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12 octubre 2014 7 12 /10 /octubre /2014 13:10

La mejor parte de haber estado al borde de algún inminente desastre en algún prolongado período del pasado, de haber caminado codo a codo con la locura o haber metido los pies en la laguna del no retorno, es que cuando asoma la amenaza de peligro, o se teme la proximidad del dolor; sólo basta con mirar atrás, y así recuperar una calma redoblada, la más confortable de las sensaciones. la exhalación de un suspiro retenido en el borde de la garganta desde el principio de los tiempos, la espalda próxima a un cojín mullido donde a pesar de todo, aún importa el amor.

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24 agosto 2014 7 24 /08 /agosto /2014 00:04

Ayer tuve una experiencia que me llevó a pensar que estaba a punto de obtener la diplomatura de "Lelo" o “Poco avispado” que parezco estar persiguiendo deliberadamente en los últimos tiempos.

Después de estar pasenado y olfateando exquisiteces en una feria del Pez espada,  donde los platos se servían generosos y a precios sumamente atractivos, fuimos a cenar a una fonda nada especial aunque de aspecto agradable.

Los precios anunciados eran también muy sugerentes al bolsillo y la carta al paladar.  Desde que nos sentamos, el camarero nos trató con una familiaridad poco habitual, verdaderamente cercana, una amabilidad que lindaba con la lisonja, con la zalamería, con la confianza de corral. Mano en hombro, tuteo de colegas, en fin, buenas dósis de cálidez en el trato.

Antes de llevar a la mesa lo que ordenamos, nos sirvió unas  aceitunitas negras, un platito tamaño postre con unos moluscos filipinos llamados Buzios, nada malos, y otro platito del mismo tamaño con ocho o nueve mejillones, aliñados con cebolla y pimientos a la vinagreta. Además de pan y deliciosa mantequilla salada, y entonces yo me deshice en elogios hacia tal atención, hasta me mostré incluso proclive a reconocer semejante presente súbito, con una jugosa e inusual propina llegado el momento de la despedida.

Luego vinieron los platos solicitados, terminamos de jantar. Y hasta nos alegramos por el arribo de un buen número de comensales a aquella parroquia de profunda calidez humana y buena onda, ya que a nuestra temprana llegada estaba vacía de clientes.

Estábamos a punto de caramelo, orondos, pletóricos, rozagantes y de súbito un color pálido asaltó el rostro de Patricia reflejando en el vidrio de la ventana contigua todo el dolor de una traición, el rictus de su semblante contagió mis tendones faciales, al escuchar el monto numérico registrado en el papelillo que el simpaticón camarero nos acercó atendiendo a mi petición de:

-¡La cuenta por favor!

Nos había clavado más del doble de lo que habíamos deglutido imbuidos en la ternura, embebidos en la experiencia de la generosidad entre extraños. Desarmados ante tanto repentino amor. Cada otrora alabada delicia pasó a ser un mísero platito con un precio desorbitado, introducido de manera sibilina, subrepticia, en la paz de nuestra presupuestada alegría.

Nos marchamos sin sospechar donde se habría ido toda nuestra experiencia, todo nuestra cancha, acodados a que barra de cual remoto bar yacerían cabizbajos mis años de calle.

Por el bien de la paz estival decidí pasar por alto el desliz, no obstante  quedó el resquemor, la espina atravesada, o una imagen más soez. 

Hace unos minutos, en la pensión Corredoura de Caldelas, un pueblo precioso entre montes boscosos del norte de Portugal, cercano a Braga, la chica de la recepción se acercó con una sonrisa, ofreciéndonos un aperitivo a mi mujer, a mi hijo y a este humilde servidor, mientras consultábamos nuestros malditos correos con el wi fi del living room, cauto, acepté un café, de estos ricos caldos de esta tierra, ofreció además un oporto y un refresco para el niño y como un resorte dijimos a una voz:

-No gracias, estamos bien- y mi mujer y yo nos miramos recordando la herida aún fresca de la aguja envenenada.

Una vez terminé de saborear al café, le pregunté a la simpática recepcionista por el precio, y entonces asustado, paralizado por el terror, a punto de quebrarme, la escuché decir cual bálsamo a mi ya fláccida,  inasistida y torpedeada filosofía, mezcla de hipismo, rastafari y krishnamurti trasnochados, o bien como castigo a mi apresurada desesperanza:

-No señor, no es nada, todo lo que quisiesen tomar era una oferta gratuita, una cortesía de la casa!

 

 

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2 agosto 2014 6 02 /08 /agosto /2014 04:00

Joan Manuel Serrat cantaba una canción sobre un tipo que se enamoró de un maniquí y un buen día rompió la vidriera cuando era de noche y se la llevó a vivir con él.

La canción era previa a la existencia de las muñecas inflables a las que también las llaman las infalibles, o al menos previa a su popularización (ahora casi todos menos yo tienen una de esas muñecas escondidas en su armario).En cuanto escuché la canción me reconocí en ella.

Hubo una época en que durante las noches para lograr llegar al amanecer tenía que pasar por un calvario de pesadillas, estaba la del toro que me perseguía por el living, estaba la de la vieja horrible esperándome a la salida de abajo de una mesa con las sillas al revés, estaba la de mi abuela que se iba hacia arriba, hacia las nuebes desde un rincón del patio, aquella en la de que no podía correr, la de que estaban por encontrar el cadáver que había dejado hacía tiempo bajo el lodo, y una nutrida variedad de etcéteras, pero también había de los buenos sueños.

Estaba el sueño aquél en que podía volar a la altura de dos personas adultas casi sin mayor esfuerzo, haciendo el gesto de que nadaba, y en algunas ocasiones podía elevarme por encima de los edificios, pero no era disfrutable subir demasiado, así que lo placentero llegaba hasta la altura de tres plantas quizás, no más que eso. Luego estaba aquél en que tenía todo lo que quería, pero cuando me iba a comer algo no podía morderlo. También por supuesto en ese terreno, abundaban de los picantes, y más aún cuando iba emplumando el gallo. Maestras, alumnas, amigas, primas, todo lo que se movía "con falda y a lo loco" aparecía alguna vez en alguno de esos sueños tan agradables.

Dentro de ese conjunto también estaban los sueños raros, de los cuales recuerdo puntualmente dos.

En uno estaba sobre un terreno de batalla aún humeante y simulando estar muerto, una mujer con falda aparecía de repente, se paraba con una pierna a cada lado de mi cuerpo y yo podía disfrutar mirándole todo. Y todo era delicioso.

En el otro sueño perturbador era yo el que caminaba por un campo de batalla humeante y encontraba una mujer preciosa con grandes y jugosos pechos tapados por una camiseta blanca, enotnces yo se los destapaba y los disfrutaba como pocas cosas se han disfrutado sobre la faz de la Tierra. Es de suponer que esta segunda mujer se estaba haciendo la muerta igual que yo en el primer sueño. O quizás estuviese muerta.

Desde la más temprana juventud los maniquíes despertaron len mi un intenso deseo, un repentino torrente de expendio de testosterona. No cualquier maniquí, desde luego, precisaba ser uno en el cual hubiese producido en su diseñador el mismo tipo de baba que me aparecía súbitamente en la boca al verlo. Y preferentemente con camisetas blancas ceñidas que lleguen hasta el muslo y con ropa interior debajo de la cintura, o directamente con lencería.

Una cosa extraña es que el maniquí no necesita tener cabeza, es más creo que los prefería decapitados desde su concepción. 

Hoy salí de la Conferencia de escritores de Willamette para comerme un sandwich porque me parecía demasiado un almuerzo entero a las 12:00 del mediodía, así que crucé al centro comercial que hay al lado del Hotel donde tiene lugar el certamen. Subí a la cuarta planta a través de la tienda Macy's, muy similar a las de El Corte Inglés en España, y antes de salir directamemte a la parte de los restaurantes, atravesé un pasillo plagado de maniquíes con diferentes pantalones, con trajes de baño, con vestiditos, y justo antes de salir por la puerta ancha munida de alarmas, estaba ella, con la camiseta de color claro ceñida a su figura perfecta, marcando una braga ni grande ni diminuta, que también parecía se de algún color claro.

Ahí estaba ella deliciosa,  impertérrita, entregada y por supuesto: sin cabeza.

 

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21 julio 2014 1 21 /07 /julio /2014 06:27

Hay dos cosas con las que no conviene meterse en Estados Unidos, ni con la salud ni con las disposiciones legales por mínimas que puedan parecer; todo lo demás es una maravilla.

Si no eres una persona de un pasar holgado y te enfermas en este país, todo lo bendito se te convertirá en maldito, más valdrá que tu sonrisa y tu cara aporten aquello que le falte a tu escueto y siempre deficiente seguro médico, el hoyo estará mirándote fijamente, llamándote sin aspavientos, será más bien como un reclamo, como una sugerencia. Un resfrío puede dejarte petrificado, aterido de miedo ante la posibilidad de la infección. Esto pude comprobar que tiene algo bueno, de inmediato el cuerpo se pone las pilas y ni se le ocurre enfermarse por nada, sólo para dar un mensaje, sólo para comunicarle al consiente una sospecha que el cerebro tiene entre bambalinas. Ni para faltar a un trabajo, ni para dar penita a nadie. Enfermarse en Estados Unidos es algo de hombres y mujeres con los pantalones bien puestos; para quienes estudian detenidamente los precios de los hoteles y los menús de los restaurantes conserva el mismo peso dramático que tenía la enfermedad para el hombre de el medioevo.

Si cruzas una avenida por la mitad, o por el mismo semáforo sin que esté la señal de que puedes cruzar y te ve la siempre expectante policía, es muy probable que te caiga una multa que te dejen tiritando los dientes y flojas las postrimerías si es que aún continúas siendo aquella misma personita sin demasiados fondos, ni otro bulto en tu bolsillo que la concavidad protuberante de ese huevo herniado. Si giras a la izquierda o a la derecha, si pisas una línea discontinua, si aumentas velocidad o si la reduces, si el coche se pone a llorar en medio de la carretera sin pañuelo, será mejor que pidas auxilio al Dios de los Bancos, el mismo viejo demonio de las loterías, ya que los huesos raspados de tu asentaderas lo precisarán, si bien es cierto que siempre tendrás una lista de pagadores de fianzas a la vista desde las rejas de tu calabazo provisional.

Derechito y sin zigzagueos vas mejor.

En todo lo demás Estados Unidos es una maravilla de país, nada que ver con la idea que trasciende allende las fronteras muy interesada por quienes esconden las miserias de casa echando culpas alrededor, como la gorda de las maldiciones e improperios de mi Motel, que no paraba de putear porque no le dejaban fumar y pudo haber elegido una habitación de fumadora, o haber dejado de fumar y haber comido costillas a la bbq hasta reventar.

Generalmente el común de la gente es verdaderamente naif y muy agradable, comunicativa, gregaria, de cultura de hot dog y trabajo, hay un respeto al acierto como al error, al éxito como a la caída, hay un respeto al otro que empieza por no meterse en su vida. Se comparte en familia, pero también se sabe andar sólo, es la cultura de hacerse sólo, de levantarse una y otra vez, en eso me siento de acá, ellos y yo sabemos que todo es una invención, que te van a dejar una y otra vez, que todas esas cocciones de penas tangueras y de boleros plañideros, son inútiles como cenicero de moto, si desde un principio sabes que te serán fieles hasta que les vaya bien serlo, que el amor es una quimera, hoy te toca ser loado y mañana olvidado, ellos se mezclan por todo el país del mismo modo que mezclan ese infame milkshake con la mostaza y el ketchup de esas exquisitas hamburguesas campeonas en taponar a las más altaneras y engreídas de las arterias.

Es un país de una belleza natural descollante y se respira democracia y derechos, ven con ganas de encontrarte a ti mismo, porque es una cultura que enaltece al individuo.

Ven dispuesto a disfrutarlo, pero no cometas el error de olvidar tu aspirina, tu lucecita para cruzar la avenida, y si lo olvidas, entonces recuerda tu rezo al Babalú de las finanzas y en su defecto, al de las fianzas.

 

 

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10 junio 2014 2 10 /06 /junio /2014 16:28

 

 

El periodista, una persona templada, equilibrada, que no sólo posee sino que transmite sosiego, tranquilidad, un poco lo opuesto a mi escasa flema inglesa, me preguntó sin animadversión:

_Hay cubanos que critican al sistema y otros que no, no ha habido un intento de derrocar al gobierno en 55 años- seguido de una pregunta que aunque ahora la puedo encontrar clara e inofensiva en las redes sociales, entonces las percibí como: ¿No será un poco exagerado esto de la represión, de lo anacrónico de la Revolución cubana?

Y entonces respondí en consecuencia. Cuando sentí que debía ir a la defensiva hice el viejo truco de ir a la ofensiva, todo dentro del marco del decoro de la simpatía que me despierta y de las formas recomendadas fuera de la jungla, pero ciertamente al ataque.

Respondí echando mano del recurso socorrido y efectista aunque no poco cierto de que el hecho de que en Kampuchea, China, URSS, España de Franco, Polonia, o Rumania de Ceaucescu no haya habido casi nunca a una revuelta, y desde luego jamás el más mínimo disenso explícito dentro del poder, pasando como en la URSS , China, Mongolia, Cuba o Corea, décadas de votaciones con unanimidad total, con una prensa que jamás ha publicado una noticia critica al sistema, convendría pasarlo por el tamiz de la reflexión antes de traducirlo en la lectura de que estamos frente a una sociedad sin conflictividad, sin antagonismos, sin el más mínimo disenso,  feliz, y unánime como podría llevar a pensar esa falta de diferencias manifiestas. Ya que apresurándonos podríamos llegar a concluir que por esa misma regla matemática, en Francia, Holanda o Inglaterra se vive una pesadilla de desacuerdos,  disfonía y caos que se traduce en la peor calidad de vida al observar, que es en esos países donde con más frecuencia salen sus ciudadanos a protestar, se hacen huelgas masivas, los políticos piensan cada uno a su manera y los medios denuncian numerosas irregularidades de los Partidos en el poder y de los gobernantes, y nadie parece estar de acuerdo del todo con nadie!

Aún cuando no fue respondido en ese tono, sí que pido disculpas, desde el pudor que me da el haberme sentido cuestionado en los medios ambientes de mis perturbaciones, transportado a una escena de la eterna infancia, y haber atacado socarronamente en consecuencia; obviamente ni el periodista quería mi atesorada fruta conseguida a capa y espada, ni la respuesta más acertada, correcta, reflexionada, podría parecerse demasiado a la que di.

Antes de una entrevista nunca sé ni siquiera del tema que voy a hablar y prefiero que así sea siempre, si un día me llegan a dar un cuestionario lo más probable es que le agregase preguntas comprometidas, o sea que siempre me toman por sorpresa las interrogantes inteligentes, disparatadas o snobs, y en realidad por esto elegí expresarme escribiendo, porque nunca me paso ni me quedo corto, me hago responsable de todo lo que escribo desde todas las instancias que la conciencia me provee, pero en el habla verbal, ay amigo, como he metido la pata a lo largo de toda mi vida, porque presento esa característica que les achacan a los niños y a los borrachos, siempre digo la verdad. Aunque una verdad viciada del rencor eterno atesorado en elementos intangibles que se posaron en mi alma para hacer nido, tengo los mismos dedos que cuando era bebé, la misma boca, las mismas piernas, algunas cosas han cambiado de tamaño aunque no es para hacerse ilusión que tampoco ha sido para tanto, y del mismo modo tengo también las mismas viejas cicatrices.

Si pudiese rebobinar dejaría ese intento de repuesta empática tal y como la dije, aunque con con menor extensión ( otro de mis males en la comunicación verbal que  en la escrita controlo más, aunque todo hay que decirlo, era más austero aún cuando debía consumir papel) y agregaría que sí, que quizás y no importa por cual razón, hay un gran número de cubanos que están de acuerdo con seguir con ese sistema, quizás incluso más que los quieren el cambio, es imposible desear aquello que no se conoce, pero en todo caso, es eso precisamente lo que le han usurpado al pueblo cubano, ya no sólo el poder manifestar las  ideas que no coinciden con las del establishment, y no sólo formar partidos , asociaciones, prensa escrita TV y radio para quienes piensan de todas las diversas maneras que existen de canalizar las ansias o las frustraciones sociales, sino que han aleccionado al que genuinamente sería partidario de ese experimento y lo han embotellado dentro de un manojo de consignas huecas, impidiendole defender sus ideas con mucha mayor convicción cuando supiese que es una decisión propia en un mar de posibilidades de elegir, lo podría sostener dialécticamente si encontrase la oportunidad de debatir con las posiciones opuestas o distintas, y a cada uno que sintiese que la Revolución no es su modelo de sociedad le permitiese a su vez escoger uno definido, no simplemente aunarse, amucharse, reunirse con todos los demás que por disimiles razones reniegan del proceso, bajo el mismo paraguas de desafectos, de opositores o de disidentes, tal como ocurre en Miami, que personas de las extracciones sociales y de usos y costumbres diametralmente opuestos están de un bando, unidos precisamente por la intolerancia del castrismo oxidado.

Muy diferente de hecho pero con rasgos familiares a lo que ocurre hoy en España, que el totalitarismo y las actitudes autoritarias tanto del gobierno como de la Banca que imparte las órdenes a sus subordinados de la Política, han llevado a una enorme parte de la población a sentirse unidos bajo un mismo lema a causa de la indignación, sensibilidades que jamás habrían convergido, convertidas de repente en una fuerza no invitada a la fiesta, a causa de la petulancia, la ambición de poder, y la sordera de los gobernantes.

Lo cierto es hablar no es lo mío, y lo de menos es esa eterna voz nasal que me obliga a escucharme antes que mis interlocutores, razón por la cual casi siempre me río antes que ellos. Un poco por eso y otro poco por el cariz escasamente universal de mis chistes. 

 

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28 mayo 2014 3 28 /05 /mayo /2014 12:56

 

 

Un acertijo.

El día del cumpleaños de mujer de alrededor de cuarenta años, su esposo de unos cincuenta, imaginó un regalo original, con el cual pensó que haría las delicias de su amada. En su memoria conservaba frescos aún los recuerdos de juventud, los días en que en compañía de sus colegas, sentenciaban sin la más mínima duda que las "veteranas" las "tembas" de cuarenta, son lo mejor que podía haber, lo que mejor que le puede pasar a un pipiolo que pasea la mayoría parte del día con la espada a punto de desenvainar, ya que, como aseguraban sin titubeos: "te dan tal revolcón que te dejan vacío", lo decían un poco por percepción extra sensorial “testosteronal” y otro poco por alguna que otra experiencia no del todo pasada por el tamiz de la ulterior reflexión, análisis y también como no, autocrítica.

Entonces el buen samaritano ideó el regalo perfecto. Quería darle a su esposa un presente hecho lapsus, hecho paréntesis de la armonía matrimonial que algunos llaman tedio, le quería obsequiar un intenso refriegue con un chaval de alrededor de veinte años, pero a tales efectos concurría un sólo inconveniente, el hombre era, igual de generoso que de celoso, así que no tuvo otro remedio que buscar una solución intermedia aunque compleja donde las hubiere.

Al cabo de unos pocos días y tras sopesar todas las posibilidades, tras certeros conjuros, novedosas fórmulas eficaces y mucha imaginación, consiguió confeccionar el regalo perfecto. Logró trasladarse en el tiempo dentro de su propio ser, y retornó a la edad de diecinueve años cuando tenía a bien disparar a toda voluptuosidad viviente, de esa manera mataba dos pájaros de un tiro, colmaba la generosidad de su alma sin incitar en lo más mínimo a sus acusados celos.

Así fue que llegado el día del cumpleaños, él, que había sido siempre unos diez años mayor que ella, pudo disfrutar de aquella misma mujer como un joven deseoso de experiencia, reviviendo los deseos confesados en aquellas charlas nocturnas con sus amigos de antaño, incluso poniendo en práctica varios detalles por primera vez, se homenajeó sí mismo con el disfrute de aquel cuerpo femenino que al no estar segura de si volvería a pescar en un río tan pródigo, retozó al máximo dando rienda suelta a una nutrida batería de ocurrencias y de placer, de paso cumplió regalándole a su mujer el gozo de poseer toda esa energía tersa y vigorosa de la inexperta juventud.

Negocio redondo, caso cerrado, pero entonces la pregunta del acertijo es:

 

¿Quién fue más beneficiado por el regalo, la cumpleañera agasajada o su gentil esposo?

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23 mayo 2014 5 23 /05 /mayo /2014 18:58

 

 

 

Era ese mismo verano en que habíamos intentado pasar unas vacaciones fabulosas, pagadas y además cobrando un dinerito como Guía en el campamento de pioneros de Tarará, pretensión que a los tres días quedó fulminantemente cegada por una expulsión que caería en nuestros expedientes acumulativos, intentamos limpiarlo o continuar con la diversión buscándonos nustro primer trabajo en serio.

 Entré en el destacado puesto de "chico para todo", con el Nene, gracias a la gestión de Orestes, que trabajaba en esa empresa, de producción de todo tipo de utensilios de aluminio para las FAR por segundo año consecutivo durante las vacaciones con un contrato temporal por quince días prorrogable a dos quincenas. Recibiríamos por el desempeño de la tarea 98 pesos cada uno.  Aunque no precisaba en lo más mínimo el dinero de esa paga, sería un motivo para que los que habían empezado a recriminarme que había dejado los estudios, no pudiesen decir que tampoco trabajaba. La idea de conocer el terreno laboral me subyugó.

Al Nene y a mí nos habían destinado a limpiar los latones de basura, donde descansaban los restos de un enorme banquete con que se habían auto homenajeado a base de pollo y puerco los directivos de la empresa y sus invitados, justo el fin de semana antes de que empezásemos el trabajo. Me sentí como si fuésemos soldados de avanzadilla  inspeccionando el terreno enemigo antes de que la tropa decidiese atacar.

Acercarse a aquellos latones suponía una inmolación, pero se iba poniendo más interesante, en la medida que indolentemente,  dejábamos el trabajo para el día siguiente a causa de insoportable peste que fluía de aquellos latones.

Al nene le habían dado la llave de un toro motor, de los que se utilizan para levantar palets, pero para el trabajo de volcar los ocho cubos de basura podrida e inflamada nos era de poca utilidad, ya que cuando intentamos levantar el primero, para trasladarlo al sitio indicado, se nos viró de costado, derramando los pollos que asomaban lomos y panzas hinchadas y hediondas, por encima del borde del latón. Después de ese accidente pasamos la semana entera haciendo trabajitos de poca monta, hasta que llegó el viernes y el jefe montó en cólera, y nos amenazó con echarnos el mismo lunes si no acabábamos la tarea.

Por fin logramos volcarlos en el patio donde nos indicaron,  hicimos una montaña con todos los pollos podridos, retiramos los latones, les echamos gasolina,  luego un fósforo, y vimos arder aquellas madejas de gusanos durante una tarde entera.

Nos llevó más tiempo del que pensábamos lograr quemar aquellos benditos pollos inflados que olían a mil demonios. Cuando los llevábamos al basurero nos entrevistó la televisión nacional, diciendo que a la siguiente semana saliríamos en el noticiero del cine, en todos los cines de La Habana, sobre un camión trabajando de basureros. Al regreso de ese viaje el jefe nos esperaba con la liquidación por quince días de trabajo. No nos soportaba más según sus palabras.

Dejamos de ser basureros temporales, pero mis pantalones vaqueros no por ello volvieron a oler bien. Entre el escaso apego a la ducha que había desarrollado y el hecho de que quien lavaba la ropa en casa era mi abuela, a la que debía llevarle una bolsa de ropa sucia si quería verla limpia, y que el único vaquero Levi’s que tenía prefería no gastarlo demasiado con el jabón y la tabla de lavar, ya que estaba  a punto de romperse, y una cosa era pavonearse como empleado responsable de la basura, que daba cierto halo de experimentado y otra muy diferente  enfundar por obligación aquellos espantosos pantalones chinos de la tienda para cubanos. Era sí era osadía.

 Dos o tres semanas  más tarde, salió en las salas del Cine  el documental de los basureros, pusieron un trozo de nosotros con tomas de primera plana, algunos amigos reían con elepisodio, otros se burlaban,  nos decían "leones" como s eles decía a lso basureros en Cuba. Tenía su gracia aunque presentó un inconveniente, durante un tiempo mi incipiente y saludable popularidad entre las chicas experimentó un repentino parón. El blue jean gastado y algo necesitado de jabón, me servía de contrapeso, aunque fuese únicamente con las pepillas de nariz muy aguerrida y livianísimo galope.

 

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6 mayo 2014 2 06 /05 /mayo /2014 00:12

 

 

Había una canción de Javier Krahe que decía "No todo va a ser follar" y hacía alusión a que aparte de pasarla bien hay otras cositas.

"...Habrá también que apretar una tuerca floja

y habrá que ir a trabajar.... No todo va a ser follar!... "

 

Como yo soy de escasa formación religiosa ( léase escasísima, este mismo sábado me enteré de la diferencia de un cura y un fraile) ni tampoco tengo intención de renunciar a mis ínfimos espacios ya fertilizados para la improvisación, me he munido de un sistema muy doméstico, para atender a esos impulsos que inevitablemente acuden a la puerta de entrada a lo largo de una vida humana, a esos sucedáneos de llamados, de alaridos del más allá que el hombre común, como es mi caso, en nuestra inmensa ignorancia relacionamos con la superchería, la amenaza del látigo y el escarnio de un "puedelotodo" sodomita en la antesala de un horno eterno.

Pues por esas cosas de los engreídos zoquetes contestatarios, elegí a Babalú Ayé como una deidad para que cada vez que estuviese bien cocido, remachado y crocante en litros de alcohol, hacerlo sentir al vecindario o a sus tuétanos. Lo tomé con todo respeto pero sin demasiada conciencia delrecuerdo impreciso de un canto Yoruba, porque me subyugaban los cantos de guagancó carcelarios que los muchachos de mi barrio tocaban y cantaban durante buena parte de la tarde en vez de ir a estudiar o a trabajar.

El nombre de Babalú me parecía perfecto para que a la vez que mostraba cierto respeto por la periódica sensación de cercanía del más allá, poder simular estarme burlando de la pacatería de los religiosos al uso.

"Soy mucho más inteligente si no soy religioso. también más valiente. Soy una especie de luz del Universo si sólo consigo no creer en nada de nada, ni saber nada de nada tampoco ser nada de nada" me repetía a mi mismo como doctrina infalible contra lacrecida de la mediocridad que todo lo amenazaba. ¡Cuidado con tanta sabiduría y ron baratos!-me diría la sabia abuela.-

Mis trances nunca fueron más allá de unas desentonaciones y una ristra de berridos en la madrugada en lugar de cantos, tras los cuales indefectiblemente veía llegar a mi puerta o bien los agentes del orden llamados por los "cornetas" o bien los propios "cornetas" de un metro noventa decididos a poner sordina a mi oración.

Pero una vez que hube dejado esos escarceos con la media luna en las madrugadas empapadas, no se fue del todo el animado canto que le cedía al San Lázaro afro cubano.

Hace poco incluí en el panteón de mis respetos a lo no constatado, a la reina de Castilla Juana la Loca, traicionada y encerrada por sus seres más cercanos, y este fin de semana asocié un nuevo inquilino a ese club del más allá.

En la ermita donde está la virgen de Covadonga, en Asturias, la que puso su parte desde la imaginería, para que desde los hechos el rey Don Pelayo consiguiese el cometido de la reconquista de España, estaba, además de la imagen en madera de la virgen, la verdadera tumba del verdadero Pelayo, metida en la roca con inscripciones antiguas.

Mientras la gente hacía cola para saludar a la atildada virgen, yo me senté al lado de la tumba del rey y le comuniqué que lo sumaba a la misma mesa, cama y vaso que a Babalú y Juana. Le ofrecí mis respetos puse mi mano en su tumba milenaria tomé tierra de su lado y la pasé por mi cara. Más tarde mi mujer me dijo: -Tienes tinta en el rostro-

Ecua Babalú Ayé, Ecua.

¿Por qué dos monarcas de distinto género y tan diferentes suertes? Habría jurado a juzgar por mi aparente desafección a la jerarquía, y mi apego a no abandonar el pijama durante todo el día, que jamás habría elegido otra cosa que a dos mendigos.

Hoy cuando terminé de hacerme una infusión y vi caer la tarde, tomé el vaso de café descafeinado soluble que le preparo a la suma de esos espíritus, lo vacié del contenido frío, le puse uno humeante, lo coloqué sobre el borde de la chimenea y cuando me dirigí verbalmente al conjunto de seres translúcidos que se supone no sólo me acompañen sino también escolten a mi gente, cuando les estaba agradeciendo por los caminos desbrozados y el aliento, mencioné para mi sorpresa a un intruso inesperado, llegó a mis oídos mi voz trémula llamando a una criatura que no llegó a nacer, que encontró cegado su camino en uno de esos abortos en que participé dando mi sangre, con la negligencia y la tranquilidad de quien lanza un misil a una aldea como si fuese al agua.

Cuando se abrió paso entre las cortinas esbocé un gesto para excusarme, explicarme u ofrecer mi sacrificio, pero luego decidí pedirle que se enganchase al café que le pertenece. Que se quedase con el humo, que se convirtiese en carne, madera o tierra, que respirase y blasfemase, que no llorase nunca más. Los demás también la dejaron pasar al moverse las cortinas.

Me senté en el sofá y la criatura entró en mi.

Cuando iba a pedir la fuerza de la tribu Lynch y las tres deidades para los próximos proyectos, entró la criatura que no llegó a portar nombre ni género conocido, amalgama de Juana y Pelayo llegó a mi de la mano de Babalú, y esta vez no la abandonaré, no por segunda vez, que libe de mi savia para lo que precise y se quede en mi café soluble desde donde quiera que esté.

Tenía razón Krahe, no todo va a ser follar.

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17 marzo 2014 1 17 /03 /marzo /2014 03:40

 

 

Los que nos hemos sentido atraídos por la literatura que ejerce el escritor para sobrevivir no para pasar el rato, para revelar un universo oculto más que para construir mundos de ficción; a los que amamos los sonidos, los amaneceres, el ruido de las ciudades, los animales, las personas que habitan nuestro mundo y la almohada, no obstante nos sentimos atraídos por la boca de entrada a la cueva, por la profundidad y la perspectiva del abismo, muchas veces somos propensos a remarcar el lado espinoso de la vida, de recrearla, de trabajar en sus entrañas, de desenmascararla o de honrarla.

Pero de vez en cuando, ante ciertas bocanadas de ternura y puntuales caricias de felicidad se hace refrescante y necesario recordar que el mundo puede ser un lugar precioso, un oasis para vivir.

 

Ayer fuimos a despedir a Diego Pérez, una persona divina que parecía sólo reunir cualidades, al cual no tuve la oportunidad de conocer a fondo pero sí lo suficiente como para saber que ahí había uno d leso seres humanos que aportan, que siembran. Para la familia, Alicia González Fernández y los padres fue un día triste obviamente y para todos en gran parte ya que falleció muy joven, pero el acto resultó tan original, tan sentido, que también ofició como un canto al optimismo, al alba, al saludo afectuoso.

Hoy fuimos a Madrid a festejar el cumpleaños del padre de Pat, Juan Vergara Martín, y almorzamos exquisiteces en un lindo restaurante, pero más allá de eso hubo un instante que me sentí libre de peso, de angustia, mullido como muy rara vez me dejo barnizar por las delicias de la tribu, como si permanecer en una actitud hosca de por sí propiciase el áurea de lobo estepario necesario para resistir a los demonios interiores. Estaba el nuevo bebé de Carolina Vergara con aspecto sabio y su padre Tanci, un tipo de mirada tranquila, los niños de los queridos Rocío y Juan, las dos nenas de Silvia Helena Vergara Barrionuevo y su padre Paulino de sonrisa franca, Juan el hermano de Pat dando dentelladas de irreverencia al aire para no ser devorado, sus hijos, estaba Claudia Vergara y todo el horizonte que su inmensa mirada abarca y guarda, y la madre de todos ellos Paquita, uno de los seres más deliciosos que siempre está ahí para dar y por supuesto Patricia y Martintxo, mi fuente de ilusión.

En Las Palmas de Gran Canaria mi hijo Alejandro de frente al mar patea latas hacia más allá de la orilla, con su hijo Daniel y sin muletas.

En Argentina Valeria Pavan presenta un documental sobre un trabajo tan llamativo como importante y ojalá trascendente, que ha realizado durante estos años, con música de mi hermano Marcelo Zanelli y su hijo Cristobal Zanelli , con un bagaje de conocimiento quemo conoció mecenas sino mucho trabajo y no poco combate.

En Oregon Adrianne Miller y Ken Miller reciben en su casa a su hijo Rick desde lejos y se unen sus otros hijos David y a Karen con sus dos niñas en la celebración del cariño.

En un crucero, Ana Ana Maria DeLeon una reciente amiga virtual, amiga de toda la vida de mi amiga Adrianne, nos muestra un dispendio de energía y de buen rollo, una generosidad ejemplar en lugar del resentimiento que dada su azarosa vida podría albergar.

Anna Assenza construye ladrillo a ladrillo sus ilusiones sin arrugar ni un milímetro fuera de las articulaciones, sopesando la dicha de la vida sin poner en la balanza ninguna de las numerosas cicatrices.

Por todos lados amigos heridos tirando para adelante, extendiendo lo que queda de su confianza en el otro de su lealtad sin importar si una y otra vez fueron seccionados por la traición. Tatiana Inguanzo, Evelio Cepero, Niurka Calero, Alex Ocampo, Caro Piran, Horacio Castro Videla, David Hornedo, Merchita Mulligan, Juan Martín Fenochietto, Claudio Caldini y muchos, muchos más, cientos, miles, millones, aunque me temo que todos forman parte de un sólo espíritu atomizado, capaz de soñar con la colonización del fondo del abismo, con una butaca y una historia que no tenga final.

 

 

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15 marzo 2014 6 15 /03 /marzo /2014 01:09

 

 

Suelo no sentirme demasiado cómodo frente a los estereotipos, a los lugares comunes, a las sentencias inmediatas.

Es habitual que cuando los locutores de tenis narran un partido en el que juega el norteamericano John Isner, suelan hacer hincapié en que es un jugador "cañonero", "bombardero", que sólo sabe ganar por la vía rápida sin sudar la camiseta, dada su altura ( 2,06 mts) y su saque de una velocidad prodigiosa que le granjea no pocos "aces". Lo dicen y se quedan tan anchos tras el comentario.

Isner.jpg

Olvidan que la realidad es caprichosa.

En Roland Garrós en el año 2004 se jugó el partido más largo de la historia del tenis en cualquier competición, desde que este deporte se comenzó a jugar oficialmente hasta ese día, se lo ganó Santoro a Clement y duró seis horas y treinta y tres minutos. Cualquiera que lograse superar ese récord sería considerado un titán, un Atlas de la resistencia física y mental.

En el año 2010 se superó el récord y no por unos minutos más, sino por casi el doble de tiempo del histórico partido de 2004! El match tuvo lugar en Wimbledon y duró la friolera de once horas y cinco minutos de partido dividido en dos días en los que se disputaron cinco sets  más un tie break que llego a un empate  68-68, con opciones para los ya dos tenistas más resistentes de todos los tiempos: John Isner y Nicolás Mahut. Cualquiera que hubiese ganado se lo habría merecido, pero encima lo ganó la torre norteamericana, el que no sabe ganar de otro modo que por la vía rápida.

El partido más largo de la Historia.

 Siendo que no sólo la casi totalidad de los tenistas jamás en su vida han disputado un partido ni siquiera la mitad de extenso que aquél, sino que casi ningún deportista ha estado ese tiempo durante una única prueba en otros deportes, me asalta con meridiana claridad una recomendación:

Tomémonos un rato para pensar cada vez que vayamos a emitir un juicio de factura tan rápida y de aspecto tan redondeado, ya que las apariencias al igual que las monedas, cuentan con dos caras.

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