" />
Overblog Todos los blogs Blogs principales Literatura, Historietas y Poesía
Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU
Publicidad
El blog de martinguevara

relax

Pellejos y espejos

1 Diciembre 2025 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Relax

Puedes acondicionar el peinado recontra cool, hacer tu dieta, tus ejercicios, ponerte ropa que de la nota, mirarte de lado y de frente al espejo con la ceja levantada y la papada cerrando el gaznate. Pero cuando de repente, un día desprevenido en el vestuario del gimnasio o en tu cuarto veas frente al espejo que los huevos ya casi bajan el doble que el rabo y los cuatro o cinco pliegues que parten de tus nalgas, quiero que sepas que en lo mismo se fija esa veterana de buen ver que te levantaste en el bar, y que tras deshacerse de corset, bra, culot y todo tipo de elásticos te bajó la bilirrubina cuando desparramó los pellejos sobre el edredón al grito de:

¡Ahora sí papi, estamos en el salón de los espejos!

 

Huevos caídos

Huevos caídos

Leer más
Publicidad

Españoles de trabajo y española de cerveza e incultura

16 Noviembre 2025 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Argentina frizzante, #Europa Aorta, #Relax, #Opinion crítica.

Isabel Díaz Ayuso hace pocos días a los diputados de Vox que rechazaban recibir inmigrantes de fuera de Europa, les dijo algo como esto:

"¿Y quién les va a limpiar las casas, les va a atender a vuestros mayores, quién va a levantar los edificios y a sacar la fruta de los campos?"

Me gustaría dejar una constancia para la pedorra presidenta de la CAM, que no hay nada peor que un piojo resucitado.

Yo tuve dos abuelas como todo el mundo, mi abuela materna nació en la provincia de Burgos, España, y una vez que murió mi bisabuelo Valentín, emigró junto a toda su familia a Argentina, ella y sus hermanas fueron a trabajar a casas de familias pudientes argentinas, en el caso de mi abuela Elena de niñera, y los hermanos varones a pelarse bien el pertuso en los trabajos duros, que los porteños no querían hacer.

Mi abuela paterna, Celia, contó con una niñera de Galicia, Carmen Arias, que de forma idéntica a mi abuela Elena, emigró para criar a su futuro ínclito primogénito y a la segunda hija Celita.

Es como si mi abuela europea hubiese sido personal de servicio de mi abuela sudamericana ¡Como cambian los tiempos Venancio!

Ambas abuelas fueron profundamente humanas y buenas. A ninguna de las dos las modificó su posición en la relación de poder y trabajo en cuanto a su ética. Elena y Celia fueron a su manera un dechado de virtudes y de ética personal.

Aunque también emigraron a Argentina y a México destacados españoles, eminencias en todos los terrenos, Manuel de Falla, Rafael Alberti, Carlos Bosch García, como a Europa emigraron Cortázar, Borges, Carpentier, Lezama Lima o Vargas LLosa y tantos que ambos lados del océano enriquecieron la vida cultural del país de destino.

Estaría bien que esta militante del PP se cultivase un poco, no que tuviese respeto as los demás sino a los propios compatriotas suyos españoles que pasaron décadas y de a millones emigrando precisamente para limpiar suelos, traseros y casas, y no solo no les lesionó el orgullo sino que son los mejores , más orgullosos y firmes españoles que he conocido a lo largo de mi vida y tras treinta años en España.

PD: El uso de esta medicina es tolerada y permitida también para Meloni y los italianos.

Española inculta y españoles cultivados en la emigración y trabajo.
Española inculta y españoles cultivados en la emigración y trabajo.

Española inculta y españoles cultivados en la emigración y trabajo.

Leer más

De Monet a Rothko

27 Octubre 2025 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Europa Aorta, #Opinion crítica., #Argentina frizzante, #Relax

Lo más probable es que los atrasados seamos los que pensamos que se debe guardar cierta coherencia, cierta lealtad a las ideas propagadas en voz alta con las que se invitó a unirse al respetable.

Lo más probable es que transcurrida la cantidad de tiempo prudente nos demos cuenta de que todo ese constructo que considerábamos imprescindible para resultar fiables ante los nuestros, ya fuese en barrio, escuela, trabajo, familia amistades, no sea más que una rémora en una vida ya demasiada sobrecargada de puntos de estrés y de obligaciones naturales, como para encima llenarla más a empujones con ceremoniales de una ética completamente anacrónica.

Los que nos escandalizamos ante el abrazo de Milei con Bullrich a tan solo una semana de llamarle terrorista infanticida colectiva, considerando que una semana, sola, impertérrita, hierática, así como es ella de nada más que siete días, puede separar el hoy del "pasado" y permite cambiar de convicciones, de amigos, de ideas, de estrategias, de ideologías, de prácticamente todo, menos acaso, como dijo Francella, de pasión. En la época de nuestros viejos, del mío por lo menos y sus compañeros de militancia, amigos de juventud, de una u otra sensibilidad ideológica, no les bastaba una vida para poder permitirse el lujo de cambiar diametralmente de posición sin sentir cierto rubor ante los conocidos. En nuestra generación ya alcanzaba con menos tiempo para dejar de ser un vago absoluto munido de argumentos frente a la alienación del trabajo y pasar a ser un yuppie de una transnacional, unos veinte años se consideraban suficientes para poder pasar de fumar porros todo el día a condenar la haraganería juvenil, menos tiempo se habría considerado desvergonzado. No menos de quince años para pasar de ser un anticonsumista empedernido a cambiar compulsivamente de celulares, relojes, televisores y en lo posible de automóvil.

Unos años después de mi generación ya no tenían demasiado pudor al dejar de chivatear gente a lo loco y sin bragas y mudarse por arte de magia al norte revuelto y convertirse en un acérrimo ultraderechista que ahora acusaba a cualquier humanista de comunista. Aunque este último ejemplo está más bien motivado por ganarse los puntos necesarios para ser aceptado entre los nuevos correligionarios, o para disimular y que estos no hurguen demasiado en su pasado.

Y así progresivamente se ha ido acortando el período necesario de luto para cambiar de idea, de color o de bandera. Hoy un hombre divorciado tres veces con seis hijos, lo ves entregando las nalgas en cuatro patas y te dice de lo más tranquilo que no le llames por su nombre antiguo que ahora se llama Lorena. No hay demasiadas cosas que avergüencen por la falta de palabra, de compromiso, de lealtad o de coherencia.

Y puestos a sopesar, pienso que lo antinatural era lo de esas generaciones que nos precedieron, y nuestras dificultades para aceptar que ya no nos atraía el mismo deporte, el mismo estilo de pintura, incluso la mayor traición en mi época, cambiar de gusto musical, por como nos tomarían nuestros semejantes también deseosos de desechar sus convicciones perimidas, oxidadas, artrosicas.

Quizás sí esté bien prometer jamás pedir un préstamo y el mes próximo pedir tres créditos seguidos de la mayor cantidad nunca vista, jurar tener el dinero para dolarizar y después negar incluso que se deseaba dolarizar. Quizás ese sea el verdadero sentido de libertad, no tener ningún lazo moral con nada, ningún tipo de compromiso por mínimo que sea, desnudando el término "estafar" "engañar" "cagar" de su sentido impúdico, felón, aleve, toda vez que nos preceda el derecho de modificar en parte o en todo cualquier convicción, idea o juramento.

Cuando esto se traslade a los contratos entre partes será el sumun de la libertad absoluta, el Viva la Pepa total. Habrá que especificar con meridiana claridad si se puede cambiar de idea antes o después de medianoche.

Aunque no sé por qué, pero yo que en lo absoluto me siento viejo, ni siquiera mayor de edad, podría seguir robando chocolatines Jack o chicles Bazooka de los kioscos, sin embargo del mismo modo que nunca pude cambiar de Billiken a Anteojito, de Salgari a Verne, de Borges a García Márquez, de Allan Poe y Mujica Lainez a Bradbury, de Monet a Chagall. no podría dejar a Hendrix y Beethoven aunque el material finito de sus talentos establezca un claro contén a la sorpresa y la novedad. Pero claro tampoco lucho contra el deseo de hacerlo, habría que ver como sería si mi hipotálamo albergase como natural la caducidad tan temprana de todo asidero identitario.

Sin embargo debo admitir que durante muchos años desprecié la pintura abstracta, y pocas veces me sentí mejor, más pleno, más realizado en la voluntad de atravesar muros, que cuando comencé a disfrutar como perro con dos colas de Rothko, Mondrian, Kandinski y Pollock.

 

De Monet a Rothko

De Monet a Rothko

Leer más

Toscar y Milda

24 Octubre 2025 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Relax

Todo comenzó cuando Toscar hizo un movimiento brusco por un repentino dolor lumbar y al regresar a su posición perdió estabilidad, trató de sujetarse pero ya era tarde, la cabeza había comenzado a tirar del cuerpo hacia abajo y cayó con todo su peso sobre el hombro, del toro mecánico con que extraía los pallets dispuestos en stock en la nave industrial en la que llevaba dos años trabajando. Tuvo fractura de clavícula y una vértebra dorsal, el yeso lo tuvo que llevar puesto seis meses, cada dos meses se lo renovaron por el desgaste y para analizar el progreso de la cura, esos instantes los aprovechaba para rascarse, ventilarse, asearse, moverse y volverse a rascar con una sensación de alivio retrospectivo que le proporcionaba un placer difuso e intenso.
A los seis meses, cuando le retiraron el yeso se dirigió al departamento de Recursos Humanos para ponerse a disposición de la empresa y comenzar a determinar cual sería la cuantía de su indemnización. La empresa le comunicó dos decisiones en ese mismo instante, ni regresaría al trabajo ni recibiría un solo céntimo por su accidente laboral. Ahí comenzó la andadura por el desierto de adhesiones, solidaridades y apoyos de parte de la ley para Toscar, cada día que pasaba en su lucha por reparar lo que consideraba una injusticia medieval se quedaba más solo en el apoyo en público, más acompañado en el apoyo en privado, pero sobre todo más indignado y apertrechado de una fuerza de voluntad que desconocía en absoluto directamente proporcional a la profundidad de su enfado, rellenando un espacio generalmente destinado en exclusiva a la depresión.
Del dinero que tenía ahorrado le quedaba más o menos para una semana de compras de alimentos al más bajo precio que se conseguía en el barrio. Había un supermercado a cuatro kilómetros pero debía ir en coche, lo que gastaba en combustible era el doble de lo que se ahorraba en la compra. Pero ese día dijo “basta” y se fue a un restaurante del barrio aledaño, en la avenida principal, donde se gastó en comer con su vino y su postre todo lo que le quedaba para alimentarse en su semana de despedida de la resistencia pasiva, decidió apresurar el ¡puafata! el ¡tawata! el ¡bumbata! Tal como pensaba que sonaría el trastazo contra la acera, el choque contra la vereda amortiguado por las ratas o las navajas de los pendencieros, la curvatura convexa de los baches, la caricia de las agujas de las jeringas y el brillo de los vidrios de las botellas.
Fue de casa en casa de amigos, familiares que todavía no estaban podridos de verlo, tocando timbres a horas intempestivas o demasiado apropiadas, justo cuando la cacerola salía de la hornalla. Se dio cuenta de lo buena que puede ser la gente, que acaso en algún recodo del camino pudo haber no contado con toda la suerte que habría deseado atesorar, y que puede haber sido producto de la acción de algún o alguna hijo o hija de la remil puta, pero que en general cada cosa que él tocaba buscando alguno de los sucedáneos del amor le respondían afirmativamente, pero eso sí, siempre era gente sin acceso a ningún poder.

Su novia, Katja, encontró demasiado pedregosa la relación, había pasado de divertirse siempre que se veían, haciendo el amor y el humor, a pasar estrecheces y discutir alimentando un tumor. Así que sintiéndolo mucho, con el dolor de su alma lo dejó en Pampa y la vía más tirado que un dardo. Toscar dijo que lo entendía, -cómo no te voy a a comprender si esto es un desastre, si no te apoyo más es porque el otro soy yo-  Esos conocidos que a veces llamamos amigos, pero que sirven muy poco más que para ir a tomar un helado  o una cervezas, también de a poco, sin declaración de ruptura como la novia, se alejaron de igual manera, comenzó a haber una sensación de frío allí por donde pisaba Toscar que lo llevó a sentirse una especie de súper héroe de los cómics. -Nadie está cerca de Batman ni de Superman, menos de Flash o Linterna Verde- pensaba Toscar – aunque seguramente todos los habitantes de la ciudad de Gotham o los colegas de Clark Kent querrían tocarlos, pasar dos segundos a su lado, sacarse unas selfies anacrónicas con cámaras Kodak descartables o mejor aún con Polaroids, era distinto en este sentido, pero si se hubiese hecho una instantánea de Superman y una de él, estarían idénticamente igual de solos frente a los que les esperaba.

La ventaja de pensar en un súper héroe solitario en lugar de en un apestado, es que le daba la capacidad de pensar en cuál sería su próximo paso en vez de salir disparado queriendo dejar su culo atrás. Toscar sabía que el engaño solo dependía de la posición que uno tomase en el relato, cualquiera fuese su sinopsis. Primero empezó como un mandato para reforzar su confianza en tiempos de telarañas, pero de a poco se fue convenciendo de que, en efecto, aquello que no lo mataba lo hacía más fuerte, y desde luego la soledad no era en modo alguno una amenaza.

 

Capítulo II

Albertico, su amigo casi hermano, aunque como él solía decir “un casi hermano de los que salen buenos” al revés que los otros, se aproximó más en la medida que la mala suerte iba cercando a Toscar e iba despejándole el camino de obstáculos para caer hasta el último peldaño de su  yo más desprovisto de falsas apariencias, de barnices, luces y adornos. Un yo que no estaba compuesto de adoquines ni de estiércol como solía conocer, sino de tierra seca, casi polvo de tierra, sin piedras ni plantas. Albertico era cazador. Salía cada mañana a resolver las ecuaciones que la vida le planteaba para poder llevar algo a la olla. Era una manera de decir ya que frecuentemente resolvía recursos para una temporada, en los peores casos era como cazar una perdiz y en los mejores, ¡ay los mejores! Todavía nunca había chocado con las mejores tardes de caza, pero se acercó un par de veces alzándose con un buen turrón. De todos modos aunque Albertico se creyese un mago de la calle, el ventilador de la aspiradora, estaba tan lleno de códigos impuestos por la corrección caballeresca del ladrón y estafador que se imponía códigos a manera de solucionar el tema de la imagen propia ante sí mismo, ni viejos ni menores, ni a mujeres ni a hombres demasiado nobles, ni a débiles ni a pobres, que parecía más bien un bombero de salvataje de alta montaña en vez del delincuente que creía ser. Al principio su estrecha amistad se debía a que Albertico se había singado a la hermana de Toscar, era una hermana mayor, y era hija de la madre con otro padre, no era para tanto pero dentro de ese decálogo de comportamientos de Albertico eso no estaba del todo bien, así que al inicio sintió compasión por el amigo, como si fuese un poco cornudo, era solo la hermana pero bueno una hermana tan linda, en fin. Sentía culpa, pero con el tiempo fue afianzando la amistad de tal manera que quien le aconsejaba las vías de escape o coartadas en sus "palos" era Toscar, que no tenía ni idea siquiera de robarse un dulce del kiosco. Sin embargo al muy cabrón se le daba bienorquestar planes, era como un campeón de ajedrez, pensaba en todo.

Toscar y Albertico eran del mismo barrio de clase obrera y marginal. Los tiempos en que por lo general todos los vecinos tenían trabajo habían quedado muy atrás, la mayoría de familias eran un burujón de desastres, de gritos, portazos de vetes para el carajo, a tomar por el culo o a la reputa madre que te parió. Ya ni siquiera las viejas estaban pendientes de los chismes porque eran tantos que no daban abasto para comentarlos en el mercado o la plaza. Bueno ese terraplén al que llamaban eufemísticamente “plaza” acaso porque le quedaban unos banquitos de la época en que los viejos jugaban cartas y dominó. Ya solo paraban los chavales día y noche, los de vida más o menos sana paraban por la mañana hasta la hora de comer, a media tarde ya se hacían con el terraplén los que ya se veía que nunca terminarían progresando en un trabajo y por la noche los que ya tenían demasiadas claras las sombras verticales de las rejas en sus caras. Ni los de la mañana ni los de la tarde ni los de la noche estudiaban ni trabajaban en nada, pero los matutinos al menos estaban bajo la vigilancia todo la atenta que se podía de madres, padres parados tíos y primos mayores también, más o menos vagos, pero con un cable a tierra. De esos había sido Toscar y Albertico de los de la noche. Toscar quería progresar, sabía que para eso tenía que salir del barrio, con una beca, con buenas notas, o escapando a Dinamarca, tenía esa obsesión, Copenague y después Jutlandia, tenía esa idea fija imaginaba Jutlandia semi vacía, enorme, donde necesitaban de todo por ende seguro que él lo precisarían para algo, ahí sería muy importante en lo que supiese hacer. Su fantasía y anhelo había nacido de unas imágenes campestres, de inmensas praderas de pasto verde claro brillante y florecitas violetas come las de brezos pero menos rudas, que formaban la mayor parte de una película danesa que había visto cuando niño, de la cual no entendió nada, pero que le dejaron fijadas en el hipotálamo las fotos fijas, claras y diáfanas que conformarían la base de su sueño motivacional. Para ese objetivo Toscar se aplicó en los estudios, pero además encontró placer en la lectura y libro tras libro se cultivó de manera bastante solida, llegó a atesorar conocimientos básicos de pintura y arquitectura, nociones dispersas, intuición natural, un acervo cultural destacable en el barrio pero que no dejaba de tener solo tres patas.

Albertico era al revés, no solo no le interesaba ascender en la escala social o cultural sino que no le importaba en absoluto ocupar posiciones consideradas de descenso. Siempre que el menoscabo fuese de cara a los demás y que consigo mismo se sintiese a plenitud, le importaba un pepino en que nivel se encontrase, incluso le hacía cierta gracia y le proporcionaba chispas de orgullo que cierto tipo de persona prefiriese mantenerlo a distancia. Tal vez por esa razón Milda, la hermana de Toscar, se sentía atraída por él.

Ella había tenido que ayudar a su madre en todo desde que era adolescente privándose de las salidas de exploración en los dominios de la alegría que las chicas de su edad solían practicar en su barrio, a veces por el estado de extenuación absoluta de la madre, que no paraba de trabajar, y a veces porque prefería no ir con esos vestidos o jeans sin swing que colgaban de las cuatro o cinco perchas que poblaban el generoso espacio dentro del placard. Milda leía novelas de amor y de viajes con idéntico interés y escribía con fruición, volcaba todo lo que le pasaba por la cabeza durante el día en diarios que se apilaban en forma de cuadernos y agendas, ella tenía una letra tan ininteligible que ni ella la entendía a veces. Cuando más prolíficas fueron las horas de apuntes en sus cuadernos fue cuando la madre comenzó a discutir con demasiada frecuencia con el padre de Toscar, con quien habían convivido en una más que aceptable paz hasta que el niño dejó de tener esos cachetes redondeados y los últimos retazos de la risa de bebé que traía atenazada, como encadenada desde la cuna. El primer novio que tuvo, Frede, tenía un año más que ella, cada vez que se quedaban besándose en la esquina el padrastro salía a llamarla y cuando se despegaba de sus besos y sus manos que agarraban todo lo que sobresalía, se quedaba mirando impresionada un chichón enorme en la bragueta de Frede, que sabía como iba a bajarlo más tarde, casi de la misma manera que ella al poquito rato de entrar a la casa. Pero no fue Frede el primero en acostarse con ella. Su padrastro de tanto asomarse a la ventana para llamarla, empezó a mirarla cada vez más tiempo antes de pegar el grito que la reclamaba para cenar o dormir. Un día se sorprendió tocándose por encima del pantalón mientras miraba como Frede levantaba la parte baja del vestido de la medio hermana de su hijo, metiendo la mano entre las dos nalgas que ávidas, devoraban los dedos hasta los nudillos, junto a la diminuta ropita interior al compás de sus inquietantes contorneos, mientras sus bocas seguían aplastando unos labios contra otros, saboreándose comisuras, lenguas, mejillas y orejas, sin permitir a un pequeño vello o a la astilla de un taco de cera, obstaculizar la ruta del retozo.

Cristian y Sari, padrastro-padre y madre de Milda y Toscar, ya no sentían la misma tensión pasional haciendo el amor que al inicio de su relación, cada vez era más frecuente que los besos cercanos a la eyaculación o los orgasmos fuesen con la cabeza al costado de la mejilla, cada uno con sus ojos cerrados o entornados forzando la aparición furtiva de imágenes de vecinos, compañeras de trabajo, amigos de la familia, cualquier auxilio era bienvenido en ese instante. Y también por supuesto era algo previsible y soportable mientras no se evidenciase demasiado. Llevaban un tiempo ya prolongado durmiendo juntos, habían sido muy lujuriosos en la cama aunque poco creativos, habían disfrutado como enanos cada centímetro de la carne del otro, los líquidos, las protuberancias y las voluptuosidades, incluso hubo un tiempo de promiscuidad programada, se podría decir que habían disfrutado bien el uno del otro exprimiendo la fruta hasta la cáscara. Aquellas guardias desde la torre de control de su ventana a la apretadera de su hijastra, a la que Cristian nunca antes había mirado con picaresca lasciva, pero que ya resultaba imposible enfriar la temperatura ante semejante metedura de mano, en que ora el culo, oras las tetas, quedaban expuestas escapando de las prendas a la evidencia del esplendor de su suavidad, de su esponjosidad, de su maniobrabilidad. Daban a Cristian un extra de energía y deseo que, una vez exportado, sorprendía a Sari, que ante tanto ímpetu de vanguardia no encontraba mejor camino que aquella senda poblada de abetos, colibrís y arroyos de agua cristalina para dejar llevar su barca, aunque obviamente ella, en su fuero interno y no demasiado profundo, sabía que el cariz de aquel arrojo, aunque no provenía de las monótonas ensoñaciones de costumbre, era motivado por algún novedoso agente externo de los que ya era imposible prescindir. De algún modo la calentura de Milda y su novio en la apretadera de la esquina, dotaron de cierta alegría y distensión el tiempo compartido en salón, cenas, desayunos y juegos de cartas, que de manera sorpresiva también reencontraron su cauce sobre la mesa del comedor una vez expulsadas las miguitas de pan, las cucharitas y los vasos de la cena.

Pero Cristian tenía un gran amigo, Bent, compañero de trabajo en su juventud, al que no tenía reparo en confiarle los sucesos, sentimientos o emociones más íntimas, botella de espirituoso mediante. Solían encontrarse en presencia de sus respectivas familias, hijos o esposas, y al cabo de un rato uno le decía a otro de manera espontánea –Oye, vamos a tomar un cafecito a la esquina- y ahí comenzaba la noche de curda. Era el único momento en que Sari creía perderlo como había perdido a cada hombre de su vida empezando por su propio padre, y solo por esta razón odiaba a Bent, ya que era imposible odiar Bent por otra cosa, era tan exquisito visitante como anfitrión, no olvidaba detalle alguno, se movía con una bien labrada educación, nunca daba un paso más allá del que le era concedido con un ademán o una invitación directa. Era sumamente cuidadoso de las relaciones interpersonales y un conversador ecléctico, divertía a niños y adultos por igual. Excepto cuando se sumergían ambos amigos en esa catarata irrefrenable, que ambas esposas sabían que de un momento a otro llegaría, pero albergaban la vana esperanza de que un día sus respectivas  presencias fuesen mayor estímulo para sus esposos que el taburete de un bar y la charla de borrachos en el billar. La esperanza presenta forma de paloma dócil mientras por dentro se pelea con sus compañeras por un trozo de pan, mientras que la dura realidad es un águila que, junto a su compañero o amiga vitalicia, vuela tan alto y tan lejos que es imposible que llegue a molestar a alguien. La esperanza es inofensiva y la realidad temeraria.

A veces en las visitas de dos o tres horas compartiendo una cena, una larga sobremesa, risas, reflexiones, parecía que esa sería la ocasión en que el amor marital tendría más posibilidades y llegaría a su fin el encuentro, cuando de repente, en voz alta uno de los dos le proponía al otro ir a por su cafecito de rigor. Unas veces para variar usaron, sin acuerdo previo, la excusa de ir a buscar un helado, e incluso llegaron a decir la verdad en cuanto al líquido que irían a homenajear - ¿qué te parece si nos tomamos una cervecita y volvemos?- Cuanto más se acentuaba el diminutivo mayor se vaticinaba la curda. Ambos lo hacían sin la mínima mala intención pero al cabo de un rato estaban enredados en ese triángulo en que la botella presidía la pirámide con mano de hierro. Más de una vez Sari estuvo a punto de explotar pero contenía ese impulso violento, no quería volver a trabajar como una burra, desde que estaba con Cristian más del setenta por ciento del sostén de la casa provenía del trabajo de él, por primera vez desde que era niña, había podido volver a tener tiempo para pintar, para leer y ver televisión, no quería arruinar eso solo por unos celos incontrolables, que incluso no alcanzaba a distinguir bien, si eran hacia ese nexo tan imposible de penetrar o romper de su esposo con su amigo o hacia el elixir de la botella, que en todo caso, y por suerte, solo bebía con Bent.

Pues un día Cristian le confesó a Bent la calentura que estaba experimentando observando la apretadera de su hijastra con el novio, no solo le reveló la consecuencia sino que fue a los detalles, a esos dedos de él arrastrando la braguita hacia la profundidad de la hendidura de las nalgas donde cualquier cosa podía ser imaginada, el contorneo de ambos provocado por el aguijoneo del gozo, le confesó como él, juraría que desde lejos podía oír los jadeos, los suspiros, los “ah” los “uf” y los “oh”,  y para ser más leal con su amigo le dijo como se le ponía el rabo y que rico era eso para después singarse a Sari con fiereza, tanta, que a veces debía contenerse y disimular la excitación distribuyéndola en dos polvos, cosa que sorprendía Sari, quien no obstante conseguía asumir sin derroches de voluntad.

“Por la cuenta que le trae”

Una tarde fría Bent fue a cuidar la casa de su amigo y su familia a petición de este, se había ido con Sari a pasar un día afuera y los muchachos se quedaban solos -“no hace falta que te quedes todo el tiempo solo que veas que llegan a casa bien, por favor y un millón de gracias” – en esa ocasión la agradecida fue Sari. Por una vez toda la simpatía del amigo de su esposo no finalizaría con el broche de una buena curda. “ustedes saben que es un placer para mi y un honor a la amistad”. 

Cuando regresaron Toscar y Milda, él les propuso una pizza, los muchachos aceptaron gustosos, pero Milda le dijo que tenía que salir un rato a ver a su novio. “si el maldito celoso de Cristian te lo permite ¿quién soy yo para frenarte?, ve pero no vuelvas muy tarde”

-Bent, cuando sea la hora basta que subas al cuarto de invitados y me pegues un grito como hace Cristian

-Hecho.

Terminaba de salir Milda por la puerta y Bent subió las escaleras estrechas y se metió en el cuarto de invitados con la luz apagada.  Tuvo que esperar un poco porque los novios fueron a tomar algo como de costumbre. Bent no los tenía tan cronometrados como Cristian, pero la espera había valido la pena, al cabo de no demasiado rato ahí estaban en el punto exacto en que le había descrito su amigo, besándose con frenesí, ella iba mucho más allá de lo que Cristian le había contado, tomaba iniciativas muy audaces sobre la bragueta del novio, sacó su glande a través de la cremallera del jean y comenzó a meneársela, hasta que bajo ese tenue pero perceptible haz de luz comenzó a hacer unos movimientos principiantes, inexpertos, hacia arriba y abajo volviendo a besar al novio en la boca, mientras Frede sumido en el éxtasis de las caricias lo redondeaba paseando sus manos por las tetas, las nalgas, la vulva por encima de las braguitas adheridas a los labios de un sexo hinchado y empapado. A esa altura con la suma de las fantasías que ya tenía estancadas pero al rojo vivo en su cerebro y lo que acababa de ver y suponer, estaba caliente como una cafetera. Abrió la ventana y gritó ¡Milda, sube! Comieron un par de porciones de pizza de barbacoa, una ignominia que causaría el infarto de cualquier italiano desde el Véneto hasta Trapani, pero por como la devoraron no cabía duda que estaba riquísima. Y entonces Bent le pidió que subiera con él al cuarto para enseñarle lo que se veía desde ahí, cuando llegaron le pidió que mirase por la ventana y se puso detrás de ella, empezó a describirle con voz aterciopelada lo que acababa de presenciar y como lo había puesto, que no era justo que él fuese a llamarla para comer y tuviese que vivir algo semejante, que le había descolocado todas las hormonas y se sacó el rabo para enseñarle que duro lo tenía, Milda comenzó a recular hacia donde podía en la penumbra y el pequeño espacio que le dejaba Bent, primero queriendo simular que nada de eso estaba pasando, después le pidió disculpas, le dijo que no sabía que se veía tanto, pero no era solo Bent el que estaba muy excitado, así que Milda echando su culo hacia atrás comenzó a acomodar el tronco del Bent en el canal de su trasero giró su cabeza y con los ojos entornados ofreció la boca con los labios húmedos y la lengua asomando por la comisura, entonces él acarició sus pechos, introdujo la mano en su blusa y acarició los pezones, que estaban duros, empinados, el jadeo de ambos era fuerte, Bent tomó la mano de Milda y la colocó en la base de su pene ella como si tuviese un milenio de experiencia comenzó a acariciar los testículos y el mástil hasta el prepucio mientras él acariciaba con suavidad la entrepierna de ella que cada vez temblaba más, hasta que paseó sus dedos por la entrada de la vagina, los gemidos de Milda, los pequeños sonidos en medio de un extraño silencio y la puerta abierta hicieron que Toscar sintiese curiosidad por lo que estaba ocurreindo allá arriba. Así es que sintiéndolo mucho ambos se soltaron y abrocharon lo que habían conseguido liberar ni bien escucharon los pasos en la escalera del muchacho.

-Hola, estaban muy callados,  ¿está todo bien?

-Sí, Toscar, estábamos mirando los rincones de la ventana porque vimos una araña para asegurarnos que no había más.

Milda se fue a su habitación doblemente excitada, su cuerpo era un volcán, quería cerrar rápido la puerta para comenzar a masturbarse con una intensidad volcánica, la misma que ella pensaba que estaría invadiendo a Bent.

-¿Está todo bien Milda, pasa algo hermana? Dijo Toscar asomándose a la habitación ya a oscuras de su hermana.

-Si, es que tengo mucho sueño.

Toscar le pidió permiso a la hermana para dormir abrazado a ella, ella asintió, él entró al edredón se puso en posición fetal detrás del cuerpo de su hermana mayor,  así estuvieron un largo rato, mientras él intentaba dormir ella imaginó que las manos del hermano eran las de Frede y Bent, Toscar en la ignorancia absoluta de la versión extraoficial no obstante sintió algo diferente, un placer indescriptible al rodear con las yemas de sus dedos el vientre de su hermana y subió a las tetas, ella apretó su trasero contra la ingle de él. En el más absoluto silencio y sin evidenciar nada, ambos experimentaron orgasmos intensos, aunque de diferente índole. El de ella había sido procurado con insistencia, sintió una punzada de culpa por usar al hermano para su fin pero le tranquilizó la idea de que él no sabía nada de lo que estaba ocurriendo, y que además, era medio hermano, no lo hizo con la mitad familiar. El orgasmo de Toscar fue el primero de su vida, no supo hasta mucho tiempo después que había sido aquello, también la culpa de haberlo experimentado con su hermana le llegó mucho tiempo más tarde. Su cuerpo entero tembló, su pene se había endurecido y alcanzado un tamaño  como nunca antes lo había sentido, una corriente le recorrió todo el cuerpo, no solo los testículos y el tronco del rabo sino desde cada dedo del pie hasta cada raíz capilar del cuero cabelludo y empapó su calzoncillo de una sustancia espesa. Plácidos, habiéndose brindado un amor más que fraternal, se quedaron dormidos alumbrados por la luz de la luna que atravesaba las cortinas de la bendita ventana. 

Nunca más mencionaron el episodio, pero a partir de ese día Milda sintió que su hermano la había pasado en edad, y Toscar, que nunca supo lo que había ocurrido poco antes con Frede y luego con Bent, cuando fue consciente de que su primera relación sexual, aunque difusa, imprecisa, sin preámbulos fue con su hermana, tuvo una ambigua sensación, por un lado de una culpa que se presentaba cada vez que se aproximaba la posibilidad de una relación sexual y por otro una seguridad en sí mismo y en que cada cosa que desease, si lo hacía con ahínco y determinación, terminaría por cumplirse.

 

Toscar y Milda
Leer más
Publicidad

Narcocapitalistas y narcocomunistas

3 Octubre 2025 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Argentina frizzante, #Cuba Opinión, #Opinion crítica., #Relax, #eur

Históricamente la izquierda revolucionaria y el narco estuvieron muy bien relacionados, solo basta echar un ligero vistazo a la historia reciente de Colombia y el financiamiento de la guerrilla y su relación con los carteles de la droga. Los indicios del uso de la isla de Cuba para punto de escala en el tráfico de cocaína desde el sur al norte del continente americano, por hechos de público conocimiento como la causa Nº1 que desembocó los fusilamientos de Ochoa, De La Guardia, Padrón y Martínez, uno de los eventos llevados a cabo a cielo abierto con evidencias más diáfanas de nuestros tiempos junto a Iran-Contra o Wartergate, y varios otros casos escandalosos más o menos difundidos, que proscriben toda necesidad de investigación dado el descaro evidente con que se llevaron a cabo.

Si bien el tráfico de drogas ha sido transversal y nunca manifestó preferencia sentimental por ninguna sensibilidad ideológica, se da por igual a todas, su lujuria no distingue barnices, cosa que en el lejano Oriente quedó más que patente con las guerras más sanguinarias por el control de la amapola y sus derivados, opio, morfina y heroína y en los gratos superávit de los mayores bancos capitalistas del orbe. Es tanto el dinero que mueve el tráfico de narcóticos, tanto el oriental como el occidental, tanto el de procedencia natural como el de laboratorio, que no deja de lado a nadie, solo depende la integridad personal de cada individuo, no se declarada sensibilidad social.

Pero en estos días ha habido una coincidencia nada baladí en dos representantes de la derecha, una en España y la otra en Argentina. En España el presidente del Partido Popular fue fotografiado en distintos momentos de su vida como presidente de la Xunta de Galicia pasando momentos de solaz junto a un importante narcotraficante gallego, Marcial Dorado. En Argentina el escándalo lo protagoniza Espert, diputado e importante militante de la Libertad Avanza y persona de la total confianza del presidente Milei, que aparece en la investigación por narcotráfico en EEUU, acusado incluso años atrás por importantes figuras libertarias del núcleo intimo de Milei como Lilia Lemoine. A uno en su yate a otro en su avión. Lo descorazonador del caso español es que no haya tenido consecuencias ni en la justicia ni en la opinión pública, esperemos que no ocurra lo mismo con su homologo argentino.

La tendencia de la izquierda a simpatizar con todo elemento que exceda los parámetros del "establishment" , así sea lumpen, marginal, delictiva, llevó si bien no a simpatizar abiertamente con los capos mafiosos de la droga, sí a asimilarlos con un dejo romántico, indulgente.

¿Será que la nueva ultraderecha, la que rehúye los ceremoniales atávicos, la que insulta con términos procaces, caracterizada por su incultura general, la que por un lado miente sin trazas de vergüenza en la prensa, y al mismo tiempo revelan a la sociedad sus más bajas intenciones sin el más mínimo prurito, incluye hoy en su desparpajo característico, desatar los últimos lazos diurnos del corset de las buenas formas y la hipocresía burguesa?

 

 

Feijóo en yate del narco Marcial Dorado y Espert en avión del narco Fred Machado
Feijóo en yate del narco Marcial Dorado y Espert en avión del narco Fred Machado

Feijóo en yate del narco Marcial Dorado y Espert en avión del narco Fred Machado

Leer más

Finlandia del sur

26 Agosto 2025 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Argentina frizzante, #Cuba Opinión, #Opinion crítica., #Relax

Es Argentina, no es Finlandia.

¿Qué votante se creyó de verdad que los libertarios no iban a encariñarse con lo ajeno, si armando las listas para las elecciones ya vendían las candidaturas? Empezaron con alta corrupción. Lo hablaba hace unos días con una amiga, en nuestro país nadie se indigna por la corrupción per se sino con la del contrincante, todos la experimentan cada día. Yo lo comparo con como se aborda todo lo que rodea al acto de depositar heces, nadie lo hace ni habla sobre el tema públicamente, sabemos que a una hora del día todos asistimos a la sala de baño con ese objeto, sin embargo a nadie se le ocurre tocar el tema. En Argentina con la corrupción sucede parecido a todos los niveles, todos sabemos que no pagaste IVA, que coimeaste a un cana para evitar la multa, que coimeaste al de la entrada, que te coimearon, que no estás tan enfermo que no sos tan pulcro pero a nadie se le ocurre meter la cucharita ahí porque la única razón por la que lo sabemos es que todos lo hacemos. Y, como en el caso de las deposiciones, hay más para callar que para comentar.

En Cuba ocurría con otras modalidades pero de forma idéntica, todos sabíamos que el espagueti o la pizza tenía poca salsa de tomate Vita Nuova, porque se la robaban para venderla en el barrio o para tenerla en casa, pero nadie se quejaba a no ser que ya fuese exagerado el aclarado del plato, porque a su vez cada uno en su trabajo se llevaba tornillos, pinceles, pintura, carne, pan, jabón, lo que hubiese a mano. Hurtar al estado era un acto de justicia divina, no te convertía en "ladrón". Así se criaron generaciones.

Dada la periodicidad y naturalidad con que se estafa o hurta mediante engaño en la vida cotidiana, el argot porteño está bien nutrido de términos que describen dicha actividad: "garcar" (cagar en lunfardo vesrre), acostar, embocar, chorear, afanar, mejicanear, y seguramente el argot en el ámbito corrupto y marginal cuente con otra buena cantidad de acepciones. Tan es así, que en alusión a estos hechos, el propio presidente Javier Milei declaró en modo furcio o acto fallido:

"Les estamos afanando los choreos"

El término "corrupción" es la descripción peyorativa de lo que en otra circunstancia, es denominado en su forma asertiva “tolerancia”. Obviamente los rasgos acusatorios y condenatorios que presenta el término en su versión despectiva no están entendidos para aplicar a nuestras costumbres, para pasar a formar parte de nuestro modo de vida, felizmente poblado de licencias discrecionales, sino para ser arrojado como un arma intangible, de un significado incierto a las huestes que se consideren contrarias.

Preferimos la tolerancia o corrupción (elijan la definición a su gusto), antes que la transparencia calvinista, que a su vez produce otras diversas perversiones.

¿De dónde van a salir nuestros empresarios, políticos, jueces, los vamos a importar de Islandia, de Japón? Y luego ¿Podríamos soportar las exigencias de su tracción paralela?

No, mejor que sigan saliendo de nuestro interminable semillero, que pondera la sobremesa opípara, la siesta y la lotería a la vez que eleva a categoría de virtud, al sudor producto del trabajo duro para la obtención del pan.

Eso sí, inexorablemente ¡el chorro es el de enfrente!

 

Finlandia del sur
Leer más

One love

2 Agosto 2025 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Relax, #Opinion crítica.

He asistido a muchos despropósitos, los que más dañan a un individuo y que a la postre se refractan en daños a la comunidad por la persona afectada, son los que más han captado mi atención.

Algunos de ellos por haber acaecido sobre mi persona y otros a personas de mi entorno, algunas de las cuales fueron las portadoras del mal de una generación a otra.

Todos podemos haber sido victimas de un variado abanico de tratos negativos en la tesitura del desamor y tenemos el derecho a sentirlo en lo más profundo y en consecuencia expresarlo cuando se presenta la ocasión e incluso de sentir pena por aquella criatura que fuimos y sobre la cual se practicaron injusticias o no se practicó el cariño, podemos y debemos atenderlas adecuadamente mediante los mecanismos que mejor se adapten a nuestra cultura y necesidad, profesionales de salud mental, entretenimientos, ejercicios, trabajos, supercherías, incluso sustancias enajenantes que aunque desaconsejo de modo general, sí que ante la perspectiva de un final auto infligido encuentran su uso oportuno, todo vale con el objeto de frenar el dolor, sanar o simplemente de poder hacer catarsis, de descargar un material altamente tóxico para nuestras vidas. Pero lo que no podemos hacer es trasladarlo a las vidas de quienes nos siguen, perpetuando así, generación tras generación el ancestral golpe del hacha.

Es nuestra responsabilidad prioritaria detener el círculo vicioso de victima-victimario tan común en todos los abusos recibidos-perpetrados; pero sobre todo y de manera inexorable, sobre nuestros hijos. Por más de una razón, la primera es obvia, no ocasionar el dolor que nos propinaron, la segunda es consecuencia de la primera, es la mejor a manera sanar las viejas heridas. Podemos ser árboles torcidos dañados en su mitad, que desde un punto en que el destino estaba en sus manos decidieron crecer tiesos, firmes, y a diferencia de las plantas, o acaso como ellas, podemos decidir aun siendo árboles de raíces débiles, dar frutos más jugosos, rozagantes y felices que el aspecto torcido y traumatizado de nuestro tronco en los primeros metros, marca de una soledad tan hierática ayer como hoy impertérrita.

Esa capacidad nos corresponde y así mismo es nuestra responsabilidad poder llevarla a cabo a buen fin, hacer triunfar de alguna manera el amor, acto en el cual ojalá encontremos que se disipa todo reproche, se diluye el rencor, queda la pena hacia nuestros progenitores por la oportunidad que se perdieron habiendo tenido en sus manos el tesoro de la vida, de querer bien a sus hijos, de darles apoyo, de sentirse orgullosos de sí mismos en el acto de poder amarlos y si no nace amarlos, mostrar generosidad. La diferencia de este sentimiento con el rencor o el reproche es abismal, en la medida en que se pueda sentir esa pena por quienes debieron cuidarnos y no pudieron por la razón que fuese, lo cual aportó muy poca felicidad a sus vidas, en esa misma medida podremos sentir una compasión fraternal por ellos, podremos salvar la cronología y sentirnos nosotros invitados a la posibilidad de abrazar a esos seres desvalidos que no entendieron una parte esencial del sentido de la vida, y no solo perdonarlos sino ir más allá brindándole, a la luminosidad de sus escuálidos rayos de energía positiva la posibilidad de expandirse. La chance de en un mundo intangible, pero en lo que importa tan real como el palpable, darles la oportunidad de reponer los daños y descubrir un sentido de la vida en nuestra gratitud expresada en virtudes, que por razones obvias, en esta dimensión no han podido desempeñarse. Y en ese acto de entrega difícil pero posible, no solo estaremos dando paz a nuestros hijos, paz a nosotros mismos, sino también paz a la muesca en el alma de quien debió, pero por las más diversas razones, no consiguió cuidar el árbol más preciado de su jardín.

Casi se pude decir que ese amor que damos nos lo estamos dando y a la vez dándoselo a quien no nos lo pudo dar, deteniendo de una vez y para siempre un ya más que intoxicado circulo vicioso. Luego muy probablemente, inauguraremos algún otro círculo vicioso, en sus inicios flamante, aireado, límpido, indoloro, que corresponderá a los futuros afectados barrer y trapear adecuadamente cuando comience a presentar la pus que anuncia el dolor.

 

Leer más

Esquelas feisbukeras

25 Julio 2025 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Relax

Gente que curtía salsa, casino, reparto, reguetón, gente que te echaba para adelante en la Asamblea de Moral Comunista semestral del pre, si eras oyente de las radios clandestinas de pop rock que llegaban desde Miami, o si alardeabas de tu simpatía por la música antisistema de los hippies, los punks, los Stones, Grand Funk, Hendrix o Zeppelin, se pasan el día hoy sollozando en FB con fotos, "EPD", "rip" cada vez que el almanaque se lleva a una vieja gloria del altar de nuestras manchas "Diversionistas ideológicas" en el expediente escolar acumulativo.

Estos días pasados pulularon fotos, pasaron pañuelos empapados en lágrimas de muro en muro de FB por Ozzy de gente que ni sabe mencionar hoy un tema de Black Sabbath y muchísimo menos escucharon en su época un solo punteo de Iommi un alarido de Osbourne o un moanin and groanin de cualquier bluesero, no fuese a ser que lo escuchase algún chivatón del CDR, además de que les gustaba menos que morder la cáscara de un limón verde. Hay gente lamentando la partida a otra dimensión de Hulk Holan, del kiosquero de la esquina o de Chuck Mangione, que se fue con sus 85 años como empieza a ser natural en los que abandonaron el útero de la mamma en la década de los '40. Y tantos que se van a ir de los que en el pasado jamás fueron frecuentados por esos adoloridos de hoy, ni mucho menos ahora por las décadas que hace que ni desempolvan sus instrumentos.

De Black Sabbath escuché solo Paranoid y Bloody pero nunca las meché con Beatles, Purple, Pat Travers, Clapton o Keith Richards y Jagger, en los cassettes Maxwell o Sanyo de 60 y 90 minutos en que resguardábamos nuestros tesoros rockeros rescatados de LPs que llegaban del norte revuelto y brutal vía amigos como Humberto Salomoni en su habitación de heavy y hard rock. Sin embargo sentí genuina tristeza el día de su anunciado concierto final en su Birmingham natal y ese final épico pocos días más tarde, porque Black Sabbath fue un hito en uno de los afluentes que tomó mi música emblemática y Ozzy su mascaron de proa. Pero no está en mis listas de Spotify, donde están casi todos sus primos hermanos y con toda probabilidad las raíces de donde alimentó sus propios gustos.

Un obituario debe dedicarse a alguien a quien se haya honrado en vida habiendo curtido su producción en el área en que se hubiese destacado, música, pintura, política, derecho, costura, carpintería, vecindad, etc., etc. Yo no puedo soltar una lágrima virtual por la paila o la trompeta de un grupo de salsa, porque nunca escuché ni bailé salsa, sí por ejemplo lo haría por Pedrito Calvo, Chucho Valdés, Paquito D' Rivera, Roberto Carlos o incluso Farah María, que alguna vez embriagaron desde otras disciplinas mi oído demasiado alineado y alienado con el rock.

Hoy alguien, de forma que me pareció sincera posteó su nostalgia por la época en que escuchó a Chuck Mangione sintonizando la estación miamense que nos traía la música de moda en el Yuma, Creíble y tierno, hasta me hizo recordar a mi mismo en la misma tesitura, pero no sé si me llegaba para un lamento plañidero por su adiós al bastón, a sus bisnietos y a la trompeta empolvada con la que varias décadas atrás engrosó de ceros su cuenta corriente gracias a un más que acertado "Feel so good".

En fin que hagan lo que quieran, ¡faltaría más! Pero dicho esto, ya puedo anticipar que mis obituarios feisbukeros en el ámbito de la música estarán reservados para Paul y Ringo, Mick, Keith, Ronnie, y todos los músicos Stones, cualquiera de los 4 Grand Funk, de los Zeppelin, de las dos formaciones de Purple, Clapton, Charly, Dylan, Serrat, Stewart, Santana, Neil Young, Buddy Guy, Jarret y puede que quede alguno más por ahí que de repente sorprenda a la caja fuerte de la nostalgia ejecutando a hurtadillas la combinación que abre su compuerta.

Es que si no vamos a terminar posteando que estamos compungidos, con el alma rota, por el paso a mejor vida del actor que hacía los doblajes del Pato Donald al idioma árabe con perfecto acento sirio-libanés.

 

Mangione, Holan y el kiosquero de la esquina
Mangione, Holan y el kiosquero de la esquina
Mangione, Holan y el kiosquero de la esquina

Mangione, Holan y el kiosquero de la esquina

Leer más
Publicidad

Cruz de Peñalba

24 Julio 2025 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Europa Aorta, #Relax

El Rey Ramiro II de León, cuatro años más tarde de su victoria frente a Abderramán III en Osma, decide hacerse con Zaragoza para lo cual pacta con gobernador musulmán de la ciudad Abu Yahya que con este acto, traiciona al califa.

Tras esta afrenta Abderramán enfureció, retomó el poder sobre Abu Yahya y con su participación decidió acabar con el reino leonés. Juntó a decenas de miles de hombres, entre mercenarios andalusíes, militares profesionales, tribus bereberes, soldados de las provincias militarizadas (yunds), contingentes de las Marcas y un buen número de voluntarios. Bien armados y pertrechados, emprendieron la marcha a fines de junio de 939. Dejando atrás Toledo, el ejército atravesó el Sistema Central por Guadarrama. Después de saquear y destruir Olmedo, Íscar, Alcazarén, los contingentes califales acamparon cerca del Cega y se instalaron en el Castillo de Portillo a principios de agosto.

Entre tanto, Ramiro II había reunido a sus propias tropas, incluidas las de los condes castellanos Fernán González y Ansur Fernández, y a las tropas del reino de Pamplona de García Sánchez I. en junio del año 939, aunque el reino de Navarra no estuvo tan unido a él como a su padre Ordoño II.

La batalla, que se libró en la margen derecha del Pisuerga, al noreste de Simancas, fue muy violenta y se prolongó durante varios días. Comenzó el 6 de agosto y concluyó con la grave derrota califal cuatro días después. Las crónicas cristianas cuentan que se apareció el Apóstol Santiago a lomos de un caballo blanco, así como San Millán. Y además, según relatan las crónicas, tanto árabes como cristianas, hubo un eclipse de sol unos días antes de la batalla. Las bajas musulmanas contadas en varios miles determinaron el retroceso y la derrota ante el ejército del rey leonés que también sufrió un importante número de muertos.

La importancia fundamental de la batalla de Simancas, no es tanto la ganancia territorial de los reinos cristianos, sino el valor simbólico de ser la primera gran victoria que se obtiene contra al-Ándalus.​ Para Abderramán III la derrota fue un importante contratiempo pero no alteró su gobierno, puesto que los territorios perdidos entre el sur del río Duero y el río Tormes se encontraban lejos de su capital en Córdoba. Aun así, tras el regreso a Córdoba después de la derrota, ordenó ejecutar a numerosos oficiales de su ejército por incompetencia y nunca más volvió a encabezar una expedición de guerra.

Como consecuencia de la victoria cristiana, el rey Ramiro II de León mandó realizar la Cruz de Peñalba como agradecimiento por la intervención del apóstol Santiago en la batalla. La cruz, una pieza de orfebrería mozárabe, fue entregada al obispo Genadio de Astorga y a los monjes del monasterio de Peñalba, situado en el Bierzo. Este acto no solo simbolizó el triunfo cristiano sobre al-Ándalus, sino también la profunda devoción del rey hacia el apóstol Santiago, considerado protector de los ejércitos cristianos.

Un apunte al dorso, Ramiro II que ensanchó el Reino de León hasta cubrir un tercio de la Península Ibérica incluyendo el norte de Portugal, construyó una ciudad con calles destinadas a oficios, un convento para su hija Elvira, que es el único edificio que aun se conserva hoy de aquella creciente ciudad de 940: el "Palat del Rey". Fue un rey determinado en la conquista e intrépido en la batalla como justo en la paz y fue continuado por un linaje que arrojó la primera reina europea no consorte Doña Urraca, y el primer Parlamento de la Historia que reunía clero, nobleza y representantes de las ciudades bajo el reinado del aun adolescente Alfonso IX con la aprobación del pueblo en el año 1188.

Hoy mucha gente cree que la Cruz de Peñalba fue concebida en Asturias como Cruz de la Victoria, al igual que conceden al principado el honor de la reconquista por su rey Don Pelayo, que en realidad comenzó en la batalla de Caín de Valdeón en León, no en Covadonga, y si bien Ramiro II era descendiente directo de aquel linaje, la llama inicial de la hoguera reconquistadora la mantuvo viva, y además con denuedo y persistencia a lo largo del siglo X, un rey leonés.

Cruz de Peñalba, donada por Ramiro II en conmemoración de la victoria en Simancas

Cruz de Peñalba, donada por Ramiro II en conmemoración de la victoria en Simancas

Leer más

Para bailar

6 Julio 2025 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Cuba Opinión, #Relax

Yo llegué a ser casi un cubano. Por supuesto con todo un pasado argentino más allá de mi propia existencia, con una familia muy emblemática de mi país de nacimiento, y no solo por el tío, sino escritores, premios nobel, descubridores-conquistadores, madre tanguera de San Telmo. Pero llegó el día que dije basta de extrañar Argentina porque no vamos a volver nunca, y me aplatané del tipo habanero que es jodedor, descarado, inventor, borrachín y pretencioso, la verdad sin falsa modestia, daba más manguera que el cuerpo central de bomberos; pero una de los rasgos más característicos del cubano nunca lo incorporé:

Soy tremendamente patón bailando casino, salsa o cualquier derivado o sucedáneo del son. También me pasa con el tango y el vals. Con la madre de mi hijo fui a tratar de aprender tango con una pareja de profesores excelentes Esther y Tomi, yo le decía a ella pero por qué bailas tan bien con Tomi y conmigo tan mal? El que la llevaba mal era yo. Ellos fueron los profesores de Madonna y Antonio Banderas cuando hicieron Evita ¡Ni siquiera con ellos!

Pertenezco a la generación de pepillos que escuchaban y bailaban rock, disco, funky y soul y solo iban a fiestas donde se pusiese esa música y que antes de la primera temporada del popularisimo porgrama "Para bailar" que concluyó con una batalla sobre la tarima entre dos parejas, los Santos con su perfección en el Casino y los Francis con su refinado rock'n'roll, ningun pepillo que se precisase osaba mover las caderas y hombros más allá de los golpes secos que Elvis bautizó. Pero eso no es más que una excusa lo único cierto es que todo mi ser está tremendamente reñido con cualquier baile acompasado, de movimientos coordinados con otra persona. En realidad me fallan bastante las habilidades sociales de coordinación en casi todos los terrenos, baile, deportes, trabajo, vida cotidiana, excepto en uno que por decoro y falsa modestia evitaré su mención. Incluso, al no mediar la ingesta de alcohol, todo lo gregario que puedo aparentar ser dura lo que un flato en un canasto.

 Y cuando tras una cena o un encuentro entre amigos o desconocidos alguien detiene la cháchara pone música y se arma la bachata, paso a sentirlo en el alma, y entonces me recrimino no haber interiorizado más a aquella maestra que en el ensayo antes del matutino, hacía tanto vacuo hincapié en que diese los pasos adecuados para no destrozar la hilera de la conga de los alumnos de mi aula.

Uno dos y tres, que paso más chévere, que paso más chévere, el de mi conga es.

 

Para bailar
Leer más
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 20 30 > >>