opinion critica.
Camilo, una traición perpetua
El Che sabía que Camilo no era comunista, lo escribió incluso tras su muerte, pero era su mejor amigo, el único que podía jaranear con él con la típica jodedera cubana. Ernesto lo quería como un hermano, la critica de que a veces era indisciplinado tenía base en que no era marxista, pero el Che conocía y admirada su diligencia como guerrillero, y como leal comandante dirigente de la tropa y querido por el pueblo. En honor a esa amistad le puso Camilo a su primer hijo varón, mientras que esperó al segundo para ponerle su propio nombre. El respeto y el afecto del Che hacia Camilo fue de una gran profundidad.
Sin embargo, había otro comandante que lo odiaba íntimamente, porque la valentía y carisma del señor de La vanguardia lo ponía en evidencia: Raúl. Este tomó la excusa de la no adhesión al comunismo de Camilo para fomentar cizaña contra él entre la tropa, entre otros jefes y sobre todo en su hermano comandante en jefe.
Fidel lo evaluaba como un útil lugarteniente, un fiel servidor, pero un peligroso contrincante en afecto y respeto por parte del pueblo.
La desaparición misteriosa e increíble de Camilo fue el episodio más enigmático de la Revolución Cubana, y a mi entender, la más triste, amarga, criminal, y suicida del proyecto utópico revolucionario.
En lo personal nunca escondí mi convicción, no por el conocimiento de las pruebas sino por lo inexorable de la conveniencia, de que Fidel Guarapo Castro se deshizo de Camilo, como ya probablemente ya había ayudado a hacer con Frank País, acaso de algún dirigente del Partido Ortodoxo más, y luego haría con el Che, Ochoa, los hermanos de la Guardia, y un prolongado etcétera.
Una vez me castigaron desde el Consejo de Estado a ir a trabajar a Santiago de Cuba, en resumen, me hicieron buzo y trabajé en un yate precioso en las aguas más cristalinas que se pueda uno imaginar. El jefe de aquellos dos yates y de la rama de arqueología subacuática del Plan Baconao Turquino, era Lázaro Ponce, de Ciego de Ávila, quien fuera el personaje real, representado en la película cubana Patty Candela. Lázaro fue el encargado de buscar a Camilo durante muchos días en el mar. No encontró ni una sola mancha de aceite sobre la superficie del agua, y aún siendo muy leal a Guarapo, alguna vez con unos rones encima, en las noches de charla en la popa del yate “El ojo azul”, nos dijo a los buzos, marineros y a Sarita, la bióloga del barco y su amante, que allí, en todo aquello alrededor, no había caído ningún avión.Durante las décadas siguientes se hizo frecuente el rumor, convertido en chisme pero en voz baja, ora de que Camilo estaba en la Isla de Pinos, mendigando por Miami, incluso alguno aseguraba haberlo visto recogiendo cabos de cigarrillos por las calles de La Habana. Lo que venía a decir la elección de favorecer dichos infundios, es que el pueblo cubano no se creyó nunca lo de la desaparición mágica y trágica de la avioneta que lo transportaba.
De alguna manera, alguna vez habrá que saber que ocurrió con Camilo Cienfuegos. O acaso lo más perturbador, es que tras la muerte por ley de vida de todos los protagonistas, por falta de documentación, quede enterrado en el fondo del período más turbio del proceso, un hecho crucial en un hito del camino, desde el cual hay un antes, un durante, que eran todos los caminos posibles, y un después, que fue el rumbo de la degeneración de cada uno de los sueños loables. La maldición de una traición.
Cambalache
La época que nos ha tocado vivir, es curiosa. Hasta hace un suspiro en tiempos históricos, las acusaciones por el enriquecimiento de una familia, las hacía la izquierda. Esa fue la semilla de la que surgió, a la vez que condenaba todo esfuerzo por enriquecerse, dentro o fuera de la legalidad, considerada igual de ilegítima.
Hoy la derecha ha tomado el relevo.
Tanto en Argentina como en España afloran los periodistas e incluso juristas críticos, con elementos progresistas que se presentan como revolucionarios, y que sin embargo ganaron suntuosas cantidades de dinero en diferentes áreas, cultura, empresa, tecnología, etc., Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, Javier Bardem, Polanco, Felipe González, el sorprendente incremento patrimonial de Irene Montero, o Pablo Iglesias, y un extenso etcétera. Hay que aclarar que un fenómeno que proviene de la Europa latina, mediterránea, donde no tuvo lugar la Reforma, donde se mantuvo como virtud. el estoicismo asceta, frente a la austeridad realista luterana. Nadie en Estados Unidos critica a Bill Gates, Mark Zuckerberg, Whoopie Goldberg o Bono por ser ricos, ni los capitalistas o revolucionarios alemanes hace casi dos siglos, se condenaron a Frederich Engels por extraer plusvalía de sus obreros para mantener a Karl Marx en sus construcción de la teoría comunista, ni entonces ni hoy.
Tal critica de sectores de derecha defensores de un sistema de clases, es curiosa, por un lado son fieles escuderos de monarquías, de los grupos económicos más poderosos, de los episodios más crueles y vergonzantes de la Historia protagonizados por los más ambiciosos conquistadores en todo el mundo, pero aún así, reconocen que lo impoluto, la pulcritud ética que supone el ser de izquierda, es incompatible con el grado de “putrefacción” que presupone, y ahí la sorpresa, el dedicarse a ganar dinero. Cosa con la que, debo admitir estoy al cien por ciento de acuerdo. De dicha razón provienen mis criticas a "Guarapo" y a sus jenízaros, que con tal acumulación demuestran que nunca fueron revolucionarios, mucho menos comunistas, todo se reducía al oportunismo, arribismo, la megalomanía, él como Erich Honecker, Ceaucescu, Ortega, Chávez y otros aspiradores a reyes, a emperadores, a dioses que usaron la inocencia de los oprimidos presentandose como sus liberadores.
Es tan curioso como de rabiosa actualidad, que de los defensores de las sociedad de clases, de la acumulación de dinero, de la explotación del prójimo, surja esta critica a acumular patrimonio.
Estos críticos de derecha dicen : "Si sois subyugados por los placeres que proporciona la riqueza material, no podéis continuar con vuestros discursos éticos de justicia social; por el contrario si queréis seguir haciendo uso de estos discursos, deberéis retornar a una vida humilde, alejada de los rezumos y efluvios endulzantes del vil metal"
En el fondo, tienen el mismo concepto sobre la acumulación de riqueza que el marxista más recalcitrante.
De ahí que parezca absurdo que la persecución a CFK en Argentina, sea emprendida por los sectores más identificados con el poder económico, jueces, periodistas y políticos afines a los Roca, Pérez Companc, Macri, Anchorena o Bunge y Born, los históricos acumuladores de riqueza, y que en lugar de perseguirla por lo que en realidad la detestan, alguna medida de contenido popular o el único inciso en el que fue rotunda como militante, el castigo a los terroristas de estado de la última dictadura militar, la persigan por haberse enriquecido, y sobre todo por hacerlo con presunta ilegalida ¡Pero si ese y no otro es leitmotiv de la derecha! Del mismo modo me causa asombro, aunque cada vez menos, que sean elementos de la desnatada izquierda actual, quienes defiendan el enriquecimiento desmedido, sea legal o no, como éticamente adecuado para un dirigente de sus huestes. En resumida cuenta, la derecha persigue el enriquecimiento y la izquierda lo defiende.
Más que un cambio, lo que ha habido es una inversión de paradigmas. Este es el Cambalache que anunciaba Santos Discépolo.
No estoy tan seguro de que perseguir a un presidente del propio país sea conveniente para los interesas finales de ese mismo país, aunque en todo caso, creo que un juicio no penal sino moral, de valores, tanto por enriquecimiento ilícito, como simplemente por enriquecimiento mientras a los militantes de izquierda eran torturados y lanzados al río, quienes deberían llevarlo a cabo en todo caso serían las fuerzas progresistas. De las que solo nos van quedando residuos extraviados o iconos convertidos en piezas museísticas, como Mujica.
Una mota de justicia
Antonio Ramón Ramón nació en Granada a finales del siglo XIX, en una familia disfuncional de labradores, el padre padecía un tipo de esquizofrenia que de vez en cuando, le llevaba a pensar que la esposa y la hija lo querían matar.
Antonio aprendió a leer, escribir y alguna operación aritmética antes de tomar la azada, las riendas del burro y "tirar todo tieso" para el campo. A los 22 años se fue al norte de África, donde el padre había vivido, una vez en Argelia lo confundían con otro joven, hasta que dio con él y supo que tenía un medio hermano fuera del matrimonio, de nombre Manuel Vaca. Desde ese día se hicieron inseparables. Al ver que no cambiaba mucho la dureza de Granada con Argelia, decidieron poner rumbo a América. Llegaron a Brasil, pero las condiciones de trabajo eran casi esclavistas en ese época, y como contaban con pocos recursos decidieron que uno de los dos se iría a Argentina y cuando pudiese se traería al otro hermano. Antonio se quedó en Brasil, al poco tiempo recibió una carta que Manuel le contaba que iría a Chile donde trabajar en las salinas de Iquique era considerado el oro blanco, se comentaba que se podía salir rico de allí en poco tiempo. Antonio le contó que había conseguido trabajo en el ferrocarril, que no estaba tan mal.
Pasado un tiempo Antonio leyó las noticias de la matanza de más de dos mil obreros de las salinas en la escuela Santa María de Iquique, que estaban marchando y protestando para que les considerasen el cien por ciento de los cheques pagarés, que ya eran miserables, de los cuales además cobraban solo el sesenta por ciento.
Los patrones se cansaron de la protesta y decidieron dar un escarmiento para futuros atrevidos, pusieron una tropa de ametralladoras y cañones, al mando del general Roberto Silva Renard, con la orden de disparar a todos los manifestantes, mataron hombres, mujeres, niños, bebés, más de dos mil personas.
Antonio comunicó a sus empleadores que se iría a Chile para aclarar sus sospechas sobre que le había ocurrido a su hermano al no recibir ninguna carta suya. Y en efecto al llegar a Iquique supo que su querido e inseparable medio hermano Manuel Vaca estaba entre los asesinados. Comenzó a urdir una venganza.
Tras saber que el general estaba destinado en Santiago de Chile dirigiendo una fábrica de municiones, se dirigió hacia allá y estudió sus movimientos. Una tarde que el general caminaba tranquilamente por la acera que llevaba a la fábrica, regresando de un almuerzo, Antonio saltó por detrás, tomándolo por el cuello le acercó un pañuelo empapado en somníferos que consiguieron adormecer a Roberto Silva, entonces Antonio, raudo antes de que la gente se aproximase, lo introdujo en la parte trasera de una carreta, le cubrió la cabeza con un bolsa de arpillera, ató sus manos y pies con una cuerda y se dirigió al almacén abandonado donde ya había acondicionado una esquina del sótano par5a alojar al asesino de su hermano junto a otras dos mil personas.
Durante semanas lo mantuvo con agua, pan y carne cocida con verduras, sin responder a ninguna de las interrogantes y súplicas del reo. Una mañana se sentó frente al general en un pequeño banco de tres patas de los que se usan para ordeñar, y habló por primera vez
-Soy hermano de uno de los que mataste en Iquique. En estos tres años ¿cuantas veces has pensado en las vidas que segaste aquel día?
El general balbuceó, no atinó a articular una respuesta coherente aquella mañana. Pero al día siguiente cuando Antonio regresó con la intención de hablar, el general se sinceró y dijo que si bien le asaltaban las imágenes de aquel día, como el Ejército lo había premiado con el puesto en la fábrica, no le daba el matiz trágico, solo perturbable. Antonio le preguntó por los niños ametrallados, el general se hundió en el silencio.
Así pasó un día tras otro, hasat que el general se desplomó en un llanto en que mezclaba el temor por su vida y un atisbo de remordimiento, ante la toma de conciencia de que aquello no tenía posibilidad de redención. Una semanasa más tarde Antonio emprendió un viaje en diligencia desde Santiago a Iquique con el general detrás, amordazado y bien atado, a quien alimentaba en las noches en algún sitio seguro. Una vez arribados a la escuela Santa María de Iquique, esperó a la madrugada, bajó al general del carruaje, lo llevó hasta el lugar donde cayeron masacrados los dos mil obreros, le quitó la venda de los ojos y la mordaza, lo primero que vio el general, es que estaba rodeado de decenas de personas, y detrás de ellas había otras decenas, su mirada era de asombro pero la expresión de su rostro y sus hombros era de derrota.
-Todas estas personas, al igual que yo, son familiares de los asesinados por usted, hay hermanos, padres, hijos, esposas, incluso hay sobrevivientes entre ellos. Este revólver de seis balas se lo entrego para que usted decida con total libertad a quien más le toca morir, nadie se moverá de su sitio.
El general tomó el arma con las manos ya desatadas, arrodillado en el centro, oliendo la humedad de la tierra que tres años atrás fuese el fondo de un río de sangre, colocó el cañón del arma en el cielo de su boca y accionó el gatillo causando un fiuerte estruendo y dispersando parte de sus sesos mezclados con trozos de hueso parietal por la tierra ya seca.
Eso habría sido un final posible, pero lo que en verdad tuvo lugar aquel 14 de diciembre de 1914, fue diferente, el general no llegó a perturbarse por la perversión de su acto, pero de todos modos se consumó la justicia. Antonio esperó a que Silva regresase a la fábrica y mientras caminaba pr la acera saltó sobre sus hombros clavando una daga de acero en el costado derecho de su cuello, lo escuchó chillar, sintió como se le aflojaron las piernas y de inmediato lo giró para propinarle otra puñalada que decretó la invalidez de por vida del asesino, no sin antes gemir y lloriquear por su vida, inundando el ambiente de un olor nauseabundo proveniente de la materia que sus esfínteres ya flojos, no pudieron contener. Antonio permaneció unos segundos mirando al general retorciendose en al suelo, y cuando la gente comenzó a amontonarse alrededor, salió corriendo. Pensó en su hermano pero en esa ocasión, sin pena ni rabia, con una sonrisa dibujada en su cara, la misma que tenía cuando los agentes le detuvieron al no conseguir envenenarse con la poción que bebió en aquel instante, idéntico semblante que usó su defensa en el juicio para aducir una enfermedad mental heredada de su padre, excusa que Antonio aceptó para intentar evitar la mayor porción de castigo posible, pero sabiendo que no, que era, como con en el justiciero de Olot, como Gabor a la salida de una comisaría en San Telmo y como la venganza de Bruno en Catania, un granito de justicia en un mundo inundado por cataratas de abusos.
Antonio recibió un calvario de reprimendas, desde los planazos de sables desde su detención hasta el trato vejatorio durante sus años prisión, pero él sonrió hasta el día impreciso, desconocido, misterioso, de su fin.
Antonio, aun adolorido por los planazos de sable recibidos en su detención, sonrió cuando supo que el periódico obrero El Despertar de los Trabajadores de Iquique, reivindicó el atentado titulando el 16 de diciembre de 1914: «Se ha hecho la justicia del pueblo»,
Matanzas de nadie
Por supuesto que el régimen cubano es el único responsable de sus carencias, su inutilidad, su reparto elitista de los pocos bienes que existen, pero lo que me entristece a mi no es que esto se destaque a raíz de los incendios, explosiones, rayos y centellas en los tanques de petróleo de Matanzas en Cuba, sino que se haga reemplazando el primer sentimiento que cualquiera debería tener con sus compatriotas cuando ocurre una desgracia de este calibre.
Como los haitianos los indios, los tailandeses, antes de ponerse a despotricar contra sus magnates o sus gobernantes por la paupérrima atención a las victimas de Tsunamis, terremotos, huracanes, ante todo lloran a sus compatriotas. O los estadounidenses o europeos cuando regresan los soldaditos que mandan a morir a las guerras, claro que reciben criticas, pero antes un sepelio, unos cuantos minutos de silencio. He visto a haitianos, a indios y a estadounidenses en el exterior llorar primero a sus victimas, sentir algo de verdad por su gente, organizarse para ayudar, mucho antes de lógicamente ponerse a despotricar contra sus gobernantes, sus ricos, sus explotadores, etc.
En este caso en cambio vi a cubanos de adentro, dirigentes y tracatanes, justificando la falta total de medios, poniéndose la venda antes de la herida y ni siquiera mencionando a las víctimas, y quienes esperaba más sentimientos de solidaridad, de quienes viven fuera, seguros, con sus asados, sus aires acondicionados, sus coches, sus casas bien construidas, sentir, como haitianos e indios, un dolor por su gente, no, nada de eso, los vi en redes yendo a correr para llegar a tiempo a su porción de carroña.
Cuando se cayó el edificio de Miami Beach con muchas más muertes que el Saratoga y el incendio juntos, los Youtubers cubanos radicados allí, donde deberían ser activos y cívicos, se despetroncaban a ver quien lamía más medias primero, para decir que eso le pasa a cualquiera, y que no fue nada, que nadie tenía la culpa, ni una critica a la propia ciudad donde pagan impuestos. Los estadounidenses por supuesto, fueron los críticos activos, porque eso lo tienen claro, a su gente no se la toca, pero el cubano hizo horas de audiovisuales lamiendo el trasero de los constructores, sin que por supuesto, estos se lo pidiesen.
Y no me vengan con que "sí; pero.." porque el "pero" invalida todo lo anterior.
Esto me conduce inevitablemente a la idea de que aquel régimen, en inicio de utopías y rápidamente girado hacia el poder arbitrario, y al poco tiempo a los privilegios de los gerontes, luego de los extranjeros de toda laya, hasta que le llegó el turno a los empresarios, como en cualquier sociedad capitalista pero sin permiso para cubanos, a no ser que fuesen hijos de comandantes, no solo pudrió el alma de sus huestes con la doble moral, la envidia, el odio, la chivatería y la represión, sino también la de sus opositores en el exilio, ha intoxicado, profundamente, aunque espero que remediablemente el alma de los cubanos de ambas orillas. Quiero aclarar que la posición de los opositores que he podido leer de dentro de la isla, que es la oposición verdadera, es diametralmente opuesta a toda esta mezquindad de ambos bandos.
Por otro lado están las víctimas, los bomberos, los damnificados, los que perdieron sus casas, sus medios de vida, la miseria que les quedaba y la que les espera; lo peor es que esos, los únicos que deberían importarnos, no les interesan a nadie, ni a los de adentro ni a los de afuera. Tal el legado de aquella sempiterna seguidilla de dictaduras.
Una vez dicho lo anterior; se encontraron restos óseos de cuatro personas en el lugar de las explosiones en Matanzas. Presumiblemente de los 14 desaparecidos, la mayoría bomberos y algunos soldados que hacían el Servicio Militar Obligatorio.
Aún cuando en la caída del rayo no tiene ninguna responsabilidad persona ni institución alguna, ni comunistas ni capitalistas, ni surrealistas, sí la tienen de modo integral en la utilización de prácticamente niños ingresados a la fuerza como carne de cañón al servicio militar. Jamás hijos de "pinchos", siempre mestizos, negros, los más humildes, los más alejados de los centros de poder, utilizados para estas y otras tareas, acaso menos peligrosas, pero en ocasiones más denigrantes.
Debemos exigir el fin del Servicio Militar Obligatorio. La entrega a la vida militar debe ser voluntaria e incentivada, los efectivos de unas fuerzas armadas deben estar orgullosos de formar parte de esa institución, no estar obligados, avergonzados, cansados, rabiosos o asustados.
Y mientras se desmantela esa humillación histórica a los menos privilegiados, en lo inmediato debemos conminar a que se juzgue y condene con severidad a quienes enviaron a la muerte a estos jóvenes recién salidos de la pubertad.
Oswaldo Payá y Harold Cepero, prohibido olvidar
A 10 años de la desaparición física de Oswaldo Payá y Harold Cepero, la placa, la calle o plaza recordatoria que se hace más necesaria es en su barrio habanero de El Cerro, alejada de todo negocio y veleidades.
Urge recuperar es el mensaje del propio Payá en el Proyecto Varela, a lo que dedicó su vida y obra, sus ideas y ejemplo pacifista cristiano, de concordia, libertad y progreso para Cuba y hacer caso omiso, a las tergiversaciones de quienes hoy se erigen en sus voceros incitando a baños de sangre entre cubanos, a los que de más está decir, no están dispuestos a donar ni una gota.
Payá fue un grande al que ahora muchos se adhieren por conveniencia, con la aquiescencia incluso de algunos de sus allegados que conocen y padecieron el apartheid de que fue objeto por parte de los comecandelas que hoy lo reivindican.
Sus compañeros del Proyecto Varela y de la primera formación, el Movimiento Cristiano Liberación, recuerdan como no conocía el descanso a la hora de ir de una iglesia a otra de las diferentes parroquias sobre las cuales trabajaba entre El Cerro y El Vedado, concientizando tanto sobre la necesidad de un futuro mejor, como de sus convicciones católicas, en el sentido más asimilable a Cristo posible. Estudió ingeniería, entre otras razones, porque carreras como periodismo, abogacía, estaban vedadas para los activistas católicos.
Tras la muerte de los dos activistas, el español conductor del automóvil, Ángel Carromero, despues de ser liberado de una condena por homicidio involuntario por la justicia dictatorial, no ha sido lo rotundo que era de esperar frente al público y al periodismo general, durante todos estos años asegurando con tono de sugerencia, que la pérdida del control del volante sobre la gravilla se produjo por un atropello intencional desde la parte posterior de su vehículo, sin concretar una narración convincente de los hechos. Por su parte Jens Aron Modig ha vivido aterrado desde aquello, lo conocí en una visita que me hicieron al Parlamento sueco en Gamla Stam, estaba sentado en un sofá situado en un pasillo, frente a la cafetería que servía el piscolabis de los políticos, me lo presentó Mileydi Fougstedt de SILC junto al joven del partido liberal que nos hacía el recorrido, y el Presidente de las Juventudes Demócrata Cristianas de Suecia se quedó paralizado, me tendió la mano como salida de un ataúd, cuando le dijeron en sueco es el “brorson del Che” antes de que le explicasen más sus ojos se volvieron los de un cordero aterrado. Tenía pensado hacerle algunas preguntas sobre aquel nefasto día, por supuesto con toda la delicadeza que el caso requería, pero al ver que se hundió nuevamente en el sofá como una albóndiga rehuyendo mi mirada, la de Mileydi y la del amable político liberal, abandoné la intención. Es de suponer que ambos fueron seriamente advertidos, de manera más eficaz que mediante una amenaza al uso, por la Seguridad del Estado cubana, que a lo largo de las décadas ha conseguido que incluso, hermanos, padres, hijos callen o tergiversen las versiones sobre las muertes de sus padres, ha logrado que compañeros de comandantes de la revolución, oculten, hasta muchos años más tarde cuando se atrevieron a hablar, sus propias y más intimas sospechas de que sus desapariciones físicas fueron producto de atentados maquinados desde dentro del aparato revolucionario.
La verdad sobre la muerte de Oswaldo y Harold, si fue provocada como todos a su alrededor, incluído el propio Payá esperaban que un día siucediese, o solo fue tremendamente afortunada para el régimen cubano, tarde o temprano saldrá a la luz como salen las espinas de los erizos, y como salen todas las verdades, pero por lo pronto lo importante es tomar el ejemplo de la lucha, la convicción, el humanismo y el amor que inundaba el pecho de estos dos grandes cubanos, y particularmente en estos días, de gran descontento en la isla, de movilizaciones de descontento por todo el territorio nacional, hagamos que así como la tragedia de su final están insertas por siempre en el triángulo rojo de la bandera por la que vivieron, lo estén también en el futuro esperanzador de sus franjas banquiazules.
Basta de obsecuencia
Basta ya, hay que exigir a Ucrania y a Rusia que paren la guerra, no incentivarla, incrementarla, y favorecerla como estamos haciendo, solo para ganancia de la gran industria armamentista...y por supuesto de sus lacayos.
Ucrania y Rusia tienen una historia compartida de errores aciertos, agresiones y uniones mutuas, Nikita y Brezhnev, máximos mandatarios de la URSS, eran ucranianos por ejemplo, no es nuestra historia en absoluto. ¡No es nuestra guerra! a los Ucranianos ni a nadie les importa un pepino cuando tenemos problemas con Marruecos, Argelia, las identidades nacionales catalanas o vascas o gallegas, precisamente porque son nuestros problemas y no solo no se convierten en ibéricos, como nosotros hoy casi nos creemos ucranianos a merced de una obsecuencia difícil de entender, sino que ni les importa, “les chupa un huevo”
¿Pasar hambre y frío por las veleidades de Putin y sus jenízaros o por la vanidad vacua de Zelensky y un grupo de nazis de Asov? Ni locos
¿Por qué, habiendo tecnología para introducir una mosca letal en el recinto más vigilado, o dinero para pagar a cualquier "traidor sensato", nadie acaba con Putin de una vez? Está más que claro que en las instancias que corresponden, quieren estirar esta situación hacia el infinito, Putin ha resultado ser el mejor aliado de la industria de las bombas y los cañones de nuestros amos y de sí mismo, y del miedo como instrumento para lacerar las conciencias y las aspiraciones de los europeos en el terreno de los logros en derechos y confort.
¿A qué viene esta obsecuencia extrema a los magnates de la industria armamentista?
No más adocenamiento a quienes están azusando esta guerra enviando armas y evitando cualquier posibilidad de punto final.
España no tiene que reducir el gas, ni gastar mil millones de euros en bombas y cañones, ni albergar y subvencionar a más marines estadounidenses en la base de Rota. Y por otro lado, dadas las ya vicisitudes a que se ha sometido al pueblo español para satisfacer al imperio, exijamos que en el próximo episodio conflictual en nuestro suelo, se involucren todas las fuerzas y fondos europeos y estadounidenses para participar en la solución de nuestros problemas.
Basta de ser la meretriz y encima poner la cama y el champán.
11 de Julio
11 de Julio
Hubo un día que la gente explotó, hubo un día que la gente dijo basta, hubo un día que la gente perdió el miedo a expresarse, hubo un día más cívico que todos los demás días en que la gente si bien no no gritaba, y acaso no rompía ningún vidrio, sin embargo durante décadas acumulaban la indignación, la humillación, la burla generalizada, las parafilias que generaban la metabolización de los abusos, la perturbación que causa la doble moral permanente, cronometrada al milímetro y al segundo como un viaje al espacio, la sordidez del espacio donde la vergüenza reside, donde se cobija
donde intenta apartarse de la cotidianeidad de las vidas que deben seguir funcionando como si todo anduviese sobre ruedas engrasadas y bien atornilladas.
Porque cívico es construir una sociedad justa, cívico es reclamar y hacer valer derechos, cumplir con deberes para con la sociedad, largamente sobrecumplidos en más de sesenta años, cívico es protestar, cuando se rompe el asa que sostiene la taza de la razón, de la equidad, de la justicia, manifestarse en consecuencia, mostrar no solo el enfado generalizado, el hastío colectivo, sino la energía y las ganas de establecer un espacio conjunto, donde todos tengan cabida, donde ninguna idea sea reprimida, donde ninguna persona sea secuestrada, abusada, reprimida por sus aspiraciones, anulada por sus sueños, donde el único límite para ejercer la libertad de un individuo, sea donde comienza el derecho y la libertad de otro individuo.
El 11 de Julio, día en que desde San Antonio de los Baños, en la provincia de La Habana se produjo una protesta masiva que alcanzó 62 puntos de la isla, representa el día de la dignidad, del civismo, de la conciencia de progreso, y de la certeza de que la lucha pacífica, la lucha democrática es capaz de mover todas las conciencias.
La dictadura cometió el más grave de los pecados al no ser capaz de interpretar con algo más de inteligencia y empatía las protestas a lo largo de toda la isla, y responder en la persona del presidente Díaz Canel puesto a dedo por Raúl Castro, con un abierto llamado a reprimir sin piedad cualquier muestra de descontento por las paupérrimas condiciones de vida de los ciudadanos, la opresión y prohibiciones en que viven sometidos. Una vez más el sistema saturado, perimido, incapaz de dar de sí ni siquiera una respuesta a la problemática de alimentar a su población, en lugar de leer en clave incluso socialista, que los hastiados, los manifestantes, eran el sujeto de la Revolución, el pueblo más humilde, el pueblo más trabajador, marginado de los privilegios, mestizo, estigmatizado y en consecuencia escucharlos aunque fuese de manera hipócrita y mostrar cierta sensibilidad. Tras reprimir a golpes y prisión inmediata, a lo largo del año, el poder ratificó su mano dura aplicando penas de prisión absolutamente desmedidas y violadoras de los Derechos Humanos a casi trescientos manifestantes, bajo la excusa de que las protestas fueron orquestadas e inducidas por elementos contrarrevolucionarios desde el exterior, incurriendo en el absurdo de señalar el dedo y no hacia donde el dedo apunta. Ninguna manifestación en la historia tiene lugar si no existen causas, y todas desde la revolución francesa, la rusa, la cubana, la polaca, la portuguesa o la tunecina son dirigidas por un partido o líder.
Hoy, a un año de aquella deflagración pacífica, el deber de quienes estamos a salvo de las necesidades permanentes, acuciantes y selectivas (nunca a quienes detentan el poder ni sus familiares), lejos de los golpes, de la represión, de la prisión y las sentencias condenatorias a décadas de reclusión en condiciones inhumanas, conviviendo con criminales de toda laya, quienes estamos distantes de tener que decidir si por una vez somos libres, dignos y salimos a dar el pecho en lugar de seguir aguantando un cúmulo insoportable de privaciones e injusticias, quienes tenemos la barriga llena y la almohada mullida, estamos obligados moralmente, como mínimo a rendir homenaje a los valientes que sembraron un hito, un paradigma, que obligará aún a los más fieles seguidores de la utopía inicial de la revolución, a los más puros cultores de los sueños de los años sesenta, a que cuando observen e intenten explicar la Historia del proceso cubano, hagan un obligado alto en el camino, para reflexionar o desentenderse, del grito desesperado de un país entero.
No más bombas
La realidad es que ya entre EEUU y Europa con Reino Unido, cuentan con más de diez veces en cantidad, y varias en calidad, el armamento que posee Rusia. En una hipotética conflagración no haría ninguna diferencia tener veinte veces más de bombas que diez veces más, si no se les gana con esas diez veces má,s no se les gana con nada.
Una persona está igual de muerta con un solo tiro, que con una bomba que lo despedace en mil trozos. No es necesario el gasto que implica esa dflagración y es incluso violento, cuando es en base al empobrecimiento de la población.
Lo único que buscan las excusas escasamente confeccionadas de usar la invasión a Ucrania para fabricar más bombas y cañones en España, R.U., resto de Europa y EEUU, es obedecer y enriquecer de una forma intolerable a la industria armamentista.
En resumen, por principios, los cívicos demócratas decimos siempre no a la guerra y a las armas, a todas las armas, pero aún mucho más si en vez de abordar una hipotética unión de pequeños países del Caribe, Costa Rica y Belice para armarse, que ciertamente andan flojos en defensa, hablamos de Estados Unidos de América, Reino Unido y las potencias europeas, que cuentan ya con armamento suficiente para destruir a diez planetas Tierra.
Lo último que precisa el mundo es regresar a una carrera armamentista como la protagonizada por la URSS y EEUU en el siglo XX, a costa por supuesto, del empobrecimiento de la población trabajadora y la clase media, en este caso europea y en menor medida, estadounidense. Y ni siquiera me estoy refiriendo a los más necesitados del orbe en África, Asia, América Latina, donde, para tener lugar el incremento de bombas y misiles que se acordó en la última Cumbre de la OTAN 2022 en Madrid, deberían morir de hambre, unas cuantas decenas de millones de seres humanos.Si bien es cierto que el circulo vicioso de saturación de la situación de paz y crecimiento y a continuación guerra de cada vez mayor destrucción y muerte, parece natiral por extendida y repetida, lo cierto es que mediante la ciencia, los humanos hemos llegado a revertir peores ciclos que se consideraban igual de naturales e inevitables.
Unámonos a las fuerzas de Eros en su lucha contra Tanatos.
Vivas al emperador y al dios Ares
Más de dos mil periodistas acreditados, diecinueve mil plazas de hoteles, treinta y cinco millones de euros, treinta y sesis países, tránsito prohibido en casi todas las arterias principales de la ciudad, terrazas de bares cerradas, ciudadanos que aun avisados del caos en que se vivirían dos días, no tienen idea de si moverse de un punto a otro de la ciudad por si podrán regresar. Los mandatarios de las naciones más ricas, también más reputadas como adalides de la paz, el monarca del país anfitrión esperando interminables minutos en la base de la escalerilla del avión que trasladaba al rey de facto.
Ese es el ambiente de la Cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte durante dos días y medio en la ciudad de Madrid. Casualmente coincidirá el final de esta celebración con el inicio de otra, a priori diametralmente opuesta, las fiestas del Orgullo Gay, los festejos más multitudinarios en la capital de España, a la vez que la mayor celebración del colectivo LGTBI a nivel mundial, conocida como MADO, Madrid Orgullo.
La muestra de poder de la cumbre de la OTAN induce a reflexiones y sensaciones encontradas, por un lado están quienes conmemoran la mortaja sobre las declaraciones de Donald Trump sobre que la OTAN estaba condenada a muerta por la inanición de Europa y la conveniencia de que EEUU se retirase de ese permanente gasto que no le daba réditos. La actual cumbre es la constatación de lo contrario. Por otro lado los que lamentan que el sueño de una Europa unida se haya simplificado en una gestión marcial, que nació con una finalidad defensiva y hoy muestra un músculo militar que se aprecia como ofensiva, amenazante, hegemónica, que ante la imposibilidad de fusionar los límites de las naciones en el anhelo pacifista original, lo materializa en el otro rasgo más característico del continente, las veleidades belicistas, llegando incluso a convencer a Suecia y Finlandia, ambos de una larga tradición cívica antiblelicista, de entrar a la OTAN, eso sí, siempre para garantizar la paz y bajo el mandato de un demócrata no de un republicano pirado, para alivio de la progresía de papel cartón; es decir, de casi toda.
Tras dos años distópicos, en los cuales el distanciamiento, el aislamiento, la muerte, la soledad, la revalorización del instante, la reconversión de los proyectos a mediano y largo plazo en aspiraciones de carácter inmediato, la importancia del abrazo, de la sonrisa atrapada bajo las máscaras, a la vez que el retorno a la solidaridad, a recuperar el valor de lo cercano y de la pausa, el universo en lo minúsculo. Cuando creíamos que saldríamos más atentos a lo que pasa con el otro, más proclives a dar, a los significados y significantes de la vida, nos sorprende una guerra en el propio corazón de Europa, bueno, más bien en su ventrículo derecho, la cual involucra a Rusia, eterno enigma y amenaza de la paranoia occidental desde tiempos del zar Iván hasta la Patria de los Soviets, lo cual diluyó como un terrón de azúcar en una taza de té, las veleidades de bondad estupenda con que nos habíamos emperifollado.
El apoyo paulatino a Ucrania, con el envío de armas, de ánimos para no abandonar la resistencia, con la aplicación de una versión monolítica según la cual, los rusos son impíos destructores y los ucranianos, victimas de las más terribles acciones bélicas, todo se nubló y de repente revivió un rasgo del espíritu europeo que se creía superado. Con una diferencia, esta vez, en lugar de enfrentarse entre sí, toda la población del continente se une para padecer inflación, crisis, carencias, desvíos de ingentes cantidades de recursos para perpetuar una guerra, y ningún gobierno, ni conservador ni progresista, ni siquiera los políticos de partidos de lo que se suponía, era una izquierda consolidada, otrora militantes antibelicistas, se atreven a oponerse.
El Air Force One de Joe Biden llegó con un apoyo de otros once aviones, al pie de la escalerilla del avión el rey Borbón protagonizaba una espera interminable en términos protocolares, la reina Letizia aguardaba a un costado y saludaba a cuanta alma en júbilo se aparecía por la inmediaciones. En el discurso en el Palacio Real, Biden bromeó con cuanto le habría gustado a Felipe VI que no hubiese habido independencia en América y, la nieta de Biden llegando a la recpción Real en pijama, despeinada y mascando chicle de tutti frutti defecándose no solo en la etiqueta ceremonial, sino en la muestra del más básico respeto, cosa que de haber ocurrido con un nacional, no lo dejarían ni cruzar la calle, así fuese descendiente del mismo Cid Campeador. Lo del privilegio del periodismo estadounidense, humillante para el resto de cronistas, al punto que no solo ocupan las primeras finas, sino que nadie más que ellos pueden formular preguntas al Presidente Joe, acaso puedan disimularlo mejor por ser de menos dominio público.
Todo lo referente a la Cumbre del Belicismo de los poderosos, da rubor ajeno y propio, como minimo, porque también da mucha bronca que se tire esa cantidad ingente de dinero en armas para matar en vez de en ayudas para vivir.
Lo único bueno si algo se puede rescatar de este espectáculo de entreguismo al imperio, es que el brillo fue para Sánchez, Macron o Biden. La ausencia de Ayuso la del gatillazo en Miami, de Feijóo y su insignificancia, de Marine Le Pen y del golpista de estado Tronal Gump son tan notables, como proverbiales y felices.
A todo esto, me place apuntar, que soy votante y activista de las virtudes del partido del Presidente Sánchez, así como frente a la ignominia del trumpismo, y siempre en clave de política interna de los Estados Unidos, fui contribuyente de la campaña de Joe Biden y aún me considero un fiel "supporter".
Se acabaron las mascarillas, se silenciaron los aplausos a los sanitarios, hoy suenan los tambores de la industria armamentista y los vivas son para el emperador, y para el dios Ares.
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