opinion critica.
Año Nuevo.
Aunque el movimiento de traslación de este cuerpo celeste que habitamos, alrededor del astro mayor, no revista una importancia más relevante que el acceso a las licencias etílicas propias de estas fechas, y la conquista de una buena excusa para poner en marcha el abrazo postergado, lo cierto es que cualquier medida de tiempo que se nos ocurra, se presenta propicia, como para al menos por esta vez, detenernos ante este final de año y principio del 2012, y desearnos mutuamente un año nuevo, que si bien no inclinado hacia la prosperidad, que al menos se consiga encausar hacia el final de esta inmensa crisis, la cual en algunos hogares se lleva más esperanzas que en otros y en algunos lugares, se lleva incluso el pan de las canastas.
En Europa la preocupación máxima pasa por los costes que tendrá la crisis en materia de recortes de beneficios sociales, y esa preocupación es propiedad de los más desfavorecidos. Ya que fundamentalmente en este sector, es donde resulta más fácil colectar dinero. Entre otras razones, porque es el más acuciado por los diferentes temores frente al futuro, y quienes más proclives son a acatar órdenes en tiempos de peligro. Y en segunda porque esta franja de la población, tan mayoritaria, está perfectamente ubicada y están controlados sus ingresos, tanto los de los asalariados como autónomos. Existe el desconcierto generalizado de que no se les va a pedir el más mínimo esfuerzo económico a los causantes. Curiosamente el proletariado, manifiestamente opuesto a reivindicarse como tal hasta bien entrada la crisis, ahora , aunque aún desconcertado y buscando un hito orientativo, sin embargo empieza a reconocerse en las preocupaciones propias de su clase, encontrándose tan familiarizados con esa incertidumbre, que aunque en un principio tenga visos de tragedia social, quizás no sea otra cosa que el feliz hallazgo del alma perdida. O la conciencia de clase.
Desaparecido hace décadas el influjo comunista en los asalariados europeos, solo era cuestión de tiempo asistir al desarme del andamiaje, concebido para equilibrar la improbable seducción de las promesas que se vendían desde el marxismo.
Nada mejor que esta ingente crisis para llevarse por delante tales beneficios.
El año comenzará con cambio de signo en el gobierno de España, y con las constantes de la economía en serio riesgo de colapso. Con las elecciones en Francia donde todo parece indicar que ni haciendo uso del charme de Carla Bruni, Sarkozy conseguirá remontar las encuestas que le dan por polizonte en el palacio del Elíseo, con todo lo que desde el país galo está en juego en política interior y exterior, que conjuntamente con Alemania comandan la salvación de la moneda única, o la creación de dos uniones europeas de diferentes categorías.
Mientras en Rusia, también se preparan para unas elecciones, con abucheos incluidos a Putin por primera vez desde que ejerce el mandato, con una clase nacida a la sombra de la creciente anarquía en los mecanismos de control del desarrollo socio económico, y otra clase que paulatinamente ha ido abandonando la vergüenza, a mostrarse nostálgicos de tiempos pasados, como certificado de su fracaso en la sociedad de la valía individual.
Del otro lado del Atlántico, aún en Occidente, los Estados Unidos se enfrentan a las elecciones más desabridas de su Historia reciente, deberán evaluar al presidente actual, sin haber tenido este la oportunidad de aplicar casi ninguno de los planes que lo llevaron al poder. Si bien es cierto, que gracias a esa crisis a la que se percibió como culpable a Bush, es que obtuvo los votos para gobernar.
Aunque en apariencia fue hijo de la esperanza, lo era del desencanto.
Obama asumió la responsabilidad de conducir los destinos de los norteamericanos, en el epicentro de la crisis económica, no tuvo ni siquiera la oportunidad con la que contó José Luis Rodríguez Zapatero en su primera legislatura, de proveerse de un baño de simpatía durante el período de vacas gordas, y la oposición norteamericana mostró una agresividad hacia el presidente poco frecuente en aquel país, donde en muchas ocasiones resultan irreconciliables las políticas de demócratas y republicanos, pero ello no impedía que una vez acabado el partido , se soliese tomar al ganador como el presidente de todos los norteamericanos, y así se aceptaba y respetaba por el bien común , con alegría o a regañadientes, pero aceptando al nuevo director de orquesta.
El discurso de Obama no tiene sentido en la continuidad del “ Yes, we can”, ya que no haría sino recordar las promesas naufragadas, y cualquier otra arenga que se aleje de su perfil inicial, resultaría inocuo en el estéril terreno de la clase media, más enfadada que preocupada, y sería contraproducente en su semillero de gente humilde.
Otras economías y realidades sensiblemente más optimistas y prósperas que las anteriores esperan se abra paso definitivamente este 2012, para ir tomando el mando del tren de la economía mundial, que salvo un imprevisto improbable, les tocará conducir por largo tiempo.
China encabeza este grupo de naciones, con varios retos entre sus objetivos. Primero, afianzarse el consumo interno para lo cual además de propiciarlo a través de la participación del pueblo chino en la ganancia de de dinero, y el desarrollo de diferencias socio económicas, legislando sobre deberes y derechos de las futuras clases sociales. Y entender que el mastodóntico ritmo del crecimiento macroeconómico que llevan, está condenado a detenerse, en pos del novedoso y veloz desarrollo interno y el acceso a la mejoría en la calidad de vida de los ciudadanos, y decidir que hacer con el férreo control de la población cada vez más difícil de aplicar, a fin de mantener la mano de obra barata, y el poder en los mismos nichos de manera peligrosamente indefinida.
La India y Brasil, aunque de composiciones muy diferentes, presentan precisamente las necesidades inversas, ganar en uniformidad y cohesión entre sus grupos sociales, tan abismalmente distanciados.
Un foco de atención de particular interés en el año que se avecina, es que les traerá santa Claus, a los habitantes de la isla de Cuba.
Será importante evaluar, la suerte que corran las medidas que se empiezan a implementar, dirigidas por la vieja guardia, en la economía cubana. El rumbo que adquieran en la práctica las medidas de liberación de áreas de comercio , que hasta ahora permanecían en el ámbito estrictamente estatal, serán observados con atención durante este año crucial. Mientras que se observa con intranquilidad, la ausencia de propuestas en esa gran materia pendiente, que es la democratización de la sociedad cubana. La apertura a la participación en la política nacional de las diferentes corrientes de pensamientos, tanto en las formaciones de partidos políticos, como en la libre expresión pública de las ideas.
Igualmente interesante resultará apreciar, si los países de América Latina todos, tanto los presididos por gobiernos de expresión populista, o de izquierdas, como los tradicionalistas, o conservadores, consiguen abandonar el lastre histórico del caudillismo, de la apropiación del poder absoluto, de la actitud personalista y mesiánica en la forma de hacer y entender la política.
Brindo por que en este año que se avecina, comience una decidida andadura en América Latina, hacia la erradicación de las abismales diferencias sociales, la corrupción y la intolerancia, a través del uso de la participación ciudadana de manera pacifica, mediante la reflexión y la pausa.
Mientras el planeta Tierra cumplimente un nuevo giro al Sol, los hombres comerán y beberán celebrando el fin de la última frustración.
Dentro de todo.
Mejor no prepararse demasiado.
Una vez acabado el debate de ambos candidatos a presidentes del gobierno de España, lo que nos puede quedar meridianamente claro es una cosa: que seremos conducidos por personas que toda su vida han estado en la política pero en un segundo plano, como asistentes, ministros, soldados de campo, o simplemente consejeros de los verdaderos líderes de sus partidos, los llamados a ser presidentes. Y que por alguna buena razón terminaron siendo los invitados al poder, en un caso directamente colocado como sucesor, y en el otro sugerido hacha en mano.
Se puede destacar, que ambos candidatos suplieron en el poder, a unos líderes que si bien eran naturales e indiscutibles, también estaban compuestos de esa pasta anodina de los políticos que son más bien tecnócratas , en contraste con los rasgos carismáticos tradicionales de los conductores de masas del siglo XX.
Con lo cual era de esperar un debate de escasísimo entusiasmo, poco profundo, nada duradero. Pero es que caló tan poco, que no llegó siquiera a saciar la expectativa de pasatiempo nocturno. Es verdad, que postergué una conversación que tenía pactada para hoy, para poder ver todo lo que acontecía alrededor del evento, pero no es menos cierto, que tanto mi mujer como yo logramos evitar el bostezo, ella enganchada a su Twitter en la red, y yo respondiendo mails atrasados,
No fue apto para ávidos consumidores de las buenas movidas dialécticas. Ni mereció siquiera ser cambiado por un torneo del masters 1000 que emitía otra cadena. Pero una vez deglutido; se podría admitir que hubo algunos pequeños rasgos a reseñar. Algún reborde con brillo, en esa otra cara de la moneda, a la que casi por sistema recurro, con la ilusión de encontrar lo que por ningún lado se ofrece.
Prefiero por siempre pecar de inocente que correr el riesgo de perderme, desde la primera fila, el fenómeno de la bondad humana.
El opuesto de la verdad, decía Buñuel, no es la mentira, sino la razón.
La ausencia de agresiones de corte ofensivo , a la que tan aficionados son nuestros políticos mediterráneos, así como la falta de un plan de destrucción del adversario, basándose en asuntos personales resultaron notables. Más que estar consensuados puntillosamente parecían ser producto, de una espontánea saturación de las conductas corrosivas.
Hubo interpelaciones, hubo críticas, pero ninguna de aquellas que dejan los nudillos y mandíbulas contraídos, o los hombros en falsa escuadra.
Evitaron tirarse los trapos más sucios del acontecer nacional y de dominio público a la cara, declinando los rutilantes aplausos de su respectiva parroquia.
No se acusaron con sus pertinentes y grotescos casos de corrupción, ni con los más gruesos y conocidos errores del pasado, ni se enzarzaron en una disputa para apropiarse del copyright del final de la violencia armada en el país Vasco.
Parecía haber respeto mutuo. Todo se convertía en un gran bostezo.
Cerraron el debate, con proposiciones de ayudarse mutuamente en los asuntos más importantes, aquellos donde las papas queman actualmente. Se propusieron diagramar un esquema de productividad laboral, y continuar dando los pasos necesarios en la consolidación de la paz con ETA.
Inmediatamente después de terminar, leí y escuché todas las opiniones que pude, vertidas desde la inmediatez, como mi impresión inicial, usando los patrones clásicos para medir el antagonismo.
La tribal rabia al rival.
En los medios informativos de la izquierda se daba por ganador a Rubalcaba por amplia diferencia, y en los de la vereda de enfrente a Rajoy por idéntico margen.
Horas más tarde me percaté de que ya no siento la misma desconfianza y desazón que sentía, frente al más que posible período de políticas conservadoras que se nos avecina, las cuales percibo como el arribo de la plaga del Tea Party ibérico, el expolio de las hordas neo cons.
Acaso estos políticos alejados de esas grandilocuentes frases, de esas brillantes exposiciones, de los debates apasionados, justamente a merced de sus condiciones como ayudantes de los líderes natos, y en la necesidad natural de contar con el otro como razón de ser; les haya sido dado con mayor facilidad, que a los egos insaciables, el entender que para salir de esta situación nos necesitaremos todos, y quizás les haya resultado incluso más sencillo deponer las actitudes soberbias, acorde con sus naturalezas más proclives al servicio que a la vanidad.
Y este somnífero, haya sido entonces el mejor debate posible de todos los que se podían producir.
O quizás, como tantas otras veces, termine dándome de bruces con la realidad, y este sea uno más de esos espejismos, a los que la búsqueda del positivismo en la otra cara de la moneda me acerca, cada vez que percibo el riesgo de que el azul, termine convirtiendose en gris.
En cuyo caso, siempre nos quedará la sentencia de Buñuel.
Cruces de barro al sol.
El motivo que me llevó a opinar en voz alta, acerca de mi experiencia en lo que convine llamar, bajo el peso de un mito o bajo la sombra del Che, es exactamente reflexionar sobre eso, sin más.
Dejando claro que creo, que una revolución social violenta, es un acto que aporta mayor destrucción que construcción, más involución que evolución, y que no concuerdo con casi ninguna arista de lo que terminó siendo la realidad socialista. No me refiero a concordar intelectualmente desde una situación de comodidad pequeño burguesa, lo cual es fácil y hasta coqueto, sino a vivir el incordio de toda esa cantidad de carencias, restricciones y premisas.
Pero fundamentalmente me interesaba hacer hincapié, en que precisamente lo que hizo grande a Ernesto, era su capacidad de discernir, de pensar por si mismo, de reconocer una injusticia donde sea que estuviere, de decidir que libros leer, que ideología abrazar, que modo de vida llevar.
Y justamente elevando a categoría cada pasaje de su vida, canonizándolo, es la mejor manera de negar su mayor aporte, de matarlo después de fallecido. Hacer un altar a sus decisiones, que tomó en medio del movimiento, en la probeta que es la vida, cargado de dudas por un lado, y voluntad del otro, es vestirlo de su antítesis, el respeto reverencial al pasado, al inmovilismo.
Si algún ejemplo siento que nos legó a los inquietos, es que hiciésemos lo que creyésemos correcto, por encima de los convencionalismos y las recomendaciones de los poderosos.
Hasta que apareció un nuevo elemento en escena.
De repente empecé a sentir que mi discurso y mis convicciones, tan celosamente guardadas y mimadas durante tanto tiempo, y travesía, comenzaban a temblar, a tiritar de frío, a palidecer al atestiguar la paulatina desaparición de los fundamentos a que se sujetaban. El agotamiento de las reservas de su alpiste.
Esto fue a raíz de una serie de apariciones públicas de mi viejo, de manera súbita, hablando sobre la figura de su hermano Ernesto, y para mi sorpresa en un tono muy conciliador con el resto de los guevaristas que no son necesariamente, comunistas ni mucho menos fidelistas.
Un año después, de mi decisión de hacer una descarga de material inflamable de mis maltrechas espaldas, y aportar mis ideas y puntos de vista, más bien marginales y en ciertos casos enfrentados al decálogo guevarista de mi familia, del gobierno cubano, y de ciertas posiciones en apariencia, estrictas y anacrónicas de la izquierda latinoamericana.
Declaro que:
Desde que tengo uso de razón rechazo la violencia como vehículo de expresión, ni siquiera como respuesta a la violencia institucional ni de ningún otro tipo. Encuentro de muy escaso vuelo tener que explicar, que matando a los que matan no se mejora en absoluto el panorama.
Que si se procede a la venganza, allí donde existía sólo un hecho lamentable, habrá que contar dos.
Siempre sobre la premisa de que combatir el canibalismo comiendo caníbales es un método infructuoso. Y difícilmente presentable.
O quizás mi hincapié en la solución pacifica de las cosas, sólo se deba a un miedo instintivo al dolor, los golpes, la sangre. Y todo lo demás constituya una conveniente verborragia en que apoyar mis escasos impulsos temerarios.
Con el paso del tiempo, mientras crecía y evitaba ahogarme en ron, empecé a ver muchas carencias, fallos y perversiones en la sociedad cubana, que para nosotros debía constituir un ejemplo, el objetivo al que debía aspirar el mundo y en particular América Latina.
Nada, excepto la alfabetización de la totalidad de las personas, y la distribución equitativa de la pobreza, tenía el aspecto a simple vista de conducir a una sociedad donde el hombre se sintiese pleno, realizado.
La diferencia era condenatoria, el disenso se pagaba con tiempo, la deserción con sangre. El que deseara abandonar el país, era una basura, una escoria social, un elemento indeseado por contrarrevolucionario.
Pero, Eureka!, vaya contradicción!, si quien pensase así , plantease que ya que él era inapropiado para la construcción del socialismo, lo mejor para todos, sería que se fuese de la isla, le decían que de ninguna manera se podría aceptar, que eso constituiría una traición, y si se tiraba al agua para alcanzar la orilla de la Florida a nado con un neumático de coche para no ocasionar gasto alguno al Estado, lo atrapaban y lo enviaban a cumplir años de prisión por deserción e intento de fuga, al lado de un buen ramillete de presos, guardados por leyes igualmente caprichosas.
A cada héroe de la revolución había que adorarlo como a Antonio Maceo. El Titán de Bronce.
Se exigía a todos los niveles, que los muertos por la revolución fuesen tratados acorde a ese rango metálico. Y a los vivos había que tratarlos con más cariño aún, ya que cualquier critica hacia ellos podría progresar de manera inconveniente.
Pues estos tres hitos, uno por uno los derrumbó de su discurso mi padre en sus recientes entrevistas, una escrita y una televisada que con motivo del 44 aniversario de la muerte del Che, concedió a los medios, siendo además de las primeras veces que se lanza a hablar públicamente sobre el tema, y sobre su propia vida, tanto o más rica en acontecimientos, de índole personal pero también pertinentes a la Historia reciente argentina.
Quiero decir que considero a mi viejo, no sólo una de las personas más autorizadas para hablar sobre lo que entiende, son los valores a rescatar de Ernesto, sino que pineso incluso, que era momento de que lo hiciese, y que aportaría mucho hablando de ello, también, auqnue entiendo que es un tema muy personal, aportaría escribiendo o hablando sobre su período en prisión, sus vivencias, con la compañía de más presos políticos, pero en absoluto por otro tipo de apoyo, que no fuese la fuerza y las agallas que su hermana Celia, le donaba, desde cualquier tribuna que le cediesen para ello, en cualquier parte del mundo Occidental, en cualquier sitio que no fuese un país de la órbita soviética.
Siendo cierto, que me alegró más que nada el tono usado y el mismo hecho de que hablase, resultaba imposible pasar por alto los tres hitos anteriormente señalados, a saber: 1) Que no es necesaria la violencia para hacer cambios positivos en la política, 2), Que el valor más preciado en su educación familiar y en la de Ernesto, es que nada se daba por sentado en aquella casa, que no existía la imposición de una idea por parte de mis abuelos en el seno de la familia, que no se ganaba una discusión venciendo , sino convenciendo. Y 3) Que ni el Che ni nadie debía ser tratado como un mito, como un héroe intocable, una especie de titán de bronce o un de semidiós devorador del rock’n’roll.
¡Justamente todo lo contrario a lo que se había hecho y predicado durante cincuenta años por cubanos del poder y acólitos!. Me sentí muy bien al leer aquello, aunque ni mucho menos, ese sea el tema que me ocupa exclusivamente. Incluso me permite disgregarme con mayor ligereza de la especialización en ese ítem.
Lo que no puedo negar que lamenté un poco, fue que no se hubiesen manifestado con anterioridad, ya que esto, unido a los reformismos extremistas de Raúl y Fidel, y el ulterior halo judeo cristiano de sus discursos actuales, tan alejados de la retórica marxista leninista, dudo no solo ya , que semejante tolerancia me hubiese mantenido desafecto a esa Revolución, sino que comienzo a pensar, que lo más probable incluso, es que me habría terminado ubicando a su izquierda.
Que horror! Con lo que me gustan el jamón, los sofás mullidos y llegar hasta donde nace el arcoíris y se apaga el eco.
Rascar la roncha.
Un niño que pasea por el bosque, ve a una serpiente que se acerca reptando a un ratón que se entretiene con un insecto antes de engullirlo, y se llena de compasión por el pequeño roedor.
Quizás mi rechazo al régimen cubano, y del que formó parte activa mi tío, haya tenido origen en un rollo familiar , al constatar que una y otra vez partir hacia una heroica Revolución, era motivo más que justificado y suficiente para que los progenitores abandonasen a sus críos. Teóricamente para dar un mejor futuro, una vida digna y feliz a unos niños que residían a miles de kilómetros, negándosela a los propios.
Y digo teóricamente porque jamás supe de un solo niño al que le haya llegado una porción mayor de bienestar a causa de los disparos e fusiles, en las ciudades, selvas y páramos en donde se desarrollare una lucha revolucionaria. En cambio conocí de cerca la soledad y confusión en que quedaban lo vástagos de los guerreros del bien.
Con el paso del tiempo y de modo gradual, lo que había significado una antipatía como reflejo natural a lo que me causaba desprotección, fue revirtiendo en una toma de conciencia de que para solucionar algún problema, por más intenso que sea, por más dolor que este nos haya causado, o se hace desde el amor a los demás, o mejor será que nos cuidemos mucho de secundar dichas aparentes buenas intenciones.
Al principio, cuando era niño, sentía una mala vibración hacia Fidel , hacia la revolución cubana y la mundial porque había alejado a mis padres de mi. Porque se había truncado la vida ordinaria en un punto. A cualquier precio preferían a la Revolución que a sus hijos, no éramos lo suficientemente importantes como para compararnos a aquellos hambrientos, a los que dificilmente conseguirían alimentar.
Si un cubano quería adquirir lo mismo que sus semejantes humanos de otras nacionalidades, en su propio país, corrían el riesgo de ser también considerados peligrosos, y por ende sumidos en el ostracismo o encarcelados.
Si a un cubano se le ocurría tener una idea diferente del Partido de cómo dirigir los destinos de país, era encarcelado por una cantidad ingente de años.
Si además la idea comprendía una crítica pacífica a Fidel y a sus actos y políticas este ciudadano corría riesgos aún mucho más serios.
Si quería escuchar rock , era debido a una debilidad ideológica que lo aproximaba a al enemigo. Si quería vestirse con ropa de moda, también.
No tuve escapatoria, intenté ver el problema de frente.
Tras la intolerancia, la represión, la violencia, es poco probable que nos esté esperando la sociedad del confort y la felicidad.
Hay que cambiar el mundo, primero, dentro de cada uno de nosotros mismos, y luego dentro de nosotros otra vez, porque es allí donde la revolución espera, es allí donde el cambio surtirá efectos, es allí donde la esperanza reside.
Comerse a los caníbales resulta, además de una acreditada muestra de mal gusto, un procedimiento de dudosa efectividad como método para combatir el canibalismo.
90 Millas
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