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1 agosto 2015 6 01 /08 /agosto /2015 22:47

Un día de 1980, al no recibir ninguna carta de mi padre, mi madre me confesó que no se sabía nada de él, que pensaban que estaba en una cárcel a la que se suponía que iba a ser trasladado, pero que no había ninguna seguridad.  Ya habíamos escuchado las historias de primera mano de Cultelli, un preso uruguayo que la Junta Militar argentina  había soltado tras largos años de cauterio en condiciones duras,  y que terminó reuniéndose con su familia que se encontraba exiliada en Cuba.

Este hombre, había pasado algunos períodos de su estadía en prisión en las mismas cárceles que mi padre, y aparte de hablarme de la integridad y el valor de mi viejo, de su carácter firme, y  solidario con los compañeros, también me contó que los traslados, a veces resultaban viajes al otro mundo, ya fuere por los golpes recibidos durante el mismo y el poco interés de recuperar al preso en la enfermería o directamente a causa del asesinato del reo, en algún recodo del camino.  Varios compañeros de ellos habían desaparecido en esas circunstancias.

Llevaba años escuchando y viendo una gran variedad de barbaridades, pero aquella narración de primera mano, me estremeció de manera especial.

            No temí lo peor, no estaba preparado en absoluto para interiorizar que al viejo lo hubiesen liquidado en alguna zanja, entonces decidí pensarlo solo durante las noches , cuando no podía evitarlo.  Fueron pocos días pero muy intensos, en los que tomé determinaciones de las cuales no fui capaz de retornar,  ni quise hacerlo.

            Comencé a beber ron sin hielo también los días de semana. Ello me ayudó a dejar de estudiar repentinamente, y con esa excusa y la idea de compartir buenos momentos, me busqué un trabajo de ayudante de mantenimiento en la sección de limpieza de una empresa civil militar en Guanabacoa.

Basurero.

Entré en ese destacado puesto, junto a mi amigo el Nene, gracias a la gestión de nuestro otro amigo, Orestes, quien por segundo año trabajaba allí durante las vacaciones para ganarse unos pesos.

Raúl Castro era el máximo responsable de ese ministerio y de todo el ejército,  y se puede decir que las FAR fue una de las excepciones en aquel páramo de productividad,  y producía gran parte de los insumos que gastaba, por supuesto los de las industria ligera ya que los armamentos provenían íntegramente desde afuera, del campo socialista.

 Recibiríamos por el desempeño de la tarea de limpieza de diferentes elementos, 92 pesos de moneda nacional cada uno.  Aunque no precisaba en absoluto el dinero de esa paga, constituía un motivo para que los que habían empezado a recriminarme que había dejado los estudios, lo hiciesen en voz baja.

El responsable de darnos privilegios del Departamento de América, pensaba que mi motivo primordial de trabajar en lugar de estudiar, era una provocación, un rechazo  a ese mandato común entre los familiares de los altos cargos, de que había que formarse como un cuadro revolucionario y toda esa perorata, y también a la tradición burguesa occidental de ser un joven educado de provecho, un modo más de resultar molesto; pero lo cierto es que yo nunca programaba ni lo que haría durante el día.

 

Nos destinaron limpiar los latones de basura, los restos de un enorme banquete con que se habían auto homenajeado a base de pollo y puerco, justo el fin de semana antes de nuestro comienzo. Parecíamos dos soldados de avanzadilla inspeccionando el terreno enemigo antes de que la tropa decidiese atacar. Aquello era un martirio para las fosas nasales, y empeoraba  en la medida que lo íbamos dejando para el día siguiente a causa del insoportable efluvio pestilente que emanaban aquellos latones y nuestra escasa formación en materia de sacrificio laboral.

Al Nene le habían dado la llave de un toro motor, de los que se utilizan para levantar palets, que servía para auxiliarnos en la tarea de volcar los ocho cubos de basura podrida, y ya henchida, voluminosa, inflamada; pero resultó de poca utilidad. Cuando intentamos levantar el primer latón, para trasladarlo al sitio indicado, se nos fue de costado, derramando los pollos que asomaban sus lomos y panzas verdes e hinchadas, por encima del borde del latón.

Después de ese accidente pasamos el resto de la semana entera haciendo trabajitos de poca monta y durmiendo largas siestas en el toro motor, hasta que llegó el viernes y entonces el panzón jefe, que vestía guayabera y rezumaba orgullo por su posición y orondez, montó en cólera, y nos amenazó con echarnos el mismo Lunes si no acabábamos la tarea, porque se quejaba de que ya todas las ventanas debían permanecer cerradas a causa de la peste que echaban esos pollos.

Fuimos a un enorme basurero en un camión que dispusieron a tal efecto, cargamos los latones con el toro motor en la parte trasera del vehículo, y viajamos acompañando aquella inmundicia que habíamos intentado quemar con kerosene y había resultado imposible.

Antes de llegar al destino, fuimos abordados por un equipo del Instituto Cubano de Arte e Industrias Cinematográfico (ICAIC) con micrófonos en mano, para entrevistarnos acerca del trabajo que estábamos haciendo. Primero nos reímos compulsivamente y discutimos un rato la conveniencia de salir en el noticiero del ICAIC, que lo pasaban en los cines antes de  las proyecciones de los filmes, sopesamos las burlas de las chicas y las risas de los amigos, y al final decidimos que sí, que debíamos dar la nota a los periodistas.

El Nene les dijo que trabajábamos en vacaciones “para un bien para Cuba” y al escuchar eso yo no pude parar de reírme, cuando me preguntó el cronista porque me reía, le dije que porque estábamos siendo entrevistados trabajando de “leones”,  le tuve que explicar que en el argot habanero a los basureros se les llamaba “leones” no por su fiereza, sino debido a su penetrante olor.

Una vez en el basurero, tiramos los pollos podridos semi quemados con latones y todo, el chofer nos recomendó que recogiésemos los latones.

-Dale, enciende el motor y tira para la empresa- le dije al chofer, la diversión llegaba a su final.

Una semana más tarde percibí la paga de dos tercios de un mes, además de la hoja donde figuraban los motivos de la expulsión por si necesitaba constancia. ¿Estaría bromeando?

Aquella página escrita a máquina y con un sello de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, que atestiguaba mi escasa disposición para el trabajo y la disciplina, eran lo único enorgullecedor que tendría en las semanas siguientes para enseñar, aparte de mi particular versión del pasito de baile  de Travolta en Saturday Night Fever y de nuestra aparición  en todas salas de cine habaneras, para refrendar mi salud felina de siete vidas.

Con el Nene en La Habana

Con el Nene en La Habana

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Published by martinguevara - en Relax
24 junio 2015 3 24 /06 /junio /2015 20:31

Cuando paseo por la calle y de repente aparecen gentiles, un aroma, un sonido, un corte de pelo, el color del día o la escena de la hoja que cae meciéndose y acariciando, despidiendo al aire que la acompañó mientras arriba en la rama ella crecía y vivía con plenitud, cuando aparece de súbito una imagen que evoca reminiscencias de un momento en que fui feliz, entonces me recorre un halo de bienestar, un golpe de aire fresco, la brizna de un buen presagio, pero es sólo eso, una brizna que no llega a fraguar, a consolidarse y a dotar esos segundos, de la certeza de que todo irá bien aunque sólo sea por un instante. 

Sin embargo cuando aparece la sensación de proximidad del desastre, cuando una mirada, un sonido presagian el retorno a la herida de la punta ardiente de una daga, del filo cortante de una cimitarra del pasado, esa reminiscencia me deja saber que sí encontró plaza de alojamiento en mis salones interiores, que sedimentó y se petrificó usurpando un sitio en el pasillo del aire fresco, en el conducto del placer, en la ventana de los paisajes nobles.

Finalmente, uno será el responsable de la parte de la película elegida para que permaneciese en el recuerdo.

Sólo cuando la felicidad eche raíces y ramas mas allá del momento en que los destellos y bríos de su gozo tuvieron lugar, y que le disputen y ganen el pasillo, el conducto y la ventana a la tristeza, podré dar rienda al entusiasmo y concluir que de algún modo, he sido admitido en el club de las criaturas sonrientes, en la humilde y selecta colonia de una especie sabia.

 

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23 junio 2015 2 23 /06 /junio /2015 00:30

Hoy paseando por las calles del coqueto barrio de Kioto donde me estoy alojando, observando como aprovechan cada medio metro para colocar una planta y cuidarla con mimo, recordé casi letra por letra tres párrafos que le dediqué hace unos meses a un arbol que planté en el patio de mi casa:

 

"Cómo explicarle que lo quiero al árbol que planté, que cuidé, a ese que cada media mañana saludo con un café y una caricia, y por la noche tarde, cuando todos duermen y yo escribo desde esa no del todo resuelta angustia existencial, cuando en un alto en el camino, salgo a mirarlo, a saludarlo, a rondarlo con un par de vueltas y un abrazo como si quisiese que de él brotasen chichiricús mandingas por las ramas, güijes de las hojas y duendes de las raíces.

¿Cómo le explico que es parte de mi vida, que ya reside en mi universo, y que todo lo que le ocurra, también me estará sucediendo a mi vez?

Quizás ya lo sepa, tal vez todo haya sido idea suya, la posición, la mañana , el café y su compañía en la angustia de la noche,  propiciarme el sanador privilegio de abonarlo, regarlo, mimarlo, a lo mejor es él quien me abraza con su aparente quietud, y me invita a compartir el silencio, la brisa y nuestras respectivas soledades"

Jardin de Templo sintoísta en Kioto

Jardin de Templo sintoísta en Kioto

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6 junio 2015 6 06 /06 /junio /2015 16:32

Estoy enfrentando un serio problema de identidad.

El asunto es que me siento lo más parecido que he conocido en mi vida a "feliz". Una mezcla de realizado, motivado, bien rodeado, acompañado, querido, justo, bien orientado, tranquilo, sabio, fuerte, con no demasiada buena salud como siempre pero mejor que nunca, lleno de energía, ganas, me siento capaz de hacer muchas cosas por los demás, como siempre, pero ahora con una notable diferencia: bien hechas. Me siento apto para brindarme, para recibir y dar afecto, y siento una especie de convicción en que entre todos podemos mejorar lo que nos dé la gana si cada uno empieza en el ámbito de lo íntimo, que me lleva a ser por primera vez en la vida, un sucio y detestable "optimista".

El tema es que para nada de esto me preparé a lo largo de mi vida, lejos de ello, siempre me identifiqué mucho antes con el yo víctima de no sé cuantas confabulaciones terrestres y complots interestelares, que de que las hubo...hubo las. Y ahora no tengo ni idea de como se procede cuando parece que el camino empieza a indicarme que ya no tiene preparadas más sorpresas, abismos repentinos, trampas para osos, cazadores de lobos en un recodo, sino que como mayor peligro me deja a merced de mis primos, los osos y los lobos.

La extraña sensación de andar sobre rieles.

Ahora cuando las articulaciones comienzan a recordarme que los cartílagos se gastan mientras más hambre de sendas nuevas tienen, es cuando preciso muñirme de algún punto de vista otrora depreciado y denostado ¿cómo pasar a ser un optimista? ¿cómo dejar de estar seguro de que todo, haga lo que haga terminará en un completo desastre? que no obstante dará paso a la más jugosa de las anécdotas, de los cuentos testimoniales.

Porque ahí está el quid de la cuestión ¿quién quiere realmente abandonar un personaje sufrido, equivocado, desorientado, misericordioso, comprensivo, apasionado, si ya le ha llevado la vida confeccionarlo y gracias a ello cuanta con los mejores amigos que se pueden tener? ¿para qué, para convertirse en un exitoso, en el ganador, que ya no deslumbrará a padres y madres propias ni ajenas? ¿para qué, para convertirse en un nuevo anuncio de traseros lustrosos, de pasta de dientes para zapatos, de tinte para muelas, de calzoncillos limpios?

En mi bandera siempre flamearon dos tibias cruzadas, ¿cómo hago para sustituirlas ahora por estas tijeras pulcramente afiladas?

Como decía Lenin ¿Qué hacer?Como decía Lenin ¿Qué hacer?

Como decía Lenin ¿Qué hacer?

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20 mayo 2015 3 20 /05 /mayo /2015 11:49

Relato de mi hijo Martín 

 

Hamiksu Hamalisaka era un joven japonés que, durante esta historia tenía  15 años y tuvo que vivir en tiempos de guerra:  vivía en Hiroshima pero su origen era Nagasaki y allí habitaba su familia durante la Segunda Guerra Mundial y, desde luego, lo que le ocurre son anécdotas horrendas y su suerte no tiene un diferente adjetivo.

Hamiksu era un chaval japonés que no destacaba en prácticamente ninguna de las cosas que a su edad le hubiera gustado destacar, no era fuerte, ágil, bromista, etc. Sin embargo sacaba unas notas estupendas, pues en este curso su nota más baja fue un 86 y tal era su amor hacia sus padres como hacia sus mejores amigos  entre ellos a  su perro (Gohaki) no se quedaba indiferente ni mucho menos. Siempre llevaba todo listo al instituto, donde conversaba sobre cultura con sus amigos, y ante la duda, no estaba enamorado de nadie, para él el amor verdadero estaba dirigido hacia sus compañeros y compañeras quienes valoraban el arte, el saber y la cultura.

Nunca dejó atrás el sueño de ser alguien fuerte, como acostumbraban a dibujar varios de sus compañeros que estudiaron y optaron por las artes. Hamiksu era apagado, pues en su anterior colegio en Nagasaki donde su familia residía (también sus padres) la chica más bella de la clase le confesó su amor, a lo que Hamiksu respondió con tono de desagrado: -Demuéstrame cuánto sabes. Esa es tu oportunidad. Ante tal humillación, ella decidió no volver a hablarle.

La anécdota horrorosa ya empezó cuando los nazis perdieron sus dominios, pues Japón brevemente se vio atrapada en una crisis muy importante.  Hamiksu vivía sin sus padres aunque de vez en cuando iba a visitarles, y este fue el caso, ellos no estaban mal, pero su abuela la cual consideraban que estaba volviéndose loca gritando a Hamiksu que una maldición le poseía, que nunca debieron de haberle dejado entrar a este mundo, murió sabiendo que esto pasaría, según ella.

El instituto cerró, él padecía hambre y, como de la noche a la mañana, vio llegar unos aviones en el cielo. "Son impresionantes" dijo Hamiksu a quien le encantaba verlos desfilar en el cielo. La cosa cambió cuando lanzaron algo así que a primera vista parecía un submarino, pero no le encontró sentido alguno a esto, así que, sabiendo que algo bueno no era, huyó, y en pocos minutos vio lo que jamás pudo imaginar. Pues todo el ambiente enrojecía y brillaba, a lo que cayó desmayado.

Al despertarse algo gritaba. No era algo normal, algo con voz infernal. Al levantarse lo vio todo aplanado, y lleno de cadáveres. Luchó por su vida corriendo sin rumbo hasta que por fin llegó a un sitio donde la explosión no alcanzó a llegar. Oía discusiones con voces infernales, pero corría hasta que por fin hubo un hombre dispuesto a ayudarle advirtiéndole de que era peligrosísimo estar ahí. Total que llegaron en automóvil a Nagasaki y, cuando vio a sus padres y a su perro, lloró de la alegría pero volvió a verlo, otro avión llegaba. No se lo podía creer. Pues otra bomba atómica cayó ahí, y al despertarse, vio la misma escena, pero vio algo terriblemente perturbador: -Les advertí. Dijo su abuela. Minutos más tarde, Hamiksu murió.

Nagasaki luego del bombardeo

Nagasaki luego del bombardeo

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15 mayo 2015 5 15 /05 /mayo /2015 14:04

A mi modo de ver la vida es una buena oportunidad para procurar la risa, el placer, la diversión, el entretenimiento aunque a veces seamos compelidos y atenazados por más tiempo del que nos gustaria admitir por trabas y sombras; porque la muerte nos precedía antes de nacer y nos sobrevendrá a este estado de conciencia, a este plano de existencia, una vez transcurrido este breve aunque sofocante y gozoso juego de corazones latiendo, sangre por las venas y piernas en movimiento.

En el firmamento del famoseo, de la gente que no conozco en persona, existen pocos seres a los cuales los tomaría como cercanos y uno sólo por el que podría llorar el día que partiese, a quien he adorado desde siempre que lo he ido a ver tocar en diferentes países y viendo sus documentales, conociendo su vida, sabiendo como lo quieren y hablan de él, incluso un amigo mío que tuvo la oportunidad de trabajar para él y otras verdaderas estrellas ególatras del espectáculo que sin embargo, a su lado bajan a tierra.


Ese hombre que empezó su vida en las cercanías de un cotton field a orillas del Mississippi, cuna del country blues, trabajando duro junto a su madre, a la que vio morir sin poder ayudarla.

Que empuñó su primera guitarra temprano. Que nunca hizo daños a nadie, un tipo que no fue borracho ni drogón como mis otros héroes del rock, y sin embargo nunca se creyó mejor que los que tuvieron la mala suerte de sucumbir a una personalidad más adictiva o serpentearon más para poder salir de sus cunas; sibaritas de sustancias que mantienen entretenido el Sistema Nervioso Central de la proximidad la pelona de la capucha y la guadaña.


Ese tipo que cambió la historia del música del siglo XX con sus blues, como Louis Armstrong la del Jazz con su New Orleans style, su Scat y su trompeta.


El que le sacó los más dulces y sinuosos acordes de blues a Lucille, su inseparable novia con curvas de guitarra Gibson.

El de la voz preciosa, el entrañable, el gran, gran, gran:


B.B. King


La primera estrella de una música que dio paso al rock, que me llevó a preguntarme en mi juventud, si debía rendir más homenaje a los rockeros y bluesmen que partían jóvenes, que pleitesía a quien continuaba de pie, con energía para seguir transmitiendo la pasión por la vida. La imagen de bvelleza trágica que desprende la muerte sorpresiva en la juventud o el dispendio de sabiduría que puede ofrecer una vida plena y longeva. 

Mr. B.B. fue ingresado hace pocos días de urgencia, mientras cubría una gira tocando para nostros y para su alma, para sus amigos del algodón, sus nietos su madre. Se repuso y tuvo tiempo a abrazar a su biznieto, de despedirse de sus cuerdas, del mástil de Lucille.

Ese día escribí: "Tiene 89 años, se cure o no, le queda poco. Y el día que se vaya lo lloraré como si se me hubiese ido un tío favorito, un amigo intimo, un hermano mayor, mi Buda Be bop".

Ese día llegó hoy. Un nutrido rondo de músicos de todas las épocas y procedencias henchidos de gratitud, juntos en el escenario como tú preferías, ya tocan los acordes de "Swing low, sweet chariot" mientras vas subiendo.

Abuelo bonachón y divino, te estarán esperando en el salón celestial de los blues para cantar juntos después de tus punteos introductorios: "The Thrill is Gone".

Buen viaje BB todos nos vamos un poco contigo.

 

http://www.publico.es/culturas/leyenda-del-blues-b-b.html

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24 abril 2015 5 24 /04 /abril /2015 18:55

Hay malas hierbas que se expresan a través de cardos y otras en forma de flores. Hay zonas umbrías por el efecto de una tapia guardiana, amenazante, y otras por la sombra de un manzano en flor.

Así mismo hay tristezas y tristezas.

Hay recuerdos que apenan el alma porque nos retorna la sensación de un vacío tras el barniz, de un engaño, de un abandono, y otras memorias que nos entristecen porque reviven algo precioso, un ser amado que ya no está, un instante de felicidad que se presiente tan lejano y ajeno como cuando sucedió, y que sin embargo tuvo lugar.


Cuando era chico cruzaba del hotel donde vivía a la escalinata de la Universidad de La Habana, en el lado derecho del Alma Mater había unos arboles con sus ramas entrelazadas, la mejor manera que tenía de olvidar un poco la pesadumbre circundante, era subirme hasta el tope del follaje e ir pasando con mucho cuidado de árbol en árbol intentando no vencer con mi peso las ramas que los unían. En ese instante con los ojos abiertos atento a los peligros, era no obstante como si los tuviese cerrados y fuese reproduciendo en la vigilia uno de los sueños recurrentes, en el cual conseguía mantenerme a flote a una altura similar a la de aquellos arboles, y pasaba por encima de la gente y los problemas nadando en el aire. Eso fue bastante antes de conocer el ron.


Hoy sentí que mi abuela, aquella que cuidaba de que la nuez que se me había prendido al pecho no me subiese hasta la garganta, me acarició la frente una vez más. 


Y la nuez bajó.

Estaba a punto de regalarle una lágrima a un cardo, a la sombra de una tapia, a una tristeza gris, cuando apareció una flor de hierba mala, una sombra de manzano y una rama que se extiende hasta el regazo del Alma Mater.

Ala Mater U. de La Habana y árboles laterales

Ala Mater U. de La Habana y árboles laterales

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8 abril 2015 3 08 /04 /abril /2015 22:31

Soy de chocolate y de miel, soy de salame y de aceituna rellena de anchoas, sólo un hombre más.

Soy un huracán mezclado con tsunami, soy calor, hielo, noche cerrada, frío que hiere, gesto desolador, calor abrasante, sólo un hombre más.

Sé que mi paso es sinuoso, abarcador, estoy cuerdo de remate, soy calzón del infierno, camiseta del martirio eremita de los eternos gozadores, sé que mi trote es ora lento ora apurado.

Me creo un hombre justo, repleto de defectos, un saco de problemas, una bola de inconveniencias, un espejo reflejando el cráter del volcán, el salivazo del Santo, un calcetín de Lucifer, el ala herida del ángel, la sangre del labio alto de Barrabás, soy la guitarra del bardo beodo del cabaret en la bifurcación del camino, en la elección del Bien o del regular, el equilibrio del niño en el primer paso, el odio de la dama despechada, un rayo en la oscuridad, sal en el cañaveral, azúcar en el mar, soy una eyaculación en el paraíso de los justos, una siesta en el tugurio de las pasiones, soy el cacharro y el veneno, el Sol y el destierro soy.

Sólo soy un hombre más.

Pero también puedo ser la súplica en el altar, la caricia en la mañana, el horno de pan, la gota de sudor en la ceja, soy el receso en el trabajo, la sonrisa del amigo, una sombra, una hamaca, soy el filo del espada guardada, la punta del amor, como el agua soy tierno a buena temperatura, duro a río bajo cero, y me evaporo si intentas quemarme.

Soy sol tenue, nieve de otoño, una idea virgen, un potro de galope, soy un animal salvaje sobre mis hombros cansados, y cabalgo feliz en el podenco de mi libertad.

Un hombre sólo, y sólo un hombre.  Nada más

Angeles y demonios
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3 abril 2015 5 03 /04 /abril /2015 18:02

 

 

 

Hoy pensé muchas cosas mientras manejaba y atravesaba la montaña.

La mayoría relativa a la carretera y las contingencias que tienen lugar en el pavimento.

Un Jaguar manejado por un salame con una cara de come gofio, que casi lo paro para preguntarle si estaban compensando a los pelotudos con coches Jaguar o se lo había sacado en una rifa del tontorrón.

Dónde puedo mear y tomarme un café como la gente? ¿algo que no sea guachipupa ni me cueste doscientos sesenta mi millones de euros solo por estar enclavado en una ruta turística?

También pensé que ya sería hora de que alguno de estos inventores que nos llenan los cajones de chirimbolos, se le ocurriese el artilugio para neutralizar y liquidar ipso facto, de una sola pulsación a un botón, cualquier rastro de ventosidad que el solitario conductor tuviese a bien evacuar teniendo en cuenta la distancia del trayecto, incluso la peor, sin perfumes, un destructor de flatos de cabinas. Que permita por fin al displicente chófer dar rienda suelta a los instintos más primarios y bajos de sus esfínteres, tras un opíparo almuerzo compuesto de Fabes asturianas, feijon brasileño o frijoles cubanos, sin el temor que de que cuando llegue el momento de pagar el peaje el cobrador corra el riesgo e perecer gaseado de manera torticera y a traición.

Y otras cuantas elucubraciones por el estilo, nada trascendente, nada que tuviese mayor peso que el instante de la vaga idea, repasé esos otros pensamientos íntimos, mientras en la radio sonaba rock y poco más hasta atravesar la montaña-

Pero la circunstancia puntual, no me impidió unos instantes para el escasísimo vuelo intelectual que al cabo de un fiasco nocturno acaece.

Y pensé en el sentido de la respiración, el extraño regalo de la vida entre dos períodos de muerte, pensé en la utilidad de los diez dedos de las manos y la incapacidad de los diez dedos del pie, en las cejas, las uñas, pensé en la voz y los mudos. Y quise desentrañar con el pensamiento entre procacidad y estupideces, por qué en un músculo tan activo como el corazón que no para de trabajar como un obrero japonés, colocamos como su hábitat todas esas cosas que nos ocurren y que no tienen nada que ver con los límites de "vida o muerte" , están más allá de lo terrenal, inmediato y vulgar de ese dilema. Uno es un músculo y lo otro es energía intangible.

¿Por qué querrían casarse?

Y en el momento que pensaba eso, se aproximó a mi automóvil súbitamente el puesto de pago del peaje, disminuyendo la velocidad en la medida que mi pie pisaba el freno y yo zigzagueaba para demorar el fatal desenlace, y un segundo antes de bajar la ventanilla me permití fantasear nuevamente con el invento por venir, para acompañar fabadas, potajes y feijoadas y evitar un gasicidio en la carretera.

Mejilla de dos besos Be bop.

 

 

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25 marzo 2015 3 25 /03 /marzo /2015 11:02

Decir adiós a una parte de uno mismo que aún no ha hecho más que nacer, es tan doloroso que quizás haya que dejar pasar todo por alto para sobrevivirlo. Pero ¿qué sentido puede tener vivir para dejar pasar algo tan pertinente? ¿qué sentido puede tener no atravesar la hoguera que habita en nuestro propio corazón?

¿La parte buena? Llegar al fondo del alma quizás traiga algún poema único, una noción desconocida de la oscuridad.

Y en caso de hallar allí el último suspiro, en la barca habrá un verso único para la partida y habrá rayos de luz tenues, taciturnos, de tonalidades jamás vistas antes ni después.

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  • : Mi Déjà vu. En este espacio comparto reflexiones, impresiones sobre la actualidad y el sedimento de la memoria, sobre Argentina, Cuba o España, países que en mi vida conforman un triángulo identitario, de experiencias diferentes y significantes correlativos.
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