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25 agosto 2012 6 25 /08 /agosto /2012 15:59

 

 

 

Con motivo de la reciente visita a Noruega, recordé esos comentarios tan extendidos en todos los ámbitos, que aseguran que en los países nórdicos se vivirá bien, pero que la tasa de suicidios es la mayor. Y recordé a Durkheim con sus cuatro clases de suicidas, y su opinión de que los ateos o protestantes se quitaban más la vida que los católicos o judíos. Al grupo de los suicidas altruistas pertenecerían los fanáticos militaristas, los hoy coránicos o los hasta ayer mismo seguidores de Bush. Y a los egoístas los carentes de fe en lo sobrenatural, en lo divino. 

El tema ha resultado siempre de mi interés porque acaso durante un tiempo más prolongado del que me gustaría admitir aunque menos de lo que me temo, me encontré formando parte del coro de este colectivo, pero a la manera que describiera Hermann Hesse en el lobo estepario, diciendo algo así como: " más que el que comete el acto de acabar con su vida, el suicida es quien vive constantemente con la navaja en las inmediaciones de su muñeca".
No me imaginaba otra razón para situar a los habitantes escandinavos entre los menos amantes de la vida que el hecho de que al tener resueltas tantas necesidades vitales, la angustia se quedase muy desprotegida de los artilugios y barnices en que suele estar entretenida en la mayoría de los casos. Como una zona llena de burgueses de buena vida, que sin embargo caminan constantemente sobre el enorme riesgo de tener el "Yo" completamente expuesto, el sentido de la existencia permanentemente evaluado. Me hacía más adepto a esta percepción comprobando que por el contrario los Estados con menor número de suicidios per cápita ostentaban el común denominador de la pobreza extrema.
Y entonces encontré esta estadística de la cual anexo el enlace, que aún sin dar del todo las espaldas a aquellas que dicen conocer casi todos los interlocutores de cualquier latitud cuando se habla de Escandinavia ya que coloca a Fiinlandia en el puesto número trece, arroja sin embargo un resultado más sorprendente aún para mi. De los diez primeros países con mayor tasa de suicidios, ocho fueron dictaduras del proletariado socialistas o aún lo son. 

 La primera es Rusia, la gran madre patria en la praxis del comunismo científico y en la perversión del socialismo utópico francés. Los dos países no ex socialitas que aparecen entre los diez primeros en esta estadística, son Corea y Japón, de politicas inconfundiblemente capitalistas, pero de una tradición en disciplina colectiva y de estricto acatamiento de las leyes y normas, que los sitúan en lo referente a la conducta social más emparentados con las sociedades regidos por dictados que los que disfrutan de la diversidad de opciones. 

En los años en que viví en Cuba, la más profunda muestra de insumisión a los dictámenes verticales que tuve oportunidad de presenciar, incluso más integral que la rebeldía , era el cese del entusiasmo por la vida, expresado bien con un agudo alcoholismo que confluía en muerte o deliriun tremens, en la depresión más absoluta, en la locura, o directamente en el suicidio. Claro, no existían estadisticas de absolutamente nada que no tuviese relación directa con los pretendidos logros del gobierno, de manera que si la realidad se atuviese a los resultados de los censos, en Cuba no habría prostitución, ni descontento social, no habría censura, presos politicos, abusos policiales, no habría drogadicción, ni enfermedades de transmisión sexual, no habría pobreza, ni siquiera alcoholismo y por supuesto; no existiría el suicidio, la mayor afrenta al sistema más anhelado por el hombre, la sociedad de la vida. Motivo que convertía en imputable penalmente a todo aquel que incurriese en un intento fallido. El suicidio estaba prohibido, perseguido y penalizado por la ley. 

Aún así la gente se quitaba la vida de todas las formas imaginables, siendo las más folclóricas el ahorcarse de una guásima o arbusto similar, arrojarse de un edificio, abrirse las venas, incluso indirectamente cayendo preso o adentrandose al Atlántico caribeño en un emparchadísimo neumático de tractor ruso, para cubrir la distancia que separa la isla con la Florida, pero había una manera de suicidarse en Cuba, que de por sí debería reservarle un sitio de honor en esa lista por su calidad, ya que no por la cantidad: el bañarse en kerosene o luz brillante y arrojarse uno mismo una cerilla encendida con los propios dedos, se rumoreaba que la mayoría de personas que usaban este drástico pasaje a las dimensiones próximas siguientes, eran mujeres y lo hacían por desengaños amorosos, lo primero era fácilmente comprobable, lo segundo solo a través de un medium. 

El mundo al que la isla está por despertar de su largo sueño pesado, es menos asfixiante y opresivo pero está lejos de ser halagüeño y sobre todo de recibir a nadie con los brazos abiertos, solo espero que en el futuro cuando se permita la publicación de las incidencias sociales, Cuba no mejore ese puesto en tal perturbador escalafón y que los desengaños amorosos hayan encontrado un tipo alternativo de alivio.


Ocho poblaciones ex conejillos de india de un fracasado experimento igualitario están entre las diez que menos valoran la vida.  Interesante dato conque el finado de Durkheim no pudo contar a causa de la cronología, y con el cual de seguro habría confeccionado un jugosísimo quinto grupo de tomadores de decisiones terminantes. 
Personas que se privan de la vida a fin de evitar los interminables estertores de una sofocante existencia.

  Un grupo más expeditivo que apático.

 

 

 http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Pa%C3%ADses_por_tasa_de_suicidio

 

 

 

 

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Published by martinguevara - en Opinion crítica.
15 julio 2012 7 15 /07 /julio /2012 20:49

 

 

 

El estadio entero contuvo la respiración.

Solo unos minutos antes quedaban tres contendientes dirimiendo cuál de ellos se llevaría la presea de oro en el cuello una vez terminada la jornada, pero para ello debían brindar el último esfuerzo, el mayor, el que linda con los límites de lo conocido y lo concebido. Uno de los tres quedó descalificado luego de los reglamentarios tres intentos sin lograr sobrepasar el listón. Quedaban solo dos y uno de ellos había logrado en su tercer salto superar la marca del día y establecer un nuevo récord olímpico, le quedaba el último chance al otro saltador para seguir compitiendo por el oro, o ya estaría todo dicho.

El atleta cubano despegó los pies del suelo en el momento preciso, después de una carrerilla perfectamente ejecutada, se elevó como si contase con una glándula de propulsión que el resto de los humanos desconoce, pasaron sus hombros primero , luego la espalda, el atleta comenzó a arquearse sobre el listón sin rozarlo , pasó entonces su cintura, y entonces cuando el estadio completo sentía esa mezcla de satisfacción por ver un duelo digno de respeto con los nervios de estirar el sufrimiento del representante patrio, el saltador británico, en el preciso instante en que los pocos cubanos que había en el estadio comenzaban a prepararse para exclamar su satisfacción, cuando el saltador había comenzado su triunfal descenso, acarició  levemente con la pantorrilla la barra, pero lo suficiente como para que la misma luego de un dubitativo temblor cayese inmediatamente después que el desportista cubano sobre la colchoneta amortiguadora. Gran Bretaña se alzaba merecidamente con una medalla que llevaba años codiciando,  simplemente esperando que un atleta se atreviese a disputarla. Ambos atletas se fundieron en un apretón de manos se dijeron unas palabras que solo ellos escucharon y en su expresión primaba la comprensión mutua.

Comenzaron las banderas inglesas blancas con el león en rojo a ondear, y las banderas británicas con las franjas azules rojas y blancas cruzadas a flamear al son del entusiasmo de la gente. Y ni una sola alma en todo el planeta se le ocurrió relacionar a esas banderas, con aquellas idénticas en apariencia que lideraron tristes episodios marciales de conquistas, de rapiña, de confrontación bélica.  Sencillamente porque la bandera no era la misma, porque los ingleses que la ondeaban no eran los mismos, porque el acontecimiento que festejaban no se parecía en nada a aquellos.

En estos días en que se aproxima el comienzo de las olimpíadas en Londres, sin duda uno  de los escenarios más bellos y una de las culturas a la que el deporte universal le debe más, se están sin embargo empleando con cierto exceso en el celo para prevenir y proteger a la población de posibles ataques terroristas, aún cuando puedo convenir que toda protección contra la sinrazón de la violencia es bienvenida, lo cierto es que ciertas prohibiciones son un tanto caprichosas y rayanas en lo ridículo.

No se permitirá entrar en ninguno de los predios deportivos con prendas que contengan alusiones políticas o que puedan herir alguna sensibilidad, tales como las camisetas que lleven la imagen del Che.

Es cierto que yo siempre he mantenido que les diría a cada muchacho que lleva en su camiseta estampada el famoso retrato  del Che Guevara, que tuviese en cuenta que ese que se pone era un militante anti sistema pero con algunas significativas diferencias con los jóvenes hedonistas de estos días. Era igualmente un intelectual teórico del marxismo, que un soldado de la Revolución, con otros usos y costumbres mucho más extremistas y drásticos que los usados por los anárquicos y ocurrentes anti sistemas de hoy.

Pero en ningún caso consideraría peligroso para el correcto desarrollo de las olimpíadas, colocarse una camiseta con la imagen de mi tío, más bien al contrario,  si alguna manera de neutralizar su mensaje de oposición frontal a toda la sociedad de consumo existe,  es precisamente convirtiéndolo en una mercancía de dicha sociedad.  

En este sentido reconozco una contradicción , por un lado me gustaría que aquellas personas en sintonía con los ideales del Che los cuales no comparto aunque respeto su manera purista de creer en ellos, acudiesen a sus escritos y a su esencia más que a la imagen creada con el paso del tiempo de ídolo pop; y por el otro lado me alegra que lo conviertan en un ícono de jóvenes que persiguen diferentes libertades,  haciéndole honor a ese rasgo suyo y liberandolo del peso de otros aspectos.

Pero en cualquier caso creo que las personas que llevan por las calles, a sus trabajos, a los conciertos o a los estadios las difundidas camisetas con la imagen de Ernesto, no hacen más apología a la violencia que quien en su camiseta ostenta el escudo de una bandera bajo la cual se hubiesen cometido algunas de las barbaridades del amplio surtido que la Historia provee. Hasta las frases de los himnos que hacen mención a morir por una causa, podrían ser tomadas como apologéticas de la violencia.

Más bien creo que los terroristas con su accionar buscan justamente destruir o contaminar la sociedad caracterizada por su amplio abanico de libertades individuales y su profundo respeto por las elecciones personales.  

Prohibir vestir una prenda, parecería estar más próximo a considerarse un éxito talibán que un logro democrático.

De todos modos, más allá de lo que hayan simbolizado en el pasado las  banderas y lo himnos que toquen en las entregas de medallas, más allá de la obligación del deportista cubano de ofrendar públicamente su medalla al Comandante, y de la más que considerable recomendación de que el inglés agradezca con reverencias al representante de la casa de Windsor que lo salude, el verdadero  espíritu de los Juegos no está ni en los poderosos que organizan el evento, ni en el Che, ni en Ricardo Corazón de León, sino en el choque de manos y las palabras que se dijeron los saltadores al concluir el certamen y que solo ellos escucharon.

De otro modo, aunque no lograsen hacer explotar sus bombas, habría ganado el más temible de los terrorismos, el de la instrumentalización del odio entre los hombres.

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Published by martinguevara - en Opinion crítica.
6 abril 2012 5 06 /04 /abril /2012 21:04

 

 

 

 

Cada vez que escucho decir que hay que tenerle desconfianza al negro, al humilde de América,  a los deportistas, a los nuevos ricos, o a Obama, incluso cada vez que oigo decir que hay que desconfiar de los negros delincuentes, desconfiar porque son holgazanes, demasiado dados a la juerga y a la bebida, al juego y a la ilegalidad, me pregunto si la gente que habla se ha detenido un instante a pensar en lo que está diciendo.

La totalidad de los inmigrantes africanos a tierras americanas se produjo por medio del uso de la más cruel de la fuerzas. En ningún caso emigraron por sus deseos ni por sus medios, y mucho menos para convertirse en casi el cien por cien de los casos en esclavos, escapando de esta suerte un reducido grupo en Centroamérica, que ha vivido todos estos siglos sin haber pasado por el látigo, ya que fueron tres galeones que se quedaron sin dueños y resultaron libertos. Los únicos casos entre los millones de africanos que fueron transportados en galeones a América para trabajar en el nuevo continente.

A saber, en honor a la verdad los primeros en atacar sus aldeas y matar a todo el que consideraban no apropiado para el trabajo duro, como bebés y ancianos, así como enfermos tullidos y heridos en la batalla, eran los habitantes de las aldeas vecinas, hipotéticamente sus propios hermanos, de la misma tierra la misma lengua y algunos de la misma  sangre. Luego los llevaban maniatados a través de la selva hasta el puerto, donde primero los compraba un intermediario africano o europeo que ya se había establecido en la costa. A los que no servían , ya fuese porque llegaban muy extenuados, o porque los comerciantes los encontraban con imperfecciones insalvables, como las dentaduras deterioradas cosa que bajaba el precio porque en breve no podrían comer el duro alimento que se les arrojaba, las piernas dañadas, los brazos demasiado flojos, o que hubiesen enfermado tras la tragedia sufrida en los días de travesía hasta el puerto, se los tiraba al agua. Así, sin más.

Las bahías de los puertos esclavistas en África casi siempre montados por holandeses y portugueses, pero también por españoles ingleses y franceses, donde llegaban los galeones negreros con un gran espacio en sus bodegas para alojar estos seres considerados  mercancía, eran verdaderas fondas de alimentos para tiburones y barracudas a merced de los infelices que se arrojaba por descartes de los esclavistas.

En esos galeones iban hacinados encadenados, y tenían que hacer sus necesidades encima, de tal modo que eran frecuentes las plagas, o las enfermedades y sus contagios. Antes de llegar a puerto americano eran arrojados nuevamente al mar todos aquellos que no servían para ser presentados siquiera ante los compradores. Como en toda actividad, y más en esta donde se puede sopesar el calado moral que hay que tener para realizarla había picaresca, estafadores de la más extrema baja calaña, estos no tiraban a todos los esclavos que estaban en malas condiciones,  si podían maquillar a los que estaban menos mal y lograban ser al menos vendidos si se los aseaba y alimentaba un poco , porque no era cuestión de ser cruel pero tonto, por cada esclavo que se tiraba por la borda se perdía un dinero, si luego el terrateniente se daba cuenta que le habían dado gato por liebre y tenía que ser este quien se deshiciese de él, siempre se podría solucionar más adelante con una oferta atractiva de dos por uno en el próximo viaje.

Una vez en el puerto americano, desde lo que hoy es Estados Unidos hasta el Río de la Plata, se los miraba uno a uno y al que no gustaba, una vez más le esperaba el agua. Tal era así que se llegaron a crear verdaderas colonias de modo artificial de tiburones y demás carroñeros acuáticos, en el Golfo de México y ciertas zonas de Australia y San Salvador de Bahía. Eran creadas por la mano humana, por cerebros y almas que eran capaces de contener toda esa cantidad de crueldad sin el más mínimo prurito. Baste leer los escritos sobre la trata que llegaron a nuestros días, para quedar atormentado y perturbado por el modo de referirse a esas personas.

Y a esa cantidad que era cargada en las caravanas que los llevaban hasta los campos de trabajo, aún les quedaba pasar el tamiz natural de la fuerza para soportar ese rigor, semejante suplicio en que se les convertía la vida en tan breve espacio de tiempo,  desde que habían estado jugando alegremente con los suyos, o cazando algún mono para amenizar la tarde con un festín y llegaron sus vecinos con los machetes a desatar la pesadilla.

Los porcentajes de sobrevivientes  consensuados eran más o menos así, de la tribu en que se los apresaba quedaba el treinta por ciento vivo, de los que llegaba puerto eran comprados solo la mitad, algunos, los más sanos se quedaban de esclavos haciendo labores en el puerto y los otros al agua. De los que se cargaban en los galeones solo el diez por ciento era comprado en América y finalmente usado para el trabajo, el noventa por ciento restante o morían en el trayecto, o eran descartados en el puerto mismo o una vez comprados enfermaban y no se acostumbraban al espanto de la nueva vida, y o bien enfermaban y morían naturalmente o eran arrojados a los perros cazadores de cimarrones en los palenques para cebarlos con carne de africano y que siempre estuviesen prestos a atacar a los esclavos. He tenido la oportunidad de escuchar la desfachatez de llamarles a estos canes, perros asesinos, sin hacer mención de sus amos.

Sé que al aproximarme a un tataranieto de un esclavo no estoy en presencia de este. Ni yo por haber tenido antepasados terratenientes que tuvieron esclavos en sus plantaciones y minas, soy culpable en lo más mínimo del horror ocurrido. Pero también sé que si a uno de los dos le toca acercarse con cuidado, pidiendo casi permiso para ser aceptado y comprendiendo la desconfianza inicial, ese soy yo. Sé que si a uno de los dos les toca sentir un temor impreso en su ADN, un terror que proviene de las historias no escritas como los cantos rituales que supieron mantener de sus antepasados, ese es él.

Por eso cada vez que escucho decir con esa tranquilidad como si nada, a lo largo de toda mi vida en todos los países: -cuidado con estos negros que si no la hacen a la entrada la hacen a la salida- sé que estoy en presencia de las reminiscencias de crueldad que nos legó el amo de aquellos perros, o quizás la más profunda de las culpas. Tal vez se pueda entender luego de un sesudo esfuerzo, que no abundan los motivos para que confíen a pecho abierto en en los valores que les propone una sociedad impuesta por los mismos que sojuzgaron a sus antepasados. 

Los hacedores de la Revolución en Cuba, que entre sus arengas más proselitistas enarbolaban la liberación de los prejuicios raciales, han vuelto a sumir a la población afrocubana en la humillación de los peores trabajos, las peores opciones sociales. El lenguaje de las altas esferas del poder en Cuba para referirse a los afrocubanos, es excecrable.

Si somos capaces de conmovernos hasta la parálisis con el Holocausto una vez que visitamos un campo de concentración, o pensamos en ello, debemos recordar que ese trance atroz duró cinco años, mientras  hay países donde el período de absoluta carnicería humana para satisfacer los más bajos instintos humanos, que significó la trata de esclavos negros traficados desde África, duró tres siglos y medio, trescientos cincuenta años. Es dificil concebir tanto dolor.

Sería menester que se desista de incluir en las carteras de chistes los racistas, que cuando se relacione negro con fatalidad, con pésimo, se piense antes en quien es el propietario de esa voz que se apropia de nuestro interior. Porque hay muchas más razones para que los descendientes de aquellos hombres de carne dolor, desconfíen de nosotros o de todo lo que les huela a esclavista, que viceversa.

Una de las cosas más reconfortantes que vi es el museo de la esclavitud en Liverpool, ciudad puntera del comercio bestial de personas de África. Es tan contribuyente a la salud como los recordatorios de Auschwitz o Mauthausen, sus ciudadanos de esta forma manifiestan que no están del todo de acuerdo con la manera en que les llegó el desarrollo. Y estando presente en esa autocrítica sentí cierto alivio aún perteneciendo al género humano.

A mi hijo, le enseño esto porque estoy convencido que así como incluso los hermanos Oppermann, Judíos bien integrados en la burguesía  berlinesa, creían imposible que el país de Goethe, de Beethoven y Hegel pudiese caer sumido en la  atrocidad más primitiva, hoy pensamos que estamos a salvo de aquellas bestias, y es mejor que nunca sepamos lo cerca que podemos llegar a estar de ese virus humano que se encarga de la autofagia y de la negación de sus propios logros.

Los bailarines, los obreros, los deportistas, incluso los delincuentes podrán gustar o no por muchas cosas, pero bajo ningún concepto aceptemos como uno de los motivos el pigmento de sus pieles ni el pedigrí de sus progenitores.

 

 

Galeones holandeses.

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Published by martinguevara - en Opinion crítica.
21 marzo 2012 3 21 /03 /marzo /2012 20:13

 

 

 

Entrevista concedida al periodista y escritor Alvaro Alba.

 

Álvaro Alba (Cuba, 1963) vivió en la URSS, luego en Ucrania y Rusia, y ahora en Estados Unidos. Llegó a Odessa en 1982 donde consiguió el Master en Historia. A tenor con la “perestroika”, fue uno de los organizadores del grupo de jóvenes cubanos que se pronunciaron contra Fidel Castro en Moscú. Escribió para la prensa independiente de Ucrania y fue asistente en la corresponsalía del madrileño diario ABC en Moscú.


¿ Ser un familiar del Ché, ¿Cómo ha repercutido en tus opciones de vida, tanto políticas, morales, éticas, religiosas, etc? ¿En ser o vivir de determinada manera?

Hasta los diez años, momento en que nos trasladamos con mis padres y hermanos a La Habana desde Buenos Aires, yo no tenía ni idea de que era sobrino de tal personaje. Conocía a mis tres tíos y sabía que tenía uno que había fallecido. Al llegar a La Habana, nos esperaron con pompas y honores, nos llevaron al Hotel Habana Libre a vivir, con todo a nuestra disposición, y entonces me enteré que tenía un tío que había sido como los héroes de comics y personajes de Emilio Salgari que me gustaban y allí surgió la primera contradicción, desde el primer día. Me dijeron que mi tío, el Che, había hecho una Revolución y muerto intentando hacer otras para que todos los niños del mundo fuesen iguales, y justamente ese mismo hecho en ese mismo día me convertía en un ciudadano VIP, diferente a los otros niños.

A partir de los diez años y hasta que me aislé absolutamente de todo foco donde el Che tuviese alguna relevancia, y viví sin que nadie supiese que era su sobrino, toda la vida tuvo influencia sobre mi persona, incluso cuando lo ocultaba y llevaba la vida normal que llevo ahora, porque en cierto modo es un estigma, que es positivo y también puede no serlo tanto.

El sedimento que dejó e mi vida, es una voz que dice dos cosas, “haz lo que creas que debes hacer cueste lo que cueste” y la otra es “donde quiera que veas una injusticia sé capaz de conmoverte con ella”. Donde quiera y a manos de quien quiera que la haga. Luego un tercer aspecto, que puso su vida en lo que pensaba, se involucró sin medias tintas.

En las opciones de vida que me marcó fueron las opuestas, cuando adolescente en ser un antihéroe, un antisocial, o como el término marxista indicaba un lumpen, que era un desclasado social, en este caso no proveniente del proletariado sino de la pequeña burguesía.

Puedo coincidir en cierta arista de él con el aprecio por el  hombre  solitario, por el errante, de no demasiada buena fortuna, el perdedor con dignidad que se transforma en el ganador a la postre, pero se puede decir que ya era mi tendencia, ya que mi padre es un hombre de valores muy claros y diáfanos, que en el corto tiempo que vivimos juntos alcanzó a dejarme un poso de mensajes en el sentido en que lo importantes ser una buena persona, que al final del camino eso sea lo que quede. Aunque es muy probable que mi padre o bien haya rescatado algunos de esos valores de su hermano mayor, o de la misma fuente que él los había mamado. Otra cosa es por los derroteros que luego la vida los condujo como personas, pero aquel era el mensaje en el seno del hogar.

Por el contrario, yo nunca fui revolucionario, ni creí en tal solución para nada. Por no verlo como nada productivo y también por carecer de madera para ello, como todos los familiares de Ernesto, excepto mi padre y mi tía, parece que él absorbió todo lo que se precisaba en materia de valor y coherencia. No me atrae la política de masas en ninguna de sus vertientes, ni el mesianismo de ninguna de las formas que se presente, pero mucho menos aún obteniéndolo mediante la violencia, ese es el sino y la cruzada de mi mensaje. El daño solo acarrea dolor.

 

¿Has tenido una vida privilegiada en algún sentido por tu conexión con Guevara?

En parte está respondido en la primera pregunta. Y extendiéndome un poco más, puedo decir que sí, en parte, y no parte.  

Mi familia sufrió el exilio de la Argentina por los gobiernos de extremismo de derechas, donde la persecución era al militante socialista, o al que tuviese ideales en ese sentido, no precisaba ni ser revolucionario al uso, con ser un estudiante progresista emancipado, podía ser desparecido. Durante el tiempo en que esto tuvo lugar en todo el cono Sur de América Latina, allí mi parentesco no representaba una ventaja frente a los demás.

Pero en nuestra estancia en Cuba, era todo lo contrario, vivíamos por encima en todos los  vectores en que se analice a la población en general.

Sobre esto, el peso del mito sobre un joven inquieto, y las más disparatadas anécdotas de La Habana en los ochenta, estoy escribiendo un libro en colaboración con Adrianne Miller, una persona que debió abandonar Cuba de adolescente, con la diáspora conocida como los Pedro Pan, y que entre ellos y yo encontramos un punto de confluencia en ideas, sensaciones, percepciones, aún cuando provenimos de los extremos opuestos por nuestra historia familiar. En el libro que saldrá en los próximos meses, amplio generosamente el espíritu de la respuesta a esta pregunta.

¿Cuál es el recuerdo personal que más acude a tu mente en relación con el Che?

Cuando yo nací el Che ya era ministro de Industria, y solo visitó la Argentina durante unas cuantas horas para entrevistarse con el presidente Frondizi, cuando yo era un bebé, por ende yo no lo conocí. Pero en relación a él, sin lugar a dudas el recuerdo que más me queda es la frase pioneril matutina: “ Pioneros por el comunismo; Seremos como el Che!” Por la carga abstracta que para un niño esto tenía agravado por el parentesco. Con relación a una percepción de lo que pudo ser mi tío, el carácter valiente dispuesto y siempre presto a leer y viajar de mi tía, su hermana inmediata, y la lealtad de mi padre a su persona son lo más cercano que tengo. Y aunque ambas sean intangibles están grabadas en mí ser a fuego, para lo bueno y lo malo.

Hay una tercera que cuando era un joven díscolo y desaliñado me repetían desde todos los sectores: “Si tu tío, volviese a nacer y te viese lo mal estudiante que eres ( por ejemplo) se volvería a morir.” Y curiosamente es eso lo que pienso que le pasaría si reviviese y viese en lo que sus compinches se han convertido.  

¿Donde quiera que viajas alrededor del mundo encuentras a alguien con una camiseta del Che. ¿Piensas que el mundo realmente conoce al Che o conocen al Che de Fidel Castro?

En efecto, aprendí con los años a sustraerme de que ese hombre del cual es la foto más reproducida del mundo, es el hermano de mi padre, por simple salud mental. Creo que con conocen lo que era, lo que hacía ni lo que significaba, cada uno le otorga una simbología acorde con los objetivos que persigue en ese momento, un joven anarquista de Cristiania en Copenague me dijo que él pedía marihuana libre y por eso usaba al Che, porque representaba el antisistema. Yo  desde luego no me consideré en lo absoluto en el derecho de sugerirle otra camiseta ya que mi tío, ni nadie de mi familia concilia bien con ese reclamo, más bien todo lo contrario. Y como esta anécdota hay cientos, pero al Che se lo suele encontrar en el mismo lugar que a Lennon y a Bob Marley. A Fidel no.

Son dos personas absolutamente distintas, y no lo digo como dicen los defensores de Fidel, porque él esté vivo y Ernesto haya muerto, aunque ese no sea un detalle menor. Sino porque uno era marxista leninista y el otro marxista Groucho Marx, por aquella famosa frase: “Tengo estos principios; y si no le vienen bien no se preocupe tengo otros”. 

¿Le llamaron “El Guerrillero Heroico” y hasta escribió un manual para la guerrilla ¿Por qué fracasó el Ché en sus experiencias guerrilleras fuera de Cuba?

Una novia suya , comentaba que Ernesto no hacía nada bien, y sin embargo era genial, estando cerca suyo se sentía estar frente a una personalidad muy fuerte; pero ello no solo no garantizaba el éxito, sino, y esto es cosecha propia, que formaba parte del atractivo espíritu del ser trágico, del hombre que temerario que conduce hacia el fracaso irremediablemente , pero que como dije antes, ese fracaso lo conduce a una victoria a largo plazo, póstuma, aún cuando no hubiese sido famoso, no me refiero a la celebridad, sino al enigma que ejercen las personalidades que teniendo todo a favor para conformarse con algo, siempre buscan lo imposible, van hacia más allá del límite, tras el cual irremediablemente encuentran el vacío.

Esto es a mi juicio, y es lo que a mi resulta atractivo de mi tío. 

¿Desde tu punto de vista, ¿Crees que si el Che viviera en el mundo de hoy, haría lo mismo?

No puedo considerar estos futuribles. Lo que sí creo es que pondría el cuerpo en lo que dice, si dice ser un revolucionario estaría en las selvas, en las trifulcas, en los sitios de problemas, no en los manjares y festines. Y si estuviese en ellos diría que quiere comer langosta y beber champán. Porque así hizo siempre. 

¿Qué tanto te ha tocado el mito del Guerrillero Heroico?

Ha sido muy difícil cuando era adolescente varón, en una familia y en una sociedad ciertamente con características si bien no machistas en lo referente al sojuzgamiento de la mujer, sí en lo tocante a las virtudes cultivables de la hombría. Una persona con tanto fracaso como dices en la praxis, pero tanto éxito en el imaginario de la virilidad, es muy difícil de emular, aunque esa lucha se da con el padre, mi padre ya lo era en sí, porque es lo que se conoce como un tipo duro, pero el alcance de la sombra del mito del Che me alcanzó de lleno, y salir de este me costó lo mío. Por supuesto que no puedo culpar al Che, ni a nadie, de los problemas de los tropiezos ni las flaquezas de mi  vida, como la de cualquiera, pero si cabía se hacía más difícil, cuando me autocomparaba, aunque fuese de manera inconsciente  con mi tío. 

 ¿Otros parientes de Ernesto como la viuda Aleida, sus hijos Hilda, Camilo o sobrinos como Canek Sánchez Guevara, han publicado libros, ofrecen conferencias, participan en foros etc. ¿Cómo convives con este “constante volver” a la figura del Che? 

Por circunstancias que cuento en el Memoir, yo me fui de la sombra de mi tío, y logré que todo mi entorno sea libre de la contaminación Guevara. Mis amigos, en mi trabajo, mis vecinos, ni mis parejas, hasta mi esposa no sabía en un principio que era familia de Ernesto, llegar a tener todo por mí mismo, aprecios y rechazos por mi persona y nada más, y ganarme la vida fuera de los ámbitos de la izquierda, de Cuba, de los partidos afines al Che,  no solo me hizo muy bien, sino que me salvó.

Yo no hablo de mis parientes, en todo caso nunca negativamente, cualquier entuerto lo dejo para el consumo y ripio interno, y no me importa si previamente alguno habló mal de mí, creo que hay que marcar la diferencia, no se corrige el canibalismo comiéndose a los  caníbales.

Creo que ha sido suficientemente duro tener que aguantar esa losa para los sobrinos como yo, así que imagino que para hijos es muy duro.  Yo los quiero mucho en su medida a unos más que a otros, claro, pero no tengo nada ni contra los peores hombres de la humanidad, imagínate como lo iría a tener con ellos, con independencia de si es correspondida la actitud. Que hagan lo que quieran, que vendan lo que quieran, tienen derecho. Lo único que les recomendaría a ellos y a todos, es coherencia en la vida, nada más. No creo que alguien esté capacitado para decirle a otro lo que debe hacer de su vida, ni se me ocurriría aceptar que alguien me diga ni lo hago yo. 

  

 ¿Qué relación de convivencia te une con el resto de la familia Guevara? 

Siempre fui un elemento discordante, polémico, por diferentes razones en distintas épocas, nunca participé de la normalidad total, en una familia que por otro lado, nada tiene de normal. Pero debo decir que es una familia divina, aún cuando en muchos momentos pensaban muy distinto de mí y públicamente cando en su mayoría me dieron la espalda, en privado siempre me dieron afecto, hay personas como mi tía que considero portadora de las enormes virtudes del siglo XX, una gran persona con mucha valentía para vivir la vida como ella decide, para ayudar a los demás en circunstancias de mucho peligro. La vida me ha enseñado que las mujeres son mucho más duras cuando lo son y virtuosas que el más virtuoso de los hombres al contrario que lo que el machismo suele sugerir. Así como lo veía a mi abuelo un gran hombre. Es una familia que ha pasado por muchas cosas muy duras a partir de la fama de Ernesto, antes eran una familia muy acomodada, pero la diáspora tuvo lugar y nunca paró del todo, una vez que se desata nada regresa a su sitio.  Todos, los que más y los que menos hemos perdido y ganado algo extra en esta aventura. Pero unos más que otros.

¿Cuáles crees que son los aportes positivos y negativos de Guevara a la sociedad?

Es muy pretencioso de mi parte decir taxativamente algo así, como una categoría. Pero creo que el ejemplo de la coherencia con lo que se piensa sería para mí lo bueno, y el despropósito del mesianismo, de pensar que a través de la voluntad se consigue transformar la realidad, sería lo que yo percibo como erróneo. Sin entrar en el terreno de los actos, ni los altruistas ni los reprobables ni los censurables.

Ernesto Guevara es una personalidad apasionadamente amada y odiada por unos y otros. ¿En este sentido quiénes están más cerca de la verdad? 

Todo en la vida es una moneda de dos caras, según lo que les haya tocado a cada uno. Un mismo cuchillo a una persona le sirvió para cortar unas verduras, y a otra para cortarse un dedo, luego cada uno habla del cuchillo con diferentes muestras de apego.

¿Te consta que Guevara se graduó como médico o es parte de la leyenda?  

 Me consta que no llegó a ejercer como médico en un consultorio por sus actividades de todos conocidas, pero también curó a más gente que muchos médicos. Y sí te puedo decir que a contracorriente eligió la carrera, era médico de vocación. De lo demás no tengo noticia.

¿Cuál ha sido el juicio más errado para calificar a Ernesto? 

 

 El hombre nuevo.

 

Era un hombre de valores antiquísimo, de los valores del aventurero y el guerrero de todas las obras clásicas, con toques muy de la época por supuesto.

 

La intención que permanecía en Cuba alentada por Fidel de que todos fuesen como el Che, y te invitaban por ello a ser ciegamente obediente a toda jerarquía sin analizar ni debatir, cuando hizo lo contrario en todo a lo que se suponía que debía hacer, incluso en lo referente a como la URSS pretendía que se comportase. Pero también debo decir que pienso que desde la izquierda querer presentarlo como el ejemplo de hombre nuevo es un error porque el modo de sociedades autómatas en que aquellos grandes modificadores del mundo queríamos que viviésemos, solo con motivaciones morales, no materiales, con todo controlado, con todo hecho está demostrado que es absolutamente inhumano;  no me refiero al carácter cruel, sino a que es antinatural en el hombre, sencillamente no es viable, carece del más mínimo atractivo.

 

También me gustaría apuntar que por lo general conviene guardar distancia con las versiones  oficiales de los acontecimientos que se suelen presentar para ser consumidos por la Historia de manera impoluta y conveniente. En la cabeza de mi tío probablemente anidasen inquietudes, fuerzas, impulsos que quizás no estuviesen todo lo cercanos a esas ideas altruistas, a las ideologías de ningún Partido, a veces más allá de la propia conciencia. Siempre sospecho mucho de las intenciones declaradas, y creo que en el inconsciente radica la mayor parte de la explicación real de las cosas. Con lo cual, no solo en el caso del Che, naturalmente, sino en casi todas las excusas o explicaciones oficiales que ofrecemos para justificar nuestros actos, pienso que se oculta, más allá de nuestras intenciones una razón casi siempre más estrechamente ligada a los amores primarios, a los deseos y frustraciones más íntimas, en definitiva más cercano al revoltijo de ruidos y sensaciones que se tienen en la boca del estómago, que al auxilio al niño hambriento de África.

En Cuba se cuenta una leyenda rosa sobre el Ché; en el exilio, a partir de testimonios, se ha compilado su contrapartida ¿Cuáles son sus conclusiones?

La de las dos caras de la moneda, que es en se sentido que estamos  haciendo la colaboración Adrianne y yo.

Y estamos dando nuestro testimonio a quien lo precise de la posibilidad de la tolerancia, del afecto, de la paz entre las partes, de que hacer un mundo mejor es posible, que hay que comenzarlo desde la base como las casas, que hay que escuchar al otro y saber que en algo tendrá la parte de razón que nos falta y con la que podríamos hacer un todo, que entender que el mundo es para todos, y los países son de todos sus habitantes. Mis conclusiones son que el día que entendamos que todos los cubanos tienen los mismos derechos en Cuba, y las personas en mundo,  construiremos sin lugar a dudas,  no sin esfuerzo y sacrificio de todas las partes, pero con una gran satisfacción, una Cuba y un mundo  donde no quepa la exclusión de ninguna idea, de ninguna anhelo siempre y cuando sea con respeto por el ser humano.

 

La entrevista fue publicada abrevida en algunos items.

 

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Published by martinguevara - en Opinion crítica.
6 marzo 2012 2 06 /03 /marzo /2012 15:16

 

 

 


Por más que me haya deshecho todo lo que he podido, de que a lo que quedó le haya puesto una base resistente con rueditas a modo de side-car procurandome la mayor comodidad al andar, por más que le haya colocado incluso un chip y motor propio, es tanta la carga que llevo encima en materia de educación culposa judeocristiana- comunista- socializadora- kibutz- koljosiana, que aunque quisiera, aunque fuese mi deseo más intimo, no podría pertenecer sin despertarme en medio de la noche orinado de pies a cabeza, a la tribu New Age, ni a la horda individualista de la sociedad post industrial a la que pertenecemos. Pero sí defiendo que por menos que realizarse en la vida,  que perseguir la satisfacción de estar aquí que permita compartir lo mejor de uno mismo y en cierto modo tender a pasarlo todo lo bien que se pueda: ¿ para qué vivir?.
Tanto la lepra como la cura necesitan de lo mejor de la piel, la carne y el hueso para hacer bien su trabajo.
No veo ninguna posibilidad , ni siquiera en medio de una catástrofe, de que anulando los rasgos personales, distintivos se puedan obtener buenos resultados, frente a resaltarlos a potenciarlos, y eso sí, a diferencia de los individualistas, poniéndolos en función del bien común, del beneficio comunitario. Solo entonces puedo soportar el concepto de la Masa.

Incluso en el deporte de equipo pienso que todo funciona mejor cuando se coordinan las diferentes habilidades en pos de un objetivo compartido, dando rienda suelta , incluso exhortando a cada individuo a sacar lo mejor de sí, sin que olvide que es parte de un todo; más que cuando, o bien el equipo se somete a un dictamen  del cual no se puede substraer, o cuando cada uno va por libre a su aire.


He podido observar como después del fin la HIstoria, a la que se refería Fukuyama o Lipovetsky, las masas ya atomizadas, libres de elegir, nos uniformamos con vaqueros en las mismas cantidades que los acartonados pero más baratos trajes que aborrecimos, y nos atiborramos de hamburguesas de una o dos marcas por libre elección, y es que al final somos muy parecidos, somos muy predecibles, pero solo si alcanzamos ese nivel de "idiota social" por nuestra cuenta , seremos además un idiota feliz, realizado, con nuestra cuota de frutraciones pero pocos odios sociales.
El único inconveniente es que esto nos dejaría con pocos culpables a nuestro alcance fuera de nosotros mismos, que nos socorran en caso de precisar un siempre bienvenido chivo expiatorio.

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Published by martinguevara - en Opinion crítica.
4 marzo 2012 7 04 /03 /marzo /2012 23:08

 

 

Hace poco tiempo que entré en contacto con Twitter, y más recientemente tuve la ocasión de conocer a los famosos Trolls, esos sujetos cuyo único fin es criticar sin aportar muchos elementos positivos. Apareció uno primero acusandome de traicionar el latinoamericanismo. Nunca entendía  quienes dicen tener al enemigo en sus paises y luego son nacionalistas.

Al poco se fueron sumando más, hasta que constituyeron una especie de comando inquisitorial que se hacían con mi escueto espacio virtual tan rápido como una plaga.  Sin preámbulo alguno me llamaron extremista de ultraderecha, Yoanista a sueldo de la CIA, e incluso llegaron a referirse a mi como fascista.

Al margen  los resultados que arrojó un elemental análisis de los sentimientos que aquellas acusaciones provocaron en mi, que fueron disimiles y no siempre del orden de la risa burlona, lo que más me impresionó es lo poco actualizado del repertorio de acusaciones y agravios. Teniendo en cuenta la similitud que guarda con los epítetos vertidos sobre el mismísimo Trotsky quien no fue sospechoso de imperialista, con motivo de su ostracismo por parte del estalinismo.

No podría asegurar que dichas exaltaciones no me provocaron un gozo orgiástico, aunque debo admitir que tampoco me causaron molestias particulares, incluso encontré apasionante que alguien me considerase de la ultra derecha. No obstante hubo un post de un Troll que me dejó pensativo, y que logró aportarme más en materia de conjetura, aunque de tenor muy concreta esta, que muchas pesquisas previas realizadas para tal fin a lo largo de mi vida.

 El post del Troll rezaba: "Este tipo no es nadie y se cree el centro del mundo", en referencia a mi persona.

Y por primera vez, aunque de manera concluyente,  esto me condujo a preguntarme, si acaso, todos los problemas de estos pobres diablos, y de todos esos seres que siguen consignas ciegamente, cuales soldados capaces de morir y matar por ordenes arbitrarias, no tienen su génesis, en el desconocimiento de que el centro de cualquier vida, sea esta insignificante, honorable o despreciable, es el beneficiario de esa vida.

Desde la antigüedad, ciertas líneas de pensamiento se inclinan por considerar que en el individualismo, no radica la superioridad humana, sino que es una rémora de su condición que le impide un estadio superior, una vez que consigue dejar paso a la conciencia de masas, habida cuenta de la necesidad de la unión para cristalizar los proyectos sociales.  Y que siempre que se alcance una conciencia de rebaño a merced de este proceso de generosidad, se consigue, paradójicamente,  crecer como individuo, como seres racionales, distanciándonos más de la bestia, y del egoísmo natural de los animales. Conozco esta corriente, y creo que ni en casos de emergencia marcadas por desastres naturales o provocados por el hombre, conviene estar preparado para poder asumir ese triste rol de masas, que haga primar la  condición del nosotros frente a la del yo.

Me caben serias dudas si aún en condiciones extremas, la disciplina y la sincronización en el grupo no se alcanzan con mayor eficacia si cada uno hace gala, de sus mejores habilidades.

Quizás el talón de Aquiles de las sociedades, que fueron  incorrectamente llamadas socialistas, y de todas las autoritrias en general, más que el haber privado de la posibilidad de un mundo material variado, de la elección de diferentes opciones en política, que la opción de un modo de ser y manifestarse sin ser previamente refrendado en las organizaciones de masas, ni consensuado por ningún Partido; no haya sido, sino otro que someter al dictamen del rebaño, del tropel, de la masa informe, de la manada, todo vestigio y muestra de brillantez personal, toda ambición o motivación nacida desde las entrañas del ser, del único todo indivisible, del que hasta ahora se tenga noticia aparte del átomo, del Yo.

Aún cuando no contemplo la posibilidad de las fuerzas sobrenaturales en los destinos de mi vida, ni profeso fe alguna que no sea la libertad y el placer de la vida como única religión, empiezo a aceptar que sin embargo sí que me acompaña en las diferentes etapas de mi vida, el karma de encontrarlos vociferando sus incongruencias, y cercenándose a ellos mismos sus propias alas,  a los modernos intolerantes de siempre, a los mismos viejos Trolls.

 

 

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24 febrero 2012 5 24 /02 /febrero /2012 22:15

 

 

 

  Hoy un amigo me llevó a preguntarme si me estaba olvidando de mencionar ciertas cosas en los intentos de reflexiones que transformo en artículos.

Mi amigo me dijo que coincide conmigo en muchas criticas que hago del sistema mal llamado revolucionario en Cuba, pero que lamenta que nunca mencione las políticas bien hechas, los logros que se alcanzaron, y que por supuesto en cincuenta años, fueron más de uno y de diferente tipo.

He pasado un mal rato sinceramente, porque lo primero que sentí, es algo similar a lo que desde ciertos sectores, ya no tan queridos como mi buen amigo, se me quiere hacer sentir desde siempre. En este caso sentí vértigo por la posibilidad de estar equivocándome irreversiblemente,  por su parte, ellos querían cosas diferentes pero del mismo círculo culposo.

Analicé un poco la jugada, y ello me llevó unos tormentosos aunque apasionantes malos sueños de una movida siesta, que me recordaron la niñez y adolescencia más que cualquier otra cosa, cuando no podía apoyar la cabeza en ningún lugar sin que me asaltase una gran variedad de pesadillas.  Volví a despertar y seguí analizando el partido. No llegue a ninguna conclusión cerrada aún, ya que voy actuando según pienso, y voy nutriendo mi pensamiento según siento y voy actuando.

 

No suelo mencionar las cosas buenas que el socialismo en Cuba hizo porque pienso de otra manera, creo que no estuvieron hechas desde el fragor de la bondad, una vez que creo que el bien y el mal se disuelven en distintas porciones de otros ingredientes menos categóricos, e incluso se mezclan e intercambian aspectos de sus personalidades , diría que se socorren muy a menudo mutuamente con mayor frecuencia que la que me placería reconocer.

Pienso más bien que las concesiones que se vieron obligados a hacer,  aquellas que nos refriegan constantemente cuando solicitamos cualquier explicación sobre cualquier deficiencia, fueron hechas como contrapeso para que un grupo pudiese perpetuarse en el poder, como sustento de una teoría que les permitía el acceso a ese estado de las cosas.

Algo había que dar, y según se lo analice, al lo largo del tiempo se puede concluir en que fue mínimo, ya que se pasó a dejar un país que había ostentado unos índices de nivel de vida impresionantes en casi todos los tópicos en que se lo mire, en lo que es hoy a causa de diferentes razones, que no son estrictamente de orden voluntaria. Conozco el espíritu paternalista del totalitarismo, y sé que no es su objetivo que su pueblo, el obediente, atraviese una situación de serias dificultades económicas. Me faltó mencionar eso en mis artículos porque creo que parto desde un nivel, bajo el cual incluso me niego a sumergir la cabeza, que da esto por sentado, pero entiendo que no todos me conocen, y no tienen porque darlo por hecho.

Pero claro, que eso no me convierte en admirador de los sistemas que destrozan la vida de millones de criaturas humanas , animales y vegetales como puede sugerir mi dedicación casi de corte obsesivo con el tema cubano. Justamente tengo un problema, que es el que me sirve de veleta para saber que estoy bien orientado, y es que en todos lados me consideran un incordio, la gente amiga de derechas me llama extremista de izquierdas, por            que si soy capaz de ver de modo negativo que los revolucionarios se cobrasen vidas para aplicar sus reformas, todo lo que sea matar, con cualquier propósito, no me vale ninguno para justificar la pérdida de vidas humanas,  lo veo tan mal y peor en la medida que acreciente los muertos o las desgracias.

Huelga decir, pero lo quiero dejar asentado, que las guerras, todas sin excepción, las penas de muertes, las torturas , y todos los abusos sobre las personas,  inocentes o no, me parecen reprobables, deleznables y están en el lado opuesto de lo que considero aceptable.  Como decía un primo mío, en una  entrevista a un periodista_ Usted no encontrará ni una sola persona en esta familia que le diga que está de acuerdo con la Guerra de Irak. Pero voy un poco más allá, ni con esa ni con ninguna, el derramamiento de sangre solo consigue un inmenso dolor irreparable. O sea que cada vez que me han propuesto hacer algo público para hablar mal de las guerrillas porque matan, o de los paredones en Cuba, yo les aclaro que en la misma entrevista mencionaré las guerras, las bombas y los ejércitos imperialistas como igualmente terroristas que estos guerrilleros.

Entonces  cambia el tono de la propuesta y pasamos a otro compartimento de la charla.

Y entre los conocidos de izquierda extrema piensan que soy un reformista trasnochado, malamente europeizado, y que le hace el trabajo al enemigo, aunque desde luego no oportunista,  no tuve como ellos el don d ela ubicuidad, siempre voy contracorriente de la moda, ahora que en Argentina gran parte de mis conocidos, por cierto muy criticos, ostentan buenos cargos, yo aún cuando no tengo opinión sobre aquel proceso, prefiero estar al margen de toda prebenda, en Cuba fui apestado mucho tiempo por lumpen y ahora aún más, y aquí, soy un opositor absoluto a toda la chamusquina que huele a franquismo, fascismo, reminiscencia de la santa Inquisición, que es lo que está creciendo últimamente y nos está sumergiendo nuevamente en un oscurantismo más tenebroso que el medioevo castellano, ya que encima no tenemos ni la virtud de la poesía  y la caballerosidad.

No me quiero dar publicidad, también soy poco apegado a la virtud del trabajo, a la seriedad y quizás algo charlatán.  Lo que es , es.

 

Los logros de que hacen gala los dirigentes cubanos y algunos  defensores, de esos que mastican cada día jugosos asados que en el socialismo serían condenados por subversivos, son lo mínimo que le supongo y pido a la Revolución, porque por menos que eso, no hay debate: ¿por qué aguantar medio siglo de sistema dictando estrictamente lo que hay que hacer y pensar, y la escasez de todo, y no poder salir de la isla ni a pedir sal al vecino?

Y a continuación de ello : ¿ no es más perverso este chantaje emocional, que una sociedad que directamente se autoproclame fagocitadora de lo que nos dejemos fuera de nuestra cartera?.

En fin escribo sobre Cuba y sus "contradicciones" porque me resulta intelectualmente interesante, pero no leerán una palabra de mis escritos, acerca de la mala suerte que tuvo ese sistema con su hambre, ya que esa la considero solo una circunstancia, aunque muy perversa, y sobre la cual hay mucho que discutir, si es inevitable, o si cediendo poder se habría podido evitar, pero no aprovecharía jamás esa mala suerte para atacar las políticas perversas de la dirigencia cubana acusándoles de hambrear a su pueblo, ya que en la misma insidia,  haría perder fuerza a los verdaderos argumentos.

No escribo sobre la pena que me causa el hambre en África, y la miseria en el  cono urbano de cualquier ciudad latinoamericana por lo obvio que resulta,  y porque me alejé por motu propio a más de diez mil kilómetros de distancia de esas villas misera.

Cuando si hubiese querido militar en su erradicación, lo tenía más fácil en Amércia, ya que a dos kilómetros de todos lados hay un chico descalzo. Y  obviamente si quisiese pasar por comunista acérrimo, estaría en alguna de esas selvas donde urge el aporte de alguien que esté dispuesto a todo. Ni uno solo de esos criticos  a que me refiero, está en estas selvas o en aquellas villas miseria.

 Admito que la vida que me proporciona esta sociedad me tranquiliza, y no me interesa en absoluto la riqueza, aunque sí la holgura . Admito que no vivo en la pobreza igual de feliz que en la opulencia, ni  igualmente cómodo. Y a continuación digo que no puedo ayudar a nadie, ni participar en causa alguna si antes no me siento bien en la vida. El mundo lo empezaremos a mejorar no sin antes comenzar a ser sinceros con nosotros mismos y con los demás.

Desde hace mucho sueño con una sociedad donde no se suprima a ninguna sensibilidad, en incluso todas participen de los destinos de los gobiernos y las decisiones importantes, un sistema que contemple la posibilidad de que convivan politicas de la derecha, grosso modo las de finanzas y aparatos represivos o mal llamados de seguridad,  con las de de caracter social  como educación y salud diseñadas por la izquierda.

Es fin , culmino diciendo que quizás deje de escribir sobre el engaño de la generosidad de la Revolución socialista, cuando se admita que se hizo, como en casi todos los terrenos de la vida, lo que se pudo hacer, sin  arrogarse intenciones grandilocuentes ni soluciones trascendentales.

  No me alegra saber que hay nenes que se van a morir hoy por ncarecer de un plato de comida, pero soy de los que ha decidido y no sé si incorrecta y egoístamente vivir su vida en familia, intentando hacer lo mejor posible a mi alrededor, y hacer el bien en donde en realidad se pueda percibir, que irme de una vez y por todas a pasar el mismo hambre que ese niño, por vergüenza torera o cristiana, y morir igual que él. Nunca se sabe,  quizás un día lo haga, desde ya admito que está en algún lugar de mi hipotálamo, no dejo de ser un producto culposo de esta educación Judeo Cristiana, con sus pro y sus contra.

 

 El día que me vean muy preocupado por África, será desde una tribu, y no puedo jurar que eso no vaya a ocurrir jamás, aunque por ahora desde León, provincia de trato amable y generosas bandejas de manjares, le envío a mi  amigo y a mi gente en general este afectuoso saludo.

 

 

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Published by martinguevara - en Opinion crítica.
18 enero 2012 3 18 /01 /enero /2012 01:05

 

 

 

Pocos días atrás leí, confieso que aún con asombro, la noticia de que Mercedes Benz había utilizado, con fines publicitarios y de marketing,  la foto más famosa de el Che Guevara, la que le diera la vuelta al mundo, convertida en la imagen más reproducida en la era moderna.

Yo crecí cerca de esa foto tomada por Alberto Korda, fotógrafo cubano de revistas de moda, antes del arribo de la revolución, y reconvertido en fotorreportero más o menos oficial luego, foto tomada el día del duelo por los muertos a raíz del atentado al barco La Coubre. Aprendí a jurar en la formación matutina de la escuela, a las ocho y veinte de la mañana, junto a todos los estudiantes de primaria en Cuba, que sería como él,  aprendimos a mentir a la fuerza, con ese lema como estandarte.

Me acostumbré a ver gente querida partir en diferentes direcciones, invocados por el espíritu que esa foto sugería, unos a morir en guerrillas pro guevaristas, y otros al exilio de por vida, por posiciones anti guevaristas.

           

            Me acostumbré a ver a comunistas, anarquistas, socialistas, activistas de izquierdas del mundo entero, enarbolar la bandera con su foto, o pasear carteles en la concentraciones en que efectuaban distintos tipos de reclamos. Su imagen en carteles junto a las de Marx, Lenin, Engels, Mao,  Sandino, o Malcom X, con la inscripción Venceremos.

            Me acostumbré más tarde, a ver a los jóvenes descontentos con la sociedad, inadaptados, contestatarios, lumpens, asociales, usar como ícono la imagen del Che, en telas o cartulinas . Con letreros debajo reivindicando cosas como marihuana libre, Rolls para todos, Quema a tu suegra ya, hagamos el amor no la guerra, o sexo drogas y rock’n’roll. En la zona de posters junto a los de Hendrix, Joplin, Marley o Morrison.

            Más tarde me acostumbré a verlo en elementos de consumo de la vida cotidiana, billetes de tres pesos cubanos, cajas de fósforos, vasos, tazas de té, billeteras, mecheros, pantalones, zapatos, calcomanías, camisetas de todos los tamaños y colores. En posesión de personas que perseguían lograr una actitud, una pose que bien habría podido ser cubierta con suficiencia, con la foto de James Dean, el logo de Liberen a la ballena Willy, o un portazo, el grito de un improperio a los padres al marchar y dos años de terapia de diván.

            En los últimos años he visto el uso y la implementación de la imagen de el Che Guevara como elemento de marketing directo en emprendimientos, en cursos de  identificación de aptitudes, como algo que representa y sintetiza cualidades tales como la rebeldía y también la disciplina, útiles en el nuevo concepto de empresa, así  como justificante de todo tipo de disparates, de los que habría estado, el ya anciano Ernesto,  enajenado del todo. Estamos viendo como comercializan con su imagen, desde quienes no hicieron demasiado esfuerzo en acompañarlo en sus objetivos, mientras aún respiraba, hasta incluso sus más cercanos, extrayendo una suerte de bula para obrar de indulgencia unos y jugosos beneficios económicos los otros.

            Pero recién cuando ví como el capitalismo es capaz de fagocitar este mito, que a tantos les costó una eternidad desenroscar del cuello y a otros reponerse de su influjo, me convencí de lo humano que puede llegar a ser este sistema, muchas veces tachado justamente de lo contrario, lo impregnado que está de lo más auténtico del hombre y sus inclinaciones. Lo identificado que está el capitalismo con la naturaleza humana, y lo bien que encajan.

              No puedo dejar de maravillarme, así como de estremecerme, pensando en que cada pensamiento, idea, sentimiento u obra, a los pocos años de ser concebida para desacralizar todo a su alrededor, de mejor o peor manera, puede terminar, y lo más seguro es que lo haga, en la presentación de un artículo mimado por el mercado, deseado por la mayoría.

             Lo contradictorio es que quienes alzaron su voz contra la elitista marca alemana, aquellas personas que fueron directamente damnificadas por su política en la Cuba involucionaria, son los que más beneficios podrían haber obtenido de progresar la imagen  del icono de la lucha contra la diferencia de clases, al frente de la campaña de ventas de uno de los coches más caros, cómodos y seguros de manejar, paseando su imagen de eterno joven, a lomos de un Rocinante más confortable y menos romántico  que el de sus últimas horas en Bolivia.

  El Che del póster, cabalgando junto a Janis Joplin, más allá del alcance de la naturaleza inhumana de las ideologías y la terquedad de los sueños.

 

 

 

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Published by martinguevara - en Opinion crítica.
13 enero 2012 5 13 /01 /enero /2012 00:31

 

 

Hoy sentí la plenitud en mi ser al pensar que se desarrollaba una revolución de buenos modales y cortesía en el mundo entero, a causa de un escándalo más que justificado.

Un grupo de militares norteamericanos, fueron tomados in fraganti en una foto mientras orinaban sobre los cuerpos de unas personas a las que habían abatido con anterioridad con grueso calibre, a juzgar por el aspecto de los empapados cadáveres.
Intercambiaron mensajes de indignación entre las cancillerías norteamericanas y afganas, entre los ejércitos de esos países, la OTAN, la ONU pidieron explicaciones, los organismos de derechos humanos se indignaron, la iglesia se manifestó, los locutores de los noticieros sonaban afligidos, en fin se congregó un despliegue de condolencias, de buenos modales, de condenas al tan execrable acto, que de repente me entró un volumen extra en el pecho,  un aire intangible que hinchó los pulmones y el alma de tal manera, que debí detener la marcha de mi automóvil, que en ese momento atravesaba una niebla de mil demonios con cinco grados bajo cero en algún punto de la provincia de Salamanca. Estaba teniendo lugar mi deseo social, mi anhelo compartido más intenso.
Me bajé y pensé que por fin el mundo comenzaba a entrar en razón, a dar los pasos de claridad mental y de audacia necesarias para poner fin a la sin razón de la violencia.
Respiré los diminutos trocitos de hielo, en que quedaba convertida la niebla a esa temperatura. _ Este momento es único, - me dije-Formaré parte de la generación del final y el principio!.

En ese instante recordé a todos los que han influído en mi deseo de un mundo que logre trencar el círculo vicioso de guerra y paz, de dolor y alivio, de amor odio. Filosofos, escritores, poetas, amigos que habían incidido de algún modo en mi formación pacifista, en ese momento estaban a mi lado, o dentro de mi bocanada de aire frío. Nada podía arrebatarme ya esa felicidad.
Entré nuevamente al automóvil y antes de pisar el acelerador escuché la noticia nuevamente.

Al principio no pude creer lo que estaba oyendo, pero a los pocos segundos , cuando recuperé la conciencia, debo admitir con sonrojo, que  si bien me embargó una profunda trsiteza, también  sentí un pequeño alivio de estar de regreso en la realidad que mejor controlo.
Nada había mejorado por aquí.
El mundo estaba escandalizado por tres cadaveres meados, no por tres personas muertas.
Todas esas disculpas y pésames no eran por el líquido rojo que les cubría el cuerpo , sino por el amarillo.

Entre la bala y el pis, elementos dispensados desde un cilindro alargado,  ruborizó más el que fue lanzado desde el más fálico de ambos, desde el propio falo. Sólo concibo mayor reprobación del mundo entero, una condena unánime de la tilinguería, no si los hubiesen rematado en el suelo, incluso  si los hubiesen quemado, apedreado, pisado con tanques y arrastrado, sino si procedente del mismo cilindro, hubiese sido otro  el fluído vertido, más denso, viscoso y blanquecino.
Por las barbas de Dios, Babalú, Tutatis,Thor, y Belcebú!,-me dije-Que me aspen si me importa más que tipo de animal o bicho, escupe, defeca, orina o come de mi cuerpo, una vez ascendida mi alma al cielo de la lujuria, a que me agujereen el torso como un colador, cosa que además  dejaría mi cuerpo embebido, en diferentes tipos de secreciones, sensiblemente menos higiénicas que el residuo renal.

Quise preguntarme a mi  mismo en ese instante, si no sería capaz de firmar que toda agresión y castigo humano se redujese a ser orinado, en lugar de ser ejecutado en alguna de las formas del amplio y generoso abanico humano, de posibilidades de apachurrar al prójimo.
Pero desistí de hacerlo, porque pensé:

_ Si me mean mis captores, ¿ querrá alguien amortajarme después?

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Published by martinguevara - en Opinion crítica.
23 diciembre 2011 5 23 /12 /diciembre /2011 21:35

 

Soriana se tomó el tiempo necesario para contarle su historia.

Había viajado a Cuba por el trabajo de los padres, la madre, Svetlana, era una mujer liberal que encontró eco entre los cortejadores cubanos de Miramar y alrededores. En aquella isla nadie pasaba demasiado tiempo en su departamento, ni siquiera en el hotel Sierra Maestra.

Cuando regresó a Rusia se acabó todo lo que se daba, la familia era comunista a la manera en que se solía aceptar pertenecer a esa logia, más bien un rasgo identitario, de sentido natural de preservación de la especie. Lo cierto es que no sabían hacer otra cosa que ser obsecuentes del régimen; cuando todo acabó, los conocimientos de sus padres como técnicos no sirvieron de mucho en la nueva sociedad del tira y encoge hasta reventar las costuras.

El padre se dedicó a la bebida aún con mucho más ahínco que en Cuba con el ron y la vodka Limosnaya.  La madre lo dejó antes de constatar lo peor de la decrepitud, no aguantaba bien los puñetazos con las manos cerradas que le propinaba el marido en todo el cuerpo y se fue un día mientras el ruso vomitaba boca arriba en la cama. Su hermano fue preso a una cárcel soviética, por dedicarse a vender pantalones vaqueros comprados con dólares que adquiría a través de los turistas, con tal suerte que al poco de caer preso, se despenalizó esa actividad comercial, pero no con caracter retroactivo, y tanto él como otros presos debieron sentir el rigor de los jefes mafiosos con semejantes panolis lavando ropa interior y vistiendo tutú de bailarina cada vez que los capos lo pedían, mientras en la calle la gente ya podía comprar y vender.

Ella encontró ese panorama desolador y se fue a la casa de una amiga. De ahí se fue a vivir al interior de Rusia y conoció un hombre amable con el que se casó y tuvo una cría.

Le contó que regresó a Moscú pero no había espacio para una madre joven que venía de un fracaso matrimonial y laboral. Entonces partió a Alemania con lo puesto, trabajó duro y aprendió alemán. Se tatuó un guerrillero en el brazo y una mariposa en la espalda, y aunque no mucho después se arrepintió de aquella marca gráfica bajo su piel, decidió no quitarsela, como testimonio de una época. Una vez en Hamburgo, tuvo problemas serios a causa de los papeles , Europa  desmejoró mucho después del Euro-dijo.

Un conocido de su madre, le presentó a un amigo que estaba buscando gente para trabajar en España, en la costa del Sol, necesitaban personas que hablaran ruso, a propósito de la vasta clientela que había comenzado a fluir en los últimos años en la costa española de nuevos ricos del Cáucaso, algunos exageradamente ricos y otros en vías de desarrollo. Le habían prometido que trabajaría en relaciones públicas de una importante cadena hotelera, al principio en la recepción y luego si demostraba tener madera, se iría abriendo camino en un ambiente de mucha pasta. No le escondieron que quizás el camino se hacía más rápido si estaba dispuesta a algún que otro intercanbio de secreciones. Cosa que ella, como era natural, ya sabía bien.

El único inconveniente, le dijeron, era su niña, no podía llevarla consigo. Por lo que hizo un viaje a ver a su madre y le pidió encarecidamente que cuidara de la nena, que ella le iba a mandar el dinero necesario para toda su manutención, e incluso un plus. La madre aceptó recalcándole que ese dinero sería indispensable para que no tuviese que entregarla a los de asuntos sociales.

Natasha, que resultó ser su verdadero nombre, sonrió, y dijo:

-No hay problemas babushenka, tendrás tu dinero.

 

Llegó a Málaga para trabajar como prostituta en un barco, y desde que llegó recibió una paliza, tan inesperada como fuerte, para que le quedase meridianamente claro que aquello no iba en broma, el encargado le aseguró que ahora les debía mucho dinero a la organización y que ella era libre de pagarlo e irse, pero que si se le ocurría escapar sin pagar buscarían a su madre y a su nena y harían borshe a ambas.

Se acostumbró a vivr como pudo, como se hace cuando acaece una desgracia, sumada a una y mil traiciones, a un pasado escaso en alicientes, se acostumbró del mejor modo que pudo a sobrevivir. Llevaba dos años ejerciendo la prostitución en diferentes lugares de España, había bajado su categoría de puta de semilujo a puta de burdel decente, por culpa de su carácter, su mal humor y el inexorable paso de papá tiempo.

Una vez intentó escapar y dieron con la madre diciéndole que si se ponía en contacto con ella le dijese que esperarían  dos semanas a que regresara , antes de mandarla al fondo del río Volga.

Durante ese tiempo Natacha no pudo enviar el dinero que había prometido, y la madre debió procurarle a la nena, otra vivienda y familia, pero pensó en algo mucho más humano y mejor para la criatura que los organismos estatales de acogida de niños pobres de la Rusia post socialista,  la cedió a una familia que deseaba con toda el alma tener una nena, y agradeció que fuese una niña que hablaba el alemán como el ruso, que tocaba piano y sabía hacer las camas. Tampoco pasaron por alto la belleza de la tierna y flamante hija. Aunque la nena no corría riesgo, a priori, sabía que si torturaban a la madre les diría donde estaba su hija. Y aunque no sentía demasiada gratitud por su vieja, tampoco era cuestión de cargar con aquel peso. Así que decidió entregarse a sus captores.

La enviaron a Valladolid para que escarmentase, aunque con la promesa de que si en un año lo hacía bien regresaría a los buenos destinos soleados del paraíso español.

 

-Esta es brevemente la historia de mi vida- le dijo Natasha a Combi, quien hasta ese momento había  respirado casi sin molestar a sus propios labios, entonces se permitió un suspiro, que más parecía la exhalación de un alivio que la de una pena solidaria.

En ese instante llamaron a la puerta y ella regresó diciendole que el tiempo había expirado.

Combi no salía de su asombro, Svetlana Natasha o como se llamase, le pidió perdón por no haber podido hacer un servicio corractamente y le rogó que no se quejase por ello, Combi la miró como pudo, hasta que quedaron sus ojos frente a los de ella, la tomó por los hombros con firmeza,  en su pecho se apretaron dos tipos de congojas, uno por aquella criatura y otro por sí mismo.

Pagaré otra hora, no te preocupes.

Ambos bajaron al hall de entrada y volvieron a subir al cuarto. Dentro de cada habitación la gente bajaba y subía las caderas. Bajaban y subían sus respectivas miserias. Parecía no haber sitio más alejado del amor, de la caricia, que aquella colmena de abejas lastimadas.

Combi tomó sus datos, y no se atrevió a dejarle su número de telefono por elemental cuidado a su matrimonio, a su trabajo, y a aquella mafia. Y un poco cuidandose de si mismo, de lo que podría ocurrírsele. Natasha terminó de apuntar los datos y le dijo que se relajara que lo trataría bien, estaba todo pago. Combi, le hizo un gesto con la mano, ni una grúa hubiese conseguido levantarle el exiguo colgajo en esas circunstancias.

Bajó las escaleras con ella de la mano. Cuando llegaron al rellano la miró y vio a través de sus inmensos ojos, en la oquedad de una mirada que contenía todos los rincones malolientes de los peores puertos de Europa, la evanescencia de lo que alguna vez pudo ser una súplica de auxilio. Pero se dió cuenta, que la mirada de Natasha había cambiado diametralmente en pocos segundos, se había alejado hacia el infinito, le dijo adiós, con cierta prisa por ir a por otro cliente; estaba otra vez en su combate.

Combi salió de allí decidido a ir hasta el final de las cosas.

Entró a comer a un restaurante buffet vegetariano, de una cadena local, se dió un atracón. Se metió al cine que había en el centro comercial, daban una de la mafia rusa con Viggo Mortensen, pero la evitó atracandose de palomitas de maíz y refresco de cola en una sala donde estrenaban una de amor. De a poco se fué diciendo que no había demasiado que pudiese hacer que no fuese encontrar la manera de denunciarlo.

Al cabo de un par de años, le avisaron que la publicación de su libro era inminente, que debía irse preparando para entrevistas y conferencias. Se tomó  unas vacaciones con su familia en Amsterdam. Cada tarde después de pasar un rato en los cofee shops, paseaban un rato por el barrio rojo, y se divertían con la manera en que los japoneses observaban atentamente a las chicas a través de las vidrieras, agachándose sin ningún pudor para observarles la entrepierna.

Combi pensó que quizás Natasha ya podría estar bien, que hasta los peores momentos pasan, y que en todo caso ella era una mujer muy fuerte. Mucho más que él, que al fin y al cabo no era culpable de nada.

-¿Ni responsable? se preguntó.

Pero a Natasha le habían agujereado el alma con semen frío, le frieron el cerebro, comieron su corazón y arrojaron su cáscara a los pies de una tarde castellana. No le quedaba jugo, solo hiel, acaso le había dado una de sus últimas tardes de familiaridad, cosa que lo había marcado tanto a Combi que de un tirón escribió un trabajo de fición sobre la problemática de la trata de blancas. Se dijo a si mismo que cuando juró llegar hasta lo último de aquel asunto, no se refería a algo diferente de aquello, aunque naturalmente, aquella postrera interpretación no conseguía tranquilizarlo del todo.

Ya estaba a punto de publicar sus reflexiones sobre esta forma de esclavismo moderno en el corazón del Primer Mundo, con la aquiescencia de todos los géneros, estratos sociales e instancias legales, con toda la moral, la ética, y la justicia en conocimeinto de ello, tolerándolo y hasta promoviéndolo 

En su trabajo explicaba los traumas de aquella vida y sus posibles desenlaces. Pequeños toques en la puerta de su cordura con los nudillos de la suerte. A través de su trabajo literario, Combi estaba a punto de presentarse como un hacedor de justicia, como un ser con sensibilidad social, estaba a punto de creérselo.

 

Y a punto de cobrar por ello.

 

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Published by martinguevara - en Opinion crítica.

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