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11 agosto 2017 5 11 /08 /agosto /2017 19:47

Hace poco me senté a conversar en la plaza de Tirso de Molina con un grupo de muchachos vendedores de DVD y de camisetas de fútbol en Madrid, los llamados top manta, y resulta que ninguno era vendedor de DVD o de camisetas, todos tenían oficio, oficios algunos que aportarían muchísimo más a esta sociedad tan materialista en lugar de andar surtiendo las camisetas de Messi que le llevo a mi hijo tres veces más barata que en la tienda o corriendo delante de una patrulla que hasta se los ve incómodos teniendo que perseguir a gente que no solo no hace daño a nadie, sino que hace lo posible y lo imposible por mostrar su valía y honradez.
Es sorprendente como los africanos sub saharianos que viven en España, no sé en otros lugares, son adaptables a toda circunstancia sin perder la dignidad, son mucho más altos que nosotros, espigados, hablan varios idiomas bien hablados, ni que decir la experiencia que tienen de la vida por lo que han tenido que pasar sólo para llegar a la costa de Marruecos, tienen una actitud de amor propio admirable pero en absoluto de altanería, la población madrileña, leonesa, catalana en general experimenta desagrado cuando la policía los persigue y les quita las camisetas porque es lo último que tienen para no delinquir, y hasta a la policía se la ve avergonzada, siempre mirando para otro lado cuando les decomisan sus petates, por más regular o mala persona que sea alguno de ellos, saben que la calle sobre todo los bancos, ministerios y clubes de fútbol están rebosados de verdaderos delincuentes que nadie se atreve a detener, es frecuente ver gente bien vestida advirtiéndoles de forma solidaria que por ahí no vayan que hay policía, querría ver a esos policías o a mi mismo en esas condiciones, si ellos no saldrían a apretar a dueños de bares, a turistas, etc. y yo al delito que me permitiese mi exiguo arrojo y escaso conocimiento del crimen.
Un occidental no es capaz aguantar eso sin delinquir o infringir todas las normas, pero a lo que iba, aún así me dijeron que de Europa no se van ni locos, cualquier cosa aquí, lo peor para nosotros es una bendición para ellos, yo vengo de Latinoamérica no de Japón o Canadá, así que no me voy a hacer el sueco, también para todo latinoamericano que quiera vivir en tranquilidad sin stress no le interese desarrollar una empresa sino respirar la vida, Europa es un oasis. Me contaron el tema de como hay facciones para militares o criminales que toman niños a la fuerza, cosa que ya sabía, pero que me la contasen de primera mano resulta duro, entonces cuando les empecé a comentar que el blanco europeo tiene mucha responsabilidad histórica en esa depredación de hoy del africano al africano, me dijeron que no, que eso existe desde el principio de los tiempos allá y aquí, y ahí si me sentí en mi rol de aportador de datos de Historia, de maestro al pedo, al divino botón, de profesor Casimiro, Casiveo y Casihago, a la vez me pareció más que un poco inapropiado ¿para una ocasión que me sentaba a escuchar y ya iba a creerme superior enseñando? ¿por qué mi versión, aunque sea con la mejor de las intenciones, es mejor que la de los que padecen el problema, que autóctonos que no se han quedado sufriéndolo sino que han llevado a cabo lo que en el caso de ellos, atravesar desiertos, junglas, colonias de asesinos, supone a un alto grado de riesgo que lo convierte en una variante de rebelión? 
Ese es nuestro defecto y nuestra cruz, siempre creyendo que lo que sabemos es mejor porque tenemos agua fría y caliente que sale de un hierro agujereado ¿quién dice que no sería mejor la tribu de los Yorubas, de los Masái, de los Pigmeos antiguos, con sus nueve esposas con sus reglas y leyes y creencias que no los condujeron al desarrollo vertical y vertiginoso sino al desarrollo del alma, del interior? ¿quién dice que es necesaria tanta parafernalia para seguir cada vez más solos, más abandonados, más tristes, más alcoholizados, drogados, rabiosos, desconfiados, coléricos?
Como ven, si uno es lo suficientemente afortunado tal vez pueda retomar las reflexiones y cuestionamientos de los veinte años

Principio del formulario

 

Final del formulario

 

Top Manta en Sol, Madrid

Top Manta en Sol, Madrid

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7 agosto 2017 1 07 /08 /agosto /2017 13:54

El ocho de Mayo de 1945 mientras Alemania ofrecía su rendición y con ello se declaraba el fin de la Segunda Guerra Mundial, miles de personas morían aún producto de las bombas arrojadas por aviones que ya habían partido con la orden de bombardear, soldados que aún cumplían las órdenes de luchar, nazis que todavía estaban a cargo de infelices moribundos a los que debían asesinar y que no conocían las últimas novedades.

En las guerras anteriores esto ocurría exponencialmente, a veces tardaban días las tropas en conocer la orden del fin de las hostilidades y continuaban lidiando en batallas sangrientas en las cuales morían miles de personas en tiempos que técnicamente, ya eran de paz, incluso hoy con toda la tecnología que nos narcotiza, si se detiene de repente una guerra se le puede avisar en el instante a los aviones, morteros, barcos, batallones, pero las bombas, los misiles o las balas ya disparadas continuarían hasta su destino final de carne, hueso y cal.

Hoy al despertarme apagué primero el ventilador, encendí luego la música de una lista de blues de Spotify y atravesé el pequeño salón de mi reducido pero coqueto apartamento de estudiante lascivo con el fin de hacerme desayunos lavarme cara boca y nudillos ( es que soñé que ganaba en una pelea a muerte de Kung Fu), y de repente me percaté que en el aire continuaba una estela del viento reciclado que el ventilador había estado dispensando toda la noche y los blues, si bien ya desperezaban los acordes de sus doce compases, también era notable la catarata de silencio que los acompañaba de manera predominante, el ruido del silencio convertido en macho alfa rabiando contra el residuo del viento artificial y los punteos iniciales de "Three O'clock in the morning".

Continué mi camino a la cocina asombrado por el fenómeno, abrí la nevera para sacar la leche de avena y el viento despeinó aún más mi cabellera matutina y los punteos ya reñían de manera ostensible con el silencio, casi parecía una pieza sublime por la variación en la sonoridad de las cuerdas, aún cuando conservaban los acordes de la pieza original, el sonido era totalmente distinto, donde habitualmente se escuchaba el tañer del mástil ahora aparecía un apagado sonido, hueco, terminal, ahogado, y allí cuando normalmente se había escuchado una acorde agudo descendía en barrena con un eco bajo, grave, emparedado.

No admití estar asustado pero lo estaba, puse el agua calentar sin mirar atrás, abrí la ventana de la cocina, en el suelo había pequeñas manchas de aceite que habían dejado unos trocitos de cebolla asada la noche anterior, me agaché a limpiarlas con un trapo empapado de agua hervida y pretendí que con esa ocupación doméstica desaparecerían los efectos tardíos del viento el silencio, pero no habían hecho más que comenzar. Salí dela cocina camino la baño sin ocultar ya mi alarma, hice una parada antes para cerciorarme de que el ventilador estaba apagado y de que la aplicación musical funcionaba bien, en efecto todo eso estaba en orden, pero el viento no cesaba de crecer en su ímpetu y el silencio de ir ocupando espacios que nunca antes había conquistado, abrí las ventanas y no llegaban sonidos del exterior excepto el esfuerzo de un córvido que estaba logrando atravesar nuevamente la cerca anti pájaros de mi edificio, de regreso al aire libre, pero todos los demás sonidos habituales, casi permanentes, habían dejando lugar a los acordes confusos de un blues irreconocible pero aún bello e incluso el soplo cada vez más fuerte del viento carecía de sonido, cerré la ventana para asegurarme que los objetos que comenzaban a perder su equilibrio por la ventolera permaneciesen en casa y me dirigí al baño a duras penas, tuve que lavarme los dientes en medio de un ciclón silencioso, de un caos sedado. 

Con el susto creciendo en el cuerpo abrí la ventana del baño que da a la otra cara del apartamento, entonces escuché ladrar al chihuahua de mi vecina, un golpe de sol barrió el fresco de mi cara, se escuchaba clara la voz y la guitarra de BB King, yopara cerciorarme llamé con un silbido a la vecina que de inmediato acudió y sonriendo me preguntó:

-¿A dónde vas con esos pelos?

La saludé pero no hablé demasiado porque tenía la voz entrecortada, le dije que después nos veríamos y volví a cruzar el apartamento coqueto de soltero libidinoso hacia el otro lado, abrí la ventana y ahí estaban todos los sonidos de la calle, ya no había viento elblues sonaba limpio, y el pájaro había dejado de aletear rindiéndose a su suerte, regresé a la cocina donde ya no soplaba el viento ni había manchas de aceite y tomé con prisa la escoba, fui a la ventana más cercana a donde estaba el córvido resignado, extendí la escoba y le di unos suaves pero decididos golpecitos con la parte de los pelos de la escoba al trasero del ave atrapada, hasta que entre mi utensilio y su renovado aleteo, no sé si merced de haber percibido la cercanía de la salvación o por terror a mis toques, conseguimos que el pájaro, seguramente con su lección bien aprendida, saliese despedido hacia el sol creando un contraste extremo entre su negro bruñido y el resplandor de Agosto.

Entonces regresé a la ventana del lado de mi vecina con una brisa cálida en la nuca y los estertores de Three O'clock in the morning y, tras silbar para que se asomase, le dije en respuesta a su pregunta:

-Nada, es que soñé que peleaba Kung fú en el final de una guerra, y desperté de repente para evitar daños innecesarios en este páramo de virtudes, armonía y aire fresco- y me respondió:

 

- Vale, pero péinate que pareces un cuervo loco.

Curvo atrapado y liberado

Curvo atrapado y liberado

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11 julio 2017 2 11 /07 /julio /2017 22:26

 

 

 

Terminaba una maratónica reunión del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, presidida por el Presidente del Consejo de Estado y de Ministros, Presidente de Cuba, presidente del Partido Comunista de Cuba y del Buró político del Partido, Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz (sepan disculpar si pasé por alto unos cuantos cargos más, pero es que se me empezaba a olvidar lo que quería escribir).

Antes de salir cada uno a la casa de su amante a bajarse su pomo de ron y lijar su pernil de jamón para disipar el agobio de seis horas de muela interminable, de una especie de Do sostenido del Comandante y la profunda, aunque secretísima depresión a que ello podía someter, la reunión exigía que todos votasen los puntos que se habían tocado durante los milenios que pareció durar el acto.

En el preciso instante, en que el genízaro de gesto adusto al referir su mirada al público y solícito al agacharse ante la escudriñadora vigilancia de Guarapo, invitó a levantar las manos a quienes estuviesen de acuerdo con las propuestas del Comandante, un asistente de una de las filas del medio, que había pasado aquél sucedáneo de “la eternidad”, aplaudiendo rabiosamente cada intervención divina, sintió una fuerte punzada que le recorrió desde el dedo pulgar e índice todo el brazo hasta la parte derecha del pecho, haciéndose particularmente insoportable el dolor en la base de la tetilla, el hombre hizo todo lo posible manteniendo el rictus impasible, como un maniquí de cera, por no torcer su gesto, no arruinar la fiesta de la pasión al Líder, al dios devorador del mal, hizo denodados esfuerzos por no emitir un quejido, ni siquiera un gruñido que pusiese sobre aviso a los asistentes vecinos de su asiento. Sólo si su esposa, sus hijos o su amante se encontrasen allí y le prestasen más atención a él que a Guarapo, habrían podido notar por la rigidez de las comisuras de sus labios, la palidez de su rostro y el agarrotamiento de sus dedos, que una parte suya reclamaba urgente auxilio al ánima de la discreción.

El genízaro, asombrado ante la insistencia del asistente en no alzar su mano dando a entender un voto negativo con su actitud, cosa que no había ocurrido jamás en décadas de reuniones, tuvo un rapto de suprema solidaridad, mostró un gesto en el límite de la lealtad y tras un prolongado silencio casi absoluto, roto únicamente por un flato del asombrado hermano achinado del monarca barbudo, se dignó a repetir al invitación por segunda y última vez, haciendo énfasis en ello, a votar la propuesta que como una bendición, bajaba en forma de lineamiento desde el trono Tropical.

 

El desconcertante y bravo asistente de la innovadora y pionera abstención, valeroso desacato de la sempiterna unanimidad revolucionaria, desoyó la invitación, ya presentaba signos de momificación, sus pantalones estaban mojados, las manos retorciéndose sobre las rodillas y su mirada perdida.

Entonces el genízaro, ya abandonando todo vestigio de complicidad con el inconsciente desgraciado, se dirigió directamente a él ante el escrutinio en el gesto de Guarapo y de su achinado hermano de vientre flojo, diciéndole:

-Compañero, ¿está votando usted en contra de los lineamientos de nuestro Comandante en Jefe?

-Agh- fue lo único que alcanzó a responder el temerario militante antes de balancearse hacia adelante y terminar cayendo de forma pesada sobre el suelo del teatro Karl Marx.

Sus vecinos de asiento conscientes de que tampoco era muy recomendable desvivirse por salvar a un presunto traidor, pero también impresionados ante la posibilidad de que todo pudiese acabar allí, lo socorrieron y animaron a los otros asistentes llamar a una ambulancia.

Unos días más tarde, el militante del Comité Central recuperó su salud y fue considerado definitivamente fuera de peligro por el infarto que había sufrido aquella fatídica tarde, cuando creyó que sería dado de alta del hospital, recibió la visita de un superior comunicándole que lamentablemente en el mundo se había difundido la noticia de que por primera vez, una medida del Comandante no había sido unánimemente respaldada por todo el Comité Central, y entonces desde el Buró Político se decidió,, que demasiado contemplativa e indulgente era la Revolución con elementos que la traicionaban de aquella manera vil y abyecta, pero no podían arrogarse el derecho que soberanamente le pertenecía al pueblo en nombre de sus dirigentes, perdonar semejante ultraje a los héroes, a los mártires de la revolución, al pueblo entero, por ende se lo envió a la Taiga rusa a cumplir veinte años de reclusión, empezando por construir el tren de Baikal Amur, siendo intercambiado por elemento ruso del PCUS que cortaría caña en la provincia de Oriente durante las horas de más sol por la misma cantidad de años, por haberse dormido en un acto de Leonid Ilich Brezhnev.

El cubano aguantó mucho frío pero a los pocos años llegaron la Perestoika y Glasnot y fue puesto en libertad, vagando durante unos años por la Siberia en estado de enajenación mental, ingiriendo hielo con excrementos y vodka, hasta que una investigación periodística recuperó su curiosa historia y se convirtió de repente en un hito, en un ejemplo de las más altas cotas del coraje disidente, alternando premios y menciones con personalidades del tamaño de Lech Walessa y Vaclav Havel en las principales convenciones internacionales de derechos humanos.

El ruso corrió una suerte menos afortunada, se cuenta que aún corta caña en algún área de castigo, pero que ni siquiera sus centinelas lo reconocen y saben diferenciarlo de los demás castigados autóctonos, ya achicharrado por el sol, sus ojos azules ennegrecidos por el hollín de la caña quemada, su idioma reducido como el de sus colegas a sonidos guturales.

Los domingos, único día de descanso, el ruso y el cuban cada uno en su suerte,  se cubren de agua salada excremento y ron.

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27 junio 2017 2 27 /06 /junio /2017 14:48

Hoy asistí a un recital de rock. Había algunos fumando porros y otros pocos con cervezas, serían un diez por ciento del total de asistentes, pero subyace la idea de que el rock se baña de ríos de alcohol y se perfuma de cataratas de esencias lisérgicas, y hasta se montan dispositivos policiales alrededor de los conciertos para evitar los encuentros del tercer tipo con Belcebú.

En Navidad, no el diez ni el cincuenta por ciento, sino la totalidad de los feligreses despachan ingentes cantidades de alcohol en caldos, espumosos, espirituosos, bebidas blancas, licores, durante días interminables que luego se reanudan en Semana Santa y cada puente que conmemora cuanta superchería se tercie. Se montan dispositivos pero para cuidar a los viandantes beodos, a los sanos bebedores, a las almas del señor entregadas a un lapso de saludable e ingenuo retozo caníbal y desespero etílico. 
Y nunca vi relacionar el nacimiento de Jesulín con los ríos de vómitos, orín y heces que la ciudad debe metabolizar en esas fechas. 

¿Pusimos bien las fichas en el tablero antes de empezar el juego?

 

Borracheras de Navidad
Borracheras de Navidad

Borracheras de Navidad

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18 junio 2017 7 18 /06 /junio /2017 18:55

Spa de sábado a la tarde cuando toda España está a punto de ser devorada por cien mil millones de grados centígrados y la gente se dispone a atravesar sus últimos instantes de vida en bares, tascas, tabernas, terrazas consumiendo hectolitros de cerveza fría, casi congelada, cubitos de hielo de agua amarilla burbujeante emborrachadora y riñonera , sin el bouquet de la cerveza belga, ni de abadía alemana, ni el aroma de la stout irlandesa o el espesor de la ale inglesa pero acompañada de decibelios en las charlas y de montañas de tapas, pinchos, raciones, responsables de que España sea de los países el mundo en donde más se bebe pero también donde menos borrachos tambaleándose por la calle se ven. La gente bebiendo comiendo en la antesala de las llamas y el penúltimo infierno , mientras, yo que no bebo, metía mis pies en las duchas frías y escocesas del Spa.

Las piedras del suelo se clavaron en la planta de mis pies. "Como han andado estos pies" pensé, el trayecto desde un lugar a otro, y de ahí al de más allá, atomizados, desperdigados los caminos como tras el Big Bang mis pies enloquecidos anduvieron por todo lo que conocieron como "el universo", también caminaron sobre sábanas limpias, sobre tumbas, sobre la mermelada del amor y resbalaron en la mostaza del engaño. Las piedras de las duchas son de canto redondo.
"Como se reirían si estuviesen aquí los negritos que se escapaban de clases como yo, para ir a tirarse de cabeza en la cueva de los tiburones en el malecón de la Habana", era un espectáculo verlos caminar hasta el borde descalzos por el las rocas de "diente de perro" sin emitir el más mínimo quejido, me mirarían en el Spa con la misma sonrisa socarrona que me miraban en el malecón cuando tras intentar emularlos descalzo, pinchando cada rincón de sensibilidad en la planta de los pies y no llegando jamás al borde, decidía hacerlo con esas chancletas negras de Kiko Plastic bajo las canillas escuetas y pálidas, que luego una vez en el agua colocaba en las manos.

Una vez le pregunté a Chucho , amigo desde los diez años, por qué el podía caminar por el diente de perro sin problema, si era porque la planta el pie de los descendientes de africanos era más dura que la de la heterogénea mezcla que me precedía, o por la práctica desde pequeños, me dijo que no lo sabía pero que él descendía de cimarrón (a toda la gente que conozco le encanta fantasear con la existencia de un noble en la prosapia familiar y no hay mayor nobleza que aquellos esclavos que escapaban al monte y formaban palenques envejeciendo en libertad) y que por eso en su familia todas las mujeres tenían tremendo culo y los hombres tremendo pingón , pero sobre la planta de los pies nunca había preguntado. En fin, en ese punto el complejo de inferioridad por la dureza del calcañal era el menor de los complejos. Pero quería ganarle en algo, y le dije "Chucho, oka, tú tienes el calcañal duro y yo no y lo del rabo lo dejamos en veremos, pero vamos a ver quien nada más lejos". Lo negros no se alejaban de la orilla en el malecón y mucho menos en las playas de arena, es un hecho que observé durante años en Cuba, en Brasil, en varias playas de América e incluso en las europeas, suele ser tabú hablar de esas cosas pro a mi me encantaba y a mis amigos y amantes negras también porque nos sacábamos la careta, tal vez también porque yo no era un blanco cubano, no tenía el más mínimo prejuicio aunque sí eran muy enigmáticas para mi las marcadas diferencias que había entre blancos y negros por más que fuese políticamente correcto no hablar de ello. Le pregunté si como raza había algo en las profundidades que les ocasionaba desconfianza, desaprensión, temor.

Chucho era negro pepillo, de familia de guapos pero él era rockero, decía brother y friend más que asere y nahue, y me dijo:

"Brother, la verdad es que no lo había pensado"

Años más tarde supe que tanto la cueva de los tiburones del malecón, como el Golfo de México, como San Salvador de Bahía, la bahía de Santiago de Cuba, la de La Habana, se infestaron de colonias de tiburones no por un hecho fortuito, sino porque los esclavistas arrojaban al agua a todo aquel africano que llegaba magullado, enfermo, desalmado, hecho jirones, a las costas Americanas y no servía para ser vendido como fuerza de trabajo.
Entonces entendí porque los compinches de fuga de clases descendientes de africanos, con que pasaba la tarde saltando al agua en la cueva de los tiburones del malecón, caminaban por encima del "diente de perro" como si volaran, como si ni siquiera caminasen, algunos incluso saltaban desde el mismo muro del malecón hasta el agua pasando a centímetros de la roca y nunca chocaban ni se raspaban con ella y porque esa temeridad se esfumaba a la hora de alejarse unos metros de la costa.
Así que continué dando pequeños saltos sobre las piedras de canto rodado del Spa, pensando en el bullicio de la calle, las cervezas que ya no bebo las que bebí, recordando a Chucho y sus veleidades de cimarrón y homenajeando a todos esos caminos que mis pies anduvieron, con o sin chancletas de Kiko Plastic.

 

Cañas y tapas en León; "La echazón de esclavos al mar"Cañas y tapas en León; "La echazón de esclavos al mar"

Cañas y tapas en León; "La echazón de esclavos al mar"

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11 junio 2017 7 11 /06 /junio /2017 16:03

Me quedé cuidando a mi hijo menor porque su madre debió salir afuera una semana y entre que tengo la sospecha de que las paredes de pladur de mi nuevo apartamento son las causantes del asma persistente y entre que es más cómodo estacionar en el barrio de Eras de renueva que en el casco histórico, decidí que sería mejor quedarme a dormir en el departamento de Pat y mi hijo.

Desde el primer día sentí una especie de alivio, la relajación de unos tendones imperceptibles, supramusculares, ubicados probablemente en nuestro entorno pero en una dimensión diferente, son esas cuerdas que tiran causando molestias cuando el hambre y la sed están saciadas, cuando han sido gozados todos los placeres deseados, cuando no hay urgencia aparente. Esa soga que tira y molesta en algún lugar impreciso, abrió el diámetro de su lazo y se distendió, como si se tomase un receso.

Cuando nos separamos dividimos las monedas pero yo decidí que todo lo material, muebles, cuadros, adornos, piezas con o sin valor se lo quedase mi ex mujer y mi hijo por dos razones, una es que soy criado al viejo estilo caballeresco, y aunque en efecto, no deje de ser un acto machista, me veo mucho mejor dejando en las mejores condiciones a quien le hizo tanto bien a mi vida que andar racaneando mitades de blasones empolvados, pero ojo que los que así actuamos somos los peores, en este tipo de cosas visible no soportaría tener mácula alguna, precisamente para poder arrancarte la piel a tiras en áreas menos obvias. Yotra razón es porque someteríamos a mi hijo a cambios muy bruscos en medio de la pre adolescencia, dejaría un barrio con todos sus amigos por uno desconocido, una casa de tres plantas con jardín por un departamento amplio y luminoso pero departamento al fin y al cabo, y un hogar con una composición familiar mermada, así que deduje que cuanto más pudiesen conservarse la apariencia de las habitaciones, los baños, el salón y la cocina sería mejor.

Ayer además mi hijo se fue a dormir a casa de unos amigos y me quedé leyendo en el sofá, mirando de reojo adornos conocidos, yendo del living a la cocina o al baño entre cuadros familiares. Hoy a la mañana fue la primera vez que me bañé en esa ducha, pero cada neceser cada adorno, las conchas marinas, los canastos, los cuadritos colgados en la pared eran los que me habían acompañado o habíamos ido adquiriendo en los últimos veinte años.

Mientras me secaba sonreí porque me di cuenta que en realidad las cosa son de una manera y de otra al mismo tiempo, al aceptar Pat quedarse con las cosas de volumen, y al haberme pedido que hiciese yo la mudanza de su casa lo cual me permitió colocar cada cosa como había estado, ducharme al cabo de un rodeo más o menos productivo, exitoso, "adrenalinico", mirar alrededor sentir el descanso de ese tendón intangible, una caricia atemporal, un aliento eterno, entoallarme frente al espejo con los reflejos de tantos yo como había habido, me hizo sentir centro de atención de almas en deriva, protegido bajo la sombra del ombú, me di cuenta que el destinatario final del regalo había sido yo, enmarañado, enmascarado, disimulado en la excusa del nosotros. Una esquina ventosa abierta a la avenida, del lado opuesto es un rincón umbrío protector de los recuerdos.

Al salir pisé una chinche que me devolvió al ardor, a la pugna, a la tensión, al alerta y al dispendio en cuentagotas de bondad y misericordia.

Nadie es profeta en su bañera

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14 mayo 2017 7 14 /05 /mayo /2017 15:27

Hace un año se fue mamá.

 

Cuando se fue viajé a Cuba a despedirla, a despedirme de mi mismo con mamá, a hacer uno de los homenajes más pertinente que existe. Una semana regada de actualidad mundial, hasta estando en Cuba me llamaron de las radios de otros países, cosa que en algunos casos decliné porque estaba en mi proceso de lo que había acontecido, en otras por el costo del roaming al recibir una llamada internacional en un celular en Cuba, que viene siendo. céntimos arriba o abajo, el mismo costo de la Guerra de Troya con caballo incluido, de la campaña de Hernán Cortés en México, o la ciudad olímpica en Pekin; pero a mis amigos queridos de los medios los atendí aclarando que estaba más atento a mis sentimientos que a la realidad circundante con la visita de Obama, a la cual sin embargo sí que le dediqué, como no podía ser de otra manera, parte de mi atención.

 

Ello, mezclado con que llevábamos una relación de mucho afecto, pero truncado en alguna parte de esos intrincados caminos que la vida nos hizo deambular, con la suma de una desagradable sorpresa protagonizada por un pariente en la semana referida, hizo que quizás la despedida no fuese todo lo sentida, lo profunda, lo completa que podría imaginarse.

 

Me fui de La Habana sin haber derramado una lágrima.

 

A lo largo el paso de este año, mamá ha ido apareciendo de diferentes formas, mayormente en los recuerdos lindos, siempre con risas, en mi primer hogar no hubo ni una gota de machismo entre mis padres, mi viejo y mi vieja trabajaban igual, llegaban a la misma hora, o salían juntos, cuando nos fuimos a Cuba cambió todo porque mi padre regresó a Argentina y quedó preso por años, entonces mi abuela materna viajó a La Habana y se quedó con nosotros, y las funciones típicas del ama de casa las realizaba ella, y todo el cariño que siempre nos dio. Mamá trabajaba fuera, militaba.

Hoy, sinceramente le aplaudo que haya tenido la decisión de romper con el rol de la mamá que limpia, plancha, lava cocina, teje, cose y calla. Sus padres provenían de las clases trabajadoras españolas y su mandato habría sido continuar la senda, pero mamá se rebeló a ello, primero se juntó con mi viejo, un hombre menor que ella, criado en la igualdad total, el feminismo de mi abuela Celia, jamás vi a mi padre hablando inapropiadamente a mi madre ni a ella realizando tareas que él no hiciese. Es un orgullo haberlos tenido desde la cuna.

 

Antes que todo en mi familia se rompiese dudo que alguien hubiese tenido una mamá un papá y una abuela como tuve yo.

 

Después todo fue artificial, las consecuencias de los exilios, de los abandonos, de las rupturas, de cuando la vida mete el palito en la llaga, así que de ahí en más ya trato de no juzgar, todo el amargo sentimiento que se me había juntado del des-cariño hoy me ha mitigado, acuden a mi el amor de mi vieja, lo simpática que era, su originalidad, el cariño a su manera, los modos en que ella podía expresarlo. El amor truncado en esta dimensión que llamamos vida, pero que a las claras, los que hemos experimentado la soledad podemos decir que no sólo no es la única, sino que tal vez ni sea la más relevante, y la sensación de continuidad en otra dimensión, ni evidente ni posible de interpretar si no es abriendo el alma.

 

La noche antes que mi viejo viniese de visita a casa, una visita que terminó siendo de los momentos más necesarios y lindos que he vivido en los últimos años, por no decir de la vida para no dar impresión de un páramo de felicidad, que no sería cierto, visita llena de significados y significantes; esa noche mamá apareció en mi sueño de una manera que aún con toda mi formación y convicciones materialistas intelectual y filosóficamente hablando, debo admitir dudo seriamente si se trataba de ella, era demasiado real, más que casi toda la realidad circundante, hablamos cosas y hubo un cariño, un amor, un perdón, un instante que fuimos ella y yo y a continuación me desperté, y lo puedo asegurar porque no llevaba el recuerdo de lo soñado, sino los pelos aún erizados, la presencia de mamá alrededor, todavía estaba ella con su risa melancólica, sus chistes ácidos, su olor.

 

El día antes de la visita del viejo en la que primero discutimos y nos dijimos las cosas que había que sacarse, y luego fueron unos instantes de los más lindos que he vivido viéndolo volviendo a ser el mismo viejo buenazo de cuando yo era chico, reunión en la que estaba también mi tía Celia no presente de cuerpo, pero sí de hecho, esa noche acudió mamá a mi sueño a darme su afecto, a unir, a querer, de la manera en que tanto la necesito, por eso sé que vino, y por eso hoy sí puedo decir que no la despedí en La Habana porque no se fue, aunque también digo que ya sí he podido soltar aquella pesada lágrima.

 

Espero yo también estar acompañándola en lo que precise allí donde esté, desde una compañía para reírnos a juntarnos en una partida de truco para ganarles a cualquier retador.

 

 

 

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Published by martinguevara - en Relax
5 mayo 2017 5 05 /05 /mayo /2017 20:51

Así como muchas ciudades en distintos momentos de mi vida fueron "la ciudad más lindas que ojos humanos hayan visto" ¡cuantos cuadros me hubiesen hecho jurar sin titubeo que me retiraba a una cueva si encontrase uno que lo superara!

Cualquiera de Caravaggio, los enormes de Rembrandt, los retratos Van Dyck o de van Eyck, los fumadores de pipa acodados a una mesa de Cezanne, las variaciones de catedrales o puentes en la noche de Pissarro, las bailarinas de Degas, todo Claudel, las mujeres los paisajes o tardes en el río de Seurat, las escenas de la vida de Monet, los espárragos de Manet, los borrachos de Velázquez, la pintura negra de Goya, el jardín de las delicias de El Bosco, cualquier Vermeer en Amsterdam, el último período azul o el Amarillo y naranja de Rothko. Así como existen períodos y ciudades en que a cada chasquido de dedos caduca el juramento de haber visto "la mujer más linda monumental sensual graciosa o requetebuena del mundo",

Pues no podía ocurrir menos con los escritores.

Salgari me reveló el mundo, fue el primer “mejor escritor de la historia” que leí, pero en realidad mezclado con Edgar Rice Burroughs y con Sir Arthur Conan Doyle. El segundo fue Edgar Allan Poe con Los crímenes de la calle Morgue, y así empezaron a aparecer a cada tanto los mejores escritores de todos los tiempos, hasta que choqué con Autopista del Sur y la Casa tomada de Julio Cortázar, ahí me di cuenta que debía escribir no importaba si bien regular o mal, pero expresarme escribiendo, cartas, contratapas, cuadernos, un mini cuento o unos versos en una servilleta, la mirada el olfato el oído y las experiencias puestas al servicio del acervo para luego echarles mano y armar el relato, o desarmar la angustia.

Luego Alejo Carpentier me dejó encantado con la mezcla de la erudición y el genio de la pluma, gracias a mi madre leí a Borges temprano pero la verdad es que me enganchó mucho más tarde, y un día descubrí que William Shakespeare era algo más junto a Cervantes, que la caricatura de la quintaesencia del escritor, fue el escritor y artista en general que más me sorprendió, lo disfruté mucho en una época de soledad feliz, estaba descubriendo vivir solo alquilando un cuarto amplio con molduras y suelos de madera noble empapelado inglés en una casona burguesa de Flores, no podía entender como habiendo escrito tan lejos en tiempo y espacio hablase de cosas tan actuales en sus tragedias y tan graciosas en sus comedias, y luego fui descubriendo a franceses, alemanes, italianos, españoles, hasta que choqué con la literatura norteamericana, ya me había hecho fan de joven a Dashiell Hammet y Raymond Chandler, y si hubiese sido sincero conmigo también habría dicho que eran los mejores de la Historia el día que terminé de leer Cosecha Roja o El largo adiós, pero ya tenía inoculado ese bicho perverso y pretencioso que los temerosos mediocres fueron diseminando alrededor del mundo según el cual todo lo que fuese literatura policíaca era de entretenimiento y mala por definición, ello conducía a buscar misterio o suspenso en los consagrados, ya fuese Cortázar, Mujica Láinez, Poe, Arlt, cualquier escritor libre de la escarapela de policíaco que nos pudiese hacer pasar un par de noches fantásticas, devorando páginas como un descosido sobre todo aquellas dedicadas al crimen, en lugar de ir directamente a los originales, los que salieron del horno de leña. Pues cuando descubrí la literatura cercana a la de Pulp fiction me desquité de aquel temprano vasallaje a ordenanzas sin sentido, y me enamoré de esa capacidad de resumen y de representación casi pornográfica de la realidad cotidiana del héroe solitario repleto de defectos, del ganador dentro del perdedor, de la muerte digna, el whisky, el cigarrillo, las chicas de vida licenciosa y algún manojo o maletín de dólares.

Pero un día, cuando ya me había alejado de la Cuba de mis ojos, o mejor dicho me habían alejado, y cuando ya había retornado con dedicación y vehemencia el hábito de la bebida, y una intensa soledad pero en esa ocasión con pocas paredes pintadas, fui de repente invitado, aunque diría invadido por la llamada de los escritores rusos, de los cuales había renegado por la obligación de tragarse La Madre de Máximo Gorki, o a Maiakovsky en la escuela de la Dictadura del Proletariado, sólo había leído sin prejuicios a Pushkin por haberse tratado de literatura infantil (otra infamia como la de policial, es literatura y basta) y anterior a la inundación del Soviet Supremun.

Curiosamente fueron libros cubanos los que fueron de a poco apilándose sobre las mesitas de luz de los ambientes cambiantes que iba habitando o hinchando el viejo y gastado aunque precioso bolso Adidas azul que usaba para las mudanzas, ya habitado por un Elogio a la locura de Erasmus de Rotterdam en edición miniatura en papel arroz del siglo XIX, unas zapatillas Adidas (valga la redundancia, azules con rayas verdes) parches en los parches de los vaqueros y cuentos y poemas inacabados, sumaron a su peso habitual Guerra y paz, La Dama y el perrito, Crimen y Castigo y otros volúmenes cubanos procedentes de Franca import.

Entrar en el alma rusa tras haber crecido desde los diez a los veinte años disfrutando en silencio la tristeza de los dibujos animados y sobre todo las películas soviéticas, el frío, el semblante impertérrito, la nieve, la resistencia y la música era una experiencia extraña, hay canciones rusas que si te sorprenden mal parado emocionalmente pueden acercarte la navaja a la muñeca tan inquietantemente que luego sería muy difícil alejarla.

La belleza encontrada en la profundidad, no en la cima; en el fondo de una tristeza casi endémica.

La literatura rusa lleva partes de esas canciones en todos sus escritores y en todos sus libros, contiene la muerte en cada pincelada, la eternidad y el instante en el carácter ruso forman parte de una misma cosa. Lo más movido que tienen es una mirada, pero no hay mirada en el mundo más intensa y movida que la rusa. Así fui descubriendo detrás de ese temple en apariencia gélido un alma encendida con estímulos que en cualquier otra cultura serían imperceptibles, donde Pirandello , Böll, Joyce o Lezama Lima necesitaban arrojar troncos a arder para encender el alma del lector los rusos lo conseguían con una casi imperceptible chispa.

Pero hubo una sola vez en mi vida que sentí que estaba hablando con el escritor, que me sentí acurrucado a su lado y respiré el hielo de la Siberia, resistí el dolor del corazón mientras escuchaba sus aullidos, la única vez que fui entrando literalmente en la mano del escritor mientras componía las líneas, mientras luchaba contra la muerte con un solo pulmón, un escudo, una espada entre sus manos derramando tinta, creando vida a la vez que expeliendo la toxicidad, saliendo de los barrotes de su alma y de su celda.

Fue cuando leí Netochka Nezvanova.

La simpleza y lo terrible del dolor, la miseria y el amor. No puedo decir ni de lejos que haya sido la mejor la novela que he leído, como no puedo afirmar que yo soy la mejor persona de la que oído hablar o que he conocido, sin embargo ese libro, su escritor, sus personajes y yo en aquel momento salimos de donde estábamos encarcelados, de donde estábamos arrinconados y se produjo lo más parecido que yo he experimentado a un viaje en el tiempo y el espacio, un viaje en una dimensión diferente pero donde se conecta con los sentimientos más inherentes a nuestra vida, a esta dimensión. Yo lo leí en el mismo instante que Fiodor lo iba escribiendo, los iba destripando y los iba rearmando, en el mismo lapso conocía a los personajes que él me fue presentando, y cada uno en su silencio nos acompañamos en el diálogo entre artista y público amante del arte en el cual llegado un punto se mezclan de tal manera los roles, sobre todo cuando sale la palabra precisa, cuando el dardo da en el mismo centro, que pareciese un hecho nada fortuito que tiene lugar para enriquecer el relato intercambiando ideas más allá de la geografía y la cronología.

 

 

 

Dostoievsky
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Published by martinguevara - en Relax
5 mayo 2017 5 05 /05 /mayo /2017 00:30

Durante mucho tiempo fui reacio a festejar fechas sugeridas, recomendadas o directamente instaladas desde puntos cardinales casi siempre ubicados en la sabiduría de algún gran centro de Poder, para que la plebe continúe nadando sin procurar por si mismos los días en que celebren genuinos logros, tanto personales como colectivos

Todos esos cumpleaños, años nuevos, navidades, semanas santas, primeros de mayo, diecisietes de octubres, días del nabo, de la zanahoria y hasta del alcornoque.

Desde que empecé a usar mi propia cabeza en vez de aceptar prestada la de los que me precedieron en la mordaza al análisis, me di cuenta que esos días, más allá de si son genuinamente felices o impostados, en todo caso poco tenían que ver con el pretendido protagonista, sino más bien con las sempiternas cadenas de ventas de chucherías, pavadas, indulgencias, artilugios y cacharros de formas e inutilidades miles.

Y paulatinamente luego también me fui percatando de que estos días no pertenecían ni remotamente a la cuota más o menos amplia de felicidad, de orgullo, de amor propio, autorrealización o simplemente placer, que la vida tiene destinada a cada peregrino andante de sus sinuosas y misteriosas sendas.

Vueltas del cuerpo celeste alrededor del astro incandescente más cercano, nacimiento de un buen hombre mucho tiempo atrás y lejos de los seres queridos que uno podría agasajar con su felicidad, muerte de ese mismo hombre de Judea, episodios de lucha de otros hombres, en fin, acontecimientos históricos religiosos o astronómicos que bajo la lupa del más somero de los análisis arrojan como primer resultado la imposibilidad absoluta de que produzca el más mínimo estado de hilaridad o alegría en persona alguna del entorno doméstico.

Acto seguido me pregunté a quien le vendría bien que la humanidad entera desde el día de su nacimiento tuviese ya una serie de motivos para festejar pautados por fechas periódicas estratégicamente situadas para combatir el vacío de la falta de realización propia, de razones genuinas para enorgullecerse, de metas y objetivos inherentes a los intereses más íntimos.

Y claro, no tardé ni dos minutos en darme cuenta del maravilloso trabajo de ingeniería en el entramado de toda esa ficción, de esa secuencia de sucedáneos, de reemplazos, de impostura de nuestros auténticas celebraciones, las cuales sería difícil preconcebir por responder a los anhelos intransferibles de cada individuo.

Por otro lado, y por diversas razones, me ha tocado ser una persona con escasa recepción de afecto del núcleo familiar reflejado en relaciones manifiestamente mejorables con progenitores y hermanos en las cuales las responsabilidades con toda seguridad sean plenamente compartidas, pero altamente tóxicas en cualquier caso. Mientras que de la otra cara de la moneda me ha tocado contar con las mejores amistades a las que una persona puede aspirar en sus deseos y fantasías, en cada punto de los lamentos de mis pasos juveniles, en las paredes y bordes de los cráteres que tuve que escalar para poder llegar a conocer la paz a lo largo de mi vida, conté con lo mejor de las mejores personas que uno puede aspirar a encontrar, he sido beneficiado con el privilegio del amor más puro, ninguno de los que me ha brindado el corazón y su mano tuvo nada que ganar conmigo y sí mucho que padecer y soportar, sin embargo me dieron los mejor de sus humanidades, un amor del que no obstante saber que sólo llegaré a reponer una pizca, cada día intento homenajear y devolver con la actitud de ser un poquito mejor persona hoy que ayer y mañana que hoy.

Lo que por un lado me faltó por el otro me fue concedido con creces. Encontré un enorme tesoro en el sitio contiguo al habitáculo vacío inicial que me había sido destinado.

Ayer fue un día conmovedor, porque a pesar de todo ese bagaje de términos, ese brebaje de verborragia que casi parece más destinado a dar soporte teórico a una fuerte fobia a las celebraciones donde se pone de manifiesto el cariño, ficticio o genuino, de los demás, los que observan, los que juzgan, aún con ese espeso criterio asimilado sobre los días de dispendio abundante de miel merengue y azúcar, de festejos más o menos frívolos, recibí tanto afecto de tanta gente que me quiere y me quiere bien, recibí un cariño que necesito como agua de mayo (nunca mejor dicho) y como pañuelo en velorio, sin importar tres bledos si el motivo para el saludo gentil, para la palabra sanadora, para el guiño fraternal es una vuelta más de la Tierra al Sol, de Luna a la Tierra, de los marcianos a Plutón o de Andrómeda a la Vía Láctea, y dándome igual si en su concepción estuvo el Corte Inglés, los artesanos ruanos del Paris Medieval, el núcleo cósmico inter estelar del poder eterno, o las babas y las chispas de Barrabas y su séquito de serafines lisiados.

Sentí el agasajo de los amigos, el gozo de aquello que concluye en alegrías, ligeras o densas, identitarias o importadas, bienvenidas siempre que tengan a bien el dispendio de palabras amables, sonrisas, roces, miradas piadosas, amor y calor en cualquiera de sus formas.

Muchas gracias a todos los amigos , conocidos y almas colegas que habitan el aire y viajan con el presentimiento y la energía.

Me hechizó el encanto del cariño.

 

 

 

Cumpleaños
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Published by martinguevara - en Relax
13 abril 2017 4 13 /04 /abril /2017 14:36

Soy de chocolate y de miel, soy de salame y de aceituna rellena de anchoas, sólo un hombre más.

Soy un huracán mezclado con tsunami, soy vapor, hielo, noche cerrada, frío que hiere, gesto desolador, calor abrasante, sólo un hombre más.

Sé que mi paso es sinuoso, abarcador, estoy cuerdo de remate, soy calzón del infierno, camiseta del martirio eremita de los eternos gozadores, sé que mi trote es ora lento ora apurado.

Me creo un hombre justo, repleto de defectos, un saco de problemas, una bola de inconveniencias, un espejo reflejando el cráter del volcán, el salivazo del Santo, un calcetín de Lucifer, el ala herida del ángel, la sangre del labio alto de Barrabás, soy la guitarra del bardo beodo del cabaret en la bifurcación del camino, sal en el cañaveral, azúcar en el mar, soy una eyaculación en el paraíso de los justos, una siesta en el tugurio de las pasiones, soy el cacharro y el veneno, el Sol y el destierro soy.

Sólo soy un hombre más.

Pero también puedo ser la súplica en el altar, la caricia en la mañana, el horno de pan, la gota de sudor descansando en la ceja, soy el receso en el trabajo, la sonrisa del amigo, una sombra, una hamaca, soy el filo del espada envainada, la punta del amor, como el agua soy tierno a buena temperatura, duro a río bajo cero, y me evaporo si me dan calor.

Soy sol tenue, nieve de otoño, una idea virgen, un potro de galope, soy un animal salvaje sobre mis hombros cansados, y cabalgo feliz en el podenco de mi libertad.

Un hombre sólo, y sólo un hombre. Nada más

 

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  • : Mi Déjà vu. En este espacio comparto reflexiones, impresiones sobre la actualidad y el sedimento de la memoria, sobre Argentina, Cuba o España, países que en mi vida conforman un triángulo identitario, de experiencias diferentes y significantes correlativos.
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