opinion critica.
Panquequeadas criollas
¿Qué dirían los medios y la opinión pública argentina, si la cabeza visible de un hipotético gobierno populista nacional, dentro de una misma semana lanzase junto a unos amigotes una criptomoneda estafando por 100 millones de dólares a los inversores, poco después se fuese, por ejemplo a Venezuela a participar de un show alcanzándole un machete a Maduro al chasquuido de sus dedos, y a su regreso al país, designase a dedo a dos Jueces partidarios para la Corte Suprema?
Sumando en la misma semana algún evento homologable al papelón que protagonizado en la ONU, de decir que Rusia no invadió ni siquiera incomodó a Ucrania, para no contrariar a los patrones Musk y Trump, aliado de Putin, habiendo invitado hace solo un año a Zelenski a la ceremonia de asunción a la presidencia, como invitado especial ejemplo universal de resistencia contra la peor agresión del siglo, según sus propias palabras. Panquequeadas criollas.
Es una época diferente a todo lo que habíamos conocido, si bien es cierto que después de Perón del '45 y su Tercera Posición nunca más las clases humildes argentinas, ni siquiera los obreros, volvieron a confiar su voto o su simpatía a las distintas vertientes de la izquierda “roja”, suplantada por movimientos peronistas sociales en los años setenta y tras 1955 por un sector de la intelectualidad. Lo cierto es que siempre estuvo muy lejos de arraigar un sentimiento de derecha diáfana, con un discurso explícito declarado en todo su espectro, elitista (los economistas libertarios), clasista (funcional no ya a la clase pudiente, sino al selecto sector de los más ricos del mundo), represora (descansando sobre disposiciones arbitrarias, censoras, correctoras de la conducta colectiva), cruel (partiendo de la premisa de que “la justicia social es un crimen aberrante”) esto como esencia, y después como barniz, unos modales ofensivos, bruscos, procaces, poblados de insultos de cancha y de tráfico, munido de novedosos símbolos ostensibles de la vieja ideología: motosierras, guillotinas, serruchos, más emparentados con la hoz y el martillo comunistas, que con los simbolos que otrora usasen los antepasados de extrema derecha moldeados en la idea de la disciplina y el orden.
La gente, en su condición de masa, está decidida a explorar hasta sus últimos rincones y consecuencias este espectro ideológico, esta expresión colectiva del deseo. Cada vez estoy más convencido de que en verdad, era un filósofo camuflado aquel mendigo que en una charla ocasional en la sala de fotografía del Teatro San Martín a donde acudía los días fríos a calentarse, me dijo:
"Solo a una cosa temo más que al pueblo, al pueblo unido"
Karla y el derecho a ser facha
Pensando bien, creo que Karla Gascón no debería ser cancelada ni siquiera por sus manifestaciones de extrema derecha en X, ex Twitter, cuatro años atrás.
En primera, creo que si se cancelase a todos los xenófobos racistas y apólogos de la violencia contra inmigrantes, judíos en la Alemania nazi, afroamericanos en Estados Unidos, como hizo Karla, entonces podríamos discutirlo, pero claramente no es así, el cine estadounidense cuenta con varios exponentes de la ultraderecha, pero impunes.
Segundo, porque no estoy seguro de que aun en el caso en que censurasen a todos resultase ser una buena idea, excepto sobre declaraciones que llamasen a la violencia, que en el caso de la actriz, aquella en la que felicita a Erdogán por reprimir a los kurdos, o la que indulta a Hitler podrían hallarse en el límite. Viví en sociedades que reprimían las ideas, las sensaciones, las inclinaciones, cualquier cosa que no estuviese perfectamente alineada con el gobierno, y fue la peor decisión que esos gobiernos adoptaron.
Tercero, porque pienso que precisamente las emancipaciones son necesarias para que la gente pueda expresarse como mejor le parezca, los trans con la misma libertad que los derechistas, por ende no cabría reprimir a una persona trans de ultraderecha, que aunque hoy nos parezca un contrasentido, una aberración, es lo contrario, que toda una comunidad unida por su preferencia sexual sea fiel a una ideología política debería ser lo anómalo. Precisamente en un ámbito de libertad, cuando sus reivindicaciones respecto del género son oficialmente atendidas, la comunidad se atomiza respecto del voto, ora continúa ora se deslinda del progresismo según sus intereses de clase, no ya de elección del objeto sexual o identidad de género. Así fue que en Madrid casi toda la comunidad gay de Chueca era votante del PSOE de Zerolo, pero una vez obtenidos los logros reivindicados, quienes desean pagar menos impuestos, o no simpatizan con los pobres o los inmigrantes, u obedecen a gustos conservadores se sintieron más libres de votar a la derecha, mientras aquellos con aspiraciones de nuevas emancipaciones o de justicia social continuaron donando su confianza a la izquierda.
La izquierda no puede apropiarse de su publico meta como si fuese su capataz. Si parte de su masa social obrera una vez conseguidos los beneficios deseados, los inmigrantes una vez obtenida la legalidad, o los gays o trans ya protegidos socialmente deciden girarse a la derecha, por la razón que sea, se les tendrá más o menos afecto, gratitud, o confianza en su coherencia, pero de ninguna manera se debe juzgar su libertad de elección.
De ese modo quien se mantiene solidario, firme en sus convicciones cívicas y de progreso social, cobra un genuino valor individual, y no el que se le presume por pertenecer a un colectivo rehén de una ideología. Lo que sí sería conveniente es que casos como en el de Karla, no lo tuviese que descubrir una periodista de un colectivo afectado por los agravios, sino que declarasen abiertamente su inclinación xenófoba y racista, para permitir que cada uno elija, con la misma libertad, rechazar o aceptar ubicarse a su lado.
Gomina y gominolas
Nací en una familia atea y aventurera, no me bautizaron, por supuesto no tomé la comunión, ni fui jamás a misa, recién hace poco supe como es un padrenuestro. Habiendo sido descendientes de terratenientes explotadores de todos los recursos al alcance, sin embargo mi entorno era comunista a causa de un tío que se convirtió en la imagen del revolucionario del siglo XX rompiéndoles las pelotas a todos sus antepasados. Después yo mismo rechacé cada convencionalismo que apareció en mi camino, del tipo burgués o del corte comunista que al fin y al cabo terminan convertidos en lo mismo, y me aboqué a un modo de vida personal e intransferible, de rebeldía absurda, sin causa, ridícula para el entorno pero significativa para mi, con notas de lumpenaje, plena en hedonismo y un páramo en actividades de provecho social y personal. En contadas ocasiones en toda mi vida me abroché los botones superiores de la camisa, o usé ropa planchada. Menos las drogas inyectadas consumí casi todas y bebí la producción de un año entero de cualquier destilería competente.
Todavía me interesan más las historias de rebeldes, de iconoclastas, de contestatarios, de respondones, de revoltosos, de inconformes, de traviesos, de mataperros, de insurgentes. Pero no quiero saber quien se tira el pedo que rompe el calzoncillo, quien escupe más lejos, quien vomita la tarta o grita la mala palabra más altisonante en la boda o en la funeraria.
En la medida que ha pasado el tiempo desde que empecé a palpar el dulzor y la acidez de las notas de la inconformidad y cuando pude metabolizar sus reminiscencias, ha ido interesandome más leer las historias de quienes con aparente resignación, siguieron una vida convencional, de quienes aceptaron el rol que les fue asignado, que dieron el paso 3 antes del 4 y después del 2, que hicieron felices a sus maestras a sus abuelos, y que no llevaron ni una vez una nota de la dirección a la casa ni los fue a buscar la policía, ni los vecinos, ni los acreedores. Hoy quiero leer las intimidades de Ana María, de Juan Ramón, de Andrea, de Iván, de Daniel, de Bonafide, Gerardo, Mariano, de cada corbata bien anudada al cuello, de cada raya perfecta en viaje desde la sien a la nuca y de cada bombacha bien custodiada por la falda. Hoy me interesan mucho más las confesiones de sus anhelos, sus vanidades, de los deseos secretos y los materializados, las travesuras en los intersticios de esa apariencia de normalidad que no es más que una cortina que desde afuera parece impenetrable, y desde adentro oficia de parapeto para escudriñar todo sin ser percibido. Me interesan sus interioridades, los aromas, los recodos del gozo, la intensidad del clímax, la perversión y los placeres menos evidentes. Porque incurriríamos en un grave error si pensásemos que la rebeldía frente al destino, que el riesgo, que las descargas eléctricas que atestiguan la travesía por la tormenta, solo se encuentran en la estridencia evidente, en la manifestación procaz, en el trazo grueso, en el insulto soez frente al cofre de las promesas. Está en cada uno, en cada célula, en cada átomo, allí donde se produzca la supervivencia, la continuidad, todo lo que no esté muerto, combustiona con la contradicción, la dialéctica, la paradoja.
O acaso solo me intriga saber como habría sido mi andar por ese camino, ni paralelo, ni perpendicular.
Casi todo a lo largo de mi vida lo habría modificado con diferentes énfasis en la tarea, por ejemplo en la estatura menos que en el valor para la pelea, en la fuerza menos que en la determinación para usarla, en la imagen corporal y rasgos faciales menos que en la longitud y grosor del rabo; pero hay un conjunto identitario personal e intransferible, que siempre me ha hecho estar encantado de conocerme, y del que jamás habría modificado ni un ápice: mis pensamientos, ideas, convicciones, decisiones, mis dudas y mis amores.
Ese es mi universo, de lo único que estoy orgulloso y es todo que puedo legar.
Otra cosa que me he ido dando cuenta, o dicho desde otra perspectiva, que ha abordado mi acervo de conocimientos, es que el ego, al fin y al cabo, no sirve para absolutamente nada. Acaso sirva dedicarle tiempo a su reconstrucción para sanar heridas al amor propio, pero el tiempo justo. Todo lo que comemos, bebemos, tocamos, usamos, vemos, ha sido construido y concebido en colaboración, en conjunto.
Desde la simple calle, los autos, los edificios, las camas, la ropa, la carne, el pescado y la verdura, hasta los medicamentos y los más avanzados descubrimientos técnicos y científicos han sido materializados dejando en segundo plano el ego, priorizando el resultado de pensar o actuar en colectivo.
Y lo dice alguien que si se cae de su ego se hace trizas.
UMAP anti Woke
El último grito de la moda ultra es la proliferación de ejemplares que se multiplican creando una masa informe de materia viscosa, que acusan por ejemplo a Robert de Niro y Meryl Streep de perversos comunistas depravados que profesan la doctrina Woke y en oposición, erigen a prócer avatar de su virilidad a Elon Musk, el magnate sudafricano (mal empieza MAGA) quien los salvará de un mundo de vampiros violadores travestidos, me hizo pensar que de la misma manera que apoyan echar a inmigrantes que hablan español de ojos marrones, simulando creerse de algún de pedigrí nórdico de Laponia, de la misma manera me pregunto si ese odio a los travestis, esa fijación con los gays y lesbianas no tendrá algo que ver con un rechazo a la más íntima esencia de su ser, de igual forma que sin dudas ni necesidad de espejos, en sus barrigas, sus estaturas, pieles, vecindarios y bullanguería en alguna hora del día aceptan su condición de hispanos, latinoamericanos e inmigrantes.
Esa obsesión junto a la carita “muñequil” de Musk, revela el deseo a punto de reventar las puertas del armario y salir disparado con un tutú de ballet, una tanguita a juego con corsé y ligueros, implorando urgente la primera mandarria que ande alzada por el barrio, mucho antes que una expresión virilmente masculina, atendiendo al axioma "dime de que alardeas y te diré de que careces".
Además traigo una mala noticia para la ultraderecha como para la pseudo izquierda actuales. Si a algún sector no pertenece la cultura "Woke" es a la izquierda.
Durante los setenta años de la URSS, todo su bloque hacia oriente y occidente y la conocida por todos nosotros "Involución cubana", los gays, lesbianas y ni hablemos ya de transexuales, eran tratados como la peor basura, humillados, marginados, estigmatizados, encarcelados, incluso asesinados. Y las organizaciones revolucionarias de izquierda que luchaban en diferentes países por la toma el poder, consideraban una perversión inadmisible el ser "afeminado" o "marimacho" en caso de las mujeres, una debilidad limitante para aspirantes militantes comunistas. Sin embargo en el área capitalista, en ciudades como San Francisco, en EEUU, en París, en el Soho de Londres, capital del país creador del capitalismo, la cultura gay consiguió manifestarse como un modo de vida normal, no sin previas luchas cruentas para reivindicar su emancipación, habiéndose ganado la tolerancia y respeto de sus gobiernos.
Siento bajarlos abruptamente a la dura realidad: ser tan furiosamente anti derechos del modo de vida que a cada uno le plazca así como de la expresión de su sexualidad, los emparienta de manera inexorable con Stalin, Mao, Pol Pot, el tío y Fidel “Guarapo” Castro Ruz y su encono con los afeminados elvisprelianos materializado en las UMAP, como antídoto corrector contra aquellas incipientes manifestaciones Woke, tan anticomunistas.
Las armas de Anita
Sobre el tema de Ana de Armas con el hijastro del dictador cubano puesto a dedo, lo único que puedo decir es que estético no es, eso creo que es compartido por todos incluso, sin conocerla puedo imaginar que incluso por ella misma si la situación fuese por ejemplo, de Salma Hayek con el hijo de un capo del narco en México.
Pero después meterse con ella es precisamente lo que jamás deberíamos hacer quienes estamos en contra de dictaduras, de formas autoritarias, de la obligación a un pensamiento único, de convertir en una expresión monolítica la conciencia colectiva de un país. Porque precisamente eso es lo que nos une, no si uno vota a x o a y, sino la libertad de pensar lo que nos de la gana cuando nos plazca.
Ana de Armas se dedica a la actuación desde su paso por la ENA, su emigración a Madrid, y su desembarco en Hollywood, en ese terreno es donde tiene sentido que se instalen las críticas. Si estuvo bien en un papel, si regular, si mal, la envidia que despierta en algunas focas o como le pone el chichón inguinal al más recatado de los pajuzos, en fin todo lo que forme parte de su profesión, ya que solo se dedica a eso. Y a vacilar.
Jamás deberíamos meternos con las ideas o la filosofía de vida de nadie, la intolerancia que se está viendo estos días con las elecciones de vida de la actriz, es calcada, exactamente igual, a la que mamaron del sistema que los denostó y les llamó gusanos cuando se vieron empujados a tomar la dura decisión de abandonar su país para siempre, y algunos creen que la manera de contrarrestarlo es copiar el mecanismo y acusar de comunistas a todo el que piense distinto. Lo que consiguen de ese modo es perpetuar el trabajo sórdido y eficaz, de Guarapo Castro, en la contaminación de la conciencia del pueblo.
Ni siquiera a Mirta Díaz-Balart la denostaron así, muy por el contrario siempre se la respetó y quiso desde el exilio más duro. Y eso que no era una noviecita de un hijastro de un puesto a dedo, sino la esposa y madre del hijo del gran dictador.
El único antídoto contra la dictadura y las infinititas formas que adquiere bajo diferentes barnices, es la tolerancia, la concordia, la inclusión y la convivencia.
Por supuesto esto no aplica para el novio, no porque ser familia de un represor, sino por formar parte de la dictadura, de la opresión, y disfrutar de vida de millonario con el dinero de un pueblo hambreado, reprimido, sin luz ni futuro.
Y por favor, conociendo como se las gasta Anita en la duración de sus noviazgos, no sean tan picúos de llamarle "familia" del dictador, este material le va a durar a la bellísima cubana, lo que dura un pedo en un canasto.
¿Charles Bronson o Huey Newton?
¿A qué época de EEUU se refiere Tronal Gump cuando hace referencia de hacer "America" grande otra vez?
Pocos votantes se informaron sobre cuando fue esa vez dorada a la que se refiere el ex y futuro presidente 47º, desde luego los llamados "hispanos", menos que nadie. A lo que un gran sector del gran capital estadounidense llama la America grande, es el imperio absoluto de cuando compartía la bola del mundo con la URSS, más allá de sus fronteras las reglas eran claritas y la división también. Dentro del país los afroamericanos antes de la firma de los Derechos Civiles por Lyndon B. Johnson derogando la segregación y después solapadamente, y para pesar de Malcom X, Huey Newton y Angela Davis se ocupaban como era tradición, del algodón y del pollo frito, mientras los blancos justos, los pobres y los valientes rompían los hímenes del conservadurismo con los movimientos literarios, poéticos, antibélicos, progresistas como los beatniks, los hippies y grupos politicos preclaros. Y eso que hoy llaman hispanos o aberrantemente "latino" haciendo rebotar en sus tumbas los huesos de Donizetti, Verdi o Bellini, eran los chicanos del sur, de varias generaciones de estadounidenses aunque aun conociendo y no saliendo de su lugar en talleres mecánicos, fábricas, campos de citricos y construcción. O lo que es más lacerante aun, esa America grande otra vez, era cuando entre 1930 y 1933 bajo la administración Hoover y ajustado a su voluntad, se deportó a aproximadamente medio millón de mejicanos, siendo el 60% nacidos en territorio estadounidense y habiendo entre ellos gran cantidad de niños, considerados mexicano-americanos. La motivación era mantener la pureza racial, motivo que que hoy encuadra esa aberración en el concepto de "limpieza etnica".
No se equivoquen amigos noruegos del sur de Florida, los vecinos de Tronal Gump son white anglosaxon protestants muy ricos como él al igual que los invitados a la boda de su hija. A lo sumo la sociedad ya incluyó por la fuerza de su propio empuje y reivindicaciones, a los afroamericanos ricos, mayormente en el terreno del deporte, cine y música, en los mejores barrios, aunque aun ninguno sea bienvenido en las hermandades de Princeton y Harvard. A mi querido sub-sector "deglutidores de arroz con frijoles" fuera del nicho sureño de la Florida, ni está ni se los espera.
Esa ficción fantasiosa de que son la primera minoría en prestigio, es un buen principio para dignificarse y darse a respetar en la sociedad y poder cambiar de barrio, Pero en el norte del norte, los Sanchéz, García y Hernández de un metro setenta seguirán siendo los operarios de los Harrison, Miller y Taylor de cerca de dos metros. La America grande otra vez tomaron a Charles Bronson de ascendencia lituana para hacer de mejicano en el cine, y a lo sumo permitieron la entrada trinfal a Hollywood a un espectacular Manuel Antonio Rodolfo Quinn Oaxaca, siempre que se rebautizase en inglés, gracias a los más de seis pies que lo emparejaban con Taylor más que con García.
De ahí mi felicitación por las elecciones a los blancos anglosajones protestantes que lo votaron, así como a los noruegos del Caribe, aunque a estos últimos les recomiendo encarecidamente por el parentesco y el afecto que me une, a partir de enero, si no es absolutamente necesario, no salgan de La Florida. Porque America grande otra vez, fundamentalmente y sobre todas las cosas significa: ¡Sin ti!
Fidelistas trumpistas.
Solo de ver a los seguidores noruegos del Caribe, jabaos barrigones comedores de frijoles y raspadura, que se criaron con una educación cientificista, decir que Dios bendice a un candidato cualquiera que sea para el caso, pero aun más a un delincuente condenado, que bendice a un país y no a todo el mundo que según esos mismos analfaburros dicen que creó, solo de verlos, de oirlos, de leerlos, entra una desazón, un desasosiego, una tristeza, de pensar que estos sujetos, como ya les ocurrió con el caudillo que los adoctrinó en su patria original, a los que jamás apreció, ni aquel viejo ni este nuevo "líder", que solo considera dignos de llamarse Estadounidenses a los White Anglo Saxon Protestants, pero que los instrumentalizó muy bien como jenízaros hiperquinéticos, en el futuro próximo se creerán Torquemadas, Poncios Pilatos, Herodes, mientras lo único que serán es sirvientes del salón, esclavos de la biblioteca, tíos Tom, desempeñarán el rol de Stephen en Django, interpretado por Samuel L. Jackson. Hoy están en peligro de deportación todos los cubanos y venezolanos que no tienen nacionalidad y sin embargo hasta las elecciones eran rabiosos partidarios de expulsar a todos los indocumentados que trabajan más de doce horas, y a los que les toca la lotería del ICE lloran llamandolo traidor. Otro caudillo al que le lamen las botas hasta que las usa para pisotearlos.
Ni siquiera son las putiñas a las que dejará el culo ardiendo pero que dormirán en la alcoba, solo son perros guardianes, que ladran con furia defendiendo al macho alfa pero duermen a la intemperie.
Como lo fueron cuando eran fidelistas.
Pragmatismo libermamario
La vida te da sorpresas.
Diana Mondino la canciller argentina que mandó a equiparar la denominación de Falklands Islands a Islas Malvinas en un documento oficial mostrando un desconocido perfil cipayo en la política exterior del país austral, precisamente en un tema muy sensible para el sentir nacional, sin embargo tuvo una actitud de marcado carácter independiente, al votar en contra del, por un lado inhumano y por otro y más importante, anticapitalista embargo o bloqueo a Cuba. Como lo sería cualquier restricción a quien quiera que se prohibiese vender sus productos a cualquiera que le diese la gana comprarlos, interviniendo la libertad de mercado, y sobre todo, la ineludible libertad del individuo, siempre ciñéndonos a los canónes de la pseudo corriente ideológica.
Acaso como buena liberal capitalista, haya considerado que esa medida es propia de una economía dirigida, vigilada y oprimida, rasgo identitario de las economías del extinto campo socialista bajo organizaciones como el CAME primero y COMECOM después. Bajo cualquier variante de la ideología liberal, nadie puede obligar o prohibir nada en materia de mercado. Incluso el propio hoy presidente Javier Milei, tras los exabruptos y dislates de la campaña electoral, jurando morir antes de permitir el comercio con China, país con infinitamente más cantidad de víctimas que Cuba en su construcción comunista, una vez atornillado en los dominios de la "realpolitik", suavizó con toneladas de soda su impetu inicial cambiando a que, jamás impediría el comercio de las personas libres con China ni con nadie, y más recientemente expresando que quedó impactado por la bondad, elegancia, buen trato y maravilla del gran monstruo marxista maoista.
Pero ¿qué terminó haciendo el hoy pragmático paladín de la casta aun torpemente dizfrazado de libertario? La echó porque esta vez no inclinó su torso lo suficiente para lamer gentilmente calcetines y calzado a los patrones EEUU e Israel, como otrora Reino Unido.
Mondino es una mujer clasista, con un marcado refinamiento burgués tradicional, no es lo mismo reverenciar a la impoluta aristocracia del barrio Belgravia que a los nuevos ricos grasas de Wall Street.
No señores, la comunista no es Mondino, ella asumió una conducta netamente libertaria, en este caso, lo más parecido a la economía comunista es esta medida de un Embargo sumamente prolongado, anacrónica y arbitraria, pero además absurda, ya que tras seis décadas no consiguió su objetivo, sin embargo sí logró hacer pasar calamidades a las victimas de la dictadura no a los dictadores, los cuales desde un inicio festejaron este hito de agresión exterior para unir al pueblo desde el aparato digestivo con consignas patrioteras.
Flaco o sos del libre mercado o sos de la economía vigilada.
En las últimas décadas la distintas jerarquías políticas argentinas de todos los signos políticos e ideológicos, excepto honrosas aunque escasísimas excepciones, se han abocado a una carrera vertiginosa por obtener la mayor cantidad de trofeos que los acrediten como campeones "panqueques" . Desde el matrimonio Kirchner Fernández, entusiastas activistas en la venta de YPF a Repsol luego reconvertidos en precisamente lo opuesto, hasta el actual presidente, ora partidario de la libertad absoluta de mercado, ora de un estricto intervencionismo, de estandarte de la lucha contra una difusa "casta" a instalarse en la esencia más reprobable del propio concepto, pasando por peronistas de izquierda, derecha, revolucionarios ricos, ricos cartoneros, peronistas libertarios, libertarios estatistas, y un inagotable etcétera.
Podemos entender que una hinchada de fútbol en la cancha, bien adobada por una previa ingesta de espirituosos exprese con libertad en el desaforo de su garganta, que Dios es de Boca o de River, lo que ya se hace un poco más complejo de digerir es que una eminencia en teología, sentencie que de ninguna manera se puede abordar semejante disparate desde ningún punto de vista:
"¿¡Sometidos a qué índole de blafemia se atreven a decir que Dios es de Boca o de River, cuando todos conocemos el hecho insoslayable de que Dios nació y murió siendo hincha de Independiente!?"
Perdón subrepticio
Mi abuela materna fue hasta la ciudad de Burgos primero y después al puerto de Vigo junto a dos hermanas con el fin de embarcar hacia Buenos Aires, partió desde Quintanilla del Coco, una aldea de la provincia de Burgos rodeada de monte, de ríos, cascadas, antiguos monasterios y entre tres grandes pueblos Covarrubias, Santo Domingo de Silos y Lerma, que en el medievo tuvieron su esplendor pero que al inicio del siglo XX servían poco más que para comprar la carne de cerdo, ovinos y aves que vendía mi bisabuelo.
Mi abuela paterna descendía de una familia acomodada de hacendados de América del Sur, que se habían establecido desde poco después de la llegada de los españoles al nuevo continente desconocido en Europa y en Asia, aunque bien familiar por sus habitantes.
Mi abuela materna embarcó para trabajar de nani de alguna familia pudiente, terminó en la mansión de una familia apellidada Seret, siendo adorada por los niños que cuidó mejor que su propia madre.
Mi abuela paterna, a pesar de ya estarse viniendo a menos dentro de su clase social, tuvo una niñera española procedente de Galicia, Carmen Arias, que fue adorada por Ernestito y Celita, sus dos primeros hijos a los que la española crió y conoció mejor que la propia madre en esos años tiernos.
Hoy, ante la excentricidad tanto de la exigencia de algunos americanos de un pedido de perdón por parte de la Corona española por los espantosos crímenes cometidos con el fin del expolio, como de la negativa del monarca español a pedirlo, revisando mi historia familiar, advierto que en este caso, si alguna de las dos abuelas habría tenido que pedir perdón, desde luego habría sido la nacida en Argentina, y probablemente no solo habría tenido que pedir perdón a los pueblos originarios, también a los doce millones de esclavos africanos secuestrados mediante una violencia indescriptible y, acaso a mi abuela materna, que pasó a formar parte de ese proletariado argentino compuesto de inmigrantes y nacionales que tanto enriqueció las arcas de la oligarquía criolla, aunque más que perdón, deberían agradecer a todos esos gallegos e italianos que fueron a replicar su servidumbre de la gleba para esos brutos nuevos ricos de selvas, pampas y montañas. Y que les criaron los niños como cuatrocientos años atrás se los criaron los indios y africanos a los conquistadores esclavistas europeos.
La verdad es que no costaría nada y sanaría mucho el pedido de perdón, aunque todo sea un despropósito, un enorme gazapo, porque sin la conquista y todo el horror que supuso en su momento, jamás podrían haberse identificado los habitantes de ese enorme trozo de tierra que en el mapamundi une el polo norte al polo sur, como parte de un todo compartido llamado América, donde se hablaban decenas de lenguas diferentes y cada uno guerreaba o desconfiaba de su vecino. Nunca habría existido un idioma en común, una cultura rica aunque impuesta a fuego y sangre, el legado de un conjunto de costumbres, reglas y normas sociales comunes a todo el continente.
De modo similar parecería absurdo que los españoles de hoy cuyo ADN contiene trazas de sangre de medio mundo entre bereberes, romanos, bárbaros, godos, iberos, celtas, exigiesen a Italia que pida perdón por la invasión a Hispania, la matanza de la población de Numantia tras veinte años de resistencia, el esclavismo de los indígenas nacionales en las minas de oro a cielo abierto de Las Médulas, y toda la esclavitud a lo largo del territorio conquistado para construir, producir alimentos, servir, custodiar y trasladar el oro. Pero a su vez si se produjese tal pedido sería muy necio negarse a ello.
Ya lo hicieron algunos, Inglaterra, Holanda, Portugal, canadá a sus niños indígenas, Australia a sus aborígenes, y aunque no podríamos deducirlo de sus maneras de conducirse frente a la acumulación de riqueza o la devolución de lo expoliado, no obstante fue un acto gratificante para los descendientes de aquellas victimas.
Dale De la Serna y la Llosa, pídele perdón a Atahualpa, a Adebowuale y a Alamo Alamo.
De paso tú también Borbón.
Cojamos, pensemos, actuemos.
Comenzaba el año 1984, yo había aterrizado hacía muy pocos días, el 17 de diciembre de 1983 en mi ciudad natal, tras diez mayos, en que había crecido desde los diez a los veinte años, todo era nuevo y a la vez extrañado, todo era sorpresa, placer, gozo, Buenos Aires era una fiesta de destape.
Yo saltaba de una chica a otra como en mi acogedora Habana, las argentinas tradicionalmente no se entregaban tan rápido como las cubanas, pero era una situación especial, todos querían coger, recitales de rock gratuitos en Barrancas de Belgrano, en Parque Lezama, en Parque Centenario, era una danza permanente de libertades individuales, porro, birra, besos, conchas y pijas por doquier. También entraron en escena las diversidades ideológicas, políticas, las prohibidas hasta entonces y las nuevas, el PI de Alende, el MAS, el PTS, el PO. Y en medio de aquella macro fiesta conocí a Gladys en la plaza Dorrego de San Telmo, estaba con Juan, tenía un escote generoso que permitía apreciar dos redondeados senos, carnosos, jugosos a la vista, que en una tarde verano entre la batucada de los brasileros, cervezas y cigarrillos de cannabis resultaba muy sexy.
Subimos a su departamento, tuvimos sexo, fumamos, bebimos y volvimos a "sexuar". Juan era gay, quería hacerme una felación mientras yo cogía con Gladys, le dije que prefería que no, pero que se podía quedar sentado mirando y que hiciese con él mismo lo que quisiese, imagino que se hizo una buena paja porque yo no paraba de chupar las tetas de Gladys mientras bombeábamos de lo lindo.
Cuando terminamos nos pusimos a hablar de literatura, psicoanálisis, y al final como no podía ser de otra manera, de política. Ella me doblaba en edad, había acompañado a eminentes abogados a presentar hábeas corpus por los presos políticos antes del golpe de estado de 1976, teníamos conocidos en común; Juan no, él se había ido en los años sesenta a Londres, después a EEUU y más tarde regresó a Europa a trabajar para la ONU de traductor, pero era, por supuesto, progresista, aunque más al estilo europeo, eso que todos queríamos poder ser pero nos superaba un poco tanto modernismo anacrónico. Y más para mi recién llegado de Cuba, donde se suponía que yo era un rollin’ stone, pero súper primitivo por lo que pude apreciar. Aunque no del todo, en la libertad del cuerpo ninguna generación le gana a la mía en los años de adolescencia y juventud en La Habana. Ningún dicho ni aforismo se ajusta más a la realidad, que el que empezó a calificar aquellos años al poco de haber transcurrido: "en los 80 se singaba por ver la leche correr" .
Ese mismo día, al poco rato de sentarnos en el living a fumar y charlar, empezaron a tocar el timbre del departamento distintos amigos de Gladys, entonces me dijo "vamos al cuarto" y allí me explicó que tendría lugar una reunión de la incipiente CHA, comunidad de homosexuales argentinos. Cerramos la puerta y volvi a disfrutar de aquel par de lolas como si fuese un bebé. En la reunión estaban Ferrari, Celsi, Tachouet, Perl, Otero, incluso Sebreli, eran la avanzada de la organización en torno a la cual se agruparon los homosexuales que se atrevían en momentos muy calientes, en que las picanas todavía estaban enchufadas y los asesinos con la boca “bebeante”, más en una actitud de activismo político que en la búsqueda de un espacio para el disfrute en libertad de todas las fantasías reprimidas o postergadas por los años duros de represión, tal como yo pensaba que sería la CHA. Cosa que Gladys se encargó de desmontar de mi hipotálamo sostenido con una armazón de firmes ángulos rectos bien pavimentados con brea del más excelso de los machismos, "quedate tranquilo que no te van a coger" me decía. Decidió depositar su confianza en el activismo por los derechos de identidad individuales, que otrora había donado a la militancia politica en pos de metas colectivas.
Tuvimos sexo seis meses más, pero entre las nuevas chicas y señoras mayores que se cruzaban en mi bragueta y los muchachos o señores que a ella se le introducían en el escote, fuimos dejando el aspecto sexual para centrarnos en una mucho más atractiva relación de intercambio de experiencias, de ideas, lecturas, proyectos, disparates, tiempo compartido, de lo que se nutre lo que con el paso del tiempo llamamos amistad.
Gladys, como todos, fue cambiando, se aburrió de la pacatería y burocracia que empezaba a pulular, como en cualquier organización, ella tenía un espíritu entre torturado y libre, las militancias no iban con su genio ni su humor, ese era un fuerte punto de conexión entre nosotros.
Más tarde Ferrari se juntó con Juan Mario e hicieron una dupla exitosa en escenografía, diseños, Otero proyectaba lindos espacios en su estudio de arquitectura, Perl siguió analizando, Tachouet también además de comprar coches antiguos, y Sebreli avanzaba hacia esos libros que como el bueno de Gilles Lipovetsky, en el prefacio deben explicar por qué se desdicen de todo lo anteriormente escrito y pensado. Suele verse con desdén a quien cambia de idea, pero ¿qué otra cosas le podemos pedir a un intelectual, a un pensador, a un procesador de ideas, que no sea que cada tanto nos ofrezca un novedoso punto de vista?
Dejó la CHA, pero siempre siguió defendiendo los derechos de la comunidad gay, aunque Gladys debe ser la mujer menos lésbica que conocí. Al cabo de unos años fue a Viena acompañar a Juan en su enfermedad terminal, y tras el desenlace fui a ayudarla con su carga. Hace poco partió tras un derrame cerebral, se fue tras alcanzar a exprimir bien la vida.
Al cabo de muchos años, cuando yo ya llevaba una vida fuera de Argentina otra vez, mi también amiga intima Valeria, amiga también de Gladys, sicóloga y escritora, se hizo cargo del área de salud de la ya veterana CHA. Hizo un trabajo exquisito e histórico con una niña trans, Luana, que nació como varón pero que a los dos años se sintió una niña. La nena hizo su transición acompañada de su madre, de Valeria y todo el equipo de psicólogos y médicos, lo cual reunido en un libro y en una reciente película se conoce como " Yo nena, yo princesa".
Durante más tiempo que el que el buen decoro sugiere llevé una vida de lujuria, de placer, de dolor en otros aspectos, pero en el plano sexual de una gran libertad e inclinación al disfrute, a no dejar pasar las oportunidades de gozar de cada mujer, gorda, flaca, baja, alta, negra blanca, bizca o tuerta, en la modalidad heterosexual, más por una condición social instalada en el hipotálamo, que por designio de la naturaleza, ya que cualquier lengua que lama un glande o un clítoris es susceptible de dar placer. Siempre creí, incluso en mis tiempos más explícitamente machista, que todos tenemos el derecho a ser lo que nos de la gana de ser y gozar como determinemos en nuestra libertad, siempre que respetemos el espacio del prójimo. En los últimos tiempos me estaba pareciendo recargado todo el mensaje LGTBI+ condenando a los símbolos de la heterosexualidad o de su exteriorización, al tiempo que sentí cierta agresividad en las expresiones ultra feministas, que más que de igualdad eran, entiendo, que por necesidad para romper el muro, de enfrentamiento, rencor, y modalidades de venganza.
Pero hoy me embarga una profunda sensación de vértigo ante los ataques brutales que perpetra la nueva ultra derecha, mucho más heredera de la ultraderecha tradicional que desembocó en fascismo, nazismo, franquismo, de lo que la nueva izquierda peyorativamente llamada "woke" le debe a la ultra izquierda revolucionaria marxista leninista, trotskista o maoista, con la cual no existe el más mínimo vínculo.
Porque me di cuenta que la razón por la que yo apoyaba aquella sentada de besos entre personas del mismo sexo en el Parque Lezama en el año 1984, es porque me era totalmente pertinente, si bien no por mi elección del objeto sexual, sí por la simple razón de que si se lograba visibilidad a la minoría más estigmatizada por la sociedad, en aquel entonces, sí patriarcal pero también matriarcal, las madres eran castradoras feroces con sus hijos homosexuales, sí de derecha pero también de izquierda, el trato a los homosexuales en los países sopcialistas era brutal y en las organizaciones revolucionarias era denigrante, si se conseguía la cantidad de representación social, de respeto en la proporción que fuese, todas las otras minorías, por variadas "desviaciones" , los vagos, los fumetas, drogones, borrachos, hedonistas, lúdicos, feligreses de Baco y Epicuro, estaríamos, si bien no cubiertos bajo ese paraguas, sí con las vías abiertas, como trillos en el maizal, a la comprensión de la filosofía "déjame vivir y morir como mejor me plazca"
Valeria profundiza más en el aspecto de salud y sicológico, Gladys en el combativo y social, y yo en el hedonista, el derecho al placer por el placer. Creo que los tres en el derecho a que todos chupen lo que les venga en gana, tetas, culos, conchas, pijas, lenguas. helados o pirulís, sin que alguien no involucrado, tenga derecho a opinar al respecto.
Hoy todos, no solo los agraviados por las aberraciones volcadas en Davos por el tristemente célebre presidente de los argentinos, allá deben y en el resto del mundo debemos acompañar en la declaración: ni un paso atrás en derechos, que hoy son tomados en joda, pero costaron la vida de personas y un amargo sufrimiento que no obstante, se reveló finito.
Es triste, en el año 1984 se trataba de la reivindicación de una emancipación, la novedad, el destape, hoy es la trinchera en defensa de un derecho que están cerca de arrebatar. Porque la involución es posible.
La izquierda con el paso del tiempo renegó de su histórico "mercado meta" compuesto de trabajadores, parados, humildes en general y adoptó las banderas de la identidad de género, estandartes individualistas , emancipaciones "pequeño burguesas", entonces la hoz y el martillo perdieron su razón de ser, su sentido simbólico, porque entre otras cosas, para ese trasvase, más firme que rulo de estatua, ya estaba Gladys.
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