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19 mayo 2013 7 19 /05 /mayo /2013 17:53

 

 

Segunda mitad de la década de los 70. El gobierno de la Junta Militar de la República Argentina , obteniendo unos jugosos beneficios, rompe el boicot  que Estados Unidos propuso  a  sus países satélites, para que no le vendieran trigo y otros cereales a  la URSS. 

El gobierno de la URSS, presidido por Leonid Ilich Brezhnev ,  sin reparar demasiado en los miles de militantes de izquierdas que se encontraban en campos de concentración siendo torturados salvajemente y luego arrojados desde aviones al Río de La Plata, manda a colocar la medalla de Lenin en la pechera de altos mandos militares argentinos, por contribuir a la causa de la Patria de los proletarios,  el billete es el billete.

El gobierno de la Junta Militar manda a colocar la medalla de José de San Martín en el pecho de altos mandos soviéticos que viajan a Argentina a tales efectos, mientras, por la causa proletaria gritaban como cerdos en el matadero los hombres y mujeres comunistas en aquellos agujeros del terror, que el gobierno había confeccionado para acabar con la amenaza marxista y peronista.

Mil novecientos setenta y seis hasta mil novecientos ochenta y dos, cuando Argentina ocupa las islas Malvinas. El gobierno de la República de Cuba, de modo continuado ofrece su garantía de silencio sobre los crímenes fascistas, a la diplomacia de la URSS en la ONU, para no obstaculizar la compra venta de trigo, que de modo revolucionario y valiente el gobierno de Jorge Rafael Videla  ejecutaba, rompiendo el bloqueo norteamericano.

Una y otra vez los exiliados argentinos en Cuba escuchábamos como su principal  dirigente, Fidel Castro Ruz, en sus extensos discursos,  jamás denunció las prácticas fascistas, ni dictatoriales en la tierra de quien había sido, según él, uno de sus mejores amigos, de sus grandes guerreros, el Che Guevara.

Por un puñado de rublos.  

Jamás denunció siquiera en la plaza de la Revolución al gobierno de la junta militar argentina, recibiendo este, el eufemismo de: Otros. Ya que decía en los discursos, Los gobiernos fascistas de Chile, Bolivia, Uruguay y ….Otros.

Tal era así que mis amigos no sabían porque estábamos exiliados en Cuba, y lo dudaban  cuando yo se los explicaba. En realidad daba la sensación que no teníamos un gobierno lo suficientemente malo como para exiliarnos, ni como para que mi padre estuviese preso ocho años y medio, ni como para que hubiese 30.000 desaparecidos, más que el doble de la cantidad de muertos que Chile. 

Tal era así que vi lágrimas en los ojos de hombres duros, de militantes  de organizaciones de izquierdas argentinas, que estaban en Cuba, aceptando las migajas de un exilio en absoluto silencio, como quien da albergue al indeseable del pueblo.  Lágrimas cuando al esperar una declaración en un tribunal de los derechos humanos promovidos desde Ginebra, Fidel a través de sus enviados, bajo apercibimiento de la URSS, calló bloqueando la comisión de investigación sobre aquellos crímenes fascistas, y haciéndose cómplice histórico de semejante villanía.

Cuando debió callar,  leyó en la Plaza de la Involución aquella carta de despedida de su amigo Guevara, que debía ser leída en la intimidad.

Cuando debió hablar para hacer Revolución, para hacerle un honor a su ex amigo con respecto a su patria, calló.

Durante muchos años cientos de cosas como estas, me parecían la antítesis de lo que pregonaban estos pollos. Estos pájaros, estos farsantes.  Me parecía la destrucción  justamente de los valores que decían defender. Y siempre por una razón u otra, he utilizado de mi  derecho a contarlo, a denunciarlo, sólo la  parte opuesta, la de callarlo, de ser leal a no sé bien qué.

Aún con el riesgo de llegar al límite de ser cómplice.

Aún cuando no tengo nada que agradecer a ese régimen y a todo el tendal de separaciones que dejó no sólo en la familia cubana, sino en la mía también, de la repugnante carga de hipocresía y corrupción que dejó en todo lo que tocó, incluido el abajo firmante.

Año 2010.

Después de la muerte de Zapata, muchos de los intelectuales que toda la vida habían apoyado u optaban por no denunciar la brutalidad del gobierno cubano, dijeron basta, no pudieron guardar más ese beneficio de la duda que se le concedía por el hecho de haberse declarado ejecutor del bien de la causa de los pobres del mundo. Esto a Fidel debió haberle picado, porque a lo largo de su vida ha sido capaz de realizar actos que no enmarcaríamos para colgar en nuestro salón, pero siempre acompañados del beneplácito y la aquiescencia de los sectores progresistas de la intelectualidad mundial, cuando paradójicamente a los progresistas de Cuba los sometía al peor de los ostracismos.

Las declaraciones contra la muerte de Zapata de un novísimo perfil de anticastrista, muy probablemente hayan sido de profunda preocupación para su entorno,en cuanto a la mala imagen ofrecida, en contraste con la necesaria  en el mundo actual, de la comunicación inmediata, para sostener  un  gobierno de poder absoluto basado en la dinastía familiar.

¿Por qué  nos cuesta tanto condenar cualquier exceso, crimen, violencia o  abuso, cometido por un ente que se autoproclama de izquierdas, revolucionario o comunista?

¿Qué parte de nuestro cerebro se anula o se narcotiza a la hora de denunciar estos crímenes?

En cualquier caso parecía estarle llegando la hora de la vergüenza, y si algo no le gusta a Fidel después de no ser el centro de atención permanente, es quedar mal, que se sepa la verdad, que se sepa que bebe vinos castellanos de hasta doscientos euros la botella mientras pide unos sacrificios continuados a su pueblo de una heroicidad numantina.

Le gusta mucho ese vino, pero no que se sepa que lo bebe. Si no hubiese problema en ello le diría a su pueblo, en algún recodo de sus extensísimos discursos dominicales, _” Yo bebo cada día vino “Pesquera” y “Vega Sicilia” Gran Reserva, ustedes cuando pueden chocan con un ron chispa de tren, porque el bueno es para los extranjeros, cuando pueden chocan con cerveza de pipa, porque la buena es para extranjeros, pero no se preocupen , que ya llegará el día que todos beban vino Pesquera y Vega Sicilia, si no Gran reserva, al menos envejecido en barrica de roble francés”.

Pero Fidel no dice la verdad con frecuencia.

 Estaba temiendo por su imagen, por su paso a la historia. Y se le ocurrió la idea a través de su hermano Raúl de apoyar el principio hacia el capitalismo más cruel, para congraciarse con la moda actual , que dista de estar marcada como otrora, por el coqueteo de las clases medias con la izquierda iluminada. Con  la población severamente empobrecida y con escasa habilidad en el mundo de los negocios y las nuevas tecnologías, desaventajados  para competir con los extranjeros como ningún otro oponente en deporte conocido alguno. 

Desprovisto el pueblo trabajador de todo mecanismo de control a la patronal. De toda organización de lucha. Los sindicatos cubanos que funcionan dentro de la isla para los trabajos estatales no tienen ninguna potestad en el área dólar, en el trabajo por divisas. El empleado cubano que trabaja para un inversor extranjero, cuenta con menos derechos que un siervo de la Gleba.

Nos ha querido disfrazar el paso de un sistema descubierto como erróneo y perverso, hace mucho ya, que en los últimos años se había convertido en el empecinamiento de una sociedad absolutamente perdida, y de un poder que se quería perpetuar a toda costa, a una sociedad donde la injusticia está garantizada desde el mismo génesis.

El alerta ahora es doble. El primero es ver que quiere hacer y cuales serán las medidas represivas que tomará el gobierno en cuanto empiece a haber algún tipo de descontento con los cambios que se avecinan. Y el otro la aquiescencia del capital internacional, que como siempre está infinitamente más interesado en que entren los bancos y las transnacionales a Cuba, en vez de que entre la democracia propiamente dicha, la que beneficie al pueblo trabajador.

Y aunque ahora, en el último momento, dice que se le interpretó mal, que lo que quiso decir es que lo que no va más es el capitalismo, apuesto a que veré, en la Plaza de la Involución, a los pichones de Rockefeller, Rhodes y Borbón gritando voz en cuello:

¡FIDEL, FIDEL¡

 

  

 

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Published by martinguevara - en Cuba flash.

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