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2 octubre 2019 3 02 /10 /octubre /2019 12:12

 

Un castigo del Consejo de Estado cubano para familiares de "pinchos" me mandó a trabajar al oriente de la isla, porque decían que estaba demasiado regado, para que me enderezase el General Robertico.
No me enderezaba ni un mariscal, pero ¿qué iba a hacer? tenía que ir.
Llegué, me pusieron en una casa de visita en la que me habría quedado hasta hoy, compartía la casa con Iván, un ingeniero que había sido también conducido allí para enderezar su camino, hijo o nieto de un ministro o algo así. Muy bien tipo, durante unos días paseando con su Lada me enseñó la bellezas de Santiago y del Plan turístico Baconao Turquino donde él trabajaba dando rienda libre a su ingenio y ocurrencias. 
Un día me llevaron a conocer a Robertico mientras sostenía un vaso de whisky en una mano me invitaba con la otra. Era buen whisky. 
-Me dijo: ¿En qué te gustaría trabajar? y yo me pregunté ¿qué clase de castigo es este?
- Mira Ponce necesita un buzo, y además del yate Ojo Azul le hemos dado uno nuevo que fue abandonado por una tripulación alemana. Creo que te va a gustar trabajar con él ¿te gusta el mar?
Así fue que conocí a Ponce a toda la familia de buzos y me mudé al Yate Ojo azul con un camarote para mi estrechando la mano de Iván y agradeciéndole su generosa atención.
Mañanas tardes y noches de risas, de banquetes de langosta, jamón, en Cuba el jamón era mas valioso que el vellocino de oro de Jasón, cervezas, rones, más risas, paseos, muy poco trabajo y algo de instrucción.
¿Qué clase de castigo es este? ¿Cuál sería el truco?
Pasaron días de visitar el Cayo Granma, trocha arriba y trocha abajo, disfrutar de los restaurantes de la ciudad para extranjeros y para gente especial como Ponce y todos los castigados, hasta que un día empezó el curso de buzo, yo sólo sabía bucear en apnea. Aprobé los exámenes de la CMAS, sin demasiado rigor ya era buzo instructor de una estrella.
Salimos en la primera campaña a recoger coral negro, esa sería nuestro aporte al Plan que se estaba desarrollando, un orfebre italiano compra a 480 dólares la libra, cerca de mil el kilo. Ahí salieron dos. nuevos tripulantes que no estaban en plantilla hsta el momento de zarpar.
Uno era el maquinista. raza blanca caribeña, bajo, panzón, y sin mucho que hablar.
Una tarde después del buceo matutino, Omar nos llamó -caballero sin hacer ruido asómense en proa y miren para atrás al maquinista que esta meando por la borda-
Era un espectáculo, habría llenado estadios como los Rolling Stones con pantallas gigantes, o teatros como el Cirque du Soleil. 
El maquinista estaba echando un pis al mar, pero no salía de un aparato normal, ni siquiera grande, sino de una manguera de bombero, lo que colgó por la borda escapaba al concepto morronga, poronga, trabuco, cabilla, cuando la sacudió se movió en ondas como una serpiente. Toda la tripulación de buzos estábamos en la proa menos Zarita, la bióloga que era la amante de Ponce, el capitán, y que por razones obvias tenía vedado aquel show. Tampoco es que la usase con frecuencia más que para sacarla a pasear por la borda para recogimiento de cualquier otro osado.

Por la tarde en la hora de las cervezas, el ron, las langostas y el jamón, Zarita dijo “que partida de mariquitas tiene este barco de tripulación” y cada uno intentó dar su excusa desde una óptica varonil basada en un interés antropológico. Pero no funcionaba, aquel día en la proa todos los machos buzos que tocaban las colas de los tiburones,  quedaron anonadados ante la plasticidad de semejante tranca.

Yo me levanté cinco mujeres en lo que él ni una. Pero claro yo declamaba poemas, me peinaba así, daba besos asá, me esmeraba con deleite pero también con dedicación de artista en los cunilingus, cuando decidía presentar ya sin el menor pudor mi herramienta, esta estaba henchida, rozagante venosa, fuera de cualquier riesgo de rubor.

No fue Ponce con sus años de tiroteos ni su búsqueda de camilo Cienfuegos ni la operación Paty Candela, tampoco Omar su sobrino que se creía guapo ni Albertico el mejor buzo de Cuba, el traductor de tiburones, ni siquiera el general Robertico, ni yo que a esa altura había atravesado varias vidas en experiencias, sino el que no hacía chistes, ni era avispado, ni lindo ni feo, ni se preocupaba por vestirse bien, no era culto, sabio, genio ni talentoso, simplemente el maquinista era el más pingudo de todo Santiago de Cuba.

 

Baconao Park, del Plan Baconao Turquino.

Baconao Park, del Plan Baconao Turquino.

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17 septiembre 2019 2 17 /09 /septiembre /2019 09:17

Un ricordo di Mario Bendetti

Oggi passeggiando, mi è venuto alla mente il ricordo di Benedetti e dei suoi baffi. 
Alamar, le sparute pulci e la sua enorme dignità, appena fuori l’Habana in direzione di Cojìmar, un barrio proletario dell’uomo nuovo. 
Mario Benedetti ha vissuto in esilio a Cuba ma ha chiesto in modo esplicito, conforme alle sue idee e al suo nerbo, che non gli dessero privilegi all’altezza del suo nome. Avrebbe potuto vivere a Parigi, in un dipartimento tipo il Trocadero. Ma lui era così.
Ha vissuto un po’ di tempo a Alamar dunque, una baraccopoli operaia di tipo stalinista, davvero orribile nell’aspetto, in cui non c’è mai stata nessuna attrazione particolare che si ricordi.
Occorre rammentare che a Cuba non è stata costruita una sola cosa in 50 anni utile a promuovere il turismo, ma nemmeno promossa dal governo rivoluzionario. Paradossalmente tutto ciò che il proprio istituto del turismo considera come attraente, è stato fatto prima del 1959.
Beh, Benedetti, il grande poeta, scendeva a piedi le scale dell’edificio di dodici piani dove viveva, sul mezzo del giorno, e andava a comprare con la “libreta”, non con dollari ma con soldi cubani, validi al massimo per piselli, riso, uova e qualche altra cosetta in più, al magazzino della zona 8.
Faceva imperterrito come tutti la sua coda, e poi tornava carico di quel poco che c’era, ma (vuoi mettere?) sotto quel sole di giustizia… 
Aveva addosso terribili pulci più affamate di lui, era un poeta solitario, di grande carattere, della gentilezza convenzionale e affettata non gli era rimasto nulla, e per questo alcuni lo criticavano, perché volevano che, una delle stelle della cultura d’America fosse più cordiale ancora di quanto fosse.

E non bastava che vivesse in Alamar e di lì andasse girando per il territorio imprecisato del Bachiplan, (un polverone biancastro e grigio che s’infilava da tutti gli orifizi fino al midollo) né che essendo uruguaiano, mangiasse ogni morte di Papa una bistecca, o che bevesse mate con quella erba rinsecchita al sole, impegnato a togliersi di dosso quelle fastidiosissime zanzare che non riusciva ad allontanare il ventilatore russo, scrivesse poesie meravigliose da quella baraccopoli operaia. Come Dostoevskij lo faceva dalla prigione in Siberia, anche se il poeta rioplatense per volontà propria, e addirittura senza lamentarsi, ma grato. 
Avrebbero preferito magari che “don Mario” discendesse fino alle catacombe dell’inermità, dove abita l’eco di tutte le codardie umane, la morchia del tedio, della procacità, della grossolanità, il trotto della mandria e il belare del gregge, dell’orrore più sordo che rappresentava quel convenzionalismo di quartiere, con le sue conversazioni banali, quel nulla di quotidiano, quell’omicidio alla poesia.

Era un eterno cospiratore della penna, un uomo coraggioso, elettrico, amante del minimalismo, della lealtà, e anche quando il suo posto in esilio sarebbe stato un prestigioso quartiere di Parigi o di Londra, non si è mai lamentato di quel “sole di giustizia” né di aspettare la sua bistecca trimestrale nella coda infinita del magazzino “agropecuario” né di resistere all’affronto di sentir chiamare “Rivoluzione” quella cosa amorfa e atonale intorno a lui. 
Nemmeno la tortura di ascoltare le preferenze musicali del vicinato lo distoglieva, che con orgoglio si esibiva tremante per la vibrazione degli altoparlanti delle loro radio russe messe al massimo volume, dietro le sottili pareti di quel dipartimento dell’edificio di dodici piani, dove quando se ne andava la luce, Benedetti accendeva una candela, sognava di accompagnarsi ai suoi connazionali detenuti, a quelli che non c’erano più, ai suoi amori, alle foglie cadute di uno degli autunni della sua terra, si chinava sulla carta e scriveva quei meravigliosi versi senza un filo di odio, con quella naturalezza e profondità degli uruguaiani di allora, con il sigillo impegnato di quelle generazioni, versi pieni di ammirazione per la grandezza dello spirito e anche di compassione per l’imbecillità umana, anche per le vittime e carnefici di essa, e di tutto quel nulla abissale quotidiano. 
Martìn Guevara Duarte (Traduzione Alessandro Silvestri)

Don Mario, el petiso gigante.

Don Mario, el petiso gigante.

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Published by martinguevara - en Relax Cuba flash.
10 junio 2019 1 10 /06 /junio /2019 17:08

Durante los primeros años de mi estancia en La Habana vivía en el Hotel Habana Libre, que había sido antes de la Revolución Hotel Habana Hilton. Cada mañana bajaba a desayunar a un coqueto restaurante en la planta Mezzanini, ordenaba un par de huevos fritos que venían con unas gruesas fetas de jamón caliente debajo, y pedía además una ración queso fresco. Me comía los huevos pero el jamón y el queso lo metía dentro de los panecillos calientes untados con mantequilla, los envolvía en las finas servilletas de tela blanca y los llevaba a la escuela.

Mis compañeros del colegio no tomaban el desayuno en aquel restaurante, y la gran mayoría hacía años que no habían tenido la ocasión de saborear el jamón. Yo me ocupaba de acercarlos a ese recuerdo impreso en el hipotálamo.

Una tarde se acercó uno de los “compañeros revolucionarios” del ICAP que atendía a mi familia, y se tomó un tiempo para explicarme que en Cuba se había hecho la Revolución para que todo el mundo fuese igual, sin embargo-dijo- aún quedaban cosas por hacer, y por el momento la población de “fuera del Hotel” no tenía el mismo acceso al modo de vida que generosamente la Revolución nos estaba brindando a los de “dentro del Hotel”.

Sugirió que no llevase más los bocaditos de jamón al colegio, porque los niños podrían estar llevándose una idea equivocada.

En ese instante conocí el carácter subversivo de dos de los elementos más extraviados y extrañados en la isla de Cuba: el jamón y la verdad.

El jamón y la verdad

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Published by martinguevara - en Cuba flash. Relax
20 enero 2019 7 20 /01 /enero /2019 01:24

La verdad es que ni soy, ni me siento el animal político de Aristóteles. Han sido años de inercia. Ni siquiera opinaría de política si no hubiese sido tamizado por una recia sobre dosis directa a la aorta de Cuba y de todo lo que de ello se desprende, sumado al entorno de idolatría y endiosamiento al hermano de mi padre en algunos ámbitos, a la vez que en otros un encono en su contra igualmente hiperbólico.

Habría seguido sintiendo cada injusticia en lo más profundo de mi ser, pero creo que no habría tenido elementos ni la pulsión por canalizarlo a través del discurso político e ideológico.

Si hubiese sentido mayor pena por un ser humano sufriendo frío, a lo mejor habría sido ingeniero textil o de energías alternativas, si me hubiese apenado más alguien con hambre me habría dedicado al sector alimentario, agricultor, ganadero, si el alma me la hubiese embargado un mendigo sería ingeniero civil, arquitecto, constructor, poeta maldito, eremita, o mendigo.

Tantos caminos me habría sugerido mi sentido común natural para llegar directo a los asuntos que me conmoviesen, antes que el atajo intangible de hacerme de un discurso, de un sistema de pros y contras, de altanería moral, de declaraciones rotundas y altisonantes de principios, de iconos, fetiches, paradigmas, constructores de la nada, que de nada y para nada sirven.

No lo puedo asegurar, pero así como intenté con el vino y el tabaco obteniendo buenos resultados, y con el café y los pinchitos forajidos sin demasiado éxito, intentaré alejarme de escribir con el estigma del permanente barniz político, de esta posición clara y diáfana que no requiere de ninguna reflexión previa para encarar cualquier cariz ético.

Y acaso a través de ese camino regrese de vez en cuando a criterios políticos más saneados, desintoxicados, alejados del mínimo atisbo de dogma, a participar y opinar sobre lo que puedo modificar, destituir o edificar. Nos acostumbramos a blasfemar contra Guarapo Castro, Trump, Putin, los chinos o los banqueros, y nos olvidamos que los indeseables están más cerca, en la misma esquina cuando nos cobran veinte céntimos más el café, la carne pasada, o aun más cerca, cuando de nuestra propia sangre nos pican con más alevosía que el mosquito "Aedes aegypti"

Aun debo un artículo sobre los sesenta años del sempiterno gobierno en Cuba, no en sentido cronológico como el que publiqué el día que se cumplió el aniversario, sino auscultando la posible herencia del sistema, cuatro charlas ya pactadas, y después ¡voilá! observación del entorno y del interno, escribir sobre las miradas, sobre los roces, sobre lamer chocolate o vulvas, sobre el campo, el olfato, la noche en la ciudad, la risa y los ruidos, la amistad y el sacrificio, la almohada, el asma, las traiciones, el abandono, el desamor, el placer y el dolor, la uña enterrada en el canal raquídeo y las diferentes eyaculaciones, sobre lenguas, vaginas, anos, o sobre la socorrida mano de las pajas patéticas, vergonzantes, solitarias, escondidas, perdedoras, silenciadas, pero gozosas como el baile de mil demonios antes de la siesta.

 

A la mierda la jerga política

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Published by martinguevara - en Relax Opinion crítica. Cuba flash. Argentina frizzante
24 junio 2018 7 24 /06 /junio /2018 14:42

A todos mis queridos amigos cubanos que están aplaudiendo la diáspora más cercana al corte hitleriano que una democracia probada se puede permitir, con inmigrantes y sus niños que no tuvieron la “suerte” de ser gobernados por un comunista como Fidel Guarapo Castro en sus países de origen, para que EEUU les diese un exquisito trato de favor a merced de la Guerra Fría, les quiero dar una idea sustancialmente mejor.

Háganse notar más por los WASP, los red neck, el KKK, escriban, vociferen, llenen de grafitis las ciudades pidiendo que cuelguen, quemen, descuarticen en la plaza pública a todos esos sucios latinoamericanos comedores de yuca, de arroz, de frijoles, de porquerías repletas de azúcar, bebedores de cerveza, de ron, de tequila, bailadores de ritmos salvajes, selváticos, de gestos groseros, soeces, portadores de barrigas obscenas llenas de grasa resultado de su previa acumulación de hambre en el ADN y de gula en el hipotálamo.

Y puede que subiendo así la parada, mostrándose lo más insensible, basura y repulsivos que puedan, es posible aunque no probable, que los norteamericanos de ojos azules, aunque sea por misericordia y lástima los incluyan en algún sub sector de su bando, y hasta quizás les concedan el honor, el incomparable privilegio de llamarse Smith o Tailor, o sea herreros y sastres, nada de pasarse y pedir apellidos nobles, pero piénsenlo bien: aunque les cediesen el privilegio de llamarse "moco" en inglés ¡Estaría cumplido el mayor sueño!

Exijan la pira y la picota para todo inmigrante, eso sí, quédense en Miami, porque si sacan un pie de ahí no hay tarjeta verde, permiso de estancia, pasaporte ni dios devorador que los vaya a salvar de que esos mismos WASP (White Anglo Saxon Protestant), persuadidos por vuestras encendidas proclamas, terminen por colgar, quemar y ahogar a todo Yusnaby y Yumisleisis como a sus primos Gómez; no esperen de quienes creen que Islandia está en la Antártida que hagan distinciones imperceptibles casi hasta para Babalú Ayé, ellos sólo buscarán a los de piel marrón y grasosa, que hablan manoteando con sonidos guturales, escuchan zurullos y se mueven como orangutanes, botan el doble nueve con fiereza o se pegan al grito de !tres mil y más murieron! , visten indumentaria de payaso, portan estatura de chimpancé, e ingieren sancocho como condenado a muerte. 

 

Regla de imprescindible cumplimiento: no salir de Miami, ya que no les pedirán identificación antes del linchamiento y jamás se enterarán de la reciente concesión de su rebautizo como Smith o Lowell. Porque el cubano, y eso hay que ponerlo en valor, tiene orgullo, y al revés del resto de centroamericanos que en segunda generación se llaman Peter Gómez, el cubano se rebautiza con el nombre en castellano y el apellido británico, tal como sugiere su reminiscencia anglosajona del año 1762 en el reino de Cumberland.

Tras hacerles esta encarecida recomendación, me gustaría apuntar al margen  que mi rebeldía contra cualquier injusticia la aprendí de mi padre, mi madre, mis abuelos, pero sobre todo se me hizo carne en la vida cotidiana en Cuba, gracias al carácter justo de mis amigos, a la solidaridad, la hermandad con los más jodidos que siempre fue sello distintivo de "cubanía" y acaso sea eso lo que más duele ver perder por un eventual trueque del alma por un puñado de dólares o un gramo de ternura del capataz. 

¿Será que el terrible desprecio al que sometió a su pueblo la abominable cúpula de la "Involución cubana", privilegiando a cualquier extranjero sobre todo ciudadano cubano, habrá germinado en reproducir hoy allí donde puedan, el mismo odio contra los más débiles?

 

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Published by martinguevara - en Cuba flash.
3 abril 2018 2 03 /04 /abril /2018 23:03

No hay purgatorio sin oasis. Hace unos días decidí que ya reconstituido   los tejidos de mi cubanismo y cubaneo tras un recomendable período de reposo y descanso respecto de la realidad de la isla, de sus avatares y los nunca bien ponderados tejes y manejes de sus gerontes propietarios.

Para poder analizar bien, para poder tomar la tarea de opinar sobre una realidad que rebasa los disparates, ocurrencias, dislates, improvisaciones, de todas las obras surrealistas y su propio manifiesto de André Breton, del absurdo de Inonescu, del abstracto, del cubismo, del dadaísmo de Tzara, de la deconstrucción del tiempo y espacio de los conceptualistas, de la desesperación de los suicidas, de la temeridad de los acorralados, del abuso de los cobardes, de la cobardía de los abusadores, hay que dejar pasar un tiempo, tomarse unos jugos de otras temáticas, dormir unas siestas a la sombra de complejas reflexiones, audaces análisis incluso, pero dotados de algún sentido, de la mínima lógica, para saltar otra vez con energías renovadas al ora tibio, ora helado ora ardiente estanque de los debates sobre la realidad del país y la participación de la sociedad civil en Cuba. Y ni bien me tiro al agua, con motivo del anuncio de la reforma de la Constitución, liderada nada menos que por el demócrata y moderno dirigente Raúl Castro Ruz, e inspirada su eternizado hermano, el semi diós devorador “Guarapo  Castro”, me encuentro con una novedosa curiosidad.

Movido por la curiosidad hacia los contorneos y malabares qu deberán realizar para acometer la tarea de cambiar algo de la Constitución para que en el contenido nada cambie,  encontré esta curiosa novedad. 

A los nuevos y a los ya clásicos disidentes, esos que se ganaron su derecho a ser reconocidos como tales enfrentando una mole de dimensiones que nadie que no haya conocido un sistema absolutista al cien por ciento puede imaginar,los están combatiendo no ya los típicos cuadros de la UJC o del PCC formados en los principios del marxismo cultural de la Escuela de Frankfurt, aunque todo hay que decirlo, cada año iban mermando n materia de sustento y sustrato técnico e incluso intelectual tras el período especial proporcional a la población en general, sino que ha tenido lugar en mi más o menos breve ausencia la germinación de unos especímenes de lo más curiosos, y aunque lo exprese sin datos, con toda probabilidad son apadrinados ya en lo económico, en lo institucional o en ambos, por los mismos que otrora salían al paso desde sus pódiums de poder verde olivo y de guayabera, barriga cervecera y tres bolígrafos en el bolsillo.

Ninguno de estos nuevos especímenes de la lucha ideológica vive en Cuba, ni come salteado, ni sabe ni supo lo que es “jalar un chivo espeso” o sea pedalear una bicicleta china sin piñón de velocidades, cuesta arriba y abajo con  el buche vacío y un sol de justicia para luchar unas papas o unas cebollas, ni discute una guagua batiendo récords en los cien metros planos, ni choca con los apagones, los cortes de agua, los derrumbes de los edificios, ni mata mosquitos a dos manos por la noche que no hay ventilador ruso que los espante ni con su aire ni con su ruido, todos viven a cuerpo de rey en el exterior, para mi sorpresa, la mayoría en Estados Unidos, algunos en México, otros en Europa y todos tienen dinero a punta pala. Las nuevas "Brigadas de choque" contra la disidencia cubana, ya son Made in "Yuma".

Algunos de estos defensores de la pasta de oca y del picadillo de soya son nacidos y otros criados en el capitalismo y la democracia, también hay recientemente emigrados. Defienden la "Involución" sin tener la más remota idea de lo que hablan, ni siquiera una percepción lejana, muy por el contrario una vida henchida de opciones políticas, ideológicas, culturales de movimientos, y sobre todo, de fibras de diferentes procedencias para mantener siempre calmados, adormilados, incluso ausentes los rugidos intestinales tan presentes en las barrigas cubanas. Además hay que destacar que son portadores de una incultura supina, de un desprecio por la lectura, por el lenguaje, por la Historia, ni siquiera me refiero a su descomunal páramo de conocimientos sobre los temas que se atreven a abordar, sino acerca de todo, es como la elevación de la brutalidad en su máxima expresión, habida cuenta que el punto de encuentro para estos debates son las conocidas como "Directas" de los diversos o hegemónicos canales audiovisuales disponibles en la red. Escuché unos que ni hablan con tono cubano, una habla como una estadounidense que aprendió español hace poco, aunque intentando incurrir en cubanías como “veddá” o “po’qué” y otra hablando como una película mejicana de Cantinflas, y los hay que atacan o debaten desde sus automóviles del año con tono portorriqueño de “Nueva Yol”, lo colisiona con una característica del cubano, incluso habiendo nacido en EEUU hablan con tonalidad cubana no renuncian jamás a sus raíces identitarias en lo culinario cultural y lingüístico, como se aprecia en los casos de famosos como Andy García, María Elvira Salazar o Gloria Estefan.

Analizar las tácticas de los dinosaurios de la Involución de esperpéntico pero una vez más la maquinaria de auto conservación del sistema de represores inútiles y vagos de la isla se las ha ingeniado como cualquier parásito u holgazán para encontrar una nueva forma, nada despreciable a juzgar por su éxito, de meter cizaña, de emponzoñar, de crear divergencia y sobre todo de difamar.

Por favor queridos Eliécer, Rosa María, Yoani, Manuel, Laritza, Antúnez, Damas de Blanco en general y todos los demás, no les proporcionen la satisfacción de sus mal habidos minutos de fama para lo cual deberán descender al nivel del betún con fin de sostener un debate paupérrimo y estéril.

 

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7 marzo 2018 3 07 /03 /marzo /2018 13:56

 

Con motivo del próximo día de la mujer trabajadora, particularmente reivindicativo en el mundo entero.

 Uno de los rasgos característicos de la primerísima sociedad post revolucionaria cubana fue la emancipación de diversos sectores sociales, parecía estarse concretando el sueño de la intelectualidad europea y latinoamericana de principios del siglo XX, obreros al poder, la creatividad sin límites, el campesinado adueñándose de la tierra, y la plena realización de la mujer en todos los terrenos sociales, mujeres milicianas, mujeres trabajadoras, la publicación de la  revista “Mujeres” de alto contenido feminista, la fundación de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), el divorcio, el aborto y todo ello previo a los hippies, a la vez que los círculos intelectuales parisinos y los Beatnik de Nueva York, en el inicio de la década de los sesenta cuando el mundo casi entero era un chador para las aspiraciones de libertad de las mujeres.

Pero al igual que el resto del sueño de igualdad para todas las personas sin distinción de sexo, identidad, raza, clase social o nacionalidad, sin la más mínima discriminación, las aspiraciones   feministas, cual caprichosas veleidades también se fueron “a bolina”, al tiempo que los dirigentes fueron mostrando sus intenciones de atornillarse vitaliciamente al poder y desataron un feroz período de oscurantismo y de caza de brujas, para conseguir el efecto eterno del popper de su particular erótica del poder. Cuando la revolución se convirtió en “la Involución”, con una marcada pulsión machista.

Copyright que no le pertenece al experimento cubano, generalmente las sociedades están construidas desde la masculinidad incluso aun más que desde el machismo. Desde el simple croquis de una casa, un barrio, una calle, un revólver o una máquina de coser, concebidos desde una percepción fálica en lo estético y su esencia..

El comandante de aquella primerísima experiencia revolucionaria Ernesto “Che” Guevara, si bien bajo un prisma actual más o menos sofisticado se consideraría machista, ya que en sus convocatoritas o arengas en el fragor del combate, usaba a menudo la exhortación a la virilidad, a la hombría, pero más allá de las consideraciones sobre su accionar guerrillero e incluso ideológico, lo cierto es que en el universo de los hechos, se conducía de manera muy distinta a la percepción general hacia las mujeres en el prisma de los varones de su tiempo.

Desde muy joven en su casa tuvo la oportunidad de ver como su madre fue una mujer militante, feminista de hecho, rebelde, culta, montaba a caballo y nadaba mejor que la mayoría de los hombres, fumaba, usaba el pelo corto a lo garzón, era precisa en tiro al blanco con armas largas y cortas, y lo más importante que vio el comandante Ernesto desde chiquito, fue que su madre era con diferencia, tan o más temeraria que su padre, aun cuando este era todo un aventurero. También tenía dos hermanas portadoras de un carácter, determinación e independencia fuera de lo común, ambas se hicieron arquitectas como el padre, aunque como en todas las casas de la época, en la práctica, tanto en esa casa como en las de alrededor, las decisiones finales seguían siendo cosas de hombres y las vajillas y trapos aunque de mujeres aunque fuesen del servicio doméstico.

 

En este terreno como en varios otros él era de la convicción que cualquier grado de praxis convenía con creces que el mejor de los proselitismos. Así lo atestigua la realidad, las mujeres que tuvo Ernesto como parejas fueron mujeres de carácter fuerte, inteligentes, tendientes a la independencia no negociada, compañeras en un sentido integral, de diferentes estilos a lo largo de su vida y acorde a sus cambios pero con un rasgo común: no eran ayudantes y mucho menos sirvientes, sino que le aportaron formación. Ya fuese desde su inseparable amiga Tita Infante con quien compartía los aprendizajes de filosofía y literatura, la exiliada española Carmen González Aguilar, Carmen “ Chichina” Ferreyra quien era cualquier cosa menos una mujer sumisa, su primera esposa, compañera de lucha y su maestra en militancia, madre de primera hija, Hilda Gadea,  su primera compañera en la Sierra Maestra la campesina Zoila Rodríguez, de un gran valor y que le aportó conocimientos de la medicina popular, su segunda esposa y madre de cuatro hijos Aleida March, mujer de valor procedente de la lucha clandestina contra el régimen de Batista, así como la valerosa Tamara Bunke, conocida como Tania la Guerrillera, quien cayera en combate en Bolivia, por quien Ernesto sintiera una gran admiración y no poca atracción.

Ninguna de ellas destacadas como cocineras ni como cosedoras de calcetines.

 

Pero Ernesto Guevara partió a morir en Bolivia, en parte obedeciendo sus impulsos justicieros, en parte expelido por la avaricia de los intereses personales de sus ex compañeros, y en buena parte en la huida de las chimeneas hogareñas, donde se puede conciliar el sueño más placentero pero difícilmente provocar la fascinación de Dulcinea y la caricia de la mano materna al cráneo del hijo pródigo en su eterno vagar.

 

El vicio del poder de la cúpula cubana después de más de cincuenta años, sepultó lapidariamente toda intención inicial de aquellos sueños de reformas de los reflejos retrógrados de la sociedad que le precedía.

El sitio más propicio para la metamorfosis de la sociedad, el contorno más adecuado para toda revolución evolutiva, se reduce y a la vez eleva a uno mismo y su entorno. Si no podemos educar ni modificar nuestros más primitivos impulsos en el reducto de ese ineludible ámbito

¿Qué experiencia y autoridad moral se supone nos asistiría en su aplicación a gran escala?

 

 

Ernesto Guevara con Hilda Gadea, con su madre Celia de la Serna y con Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre
Ernesto Guevara con Hilda Gadea, con su madre Celia de la Serna y con Simone de Beauvoir y Jean Paul SartreErnesto Guevara con Hilda Gadea, con su madre Celia de la Serna y con Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre

Ernesto Guevara con Hilda Gadea, con su madre Celia de la Serna y con Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre

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Published by martinguevara - en Relax Argentina frizzante Cuba flash.
4 marzo 2018 7 04 /03 /marzo /2018 19:39

Mi hijo mayor hace unos diez o doce años tuvo un accidente de una gravedad extrema en Marianao, La Habana, conduciendo un automóvil alquilado por unos días en que había regresado a pasar unas vacaciones a su barrio desde Europa donde vivía y vive actualmente.
Tomé un avión el mismo día que me avisaron desde la isla, la cosa no pintaba demasiado bien. En el aeropuerto me encontré una prima que había venido a hacer actos y dar charlas sobre nuestro célebre pariente común. Ella regresaba a su casa, yo volaba a ver a mi hijo tendido en la habitación del Hospital Militar de Marianao, y a encontrarme con el país al que tras tomarle un cariño especial después de un rechazo inicial, tuve que abandonar porque lo decidieron entre mi familia y el Consejo de Estado. Todavía yo no había empezado a escribir artículos manifestando mi postura frente a la dictadura cubana, por ende aún no había sido del todo fumigado por el oportunismo familiar, aunque desde siempre era considerado lumpen y "no afecto", cuando curiosamente llevaba lustros siendo el único que vivía con humildad y exclusivamente de mi trabajo.
Conversamos las cosas equivalentes al estado del tiempo que solían charlar los ingleses a la hora del té, me mostró fotos de sus crías, y yo le comenté porque viajaba. 
En el aeropuerto me esperaba otro pariente, intimo amigo de toda la vida, nos abrazamos, olí el almizcle y respiré ese aire cargado de aromas de flores, plantas y humo de los tubos de escapes viejos que al olerlo me doy cuenta cuanto los extraño y a cuantas emociones me remite, me preguntó a donde me llevaba, fuimos a dejar las maletas a la casa en que me quedaría esos días y de ahí al hospital.
Una vez en el hospital habiendo estado delante de mi hijo en un estado verdaderamente crítico, en los hospitales que no eran para los familiares de los dirigentes no había casi nada, y ese el destinado a los militares de graduación media y baja, o sea que estaba entre medias. Mi hijo ya se había ido a vivir afuera de la isla y yo era desde hacía años considerado "desafecto", así que se quedaría en el Hospital militar, ni siquiera intentamos moverlo de allí a uno de parientes de la aristocracia revolucionaria. La madre de mi hijo, me comentó que el médico le había pedido que “resolviéramos” una cánula porque no tenían en el hospital
Todos los días su madre, que había viajado con él a Cuba, gastaba una buena cantidad de dinero y tiempo en conseguir regalos para las enfermeras, los médicos, los conserjes, incluso para que lo cambiasen de habitación cuando entraba en la suya un herido a machetazos o a puñaladas, tras una gresca grupal o familiar, ya que muchas veces por la madrugada llegaban bandas con el cometido de liquidar el trabajo o que no había podido ser concluido en la calle. No era un buen ambiente donde reponerse de una operación al cráneo. 
Las noches las pasábamos conversando y haciendo chistes, mientras nos turnábamos para vigilarlo, echarle un ojo, en esas circunstancias la vida de una persona depende tanto de la atención profesional como de la energía que desprende el apoyo de los afectos que reciba en su recuperación. Los familiares de los ingresados de fuera de La Habana estaban en condiciones deplorables, en el suelo, sin comida, sin lugar para ducharse. Nosotros no, la familia de mi hijo vivía en una desvencijada mansión del elegante barrio de Miramar, el cual estaba también la casa donde yo me quedaba a dormir, además teníamos algo que en el capitalismo, el feudalismo y el socialismo supone un bálsamo: efectivo contante y sonante.
Llamé a mi pariente para pedirle la cánula, el médico también había sugerido que resolviésemos unas placas para soldar su mandíbula, hilo de coser, gasa, y varias cosas más. La prima mencionada me dijo que vería donde la podía encontrar, pero que el médico supiese que el Comandante había dado la orden en todos los hospitales de que nadie podía pedir nada afuera, y entonces le dije que como se le ocurría que le iba a meter esa muela al médico que estaba haciendo lo que podía por salvar a mi hijo, le dije que me ayudase si podía y si no yo buscaría por otro lugar, pero sin esa descarga. 
Me dijo que sí.
Al día siguiente, cuando llegué al Hospital con la cánula que previamente había pasado a buscar por la casa de mi pariente, la madre de mi primer hijo tenía el semblante pálido, adusto, rígido, justo cuando iba a preguntarle por qué, ella me llamó aparte:
-Martín ¿ tú hiciste o dijiste algo a alguien del médico que lo comprometiese? 
Me quedé lívido pensando y no encontré nada en mi memoria hasta que caí en la cuenta de lo que había pasado. No me acordaba de donde estaba precisamente. Le di la cánula que era un tamaño mayor, y le conté como la había conseguido, entonces me dijo que el médico repentinamente no quería nada de afuera, ni las placas para soldar al mandíbula, ni la cánula, ni la gasa, ni regalos. Estaba aterrado.
No me lo podía creer, quise dejar lugar a la duda.
Mi hijo salió de aquella, volvió a nacer.
Hace pocos días, en una de las visitas que le hago en su hábitat actual en una isla española bañada por el sol y la arena casi como su bella y fatídica Habana, me hizo una confidencia de la que yo había escuchado una vez, hace mucho tiempo, un cierto murmullo procedente de un tío que también se quedó viviendo en la isla de la Involución, pero a lo que no había querido dar mayor relevancia.
Me contó que cuando tenía la sensible edad de 15 o 16 años, fue a una fiesta acompañado precisamente de ese tío, en la cual se festejaba el cumpleaños de una hija de mi pariente de la cánula, la fiesta era en un lugar ni privado ni público, conocido como el Cristino Naranjo en Miramar, y cuando llegaron a la entrada, mi pariente en persona dijo que mi tío podía entrar, pero su acompañante no, mi tío le explicó que se trataba de mi hijo, y ella taxativamente dijo: 
-No, ese no es de familia revolucionaria.
Cuando me contó esto, el estómago se me encogió, el alma en un instante se me secó, sentí que toda la soledad que yo había padecido a causa de mis actos, de mi responsabilidad, se la habían hecho sentir sin la más mínima razón ni compasión a un muchachito que empezaba a incorporarse a la vida adulta, le habían hecho sentir ese vacío, ese desaire, esa crueldad gratuita; como dicen los españoles: ese feo. 
Pensé largo y tendido si tener una plática epistolar o mandarla a hacer todas la puñetas que tiene pendientes de hacerse. 
En ese momento pensé que en la vida siempre hay una de cal por otra de arena, un hermano de esa pariente, durante los años en que yo no pude o no era capaz de ocuparme de mi hijo, él lo iba a visitar, se preocupó porque mi hijo tuviese un familiar mío  cerca, porque supiese de donde venía por mi parte. 
Fue él quien me esperó en el aeropuerto y me llevó al hospital la noche que llegué, y también me llevó el último día al hospital y de ahí al aeropuerto. 
Entre el asco que me produce una actitud y la ternura de la otra, siempre elegí por esta segunda. Pero hoy sentí que debía contar esta crueldad innecesaria que una persona abyecta le hizo a mi hijo, que él se guardó tanto tiempo y que le supuso sentirse menospreciado frente a otros parientes en la isla donde hay más castas sociales qu en la propia India, seres infinitamente menos valiosos que él como persona; por ende esto no es literatura, no es narrativa, no está ni bien ni mal escrito, como en la foto de un crimen, sólo es necesario que esté nítido y diáfano. Un vomito incontenible.

 

A traición

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Published by martinguevara - en Cuba flash.
20 febrero 2018 2 20 /02 /febrero /2018 14:11

A raíz de una denuncia de un matrimonio de turistas cubanos y sus familiares de la que se hizo eco la prensa sobre el maltrato en Cuba a los turistas nacionales en comparación con los extranjeros, me vino a la memoria y a la reflexión este pasaje.

Llegué a La Habana en 1973 siendo un crío, nos fueron a buscar tres automóviles con milicianos y nos llevaron directo al Hotel Habana Libre, viví tres años y medio allí mientras estudiaba en la primaria Orlando Pantoja y la secundaria “Felipe Poey”, anexa a la Universidad.

La realidad en el hotel comparada con la de la calle parecía una película de Tarzán o Daktari en África, era difícil vivir entre dos mundos tan diferentes, recuerdo que denominaba esa situación como: “los de adentro y los de afuera".

Cinco restaurantes a mi disposición más servicio de habitación, piscinas, entretenimientos, mucho espacio, confort, toda suerte de exquisiteces en las cantidades que desease, mis padres tenían mucho cuidado de ir al restaurante más familiar y menos ostentoso y de pedir los platos menos suntuosos, imagino que por la propia contradicción a que los obligaba aquella doble moral tan evidente, incluso mi padre antes de irse rumbo a su lucha contra los molinos de aire perfumados con aroma de mataderos, pidió encarecidamente a las autoridades que nos atendían, que nos enviaran a un barrio obrero. Cuando a finales del año 1976 comenzaron a reformar el Hotel para satisfacer la nueva política de cara al novedoso proyecto para el turismo bañado de “moneda enemiga”, fuimos los últimos en irnos, los pasillos parecían edificios bombardeados, nos mandaron sin escala al paraíso proletario de Alamar.

 Sólo la imaginación podía componer un mayor contraste.

Antes de irnos, a principios de aquel mismo año 1976, se estableció la primera tienda experimental de productos del capitalismo y se puso en nuestro hotel. Con mi amigos Fernando y Pedrito teníamos un equipo que competía contra Gerardo y Alejandro para ver quien sustraía cosas de mayor precio de dicha tienda, aunque nosotros nos esforzásemos con muchas postales y otra baratijas que al ser de bajo valor estaban en la zona menos vigilada, generalmente Gerardo que era mayor que nosotros y tenía más pinta de serio, se atrevía con un reloj o algo de similar valor más cercano a las vendedoras y nos eliminaba. Un día mientras llenaba mi pantalón y camiseta de postales como un canguro con su bebé me "partieron" , al salir me dieron la voz de alto y me largué a correr como perseguido por un guepardo, un pequeño grupo empezó a gritar ¡atájalo! mientras yo iba incrementando la velocidad, esquivando columnas y curiosos y el grupo de los perseguidores fue creciendo por todo el Lobby del hotel, sólo me detuve una fracción de segundo cuando Fedora la mamá de Pedrito y la mejor amiga de mi madre que era como una tía para mi, entró al hotel trayendo de la escuela a Paula, su otra hija, y con el asombro clavado en su cara me ensartó una porción con la mirada, seguí corriendo deshaciéndome de esa daga por el instante en que lo necesité aunque con el coste de llevarla enfundada en la retina el resto de mi vida. En un recodo de mi huída mi amigo Fernando tuvo el valor de salirme al paso para aliviarme de algunas postales, cosa que nos terminó de hermanar, y ahí frente a los baños que hay tras los ascensores doblé la curva hacia la izquierda, a la derecha estaba la barbería, los baños turcos, la lavandería y luego una vía muerta, y hacia donde me dirigí estaban las tiendas para huéspedes pero en dinero cubano, en aquel entonces no había puertas era todo pasillo diáfano, más tarde destrozaron la estética de ese magnifico edificio, estaba la tienda de artesanías con sus espantos varios que nadie compraba, ranas tocando la tumbadora, diablillos abacúa, cangrejos con maracas, sombreros de yarey, y otras por el estilo, a continuación estaba la perfumería, después la tienda de fotos y oficinas. En la fuente que hay en medio de las tiendas dejé casi todas las postales dentro de un cajetín de electricidad que había entre las plantas, me quedé con cuatro o cinco y paré de correr, se me echó un grupo de corredores burlados y me llevaron a la oficina de la milicia, que estaba detrás de la cafetería, bajó el administrador Zorrilla y tras reprimendas y regaños llamaron a mi madre. Fue un escándalo surrealista, el sobrino del Che perseguido por el lobby de su casa con productos sustraídos de la primera tienda anti comunista de la isla, muchos trabajadores y huéspedes exiliados habían tenido butacas de primera fila para ver el show. Yo me sentía entre aterrorizado y dignificado por los esfuerzos invertidos por los seguidores en capturarme, mi padre estaba preso en ese entonces en Argentina y por transferencia para mi ser detenido, era más honroso, más heroico que lograr escapar. Huelga aclarar que si en vez de ser extranjero y pariente de un comandante hubiese sido "de afuera" de la pompa de jabón, otra breva me habría caído.

Aquella tiendita al fondo del pasillo del Hilton confiscado por la revolución, donde para comprar había que previamente cambiar las divisas en la carpeta, era el comienzo del virus degenerativo de la autoridad moral para pedirle sacrificios a la población cubana, en pos de resistir al enemigo imperialista, ya que la división de castas nacionales era menos evidente y de alguna manera se podía camuflar y de otra intentar justificar, para las pocas personas en toda la isla que conocían como vivía un familiar de un dirigente, pero la discriminación y xenofobia que despertaron esas infames tiendas no se podían esconder, y difícilmente se podían explicar.

 Después empezaron a chorrear las Easy Shopping y casi al unísono las Diplotiendas, las Diplopeluquerías, las Diplodulcerías, donde todos los productos tenían un común denominador: eran infinitamente mejores que aquellos destinados al consumo de los cubanos. La consecuencia más directa fue que se evidenció a todo nivel el desprecio por la población, por el ser cubano, por los mismos por los que se decía que se había hecho la revolución, enviando el mensaje de que el gentilicio “cubano”, frente a cualquier extranjero, de los cuales había siete castas, le correspondería  siempre el rol del servidor, del culpable, del sospechoso, del castigado. El del contaminado por la pandemia de la humillación y la doble moral.

El cubano ha sido mucho más dignificado en cualquier país del mundo que en su propia tierra. De ahí que sea menester entender que la inmensa mayoría de los cubanos que convivían con este enorme y profundo desprecio permanente, sienta una especial gratitud a EEUU en ocasiones erróneamente personificada en una opción política y no en los tratados de elementales Derechos Humanos, al haber experimentado por primera vez en su suelo la dignidad personal, el trato igualitario y el respeto como ciudadano.

 

 

 

Lobby del Total Habana Libre

Lobby del Total Habana Libre

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Published by martinguevara - en Cuba flash.
4 enero 2018 4 04 /01 /enero /2018 12:59

Llegué al aeropuerto de Barajas y cuando iba a salir al exterior pasé por delante de los mostradores de facturación de Iberia para La Habana.

Hay cosas que no cambian, el Sol sale cada mañana, los huevos tienen yema y los residentes cubanos que regresan a la isla llevan su maleta oronda, rebosante, henchida, imposible de cerrar, junto a una de mano, el bolso, y un par de bultos más repletos de pacotilla.

Habida cuenta que en el acto de cargar con semejante cantidad de suministros a lo largo de los casi sesenta años que dura el estrambótico experimento social en Cuba, se reconoce la incapacidad del gobierno para proveer los más elementales artículos a la población, me pregunto:

¿Cuando esa creciente masa viajera que abarrota las bodegas de los aeroplanos, cambiará el chip y empezarán a pensar que nadie debería volar tantas millas, pasando todo el tipo de obstáculos para lograrlo, y regresar a una tortuosa sesión de revisiones y mordidas en la aduana de su propio país, para poder contar con elementos básicos? Y que esta reflexión conduzca de una vez por todas a tomar una posición critica, aunque tan concientización hubiese que agradecérsela al consumismo.

Me refiero a los viajeros que viven en Cuba, a los que desde siempre han podido viajar, generalmente privilegiados por un puesto ministerial, gubernamental, artístico o por ser familiar de algún dirigente, y a los que desde la semi abolición de la prohibición de salir del país, se pueden pagar un pasaje. No me refiero a los que se fueron y que alguna vez regresan a ver a sus parientes.

Aunque tampoco simpatizo en absoluto con esos ejércitos de pasajeros cargados de bultos donde sea que residan, por la agresión que representa al más elemental y básico buen gusto y porque si tuvieron que abandonar su país porque no se podía progresar, opinar, discrepar, el responsable no es el medio ambiente ni los fenómenos naturales, sino el gobierno.

Esa capacidad asombrosa y destacada del cubano de soportar todo, que como decíamos en broma allá, lo convierte junto a las "blattodeas" cucarachoides, en los únicos seres vivos que podrían sobrevivir a una guerra nuclear, si embargo lo invita a esquivar la conveniencia de luchar para participar en las decisiones trascendentales y pertinentes de su propio país, de su propia Historia, finalmente, de su propia vida.

Un reporte del G2 a los superiores podría lucir así:

"Sin problemas, viento en popa, el rebaño sigue “resolviendo”, tras la zanahoria, la salvación personal y su caja de laguer.  Vamos por buen camino"

 

Mercaderes del aire
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