relax
Revelación
Tras amar, correr, morir y resusitar, me encuentrode súbito, en la antesala de una revelación, de pie, cerca del rincón pisando la esquina de la alfombra y bajo la luz de un Vermeer, estoy subido en lo alto de un faro en puntas de pie.
En un intersticio entre el caos y el arrullo del vaivén.
Nada parecido a lo que entendía por felicidad; por la ausencia de promesas, gracias a la brisa gélida de su aliento anunciando la llegada, la constelación a que pertenezco hasta ahora regida por la desesperación, por la zarpa abierta como garra para llevar una bocanada de aire al alma, que no obstante en las inmediaciones de su aroma, detenido en el perímetro de sus encantos, intuyendo su acogida, me tornea y me apacigua. La cama sin tender y la amenaza se pierde tras la esquina.
Los rudimentos que me prometieron luz, descansan en el fondo de la trituradora de pasado.
Hace un rato fui a comer pizzas uruguayas, de provolone y de muzarella, como suficiente festejo de cumpleaños. De camino a casa paré en una tienda de productos argentinos, me homenajeé con un par de caprichos más del cono sur, dos dulzuras, un frasco de dulce de leche y una bananita Dolca.
Y entre chispas y troncos trazas de amor y paz.
La Habana y Sodoma
A propósito de la noticia acerca de que un nieto de Fidel Castro va a desfilar como modelo para Chanel próximamente en La Habana, y las criticas y chanzas que surgieron a partir de este no poco llamativo hecho, que no lo sería si su abuelo no hubiese estigmatizado y reprimido tanto y durante tanto tiempo las manifestaciones de esa índole, las bromas del cubano siempre dispuesto a una buena risa, de que el modelo debería ser nieto de Raúl por las inclinaciones que los mentideros habaneros populares le atribuyen al geronte hermanísimo, me gustaría apuntar una observación, que nada tiene que ver con el citado muchacho a quien ojalá la vida lo trate de maravillas, sino sobre el resultado o el producto de las conductas altamente machistas inducidas en los individuos por los convencionalismos sociales.
El exceso de machismo como temor declarado a las propias feromonas y al hecho perturbador de la pulsión homosexual, hace que en Cuba y en muchos ámbitos donde es muy acusado el patrón de la virilidad, de potencia varonil, y por ende perseguida, más la pose, que el hecho homosexual en sí (importante recalcar que en dichas sociedades es donde más tienen lugar relaciones homosexuales furtivas), se represente, se incorpore una actitud histriónica híper machista, súper varonil , para evitar cualquier género de dudas, y más que eso: cualquier tipo de "avistamiento" de características no adecuadas, de "descubrimiento" de "aparición imprevista de rasgos y vetas indiscretas" que fuesen a revelar indecibles imágenes, tortuosos sueños, que en la vida son totalmente naturales, pero que los convencionalismos sociales han estigmatizado, como muchos otros actos reflejos naturales reprimidos y apisonados por la maquinaria de los prejuicios consagrados, compartidos y fuertemente establecidos.
El exceso de machismo en el habla de un niño, que en presencia del padre y sus amiguetes manifiesta que quiere "copular" con todas las niñas de su aula, para regocijo y orgullo del progenitor presente, termina por generar un hastío acumulado de todo ese exceso y un deseo cada vez mayor, una pulsión, por, a la vez que se evita, conocer, explorar, experimentar el área prohibida, que se manifiesta emergente en los sueños y en los deseos no controlados fuera de los límites de la atenta vigilia.
De ahí la idea de que el sometimiento sexual del contrincante al representar la mayor vejación, sea una muestra de supremacía varonil, sin tener en cuenta que en la condición homosexual de dicho acto, es tan partícipe el "verdugo" como la víctima sometida.
De ahí los deportes ingleses de equipos, concebidos en ejércitos, en escuelas de varones, cuyo objetivo casi siempre es colar un gol a un equipo que cuenta para evitarlo, con un solitario gladiador que defiende el agujero. El placer del gol clavado y la humillación del gol recibido.
En el lenguaje permanente del machismo aparece el acto de someter y sodomizar en forma figurada, como una virtud, como un "triunfo" no como algo aberrante, quien lo logra se hace acreedor del respeto y la admiración de sus iguales, se trata de ser quien hace el "gol" y quien evita que te lo metan. Todo ello en un ámbito altamente misógino, donde la mujer no tiene más participación que la cuota femenina del propio hombre.
De hecho casi es prescindible el sujeto sometido si pertenece al mismo sexo, todo se podría resolver en casa. El sodomita se somete a sí mismo, y lo único que precisa para continuar reforzando la sensación de virilidad es que el telón caiga tras el acto del rugido victorioso. Ello mantiene a buen recaudo y entre bambalinas a la traviesa inquilina juguetona, que sólo reclama para sí el premio del gozo.
Basta con remitirse al acto de la masturbación, donde un individuo se convierte en dos, el que recibe el placer de una mano muy amiga, y el que lo otorga, ambos aparentemente del mismo género, pero en la realidad que anida en toda ficción, de géneros complementarios.
Y en todo ese ejercicio tan plagado de hitos así de reconfortantes como perturbadores, terminan por no relacionar al sodomita con la homosexualidad, sino como una forma superior, con una elevación del grado de macho, del nivel de hombría. Y por ende termina viviendo una sexualidad sufrida, cercenada, culposa y sórdida.
Pues Fidel, como gran parte de toda esa desviación de la especie en que se terminaron convirtiendo aquellos "rebeldes del '59" , tenían y fueron desarrollando y perfeccionando esa característica en su lenguaje coloquial, sumando además a la charretera masculina, virtudes propias de un revolucionario prolongación de las fálicas, como el valor en la lucha, la cantidad de enemigos vencidos, la resistencia del dolor, aunque no de manera tan evidente como un hooligan o un presidiario, pero del mismo corte y estilo.
Y a la larga esos súper machos revolucionarios se fueron moldeando, inventando, temiendo un límite oscuro y recurrente, una frontera aterradora y omnipresente.
Guarapo, como buen sodomita potencial, tiembla de terror ante el deseo de ser él, su propio sujeto sometido.
Airada Cinderella
Hacía años que no iba al ballet.
Me invitó una amiga de mi amigo Slava, al teatro que está al lado del Bolshoi, uno de menor entidad pero igualmente bello. Me tocó primera fila centrado.
Con ir al ballet me pasa como con las películas intimistas de largas conversaciones, que en un principio nada me llama a entrar a una sala y pagar para "tragarme" semejante bodoque en vez de entrar al contiguo a ver una de Scorsese o de Michael Mann o distraerme unos metros más allá, hasta la entrada de la hamburguesería; pero una vez comenzada la película o la función me traslado a un estado de placer sublime.
La compañía era de prestigio, la obra era Cinderella, la ejecución inmejorable.
Pasado un buen rato, generalmente en el segundo acto, en la ópera, en el ballet o en el teatro, independientemente de la calidad de la obra, comienzo a mirar las expresiones de los que me rodean, o de algún actor, cantante o bailarina, a mirar el techo, a pensar en situaciones absurdas. De pequeño me atendieron porque me dispersaba en medio de cualquier tarea, y aunque la sicóloga logró importantes avances conductistas, nunca abandoné del todo aquella costumbre.
Mientras miraba como los bailarines levantaban a las bailarinas y como giraban y mientras les veía mover las piernas hacia un lado y hacia otros, haciendo girar los tutús, con esas figuras bellas, esas caderas sobre esas cinturas, no se me fue de la cabeza la interrogante de ¿que suele pasar cuando en medio del baile tienen ganas de dejar caer una airada ventosidad ( en las groserías no es el terreno donde mejor manejo las metáforas), pensé ¿y si lo deja caer y justo viene la parte en que el bailarín la toma para dar cuatro giros y le queda precisamente la nariz a media altura de la chica? ¿o si les toca un beso? ¿o si en el entusiasmo de la reconfortante liberación comete, por supuesto sin desearlo, un lamentable exceso aromático y sonoro?
En la ópera siempre cabe el recurso de alejarse un poco en medio del aria, de subir un semitono en el momento de la eclosión, en el teatro aunque más complejo por los continuados silencios, sin embargo las distancias trabajan en favor del osado hereje,
Pero señores, como en ningún otro arte, en el ballet se impone ese ajetreado trasiego detrás de bambalinas, del camerino al toilette, o del retrete al rincón, el terror a la segunda campanada.
Ojo Navidad, que muerdo
Cuando se va acercando la navidad, cada vez más próxima al fin del verano, me crece, a la par que a las calles le salen esas luces de campanitas, renos y pinos, una persistente urticaria en diagonal a la ingle. Muy probablemente participe la escasa reflexión a que invita, el anticristianismo que invoca en ese gasto desaforado, sin dejarse un solo céntimo, ni en el bolsillo pequeño del blue jean, para los necesitados, que precisamente, eran el "mercado meta" de ese Jesús al que dicen celebrar.
También puede ser que la bronca provenga de la ruptura abrupta de la tradición del arbolito, de las bolas de colores, acaso el desdén comenzó cuando me sacaron de aquella infancia, cuando la copa del cristal fino se hizo añicos y usurpó su lugar una enmohecida y proletaria perga de cartón, en la nueva realidad donde se nos dijo que la Navidad era un despropósito porque Dios no existía, cosa que todos ya sabíamos, como también intuíamos que tampoco papá Noel ni los reyes magos, aunque el silencio conspiranoico obrase a la perfección para indicarles que aceptábamos sus agasajos. Ccomo los del sigiloso ratoncito Pérez cada vez perdía un colmillo blanco.
De repente éramos hombres, habíamos crecido, "basta de chuminadas y boberías de niños malcriados en el capitalismo ¿qué es eso de navidad, chocolates, turrones, frutos secos, comida y arbolitos iluminados?" Ahora teníamos que formarnos para un día ser milicianos del bien, de repente teníamos enormes trancas, cojones monumentales, éramos ultra valientes, y recontra pingudos. Se acabó la bobería, lo único que se festejaría en esas fechas, sería el 2 de enero el sagrado triunfo de la involución, la victoria de la morronga por sobre la mariconería de turroncitos y cohetes ¿qué cosa es eso chico? ¿tú eres hombre o poeta? ¿tú eres revolucionario o indeciso? ¡Vamos a estar aquí!
Quizás después de tanta realidad, de tanto materialismo panzón y duro frío dialéctico, de tanto ¿qué bolá yenika? se me olvidó el espíritu inocente y las bondades que pueden encerrar esos dos días, nochebuena y navidad, solo esos dos días, y acaso la mañana de los reyes magos en enero. Pero jamás habría podido olvidar por más revolución que me convirtiese en un súper toletudo guapo de orilla, las semanas cada vez más sempiternas en que se ha convertido este esperpento de navidad al que le aplican el plural y se multiplica por decenas de veinticincos de diciembres cada fin de año.
Llámenme amargo obrero, como al renegado de la isla, como al malhumorado de la choza, como al ermitaño de la montaña, el probe Migué, llámenme Stormy Monday si quieren, como Albert King, o llámenme míster “aguas fangosas”, pero cada vez que se acerca este tormento me sale urticaria dentro en cada uno de los granos de pus virtuales que me pueblan los timbales.
Simon Bolívar es de todos
En las elecciones del seis de diciembre en Venezuela, se podía esperar, se intuía un castigo al chavismo, a Maduro por su falta total de carisma y su prepotencia y a Diosdado Cabello por su mano de hierro, aunque más que nada por la situación económica del país, hundido, destruido, arrasado por la ineptitud, la intolerancia el enfrentamiento entre compatriotas.
Pero nadie podía aventurar un resultado tan contundente, un correctivo tan severo.
Cierto es que aunque Maduro intentó por todos los medios que no se diese, dejando urnas tardías, amenazando por televisión que serían “candela con burundanga” en caso de perder, luego lo aceptó como es debido en un político cívico.
Estos años he conocido a grandes y buenas personas de aquella gran nación sudamericana, seres humanos que viven un profundo amor a su país, impresiona ver como la gente venezolana ama a su tierra, tanto los de una ideología como los de otra tienen una fuerte conciencia social, son seres informados, interesados a su modo en el destino de su terruño.
Hoy los felicito a ellos, ganadores desde ayer, pero parias estos últimos dieciséis años, y expreso mi deseo que de ahora en más, ni unos ni otros vuelvan a incurrir en el odio y la confrontación entre los venezolanos. Y también felicito al pueblo que lamenta haber perdido, temeroso de una improbable revancha, del retorno a una situación, que también por suerte, es muy improbable que vuelva a tener lugar.
De aquí en más todos saldrán ganando. Obviamente, unos más que otros.
La “oposición", llamada en su estado natural a no conocer la lucha, a no tener contacto con las privaciones, ni con el olor del suelo que pisan los pobres y el color de sus pies, no obstante estos años conoció de cerca tanto el dolor del destierro, de la represión en carne propia, como las penas de los que menos tienen.
No se quedaron lamentándose en su cascarón, ni siquiera los del exilio se contentaron con la patada en el trasero. Salieron a luchar, a manifestarse como siempre habían visto hacer a los alborotadores naturales, los que hasta entonces habían estado relegados del poder.
En un fenómeno nuevo en América Latina, las élites labraron un fuerte carácter en la lucha de oposición en condiciones verdaderamente difíciles, y sobre todo desconocidas por ellos hasta el momento.
Similar como fenómeno, salvando las distancias, a lo que ocurriese con buena parte de los terratenientes argentinos en el siglo XIX durante la conocida como “época de Rosas”.
A su excelente formación académica y al alto nivel cultural propio de las clases altas y medias altas venezolanas, estos años los opositores sumaron conocimiento y cercanía al pueblo, sumaron conocimiento y cercanía al dolor del destierro, de la prisión, de la desaparición. También sumaron mucha gente del pueblo, muchas personas han ido quitándose las vendas de la cara.
Espero por el bien de América que la conciencia que hayan ido forjando estos años, sea inclusiva. Al fin y al cabo, la vida y el ejemplo de Simón Bolívar es propiedad de todos los venezolanos.
Que una buena parte de la alta y media sociedad haya aprendido que los abusos de poder y la marginación de los desposeídos, indefectiblemente terminan siendo aprovechados por populistas y dictadores ególatras, interesados más en su propio beneficio que en cualquiera de las soflamas que los caracterizan.
¡ Que viva Venezuela, los venezolanos... y la isla Margarita!
Lámpara verde
No sabía que hacer. Me quedé un rato largo mirando la lámpara verde de base bronceada, mi lámpara de abogado de despacho caoba- algarrobo y tapiz de billar, mi lámpara de Biblioteca nacional.
Dejé el bolígrafo, el móvil y la Pepsi sin burbujas que me estaba tomando y decidí salir a caminar por la ciudad.
Hay que aprovechar, no siempre se está solo en la nada, sin nada que hacer y con ganas de nada.
El diario anunciaba un concierto de greasy blues rock irlandés en el Gran Café. Los conciertos del Gran café son con olor a concierto de rock, el local es pequeño, de techo bajo, todo madera, y una tarima muy cercana a todos, el lugar es tan recogido que la tarima es casi simbólica.
Lo único que cambió del Gran café es aquel humo que solía haber cuando se podía fumar dentro de los locales. Ya no fumo hace años, agradezco no tragarme bocanadas de humo expelido con dióxido pero me solidarizo en secreto con esas sombras encorvadas, chupando el filtro con prisa, con culpa, o desafiantes, con una bufanda de cenicero por el frío del ciudad, mientras los que entran al local se tapan la nariz.
En la carnicería no se la tapan, se traga todo el olor a cadáver aséptico, en la perfumería menos aún, adentro todas las flores muertas, en cambio en el bañó del Gran café sí, hay que volver a taparse la nariz.
El concierto se anunciaba a las diez dela noche, me asomé a las diez en punto, y sólo había una mesa con tres parroquianos bajando cervezas, tenían el pelo largo, barba, eran fuertes y vestían camisetas de rock.
Me asomé a preguntarle al de la puerta que vendía las entradas si tocaban por fin o se había suspendido, me dijo que la gente llegaría más tarde. Le pedí un volante publicitario del grupo, dije que daría una vuelta y volvería, como cuando estás agobiado en una tienda que dices "- Vuelvo antes de que cierre" -
Al regresar sobre mis pasos, uno de los tres de la mesa se quedó mirándome fijo, intente girar la cabeza en dirección a la calle, pero su mirada tiraba de mi como una rienda de la cabeza de un caballo terco, me costó pero logré zafar y encaminarme a la esquina, luego pude ver con el rabillo del ojo que reía con los demás sin demasiada convicción.
Seguí caminando un rato pensando que si encontraba algo agradable que hacer podría retornar cuando estuviese más concurrido el local. Una Gibson Les Paul estaba de pie sobre del escenario, me gusta el sonido de esa guitarra tanto para rock como para blues, es muy acertada para un concierto en un garito pequeño, con los altoparlantes al lado dela oreja, para el guitarrista es un placer pisar el mástil y hacer un bend con dos cuerdas, sonando una distorsión no obstante muy limpia, el mástil es cómodo y las platinas nacaradas a cada rato llaman a los dedos del guitarrista para que haga un bend, para el público es precioso.
Claro te tiene que gustar la guitarra, el blues y rock greasy. Mientras iba pensando eso llegué casi a mitad de camino entre el Café y mi casa, así que pensé que otro día vería a otro grupo, y pasé a comprar una Pepsi light como la gente, con burbujas.
Cuando llegué a casa encendí la lámpara verde de bibliotecas finas, la luz iluminó el volante que le había pedido al portero del Gran café, y ahí estaban de pie, los tres barbudos de la única mesa ocupada, retratados mirando al foco de la cámara, los Crow Black Chicken de la Gibson Les Paul.
Nanorrelato neandertal
Estaba reescribiendo un artículo para adecuarlo a los requisitos editoriales y me di cuenta de que ya no podía podarle más palabras sin privarlo de las ideas originales, del ritmo deseado, del giro, del viaje que todo escrito por estricto o resumido que sea, debe representar. Si no, deja de ser un bojeo a un continente de conceptos, para convertirse en una vuelta a la manzana, o en un giro sobre el eje de una percepción más o menos ocurrente.
Una cagada.
En cada post ya hay que sacrificar casi todo artilugio, toda descripción, hay que recurrir a imágenes globales para ubicar al lector en un tiempo y un espacio, rodeado de un medio ambiente con una sola palabra. ya sacrificamos adjetivos, metáforas, analogías, símiles, cosa hasta cierto punto de agradecer porque pocos son García Lorca. Pero es cierto, hay que matar la inspiración, porque el lector quiere papa frita, pero además la quiere con el sabor a ketchup ya incorporado y si se puede la quiere en la boca. Ya dejamos atrás el momento en que las lenguas tuvieron su máximo desarrollo y aplicación a la literatura o al discurso y vamos en franca caída, con el placer del trabajo cumplido, ya podemos tirar la casa por la ventana,entregarnos al descuido total tras haber alcanzado un inédito e irrepetible "nivelazo". Flaubert, Borges , Joyce, Proust, Dante A. o Goethe quedaron atrás, ya no los lee nadie ¿para qué? o mejor dicho: ¿páké? Se convirtió en un lujo para excéntricos o eruditos, el leer una idea desarrollada, olisqueada, saboreada , palpada por todos lados por el escritor y luego cerrada, o dejada abierta, pero no sin escudriñar hasta el último de sus rincones.
Estamos de regreso al sonido gutural, al berrido vocal, que le servía al hombre de las cavernas o de las sabanas para advertir lo estrictamente inmediato.
Cuanto menos logremos para comunicar algo más exitoso se considera el soporte y por ende mucho más valioso.
Twitter empieza a ser un poco tedioso para algunos, inútilmente extenso, porque la prohibición de usar más de 140 caracteres sin querer ha hecho que la mayoría de la gente busque consumir los 140, y no se trata de eso, se trata de usar 1 si se puede!
Si se puede decir ¡Cuidado! ¿para qué estirar inútilmente la advertencia con ¡Cuidado con el camión!?
Estamos yendo nuevamente hacia el : Argh; Urgh; berp; grock, sólo dudo que nos tome los años que nos llevó llegar desde ahí a Borges o Joyce.
Y no es que me parezca mal, si el receptor capta igual o mejor la idea, recibe la misma necesidad de la comunicación pero también el deleite de ser el comunicador por parte del emisor y pierde mucho menos tiempo a través de un youtuber que de Dostoyevsky ¿para qué estirarse?
No es que me parezca mal, lo que pasa es que lleva tiempo acostumbrarse.
Telecaster de cuero
HONOR
Con el océano a cuestas, su cuchillo kriss y una cimitarra
junto al serpentín que suda ron de bucaneros,
va el esqueleto borracho, capitán del bergantín,
pirata de libertad cantando un romance del mar
tras un preciado cofre y el recuerdo de aquella mujer.
Con su greñosa calavera altiva hacia la brisa
y el fuego en el mástil del último puerto,
sueña blandir amarras
ASFIXIA
¿Quién gestiona el asma?
¿Será el zumbido que divide el aire
del mosquito, la llamarada o será la bala?
¿Será la pisada ancha, la mano pesada?
¿Será la boca que deja la almohada mojada?
Orilla de baba, lejana rodilla
Resucitar tras cada gota salada
¿Quién controla el asma?
ROCK CON TELECASTER
Si tuviese que dormir en las calles de Bombay, si tuviese que vivir en el peor albergue de Nueva York, si tuviese que atravesar el Sahara, si tuviese que agenciarse la vida en Afganistán, si tuviese que atravesar el Ártico en balsa, si tuviese que cazar en Sudán para comer o luchar en Cuba para beber, si tuviese que atravesar el mundo para encontrar una pizca de amor, lo haría sin titubeos.
Aunque nunca sin sus zapatos italianos de cuero marrón.
Dulce de Leche
Hoy paré en una tienda de productos argentinos en la ciudad de León, compré una yerba mate cordobesa, de la Córdoba Argentina y me dio un antojo que provino desde lo profundo de mi ser donde aún hoy, se aloja con todos los lujos aquél crío travieso de otrora en acuerdo común con el inevitable adulto de estos días; y a pesar de tener encarecidamente recomendado evitar el consumo de todo producto lácteo, compré un frasco de dulce leche de la marca Havanna,
Cuando regresaba a casa, en el automóvil, miré de reojo el frasco del manjar argento, y me dije: "bueno, lo que no tenía que hacer era comprarlo, ahora ya que lo hice no me voy a andar con boludeces"; entonces abrí la tapa del pomo y metí el dedo índice sacándolo rodeado, embadurnado, enchastrado de un brillante y aromático dulce de leche, cuando lo deguste casi estrello el coche con el cielo de mi boca, donde tenía lugar un destellante orgasmo gustativo, dejé el dedo limpio y volví a meterlo nuevamente en el frasco, y otra vez más y una última vez antes de cerrarlo y llegar a casa.
Lo metí en la nevera y sólo alcanzó a sobrevivir hasta que se mostró suficientemente frío, momento en que inexorablemente sucumbió a los embates de los cucharazos que lo asediaron por diestra y por siniestra.
Ahora lo más probable es que tenga un poquito de asma y tal vez esa recurrente carraspera en la garganta; pero hoy infinitamente menos molesta que de costumbre.
Y es que no hay dudas de que conviene siempre intentar hacer lo correcto, pero a veces, sólo de vez en cuando, puede ser recomendable sucumbir al asedio del deseo, o dicho de otro modo, tenemos el derecho y en ocasiones el deber de hacer lo que nos dé la reverendísima gana.
El homicida poeta ( de mi hijo Martintxo)
Hace mucho, mucho tiempo
En un cercano lugar,
Existió un bello poeta,
Un poeta sin igual,
Y no, amigo, no era natural
un poeta de poema amigo
y un alma de crueldad.
Y no, querido amigo, no era natural
un poeta plebeyo y de mente abierta
y cuatro víctimas en su desván.
Un poeta con poema blanco
y a la vez un alma negra
Un poeta que su último poema decía:
A los pobres dinero de la monarquía
Un poeta cuya pluma cosas bellas escribía
Pero el alma se corrompía letra por letra
querido amigo.
Hace mucho, mucho tiempo
En un cercano lugar,
Existió un bello poeta,
Un poeta sin igual,
Pero, amigo, no te puedes fiar
de una bella letra
porque de una apariencia equivocada se puede tratar
al igual que este poeta, que solo busca asesinar.
Martín Guevara Vergara Martín- 12 años
/image%2F1094425%2F20180715%2Fob_0b16f5_31936028-10216128602032839-32176792076.jpg)


/image%2F1094425%2F20211220%2Fob_ef02fe_grinchsantahat.jpg)
/image%2F1094425%2F20211220%2Fob_c4b868_yo-odio-la-navidad-gritar-simbolo-de-o.jpg)





