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21 noviembre 2020 6 21 /11 /noviembre /2020 16:36

El cubano tiene una identidad cultural tan fuerte que parece europea o asiática, de más de 500 años.

Conozco varios hijos de cubanos que nacieron en países de habla no hispana y no sólo hablan muy bien el español, sino que lo hacen con tono cubano, y dicen "veddá", lo cual me alucina y llena de orgullo.

El resto de descendientes de inmigrantes latinoamericanos en su segunda generación ya portan nombres en inglés o la lengua de destino y si chapurrean un poco el castellano es con sumo desdén, el mismo que vieron en su hogar hacia sus propias raíces. En cambio el cubano, no.

El cubano vive orgulloso de sí, de su música, de ser tan buenos bailarines, de su gracia, de Carpentier, de "el Pandeado",  de Celia Cruz y Tata Güines, de Leo Brouwer y el maestro Lecuona, de sus chistes no siempre de salón, de su bulla identitaria tanto para discutir una jugada de beisbol, un hecho cotidiano, un buen o mal movimiento en el dominó como "pegarse" botar el doble nueve, o quitarse el doble "tres mil y más murieron" manteniendo la data, o el uso de la hipérbole para cualquier asunto referido a su hombría, virilidad, certeza en cualquier tema "te lo digo yo que soy de aquí" "deja el tango y canta bolero" "rema que aquí no pican".

Esa intensa personalidad y carácter bien puede deberse a la belleza de la isla que siempre quiso ser seducida por los mandamases de turno a lo largo de la Historia, España, EEUU, URSS, de ahí también un rasgo de no demasiada enjundia, esa marcada veta jinetera, o ya sea por la confluencia de las razas, de las zonas de España y de África que la poblaron una vez exterminados casi todos los habitantes autóctonos excepto unos pocos descendientes en Baracoa, la mezcla de la gracia flamenca con la yoruba y la seriedad y asturiana. y sea por el calor, los mangos, el ron, la mulata, el aguacate, el puerco y no la jutía, ya sea porque son fajadores avezados, el cubano mete una galleta y se enreda más rápido que un telegrama, por la poesía, el ajedrez, el mar, sí, ese mar tiene que guardar alguna relación con la excepcionalidad de varias de las cualidades cubiches.

Son altaneros, les da igual hablar de cualquier forma, como los andaluces que no sienten complejo de decir Grabiel en vez de Gabriel, sabedores de que su importancia, su identidad estriba en asuntos de mayor enjundia que los meros aspectos fomales. Y acaso por ello mismo, no necesitan, como otras comunidades, protegerse de sus propia carencia de autoestima creando guetos, cuando se los ve juntos, es porque sienten que nadie disfruta de una fiesta, de una tarde de ron, de risas, de baile, de canto, incluso de cuchi cuchi mandarina, como el cubano lo curte casi de modo natural. Pero en los trabajos, en los barrios, en las amistades, se integran como uno más. El caso de Miami es el opuesto al gueto, no se atrincheraron para protegerse del poder, sino que se convirtieron en poder, levantaron aquella ciudad, la dotaron de personalidad, gracia, charme, café colada, jugo de mango, sandwich cubano y pizza varadero, son sus alcaldes, sus policías, sus políticos, llegan hasta Washington y, también desde allí reciben una atención especial, acorde a su peso.

En Europa no se ve un cubano tirado, todos salen adelante con dignidad, no se dejan avasallar por ningún jefe, sus homologos latinoamericanos o africanos se asombran de la determinación que los lleva, no sólo a decirle a un jerarca "cuidaíto compay gallo, cuidaíto" sino que van más allá y dicen, "aquí estoy yo, y hay que respetarme porque soy cubano"....o a veces "por la cabeza de mi....". Habiendo recogido, aunque sólo de manera figurda en su educación, una gran cantidad de principios de igualdad, y en la experiencia empírica, de no creer en ninguna muela, sólo en la capacidad de "resolver" como sea.

Si bien al principio de la emigración, se muestran torpes en el desenvolvimiento de sus dotes competitivas, por su falta de experiencia en el trabajo, en el verdadero trabajo, y en el desarrollo de sus más intimas aptitudes desconocidas bajo aquel magma de simulación de corrección auspiciado por la doble moral, en el cual cualquier examen escolar se aprobaba si se sabía intercalar con cierta gracia las palabras "en el capitalismo: hambre, miseria y explotación"; incluso hubo quien aprobó Física o matemáticas con la correcta disposición de estos vocablos. Pero una vez tomada la velocidad no hay quien los pare.

Y aunque yo haya estado estos años criticando a los cubanos trumpistas de Miami, quiero dejar mi homenaje a semejante atrevimiento, a semejante herejía de defender con mayor vehemencia que muchos nacionales a cuales debería ser más pertinente esa posición, sin perder nunca la cubanía, es más, con la cubanía como sello y estandarte, la bulla, los carteles con errores ortográficos, la expresividad contagiosa, que llegaron a ser incluso determinantes en aspectos regionales de la contienda.

No sé como explicar la enorme suerte que tuve, aunque me haya costado lo suyo, de ser nacido precisamente en el otro país latinoamericano bien pagado de sí mismo, haber crecido en aquella explosión caribeña de colores, olores, contacto, y orgullo, y hoy vivir en la madre de esos dos proyectos allende los mares, que si bien se independizaron, llevan lo mejor del espíritu ibérico, de un orgullo hispano ya perdido en el tiempo, también in situ, pero del cual todos, incluso los españoles somos también descendientes.

 

La danzarina cubana Gloria Achón "Zegrina" 1932

La danzarina cubana Gloria Achón "Zegrina" 1932

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Published by martinguevara - en Cuba Opinión Cuba flash. Opinion crítica. Relax
8 noviembre 2020 7 08 /11 /noviembre /2020 13:08

Consejito: cuando enfrentes uno de esos escotes que te ofrecen una generosa espita hacia el corazón de la fruta, hazlo sin remilgo, descarga tu pupila, inyecta la mirada en esas redondeces mágicas, enjuaga cada recoveco de tu nostalgia de mamón, de tus deseos de corderito lechal, haz la mímica de rodear con los dedos la esponjosidad de esa globalización eterna y barnízate de luz universal, porque amigo, no lo dudes, ella, la cajera, la doctora, la enfermera, la vecina, la panadera, la del bar, la compañera de trabajo o estudio, la amiga, la enemiga, la interlocutora casual, sabe muy bien lo que estás mirando y si por un instante hubiese sentido cierta incomodidad te lo habría hecho saber con el más ligero de los movimientos y habrías tenido que tragar en seco, rascarte la cabeza, fruncir el upite o recordar la comida del perro; pero si por el contrario el tajo que baja desde la garganta en dirección al ombligo cada se va enseñoreando con el paso de la charla, si ves que adquiere vida propia, que baila para ti, que recita esos versos que no consiguen camuflar su estrofa lujuriosa, si percibes el andar de esos ya no tan resguardados melocotones hacia su maduración, entonces, amigo, sigue mirando, que el jugo que los inundan, que puja por rebosar, se está exprimiendo exclusivamente para la sed de la vida.

Eso sí, si no reconoces una nítida sugerencia a abordar la nave que viaja entre las distintas dimensiones, reconoce el limite, y agradeciendo con la mayor gentileza el regalo para los sentidos, sigue con tu día ufano y motivado, ni un Vermeer en tu salón te habría animado igual.

Escotes

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Published by martinguevara - en Relax
16 octubre 2020 5 16 /10 /octubre /2020 18:00

En La Habana, viví en el Vedado primero, en Miramar, otra vez en el Vedado, pero en medio habité unos años la barriada popular de Alamar, fueron los años de mi desarrollo. Si bien en el refinamiento salí perdiendo, en la inmediatez del apareamiento indudablemente gané.

Las alamarenses venían de Guanabacoa, de Regla, Casablanca, de misma Habana Vieja incluso algunas familias de Marianao, en el otro extremo habanero, tuvo lugar una tónica entre proletaria y marginal. Por eso tengo tantas historias de templetas en tantos lugares diversos, los baños de los bares trancándolo por dentro, con toda aquella peste a meado pero con tremenda curda que neutralizaba toda sensibilidad olfativa, en la manigua, "el sao" como dicen los orientales o, los matorrales, ¿quien de Alamar no echó un amistoso entre matorrales?, en los pasillos de las escuelas por la noche, en la playa de los rusos, en el diente de perro con cuidado de que un diente de perro o un erizo no perforase el trasero de la partenaire, o un ovoide del seguro servidor, en camiones aparcados, en las escaleras o en las partes de atrás de los edificios de microbrigada, en la playa de Santa María, el Megano, Guanabo o Bacuranao.

Apretar también era una delicia porque ponía a prueba el aguante de las costuras de las prendas, su impermeabilidad, aquel descubrir los relieves por encima de la blusa, ver, tocar y lamer el nacer de una teta toda resguardada por los botones primero y el ajustador después, rebuscársela para llegar al electrizante pezón, meter la mano por aquí mientras un beso iba por acá, la otra mano por allá, las de ella por este lado y al final un andar pringoso que por unos instantes restaba firmeza al encabille.

El atractivo de templar en lugares no pensados para tal acto radica en la propia transgresión, llegar al momento en que la muchacha va lanzada y olvida los "no pipos, no" y se convierten en exquisitos "ay papi sí", entonces toda oquedad queda disponible ¡Al demonio con la comodidad!

Los matorrales callan.

En cambio las de El Vedado, y sobre todo las de Miramar no aceptaban así como así un palo con se nivel de improvisación, sin agua, jabón, sin siquiera una colchoneta, sin una intimidad básica obrada en el ámbito del mínimo respeto; en Playa tirando a Marianao o el Vedado yendo a Centro Habana, las chicas aceptaban de buena gana hacer colas apretando en la oscuridad de un sala de espera de una "posada", cosa que me restaba más de medio Perú de erotismo

- ¿Quién es el último pá' singal ahí?

- Nosotros dos y vamos detrás de esos dos de allá- señalando a una pareja que casi estaba ya clavando los clavos sueltos del sofá.

Aquellos antros nada higiénizados eran un buen nido de amor para la gonorrea y la sarna. Antes que eso prefería el sao.

En el Vedado eso sí, teníamos un lugar iconoclasta como pocos, había que brincar una cerca, a veces estaba abierta la puerta, los porches y pasillos de la Iglesia de I y 19, detrás de las columnas, no puedo decir que lo sazonaba de herejía porque no fui en absoluto criado en la fe, aunque no era del todo un edificio más, gurdaba el encanto de romper alguna antigua regla, y era con diferencia el más seguro, ahí protegen los ángeles.

Tres veces intenté meter el bosbonique en el malecón con “vedadianas” y no pude, "ay que pena", "no aquí no, tú no me respetas" "pipo, yo no soy una cualquiera" ¿Cómo explicarles lo del mar, la luna, el salitre?

 Donde sí se apuntaban casi todas en el Vedado, era en los jardines del Hotel Nacional, en su piscina y la del hotel Riviera de noche, ¡ah! esos palos flotadores silbando un blues antes de ser expulsado por el guarda; recostado al cañón de los jardines del Nacional de frente al Atlántico, con la brisa y el asombro de los paseantes por los senderos que no esperaban encontrar un Peep show ecológico. Eso sí, en las trincheras era imposible, es diez veces más higiénico el baño sin papel de un bar de Guanabacoa.

En Miramar ya era más exigente, querían hoteles o la casa o una casa de visita, una cabañita, un bote, yate o cualquier cosa linda. Aunque la playita de 16 me unió en matrimonio eterno con unas cuantas “miramarenses”, claro, yo vivía ahí mismo, pero nada como los bancos de cemento de aquella 16 noctámbula.

Lo más común era ir al hotel Tritón, todavía se podía pagar en pesos cubanos, aunque en los yaquis que hacen de barrera contra las olas en frente al Sierra Maestra fui un afortunado elegido por una preciosa sílfides, ella se acostó en el yaqui de frente al horizonte, un sol generoso nos lamía y secaba la saliva de los chupones, abrió las piernas, saqué el bikini y me entregué a un de las más ricas y cinematográficas mamadas de bollo que tengo recuerdo.

Y un lugar que pocos disfrutaron, en la Cafetería del Kasalta, al lado del túnel, había un pequeño bar iluminado con focos rojos y azules muy tenues, aire condicionado fuerte, con asientos en modo tren, un sólo barman, tragos, rara vez cervezas, y música, para poder hacer los ruidos del cuchi cuchi sin llamar la atención. Si bien, singar, lo que es singar, ahí no se podía, la apretadera ahí era un cielo de melcocha.

Como al perder un avión por una distracción homologble que en ese momento sienta terrible pero con el tiempo se convierte en un buena anécdota, igual se quedan impregnados en la memoria esos palos de complejidad extrema, adobados con la desinhibición y la torpeza que donaban los espirituosos, los fluidos y el zigzag deambulante de medianoche.

He ahí mis barrios habaneros vistos a través de la templeta con sus pruritos sociales.

 

Palito de luna y sal en los jardines del Hotel Nacional

Palito de luna y sal en los jardines del Hotel Nacional

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Published by martinguevara - en Cuba Opinión Cuba flash. Relax
11 octubre 2020 7 11 /10 /octubre /2020 14:25

El bullying es una practica que existió desde la más remota antigüedad, los adolescentes pueden ser realmente crueles, de ahí el libro "El señor de las moscas". Pero en los últimos tiempos esto se ha visto elevado a la potencia dada la fragilidad de los valores actuales, y no es que "todo tiempo pasado fue mejor" sino que en la mudanza de piel hay un momento que el lagarto se queda pelado, lo mismo ocurre con la sociedad, en tiempo de cambios, algunos aspectos quedan relegados al final, en este caso se está construyendo a retazos la ética de la sociedad de l comunicación, del barniz, del maquillaje, de la pintura, el bronceado y la sábana seca.


Bullying es un término extranjero a la lengua española, tan bella y perfecta, pero es cierto que su traducción acoso o intimidación, no se ajustan a la edad en que más se produce, en inglés, sobre todo a nosotros nos suena como: acné, menstruación, pajas, imberbe, cambios, edad de exploración.


Cuando yo era un muchachón al que le iba saliendo ese bigotito ridículo que me negaba a afeitar, el hecho de que se burlasen, que los fuertes abusasen, que los propios mayores de la familia no aceptasen flojedad alguna, apartarse del grupo si no alcanzaba la fuerza o si sobraba, si no se era bueno en fútbol, beisbol, boxeo o imbecilidad, tener que luchar cada día contra la discriminación de la tribu por algún aspecto diferencial, ya fuese ser alto o bajo, elevado o rezagado, más negro o más blanco, narigón o cabezón, cara de granos o chueco, tartamudo o fañoso, poeta o maricón, era algo normal, que se hacía duro a quien lo padecía, y también había suicidios pro esta causa, pero entraba en lo que era el camino espinoso de hacerse mayor.

Ya que generalmente los abusadores, los impíos del grupo, de la aceptación, de la corrección, también se aterraban ante la proximidad de un examen, de una simple prueba escrita, de un pregunta en público, de una mirada inteligente.


A todos les tocaba de una manera u otra, porque a la salida de la adolescencia los esperaban un conjunto de valores morales, algunos perimidos y prejuiciosos pero otros probadamente válidos para la brega de la vida.


El problema de hoy es que lo único que espera es un rejunte de las peores pretensiones de siempre, pero magnificadas con esta simulación de la comunicación que nos ha propiciado la aparición y el desarrollo de la internet, con sus redes sociales, donde el éxito se entiende en cantidad de corazoncitos, de manitos con el pulgar elevado, de “me gusta”, en cantidad de seguidores, no en calidad, que provocan una sensación de compañía y éxito o de soledad y desprecio, irreales, que conducen al vacío a ambos extremos, a quien se cree dichoso porque se va a la cama entre sábanas secas y avisos del teléfono, y a quien se auto flagela, por su exclusión de la normalidad idiotizada, porque se les encoge el alma en edades de explosión hormonal, y no hay espejo que consiga levantarles el ánimo. Decenas de chuchos ladrando con histeria al intruso en lugar de un mastín atento, esbelto, que emita un sólo gruñido de alerta.


Contemosles a nuestros vástagos que el mejor "me gusta",  puede ser incluso esa manito con el dedo alzado, pero con un brazo detrás y más atr´s un hombro y arriba una cara con esa sonrisa, esa mirada, esa lágrima, un beso de buenas noches, o un "que rico" de gratitud compartida por una buena singada.

Cuidemos a todos los niños,

 

Bullying
Bullying

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Published by martinguevara - en Relax
20 septiembre 2020 7 20 /09 /septiembre /2020 15:44

Con el paso del tiempo, me acostumbré a que la gente querida parta hacia esa otra dimensión, lo que algunos llaman muerte, estando yo a miles de kilómetros. Mi abuela, mi madre, tías, tíos, por suerte tengo casi todos mis amigos en esta zona del tablero, pero los que se fueron excepto Carlitos Cecilia y Silvana Rizzo, no los pude despedir de cuerpo presente.

Esta tendencia me asentó la costumbre de no sentir de inmediato la partida del ser querido, no hasta que su haz de presencia, de alguna manera se acercase a ese punto en que una parte de mi también se acerca para fraguar una cita, la primera tras el viaje, no la última. A veces pasan sólo días, en ocasiones meses y a veces el tiempo se hace protagonista dejando transcurrir años.

Hoy me puse a terminar un archivo al ordenador, y puse la televisión para que me acompañase. de medio lado, un movimiento de imágenes sin audio, así fue que giré la cabeza y vi a Tim Robbins, ni siquiera me fijé que era una película infantil, sino en la cara, las expresiones y la mirada del actor. Y entonces sí, me llegó el timbrazo que me avisó de que en el lugar donde fui a esperar, al fin se producía el encuentro con mi amiga, mentora y maestra, Gladys.

Falleció hace pocos meses, de repente, no estaba en agenda, tenía siete décadas y media de tiempo ordinario, pero más vitalidad y energía que la mayoría de los de dos y tres décadas. Había publicado recientemente, y sobre todo, habíamos retomado la comunicación por medio de una aplicación de internet, y nos comentamos como iba la vida, y nos comentamos esas cosas que hacen bien al alma. habíamos interrumpido el contacto hacía bastante más tiempo del que me gustaría admitir, por temas que ya no merecen ni la mención.

Gladys tenía dos sobrinos que adoraba, muy talentosos, uno de ellos cuando era niño se parecía a Tim Robbins, que además era un actor que nos encantaba, las películas en las que participaba entonces eran realmente buenas.

La conocí en el mes que regresé a Buenos Aires tras diez años de exilio en La Habana. En San Telmo, en la Plaza Dorrego, todo era fiesta, empezaba la Argentina del destape, en ese momento yo iba rumbeando detrás de unos morenos brasileros que tocaban batucada y bebía a morro de botella una Quilmes fresquita que a la vez que animaba mi disposición a un baile que en Cuba temía más airear para no hacer el ridículo al lado de sus cultores históricos, también espantaba un poco el calor del enero porteño. Ella iba con su amigo Juan, ya me habían echado el ojo según me contó repetidas ocasiones, quizás ese día yo tenía el lindo subido, y Juan le dijo a Gladys, "ahí tenés al Adonís porteño", cada vez que me contaba eso las uñas se retorcían dentro de mis zapatos de pudor, "no me digas un elogio así que me dejás inválido un mes"- cuando quieras ver a cagón en su salsa, dale una pelota de partido.

Me abordaron y nos pusimos a charlar, Gladys llevaba un escote generoso que dejaban al aire sus buenas tetas y convertían en un esfuerzo titánico mirar hacia otro lado, de ahí para abajo no era gran cosa, pero con su cara, sus labios y sus lolas bastaba y sobraba para dejar que los morenos siguiesen su rumba destino al santo. Así que nos entendimos rápido, cerveza mediante, en uno de los concurridos bares de la Plaza donde nos contamos cosas de nuestras vidas, ahí supo que yo estaba recién llegado de la luz del Caribe y yo que ella era abogada, Juan traductor en la ONU y nos parecían bien las mismas cosas en aquella tarde cálida de San Telmo, así que subimos a su departamento. Juan quería participar del juego pero yo estaba interesado solamente en aquellos globos enigmáticos de una dama que me doblaba en edad cosa que por entonces me excitaba más que hoy, así que gentilmente expresé los limites de mi disposición, y una vez despedidos los líquidos seminales, nos reunimos  nuevamente los tres a charlar y contarnos más cosas, con cara de cerveza y hierba seca.

Como dato, ese día de enero de 1984, en el living de la casa de Gladys tenía lugar en una de las primeras reuniones de la CHA, de los que ella era abogada. Discutían acerca de una manifestación en el Parque Lezama que constituiría en que en una hora determinada todos los presentes se besarían sin importar el sexo del partenaire. Era un momento clave, en que de verdad estaban luchando contra una violencia explicita y la hostilidad de que todos fuimos ejecutores de una u otra forma en algún momento de la vida.

En Cuba era imposible pensar en una asociación así, entonces me llamó la atención, por la irreverencia, por el valor y los huevos que le echaban al asunto quienes se suponía que eran los blandos, las nenas, y desde ahí siempre consideré que hay que adherir a cualquier lucha que emancipase a los más relegados, a los más estigmatizados, porque ello nos proporciona un aire renovado y el respeto a los derechos a las demás minorías, ya sean rockeros, vagos, drogadictos,  hedonistas, beodos, artistas, enajenados, marginados de todo tipo.

Incluso hablamos de conocidos en común, como Christian, un argentino trotamundos con quien había coincidido en Cuba y era novio de Rocío, una de las uruguayas Cultelli, hijas de un preso político tupamaro, que ella y Juan habían conocido en Nueva York y quien sí accedió al juego en trío. Recuerdo haber sentido cierta vendetta a la distancia de tiempo y espacio, porque Christian se hacía el machito, e imaginarlo en aquella situación puso parches en mi prejuiciosa mente a su ignominiosa pretención. Y ahí empezamos a hablar ya de política, ella había sido de los abogados que presentaban Hábeas Corpus para proteger a detenidos montoneros o del ERP en la década de 1970 junto a quien había sido su esposo, y entonces salieron a relucir muchos nombres de personas más afines a la causa de mis padres que a las mías, a quienes ella conocía, e incluso había trabajado con ellos.

Luego en las posteriores e incontables visitas, ya Juan había regresado a su puesto en la ONU neoyorkina, fuimos dejando la actividad sexual de lado, para dar paso a una mucho más rica, el intercambio de impresiones, conocimientos, puntos de vista entre dos generaciones, entre dos personas diferentes en su entorno social y familiar, no acopladas al engranaje predispuesto y con una libertad, cada uno a su manera, para expresar, acaso con demasiado ahínco sus respectivas disfunciones. En el intercambio cultural de tipo convencional yo salí claramente favorecido. Gladys había sido secretaria de Arturo Jauretche, amiga de Sebreli, conocía la obra de Borges como si fuese la uña de su pulgar, era una franco centrista orgullosa de serlo, adoraba y conocía la literatura y lengua francesa igual que la italiana. Pero de igual modo amaba la literatura y la Historia nacional, y aderezaba todo aquello con un toque snob: era peronista.

Yo aportaba conocimientos de las nuevas músicas, pero más que nada de las actitudes y modo de vida integral que nos habían donado los movimientos musicales y sociales nacidos en San Francisco y en Londres, incluso tan prohibidos como estaban en Cuba, lo cual demostraba que no tenían pasaporte ni nacionalidad, sino que eran como la poesía, ya estaba en el aire esperando al poeta, y la forma en que aquello lo mezclaba con mi historia familiar marcada por las revoluciones del tercer mundo, siendo una parte indivisible de la conducta más que una pose.

Durante años en que yo rodaba por distintos países, ciudades, distintos barrios de la ciudad, clases sociales, generalmente lo que para los demás es "cayendo", pero en realidad es, "yendo" hacia una clase social no concebida aún, "yo mismo", sostuvimos una relación única. Puede resultar atractivo adjudicarle todo ese afecto, la necesidad o conveniencia de aquella fusión amistosa en el hecho de que ella no tenía hijos y que mi relación con mi madre no era fácil; y aunque estos condicionantes naturalmente propiciaban un clima de encuentro, no eran más que un punto de partida.

Horas compartiendo el mismo humor, contándonos cosas de nuestras respectivas relaciones, yo solía tener más de una amantea la vez en lugar de novias fijas, no sé a que obedecía pero ello me permitía no atarme demasiado, excepto alguna que otra relación, ora bella ora tormentosa, y a pesar de que Gladys era tremendamente celosa con todos sus amigos, los quería sólo para ella, compartíamos estas aventuras mías, y las suyas con los amantes que iban y venían, sus historias con sus amigos gays, los disparates de toda índole que se nos presentaban a cada uno en nuestras esferas, a ambos nos hacía mucha gracia lo que le pasaba al otro, incluso a las cosas no agradables que nos pasaban les encontrábamos su costado hilarante cuando las reducíamos a carcajadas en su living.

Una vez tuve la colección entera de la revista Sur en mi cuarto, porque entre ella y  su amigo Hepel me la dieron para que la vendiese y me ganase unas rupias; no la vendí, lo vendió Hepel, pero saqué más que plata, disfruté en esos números a Victoria Ocampo, Borges, Bioy Casares, Tagoré, Ortega y Gasset, Silvina Ocampo, Sábato,  Gómez de La Serna o García Lorca, como un mono disfruta un platanal.

Juan enfermó de HIV y Gladys fue a cuidarlo hasta la muerte, entonces vivía en Viena. Una vez que Juan partió ella no podía recoger sus cosas, hacerse cargo de la vida que aún había en cada objeto, en cada rincón, y me invitó unos meses a Viena a condición que la ayudase a recoger todo, a despedirse de aquella ciudad, aquellas ventanas de Naglergasse, de los uruguayos, los rusos, las mejicanas y los austríacos y convertirlo en recuerdos, excepto Slava que siguió tal cual en su vida.

Gladys, la amiga, la abogada de los presos políticos, de la CHA, la protectora, la cultora de la literatura que me enseñó a Bukowski y Carver, a Bernhard, a Musil , a Sibilla Aleramo, a Simone, la autora y su gata siamesa, a Borges y Jauretche, la Gladys atrevida, la conservadora, la snob , la peronista, la sofisticada, la católica, la que cuidaba a su madre, a su hermana, a su cuñado, a su sobrina y a tantos amigos hasta la muerte, y ayudando en la vida a sus sobrinos, a los amigos que iba cosechando por el mundo, como si fuese un deber. Marcelo, Valeria, Claudio, Slava, Juan Carlos, le agradezco haberlos conocido. Incluso a la madre de mi segundo hijo, mi compañera durante años, la conocí en su living.

Fuimos a Mar del Plata, a Uruguay, a Londres, a Venecia, a Liubjana, a Pirán, a Cañuelas, a una chacra que habían comprado unos italianos del norte en los años ochenta escapando de la posibildiad de la guerra nuclear, y siempre de vuelta a tomar un café, aunque ya sin brasileros, sin cerveza y sin destape, a la placita Dorrego, de San Telmo. A la tarde, sentado en su balcón en la planta catorce en Paseo Colón, se podía entender toda la melancolía de Buenos Aires

Se fue hace un par de meses, pero recién hoy Tim Robbins me avisó que nos estábamos reuniendo a charlar en algún living pulcro, impecable, para mantener una de esas charlas en que uno puede despedirse sin lágrimas, con una sonrisa, con el alma llena de gratitud mientras el sol se desvanece sobre el marrón del Río de La Plata.


 

 

Plaza Dorrego y Naglergasse
Plaza Dorrego y Naglergasse

Plaza Dorrego y Naglergasse

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Published by martinguevara - en Argentina frizzante Relax
29 agosto 2020 6 29 /08 /agosto /2020 16:45

En los últimos días muchas bestias están dejando aparecer sus no demasiado pulidos instintos, en las redes sociales, se muestran partidarios de matar manifestantes de la oposición para defender la que es su idea de una grandeza perdida de los EEUU, su modo de entender el patriotismo. Convendría explicarles que el significante de lo que lo hacía un gran país, no era salir a liquidar a quienes piensan diferente, sino más bien lo contrario, estaba más relacionado a ser, junto a Francia, el país de la democracia y los derechos del individuo.

Por ser allí donde los inmigrantes pobres y analfabetos del mundo encontraron un sitio donde no se los trataba con prejuicios, donde se les daba una oportunidad de igualdad. Desde los hambrientos de Irlanda, como a William Penn al que el rey de Inglaterra otorgó una inmensa cantidad de tierras, donde el cuáquero estableció una carta de libertades y leyes tan modernas y progresistas, que sirvieron como modelo para redactar la Constitución de 1788.

El país donde Mark Twain comenzó un estilo que llegó hasta Raymond Carver, pasando por Miller, Highsmith, Steinbeck, Chandler, Thompson, Hammet, Bukovsky, Sallinger, Kerouac, Cheever o Mailer, de vuelo libre, novedoso, donde se empleó el argot de los pobres blancos y negros, un estilo literario donde la acción precede a la reflexión, en el cual el protagonista puede escupir al suelo, beber whisky malo directo de la botella, amanecer sin dinero, ser un poco tramposo, y no obstante al final sacar la mayor nobleza de espíritu sin necesidad de descender de la aristocracia.

Una escritura que no permite distinguir si precede al cine o parte del movimiento del celuloide, la descripción exacta de un puñetazo y de una estafa inocente.

Por ser el país en donde los hijos de los esclavos liberados, produjeron la mayor expresión artística de la época, el jazz, la irrupción del ritmo dotó de una explosión de color y sabores a la música universal, liberó de  la partitura al ejecutor, del corsé de lo que era políticamente correcto escuchar y bailar. La trompeta europea en manos de Armstrong alcanzó una dimensión nunca antes experimentada, un blanco como Al Johnson se disfrazaba de negro para ejecutar su número artístico, Robert Johnson inmortalizó sus blues a una habilidad a la guitarra aprendida en un cruce de caminos, Scott Joplin y Jelly Roll Morton liberaron a través de sus dedos al piano en burdeles y bares de mala muerte todo arte contenido entre cadenas, algodón, látigos, risas del carnaval de John the Conqueror, el alma libre de los esclavos, los rollos de piano para ragtime y el Scat.

El pais donde surgió el ritmo nueva Orleans, y donde los blancos hijos de los ex esclavistas, le dieron una vuelta de tuerca a ese sonido llamandolo Dixieland , para poder ser negros por un rato a través del alma, entonces el jazz pasó a ser una pose, una actitud, además de una expresión musical, el ritmo y la bemba entraron en pintura, en literatura, en los negocios, en la arquitectura, en la vida cotidiana y en el desenfado del twist y el rock'n'roll.

Por ser el país de los intelectuales libres, de Hollywood, de Broadway, de la mejor prensa libre del mundo, de la libertad de expresión, de la motivación para innovar, para crear, para emprender, el país de todas las razas y las nacionalidades encontradas en New York City, que llegó a ser considerada la gran manzana, compitiendo con Paris y Londres en el ranking de capitales del Mundo. Y aparecieron los Mies Van der Rohe, los Robert Rauscehmberg, Tiffany's , Calvin Klein, Levi's Strauss, Gibson, Fender, Pearl, Batman, Tarzán, Flash, los Tres Chiflados, el Gordo y el Flaco, Coca Cola, Pepsi, Chiclet's, KFC, Burger King, Wendy's, Taco bell, Lee, Ford, Chevrolet, General Motors, Larry Bird, Michael Jordan, y el etcétera más extenso que se tenga idea.

Y lo que no inventaron lo reciclaron, hay más gente en el mundo que conoce la hamburgusa, el hot dog, la pizza y la mayoría de los deportes por los Estados Unidos que por Alemania ,Italia, Inglaterra o Grecia.

El país de los hippies, de los Beatniks, de los heavys, de los rockers, blues players, del MOMA, del Met, del Mardy Grass, de Singer Sargent, O'Keefe, Hopper y la estatua de la Libertad.

Sin mencionar una sola efeméride nacida del ámbito de la política, del bursátil, ni de la industria bélica.

 

Hacer EEUU grande otra vez, es lo contrario de salir a matar a los oponentes, es hacer que vuelva a brillar como faro para todas las almas libres, como lo fue para mi generación de jóvenes rebeldes, los que hoy tenemos el honor de haber crecido con la famosa mancha en el expediente escolar acumulativo “Diversionismo ideológico” , homenaje que jamás se le hizo a quienes hoy, como ayer abrazaban la intolerancia, las armas,  el partido único, y la idolatría al caudillo de turno.

Estados Unidos de América, Ébano y Marfil
Estados Unidos de América, Ébano y Marfil

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Published by martinguevara - en Opinion crítica. Relax
11 mayo 2020 1 11 /05 /mayo /2020 21:17

Quién me introdujo en Jimi Hendrix y en el primer porro de “efori” que fumé en mi vida, fue un pepilllo casi hippie de mi edificio de Alamar, apellidado Jardines.

Recuerdo que fumamos la "bala" de aquella escasa pero maravillosa planta del Escambray y me puse a barrer las cenizas para que nadie descubriese que era yerba, barrí como tres veces el salón, en aquella época era extremadamente penalizado en Cuba, Jardines rompió a reír a carcajadas y me contagió la risa a mi y a la escoba que dábamos pasos de vals en un suelo ya reluciente entre nota y nota de un expandido punteo bajo los influjos del cannabis más clandestino.

Jardines tenía Long Play no sólo de Hendrix, sino de Deep Purple, Led Zeppelin, Peter Frampton, y otros grandes del rock, era algo muy raro en la isla por aquellos días, empecé escuchando el mejor musicalmente de todos los discos de Jimi, con el último grupo que armó, no con ingleses, sino con músicos negros estadounidenses de funk, "Band of Gypsys" con temas como Machine Gun, Midnight Lightning o The power of soul.

Así que fumé el primer porro escuchando por primera vez el mejor disco del mejor guitarrista de rock. Algo es algo.

Nunca volví a ver a Jardines desde antes de irme de Alamar porque se fue antes que yo, ni lo reencontré en las redes. Hoy hablando de pepillos y de guapos con un grupo de amigos recordé algo que me dijo Jardines, idéntico a una cosa que decía Andrés Alburquerque pero décadas más tarde en un programa de TV en EEUU y en otro sentido.


Jardines era mulato, y se quejaba medio en risa y medio en serio de que aún siendo uno de quienes más entendía de rock, la gente lo invitaba a fiestas de música de guapería afrocubana, y los blancos al principio desconfiaban de su "pepillismo rockero" hasta que al poco, no cabía de que era el mejor.

A mi estimado Andrés, lo escuché muchos años más tarde comentar en un programa de TV que le molestaba esa suposición racista y simplista de la gente, según la cual él debía votar a Obama por ser afrocubano.

La izquierda extrema reprimiendo la libertad, la liberación del individuo y la oda a la estupidez, la negritud, la derecha y el racismo por los siglos de los siglos

Señores: el prejuicio es todo nuestro

 

El último disco autorizado de Hendrix

El último disco autorizado de Hendrix

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Published by martinguevara - en Cuba flash. Relax
27 abril 2020 1 27 /04 /abril /2020 14:15

Cultura y libertad. Lo demás nos llegará por añadidura.

Retomamos los debates sobre puntos de vistas diversos con el pichón.

 

 

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Published by martinguevara - en Relax Opinion crítica.
10 febrero 2020 1 10 /02 /febrero /2020 13:55

Entre la adolescencia y la juventud, en la escuela al campo hacía escuchado tanto a los guajiros y los compañeros de la escuela hablar de como de rico era templarse una chiva que de a poco fui pasando de verlo como una zoofilia intolerable, a un acto disparatado y de ahí a algo que, bueno, en fin, a falta de pan bien vienen tortas. Encima en aquel año yo tenía una noviecita, nada serio pero muy agradable que estaba en el otro campamento, al que se llegaba caminando a través de los campos de plátanos no recuerdo cuantos kilómetros pero no serían más de cinco ni menos de tres. Las visitas consistían en apretar todo el rato que duraban, pero a los sumo una teta podía llegar a mis labios y una mano a mi glande. Todo quedaba entre costuras.

Claro el nivel de calentura con que volvía a mi albergue hacía que a veces me detuviese a cantarle a la Luna detrás de una mata de plátano embarazándola de un Banana Man, entiéndase, caminar tres kilómetros con aquella tensión añadía incomodidad al temor al ahorcado y los chichiricús mandingas que podrían salir de entre las hojas de los bananos. Los guajiros también aseguraban que abriendo un hueco cilíndrico en el tronco del platanal su pegajosidad y calor podían auxiliar a la mejor de las manuelas. Aunque jamás a una buena chiva.

Y mira que jodían con eso.

Así que un día me apresté a probar aquella papaya mágica, sólo necesitaba encontrar la chiva adecuada, todos decían que cerca del río al lado de la cerca había unos chivos, sólo era cuestión de hallar el amor en el rebaño. A un guajiro que le pregunté diciendo que era sólo por curiosidad, como dije cuando probé la marihuana, cuando una puta, cuando el ácido, robar, vender, matar...jaja no, matar no, es broma. El guajiro me dijo, es importante que le amarres los pies de adelante para que no se escape, eso me encantó, los pies, humanizar primero a la chiva y luego seducirla con el abrazo de una cuerda.

Tras andar en la soledad de los platanales encontré al pequeño rebaño de chivas, chivos, y tal vez "chives" pero de eso nunca me enteré. Llevé una como pude hasta el alambrado de púas como me dijo el guajiro, aunque yo no tenía una soga para amarrarle las patas delanteras, lo que empezarían en breve a ser "los delicados pies de mi Cenicienta", así que la acomodé de frente al alambrado, pensé por última vez lo que estaba haciendo, si me veía alguien y se corría la bola sería el fin para siempre, sólo me restaría convertirme en bicho de corral.

Me dije- ma, sí- y saqué el nabo a medio izar sintiéndome medio culpable por no hacerle unas caricias a la partenaire para entrar en tema, pero conviene entender que la higiene de las cabras deja lo suyo que desear, y tampoco ella me haría una felación, así que dejé la culpabilidad traté de agarrarle la cadera pero se movía a un lado y a otro, el aparato se "desentusiasmaba" cada vez más y la chiva empezó a pisarme las botas de goma del campo, pateó mis tobillos flacos, llenos de falta de carne y músculos, eran tan flacas como las de mi frustrada amante circunstancial. Desistí sin sentir demasiada frustración, guardé el objeto puntiagudo del poco deseo del caprino y me alegré de no haber tenido ni idea, ni la ruina suficiente como para clavar ahí ni en la mata de plátano más que la punta.  Aunque en el mismo día había intentado zoofilia y “boiofilia” ¡candela! poseído por el rapto de la inspiración por la clorofila y el flujo animal. La cabra se quedó ahí como decepcionada de mi escasa insistencia, y yo me alejé camino de ningún sitio, porque me había escapado del surco y no podía llegar a mi albergue ni al de de mi noviecita, donde todavía habría solo profesores haraganes y los vagos de la cocina.

Pasaron los años y tuve que cumplir unos meses de reclusión en una clínica de salud mental, a causa de la curda. Cada poco teníamos sesión de psicología todos juntos y luego uno por uno con la psicóloga. La sesión colectiva era al lado de una piscina que había pertenecido a Al Capone, bajo una glorieta cubierta de enredaderas, un día la psicóloga, en la charla de educación sexual, desarrolló el tema de de la zoofilia, en la medida que iba explicando de que se trataba y con los animales que era más habitual aquella práctica, algunos internos que habían sido campesinos en sus años mozos, comenzaban a compartir risas nerviosas y cómplices. Cuando terminó la charla se  deschavaron, que si la yegua era rica pero peligrosa, si la vaca demasiado difícil, y que la mejor era la chiva. Decían lo mismo que los guajiros del campamento unos pocos años atrás- el bollo de la chiva es de lejos el mejor, es igual o más sabroso que el de la mujer- Uno de los ex guajiros me miraba mientras yo me reía y me preguntó:

-¿Nunca probaste la chiva?

-No-le aseguré- y si vas por Artemisa y ves un cabrito con cejas tupidas y un Banana man detrás suyo, nada que ver conmigo, nunca tuve esa cuerda para enamorarla por los pies.

El hijo de la chiva

El hijo de la chiva

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24 diciembre 2019 2 24 /12 /diciembre /2019 00:00

La época de navidad era nociva, evidenciaba que por una razón u otra siempre estaba lejos de esos afectos que prefería tener próximos; pero también en aquellos años en familia en que iba a donde mis padres decidiesen, ya fuese casa de los tíos Roberto o Cipriana, entonces sentía que la única relación que tenía con esa fiesta era que ponía a prueba mi capacidad de resistencia frente al paso el tiempo, extraordinariamente lento cuando le prestas atención, y tremendamente efímero cuando quieres que se demore en una parada de asientos mullidos y senos retozones. 

Acaso la hora de despedida en lo de Cipriana para ir casa abriendo los regalos en el coche o el camión de papá fuese más pasable, o el despertar en lo de Roberto con aquella cocina de asientos en estilo vagón de tren que daban al verde de San Isidro, o la mesa del jardín donde estaba mi tía Celia casi siempre dirigiendo la batuta de las charlas, no por ascendiente jerárquico sino contaba con mayor despliegue de gracia, y mi madre haciendo chistes eficaces como corroboraban las risas. Ese día siguiente cuando podía observarlos fuera de los brindis y los cohetes permanecen confortables en mis recuerdos .

 

Después pasé unos cuantos años donde la navidad estaba prohibida entonces brindábamos por año nuevo, esta fiesta sólo tenía lugar en casa, con mi madre, mi abuela y mis dos hermanos, sin regalos ni arbolitos ni un montón de parientes que evidenciaban la ausencia absoluta de elogios motivacionales. Sólo los cinco y la mesa que la abuela se había ingeniado en adornar con platos exquisitos con la menor cantidad de ingredientes que alguien pueda imaginar. Esos días los recuerdo con cariño, estábamos juntos un rato, todos los que ya no nos hablamos, ni nos escuchamos más. Si nos queremos o no es algo misterioso que habita en la relevancia que cada uno le cede en su espacio interior; en mi caso sólo puedo reconocer latidos sonoros, sobre los cuales prefiero obviar la naturaleza o calidad que les precede. Mi abuela era el elixir de la comunión, la antorcha colectiva, entonces jugábamos cartas, Scrabble, dados, ella era española y sus juegos de cartas eran con naipes y eran españoles, tute, brisca, escoba, pero aunque fuese el juego mas infantil y simplón, desde chico me encantaba "el culo sucio". Como me reía cuando alguien se quedaba con el culo sucio. 

 

En año nuevo no tocan regalitos, de ahí no haya que confrontar cuanto tiempo y recursos dedicaban los mayores en nuestro honor en la inevitable comparación con los demás. Y por otro lado, aunque alguien se encaprichase en hacer regalos en aquel páramos de tiendas, era una empresa tan improbable como respirar bajo el agua. Sin aqualungs ni branquias.

 

Curiosamente, volví a ver a mi padre tras diez años a una semana de una navidad, en que fuimos la misma noche a lo de tía Cipriana ya fallecida pero con todos los parientes de ese lado presentes y luego a lo de otra tía, Carmen Córdova que a la sazón, era como si fuésemos a lo de Roberto que seguía fuera del país y ya no viviría más en San Isidro, a las dos casas en la misma navidad. Aquella noche si fui feliz por volver a ver a mi viejo, a toda aquella gente, al país que me selló, y por volver a ver tanta carne y cosas ricas juntas en una única noche.

 

Después hubo unos años, dos décadas para ser exacto en que pasaba la navidad con la familia de Patricia. Aunque me sentía agasajado como nunca en afecto familiar, lo cierto es que nunca pude agradecerlo del todo porque mi sonrisa y mi indumentaria no se correspondían con el entusiasmo interior. Hoy les mandé un beso tierno por todo el cariño que me dieron. 

Sin embargo una vez más los Año Nuevo acudían en auxilio de la asfixia por tanto barniz. en casa de los eternos Marcos y Mirta y en nuestra mesa larga que daba hasta para catorce comensales. Pero un detalle, todavía bebía como un cosaco y fumaba como un escuerzo; todo bebedor y fumador compulsivo sabe que estar rodeado de comensales que ríen y hablan a los gritos es una bendición para descorchar botellas durante una eternidad sin intervenciones represoras de ninguna especie.

Pero hace años que no pruebo el elixir del canto.

Será la primera navidad en que no tendré sensación de exclusión por pasarlo solo con mis recuerdos y lecturas, ni tampoco agobiado por parecer que encajo entre servilletas rojas, alegría pautada y sobre todo, entre mucha gente, tantos testigos de esta sempiterna inutilidad, de esta verticalidad pretendida, que camufla el temblor, el frío, el miedo, la rabia, y el sombrero sobre la silla aplastado por un culo gordo, empapado en colonia barata, charlatán y ampuloso.

Más sucio que el as de oro.

 

 

El culo sucio

El culo sucio

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