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26 octubre 2021 2 26 /10 /octubre /2021 15:36

Soy del criterio que la Revolución /Involución cubana no fracasó, sino de que "ha fracasado".

La primera afirmación se aplica a la cosa acabada, concluida y enterrada. Esa aseveración se podría aplicar a la URSS, por ejemplo. Pero no aún al experimento cubano, como no podrían  aplicarse al francés. En cambio, la segunda afirmación implica que lo hecho hasta ahora no ha funcionado, no al menos atendiendo a sus objetivos primigenios; pero no implica la imposibilidad de hacerse, de empezar a enmendar errores políticos, económicos e ideológicos, algunos de bulto otros de mayor delicadeza.

El 15 de Noviembre está fijada una marcha pacífica por las calles cubanas organizada por el grupo opositor Archipiélago, quienes en un inicio la habrían solicitado para el 20 de Noviembre, fecha en que el gobierno cubano organizó una marcha miliar, y por ello la trasladaron al 15 para no dar siquiera el más mínimo motivo para una respuesta negativa. Cosa que sin titubear hizo el gobierno, no sólo prohibiendo la marcha, sino amenazando a sus organizadores con someterlos a un juicio en que enfrenten cargos de traición a la patria y colaboración con enemigos externos de la revolución. Casi nada.

Es curioso que en el plano internacional, quienes reclaman mayor democracia en sus países, sean quienes más silencio guarden ante esta violación básica a los más elementales derechos civiles.

Quizás la Revolución/Involución ya no tenga la posibilidad cronológica de revivir fusilados inocentes, de reclamar el regreso de exiliados que ya fallecieron, de devolver pequeños negocios, de apartar o castigar a dirigentes corruptos, de ponerle un contén legal a la impunidad, a los altos cargos ya desaparecidos o demasiado ancianos, para que no terminen disponiendo de tantos bienes como la burguesía a la que sustituyeron, ni abusen de infinitamente mayor poder que aquellos sobre la vida y destino de la población.

Tal vez no se pueda aprovechar ya las sinergias de otros países socialistas  en vías de desarrollo, para intentar un proceso de industrialización autóctono, para encontrar vías telúricas de desarrollo posible, sostenible y eficaz, a la escala a la que fuese posible, sin falsas promesas ni sueños imperiales en vigilia. Acaso sea tarde para buscar vías de solución en la esencia propia del ingenio cubano y la fuerza del empoderamiento como individuo en la sociedad. Sendas transitables, y no atajos improvisados, para fomentar y solidificar una economía perdurable e independiente de las sempiternas "ayudas solidarias" del exterior.

Quizás sea demasiado tarde para fomentar la creatividad artística hasta los confines de la imaginación, donde florezca la crítica, el sarcasmo, la parodia, la sátira, la diversión, la burla como arma social, como elemento de construcción permanente de nuevas metas de conciencia social. Tal vez ya no se puedan derogar las innumerables prohibiciones, censuras, que llevaron al ostracismo cuando no a peores destinos a tantos artistas cubanos.

Es posible que sea tarde para liberar los candados y cepos a tantas libertades de expresión, de lectura, de escritura y publicación, de participación en los proyectos de desarrollo, desde los de una fábrica o ingenio azucarero, a los de la dirección del país.

Puede que en todos esos errores cometidos a lo largo de tantos años intercalados también con aciertos, ya no sea posible una intervención reparadora; pero aún se está a tiempo de mejorar lo manifiestamente mejorable. Todavía se pueden rescatar aquellos aspectos que entran en el ideario realista de cualquier soñador con un mundo mejor, incluso se está a tiempo de intentar plasmar los anhelos más utópicos. Claro, es un arduo trabajo que empieza por entender que la casa está, incluso, bajo los cimientos.

Un primer paso ínfimo pero enorme a la vez, sería permitir la marcha del 15 de Noviembre, y además, escucharla, atenderla, observar cuales son sus reclamos, las reivindicaciones del mismo pueblo, que otrora apoyase a aquellos revolucionarios sesenta años atrás. Por supuesto que hay desaprensivos de ambos lados del abismo deseando que se produzca una catástrofe, pero la mayoría esperamos que un atisbo de sentido común asome por una vez en las decisiones de la nomenclatura. La esperanza, amén del upite, es lo último que se pierde.

Y después comenzar a reconstruir Cuba de a poco, con la ventaja de tener bien ubicados los caminos minados, incorporando a ese grupo descontento, desafecto, cansado, molesto o encolerizado, de mayor o menor importancia numérica, pero tan necesario para alcanzar la concordia social y el progreso, como cualquier otro grupo social. E incluso, por su valor y determinación, hasta diría que un pelín más.

 

 

15 de noviembre
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Published by martinguevara - en Cuba Opinión Cuba flash. Opinion crítica.
12 octubre 2021 2 12 /10 /octubre /2021 17:20

 

Una de las consecuencias directas universales de la conquista y colonización de América, fue la aparición del capitalismo en Birmingham, Manchester y Liverpool. Todo el sudor, el esfuerzo y el dolor indígena y sobre todo negro africano arrancados a sangre y fuego de sus casas de a poco fue invirtiéndose en la creación del sistema de producción que consolidaba a una burguesía incipiente ruana del París del medievo, pero en las islas británicas y su pareja de baile antagónica, el proletariado; toda vez que en la Península se desaprovechó el enceguecedor volumen de oro llegado de la rapiña allende los mares, para desarrollar clases medias, enriquecer la economía y la cultura popular, como se puede aun hoy verificar de un vistazo visitando ciudades e importantes pueblos castellanos y observando su distribución arquitectónica. Hecho que dio pie a las versiones anti hispanas más peyorativas de la época, resentidas con el poderío imperial ibérico tras el Tratado de Tordesillas, y que en muchos casos prevalecen hasta nuestros días, como  que “los españoles destinaron el oro de su conquistas a coronas y altares en lugar de desarrolar el capitalismo, a merced de su pereza” .

Pero la conquista, arrojó como valores imperecederos un concepto de continente, América, que antes del expolio no tenía ni siquiera visos de existencia, dadas las relaciones entre etnias, tan distintas y en muchos casos enemigos unas de otras. Se suele decir que si hubiese sido Moctezuma el de las tres carabelas, hoy España sería azteca. Una lengua y cultura comunes desde el centro hasta el sur del continente. No hay cabida para el buenismo. Pero la desgracia azteca es solo una parte ínfima de los agravios padecidos, por la especie humana, en aquella aberración, eufemísticamente llamada encuentro de hermandad. No es necesario acudir a ningún revisionista, ni siquiera latinoamericanista o indigenista, para quedar perturbado por el crimen del esclavismo negro africano desde su secuestro hasta su muerte tras la explotación despiadada en tierras ajenas, basta con visitar la Casa de Colón en Gran Canaria y leer los enormes mapas que reflejan las cantidades de seres humanos que pasaron por allí encadenados haciendo escala para determinar a que puerto americano serían llevados.

Sólo basta para echar por tierra tanto esfuerzo de mendacidad exculpatoria, de estulticia intelectual, con atesorar el común conocimiento de que ni uno de los once millones de negros de América (dejemos de lado el tema de los indios y esa falacia de que eran iguales a los españoles en consideración y derechos) hizo su llegada al Novus Mundus de Vespucci, por propia voluntad, y fueron desde el instante de su caza, sometidos a los más terribles tormentos para los más desafortunados destinos, creando incluso colonias de tiburones cornudas en el Golfo de México, en Cuba y Salvador de Bahía por la cantidad de “negros” inservibles lanzados al agua tras el largo tormento al que algunos llaman eufemísticamente: viaje , con la única excepción de unos tres mil libertos en las costas de la actual Centroamérica; se desmorona toda la intentona de dulcificar el mayor período de crueldad y dar bula a los más oscuros e inhumanos métodos de extracción de la riqueza, ya no por una nación u otra, sino por parte de toda la especie en contra de sí misma.

El hispano centrismo, consistente en dulcificar (intentando presentar en contexto que en la época, la humanidad era un atado de rufianes matándose unos a otros en todos los rincones posibles) la Historia autóctona para acomodarla a los cánones actuales, y eliminar todas las barbaridades cometidas por este como cualquier otro Imperio, así como difundir los mismos bulos en intensidad sobre aquellos imperios que tomaron el relevo, caso francés, e inglés, aunque también alemán y holandés por la pugna entre catolicismo y protestantismo, es tan nocivo para el desarrollo de una correcta interpretación de nuestro pasado, y para la conformación de una moral colectiva a nivel social para construir un futuro sin rémoras, como lo es la auto flagelación y la fustigación del total de nuestra cultura, a merced de los aspectos más negativos de la misma. Por otro lado los disparates indigenistas que recrean la ficción de un continente precolombino fusionado, hermanado, cuando en realidad no sólo no se conocían más allá de su vecino inmediato, sino que en gran cantidad de casos eran etnias que estaban en permanentes enfrentamientos unas con otras, por razones territoriales o en el caso de las grandes civilizaciones, sencillamente por el mismo afán de esclavizar al pueblo vecino que movió a los conquistadores europeos.

Lo demás es paisaje.

 

Esclavismo. Episodio silenciado en la historia española.

Esclavismo. Episodio silenciado en la historia española.

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Published by martinguevara - en Europa Aorta Opinion crítica.
28 septiembre 2021 2 28 /09 /septiembre /2021 12:50

Viví exiliado, conocí muchos hijos de la desgracia de una y de otra ideología.

Visité Hiroshima, Normandía, Auschwitz-Birkenau, Dachau, los túneles de Cuchi en Saigón, el palacio Hofburg donde Hitler dio un multitudinario y paradigmático discurso, varios sitios de la Gestapo en Austria, fosas comunes y campos de concentración franquistas en España y lugares de desaparición de personas en Argentina.

También visité Bataclan en París, el vacío de las Torres gemelas en Nueva York, Atocha en Madrid, a todos estos sitios fui a rendir mi homenaje corporal, a la mayoría llevé a mi hijo para que le permanezca toda su vida la experiencia.

Leí mucho sobre toda la barbaridad humana impulsada por la avaricia y los estímulos interesados desde poderes perversos, pero además fui a sentir la energía de los lugares.

Creo que sé de lo que hablo cuando hablo de las bases mínimas indispensables para el florecimiento del progreso y desarrollo en paz y amor.

 

Escultura en homenaje a las víctimas en Dachau

Escultura en homenaje a las víctimas en Dachau

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Published by martinguevara - en Europa Aorta Opinion crítica.
11 septiembre 2021 6 11 /09 /septiembre /2021 15:07

Salimos de Argentina en mayo de 1973, fuimos en tren de camarotes a Chile, cruzando la Cordillera de Los Andes, una maravilla que solo se puede explicar viéndolo. Pasamos 15 días en Santiago de Chile, visitando amigos de mis padres y lugares emblemáticos, comiendo comidas distintas a las habituales, escuchando hablar diferente, viendo la convulsión política del país aunque yo con diez años, de política no sabía nada, sí me impresionaban las huelgas generales absolutas que hubo esos días.

Volamos a Lima, Perú, pasamos dos días y luego nos fuimos a La Habana. Nos hospedaron en el Hotel Habana Libre, estaban mis primos hijos de Ana María, y los cubanos y una mejicana que no conocía, hijos de Ernesto. Un país nuevo, un clima diferente, una familia henchida, acentos y razas novedosas, el conocimiento de un tío que había sido Tarzán pero ya había partido a los dominios de la eternidad. Todo nuevo.

El Hotel tenía 27 plantas, los huéspedes conocidos desayunábamos y almorzábamos en el Mezzanine, la cena en la habitación, la piscina, la cafetería o el Sierra Maestra en el 25. Un día todo el comedor estaba alborotado, iban y veían de una mesa a otra comentando que había habido un Golpe de Estado en Chile, yo paraba la oreja porque había estado hacía muy poco tiempo entre ellos, se hablaba de muertos, de bombardeos al gobierno, de todo lo que solía hablarse en esos años. A los pocos días La Habana se llenó de chilenos, y algunos vinieron al Habana Libre. De ahí me quedaron algunos de los mejores amigos de toda la vida y luego un puñado de novias.

Fue al primer país que viajé fuera del mío, tengo gente muy querida nacida allí, es país vecino del que me vio nacer, pasaron diecisiete años de dictadura feroz a causa de aquel suceso que inició la cabalgata de la muerte en todo el Cono Sur, ejecutada por Fuerzas Armadas subvencionadas por la CIA y que nos dejó a decenas de miles exiliados por una década, con padres presos, muertos y torturados.

Aquello tuvo lugar el 11 de Septiembre de 1973, definitivamente ese es mi 11-S, campeón en muertos y horror; no dio lugar a que se prohibiesen las botellitas de agua en los aeropuertos y no se tomó venganza alguna contra sus ejecutores.  Y también debería ser el de millones, que abducidos por una inyección de superioridad colonizadora lloran otra tragedia, tan cruel como ajena.

 

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Published by martinguevara - en Opinion crítica.
5 agosto 2021 4 05 /08 /agosto /2021 09:23

Andaba jugando con Fernando en el lobby, cuando entró un hombre vestido de pantalón blue jean de pata ancha, camisa apretada poblada de colores, chaqueta de jean, zapatos plataforma, y el pelo al modo afro, con una mujer tomada de su mano vestida igual  y con el pelo aún más largo hacia arriba, un niño con un pantalón jardinero de jean, zapatillas y también afro, y una niña más pequeña también colorida en su indumentaria. Caminaban como salidos de una película, y cuando pasaron cerca escuchamos que hablaban en otra lengua. Por el hotel pasaban unos días o semanas niños africanos hijos de algún revolucionario de los que en aquellos años intentaban descolonizar sus países, pero aún cuando eran de la misma raza, no tenían nada en absoluto que ver con esa imagen. Era la familia Newton. Huey era el nombre del padre, su mujer se llamaba Gwen, su hija Jessica y nuestro nuevo amigo: Ronnie.

Ronnie hablaba muy poco español, había estado unos meses en otro lugar de la isla, cuando quería que fuésemos a dar un paseo fuera del hotel, decía, “Marchín, Fernano, vamos a cambia por e caji”-, nos costaba entender esa jerigonza pero en la medida que fue mejorando el castellano, empezó a traducirlo como  “vamos a caminar pore calli”  y recién ahí lo comprendí, aunque siempre como si lo hubiésemos comprendido, cuando decía aquel galimatías, salíamos a echar ese pisteo por el barrio.

En aquellos años sonaba Jackson Five, “María” cantada por un jovencito Michael, Ronnie tenía el pelo como ellos y bailaba el mismo boggie-boogie auténtico. Los norteamericanos que solían pasar por el hotel eran progresistas, antirracistas, antiimperialistas, pero por lo general desde una perspectiva pacifista, los Black Panther en cambio abrazaban la lucha armada, pero para la autodefensa, no tenían como objetivo la toma del poder de los EEUU, lo cual revela cierto nivel respetable de cordura y sentido común. Aunque en realidad su mayor actividad y aportes fueron en el terreno de la asistencia social, tanto cultural, de conciencia, como de proveedores de alimentos en los casos más necesitados.

Las dos aberraciones más terribles que ha vivido la humanidad desde que existe recopilación de nuestra Historia como humanidad, son el Holocausto en el siglo XX y la esclavización de africanos durante dos siglos y medio, en algunos casos casi tres siglos, siendo lo más terrible en los primeros años de tráfico .

La totalidad de los inmigrantes africanos a tierras americanas se produjo por medio del uso de la más cruel de la fuerzas. En ningún caso emigraron por sus deseos ni por sus medios, y mucho menos para convertirse en casi el cien por cien de los casos en esclavos, escapando de esta suerte un reducido grupo en Centroamérica, que ha vivido todos estos siglos sin haber pasado por el látigo, ya que fueron tres galeones que se quedaron sin dueños y resultaron libertos. Los únicos casos entre los millones de africanos que fueron transportados en galeones a América para trabajar en el nuevo continente.

El grueso de los esclavos que llegaron a EEUU fue después de la Independencia, en el siglo XVIII, antes eran cantidades residuales. Las grandes mayorías de flujos de esclavos africanos fueron a parar a las plantaciones del Caribe y Brasil, donde morían muy rápido por las condiciones de vida y trabajo, por lo que había que reponer permanentemente mano de obra nueva desde África. En los EEUU se reprodujeron en mayor cantidad y velocidad por las menos miserables condiciones de vida y trabajo. Llegaban tanto desde los puertos de Méjico y San salvador de bahía como desde Liverpool. Cabe destacar que además de la avaricia y escasos escrúpulos europeos, en este tráfico participaron reyes y jefes de tribus africanas, el rey Ndongo de parte del Congo se convirtió en un acaudalado esclavista suministrando esclavos a portugueses y holandeses. En EEUU se dio la particularidad que durante mucho tiempo convivieron Maryland, esclavista, y Pensilvania, abolicionista. En 1860 se decreta la abolición dela esclavitud, y la vida de los descendientes de africanos mejoró considerablemente respecto de lo que era, pero aún estaba muy alejado de poder considerarse ciudadanos de pleno derecho.

Black Panthers Party, se fundó en 1966, concentró su mayor actividad en la ciudad de Oakland, su nombre se debe a la característica de la pantera negra, que es un felino que no ataca, sino que lucha para defenderse. Fundamentalmente era un Partido de autodefensa de las comunidades negras en los Estados Unidos, llegaron a tener miles de militantes y a tener representación en varias ciudades, no era una organización clandestina, pero sí fue duramente perseguida y atacada. Plantearon diez puntos sobre los cuales se asentaba su condición de partido en su afán de servir. Protegían a la población de los abusos policiales, enseñaban a leer, intentaban sacar a los jóvenes de uno de los trabajos caminos que se les ofrecía con garantías: la delincuencia, la venta minorista de drogas. Intentaban dotar de dignidad a la oblación negra. Esto supuso ataques subrepticios directos por parte del FBI. Hoover declaró en una ocasión que eran el enemigo número uno de la sociedad. 

Producto de esa persecución, se exilió en Cuba Huey y su familia. Una detalle al dorso: el único programa de radio en Cuba que reproducción música funky, rock y blues, “Now” lo había establecido un militante de los Panthers exiliado a finales de los años sesenta. Media hora de buena música a las seis de la tarde.

Todas las habitaciones del hotel tenían balcón y era un punto de interconexión. Un día de gran tedio probé la diversión de pasar de un balcón a otro. Mediaba la pared que daba a la otra habitación, pero la baranda era generosa en vericuetos donde introducir los dedos pudiendo asirme de forma segura. La parte de abajo dela baranda dejaba un espacio perfecto para poder mantener el pie firme sobre el suelo, lo demás era agilidad propia de la edad. Era una condición sine qua non no mirar hacia abajo, ya que había 21 pisos y daba impresión de estar en el vacío al pisar del otro lado de la baranda. La vez que cometí el error de mirar, mis dedos se hicieron pequeñas heridas de lo fuerte que me así de los agujeros de metal de la baranda.

Y entonces les propuse un juego a los muchachos. Fernando, Ronnie y Pedrito. Una competencia, a ver quién recorría más balcones, Fernando y yo fuimos los que llegamos al límite establecido por unos cuantos metros de pared hasta que comenzaba la otra hilera de balcones. Tras ese límite había que regresar. Cuando soplaba el viento, y a veces soplaba fuerte, sentía como la especie de libertad que los motoristas describen cuando alcanzan gran velocidad en sus recorridos por carreteras semivacías, aquel viento cargado de salitre despejaba todo obstáculo, así que cuando probé colgar del lado de afuera del balcón a veintiún pisos, era como si a la moto la propulsase una bocanada del mismo Barrabás.

Un día un transeúnte entró al hotel a comunicarle a la seguridad que había visto a unas personas pasarse de una habitación a otra en lo alto. Poco crédulos, se lo comunicaron a los padres de los supuestos escaladores, y estos nos preguntaron si hacíamos tal cosa a lo que respondimos, por supuesto, que no.

Un día regresando a mi balcón del que habíamos partido, vi los trofeos que se había cobrado un ruso que estaba hospedado por un trabajo técnico temporal, dos habitaciones más allá. Tenía una bolsa con agua y aguas malas adentro, unas estrellas de mar y un par de caracoles cobo, que se deben dejar al sol para que la sigua , el huésped que lo habita, salga y pueda ser arrancado, cosa muy difícil porque están pegados por la cola al final del laberinto del caracol. Esos caracoles con nácar, los típicos que parecen sonar a mar, usados también por las tribus antiguas para avisar, como una trompeta, eran muy codiciados por los extranjeros, y sobre todo por los rusos. O, los pescaban o los pagaban hasta en cien pesos cubanos que por entonces era mucho dinero, el salario mínimo estaba en noventa y seis pesos, pero no regresaban a su tierra sin uno de esos. Había otra manera de sacar la sigua, que es hirviendo el caracol, pero las habitaciones no tenían cocinas. Además para mantener el nácar intacto y brillante lo mejor es dejarlas al sol.

Al regresar de mi bojeo, propuse la broma de tirarle sus botines de mar hacia el vacío. Estuvimos todos de acuerdo, así que primero nos fijamos bien que el ruso no estuviese en su habitación yendo a golpear la puerta previamente y escondiéndonos para que en caso de que estuviese no nos reconociese. La primera vez estaba en la habitación. Al día siguiente lo volvimos a intentar y al golpear en repetidas ocasiones su puerta constatamos que no estaba en la habitación. Crucé los balcones, y tiré primero la bolsa con aguas malas,  luego las estrellas de mar y un caracol, y me quedé mirando como éste recorría todos los pisos hasta que dio con el techo rojo del tercer piso. La calle quedaba unos cuantos metros más allá y, fue tal el estruendo que hizo para hacerse añicos, que regresé a la habitación casi de dos saltos. Estábamos eufóricos con esta nueva picaresca.

Cuando el ruso regresó a la habitación, armó un lío tremendo llamando a la recepción, pero era inaudito que alguien penetrase a su habitación para robar esas pertenecías que en Cuba no significaban gran cosa, hasta que descubrieron que estaban en el tercer piso destrozadas. Cuando nos cruzábamos al ruso en el pasillo, el ascensor o en el lobby nos miraba como intuyendo algo, seguramente, era más una percepción nuestra por el cagazo que teníamos de que nos descubriese.

Al parecer que le dieron credibilidad a la versión del transeúnte, nos estaban vigilando y cuando ya había regresado el vecino a su tierra caucásica sin sus souvenires, nos sorprendieron en nuestra diversión, pero sin tirar nada de nadie. Así que nunca se pudo probar que fuimos nosotros los que privaron al ruso de regresar con la sigua y las estrellas de mar, aunque pasamos unos días castigados sin salir de la habitación tras regresar del colegio.

Los castigos eran más duros para unos que para otros, a Fernando, sus padres lo llevaban tenso si alguna queja llegaba a la habitación de Dina y Jorge, pero al pobre Ronnie le tocaban más días de castigo e ir a dormir más temprano.  El padre era recto, le había puesto una condición para poder quedarse jugando más allá de las siete, hasta las nueve de la noche; nadar cuarenta largos en la piscina del hotel. No sé si la idea surgió de que yo nadaba cada día esos cuarenta largos aunque terminaba con los pulmones en la garganta, dado el esfuerzo sumando a mi asma o fue pura coincidencia. Recuerdo un profesor de buceo que me dijo que para el buceo no es recomendable el asma, pero para el asmático el buceo y la natación son espectaculares. Años más tarde trabajé en un yate como buzo de una estrella, y recién cuando llevaba tres meses de graduado y varios buceos hechos me descubrieron el aparatito del asma en el camarote, pero ya era parte del equipo. Lo cierto es que pasé las pruebas por haber pasado bueno parte de mi juventud en el agua nadando, poniendo a prueba el límite de mis pulmones, que siempre se cansaban antes que mis escuálidos muslos y pantorrillas.

Ronnie empezó a nadar cuarenta largos desde el primer día, y terminó cansado, pero ya el segundo día los terminaba como si se tomase un vaso de agua. Yo no lo podía creer, a mi cada día me requería el mismo esfuerzo, y este monstruo los hacía de “taquito”. Al principio nadábamos a la misma hora, pero al sentir la mordida del agravio comparativo, y más aún teniendo en cuenta que yo era el “hombre de los cuarenta largos” empecé a ir más tarde o más temprano.

Cuando Huey vio que Ronnie conseguía todos los días quedarse hasta las nueve, le cambió el reto; tenía que ganarle a las damas, y eso ya era más complicado, porque Huey había sido muy bueno a las damas, como también había sido el hombre que comía más caliente en su pueblo de Luisiana, lo cual explicaba que a menudo llegase de la mano de la camarera del restaurante un plato mucho más humeante que los demás. Algo muy norteamericano ser el mejor en una cosa, en lo que sea, el asunto es no figurar destacado en el menos atractivo de los extremos antagónicos: ganador/perdedor. Entonces Ronnie tuvo que buscar alternativas y esforzarse más que con el nado, para seguir hasta más allá de las siete de la tarde con el resto de pibes, porque ganarle a Huey a las damas, no era fácil.

Cuando yo veía estas relaciones filiales, tanto de Ronnie, como de Pedrito o Fernando con sus padres, aunque fuesen regaños, los dedos del pie se me encogían dentro de las zapatillas, y los oídos se me cerraban produciendo sonido sordo, a medio camino entre el ruido del paso de un tren y una ventisca constante, que me ayudaban a disipar la imagen de ese instante de ternura que había presenciado y del que yo, dadas las circunstancias, carecía.

Jessica era de piel un poco más clara que Ronnie, como la madre, se hizo amiga de mi prima. Era una niña alegre, se reía con cualquier simpleza que hacíamos que no llegaba ni al esbozo de chiste. A veces les mandaban chicles de verdad, en Cuba no había ningún tipo de goma de mascar, las inventábamos con la leche de los caimitos, una planta que daba unas bolitas como uvas, de las que había detrás de Coopelia. Eran de sabor amargo pero tras masticarlas un poco sacaba una leche, se escupía la semilla y la piel, y con eso se hacía una especie de chicle insípido. Había quienes le ponían pasta de dientes para terminar de armar un chicle casi perfecto, al que no obstante, en tres masticadas se le iba el sabor. En este sentido no eran muy distintos de los otros chicles que se podían encontrar más comúnmente en el hotel, los del campo socialista, que traían búlgaros, checos, alemanes de la RDA. Nosotros le llamábamos chicles rusos, pero no, en Rusia tampoco había, eran durísimos, sin gracia la envoltura, pero al menos se mascaban más tiempo que el caimito, Eso sí, había que pedírselo a los que por la razón que sea estaban hospedados en el hotel, yo no me atrevía. Antes de caer preso mi viejo nos mandó un paquete con golosinas y algunas camisetas con onda, el olor de los chocolates, alfajores, o chicles de tutti frutti era como entrar en un sueño donde me encontraba en mi primera niñez, un pedacito de mi país de mi escuela y amigos en el sabor de unos chicles y unos chocolates. Pero no me gustaba masticarlos fuera del hotel, eso de tener lo que los demás no tenían ya estaba cubierto con creces con lo que teníamos en el hotel, sin jamás hablarme de comunismo en Argentina, me habían educado para ser sensible a cualquier diferencia social notable.

Pero quien más solía andar con esas gomas de mascar era Ronnie, también por eso le echaban la culpa las ascensoristas cuando, al cabo de haber masticado esas gomas hasta que el sabor ya era agrio de chapistería, se lo pegábamos en el asiento en que se sentaban cuando el ascensor subía. Y en parte porque era el único negrito de los amigos, seamos justos, racismo había mucho menos en Cuba que en EEUU, pero subrepticiamente permanecía.

Una vez se fueron a EEUU y trajeron provisiones de golosinas “yumas” para semanas. Cuando ya nos habíamos olvidado que Ronnie tenía chicles, aparecía con un nuevo paquetito amarillo de tabletas imperialistas de tutti frutti.

Los chicles, las golosinas, la ropa de moda, la música llamativa, cualquier objeto que mostrase que en su confección había contado con un departamento que tuviese en cuenta el “buen gusto” era considerado sospechoso de enemigo de la clase obrera, de la construcción de un sistema social en que la “diferencia” no se establezca como un valor, en que el brillo no radique en lo que se posee, sino en lo que se es. En cierta medida recordaba a la condena de la Iglesia al chocolate en el viejo Méjico, por considerarlo afrodisíaco e inductor de estridencias y libertinajes pergeñados por el demonio. Algo así, esas líneas y colores demasiado estéticos, podían pervertir el verdadero sino de la clase obrera que era lo contrario a asemejarse a las pretensiones burguesas.

A veces, cuando iba a buscar a Ronnie a la habitación me quedaba un rato en silencio para escuchar la música que Huey y Gwen ponían en su habitación. Mucho James Brown, mucho Groove. Una vez los vi a los cuatro bailar en rueda, daba gusto, los afronorteamericanos y los afrocubanos, aunque hablasen lenguas diferentes tenían ese común denominador, sabían bailar sueltos, haciendo muecas, figuras, eran contenedores de ritmo que a una hora del día se tenían que soltar, fuese en una conversación con mímica y ademanes, gesticulando el lenguaje corporal de la “guapería”, describiendo en el aire un arco con la mano partiendo desde debajo del mentón hacia adelante acompañándolo de ¿que volá? ¿qué pinga es? o, simplemente siguiendo los vaivenes de los sonidos acompasados.

 

Solo veía bailar en la escuela, pero cada cuadra estaba organizada por Comités de Defensa de la Revolución, que en un inicio, allá por los sesenta, había servido para combatir la contrarrevolución, pero con el tiempo y la ociosidad, había terminado por convertirse en una obligación de reuniones rutinarias, guardias nocturnas en las que se alternaban todos los vecinos, denuncias a quien escuchaba música  y programas de radios estadounidenses, que dada la cercanía, llegaban con cierta claridad en onda corta y en frecuencia modulada pero también cumplían un cometido más hedonista; las fiestas de la cuadra. Un día que me había entretenido en la cuadra de Evelio, primero comiendo en su casa, donde su madre Elsa hacía unos huevos y papas fritas con sabor a casero, que extrañaba, mientras los demás deseaban comer las langostas y jamones que yo comía en el hotel y, después profundizando la amistad con Jacko, un perro pastor alemán que tenía un vecino en un patio trasero de la calle J entre 21 y 23. Cuando estaba por irme al hotel porque ya empezaba a oscurecer, comenzó una fiesta del CDR. Todos bailaban, acaso unos mejor que otros, pero ninguno se quedaba sentado, todos adultos; la canción que sonaba y que ponía a mover el esqueleto hasta a los gatos ajustados de la cuadra, decía “tiene mendó, tiene mendó, el ritmo Upa Upa tiene mendó”. Casi hasta consiguió que mis brazos, piernas y caderas pudiesen seguir el compás.  Para mí, lo que escuchaba Ronnie y su familia era una traducción al inglés norteamericano del ritmo Upa Upa de Pacho Alonso.

 

Ronnie, Jessica y sus padres, Huey y Gwen cuando llegaron a Cuba, Fernando Evelio y yo en mi habitación
Ronnie, Jessica y sus padres, Huey y Gwen cuando llegaron a Cuba, Fernando Evelio y yo en mi habitación
Ronnie, Jessica y sus padres, Huey y Gwen cuando llegaron a Cuba, Fernando Evelio y yo en mi habitación

Ronnie, Jessica y sus padres, Huey y Gwen cuando llegaron a Cuba, Fernando Evelio y yo en mi habitación

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Published by martinguevara - en Opinion crítica.
13 julio 2021 2 13 /07 /julio /2021 21:06

 

Como por casualidad o por azar, la explosión social sin precedentes desde el primero de Enero de 1959 en Cuba, me tomó de sorpresa como a todos, pero no desprevenido, es como si hubiese sentido el rumor de una ola desde una lejanía inusual antes de la llegada del tsunami. Pero esto no obedece a poderes mágicos adivinatorios o a un sexto sentido para el vaticinio, sino que cada día me llegaban noticias del empeoramiento del Covid 19 y con ello del suministro de los demás medicamentos, ya habitualmente escasos y “perdidos” en la isla, unido a la mayor escasez de alimentos, las batallas por el pollo, esto sumado a las cada vez mayores dificultades para hacerse con moneda divisa, que es con la única que pueden adquirirse alimentos, medicamentos y enseres de primera necesidad.

 

 El crecimiento del Covid 19 cuando más pecho sacaba el gobierno por la vacuna cubana, la carestía y la carencia de comida, medicinas, artículos de todo orden para la vida cotidiana, los interminables cortes de luz y agua en pleno verano caribeño, fueron ya demasiado para un pueblo que lleva generaciones de prohibiciones y de obligaciones a cambio de salud y educación gratuita, que incluso estos, en las últimas décadas, han ido mermando en calidad de manera vertiginosa.

 

La mecha se encendió en San Antonio de los Baños, población popular del sudoeste de La Habana, multitud de personas salieron a las calles al grito de ¡Libertad! y se extendió por toda la geografía nacional, replicándose en pueblos de trabajadores, exclusivamente de gente humilde. Ese es el rasgo más doloroso para lo que pudiese quedar del espíritu verdaderamente socialista de la Revolución, que la rabia está en los pechos y las gargantas de la población negra, mulata, de machete en la zafra, de bolígrafo en la universidad, de guardias eternas del CDR. Jóvenes que hasta antes de este grito de ¡basta! no veían otro futuro que irse afuera del país.

El alcance, la profundidad, el sustrato de ideas y de propuestas que guía la expresión de lucha, resumida en la consigna más difundida: “Díaz Canel singao”,   da la pauta del resultado del nivel de educación, intelectual, de preparación actual, al que la Revolución sometió al pueblo, luego de, ciertamente, en los primeros años haberlos alfabetizado. Acaso no haya mejor consigna, para también describirse a sí mismos y decir: “miren lo que nos han hecho”.  Una generación que usa el sexo como medio para escapar del país, que roba al estado, que no siente remordimientos de engañar, robar a todo aquel que puede proveer un “escape, un salve”,  una generación que estaba comenzando a desandar el camino de la alfabetización, cada vez con peores maestros, con un desinterés casi absoluto por la cultura, por los aspectos de la vida que no estén anudados a las necesidades fisiológicas más inmediata. Esa generación ha dicho ¡ya no más! Y ha vuelto a sentir el placer inigualable de la rebeldía, de sentirse cubanos de honra, de elevar el gentilicio de “cubano” hasta equipararlo al de la lucha, al del valor, al de las esperanzas, al de la unión, por primera vez en mucho tiempo no debe emplear el valor en huir.

Ya lo han probado en este grito, en este atreverse a lanzar piedras contra tiendas de comida y entrar a consumirla, de dar vuelta patrullas de policía, cosa que pensamos que jamás llegaría a pasar por el nivel de inmovilismo a que someten las dictaduras del proletariado  a sus pueblos, que como la Iglesia en el medievo hacía sentir culpable al justo, torturado por el precursor del bien, consigue raptar el lenguaje de la justicia social y hacer suponer que todo lo que sea ir contra su doctrina, forma parte del mal.

Y la diferencia con los hechos del maleconazo de 1994, además de la envergadura, el alcance y el calado, es que ya no está Fidel para dirigir la represión, al cual por una cuestión histórica se le temía en partes iguales a como se le respetaba. Ni siquiera está Raúl, a quien solo se toleró por ser hermano de Fidel. Está el “puesto a dedo” Díaz Canel, a quien con todo a favor para buscar nuevas herramientas para satisfacer las infinitas demandas ciudadanas, andando sendas de apertura y cambio con la ventaja de tener el control, solo se le ocurre la idea de dar la orden de reprimir, de condenar a quienes ya no soportan más, de acusar de obedecer al imperialismo a ese pueblo mestizo y trabajador alejado de los barrios pudientes de dirigentes y de empresarios afines, alentando a la enorme masa de cubanos que no querrían perder sus míseras prebendas en una sociedad que exigiese alguna aptitud, a salir con furia a golpear a sus hijos y hermanos.

Cuando Lech Walesa lideró las protestas que culminaron en la caída del régimen en Polonia, la agencia TASS soviética dio la orden a todos sus satélites de publicar, que eran escaramuzas alentadas por la CIA, y esa versión se dio en la prensa y la TV cubana. Agentes de la CIA camuflados en los espigones y las minas de Gdansk, como hoy lo están disfrazados de hijos de obreros y campesinos afrocubanos en los pueblos y ciudades del interior de la isla.

La esperanza que albergo, y la baso en el conocimiento de al virtud y la ética del cubano, es que en caso de continuar las manifestaciones, y las detenciones arbitrarias, y la situación adquiera matices de rebelión, el ejército no dispare contra su pueblo, aunque “Puesto a dedo” llegase a darles tal orden.

También debe abrirse el embargo/bloqueo, una medida más pertinenete a una dictadura que a la democracia por excelencia, y una vez entendido que es tiempo de cambios sin sangre, los caminos para una sociedad más abierta, participativa, desarrollada, plural, están todos virgenes para ser explorados. Con todas las sensibilidades ideológicas, filosóficas y culturales cubanas en la palestra.

Ese será otro reto, para los retrógrados de la otra cara de la moneda, y no será un reto menor.

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Published by martinguevara - en Cuba Opinión Cuba flash. Opinion crítica.
2 julio 2021 5 02 /07 /julio /2021 22:50

Desde que nací viví guerras, dictaduras, hambrunas, pero nunca como hoy una tragedia para todo el mundo por igual.

Nunca se llegó a este nivel de globalización ni siquiera en la Segunda Guerra Mundial, donde se viese afectado el mundo entero, como un volcán, un terremoto, un tsunami universal Cada uno en su idioma hoy debate si es mejor usar mascarilla, cual de ellas, cuando y donde; si es mejor vacunarse con Astra Zeneca, Pfizer, Sputnik, Moderna, Janssen, si conviene salir o quedarse en casa, si la sobreprotección es sinónimo recorte de derechos humanos o es el clímax de dedicación a gobernar. Un punto de inflexión, un hito de igualdad, que ojalá si se vuelve a producir algún día, sea en el ámbito de algo feliz.

Aunque, quizás nos conforme más como especie la tragedia que la dicha, como culminaba el maestro Jorge Luis Borges su poema "Buenos Aires", en el cual decía sobre su ciudad:

 

 "...No nos une el amor sino el espanto/

Será por eso que la quiero tanto."

 

Quizás nos una más el espanto
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Published by martinguevara - en Europa Aorta Opinion crítica.
17 marzo 2021 3 17 /03 /marzo /2021 00:31

Llegó el día que me tocó dejar la pañoleta de la primaria. Se acabó el verano y empezaba un año escolar nuevo, pero en la secundaria. Mi madre y los del ICAP habían decidido que como era casi norma general entre los hijos de exiliados, fuese interno a una escuela al campo, lo que se denominaba de manera coloquial “la beca”, porque sus siglas eran ESBEC, Escuela Secundaria Básica en el Campo. Yo no estaba particularmente interesado, mis amigos seguirían la secundaria en la ciudad, y eso de crecer era algo para lo que no me sentía particularmente preparado.

Una camisa celeste, pantalón y corbata azul, zapatos kikos plásticos, una maleta con algo de ropa y poco más, y a la parada del autobús que nos llevaba a la beca a Quivicán. La escuela se llamaba “Amistad Cuba Canadá”.

La idea de que los adolescentes estudiasen y trabajasen se le había ocurrido a Fidel como manera de aprendizaje temprano de la disciplina de trabajo, de los rigores de estar lejos de casa, y de paso dar un aporte a la producción, que no a la productividad, para el sustento de la educación. Para ello le echó la culpa a José Martí, pobre apóstol, desde que fue abatido en Dos Ríos, le venían atribuyendo cada vez más responsabilidades. Martí había reflexionado sobre la conveniencia de que los estudiantes aprendiesen algún oficio mientras cursaban sus estudios y se preparasen para la vida, pero ni remotamente participó de aquel esperperto experimental hijo de la idea de que la familia es una cualidad o un defecto de la burguesía.

Eran dos edificios, uno para estudios, el otro de albergue, donde se disponían literas de dos camas en fila. La mitad de los alumnos estudiaban en la mañana y trabajaban en el campo en la tarde, la otra mitad viceversa. En aquellos campos se sembraba y cultivaba la fresa y la papa, el trabajo consistía en desbrozar la hierba mala los surcos de fresa con una guatca o azada. Tras los tres surcos que tocaban por cabeza, la zona lumbar nos quedaba arruinada. Cada brigada tenía un jefe de brigada que por lo general era un mal estudiante, repetidor de grado, pendenciero, con quien nadie quería tener un mal entendido. Por encima de ellos estaba el profesor, que nunca aparecía por los surcos, y al mando de ellos, el guajiro que gestionaba la zona y conocía el trabajo. Una vez uno de esos guajiros me confesó que ningún campo trabajado por los chavales de las becas era redituable, generaban pérdidas. Las mujeres hacían los trabajos menos duros, pero las mismas horas.  Esa idea de que la mujer es más frágil en los trabajos duros, nunca fue demasiado combatida por el feminismo, así como tampoco la de que en caso de emergencia, mujeres y niños se salven primero, a diferencia de la emancipación femenina para ocupar los cargos directivos.

La ropa de estudio y de trabajo la proveía la escuela, zapatos y botas incluidas. Tres comidas, merienda, entrábamos los domingos y salíamos los sábados por la mañana. Hice un amigo particular, Juan José Sánchez, hijo de Sacha, una militante revolucionaria argentina, y de padre boliviano también revolucionario pero separados, Juanjo nació en Bolivia pero era argentino y se estaba volviendo cubano igual que yo, tenía una hermana desaparecida en Argentina, Graciela, que al ser detenida estaba embarazada. Vivía en el Hotel nacional, a unas pocas cuadras del Habana Libre.  Unos años atrás había tenido un grave problema en el corazón,  lo tuvieron que operar y quedó perfecto, sólo le quedó de recuerdo una enrome cicatriz en el pecho. Mis primos le pusieron el mote de “corazón” un lindo apodo más allá de que le pudiese recordar el pos operatorio. Sacha, la mamá de Juan José cuyo verdadero nombre era Matilde Artés, fue la primera abuela en econtrar a su nieta desaparecida años más tarde en democracia en Argentina, el famoso caso de la niña Carla Rutilo Artés, la primera recuperada de las manos de los asesinos de sus padres.

Con Juanjo pasábamos horas charlando de mil temas, las cosas que se nos ocurrían, que añorábamos, las chicas, sobre las cuales yo empezaba ya a tener un secreto interés muy acuciado, aunque sólo se resolvía el desenlace en la intimidad que ofrece la manta una vez que los demás duermen.

La parte en que tocaba estar en el albergue era jodida. Era el medio ambiente soñado de los guapos y los repetidores, que se amigaban con los mismos profesores que no los querían ni ver en las aulas, porque eran quienes podían manejar a los alumnos, así los profes tenían más tiempo para andar en los pasillos ya no iluinados con las profes. Los abusos de los más fuertes con los menos afortunados muscularmente hablando, eran frecuentes y a menudo se pasaban de la raya y dejaban a alumnos muy tocados, con miedo a ir al albergue, incluso con miedo a llevar algo rico para comer desde la casa por temor a que los guapos le abriesen la maleta y se lo quitasen, o si lo escondía mucho, le diesen una buena paliza. A mi me robaron muchas veces, denunciarlo era ser chivatón, se lo contaba a mi madre cuando iba de fin de semana al hotel, pero ella no podía hacer gran cosa excepto hablar con el director o con alguien del ICAP cosa que yo le pedía que no hiciese, sería peor, lo que yo quería era que me sacaran de la beca.

Hasta un día que empecé a desquitarme robando yo las cosas que veía fuera de las maletas, pero así como las robaba las tiraba por la ventana al barro. Camisetas, botas de campo, medias, calzoncillos, todo lo tiraba, y rompía maletas cuando no había nadie en el albergue. A veces faltaba a un turno de clases para ir al albergue vacío y poder tirar todo lo que encontraba y romper maletas de guapos y de profesores que también eran abusadores. Un día me descubrieron y me chivatearon a dirección. Se armó un lio, y cuando me llamaron dije que llevaba meses aguantando esos abusos, así que decidí cobrármelos como podía. Llamaron a mi madre, pero fue mi abuelo, aunque para montar un buen lío, se encerró en la dirección con el el director que estaba asustado porque un mal entendido con el padre el Che no era cualquier cosa. Yo llevaba semanas pidiéndole al abuelo que fuese a recogerme un viernes como hacían los pocos padres que tenían automóviles o los que a veces iban en coches alquilados. Juan José y yo nos quedábamos en el balcón las noches de viernes charlando con la mirada puesta en la carretera, con la esperanza de que uno de los coches que aparecía fuese el Lada de mi abuelo, que también lo recogería a él.

El abuelo fue un día a buscarme, y luego fue ese día a ponerle los puntos al director, a decirle que iba a denunciar que en esa escuela nadie cuidaba de los alumnos. Antes que fuese el abuelo, yo, escuálido, cabezón, mucho más tendiente a la risa que a la bronca, ya estaba por subir un escalón en mi toma de justicia vengativa. Llevaba semanas con la idea fija de cómo meterle una puñalada en las nalgas mientras dormía a uno de los abusadores repetidores, que se quedaban con la comida de los demás y tiraba botas llenas de orin en la noche por encima de las literas de los chamacos en brazos de sus sueños. Por suerte o por desgracia hay unos límites que están más acá de lo que uno supone, y también por suerte llegó mi abuelo a poner de rodillas a aquel bastardo de director. No sé si habría pasado el resto del curso fantaseando con algo tan poco tranquilizante, si lo habría hecho con la mano temblando y no habría podido hacerle más de un rasguño, o le habría agujereado el culo como un colador, como deseaba ya casi más que abandonar aquel lugar. Pero en todo caso, suerte que ahí terminó todo, ninguna de las opciones habrían cosido los flecos sueltos que habían vagando mi hipotálamo.

 

Parte II

La mayoría de la gente que pasó por mi beca tiene alguno de estos recuerdos a no ser que fuesen los abusadores, pero a algunos aquellas experiencias les dañaron la vida. En mi albergue había un muchacho que era alto, y le llamaban “el perro”. Cuando llegaba la noche los repetidores y algunos profesores lo llamaban a su cubículo para divertirse tirándole alguna cosa al suelo y, haciendo que el perro la recogiese y se las llevase gateando. El perro ponía todo tipo de caras mientras los demás miraban, yo no podía asistir a aquel espectáculo humillante. El bullying entre estudiantes siempre existió, pero en la beca se potenciaba porque vivían todos juntos como en un gran pabellón de prisión. Un pichi corto fue expuesto sin la toalla que lo cubría al salir del baño, incluso delante de las chicas, a los más débiles los intentaban “coger para el trajín” que era como esclavizarlos, “ve y búscame esto” “lávame la ropa” “hazme las tareas” etcétera, en una escuela normal esas victimas de bullying regresan a sus casas cada tarde, por lo menos, pero en la beca pasaban la semana a expensas de la crueldad juvenil que ruge de manera natural en las manadas. También es cierto que esto ocurría en mayor o menor medida según que becas. Tengo también amigas mujeres que quedaron marcadas por la maldad de sus compañeras. Quizás una de las cosas que también procuraba enseñar la beca, es aprender a odiar el abuso, aunque a veces se corra el riesgo de reproducir patrones una vez crecidos. Aunque en honor a la verdad, los primeros callos que tuve en la mano fueron de aquellos trabajos, muchos no habrían sabido lo que es un callo en toda su vida, si no pasaban por la beca.

También es posible que la suerte, que ya me había regado con todos los perfumes de los que los cubanos carecían, hubiese decidido reservarme un tiempo de Cuba real, la tangible, una noción empírica de su esencia, para que así acaso valorase mucho más lo que se nos daba en el hotel. Visto en perspectiva sería bastante razonable. Que se yo, si lo inescrutable es el misterio o son los caminos.

Tras el incidente entre mi abuelo y el director me trasladaron a otra beca, la Máximo Gómez, en Güira de Melena,  con piscina, todo reluciente, la comida muy rica, en que no había ni rastro de ese tipo de elementos. Era una escuela ejemplar, allí aunque me sentía bien porque incluso estaba un primo, que me trataba como un hermano menor. Duré poco, porque ya mi madre había entendido que tras perder a mis amigos de Argentina, mi colegio y barrio, y luego mi padre, era conveniente que estuviese al menos cerca de lo que me quedaba, mi familia.

Aún así, puedo decir que la beca me fortaleció, me dio compañeros con los que conviví de una manera más real que en la dualidad esquizofrénica que se presentaba en el hotel, conocí el  campo cubano no para andar a caballo como solía conocerlo, sino para trabajar. Y es justo destacar que desde la guagua que llevaba a la beca hasta el jarrito para el café con leche o el yogur de la merienda eran sufragados por el Estado, el acceso a la educación era absolutamente gratuito y general. Conocí la existencia de los cantantes y grupos de música que estaban de moda, aún estando prohibidos, como Feliciano, Julio Iglesias, Roberto Carlos, y los ingleses y norteamericanos de los que de a poco me fui haciendo fan, Grand Funk Railroad, Rolling Stones, Deep Purple, Zappa o Led Zeppelin. Y por otro lado es cierto que no todas las becas eran como la Cuba Canadá.

Albergue de una beca

Albergue de una beca

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24 enero 2021 7 24 /01 /enero /2021 13:49

Louis Armstrong era todo un personaje, quizás el más importante en la cultura popular universal del siglo XX. El siglo XX fue Jazz, en lo referente a la inclusión del ritmo en la música culta ya lo había hecho Debussy y Satie al final del siglo XIX, con la inclusión del gong. Pero Scott Joplin y Jelly Roll Morton dieron melodia sincopada y ritmo acentuado y vivaz al aire con el Ragtime. Y aunque fuesen rollos de rag para piano, ahí se desató por vez primera en el primer mundo una música que incluye el ritmo desenfadado de los bailes tribales, la percusión típica de las teclas del piano dieron paso a un percepctible latido que marcó el tempo de ahí en más, en todas las músicas populares venideras hasta nuestros días.

Todos, desde el blanco disfrazado de negro Al Johnson, Bix Beiderbecke, Oscar Peterson, los blueseros Robert Johnson, Blind Lemon, o Son House quitan el lazo a ese regalo "nuevecito de paquete" pero nadie como Satchmo.

La voz, la trompeta, el compás, pero sobre todo la magia que vuela por encima del nuevo arte negro mezclado con el blanco, una especie de voodoo que llama al espíritu del esclavo John the Conqueror y que somete a toda la audiencia a su embrujo.

Armstrong fue injustamente calificado por los extremistas afroamericanos de Uncle Tom, un insulto como pocos para los negros norteamericanos, muy pocas veces merecido, aunque en alguna ocasión sí. Jamás en el caso de quien más elevó la cutura resultante de la extrapolación del africano obligado a emigrar entre muerte y terror, y su interacción a lo largo de dos siglos con lo mejor de las costumbres de las tierras de sus captores.

Un jugo de mango con fresas, de arándanos y piña.

Y aparte de toda consideración ética o histórica, pongan un disco de Louis en su spotify o sus headphones modernos y verán de que les hablo. El mundo fue Jazz, no sólo en música, la politica se vio atravesada por el ritmo, las costumbres se desataron el corset, la cultura popular universal tomó el poder, desde Mark Twain en carácter retrospectivo hasta los Beatles, los Van Van, los Stones o el rap.

Louis Armstrong disparó un revólver contra su padrastro abusador, le dio a Richard Nixon su maleta en el aeropuerto de Tokio, para que este lo pasase por el pasillo de diplomáticos conteniendo un kilo y medio de marihuana, nunca se mudó de su barrio, abrió el camino para el Swing, el Dixieland caucásico, y el Be bop.

Nos limpió el conducto que va desde el oido hasta la elevación de la alfombra persa, desflecada en un rincón, cada vez que escuchamos su trompeta y voz en alguno de esos blues, que por mandato divino, y por suerte para el resto, no logró como a la mayoría de sus colegas, llevárselo al despeñadero que hay justo detrás del cruce de caminos.

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Published by martinguevara - en Relax Opinion crítica.
8 enero 2021 5 08 /01 /enero /2021 15:02

Ha sonado más fuerte el estruendo de la derrota de Trump, que el jolgorio del triunfo de Biden

La gran mayoría de los estadounidenses estaban aterrorizados de cuatro años más de este constante de hostilidad e intoxicación de todas las relaciones sociales, familiares, laborales, practicando un agrietamiento, que se sabe, sólo conduce a la destrucción de los pilares de convivencia y por ende crecimiento de cualquier país.

Pero esos no eran todos, del otro lado había una inmensa cantidad de personas que consideraban, por diferentes razones, al emergente Trump como una suerte de Fidel Castro. Que los venía a salvar de las garras de unos políticos corruptos, inamovibles en sus cargos, en sus negociados, en sus servidumbres. Sí, aunque parezca sorprendente el paralelismo, tanto en psicología personal, como en fenómeno social más cercano que encuentro, es el de Fidel Guarapo Castro por esa capacidad de abducir o convencer, según quien lo juzgue. Sólo a él antes de a Trump, había escuchado decir, “quienes no estén conmigo están contra ustedes, salgan a aplastarlos”. Lográndolo impecablemente, aunque por razones distintas en apariencia.

Desde Europa comparamos a la ultra derecha estadounidense que consiguió aglutinar Trump, con la de los diferentes países europeos, que aún siendo distintos entre sí mantienen líneas de identidad gemelas, solemos cometer un craso error.

En Europa, es cierto que en los últimos tiempos la influencia estadounidense, ha provocado que se sumen sensibilidades que no provenían del fascismo. Pero generalmente deben su alcurnia a la defensa de las clases más altas, de la monarquía, de la xenofobia, de los nacionalismos excluyentes. En Estados Unidos es mucho más amplio el abanico, de lo que con los parámetros europeos, podemos llamar ultraderecha, por la coincidencia anti comunista.

Los sectores más extremos, aunque de tamaño residual provienen de organizaciones racistas, incluso esclavistas, del siglo XIX. Más adelante descienden de un anticomunismo que más bien afirmaba la identidad nacional toda vez que el comunismo se presentaba una amenaza exterior, no una corriente interna que tuviese la más mínima posibilidad de arribar al poder.  A diferencia de Europa.

Una gran parte de grupúsculos de ultraderecha de finales del siglo XX y del actual, defienden un EUU fuerte, la industria nacional, identificados tanto con los conquistadores del oeste como con los aborígenes. Amantes de los ranchos, caballos, animales autóctonos, como el oso, el lobo, el coyoye, el mustang, el águila real y el puma, de las armas, del dinero procedente del trabajo. Y reactivos frente a toda modernidad en las costumbres, las nuevas tendencias en comportamientos, tolerancia, pluralidad.

Religiosos de la antigua Biblia, donde Dios no era un sujeto del Bien o la razón, sino del poder, más proclives al “ojo por ojo”, que a “poner la otra mejilla” de Cristo. Figuras públicas exponentes de la derecha como Chuck Norris o Steven Seagal sienten una fuerte atracción por la cultura más autóctona, los aborígenes estadounidenses, incluso Norris se declara orgulloso de su ascendencia Cherokee. Muy por el contrario de la derecha estructuralmente racista con todas las etnias no blancas, en el continente europeo.

Luego se agrega un fenómeno creado por la Guerra Fría, la comunidad cubana en el exilio de Miami, que en esta ocasión, hicieron aún más suyas las declaraciones racistas de Trump contra inmigrantes centroamericanos. Les brindó la oportunidad de sentir superioridad frente a un sector de su propio rango, ambos inmigrantes hispanos. Pero en el caso de los cubanos, con derechos otorgados superiores incluso a los de un ciudadano británico para poder establecerse legalmente en el país. Paradójicamente gracias al enemigo del que escaparon, la revolución cubana. El trumpismo cubano, aún compuesto de mezclas de razas comunes en toda Latinoamérica, presenta el rasgo característico general de un profundo racismo, tan explícito como disparatado.

Además de estos sectores, que han sido los protagonistas de las mayores algaradas en estos años, con mayor presencia en los últimos dos meses, y su clímax en el asalto al Capitolio de Washington, hubo una enorme masa desencantada de la política tradicional. Que ha visto como en su país pasó de ser suficiente un trabajo para sostener un modo de vida de un más que aceptable confort, a no ser posible el mismo nivel ni siquiera con dos empleos. Y tragó los cantos de sirena y los elixires mágicos de un desequilibrado cantamañanas, que sin embargo poseyó el poder de convicción necesario para asegurar que, “aunque yo disparase a la gente en la 5ª Avenida de NYC, no perdería ni un solo votante”.  Cosa que hasta justo antes del fracaso electoral quedó patente, e incluso inmediatamente después, sus votos constituyen un récord para un candidato republicano, que no obstante fue superado por la gente asustada de sus locuras.

El esperpento del intento de Golpe de Estado, azuzado por el propio Trump abiertamente antes de producirse, y subrepticiamente tras el abordaje de los extremistas subversivos, no fue más que una continuidad de los exabruptos in crescendo de este personaje. Tan único como tóxico, ha ido tejiendo día tras día, desde su iconoclasta campaña electoral de 2016, insultando a incapacitados físicos, mejicanos o mujeres, pasando por elogiar a los subversivos armados de Michigan. Luego las acusaciones descerebradas de que alguien pudo introducir ocho millones de votos trucados, en la cara de todos los que trabajan en las mesas electorales,  consiguiendo que le crea el vulgo. Aunque ni una sola institución, FBI, CIA, policía, ejército, senado, congreso, ni juez alguno, le concedió la mínima credibilidad. Confeccionó una enorme manta hasta explotar en los acontecimientos desaforados de sus seguidores más violentos, en el Capitolio de la capital en pleno debate de investidura.

Recordemos que los primeros en reconocer a Biden fueron Alemania, Reino Unido, Francia y Japón, exponentes del capitalismo occidental y oriental, en cambio quienes se resistieron, apoyando a Trump, fueron AMLO, Putin, Xi Jinping y el Príncipe de Arabia Saudita.

¿Será Biden o Kamala en su caso, lo mejor para EEUU o el mundo? Probablemente no, pero con que devuelva cierto clima de normalidad, de concordia, y llegue a hacer olvidar la megalomanía de un embustero compulsivo, que como su madre imploraba, nunca debió haber ingresado en política, ya sería el mejor regalo que nos podía llegar en este año.

Sea como sea, no será inmediata la extracción de todo el veneno inoculado. Pero el trumpismo no es lo mismo sin el sustento de un púlpito central en el poder, para ejercer precisamente de lo contrario, de víctima. Y sobre todo habiendo perdido estrepitosamente un elemento sine qua non para ser líder dentro de la cultura estadounidense, tras tantas derrotas y tan seguidas: el brillo que reflecta la imagen del ganador.

Sabemos que si disparase a los transeúntes en la 5ª avenida, acaso no perdiese muchos votantes, pero si debe llevar durante cuatro años el cartel de “perdedor múltiple”, lo más posible es que no lo voten ni sus más acérrimos obsecuentes, guatacones, tracatanes, chicharrones, como se dice en buen cubano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Trumpista confederado tras asaltar el Capitolio

Trumpista confederado tras asaltar el Capitolio

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