque esta vez por medio del WC., se vio repentinamente liberada de un ámbito cerrado y oscuro que le estaba produciendo considerable claustrofobia. Una vez en las cloacas, tuvo oportunidad de echar de menos las claras aguas del mediterráneo, incluso ese sobrecargado sabor a sal.

- Oh que espanto- se dijo- he perdido todo mi verdor-

La lechuga como los demás alimentos que vagaban por aquellas cañerías había mutado y su estado era compacto pero no rígido. Pensó que la única manera de recobrar algo de su identidad era encontrando a un semejante que procediese también de la huerta, para continuar viaje a lo desconocido de su mano. De modo que comenzó a preguntar a todo transeúnte en la cloaca:

-Perdón, me puedes decir que eras tú antes?-

-Yo era dos perritos calientes con mucho chucrut- le dijo el primero.

Y así se fue encontrando con boñigos, conformados unos de masa triturada de pescados, otros de carnes variadas con sus guarniciones, otros por huevos fritos, hasta se encontró una ensalada , pero su decepción fue grande cuando supo que en ella había también zanahoria, todos aquellos carotenos juntos era algo que no podía soportar, todo por obsecuencia a aquella Orden de Orange holandesa.

Hasta que, no sin aliento, pero con mucho menos fuelle, le preguntó a otro sorete por su procedencia y este le dijo que había sido una lechuga, y se alegraron mucho de haberse conocido y partieron juntos en ese frenético viaje hacia la desembocadura en algún vertedero.

Por la noche en un merecido descanso, le contó nuestra desmejorada verdura a su nuevo compañero, que otrora fuera una recuperada lechuga, que había sido arrojada al mar, por dos niños de los cuales uno había sido su amigo antes de traicionarla y zampársela luego de darle caza vestido de buzo en el fondo del océano, el otro boñigo no pudo creer lo que oía, y exclamó:

-Mi media naranja, yo soy la otra mitad, que quedé atrapada en el estómago del amigo de nuestro salvador asesino!

Entonces se dieron un abrazo tal que quedaron nuevamente fusionadas, lograron recuperar por una vez más la ilusión de la vida, y en esta ocasión se convirtieron en un temible cilindro de dimensiones que infundían respeto a su alrededor.

Al poco tiempo de andar con su nuevo aspecto, se dio cuenta que si bien frente a un espejo sus opciones de sentir orgullo sufrirían cierta merma, también era cierto que nadie desearía comerla, tocarla, ni molestarla en lo más mínimo.

Según Platón, todas las partes del universo se mantienen unidas por amor compasivo, se dijeron uno a otra y viceversa.

Pero una semilla de aquél enérgico vegetal volvió a echar raíces en la misma maceta en que mi hijo la colocó en un inicio; durante el invierno y a la intemperie crecieron nuevas hojas rozagantes.

No cesa en brindarnos sorpresas nuestra adorable lechuga Be Bop.

 

 

Octopus's Garden

Octopus's Garden

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Published by martinguevara - en Relax
6 enero 2012 5 06 /01 /enero /2012 21:33

 

 

 

Llamé por teléfono para solucionar un problema de  mi seguro.

La chica que me atendió consideró que esa debería ser su hora del té, del pan con mantequilla o de la siesta, lo cierto es que trató la llamada más como si fuese su inconveniente de la jornada, que el problema de un cliente a resolver.

Cambié el tono de voz y la frecuencia nerviosa, eso me permitió ajustarle un poco las tuercas. Puso resistencia y se mostró tan molesta conmigo como si hubiese sido yo el que estipuló su salario y sus condiciones laborales. No me quedó más remedio que subir la parada un poco, hasta el punto en que consideré que podría ablandar incluso al director de su departamento.

Pero aquello solo pareció entusiasmar el alma de guerrera Amazona, que toda funcionaria pública esconde en su aparente desidia y docilidad, y entonces la sentí casi saltar de su asiento, como un basilisco, justo como si yo fuese el dueño de esa banana fláccida que encuentra a su lado,  cada vez que pretende un rato de sano retozo en las noches y las mañanas de mal café. "_ Yo sólo me hago responsable de lo que ocurre en mi hogar!” pensé iracundo.

Entonces me vi obligado a subir el tono de voz hasta el punto que a mi mismo me causó impresión, una sensación grata, de control, incluso me sentí un tipo duro y un ganador total. _ Te lo mereces pequeña, dije para mis adentros- y antes de terminar de lijar con los nudillos la solapa, la telefonista, de manera súbita cortó la comunicación.

Me tomó un rato desenroscarme de las arterias de mi cogote, que a esa altura alcanzaban diámetros similares al del mismo cuello.

Por la tarde, antes del partido, anocheciendo ya, fui a tirar la basura a la esquina, y al regreso me quedé hablando con la vecina del 4. La esposa del tipo del cuatro y mamá de los niños del cuatro, encantadora ella, que con bastante menos, seguiría estando muy bien.

Me preguntó por mi hijo,  le devolví la pregunta por los suyos, pasamos a hablar de trabajo, hay unos temas que entre vecinos son obligados y otros que son  prohibidos.

Me dijo ,- Hoy me encontré con un gilipollas, pero un gilipollaaaasss, vamos, de campeonato-  Mientras me hablaba yo estaba pensando en que en cinco minutos comenzaría el partido y que me daba tiempo a preguntar- Ah sí? que te pasó?.

_Es que trabajo atendiendo gente por teléfono para diferentes campañas que contrata mi empresa  y ahora mismo estamos con cerrajerías y seguros. Te juro que les he cogido un amor a las llaves y cerraduras que nunca antes sospeché siquiera tenerles. -

Empezó a picarme la curiosidad. _ dale, sigue y que pasó con el imbécil?

Nada un argentino como tú, que la verdad es que sois majos cuando lo sois, pero cuando te toca el gilipollas...., es que sois campeones!. Bueno la verdad es que me cogió recién llegada del almuerzo, pero habló con un tonito  que me sublevó.

_ Le dije, para, para. Fue a las cuatro y cuarto, más o menos?

- Sí- me dijo y cambió el semblante, pasando de la inicial indignación, al asombro y luego a la risa- ¡¿no me jodas que eras tú?!.

Sí, así que soy menudo gilipollas- y me uní a mi vecina en las carcajadas- Suerte que empezaste tú a contar la movida, porque si empiezo yo a lo mejor no me hablas más!

Pasamos un rato hablando de los lances del trabajo, yo también le comenté sobre los personajes que debo tratar en el mío. de repente miré el reloj y el partido ya había comenzado. Incluso ya se había convertido un gol.

Mientras creímos ser unos desconocidos, estábamos indignados a causa de las impertinencias, el uno con el otro. Cuando enfrentamos nuestras ya probadas simpatías mutuas con aquellos procederes, los encontramos tan insignificantes que hasta nos dio un poco de vergüenza.

Quisiera tomarme las cosas de esta vida tan  fugaz, como el  espléndido gol que me perdí, por compartir unas risas en la vereda bajo los últimos rayos de sol, con mi vecina del cuatro, que había masticado durante toda la tarde su hiel, y el acento afectado de un vecino pedante. Casi un gilipollas.

 

 

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Published by martinguevara - en Relax
6 enero 2012 5 06 /01 /enero /2012 20:45

 

 

La caja registradora dio dos botes en el borde y cayó a lo que nos pareció el vacío,  justo antes de chocar contra el excremento y hundirse por completo, con lentitud.

Así con fuerza su mano, habíamos acudido allí para algo más que ver hundirse nuestros beneficios en la inmundicia. El borde de loza fría , me llamaba como la porosidad de las paredes a las uñas. Suspiré.

No podía mirar adelante, avanzar hubiese sido como negar todo por lo que había llegado hasta aquél punto, mi camisa desabotonada en la parte superior, el pelo despeinado, y los zapatos nuevos; volví a mirar a los ojos de mi mascota, tensé la correa de la horca, di media vuelta sobre mi eje y eché a correr sin reparar en que mi prisa estaba injustificada en parte.

Ciertamente debía abandonar aquel sitio a causa del riesgo que siempre entraña el vértigo,  pero también es verdad que no estaba siendo perseguido por la fantasmagórica figura, que solía tener encima, sobrevolando mis mejillas con su baba fría y riendo de las ángeles que huían en desbandada,  perseguidos por  dos  falos no demasiado tiesos, a través de territorios adustos.

Sed de hombre viejo.

Dos margarita y un cerdo.

Deja que corra la sangre en sus piernas!

No temas al aliciente, a la invitación,

 ni al dolor,

pero no dejes de pincharte los ojos,

ni dejes de creer por favor,

que pueden engañarte,

que te pueden amar.

 

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1 enero 2012 7 01 /01 /enero /2012 12:25

 

 

Imaginé a Marc Bolan, probandose prendas de Mary Quant en unos atrevidos puff rojos, en lugar de hacerlo en los elegantes salones de vestir de las galerías Lafayette o de Harrod’s, de los tiempos previos a la democratización del lujo. Pero no lo ví, no hacía falta.

Así me fué.

Hoy deambulan penando, los fantasmas de Gades,  Saura y Balenciaga, a través de inmensas extensiones castellanas, vacías de almas fértiles, de espíritus en cuales reencarnarse.

Los persigue mi acento de ingravidez acentuada, , acaso procurando que desde de la profundidad de las raíces que algún día corté, hasta la superficie del hastío. emane algún día la savia que prometió habitarme y me encuentre antes que me ocupe el fantasma del descanso eterno.

Antes del reencuentro con la banda de aves que alteraron mi brújula, que me llevaron donde el extremo de mi raíz se embebía en el fuego, y donde nada tiene acceso, más que el dolor purificado, en el tamiz de la soledad.

¿ El amor y el dolor? . Sé de que habla aquel poeta, y sonrío en su presencia.

Pero mis versos son otros. En la permanencia que me persigue, solo cabe la gratitud, el reposo de una sonrisa amable, y acaso el recuerdo, de la incomodidad de los sentimientos.

 

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29 diciembre 2011 4 29 /12 /diciembre /2011 22:44
 
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  • : Mi Déjà vu. En este espacio comparto reflexiones, impresiones sobre la actualidad y el sedimento de la memoria, sobre Argentina, Cuba o España, países que en mi vida conforman un triángulo identitario, de experiencias diferentes y significantes correlativos.
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