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8 noviembre 2011 2 08 /11 /noviembre /2011 01:59

 

 

 

 

 

Mejor no prepararse demasiado.

Una vez acabado el debate de ambos candidatos a presidentes del gobierno de España, lo que nos puede quedar meridianamente claro  es una cosa: que seremos conducidos por personas que toda su vida han estado en la política pero en un segundo plano, como asistentes, ministros, soldados de campo,  o simplemente consejeros de los verdaderos líderes de sus partidos, los llamados a ser presidentes. Y que por alguna buena razón terminaron siendo los invitados al poder, en un caso directamente colocado como sucesor, y en el otro sugerido hacha en mano.

Se puede destacar, que ambos candidatos suplieron en el poder, a unos líderes que si bien eran naturales e indiscutibles, también  estaban compuestos de esa pasta anodina de los políticos  que son más bien tecnócratas , en contraste con los rasgos carismáticos tradicionales de los conductores de masas  del siglo XX.

Con lo cual era de esperar un debate de escasísimo entusiasmo, poco profundo, nada duradero. Pero es que caló tan poco, que no llegó siquiera a saciar la expectativa de pasatiempo nocturno. Es verdad, que postergué una conversación que tenía pactada para hoy, para poder ver todo lo que acontecía alrededor del evento, pero no es menos cierto, que tanto mi mujer como yo logramos evitar el bostezo,  ella enganchada a su Twitter en la red, y yo respondiendo mails atrasados, 

No fue apto para ávidos consumidores de las buenas movidas dialécticas. Ni mereció siquiera ser cambiado por un torneo del masters 1000 que emitía otra cadena. Pero una vez deglutido;  se podría admitir que hubo algunos pequeños rasgos a reseñar. Algún reborde con brillo, en esa otra cara de la moneda, a la que casi por sistema recurro, con la ilusión de encontrar lo que por ningún lado se ofrece.

Prefiero por siempre pecar de inocente que correr el riesgo de perderme, desde la primera fila, el fenómeno de la bondad humana.

El opuesto de la verdad, decía Buñuel, no es la mentira, sino la razón.

La ausencia de agresiones de corte ofensivo , a la que tan aficionados son  nuestros políticos mediterráneos, así como la falta de un plan de destrucción del adversario, basándose en asuntos personales resultaron notables. Más que estar consensuados puntillosamente parecían ser producto, de una espontánea saturación  de las conductas corrosivas.

Hubo interpelaciones, hubo críticas, pero ninguna de aquellas que dejan los nudillos y mandíbulas contraídos, o los hombros en falsa escuadra.

Evitaron tirarse los trapos más sucios del acontecer nacional y de dominio público a la cara, declinando los rutilantes aplausos de su respectiva parroquia.

No se acusaron con sus pertinentes y grotescos casos de corrupción,  ni con los  más gruesos y conocidos errores del pasado, ni se enzarzaron en una disputa para apropiarse del copyright del final de la violencia armada en el país Vasco.

Parecía haber respeto mutuo. Todo se convertía en un gran bostezo.

Cerraron el debate, con proposiciones de ayudarse mutuamente en los asuntos más importantes, aquellos donde las papas queman actualmente. Se propusieron diagramar un esquema de productividad laboral, y continuar dando los pasos necesarios en la consolidación de la paz con ETA.

Inmediatamente después de terminar, leí y escuché todas las opiniones que pude, vertidas desde la inmediatez, como mi impresión inicial, usando los patrones clásicos para medir el antagonismo.

La tribal rabia al rival.

En los medios informativos de la izquierda se daba por ganador a Rubalcaba por amplia diferencia, y en los de la vereda de enfrente a Rajoy por idéntico margen. 

 

Horas más tarde me percaté de que ya no siento la misma  desconfianza y desazón que sentía, frente al más que posible período de políticas  conservadoras que se nos avecina, las cuales percibo como el arribo  de la plaga del Tea Party ibérico, el expolio de las hordas neo cons.

Acaso estos políticos alejados de esas grandilocuentes frases, de esas brillantes exposiciones, de los debates apasionados, justamente a merced de sus  condiciones como ayudantes de los líderes natos, y en la necesidad natural de contar con el otro como razón de ser;  les haya sido dado con mayor facilidad,  que a los egos insaciables, el entender que para salir de esta situación nos necesitaremos todos, y quizás les haya resultado incluso más sencillo deponer las actitudes soberbias, acorde con sus naturalezas más proclives al servicio que a la vanidad.

Y este somnífero, haya sido entonces el mejor debate posible de todos los que se podían producir.

O quizás, como tantas otras veces, termine dándome de bruces con la realidad, y este sea uno más de esos espejismos, a los que la búsqueda del positivismo en la otra cara de la moneda me acerca, cada vez que percibo el riesgo de que el azul, termine convirtiendose en gris.

En cuyo caso, siempre nos quedará la sentencia de Buñuel.

 

 

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Published by martinguevara - en Opinion crítica.
14 octubre 2011 5 14 /10 /octubre /2011 23:35

 

 

El motivo que me llevó a opinar en voz alta,  acerca de mi experiencia en lo que convine llamar, bajo el peso de un mito o bajo la sombra del Che, es exactamente reflexionar sobre eso, sin más.

Dejando claro que creo, que una revolución social violenta, es un acto que aporta mayor destrucción que construcción, más involución que evolución, y que no concuerdo con casi ninguna arista de lo que terminó siendo la realidad socialista. No me refiero a concordar intelectualmente desde una situación de comodidad pequeño burguesa, lo cual es fácil y hasta coqueto, sino a vivir el incordio de toda esa cantidad de carencias, restricciones y premisas.

Pero fundamentalmente me interesaba hacer hincapié, en que precisamente lo que hizo grande a Ernesto, era su capacidad de discernir, de pensar por si mismo, de reconocer una injusticia donde sea que estuviere, de decidir que libros leer,  que ideología abrazar, que modo de vida llevar.

Y justamente elevando a categoría cada pasaje de su vida, canonizándolo, es la mejor manera de negar su mayor aporte, de matarlo después de fallecido. Hacer un altar a sus decisiones, que tomó  en medio del movimiento, en la probeta que es la vida, cargado  de dudas por un lado, y voluntad del otro, es vestirlo de su antítesis, el respeto reverencial al pasado, al inmovilismo.

Si algún ejemplo siento que nos legó a los inquietos, es que hiciésemos  lo que creyésemos correcto, por encima de los convencionalismos y las recomendaciones de los poderosos.

Hasta que apareció un nuevo elemento en escena.

De repente empecé a sentir que mi discurso y mis convicciones, tan celosamente guardadas y mimadas durante  tanto tiempo, y travesía, comenzaban a temblar, a tiritar de frío, a palidecer al atestiguar la paulatina desaparición de los fundamentos a que se sujetaban. El agotamiento de las reservas de su alpiste.

Esto fue a raíz de una serie de apariciones públicas de mi viejo, de manera súbita, hablando sobre la figura de su hermano  Ernesto, y para mi sorpresa en un tono muy conciliador con el resto de los guevaristas que no son necesariamente,  comunistas ni mucho menos fidelistas.

Un año después, de mi decisión de hacer una descarga de material inflamable de mis maltrechas espaldas, y aportar mis ideas y puntos de vista, más bien marginales y en ciertos casos enfrentados al decálogo guevarista de mi familia, del gobierno cubano, y de ciertas posiciones en apariencia, estrictas y anacrónicas de la izquierda latinoamericana.

 Declaro que:

Desde que tengo uso de razón rechazo la violencia como vehículo de expresión, ni siquiera como respuesta a la violencia institucional ni de ningún otro tipo. Encuentro de muy escaso vuelo tener que explicar, que matando a los que matan no se mejora en absoluto el panorama.

Que si se procede a la venganza, allí donde existía sólo un hecho lamentable, habrá que contar dos.

Siempre sobre la premisa de que combatir el canibalismo comiendo caníbales es un método infructuoso. Y difícilmente presentable.

O quizás mi hincapié en la solución pacifica de las cosas, sólo se deba a un miedo instintivo al dolor, los golpes, la sangre. Y todo lo demás constituya una conveniente verborragia en que apoyar mis escasos impulsos temerarios.

 

Con el paso del tiempo, mientras crecía y evitaba ahogarme en ron, empecé a ver muchas carencias, fallos y perversiones  en la sociedad cubana, que para nosotros debía constituir un ejemplo, el objetivo al que debía aspirar el mundo y en particular América Latina.

Nada, excepto la alfabetización de la totalidad de las personas, y la distribución equitativa de la pobreza, tenía el aspecto a simple vista de conducir a una sociedad donde el hombre se sintiese pleno, realizado.

La diferencia era condenatoria, el disenso se pagaba con tiempo, la deserción con sangre. El que deseara abandonar el país, era una basura, una escoria social, un elemento indeseado por contrarrevolucionario.

 Pero, Eureka!, vaya contradicción!, si quien pensase así , plantease que ya que él era inapropiado para la construcción del socialismo, lo mejor para todos, sería que se fuese de la isla, le decían que de ninguna manera se podría aceptar, que eso constituiría una traición, y si se tiraba al agua para alcanzar la orilla de la Florida a nado con un neumático de coche para no ocasionar gasto alguno al Estado, lo atrapaban y lo enviaban a cumplir años de prisión por deserción e intento de fuga, al lado de un buen ramillete de presos, guardados por leyes igualmente caprichosas.

A cada héroe de la revolución había que adorarlo como a Antonio Maceo. El Titán de Bronce.

Se exigía a todos los niveles, que los muertos por la revolución fuesen tratados acorde a ese rango metálico. Y  a los vivos había que tratarlos con más cariño aún, ya que cualquier critica hacia ellos podría progresar de manera inconveniente.

Pues estos tres hitos, uno por uno los derrumbó de su discurso mi padre en sus recientes  entrevistas, una escrita y una televisada que con motivo del 44 aniversario de la muerte del Che, concedió a los medios, siendo además de las primeras veces que se lanza a hablar públicamente sobre el tema, y sobre su propia vida, tanto o más rica en acontecimientos, de índole personal pero también pertinentes a la Historia reciente argentina.

Quiero decir que considero a mi viejo, no sólo una de las personas más autorizadas para hablar sobre lo que entiende, son los valores a rescatar de Ernesto, sino que pineso incluso, que era momento de que lo hiciese, y que aportaría mucho hablando de ello, también, auqnue entiendo que es un tema muy personal, aportaría escribiendo o hablando sobre su período en prisión, sus vivencias, con la compañía de más presos políticos, pero en absoluto por otro tipo de apoyo, que no fuese la fuerza y las agallas que su hermana Celia, le donaba, desde cualquier tribuna que le cediesen para ello, en cualquier parte del mundo Occidental, en cualquier sitio que no fuese un país de la órbita soviética. 

Siendo cierto, que me alegró más que nada el tono usado y el mismo hecho de que hablase, resultaba imposible pasar por alto los tres hitos anteriormente señalados,  a saber: 1) Que no es necesaria la violencia para hacer cambios positivos en la política, 2), Que el valor más preciado en su educación familiar y en la de Ernesto, es  que nada se daba por sentado en aquella casa, que no existía la imposición de una idea por parte de mis abuelos en el seno de la familia, que no se ganaba una discusión venciendo , sino convenciendo. Y 3) Que ni el Che ni nadie debía ser tratado como un mito, como un héroe intocable, una especie de titán de bronce o un de semidiós devorador del rock’n’roll.

¡Justamente todo lo contrario a lo que se había hecho y predicado durante cincuenta años por cubanos del poder y acólitos!. Me sentí muy bien al leer aquello, aunque ni mucho menos, ese sea el tema que me ocupa exclusivamente.  Incluso me permite disgregarme con mayor ligereza de la especialización en ese ítem.

 Lo que no puedo negar que lamenté un poco, fue  que no se hubiesen manifestado con anterioridad, ya que esto, unido a los reformismos extremistas de Raúl y Fidel, y el ulterior halo judeo cristiano de sus discursos actuales,  tan alejados de la retórica marxista leninista, dudo no solo ya , que semejante tolerancia me hubiese mantenido desafecto a esa Revolución, sino que comienzo a pensar, que lo más probable incluso, es que me habría terminado ubicando a su izquierda.

Que horror! Con lo que me gustan el jamón, los sofás mullidos y llegar hasta donde nace el arcoíris y se apaga el eco.

  

 

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Published by martinguevara - en Opinion crítica.
14 septiembre 2011 3 14 /09 /septiembre /2011 00:09

 

Un niño que pasea por el bosque,  ve a una serpiente que se acerca reptando a un ratón que se entretiene con un insecto antes de engullirlo, y se llena de compasión por el pequeño roedor.

Quizás mi rechazo al régimen cubano,  y del que formó parte activa mi tío, haya tenido origen en un rollo familiar , al constatar que una y otra vez partir hacia una heroica Revolución, era motivo más que justificado y suficiente para que los progenitores abandonasen a sus críos. Teóricamente para dar un mejor futuro, una vida digna y feliz a unos niños que residían a miles de kilómetros, negándosela a los propios.

Y digo teóricamente porque jamás supe de un solo niño al que le haya llegado una porción mayor de bienestar a causa de los disparos e fusiles, en las ciudades, selvas y páramos en donde se desarrollare una lucha revolucionaria. En cambio conocí de cerca la soledad y confusión en que quedaban lo vástagos de los guerreros del bien.

Con el paso del tiempo y de modo gradual, lo que había significado una antipatía como reflejo natural a lo que me causaba desprotección, fue revirtiendo en una toma de conciencia de que para solucionar algún problema, por más intenso que sea, por más dolor que este nos haya causado, o se hace desde el amor a los demás, o mejor será que nos cuidemos mucho de secundar dichas aparentes buenas intenciones.

Al principio, cuando era niño, sentía una mala vibración hacia Fidel , hacia  la revolución cubana y la mundial porque había alejado a mis padres de mi. Porque se había truncado la vida ordinaria en un punto. A cualquier precio preferían a la Revolución que a sus hijos, no éramos lo suficientemente importantes como para compararnos a aquellos hambrientos, a los que dificilmente conseguirían alimentar.

Si un cubano quería adquirir lo mismo que sus semejantes humanos de otras nacionalidades, en su propio país, corrían el riesgo de ser también considerados peligrosos, y por ende sumidos en el ostracismo o encarcelados.

Si a un cubano se le ocurría tener una idea diferente del Partido de cómo dirigir los destinos de país, era encarcelado por una cantidad ingente de años.

Si además la idea comprendía una crítica pacífica a  Fidel y a sus actos y políticas este ciudadano corría riesgos aún mucho más serios.

Si quería escuchar rock , era debido a una debilidad ideológica que lo aproximaba a al enemigo. Si quería vestirse con ropa de moda, también.

No tuve escapatoria, intenté ver el problema de frente.

Tras  la intolerancia, la represión,  la violencia, es poco probable que nos esté esperando  la sociedad del confort y la felicidad.

Hay que cambiar el mundo, primero,  dentro de cada uno de nosotros mismos, y luego dentro de nosotros otra vez, porque es allí donde la revolución espera, es allí donde el cambio surtirá efectos, es allí donde la esperanza reside. 

Comerse a los caníbales resulta, además de una acreditada muestra de mal gusto, un procedimiento de dudosa efectividad como método para combatir el canibalismo. 

 


 

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Published by martinguevara - en Opinion crítica.
12 septiembre 2011 1 12 /09 /septiembre /2011 14:15

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Entrevista realizada por Infobae. 

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Published by martinguevara - en Opinion crítica.
11 septiembre 2011 7 11 /09 /septiembre /2011 20:49

 

El revuelo a merced del concierto de Pablo Milanés en Miami me invitó a revisar viejas conclusiones , desempolvarlas e incorporarles los ingredientes frescos que la actualidad obliga, y me llevó a formularme nuevas preguntas, para dejar que el tiempo se encargue de responderlas.

A través de FB asistí a un fenómeno que me gustaría compartir. Ciertos amigos cubanos ligados a la cultura que viven en Miami o en alguna otra ciudad norteamericana, se manifestaron muy contentos de poder ir a verlo, y a partir de postear sus alegrías en los diferentes muros, crearon foros de discusión y debate, donde el tema principal giraba en torno al perdón, a la comprensión, o a la desvinculación del artista con el hombre, la disección necesaria para admirar a Shakespeare, a Bach o a Mozart, ejercicio sin el cual quedarían tan manchados de un a reputación de obsecuentes y genuflexos que complicaría la posterior digestión de sus obras. Aunque claro, con una sensible diferencia lo suficiente notoria como para apuntarla,  Bach cuando la iglesia perdió fuelle no se convirtió repentinamente en un hereje  y empezó a blasfemar, sino que por el contrario en Leipzig, fue capaz de elegir veinte y pico de días en un calabozo, antes que tocar una pieza profana para el príncipe de turno. Shakespeare y Mozart permanecieron monárquicos y cercanos al poder  hasta el fin de sus días.

Pablito y Silvio convenientemente y con un sentido de la oportunidad brillante han conseguido sembrar las semillas del mercado, en el mismo escenario al que llamaban, con un ímpetu que hoy se está, felizmente, borrando a pasos muy aligerados, "tierra de gusanos", y comenzaron su andadura conversa, similar a la que venimos viendo desde Gorbachov o Yeltsin , que ostentaron altos cargos en la KGB y luego supieron , triturando cualquier record de convertibilidad, hacerse pacifistas y neo liberales de primera línea.

Y este tipo de criterio  y de crítica, pertenece más al área de los que comentan el post de Yoani Sánchez, quien quizás pide más a gritos, y con mucha más conciencia que cualquiera de nosotros , que seamos todos capaces de dar y pedir perdón, pero que quizás no traga con tanta soliviantad, que mientras ella está esperando que dejen de negarle la salida, para recoger uno de los tantos premios que ha ganado , con su valor y talento, ese mismo departamento les permite ir a Miami a recaudar buena moneda gusana e imperial, y a manifestarse como unos no ya tan fervientes admiradores y seguidores de Fidel & Cía., mismo departamento y gobierno que, viene extendiendo permisos constantes de salida a los embajadores de la excelente Nueva Trova cubana, sólo y únicamente luego de haber plegado sus iniciales rebeldías juveniles y haberse convertido en elementos de publicidad del régimen cuando no en cómplices  absolutos, incluso promotores de las cribas que hubieron desde los años '70 en torno a la cultura en la isla de Cuba.

Me gustan infinitamente más las letras y músicas de Pablito que las de Carlitos Varela, pero si alguien se mantuvo andando por la Habana con su gabardina negra, de festival en festival con su canción de la Palanca, haciendo referencia a temas mucho menos contrarrevolucionarios que hablar como hoy habla Pablo de Fidel,  y no cesó hasta que se le reconoció su arte y no al revés, ese es Carlitos y no Pablito ni Silvio.

Y una inquietud me conduce a otra, ¿ cómo digerirán los cubanos de uno y otro lado, los cambios en L’Ille ,protagonizados  por los mismos directores de la orquesta que ha sonado durante el último medio siglo?

Mis amigos  residentes en EEUU, gente que cuando vivía en la isla estaba marcada por el deseo de información, el deseo de participar, de consumir, y de crear sobre todo, pero habiendo vivido una época de mucha diversión en La Habana y de debate por lo bajito pero  debate al fin, ellos no quieren que corra el odio , la misma incomprensión que vivieron en la isla , y que desde que viven en esa ciudad atisban en ciertas huestes muy sensibles a conceder bulas de modo gratuito ( a las que razones no les faltan, para tener poco amor por el fidelismo y sus genízaros, todo sea dicho), son ellos quienes muestran claramente un deseo de que todos vayan en la dirección de crear un país vivible, y casi en cada comentario aparece la palabra perdón.

Y estoy en pleno acuerdo con esa actitud añadiendo sólo un matiz, el perdón debe ser solicitado para ser concedido.

Y del lado cubano, hay un resquemor, hay cierta intuición de que esto pinta a que los que hasta ahora mismo están en el poder, ya van confeccionando el nuevo traje y la nueva bandera para vestirlos de gala y ondearla en la plaza principal, el día que la nomenclatura cambie de revolución a república simplemente, o a monarquía, o a principado,  da igual, lo importante no es el collar , sino el can.

Es mucho más posible que se sientan inclinados a tolerar algo así los cubanos que llevan mde una década de descanso de la opresión en la isla, que quienes aún no han conseguido descansar ni un día, y ya ven como quizás deban tener que aceptar que las nuevas pseudo-libertades les serán brindadas como migas por los mismos que les colocaban los  cepos y mordazas.

También es posible que la gran mayoría , quienes no tiene viejas cuentas muy claras que cobrar, sino una suma de pequeñas faltas de libertades que conforman una difusa figura informe que resulta más fácil pasar por alto, que incluso definir, opinen que resulta más conveniente ser gobernados por quienes tiene el conocimiento de como hacerlo, las ganas y la experiencia.

Mi interrogante gira en torno a como hacer para casar estas dos posiciones, que son , a la sazón, las más templadas dentro del total de posiciones, a ambos lados de las 90 millas de  calma ora, y ora ciclónica lengua oceánica, un mar cansado de fantasmas y promesas.

No está entre mis habilidades siquiera acertar en el más mínimo dilema doméstico, o sea que lo de conducir un país me parece de ciencia ficción. Sin embargo  la observación, me ha permitido  saber con rotundidad que una revolución con violencia, con represión, con posterior opresión, aún en el mejor de los casos no lleva a ningún país a ningún buen término, lo aleja de manera exponencial.

 La solución española, del cambio por saturación , preparado por el dictador, preparando a los futuros reyes, a los futuros ministros,  a los futuros dueños delos medios de producción y de opinión, sin la más mínima intervención de la gente oprimida, como una cesión por la falta de espacio para ese modelo, y la necesidad de regeneración, pero sin el concurso de la justicia , tampoco deja algo cerrado, es inmensamente útil para salir del atolladero, permite la democracia, las libertades, y el desarrollo, pero tarde o temprano el dolor del pasado requiere ser, al menos,  aclarado.

Por  eso el caso de Sudáfrica es el que me ha parecido más acertado, y de una brillantez infinita por parte de Mandela, que dotó de  inteligencia el proceso de recuperación, a través del perdón, borrón y cuenta nueva, aunque desde ya,  para ello hace falta una generosidad extraordinaria. Tomó el poder, y todos los que cometieron actos aberrantes de daño al prójimo, fueron juzgados simbólicamente, y posteriormente perdonados.

 Un requisito así, adaptado por supuesto a las características de cada realidad, con sentido común, de mostrar cierto sonrojo por el daño causado, teniendo en cuenta que detrás de los hechos hay gente, el detalle de pedir perdón, y de que la Historia deje claro en su versión oficial lo ocurrido, creo que  a falta de procederes garantes de tan preciada paz,  acaso sea el más probable bálsamo inmediato, y tratamiento de cura a largo plazo, de las dolencias sociales causadas por los desencuentros Históricos.

Y los fantasmas del mar puedan por fin descansar en los lechos que otrora abandonaron, y tanto las lombrices como las raíces puedan retornar a su hábitat, y brindar nuevamente, fertilidad a la tierra.

 

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