argentina frizzante
Diego, Maradona y Pelusa.
Maradona, pobre, marcó su propio camino con insistencia a lo largo de muchos años. No le faltó atención de todos los que lo querían, desde sus compañeros de selección campeona del mundo, a la familia, deportistas italianos, e incluso Guarapo Castro que le ofreció varias veces toda Cuba para que deje de matarse de a poco.
Hay suicidas que en un acto desesperado que se presenta como una catarata durante un solo día deciden poner fin a la vida, algunos tienen todo menos amor, otros tienen amor menos dinero, otros una gran vergüenza, otros un gran fracaso, otros una gran decepción, otros sus condiciones genéticas, psiquiátricas, etc., no hay una sola causa. Y hay otros suicidas que van atentando contra su propia vida lentamente, erosionando cada célula, cada neurona, cada vena, articulación, quien viva en una gran ciudad los puede ver a diario, esa gente a punto de irse no cayeron ayer en la calle, es un largo camino de perder todo crédito social, todo sostén con la cordura, la dignidad. Maradona y sus tormentos, fueron mucho más allá que esos pobres desafortunados de la vida arrinconados sobre un contén de la acera, porque el mundo lo idolatraba pero esa pasión no era amor que cura. Terminó eligiendo a los peores acompañantes, que no solo no lo ayudaron sino que lo desvalijaron, lo pelaron y le llevaban todo lo que podía destruirlo para sacarle hasta lo último. Pero muchísimo antes de 2020.
En 1985 despidió a Jorge Cyterszpiler y contrató a Coppola. Absolutamente todo de ahí en más fue un drama, el desalmado representante un vivo, un aprovechado, un sorete, lo usó, lo exprimió, le chupó toda la sangre que pudo, desde cobrar sin saber Diego para poder incluso saludarlo, y siempre fuertes sumas para su bolsillo para entrevistarlo, a ganarle plata a la devolución de un Ferrari al dueño de la marca, un piola cagador. Lo acompañó a cuanta degradación se terciase. En un momento no le sirvió más para sus estándares y lo agarraron otros para sacar el jugo que queda en los gajos de las paredes, que en el caso de Diego siempre era mucho. Incluso la ayuda de Guarapo tenía un doble filo, él, que nunca ayudó a ningún deportista cubano consumidor de mil veces menos sustancias e igual de campeón, le dio clínicas, casas, mujeres y opacidad a su disposición también para aprovecharse de su fama y su imagen para influenciar en un "mercado meta" diferente a su clásica área de influencia en el mundo como comandante.
Obviamente no me refiero al usufructo de su imagen porque tendría que ser un libro este post, desde la dictadura militar argentina, a Japón, Italia, el gobierno de Cuba, Maduro, televisiones, marcas, diarios, periodistas, empresarios, etc., me refiero a los individuos aprovechadores directos de un drama interior inalcanzable para el común de los humanos.
Los juicios de valores contra las hijas y la ex esposa es lo más desatinado que hay. Nadie puede siquiera imaginar lo que es ser Maradona las 24 horas, no solo cuando volvía en el avión con la Copa del Mundo o regresaba de Milán a Napoli con el campeonato, sino siempre, a los dos, a los tres a los veinte años de dejar de jugar. Mucho menos se puede tener idea de lo que es ser hija de Diego, con hijos no reconocidos, ser las más queridas, pero a la vez abandonadas no por sus obligaciones financieras, sino por la necesaria presencia como ejemplo, en las reglas, nadie puede imaginar lo que dentro de esas nenas se pudo haber cocinado a fuego lento a lo largo de años, y los mecanismos de defensa para no enloquecer, sin uso de drogas ni de ningún aliciente, simplemente por el volcán vertiginoso de demencia en todos los sentidos, como la explosión permanente de una granada. Y Claudia, ojalá todos tuviesen una mujer así al lado, lo que ella fue de fiel y lo que aguantó fue de récord Guiness.
Es deseable que en el juicio se puedan establecer las responsabilidades y el dolo si lo hubiere, de quienes fueron los últimos en exprimir su imagen, su figura, para meterle las manos en el bolsillo y sacarles las monedas que le quedaban, más bien que él creía que le quedaban, porque semejante fama perpetua ni dejó ni dejará de producir cantidades importantes de dinero, y con inusitada crueldad y frío cálculo lo manipularon, acompañaron, hasta que llegó, su durante tanto tiempo labrado, trabajado, moldeado, ansiado final. No deslindo ni un centímetro de su responsabilidad eligiendo a los amigos, no paró de elegir lo peor, pero la culpa es de quien se aprovecha y hace el daño.
Ojalá esos condenados no liberen de culpa a todos los trepadores, sanguijuelas, buitres, aprovechadores que, si bien era decisión de Maradona acabar con el tormento del mito, gustosamente le allanaron el camino durante muchos años haciéndose tremendamente ricos.
Fútbol, metáfora e ingratitud
Es curioso lo profundo que cala el fútbol. No digo los deportes, sino el fútbol.
Sólo las Olimpíadas concitaban mayor atención que la fase Final del Mundial del Fútbol, el campeonato más largo, se juega durante 4 años, lo que solemos llamar el Mundial, es la fase final. Y lo pongo en pasado, porque para las nuevas generaciones esa fase final del Mundial es infinitamente más importante.
Ha habido numerosos estudios acerca del fenómeno del fútbol, algunos lo analizaron como distracción de masas, otros como gran cortina de humo, el día que un país sale campeón le pueden meter la ley que sea que no habrá ni uno en su Congreso, Senado, o plazas reclamando, estarán todos festejando. Otros analizan las implicancias y alusiones de tipo sexuales, tal es la razón que enoja más un cañito que un gol en contra, "les rompimos el orto", un deporte de soldados ingleses en tierra lejanas distantes de cualquier hembra, que no sólo tenía connotaciones machistas sino misóginas, en tanto la representación de la sodomización era entre caballeros, que intentaban a toda costa meterla y que no se las metan. Otros lo relacionaban con la guerra, otros con el barrio y muchas más ocurrencias.
Yo observé en primera fila dos fenómenos que me dejaron perplejo. Más aun que el conocimiento de que en el único caso que dos noruegos se encuentran en una calle a batirse con tubos de metal, es en la furia de las hinchadas de fútbol en una país en el cual de solo hablarle alto a un hombre de un metro noventa se asusta.
Se jugaba la final del Mundial del 2014 en Brasil, yo estaba en Beaverton, un suburbio de Portland, Oregón, empecé a ver el partido en casa de un querido amigo norteamericano, que incluso en otro viaje me enseñó a entender y a disfrutar del football de ellos en un sport bar asistiendo a una super bowl. Cuando terminaron los 90 minutos reglamentarios sin goles, noté el aburrimiento de Kenneth que no entendía la pasión por un deporte que podía terminar sin un solo tanto. Me excusé y dije que bajaba a tomar algo, ya tenía en mente la cantina mejicana que había a doscientos metros, apreté el paso para ver todo el tiempo extra, entré me senté pedí una gaseosa y alguna delicia y me dispuse a disfrutar del resto del encuentro. Frente a mi había una mesa alargada de mejicanos y delante de ellos estaba el televisor. Me dije "que bueno me acompañan hermanos latinoamericanos" , cuando Goetze metió el gol que al final definió el partido y el campeonato, se levantaron todos a gritar gol como si hubiese sido un mejicano, o como si los argentinos fuesen sus patrones estadounidenses que les exprimían todo el jugo tratándolos como un trapo de piso. parpadeé y volví a mirar para estar seguro de que no había sido un gol argentino porque la imagen de esa larga mesa festejando un gol ario era surrealista. El camarero se ve que les dijo que yo era argentino porque me miraron y algunos considerados se sentaron y apagaron el tono de su felicidad orgásmica mientras otros la estiraban espasmódicos.
Cuando el partido terminó 1 a 0 con ese gol celebrado por mis ex hermanos mejicanos, me levanté los miré y les dije:
-¿Saben lo que haría con ustedes Hitler, no? y me fui diciendo "jabón pero para cerdos" o no había ningún guapo de películas o el rojo de mi cara, las venas de mi cuello y las cejas erizadas eran tan superlativas que decidieron que tenía suficiente con el batacazo de la final.
Más recientemente, en el Mundial de 2022, desde antes de arrancar, las televisiones españolas, país que fue la Metrópoli de Argentina, la madre patria, exhibían sin pudor programas generalmente dominados por periodistas que responden al Real Madrid, deseando todo tipo de calamidades a la selección argentina. Un famoso cantamañanas que de fútbol sabe lo que yo de Física Nuclear, dio su predicción "campeón Brasil, revelación Vinicius, mejor jugador Cristiano, decepción Argentina y peor jugador Leo Messi", no solo no pegó ni una sino que salió todo lo contrario.
El último partido empecé a verlo en un pub de la plaza Mayor de León donde habían decidido congregarse la mayor cantidad de argentinos que yo había visto en esta ciudad coqueta pero de modesto tamaño. Cuando tras un dos a cero con baile incluido, le dieron un penal a Mbappé, me largué de ahí porque no quería ni ver como la embocaba, cuando salí escuché a los de la mesa de afuera, españoles, gritar gol con el mismo rugido en la voz que aquellos mejicanos ocho años atrás había gritado el de Goetze. Cuando casi había atravesado a pie toda la plaza volví a escuchar el grito aun con mayor énfasis y prolongación de los mesas de afuera, lo que en España se denominan terrazas. No lo podía creer, Argentina había avasallado, humillado a Francia, les había dado un baile de novela y de repente, literalmente en menos de lo que canta un gallo, dos goles.
Caminé hasta un bar donde la tortilla de tapa es formidable y pensé si perdemos al menos saboreo algo. Ahí vi el gol de Messi en tiempo extra y solo un hombre mayor y yo lo gritamos, yo como desaforado, la que atendía la barra era dacia y se notó molesta con el gol y con mi euforia. Al poco rato le dieron otro penal a Mbappé y cuando lo metió, el resto de parroquianos saltó de las banquetas a gritar gol poseídos por el espíritu de los mejicanos y los de las terrazas.
A esa altura antes de llegar a los penales creo adecuado hacer un apunte, el segundo carnicero que mas españoles mató en toda su historia fue Franco, pero el primero fue Napoleón, más de un millón de españoles murieron luchando contra los invasores. En contraposición tenemos que millones de españoles salvaron sus vidas o aplacaron un hambre feroz, un hambruna que azotaba España en la post guerra gracias al envío desinteresado, gratuito, de miles de toneladas de cereales y carne regalada por Perón y Evita el pueblo español también porque Perón sentía gran simpatía por los fascistas europeos de aquella época y Franco era el único de los tres que había vencido, pero esa es otra historia.
Llegó la tanda de penales y de un lado estaba la selección del país que más españoles había matado en su historia, y del otro lado estaba la selección del país que más ayudó a matar el hambre en el momento más critico a España de la manera más desinteresada. Y excepto el viejo que había a mi lado que no paraba de repetírmelo y decirlo en voz alta, los demás incluida la rumana de la barra cruzaban los dedos por sus verdugos y en contra de sus ángeles salvadores. Cuando Gonzalo Montiel metió la pelota dentro del arco, no sólo Messi se arrodilló estallando por dentro, no solo todos los jugadores corrieron tras él a abrazarlo, no solo el estadio entero vibró, no solo todo Bangladesh se fundió en el grito de gol, no solo toda la Argentina salió a la calle, sino que ese viejito memorioso y yo nos abrazamos tras gritar hasta hacer temblar las copas de detrás de la transilvana y de delante de los mal agradecidos, odiadores de quienes deberían querer como a hermanos y que como a tales los trataron siempre en Argentina cosa de la que doy fe por mis parientes españoles.
Esa vez no les dije a los de la barra lo que habría hecho Napoleón con ellos por respeto al viejo que me abrazó y no solo quería que Argentina ganase por la historia sino por la vergüenza que sentía de lo que yo estaba asistiendo, pero en ese instante pensé que la metáfora de este deporte en su acepción sodomita, no solo se le aplicaba a Mbappé, a Macron en el palco, sino también a todos los periodistas odiadores de la televisión española madridista, a los mejicanos de Beaverton, a los exaltados de la terracita de la plaza Mayor, a los envidiosos del bar de las tortillas y a la rumana que las servía, ya que ciertamente, aunque solo sea un deporte, tal como decía Valdano:
"Dentro de las cosas menos importantes, el fútbol es la más importante".
Mejor hablar de Kandinsky pinguero o de Wolf bakery lover
Creo que voy a empezar a hablar de paisajes y literatura escandinava. Es más sano.
Hoy en medio de unos mensajes con una amiga de hace décadas con quien me reencontré redes mediante por lo que mantenemos una relación con la nueva epístola whatsappera, me envía un articulo de un salame clásico "pretender" de la pseudo izquierda argentina que tiene tres casas veranea en Brasil, Europa o en Pinamar, y dice que Cuba quiere ser atacada por ser (no por haber sido) la antorcha de la dignidad contra el capitalismo y la desigualdad. Me subió toda la sangre del cuerpo a la cabeza, pero debió haber pasado por una parrilla al rojo vivo antes del ascenso porque tenía la cabeza echando chispas, los ojos empujados por un volcán interno y el cogote, dios mío este cogote de diámetro inacabable, se llenó de venas hinchadas, hirviendo que resaltaron la circunferencia oficiando de moño. Desde que nos reencontramos le dije que no me hablase bien ni de Guarapo ni de la Involución cubana, y yo no le hablaría mal de Perón y del Kirchnerismo, un trato justo, equitativo como pocos, en casi todos lo demás aspectos seguíamos de acuerdo. Pero a cada tanto mezcla el deseo de buscar una pequeña bronca virtual con los intentos de convencerme enviándome notas de pasquines escritas por quienes no resistirían tres días en Cuba como cubanos sin divisas ni parientes pinchos, hinchándome la pelotas al punto de reventar en los calzones. Dejé el Whatsapp antes de mandarla a la concha de un pariente nórdico.
Es curioso porque la semana pasada me peleé con amigo cubano porque ahora él justifica que una potencia extranjera bombardee Cuba, encima por un presidente que está destruyendo la democracia en su país., Discutí por la misma razón con una amiga disidente que al menos está dispuesta a ir a luchar a Cuba no como el 99,9% que piden a otros que hagan su trabajo. No dejo de tener peloteras con parientes o con izquierdosos guevaristas que en la vida irían a una manigua, no ya a tirar un tiro, ni siquiera a pasar una tarde entre el fango y los mosquitos.
Durante casi toda mi vida me enorgullecía de que no estar de acuerdo no contentar a unos ni a otros extremistas, pero ya me estoy cansando. No es que me vaya a hacer converso, es imposible pero sí hoy me di cuenta de la libertad que sentí haciendo un video de la corrupción en el fútbol.
Mañana uno del donjuanismo de Kandisnky que iba dando cabilla a diestra y siniestra, pasado mañana de la paz de Dylan Thomas en su pub de Swansea y al día siguiente de Wolf sus escritos y apetencias bakery lover.
Por favor caballeros, cuando haga el de José Martí no vengan en turba al post a debatir si su habitación de Nueva York o la de Valencia, era alumbrada en las noches por velas como dicen desde una orilla "cederista" o por una dichosa bombilla de Phillips prima hermana de la que lleva prendida siglo y medio, como aseguran desde la también combativa orilla de enfrente.
¿Por qué la diáspora venezolana se hizo de derecha?
Ocho millones de venezolanos emigraron en diferentes épocas a lo largo de los últimos 25 años, así como fueron contingentes de diferentes sensibilidades ideológicas y clases sociales. Aunque de manera similar a los cubanos hayan terminado por coincidir en un común denominador a pesar de sus diferencias, por una razón u otra, a todo los une el antichavismo, como a los isleños los unió el anticastrismo.
De Cuba por ejemplo se fueron en el mismo 1959 los mandos militares con responsabilidad en represión, torturas y asesinatos, los torturadores que pudieron escapar, los mayores explotadores, generalmente batistianos. A continuación de inmediato se fueron los burgueses, los pequeños burgueses, los profesionales ya sean apolíticos o sin una adscripción clara a una ideología, siguieron los que habían luchado o ayudado a luchar contra Batista para establecer la Constitución de 1940 de Laredo Brú, pero alejados del comunismo o socialismo, luego se fueron muchos incluso del PSP y socialistas que no eran guerrilleros y fueron perseguidos por los guerrilleros, y más tarde se dieron distintos gruesos flujos migratorios en la década del '60 todavía muy ideológica, en la del 1980 por deseos de progreso económico, en el 1994 por hambruna, y todas as sucesivas han sido por razones de urgencia económica, aunque terminan siendo políticas también.
En Venezuela pasó algo similar pero con sus diferencias, aquello no fue una revolución socialista, Chávez era un general del ejército regular, un hombre de academia, que hizo su camino hasta la cúpula sin manifestar su desacuerdo con la sociedad hasta que llegó a la cima. Fidel era de entrada un elemento subversivo, un revolucionario clásico. Chávez no era marxista leninista, Fidel tampoco hasta que le resultó rentable con la URSS, pero tenía una formación intelectual sensiblemente mayor que el general bolivariano.
Esas diferencias hicieron que no fuese abrupto el primer exilio venezolano como fue el cubano, excepto aquellos que encontraron una amenaza el hecho de que se legitimase al 25% de la población que no estaba ni siquiera inscrita con el documento nacional que les permitía votar. Gente estigmatizada, humillada, sin embargo aun siendo pobres Venezuela era un país donde con un trabajo temporal se juntaba dinero para vivir mucho mejor que hoy con un trabajo fijo. Pero ciertamente Chávez, en un inicio los dignificó, un hecho innegable, de ahí su inmensa popularidad. Esos primeros emigrados no exiliados forzosos como habían sido los batistianos, fueron los burgueses que podían seguir produciendo fuera, aunque algunos decidieron quedarse porque Venezuela hasta hoy ha mantenido un comercio muy fluido con Estados Unidos y todo el campo capitalista, nada que ver con Cuba. Aun así hubo un fuerte flujo de la clase social que no deseaba igualarse al vulgo, de a poco se fueron profesionales, disidentes con la situación política, de censura, de prohibiciones de autoritarismo de personalismo como forma de gobierno sin ser una dictadura, ya que ningún presidente fue más votado que Hugo Chávez, pero sí con mecanismos y actos reflejos propios de dictadores, espíritus libres o más proclives a la libertad de expresión se fueron, Hasta que empezaron a emigrar por razones básicamente económicas, para progresar primero y muy poco tiempo después para poder comer. Venezuela no llegó al nivel de prohibiciones cubanas, de poseer dólares, de viajar. entrar a un hotel, de consumir, casa, coche vacaciones, de diversidad de partidos, prensa, editorial, sin embargo tampoco tuvo el nivel de asistencia social que tuvo Cuba hasta que cayó la URSS, todos con casa luz, agua, escuela, salud excelente, vivienda, barriga llena, todos con lo mismo pero todos tenían lo básico. Con el tiempo Cuba se ha deteriorado de una manera que de socialismo solo le queda el partido único, una hoz desafilada y un martillo con el mango roto.
Con este panorama Venezuela llegó a 31% de su población escapando de su país, la gran mayoría por razones económicas, padecieron una injusticia similar a la de los cubanos por todo el mundo. Fueron estigmatizados, rechazados como victimas, vapuleados como exiliados, destratados como desterrados, por los progresistas, la izquierda revolucionaria por supuesto, pero también la democrática, los partidos de vanguardia, todos esos sectores y organizaciones que por los hambrientos de África, Asia y América Latina capitalista, sentían una profunda conmiseración y solidaridad por su situación, sin embargo jamás repararon en las de los venezolanos, destratándolos acaso un poco menos, que lo que habían despreciado años atrás a los cubanos exiliados casi bajo los mismos términos peyorativos que había utilizado la revolución para marginarlos. Curiosamente, en lo que hoy son los emigrados, conviven sobre un común denominador lo que de no haber habido revolución ni chavismo, habrían sido clases sociales antagónicas, patrones y empleados.
En resumen no solo nunca sintieron el calor de los partidos políticos de izquierda o del campo popular sino que experimentaron su descrédito y su rechazo.
Es fácil hoy entender por qué un grueso de esa diáspora sea al menos formalmente y, en su expresión colectiva, más afín o asimilable a la derecha cuando no al nuevo movimiento mundial de extrema derecha, y en esa comprensión intentar pedirles perdón y abrazar su dolor e intentar mediante el dispendio de afecto, que no se entreguen a los cantos de sirena de los líderes más inescrupulosos, e inexorablemente vuelvan a someter a Venezuela a un nuevo despropósito de intolerancia, que de novedoso no tiene nada, aunque su barniz y jerga definitoria consiga disfrazarlos para el baile.
Paraguay Thonet
¿Por qué son famosos los paraguayos en Argentina? Por ser los mejores pintores del mundo. Y entiéndase bien, los mejores del mundo.
Conocí a tres que trabajaban para Guillermo Weyer, un paraguayo exiliado en Buenos Aires, una vez que terminaban de hacer una pared ponían un foco de luz potente de lado para descubrir el más mínimo granito por la sombra, y entonces volvían a empezar. Una locura.
Los vagos trabajan doble, reza un dicho cubano. Y a mi me pasó más de una vez. Resulta que cuando no queda ni un cobre, es como cuando hay que arrancar en cuesta arriba, lleva el doble de esfuerzo. En uno de esos giros, el mismo Guillermo, amigo de Gladys, me recomendó a un flaco que recuperaba sillas de estilo Thonet de madera curvada y asiento de esterilla, tenía dos empleados paraguayos.
Los pibes eran jóvenes, desde el principio fueron muy amables conmigo pero entre ellos hablaban en guaraní, yo notaba una distancia que de a poco con el aprendizaje de como recuperar las patas de la silla, el asiento, el respaldar, fuimos tejiendo una relación laboral dentro de la cual cada vez se hacían más chistes, yo preguntaba cosas de Paraguay, del guaraní, ellos me explicaban con pormenores, descubrí que esos paraguayos a menudo estigmatizados como villeros, como problemáticos, después de haberlos diezmado junto a Brasil y Uruguay matando dos tercios de su población masculina, era, sorprendentemente, gente muy delicada en el trato.
Un día al parecer me consideraron parte de ellos, y me invitaron a salir al cine el sábado. Acepté para ver como vivían su día de descanso, su ocio. Quedamos en una parada de colectivo, yo fui a donde me decían, tomamos dos transportes y llegamos a un barrio que era verdaderamente temible, no me atrevo a mencionar el nombre que recuerdo porque puede ser que me engañe la memoria. caminamos por una calle tenebrosa, subimos a un edificio monobloque y recuerdo el departamento de las dos chicas que mis compañeros de trabajo iban a buscar. Esperamos afuera, salieron dos chicas vestidas de sábado con lo mejor que tenían de gente humilde, blusas y polleras brillantes, demasiada pintura en las cara y entonces dijeron "vamos a buscar a la de él" entonces me quedé de piedra, porque hasta ahí yo sentía que respetaban mi lugar de observador, el puesto contemplativo, de exploración casi antropológica, y de repente me incluían en el grupo y me consiguieron una acompañante imaginé que similar a ellas. Cuando apareció la que debía ser el objeto de mi atención, a quien debía pretender, imagino que percibió en mi mirada la distancia que sentí de toda aquella situación de la que de repente me pregunté de que forma había hecho para ser parte.
Tomamos los colectivos en sentido inverso hasta la calle Lavalle para ir a ver una película, yo iba tomado del pasamanos hablando con la muchacha que "me tocaba" y no encontraba la manera de hacer lo menos evidente posible la imposibilidad de cualquier cosa más allá de esas charlas sobre ¿Qué trabajas y qué película te gustaría ver? hasta que pensé que lo mejor sería hablar de poesía, de filosofía, de literatura, mostrar las cartas, yo soy este, a mi me suenan tan a arameo los músicos que a ustedes les gustan como a ustedes les suena mi conversación, pero me abstuve. Llegamos a la avenida 9 de julio, y entonces ahí sí, en mi terreno decidí buscar el instante de decir que volvía a mi casa, que les agradecía la invitación pero no me sentía bien del estómago.
Un rato antes había querido huir despavorido aunque aterrado como en una pesadilla por no tener ninguna posibilidad de salir de allí por mi cuenta ni mucho menos excusa que poner para desprenderme a correr como pollo sin cabeza. Porque aunque esa zona del Gran Buenos Aires esté tan cerca de Capital Federal parecía ser más que otro país, un continente distinto. Pero Capital era mi terreno, de repente dejé de sentirme obligado a una delicadeza para no ofender que no obstante atentaba contra mi integridad, y justo a la entrada de la calle Lavalle otrora poblada de cines, me detuve y les dije:
-Muchachos muchas gracias por la invitación, espero que se diviertan pero yo no me siento bien hoy, tengo el estómago revuelto. La más pura verdad.
Di un beso a cada muchacha, la mano a los impertérritos casi amigos de trabajo y me fui apretando el paso al principio y en la medida que sentí que me había alejado lo suficiente, me dirigí ya tranquilo la pizzería Las Cuartetas, a salvo de la situación de tener que empatarme con un ser que ni me gustaba ni me disgustaba, no había posibilidad de atracción ya que primaba una separación de naturaleza cultural, nos separaba un abismo como especie, estábamos en dimensiones tan diferentes que cualquier contacto nos habría pulverizado al instante. Terminé mi pizza aliviado y más contento que perro con dos colas.
El lunes cuando volvimos a encontrarnos para encolar sillas y reajustar esterillas, nos saludamos, me mostré muy interesado en como lo habían pasado, me dijeron que muy bien y no volvieron a mencionar una sola palabra en castellano, ni me enseñaron más guaraní, y entonces tuve que comer los sándwiches de pebete de salame y queso con el jefe flaco, con quien si bien me sentía culturalmente más cerca porque le gustaba Borges como a mi, jamás me habría invitado a pasar un sábado de cine, ni mucho menos me habría procurado una acompañante, por más fea que pudiera ser dentro de mis parámetros.
Que miserables podemos llegar a ser.
María Corina ¿De Gaulle o Ghandi?
María Corina Machado es un personaje complejo, no es fácil encasillarla, hija de Henrique Machado Zuloaga, gran empresario del acero en Venezuela y de buena parte de la madera, cualquiera tendría derecho a creer que su lucha es para recuperar esa alta posición social mediante la herencia, pero no sería demasiado serio pensar así. Ella ha ido más allá, en lo personal ha demostrado un valor indiscutible, una conciencia de lucha más que respetable, sobre todo algo que todos los seres humanos conocemos bien, la valentía frente al miedo, el temple cuando aparece el pánico: no se fue y en cambio se enfrentó a Chávez primero cara a cara y después a Maduro de idéntica forma. Es un tipo de valor escaso.
Esto es indiscutible.
Pero por otro lado también es cierto que promovió intentonas golpistas, el detalle está en la etimología, "revolución- golpe" a la postre es lo mismo ambos buscan remover el status quo establecido, así como "intervención militar- bombardeo" toda vez que no existe una sola invasión que no se ejecute mediante una andanada brutal de misiles y todo tipo de bombas. Ella promovió las Guarimbas con decenas de muertos venezolanos. Y pidió a Netanyahu y a Trump, en sendas caratas documentos, la intervención-bombardeo de su país.
Ambas faces son ciertas, lo deseable sería que pudiésemos apreciar en su medida las dos caras de la moneda, y no que en dependencia de nuestra filosofía de vida o ideología, solo tomásemos en cuenta una de las dos vertientes del personaje descartando la otra.
¿Quién podría negar altos ideales a Charles de Gaulle, a Don José de San Martín, a Antonio Maceo o a Simón Bolívar, pero a la vez a quién se les ocurriría premiarlos con un reconocimiento a su trayectoria pacifista?
De ahí es que me parecería más adecuado que se la hubiese premiado con una presea al valor, al coraje, a la intrepidez incluso a la temeridad, y que considero un desatino total un reconocimiento a su labor por nada que guarde relación con el significado ni el significante del término: paz.
Rocca y Milei picante debate
En Argentina está teniendo lugar una interesante discusión en el terreno económico entre un teórico y un práctico.
Y no es una discusión cualquiera ya que interviene el bolsillo del consumidor, de la gente, del votante. Pero también el mediano y largo plazo de proyecto país. dentro del espectro de la derecha mundial, Milei representa en economía todo lo opuesto a Tronal Gump.
Se suscitó un debate sugestivo con aspectos para aprobar y para rebatir de ambos lados del ring entre Milei y Rocca uno de los más exitosos empresarios argentinos, en los siguientes términos:
" Milei: “Me dicen que cierran algunas empresas. ¿Y qué? ¿Cuántas veces escuchamos ‘no, porque si abren la economía el sector X va a caer’ o ‘va a dejar un tendal de desempleados’? Falso, de vuelta, la falacia de lo que no se ve. Si ustedes abren la economía y determinado sector quiebra, es porque el bien que ustedes están trayendo de afuera es de mejor calidad y/o más barato. Cuando pasa eso, ustedes tienen un ahorro y ese ahorro lo van a gastar en otro bien que además es más productivo y lo quiere la gente. Con lo cual, en realidad, no se produce pérdida de empleo. Y como van a un sector que es más productivo, la economía gana en productividad. Además, como los individuos disponen de mayor cantidad de bienes, además son más felices”.
Hace dos semanas, Rocca había comentado la manera en que el mundo cambió a partir de la ofensiva china en todos los terrenos y cómo las distintas potencias empezaban a levantar muros de protección para sus industrias y trabajadores. “La apertura racional implica política industrial, entender qué cadena de valor hay que apoyar y en qué cadena de valor aceptamos otro rol. Doy un ejemplo. El año pasado importábamos 5 mil lavarropas por mes. Este año importamos 87 mil por mes. En un año pasamos de importar 10 mil heladeras por mes a 80 mil. Los clientes tienen que tomar decisiones: ¿produzco y doy valor agregado o cierro y uso la cadena comercial para distribuir productos exportados?. Ahora, ¿cómo guiamos esas decisiones? ¿Dejando que las fuerzas que presionan sobre esto actúen libremente -el exceso de capacidad en China, la dificultad en competir de nuestro país-?”.
Milei desprecia estos planteos. “Cuando hablamos de abrir la economía aparecen los parásitos prebendarios exigiendo que los argentinos paguen más caro bienes de peor calidad. ¿A ustedes les queda claro que el que está pidiendo por protección está pidiendo salarios más bajos? La protección puede ser efectivamente vía un arancel o alguna restricción o generando una política monetaria descontrolada para devaluar: todo conduce a lo mismo, reventar los salarios y aumentar los pobres e indigentes”.
Por momentos, como sucede tantas veces, Milei parece contradecir al imperio de los sentidos. Si alguien compra un celular chino porque es más barato, tiene un ahorro. Con ese ahorro tal vez se compre una heladera, que seguramente también sea china. Con los dos ahorros quizás se compre ropa…que también está entrando a carradas desde China. Con los tres ahorros puede ser que se compre un auto, que también será importado. ¿Y qué hará con todo ese ahorro? A juzgar por los números de los últimos años, tal vez se vaya a Florianópolis de vacaciones. ¿En qué momento de todo ese proceso surge una fábrica o una empresa en la Argentina?"
En cierta forma lo planteado por Milei restando improperios lenguaje soez insultos y toda esa morralla tóxica, tiene un asidero en el sentido común, a la vez que Rocca, conocedor del desarrollo económico tiene mucho más sentido mirando el país a largo plazo.
Lo primero a debatir es que es "felicidad" y cuanto está ligada al consumo. En la filosofía incluso la ideología de Milei está indisolublemente ligada y es directamente proporcional, pero descartando calidad, el tema es cantidad.
De las grandes casas de ropa accesible a precio razonable, Benetton ofrece un surtido variado de sweaters de lana de calidad, desde lana de oveja Merina, a Kashmir, pasando por más refinado o más cruda confección. Está padeciendo una merma notable en sus ventas, han tenido que cerrar un número importante de tiendas. El consumidor ha cambiado. Le da igual que el sweater sea de polyester si se adecua a su gusto estético, el precio permite cambiarlo cada año, en cambio una prenda fina de Kashmir invita a hallarle sitio permanente en el armario y por ende en su imagen, pose, actitud expresada en el vestir. Lo que antiguamente era una virtud, ver envejecer una prenda con elegancia, el perfeccionamiento de los colores con el uso, las formas adaptadas al cuerpo, hoy se considera una rémora. ¿Para qué comprar unos zapatos Bally o Martinelli, incómodos, carísimos, si los vas a tener que usar siempre, pudiendo adquirir unos comodísimos Skechers, baratos y renovables al año?
Eso en cuanto al consumo, suponiendo siempre a la felicidad dentro del consumo, pero es que partimos de un supuesto muy frívolo, la esencia de la felicidad no se encuentra en la buena o mala calidad de los productos, aunque puede crearse esa ficción y casi percibirla como cierta, está probado que al cien por ciento de un grupo que les induce a un estado de relajación y se les invita a que recuerden el mejor y el peor recuerdo de sus vidas, en ninguno de los dos casos tiene relación con lo material. Aunque sí los sucesivos.
Pero así y todo ¿Quién le discute a Milei que un trabajador con una entrada discreta pueda "preferir" comprar un televisor TD System o un TCL a un Bang & Olufsen? Lo novedoso es la posibilidad de consumir más.
El debate está servido, yo me quedo con la opinión Rocca que propone un híbrido al discriminar entre sectores, pero también entiendo a Milei aunque su posición sea monolítica, atiende al 75% de la población.
¡Serénese y apunte bien!
Mi tío fue la causa de muchos desencajes familiares, obviamente no podía pasar desapercibido en el seno de una familia esa tromba que contagió o enfrentó al mundo. Generalmente he escrito sobre su impacto en el sentido del peso del mito, pero también quiero decir que este apellido es un orgullo por muchas razones, desde el pueblo Gebara de Álava pasando por los pioneros del continente Americano, la fundación de la provincia de Mendoza, los límites del Beagle, las aventuras en el lejano oeste Californiano en el siglo XIX, hasta mis dos hijos y tres hermanos, y decir que mi tío, como mi tía Celia y mi viejo están en el lugar más destacado.
La ultima sopa del Che.
EL ÚLTIMO GESTO DE AMOR HACIA EL CHE.
Julia Cortez entró en la escuelita porque quería ver al “monstruo”. Los milicos y la CIA llevaban tanto tiempo tratando de dar con él… Y ahora estaba allí, detenido, en La Higuera, encerrado en su diminuta escuela. A esa aldea boliviana de poco más de 50 almas, perdida en la montaña, ella había llegado hacía no muchos meses para ser la maestra. “Tenía 19 años”, cuenta lento esta mujer de 65. “Yo ni siquiera sabía cómo se llamaba el preso. Lo que nos habían dicho desde meses atrás es que era un cubano comunista que venía a Bolivia a imponer sus ideales y a hacernos daño. Que era el jefe de unos guerrilleros que asaltaban y violaban. Que llevaba una coraza y un casco y que era imposible que muera”. No pudo resistir la tentación de ver al villano, al animal enjaulado, a ese tipo que más tarde supo que se llamaba Ernesto Guevara.
“El Che estaba sentado en una silla al lado izquierdo de la pieza, detrás de la puerta, a oscuras. Le alumbraba una vela”, relata esta docente jubilada, acomodada en el sofá de su casa en Vallegrande, 45 años después de aquello. “Llevaba una manta sobre las piernas y con eso tapaba la herida de bala que tenía del combate en la Quebrada. Estaba pálido, deteriorado, sin higiene, aunque trataba de demostrar firmeza”. El guerrillero acababa de ser capturado. La maestra, entró porque el centinela que vigilaba le había dado permiso para ojear. Eso hizo. “Esperaba otra cosa, ese hombre no daba miedo”, cuenta que pensó. Entonces Guevara levantó el rostro para mirar a la persona que había venido a observarle: “Se saluda”, dijo él. Ella no supo qué hacer y se marchó corriendo.
Era un 9 de octubre de 1967 y la cacería que habían llevado a cabo durante los últimos once meses el ejército boliviano y la inteligencia estadounidense se cerraba en brindis. Del comando de 52 guerrilleros con el que había contado el Che en este país para tratar de derrocar la dictadura de René Barrientos y avivar la mecha que hiciera triunfar la revolución de Latinoamérica -la que él mismo había prendido en Cuba-, ya no quedaba nadie. Todos habían muerto en combate, o fusilados, pocos pudieron huir y alguno había desertado. Liquidada la parte del grupo que había tratado de abrirse camino por Río Grande, el último halo de resistencia liderado por Guevara se extinguía un mes después en un valle llamado la Quebrada del Churo, a las faldas del monte espeso donde se ubica La Higuera. Allí, a la escuelita de esta aldea, trasladaron al líder comunista herido.
El silencio del insignificante habitáculo aún hoy impone. Sus paredes, su piso y su techo están renovados. Conserva su emplazamiento, sus ínfimas dimensiones y algunas de las sillas y pupitres de madera carcomida donde permaneció sentado el comandante durante el arresto. La cabaña entonces tenía el suelo de tierra. El que volvió a pisar Julia cuando, horas más tarde de su primer encontronazo con el mito, fue avisada por los militares de que el prisionero pedía verla.
“No sé por qué quiso verme a mí, pero pasó eso. Yo ni quería”, prosigue esta anciana de ojos negros, recuerdos intactos y tono severo.
- ¿Qué le dijo?
- Que si era la maestra y que si había escrito yo en la pizarra ‘Ángulos’ sin acento, que eso era una falta de ortografía.
- Tenía carácter.
- Sí, ya lo creo que tenía. Pero era algo más.
- ¿Qué más?
- No sé bien cómo hacerlo entender. Mire, yo lo que tenía ante mis ojos era un hombre pálido, sucio, sentado y herido -afloja la aspereza de su rostro, -pero no entiendo por qué no podía verle así. Era raro. Con todo eso, era fuerte, firme, atractivo. Empezó a hablarme...
- ¿De qué?
- Fueron unos diez minutos. Me empezó a contar que él y sus guerrilleros habían venido a Bolivia a luchar por los débiles. Que había llegado el momento de que los pobres vencieran a los ricos. Que nosotros teníamos que luchar... Me hablaba de sus ideales.
- ¿Y qué pensó usted cuando escuchó todo eso?
- Verá, era inteligente, respetuoso, hablaba bien. Decía cosas con mucho sentido. Lo cierto es que me quedaba parada mirándole. No sé. Por lo que decía y cómo lo decía más que por su aspecto. Pero también por su aspecto. Yo siempre digo que era hermoso. Bello. No era un monstruo. Pensé que tenía razón en lo que hablaba.
A Julia le desapareció el miedo. Horas más tarde, sintió el impulso de preparar una sopa para llevársela al recluso. “El guardia me dio permiso a entrar de nuevo”.
- ¿De qué era la sopa?
- De maní.
- ¿Le gustó?
- No lo sé, pero me dio las gracias.
- ¿Le habló de algo más?
- Si, ahí fue cuando le hice la promesa. Se lo había prometido.
- ¿Prometer? ¿Qué le prometió?
- Estuvo hablándome otro ratito de su causa y yo le escuchaba. Estaba cómoda hablando con él. Yo le miraba todo el rato.
- ¿Pero cuál fue la promesa?
- Él me pidió que si podía enterarme, preguntando con disimulo a los militares, que qué iba a pasar con él. Le dije que lo iba a hacer. Quedé con él de volver a la escuelita y contárselo. Se lo prometí, ¿sabe?
- ¿Lo hizo? ¿Se lo dijo?
- 20 minutos más tarde o algo así, desde mi casa, escuché disparos-, entrecruza Julia los dedos de las manos como haciendo resistencia al recuerdo–. Volví corriendo a la escuelita y la puerta estaba abierta. Entré y él estaba allí, tirado en el suelo. […] No pude cumplir mi promesa.
- ¿Qué hizo cuando entró usted en esa escuelita y vio a Guevara muerto, doña Julia?
- Para mí no era Guevara, era ese hombre que me había hablado y al que le había hecho una promesa. Me quedé paralizada. No sé por qué. Me había entrado mucho miedo. No podía ir ni quedarme. Estaba sola e inmóvil. Le miraba. Cuando pude mover las piernas, sin pensar, empecé a andar muy rápido hacia fuera del pueblo.
Ernesto Guevara había sido ejecutado. (…) Un miembro de la CIA –supuestamente– dio órdenes de asesinarle disparándole del cuello hacia abajo, ya que las radios llevaban desde el día anterior diciendo que el Che había muerto en combate. Mario Terán, el suboficial del ejército boliviano que ofició de verdugo, entró con su fusil M-2 al aula y efectuó las descargas. Fueron dos ráfagas que le agujerearon primero las piernas y luego el pecho. Más tarde, el suboficial relató aquel momento en una emotiva carta de arrepentimiento [según publicaron algunos medios] en la que cuenta cómo, al ingresar en aquella escuelita, el condenado se puso de pie, levantó la cabeza y le lanzó una mirada que le hizo “tambalear por un instante”. “Póngase sereno y apunte bien. Va a matar a un hombre”, le ordenó el reo a su ejecutor. Terán fue, quien con la camisa impregnada “de miedo, sudor y pólvora”, salió de allí tras finalizar su encargo, dejando a su espalda “la puerta abierta” que encontró Julia instantes después.
Nuestros flautistas de Hamelin
El vertiginoso crecimiento y colonización del espacio público de Javier Milei es totalmente cierto e indiscutible, no es opinión, son hechos. Es un fenómeno de abducción de las victimas que habrá que estudiar, que deberán abordar historiadores, sociólogos y psicólogos sociales, pero lo cierto es ese deseo latente de la población que se produce cada ciertos períodos de tiempo, de autofagia, de que apareciese su flautista de Hamelin con su marcha inflexible al abismo, se vio ampliamente superado con el fenómeno Milei y su casta.
Lo cual nos obliga a contrastar con otros períodos de la Historia que discursos vacíos, absolutamente disparatados, contradictorios, sin el más mínimo sentido ni asidero con la realidad, han cautivado a las masas sensiblemente más que las propuestas reflexionadas, meditadas, equilibradas, forjadas en lo posible. Y sí, claro que ha habido un nutrido numero de estas para establecer como paralelismo, aunque no del mismo corte, ahí está la novedad de esta ola universal. En mi opinión las revoluciones en el momento de producirse fueron siempre un claro paso adelante de la humanidad, pero la persistencia en dicha pulsión sostenida en el tiempo es desde la misma lógica, una aberración contradictoria. De la aparente otra orilla que es la misma, los nacimientos de los movimientos fascistas, falangistas y nazis del siglo pasado, ocurrieron con idéntico entusiasmo e igual divorcio de la realidad.
¿Qué hace que un pueblo elija un líder que va a los ponchazos, improvisando en materia de ocurrencias a cada paso o frente a cada nuevo escollo? ¿Será la identificación de la gente con ese modo de actuar, un desdén por el programa, la profilaxis, la planificación toda vez que ello se asimila más a un aparato muñido de medios que a las soluciones imprevistas que la gente común debe hacer frente ?
Que se yo, lo cierto es que el sistema, sea cual fuere, el del poder, descubrió que ya es un dispendio injustificado gastar tiempo y recursos en golpes de estado, toda vez que las urnas pueden arrojar un resultado ostensiblemente mejor, elegido por las víctimas, y encima con renovado entusiasmo.
Ayer se juntaron ochenta mil personas en el Templo de Debod de Madrid a escuchar las soflamas de una presidenta de la Comunidad rodeada de corrupción desde antes de su posesión al cargo, padre, madre, hermano y pareja beneficiados pro su cargo, y un aspirante a presidente amigo del mayor narcotraficante de su Comunidad autónoma, Galicia, a proponer a la gente un gobierno donde se les reduzca a la mínima expresión la atención médica universal, la educación, la solidaridad social como garante de una paz demostrada y duradera, el acceso a vivienda y trabajo a cambio de una ficción de libertades, que incluye en primer término beber cervezas en una ciudad que inventó el tapeo en el siglo XVI, donde hay un bar cada cien habitantes desde hace más de dos siglos, y la libertad de prohibir la socialdemocracia. Cualquiera pensaría que se tuvieron que ir por los abucheos del pueblo damnificado, pero como ya vemos en esta cresta de ola universal, ocurrió lo contrario, las ratitas pidieron a gritos la asunción del flautista de Hamelin ibérico que se los lleve a todos a Finisterre acantilado abajo.
Y vuelta a empezar.
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