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16 octubre 2011 7 16 /10 /octubre /2011 01:33

 

 

 

Conozco a la argentinidad, más por sus denodados esfuerzos en  existir, mantenerse y reinventarse fuera del país que desde adentro. 

He conocido a los argentinos como inmigrantes en dos lugares, diferenciados en dos grandes conjuntos, los exiliados por razones políticas y los emigrados por razones económicas. Y dentro de cada conjunto, una gran variedad de matices, de subgrupos.

Unos los conocí en La Habana,  fueron llegando desde los primeros años de la revolución, como refuerzo a causa de la importante merma de profesionales que el país había padecido tras la diáspora inicial de personas preparadas. Entre los primeros emigrantes argentinos hubo quienes fundaron  por ejemplo Prensa Latina, otros que sirvieron como médicos, arquitectos, ingenieros, profesores de nuevos talentos. 

El  número se fue incrementando, generalmente por militantes de izquierda. La cantidad  de este tipo de inmigrantes fue aumentando graduablemente hasta que de forma abrupta se detuvo cuando la Unión Soviética dio la orden a Cuba de mimar al gobierno de Argentina a causa de que este se había convertido en confiable proveedor de cereales.

En España, también tuve oportunidad de conocer un buen número de los inmigrantes por razones políticas, que llegaron mucho antes que yo, justamente entre los años 1976 y 1983. 

Pero la gran mayoría de los argentinos que tuve la oportunidad de conocer en Madrid, Barcelona y León, son familias o individuos que emigraron en busca de un futuro mejor, de un pasar más holgado. Y entre ellos hubo varias épocas de grandes flujos e interines de tiempo de arribos por goteo.

Dentistas y Psicólogos formaban un grueso profesional a tener en cuenta. El aporte fue tan marcado, que en España no había una facultad específica de Odontología, y fuera de ámbitos de exquisitez  intelectual, podía ser tomado por un insulto la recomendación de asistir al psicoanalista, cuando no una chanza. Al psicólogo iban los desequilibrados y al dentista los desafortunados para extraerse las piezas.

Luego comenzaron a arribar una variopinta troupe de diferentes profesiones,oficios y niveles academicos, una fauna diversa, proporcional a cada período de crisis argentina, como cambios de moneda,  mezclas de  políticas bancarias con habilidades granjeras, como el caso del corralito, o crecimiento exponencial de los vectores macroeconómicos ibéricos o europeos e general.

Yo vine entre una cosa y la otra, pero me consideraba más bien un emigrado sin nacionalidad exacta, un poco argentino, cubano, y también con un toque de emigrante español, haciendo el viaje inverso. Quizás a causa de haber sido criado por mi abuela materna, nacida en Burgos, que además del rol de abuela, ejerció en buena parte, el de madre y padre.

De los miles de argentinos que he encontrado en el exterior en años de vida y viajes, casi todos, terminaron trabajando en puestos altamente codiciados por los nativos de sus entornos, sino en sus propios negocios generalmente muy independientes y en no pocas ocasiones de una envidiable prosperidad.  

Durante años, el jefe de las caballerizas de Carlos de Gales, era argentino, pero para asear los caballos tenía contratado a ingleses hábiles en esa tarea. Es curioso que dentro de Argentina, la gente es capaz de trabajar en cualquier empleo, o dormir en cualquier rincón, no así cuando viajan o emigran. Si se me permite diré que no responsabilizo tanto a la petulancia o la falta de humildad, me temo que más bien interviene un arraigado temor al ridículo.  Que conlleva precisamente, al riesgo de cometerlo.

Tal vez por una interpretación algo nómada del progreso. O quizás porque en realidad no poseen ni uno ni lo otro, una nada absoluta, y resulta que es muy reciente, el descenso de aquellos hombres de los barcos provenientes de la Europa necesitada,  y su amalgama con la cultura de la sociedad patriarcal y rural , existente con anterioridad.

En el exterior hemos echado mano de un manojo de costumbres, actos reflejos, y unificación de gustos, buscando desorientadamente ese ser nacional, al que ya no se alcanza a representar  a través de la figura del gaucho, la Pampa,  el asado, el mate, los ñoquis lo itálico en castellano o el fútbol, por sí solos, sino el rejunte de todo ello, con la suma del rasgo más genuino de cada país. El sentido del humor.

Aún cuando me resulta tan ajeno tener  raíces, como a un árbol contar con piernas, reconozco en este, el único punto en el que nunca he dejado de ser argentino.

En el fondo soy un burlón,  me paso el día riéndome de todo, de todos y de mi, en confianza y a calzón quitado, me río con toda la procacidad y el humor negro que se pueda requerir.

El sentido del humor es lo que más extraño de cada cultura con la que me familiarizo. Estoy convencido de que algún día, quizás lejos de España, por fin sabré lo que es reír de alguno de esos intentos de chistes castizos, a las que respondo educadamente con mis mejores muecas labiales. Y quizás en Finlandia hasta consiga extrañarlos.

Hace poco una prima a la que conozco solo a través de soportes informáticos, colgó una serie de episodios de un programa cómico argentino, el cual en el momento en que me fui de allí, era lo más gracioso que yo había visto jamás, me hacía reir tanto como Monthy Phyton y Buster Keaton.

Cuando los volví a ver, ciertamente sentí que el tiempo había transcurrido y que las saetas de otras culturas, habían conseguido si bien no diezmarme, al menos sí atravesarme; pero aún así, sólo ante la pantalla del ordenador,  reí como recién regresado de mis emigraciones. 

La única cosa que mi abuela no me aportó, fue el sentido del humor, aunque usaba el suyo  muy  a menudo.  De la misma manera que creo que me reiré siempre de Tinguitela,  de Calabró o de Caseros, mi querida abuela sólo podía reír a discreción, del tipo de chistes y bromas que entre ovejas y montes nevados, gastaban bajo sus boinas,  los mozos y mozas de Castilla la Vieja.

 

 

 

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Published by martinguevara - en Argentina frizzante
14 octubre 2011 5 14 /10 /octubre /2011 23:35

 

 

El motivo que me llevó a opinar en voz alta,  acerca de mi experiencia en lo que convine llamar, bajo el peso de un mito o bajo la sombra del Che, es exactamente reflexionar sobre eso, sin más.

Dejando claro que creo, que una revolución social violenta, es un acto que aporta mayor destrucción que construcción, más involución que evolución, y que no concuerdo con casi ninguna arista de lo que terminó siendo la realidad socialista. No me refiero a concordar intelectualmente desde una situación de comodidad pequeño burguesa, lo cual es fácil y hasta coqueto, sino a vivir el incordio de toda esa cantidad de carencias, restricciones y premisas.

Pero fundamentalmente me interesaba hacer hincapié, en que precisamente lo que hizo grande a Ernesto, era su capacidad de discernir, de pensar por si mismo, de reconocer una injusticia donde sea que estuviere, de decidir que libros leer,  que ideología abrazar, que modo de vida llevar.

Y justamente elevando a categoría cada pasaje de su vida, canonizándolo, es la mejor manera de negar su mayor aporte, de matarlo después de fallecido. Hacer un altar a sus decisiones, que tomó  en medio del movimiento, en la probeta que es la vida, cargado  de dudas por un lado, y voluntad del otro, es vestirlo de su antítesis, el respeto reverencial al pasado, al inmovilismo.

Si algún ejemplo siento que nos legó a los inquietos, es que hiciésemos  lo que creyésemos correcto, por encima de los convencionalismos y las recomendaciones de los poderosos.

Hasta que apareció un nuevo elemento en escena.

De repente empecé a sentir que mi discurso y mis convicciones, tan celosamente guardadas y mimadas durante  tanto tiempo, y travesía, comenzaban a temblar, a tiritar de frío, a palidecer al atestiguar la paulatina desaparición de los fundamentos a que se sujetaban. El agotamiento de las reservas de su alpiste.

Esto fue a raíz de una serie de apariciones públicas de mi viejo, de manera súbita, hablando sobre la figura de su hermano  Ernesto, y para mi sorpresa en un tono muy conciliador con el resto de los guevaristas que no son necesariamente,  comunistas ni mucho menos fidelistas.

Un año después, de mi decisión de hacer una descarga de material inflamable de mis maltrechas espaldas, y aportar mis ideas y puntos de vista, más bien marginales y en ciertos casos enfrentados al decálogo guevarista de mi familia, del gobierno cubano, y de ciertas posiciones en apariencia, estrictas y anacrónicas de la izquierda latinoamericana.

 Declaro que:

Desde que tengo uso de razón rechazo la violencia como vehículo de expresión, ni siquiera como respuesta a la violencia institucional ni de ningún otro tipo. Encuentro de muy escaso vuelo tener que explicar, que matando a los que matan no se mejora en absoluto el panorama.

Que si se procede a la venganza, allí donde existía sólo un hecho lamentable, habrá que contar dos.

Siempre sobre la premisa de que combatir el canibalismo comiendo caníbales es un método infructuoso. Y difícilmente presentable.

O quizás mi hincapié en la solución pacifica de las cosas, sólo se deba a un miedo instintivo al dolor, los golpes, la sangre. Y todo lo demás constituya una conveniente verborragia en que apoyar mis escasos impulsos temerarios.

 

Con el paso del tiempo, mientras crecía y evitaba ahogarme en ron, empecé a ver muchas carencias, fallos y perversiones  en la sociedad cubana, que para nosotros debía constituir un ejemplo, el objetivo al que debía aspirar el mundo y en particular América Latina.

Nada, excepto la alfabetización de la totalidad de las personas, y la distribución equitativa de la pobreza, tenía el aspecto a simple vista de conducir a una sociedad donde el hombre se sintiese pleno, realizado.

La diferencia era condenatoria, el disenso se pagaba con tiempo, la deserción con sangre. El que deseara abandonar el país, era una basura, una escoria social, un elemento indeseado por contrarrevolucionario.

 Pero, Eureka!, vaya contradicción!, si quien pensase así , plantease que ya que él era inapropiado para la construcción del socialismo, lo mejor para todos, sería que se fuese de la isla, le decían que de ninguna manera se podría aceptar, que eso constituiría una traición, y si se tiraba al agua para alcanzar la orilla de la Florida a nado con un neumático de coche para no ocasionar gasto alguno al Estado, lo atrapaban y lo enviaban a cumplir años de prisión por deserción e intento de fuga, al lado de un buen ramillete de presos, guardados por leyes igualmente caprichosas.

A cada héroe de la revolución había que adorarlo como a Antonio Maceo. El Titán de Bronce.

Se exigía a todos los niveles, que los muertos por la revolución fuesen tratados acorde a ese rango metálico. Y  a los vivos había que tratarlos con más cariño aún, ya que cualquier critica hacia ellos podría progresar de manera inconveniente.

Pues estos tres hitos, uno por uno los derrumbó de su discurso mi padre en sus recientes  entrevistas, una escrita y una televisada que con motivo del 44 aniversario de la muerte del Che, concedió a los medios, siendo además de las primeras veces que se lanza a hablar públicamente sobre el tema, y sobre su propia vida, tanto o más rica en acontecimientos, de índole personal pero también pertinentes a la Historia reciente argentina.

Quiero decir que considero a mi viejo, no sólo una de las personas más autorizadas para hablar sobre lo que entiende, son los valores a rescatar de Ernesto, sino que pineso incluso, que era momento de que lo hiciese, y que aportaría mucho hablando de ello, también, auqnue entiendo que es un tema muy personal, aportaría escribiendo o hablando sobre su período en prisión, sus vivencias, con la compañía de más presos políticos, pero en absoluto por otro tipo de apoyo, que no fuese la fuerza y las agallas que su hermana Celia, le donaba, desde cualquier tribuna que le cediesen para ello, en cualquier parte del mundo Occidental, en cualquier sitio que no fuese un país de la órbita soviética. 

Siendo cierto, que me alegró más que nada el tono usado y el mismo hecho de que hablase, resultaba imposible pasar por alto los tres hitos anteriormente señalados,  a saber: 1) Que no es necesaria la violencia para hacer cambios positivos en la política, 2), Que el valor más preciado en su educación familiar y en la de Ernesto, es  que nada se daba por sentado en aquella casa, que no existía la imposición de una idea por parte de mis abuelos en el seno de la familia, que no se ganaba una discusión venciendo , sino convenciendo. Y 3) Que ni el Che ni nadie debía ser tratado como un mito, como un héroe intocable, una especie de titán de bronce o un de semidiós devorador del rock’n’roll.

¡Justamente todo lo contrario a lo que se había hecho y predicado durante cincuenta años por cubanos del poder y acólitos!. Me sentí muy bien al leer aquello, aunque ni mucho menos, ese sea el tema que me ocupa exclusivamente.  Incluso me permite disgregarme con mayor ligereza de la especialización en ese ítem.

 Lo que no puedo negar que lamenté un poco, fue  que no se hubiesen manifestado con anterioridad, ya que esto, unido a los reformismos extremistas de Raúl y Fidel, y el ulterior halo judeo cristiano de sus discursos actuales,  tan alejados de la retórica marxista leninista, dudo no solo ya , que semejante tolerancia me hubiese mantenido desafecto a esa Revolución, sino que comienzo a pensar, que lo más probable incluso, es que me habría terminado ubicando a su izquierda.

Que horror! Con lo que me gustan el jamón, los sofás mullidos y llegar hasta donde nace el arcoíris y se apaga el eco.

  

 

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Published by martinguevara - en Opinion crítica.
9 octubre 2011 7 09 /10 /octubre /2011 02:11

 

Por esos meses había tomado posesión del cargo de presidente de la nación, Fernando Collor de Mello, y se respiraba un ambiente optimista. Representaba el éxito de las políticas liberales en alza, los yuppies, tenía cuarenta años, coqueteaba con la juventud admitiendo que había fumado maconha en el colegio, y se granjeaba la simpatía de la comunidad gay, transex, y también de la heterosexual muy interesada en las refriegas con sabor variado,  resaltando la figura de Roberta Clós, una transexual  tan famosa y ciertamente bella, que fue propuesta un ocho de marzo como representante de la mujer brasilera.

Desde las cadenas de televisión de mayor éxito se aclamaba a Collor como el transformador de Brasil, quien erradicaría la corrupción de cuajo, erael adalid de la derecha moderna, el Indiana Jones que necesitaba América Latina. Cambió la moneda de cruzados novos a cruzeiros, bajo el plan de renovar el país.

Comenzaba con esas premisas uno de los periodos de mayor corrupción en Brasil y alrededores, pero en ese momento el clima era optimista, transmitía la sensación de tener los bolsillos llenos, había una alegría generalizada en el gasto, tanto de los individuos como de las instituciones.

 Los municipios y Estados gobernados por el PT de Lula propiciaban a los viajeros que se quedaban sin dinero, una cama en uno de los albergues para pobres, que en algunos casos eran sensiblemente más cómodas e higiénicas que las colchonetas de aquel hotel. Claro que por cincuenta céntimos de dólar, era difícil concebir algo substancialmente mejor que aquella litera.

Los estados gobernados por el partido liberal en lugar de proporcionar albergue, utilizaban los medios económicos, para conceder un pasaje gratuito al Estado limítrofe más cercano, sin importar si este era del mismo partido o el opuesto, la consigna era no almacenar malucos foráneos, ya cada ciudad y Estado contaba con una bien nutrida cantidad de los propios. Semejante gentileza debía ser convenientemente aceptada, de buena gana o a regañadientes, pero nunca rechazada, ya que en caso de que los “malucos” y “doidones” poco perspicaces, insistiesen en la idea de pernoctar en las calles, plazas, o playas de aquellas ciudades,  había pensada otra solución, algo extrema quizás, casi póstuma, y con el mecanismo bien engrasado, que era darle trabajo a los escuadrones de la muerte, que gustosos, a cambio de cachaza y una exigua  paga, se encargaban de dejar bien limpio el patio.

Yo ya había utilizado el boleto gratuito de una población a otra, pero nunca la opción del albergue para indigentes.

El haber conseguido conciliar el sueño en semejante lecho, solo podía ser una premonición de lo que mi espalda se vería abocada a soportar, si no subía a ese bendito barco de bandera internacional de una vez y por todas.

Así que mejor sería que me dispusiese a descansar en condiciones y que aprovechase las horas del día en hacer amigos de alta mar.

Dormí a pierna suelta, permitiendo que cada chinche o pulga que lo desease, hiciese uso de toda la sangre que fuese capaz de obtener de mis venas, tras esas succiones ardorosas.

 

Cuando me desperté Joao estaba sentado al borde de su cama leyendo una de esas revistas de actualidad repletas de fotos y de titulares en colores, con un nada despreciable espacio, destinado a la presentación de una gama de especímenes. Muchachas, muchachos, travestis, chicos que eran chicas , chicas que eran chicos, sirenas, centauros, unicornios, tríos, cuartetos, grupos, exhibicionistas, voyeurs, en fin, la más variada fauna como objeto de compañía cronometrada.

Abrí el pequeño sobre de polietileno que usaba a modo de neceser, donde guardaba mis efectos personales, una a cuchilla de Gillette tan usada, que resultaba más fácil que arrancase de cuajo los pelos, cuando se aferraba a ellos de manera persistente y tenaz,  a que lograse segarlos a ras de la piel. Un cepillo dental que una vez ya superada su vida útil, permitía a sus finas cedras, disponerse anárquicamente apuntando cada una hacia donde mejor les pareciese. Un frasco de agua de colonia de Yves Saint Laurent, al que aún le quedaba para tirar un tiempo utilizando unas recortadísimas dosis,  un cortaplumas suizo de seis elementos. Lo demás eran jaboncitos, algún frasquito de champú eventual,  o algún desodorante de roll on, siempre en las últimas.

Saqué el cepillo de dientes, la cuchilla de afeitar un pedacito de jabón y me fui al baño.

En el pasillo, sobre las baldosas vi unas gotas de sangre, como las que me solía sacar de mi pescuezo ancho como el ombú, poblado de un incomodo vello, que convenía rasurar cada día, en vistas de que no obtenía ese aspecto, desaliñado pero sexy que presentaba Mickey Rourke en nueve semanas y media.

Cuando llegué al baño debí esperar ya que había un hombre afeitándose. Me miró fijamente, amenazante, parecía no buscar bronca sino afeitarse en paz.

Decidí apartarme un poco de la puerta y regresar hacia el pasillo junto a las gotas  de sangre secas,  para esperar a que terminase sin riesgo alguno de que un repentino brío matutino lo animase a la pelea.

Desde el pasillo, se escuchaba un grupito de tres personas de la planta inferior, que  hablaban en portugués muy cerrado, intercalando lo que parecía ser el lunfardo brasilero, la Yiria, con algunos vocablos inteligibles, de lo que conseguí entender que había habido un problema durante el transcurso de la noche.

Cuando regresé a la habitación, Joao no estaba, me peiné, colgué la toalla, y aproveché para perfumarme y recontar la plata que me quedaba. Como si cupiese la posibilidad de que el dinero experimentase un repentino crecimiento, al cabo de alguno de aquellos  recuentos.

Me senté a armar un cigarrillo de tabaco Samson holandés, y apareció por la puerta Joao, con dos pastelitos de carne. Me ofreció uno, asegurando que ya había comido abajo ante mi negativa a tomarlo hasta que accedí, y en pago le convidé un cigarrillo armado. Entonces me contó que la noche anterior un hombre había muerto apuñalado en ese pasillo.

Dos hombres habían entrado al hotel durante la noche, con un solo bolso, según le explicó el muchacho de la entrada, a quien ni intentaron dejárselo en consigna. Al rato salieron a tomar algo y al regreso se detuvieron a discutir en el pasillo de entrada, primero en voz moderada que luego fue creciendo en volumen y gravedad de acusaciones y amenazas, dijo que no se ponían de acuerdo en cual de los dos había trabajado más en un robo que acababan de perpetuar. Al final se pusieron más o menos de acuerdo y se fueron a dormir.

Muy temprano en la mañana uno de los dos, salió del hotel con el bolso. Al poco rato el muchacho de la conserjería escuchó una voz en el pasillo de arriba quejándose de un dolor, y moviéndose por el suelo. Sabía que algo no andaba bien; pero tenía la orden de llamar a la policía y no salir del nicho por nada, menos aun en aquella situación, en la cual el ánimo solidario podría costarle caro.

Cuando la policía se presentó, el hombre agonizaba inmóvil sobre el suelo. Lo pasó a recoger una ambulancia, al parecer habían discutido por el botín y antes de terminar mal, uno le dio la razón al otro, de ese modo le permitió ir tranquilo a dormir la última mona de su vida. 

Antes de aligerarlo de equipaje le asestó unas cuantas puñaladas.

El sorprendido bribón, tuvo tiempo de arrastrarse fuera de la habitación y pedir auxilio. Pero ni los picotazos de los insectos, ni la incomodidad de la alcoba, ni la llegada de la policía, ni siquiera la ambulancia si alguna vez sonó a tal, hicieron mella en el profundo sueño, que suele apropiarse de las personas de sentido común y valor ordinario, en tales circunstancias.

Joao dijo que el muchacho había limpiado el suelo. todo mientras dormíamos, mientras una pulga se cebaba en la aorta de mi cuello, tratando de extraer algo de lo poco que había dejado otro tipo de chinche,

que hablaba mi lengua y la de mil demonios, que besaba y maldecía,

y que también succionaba aquello que había, dejando a su paso una sensible roncha perenne.

 

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Published by martinguevara - en Relax
3 octubre 2011 1 03 /10 /octubre /2011 00:20

 

Desde hace medio siglo existen puntos de vistas diversos sobre la conveniencia de mantener el bloqueo económico a Cuba, así como  definir a quien beneficia o lacera más este anacronico contrasentido.

Oficialmente la situación es clara, para el gobierno de los Estados Unidos, que lo ha ido incrementando a lo largo de los cincuenta años, resulta obvio que apuesta a su efectividad para derrocar a un tirano que se mantiene a fuerza de rerpesión.

Para el régimen cubano, es una clara violación del derecho internacional, es un abuso de una superpotencia contra una pequeña Nación, que somete a buena  parte de la población a la carencia de insumos de primera necesidad.

Existe otro punto de vista, que procura llegar más allá de la evidencia, que sugiere que lo que parece ser de gran molestia para uno en realidad es su tabla de salvación y viceversa.

Hay pocos elementos tan cohesionadores, tan unificadores de los pueblos como el fantasma de la amenaza externa, el enemigo extranjero.

Tambien es cierto que suprimir el embargo, hubiese derivado en la inmediata aplicación del mismo nuevamente, con espíritu renovado. Aunque no motivado por el antagonismo de las posiciones políticas, sino por la lógica más elemental del mercado.: si no hay pasta no hay negocio.

         Para abrir el comercio con Estados unidos, Cuba debería contar previamente con liquidez para poder hacer frente a los pagos; ¿de donde se podrían obtener esas divisas?  Los beneficios  de la economía cubana, en caso de haber alguno no son ni serán debido a su productividad.

 La nula productividad en casi todos los rubros exceptuando en ciertos períodos muy puntuales, el turismo y el azúcar, y con la inexistencia de impuestos y tasas recaudatorias, hacen que inevitable un vacío, un agujero enorme en las arcas financieras del país.

         Hablamos de hacer frente a los gastos internos, de moneda nacional.

         Pero ¿como podrían siquiera pensar en pagar la importación de productos destinados al comercio, sin la existencia de un mercado libre, con una moneda de cambio internacional?

Dicho de otro modo, ¿cómo podrían hacerlo sin hacer participe a la población de Cuba del consumo de esos bienes y de su comercio, siendo de ese modo también participes de las ganancias y del pago de los impuestos? .  Ello sometería a una contradicción insalvable al sistema que por todos los medios procuró evitar que progrese cualquier iniciativa privada, por modesta que fuese.

Las cosas parecen estar cambiando vertiginosamente en este sentido.

Acorde a esta tercera opción, ambas partes siempre supieron que más que un Bloqueo, aquello era la consecuencia inevitable de dos maneras no complementarias de entender la economía.  Irreconciliables.  

Y que por más que una parte hubiese insistido en negociar, habría tenido que abandonar la intención en el primer vencimiento de la primera letra de pago.

No eran sistemas pensados para convivir.

Creo que en los años que dura esta  enconada disputa entre las dos orillas, ha habido obcecación de ambas partes,  han  conseguido imponerse los manejos torpes y poco presentables desde ambas orillas, pero aún tengo una duda.

Estoy pensando en cual sería la razón, por la cual durante tanto tiempo, se nos quiso hacer ver desde los órganos oficiales, lo perverso de que el  vecino del Norte, nos privase  del comercio de sus productos y bienes, Siendo que precisamente las bases del sistema estaban en prescindir de ese mercado, de esas relaciones económicas. Los mismos órganos se encargaban de que no olvidásemos  que dichos productos y su carga ideológica, eran debilitadores de la moral comunista. Y en tanto, al  deseo de disfrutarlos, se le conocía como “diversionismo ideológico”.

Entonces ¿ a que venía el intento de utilizar la falta de esos bienes y artículos como chivo expiatorio?.

Esto me recuerda, al agente vendedor de sistemas de alarma que suele visitar mi barrio, al que para hacerse con una buena cantidad de clientes, le van como anillo al dedo, unas  bien inflamadas estadísticas de robos y delitos.

De sombras y flores espinadas.

 

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Published by martinguevara - en Cuba Opinión
2 octubre 2011 7 02 /10 /octubre /2011 22:48
Mi querido abuelo Ernesto. Aunque el titulo de la pelicula sugiere que el peronaje principal de esta es el Che, en realidad es el padre. Bien por su arte desplegado de conversador incansable o ya sea por el jugo de sus anécdotas. Y para mi es la voz tierna del padre de mi viejo, que me recordaba la suya, mientras se le enfriaban las cuerdas vocales en diferentes cárceles argentinas, y a mi se me iba agravandopor el calor y el crecimniento en la isla aislada y asilada donde crecí.

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Published by martinguevara - en Relax
1 octubre 2011 6 01 /10 /octubre /2011 15:30

Artículo de Opinión en Infobae.  España no está de fiesta, 

 

 

link

 

 

http://america.infobae.com/opinion


 

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Published by martinguevara - en Europa Aorta
29 septiembre 2011 4 29 /09 /septiembre /2011 01:44

Hace pocos meses hacía alusión en un artículo al hecho de que en mi percepción más intima y personal, las personas autoproclamadas comunistas en los países con dictaduras comunistas, se corresponden más con los que detentan el poder en la dictaduras que acostumbramos a ver como de derechas, no guardan relación alguna, en solidaridad , dignidad , entrega al ser humano , con los que se declaraban comunistas en medio de las dictaduras de derechas, quienes a su vez, no en sus declaraciones ideológicas, pero sí en sus conductas conspirativas, de resistencia, de inversión cotidiana de valor, eran mucho más similares a los disidentes de todo  lo que fue conocido como el campo socialista.

Esto no resulta contradictorio, sino coherente solo si se atiende a la realidad y no a los discursos

A juzgar por los comentarios que recibí , no conseguí explicar con suficiente claridad mi observación. A ver si puedo acercarme un poco a lo quiero decir.

Nunca presté  demasiada atención a las carátulas con que la gente se suele presentar, para conocer su verdadera catadura y calado moral. Más bien he preferido observar los actos, los hechos.

La palabra es importantísima, y representa una carga de intenciones  que no deja lugar al equívoco, revela todo el interior, siempre y cuando se las analice correctamente, sin prestarle atención al sentido literal, ni en primera ni en segunda instancia. El hombre a través de la palabra habla en un alfabeto abstracto, en jeroglíficos, de lo que en mayor o menor medida le permite su alma liberar, le permite su yo más intimo revelar, y pide auxilio rebelándose así, de sus miedos más intensos y atávicos, pero puede pasar mucho tiempo y gastar mucha cordura antes de ser escuchado, si es que alguna vez lo termina siendo. Y desenredar la madeja no es sencillo ni para el mismo ser interesado, menos aún para los demás, si no sabemos bien que queremos, ¿cómo podríamos ser claros y concisos en lo que queremos decir?.

También la palabra interviene de manera activa en la inteligencia, la diversión, el ocio, el arte. Estos son sus rasgos más relevantes para mi.

Pero los hechos representan harina de otro costal.

Sólo pasa una cosa a la vez, la contundencia de los actos es incontestable. Frente a estos sólo caben explicaciones y excusas, pero nunca diferentes interpretaciones.

Una persona golpea a otra, y pueden haber intervenido infinidad de causas y factores, pero desde cualquier ángulo que se lo mire, siempre será la misma persona quien golpeó y la misma quien  recibió el golpe.

 

La gente, casi en su mayoría por lo general, analizan las cosas, cuando el tiempo apremia, con los elementos que la realidad les provee. Incluso la fantasía se compone de principios armados y basados en la realidad, concatenados en  el mundo del volumen y la temperatura, del aire y la bilirrubina.

Saltarín Jack Flash, todo es gas, gas, gas.

Aún cuando crean ser muy inmateriales, los verás saliendo de los engorros utilizando la inteligencia práctica.

Si usasen ese mismo método cuando alguien los consigue engatusar como a los chicos de secundaria con caramelitos alucinógenos, más cosas estarían desde hace mucho más tiempo en su justo lugar.

Así es que por más que desde todas las instancias oficiales se hacía lo posible por presentar a esos espantosos cerdos come lechones, como hombres probos, revolucionarios íntegros que vivían como Cristo, por y para el prójimo, que debían divertirse en esas casonas de visita, cedidas por el Ministerio del Interior en primera línea de playa en Varadero, así como las autoridades religiosas, deben reposar sobre sus posiciones suntuosas, para conocer la perversión de cerca y distinguir las armas de primera mano para luchar contra su influjo, para forjar una voluntad en primera línea frente a la tentación.

Por más cerca que estuviesen de lograr que me apiadase de su condición de conejillos de India, de carnada humana, había un momento de luz, en el atolondramiento de la adolescencia, en que conseguía ubicarme en la realidad y notar, que no sólo esas personas no se desprendían de nada en absoluto, ni se sacrificaban en lo más mínimo por nadie, sino que a merced de presentarse como comunistas, eran objeto de todo tipo de agasajos y prebendas.

Rock fuera del oído; y en la orilla, sangre y arena, el colón a reventar nena,

una familia entera partida, y a la hora de la almohada;

Babas y Rock, 

La funda mojada y lejana la ilusión.

Una brizna aún, podría salvar al gordo de la guayabera,

pero el lechón,

ya está asado nena.

 

Vivir la vida sin disfrutar las verdaderas inclinaciones del alma, es triste. En mi entorno en la Isla, de gran dialéctica socialista, de familias de pesos pesados, se hacían ejercicios que parecían consistir en quien alardeaba más de su entereza revolucionaria, los únicos imperios que derribábamos eran los silos donde se contenía la producción de ron, o de cebada de exquisita cerveza caribeña, y las patas de jamón que a la mayoría de la gente, a los que con su trabajo en el surco, mantenían nuestras malcriadeces, les estaban vedadas.  

Ninguno que yo conociese, ni por error, ni por asomo se le ocurrió aparecerse por una de esas selvas o montañas a liberar a ningún pueblo ni a niño famélico alguno.

Hablo de ir en serio. No en una casa de visita con un ejército detrás para cuidarle el pertusso.

Estas palabras pueden parecer habitadas por el resentimiento, y en cierto modo lo están.

Debo aclarar que a pesar de los daños que algunos de estos ejemplares causaron con su doble moral, y vaya si lo hicieron, les deseo solamente el bien, por ello, en realidad me alegra que al fin y al cabo no fuesen más que ese tipo de perritos que ladra cuando hay un pastor alemán detrás.

Y sólo cuando hay un pastor alemán detrás.

Sin embargo, cada cosa a su tiempo.

Hoy a ninguno de esta especie se le ocurre reivindicar para sí el papel de revolucionario. Ya no hay moda en ello, ni mecenazgo alguno para ese tipo de representación.

Es paradójico, que en Cuba, los únicos rebeldes contra el abuso, contra la opresión, y contra el mal sean los disidentes del otrora intento de socialismo revolucionario, y sus hermanas y esposas, las damas de blanco, guste o no.

Ahora mismo, si alguien del establishment tuviese la osadía de presentarse como marxista leninista, seguidor de Ho Chi Min, Mao Tse Tung, Stalin, Julio Antonio Mella o Rubén Martínez Villena, en la Cuba de estos días, estaría comprando un buen número de billetes premiados,  para como mínimo terminar en uno de esos hospicios para desequilibrados mentales.

Porque para bien o para mal, nadie ya quiere saber nada de lineamientos morales, de palabras , de discursos, de injerencias en la vida privada, en los deseos de comer bien, de vestir, de viajar, de experimentar la individualidad.

Para cambiar la realidad deberán participar todos los que tengan algo que decir, y algo que cambiar. Deberá hacerse de manera concienzuda y no caprichosa,  por decreto y como si nada hubiese ocurrido.

 

Cada tanto, la realidad hace acto de presencia con una capacidad desbordante, para echar por tierra cualquier producto de la imaginación, por más alucinante que esta hubiese aparentado ser.

Quizás para recordarnos que aun en el caso, en que fuese factible vivir las fábulas o habitar las líneas de nuestros versos favoritos, tomásemos el recaudo de poder retornar cada noche a la casa de la realidad, si verdaderamente estuviésemos persiguiendo vivir una experiencia increíble.

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Published by martinguevara - en Cuba Opinión
27 septiembre 2011 2 27 /09 /septiembre /2011 01:08

Desesperado por un trozo de pan con mantequilla y por un café con leche  bajé las escaleras del edificio saltándome la mayoría de los escalones, no quería esperar el ascensor. Tenía la cabeza adormecida en un hemisferio y en el otro, adolorida. La noche anterior había estado hasta la hora que me acosté, pegado a la última botella de cerveza, la cual estaba al lado de la cama por la mitad, hasta que al levantarme le di un ligero toque con el pie, y derramó lo que le quedaba del dorado líquido nórdico, sobre la alfombra y las gafas de leer.


Al llegar al kiosco de la esquina miré detrás de mi, cauto, para no sacar los billetes justo delante de alguno de los ocupantes de la casa tomada que había en frente.  El muchacho que atendía, que era sobrino de la dueña y que cada noche cuando su tía se iba del kiosco llevaba unas chicas y armaba sus fiestas en el cuarto de la segunda planta, parecía estar con peor resaca que yo, a juzgar por los ojos y la voz con que me dijo


-Buen día fiera, que te doy?.


_ Dame una botella de Coca de un litro casi congelada  con carácter urgente, por favor.

Me la tomé casi sin respirar, después del eructo de rigor dije-Ahh!. Y sentí como mi alma hacía un esfuerzo por retornar al cuerpo.  Ni bien logré pestañear sin que me causara migrañas, le dije al muchacho del kiosco, dame un paquete de cigarrillos negros, particulares 30 sin filtro por favor- le pagué, me dio el vuelto y me dijo _  Que nochecita vecino, eh?-  esbocé una media sonrisa, no estaba decidido ni a caerle mal ni a permitirle una confianza de viejos conocidos.


                Crucé la calle y me fui al bar del gallego  de la otra esquina. Pasé por delante de la casa tomada como cada mañana y no podía dejar de mirar de reojo, intentando encontrar algo macabro, truculento, a través de la oscuridad que había inmediatamente después del portón de entrada. y como de costumbre no veía nada sospechoso. Aunque sabía  que allí dentro podría nacer o morir alguien sin que nadie se percatase y ninguna autoridad estuviese jamás al tanto. A juzgar por las peleas callejeras y los tiroteos que los habitantes de ese tugurio protagonizaban en la calle, debía haber tantos revólveres allí, como en la comisaría. Dejé atrás ese cuartel del delito porteño, y a los cincuenta metros entre en el bar de Pepe, donde servían unas porciones de tortilla de papas con queso mozarela por encima, que hacían suspirar.


                Le pedía al camarero café con leche, doble, y dos medias lunas de grasa calientes. Encendí un cigarrillo y me tiré de cabeza al centro de la taza. Una vez que hube atravesado la capa densa de leche y café me aguardaban unas pocas brazadas más, hasta alcanzar el aire de las ilusiones mañaneras. Llené los pulmones con toda esa masa de viento limpio, dejé que el aroma de todas las flores se impregnara en la chaqueta de cuero negra que llevaba, después me dejé abrazar por la morena voluptuosa, que acostumbraba  acariciarme en ropa interior de color  blanca o violeta, y una vez que me hubo dejado todo el cuello babeado por su beso de despedida, salí a flote nuevamente del café con leche , ya quedaba menos de la mitad de la taza. Le pedí sacarina al camarero y encendí otro cigarrillo.


                Mientras observaba a través de la ventana, el suave otoño de Buenos Aires, con sus árboles gises, y la arquitectura de hojas caídas, pensé_ Por qué no puedo vivir en paz con esta ciudad, y por qué no me puedo ir  ya, del todo, completamente? Entonces Pepe en persona me trajo las medialunas, se sentó  y me dijo

_Muchacho, no es una novedad que alguien tenga dificultades para aclimatarse, si lo que quieres es lamentarte de tu suerte, todo lo que te rodea te ayudará en ese sentido, no te faltarán pretextos. Ahora bien, muchacho ojos de papel, si lo que estás buscando es una sincera explicación a tu angustia, un remedio a esa molestia que te oprime el pecho cuando quieres saber a donde perteneces, de donde provienes,  y cual es tu destino, te repito lo que querría decirte cada mañana, hazte las preguntas correctas, ¿ Existe algún sitio de donde me gustaría ser?. Le agradecí a don Pepe sus amables consejos, pero le dije que en realidad el dónde, no era mi problema, sino el quién. Que lo que querría encontrar yo, es quienes quisieran  pasar más de una noche conmigo, cambiaba todas las amantes por una novia, amigos bien vestidos y con trabajo que quisieran verme, y recibirme en sus reuniones aburridísimas,  padres, hermanos y tíos que volviesen a aceptarme. _En realidad, Pepe, eso me importa más que el espacio en sí.

_ Entonces- me dijo Pepe-  preocúpate menos aún, siempre que traigas contigo esas monedas, serás bienvenido aquí. Eso hijo, es más o menos todo el cariño que vas a conocer.

 

                Cuando nos despedíamos Pepe me dijo que no me olvidase de pasar esa noche,  regalaría un vaso de vino por cada porción de tortilla de papas. Le dije_ Pepe, claro que vendré, pero pagaré mi vino, con todo respeto, tu tortilla merece una mejor  compañía que ese vinagre gratis.

 

                Fui a tomar el autobús a la avenida Callao. Mezclándome y esquivando a los zombis de la ciudad, que pasan delante de los mendigos, delante de los automóviles detenidos en los semáforos, detrás del tubo de escape de los colectivos. Los autómatas del mediodía, en busca de su sándwich con suficiente fiambre y vegetal  como para experimentar un mordida integral, completa, y a su vez suficientemente liviano como para no provocar un gran  entusiasmo metabólico. Yogures, ensaladas, jugos o batidos de frutas.  Los robots del mediodía que salen de los bancos mirando a ambos lados, señalándose como piezas favoritas para los cazadores furtivos de la gran ciudad. Los del tirón, los de las motos, los del cuchillo o los del revólver.

Cuando estaba llegando el autobús a la parada, sonaron tres ruidos idénticos, secos, y un cuarto sonido desigual, estridente y atenuado a la vez. Y a continuación, entre las bocinas de los coches de la avenida, el ajetreo de los oficinistas y las voces de la ciudad se escuchó un grito, un alarido de dolor y acto seguido el sonido apagado de un cuerpo chocando contra el asfalto.

                Giré la cabeza para observar lo ocurrido y vi tres bolos que habían en el suelo, una bocha para derribar bolos, aún rodando sobre la avenida, y un hombre tendido en el piso, con una brecha  en la cabeza, ya escasa en cabello, que  empezaba a mostrar una incipiente cantidad de sangre brotando de sus venas.

Se detuvo el tráfico, en parte por la curiosidad de los conductores y también porque el hombre había caído al borde de la acera, un brazo le colgaba fuera del contén.          

Hasta que llegó la ambulancia pude contar  a tres personas que hicieron el amago de ayudar en algo, y de esa cifra estoy seguro ya que estuve sosteniendo su cabeza sobre el muslo de mi pierna, que apoyé a su lado en el suelo, con la intención de evitar que se desangrase. El hombre tenía un aspecto prolijo, pero su cabeza pintaba muy mal, los gestos de la cara, y los sonidos guturales que profería,  denotaban que no tenía mucha intención de regresar a un estado de conciencia por lo pronto, y que allí donde estaba, entre balbuceos y silencios sepulcrales, tampoco es que se estuviese divirtiendo a mares.

                Los enfermeros de la ambulancia me preguntaron inmediatamente, si había visto lo sucedido, les dije lo que había escuchado y que lo más probable, era que el elemento que le hubiere alcanzado de lleno la cabeza, fuese la bocha. Ya que los tres sonidos restantes eran idénticos, y la brecha de la cabeza era demasiada grande como para deberse al golpe de uno de esos bolos. Un enfermero me alcanzó un bolo, después de llevar al desafortunado a la ambulancia, y me dijo, _tómele el peso a esto.

_Ya veo que no es liviano- le repliqué-  pero de todos modos, los tres ruidos fueron iguales_  Acto seguido, dos policías acompañaban a un coche patrullero al niño que había puesto en práctica su pericia, en el derribo de bolos desde el balcón de la quinta planta, y a la que parecía ser su mamá.

Ambos lloraban y se agarraban la cabeza con las manos, a causa de la desgracia parecían estar acongojados  también los dos policías, tan adiestrados y curtidos en el arte de las multas a esa hora en el centro, en dar patadas a un vendedor ambulante  o a un ladronzuelo aspirador de pegamentos alucinógenos. Hombres listos en todo momento para introducir  a un borracho infeliz en una comisaría, desvestirlo,  aliviarle el bolsillo de las pocas monedas que le quedasen,  y darle luego un buen ramillete de caricias para mantener la forma. Pero de ninguna manera, preparados para llevarse presos a  un nene y a su madre,  por haber cometido una imprudencia que podría terminar en tragedia.

Yo también me tomé la cabeza con ambas manos después de limpiarme la sangre con una servilleta, un poco preocupado naturalmente por todo ese tema del contagio rojo. La policía me pidió que los acompañase para declarar. Me sentó bien. Eran pocas las ocasiones en que me pedían de manera tan amable y cívica que les acompañase a sus dependencias, constituía una petición depuradora. No es que yo fuese un sujeto peligroso ni algo por el estilo, sino que por aquellos días en Buenos Aires, la policía tenía la potestad y hasta el deber de llevarse a dormir entre rejas a cualquier beodo que encontrasen en la vía pública, aunque no estuviese conduciendo su automóvil, aunque estuviese esperando un taxi, incluso  llegando a su casa. Y alguna vez me tocó probar uno de los frescos y ortopédicos lechos, que se ofertan en sus dependencias.

En la comisaría tardaban y me entró un hambre tremenda. Después de contarles lo sucedido, y mis sospechas de que fuese la bocha y no un bolo el que le dio en la cabeza, me comentaron que lo más probable era que el hombre sobreviviese al golpe, pero que quedaría con importantes secuelas, y que lamentablemente eso no les suministraría ninguna dicha al niño ni a su madre. 

El muchacho  había declarado, que al no poder jugar en el pasillo donde habitualmente lo hacía, a causa de un trabajo de refacción en la casa, lo hizo en el living, apoyando los bolos al borde del balcón, sin percatarse primero de que los barrotes permitían el paso, tanto de los bolos como de la bocha. El set, era un regalo que le había hecho su padre, un hombre que vivía lejos, y al que veía muy poco.

El niño lanzó la bocha con la habilidad que ya había adquirido en esos meses, justo antes de impactar contra los bolos, la pelota dio en el marco que divide el balcón del living, hizo un bote llevándose a tres de los bolos consigo por el aire y se perdió en la concurrida avenida porteña. Lo cierto es que ese juego ya había sido causa de varias discusiones en el hogar, y la madre comentaba en llantos en la comisaría, que el destino era perversamente irónico, ya que cuando ella estaba enfadada con el niño por los golpes de la bola en las paredes,  le gritaba, _¡un día de estos voy a tirar los bolos con la bocha y todo por el balcón! .

Entonces recordé el juego de bolos que me había tocado el día de los juguetes cuando era muchacho.

Había vivido diez años en Cuba.  Exactamente desde los diez a los veinte años.

Una vez instaurada la Revolución cubana, fueron desapareciendo paulatinamente las fechas conmemorativas de festividades  que no tuviesen relación con la Revolución.  Quedaron el día de fin de año,  el diez de Octubre día del grito del Yara, cuando se inició la guerra por  la independencia de España.

Pero los días feriados, eran tres y eran conmemoraciones de eventos en los que intervino el dirigente máximo del gobierno. A diferencia de la Unión soviética y China, Cuba se había tomado el tema del culto a la personalidad muy seriamente, según decía Fidel.  Y sin duda era así. Resultaba notable con que seriedad se lo habían tomado.

Uno de los días feriados que no tenía nada que ver con las tribulaciones de los barbudos y su jefe máximo, era el día de los niños, el 6 de Junio. Ese día era asueto solamente para los niños. Era el único día del año que los críos tenían la alegría , la dicha de recibir de regalo, el elixir de los niños: los juguetes. Ningún niño se quedaba sin juguete, no se conmemoraba ya la navidad ni los reyes magos, y no existía ninguna posibilidad de adquirir algún juguete por sencillo que fuese en las tiendas del estado. Solo se podían comprar en dólares, o los podían traer de sus viajes al exterior algún familiar dirigente o que residiese en el exterior, los sucedáneos socialistas de los reyes magos y de Santa Claus.

 

Cuando hube de recibir mis primeros regalos en la tienda ya me quedaban dos años de niño en modo oficial, así que recuerdo exactamente, las dos ocasiones, los juguetes que me tocaron.

 

Una semana antes del día fijado para comprar, se establecía mediante unos folios colgados en unos tabloides, el orden en que le tocaba comprar a cada niño, y la hora exacta en que debía ir a la tienda para evitar aglomeraciones.

                 Los juguetes a percibir por cada niño eran tres. Al más importante, se le llamaba el “Básico”, que podía ser una bicicleta, un triciclo, o un tren a pilas, el siguiente en importancia era conocido como el “ No básico”, y era un juguete de menor entidad, un juego de damas, un camión, un coche, una ametralladora , mientras que el tercero en relevancia era el “Dirigido”, y solía ser un juego de yaquis, un parchís o una pelota de goma.

El primer año que me tocó ir de compras fuimos en el horario en que ya quedaban pocos juguetes Básicos interesantes, así que de ese cogí  una carriola, de no básico un guante de beisbol, y de dirigido un juego de bolos de plástico.

La carriola y el guante de beisbol se rompieron rápidamente, ya que la calidad era la misma que hoy conocemos como  calidad china, solo que sin la  perceptible mejoría que lograron unas décadas  más tarde. 

Sin embargo el juego de bolos de plástico duró  más que los juguetes que me tocaron el segundo año. La pelota era casi tan liviana como los bolos, en los que tanto se había economizado en polietileno  para su confección, que resultaban casi transparentes. Quizás alcancé a jugar con ellos una vez o dos, porque se hacía absolutamente imposible lograr una trayectoria programada con semejante bocha. Tampoco era fácil encontrar un sitio de la calle donde no corriera ni un poco de brisa, para que los bolos  se mantuviesen en pie, al menos hasta que la bocha lograse tumbar uno.

Solo el set de bolos con la bocha, resistió y quedaron en un rincón de la habitación del cuarto piso del edificio C 54 de Alamar, durante más tiempo que cualquier otra cosa de aquellos días. Casualmente  esos juguetes,  cualquier cosa de la libreta, y toda la maldita revolución cubana eran un recordatorio de mi padre, que estaba lejos, trabado en una celda argentina.

Una vez que firmé la declaración de lo que vi y les dejé mis datos por si me necesitaban,  el oficial me preguntó si quería que me llevasen hasta el lugar del accidente, u otro sitio, le dije que sí, que me dejaran enfrente del bar de Pepe.

Cuando Pepe me vio llegar me dijo_ Que raro tan temprano por acá. Una ración de tortilla y un vino?

_Pepe, ponme una ración de tortilla con mozarela, pero sin vino, cada vez que me zambullo en él, no sé porque, pero salgo medio perdido.

Tráeme un café con leche.

 

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Published by martinguevara - en Argentina frizzante
26 septiembre 2011 1 26 /09 /septiembre /2011 02:31

 

Fui al cuarto de baño, que se encontraba en la misma planta,  estaba austero pero limpio,  regresé a la habitación, le dije a Joao que bajaría y en dos horas estaría allí nuevamente y me fui a la calle a ver que tenía preparado la ciudad de Santos para seducir a un entumecido paladar citadino.

El pasillo del "Hotel" era luminoso, de suelos de mármol y marcos de caoba, revelaba un pasado de mayor resplandor. Había  cierta decencia declarada,  en el esfuerzo que parecía hacer , ese  otrora conjunto de espacios ordenados armónicamente , para intentar  dar fe de su rancia aunque muy avejentada prosapia.

Cuando bajé ya se había hecho de noche.

El Hotel estaba en una calle perpendicular a la avenida que pasaba frente a los muelles de carga.

Al lado del viejo portón de entrada del Hotel, de madera oscura y compacta, hacia la esquina del muelle, había un bar desde el cual procedía el sonido en alta voz, típico de las discusiones de gente bastante macerada ya por  la ingesta de alcohol, sonando  todas a la vez, formando un coro  reconocible en cualquier ciudad del mundo, más allá de lo gregarias de sus idiosincrasias.

Me asomé a la puerta iluminada y de donde además del bullicio y del vahído de cachaza salía de  una victrola una música alegre. Percibí el olor a algún tipo de fritura y me adentré en el local.

La música  lejos de parecer atemperar los ánimos de las conversaciones las azuzaba, parecía exhortarlas a llegar a las más altas cotas de volumen.

Excepto por la variedad en los productos, me recordaba a los bares cubanos,  por lo animado de la charla hasta por el fenotipo de los parroquianos y sus ademanes.

Una vez en la barra pedí dos muslos de pollo y una coxinha, que es una especie de croqueta que se hace también, a base de pollo, y que recién cocinada en un sitio menos grasiento que aquel, puede resultar incluso, más que aceptable a un buen paladar.

Los acompañé con una coca cola fría. Debía ser el único tipo en ese bar y a varios metros a la redonda, que no estaba bebiendo cerveza o cachaza. Una semana antes me había propuesto no ingerir alcohol, al menos hasta que tuviese un alojamiento en condiciones y un trabajo como la gente, debía andar fresco y en las mejores condiciones posibles, hasta que volviese a reunir las   condiciones para vomitarme encima .

Había mujeres con medias negras y medio pecho al aire, arrimadas a los tipos de la barra que discutían entre sí, sin participar en las palabras de ellos pero sí en los sorbos a sus vasos.

El culo de la chica que acompañaba al morocho alto que estaba a mi lado, se pegó a mi cadera sin que yo lo procurase, aunque sin que me desviviese por evitarlo.  La chica que contaba con una cantidad de años imposible de intuir detrás de todas aquellas manos de pintura facial, me miró de reojo y sonrió.

El moreno la apartó con la mano y me echó una mirada desafiante, yo lo observaba con el rabo del ojo mientras comencé a levantarme de la banqueta atornillada al suelo, con la coxinha en la mano y un muslo de pollo en la boca.

_ ¿Que es lo que es?  Me preguntó en tono camorrero.

De inmediato y sin pensarlo, me levanté y salí de aquel antro, guardando  la dignidad que fuese capaz de conservar en mi huida.

Llevaba el tiempo necesario en Brasil como para saber que en cualquier sitio que  se podía armar una pelea, se armaría.  Y podían intervenir puños, navajas, armas de fuego o todos los clientes del local.

 

Y aunque alguna vez habría podido fantasear con ser una especie de maestro de Shaolín y darle su merecido a todos los que se habían mofado de mi, lo cierto es que no pasaba de ser un deseo difuso, y no sentía el más mínimo apego por la temeridad o el heroísmo.

Antes de salir miré a los ojos de la chica y del borracho, sonreían, parecían estar festejando mi espantada con sus interlocutores. Los dejé con sus asuntos a tratar y me fui con mis dientes sanos y el estómago sensiblemente más aliviado a dar un paseo por esa parte de la ciudad.

No había muchos sitios más recomendables que ese, para ir a aquellas horas. El hotel se encontraba en una parte de la ciudad que no era la elegida por las familias de clase media para salir de paseo.

Comí alguna cosa más en un bar retirado de las inmediaciones del dock,  donde pedir un refresco de guaraná o una coca cola, se pareciese más a un acto cotidiano que a una afrenta. Luego regresé al hotel, al fin y al cabo no había dormido más que un rato, y no tenía demasiado sentido quedarme haciendo turismo por aquella barriada de clasicismo  portuario.

En la entrada  había dos hombres discutiendo algo, estaban alterados, pero conservaban el tono de voz bajo, cuando pasé por su lado hicieron silencio y me observaron , les di las buenas noches y me dirigí al cuarto sin más escalas.

Joao estaba profundamente dormido, era demasiado temprano para un brasilero buscavidas, observé  su corte de pelo, la higiene de su ropa y tenía aspecto de llevar una vida ordenada,  tanto él como yo habíamos dejado el equipaje tras las rejas de la recepción, así que podíamos confiar en nuestras respectivas corazonadas.

 

 

 


 

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Published by martinguevara - en Relax
22 septiembre 2011 4 22 /09 /septiembre /2011 22:26

 

La única preocupación que me acecha con respecto del destino que afronta la isla de Cuba, es saber que pasará con la gente que ha aguantado nada livianas lozas estos años.

Como es normal, tengo prioridades en los gustos como en los sentimientos.

Me inclino a sentir mayor compasión por las personas que llevan más o menos años soportando segregación  por motivos de orden  ideológico, moral o simplemente por salir a pasear por el barrio con un plumero en el trasero, que por los que hasta hoy han estado olfateando asentaderas bien apoltronadas.

Sin decoro alguno están empezando a salir como roedores de sus hoyos,

Oliendo rincones, vigilando esquinas e intentando asegurar un trozo más de queso,

Que el vecino pulpo, que el centinela ratón,  que la fulana que los parió.

 

No todos, pero muchos a lo largo de cincuenta años, han pasado por el tamiz de la doble moral, han pasado por la complicidad hecha silencio frente a los abusos, algunos levantaron la mano para aprobar una sanción a un amigo o a un hermano, otros hicieron chirriar la silla al levantarse en medio de la asamblea de moral comunista, para acusar a un colega.

Más de los que convendría llevaron las llaves del cerrojo, llevaron la mirada vigilante de los buitres consigo, a donde sea que fuesen.

Incluso, los hay de los que impartieron las órdenes, señalando a los que apretarían el gatillo, y hundirían la balsa improvisada o aplastarían la sien del infausto, que al no poder huir despavoridos del barco porque están siendo esperados arpón en mano, aseguran , juran y perjuran que si probaron del cadáver que alimentaba a la hiena mayor, fue por abducción.

 

Mi interior se debate entre el deseo de que todos los que tenían el dedo índice siempre listo, la supremacía moral a flor de piel, y el queso a resguardo, lograsen escapar  de la nave por el cabo del ancla; y el de que no boyen los incidentes para que la sociedad pueda por fin avanzar en paz.
Peron no olvido la sonrisa del amigo de la hiena, y las entrañas que colgaban de sus mandíbulas.

 

Que el vuelo sea de los tullidos, de los parias, de los que enloquecieron

Justo antes de sobrevivir.

 

Un amigo me dijo que no existe el capitalismo humano. Hoy no hay mucho con que seducir a Cuba.

Entre la miseria, el control, la opresión y los extremos de doble moral a los que llegó el hombre, intentando construir el Mundo mejor, el socialismo real, con el hombre nuevo, y la desafección por el prójimo, por la suerte del resto del planeta que nos sugiere el actual occidente, desprovisto de las necesarias concesiones que debió hacer en su momento a los pobres y perdedores, y bien apertrechado de excusas para la insolidaridad, será conveniente que la Perla del Caribe elija un camino nuevo. De un capitalismo controlado, o de un socialismo de plena libertad.

 

Será el único y más justo antídoto para ratas y tullidos.

O la maldición eterna.

 

 

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Published by martinguevara - en Cuba Opinión

Presentación

  • : El blog de martinguevara
  • : Mi déjà vu. En este espacio comparto reflexiones, flashes sobre la actualidad y el sedimento de la memoria. Presentes Argentina, Cuba y España, países que en mi vida conforman un triángulo identitario de diferentes experiencias y significantes correlativos.
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