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29 agosto 2020 6 29 /08 /agosto /2020 16:45

En los últimos días muchas bestias están dejando aparecer sus no demasiado pulidos instintos, en las redes sociales, se muestran partidarios de matar manifestantes de la oposición para defender la que es su idea de una grandeza perdida de los EEUU, su modo de entender el patriotismo. Convendría explicarles que el significante de lo que lo hacía un gran país, no era salir a liquidar a quienes piensan diferente, sino más bien lo contrario, estaba más relacionado a ser, junto a Francia, el país de la democracia y los derechos del individuo.

Por ser allí donde los inmigrantes pobres y analfabetos del mundo encontraron un sitio donde no se los trataba con prejuicios, donde se les daba una oportunidad de igualdad. Desde los hambrientos de Irlanda, como a William Penn al que el rey de Inglaterra otorgó una inmensa cantidad de tierras, donde el cuáquero estableció una carta de libertades y leyes tan modernas y progresistas, que sirvieron como modelo para redactar la Constitución de 1788.

El país donde Mark Twain comenzó un estilo que llegó hasta Raymond Carver, pasando por Miller, Highsmith, Steinbeck, Chandler, Thompson, Hammet, Bukovsky, Sallinger, Kerouac, Cheever o Mailer, de vuelo libre, novedoso, donde se empleó el argot de los pobres blancos y negros, un estilo literario donde la acción precede a la reflexión, en el cual el protagonista puede escupir al suelo, beber whisky malo directo de la botella, amanecer sin dinero, ser un poco tramposo, y no obstante al final sacar la mayor nobleza de espíritu sin necesidad de descender de la aristocracia.

Una escritura que no permite distinguir si precede al cine o parte del movimiento del celuloide, la descripción exacta de un puñetazo y de una estafa inocente.

Por ser el país en donde los hijos de los esclavos liberados, produjeron la mayor expresión artística de la época, el jazz, la irrupción del ritmo dotó de una explosión de color y sabores a la música universal, liberó de  la partitura al ejecutor, del corsé de lo que era políticamente correcto escuchar y bailar. La trompeta europea en manos de Armstrong alcanzó una dimensión nunca antes experimentada, un blanco como Al Johnson se disfrazaba de negro para ejecutar su número artístico, Robert Johnson inmortalizó sus blues a una habilidad a la guitarra aprendida en un cruce de caminos, Scott Joplin y Jelly Roll Morton liberaron a través de sus dedos al piano en burdeles y bares de mala muerte todo arte contenido entre cadenas, algodón, látigos, risas del carnaval de John the Conqueror, el alma libre de los esclavos, los rollos de piano para ragtime y el Scat.

El pais donde surgió el ritmo nueva Orleans, y donde los blancos hijos de los ex esclavistas, le dieron una vuelta de tuerca a ese sonido llamandolo Dixieland , para poder ser negros por un rato a través del alma, entonces el jazz pasó a ser una pose, una actitud, además de una expresión musical, el ritmo y la bemba entraron en pintura, en literatura, en los negocios, en la arquitectura, en la vida cotidiana y en el desenfado del twist y el rock'n'roll.

Por ser el país de los intelectuales libres, de Hollywood, de Broadway, de la mejor prensa libre del mundo, de la libertad de expresión, de la motivación para innovar, para crear, para emprender, el país de todas las razas y las nacionalidades encontradas en New York City, que llegó a ser considerada la gran manzana, compitiendo con Paris y Londres en el ranking de capitales del Mundo. Y aparecieron los Mies Van der Rohe, los Robert Rauscehmberg, Tiffany's , Calvin Klein, Levi's Strauss, Gibson, Fender, Pearl, Batman, Tarzán, Flash, los Tres Chiflados, el Gordo y el Flaco, Coca Cola, Pepsi, Chiclet's, KFC, Burger King, Wendy's, Taco bell, Lee, Ford, Chevrolet, General Motors, Larry Bird, Michael Jordan, y el etcétera más extenso que se tenga idea.

Y lo que no inventaron lo reciclaron, hay más gente en el mundo que conoce la hamburgusa, el hot dog, la pizza y la mayoría de los deportes por los Estados Unidos que por Alemania ,Italia, Inglaterra o Grecia.

El país de los hippies, de los Beatniks, de los heavys, de los rockers, blues players, del MOMA, del Met, del Mardy Grass, de Singer Sargent, O'Keefe, Hopper y la estatua de la Libertad.

Sin mencionar una sola efeméride nacida del ámbito de la política, del bursátil, ni de la industria bélica.

 

Hacer EEUU grande otra vez, es lo contrario de salir a matar a los oponentes, es hacer que vuelva a brillar como faro para todas las almas libres, como lo fue para mi generación de jóvenes rebeldes, los que hoy tenemos el honor de haber crecido con la famosa mancha en el expediente escolar acumulativo “Diversionismo ideológico” , homenaje que jamás se le hizo a quienes hoy, como ayer abrazaban la intolerancia, las armas,  el partido único, y la idolatría al caudillo de turno.

Estados Unidos de América, Ébano y Marfil
Estados Unidos de América, Ébano y Marfil

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Published by martinguevara - en Opinion crítica. Relax
11 mayo 2020 1 11 /05 /mayo /2020 21:17

Quién me introdujo en Jimi Hendrix y en el primer porro de “efori” que fumé en mi vida, fue un pepilllo casi hippie de mi edificio de Alamar, apellidado Jardines.

Recuerdo que fumamos la "bala" de aquella escasa pero maravillosa planta del Escambray y me puse a barrer las cenizas para que nadie descubriese que era yerba, barrí como tres veces el salón, en aquella época era extremadamente penalizado en Cuba, Jardines rompió a reír a carcajadas y me contagió la risa a mi y a la escoba que dábamos pasos de vals en un suelo ya reluciente entre nota y nota de un expandido punteo bajo los influjos del cannabis más clandestino.

Jardines tenía Long Play no sólo de Hendrix, sino de Deep Purple, Led Zeppelin, Peter Frampton, y otros grandes del rock, era algo muy raro en la isla por aquellos días, empecé escuchando el mejor musicalmente de todos los discos de Jimi, con el último grupo que armó, no con ingleses, sino con músicos negros estadounidenses de funk, "Band of Gypsys" con temas como Machine Gun, Midnight Lightning o The power of soul.

Así que fumé el primer porro escuchando por primera vez el mejor disco del mejor guitarrista de rock. Algo es algo.

Nunca volví a ver a Jardines desde antes de irme de Alamar porque se fue antes que yo, ni lo reencontré en las redes. Hoy hablando de pepillos y de guapos con un grupo de amigos recordé algo que me dijo Jardines, idéntico a una cosa que decía Andrés Alburquerque pero décadas más tarde en un programa de TV en EEUU y en otro sentido.


Jardines era mulato, y se quejaba medio en risa y medio en serio de que aún siendo uno de quienes más entendía de rock, la gente lo invitaba a fiestas de música de guapería afrocubana, y los blancos al principio desconfiaban de su "pepillismo rockero" hasta que al poco, no cabía de que era el mejor.

A mi estimado Andrés, lo escuché muchos años más tarde comentar en un programa de TV que le molestaba esa suposición racista y simplista de la gente, según la cual él debía votar a Obama por ser afrocubano.

La izquierda extrema reprimiendo la libertad, la liberación del individuo y la oda a la estupidez, la negritud, la derecha y el racismo por los siglos de los siglos

Señores: el prejuicio es todo nuestro

 

El último disco autorizado de Hendrix

El último disco autorizado de Hendrix

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Published by martinguevara - en Cuba flash. Relax
27 abril 2020 1 27 /04 /abril /2020 14:15

Cultura y libertad. Lo demás nos llegará por añadidura.

Retomamos los debates sobre puntos de vistas diversos con el pichón.

 

 

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Published by martinguevara - en Relax Opinion crítica.
10 febrero 2020 1 10 /02 /febrero /2020 13:55

Entre la adolescencia y la juventud, en la escuela al campo hacía escuchado tanto a los guajiros y los compañeros de la escuela hablar de como de rico era templarse una chiva que de a poco fui pasando de verlo como una zoofilia intolerable, a un acto disparatado y de ahí a algo que, bueno, en fin, a falta de pan bien vienen tortas. Encima en aquel año yo tenía una noviecita, nada serio pero muy agradable que estaba en el otro campamento, al que se llegaba caminando a través de los campos de plátanos no recuerdo cuantos kilómetros pero no serían más de cinco ni menos de tres. Las visitas consistían en apretar todo el rato que duraban, pero a los sumo una teta podía llegar a mis labios y una mano a mi glande. Todo quedaba entre costuras.

Claro el nivel de calentura con que volvía a mi albergue hacía que a veces me detuviese a cantarle a la Luna detrás de una mata de plátano embarazándola de un Banana Man, entiéndase, caminar tres kilómetros con aquella tensión añadía incomodidad al temor al ahorcado y los chichiricús mandingas que podrían salir de entre las hojas de los bananos. Los guajiros también aseguraban que abriendo un hueco cilíndrico en el tronco del platanal su pegajosidad y calor podían auxiliar a la mejor de las manuelas. Aunque jamás a una buena chiva.

Y mira que jodían con eso.

Así que un día me apresté a probar aquella papaya mágica, sólo necesitaba encontrar la chiva adecuada, todos decían que cerca del río al lado de la cerca había unos chivos, sólo era cuestión de hallar el amor en el rebaño. A un guajiro que le pregunté diciendo que era sólo por curiosidad, como dije cuando probé la marihuana, cuando una puta, cuando el ácido, robar, vender, matar...jaja no, matar no, es broma. El guajiro me dijo, es importante que le amarres los pies de adelante para que no se escape, eso me encantó, los pies, humanizar primero a la chiva y luego seducirla con el abrazo de una cuerda.

Tras andar en la soledad de los platanales encontré al pequeño rebaño de chivas, chivos, y tal vez "chives" pero de eso nunca me enteré. Llevé una como pude hasta el alambrado de púas como me dijo el guajiro, aunque yo no tenía una soga para amarrarle las patas delanteras, lo que empezarían en breve a ser "los delicados pies de mi Cenicienta", así que la acomodé de frente al alambrado, pensé por última vez lo que estaba haciendo, si me veía alguien y se corría la bola sería el fin para siempre, sólo me restaría convertirme en bicho de corral.

Me dije- ma, sí- y saqué el nabo a medio izar sintiéndome medio culpable por no hacerle unas caricias a la partenaire para entrar en tema, pero conviene entender que la higiene de las cabras deja lo suyo que desear, y tampoco ella me haría una felación, así que dejé la culpabilidad traté de agarrarle la cadera pero se movía a un lado y a otro, el aparato se "desentusiasmaba" cada vez más y la chiva empezó a pisarme las botas de goma del campo, pateó mis tobillos flacos, llenos de falta de carne y músculos, eran tan flacas como las de mi frustrada amante circunstancial. Desistí sin sentir demasiada frustración, guardé el objeto puntiagudo del poco deseo del caprino y me alegré de no haber tenido ni idea, ni la ruina suficiente como para clavar ahí ni en la mata de plátano más que la punta.  Aunque en el mismo día había intentado zoofilia y “boiofilia” ¡candela! poseído por el rapto de la inspiración por la clorofila y el flujo animal. La cabra se quedó ahí como decepcionada de mi escasa insistencia, y yo me alejé camino de ningún sitio, porque me había escapado del surco y no podía llegar a mi albergue ni al de de mi noviecita, donde todavía habría solo profesores haraganes y los vagos de la cocina.

Pasaron los años y tuve que cumplir unos meses de reclusión en una clínica de salud mental, a causa de la curda. Cada poco teníamos sesión de psicología todos juntos y luego uno por uno con la psicóloga. La sesión colectiva era al lado de una piscina que había pertenecido a Al Capone, bajo una glorieta cubierta de enredaderas, un día la psicóloga, en la charla de educación sexual, desarrolló el tema de de la zoofilia, en la medida que iba explicando de que se trataba y con los animales que era más habitual aquella práctica, algunos internos que habían sido campesinos en sus años mozos, comenzaban a compartir risas nerviosas y cómplices. Cuando terminó la charla se  deschavaron, que si la yegua era rica pero peligrosa, si la vaca demasiado difícil, y que la mejor era la chiva. Decían lo mismo que los guajiros del campamento unos pocos años atrás- el bollo de la chiva es de lejos el mejor, es igual o más sabroso que el de la mujer- Uno de los ex guajiros me miraba mientras yo me reía y me preguntó:

-¿Nunca probaste la chiva?

-No-le aseguré- y si vas por Artemisa y ves un cabrito con cejas tupidas y un Banana man detrás suyo, nada que ver conmigo, nunca tuve esa cuerda para enamorarla por los pies.

El hijo de la chiva

El hijo de la chiva

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Published by martinguevara - en Relax Cuba flash.
24 diciembre 2019 2 24 /12 /diciembre /2019 00:00

La época de navidad era nociva, evidenciaba que por una razón u otra siempre estaba lejos de esos afectos que prefería tener próximos; pero también en aquellos años en familia en que iba a donde mis padres decidiesen, ya fuese casa de los tíos Roberto o Cipriana, entonces sentía que la única relación que tenía con esa fiesta era que ponía a prueba mi capacidad de resistencia frente al paso el tiempo, extraordinariamente lento cuando le prestas atención, y tremendamente efímero cuando quieres que se demore en una parada de asientos mullidos y senos retozones. 

Acaso la hora de despedida en lo de Cipriana para ir casa abriendo los regalos en el coche o el camión de papá fuese más pasable, o el despertar en lo de Roberto con aquella cocina de asientos en estilo vagón de tren que daban al verde de San Isidro, o la mesa del jardín donde estaba mi tía Celia casi siempre dirigiendo la batuta de las charlas, no por ascendiente jerárquico sino contaba con mayor despliegue de gracia, y mi madre haciendo chistes eficaces como corroboraban las risas. Ese día siguiente cuando podía observarlos fuera de los brindis y los cohetes permanecen confortables en mis recuerdos .

 

Después pasé unos cuantos años donde la navidad estaba prohibida entonces brindábamos por año nuevo, esta fiesta sólo tenía lugar en casa, con mi madre, mi abuela y mis dos hermanos, sin regalos ni arbolitos ni un montón de parientes que evidenciaban la ausencia absoluta de elogios motivacionales. Sólo los cinco y la mesa que la abuela se había ingeniado en adornar con platos exquisitos con la menor cantidad de ingredientes que alguien pueda imaginar. Esos días los recuerdo con cariño, estábamos juntos un rato, todos los que ya no nos hablamos, ni nos escuchamos más. Si nos queremos o no es algo misterioso que habita en la relevancia que cada uno le cede en su espacio interior; en mi caso sólo puedo reconocer latidos sonoros, sobre los cuales prefiero obviar la naturaleza o calidad que les precede. Mi abuela era el elixir de la comunión, la antorcha colectiva, entonces jugábamos cartas, Scrabble, dados, ella era española y sus juegos de cartas eran con naipes y eran españoles, tute, brisca, escoba, pero aunque fuese el juego mas infantil y simplón, desde chico me encantaba "el culo sucio". Como me reía cuando alguien se quedaba con el culo sucio. 

 

En año nuevo no tocan regalitos, de ahí no haya que confrontar cuanto tiempo y recursos dedicaban los mayores en nuestro honor en la inevitable comparación con los demás. Y por otro lado, aunque alguien se encaprichase en hacer regalos en aquel páramos de tiendas, era una empresa tan improbable como respirar bajo el agua. Sin aqualungs ni branquias.

 

Curiosamente, volví a ver a mi padre tras diez años a una semana de una navidad, en que fuimos la misma noche a lo de tía Cipriana ya fallecida pero con todos los parientes de ese lado presentes y luego a lo de otra tía, Carmen Córdova que a la sazón, era como si fuésemos a lo de Roberto que seguía fuera del país y ya no viviría más en San Isidro, a las dos casas en la misma navidad. Aquella noche si fui feliz por volver a ver a mi viejo, a toda aquella gente, al país que me selló, y por volver a ver tanta carne y cosas ricas juntas en una única noche.

 

Después hubo unos años, dos décadas para ser exacto en que pasaba la navidad con la familia de Patricia. Aunque me sentía agasajado como nunca en afecto familiar, lo cierto es que nunca pude agradecerlo del todo porque mi sonrisa y mi indumentaria no se correspondían con el entusiasmo interior. Hoy les mandé un beso tierno por todo el cariño que me dieron. 

Sin embargo una vez más los Año Nuevo acudían en auxilio de la asfixia por tanto barniz. en casa de los eternos Marcos y Mirta y en nuestra mesa larga que daba hasta para catorce comensales. Pero un detalle, todavía bebía como un cosaco y fumaba como un escuerzo; todo bebedor y fumador compulsivo sabe que estar rodeado de comensales que ríen y hablan a los gritos es una bendición para descorchar botellas durante una eternidad sin intervenciones represoras de ninguna especie.

Pero hace años que no pruebo el elixir del canto.

Será la primera navidad en que no tendré sensación de exclusión por pasarlo solo con mis recuerdos y lecturas, ni tampoco agobiado por parecer que encajo entre servilletas rojas, alegría pautada y sobre todo, entre mucha gente, tantos testigos de esta sempiterna inutilidad, de esta verticalidad pretendida, que camufla el temblor, el frío, el miedo, la rabia, y el sombrero sobre la silla aplastado por un culo gordo, empapado en colonia barata, charlatán y ampuloso.

Más sucio que el as de oro.

 

 

El culo sucio

El culo sucio

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Published by martinguevara - en Relax
2 diciembre 2019 1 02 /12 /diciembre /2019 21:37

Cuando Crouch era un chaval le encantaba templar con casadas cuyos maridos de la edad que él tiene ahora, ya no les daban todo el alpiste que ellas deseaban picotear.

También es cultural, en Cuba o Francia esperan mucho menos que en España o Polonia para dotar de cornamenta al displicente cónyuge, pero tarde o temprano, ya sea en la carne o en el pensamiento, son más quienes resbalan que quienes aún sin demasiado entusiasmo, consiguen pisar el freno.

Era óptimo para todos, a Crouch le permitía agenciarse una buena cuota de placer sin compromisos, ellas no tenían que dejar al reno, sus comodidades y  costumbres, y el astado sentía el placer de disipar toda esa presión de los silencios incómodos que con sólo una mirada llamaban a retumbar en las paredes del cráneo, en la oquedad de la consciencia un eco como un grito en la penumbra "ya no me satisfaces" "ya no te gusto" "ya no me gustas", margaritas al viento ¿me quiere no me quiere? además de licenciar sus escapadas.

Todos ganaban, hasta el gato y el perrito recibían raciones extras y los hijos el doble de golosinas para mitigar la culpa. 

Pero la culpa de ninguno desaparecía, es que en realidad no había culpa alguna. La vida es como es, y se lleva como mejor se pueda.

Crouch confesó que siente hoy ningún orgullo por el "pata de lana" que fue, pero el rol que no soportaría en modo alguno es el del buey. En algunos países a los bueyes los nombran "Palomo" para que entiendan su nombre mientras aran. Y dada la edad en que va entrando, aunque fuese multimillonario, comprensivo, viril, enérgico, saludable, gracioso y dotado, de los dos papeles, indiscutiblemente el más cercano es el de Palomo, a raíz de esto Crouch es terminante: se comparte, se baila, se quimba, incluso se desayuna, pero antes que el sol torture la cortinas, cuando los bueyes comienzan a arar el surco, cada uno a su techo. 
Pero sin huir por la ventana con el cinturón atascándose en un cardo del jardín y la camisa puesta de sombrero, como cuando era el advenedizo pata 'e lana.

 

 

 

 

Crouch "El pata 'e lana"
Crouch "El pata 'e lana"

Crouch "El pata 'e lana"

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Published by martinguevara - en Relax
8 octubre 2019 2 08 /10 /octubre /2019 22:34

Será el abrazo suspendido, la historia de los dos viejitos judíos rumanos primos hermanos separados por la barbarie a mediados del siglo pasado que se reencontraron tras setenta y cinco años, será porque en esos años mi abuelo Ernesto dentro de su vida de Bon Vivant, hizo espacio para una firme conciencia antifascista. 

 

Será por el abrazo de mis hijos, al despedirme de Alejandro en Canarias y de Martintxo cuando regresamos de las playas de Nha Trang y las motos de Saigón. 

 

Será por el abrazo de mi viejo, a quien tanto quise y extrañé de niño cuando se fue para cumplir con esa maldita y condenada revolución de los cachetes rojos, colillas humeantes y colitas frescas con fécula;  de la que del todo nadie ha regresado ni dejado de esperar.

 

Será porque mi madre me enseñó a querer todo eso más que a la secuencia de exposiciones por segundo que componen la incertidumbre de la vida. 

 

Será por la voz educada y a la vez firme de mi tía Celia, el regalo de su visita justo detrás de mi viejo, será porque los vi cuando niño en las navidades y luego tras la atomización, los doce trabajos de Hércules, el exilio, la cárcel, la virtud, la desnudez de la verdad, los volví a ver abrazándose, porque vi a mi hijo abrazándolos, porque aquellas esquinas sombreadas me dieron la espalda cuando el filo del acero estaba a punto de cortar la fatiga de mis latidos, y me empujaron hacia adelante, perseguido por la obsesión de respirar que produce el asma, para que un día, a la vuelta de otras esquinas templadas por el sol, la charla de los viejos y los besos de los amantes, me esperara una colina de manzanas deseosas de un abrazo mordiscón, y me salpicara la cara un chorro de olas disgregadas por un viento llegado de otra dimensión, de las reminiscencias de una experiencia que sólo conocí en sueños acunados en el camino. Sueños de talco, de grieta, de sed y ampolla.


Será porque en algún tramo del regreso diario puede aguardar un pequeño cofre con la llave de otro cofre aún más pequeño, ínfimo, que al ser abierto desprende caricias, excusas y charlas sosegadas con cada uno de los que se quedaron esperando a quien no pude ser y risotadas con cada uno de los que fui.


¿Por Hildita, por Canek, por Cuba tendida en la alfombra del abismo? o sólo será porque el mundo no ha mejorado más que un pimiento, porque el miedo al miedo nos hace compartir la mueca hostil antes que el gesto de placer, será porque un calabozo detrás de otro, una bomba después de otra, una puñalada, un borbotón de sangre y sesos, las cabezas rodando, el hambre tosiendo polvo de las brasas, la oda a la guerra, el uso de la fuerza para el abuso, nos han enviciado, nos han hecho adictos a tentar los limites de la paciencia del aire, del semen, de los mangos y de la tierra.


No sé por qué, pero este aniversario de la muerte de mi tío Ernesto con su barba rala, el pelo a lo Ivanhoe y Morrison, el olor de la transpiración de animal acorralado en aquella quebrada, pesando la mitad de sus kilogramos, con la mirada más limpia que nunca, extraviada en el horizonte del cielo con un ligero toque de Venere, a sus pies los molinos vencidos y Dulcinea besando su frente, me llega más que nunca, como si al final el asma cumpliese su cometido, como si hubiese aguantado las ganas de vaciar la vejiga hasta llegar a la cima. Un año no es más que una vuelta de nuestra casa alrededor del astro mayor, pero siento como si este aniversario se hubiese desnudado de esos convencionalismos y me tocase el timbre para sentarse en mi mesa, para quedarse en mi cuarto de invitados, al lado del radiador y la cortina verde, y desayunar melocotones y mantequilla discutiendo cafés, mates, jugos, temas calientes y fríos. La fuerza del pequeño cofre.


Y acaso, ya con la barriga llena, la puerta cerrada y la ventana abierta,  preguntarle lo que Atahualpa Yupanqui a su caballo el Alazán, cuando éste agonizaba tras caer barranco abajo entrampado por un lazo de niebla:


¿Qué estrella andabas buscando?


 


 

 

 

Ernesto, de Madrid al cielo.
Ernesto, de Madrid al cielo.

Ernesto, de Madrid al cielo.

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Published by martinguevara - en Argentina frizzante Cuba flash. Relax
17 septiembre 2019 2 17 /09 /septiembre /2019 09:17

Un ricordo di Mario Bendetti

Oggi passeggiando, mi è venuto alla mente il ricordo di Benedetti e dei suoi baffi. 
Alamar, le sparute pulci e la sua enorme dignità, appena fuori l’Habana in direzione di Cojìmar, un barrio proletario dell’uomo nuovo. 
Mario Benedetti ha vissuto in esilio a Cuba ma ha chiesto in modo esplicito, conforme alle sue idee e al suo nerbo, che non gli dessero privilegi all’altezza del suo nome. Avrebbe potuto vivere a Parigi, in un dipartimento tipo il Trocadero. Ma lui era così.
Ha vissuto un po’ di tempo a Alamar dunque, una baraccopoli operaia di tipo stalinista, davvero orribile nell’aspetto, in cui non c’è mai stata nessuna attrazione particolare che si ricordi.
Occorre rammentare che a Cuba non è stata costruita una sola cosa in 50 anni utile a promuovere il turismo, ma nemmeno promossa dal governo rivoluzionario. Paradossalmente tutto ciò che il proprio istituto del turismo considera come attraente, è stato fatto prima del 1959.
Beh, Benedetti, il grande poeta, scendeva a piedi le scale dell’edificio di dodici piani dove viveva, sul mezzo del giorno, e andava a comprare con la “libreta”, non con dollari ma con soldi cubani, validi al massimo per piselli, riso, uova e qualche altra cosetta in più, al magazzino della zona 8.
Faceva imperterrito come tutti la sua coda, e poi tornava carico di quel poco che c’era, ma (vuoi mettere?) sotto quel sole di giustizia… 
Aveva addosso terribili pulci più affamate di lui, era un poeta solitario, di grande carattere, della gentilezza convenzionale e affettata non gli era rimasto nulla, e per questo alcuni lo criticavano, perché volevano che, una delle stelle della cultura d’America fosse più cordiale ancora di quanto fosse.

E non bastava che vivesse in Alamar e di lì andasse girando per il territorio imprecisato del Bachiplan, (un polverone biancastro e grigio che s’infilava da tutti gli orifizi fino al midollo) né che essendo uruguaiano, mangiasse ogni morte di Papa una bistecca, o che bevesse mate con quella erba rinsecchita al sole, impegnato a togliersi di dosso quelle fastidiosissime zanzare che non riusciva ad allontanare il ventilatore russo, scrivesse poesie meravigliose da quella baraccopoli operaia. Come Dostoevskij lo faceva dalla prigione in Siberia, anche se il poeta rioplatense per volontà propria, e addirittura senza lamentarsi, ma grato. 
Avrebbero preferito magari che “don Mario” discendesse fino alle catacombe dell’inermità, dove abita l’eco di tutte le codardie umane, la morchia del tedio, della procacità, della grossolanità, il trotto della mandria e il belare del gregge, dell’orrore più sordo che rappresentava quel convenzionalismo di quartiere, con le sue conversazioni banali, quel nulla di quotidiano, quell’omicidio alla poesia.

Era un eterno cospiratore della penna, un uomo coraggioso, elettrico, amante del minimalismo, della lealtà, e anche quando il suo posto in esilio sarebbe stato un prestigioso quartiere di Parigi o di Londra, non si è mai lamentato di quel “sole di giustizia” né di aspettare la sua bistecca trimestrale nella coda infinita del magazzino “agropecuario” né di resistere all’affronto di sentir chiamare “Rivoluzione” quella cosa amorfa e atonale intorno a lui. 
Nemmeno la tortura di ascoltare le preferenze musicali del vicinato lo distoglieva, che con orgoglio si esibiva tremante per la vibrazione degli altoparlanti delle loro radio russe messe al massimo volume, dietro le sottili pareti di quel dipartimento dell’edificio di dodici piani, dove quando se ne andava la luce, Benedetti accendeva una candela, sognava di accompagnarsi ai suoi connazionali detenuti, a quelli che non c’erano più, ai suoi amori, alle foglie cadute di uno degli autunni della sua terra, si chinava sulla carta e scriveva quei meravigliosi versi senza un filo di odio, con quella naturalezza e profondità degli uruguaiani di allora, con il sigillo impegnato di quelle generazioni, versi pieni di ammirazione per la grandezza dello spirito e anche di compassione per l’imbecillità umana, anche per le vittime e carnefici di essa, e di tutto quel nulla abissale quotidiano. 
Martìn Guevara Duarte (Traduzione Alessandro Silvestri)

Don Mario, el petiso gigante.

Don Mario, el petiso gigante.

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Published by martinguevara - en Relax Cuba flash.
3 agosto 2019 6 03 /08 /agosto /2019 19:33

 

Días atrás un amigo del barrio de mi hijo menor, le obsequió, procedente de un huerto barrial,  una lechuga a medio crecer. Se la dio con las raíces al aire, fláccida, condenada a perder todo su verdor en unas pocas horas más.

Él llegó a casa la puso en una maceta, le colocó buena tierra, la regó, lo felicité diciéndole que al menos le estaba dando una muerte digna. Al día siguiente la lechuga continuaba verde y al parecer, viva.  A los tres días, la propia planta se había encargado de descartar las hojas que no podría volver a  levantar, y en su lugar empinaba otros jóvenes brotes hacia el sol, el poder de la clorofila y la fotosíntesis, o la confianza y la convicción en el cariño y el cuidado. que hemos ido dejando en el mismo baúl de recuerdos olvidados, en cuyo fondo quizás encontremos al osito Cocó, o al diente de leche por el que ya recibimos la indemnización del ratoncito Pérez. 

La lechuga fue creciendo de tal manera que en un momento y como visible causa de su agradecimiento por la actitud de mi hijo, comenzó a cantar canciones que contenían la palabra amigo. de este modo hizo un recorrido por un catálogo de temas populares famosos y otros quizás no tanto para seres del mundo animal. Entre las conocidas cantó, Quiero tener un millón de amigos, de Roberto Carlos, Waiting on a friend de los Stones y With a Little help from my friends, de los Beatles, cosa que entusiasmó mucho a mi hijo que es un fan declarado del cuarteto de Liverpool.

También cantó : ."..barquito de papel mi amigo fiel/  llévame a navegar por el ancho mar/ quiero conocer a niños de aquí y de allá...",  melodía que yo no escuchaba desde que había vivido en Cuba, y me dejó impresionado con sus conocimientos y acervo general.

Mi hijo me dijo, - Papá tengo que hacer algo más por esta lechuga. Si dice que quiere ir al mar la llevaré al mar. Es encantadora.

Y así fue que lo llevé junto a su amigo del barrio a que le diesen un paseo por el Mar Mediterráneo en el yate del príncipe William antes de que se casase. Perkins, el mayordomo del príncipe, tan inglés, respondió a mi pedido con un afirmativo: Of course. Y con el torso firme, se llevó a los chicos y su querida hortaliza a un paseo que duraría medio día.

Cuando estaban en una zona profunda mi hijo sacó la lechuga por la borda para enseñarle la transparencia del agua, y un súbito golpe de timón a causa de una ola de babor, hizo que perdiese el equilibrio y la lechuga se cayera por la borda, lanzando primero gritos de auxilio, y luego improperios, acusando a los niños de traidores, de haberla alimentado para luego  permitir que se ahogase en aquella inmensidad, en aquel páramo de verduras. A mi hijo y a su amigo se les aguaron los ojos, aún así intuían que arrojarse al agua sería una temeridad.

Una vez que la lechuga llegó al fondo del mar y vio las algas pensó que no estaba todo acabado, se hizo a la idea de vivir como una de ellas, y hasta le causó emoción el hecho de pensar que sería mecida por las olas y acariciada por los pececillos de colores. Le entristeció el hecho de no poder cantar bajo el agua _-Pero no se puede tener todo- se dijo a si misma y de alguna manera se sintió reconfortada.

Después de andar por varias profundidades encontró el Octoposus garden, del que hablaba Ringo Starr en sus canciones, y que la lechuga, de amplísimas nociones musicales, conocía tan bien. Le pidió permiso al pulpo para establecerse, y después de enternecerlo con su historia, no solo logró que el pulpo la aceptase sino que le concediese un lugar privilegiado, cerca de Bob esponja y compañía.

Mi hijo y su amigo decidieron lanzarse al agua tras evaluar los riesgos y los esfuerzos que habían realizado para ser tenidos en cuenta como niños adorables. Al príncipe William de Inglaterra le faltaban aún unos días para casarse, pero el mayordomo Perkins debía estar listo, y fue tan tajante como delicado en sus expresiones; les dijo:    

 _ Chicos, puntualidad británica, por favor, si no están aquí mañana en la mañana me veré obligado a zarpar sin vuestra presencia. Y se lanzaron al agua con aqualungs para tres días.

No hizo falta agotar la paciencia del buen sirviente real, ya que a la caída del sol  los dos niños encontraron el Octoposus garden, y como ya indiqué, mi hijo es un fan irredento de los Beatles, le agarró la botella de aire comprimido a su amigo y le hizo señas para detenerse allí unos instantes. Una vez que entraron y hablaron con el pez administrador, un pez con una nariz puntiaguda como el baterista de la banda, y una vez que se sacaron unas fotos, los dos niños vieron al mismo tiempo, detrás de Bob el esponja, a una lechuga idéntica a la que andaban buscando, pero pensaron que no sería aquella, ya que en el jardín del pulpo solo debía haber algas.

Pidieron permiso para restaurar fuerzas comiendo un poco de la lechuga, y cada uno se zampó una mitad.

Mientras tanto, la lechuga emitía gritos sordos implorando por su vida, por su integridad, cantaba con cierto desespero las mismas canciones que había entonado en mi pequeño jardín trasero, aún sin demasiadas esperanzas de ser escuchada.

 Una vez en casa, el pichón  aún seguía sintiendo cierta tristeza. Pero había algo que estos chicos y yo aún desconocíamos.

A los dos días de ser engullida la lechuga regresó al agua, la del WC., se vio repentinamente liberada de un ámbito cerrado y oscuro que le estaba produciendo claustrofobia. Una vez en las cloacas, tuvo oportunidad de echar de menos las claras aguas del mediterráneo, incluso ese sobrecargado sabor a sal.  - Oh que espanto- se dijo- he perdido todo mi verdor-

La lechuga como los demás alimentos que vagaban por aquellas cañerías había mutado y su estado era compacto pero no rígido. Pensó que la única manera de recobrar algo de su identidad era encontrando a un semejante que procediese también de la huerta, para continuar viaje a lo desconocido juntos. De modo que comenzó a preguntar a todo transeúnte que se cruzaba en la cloaca,

_ Perdón, me puedes decir que eras tú antes?-

_ Yo era dos perritos calientes con mucho chucrut- le dijo el primero.

Y así se fue encontrando con boñigos conformados , unos de pescados, otros de carnes variadas con sus guarniciones, otros por huevos fritos, hasta se encontró una ensalada , pero su decepción fue grande cunado supo que en ella había también zanahoria, todos aquellos carotenos juntos era algo que no podía soportar.

Hasta que, no sin aliento, pero con mucho menos fuelle, le preguntó a otro sorete por su procedencia y este le dijo que había sido una lechuga, mostraron su alegría por haberse conocido y partieron juntos en ese frenético viaje hacia la desembocadura en algún vertedero. 

Por la noche en un merecido descanso, le contó nuestra desmejorada verdura a su nuevo compañero, que otrora fuera una lechuga recuperada, que había sido arrojada al mar por dos niños de los cuales uno había sido su amigo antes de traicionarla y zampársela luego de darle caza vestido de buzo en el fondo del océano, el otro boñigo no pudo creer lo que oía, y exclamó:

- Mi media naranja!. Yo soy la otra mitad, que quedé atrapada en el estómago del amigo de nuestro salvador asesino.

Entonces se dieron un abrazo tal que quedaron nuevamente fusionadas, lograron recuperar por una vez más la ilusión de la vida, y en esta ocasión se convirtieron en un temible sorete de dimensiones que infundía respeto a su alrededor.

Al poco tiempo de andar con su nuevo aspecto, se dio cuenta que si bien frente a un espejo sus opciones de sentir orgullo sufrirían cierta merma, también era cierto que de ahí en adelante nadie desearía comerla, tocarla, ni molestarla en lo más mínimo. Una de cal y otra de arena.

Según Platón, todas las partes del universo se mantienen unidas por amor compasivo, se dijeron uno a otra y viceversa.

Pero una semilla de aquél enérgico vegetal volvió a echar raíces en la misma maceta en que mi hijo la colocó en un inicio; durante el invierno y a la intemperie crecieron nuevas hojas rozagantes.

No cesa en brindarnos sorpresas nuestra adorable lechuga Be Bop.

 

 

 

Yellow submarine Be-bop

Yellow submarine Be-bop

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Published by martinguevara - en Relax
10 junio 2019 1 10 /06 /junio /2019 17:28

Hay malas hierbas que se expresan a través de cardos y otras en forma de flores. Hay zonas umbrías por el efecto de una amenazante tapia guardiana y otras por la sombra de un manzano en flor.

Así mismo hay tristezas y tristezas.

Hay recuerdos que apenan el alma porque nos retorna la sensación de un vacío tras el barniz, de un engaño, de un abandono, y otras memorias que nos entristecen porque reviven algo precioso, un ser amado que ya no está, un instante de felicidad que se presiente tan lejano y ajeno como cuando sucedió, y que sin embargo tuvo lugar.


Cuando era chico cruzaba del hotel donde vivía a la escalinata de la Universidad de La Habana, en el lado derecho del Alma Mater había unos arboles con sus ramas entrelazadas, me embrujaba subir hasta el tope del follaje e ir pasando con mucho cuidado de árbol en árbol intentando no vencer con mi peso las ramas que los unían. En ese instante con los ojos abiertos atento a los peligros, era no obstante como si los tuviese cerrados y fuese reproduciendo en la vigilia uno de los sueños recurrentes, en el cual conseguía mantenerme a flote a una altura similar a la de aquellos arboles, y pasaba por encima de la gente y los problemas nadando en el aire. Eso fue bastante antes de conocer el ron.


Hoy sentí que mi abuela, aquella que cuidaba de que la nuez que se me había prendido al pecho no me subiese hasta la garganta, me acarició la frente una vez más. 


Y la nuez bajó.

Estaba a punto de regalarle una lágrima a un cardo, a la sombra de una tapia, a una tristeza gris, cuando apareció una flor de hierba mala, la sombra de un manzano cuya rama se extiende hasta el regazo del Alma Mater que resguardaba el ímpetu de mis vuelos errantes.

Ala Mater U. de La Habana y árboles laterales

Ala Mater U. de La Habana y árboles laterales

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