" />
Overblog Seguir este blog
Administration Create my blog
10 enero 2015 6 10 /01 /enero /2015 23:08

Ante los rumores insistentes de la muerte física de Fidel, debo decir que en mi criterio, aquel Fifo- Caballo-Guarapo-Esteban*,  temido por los suyos y admirado por sus ajenos ya murió hace mucho tiempo.

Esa persona anciana balbuceante que queda abrazándose con cuanto Papas y bufón de alcurnia pase por Cuba, no es ni una tira de la uña del mejor conspirador en la sombra y púgil en distancias cortas que ha existido en la política latinoamericana en el siglo XX, y uno de los más temibles bichos de siempre. Aunque que nunca fue de nadie excepto de sí mismo, traicionó a toda ideología en que adscribió y a todo compañero a quien adocenó, desde José A. Echevarria, Eduardo Chibás, Frank País, Abel Santamaría, su hermana Haydeé, Osvaldo Dorticós, Huber Matos, Camilo, los cubanos que vivían en Miami exiliados de Batista, a quienes les pidió y de quienes recibió mucho dinero, todos los anarquistas, la mayoría de los comunistas previos al 59 del Partido Socialista Popular. Más tarde todos los “no comunistas” posteriores a 1961, luego todos los no seguidores de Nikita Kruschov del 65, como el caso de el Che.

Más tarde todo aquél que le decía que la zafra del 70 no tenía posibilidad de triunfar, como Orlando Borrego, era defenestrado, más tarde a todos los que decían que la zafra del 70 iba.

Primero a todo burgués, luego a todo proletario, luego a todo el que protestase porque los burgueses españoles, italianos, franceses y canadienses, se estaban comprando Cuba a golpe de dólar, la moneda enemiga, y los cubanos no podían siquiera acostarse en una habitación de un hotel de La Habana con aire acondicionado, ni una sola noche.

A los seriamente sospechados  por tener amaneramientos refinados, sofisticados, demasiado cultos, y duramente castigados y presos con trabajo forzado a quines ostentaban una desviación de la conducta sexual, de la “hombría revolucionaria”.

A los reprimidos por disfrutar de gustos pequeño burgueses, o de las nuevas corrientes provenientes de afuera de Cuba, como el Rock, el Pop, el Punk, la actitud contestaría.

Toda  la libertad de expresión durísimamente castigada, hasta penas altísimas de prisión.

Presos por tener dólares para comprarse un ventilador, un pantalón blue jean , un puerco, una caguama, y ni hablar de unos bistecs de vaca cuatrereada. Después pasó a ser enemigo de los que estaban en contra de que el dólar se legalizase, seguían reas personas porque se le encontraron 50 dólares, y Guarapo, que legalizó de la noche a la mañana la tenencia de dólares, no pidió perdón a nadie por el dolor que causó, ni siquiera se planteó soltar a los que estaban en prisión defendiendo sus postrimerías por tal afrenta igual de caprichosamente castigada que luego derogada.

 Fidel quien se abrazó con los ortodoxos, los jesuitas, los norteamericanos, los burgueses cubanos de donde provenía su esposa Díaz Balart y todos sus amigos, luego con los comunistas pro URSS y anti guerrillas, luego los demócratas latinoamericanistas, los religiosos del Tercer mundo, luego con la dictadura Argentina, con Videla, con Galtieri, con Costa Méndez por orden de la URSS, luego con los reyes de España, con el papa polaco anti comunista que derribó el comunismo mundial, con Arafat, con Jomeini contra Saddam Hussein, al poco tiempo con Saddam Hussein contra Bush padre. Luego con un revisionista dicharachero como Chávez.

Y para terminar, con Estados Unidos, entregando la pantomima de la Revolución Involutiva para comenzar un Capitalismo de partido único.

Un hombre que hizo bandera de la medicina cubana, y cuando se enfermó que vio las orejas al lobo, no reparó en gastos y se hizo traer a una eminencia del Hospital Gregorio Marañon "español no cubano",.

Un tipo que no reparó en gastos mientras su pueblo carecía de todo, por vivir un día más, todo tipo de cuidados, lo que sea para no morir, el deseo de vivir hasta la eternidad contrapuesto a la actitud de todo guerrillero valiente.  Viajaba con quinientos guardaespaldas.

Hablo de Guarapo, quien se construyó su Choza vivendi, en el sitio más exclusivo de toda Cuba, y uno de los más exclusivos de América, donde estaba el hoyo 14 del campo de Golf del Club de los ciudadanos más suntuosamente ricos de Cuba, el Havana Biltmore Yatch and Country Club, en Jaimanitas.

Un Guarapo que tenía casas por toda la isla, a quien la isla le pertenecía, un Fidel-Guarapo que tenía colecciones de yates a su disposición, y dos en exclusiva, no en propiedad como es todo en Cuba como coartada para que no se los pueda acusar de acaparadores capitalistas, pero con mucho más poder que cualquier capitalista en su país.

Yates para cazar y pescar, con amigos multimillonarios, no con revolucionarios luchadores del mundo. Donde le cocinaba langosta a Depardieu, a García Márquez, a Maradona, de quien llegó a la desfachatez de decir que era el “Che Guevara del deporte”, sin juzgar al astro futbolista, sino comparando con lo que le caía en Cuba a alguien homologable, hay que decir que en Cuba quien fuese sorprendido fumándose un porro de marihuana, si no era hijo de dirigentes, era encarcelado por cinco años, y si a un deportista de elite lo cogiesen con un kilogramo de cocaína, es harto difícil imaginar el nivel del castigo que le aplicarían por traición al Comandante.

Amigo y defensor de capitalistas como Meliá, o similares europeos y canadienses. Empresarios igualmente exploradores que los cubanos  a quienes habían echado de Cuba, y que encima no eran ni cubanos.

Guarapo-Fidel,  quien visitó la tierra de su padre, Galicia, no de la mano de algún republicano revolucionario anti fascista, sino  precisamente de mano del mayor fascista y racista que quedaba vivo en la democracia, el franquista y anti comunista Manuel Fraga, con quien anduvo durante días cominedo abundantemente, bebiendo ron a voluntad y jugando dominó,

Guarapo no llega triunfante de nada al final de su vida.

Como no llegaron Pinochet o Franco aunque hayan muerto tranquilos en su cama.

Y aunque yo no sea revolucionario, no puedo menos que reconocer que tanto Camilo, Frank País, Che, Santamaría, Mella, Villena, Guiteras, Lenin, Marx,  cualquiera caído en Angola, Etiopía, o Mozambique, y todos los disidentes y todos los fusilados, los enloquecidos, los ahogados, los exiliados, los expulsados, los humillados cubanos, murieron, pero sobre todo vivieron con mucha más dignidad revolucionaria que el amortizadísimo Guarapo-Fifo-Caballo- Esteban*.

 

* El cubano de a pie siempre jocoso, le llamaba Esteban a Fidel, por “Este-bandido” salvando así la rigurosísima censura. 

Repost 0
Published by martinguevara - en Cuba flash.
30 diciembre 2014 2 30 /12 /diciembre /2014 12:20

Da pena la gente que se quiere agarrar a sus mezquinos privilegios de exiliado de oro en EEUU, y sólo por ello desea que no se solucionen las pocas cosas que se puedan arreglar en este tímido primer acercamiento entre Cuba y EEUU, más que nada pensando en sus compatriotas de la Isla, cansados, hastiados, hartos de carencias, de cinturones, de soga.

Pero también me indignan como al que más cuando veo a todos estos oportunistas de tres al cuarto, que fueron lo más obsecuente y pusilánime del mundo que se pueda encontrar en el mercado de la cobardía. Quienes hicieron una profesión de olfatearles el trasero a los gerontes Comandantes "Zanahoria Bros.", asintiendo ante cualquier aventura o cualquier directriz por contradictoria que fuere, aún cuando para ello debieron pisotear los derechos de todos sus conciudadanos, maldecir a su propia sangre llamándoles gusanos.

 Ya fuese porque preferían vivir en EEUU o por pensar diferente a ellos, condenar todo lo que proviniese de la "sociedad del mal" (en público por supuesto, ya que en privado siempre fueron los que más bienes del campo capitalista tenían), toda esa gentuza rellena de materia putrefacta.

 O parafraseándolos a ellos mismos con sus dos términos favoritos: esa Escoria, y esa Gusanera, que hoy dejan ver claramente la madera ética de que se constituyeron sus vidas, y van acomodándose para un futuro de cercanía con Estados Unidos mirando con lascivia los genitales del imperio con sus insaciables lenguas babeantes, que ya no lubricarán los glandes soviéticos, chinos y venezolanos.

 Expresándoles su amor a los “yanquis” como les llamasen despectivamente, con los cuales de seguro, como decíamos algunos desde hace años, se los verá haciendo pinches negocios, vendiendo hasta los calzoncillos de sus padres, siempre y cuando desde luego, no lo impida una consciente oposición organizada de la parte digna del pueblo cubano, en sus ya descalzas clases trabajadoras, en sus incipientes clases medias.

Siento una mezcla de ambos.

Sólo les digo a los posibilistas que quieran cerrar y mirar hacia otro lado, que miren a España hoy, a cuarenta años de muerto el dictador, hay que revisar toda la Transición, porque el negocio de aceptar la condición de intocables de la dictadura que cedió la democracia como una dádiva postergable, no resultó ser todo lo redondo que prometía.

Progreso sí, pero con memoria.

Repost 0
Published by martinguevara - en Cuba flash.
7 diciembre 2014 7 07 /12 /diciembre /2014 22:28

Terminaba una maratónica reunión del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, presidida por el Presidente del Consejo de Estado y de Ministros, Presidente de Cuba, presidente del Partido Comunista de Cuba y del Buró político del Partido, Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz (sepan disculpar si pasé por alto unos cuantos cargos más, pero es que se me empezaba a olvidar lo que quería escribir).

Antes de salir cada uno a la casa de su amante a bajarse su pomo de ron y lijar su pernil de jamón para disipar el agobio de seis horas de muela interminable, de una especie de Do sostenido del Comandante y la profunda, aunque secretísima depresión a que ello podía someter, la reunión exigía que todos votasen los puntos que se habían tocado durante los milenios que pareció durar el acto.

En el preciso instante, en que el genízaro de gesto adusto al referir su mirada al público y solícito al agacharse ante la escudriñadora vigilancia de Guarapo, invitó a levantar las manos a quienes estuviesen de acuerdo con las propuestas del Comandante, un asistente de una de las filas del medio, que había pasado aquél sucedáneo de “la eternidad”, aplaudiendo rabiosamente cada intervención divina, sintió una fuerte punzada que le recorrió desde el dedo pulgar e índice todo el brazo hasta la parte derecha del pecho, haciéndose particularmente insoportable el dolor en la base de la tetilla, el hombre hizo todo lo posible manteniendo el rictus impasible, como un maniquí de cera, por no torcer su gesto, no arruinar la fiesta de la pasión al Líder, al dios devorador del mal, hizo denodados esfuerzos por no emitir un quejido, ni siquiera un gruñido que pusiese sobre aviso a los asistentes vecinos de su asiento. Sólo si su esposa, sus hijos o su amante se encontrasen allí y le prestasen más atención a él que a Guarapo, habrían podido notar por la rigidez de las comisuras de sus labios, la palidez de su rostro y el agarrotamiento de sus dedos, que una parte suya reclamaba urgente auxilio al ánima de la discreción.

El genízaro, asombrado ante la insistencia del asistente en no alzar su mano dando a entender un voto negativo con su actitud, cosa que no había ocurrido jamás en décadas de reuniones, tuvo un rapto de suprema solidaridad, mostró un gesto en el límite de la lealtad y tras un prolongado silencio casi absoluto, roto únicamente por un flato del asombrado hermano achinado del monarca barbudo, se dignó a repetir al invitación por segunda y última vez, haciendo énfasis en ello, a votar la propuesta que como una bendición, bajaba en forma de lineamiento desde el trono principal.

 

El desconcertante y bravo asistente de los brazos en posición de descanso, de la innovadora y pionera abstención, valeroso desacato de la sempiterna unanimidad revolucionaria, desoyó la invitación, ya presentaba signos de momificación, sus pantalones estaban mojados, las manos retorciendo sobe las rodillas y su mirada perdida.

Entonces el genízaro, ya abandonando todo vestigio de complicidad con el inconsciente desgraciado, se dirigió directamente a él ante el escrutinio en el gesto de Guarapo y de su achinado o hermano de vientre flojo, diciéndole:

-Compañero, ¿está votando usted en contra de los lineamientos de nuestro Comandante en Jefe?

-Argh- fue lo único que alcanzó a responder el temerario militante antes de balancearse hacia adelante y terminar cayendo de forma pesada sobre el suelo del teatro Karl Marx.

Sus vecinos de asiento mostraron alarma conscientes de que tampoco era muy recomendable desvivirse por salvar a un presunto traidor, pero también impresionados ante la posibilidad de que todo pudiese acabar allí, lo socorrieron y animaron a los otros asistentes llamar a una ambulancia.

Unos días más tarde, el militante del Comité Central recuperó su salud y fue considerado definitivamente fuera de peligro por el infarto que había sufrido aquella fatídica tarde, cuando creyó que sería dado de alta del hospital, recibió la visita de un superior comunicándole que lamentablemente en el mundo se había difundido la noticia de que por primera vez, una medida del Comandante no había sido unánimemente respaldada por todo el Comité Central, y entonces desde el Buró Político se decidió que demasiado contemplativa e indulgente, era la Revolución con elementos que la traicionaban de aquella manera, pero no podían arrogarse el derecho que soberanamente le pertenecía al pueblo, de perdonar semejante ultraje a los héroes, a los mártires de la revolución, al pueblo entero, por ende se lo envió a la Taiga rusa a cumplir veinte años de reclusión, empezando por construir el tren de Baikal Amur, intercambiándolo por un ruso que cortaría caña en la provincia de Oriente durante las horas de más sol por la misma cantidad de años, ya que se había quedado dormido en un acto de Leonid Ilich Brezhnev.

El cubano aguantó mucho frío pero a los pocos años llegaron la Perestoika y Glasnot y fue puesto en libertad, vagando durante unos años por la Siberia en estado de enajenación mental, ingiriendo hielo con excrementos y vodka, hasta que una investigación periodística recuperó su curiosa historia y se convirtió de repente en un hito, en un ejemplo de las más altas cotas del coraje disidente, alternando premios y menciones con personalidades del tamaño de Lech Walessa y Vaclav Havel en las principales convenciones internacionales de derechos humanos.

El ruso corrió una suerte menos afortunada, se cuenta que aún corta caña en algún área de castigo, pero que ni siquiera sus centinelas lo reconocen y saben diferenciarlo de los demás castigados autóctonos, ya achicharrado por el sol, sus ojos azules ennegrecidos por el hollín de la caña quemada, su idioma reducido como el de sus colegas a sonidos guturales.

Los domingos, único día de descanso, se cubre de agua salada excremento y ron.

Repost 0
Published by martinguevara - en Cuba flash.
2 octubre 2014 4 02 /10 /octubre /2014 02:01

-¡Caballero denle nariz a eso! -dijo mi amigo el Nene causando una mezcla de risa y asentimiento generalizado de los viajeros que se atiborraban al principio de la guagua, mientras el grupo de rusos recién ascendido en la anterior parada, continuaba conversando con el conductor del autobús preguntando algo referente a la dirección a donde se dirigían.

Yo no me había enterado de cual era la procedencia de aquel supuesto fuerte olor que llevó a mi amigo a “pitar” de ese modo, porque me encontraba un poco más adentro, hacia el centro, aprisionado por el resto de componentes de aquella morcilla ambulante encargada de trasladar al pueblo trabajador.

Pero sí que pude enterarme cuando a empellones, hubieron llegado a mi proximidad aquellos ciudadanos técnicos extranjeros provenientes de la “Gran madre patria roja” que desinteresadamente ofrecían sus servicios y auspicio solidarios al indisciplinado pueblo cubano.

¡Santo cielo! eso no era solamente olor a sobacos mezclado con ajo, cebollas, pies, calcetines y otras interioridades, aquello era un fenómeno superior, poseía volumen, aunque no se pudiese notar a simple vista se podía intuir que aquel aroma le daba cierta espesura y consistencia al aire, era el súmmum de lo vomitivo, de lo repugnante, era la verdadera bomba humana, la revelación del secreto de la victoria de los rusos sobre Napoleón y los soviéticos sobre los alemanes. ¡Santo cielo!-repetí.

En La Habana la gente era graciosa cuando estaban en masa, porque el cubano a nivel íntimo es en realidad mucho más melancólico de lo que se cree, pero la identidad colectiva más reconocible es su dicharachería, la risa, los ademanes exagerados al modo andaluz, canario, calabrés o napolitano, y casi siempre cuando alguien con características especiales, subía a una guagua algún gracioso tomaba la iniciativa y expresaba en voz alta un criterio que buscaba convertirse en una gracia, en un chiste. 

Cuando algún pasajero reduce su volumen a causa de una accidental pérdida de gas intestinal, los comentarios son generalizados y casi siempre permiten pasar el fétido momento acompañados de carcajadas. Pero nada de eso fue ni siquiera posible con este notable grupo de rusos, que asaltaron a bombazos fétidos nuestro trayecto colectivo, ya suficientemente merecedor de un premio a la resistencia estoica frente al escarnio y el suplicio cotidiano, el comentario del Nene no daba demasiado  sitio a la risa, a la gracia, acaso a duras penas conteniendo la respiración, se sostenía la esperanza de salir de allí liberado de una intoxicación letal.

Con todo y eso conseguir ascender, abordar, conquistar otra guagua era considerada una empresa tan arriesgada e improbable, que la gente no sin sopesar el dilema en su fuero interno, en su mayoría se decantaron por continuar en la guagua con un halo de esperanza de que el dios de los Urales, nos asistiese invitando a aquellas sus criaturas, a descender en cualquiera que fuese la próxima parada.

La vida entera estaremos en deuda con las deidades eslavas que atendieron nuestras súplicas haciendo que dos paradas más allá, el chofer les dijese a los aromatizados inocentes que habían llegado a su destino.

Cuando nos hubimos bajado en la parada de Alamar, mi amigo el Nene me espetó:

-Brother al lado de esos bolos tu eres un jabón, un champú, un perfume, un naranjo en flor.

Debo reconocer que casi me incomodó que alguien me hubiese arrebatado con tal nitidez y rotundidad la presea que me otorgaba mi desafección a la ducha y la consiguiente inclinación a las esencias enfrascadas.

Por entonces yo solía pensar, que quitando todo lo referente a la temeridad, a la propensión al trabajo, al afecto al sacrificio y a la espantosa repentina atracción por la estética comunista, una de las pocas cosas que sí me situaban en primera línea de parentesco con mi tío Ernesto, era precisamente esa desaprensión a las citas higiénico sanitarias con el agua y el jabón, además de compartir el disfrute de la poesía y de las cosas genuinas.

Quizás fue por ello que me causó un instintivo rechazo más que por cualquier otra razón, la noticia de estos días de que en el marco del aluvión de actuales disparates y los coqueteos con la fruta prohibida por décadas de las diversas formas de mercadeo, que está atravesando, disfrutando o padeciendo Cuba y sus políticas, se incluía la aparición de dos originales fragancias enfrascadas por un ministerio del Estado, por supuesto para vender en moneda de valor en divisas, llamadas una de ellas "Ernesto" por el Che Guevara, y la otra "Hugo" por Chávez.

Perfume Ernesto. 

¿Podría algo superar aquella estrambótica invitación en la escuela primaria cubana a ser como el Che,  todas las mañanas, en cada matutino escolar luego de saludar la bandera?

Aquella frase de:  Pioneros por el comunismo ¡Seremos como el Che! para mí, lejos de invitar a los niños a ser disciplinados, obedientes, rectos, delatores de sus compañeros, o amantes del jabón, precisamente incitaba a los pioneros a lo opuesto, ser como el Che era mostrarse rebelde, desobediente, critico ante el poder, original, libre pensador, autónomo, y en temas de aseo, por supuesto, muy, pero muy poco apegado al paso por la duchas.

Más que el hecho de que cada día sin pedir disculpas, sin abandonar el poder por el estrepitoso fracaso por las penurias infligidas, comandasen nuevas ocurrencias para llevar a una especie de menjunje, de cóctel terriblemente injusto mezclando lo peor del socialismo con lo peor del capitalismo al país caribeño, la misma dirigencia, las mismas personas, que habían reprimido durante años con mano intransigente, cualquier desviación ideológica de los cerrados principios dogmáticos importados de la fría y lejana Rusia de los sobacos prohibidos, más que el hecho irritante de que sean ellos quienes hoy mercadeen con las imágenes y los fetiches revolucionarios; más incluso que por el hecho del ultraje a la razón que significa comparar, ubicar en el mismo parangón, en la misma línea ideológica, de vida, de clase, de finalidades, de objetivos y de procedimientos, a dos seres tan disímiles como pueden haber sido Ernesto Guevara y Hugo Chávez, uno, la persona más ácida y menos populista y demagoga de sus tiempos, y la otra la persona más cubierta por barnices y vacía de contenidos, de sustrato y sustento filosófico, uno, un intelectual de la acción y el otro un prestidigitador de los tiempos que corren, en todo caso en ese terreno mucho más emparentado con Fidel, dicharachero, encantado de conocerse, de ejercer el culto a la personalidad hasta el paroxismo, un hombre procedente del ejército, que hizo carrera de la obediencia, de la obsecuencia, del no debate, de la no discusión, aunque luego paradójicamente y también a diferencia de Ernesto, fue un buen usuario de las urnas para sus finalidades de poder , y más que probablemente como corresponde a un natural de un país cálido, haya sido un hombre limpio, aseado, enjabonado, planchado, peinado, insípido, impersonal como toda piel recién liberada de su ph genuino con el restregar de la esponja, incluso mucho más que las abismales diferencias entre esos célebres latinoamericanos, y la descarada adaptación de la dirigencia cubana al nuevo estilo de sociedad dictatorial china, de concesiones mínimas en lo económico pero intransigencia total en el control político, aún más que todo eso me incordió el hecho, de que algún atrevido desalmado de algún departamento ministerial, me usurpase sin más uno de los escasos parecidos indiscutibles que me identifican con la figura de mi tío, me habría sentido menos agraviado si en su reclamo publicitario rezase: "Si eres del estilo del Che, neutraliza el tufillo de tu sudoración comunista con en esta colonia de gran raigambre revolucionaria", en lugar de bautizar a dicho extracto de esencias con el nombre de -Ernesto- en honor al "buen olor" que el conocido revolucionario solía pasear por pampas, selvas y ministerios.

Pero-me dije- no hay demasiado motivo para la preocupación, el paso de los años me ha acercado entre otras sorpresas, la de verme convertido en un hombre aficionado a esas excéntricas sesiones periódicas de agua enjabonada, aunque he de admitir que en cuestión de perfumes, como siempre, sigo prefiriendo lo francés.

 

Repost 0
Published by martinguevara - en Cuba flash.
18 julio 2014 5 18 /07 /julio /2014 01:09

 

Sarita intentaba comer carne de vaca a todas horas, los muchachos de Ciego de Ávila decían que estaban tan acostumbrados a comer bistec todos los días en sus casas que no importaba si dejaban de comerlo algún día, lo decían delante de ella y del maquinista que era también de Santiago de Cuba y también le daba a la carne que era un espectáculo temiendo no volver a verla en el resto de la existencia.

 Sarita se picaba con las puyas pero no dejaba de comer sus bistecs con cebolla, ajito y limón.

Un día fuimos a su casa a buscarla porque teníamos que zarpar antes de lo previsto, y la madre nos dejó en el salón de su casa, sentados en sillones balancines de preciosa madera y confección. Nos ofreció café, Sarita demoraba y nos ofreció otra tacita más, mientras yo me entretenía observando la casa, el techo azul, con artesonados, tenía vigas a la vista, las rejas de las ventanas habían sido hechas muy cuidadosamente por algún buen herrero de los ya muertos, y desde allí se veía el empedrado de la calle, esa casa tenía en sí más buen gusto que todas la conversaciones que manteníamos cada noche. Y entonces Sarita Salió por fin pero con la cabeza tapada por una especie de gorro de baño.

Cuando llegamos al barco en el coche Sarita se metió en el camarote y zarpamos, a las dos horas, Ponce la llamó y le dio la orden de entrar al agua y practicar un buceo mientras nosotros observábamos en la borda mirando. La chica no quería de ningún modo, hasta que no tuvo más remedio que tirarse con el equipo, salió con el pelo absolutamente enroscado, a merced de toda la grasa que se echaba, intentaba  taparlo de cualquier manera, y corriendo al camarote para echar mano de su máquina de alisar y pasarse las próximas horas en esa ardua tarea, que cualquier improvisto como aquel podía derribar, me dio pena que pensase que hasta ese día no era evidente la escasa suavidad de su pelo. y me di cuenta hasta en que pequeñas cosas está presente la ignominia que debieron sufrir esos seres humanos completamente abusados y desprovistos de todo , hasta del simple orgullo de mostrar su belleza. Ella tenía el pelo largo por los hombros, cada noche le pasaba la plancha para que quedase liso, algo que hacían muchas mujeres mulatas, yo prefería la belleza de ese tipo de pelo enrulado, pero las que eran más claras de piel  quizás pensarían que estirándoselo podrían pasar por blancas, y que gozarían de mejor status.

El resultado de aquel pelo duro caído sobre el hombre podía ser pasable solo si se tratase de una foto, pero que en la realidad cuando la mujer mueve la cabeza, va en todas direcciones como un casco, era para mí mucho más agraviante que cualquier sitio al que las pudiese condenar el prejuicio racial, ya que se sumaba el elemento de  la anomalía.  Pero aún así podía comprenderla.

 

Era algo más profundo que un simple patrón estético el que ella ocultaba. Sobre esta particularidad de los descendientes de africanos en América leí muchos trabajos, siempre  escritos por blancos que estudiaban la negritud, pero nunca pude leer algo que sitúe la belleza o menoscabo de la raza afroamericana alejada de estridentes orgullos o complejos raciales, por eso considero que el crimen aquel aún continúa vivo,   nadie que viva hoy es culpable, pero aún hay víctimas, tan brutal fue lo que se hizo. Entendía el principio de su complejo. Si bien yo siempre sentí aprecio por mi pelo oscuro, sabía que no era un patrón precisamente de representación del poder de tipo europeo, ya que indicaba que podía descender de africanos, de indígenas o de judíos, sin embargo hacer algo por disimularlo me habría parecido además de una tarea ardua que no merecía tal esfuerzo, un serio ataque a mi ya deficiente estructura de amor propio.  Por otro lado quizás gracias  a la libertad que me obsequió mi perenne actitud de concentración exclusiva en mis cavilaciones, siempre le brindé muy poco interés a las convenciones, y de alguna manera me quedó la convicción de que justamente, la raza de Sarita no solo no tenía nada de qué avergonzarse, sino que si afinamos la óptica de observación acaso cuenten con muchos más motivos para sentirse dichosos y agradecidos de la naturaleza que la gran mayoría. Pero el orgullo de una etnia que se le había dado históricamente un trato tan duro, y se le continuaba tratando despectivamente en la Revolución de todos, es algo que precisa de trabajo y de un definitivo destierro de prejuicios tan bochornosos.

Repost 0
Published by martinguevara - en Cuba flash.
17 julio 2014 4 17 /07 /julio /2014 05:40

Nos dieron las llaves del nuevo departamento de Alamar, y aunque estaba bajo el mismo nombre que la anterior casa en aquel barrio que ya adquiría visos de ciudad, y aunque sus edificios fuesen de cinco plantas sin ascensor, y los departamentos muy parecidos, la zona en que se encontraba era sensiblemente diferente a la zona 6 donde habíamos vivido.

Esa parte del barrio llegó a albergar a cincuenta mil habitantes, no había tiendas dentro, ni estancos de tabaco, ni alimenticios, ¡no había un punto expendedor de agua!. La guagua tampoco entraba, solo rodeaba ese inmenso sub barrio de Alamar, y por supuesto los apagones de luz eran allí de récord, motivo de asombro interestelar. Mi edificio estaba justo al principio, por suerte teníamos una cafetería al lado, donde de vez en cuando había helado y el resto de las veces un sirope azucarado muy frío, que al bajarse uno de la guagua resultaba una bendición, y más aún para aquellos vecinos a los que aún les quedaban minutos de caminata hasta sus casas, desde el mostrador en que dos empleadas tenían casi todo el día para charlar sobre sus historias de guaguas llenas y hombres restregones, debido al escaso público comensal y claro, a la rapidez con que se acababa el helado durante el día.

Y aunque se tratase del principio del barrio, los ejemplares de mosquitos con que tuve contacto, podían haber sido amaestrados y adiestrados en las milicias de tropas territoriales de no ser porque en su excesiva agresividad, no habrían distinguido entre enemigos y lugareños.

La vecindad ocurrente como siempre en Cuba, a ese trozo de Alamar que nacía en mi casa y se extendía hasta allende los horrores, colindando con la playa de Baconao, a través de la costa y hacia el infinito en su profundidad, la bautizaron: “la Siberia”.

El Che había muerto en Bolivia antes de que se empezara a construir Alamar, pero él había bautizado la frase “el hombre nuevo”. Había ideado una generación posterior a la del triunfo de la Revolución, que educada en una sociedad que ofreciera estímulos morales y no materiales, una sociedad justa, de la cual estuvieran desterrados los valores del capitalismo, valores individualistas, egoístas, daría lugar a nuevos valores que el hombre adoptaría en solo una generación. Pensaba que el recuerdo genético de la ferocidad animal que habita en el ser humano para sustraer el alimento al prójimo se erradicaría en una generación, o en dos. Aplicando claro está, una concienzuda instrumentalización ideológica, una limpieza de vicios antiguos, capitalistas según decían, a través de la educación. Este hombre nuevo, compuesto de la arcilla de las nuevas generaciones llegaría a ser la envidia de los hombres del mundo, regidos por la rapiña en que han sido engendrados y educados. Estas nuevas generaciones criadas en la solidaridad, en el internacionalismo proletario, en la motivación moral para ser mejores trabajadores, también tendrían una férrea disciplina revolucionaria, y entenderían justo el castigo a cualquier desvío ideológico, deberían tener un orden, una moral y una conducta ejemplares. De esto se lo podía responsabilizar al Che, pero del espanto estético y funcional de Alamar y su Siberia, doy votos como Guevara, que con toda seguridad, ni en sus más estrictas y perversas ideas de construcción de una nueva estética que estuviese privada de apéndices, de artilugios, de adornos inútiles, a Ernesto se le habría pasado por la cabeza semejante engendro de la fealdad hecho a la más pulcra perfección.

Sentía que mi tío desde donde sea que estuviese, me decía de vez en cuando algo más o menos así:

_ Martín, esta fue una buena intención , no una ocurrencia vacía, sino el engranaje de una cadena que llevaría a una sociedad que algún día pudiese suplantar al capitalismo, y a la explotación del hombre por el hombre, ya no por el medio de la revolución violenta , sino de la invitación a los obreros y hombres de bien de todo el mundo, con un modelo que los sedujese mucho más que el del éxito personal, un ejemplo más de tracción paralela; pero tú sobrino, hijo de mi hermano siempre aturdido, el risueño Patatín, no desmayes, ni se te ocurra ser un vasallo de nadie, y menos aún de mis designios y errores, no son estos proyectos para ti, aunque sí lo fuesen para tu padre, mantente libre de la manera que sea, aturdido si quieres, bravo o acobardado, fresco o perturbado, pero distante de toda esta porquería en que se ha convertido lo que hice o quise hacer, si quieres pelea contra ello, y si no tienes ganas de luchar no lo hagas, pero no te doblegues, no te conviertas, no me aflojes viejo, que ya quedan pocos”.

En fin ¿por qué uno iría a tratarse mal a sí mismo?

Repost 0
Published by martinguevara - en Cuba flash.
13 junio 2014 5 13 /06 /junio /2014 14:35

 

Como todo lo que habíamos acordado había salido no demasiado bien, me dijeron en Consejo de Estado que conseguía un trabajo y lo hacía bien de inmediato o me tenía que largar de la isla. Froilán, un ser humano único, me salvó de garras de la EJT donde me querían enviar, un sitio donde sin dudas, el primer día habría perecido ahogado ante el asalto abrupto de las toneladas de sudor o perforado por los embates que los mosquitos MIG 17 que entrenan entre los cañaverale. Froilán intercedió para que me enviasen a Santiago de Cuba al proyecto Baconao Turquino.

En el aeropuerto me recibió Iván, un joven ingeniero de La Habana, que me dijo que sería mi guía por unos días hasta que me reuniese con el general Robertico y hablásemos de cuál sería mi trabajo. Me llevó en su Lada 1500 a la “casa de visita” donde viviría unos días, una preciosa casona, con habitaciones disponibles para invitados del General. Iván me enseñó dos habitaciones y me dijo escoge la que quieras, y me elegí una que daba a un jardín florido, y que era muy espaciosa para mí solo. Iván me dijo que había cocineras y mucamas para limpiar la habitación que no había que cocinar nada, pero me llevó a la despensa y las neveras para mostrarme que había todo tipo de carnes  embutidos  y quesos para comer a la hora que quisiese, de igual  modo cervezas y ron a espuertas. Las habitaciones tenían aire acondicionado y los baños eran individuales y muy cómodos, con toallas que se cambiaban cada día. Al otro día por la mañana fuimos a dar una vuelta por el Parque Baconao Turquino y me explicó que allí estaban desarrollando un complejo turístico que debía dejar pequeño a Varadero cuando estuviese terminado, pero que llevaría años. A él le habían propuesto como ingeniero mudarse allí y poder desarrollar todo el potencial de sus ideas con total libertad, y me dijo que lo estaba haciendo, me llevó por las obras que había construido y realmente eran inusuales. En una parte de la costa donde chocaban con fuerza las olas Iván había mandado poner una serie de cañas de bambú de unos quince centímetros de diámetro y diferente altura, formando  un sikus  gigante y cada vez que las olas daban contra la costa emitía el sonido de una melodía que parecía provenir del mar. Era lindo y además salía de ese esquema socialsita de que sólo se construyan cosas prácticas, nada que tuviese como fin la estética pura o el hedonismo de por sí. Luego proyectó un valle plagado de dinosaurios en estatuas de diferentes tamaños, un hombre prehistórico con su mazo en la mano con los pies a cada lado de la carretera, había que pasar por debajo de él, y eso conducía a un museo de miniaturas que había hecho un suizo.  Cosas raras en la Cuba revolucionaria. Y eso en un par de años solamente, estaba orgulloso y lleno de energía con ganas de hacer cosas, que no necesariamente eran útiles en el sentido clásico que se entiende por la utilidad, que embellecían un lugar tanto, le daban un toque tan personal, que sería eso lo que lo diferenciaría de los sitios exclusivamente estivales.

Tomamos unas cervezas frente al mar y cuando nos fueron a cobrar lo cargaron a una cuenta del Plan, y así en dos hoteles más, y me contó que además de tener crédito libre en el Plan Baconao, por todo Santiago tener nuestra posición era considerado como un privilegio mayor y podíamos entrar en todos los sitios, como restaurantes cabarets, marinas, clubes deportivos, con solo mencionar donde trabajábamos y bajo las ordenes de quien. Iván me dijo que Robertico le pidió que estuviese unos días conmigo llevándome con él al trabajo y que yo fuese viendo en que me gustaría desempeñarme.

Cuando regresamos a la casa de visita,  me  eché  en la cama con los brazos abiertos mirando el techo, me sentía mejor que si hubiese ido a recoger un premio, yo había ido a enfrentarme a un trabajo que me enderezaría, una especie de castigo, sin embargo cada paso que daba, cada cosa que me enseñaban era mejor, parecía una broma donde había una cámara oculta. Y aún faltaba que me dijesen en donde iba a trabajar.

A la semana de dar vueltas con Iván y tener claro que cualquiera de esos sitios me gustaba para trabajar, me mandó a llamar Robertico a su casa de visita. Me pasaron a recoger en un jeep y tuvimos una conversación informal, en la cual por supuesto no podía faltar la admiración de él por mi tío, yo me sentí un poco intimidado ante tanto espacio, tantas botellas de whisky, escoltas o subordinados comiendo sándwiches de jamón, langosta, aquello era una maravilla, ese tipo de castigo era como arder en el infierno de las ninfómanas y el jolgorio. Me dijo que se tenía que ir ya mismo en un helicóptero, que estaba supervisando las obras del Plan, y que me tenía reservada una sorpresa, que al día siguiente me mudaría al sitio donde iba a trabajar, que por la mañana me iría a ver mi nuevo instructor y jefe.

Lo saludé le di las gracias me tomé dos vasos de whisky antes de salir de allí, y me fui a la casa de visita preocupado por donde sería que me llevaría, pero me daba buena espina la manera en que me había tratado, y además me dijo que si no me gustaba que lo dijese y procuraría otra cosa. Cuando llegué, Iván me estaba esperando para cenar y para irnos a tomar algunas cervezas por ahí en su coche. El ya sabía que al día siguiente dejaba la casa de visita, y también sabía dónde iba, y me dijo que no podía decirme nada, pero me aseguró que me iba a gustar, que según lo que yo le había comentado y él había visto en mi durante esa semana seguro que me gustaría. Y me aseguró que si no fuese así se lo dijese a él que él se lo decía a Robertico, que le había caído bien y creía que yo tenía que estar donde mejor me sintiese. 

            Al día siguiente apareció en la casa de visita un hombre bajo, de voz fuerte y con mucha vitalidad, parecía eléctrico, me dio la mano y sonrió a regañadientes, se me presentó como Lázaro, y me dijo que él estaba a cargo del desarrollo de la flota de buzos, de barcos hundidos para hacer turismo subacuático, lo que se llama pecios, y de la extracción de coral negro en las costas de la isla para financiar el proyecto. Me preguntó si me gustaría vivir en un yate y me preguntó si sabía bucear. Le dije que en apnea sí, y me dijo:

_ ¡No hay problemas vamos a hacer de ti un señor buzo!

Cuando llegamos al puerto y subimos al yate me dio un camarote comodísimo, empapelado a la inglesa, en el ropero cabían todas mis cosas, tenía mesita de luz y dos camas muy cómodas,  con aire acondicionado, y en cuanto dejé la ropa me presentó al resto de la tripulación, su sobrino Omar buzo de unos treinta años delgado y atlético, Albertico un buzo de unos cuarenta años grueso, el cocinero, su hijo que se llamaba Iván como el ingeniero, y Sarita, la bióloga de a bordo.  Sacaron unos trozos de jamón y cervezas y me dijeron que había que brindar. Entre todos me daban una bienvenida que aún parecía que estaba en un cuento, me decían que sería buen buzo, que no preocupase que aprendería con ellos, que Albertico era uno de los mejores buzos de Cuba, a lo que Albertico me dijo que de eso nada, que el mejor era el mismo Lázaro. Me contó que había sido quien había protagonizado una acción para detener un atentado a Raúl Castro, que era famosa porque había sido llevada al cine con éxito bajo el nombre de Operación Patty Candela. También Lázaro fue uno de los buzos que trabajaron en la pantomima de la búsqueda del cadáver o de algún resto de la avioneta de Camilo Cienfuegos.

Cuando me quedé sólo con mi cervecita en la borda mirando hacia al isla Granma en medio de la bahía de Santiago mientras caía el sol no me sentí especialmente bien, necesitaba otra cervecita más.

 

Repost 0
Published by martinguevara - en Cuba flash.
13 abril 2014 7 13 /04 /abril /2014 21:21

En ese mismo verano nos habían comentado que la manera de pasar unas vacaciones fabulosas, pagadas y encima cobrando un dinerito, era como Guía en el campamento de pioneros de Tarará, el mismo sitio donde años atrás apenas llegados de Argentina, mi hermano y yo habíamos estado internados con vistas a atenuar los efectos del asma.  Nos dijeron que por el día se pasaba todo el tiempo en la playa o haciendo deportes, se comía todo lo que se quería, y por las noches después de acostar a los niños se armaban fiestas de los profesores y guías. No lo pensamos dos veces y llenamos una serie de impresos.  A la semana nos llamaron para admitirnos como Guías.

Naturalmente no teníamos ni la más mínima idea de lo que había que hacer, ni practica alguna en esas lides, pero según lo que nos indicaron que sería nuestra responsabilidad parecía fácil, sólo había que estar dispuesto a llevar a un grupo de  unos quince niños de diez a  doce años, desde el albergue al comedor, a la playa, al teatro, al cine y planear alguna que otra actividad de  entretenimiento nocturna, y con ello superaríamos con creces cualquier evaluación.

El campamento había cambiado mucho desde al año 1973 cuando había intentado curar allí el asma. Era un área inmensa, que se había diseñado con muy buen gusto, para albergar a pioneros del país entero durante todo el año, pero fundamentalmente durante los meses vacacionales.  Los albergues eran coquetas casitas de dos plantas con un jardín delantero y trasero, la planta baja con habitaciones donde se disponían las literas de los alumnos, una cocina con una nevera, y varios cuartos de baño. y en la parte superior dos habitaciones para los profesores o Guías. Cada pocas casitas estaban los comedores, las canchas de diferentes deportes, las piscinas,  hasta había salas de espectáculos, para teatro y cine. Y todo ello regado con las orillas del  mar de las playas de Tarará, de arena clara, aguas tibias, con cocoteros que habían reemplazado a los pinos de antaño.

El primer día designé un niño monitor de todos los demás para que me ayudase en las labores de mando y organización. Fuimos a desayunar, luego a la playa , luego a almorzar, por la tarde no salimos a ningún sitio, ya que me quedé durmiendo la siesta, cenamos a la tarde noche y por la noche organicé un torneo de ajedrez, en al cual solo se divirtieron cuatro muchachos ya que la mayoría eran jugadores de dominó. Los llevé a desayunar al día siguiente y luego le dije al monitor que los llevara a la playa un rato, yo fui a nadar, después fuimos todos a almorzar.

Por la tarde conocimos a dos guías de las niñas, nos empatamos en la playa así que dejé instrucciones a Israel, que era el monitor, pequeñito en tamaño, pero guapo y temido por los demás niños, para que se hiciese cargo de la tropa sin que los demás niños llegasen a mostrarse irascibles. Al día siguiente me preguntaron si irían al cine, les dije que sí, y luego de almorzar volví a dejarlos al cuidado de Israel, me  fui  abañar a la playa y a jugar al frontón, y cuando regresé el  Nene me dijo que había problemas con los niños, que querían ir a la dirección a decir que  no los estaba llevando a ninguna actividad después de la playa de la mañana. Armé un torneo de boxeo después de llevarlos a cenar, y fue un error porque los ánimos estaban caldeados y más de uno descargó su bronca dentro del improvisado ring. Mi novia circunstancial nos vino a buscar con la del  Nene y fuimos a una fiestecita de guías, nuevamente le pedí a a Israel que cuidara la tribu,  me advirtió que ya estaban empezando a sublevarse, le dije que les dijese que al día siguiente iríamos a cine y al teatro.

En la fiesta tomamos tragos,  bailamos y contamos cuentos con otros guías. Cuando regresamos a la habitación yo fui con mi novia de Tarará al cuarto acompañados de una botella de licor de plátano, un sirope viscoso y dulzón que sin hielo era imposible de tragar, pero que tenía una parte de ron.

Nos quedamos dormidos como troncos a la mañana siguiente y me despertó un ruido fortísimo en la puerta. Cuando abrí el primer ojo, mi compañera se había esfumado, miré el reloj y vi que eran las once, me levanté a abrir la puerta y casi me da una piedra en la cara. Entonces Israel subió la escalera y me contó que no había podido controlarlos más, que salieron todos a la calle y empezaron a coger aleatoriamente los yogures de la caja que dejaban cada mañana en la puerta de nuestro chalet y los yogures de los demás, y algunos se habían ido a la playa, otros empezaron a tumbar almendras a pedradas, y otros a lanzar las almendras y alguna piedra contra la puerta del Nene y mía, momento en el cual me desperté. Salí a poner orden y me di cuenta del lío que se había generado. Llamé al Nene, fuimos a buscar los niños que faltaban y los llevamos todos al comedor, luego nos metimos en el cine y hablé con el responsable y nos pasaron dos películas. Y cuando llegamos al chalet para descansar, nos aguardaba el personal de la dirección, para comunicarnos que nuestra gestión como Guías había llegado a su fin. Sólo Israel ensayó una tímida defensa en nuestro favor cuando el directivo preguntó a los niños si estaban contentos con nosotros.

Recogimos los bártulos, y recién entonces al ver que desaparecíamosde sus vistas, todos los niños se despidieron de forma más educada que afectuosa. El directivo me aseguró que aquello iría directamente a nuestro expediente escolar acumulativo. El Nene se lo tomó menos en broma que yo, él continuaba estudiando y no era sobrino del Che, aún así, no dejábamos de reír de camino a casa, recordando el enfado que habían tenido esos muchachos en aquella mañana. Un tipo mayor, que iba sentado delante de nosotros, acompañado de otros me pidió con cierta actitud hosca que apagase el cigarro negro sin filtro que estaba fumando, abrí la ventanilla para que se disipase el humo, como condescendencia con el hombre, y le pedí que por favor no jodiera más, ya tenía suficiente por ese día.

Repost 0
Published by martinguevara - en Cuba flash.
7 marzo 2014 5 07 /03 /marzo /2014 01:17

 

 

Cuando vivía en Cuba, generalmente las mujeres de tez blanca eran las afortunadas para ascender en la escala social que instauró la "Involución", a costa de casarse o ser amantes de "pinchos" o dirigentes.

La belleza necesaria para pasear por Coopelia, por Miramar, por Siboney, para acceder a los clubes náuticos de Santa María, Jibacoa o Barlovento, a los bares de moda de los hoteles, a las piscinas de lujo, a las casas de visitas de los dirigentes, a los yates o a las habitaciones de los buenos hoteles, era de sello hispana o de cualquier otra caucásica, yo no había conocido nadie más racista que los hijos de los "padres barbudos de la Patria".

Para que las muchachas negritas pudiesen ser consideradas lindas, incluso entre ellas mismas, debían estirarse el pelo con un peine caliente hasta que parecían Nat King Cole o James Brown con un espantoso e impersonal casco protector. Muchas veces ellas mismas con ayuda de las blanquitas, solían llamarles cabeza de puntilla a las chicas que se dejaban el pelo rabiosamente enrulado y tenían peores epítetos para las que se dejaban el pelo "afro" a lo Angela Davis. Las muchachas que eran muy negritas no solían pasear por los barrios "bien" ni ir a las playas que estaban pensadas de común acuerdo y sin carteles para blancas. A ellas se las relegaba a las playas de diente de perro o a Bacuranao, o a la parte de atrás de Guanabo, los blancos revolucionarios decían que a los negros no les gustaba nadar, la playa sólo les gustaba para emborracharse y para rascabuchar mujeres blancas. Y además en adición había un cierto pudor, una autocensura promovida por esa lapidaria elección del patrón de belleza predominante, no muy distinto del que decían haber desterrado.

De repente empezaron a llegar turistas canadienses, italianos, españoles, franceses, que además de atender a los reclamos de la Isla revolucionaria, ya que estaban no desperdiciaban la inclusión de un romance en sus hojas de ruta. Obviamente iban al Caribe en la procura de brown sugar, aparte de que las muchachas blancas más finas y educadas se habían ido casi todas al exilio, expulsadas y propulsadas por las leyes del Templo de los Bárbaros Barbudos, así que con la salvedad de alguna belleza excepcional o de los turistas mejicanos, los europeos y los canadienses rara vez perseguían a las semi blancas.

Sus cabezas sólo pensaban en Revolución & Mulatas aderezado con sol, mar y ron. La mulata, que de una manera vil se llegó a admitir como un hecho que fue el mejor invento que dejaron los españoles en la isla. Incluso los españoles se vanaglorian de ser menos racistas que los ingleses ya que se mezclaron propiciando el mestizaje, lo que olvidan insulares y peninsulares es que las maneras de aparearse distaban mucho de ser a través de cortejos, de bodas, de familias, eran violaciones consumadas noche tras noche en las barracas, por capataces, hacendados e hijos.

 

De la noche a la mañana apareció en la escena de la calle 23, del Coopelia, del Habana Libre, del Nacional, de Varadero, una invitada inesperada: la negra despampanantemente bella.

 

Y empezaron a pasear de brazos de los turistas por la Rampa especímenes que no se sabía a ciencia cierta de donde salían, yo las recordaba de la escuela o de mis amistades por sus cuerpos esculturales como la pechugona Milagros del edificio, pero no con ese refinamiento, ese saber estar, la vestimenta, el perfume, la belleza descomunal, el desparpajo, no más el pelo planchado, sino afro suelto, trenzas afro o rasta, o peinado al peine caliente pero para darle formas con que las blancas jamás podrían ni siquiera soñar.

 

De repente todo pareció mínimo al lado de ellas. Las blancas, los blancos, los pinchos con sus enormes barrigas de patas de cerdo, cerveza y chicharrones, los Ladas, las casas de visitas, las cabañitas en Santa María, un cóctel Bellomonte en una piscina plagada de semen flotadores, un bistec de palomilla y tres cervezas en el restaurante Conejito o en La Torre. Todo se les quedó pequeño, soñaban a lo grande, Robert de Niro poco antes en una visita a La Habana, se había enamorado de la modelo de la Maison, Alma, y no había podido salir con ella porque eran otros tiempos eimpedimentos de la espía manía, pero un par de años más tarde habría encontrado el lobby de su hotel repleto de perlas, de esmeraldas, de hígados hinchados y labios carnosos, la bemba de las columnas de ébano.

 

Una rebelión en toda regla, una vendetta silenciosa contra las blanquitas de bajichupa y los pinchos sebosos de guayabera y tres plumas en el bolsillo que ni manejaban divisas ni viajarían fuera de la isla como reinas, mientras ellas con sus sonrisas de marfil sus estaturas de alfil y sus curvas de guitarra iban y volvían de las mejores ciudades del mundo. Había permanecido latente un tesoro escondido en Pogolotti, Palo cagado, Coco solo, La jata o Jesús María y nadie, ni ellos mismos lo sabían, hasta el Estado cubano se sumó a la fiesta del nuevo mercado de colores, ni lerdo ni perezoso en el arte parásito, comenzó a facturar el alquiler de sus preciadas mulatas y negras, de paso a ellas esto les garantizó que los galanes pretendientes al menos no eran esos pícaros, secos y palmados que aparecían por la isla recreando historias de las mil y una ensoñaciones.

 

Si lo hubiese visto Portocarrero y Carpentier se habría roto el pavimento y las columnas de la Ciudad calzarían cómodos zapatos de quitipón, rodillas para bailar.

 

Repost 0
Published by martinguevara - en Cuba flash.
12 febrero 2014 3 12 /02 /febrero /2014 17:54

 

 

Acabo de enterarme de algo que me dejó helado.
Ha muerto el Gran Santiago Feliú, para todos nosotros Santi.

No tengo ahora las palabras correctas porque me acabo de enterar, pero quería ante nada dejar aquí de manifiesto mi más íntimo respeto por todo lo que fue su carrera, su valor para hacer lo que le daba la real y santísima gana, un revolucionario en mejor sentido de la palabra, en muchos terrenos, incluso ha hecho que un servidor, que no soportaba a Nueva Trova clásica, a Silvio, Pablo, Noel, Sara, y su propio hermano Vicente, terminase abrazando la estética y cierto mensaje de ese sub-movimiento. 
Los que vivíamos en Cuba vimos una sensible pero importantísima diferencia que naturalmente desde afuera no se puede explicar de fácil manera, cuando salieron él, Xiomara Laugart, Tosca, Donato y Roberto Poveda, Delgado, Gerardo Alfonso, Carlos Varela, Jose Luis Barba, Adrián y algunos otros que seguro paso por alto de aquella época, que aunque trovadores, llevaban muy impregnado lo social y rebelde del Rock'n'roll que yo abrazaba y disfrutaba. 
Tal era así que por mucho tiempo yo prefería ir a sus recitales aunque sus canciones no me gustasen de una manera especial, excepto la voz de Xiomara, porque el antes el durante y el después era propio de la vida de rock, las chicas de alrededor, las modas, las substancias los pensamientos y hasta muchas letras, que ir a los recitales de los inocentes y a veces demasiados estereotipados aunque muy valientes conjuntos de rock, que se limitaban a hacer versiones domésticas de los grandes grupos de moda de fuera de la hermética isla, fundamentalmente ingleses y norteamericanos.

Ese grupo paradigmático de la Trova contestataria cubana, entre la cual Santiaguito sobresalió por su carácter de lobo solitario porque aunque gregario como él solo, podía vivir con cincuenta personas alrededor, también era particular y precisaba su propio espacio como todo creador diferente, también por su propia obra, su precioso dúo con Gunila en Vida, y también porque no decirlo por su parentesco con Vicente, uno de los tótems de la “Nueva vieja Trova” y además vocero del establishment, y por su condición de ahijado de Silvio Rodríguez, quien según tengo entendido lo ha querido bien hasta ayer mismo... al menos a él sí lo quiso como es debido. 
Santiago tuvo valor para muchas cosas que hoy parecen fáciles o minúsculas, pero que en aquel hermetismo se precisaba contar con una determinación y una personalidad fuera de lo común, decidida y valerosa, desde hacerse a sí mismo sin pasar por el aro de nada de lo que se suponía había que hacer, ni cumplir con requisitos académicos, ni guardar la forma oficial u oficiosa, ni hacer nada de lo que le sugería Vicente y Silvio, sino muchas veces lo contrario. Supo amalgamar las poses y las bondades típicas del éxito oficial con una gran dignidad y honestidad artística distintivas de la cultura alternativa.

 No me interesan las diferencias que hubo con los demás componentes de aquel grupo, que las hubo claro está, como en cualquier movimiento, lo importante es que fue fiel a sí mismo. Lo fue siempre. 
No es que lo diga hoy, se lo dije a él en más de una ocasión, aún cuando pensaba diferente en muchas cosas, sin llegar a la intimidad que concede la amistad, coincidimos por edad y por afinidades en varios grupos de amigos comunes.

Su modo de vida era sólo para él, un verdadero Rolling Stone, y un verdadero trovador solitario con sus propios sueños y sus propias utopías y poesías. Aunque no coincidiese con él y su entorno en muchas cosas, le guardo desde siempre por ser de mi propia generación y ser tan independiente y valiente, un gran respeto y afecto como ser humano, también quiero saludar a su hermana Ruchi. 

Santi, donde quiera que estés si me lo permites, mis respetos y mi cariño irán contigo, ojalá encuentres toda la paz que te mereces, eres un grande, y aunque tu
muerte a los 51 años puede parecer muy prematura y en cierta forma lo es,, también es cierto que te llevas en la alforja una cantidad tan enorme de experiencias vividas que dejarás sonrojado, sin aliento, a cualquiera de los dos mandamases con quien tengas el gusto de comenzar a discrepar en cuanto hayas puesto tus pies y dejado tu alforja y la guitarra en alguna habitación desordenada del más allá, ya sea al de la barba blanca que lo cree saber todo o al de la cola roja que todo lo sabe.

 

Repost 0
Published by martinguevara - en Cuba flash.

Presentación

  • : El blog de martinguevara
  • El blog de martinguevara
  • : Mi Déjà vu. En este espacio comparto reflexiones, impresiones sobre la actualidad y el sedimento de la memoria, sobre Argentina, Cuba o España, países que en mi vida conforman un triángulo identitario, de experiencias diferentes y significantes correlativos.
  • Contacto