cuba flash.
Sopa de granos
A veces, además de crueles los adolescentes éramos estúpidos. "Sopa de granos" era una chica inteligente, alta, delgada con unas piernas divinas, muy blanca, tímida, con unos ojos soñadores, pero tenía unos pocos, más o menos, sarpullidos en las mejillas, acaso descartada también por el exigente requisito caribeño de que las asentaderas sean dos zeppelines gemelos, y todo lo que no fuese así era un pestillo, un grillo, un cáncamo, sin la más mínima piedad la gente se refería a toda ella, a sus espalda, por las espinillas de su carita, cosa que sin duda alguna habría llegado a sus oídos, el cubano no se destaca precisamente por su discreción.
Ella quería enseñarme la matemática que yo me había perdido en mis largos períodos de ausencia de clases, así podría aprobar los exámenes extraordinarios. Pero quizás quisiese algo más, eso nunca lo sabré, pero los amigos parece que sí lo sabían "ñó asere, el loco se casa con sopa de granos", y yo cobarde como fui sucumbí a sus burlas, en vez de no sé si casarme con sopa de granos, pero sí dejarme querer aunque solo fuese por la tutoría en mates, por esos ojos soñadores, esa figura de modelo, y ese amor contenido en alguien que como yo, había experimentado en su camino las saetas del bullying, solo que ella no les concedió el placer de apartarse, mientras que yo sí tomé el atajo de hacerme el "vivo", el "listo", el "largo" cuando mi verdadera esencia estaba en continuar siendo para el territorio de los pelotudos, más corto que el cabo de los cigarros tras la última pitada, y alargarme ahí sí todo lo que fuese menester dentro del espacio de mi imaginación, entre la cabeza y ese suelo de piedras y hormigas que tan bien conocía.
Acaso y con suerte ella habría tomado mi mano y acariciado mi cabellera ora plena en fantasía ora atormentada y me habría besado la frente y más tarde el glande, no como la que yo miraba desde la primera clase a la última a la que nunca dije nada y que nunca habría acercado su cara limpia de granos a lo mullido de mi cuello. Ni a mi atribulado glande.
Fuimos crueles con Orly, con la directora a quien llamábamos King Kong que cuando se acercaba decíamos "vaya-monos por la escalera" y nos partíamos de risa, nos reíamos de la profesora de matemáticas "lobito peste a boca" aunque ahí sí había una razón de meridiano peso, de los bizcos, los cojos, los fañosos, los tartamudos, los afeminados, los altos, los bajos, los gordos y los flacos, todo eso era cruel, pero no aceptar el terso repaso de los ojos de sopa de granos sobre mi humanidad fútil, fue además, algo muy estúpido.
De Maisí a Guanahacabibes
La Revolución cubana no solo fue sátrapa en su territorio, no solo disfrutó haciendo sufrir a sus opositores exiliados prohibiéndoles comunicarse durante década con su familia, con su pueblo encarcelándolo si tocaban un dólar, si intentaban irse del país en un madero a riesgo de ser devorado a los dos kilómetros o ahogado a los diez.
De entre todas las veces que padecí el rechazo del establishment los que más me dolieron fueron fuera del país. Sin ser un opositor, un personaje importante, un luchador, un activista, sino simplemente un curda hedonista que no quería pasar por el aro de la corrección revolucionaria, como no habría pasado por la corrección burguesa en la otra sociedad. Me parecían la misma mierda. Era vago, bebedor, jevoso, vacilador y dormilón. Por eso me botaron de Cuba. Se juntaron mi madre, mi padre y el Consejo de Estado en la idea de que un sobrino de un comandante tan importante no podía dar ese ejemplo, que por supuesto, de ninguna forma era mi intención dar. Mi vida nunca fue vivida para dar ejemplo de nada a nadie, y aseguro que soy quien para dar fe de ello. A los progenitores en realidad les resultaba inconveniente para su relación con esos compartimentos sórdidos del poder.
Una de esas veces fue en Brasil. Llevo tiempo defendiendo la acción de Lula más que nada en contrapeso con el delirio ultraderechista desatado en nuestro hemisferio, muy a pesar de los errores y aberraciones que algunos brasileros estén padeciendo. Ayer tratando el tema asaltó la memoria mi experiencia tangencial con el PT en el año noventa, allí donde gobernaban, daban albergue y comidas a los necesitados o pasajes para el siguiente estado o ciudad, cuando de repente apareció en mi lóbulo frontal un nubarrón en forma de recuerdo.
Estaba en medio de un viaje en el país vecino de exploración interior y exterior. Iba a ir a Río de Janeiro, invitado por un sindicato cercano al PT de Lula da Silva, al principio del año1990, cuando él ni siquiera imaginaba que terminaría gobernando el país entonces en manos del macarra yuppy Fernando Collor de Melo. Me estaba quedando en casa de la actriz argentina Elida Gay Palmer en Mairiporá, en la autovía de San Pablo a Bello Horizonte. Su hijo Claudio, sindicalista, habló con sus colegas de Río para que me recibiesen, ellos le pidieron que diese una charla sobre el viaje que yo estaba llevando a cabo, diciendo que estaba reproduciendo uno de los viajes de mi tío por América para conocer las vicisitudes de sus clases humildes. Si bien era cierto que eso es lo que me estaba ocurriendo al entrar en contacto con la necesidad, aunque en carne propia, a fuerza de “strada”, carona y bolsillos vacíos. En verdad lo único que yo perseguía, era embarcar en un navío de bandera liberiana o panameña porque estos solo exigían el pasaporte para enrolarse, o con mucha suerte bandera noruega u holandesa que a veces también tomaban marineros. Les expliqué mi objetivo y me dijeron que no había problema, pero que diese la charla y a cambio ellos me daban albergue mientras estuviese en Río. Me fueron a buscar en un coche cuando llegué a la "rodoviaria", me llevaron a la sede, ahí me mostraron el sitio donde hablaría, y el cuarto donde dormiría.
-Bueno, y ahora a comer y a beber algo que tienes que disfrutar de Río.
Y fuimos a charlar, reir y comer “coxinhas”, “frango”, “esfihas”, chorizo, y beber Skoll o Brahma, porque Antártica era de San Pablo. Que locos son estos brasileros. En medio de la comida se acercó un colega de ellos, se levantaron y se apartaron para hablar con él, y cuando regresaron a la mesa me dijeron que tenían que llevarme a un hostal porque no iba a dormir ni a hablar en el sindicato, que las cosas habían cambiado porque de repente les surgió algo más urgente, que esto, aquello y lo otro.
Una cosa no ocurre sin la otra. Ahí mismo cambió el viento de proa, pagaron, fuimos al coche a buscar mi bolso, habían abierto el maletero y se habían robado todo. Yo llevaba el pasaporte y veinte dólares encima, Me llevaron a un motel con luces de neón donde el pedo que tenía abruptamente pasó de florido, festivo a lúgubre, a espeso. Me dijeron que en la mañana me llevarían a la “Rodoviaria” y me subirían a un bus de vuelta a Sao Paulo. Al regresar a Mairiporá, Claudio me pidió perdón y me confesó que habían contactado con la Embajada de Cuba y les recomendaron que no me recibiesen, que ellos solían enviar a otros familiares a hablar de mi tío, que yo no era el más indicado. Todavía hoy estoy choqueado por aquella basura. Hacerme eso después de echarme de Cuba, cuando yo iba a hablar con criterio, sin aprovecharme de nada, de un familiar mío, ¿quién les había dado permiso para meterse a ese nivel en mi vida, encima para joder, para dañar? Aquella bajeza proverbial aun hoy me deja un sabor amargo en el cielo de la boca.
La otra vez fue en Madrid, España. había llegado en febrero del 1997, y mientras salían los papeles y para no estar sin hacer nada, me acerqué a la Asociación Hispano Cubana Fray Bartolomé de las Casas, a ayudar en todo lo que se terciase, desde cargar cajas, ubicar libros, lavar platos o meter datos en computadoras. Me sentía colaborando con gente que quería a mi segunda patria, y había hecho un grupo de amigos muy agradable, Jesús, Pepe Garrudo, Humberto, María. Un buen día, Pepe me dice que si quería podía seguir yendo a la Asociación pero que la Embajada les había dicho que yo no era revolucionario, le daba vergüenza mientras me lo decía y a mi recordó a Río de Janeiro. Otra vez la embajada metiéndose fuera de Cuba en mi vida para joderme, únicamente para hacer daño. María me pidió que no dejase de ir, pero Humberto que era del PC y tenía relación con los cubanos se distanció de un modo muy feo y los reuní a todos en el salón y les dije en voz alta y claro, que quienes habían traicionado todas y cada uno de los utopías iniciales de la revolución, eran ellos mismos.
Y sin sentirlo nada, me fui por donde había llegado, Jesús siguió siendo mi amigo, Pepe y María también, y a la semana siguiente conseguí un buen trabajo. Pero la verdad es que nunca logré que se me fuese el regusto agrio, que tanto esa puercada como la de Brasil dejaban en mi paladar cada vez que las recordaba.
Podría añadir alguna otra gran decepción menos sorpresiva acaso, pero seguro más triste por tratarse de la propia sangre, aunque prefiero dejarlo en esos dos feos recuerdos, fríos, crueles, innecesarios.
Si eso pasó conmigo, imagino lo que habrá aguantado un humilde cubano cuyo único delito haya sido desear una vida mejor para él y para los suyos. Para todos los suyos, desde Maisí a Guanahacabibes .
Puente de Bacunayagua
¿Alguién desconoce que las obras más impactantes en toda Cuba, fueron construídas antes de 1959? No se trata de ensalzar a Batista, Meyer Lansky, Lucky Luciano o a los nobles esclavistas del siglo XVI, aunque sí, merecidamente a los arquitectos que diseñaron y dirigieron todas esas maravillas, desde el castillo de la Fuerza, el Morro, toda la Habana Vieja monumental, el puente de Bacunayagua, el tren de Hershey, todo el Vedado, todo Miramar, Siboney, los túneles, las construcciones como Casa Dupont, el Biltmore Yacht Club, lugar que, ni corto ni perezoso eligió el comandante Guarapo para establecerse donde estaba el hoyo 2 del ex campo de golf de nueve hoyos del súper selecto Club, para disfrutar de la vida mientras no estuviese buceando en alguna de sus islas privadas al sur de la isla cerca de Isla de Pinos, con sus amigotes ricos del área ultracapitalista degustando vinos Vega Sicilia desde trescientos euros el pomo, sobre alguno de sus decenas de yates. Es tontería mencionar sus propiedades porque todo en Cuba le pertenecía.
Ni un sólo dirigente "pincho" estableció su vivienda en Alamar, y por supuesto los que provenían de barrios como Guanabacoa, Pogolotti o Palo Cagado en La Habana o similares del resto del país, se establecieron en Nuevo Vedado, Siboney, Miramar o casonas de El Vedado, según relevancia otorgada por el César. Nada diferente a los condes, marqueses y capos de la Cosa Nostra que los precedieron sin tanta muelita.
Lo importante de esta particularidad, de este rasgo paradójico, de la propaganda para atraer al turismo internacional, a todos los visitantes a la isla, incluso aquellos que iban hace décadas a brigadas de solidaridad impostadas, ubicados en barracas con aire acondicionado y machetes ultra afilados y aceitados para cortar dos o tres cañas de azúcar maduras, de campos sin incendiar por supuesto, son los monumentos, edificios, carreteras, puentes, construidos desde la colonia hasta 1959. Ni una sola construcción de tipo Girón como becas o microbrigada de Alamar fue objeto de visita de esos dispensadores de los codiciados fulas. Y de después de 1959, todos los Hoteles donde van los turistas son los que han construido empresas igual de capitalistas y explotadoras que Hilton o Sheraton, llámese Meliá, Guitart, o parientes, con estética y coste proporcional para el huésped, y no a Mar Azul de Santa María, Atabey y Siboney de Varadero, o cualquiera de los mamarrachos de Gaviota donde recalan los turistas pobres, tan despreciados por la revolución como por el sector hotelero de Palm Beach.
Así mismo, y de manera vomitiva se promociona la "mulata":
"Cásese Ud. estimado turista o mejor aún, empresario, con un ejemplar nacional que le saque una cabeza de altura y que cuando usted le coloque una mano en la cintura sienta un chuchazo de 220 voltios, gástese un pastón en venir a honrarla con un ajuar, luego en llevársela, y después arrégleselas para darle cabilla a eso, porque ahí sí mi amigo, le digo que no es jamón, como no esté usted todo el día bombeando y gastando, le auguro un enjambre de tarros encima de su güiro calvo en menos de medio mes".
También sin vergüenza alguna se promueve como logro de la Involución las bellas playas y la casi impalpable arena, el sol del Caribe y la flor Mar Pacífico.
"A la mulata llévatela compay Yuma, pero la playa y el sol me los dejas que tengo que seguir sacándoles estilla"
¡Baja la cámara!
Estando en el cine viendo la película Civil War, cuando entre la poca audiencia que por suerte me tocó, dos parejas de amigos no paraban de hablar y me giré para sugerirles con mi mejor poco buen humor que hiciesen silencio, me embargó, como el abrazo mullido y sin angustia de una tía, el recuerdo de la frecuente, sana, divertida costumbre de ir con frecuencia al cine en La Habana. De las pocas que se podían disfrutar más allá de encurdarse en bares, malecón, casas o esquinas (costumbre también bastante sana, dadas las circunstancias).
Las grandes películas eran precedidas de larguísimas colas, ya en el Yara, Payret, Trianon, Jigüe, Riviera o 23 y 12. Colas de más de una cuadra, en que casi siempre se podía asistir a broncas a piñazos, patadas y mordidas entre colados y “empingados” con los cueles, que harían enrojecer de envidia a las mejores veladas de UFC.
Una vez dentro empezaba el noticiero del ICAIC de Santiago Álvarez. En una ocasión salí en uno de sus noticieros con mi amigo el Nene, nos sorprendió el entrevistador con su micrófono cuando estábamos en la parte trasera de un camión de basura y le dimos la nota, pero esa es una larga historia para otro post.
Se encendían las luces por segunda vez cuando acababa el documental uno o dos minutos y se volvían a apagar para dar comienzo a la peli o a veces a un corto animado que precedía al filme principal. Extraño esos cortos en lugar de las propagandas y los avances.
Si alguien de cualquier otro país, planeta o galaxia entrase a la sala durante la proyección creería que allí había acontecido un accidente, algún percance de alcance general, dado el bullicio, las charlas, las risas, el gracioso que gritaba "baja la cámara" en una escena semi erótica, o cualquier otro chiste de obligada obviedad a viva voz para solaz del auditorio.
Podía tocarte el asiento en zona de peste a meado, detrás o delante del típico pajuso que no podía faltar en ningún cine cubano, o al lado de la parejita que estaba casi templando. También podía tocarle al lado tuyo y de tu chuchi, a otro aguantando como apretaban al duro y sin guante, a bragueta y escote suelto.
Pero lo que más habría alucinado al marciano o al foráneo, es un espécimen de cine autóctono, estrictamente habanero: El amigo que ya había visto la peli y te acompañaba para contártela "échate lo que viene ahora, el tipo hace así y le mete un...."
A todo aquel que no fuese habanero le costaría entender dos cosas al respecto: que un tipo fuese a ver otra vez la peli para hacerle spoiler a los amigos, y más que nada, escuchar a los amigos diciéndole:
¿Asere, y ahora que viene?
Los trapos se lavan en casa
Es curioso y hasta gracioso, que gente de particular concepto sobre la coherencia, haya tenido la audacia de decirme que tengo razón en mis criticas a Cuba, pero que esas criticas habría que hacerlas "adentro de casa", como en voz bajita, que no se entere nadie para no dañar la buena fama engañosa de los valores revolucionarios, para no desmantelar la fantasía en la que se recrean para aliviar sus culpas hedonistas y ocupaciones codiciosas, antiguos coquetos con las utopías transformadoras, hoy panzones con bolsillos repletos pero aun conservando algún detalle distorsionador de la identidad, en la barba o el bigote, la desprolijidad en el último botón de la camisa o el descuido en la pintura en el frente de alguna de sus propiedades.
Y es que Cuba, claro, fue faro de lucha contra las injusticias en los años sesenta, mientras cimentaba y consolidaba las propias de la dictadura del proletariado, que al poco tiempo ni del proletariado ni del campesinado ni de afro descendientes ni de ninguno que no hubiese disparado un tiro en la Sierra o en su defecto, que no haya tenido medalla olímpica de chupamedias de Guarapo y sus secuaces. Pero es cierto que en toda América Latina, buena parte de África y Asia entregaron sus vidas valientes luchadores con la idea de cambiar las relaciones brutales de explotación vigentes, y lo hacían con la virgen marxista leninista del Caribe liderando la proa de sus emprendimientos. Continuó aun una vez muerto el Che, abandonado a su suerte en cualquier tierra alejada de los nuevos pero absolutos dominios de su ex amigo de postín, tras la década infame, la zafra del 70, el alineamiento incondicional con lo más burocrático y menos revolucionario de la URSS, la brutal represión a todo elemento distraído por costumbres pequeño burguesas, tales como disfrutar una canción de rock'n'roll o usar pantalones ajustados, "de movimientos feminoides y elvisprelianos" como dijo Guarapo en un famoso discursos en el cual alentó al pueblo a denunciar a estos peligrosos hedonistas o directamente hacerse cargo de ellos con sus propias manos, como ocurrió en cada barrio, en cada esquina, en cada pueblo Revolución: "aquí no queremos pepillos desviados sexual ni ideológicamente" gritaban las masas en un lenguaje más coloquial, ávidas de ver colgados de los timbales a esos elementos desenfadados deseados por sus esposas y esposos. Continuó pero ya con menos fuerza propia, con decenas de intelectuales entusiastas en un inicio con el proyecto y desencantados con la cárcel, prohibiciones, fusilamientos, abusos, y sobre todo dificultad para opinar, crear, pensar, con líneas de izquierdas disidentes del estalinismo primero, del “Jrushoismo” y “Brezhnevismo” más tarde, soltándole la mano a la ya no tan flamante, ilusionante y justa revolución cubana. Y entonces necesitaron del apoyo de toda la propaganda "fake" posible, como toda mentira medianamente eficaz, basándose en medias verdades, alabando la educación gratuita, medicina universal, que no hubiese niños viviendo en la calle, etc., cosas que eran ciertas aunque comportando un gran coste para la autoestima en la vida cotidiana, que una vez alojado en el hipotálamo garantiza una sociedad de autómatas, pueblos enardecidos, contaminados por el odio, la envidia, la vigilancia permanente ante la amenaza de gozo y solaz del prójimo. Dentro de la isla todos sabíamos que todo era mentira, y afuera también pero todavía se podía esconder con unos cuantos agentes muy bienvenidos en "casas de visitas" donde en las mañanas elogiaban la perfección de la sociedad igualitaria y, en las noches conocían el tan cacareado en en todo el mundo, embrujo enigmático de la mulata, que revitaliazasen los cantos de Carlos Puebla y Daniel Viglietti en las almas nostálgicas de quienes, en sus propios patios ya habían abandonado todo romance con las viejas utópias, a lo sumo beneficiandose dentro de algun proceso demoagogo con pésimo disfraz de revolucionario.
Pero sobre todo, que aquellos que por alguna razón supiesen y no comulgasen con los abusos, con el embuste llevado a la dimensión de burla, fuera de los límites del “caimán verde” liberados a su antojo, mantuviesen la boca cerrada donde no entrasen moscas.
"Eres negro, eres pobre, eres guajiro, sin la revolución nunca habrías aprendido siquiera a leer ¿cómo te atreves ahora a hablar de quien te dio educación, salud y arroz con gorgojos?"; "eres familia de un icono de la honestidad, del prestigio, del valor, de la humildad revolucionaria y por ello recibiste todo tipo de privilegios ¿cómo te atreves a correr las cortinas y abrir la ventana?".
La basura se saca por detrás, los trapos se limpian en casa, las violaciones entre parientes se resuelven en familia y las de los curas se saldan en Roma.
II
Me dijo:
-Me encanta volver a hablar con vos, me hacés pensar, reflexionar, sabés tanto de tantas cosas que me lleno de tareas. Solo te quería decir que creo que puede ser que en Cuba haya "algunos errores"
-¿Algunos errores en 65 años decís?
-Sí, pero creo que no es ético del todo debatirlo fuera de casa, esas cosas se hablan en casa, dentro, en voz baja.
Sentí como si toda la sangre me hubiese subido a la cabeza de un tirón, sentía que hasta las cejas las tenía rojas y calientes.
-Lo primero, eso es una agresión gratuita, vos desde tu comodidad, tus varias propiedades en distintos países, tu dinero, tu comodidad en la vida, tu costumbre de salir a protestar a todas las plazas y exigir que se te respete incluso que tires piedras a la policía, tu historial de trabajo en distintas publicaciones contrarias a los distintos gobiernos, tus viajes alrededor del mundo, tus criticas al gobierno argentino, no en casa, no en voz bajita, me vengas a hablar a mi de ética. Y si la vida no me habría enseñado a detectar a la gente jodida, tóxica y mala, para no obstaculizar su ruta hacia el inodoro, podría hasta significarme una afrenta de consecuencias indeseadas que lo hagas con esa cara dura.
Pero si querés te voy a dar un par de razones sin importar que no lo merezcas. Toda esa gente embromada, jorobada, emponzoñada tras décadas de inmovilismo, de opresión, de ideas obligadas combinadas con otras prohibidas, recuerdan que alguna vez en los inicios, sus mayores intentaron hablarlo dentro, como decís, en voz bajita y con mucho respeto, pero al constatar que nada cambió y que la mayoría de los que lo intentaron, corrieron suertes diversas desde la estigmatización al exilio o la prisión como castigo a tales confidencias, entonces decidieron que de ninguna manera debían hablarlo dentro de ningún circulo, y mucho menos de un circulo afin a los responsables.
-Oh, perdoname si te dije algo que te molestó.
-No te perdono ni te condeno porque no te juzgo, pero vos seguí por ese camino rico en hipocresía y mala onda, y dejame en mis sendas carentes de compromisos falsos, pretensiones ni simulaciones. Y ahora si querés andá pensar, a reflexionar.
O a deponer.
Opinión de hipopotamo
CAPITULO II
A los ignorantes de siempre, fanáticos de cuanto pensamiento resumido a la estrechez del entrecejo (sin llegar al extremos de tomar como medida el mío) y felices de repetir una consigna como un disco rayado frente a cualquier fenómeno o acontecimiento que les requiera opinión, que hoy aseguran en redes, en charlas, y hasta en libros, que Argentina se cansó de "comunismo".
Cabría hacerles un último aunque preciado favor, de decirles que el pueblo argento se cansó, como este seguro servidor, del peronismo en cualquiera de sus presentaciones. A saber el mayor enemigo nacional del comunismo, ni la dictadura militar combatió al Partido Comunista Argentino como lo combatió Perón, un militar académico general del Ejército, formado en ideas de Benito Mussolini, y que tras dejar a su pueblo abandonado a las bombas golpistas, se exilió en el único país en que aún gobernaba uno de los mayores jinetes del Apocalipsis europeo, el mayor anticomunista español: Francisco Franco.
En Argentina, la mayor presencia del comunismo, o la izquierda tradicional , anarquista, socialista, trotskista o marxista leninista, tuvo una oportunidad cuando de forma incipiente, estuvo inserta en las fuerzas rpoductivas de fábricas y campo, precisamente antes de asumir Perón, quien los combatió con ambas caras de la moneda, por un lado fuerte represión, de lo queda el testimonio de las torturas al estudiante Ernesto Mario Bravo, y por otro dádivas a los humildes, a los más necesitados. Eso sí, hay que apuntar que fueron dádivas con todos los condicionantes con que los dictadores alienan a sus pueblos, pero sumamente sustanciosas e inéditamente generosas, imposibles de ser obtenidas mediante una revolución, por lo menos por lo que sabemos que fueron las sociedades donde gobernó el cuento comunista, ni siquiera en sus mejores momentos.
Así que por favor trumpismo miamense, ilústrese aunque sea un mínimo para cubrir la casi imperceptible grieta que padece su compactado lema, lo que la gente en Argentina no quiso más ni en pintura es "peronismo", una forma sudamericana que ha llegado bastante en forma hasta nuestros días, de anticomunismo fascista, usando el inteligente método gattopardista de entregar un tanto por ciento para no perder el total,
Y dejen de hablar tanta cascarita de piña (por no ser escatológico)
Moral doble en doble sentido
Intentar llevar una transparencia nítida obstaculiza conformar un personaje comercializable de rasgos fácilmente identificables bajo variables maniqueas, simples, de andar por casa. Cuando cuento todas las puertas de simulación, hipocresía, doble moral y deshonestidad intelectual que he rehuido abrir, me embarga cierto orgullo, aunque a veces cuando imagino como se vive detrás de esas puertas, me pregunto si no habrá que ser menos rotundo.
Pero cuando me remito a los inicios de mi descontento con los ceremoniales de obligado cumplimiento para ser aceptado y más adelante laureado en cualquier familia, medio, barrio, sociedad, me percato de que no podría haber sido de otra manera. Recuerdo conocidos, incluso familiares que mientras alardeaban de ser más comunistas que Marx y Ho Chi Min, callaban todas las injusticias a su alrededor en vistas a no perder sus privilegios. Los que eran familiares, incluso desoyendo las póstumas indicaciones del ínclito tío a partir de quien tuvo lugar toda esta aberración familiar de simulaciones, de inmolaciones, de impostaciones, quien dejo perpetuado su deseo de que "sean capaces de sentir en lo más profundo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo", haciendo énfasis en lo de "cualquier parte del mundo" no "excepto en Cuba", sino precisamente, sabiendo que vivirían y crecerían en la revolución, indicó que "precisamente allí donde viviesen". Lejos de sentirse incómodos con sus privilegios frente a los cubanos sencillos, fundaron empresas, bendecidas y promovidas por el estado revolucionario que había estigmatizado la acumulación de riqueza, que había echado a aquellos ricos que no había encarcelado o fusilado y que había estatizado toda la economía. Nuevas empresas camufladas en siglas eufemísticas, enriquecíendo a lacayos, mientras todavía incluso cumplían condena de cárcel al lado de violadores y asesinos, simples ciudadanos que habían sido sorprendidos con un billete de veinte dólares para comprarse un ventilador y mitigar el infierno veraniego. Algunos llegaron a hablar barbaridades sobre mi persona por denunciar los abusos de la dictadura, la traición de "Guarapo", apoyaron que no sea bienvenido en Cuba, como habían apoyado que me echasen de la isla por conductas sociales impropias en familiar de un comandante revolucionario. Sin ninguna vergüenza se hicieron desmesuradamente ricos con el sudor de los cubanos y además con jugosas garantías: carecer de competencia, inexistencia de huelgas, reclamos, ni reivindicaciones de ningún tipo. Hace años tras la publicación de un artículo en el Miami Herald y unas entrevistas en medios de Miami, decidieron quitarme la palabra, sin tener en cuenta acaso, que enriquecerse, crear clases sociales, es la manera más directa y eficaz de luchar contra el socialismo, de dinamitar desde la raíz el comunismo, y renegar del honor, del prestigio que le cabía a los viejos comunistas que morían por sus convicciones de construir una sociedad igualitaria, y de luchar contra la injusticia.
Lo curioso es que además de haberse hecho multimillonarios gracias a ser parientes de comandantes, en este caso uno que rechazaba festejar un cumpleaños de un hijo que no fuese con idéntico al que podía festejar el hijo de un trabajador simple, es que lo hicieron en el país "revolucionario", protegidos por un partido único y un sistema policial, usando la jerga comunista mientras ingresaban millones de dólares en sus cuentas bancarias, justificando las condenas de decadas de cárcel a gente con hambre que salía a pedir pan, estigmatizando a su propia sangre que ni estaba de acuerdo con enriquecerse de modo tan indecoroso, ni de ser cómplices de tanto abuso.
Lo curioso de todo esto es haber sido llamado anti comunista, agente de la CIA, servil al capitalismo, por estos bastardos, y hoy, por la misma razón, ser llamado comunista por ex chivatones, alcahuetes, chupamedias, obsecuentes, que mientras vivían en Cuba se callaban todo, iban a la plaza a dar vivas a Guarapo, denunciaban a sus semejantes en las reuniones del CDR, UJC, FMC, MTT, PCC, etc. para obtener prebendas y que un día, cansados de pisarse su extensísima lengua, consiguieron poner el mar de por medio y aparecer en tierras reconquistadas a noventa millas, donde la misma cobardía que otrora se requería para sobrevivir en Cuba, hoy se les requiere para obtener la simpatía de la nueva masa. Cero espíritu democrático, modificando el lenguaje solo en los sustantivos, de manera que en vez de “comandante ordene”, ahora dicen “mi presidente ordene”, en vez de "que se vaya la escoria, no los necesitamos, no los queremos", hoy es "que se vayan los mejicanos, no los necesitamos, no los queremos", en vez de llamar gusanos a quienes no sucumben al pasamiento único, al amor al caudillo, al llamado a la uniformidad, hoy le llaman comunista.
Para unos soy un agente del capitalismo y para otros del comunismo, siendo que precisamente los primeros son ultra capitalistas del estilo retrógrado y los segundos, alfiles del primer caudillo que los ponga en fila. Sus prejuicios, su mal gusto, sus barrigotas, su imagen decadente, por más barniz millonario que le echen de uno y otro lado, son tan vulgares como idénticos.
Pues no, detrás de aquellas puertas no había nada que valiese la pena.
Polaroid de locura ordinaria
Crecí en La Habana escuchando música rock de los casetes grabados con dedicación aunque escasísima tecnología, de los discos llevados de guilletén por algún marino, vice pincho o artista viajero de los escasos que ponían sus pies en tierra de "libettá".Alguno era técnico extranjero como Humberto Salomoni, mitad cubano mitad italiano, que incluso era miembro del club Kiss Army, tenía todos los long plays de Paul Simon, Ace Frehley, Peter Criss y Gene Simmons, Humberto tenía discos de Nazareth, de Pat Travers, de Ted Nugent o de un incipiente Iron Maiden. Otros amigos tenían a Deep Purple, Led Zeppelin y un pibe argentino a Rolling Stones. Alexis tenía casetes grabados con alta fidelidad de los Beatles, a quienes todos adorábamos.
A mediados del año '81 un pibe argentino apareció por Miramar de la nada o desde México, con un montón de casetes grabados de fábrica del rock argentino que yo no había tenido la oportunidad de conocer. Grabé todo lo que tenía, lo que más me gustó era Pappo's Blues. Era lo más parecido a lo que yo escuchaba, después Manal y Pescado Rabioso. A Charly García con Sui Géneris no lo consideraba rock sino una especie de trovador más hedonista que los cubanos, pero en ese orden. Pero había un pibe que escuché un año más tarde, tocaba en la banda de Juan Carlos Baglietto. Este muchacho argentino, tenía aquel disco con "De regreso Mirta", y "la vida es una moneda, ojo que hablo de monedas y no de gruesos billetes" . Al poco de eso regresamos a Argentina, diciembre de 1983, todo era destape, tetas, culos, chupadas de pija, de cochas, minas, chupi, baile, porros, creatividad, y mucha música rock por doquier, en el parque Lezama, en Barrancas de Belgrano de gratarola, y en Velez, Nina Hagen teloneada por Virus, Baglietto y ya separado, el flaco Fito Páez, que ya había sacado el álbum Del '63, canción que yo cantaba diciendo "nací en el '63, con Kennedy a la cabeza, una melodía en la nariz, pienso que hasta el aire estaba raro, empezaba mayo" esto último era lo único en que sentía que me diferenciaba de esa canción y de Giros, y de Tres agujas y de la energía de La rumba del piano.
Me gustaba la música de Fito y me identificaba en cierta forma pero era demasiado contemporáneo como para convertirse en un ídolo del rock o de la música ciudadana, que la verdad es que nunca me entusiasmó demasiado. Por aquel tiempo asistía a ver a Celeste Carballo, a Charly a Virus a los Abuelos en los conciertos gratuitos que daban por doquier. Hasta que volvió Pappo a la Argentina y los disfruté como pocos, lo vi solo, con Riff, con BB King, con el gordo Salinas, con Malosetti con Medina y con Botafogo. Los casetes ya no los grababa de los discos traídos de estrangis, sino que los compraba en Corrientes y Callao en Cesar Pó, en Zival's. en plaza Lezica Primera Junta, pero me iba más por Jimmy Rushing, Whiterspoon, Muddy Waters, BB King y esos monstruos a los que me había llevado Jimi Hendrix, más específicamente el último período de Jimi con su banda de gitanos haciendo temas como Machine Gun o estirando los blues como Red House hasta el día de hoy. Más tarde volví a Cuba, no me acostumbraba del todo a estar lejos de los amigos que la vida me había regalado en la isla.
Hasta que por curda, me castigaron a trabajar en un proyecto precioso en Santiago de Cuba, el Baconao Turquino, me dieron a elegir y escogí ser buzo con Ponce y su tripulación buscando coral negro, hundiendo pecios, sacando un cañón de la última batalla naval entre EEUU y España que se cambió por una montura de Maceo, y satisfaciendo al bravo de Lázaro Ponce en sus veleidades de buscador de oro por la cayería de las Doce leguas, o Los Jardines de la Reina, donde, aunque sin cofre, se puede apreciar una joya en un paraíso bajo el agua.
Antes de ir a Santiago de Cuba, apareció una petisa morocha por la UPEC en la Avenida 23, donde nos reuníamos en la tarde para empezar a cargar ron en la modalidad de chakata, mezclado con té y un toque de limón, vestida de negro corte The Cure, para anunciar una película de Fito Páez, la pasarían en la sala de video de la UNEAC, a pocas cuadras de allí. Ahí estuvimos escuchando la historia previa que esta mujer nos contó de las peripecias y desventuras que atravesaron las cintas del filme una vez lo hubieron terminado, producto de un robo, había costado unos ochenta mil dólares, que si bien siempre es plata, en aquel entonces, y para un Fito que empezaba, y mencionado en una Habana sedienta de un fula aquello nos parecía todo el oro del Nilo, también habló de crimen sin castigo. Dejó de hablar, se apagó la luz y comenzó una maravilla de audiovisual en tonos oscuros, violetas, purpuras, negros, azules, un Fito altisonante con letras reventadas, fuertes, repletas de la energía que había hecho al rock arrollar toda otra revolución, me enganchó la película, la canción Ciudad de Pobres corazones, las baladas, "yo no elegí y no quiero, quiero salir y no puedo", que a menudo me sorprendo tarareando. Y Ámbar violeta.
Una vez que estaba buceando detrás de una picúa con una resaca de laguer de tres pares de timbales, salí del agua y me dijeron hay un argentino rompiéndola toda en La Habana. Cuando volví una semana a casa, mi novia de entonces, Alejandra, me contó que su mejor amiga, Jenia, que entonces era novia de mi primo Camilo, había asistido al mítico concierto de Fito en la Habana invitada por Santiaguito Feliú, a que había sido su novio, el coco de ella años atrás. Cuando terminó el concierto, ella le pidió a Santiaguito que se lo presentara, a Jenia le encantaban las lucecitas de colores, y era lo suficientemente linda como para seducirlas y guardarlas en su bolsillo. Se conocieron y ahí mismo dejó plantado a mi primo, se fugó con Fito una semana de joda y singueta. Camilo no se lo tomó tan mal como cabe esperar en el Caribe, pero gracia, lo que se llama gracia con lo rápido que corren los chismes en La Habana no le hizo ninguna. Raulito, hermano de Jenia le tomó afecto a Fito, y como estudiaba piano se aficionó al rock argentino, a través del rosarino conoció la música de Charly que para ese entonces ya contaba con una producción inmensa, Mi suegra, de la pequeña burguesía chilena que había coqueteado con la izquierda cuando Allende, exiliada primero en Bélgica y después en el doce plantas de Alamar, se mostraba tan envidiosa con ese éxito de un argentino nada acorde a los cánones de la Nueva trova o de los milicianos, como habitualmente se mostraban algunos chilenos con los argentinos, profiriendo acusaciones de mariquita que hoy seguro negaría al menos, recordarlo. Como todos los homofobos, anti rock, odiadores del hippismo y de los movimientos elvisprelianos de entonces. He oído en repetidas ocasiones a Fito decir que él no es un genio musical, quizás en el sentido formal y técnico no, pero sí es un bardo genial e hiperproductivo.
Más tarde el Consejo de estado a cargo de quienes estaba acordaron con mi familia que me echarían de Cuba de una patada en el traste, fui al aeropuerto por segunda vez tras una curda olímpica en que no me permitieron abordar el avión, con mi primo camilo, él iba con un guardaespaldas para cuidarlo y que volviese sano, yo iba con guarda pero para asegurarse que esa vez no bebía nada y me iba pa' casa de la pinga poripayá.
Una vez en Buenos Aires pasamos días muy divertidos con Camilo, él habló en un acto donde también habló Robertico Robaina, qeu era famoso por no reusar del todo de una pose de pepillo, al contrario que Luis Orlando Domínguez, el singao de la UJC que habían tronado antes que él. Robertico se dejaba el pelo largo atrás a lo Mc Cartney, y se hacía un doblez en la manga de la camisa, característica de pepillos rockeros. Yo estaba ahí por la curda y las hembras que sobraban y todas querían un pedacito, una reverberación del rabo del guerrillero heroico prohibido en Argentina hasta hacía muy poco tiempo.
Un par de años más tarde, Victoria, una amiga intima de la novia mía de entonces, se fue con su padre que era director de cine a filmar Sur, al sur argentino. Bajaron con Goyeneche y Fito Páez, Al regresar le contó a Úrsula que se había hecho muy amiga de Fito. después lo vi en la Fundación Banco Patricios, donde a menudo actuaban Norman Brisky, Cecilia Rosetto, y todos los fines de semana Urdapilleta y Tortonesse, quienes bajaban a tomar una Heineken una vez terminada la obra, y nos quedábamos hablando de bueyes perdidos. Yo estaba entre los camareros modernos que atendían el bar vestidos por Gripo, con Chuchi una pintora excelente , Rosario y Fabio cantante y bajista de Suárez, Alejandra pintora su novio Richard, y mi amiga Valeria. Rolando era obsesivo de su torta de frutilla, se podía tocar de todo menos esa torta, yo cometí la ignominia de comerme media torta, era muy buen tipo, me aguantó hasta que entre torta, Heinekens y propinas extras me pidió con gran delicadeza, que volviese cuando quisiese pero de parroquiano,
Una tarde asistieron a la obra Fito, Cecilia Roth y Eusebio Poncela, que acababa de filmar Martín H. Los atendí y charlamos un poco. después lo vi en La Habana en uno de mis viajes , Santiago, Raulito y Alejandro me dijeron que me sumase a los amigos que compartirían una botella de ron con Fito y Cecilia en los jardines del Hotel Nacional, así lo hicimos, mi noche terminó después de cantar "por esa calle pasa el 99 nena, ahora vamos hacia allá" mientras Fito rasgaba la guitarra de Santiago, y Cecilia me decía desde atrás, lo recuerdo como si fuese hoy "Martín, deja de beber" . Desperté con ese frío de la madrugada incluso en el Caribe, con las estrellas de techo , como en cierta forma era habitual, pero al menos estabna sobre la hierba de los jardines del Nacional, nadie me robó nada en esa ocasión.
Después Jorge y Juan Mario, amigos de mi mentora Gladys, le hicieron la escenografía de Circo Beat, y así entre una cosa y la otra al escuchar las canciones de Fito, nacido en el '63, en mi país, con algunos amigos comunes, tiempos comunes, aires comunes, aunque no lo conociese llegué a tomarlo como un colega del camino, por otros niveles pero en la misma dirección y similar destino.
Unas décadas más tarde, había terminado de recorrer las superficies donde se apilaban los pallets de la empresa de logística para la cual trabajaba ya en España, y me apresté a aparcar el coche y reservar habitación en el Hotel acostumbrado en la ciudad de Salamanca, cuando veo un cartel "Fiesta universitaria, hoy Fito" seguí de largo en el coche y me quedé pensando que seguro sería Fito y Fitipaldis, un conjunto español que no me interesa en lo más mínimo. Al rato vi otro cartel y puede leer que se trataba de Paéz, en un teatro de Salamanca, y tocaba en un rato. Así que de repente sentí un fuego, un avatar estaba como yo, en la España profunda para cantar su repertorio rioplatense. saqué entrada y esperé. El show fue a capela, solo con guitarra y piano, una maravilla, la última vez que lo había visto Ursula me había invitado como regalo de cumpleaños a un teatro en Plaza Flores, y había un súper show, esta vez era más intimo a priori, hasta que arrancó con Ciudad de pobres corazones elevado sobre su guitarra, una barbaridad. Ahí sentí que a pesar de ser de la misma generación ya podía tomarlo como un ídolo que hizo de su vida lo que yo había derrochado. Así que cuando terminó me quedé esperando en la puerta trasera por donde salían los artistas a que saliese para saludarlo, explicándole un poco fugazmente de que lo conocía, pero eso se parecía mucho al cholulismo que tanto despreciaba, y a la vez quería esperarlo, los minutos pasaban, bajó un amigo suyo rosarino que lo acompaña a todos lados toda la vida, le dije que quería solo saludarlo como argentino contemporáneo y cultor de sus canciones, sobre todo del álbum Ey en ese lugar del mundo. cuando había transcurrido más tiempo del que el decoro me permite admitir, salió un grupo de gente, unas chicas, chicos y en medio él, parecía como si ya supiese que había un pesado esperándolo, y salió del grupo solo un instante para decirme "flaco, no tengo tiempo" y se metió en un coche raudo, duro, desaprensivo y yo me quedé con una cara de boludo que nunca antes había sentido, o mejor dicho sí, la había experimentado, nadie siente lo que no es, pero no estoy seguro todavía, de poder revelar también hoy ese otro episodio, acaso más bochornoso si cabe que el "flaco, rajá de acá" en la parte trasera de un teatro pulgoso de Salamanca.
Podía habérmelo guardado para siempre porque nadie me vio protagonizando semejante ridículo, pero prefiero sacarlo porque cada vez que suena la música de Fito desde entonces siento un desdén, hermanado con el que Camilo experimentó cuando tras hablar Robaina aquella vez en Baires, una de las chicas que nos levantamos, en el coche con que nos condujo a la fiesta, puso de una cara y de otra el casete Ciudad de pobres corazones.
Y también, en definitiva, años atrás me había tomado su ron. Así que espero que al liberarme de la anécdota, con el rubor compartido, el dar oportunidad a la chanza, me deje también espacio a poder volver a disfrutar "Polaroid de locura ordinaria" sin abochornarme de ese muchacho parado en la noche esperando un saludo de quien, sí, era una estrella pero no para él, sintiendose más boludo que los pollitos y ahora que lo veo dejandose embelesar por los festejos de "El amor después del amor" me pregunto si el boludo puede que sea otro, o que haya dos. Al fin y al cabo, yo había leído a Bukowski mucho antes que Fito supiese que existía.
Fidel sin casa
"Fidel es un singao" escuchó decir a un tipo de atrás.
Se giró, miró disimuladamente al sujeto que acababa de proferir esa frase, no vio nada en él que le impresionase, que a priori denotase un carácter temerario en extremo, casi suicida, ni advirtió las más mínimas trazas de rudeza, de la clase de hombría que había que derrochar para expresar en voz alta una frase de tal calibre.
"Fidel es un singao" pensó para sí mirando alrededor, no vaya a ser que algún lengua largona leyese la mente con la misma destreza que escuchaban tras las paredes los punteos de la música rock, la sintonización de la CBS de Miami, los casetes de Álvarez Guedes o la reciente Radio Martí.
-Pues sí- repitió el tipo sin apariencia de haber invertido las horas que se consideraban necesarias en la ingesta de alcohol, ni haberse fumado un petardo para subir el tono de tales aseveraciones- Fidel, Guarapo, Esteban, Maraña, Cara de coco, es un singao, lo digo aquí y donde haga falta y el hermano es cherna.
A esa altura sintió hasta temor de que llegasen los uniformados saltando de su bólido del este de Europa garrote en mano y empezasen a repartir tranca a todo el que estaba en las cercanías, y como aquel día que apareció la pintada en la escalinata de la Universidad, mandaran a todos a Zapata y C para pasarlos por el tamiz de Cuco el gorila bufarrón, o Fefo el caimán sin dientes.
"De pinga el loco este aquí y yo no me puedo ir porque pierdo el turno, no es fácil tres horas de cola para un pedazo de jamonada de vaya a saber que clase de tiñosa para que el tipo este venga a joderlo todo, pero de todas formas deja ver en que termina esto"
-Pinga, el tipo es un singao, lo digo yo con conocimiento de causa, mi primo estuvo en la celda de al lado de Fidel y Raúl en Isla de Pinos. Los únicos con dos o tres más que se salvaron de la tortura y el ñampiti. Lo primero que tiene que saber to' el mundo aquí, es que Raül entregó a Vilma para que le diesen tolete en todo el cuartel, y Fidel a Mirta, que era muy burguesa y aunque le gustaba el trancón no consentía en mostrar el nivel de arrebato de Vilma. Pero caballero, lo que tienen que saber es que las nalgotas que garantizaron la buena salud del gaznate de los hermanos Karamazov, no fueros las de Vilma ni las de Mirta, sino las de Raúl. No es que el hermano menor no quisiese ajonjolí, pero el que lo echó pa’lante fue Maraña, por eso digo que es un singao.
A esa altura el tipo ya estaba retorciendo la musculatura para que los esfínteres no dejasen salir cual disparo de bazuca toda la cagalera a la que el agudo terror al que aboca el sigilio extremo, estaba azuzando.
-Mi primo me contó que eso no se quedó ahí, que como pasaron un año y medio, Fidel que era un tremendo singao, se jamó al hermano varias veces, se lo dio a Ramiro, a Almeida, incluso cuando salieron se lo ofreció a Camilo, y cuando conocieron al Che, al oler su peste a patas, le dijo que si un día andaba tieso de hembra por culpa de la higiene, que no se hiciese problema que Raúl encantado le brindaba su oquedad, que en semejante clase de pájara el conducto era casi vaginal. Dice mi primo que el Che sonrió socarrón, pero por la tarde, cuando todos jugaban dominó, él y Raúl se fueron a comprar arroz, dice mi primo que la tienda debía estar lejísimos dada la demora.
"La candela en la que este tipo nos va a meter a todos, no es nada en comparación con la curiosidad que me han despertado los secretos de su primo"
-Por cierto, el primo contó que Fidel prometió a todos los presos que si un día llegaba a coger el país, iba a despingar toda La Habana, que confiasen en él, que iba a dejar que se derrumbase toda, que se pudriese sobre su esqueleto, no la quería hecha polvo, la quería en ruinas ¿guajirito yo? ya van a ver, que cojones se creían estos habaneros.
La fiana llegó, como no podía ya ser de otra manera, desarmaron la cola, mandaron a todos para casa, y se llevaron al hombrecillo de guayabera blanca y dos plumas al corcel metálico de la monada.
-Vamos caballero, vamos, desarmando esto, para la casa, no quiero ver a nadie aquí, ¡caballero, pinga, to' el mundo pa' su casa! - terminó diciendo el jefe de sector empingado por la persistencia de la gente en mantener el sentido de sus horas de cola sumado al impulso del chisme, y girándose hacia el hombrecillo, le dijo- Ahora vas a repetir lo que dicen que estabas diciendo, pero en la estación.
-Guardia, no sé que le habrán dicho a usted para que venga tan malhumorado, lo que yo estaba haciendo era una loa al comandante, diciendo que él vive en todos los cubanos, que Fidel no tiene casa, él vive sin gao.
El tipo, como todos los demás, se fue a su casa sin jamonada pero con una convicción clara, concisa, inexorable:
"Fidel es un singao y Raúl una cherna"
PD: Extracto de un pequeño cuento en respuesta al pedido de una editorial al evaluar mi primer libro, "está bien, pero no queremos un relato intimista sino murmuraciones, habladurías, que el común de la gente no sepa de la cúpula de comandantes cubanos", del que mi amiga encargada de la traducción me dijo: -Ay, no Martín, yo no puedo traducir eso, solo de leerlo me duelen los ojos!
Bandera descargada
El padre de mi madre había sido un soldador de cascos de grandes barcos en los distintos puertos argentinos, se puede decir que clase obrera, la madre era una inmigrante de Burgos que arribó al Río de la Plata para trabajar en el servicio doméstico, o sea, clase trabajadora integral. Ninguno de los dos era peronista. Mamá de a poco fue tomando contacto con los argentinos peronistas de izquierda (si este oxímoron pudiese tener lugar) que estaban exiliados en Cuba, en condiciones sensiblemente mejores que el resto de refugiados gracias a depositar parte del rescate pagado por los hermanos Juan y Jorge Born, alrededor de catorce millones de dólares de los sesenta en efectivo que cobraron. De ahí que las casonas de Miramar fuesen las sedes de la organización, las viviendas de los jefes y militantes, la guardería de los niños hijos de desaparecidos, muertos o presos, y otros privilegios que sacados del contexto pierden todo su sentido, tarjetas de técnicos extranjeros para comprar enseres, alimentos, bebidas, tabaco, diversión, etcetera. Nos mudamos a un departamento de ciento sesenta metros cuadrados con todas las comodidades frente a la playita de 16, además de tener las llaves del departamento de enfrente para cuando metíamos un pastelón con esas titis que se podían recoger alrededor de medianoche en el Vedado, no más tarde, la de las dos a tres de la mañana había que llevarlas a los jardines del Nacional o al Morro, como la del calcetín en el rabo y la blenorragia, pero ese es otro cuento. Demasiado bizarro para meterlo en este recuerdo.
Mi madre hizo buena amistad con varios de ellos, y casi una hermandad con Popi, Juani Bettanin, Susana Croxatto, el Vasco y la Gringa, por quienes también yo experimenté un afecto firme, profundo.
Yo tenía dieciocho años, iba al pre Pablo de la Torriente Brau, era el único que no usaba uniforme, porque no me salía del tubo. Eso sí, todos los días, para no levantar demasiado descontento, iba con una camisa azul celeste y unos pantalones azul oscuro de corderoy bien ajustados, marcando huevos.
Pero algún día, antes de sumergirme en mis botellas de ron, con el sol aun bañando primera avenida yo debía ir a la oficina de los militantes peronistas de izquierda cómodamente exiliados en La Habana no sólo gracias al generoso aporte de los hermanos Born, también a la simpatía que desde joven había profesado Fidel Guarapo Castro hacia Perón, como cuando fue a Bogotá en los días del "Bogotazo" integrando un grupo universitario de apoyo a la juventud peronista. ya se sabe Mussolini, Franco, Perón, Guarapo, un solo corazón.
Al inicio la idea de los amigos de mi madre, era que yo condujese la guagüita que llevaba a los niños de la guardería a sus escuelas u otras actividades, pero cierta cordura de alguno de los "montos" que me conocían mejor, Popi, Miguel, Lito, el Vasco o la Gringa, habría decidido que mejor era apostar a otro chofer, que arriesgarse o esperar a que dejase la tradición de refrescar las tardes con el famoso espirituoso cubano que pone a gozar a los mismísimos Barrabás y Zaratustra. Entonces me invitaron a sumarme al trabajo de introducir en una base de datos los nombres, edad y grado o cargo, de la mayor cantidad de represores militares, de quienes se tenía conocimiento. Aquella fue la primera computadora que toqué, sistema MsDos, el trabajo era digno y hoy siento alegría de que me hayan conminado a hacer al menos una cosita de provecho, más o menos la única de mi juventud. Y como en toda Cuba, en cada cuadra, en esta oficina que estaba en una casona de la avenida primera y la calle catorce, también se hacía guardia por la noche. Acaso con más razón. Cada mes me quedaba a dormir una noche en el mullidito sofá cama de la entrada, viendo videos Betamax de películas o fútbol. Me querían incluir, argentinizar, peronizar, montonerizar, cosa que yo, mucho antes por una alergia aguda a todo compromiso y desinterés total por cualquier batalla, teque, disciplina, que por convicciones políticas, ni siquiera tenía previsto considerar, no obstante, manifesté una clara disposición a cubrir una guardia cada cierto tiempo. De paso retomaba contacto con el acento del país que tanto tiempo atrás había dejado a mis espaldas y que ya había olvidado extrañarlo.
Una tarde cuando cayó el sol, sonó el timbre de la oficina. Era Lito que subía a la sala donde estaban la computadoras a trabajar. Poco después volvió a sonar el timbre de la puerta y era mi hermano y mi hermana, que traían un táper con mi ración de cena que, como cada día y cada noche, durante toda la vida, excepto los tres años del Habana Libre, había preparado mi abuela.
-Pasen, chicos- dije
Estaban parado uno al lado del otro, y entonces tomé la pistola Browning de 9 milímetros que tenía a su disposición quien se encargaba de la guardia, le saqué el cargador, y apunté a mi hermano primero, después a mi hermana, ambos dibujaron en la comisuras de sus labios una sonrisa franca, iba a terminar de percutir e gatillo sobre una de las dos cabezas para escuchar el click del gatillazo en vacío, pero un reflejo me llevó a jalar el gatillo apuntando hacia el suelo, a la base de madera de una bandera argentina y el click se convirtió en un estruendoso, brutal sonido de un disparo de una pistola de ese calibre permaneciendo un rato más la reminiscencia del tiro por el eco del enorme salón de entrada y terror que nos invadió de repente a los tres por lo que aún hoy, no sé, gracias a qué no ocurrió.
Mis hermanos se quedaron como congelados, les dije que por favor no dijesen nada, que por supuesto no sabía que había una bala, que no sabía como podía haber pasado eso. La bala había entrado a la base del poste y salido por detrás dejando una marca en el rodapiés y debiendo haber rebotado por la habitación, estaría aplastada, deformada, bajo un sillón.
-No importa, no importa Martín, nos vamos- me dijeron y salieron como alma que se lleva el diablo.
Me aquedé lívido, hierático, tembloroso, esperando que Lito bajase a preguntar que pasó, pero el ruido de aquellos aires acondicionados, la generosa amplitud de la mansión o la concentración en su trabajo evitó que Lito escuchase nada.
Con una mezcla de terror por esa otra realidad paralela, que en alguna dimensión seguro tuvo lugar, y con el mayor alivio que se pueda tener una idea, pasé la noche sin dormir ni pensar en otra cosa.
Nadie preguntó nunca por el ruido, por la bala faltante, por el agujero de la base del asta de la bandera, por la marca en el rodapiés tapado con la bandera ni encontró el plomo espachurrado metido entre los flecos de una escoba. Pero de vez en cuando, en medio del silencio, generalmente en el momento en que cae el sol como aquel día, y siempre que uso un táper, una sensación de desesperación invade mi cuerpo y me embarga la imagen de la cabeza sangrante de uno de mis hermanos en el suelo, al lado del mástil impoluto de la bandera salpicada, como si la realidad paralela en la cual decidió vivir mi cerebro tras no poder soportar la culpa fuese esta y la tragedia fuese la otra realidad, pero al no recordar cual de los dos hermanos cayó me digo, tranquilo "todo es una invención de la conciencia", un ardid de la preservación para no tocar nunca más un arma.
Pero cuando lo recuerdo hay un instante en que queda abierto cual de las dos finales imprecisos, difusos, fueron entonces el punto de partida de la realidad que he transcurrido desde aquel día. Al cabo del lapso me convenzo de que ambos se fueron raudos, mamá siguió en la casa, el viejo en cana, la abuela volvió a hacerme comida y yo continué bebiendo ron del pico de la botella cada día, sentado frente al mar en los dientes de perro de calle 34, durante en el receso de las clases del pre.
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