relax
La silueta virtual
Una querida amiga estaba de visita en casa y en un momento que intentábamos entrar en una determinada página web, el sistema me re direccionó a otra página en la que aparecían exuberancias y voluptuosidades poco destacables por su discreción, al instante apresuré el mouse buscando abandonar tal situación embarazosa que podía revelar alguno de mis suplementos en más de una medianoche impía, acompañando la prisa con excusas típicas de mal perdedor, ya que no hacia falta explicar nada, el pescado ya estaba vendido; pero aún así es comprensible que el chorro de sangre ascendente por las mejillas, exhorte aunque sea a un tímido intento de nobleza exculpatoria.
Luego ingresamos a la página que queríamos entrar en un inicio, mientras nos reímos de como a veces aquellos auxilios binarios al llamado del "mantecado celestial", cobran vida propia y deciden presentarse según sus propios criterios y decisiones.
Más tarde mientras íbamos a un pueblo típico del campo, mi querida amiga de muy buen ver, empezó a comentarme, advirtiéndome que lo hacía sin acritud, que un amigo gay le contó que cuando quería ver una película porno para encender su cacerola, no veía películas gays, sino heterosexuales, y concluía que todos los que ven películas porno, en lugar de calentarse con la cajita que guarda los fósforos se deleitan, consciente o inconscientemente, con la imagen de los fósforos; o sea que todo aquel que le concede unos minutos al séptimo arte del desenfado, alberga un gay agazapado, perdido en el subconsciente por el batallador embutido de tendones y venas, que todo aquél que se deja llevar por esas imágenes jadeantes, cadenciosas, lujuriosas de hembras insaciables que socorren las fantasías provenientes del nido del marote, en realidad no miran la cajita, sino que miran el fósforo.
No le veía demasiado sentido a tal sentencia aunque tampoco la encontré descabellada del todo, pero en lugar de oponer mi criterio me sentí invitado a contarle como desde hacía relativamente poco, en mi edad, había descubierto una forma de satisfacción gracias a las computadoras y la red que mezclaba la comunicación con partenaires de verdad con fantasías espontáneas guardadas en los tupperware de las babas contenidas, y me di cuenta que por primera vez hablaba de esta práctica, los "pali-pajas", o "paji-palos" como los bauticé al notar que la mitad de ellos aproximadamente, eran auténticos actos sexuales llevados a cabo por dos personas, toda vez que cuando llamamos acto sexual, incluyamos también ese altísimo porcentaje de ojos cerrados, imágenes complementarias recorriendo el iris resguardado por los párpados, ora de la vecina, la suegra o la compañera de trabajo, y la otra mitad compuesta de pura fantasía y autosatisfacción.
La primera vez, como casi todo, empezó por casualidad en uno de esos chats: "te mando un beso, pero mis besos son traviesos y por más que los mande a la mejilla a veces se escapan por el cuello, el escote, o las caderas, en fin, tú discúlpalo" y luego rematando el mensajito con un precavido: "jaja", para recibir a continuación la respuesta: "jajaja"- La cama lista y el champán servido. De ahí pasó a: "como me gustaría hacerte esto por aquí" o "lo otro por allá" y del trote al galope y de ahí al desboque, dando rienda suelta a los "que rico, que sabroso, mima, papi, toma, dame" y la mar en bote.
Sin reglas, solo una sugerencia planteada por el sentido común, es mejor que los jugadores no se conozcan para permitirse imaginar el olor perfecto, el aliento, la voz, la piel y poder siempre cuadrar los atributos en cuanto a forma, textura y volumen.
El ejercicio virtual no es supletorio ni excluyente, sino complementario.
Le conté que durante la época más álgida de las refriegas virtuales fue también cuando más empujado me sentí a vivir relaciones presenciales esporádicas. Ambas con gran respeto, pero sin inhibiciones ni tupperwares que retornen cerrados a la nevera, disfrutando de ese casi único capital que la edad nos declina: saber lo que nos interesa y lo que no.
Llegamos al pueblo con la boca seca y los patitos alborotados, lo atravesamos por la calle principal y salimos tan rápido como pudimos, busqué un camino de campo mientras sentía la mano de mi amiga acariciando la exigida cremallera del jean, cada vez que podía le tocaba las piernas y mi obsesión, mi deleite, mi perdición, los senos. Aparqué debajo de un árbol, ni bien tiré del freno de manos nos enredamos en un abrazo interminable, de besos, de lenguas desaforadas, enérgicas, exploradoras labios tersos y mullidos a la vez, los cuerpos cargados de sensibilidad desde la oreja hasta al pantorrilla, desabrochamos todo lo que tenía broches o botones, sus pezones erizados en mis manos primero y de ahí a la boca y otra vez en las manos, mi miembro ya encerado por una media eyaculación dentro del pantalón en sus manos y el interior de su braguita de seda manando jugos en mis manos, mis dedos subiendo y bajando mientras los besos y la tonelada de saliva producida anunciaba la gozosa explosión y la catarata de fluidos que no demasiado tiempo después tuvo lugar en el asiento trasero, de costado, precisamente cambiando de la posición de ella encima subiendo y bajando acariciando mis muslos y testículos, poniendo sus senos en mis labios, una nalga en mi mano y entregando la entrada de su oquedad posterior a las caricias de uno de mis dedos, el más sensible, como convenciéndose de la conveniencia de abrir todas sus puertas, semi vestidos ambos, sedientos de esa apresurada y retozona corrida con todos los patitos de la cabeza saliendo disparados campo afuera. Luego nos vestimos, visitamos el pueblo y terminamos la fiesta en casa pero nunca más hablamos sobre el tema.
¿A qué universo virtual debíamos agradecer aquel desenfadado escarceo liberador, a la aparición abrupta de la paginita picante, a la interpretación transgresora de la afición por disfrutarlas o a mi revelación del lascivo jueguito binario? Fuese cual fuese su génesis virtual, terminó tan concreta, tangible y directa, como la mejor de las refriegas soñadas.
De modo que si las preferencias de repente se ven invadidas en las fantasías por sujetos y objetos extraños, bienvenidos sean, lo que no mata ni engorda, alimenta al cuchi cuchi mandarina.
Máquinas de coser
Con motivo del próximo día de la mujer trabajadora, particularmente reivindicativo en el mundo entero.
Uno de los rasgos característicos de la primerísima sociedad post revolucionaria cubana fue la emancipación de diversos sectores sociales, parecía estarse concretando el sueño de la intelectualidad europea y latinoamericana de principios del siglo XX, obreros al poder, la creatividad sin límites, el campesinado adueñándose de la tierra, y la plena realización de la mujer en todos los terrenos sociales, mujeres milicianas, mujeres trabajadoras, la publicación de la revista “Mujeres” de alto contenido feminista, la fundación de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), el divorcio, el aborto y todo ello previo a los hippies, a la vez que los círculos intelectuales parisinos y los Beatnik de Nueva York, en el inicio de la década de los sesenta cuando el mundo casi entero era un chador para las aspiraciones de libertad de las mujeres.
Pero al igual que el resto del sueño de igualdad para todas las personas sin distinción de sexo, identidad, raza, clase social o nacionalidad, sin la más mínima discriminación, las aspiraciones feministas, cual caprichosas veleidades también se fueron “a bolina”, al tiempo que los dirigentes fueron mostrando sus intenciones de atornillarse vitaliciamente al poder y desataron un feroz período de oscurantismo y de caza de brujas, para conseguir el efecto eterno del popper de su particular erótica del poder. Cuando la revolución se convirtió en “la Involución”, con una marcada pulsión machista.
Copyright que no le pertenece al experimento cubano, generalmente las sociedades están construidas desde la masculinidad incluso aun más que desde el machismo. Desde el simple croquis de una casa, un barrio, una calle, un revólver o una máquina de coser, concebidos desde una percepción fálica en lo estético y su esencia..
El comandante de aquella primerísima experiencia revolucionaria Ernesto “Che” Guevara, si bien bajo un prisma actual más o menos sofisticado se consideraría machista, ya que en sus convocatoritas o arengas en el fragor del combate, usaba a menudo la exhortación a la virilidad, a la hombría, pero más allá de las consideraciones sobre su accionar guerrillero e incluso ideológico, lo cierto es que en el universo de los hechos, se conducía de manera muy distinta a la percepción general hacia las mujeres en el prisma de los varones de su tiempo.
Desde muy joven en su casa tuvo la oportunidad de ver como su madre fue una mujer militante, feminista de hecho, rebelde, culta, montaba a caballo y nadaba mejor que la mayoría de los hombres, fumaba, usaba el pelo corto a lo garzón, era precisa en tiro al blanco con armas largas y cortas, y lo más importante que vio el comandante Ernesto desde chiquito, fue que su madre era con diferencia, tan o más temeraria que su padre, aun cuando este era todo un aventurero. También tenía dos hermanas portadoras de un carácter, determinación e independencia fuera de lo común, ambas se hicieron arquitectas como el padre, aunque como en todas las casas de la época, en la práctica, tanto en esa casa como en las de alrededor, las decisiones finales seguían siendo cosas de hombres y las vajillas y trapos aunque de mujeres aunque fuesen del servicio doméstico.
En este terreno como en varios otros él era de la convicción que cualquier grado de praxis convenía con creces que el mejor de los proselitismos. Así lo atestigua la realidad, las mujeres que tuvo Ernesto como parejas fueron mujeres de carácter fuerte, inteligentes, tendientes a la independencia no negociada, compañeras en un sentido integral, de diferentes estilos a lo largo de su vida y acorde a sus cambios pero con un rasgo común: no eran ayudantes y mucho menos sirvientes, sino que le aportaron formación. Ya fuese desde su inseparable amiga Tita Infante con quien compartía los aprendizajes de filosofía y literatura, la exiliada española Carmen González Aguilar, Carmen “ Chichina” Ferreyra quien era cualquier cosa menos una mujer sumisa, su primera esposa, compañera de lucha y su maestra en militancia, madre de primera hija, Hilda Gadea, su primera compañera en la Sierra Maestra la campesina Zoila Rodríguez, de un gran valor y que le aportó conocimientos de la medicina popular, su segunda esposa y madre de cuatro hijos Aleida March, mujer de valor procedente de la lucha clandestina contra el régimen de Batista, así como la valerosa Tamara Bunke, conocida como Tania la Guerrillera, quien cayera en combate en Bolivia, por quien Ernesto sintiera una gran admiración y no poca atracción.
Ninguna de ellas destacadas como cocineras ni como cosedoras de calcetines.
Pero Ernesto Guevara partió a morir en Bolivia, en parte obedeciendo sus impulsos justicieros, en parte expelido por la avaricia de los intereses personales de sus ex compañeros, y en buena parte en la huida de las chimeneas hogareñas, donde se puede conciliar el sueño más placentero pero difícilmente provocar la fascinación de Dulcinea y la caricia de la mano materna al cráneo del hijo pródigo en su eterno vagar.
El vicio del poder de la cúpula cubana después de más de cincuenta años, sepultó lapidariamente toda intención inicial de aquellos sueños de reformas de los reflejos retrógrados de la sociedad que le precedía.
El sitio más propicio para la metamorfosis de la sociedad, el contorno más adecuado para toda revolución evolutiva, se reduce y a la vez eleva a uno mismo y su entorno. Si no podemos educar ni modificar nuestros más primitivos impulsos en el reducto de ese ineludible ámbito
¿Qué experiencia y autoridad moral se supone nos asistiría en su aplicación a gran escala?
Profesores mercenarios y Guns for sale
Estoy empezando a pensar, si el refinado intelectual que por fortuna le tocó a los Estados Unidos como presidente, el brillante Mr. Tronal Gump, no tendrá dentro de todo su buena parte de razón.
Incluso en Europa deberíamos empezar a evaluar estas propuestas y desistir un poco del prestigio que el magisterio ostenta en Finlandia, Suecia, Noruega, ya que al aplicarlas, de nuestras las aulas los niños saldrán hechos unos perfectos “Dog of the War” sin necesidad alguna de gasto extra en servicio militar.
Hay que producir mucho más armamento, la gente en las calles en EEUU tiene muy pocas armas, no se permite ir con bazucas ni con morteros y si compras un tanque de guerra no te dejan usarlo en la ciudad, eso aparte de ser injusto es una muestra de tiranía contra la 2ª Enmienda de la Constitución Norteamericana.
A esos infames demócratas que son todos comunistas, gais, travestis, lesbianas, pervertidos, hippies, drogadictos, vagos, intelectuales, artistas, científicos, a toda esa plebe traidora, a todos esos Walt Whitman, Mark Twain, Norman Mailer, Paul Auster, Steinberg, Buckowsky, Marlon Brando, Redford, Roosevelt, Lincoln, Orson Welles, Patricia Highsmith, Susan Sontag, Arthur Miller, Louis Armstrong, Lisa Minelli, BB King, Sly Stone, Elvis, Luther King, Spielberg, Scorsese, Meryl Streep, Robert de Niro, Gene Hackman, Rauschenberg, Warhol, Dylan, Lou Reed, Ella Fitzgrald o Billy Holliday sólo por mencionar algunos traidores de EEUU, en fin toda esa basura antiamericana hay que enseñarle los valores de la Nación:
Lo de los maestros con ametralladoras está bien, pero no es suficiente ni para empezar.
Primero que todo hay que quitar a los maestros flojos y amanerados y poner en las aulas veteranos de guerra con serios traumas por haber disparado a una elevada cantidad de personas, también conseguir la mayor cantidad posible de personal del KKK, de la superioridad Aria, de los Hells Angels, y de esta manera conseguir esa tan ansiada seguridad en las aulas para los niños, y en adición, con la misma inversión, impedir que se perviertan con las demoníacas ideas del judeo comunismo de mezclas impuras de razas y otras herejías.
Sin descuidar el protagonismo de los críos, a quienes, siendo menores de doce años hay que darles un cinturón de granadas a cada uno, un par de revólveres de calibre 38 porque son pequeños aún, cuando ya pasen de los doce, que pueden aguantar el retroceso de una bazuca se les debe dar junto a tanquetas y morteros, y con dieciséis ya se les puede hacer responsables del uso de tanques de guerra así como a los profesores.
A los directores de las escuelas además del arsenal de armas lógico que debe tener un director, también se les debe apertrechar de minas para que rodeen los colegios y no entre nadie sin su detector anti minas y alambradas electrificadas con sus respectivas torres de guardias armados para disparar ante la más mínima duda.
A los padres que no tengan miedo a las alturas se les deben adiestrar en el uso de aviones B 52 y Sea Harrier lanzamisiles y a los que padezcan vértigo, pues cañones terrestres con ojivas nucleares.
De esa forma sí que podemos garantizar que se estaría llegando a la paz absoluta, a la tranquilidad y al silencio total y la calma perfecta en las aulas y en general en todo el país.
No quedará ni el loro
Paleolítico interior
Reconozco esa sensación lejana. Se fue el roedor que incordiaba entre loas a las hienas, en su lugar entró una brisa dentada, afilada y fría como el acero, las pupilas me las llevé ajustadas a la nuca, esmerándose en conseguir una mirada que no obstante fenecía posada en el hombro, “una mirada y una danza" agua fría como en el primer día, una súbita ascensión y la corona oxidada.
Y luego rutas y carnes, pan, gritos, ademanes de Ave Fénix, cuchillos con trozos de grasa, de cuero, de limón y de ajo.
Ya lo había soñado recientemente y casi seguro que me hubiese pasado o estaría aprendido en lo más pertinente de mi ser para que tuviese lugar el futuro.
El entusiasmo del dedo en el gatillo, la mirada amenazante cinco balas y la pólvora mojada. ni salsa ni adobo, un fogonazo ente piernas semicubiertas por los vestidos autóctonos y algunos diafragmas y preservativos chinos de piel gruesa y tacto de rueda de tractor.
Piernas en Kimono, servicio de té verde que sale caliente, y sale con sake, con sashimi con umami, unir las palmas de la mano a la altura de la barbilla, esbozar una ligera inclinación y a comer. A discutir, a tirotear, a rasgar y cavar cuencas estrechas por debajo del festín, donde discurra el veneno, el tóxico, los jirones de rodillas pegados al suelo de alquitrán, carne picada a cuchillo y ojos tristes sobre la plancha con salsa vietnamita.
Laoseanos arrastrando su arado con su sombrero de carey, fumando el aliciente de sus batallas. Y otro y otra y muchas decepciones mas--
Es un agujero en el centro del órgano que gestiona la lealtad, el respeto, el temor a ser abandonado, la pleamar, la luz y la sombra de la noche.
Fui sin bolsa y regresé con diez premios.
¿Cuándo estuvo Dios con este sueño? ¿Cuándo se dejó Odin vencer?
Polizontes de las altas cuevas y lobos solitarios hoy se asoman al abismo y desentonan desde de las entrañas el aullido que llora a los muertos y canta a la nueva vida.
¡Felices fiestas de los Grandes Almacenes!
Bajé con la bolsita de la compra doblada dentro de mi abrigo, con el fin de proveer mi alacena y nevera, con una barra de pan, algo de mantequilla, ensalada, un par de manzanas, jugo de naranja y un pomelo. Nada más.
Escogí cada alimento entre la muchedumbre apelotonada en los pasillos con sus carritos hinchados de productos más que para festejar el nacimiento de Odín, Jesús o Barrabás parecía que para despedir la vida ante la inminencia del Fin de los Tiempos. Conseguí hacerme con la última Coca Cola cero de azúcar y cero de cafeína, metiendo primero la mano entre una masa informe, luego al ver que no llegaba y quedaban dos botellas metí el brazo hasta el hombro quedando apoyado totalmente sobre las asentaderas de una dama oronda y ni aún arriesgando mi buen nombre ante la señora y su plebe conseguía llegar a mi objetivo, así que tuve que sumergirme entre los cuerpos inflados de pre turrones, pre cenas, pre almuerzos, tapeos, meriendas, piscolabis, desayunos opíparos, apoyé la bolsa en una góndola vacía, arrasada, desierta de catástrofe y hambrienta, y me sumergí entre adiposidades bufandas abrigos carritos, corderos, besugos, gambas a tres veces su precio habitual y tras dejar atrás la calva de un señor bajito, las enormes tetas de una anciana guerrera, barrigas y más barrigas, llegué intacto aunque sobado a la estantería de mi elixir imperialista y ¡Voilá! cogí la última botella por el cuello, pero no podía despegarla y me percaté que un flaco, el único flaco en el universo entonces, tiraba de la misma botella por la parte posterior, acaso gracias a ello no hubo que discutir porque la presión de los dedos que me permitió el delgado diámetro que yo sostenía era susceptiblemente mayor que la presión que a duras penas conseguía imprimir el único flaco de diciembre alrededor del culo de la botella.
Me abracé al recipiente y regresé a mi bolsa flotando entre carne recubierta de ropa y grasa.
Cuando llegué a la cola para pagar, vi que era tan larga y yo estaba tan agotado, que aún cuando conseguir cada artículo me había supuesto un derroche de creatividad y ejercicios innovadores, decidí desistir del intento de competir con semejantes manadas para lograr abonar mis delicias.
Eso sí, cuando vi una tromba en forma de tsunami humano entrando por la puerta automática, saqué todos los productos y los puse en una góndola semi vacía, nada de ubicarlos en sus sitios.
Huí despavorido y le compré la Coca Cola con cafeína a la tienda "carera" de las papas fritas para desprevenidos en la vía principalis, y por lo menos llegué a tiempo para terminar de ver mi serie favorita.
Tras este episodio se me ocurrió que para las próximas fiestas de "Los Grandes Almacenes" podríamos ganar todos si los empleadores en general, transfiriesen las pagas dobles de los trabajadores de diciembre, directamente a los grandes almacenes, por ejemplo: un 50% a E.C.I. un 20% para Inditex, un 20% para Carrefour, y el 10% restante para el resto de cadenas, y que a los trabajadores los empresarios los colmasen de baratijas, corderos y pescados carísimos y entonces todos saldríamos ganando.
El trabajador no debería gastar horas reptando de tienda en tienda, el empresario soltaría menos por más, los grandes almacenes ahorrarían en sueldos a dependientes y finalmente, aquellos que sólo queremos una barra de pan, mantequilla, ensalada, un par de manzanas, jugo de naranja, un pomelo y que tal vez, a última hora le sumemos un refresco light sin cafeína, saltaríamos de alegría aunque echásemos de menos ese candoroso magreo ocasional entre góndolas.
Bueno ¡Felices Fiestas de los Grandes Almacenes!
¿Por qué no viene Ernesto?
La Revolución había entrado en ese impasse en que hasta las parejas incurren pasado el fulgor inicial, el fragor de sofás y camas. Enfrentaba dilemas acerca de los caminos a tomar para dejar atrás la isla Utopía y concentrarse en el rigor de las asperezas que conforman la realidad. El adiós a la inocencia y la incógnita de los nuevos horizontes, ya no habría más besos apasionados bajo el farol ni lencería destrozada a dentelladas.
Había llegado el momento del frío con la helada URSS observando. El Che años atrás había intimado con Fidel en el centro de la ilusión mesiánica, dando cauce a la lava del volcán interior en una actividad más riesgosa que la escritura, que la observación, que el alpinismo, que la aviación y el rugby, la subversión del mundo a través de la voluntad.
Anduvieron caminos paralelos, con luz propia, aunque de distintas fuentes. Ernesto asumió el liderazgo de Fidel, pero no dejó de apuntar a cada paso del camino las ideas que le parecían más apropiadas para construir la liberté, égalité y fraternité americana y criticar aquellas que colisionaban con sus fabulaciones iniciales.
Llegó el triunfo con la erótica del poder, el gozo del amor incondicional; eran precursores de la estética rock, barbudos, pelos largos y poco aseados, lumpen, rebeldes y desobedientes, educados en buenos colegios, con ideales altruistas; les faltaba la música, el hedonismo y el amor declarado a Baco; les sobraba la pólvora, la invasión de la voluntad y exceso de testosterona, pero enamoraban. A continuación enfrentaron la meseta que sucede al clímax como peor pudieron.
Fidel, desaforado, enloqueció contra quienes le hacían sombra y le recordaban que el proyecto era inclusivo, democrático; Ernesto no se limitó a obedecer a su comandante desde el paredón, la economía o el trabajo voluntario. El romance ya era rutina, sobraban barrigas aburguesadas y faltaba el estruendo de la pólvora, el bálsamo a nuevos campos poblados de injusticias como excusa para el adiós y un nuevo amor.
Nacido para que su asma lo empujase hacia adelante con temeridad, solo Goethe, Verlaine, Luis Felipe y Sartre podrían entender su agobio.
La satisfacción, como en la Utopía de Tomás Moro, era improbable, como la creatividad en el arte antes de ser traicionada por el punto final, por la última pincelada, el descanso del cincel, cuando reniega de su capacidad transformadora y se convierte en pieza.
El Che, como la Pietá Rondanini de Miguel Ángel quedó en el limbo de lo imposible, encima de la cresta de la ola, frente al viento, en el punto más alto que el mar concede, no llegó a desaparecer entre espuma y remolinos como Fidel y el agua, tan sabiosy adaptables.
Pero desde el corazón de África, la hoguera dio paso a un páramo; acababa de perder a su madre en su lejana Argentina ¿cómo mantener encendido el motor? ella se había ido con dolores terribles sin derramar ni una lágrima, su única súplica fue repetitiva:
-¿Por qué no viene Ernestito? Nadie sabía donde estaba aunque sabían que ya no estaba en Cuba y no querían decirle para no preocuparla.
Pasó a otra dimensión de la existencia en la misma fecha del cumpleaños de sus otros dos hijos varones, que estaban presentes a los lados de la cama, y a ala vez tan ausentes para Celia como lo estaba Ernesto.
La URSS ya no era bolchevique, Fidel ya no era rebelde y su motor requería nuevo combustible para otro camino; el retorno a la nada, la última estocada del templario, el último galope a lomos de Rocinante al encuentro del molino y de Dulcinea. La ternura del guerrero antes de enterrar la espada.
Su imagen perpetuada en afiches de la izquierda y más tarde en jóvenes deseosos de ejemplos de coherencia, en tatuajes, camisetas y billeteras, junto a Marley, Lennon o Hendrix, con el ansia intacta
Finalmente, el arribo a Utopía.
Reykjavik
Dos cosas maravillosas de Islandia son su frío con sus paisajes y su gente.
Semejante frío en diferentes tonos del blanco dan la sensación a quien no pertenece a esta temperatura, de que despedir la vida en medio de un paisaje así sería la menos terrible manera de dejarla, tendría algo de gentil, de mullido, de pacífico, de rictus en orgasmo y de semblante eternamente plácido. Para los naturales de este camino entre navajas de hielo esos filos cortantes son precisamente la constancia de la vida, y los significantes están entre la multitud de tonos del blanco que puede aglutinar el horizonte.
La gente como generalmente se muestran los escandinavos, prestos a ayudar pero no invasivos, sonrientes sin exceso, mirones pero no molestos, hieráticos pero colmados se fuego por dentro como el suelo de su tierra plagado de géiseres. Gente de paz que descienden más de granjeros que de guerreros vikingos, paganos, cristianos, luteranos, ateos, libres como el viento de la isla y así mismo condenados a una mirada limpia, directa, estricta, punzante y determinada.
Dos cosas no tan buenas a primera vista, el olor del agua potable y los precios.
Al abrir la ducha por primera vez pensé que me habían dado una habitación con la tubería averiada y conectada con una avería de otra tubería menos higiénica. Olía a mil demonios de los cuales novecientos noventa nueve no se habían duchado en el milenio que hace que Erik el Rojo puso pie en la isla.
Por Tutatis, por Babalú, Meu deus do Ceu...¡Que peste!
Llamé a recepción antes de enjabonarme con mi toalla alrededor del cuello y mi hacha reducida a un ínfimo picahielos a causa de fresquito reykjaviqueño, la chica de recepción, que de haber querido habría tardado medio segundo en devolver el aspecto temible a mi hacha, me hizo una revelación:
¡Lejos de ser un desagüe mi ducha emanaba agua bendita!
Resultó ser que el agua islandesa huele a rayos encendidos, a cáspita, recórcholis y mil centellas, pero a merced de una inmejorable razón, baby, las algas las sales la vida en descomposición en sus moléculas proporcionan un rejuvenecedor natural para la piel, para las afecciones de mucosas de respiración, y por qué no, se me ocurrió pensar pero jamás preguntar a la alentadora recepcionista, también esas algas funcionarían como eficaces herreras del hacha.
Los precios, ah, que maravilla, creía haberlo visto todo en Noruega, creía que jamás, ni siquiera en los confines de la Vía Láctea, más allá de Andromeda donde los soles congelados se dan la mano con las hadas del infierno podría ver semejantes precios. Me faltaba darme un saltito hasta aquí, y después de esto no quiero saber lo que puede ser una Coca Cola en Nuuk, capital de Groenlandia, donde Erik, el mismo Rojo dijo que era Verde Landia para no desanimar a las tripulaciones de vikingos que embarcó a ese intestino del más granado de los recórcholis. Pero a la espera de tocar costa de Nuuk jamás había imaginado semejante maravilla en forma de etiqueta en los productos, desde la más temida colgando de los ponchos de lana de oveja islandesa hasta las más tímidas etiquetas de los zumitos, botellitas de agua mineral que no bajan en supermercados de tres euros, la pequeña. Eso sí, agua agua.
Uno de los secretos que hace tan maravilloso poder volar sobre la explosión de los números jamás seguidos de un punto hasta superadas las cinco cifras inscritos ( e inscritas) en las etiquetas de precios es que proporcionan la misma paz que el hielo eterno, sabes que no sufrirás pagando por ello, el bolsillo del gaucho sureño en tales circunstancias goza de una inmunidad tal que lo dota de un áurea propia de multimillonario.
Pero así como no todo es peste esperando la catarata de la ducha, no todo es ruina y llanto con los precios de Reykjavik, no señor, a llorar a la funeraria. En las afueras de una taberna preciosa dentro de la cual se apreciaban alegres parroquianos derramando billetes y vasos se encontraba un cartel grande, enorme, como anunciando el día de la suerte, quien hubiese ganado la lotería habría preferido pasar por frente al pub en cuya puerta se publicita que se derrama cerveza fría sobre los bienaventurados chopps, a sólo y oiga bien, usted no está borracho aún, ni sordo, a sólo ¡siete euros!
Por Tutatis, me dije por segunda vez en el día, y no quise incomodar también a Babalú Ayé y a Odin, pero pensé en ellos, vaya si pensé. Me dije: de lo que me salvé viniendo a este divino país pasados cinco años de mi condición de "abstemio"
¡Lo que habría sido para las finanzas una tardecita en ese bar con un par de socios sedientos, desmayando una muela, descargando el peso, atesorando una curda de veinte géiseres, cuatro auroras boreales y todos los caballitos de la tundra que quepan en el chopp más barato de la ciudad!
León Felipe y Miguel Hernández en el café de la esquina
Estos escritores que enumero a continuación por orden cronológico pertenecieron a lo que se se dio por llamar la era de Plata de la literatura española, más conocida como la Generación del 27, teniendo en cuenta para que exista la consideración de Generación, factores tales como que hayan nacido en fechas cercanas, que haya habido contactos personales, rasgos similares, voz, estilo, mensaje generacional.
Al movimiento de las mujeres escritoras que incluyo en la lista, se le llamó las "Sinsombrero" y con toda probabilidad habría que añadir también a dos luminarias de la poesía universal, de los cuales uno nació un pco antes y el otro un poco después de lo considerado apropiado para formar parte del grupo, por sus rasgos inequívocos que adhieren a este movimiento:
Los "monstruos" León Felipe y Miguel Hernández.
Al recordar las lecturas de varios de estos "tótem de la literatura" y pensar que tuvieron lugar en una misma época, no puedo dejar de pensar en la cantidad de poetas, escritores ignotos, amantes de la poesía y de la narrativa que habría en el territorio nacional en los bares, en los puestos de trabajo, en sus tardes a la sombra con un libro en la mano, con el periódico abierto en la página de critica, o de opinión, y no puedo dejar de sentir cierto desasosiego al compararlo con el páramo desértico de interés por el arte en que ha devenido hoy el mismo territorio.
Ojalá estas almas de un vagar incesante, en algún momento cercano contemplen el retorno a los sabores de la tierra, se quiten el sombrero, lo dejen lejos de la cama, se den una larga ducha, se permitan un descanso reparador, deleiten su paladar con el recuerdo de las delicias casi olvidadas, y sobre todo y por favor les rogamos: que deshagan sus maletas y petates y no las vuelvan a tocar por todo el tiempo que dure la siembra el regadío y la buena cosecha.
Rogelio Buendía (1891-1969, 78)
Pedro Salinas (1891-1951, 60)
Valentín Andrés (1891-1982, 91)
Juan Guerrero Ruiz (1893-1955, 62)
Jorge Guillén (1893-1984, 91)
Antonio Espina (1894-1972, 78)
Mauricio Bacarisse (1895-1931, 36)
Rafael Laffón (1895-1978, 83)
Juan Larrea (1895-1980, 85)
Antonio de Lara (1896-1978, 82)
Gerardo Diego (1896-1987, 91)
Agustín Espinosa (1897-1939, 42)
Amado Alonso (1897-1952, 55)
Miguel Valdivieso (1897-1966, 69)
José Fernández Montesinos (1897-1972, 75)
Josep Moreno Gans (1897-1976, 79)
Federico García Lorca (1898-1936, 38)
Juan José Domenchina (1898-1959, 61)
Vicente Aleixandre (1898-1984, 86)
Concha Méndez (1898-1986, 88)
Dámaso Alonso (1898-1990, 92)
Rosa Chacel (1898-1994, 95)
César Arconada (1898-1964, 66)
Rafael Porlán (1899-1945, 46)
Emilio Prados (1899-1962, 63)
Paulino Masip (1899-1963, 64)
Edgar Neville (1899-1967, 67)
Rafael Dieste (1899-1981, 82)
Ernesto Giménez Caballero (1899-1988, 89)
Francisco Madrid (1900-1952, 52)
Juan Chabás (1900-1954, 54)
Guillermo de Torre (1900-1971, 71)
Alejandro Collantes de Terán (1901-1933, 32)
Enrique Jardiel Poncela (1901-1952, 50)
Pedro Garfias (1901-1967, 66)
Ramón J. Sender (1901-1982, 81)
Andrés Carranque de Ríos (1902-1936, 34)
Luis Cernuda (1902-1963, 61)
Pedro Pérez-Clotet (1902-1966, 64)
Rafael Alberti (1902-1999, 97)
Felipe Alfau (1902-1999, 97)
Agustín de Foxá (1903-1959, 56)
Alejandro Casona (1903-1965, 62)
Antonio Oliver (1903-1968, 65)
Max Aub (1903-1972, 69)
Luis Amado-Blanco (1903-1975, 71)
María Teresa León (1903-1988, 85)
José López Rubio (1903-1996, 93)
José María Hinojosa (1904-1936, 32)
Joaquín Romero Murube (1904-1969, 65)
José María Souvirón (1904-1973, 69)
José María Luelmo (1904-1991, 87)
María Zambrano (1904-1991, 87)
Juan Gil-Albert (1904-1994, 90)
Luisa Carnés (1905-1964, 59)
Ernestina de Champourcín (1905-1999, 94)
Miguel Mihura (1905-1977, 72)
Pedro García Cabrera (1905-1981, 76)
Emeterio Gutiérrez Albelo (1905-1969, 64)
Manuel Altolaguirre (1905-1959, 54)
Francisco Ayala (1906-2009, 103)
Gustavo Durán (1906-1969, 63)
Josefina de la Torre (1907-2002,95)
Enrique Moreno Báez (1908-1976), 68)
Rafael de León (1908-1982, 74)
María Dolores Pérez Enciso (1908-1949,41)
El Che ya les dijo a los obsecuentes: Les honneurs ça m'emmerde
Miles de personas inocentes, creyentes en revoluciones carentes de un líder honesto, peregrinarán hasta Vallegrande el próximo lunes 9 de Octubre, durante la noche anterior el Presidente de Bolivia agasajará al privilegiado grupo de invitados que en lugar de declinar el gasto, aceptaron, prestos a pulirse opíparas cenas, exquisitos espirituosos, fiestas, hoteles, apariencias y nada más. Así se repetirán los festejos en varios salones del mundo que en lugar de ser una invitación a la austeridad y al sacrificio, serán precisamente aquello contra lo que luchaba el Che; el acomodamiento, el aburguesamiento, la doble moral, la manipulación y sobre todo contra lo que más repulsión le causaba:
La obsecuencia y los honores.
Si quieren hacer un homenaje a la medida de Ernesto, vayan a una selva luchar y a privarse de comodidades, no a festejar por todo lo alto.
Ernesto desde que era niño hasta que partió junto a la parca fue un "resepingú" y eso siempre puso las cosas dificiles a su alrededor.
El Che muerto era infinitamente más útil para la "Involución" que vivo, vivo no conseguía grandes cosas excepto mover las voluntades de la gente trabajadora, pero molestaba mucho a los defectos del socialismo, las mentiras del comunismo de la URSS, la burocracia de Cuba, los corruptos, etc.
Muchos efectivos de nomenclatura no querían que se quedase en Cuba obstaculizando el disfrute del botín, los rebeldes, naturalmente habían luchado para vivir bien, para desplazar a los burgueses al exilio, a la cárcel o a la muerte y quedarse en sus barrios con sus casas y sus comodidades. Esto es lo que ocurrió. No hicieron la revolución para ir al trabajo voluntario, para comer lo mismo que el vecino obrero, para pasar calor y matar mosquitos a cañonazos. El Che iba todos los fines de semana al trabajo voluntario y no permitía que en su casa entraran víveres ni enseres que no tuviese todo el mundo en Cuba por la libreta (alguna vez tuvo que devolver una tarta al guardaespaldas, que la había llevado para el cumpleaños de un primo, que luego tardó años en celebrar esta enseñanza empírica). En fin, el hecho es que esta "tracción paralela" resultaba un incordio para los que habían luchado para pasar a ser la nueva oligarquía. Era demasiado rígido y poco corruptible, no convenía.
Para quienes irán a los festejos por los 50 años de su muerte, a gastar el dinero de los bolivianos, a hacerse hospedar en hoteles caros, comer como cerdos y beber como cosacos, a salir en fotos, a pretender que les importan los pobres porque van a pasarla bien, para ellos lo mejor que hizo el Che fue su muerte, y a partir de su deceso, todos estos descarados de su propia fila, que lo traicionaron, que no lo querían cerca, primero mezclaron una lágrima de duelo con un suspiro de alivio, luego dejaron de ir a trabajos voluntarios, se llenaron de casas, de autos, de fincas, de lujos que ningún cubano tenía, y entonces, a partir de ahí pudieron tranquilamente y en su beneficio apropiarse de su vida y su muerte y comenzar a idolatrarlo.
Desde Guarapo, Raúl y todos los falsos comunistas del mundo, hasta los descarados que obtienen beneficios de los frutos de su imagen.
Y como a la gente le gusta sentir esa mezcla del ser fuerte y exitoso en desgracia, el contraste que se ve en la tragedia del héroe, entonces estos bribones lo usaron, primero lo traicionaron, lo abandonaron porque era muy molesto como critico y luego se apropiaron de su divino cadáver.
Pero para la gente desamparada en búsqueda constante, se humanizó muriendo con la mitad de kilos de su peso, hambriento, cansado, traicionado, con más miseria que un obrero desocupado, y entonces esa gente recogió la fuerza de esa imagen y la convirtió en mito.
¿Y que desdice Ernesto a estos hedonistas que van a libar miel de los frutos de su muerte? Lo que siempre dijo sobre los honores:
Les honneurs, ça m'emmerde (Los honores me joden)
El muro de los rumberos
Pasé varios años compartiendo con los prietos del edificio haciendo media abajo sin estudiar ni trabajar, acompañándolos y simulando que tocaba una clave, o una caja que hacía de tumbadora, o simplemente palmas, cantando en los coros de guaguancó de galera y viéndolos bailar. Eso era arte puro, no puedo ni quiero olvidarlo como una de las expresiones artísticas mejores y a la vez más auténticas que alguien puede disfrutar, estaba Jesusito, el Nene, Piri, Alexis, cuya pronunciación era "Aleisi" como Taxi que era "Taisi", Omar y Regino, y el hermano mayor de ellos, guapo abacuá ex y pre presidiario, ya que pasaba unos meses fuera y volvía entrar, para ellos era un orgullo el bautizo de cárcel, por supuesto con la constancia debida de haber mantenido la retaguardia a salvo, y aquél era mulato fino, con lo cual imagino que habría tenido que defender el desagüe con probado valor. También estaba Chucho el ladrón, aunque ladrones eran todos a mayor menor escala y a veces llegaban personajes de otros edificios o de otras zonas, algunos llevaban chavetas u otros filos pero todos dejaban aparcada su rufa y sus descontentos sociales, y se formaba una rumba descomunal de horas en el muro del Circulo Infantil, frente al edificio, que imagino que servía de espectáculo en vivo a los vecinos, antes del turno de las aventuras de la TV. Aunque a los rezagados del preuniversitario o de la facultad de geografía que salían tarde, no les hacía mucha gracia, se les veía en la cara y como apretaban el paso al divisar aquella jauría, porque pasar por ese camino frente a tanta hormona de guapos disparadas siendo blanquito o negrito domesticado para universidad, a veces, si no estábamos en medio del ripio de un ritmo, les era refrendado con una lluvia de burlas o algún gargajo y ocasionalmente unas cuantas piedras, pero nada más, sólo para echar unas risas, en mi edifico no había ningún abusador.
Puedo imaginar lo que hubiese sido crecer en un solar, ok, no habría disfrutado de otro universo de cosas, pero de las que el duende te introduce en el cuerpo, de las que el santo monta... de esas estaría puesto y convidado, de todos modos no me quejo, yo era un múcaro simpático para mis vecinos aunque me costó lo mío, nunca les hice la campana para que robasen, no me metí en nada delictivo que no fuese fumar yerba, muy penado en aquellos días, sin embargo los acompañaba a pasear aunque los buscasen guapos de otra zona por algo pendiente o la misma "monada", eso me daba ese plus de afecto más que de respeto, ya que yo no era temerario ni peleador en absoluto, ni quería aparentar serlo, pero sí era un compañero leal. Mis amigos del edificio fuera de la rumba vespertina eran el Piri, Pedrín o el "Peter" ambos pepillos evitadores de problemas, y con el tiempo Omar, que había sido el primero en caer en prisión por propinarle un justo golpe con el canto de un machete al "Guayabo" de la zona 9, y hoy es una de las personas más equilibradas, inteligentes, completas y buen amigo que se puedan conocer, pero a todos los muchachos de la rumba los recuerdo con cariño y gratitud por brindarme aquellos días como a uno más.
Aquello ocurría cuando era adolescente súper masturbador, un poco después, ya de joven bigote de pelusa y todavía más masturbador que templador, pero ya apretador de categoría, me había convertido en un pepillo del rock e iba a las fiestas a por música y chicas, allí los blancos tenían una oportunidad de destacar en el baile con los Bee Gees, los Silver Convection, Abba, Barry Manilow o Billy Joel en los lentos, pero cuando sonaba Bonney M., Los Comodoros, Sangre Sudor y Lágrimas o Tierra Viento y Fuego, todo volvía a su lugar, los prietos del guaguancó necesitaban menos baldosas que los pepillos para desempeñarse, pero su espacio estaba en lo alto, llegaban al cielo. Además bailaban en una baldosa porque si alguien los chocaba o ellos chocaban a otro aparecían muchas papeletas para escuchar un estruendoso galletazo.
Debajo, recuerdando en mi buhardilla uno de los guaguancó del muro del círculo infantil con mi fibra, y antes un vídeo de lo mismo que en el edificio pero en el programa de TV norteamericano Soul Train, impresionante como bailan todas las parejas, alguno payasos, otros pulcros en el ritmo, otros innovadores, imagino las historias en sus barrios mientras aprendían a bailar, porque los prietos en América entera, e imagino que en África igual, no aprenden a bailar en academias para baile, pagando y tomando clases, derecha, izquierda, ahora la cadera; no, nada de eso, ellos bailan, y bailan y bailan hasta que un día llegan a flotar.
La música primera es un temazo parido en Combinado del Este y recogido en Alamar, el segundo de The Sugarhill Gang en el programa de baile y música Soul Train donde una famosa pareja de baile cubana, Ramón y Cecilia destacó durante años. El tema musical en Cuba fue muy famoso en las fiestas, le decíamos "Aberejé", y resulta curioso por donde fueron los tiros, que veinte y varios años más tarde dio pie a un éxito de ventas en España y el mundo entero como pésima canción pegadiza del verano, cantada por las Ketchup, con el nombre de Aserejé
El Aberejé
Guaguancó alamareño
/image%2F1094425%2F20180715%2Fob_0b16f5_31936028-10216128602032839-32176792076.jpg)

/image%2F1094425%2F20180307%2Fob_8b8491_che-e-hilda.jpg)
/image%2F1094425%2F20180307%2Fob_72f4ca_che-y-madre-150x150.jpg)
/image%2F1094425%2F20180307%2Fob_bb6c84_che-con-simone-de-beauvoir.jpg)







