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11 mayo 2020 1 11 /05 /mayo /2020 21:17

Quién me introdujo en Jimi Hendrix y en el primer porro de “efori” que fumé en mi vida, fue un pepilllo casi hippie de mi edificio de Alamar, apellidado Jardines.

Recuerdo que fumamos la "bala" de aquella escasa pero maravillosa planta del Escambray y me puse a barrer las cenizas para que nadie descubriese que era yerba, barrí como tres veces el salón, en aquella época era extremadamente penalizado en Cuba, Jardines rompió a reír a carcajadas y me contagió la risa a mi y a la escoba que dábamos pasos de vals en un suelo ya reluciente entre nota y nota de un expandido punteo bajo los influjos del cannabis más clandestino.

Jardines tenía Long Play no sólo de Hendrix, sino de Deep Purple, Led Zeppelin, Peter Frampton, y otros grandes del rock, era algo muy raro en la isla por aquellos días, empecé escuchando el mejor musicalmente de todos los discos de Jimi, con el último grupo que armó, no con ingleses, sino con músicos negros estadounidenses de funk, "Band of Gypsys" con temas como Machine Gun, Midnight Lightning o The power of soul.

Así que fumé el primer porro escuchando por primera vez el mejor disco del mejor guitarrista de rock. Algo es algo.

Nunca volví a ver a Jardines desde antes de irme de Alamar porque se fue antes que yo, ni lo reencontré en las redes. Hoy hablando de pepillos y de guapos con un grupo de amigos recordé algo que me dijo Jardines, idéntico a una cosa que decía Andrés Alburquerque pero décadas más tarde en un programa de TV en EEUU y en otro sentido.


Jardines era mulato, y se quejaba medio en risa y medio en serio de que aún siendo uno de quienes más entendía de rock, la gente lo invitaba a fiestas de música de guapería afrocubana, y los blancos al principio desconfiaban de su "pepillismo rockero" hasta que al poco, no cabía de que era el mejor.

A mi estimado Andrés, lo escuché muchos años más tarde comentar en un programa de TV que le molestaba esa suposición racista y simplista de la gente, según la cual él debía votar a Obama por ser afrocubano.

La izquierda extrema reprimiendo la libertad, la liberación del individuo y la oda a la estupidez, la negritud, la derecha y el racismo por los siglos de los siglos

Señores: el prejuicio es todo nuestro

 

El último disco autorizado de Hendrix

El último disco autorizado de Hendrix

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7 marzo 2020 6 07 /03 /marzo /2020 13:43

Tras la comunidad primitiva, a lo largo de la Historia, la mujer ha padecido la exclusión de los ámbitos de poder y el sometimiento a la otra mitad de la humanidad, la hegemonía masculina. 

Paradójicamente en Cuba, la mujer padeció el peso de esa bota más que en el resto del mundo durante los últimos sesenta años.  En la vida cotidiana, en la única clase social no dirigente que existía, la clase bajísima, aun cuando desde los años sesenta se legalizó el aborto, el acceso de la mujer al trabajo y la total igualdad jurídica, de puertas hacia adentro e incluso hasta el parque del barrio, era todo muy diferente.

Alguien me puede decir que sin embargo antes de la revolución era peor, teóricamente sí, claro, pero no contamos con que el "machismo" se vio honrado con un nuevo y acaparador invitado. A los requisitos de la clásica "hombría" que había que mostrar para ser respetado mínimamente, se agregaba el ser un verdadero revolucionario, que en sentido universal era estar en todo momento listo para morir por la causa, en buscar un enemigo permanente, pero a esto se sumaban algunos folclóricos ápices caribeños, el "revolucionario" debía ser, además de guapo en tiempo de guerra: chivato, obsecuente, huele trasero, genuflexo ante las autoridades en tiempos de paz. 

Así es que cuando el cubano no estaba en trance de ir a Etiopía, Angola o Mozambique, estaba cargado de una sobredosis de testosteronas que debía eliminar por alguna vía, broncas, deportes, curda, mucha curda, y por supuesto, al final del día, su mujer.

Al llegar al hogar tras todas esas horas testigos de su insignificancia, de "pichicortez" revolucionaria y de hombre, si antes no había pasado por casa de una "querida" para hallar sustitutos de sus carencias, entonces la mujer, la esposa, hacia de último punching ball para la descarga hormonal. Y por supuesto a nivel social los hombres que tenían rasgos de mujer o que deseaban serlo, estaban por debajo e la propia mujer, los policías, militantes, efectivos del MININT se vanagloriaban de ir a Coopelia o al Parque Central a "entrar a golpes a los maricones" como exégesis del castigo al aspecto más perverso y amenazante de la feminidad, en la persona de varones hartos de su rol de taberna y taller mecánico ¿Cómo coño vas a elegir ser mujer? Era como elegir ser negro.

Hoy todos se hacen los bobos y nadie recuerda, pero se podía escuchar en cualquier vecindario como empezaba el bateo con las preguntas de la cederista, a veces miliciana, trabajadora a veces, ama de casa otras, iba subiendo el tono, hasta que, como cada tres o cuatro noches por medio, entre el alcohol y algún improperio inconscientemente pactado para oficiar de espita, sonaba el primer galletón, y si seguía o no la derrama de manotazos dependía de las mismas razones que en el resto del mundo.

Incluso novios de escuela secundaria, generalmente de barrios más marginales, se los podía ver discutiendo bajo una mata de framboyán, hasta que de entre las flores rojas, el verde de las hojitas y el marrón de las vainas se escuchaba un sonoro ¡Ra!... que no era ni mucho menos el dios egipcio del sol.

Los feminicidios nunca han formado parte de la información en los medios en Cuba, como ningún hecho que no sea un Congreso del Partido, un elogioso acto revolucionario o un condenable hecho afuera del país propio del espíritu capitalista. Recién en el pasado año 2019 se reconoció por primera vez una estadística de 0,99 muertes de mujeres de más de 15 años a manos de sus parejas entre 100.000 habitantes. Muy tiibia aún, no contiene un registro de ls muertas en los precedentes sesenta años, pero al menos es un comienzo, la realidad era terrible, tanto para la mujer golpeada y sensible de ser asesinada como para sus familiares.

 Un día habrá cifras, estadísticas de las mujeres apuñaladas, macheteadas, de las que se prendieron fuego con queroseno por no aguantar más y ese día los defensores de aquella aberración deberán sentir una pizca de vergüenza. En caso que haya, claro.

Mi activismo es por un respeto integral, un amor que no nos enseñaron en la escuela ni en la casa, a todo y a todos, la vida es un regalo precioso al que sólo retribuimos si la vivimos con amor, con la mirada limpia, pero antes hay que limpiar un poco la casa, establecer igualdad, justicia y pedir perdón a quienes han sufrido. Esto interpela al sempiterno gobierno de la isla, pero también a todos nosotros, a todos, sin excepción.

Mi homenaje a la mujer cubana, a todas las asesinadas estos años, y a todas y cada una de las vivas, que además de recoger las migas de la hombría diezmada como ocurre en el resto del mundo, se le sumaba una frustración extra, y nunca tuvo el premio al final de sus vidas de la viudez con una pensión gratificante, al menos como pago tardío, como es costumbre en el resto del mundo, ya que encima de todo, también tenía que ser revolucionaria,  valiente, trabajar en ciudad o campo, cocina, suelo, aguja e hilo, y como pago, nada de merienda, como snack: mucho discurso, lineamientos, muela, palabras.

Parole parole parole

 

Primeros rostros oficiales del feticidio en Cuba.Rostros de mujeres cubanas asesinadas recientemente, víctimas de la violencia machista: Leydi Laura García, Yulismeidys María Loyola, Lázara Herrera, Marays Morejón, Leidy Maura Pacheco, Misleydis González, Taimara Gómez, Alis Obregón, Yarianna Betancourt.

Primeros rostros oficiales del feticidio en Cuba.Rostros de mujeres cubanas asesinadas recientemente, víctimas de la violencia machista: Leydi Laura García, Yulismeidys María Loyola, Lázara Herrera, Marays Morejón, Leidy Maura Pacheco, Misleydis González, Taimara Gómez, Alis Obregón, Yarianna Betancourt.

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10 febrero 2020 1 10 /02 /febrero /2020 13:55

Entre la adolescencia y la juventud, en la escuela al campo hacía escuchado tanto a los guajiros y los compañeros de la escuela hablar de como de rico era templarse una chiva que de a poco fui pasando de verlo como una zoofilia intolerable, a un acto disparatado y de ahí a algo que, bueno, en fin, a falta de pan bien vienen tortas. Encima en aquel año yo tenía una noviecita, nada serio pero muy agradable que estaba en el otro campamento, al que se llegaba caminando a través de los campos de plátanos no recuerdo cuantos kilómetros pero no serían más de cinco ni menos de tres. Las visitas consistían en apretar todo el rato que duraban, pero a los sumo una teta podía llegar a mis labios y una mano a mi glande. Todo quedaba entre costuras.

Claro el nivel de calentura con que volvía a mi albergue hacía que a veces me detuviese a cantarle a la Luna detrás de una mata de plátano embarazándola de un Banana Man, entiéndase, caminar tres kilómetros con aquella tensión añadía incomodidad al temor al ahorcado y los chichiricús mandingas que podrían salir de entre las hojas de los bananos. Los guajiros también aseguraban que abriendo un hueco cilíndrico en el tronco del platanal su pegajosidad y calor podían auxiliar a la mejor de las manuelas. Aunque jamás a una buena chiva.

Y mira que jodían con eso.

Así que un día me apresté a probar aquella papaya mágica, sólo necesitaba encontrar la chiva adecuada, todos decían que cerca del río al lado de la cerca había unos chivos, sólo era cuestión de hallar el amor en el rebaño. A un guajiro que le pregunté diciendo que era sólo por curiosidad, como dije cuando probé la marihuana, cuando una puta, cuando el ácido, robar, vender, matar...jaja no, matar no, es broma. El guajiro me dijo, es importante que le amarres los pies de adelante para que no se escape, eso me encantó, los pies, humanizar primero a la chiva y luego seducirla con el abrazo de una cuerda.

Tras andar en la soledad de los platanales encontré al pequeño rebaño de chivas, chivos, y tal vez "chives" pero de eso nunca me enteré. Llevé una como pude hasta el alambrado de púas como me dijo el guajiro, aunque yo no tenía una soga para amarrarle las patas delanteras, lo que empezarían en breve a ser "los delicados pies de mi Cenicienta", así que la acomodé de frente al alambrado, pensé por última vez lo que estaba haciendo, si me veía alguien y se corría la bola sería el fin para siempre, sólo me restaría convertirme en bicho de corral.

Me dije- ma, sí- y saqué el nabo a medio izar sintiéndome medio culpable por no hacerle unas caricias a la partenaire para entrar en tema, pero conviene entender que la higiene de las cabras deja lo suyo que desear, y tampoco ella me haría una felación, así que dejé la culpabilidad traté de agarrarle la cadera pero se movía a un lado y a otro, el aparato se "desentusiasmaba" cada vez más y la chiva empezó a pisarme las botas de goma del campo, pateó mis tobillos flacos, llenos de falta de carne y músculos, eran tan flacas como las de mi frustrada amante circunstancial. Desistí sin sentir demasiada frustración, guardé el objeto puntiagudo del poco deseo del caprino y me alegré de no haber tenido ni idea, ni la ruina suficiente como para clavar ahí ni en la mata de plátano más que la punta.  Aunque en el mismo día había intentado zoofilia y “boiofilia” ¡candela! poseído por el rapto de la inspiración por la clorofila y el flujo animal. La cabra se quedó ahí como decepcionada de mi escasa insistencia, y yo me alejé camino de ningún sitio, porque me había escapado del surco y no podía llegar a mi albergue ni al de de mi noviecita, donde todavía habría solo profesores haraganes y los vagos de la cocina.

Pasaron los años y tuve que cumplir unos meses de reclusión en una clínica de salud mental, a causa de la curda. Cada poco teníamos sesión de psicología todos juntos y luego uno por uno con la psicóloga. La sesión colectiva era al lado de una piscina que había pertenecido a Al Capone, bajo una glorieta cubierta de enredaderas, un día la psicóloga, en la charla de educación sexual, desarrolló el tema de de la zoofilia, en la medida que iba explicando de que se trataba y con los animales que era más habitual aquella práctica, algunos internos que habían sido campesinos en sus años mozos, comenzaban a compartir risas nerviosas y cómplices. Cuando terminó la charla se  deschavaron, que si la yegua era rica pero peligrosa, si la vaca demasiado difícil, y que la mejor era la chiva. Decían lo mismo que los guajiros del campamento unos pocos años atrás- el bollo de la chiva es de lejos el mejor, es igual o más sabroso que el de la mujer- Uno de los ex guajiros me miraba mientras yo me reía y me preguntó:

-¿Nunca probaste la chiva?

-No-le aseguré- y si vas por Artemisa y ves un cabrito con cejas tupidas y un Banana man detrás suyo, nada que ver conmigo, nunca tuve esa cuerda para enamorarla por los pies.

El hijo de la chiva

El hijo de la chiva

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31 enero 2020 5 31 /01 /enero /2020 22:08

Ir al cine, al Yara, Jigüe, Payret, Riviera o Tritón en La Habana garantizaba dos espectáculos. El secundario era la película. El principal era todo lo que acontecía en la sala. Estaba el típico gracioso que hacía chistes para toda la sala a partir de lances de la película, de imágenes, cuando aparecía una toma vertical de un cuerpo femenino y al llegar a la cintura cambiaba el plano en la escena, sin demora se escuchaba al susodicho emitir un grito que lo escuchaba todo el cine:
- ¡Baja la cámara!
Y la gente exageraba la risa y las palmadas, acompañando al esmerado voluntario, también riendo sinceramente, más que por la sorpresa del sempiterno chiste, reían por el hecho de la carcajada compartida, igual que seguramente al gracioso, le festejarían la variación del chiste en su aula o en su centro de trabajo. Es un ejemplar de habitat común en Cuba o en Andalucía, el chistoso voluntario a tiempo completo.
Infaltable era también el pajuso, casi siempre en alguna butaca trasera, y con mayor frecuencia cuando la película no era de máxima afluencia. Incluso toda parejita que se precie aunque no hubiese visto realmente a su pajuso de turno, debían convencerse de que lo habían tenido detrás, y a veces un pobre cinéfilo que acudía solitario cobraba algunas sonora galleta, al ser convenientemente confundido con el merodeador del desfogue íntimo. 

Apretar en el cine era la experiencia más religiosa que nos podía ofrecer el séptimo arte, aquellos primeros tactos de senos, pezones, caras, nalgas y totas por encima de las prendas interiores, en tanto se recibía la recíproca sesión de manoseos. También cabe recordar la incomodidad de cuando uno de los dos quería y el otro evitaba en ese reducido espacio los intentos de besos y manoseos, y el peor enemigo de las salas de cine: la peste a boca.

Había además en La Habana una costumbre que jamás olvidaré pero que tampoco soy capaz de recordar, era ir al cine con un amigo que ya hubiese visto la película y pedirle o bien aceptarle el detalle que te la fuese contando por pedazos.
-¿Y ahora que viene asere?
- Ahora el tipo entra, y tú verás que clase lío se forma.
- Pero cuando, ahora?
Mi amigo Evelio era especialista en contar películas mientras estaban proyectándolas, y si uno de adelante o de atrás se mosqueaba y le pedía que se callase, encima teníamos el añadido de que se podía formar un bateo. Al principio me parecía raro, pero con el tiempo hasta me aficioné.
Hoy cuando intento recordar aquella costumbre tan estrambótica, aún cuando sé que la viví en innumerables ocasiones, no llego más allá de imaginarla.

¿Se trataría de una invención colectiva construida sobre los efluvios de la añoranza o sólo era una astilla más del realismo mágico?... y socialista.

 

Cine Yara

Cine Yara

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24 enero 2020 5 24 /01 /enero /2020 19:58

En general, la gente no sabe lo que puede llegar a oler un ascensor repleto de rusos de la era soviética en el trópico. Incluso sin estar repleto, con uno o dos rusos dentro.

Los cubanos sabían lo que olía un ruso en una guagua atestada, tanto que cada vez qu subía uno o una, un vijero tomaba la batuta de dirección y vociferaba por encima de las cabezas de los viajeros apretados como sardinas en lata

-Caballero denle nariz a eso que está fuerte- o- ¡Chófer abre la puerta que os vamos a asfixiar!- inspiraciones improvisadas, que como en los cines, era respondida con sonoras carcajadas, siendo el ruso el único que no entendía ni reía de nada, pero también a quien menos le importaba el particular aroma caucásico que desprendían sus axilas.

La historia no nace en Cuba, viene de lejos, pero claro, en los calores habaneros aquello se multiplica por varias unidades. Dadas ls duras condiciones climatológicas y geográficas de la que era nuestra nueva madre Patria, y sobre todo antes de la revolución de octubre de 1917, los rusos se aseguraban un protección estomacal con cantidades generosas de grasa y cebolla, y de esta manera cualquier lapso de hambre se atravesaba con menores penurias generadas por los jugos gástricos, aparte de que protegía mucho mejor del frío extremo de los inviernos rusos. Esto lo aderezaban con generosas dosis de vodka, y con la reutilización cotidiana de las prendas de vestir sin ser pasadas por los prestidigitadores agua y jabón, cosa improbable en medio de temperaturas que congelan hasta el gas.

El ruso luchó contra las inclemencias más duras del planeta y venció a casi todas, incluido Hitler y Bonaparte, pero nunca pudo conseguir entender como prioridad, el discurrir del agua no potable en los largos meses de invierno, con la única finalidad de asearse.

En la era moderna, los soviéticos, todos ya tenían agua corriente y caliente saliendo de un grifo en sus casas, departamentos y dachas, pero las vejas costumbres se agarran como el tío jocoso a la botella de vino. Hoy, tras la caída del comunismo, como acompañando a los cambios políticos, nadie ama más el jabón y los perfumes que las moscovitas.

Los soviéticos, aunque en menor medida y no ya por necesidad, sino por tradición, siguieron comiendo cebolla, grasa, y no lavando las camisas en los interminables veranos habaneros, con la periodicidad que todos sus vecinos adorarían. Incluso quienes llevaban un tiempo prudente viviendo en la isla y que hablaban español y entendían los chistes de la guagua, lo tomaban, pienso, como algo identitario, algo que les precedía, que los anunciaba a la distancia.

-¡Ñó, caballero, entró un bolo!

 
Mazinger: la Embajada Soviética en Miramar

Mazinger: la Embajada Soviética en Miramar

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16 noviembre 2019 6 16 /11 /noviembre /2019 16:27

 

 

Cuba se engalana hoy para festejar los 500 años de la mudanza y el establecimiento en la zona norte, al lado del río Almendares, de la  Villa de San Cristóbal de La Habana fundada en 1515. 

 

Se estima que a la llegada de Cristóbal Colón a Baracoa, había en toda la isla conocida hoy como Cuba, unos trescientos mil aborígenes, entre siboney y tainos , que fueron casi de inmediato esclavizados para realizar trabajos pesados de búsqueda de oro en los ríos, y construcción de fuertes y viviendas, los cuales dada su forma de sociedad recolectora, cazadora, y pescadora no pudieron resistir los rigores de la esclavitud, del trabajo, de la tristeza y las enfermedades llevadas por los españoles, quedando unos cuatro mil  en 1555 y muriendo casi todos antes de finalizar el siglo XVII, pudiéndose encontrar un pequeño reducto de población con rasgos de los antiguos aborígenes, aún hoy en la parte más Oriental de la isla, precisamente allí donde Colón y los hermanos Pinzón pusieron sus poco aseados pies por primera vez.

 

 

Esta semana, se ha vuelto una vez más a dejar con las asentaderas al aire a muchos de sus más leales seguidores de los últimos tiempos provenientes de la cantera boliviriana, desde el desaparecido Chávez, su seguidor Maduro, Correa, el muy actual Morales, AMLO en su reclamo de arrepentimiento a la Metrópoli conquistadora, y Cristina Fernández que llegó a remover la estatua de Colón que daba nombre al paseo que comienza detrás de la Casa Rosada y reemplazarla por una de Juana Azurduy.

 

 El gobierno ha decidido abandonar la línea oficial mantenida a lo largo de los primeros cincuenta años de la Revolución, y salir a festejar el holocausto de los pueblos originarios de Cuba y la esclavización de más de dos millones de africanos bajo la atenta mirada y vigilancia colonizadora de Sus Majestades Borbónicas arribados directamente desde la Metrópoli. Si el siglo XX fue un cambalache ¿Qué queda para el XXI?

 

Más allá de esta interpretación poco ordenada pero nada desacertada, lo cierto es que en efecto, la Revolución, que en otras épocas de manera natural sentía inclinación a rememorar los padecimientos de los oprimidos y reivindicar su emancipación, hoy, también de manera innata, se inclina a venerar el poder y el dinero, tras décadas de asentamiento de grandes empresas capitalistas tratadas como a intocables, pero en el sentido inverso a la casta mas baja de la India. La primigenia cultura y sensibilidad revolucionaria, equivocada o no, ha desaparecido de la faz de la isla como sus habitantes originarios, incluso para representar el necesario panegírico de cara a su público de afuera y de su hastiado y desorientado público interno.

 

Luego de asistir al bochornoso espectáculo de Guarapo besando las manos de los tres últimos papas tras haber estigmatizado a todas ls religiones y después de esta reverencia a La Corona  ¿Será el próximo paso celebrar  el establecimiento de la Enmienda Platt de 1899 hasta 1902, tras la ocupación de los Estados Unidos?  ¿Podría ser Tronal Gump el próximo invitado de honor? 

 

 

Felipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos de Borbón y Grecia, hoy Felipe VI de España, no sólo fue a conmemorar el aniversario de una gran y lucrativa colonia para la Corona, en aquellos años no de los Borbones pero que sí supieron heredar y engrandecer hasta más allá de los limites del crepúsculo y el ocaso, sino que fue a atar bien los cabos de los pinches negocios de los grandes capitales españoles invertidos en la isla, que ya vienen haciendo voluminosas cosechas y las muchos más jugosas que se avecinan gracias a esta nueva casta desprovista ya, de todo pudor y disimulo que aunque fuese a regañadientes, mortificaba la conciencia de los autores materiales del “Gran Engaño”

 

A partir de hoy, cuando un niño en la escuela deba calificar la barbarie contra los indígenas deberá tener un cuidado exquisito, deberá ser un cirujano de las palabras, de los significados y significantes, no vaya a ser que insulte a la Corona y sus Adelantados y ello le cueste una visita permanente del G2 a sus tutores, una vez encarcelados sus padres por una reciclada acepción de la ya legendaria acusación  revolucionario-inquisitorial, bautizada como  “Diversionismo ideológico” .

 

 

 

 

Su Majestad festeja el 500 aniversario de la colonización de La Habana
Su Majestad festeja el 500 aniversario de la colonización de La Habana

Su Majestad festeja el 500 aniversario de la colonización de La Habana

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Published by martinguevara - en Cuba Opinión Cuba flash. Opinion crítica.
8 octubre 2019 2 08 /10 /octubre /2019 22:34

Será el abrazo suspendido, la historia de los dos viejitos judíos rumanos primos hermanos separados por la barbarie a mediados del siglo pasado que se reencontraron tras setenta y cinco años, será porque en esos años mi abuelo Ernesto dentro de su vida de Bon Vivant, hizo espacio para una firme conciencia antifascista. 

 

Será por el abrazo de mis hijos, al despedirme de Alejandro en Canarias y de Martintxo cuando regresamos de las playas de Nha Trang y las motos de Saigón. 

 

Será por el abrazo de mi viejo, a quien tanto quise y extrañé de niño cuando se fue para cumplir con esa maldita y condenada revolución de los cachetes rojos, colillas humeantes y colitas frescas con fécula;  de la que del todo nadie ha regresado ni dejado de esperar.

 

Será porque mi madre me enseñó a querer todo eso más que a la secuencia de exposiciones por segundo que componen la incertidumbre de la vida. 

 

Será por la voz educada y a la vez firme de mi tía Celia, el regalo de su visita justo detrás de mi viejo, será porque los vi cuando niño en las navidades y luego tras la atomización, los doce trabajos de Hércules, el exilio, la cárcel, la virtud, la desnudez de la verdad, los volví a ver abrazándose, porque vi a mi hijo abrazándolos, porque aquellas esquinas sombreadas me dieron la espalda cuando el filo del acero estaba a punto de cortar la fatiga de mis latidos, y me empujaron hacia adelante, perseguido por la obsesión de respirar que produce el asma, para que un día, a la vuelta de otras esquinas templadas por el sol, la charla de los viejos y los besos de los amantes, me esperara una colina de manzanas deseosas de un abrazo mordiscón, y me salpicara la cara un chorro de olas disgregadas por un viento llegado de otra dimensión, de las reminiscencias de una experiencia que sólo conocí en sueños acunados en el camino. Sueños de talco, de grieta, de sed y ampolla.


Será porque en algún tramo del regreso diario puede aguardar un pequeño cofre con la llave de otro cofre aún más pequeño, ínfimo, que al ser abierto desprende caricias, excusas y charlas sosegadas con cada uno de los que se quedaron esperando a quien no pude ser y risotadas con cada uno de los que fui.


¿Por Hildita, por Canek, por Cuba tendida en la alfombra del abismo? o sólo será porque el mundo no ha mejorado más que un pimiento, porque el miedo al miedo nos hace compartir la mueca hostil antes que el gesto de placer, será porque un calabozo detrás de otro, una bomba después de otra, una puñalada, un borbotón de sangre y sesos, las cabezas rodando, el hambre tosiendo polvo de las brasas, la oda a la guerra, el uso de la fuerza para el abuso, nos han enviciado, nos han hecho adictos a tentar los limites de la paciencia del aire, del semen, de los mangos y de la tierra.


No sé por qué, pero este aniversario de la muerte de mi tío Ernesto con su barba rala, el pelo a lo Ivanhoe y Morrison, el olor de la transpiración de animal acorralado en aquella quebrada, pesando la mitad de sus kilogramos, con la mirada más limpia que nunca, extraviada en el horizonte del cielo con un ligero toque de Venere, a sus pies los molinos vencidos y Dulcinea besando su frente, me llega más que nunca, como si al final el asma cumpliese su cometido, como si hubiese aguantado las ganas de vaciar la vejiga hasta llegar a la cima. Un año no es más que una vuelta de nuestra casa alrededor del astro mayor, pero siento como si este aniversario se hubiese desnudado de esos convencionalismos y me tocase el timbre para sentarse en mi mesa, para quedarse en mi cuarto de invitados, al lado del radiador y la cortina verde, y desayunar melocotones y mantequilla discutiendo cafés, mates, jugos, temas calientes y fríos. La fuerza del pequeño cofre.


Y acaso, ya con la barriga llena, la puerta cerrada y la ventana abierta,  preguntarle lo que Atahualpa Yupanqui a su caballo el Alazán, cuando éste agonizaba tras caer barranco abajo entrampado por un lazo de niebla:


¿Qué estrella andabas buscando?


 


 

 

 

Ernesto, de Madrid al cielo.
Ernesto, de Madrid al cielo.

Ernesto, de Madrid al cielo.

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Published by martinguevara - en Argentina frizzante Cuba flash. Relax
2 octubre 2019 3 02 /10 /octubre /2019 12:12

 

Un castigo del Consejo de Estado cubano para familiares de "pinchos" me mandó a trabajar al oriente de la isla, porque decían que estaba demasiado regado, para que me enderezase el General Robertico.
No me enderezaba ni un mariscal, pero ¿qué iba a hacer? tenía que ir.
Llegué, me pusieron en una casa de visita en la que me habría quedado hasta hoy, compartía la casa con Iván, un ingeniero que había sido también conducido allí para enderezar su camino, hijo o nieto de un ministro o algo así. Muy bien tipo, durante unos días paseando con su Lada me enseñó la bellezas de Santiago y del Plan turístico Baconao Turquino donde él trabajaba dando rienda libre a su ingenio y ocurrencias. 
Un día me llevaron a conocer a Robertico mientras sostenía un vaso de whisky en una mano me invitaba con la otra. Era buen whisky. 
-Me dijo: ¿En qué te gustaría trabajar? y yo me pregunté ¿qué clase de castigo es este?
- Mira Ponce necesita un buzo, y además del yate Ojo Azul le hemos dado uno nuevo que fue abandonado por una tripulación alemana. Creo que te va a gustar trabajar con él ¿te gusta el mar?
Así fue que conocí a Ponce a toda la familia de buzos y me mudé al Yate Ojo azul con un camarote para mi estrechando la mano de Iván y agradeciéndole su generosa atención.
Mañanas tardes y noches de risas, de banquetes de langosta, jamón, en Cuba el jamón era mas valioso que el vellocino de oro de Jasón, cervezas, rones, más risas, paseos, muy poco trabajo y algo de instrucción.
¿Qué clase de castigo es este? ¿Cuál sería el truco?
Pasaron días de visitar el Cayo Granma, trocha arriba y trocha abajo, disfrutar de los restaurantes de la ciudad para extranjeros y para gente especial como Ponce y todos los castigados, hasta que un día empezó el curso de buzo, yo sólo sabía bucear en apnea. Aprobé los exámenes de la CMAS, sin demasiado rigor ya era buzo instructor de una estrella.
Salimos en la primera campaña a recoger coral negro, esa sería nuestro aporte al Plan que se estaba desarrollando, un orfebre italiano compra a 480 dólares la libra, cerca de mil el kilo. Ahí salieron dos. nuevos tripulantes que no estaban en plantilla hsta el momento de zarpar.
Uno era el maquinista. raza blanca caribeña, bajo, panzón, y sin mucho que hablar.
Una tarde después del buceo matutino, Omar nos llamó -caballero sin hacer ruido asómense en proa y miren para atrás al maquinista que esta meando por la borda-
Era un espectáculo, habría llenado estadios como los Rolling Stones con pantallas gigantes, o teatros como el Cirque du Soleil. 
El maquinista estaba echando un pis al mar, pero no salía de un aparato normal, ni siquiera grande, sino de una manguera de bombero, lo que colgó por la borda escapaba al concepto morronga, poronga, trabuco, cabilla, cuando la sacudió se movió en ondas como una serpiente. Toda la tripulación de buzos estábamos en la proa menos Zarita, la bióloga que era la amante de Ponce, el capitán, y que por razones obvias tenía vedado aquel show. Tampoco es que la usase con frecuencia más que para sacarla a pasear por la borda para recogimiento de cualquier otro osado.

Por la tarde en la hora de las cervezas, el ron, las langostas y el jamón, Zarita dijo “que partida de mariquitas tiene este barco de tripulación” y cada uno intentó dar su excusa desde una óptica varonil basada en un interés antropológico. Pero no funcionaba, aquel día en la proa todos los machos buzos que tocaban las colas de los tiburones,  quedaron anonadados ante la plasticidad de semejante tranca.

Yo me levanté cinco mujeres en lo que él ni una. Pero claro yo declamaba poemas, me peinaba así, daba besos asá, me esmeraba con deleite pero también con dedicación de artista en los cunilingus, cuando decidía presentar ya sin el menor pudor mi herramienta, esta estaba henchida, rozagante venosa, fuera de cualquier riesgo de rubor.

No fue Ponce con sus años de tiroteos ni su búsqueda de camilo Cienfuegos ni la operación Paty Candela, tampoco Omar su sobrino que se creía guapo ni Albertico el mejor buzo de Cuba, el traductor de tiburones, ni siquiera el general Robertico, ni yo que a esa altura había atravesado varias vidas en experiencias, sino el que no hacía chistes, ni era avispado, ni lindo ni feo, ni se preocupaba por vestirse bien, no era culto, sabio, genio ni talentoso, simplemente el maquinista era el más pingudo de todo Santiago de Cuba.

 

Baconao Park, del Plan Baconao Turquino.

Baconao Park, del Plan Baconao Turquino.

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Published by martinguevara - en Cuba flash.
17 septiembre 2019 2 17 /09 /septiembre /2019 09:17

Un ricordo di Mario Bendetti

Oggi passeggiando, mi è venuto alla mente il ricordo di Benedetti e dei suoi baffi. 
Alamar, le sparute pulci e la sua enorme dignità, appena fuori l’Habana in direzione di Cojìmar, un barrio proletario dell’uomo nuovo. 
Mario Benedetti ha vissuto in esilio a Cuba ma ha chiesto in modo esplicito, conforme alle sue idee e al suo nerbo, che non gli dessero privilegi all’altezza del suo nome. Avrebbe potuto vivere a Parigi, in un dipartimento tipo il Trocadero. Ma lui era così.
Ha vissuto un po’ di tempo a Alamar dunque, una baraccopoli operaia di tipo stalinista, davvero orribile nell’aspetto, in cui non c’è mai stata nessuna attrazione particolare che si ricordi.
Occorre rammentare che a Cuba non è stata costruita una sola cosa in 50 anni utile a promuovere il turismo, ma nemmeno promossa dal governo rivoluzionario. Paradossalmente tutto ciò che il proprio istituto del turismo considera come attraente, è stato fatto prima del 1959.
Beh, Benedetti, il grande poeta, scendeva a piedi le scale dell’edificio di dodici piani dove viveva, sul mezzo del giorno, e andava a comprare con la “libreta”, non con dollari ma con soldi cubani, validi al massimo per piselli, riso, uova e qualche altra cosetta in più, al magazzino della zona 8.
Faceva imperterrito come tutti la sua coda, e poi tornava carico di quel poco che c’era, ma (vuoi mettere?) sotto quel sole di giustizia… 
Aveva addosso terribili pulci più affamate di lui, era un poeta solitario, di grande carattere, della gentilezza convenzionale e affettata non gli era rimasto nulla, e per questo alcuni lo criticavano, perché volevano che, una delle stelle della cultura d’America fosse più cordiale ancora di quanto fosse.

E non bastava che vivesse in Alamar e di lì andasse girando per il territorio imprecisato del Bachiplan, (un polverone biancastro e grigio che s’infilava da tutti gli orifizi fino al midollo) né che essendo uruguaiano, mangiasse ogni morte di Papa una bistecca, o che bevesse mate con quella erba rinsecchita al sole, impegnato a togliersi di dosso quelle fastidiosissime zanzare che non riusciva ad allontanare il ventilatore russo, scrivesse poesie meravigliose da quella baraccopoli operaia. Come Dostoevskij lo faceva dalla prigione in Siberia, anche se il poeta rioplatense per volontà propria, e addirittura senza lamentarsi, ma grato. 
Avrebbero preferito magari che “don Mario” discendesse fino alle catacombe dell’inermità, dove abita l’eco di tutte le codardie umane, la morchia del tedio, della procacità, della grossolanità, il trotto della mandria e il belare del gregge, dell’orrore più sordo che rappresentava quel convenzionalismo di quartiere, con le sue conversazioni banali, quel nulla di quotidiano, quell’omicidio alla poesia.

Era un eterno cospiratore della penna, un uomo coraggioso, elettrico, amante del minimalismo, della lealtà, e anche quando il suo posto in esilio sarebbe stato un prestigioso quartiere di Parigi o di Londra, non si è mai lamentato di quel “sole di giustizia” né di aspettare la sua bistecca trimestrale nella coda infinita del magazzino “agropecuario” né di resistere all’affronto di sentir chiamare “Rivoluzione” quella cosa amorfa e atonale intorno a lui. 
Nemmeno la tortura di ascoltare le preferenze musicali del vicinato lo distoglieva, che con orgoglio si esibiva tremante per la vibrazione degli altoparlanti delle loro radio russe messe al massimo volume, dietro le sottili pareti di quel dipartimento dell’edificio di dodici piani, dove quando se ne andava la luce, Benedetti accendeva una candela, sognava di accompagnarsi ai suoi connazionali detenuti, a quelli che non c’erano più, ai suoi amori, alle foglie cadute di uno degli autunni della sua terra, si chinava sulla carta e scriveva quei meravigliosi versi senza un filo di odio, con quella naturalezza e profondità degli uruguaiani di allora, con il sigillo impegnato di quelle generazioni, versi pieni di ammirazione per la grandezza dello spirito e anche di compassione per l’imbecillità umana, anche per le vittime e carnefici di essa, e di tutto quel nulla abissale quotidiano. 
Martìn Guevara Duarte (Traduzione Alessandro Silvestri)

Don Mario, el petiso gigante.

Don Mario, el petiso gigante.

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Published by martinguevara - en Relax Cuba flash.
10 junio 2019 1 10 /06 /junio /2019 17:08

Durante los primeros años de mi estancia en La Habana vivía en el Hotel Habana Libre, que había sido antes de la Revolución Hotel Habana Hilton. Cada mañana bajaba a desayunar a un coqueto restaurante en la planta Mezzanini, ordenaba un par de huevos fritos que venían con unas gruesas fetas de jamón caliente debajo, y pedía además una ración queso fresco. Me comía los huevos pero el jamón y el queso lo metía dentro de los panecillos calientes untados con mantequilla, los envolvía en las finas servilletas de tela blanca y los llevaba a la escuela.

Mis compañeros del colegio no tomaban el desayuno en aquel restaurante, y la gran mayoría hacía años que no habían tenido la ocasión de saborear el jamón. Yo me ocupaba de acercarlos a ese recuerdo impreso en el hipotálamo.

Una tarde se acercó uno de los “compañeros revolucionarios” del ICAP que atendía a mi familia, y se tomó un tiempo para explicarme que en Cuba se había hecho la Revolución para que todo el mundo fuese igual, sin embargo-dijo- aún quedaban cosas por hacer, y por el momento la población de “fuera del Hotel” no tenía el mismo acceso al modo de vida que generosamente la Revolución nos estaba brindando a los de “dentro del Hotel”.

Sugirió que no llevase más los bocaditos de jamón al colegio, porque los niños podrían estar llevándose una idea equivocada.

En ese instante conocí el carácter subversivo de dos de los elementos más extraviados y extrañados en la isla de Cuba: el jamón y la verdad.

El jamón y la verdad
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