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22 julio 2022 5 22 /07 /julio /2022 19:43

A 10 años de la desaparición física de Oswaldo Payá y Harold Cepero, la placa, la calle o plaza recordatoria que se hace más necesaria es en su barrio habanero de El Cerro, alejada de todo negocio y veleidades.

Urge recuperar es el mensaje del propio Payá en el Proyecto Varela, a lo que dedicó su vida y obra, sus ideas y ejemplo pacifista cristiano, de concordia, libertad y progreso para Cuba y hacer caso omiso, a las tergiversaciones de quienes hoy se erigen en sus voceros incitando a baños de sangre entre cubanos, a los que de más está decir, no están dispuestos a donar ni una gota.

Payá fue un grande al que ahora muchos se adhieren por conveniencia, con la aquiescencia incluso de algunos de sus allegados que conocen y padecieron el apartheid de que fue objeto por parte de los comecandelas que hoy lo reivindican.

Sus compañeros del Proyecto Varela y de la primera formación, el Movimiento Cristiano Liberación, recuerdan como no conocía el descanso a la hora de ir de una iglesia a otra de las diferentes parroquias sobre las cuales trabajaba entre El Cerro y El Vedado, concientizando tanto sobre la necesidad de un futuro mejor, como de sus convicciones católicas, en el sentido más asimilable a Cristo posible. Estudió ingeniería, entre otras razones, porque carreras como periodismo, abogacía, estaban vedadas para los activistas católicos.

Tras la muerte de los dos activistas, el español conductor del automóvil, Ángel Carromero, despues de ser liberado de una condena por homicidio involuntario por la justicia dictatorial, no ha sido lo rotundo que era de esperar frente al público y al periodismo general, durante todos estos años asegurando con tono de sugerencia, que la pérdida del control del volante sobre la gravilla se produjo por un atropello intencional desde la parte posterior de su vehículo, sin concretar una narración convincente de los hechos. Por su parte Jens Aron Modig ha vivido aterrado desde aquello, lo conocí en una visita que me hicieron al Parlamento sueco en Gamla Stam, estaba sentado en un sofá situado en un pasillo, frente a la cafetería que servía el piscolabis de los políticos, me lo presentó Mileydi Fougstedt de SILC junto al joven del partido liberal que nos hacía el recorrido, y el Presidente de las Juventudes Demócrata Cristianas de Suecia se quedó paralizado, me tendió la mano como salida de un ataúd, cuando le dijeron en sueco es el “brorson del Che” antes de que le explicasen más sus ojos se volvieron los de un cordero aterrado. Tenía pensado hacerle algunas preguntas sobre aquel nefasto día, por supuesto con toda la delicadeza que el caso requería, pero al ver que se hundió nuevamente en el sofá como una albóndiga rehuyendo mi mirada, la de Mileydi y la del amable político liberal, abandoné la intención. Es de suponer que ambos fueron seriamente advertidos, de manera más eficaz que mediante una amenaza al uso, por la Seguridad del Estado cubana, que a lo largo de las décadas ha conseguido que incluso, hermanos, padres, hijos callen o tergiversen las versiones sobre las muertes de sus padres, ha logrado que compañeros de comandantes de la revolución, oculten, hasta muchos años más tarde cuando se atrevieron a hablar, sus propias y más intimas sospechas de que sus desapariciones físicas fueron producto de atentados maquinados desde dentro del aparato revolucionario.

La verdad sobre la muerte de Oswaldo y Harold, si fue provocada como todos a su alrededor, incluído el propio Payá esperaban que un día siucediese, o solo fue tremendamente afortunada para el régimen cubano, tarde o temprano saldrá a la luz como salen las espinas de los erizos, y como salen todas las verdades, pero por lo pronto lo importante es tomar el ejemplo de la lucha, la convicción, el humanismo y el amor que inundaba el pecho de estos dos grandes cubanos, y particularmente en estos días, de gran descontento en la isla, de movilizaciones de descontento por todo el territorio nacional, hagamos que así como la tragedia de su final están insertas por siempre en el triángulo rojo de la bandera por la que vivieron, lo estén también en el futuro esperanzador de sus franjas banquiazules.

Oswaldo Payá y Harold Cepero, prohibido olvidar
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Published by martinguevara - en Cuba Opinión Cuba flash. Opinion crítica.

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