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19 diciembre 2016 1 19 /12 /diciembre /2016 00:13

Estuve veinte y pico de días en Buenos Aires oteando y olfateando la situación y el ambiente en general con fines imprecisos pero en la dirección del retorno parcial.
La balanza con Buenos Aires siempre se me inclina más hacia la aprobación estética, en mi conexión con el humor cotidiano, el olor de las bocas de subte y el sabor de los pebetes de salame y queso; también si se quiere, en el calor de amistad en contrapeso al desamor de un nido tan pretérito como eternamente cercano, y del lado de menor peso pero no menos importante inexorablemente Buenos Aires conecta en mi centro de gravedad con un sendero directo a lo más recóndito y congelado de la estepa siberiana, o al trayecto de la barca de Caronte.
Vi parientes y amigos, transeúntes y usurpadores, habitantes y habitadores, vi la subsistencia de cierta dignidad entre las baldosas sueltas y la mugre de las veredas porteñas, y el orgullo de las plantas superiores hasta los tejados de pizarra del clasicismo francés o las cúpulas de la tradición florentina, vi las milanesas más flacas y los entusiasmos más gruesos.
A los pocos de abrir mis petates se corrió la voz de la muerte de Guarapo, yo le había avisado a algunos periodistas amigos que iba a la ciudad para tomar un café y charlar, pero dejando claro que era un viaje con fines familiares.
Desde el preciso momento que comenzó la gran pantomima, los llantos plañideros y las versiones endulcoradas, almibaradas, o simplemente mentirosas acerca de la vida y obra del dictador fallecido durante ese o alguno de los días circundantes, como se hace con frecuencia en los decesos de los dictadores para dotarlos de misterio y enigmas ficticios, comenzó a sonar mi teléfono de manera sorprendente ya que era un número de recarga que no estaba ligado a mi nombre, para invitarme a programas de radio y TV, unos mejores que otros.
Mi respuesta a todos fue la misma, aunque hablé de manwera escueta para un par de programas de radio, no había ido para esas apariciones, y menos aún lo haría para desplegar mi punto de vista acerca del gran engaño de aquella y de todas las revoluciones, con el cadáver aún caliente del manipulador y maquiavélico comandante que proscribió el jamón en Cuba, autor de todas y cada una de las traiciones que durante el nimio espacio temporal de medio siglo fraguó contra cada posible victima, ya que me parecía de pésimo gusto y muy alejado de lo que considero una conducta decorosa, que marque distancia, precisamente, de las maneras de esos especímenes, aunque ganas no me faltaban al constatar  tanta tergiversación histórica más interesada que ingenua, de los fanáticos seguidores que los hermanitos Kastromasov tienen en Argentina. 
Sin embargo a la productora de un amigo conductor de radio y TV, con quien suelo hablar por teléfono desde el otro lado del océano para su programa de radio insistió y le di una nota telefónica para la radio a el y a su hijo, y quedamos que pasado el tiempo del luto familiar y del simulado dolor por la pérdida de sus deudores, genízaros y olfateadores de trasero varios, volvería a comentar lo que quisiesen preguntarme, y así nos emplazamos para tres días antes de mi partida.
Esa mañana las llamas estaban literalmente tragándose la playa de Cariló, a la que tantas veces fui en ómnibus desde Gesell los días que no salía a vender artesanías para disfrutar de sus bosques, tranquilidad y arquitectura única, y mientras pensaba en ello mirando el fuego devorar Cariló me llamó la productora y me dijo si no sería mejor dejar mi mano a mano con mi amigo para otro día porque esa jornada la actualidad se la llevaba el plus de calor estival y me quedarían pocos minutos.
Íntimamente me sentí aliviado, ya seguía sin estar seguro de tener tantas ganas de hablar del muerto con la fogosidad que lo hacía mientras estaba vivo, cuando de algún modo podía enterarse por los conocidos comunes de mi total desprecio y descuerdo con su mezquindad.
Me place que así haya ocurrido cuando veo a tantos que no se atrevieron a decir ni una palabra de desacuerdo con el viejo púgil cuando aún estaba de pie, aporreándolo hoy en la lona una vez noqueado.

Amigos de la crítica sagaz, se acercan días de hilar más fino, no será tan grosero el objetivo a denunciar como lo fue la avaricia y el afán de dominio abierto de Guarapo, sin embargo puede que por sibilino y subrepticio resulte ser con creces más nocivo y proselitista.

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16 septiembre 2016 5 16 /09 /septiembre /2016 22:34

Un año después de mi aparición en escena en la ciudad de las hojas y el otoño, se coló en las librerías un título que resultó ser un best seller de sociología, algo novedoso casi hasta en el terreno de la narrativa, mucho antes que Alain Touraine o Eco nos acostumbraran a sus súper ventas. Se convirtió en un hito, tanto por el autor, un verso suelto que no se deja atar a ningún poste, ni resbaladizo ni espinoso, como por el texto ágil, certero, intuitivo; el libro "Buenos Aires vida cotidiana y alienación" y Juan José Sebreli el firmante.

Cuando tuve que desprenderme de esa ciudad siendo niño, todo lo que se quedó aferrado a modo de garantía en la corteza cerebral, y que permanecería intacto hasta el fin de los días, era perenne, no susceptible de cambios por el paso del tiempo, con la excepción quizás de ese cambio climático, los otoños, estación en que nací, hace medio siglo eran más insistentes con el color, el viento, y las hojas de arce dobladas sobre el borde de la vereda como un reloj de Dalí. Pero casi todo lo demás permaneció intacto para la primera vez que regresé. Todo mi pecho era un enorme rejunte de deseos. Mi padre, mis primos, mis amigos de cuando niños y los olores, los sabores, los colores, volver a tierra abierta y no dentro de una maceta.

Cada vez que regreso, haya pasado quien haya pasado por la intendencia o el gobierno, yo encuentro mi propio Buenos Aires. En un lugar o en otro lo encuentro. Para mi, como sujeto en maceta, desterrado de la tierra de mis amores, de la única metrópoli posible, del campo argentino, de las playas del Atlántico, debo decir que lo que percibo en la ciudad de los techos dispares, de las baldosas sueltas, de los linyeras letrados nada tiene de vida cotidiana, y desde ya, todo allá puede ser enloquecedor, ensordecedor, irritante, encantador o frustrante, a contramano de cualquier alienación.

 Que placer pasar unos días perdido por sus calles, de un café a una librería, de una muestra a una de las buenas galerías, de una parrilla al centro de un corazón, de la cima de un adoquín al olor a boca de subte y a pebete de salame, de oir las bocinas de nueve de Julio o de Libertador a escuchar lo que habla la gente, y como lo habla, el histrionismo natural, el arte de los bueyes perdidos. un taxista, un kiosquero o el gallego del bar. Ver pasar el 60, el 12 y el 86 y participar en el derretido de una, dos, tres Vauquitas.

Y una justa inundación de asados y afecto entre amigos y parientes

 

 

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14 junio 2016 2 14 /06 /junio /2016 17:39
Mi Borges

Yo leía a Borges porque mi madre aunque viviésemos en medio de esa locura de prohibiciones y alecciones, en eso fue tajante, aunque no entrasen libros a Cuba de los mejores escritores a Borges y a Cortázar ella los tenía en casa, y de vez en cuando citaba un verso, un pasaje de un cuento, de una reflexión, de una novela, y eso me llevó a  leerlos por ósmosis.

Mamá se mostraba neo-peronista después de que mi viejo la dejase varada en La Habana con los tres pibes, para así contravenir a los Guevara de la isla con mi abuelo en la cabeza, gorilas de corazón pero matizado con que Perón era fascista, como también repite este humilde servidor, y otro tanto porque hizo muy buenos amigos argentinos que siguen y seguirán siéndole fieles más allá de la vida. Pero aún así me infundió cariño y respeto a ese hombre, que según ella me enseñó, al contrario de lo que los intelectuales argentinos de la izquierda de aquella época pensaban o propagaban, amaba y conocía  profundamente el ser argentino.

En toda América y en Argentina en esos años en especial se trataba de ubicar a Borges en las antípodas de la argentinidad, de lo más granado y puro de la literatura sureña, del ser nacional, mucho por intereses espurios y otro tanto por desconocimiento, por haber manifestado su deseo de morir en Suiza, por adorar las sagas nórdicas, porque impartió veinte años clases de literatura inglesa y norteamericana en la Universidad de Buenos Aires, por amar la poesía y la cultura inglesa, por saber tanto de filosofía sin ser filosofo, tanto de la grandeza y la miseria de la literatura germánica ( e irlandesa si vemos a Yeats y sobre todo a Joyce como celtas), por similares razones que a Victoria Ocampo y Bioy Casares, aunque a éste con su trabajo como administrador de un campo de los Casares  le concedían el perdón a merced de un barniz a lo Benito Lynch y Mujica Laynez, que a falta de otros más aggiornados matices, le bastaban para ser identificado como valedor de una Argentina, a la que por supuesto perteneció, pero ni de lejos fue sobre la que más escribió, y regresando a Borges, se lo escoraba también por su "apoliticismo"  sospechoso en tiempos en que los intelectuales "debían" adscribir y suscribir ideologías, declaraciones , pasquines, corrientes de liberación, y lanzar zarpazos coquetos con garra de clase media pro Mayo del sesenta  ocho francés a un hipotético enemigo oligarquico y extranjerizante, para lo cual paradójicamente se sirvieron más que nunca de los muy pampeanos: Marx, Lenin, Freud, Lacan, Bretón, Aragón, Hernández el español, Luxemburgo, Althusser o Mallarmé, en lugar de las nutridas fuentes nacionales con demasiado olor a alpargata, ya sea de estanciero o de peón.

 

 Pero ni Borges ni Ocampo ni Bioy eran de clase media.

 

En los círculos en que me crié se daba por supuesto que Borges era lo menos argentino que tenía la Argentina,

Cuando leí “La Intrusa” me dije ¿habrán leído  a Borges?, todavía hoy no he encontrado un relato que me describa mejor al hombre de campo, al cuchillo en forma de facón, a los celos, al silencio, a la omertá telúrica, al viento al caballo y al hombre con sus extremos que ese corto y nutrido relato tan argentino.

 

¿Cómo no va a ser argentino de su época y de su clase si amaba el campo, el caballo, el héroe caído, el solitario, el gaucho, el maula del tango, sobre el que tanto sabía?, describía una pelea a cuchillos como sólo pueden hacerlo los norteamericanos después de Mark Twain, ¿Cómo no va a ser argentino de primera fila si sabía la obra de Xul Solar, de Evaristo Carriego, Martínez Estrada, Macedonio Fernández,  Baldomero Fernández Moreno, y tantos más como nadie?,

Si con todo lo que criticaba al idioma español hablado por los españoles, conocía Cervantes e interpretaba el Quijote dentro de la literatura hispánica y Universal, como ningún pacato de los que más tarde fueron más argentinos que el ombú y la fainá.

 

Fue la guinda del que probablemente haya sido el mejor pastel literario de América, la revista Sur, dirigida por Victoria Ocampo quien desde el primer número dejó claro a quienes iba dirigida:

 

“Waldo, en un sentido exacto, esta revista es su revista y la de todos los que me rodean y me rodearán en lo venidero. De los que han venido a América, de los que piensan en América y de los que son de América. De los que tienen la voluntad de comprendernos, y que nos ayudan tanto a comprendernos a nosotros mismos.”

 

Borges, además de haber encarnado al argentino de su clase en su imaginario y aparte de haber aportado a la literatura del mundo entero la posibilidad de conocer más a fondo sus antecedentes culturales argentinos, además de haber sido uno de los mayores exponentes del pensamiento, la poesía y la narrativa del siglo XX en Occidente, también en Oriente aprecian de cerca su sabiduría de viejo vizcacha, que dejó que Atahualpa Yupanqui lo admirase como a un paisano, que  Cortázar resumiese la nostalgia a su tierra en la lectura a Borges, que Mick Jagger se levantara de una cena para sentarse junto al maestro y decirle que era un honor conocerlo, a lo que el maestro le replicó con su habitual cortesía:  -Ah usted es el autor de esa canción- la cual, cuenta Kodama que se la reveló tarareándosela, para sorpresa y orgullo del Stone.

 

Borges, Borges y Borges

 

todo lo demás es aprendizaje

Atahualpa habla de Borges

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24 noviembre 2015 2 24 /11 /noviembre /2015 19:35

Doy por sentado que aceptamos el hecho de que cada gusto, inclinación estética, e incluso ética, nos viene legada y precedida de legionarios, de barcos con cañones, de arcabuces, de cimitarras, de aviones y bombas, de cohetes, etc. según sea la época de la colonización o la conquista.

Palermo chico y el barrio de los psicoanalistas se hizo a imagen y semejanza de París, las cúpulas de Congreso de Roma, Avenida de Mayo de Madrid no porque Baires esté geográficamente entre Italia España y Francia, sino por una neo-colonización cultural de que fuimos objeto muy a gusto, pero precedida de ese acto de violencia colonialista.

Nuestros referentes culturales e históricos, Gardel era francés, Cortázar belga y hablaba más francés que español, amaba París, Borges habría querido ser Londinense, san Martín luchó para España, y vivió y murió en Francia, quería vivir en Londres, Sarmiento incorporó la escuela francesa, Guevara hablaba francés antes que castellano y leía los poetas malditos franceses antes que a Vallejo, y un extenso etcétera.

También dicho esto, hay que decir que tanto los celtíberos hispanos adoptaron la cultura romana, como los mayas la española, como luego Buenos Aires la francesa y la inglesa las familias patricias, por la colonización, pero también porque tenían algo que ofrecer, por ejemplo, el Gengis Kan conquistó más que Roma, pero los pueblos conquistados no adoptaron ni una tradición mongola, , la URSS ejerció un dominio astricto y omnipresente en Cuba, y  en La Habana no quedó ni una traición rusa, ni un solo dibujito animado se ha vuelto a pasar en la TV, sin embargo siguen viendo al gato Félix y a Mickey Mouse.  Porque además de los tanques hay que llevar aportes.

El alcohol no era la droga autóctona de América, pusieron proscritas las originales  y dejaron legal la importada de Europa, y así en todo el mundo, como los nombres de los colonizados y sus religiones,  pero eso lo doy por sentado que lo conocemos y lo aceptamos.

Los argentinos somos eso, hablamos una lengua romance y no una lengua Pampa, Ona, Tehuelche, como cabría para quienes critican que sintamos el atentado de Paris, vestimos como europeos o norteamericanos, no como vietnamitas o laoseanos, ni siquiera como quilmes o diaguitas, comemos asados de vaca y cordero como los ingleses, ravioles como los italianos, tortilla como los españoles, etc. Rara vez comemos ñandú, llama, guanaco o armadillo.

En la patria de la carne proliferaron los Mc Donalds, le llamamos Patty como los norteamericanos  a la carne picada, desde mucho antes que arribara el primer restaurante norteamericano de pattys.

Ahora bien, más allá de eso, el hecho de que en Madrid se sienta muy cercano lo sucedido en París, no tiene que ver en absoluto con esto, España es el país menos afrancesado que uno puede imaginar dentro de Europa a pesar de la cercanía a Francia, y muy a pesar mío, que como porteño soy mucho más francocentrista y amante de lo parisino que la mayoría de los españoles de la meseta, que construyeron una identidad en oposición al refinamiento y la sofisticación francesa, donde la campechanía es una virtud y la pedantería intelectual un defecto al revés que en la idiosincrasia gala, donde un exceso e campechanía puede ser tomado como una vulgaridad indeseable y cierta petulancia , altivez , complejidad en el pensamiento, tanto como en el vestir, en las formas y en el discurso, es gratamente bienvenido en virtud de un refinamiento integral, ético y estético.

 

Madrid vivió un verdadero shock con atentado terrorista más grande la historia de Europa, en marzo del 2004, y los efectos están en el hipotálamo de la población todavía.

Fueron casi los mismos quienes lo cometieron y casi las mismas victimas, en el caso de Madrid murió la gente que iba a laburar a la mañana en el tren y en caso Paris, la misma gente que ya había salido del trabajo e iban a escuchar rock o a tomar un café. No eran los grandes potentados europeos, ni ninguno de los culpables de la miseria del mundo.

Y además concurre el hecho de que es un país vecino, limítrofe y que la amenaza se vuelve a cernir sobre el área.

Sí, en Madrid o en Buenos Aires podría haber costumbre nigerianas en lugar de europeas, impuestas primero por los trogloditas de la antigua Eritrea al Nilo, luego por el Nilo al mediterráneo, luego a Grecia, luego a Roma luego a  toda Europa, más tarde a América, y por fin al mundo, pero eso es Historia , esa ya no la podemos cambiar, lo que sí puede hacer de ahora en más quien quiera, es aprender a hablar quechua, aymará o guaraní ponerse un taparrabos y vivir en la selva.

Pero es cierto que no cuenta con la prensa suficiente.

 

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23 noviembre 2015 1 23 /11 /noviembre /2015 19:42

Doy por sentado que aceptamos el hecho de que cada gusto, inclinación estética, e incluso ética, nos viene legada y precedida de legionarios, de barcos con cañones, de arcabuces, de cimitarras, de aviones y bombas, de cohetes, etc. según sea la época de la colonización o la conquista.

Palermo chico y el barrio de los psicoanalistas se hizo a imagen y semejanza de París, las cúpulas de Congreso de Roma, Avenida de Mayo de Madrid no porque Baires esté geográficamente entre Italia España y Francia, sino por una neo-colonización cultural de que fuimos objeto muy a gusto, pero precedida de ese acto de violencia colonialista.

Nuestros referentes culturales e históricos, Gardel era francés, Cortázar belga y hablaba más francés que español, amaba París, Borges habría querido ser Londinense, san Martín luchó para España, y vivió y murió en Francia, quería vivir en Londres, Sarmiento incorporó la escuela francesa, Guevara hablaba francés antes que castellano y leía los poetas malditos franceses antes que a Vallejo, y un extenso etcétera.

También dicho esto, hay que decir que tanto los celtíberos hispanos adoptaron la cultura romana, como los mayas la española, como luego Buenos Aires la francesa y la inglesa las familias patricias, por la colonización, pero también porque tenían algo que ofrecer, por ejemplo, el Gengis Kan conquistó más que Roma, pero los pueblos conquistados no adoptaron ni una tradición mongola, , la URSS ejerció un dominio astricto y omnipresente en Cuba, y  en La Habana no quedó ni una traición rusa, ni un solo dibujito animado se ha vuelto a pasar en la TV, sin embargo siguen viendo al gato Félix y a Mickey Mouse.  Porque además de los tanques hay que llevar aportes.

El alcohol no era la droga autóctona de América, pusieron proscritas las originales  y dejaron legal la importada de Europa, y así en todo el mundo, como los nombres de los colonizados y sus religiones,  pero eso lo doy por sentado que lo conocemos y lo aceptamos.

Los argentinos somos eso, hablamos una lengua romance y no una lengua Pampa, Ona, Tehuelche, como cabría para quienes critican que sintamos el atentado de Paris, vestimos como europeos o norteamericanos, no como vietnamitas o laoseanos, ni siquiera como quilmes o diaguitas, comemos asados de vaca y cordero como los ingleses, ravioles como los italianos, tortilla como los españoles, etc. Rara vez comemos ñandú, llama, guanaco o armadillo.

En la patria de la carne proliferaron los Mc Donalds, le llamamos Patty como los norteamericanos  a la carne picada, desde mucho antes que arribara el primer restaurante norteamericano de pattys.

Ahora bien, más allá de eso, el hecho de que en Madrid se sienta muy cercano lo sucedido en París, no tiene que ver en absoluto con esto, España es el país menos afrancesado que uno puede imaginar dentro de Europa a pesar de la cercanía a Francia, y muy a pesar mío, que como porteño soy mucho más francocentrista y amante de lo parisino que la mayoría de los españoles de la meseta, que construyeron una identidad en oposición al refinamiento y la sofisticación francesa, donde la campechanía es una virtud y la pedantería intelectual un defecto al revés que en la idiosincrasia gala, donde un exceso e campechanía puede ser tomado como una vulgaridad indeseable y cierta petulancia , altivez , complejidad en el pensamiento, tanto como en el vestir, en las formas y en el discurso, es gratamente bienvenido en virtud de un refinamiento integral, ético y estético.

 

Madrid vivió un verdadero shock con atentado terrorista más grande la historia de Europa, en marzo del 2004, y los efectos están en el hipotálamo de la población todavía.

Fueron casi los mismos quienes lo cometieron y casi las mismas victimas, en el caso de Madrid murió la gente que iba a laburar a la mañana en el tren y en caso Paris, la misma gente que ya había salido del trabajo e iban a escuchar rock o a tomar un café. No eran los grandes potentados europeos, ni ninguno de los culpables de la miseria del mundo.

Y además concurre el hecho de que es un país vecino, limítrofe y que la amenaza se vuelve a cernir sobre el área.

Sí, en Madrid o en Buenos Aires podría haber costumbre nigerianas en lugar de europeas, impuestas primero por los trogloditas de la antigua Eritrea al Nilo, luego por el Nilo al mediterráneo, luego a Grecia, luego a Roma luego a  toda Europa, más tarde a América, y por fin al mundo, pero eso es Historia , esa ya no la podemos cambiar, lo que sí puede hacer de ahora en más quien quiera, es aprender a hablar quechua, aymará o guaraní ponerse un taparrabos y vivir en la selva.

Pero es cierto que no cuenta que la prensa suficiente.

 

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23 noviembre 2015 1 23 /11 /noviembre /2015 02:19

El único instante a lo largo de la historia de la humanidad en que tiene la misma relevancia la opinión del banquero más acaudalado que la del linyera más paupérrimo es en el momento de depositar el voto en unos comicios para elegir quien conduzca el destino de una nación. Dos minutos antes y dos más tarde el banquero a mover los lobbies que sustentan al poder y el mendigo a escuchar el eco en el vacío en sus bolsillos.

El 25de Octubre pasado le tocó ese honor a toda persona mayor de edad con ciudadanía argentina, con una reedición en el día de hoy, en una segunda vuelta eligiendo entre los dos candidatos más votados en la primera.

En un minuto de sus vidas hoy fueron todos iguales ante la posibilidad de dar un giro u otro al destino del país, quien quiso votar salió por un instante de su oquedad y de su lobby y manifestó sus filias o sus fobias, su recompensa o su castigo, pintó de óleo su tela o garabateó en la servilleta su mamarracho, con las ecuaciones a su alcance, con lo que encontró encima de la mesa.

Diciendo las mismas palabras no todos quisieron decir lo mismo, o mejor dicho no todos dijeron lo mismo por las mismas razones, dentro de los votantes de un signo unos fueron motivados por la ilusión y y otros movidos por la decepción, unos apoyaban la alternativa de hoy desde hace años y otros la empezaron a considerar hace pocos días, habrá incluso los que hayan obedecido a un impulso, a una intuición, al poder del olfato o de la duda, el espacio de inteligencia poco frecuentado en que  nos suele depositar la incertidumbre.

Con una alta participación en los comicios y un comportamiento cívico ejemplar, el soberano pueblo argentino, el mismo que en las dos presidencias anteriores había decidido apoyar la candidatura peronista de los Kirchner, en este caso y de una manera contundente, más que todo atendiendo a las encuestas previas, a las elecciones PASO y a las del 25 de Octubre, esta ocasión se decantó por “Cambiemos” y el candidato del PRO, Mauricio Macri, quien no proviene de ninguna de las dos  fuerzas tradicionales que habían alternado en el gobierno de la Argentina en las etapas democráticas, ni peronista ni radical, aunque reúna dentro de sus votantes a la fuerza Radical.

Empresario, personaje vario pinto, decidido, versátil, disperso en ocasiones, centrado en otras, con casos judiciales, ex presidente de Boca Juniors, club de fútbol seña y santo post moderno del pueblo de la descamisa y el choripán, representante de la ciudad y del campo, de la clase media, de la Capital, de los Unitarios frente a los Federales del siglo XXI.

En cualquier caso un aire nuevo, una incógnita, el atractivo y a la vez el reparo de que todo puede ocurrir.

Argentina cambió de gobierno y de signo político. También cambió de costumbres, de tradiciones, exceptuando reductos muy polarizados o cargados telúrica más que ideológicamente por el peronismo,  abrió la caja de sorpresas.

Siempre hay algo fresco y aprovechable en los cambios, pueden atemorizar por su proximidad estética al caos, pero son las mayores oportunidades para el relevo de nivel.  

Del período que se cierra hay tantos aciertos como errores o empecinamientos, tantas luces económicas  hubo en la época de Lavagna como sombras en la era que cierra el período, tantos logros en materia de derechos humanos respecto de los tropelías y atropellos protagonizados por las dictaduras militares, como desatención a aspectos de higiene democrática, de tolerancia, humildad y pluralismo.

Los cambios de gobiernos, las alternancias en el poder tienen mucho más relación con el mundo de las percepciones y  de la saturación de los modelos vigentes que de las políticas concretas, que de los exhaustivos  análisis de los pro y los contra, que los sesudos reparos en la lógica.

Al final, un país al igual que una persona, necesita de la magia del entusiasmo, precisa abrir el paquete que contenga olor a nuevo, con el tiempo verá si el artilugio comprado es de la calidad prometida o no, pero por lo pronto, la alegría de abrirlo le da ese plus de fuerzas y de ilusión de que se compone la vida.

El desafío de Macri y su equipo como del pueblo argentino, será lograr cambiar las cosas mal o no hechas, modernizar aquellas anquilosadas, y tener la sabiduría de no atentar contra las que se hicieron bien.

 

 

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4 marzo 2015 3 04 /03 /marzo /2015 15:19

Hoy tuve la oportunidad de suspirar desde la argentinidad, a raíz de un debate en una asociación de argentinos en el exterior, que prefiero no referir, en la que se llama a atender los problemas desde la óptica del sitio donde vivimos, no de Argentina, y me quería permitir, un breve comentario al respecto.

La división por distintos puntos de vista acerca de la realidad vista desde afuera, que es tan omnipresente entre argentinos en el exterior, desde siempre, que nunca vi una comunidad con tantos puntos en común, con una identidad tan fuerte e incluso atractiva en todo el mundo, y sin embargo tan competitiva y dividida a partir de que mucho antes que una comunicad todo grupo de argentinos es un rejunte de "egos" . 
He vivido en varios sitios estas situaciones, e incluso entre argentinos que se suponía estaban en la misma línea, o percepción de la realidad, las discusiones llegaban a ser casi capitales. 
Cuando tuvo lugar el Mundial de fútbol del '78, la división dentro de la misma izquierda peronista y no peronista, incluso dentro de cada una de estas, de si debía apoyarse o no, fue tal, que hubo rupturas irreconciliables en las filas y cúpulas que descansaban en la incomoda comodidad del exilio en el exterior. No se salva nadie de esta tradición. 
De manera humilde, creo que lo mejor, es tener en cuenta que una asociación en exterior intenta cubrir el deseo de sentir los lazos identitarios que de alguna manera, consciente, o inconscientemente se extrañan, y d e manera brutal, al estar tan lejos. por tanto convendría mucho antes hacer hincapié en los rasgos generales y transversales a toda ideología o posicionamiento político, sensibilidades sociales, etc. 
A todos nos unen las empanadas, unos mates, jugar al truco, Borges, Cortázar, Petorutti, Les Luthiers, a algunos el tango a otros el rock nacional, a otros el folclore, el rugby, el hockey, el fútbol, el box, a algunos les gustará más el golf o el polo a otros, a todos les gusta el vitel tomé, el pastel de papas, los niños envueltos, las milanesas, el asado, todas las pastas, las pizzas, la garúa, el cielo gris, el humor negro, el buen gusto , las visitas de amigos, el modo tan particular e intenso de entender la amistad en Argentina, único en el mundo. 
Si nos uniésemos en lo que es transversal a todos, nos daríamos cuenta además d e pasarla bien sin pelear, que todo lo demás son en realidad barnices que llevamos tan clavados como ajenos pueden llegar a convertirse fuera del contexto, no dejan de ser natos, al igual que los rasgos culturales que enumero, no hay diferencia, entonces, ¿por qué no buscar los puntos en acuerdo?

Sólo podemos ganar.

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14 febrero 2015 6 14 /02 /febrero /2015 18:51

Yo encuentro válida cualquier posicionamiento que muestre respeto hacia los demás. La que no parece a simple vista una opción demasiado válida, es el fanatismo.

Los fanáticos creen que hay extremismos gatunos o perrunos, diurnos o nocturnos, carnívoros o vegetarianos, de izquierdas o de derechas, y lo que no alcanzan a ver es que el "fanatismo" de por si conforma un conjunto, una posición, una opción.

De tal modo que un fanático de izquierda está mucho más cercano en todo a un fanático de derechas o de cricket tibetano, que de un atemperado simpatizante de la izquierda civilizada. 
Si se le prohibiese hablar de política a un extremista de derechas y a un extremista de izquierdas, y se los colocase bajo un mismo techo, sentirían una familiaridad inusitada, se verían más cercanos que gemelos, más que clones, casi siameses! Se percatarían de que piensan igual, actúan del mismo modo frente a todo estímulo, son idénticos.

Y si de repente se les permitiese hablar de política, seguirían siendo iguales, haciendo las mismas cosas, sólo que desde entonces se odiarían a muerte, pero eso sí, con idéntico furor e intensidad. 


Dejen el fanatismo señores, la gente no es buena integral ni mala del todo, no hay inmaculados ni demonios.


En este momento los asuntos que tiene en torno de sí el gobierno argentino carecen del mínimo decoro y de toda claridad, sin embargo otras obras que ha hecho a lo largo de estos años han tenido altura.

Sólo se trata de equilibrio y civismo.


¿Qué otra finalidad puede encerrar la defensa a ultranza de los errores propios y la permanente gresca frente a los ajenos, que la permanencia sempiterna en un estado de necedad colectiva profunda?

 

Autofagia be bop.

 

 

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17 marzo 2014 1 17 /03 /marzo /2014 14:29

 

 

Todos los seres humanos nacemos con la misma capacidad para disfrutar o padecer ante idénticos estímulos, pero según la sociedad en que nos desarrollemos se potencia una u otra habilidad. Hay ámbitos sociales en las cuales lo bien visto es ser campechano, humilde, y mostrar los conocimientos cada vez que se presenta una ocasión, resulta pedante y tiene mala prensa, hay otras donde la costumbre es cazar, otras donde pasa por el baile y la expresión corporal, otras por el recto, otras por la exhibición de los sentimientos.

Hay algunas pocas, donde el saber cuenta con muy buena prensa, donde acumular conocimientos, usar con agilidad las capacidades mentales, hacer chistes agudos, asociaciones lúcidas, soluciones astutas es tan atractivo y seductor como la belleza, tan respetado como la honestidad, y distintivo como los bienes y el dinero. Buenos Aires, en los años en que la disfruté tenía bastante de esto.

Si bien a veces el exceso de esto provoca un desdén por la cultura de la reserva, intimista, introvertida, y castiga a lo poco sagaz con burlas crueles, severas, e injustas, lo cierto es que al final la ciudad es una suma de una enorme cantidad de individualidades.

 

Durante una época devoré con avidez todo lo que había perdido de esa ciudad ecléctica y variopinta debido a los años en que me crié en el exilio. Uno de los innumerables sitios que trabaja en la alimentación de esa costumbre en la ciudad es el Teatro San Martín.

A veces había más oferta cultural en ese edificio que las que yo había visto en otras ciudades durante un año entero. Fotografía, cine, teatro, música, charlas, debates, subvencionados que lo que no convertía en gratuito lo transformaba en muy barato.

Tanto tiempo pasé dentro del San Martín que si uno todas las horas debería considerar que he vivido en ese centro cultural.  He ido con acompañado de todo tipo de amigos, la mayoría de las veces sólo con mi sobretodo gastado, y más de una vez con algún sin techo porteño al hall del teatro para calentar los huesos al tiempo que veía una exposición de fotografía cedida por la casa del fotógrafo anglo-argentino Alejandro Witcomb, la germano-argentina Annemarie Heinrich, instantáneas de Pablo Cabado o de Sebastiao Salgado.

O bien escuchar música en vivo en el hall, o pasar unas cuantas horas acurrucado en una butaca, ora echando una reparadora siesta ora abriendo los párpados para ver las imágenes de una maratónica película gracias a un ciclo de filmes de Fassbinder. Incluso una tarde, a la salida del cine, invité a la compañera de mi vida a entrar a una de las salas vacías para liberar energía de color rojo refulgente mediante  escarceos corporales.

Un día descubrí que unas cuantas calles más abajo por la misma avenida Corrientes, más cerca del Río y de los bancos de la ciudad, había otro centro, igual de gratuito, quizás con menos oferta en cuanto a cantidad ya que en realidad era un instituto de promoción de la cultura alemana, pero en contrapartida con una calidad exquisita,  era el Goethe Institut, donde se podía asistir a seminarios, a charlas, a ciclos de cine, fotografía, poesía alemana.

Ahí supe de la existencia del cine de Werner Nekes. Un enfoque novedoso para mi manera de ver y de entender el cine, presentado precisamente por la fotógrafa Annemarie Heinrich, con su conocimiento y pasión por las imágenes.

Estaba preparado para disfrutar de ese cine porque vivía como un verso libre, no estaba atado ni siquiera a mi mismo, la libertad parecía infinita hasta que una y otra vez tropezaba con las gruesas raíces de la angustia que saltaban temerariamente del suelo. Estaba cansado de propuestas visuales y plásticas que me condujesen a través de una trama, que desembocasen en un desenlace definido.

Annemarie invitó al auditorio a que pensásemos en lo que ocurriría si en lugar de ver las 24 exposiciones en un segundo que forman el movimiento en cine, viésemos los intervalos entre foto y foto, precisamente lo que nos estaba vedado ver ¿en qué cambiaría la película?

 Y aún hoy cada vez que veo una película comercial que me gusta pienso que sería de la proyección de otras hipotéticas 24 fotos de los movimientos no registrados. En nuestros propios movimientos, en nuestra alienación particular la manera de tratar el tiempo ¿cómo puede ser que convivan nociones tan diferentes del tiempo, como nuestra certeza de que algunos segundos son extensísimos, inolvidables, junto a la idea de que el tiempo pasa al nivel de poder decir: “-Nos vemos mañana”? 

 


 

 

Cuando terminó de hablar Annemarie proyectaron “Hynningen” y “El filme antes del filme”. Hay obras que cambian la vida de quienes las dejan entrar, en ese instante Nekes, o mejor dicho la suma de mis pasos, Borges, el teatro San Martín, el Goethe Institut, la clase magistral de la fotógrafa Heinrich y sus atentas explicaciones a mis preguntas, más Werner Nekes, conectaron con mis necesidades de estímulos narrativos. Así como tomaba de la vida todo lo que podía para un día transformarlo en un mundo único con diversos relatos, quería que me llegase el mensaje sin una grotesca imposición de sinopsis, que simplemente me sugiriese un escenario, un movimiento, un sonido, y que prescindiese de esa tendencia al recurso fácil del uso de la voluntad para guiar la atención hasta el fin de la historia.

Nekes me lo dio. El cine se hace imprescindible, cuando lo que cuenta no se puede hacer a través de otro soporte. Si se puede escribir, pintar o representar en el teatro, sigue siendo cine, pero es prescindible.

Para mi eso es también la literatura, lo que no se puede contar de otro modo que escribiendo, ni se puede percibir de otra manera que leyendo. 

 

A los pocos días, estando en la librería del Fondo de Cultura Económica en Buenos Aires donde trabajaba como vendedor, vi como traía una pila de libros para reponer en los estantes al frente de una carretilla de almacén, un amigo de mi amiga Gladys a quien había conocido en su casa.

Un hombre el doble de culto que todos los que trabajábamos en el edificio, de maneras refinadas, de mirada limpia, bondadosa, curiosa y no exenta de timidez , llevaba la carretilla desde el almacén a la librería con una altivez directa, distintiva.

Cuando lo comenté con mi amiga, me enseñó parte de la obra de nuestro especial reponedor de volúmenes, del cual yo ya sabía por referencias que era un cineasta especial. Pero cuando vi una de sus películas me sentí dentro de ese terreno místico, en que inevitablemente se ve uno tras la vivencia de una serie de aparentes casualidades, que como decía Borges, son "causalidades" de las cuales desconocemos sus razones, Claudio Caldini era Werner Nekes en Argentina.

Con el paso del tiempo he podido ver su obra, si bien no sé hasta que punto completa, sí puedo decir que abultada y aunque con el paso de ese mismo tiempo yo deba admitir que consumo mucha más "comida rápida" en materia de cine que antes, no he perdido del todo el gusto por el excelente cine, y recomiendo encarecidamente, a quien quiera ver arte audio visual desde la misma comodidad del sillón de siempre, pero sin la intervención represora del narrador en complicidad con nuestra comodidad envenenada, que busquen en las redes a Caldini , un ser exquisito y a Werner Nekes, quien para mi, es más argentino que el dulce de leche.

 

 

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14 enero 2014 2 14 /01 /enero /2014 01:16

 

 

Hasta Joan Manuel Serrat, el mayor icono de la cultura comprometida española de la transición y para mi de siempre, ejemplo de dignidad, de artista, poeta y cantante excelso, participó de una de las contradicciones más inherentes a la idiosincrasia, a la identidad del nacionalismo argentino desde la segunda mitad del siglo XX.
Serrat estuvo muy cerca de los Montoneros que lucharon en la época del gobierno militar de Agustín Lanusse desde la clandestinidad, de gente muy interesante, intelectuales, antes de la época exclusiva y puramente extremista. Incluso en España mantuvo el nexo y fue muy amable y atento con cuanta ayuda podía otorgar, brindó de su bolsillo dinero a los presos políticos. 

Sin embargo sentía una animadversión completamente razonada y razonable hacia Perón y aquello que lo rodeaba, incluso con la imagen de Evita por las estrechas relaciones con el franquismo más atroz que habían mantenido, en el caso de Perón llegando al extremo de ser el invitado al exilio de lujo del asesino de masas español y aplicado aprendiz de las teorías mussolinianas que alimentaron su posterior versión de la "tercera posición". No sólo desconfiaba, sino que como anti fascista al fin y al cabo, lo consideraba un serio enemigo al verlo a diario como convidado de honor del dictador gallego.
El artículo no trata este tema, pero me interesaba hacer hincapié en esta contradicción tan presente siempre en Argentina, al menos desde que yo nací. 
Y la falta de seriedad de ciertos sectores de la izquierda que por ganar apoyo populista, ha ido olvidando paulatinamente hasta el acceso súbito de una rotunda amnesia, el hecho de que Perón no es que haya tenido raíces fascistas sino que era amigo de los dirigentes del exterminio de masas fascista europeo. Aunque Perón no era una persona tan sencilla y eso descolocaba a Serrat y a más de uno, en ese exilio franquista recibía para dar instrucciones y escuchar de primera mano a los jóvenes militantes clandestinos peronistas de la lucha antidictatorial ¿qué pasaría por la cabeza del comprometido cantoautor catalán cuando veía que la Meca de aquellos militantes revolucionarios, no se encontraba en Moscú, en París ni en La Habana, sino en Puerta de Hierro, en la única capital europea dónde aún persistía el fascismo?

También Perón fue amigo de Fidel. Aunque declinó una invitación de éste a que se exiliase en Cuba, tampoco había porque llegar tan lejos para devolverle la simpatía al totalitario barbudo, ya que Fidel cuando era joven conformó una asociación de apoyo al peronismo desde Cuba, bastante antes del triunfo de Revolución y cuando los comunistas a Fidel le producían la misma urticaria que el trabajo, ello en realidad habla del rasgo más característico que ambos presentaron a lo largo de su vida. El Marxismo a lo Groucho.
¡No hay nada que no se pueda ni se deba hacer si la finalidad no es otra que mantener el tujes en el trono!
Con perdón de mis queridísimos amigos provenientes, simpatizantes, colaterales, ora cercanos ora enemistados con el peronismo, pero es menester que la verdad nos preceda. 

Decir peronista de izquierda es tan paradójico y contradictorio como decir: monarquía democrática, guerra pacifica o noche soleada.

El artículo y la canción siguiente son una belleza ya que versan acerca de una relación nunca ventilada ni demasiado comentada del Nano con una muchacha modelo y a la vez militante no violenta en la villa miseria. La canción es preciosa, yo no la vivo como algo relacionado con la política, con esa fase que a algunos nos causó un rasguño que penetró hasta sitios insospechados de nuestros ilimitados universos, dejando un tendal de fantasías, de miedos, frustraciones, borrosos recuerdos dispersos, algún que otro amor y odio y mucho olvido.

Sino que la vivo como un recuerdo agradable de mi infancia y de los años en que Serrat tenía una voz que amansaba a las fieras y despertaba a los anestesiados.

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La historia secreta de "La montonera”, una bellísima canción que Joan Manuel Serrat ha preferido olvidar. Es un buen día cuando aparece un nuevo número de Viernes Peronistas. Y también, un día perdido: imposible resistirse a la tentación de sumergirse en sus páginas (aunque técnicamente sea un fanzi...
  
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