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15 julio 2020 3 15 /07 /julio /2020 12:09

El ciudadano argentino medio, que en su maqueta original proviene de la mezcla autóctona con el español, españoles ya irreverentes en la propia Metrópoli, vascos y navarros, y en el siglo XIX y XX marcado con el característico sello italiano de la escasa confianza en ls instituciones, se siente incómodo con el ladrón merodeando cerca, pero mucho más con el policía sentado a su mesa.

Mientras tanto, el español medio se siente a gusto con la omnipresencia y control de la autoridad en nombre del poder, ya sea a lo lejos la monarquía, la nobleza, los jerarcas eclesiásticos o más cercano a sus guardianes uniformados. Se sienten más representados, protegidos o al menos no amenazados si aceptan sin chistar a todo celador, aristócrata, privilegios de las jerarquía del clero o simplemente a todo rico de pedigrí aceptándolo como algo superior, fuera del alcance de la ley para todo aquellos que sobran, que si restamos obsecuentes mal llamados periodistas, politicos cortesanos, jueces adocenados y alineados con el poder, irían quedando pobres no dignos, obreros, campesinos, marginados, inadaptados, tahúres, vagabundos, artistas, incluida la representativa figura romántica española de los "bandidos de la sierra" . Lo cual más que indicar una identidad disciplinada, revela la Historia de un pueblo excesivamente oprimido y brutalmente reprimido en su largo andar entre emblemáticas sublevaciones que nunca llegaron a cuajar en el destierro de "la tradición", ya sea Romano: Numantia, Viriato, Bagaudas, contra el poder de los Califas: el Cid, Pelayo, contra los abusos del señorío Feudal: Comuneros, Motín del pan en Córdoba, Revuelta Irmandiña gallega, Fuenteovejuna en la ficción, y numerosas rebeliones, luchas, desde ajusticiamientos a torturadores del clero inquisitorial, hasta la toma de conciencia de libertad y empoderamiento de sendas eras republicanas.

Cuba tiene de ambas, un poco de terror a las autoridades que se traduce en aparente respeto, y un hastío histórico de toda regla, ley, norma, directriz o lineamiento que fue lo que llevó a acaudalados nobles de la Península ibérica a tierras caribeñas de improvisación y licencias en los primeros siglos de la colonización; esclavismo y violaciones que produjeron el mestizaje incluidos. Pero reacio a manifestarse en rebeldía directa sino más bien expresándola a través de la doble moral en que adoctrinó la Iglesia católica, obradores del principio "haz lo que digo jamás lo que hago y si lo haces disimúlalo en la misma proporción en que rompas la regla". Bucaneros, contrabandistas de personas y mercancías, negociantes con filibusteros, y sus pequeños beneficiarios ganaban mucho más adoptando los mecanismos delpoder que combatiendolo.  Esto en lengua cotidiana y doméstica fue y continúa siendo ¡Viva el rey, el gobernador, el obispo, el terrateniente, el conde, el general, el presidente, Guarapo, Raúl, e incluso el insípido Díaz Canel!

Cuando parece ser que estamos cercanos a un cambio de paradigma en las tres idiosincrasias, lo más probable es que estemos en ese punto del espiral en que cada vez que se satura el modelo, se produce un reventón que obliga a cambiar la rueda, pero ni por una nueva, ni por una cara, sino por un neumático muy de andar por casa que nos obligue a retornar nuevamente a nuestros fueros de ínfimas picarescas y vivezas aprendidas desde la sacristía, que perpetúen la fertilidad del semillero para sostener la sempiterna corona de la corrupción

Escena del film Metrópoli-1927

Escena del film Metrópoli-1927

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Published by martinguevara - en Argentina frizzante Cuba flash. Europa Aorta
19 diciembre 2016 1 19 /12 /diciembre /2016 00:13

Estuve veinte y pico de días en Buenos Aires oteando y olfateando la situación y el ambiente en general con fines imprecisos pero en la dirección del retorno parcial.
La balanza con Buenos Aires siempre se me inclina más hacia la aprobación estética, en mi conexión con el humor cotidiano, el olor de las bocas de subte y el sabor de los pebetes de salame y queso; también si se quiere, en el calor de amistad en contrapeso al desamor de un nido tan pretérito como eternamente cercano, y del lado de menor peso pero no menos importante inexorablemente Buenos Aires conecta en mi centro de gravedad con un sendero directo a lo más recóndito y congelado de la estepa siberiana, o al trayecto de la barca de Caronte.
Vi parientes y amigos, transeúntes y usurpadores, habitantes y habitadores, vi la subsistencia de cierta dignidad entre las baldosas sueltas y la mugre de las veredas porteñas, y el orgullo de las plantas superiores hasta los tejados de pizarra del clasicismo francés o las cúpulas de la tradición florentina, vi las milanesas más flacas y los entusiasmos más gruesos.
A los pocos de abrir mis petates se corrió la voz de la muerte de Guarapo, yo le había avisado a algunos periodistas amigos que iba a la ciudad para tomar un café y charlar, pero dejando claro que era un viaje con fines familiares.
Desde el preciso momento que comenzó la gran pantomima, los llantos plañideros y las versiones endulcoradas, almibaradas, o simplemente mentirosas acerca de la vida y obra del dictador fallecido durante ese o alguno de los días circundantes, como se hace con frecuencia en los decesos de los dictadores para dotarlos de misterio y enigmas ficticios, comenzó a sonar mi teléfono de manera sorprendente ya que era un número de recarga que no estaba ligado a mi nombre, para invitarme a programas de radio y TV, unos mejores que otros.
Mi respuesta a todos fue la misma, aunque hablé de manwera escueta para un par de programas de radio, no había ido para esas apariciones, y menos aún lo haría para desplegar mi punto de vista acerca del gran engaño de aquella y de todas las revoluciones, con el cadáver aún caliente del manipulador y maquiavélico comandante que proscribió el jamón en Cuba, autor de todas y cada una de las traiciones que durante el nimio espacio temporal de medio siglo fraguó contra cada posible victima, ya que me parecía de pésimo gusto y muy alejado de lo que considero una conducta decorosa, que marque distancia, precisamente, de las maneras de esos especímenes, aunque ganas no me faltaban al constatar  tanta tergiversación histórica más interesada que ingenua, de los fanáticos seguidores que los hermanitos Kastromasov tienen en Argentina. 
Sin embargo a la productora de un amigo conductor de radio y TV, con quien suelo hablar por teléfono desde el otro lado del océano para su programa de radio insistió y le di una nota telefónica para la radio a el y a su hijo, y quedamos que pasado el tiempo del luto familiar y del simulado dolor por la pérdida de sus deudores, genízaros y olfateadores de trasero varios, volvería a comentar lo que quisiesen preguntarme, y así nos emplazamos para tres días antes de mi partida.
Esa mañana las llamas estaban literalmente tragándose la playa de Cariló, a la que tantas veces fui en ómnibus desde Gesell los días que no salía a vender artesanías para disfrutar de sus bosques, tranquilidad y arquitectura única, y mientras pensaba en ello mirando el fuego devorar Cariló me llamó la productora y me dijo si no sería mejor dejar mi mano a mano con mi amigo para otro día porque esa jornada la actualidad se la llevaba el plus de calor estival y me quedarían pocos minutos.
Íntimamente me sentí aliviado, ya seguía sin estar seguro de tener tantas ganas de hablar del muerto con la fogosidad que lo hacía mientras estaba vivo, cuando de algún modo podía enterarse por los conocidos comunes de mi total desprecio y descuerdo con su mezquindad.
Me place que así haya ocurrido cuando veo a tantos que no se atrevieron a decir ni una palabra de desacuerdo con el viejo púgil cuando aún estaba de pie, aporreándolo hoy en la lona una vez noqueado.

Amigos de la crítica sagaz, se acercan días de hilar más fino, no será tan grosero el objetivo a denunciar como lo fue la avaricia y el afán de dominio abierto de Guarapo, sin embargo puede que por sibilino y subrepticio resulte ser con creces más nocivo y proselitista.

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Published by martinguevara - en Cuba Opinión Argentina frizzante
16 septiembre 2016 5 16 /09 /septiembre /2016 22:34

Un año después de mi aparición en escena en la ciudad de las hojas y el otoño, se coló en las librerías un título que resultó ser un best seller de sociología, algo novedoso casi hasta en el terreno de la narrativa, mucho antes que Alain Touraine o Eco nos acostumbraran a sus súper ventas. Se convirtió en un hito, tanto por el autor, un verso suelto que no se deja atar a ningún poste, ni resbaladizo ni espinoso, como por el texto ágil, certero, intuitivo; el libro "Buenos Aires vida cotidiana y alienación" y Juan José Sebreli el firmante.

Cuando tuve que desprenderme de esa ciudad siendo niño, todo lo que se quedó aferrado a modo de garantía en la corteza cerebral, y que permanecería intacto hasta el fin de los días, era perenne, no susceptible de cambios por el paso del tiempo, con la excepción quizás de ese cambio climático, los otoños, estación en que nací, hace medio siglo eran más insistentes con el color, el viento, y las hojas de arce dobladas sobre el borde de la vereda como un reloj de Dalí. Pero casi todo lo demás permaneció intacto para la primera vez que regresé. Todo mi pecho era un enorme rejunte de deseos. Mi padre, mis primos, mis amigos de cuando niños y los olores, los sabores, los colores, volver a tierra abierta y no dentro de una maceta.

Cada vez que regreso, haya pasado quien haya pasado por la intendencia o el gobierno, yo encuentro mi propio Buenos Aires. En un lugar o en otro lo encuentro. Para mi, como sujeto en maceta, desterrado de la tierra de mis amores, de la única metrópoli posible, del campo argentino, de las playas del Atlántico, debo decir que lo que percibo en la ciudad de los techos dispares, de las baldosas sueltas, de los linyeras letrados nada tiene de vida cotidiana, y desde ya, todo allá puede ser enloquecedor, ensordecedor, irritante, encantador o frustrante, a contramano de cualquier alienación.

 Que placer pasar unos días perdido por sus calles, de un café a una librería, de una muestra a una de las buenas galerías, de una parrilla al centro de un corazón, de la cima de un adoquín al olor a boca de subte y a pebete de salame, de oir las bocinas de nueve de Julio o de Libertador a escuchar lo que habla la gente, y como lo habla, el histrionismo natural, el arte de los bueyes perdidos. un taxista, un kiosquero o el gallego del bar. Ver pasar el 60, el 12 y el 86 y participar en el derretido de una, dos, tres Vauquitas.

Y una justa inundación de asados y afecto entre amigos y parientes

 

 

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Published by martinguevara - en Argentina frizzante
24 noviembre 2015 2 24 /11 /noviembre /2015 19:35

Doy por sentado que aceptamos el hecho de que cada gusto, inclinación estética, e incluso ética, nos viene legada y precedida de legionarios, de barcos con cañones, de arcabuces, de cimitarras, de aviones y bombas, de cohetes, etc. según sea la época de la colonización o la conquista.

Palermo chico y el barrio de los psicoanalistas se hizo a imagen y semejanza de París, las cúpulas de Congreso de Roma, Avenida de Mayo de Madrid no porque Baires esté geográficamente entre Italia España y Francia, sino por una neo-colonización cultural de que fuimos objeto muy a gusto, pero precedida de ese acto de violencia colonialista.

Nuestros referentes culturales e históricos, Gardel era francés, Cortázar belga y hablaba más francés que español, amaba París, Borges habría querido ser Londinense, san Martín luchó para España, y vivió y murió en Francia, quería vivir en Londres, Sarmiento incorporó la escuela francesa, Guevara hablaba francés antes que castellano y leía los poetas malditos franceses antes que a Vallejo, y un extenso etcétera.

También dicho esto, hay que decir que tanto los celtíberos hispanos adoptaron la cultura romana, como los mayas la española, como luego Buenos Aires la francesa y la inglesa las familias patricias, por la colonización, pero también porque tenían algo que ofrecer, por ejemplo, el Gengis Kan conquistó más que Roma, pero los pueblos conquistados no adoptaron ni una tradición mongola, , la URSS ejerció un dominio astricto y omnipresente en Cuba, y  en La Habana no quedó ni una traición rusa, ni un solo dibujito animado se ha vuelto a pasar en la TV, sin embargo siguen viendo al gato Félix y a Mickey Mouse.  Porque además de los tanques hay que llevar aportes.

El alcohol no era la droga autóctona de América, pusieron proscritas las originales  y dejaron legal la importada de Europa, y así en todo el mundo, como los nombres de los colonizados y sus religiones,  pero eso lo doy por sentado que lo conocemos y lo aceptamos.

Los argentinos somos eso, hablamos una lengua romance y no una lengua Pampa, Ona, Tehuelche, como cabría para quienes critican que sintamos el atentado de Paris, vestimos como europeos o norteamericanos, no como vietnamitas o laoseanos, ni siquiera como quilmes o diaguitas, comemos asados de vaca y cordero como los ingleses, ravioles como los italianos, tortilla como los españoles, etc. Rara vez comemos ñandú, llama, guanaco o armadillo.

En la patria de la carne proliferaron los Mc Donalds, le llamamos Patty como los norteamericanos  a la carne picada, desde mucho antes que arribara el primer restaurante norteamericano de pattys.

Ahora bien, más allá de eso, el hecho de que en Madrid se sienta muy cercano lo sucedido en París, no tiene que ver en absoluto con esto, España es el país menos afrancesado que uno puede imaginar dentro de Europa a pesar de la cercanía a Francia, y muy a pesar mío, que como porteño soy mucho más francocentrista y amante de lo parisino que la mayoría de los españoles de la meseta, que construyeron una identidad en oposición al refinamiento y la sofisticación francesa, donde la campechanía es una virtud y la pedantería intelectual un defecto al revés que en la idiosincrasia gala, donde un exceso e campechanía puede ser tomado como una vulgaridad indeseable y cierta petulancia , altivez , complejidad en el pensamiento, tanto como en el vestir, en las formas y en el discurso, es gratamente bienvenido en virtud de un refinamiento integral, ético y estético.

 

Madrid vivió un verdadero shock con atentado terrorista más grande la historia de Europa, en marzo del 2004, y los efectos están en el hipotálamo de la población todavía.

Fueron casi los mismos quienes lo cometieron y casi las mismas victimas, en el caso de Madrid murió la gente que iba a laburar a la mañana en el tren y en caso Paris, la misma gente que ya había salido del trabajo e iban a escuchar rock o a tomar un café. No eran los grandes potentados europeos, ni ninguno de los culpables de la miseria del mundo.

Y además concurre el hecho de que es un país vecino, limítrofe y que la amenaza se vuelve a cernir sobre el área.

Sí, en Madrid o en Buenos Aires podría haber costumbre nigerianas en lugar de europeas, impuestas primero por los trogloditas de la antigua Eritrea al Nilo, luego por el Nilo al mediterráneo, luego a Grecia, luego a Roma luego a  toda Europa, más tarde a América, y por fin al mundo, pero eso es Historia , esa ya no la podemos cambiar, lo que sí puede hacer de ahora en más quien quiera, es aprender a hablar quechua, aymará o guaraní ponerse un taparrabos y vivir en la selva.

Pero es cierto que no cuenta con la prensa suficiente.

 

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Published by martinguevara - en Argentina frizzante
23 noviembre 2015 1 23 /11 /noviembre /2015 19:42

Doy por sentado que aceptamos el hecho de que cada gusto, inclinación estética, e incluso ética, nos viene legada y precedida de legionarios, de barcos con cañones, de arcabuces, de cimitarras, de aviones y bombas, de cohetes, etc. según sea la época de la colonización o la conquista.

Palermo chico y el barrio de los psicoanalistas se hizo a imagen y semejanza de París, las cúpulas de Congreso de Roma, Avenida de Mayo de Madrid no porque Baires esté geográficamente entre Italia España y Francia, sino por una neo-colonización cultural de que fuimos objeto muy a gusto, pero precedida de ese acto de violencia colonialista.

Nuestros referentes culturales e históricos, Gardel era francés, Cortázar belga y hablaba más francés que español, amaba París, Borges habría querido ser Londinense, san Martín luchó para España, y vivió y murió en Francia, quería vivir en Londres, Sarmiento incorporó la escuela francesa, Guevara hablaba francés antes que castellano y leía los poetas malditos franceses antes que a Vallejo, y un extenso etcétera.

También dicho esto, hay que decir que tanto los celtíberos hispanos adoptaron la cultura romana, como los mayas la española, como luego Buenos Aires la francesa y la inglesa las familias patricias, por la colonización, pero también porque tenían algo que ofrecer, por ejemplo, el Gengis Kan conquistó más que Roma, pero los pueblos conquistados no adoptaron ni una tradición mongola, , la URSS ejerció un dominio astricto y omnipresente en Cuba, y  en La Habana no quedó ni una traición rusa, ni un solo dibujito animado se ha vuelto a pasar en la TV, sin embargo siguen viendo al gato Félix y a Mickey Mouse.  Porque además de los tanques hay que llevar aportes.

El alcohol no era la droga autóctona de América, pusieron proscritas las originales  y dejaron legal la importada de Europa, y así en todo el mundo, como los nombres de los colonizados y sus religiones,  pero eso lo doy por sentado que lo conocemos y lo aceptamos.

Los argentinos somos eso, hablamos una lengua romance y no una lengua Pampa, Ona, Tehuelche, como cabría para quienes critican que sintamos el atentado de Paris, vestimos como europeos o norteamericanos, no como vietnamitas o laoseanos, ni siquiera como quilmes o diaguitas, comemos asados de vaca y cordero como los ingleses, ravioles como los italianos, tortilla como los españoles, etc. Rara vez comemos ñandú, llama, guanaco o armadillo.

En la patria de la carne proliferaron los Mc Donalds, le llamamos Patty como los norteamericanos  a la carne picada, desde mucho antes que arribara el primer restaurante norteamericano de pattys.

Ahora bien, más allá de eso, el hecho de que en Madrid se sienta muy cercano lo sucedido en París, no tiene que ver en absoluto con esto, España es el país menos afrancesado que uno puede imaginar dentro de Europa a pesar de la cercanía a Francia, y muy a pesar mío, que como porteño soy mucho más francocentrista y amante de lo parisino que la mayoría de los españoles de la meseta, que construyeron una identidad en oposición al refinamiento y la sofisticación francesa, donde la campechanía es una virtud y la pedantería intelectual un defecto al revés que en la idiosincrasia gala, donde un exceso e campechanía puede ser tomado como una vulgaridad indeseable y cierta petulancia , altivez , complejidad en el pensamiento, tanto como en el vestir, en las formas y en el discurso, es gratamente bienvenido en virtud de un refinamiento integral, ético y estético.

 

Madrid vivió un verdadero shock con atentado terrorista más grande la historia de Europa, en marzo del 2004, y los efectos están en el hipotálamo de la población todavía.

Fueron casi los mismos quienes lo cometieron y casi las mismas victimas, en el caso de Madrid murió la gente que iba a laburar a la mañana en el tren y en caso Paris, la misma gente que ya había salido del trabajo e iban a escuchar rock o a tomar un café. No eran los grandes potentados europeos, ni ninguno de los culpables de la miseria del mundo.

Y además concurre el hecho de que es un país vecino, limítrofe y que la amenaza se vuelve a cernir sobre el área.

Sí, en Madrid o en Buenos Aires podría haber costumbre nigerianas en lugar de europeas, impuestas primero por los trogloditas de la antigua Eritrea al Nilo, luego por el Nilo al mediterráneo, luego a Grecia, luego a Roma luego a  toda Europa, más tarde a América, y por fin al mundo, pero eso es Historia , esa ya no la podemos cambiar, lo que sí puede hacer de ahora en más quien quiera, es aprender a hablar quechua, aymará o guaraní ponerse un taparrabos y vivir en la selva.

Pero es cierto que no cuenta que la prensa suficiente.

 

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Published by martinguevara - en Argentina frizzante
23 noviembre 2015 1 23 /11 /noviembre /2015 02:19

El único instante a lo largo de la historia de la humanidad en que tiene la misma relevancia la opinión del banquero más acaudalado que la del linyera más paupérrimo es en el momento de depositar el voto en unos comicios para elegir quien conduzca el destino de una nación. Dos minutos antes y dos más tarde el banquero a mover los lobbies que sustentan al poder y el mendigo a escuchar el eco en el vacío en sus bolsillos.

El 25de Octubre pasado le tocó ese honor a toda persona mayor de edad con ciudadanía argentina, con una reedición en el día de hoy, en una segunda vuelta eligiendo entre los dos candidatos más votados en la primera.

En un minuto de sus vidas hoy fueron todos iguales ante la posibilidad de dar un giro u otro al destino del país, quien quiso votar salió por un instante de su oquedad y de su lobby y manifestó sus filias o sus fobias, su recompensa o su castigo, pintó de óleo su tela o garabateó en la servilleta su mamarracho, con las ecuaciones a su alcance, con lo que encontró encima de la mesa.

Diciendo las mismas palabras no todos quisieron decir lo mismo, o mejor dicho no todos dijeron lo mismo por las mismas razones, dentro de los votantes de un signo unos fueron motivados por la ilusión y y otros movidos por la decepción, unos apoyaban la alternativa de hoy desde hace años y otros la empezaron a considerar hace pocos días, habrá incluso los que hayan obedecido a un impulso, a una intuición, al poder del olfato o de la duda, el espacio de inteligencia poco frecuentado en que  nos suele depositar la incertidumbre.

Con una alta participación en los comicios y un comportamiento cívico ejemplar, el soberano pueblo argentino, el mismo que en las dos presidencias anteriores había decidido apoyar la candidatura peronista de los Kirchner, en este caso y de una manera contundente, más que todo atendiendo a las encuestas previas, a las elecciones PASO y a las del 25 de Octubre, esta ocasión se decantó por “Cambiemos” y el candidato del PRO, Mauricio Macri, quien no proviene de ninguna de las dos  fuerzas tradicionales que habían alternado en el gobierno de la Argentina en las etapas democráticas, ni peronista ni radical, aunque reúna dentro de sus votantes a la fuerza Radical.

Empresario, personaje vario pinto, decidido, versátil, disperso en ocasiones, centrado en otras, con casos judiciales, ex presidente de Boca Juniors, club de fútbol seña y santo post moderno del pueblo de la descamisa y el choripán, representante de la ciudad y del campo, de la clase media, de la Capital, de los Unitarios frente a los Federales del siglo XXI.

En cualquier caso un aire nuevo, una incógnita, el atractivo y a la vez el reparo de que todo puede ocurrir.

Argentina cambió de gobierno y de signo político. También cambió de costumbres, de tradiciones, exceptuando reductos muy polarizados o cargados telúrica más que ideológicamente por el peronismo,  abrió la caja de sorpresas.

Siempre hay algo fresco y aprovechable en los cambios, pueden atemorizar por su proximidad estética al caos, pero son las mayores oportunidades para el relevo de nivel.  

Del período que se cierra hay tantos aciertos como errores o empecinamientos, tantas luces económicas  hubo en la época de Lavagna como sombras en la era que cierra el período, tantos logros en materia de derechos humanos respecto de los tropelías y atropellos protagonizados por las dictaduras militares, como desatención a aspectos de higiene democrática, de tolerancia, humildad y pluralismo.

Los cambios de gobiernos, las alternancias en el poder tienen mucho más relación con el mundo de las percepciones y  de la saturación de los modelos vigentes que de las políticas concretas, que de los exhaustivos  análisis de los pro y los contra, que los sesudos reparos en la lógica.

Al final, un país al igual que una persona, necesita de la magia del entusiasmo, precisa abrir el paquete que contenga olor a nuevo, con el tiempo verá si el artilugio comprado es de la calidad prometida o no, pero por lo pronto, la alegría de abrirlo le da ese plus de fuerzas y de ilusión de que se compone la vida.

El desafío de Macri y su equipo como del pueblo argentino, será lograr cambiar las cosas mal o no hechas, modernizar aquellas anquilosadas, y tener la sabiduría de no atentar contra las que se hicieron bien.

 

 

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Published by martinguevara - en Argentina frizzante
4 marzo 2015 3 04 /03 /marzo /2015 15:19

Hoy tuve la oportunidad de suspirar desde la argentinidad, a raíz de un debate en una asociación de argentinos en el exterior, que prefiero no referir, en la que se llama a atender los problemas desde la óptica del sitio donde vivimos, no de Argentina, y me quería permitir, un breve comentario al respecto.

La división por distintos puntos de vista acerca de la realidad vista desde afuera, que es tan omnipresente entre argentinos en el exterior, desde siempre, que nunca vi una comunidad con tantos puntos en común, con una identidad tan fuerte e incluso atractiva en todo el mundo, y sin embargo tan competitiva y dividida a partir de que mucho antes que una comunicad todo grupo de argentinos es un rejunte de "egos" . 
He vivido en varios sitios estas situaciones, e incluso entre argentinos que se suponía estaban en la misma línea, o percepción de la realidad, las discusiones llegaban a ser casi capitales. 
Cuando tuvo lugar el Mundial de fútbol del '78, la división dentro de la misma izquierda peronista y no peronista, incluso dentro de cada una de estas, de si debía apoyarse o no, fue tal, que hubo rupturas irreconciliables en las filas y cúpulas que descansaban en la incomoda comodidad del exilio en el exterior. No se salva nadie de esta tradición. 
De manera humilde, creo que lo mejor, es tener en cuenta que una asociación en exterior intenta cubrir el deseo de sentir los lazos identitarios que de alguna manera, consciente, o inconscientemente se extrañan, y d e manera brutal, al estar tan lejos. por tanto convendría mucho antes hacer hincapié en los rasgos generales y transversales a toda ideología o posicionamiento político, sensibilidades sociales, etc. 
A todos nos unen las empanadas, unos mates, jugar al truco, Borges, Cortázar, Petorutti, Les Luthiers, a algunos el tango a otros el rock nacional, a otros el folclore, el rugby, el hockey, el fútbol, el box, a algunos les gustará más el golf o el polo a otros, a todos les gusta el vitel tomé, el pastel de papas, los niños envueltos, las milanesas, el asado, todas las pastas, las pizzas, la garúa, el cielo gris, el humor negro, el buen gusto , las visitas de amigos, el modo tan particular e intenso de entender la amistad en Argentina, único en el mundo. 
Si nos uniésemos en lo que es transversal a todos, nos daríamos cuenta además d e pasarla bien sin pelear, que todo lo demás son en realidad barnices que llevamos tan clavados como ajenos pueden llegar a convertirse fuera del contexto, no dejan de ser natos, al igual que los rasgos culturales que enumero, no hay diferencia, entonces, ¿por qué no buscar los puntos en acuerdo?

Sólo podemos ganar.

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Published by martinguevara - en Argentina frizzante
14 febrero 2015 6 14 /02 /febrero /2015 18:51

Yo encuentro válida cualquier posicionamiento que muestre respeto hacia los demás. La que no parece a simple vista una opción demasiado válida, es el fanatismo.

Los fanáticos creen que hay extremismos gatunos o perrunos, diurnos o nocturnos, carnívoros o vegetarianos, de izquierdas o de derechas, y lo que no alcanzan a ver es que el "fanatismo" de por si conforma un conjunto, una posición, una opción.

De tal modo que un fanático de izquierda está mucho más cercano en todo a un fanático de derechas o de cricket tibetano, que de un atemperado simpatizante de la izquierda civilizada. 
Si se le prohibiese hablar de política a un extremista de derechas y a un extremista de izquierdas, y se los colocase bajo un mismo techo, sentirían una familiaridad inusitada, se verían más cercanos que gemelos, más que clones, casi siameses! Se percatarían de que piensan igual, actúan del mismo modo frente a todo estímulo, son idénticos.

Y si de repente se les permitiese hablar de política, seguirían siendo iguales, haciendo las mismas cosas, sólo que desde entonces se odiarían a muerte, pero eso sí, con idéntico furor e intensidad. 


Dejen el fanatismo señores, la gente no es buena integral ni mala del todo, no hay inmaculados ni demonios.


En este momento los asuntos que tiene en torno de sí el gobierno argentino carecen del mínimo decoro y de toda claridad, sin embargo otras obras que ha hecho a lo largo de estos años han tenido altura.

Sólo se trata de equilibrio y civismo.


¿Qué otra finalidad puede encerrar la defensa a ultranza de los errores propios y la permanente gresca frente a los ajenos, que la permanencia sempiterna en un estado de necedad colectiva profunda?

 

Autofagia be bop.

 

 

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Published by martinguevara - en Argentina frizzante
7 junio 2013 5 07 /06 /junio /2013 19:12

 

El otro día me encontré con mi amiga periodista Claudia en el café Ópera, en Corrientes y Callao, para charlar un rato de bueyes perdidos.
Al cabo de la conversación, cuando nos pusimos de pie mientras me disponía a la última caminata del día hacia el barrio de Congreso donde estaba parando por los días que visité la ciudad, mi amiga me advirtió: 
- Mirá quien acaba de entrar.
Me giré y vi la figura enjuta por la naturaleza y los años de Juan José Sebreli, estaba justo en ese momento entrando con su gabardina de siempre sobre la vestimenta más que correcta, y atendía sin desdén a un parroquiano que se había levantado a hacerle participe de su admiración, le pedía un autógrafo para un libro a lo que Sebreli parecía acceder sin prisa y sin molestia.
Me aproximé en el momento en que el admirador regresó por un instante a la mesa en que se encontraba con otra persona para tomar el libro, y no constituyó esfuerzo alguno saludarlo porque estaba con su amplia sonrisa característica que esboza mientras deja los párpados entornados sobre los ojos, aún vivaces. 
Pero estaba claro que no me reconocía. 
Entonces le dije mi nombre y que habíamos conversado algunas veces, y también que representaba para mi una sorpresa muy grata verlo así de vital y verlo en el Ópera, no consideré adecuado recordarle a nuestra amiga común de otrora gracias a quien lo conocí, ya que no estaba seguro de tener el permiso de ella para utilizarla con fines que al fin y al cabo podrían pertenecer al conjunto de la vanidad. Sentí que pretender un abrazo más efusivo ante la mirada de Claudia o la evidencia de pasadas charlas y encuentros podría constituir una muestra de cholulaje de escaso buen gusto.
Pero entonces Juan José me preguntó: ¿ Dónde estás viviendo ahora? . Lo tomé como una pregunta cortés más que retórica, y le contesté con precisión el sitio de España donde vivo actualmente, sospechando por la impertérrita persistencia de las comisuras de sus labios, de idéntico dibujo entre el saludo al admirador y a mi, que no tenía ni idea de quien era yo. Me despedí antes de que llegase nuevamente el parroquiano con su libro a punto de cambiar su status definitivamente gracias a la dedicatoria.
Salimos de aquel Café continente de tantas historias, con la sensación de que además de estar en el centro de Buenos Aires, estábamos merodeando su corazón y la historia reciente.

Como siempre una ciudad hecha para caminar, a pesar de los súper pozos y las baldosas trampolines de hediondos líquidos mega voladores, a pesar de ello y de lo que sea, una de las ciudades mas impresionantes, variopintas, energizantes, y también agotadoras que he tenido oportunidad de conocer.
Donde a pesar de las pasiones y los enconos con se defienden las posiciones casi siempre extremas de cualquiera sea el momento de su actualidad política, la gente disfruta de la vida, los amigos se abrazan y se dicen que se quieren, y las porciones de pizza de muzarella de Guerrin y de las Cuartetas siguen siendo de las más ricas del mundo.
Cuando despedí a Claudia y continué caminando hacia el departamento de mi tía,  me quedé pensando en aquel episodio de saludo y desencuentro con Sebreli, un escritor necesario para entender la Argentina del siglo XX con la característica de que convirtió algunos títulos de temas sociológicos, como " Buenos Aires, vida cotidiana y alienación" o "Mar del Plata , el ocio represivo" en Best sellers de entonces, mérito que aunque no se recluya en un cien por ciento a su persona, ya que intervino de la otra parte una sociedad receptiva donde la aspiración de "saber" estaba viva y contaba con buena prensa, quizás no huelgue reconocer que algo habría tenido que ver en dicho fenómeno el flaco. Compartiendo ese  extraño éxito popular, masivo, casi playero, en títulos tradicionalmente condenados a tiradas modestas, con el "Medio pelo de la sociedad argentina" de Arturo Jauretche y con los recientes éxitos de Pigna, aunque en este último caso hay que decir que el suceso ha tenido lugar en la era del plástico.

 

Como lector encuentro cierta familiaridad entre Sebreli y Lipovetsky, quizás por los éxitos de ventas en temáticas de corte sociológicos, o tal vez por esa característica tan de ambos, de argumentar en cada nuevo libro porque opinan ya de otro modo que en el anterior, algo que me fascina toda vez que no hay mejor motor para exprimir la materia gris, que la contradicción.

Aunque el Buenos Aires comprometido ideológicamente, la ciudadanía militante de la opinión política de los años sesenta que leyeron a Sebreli, con sus pro y sus contra generalmente relacionados estos con la violencia y la intolerancia, mucho se diferencian de la actual población más motivada por lo emocional y lo instintivo.

De manera que aquél resulta un fenómeno engañosamente similar al que nos ha deparado el post modernismo, donde a merced de  compartimentos estancos como instrumentos de análisis, del minimalismo del pensamiento, fue inundado todo por la inmediatez, la banalización, el lenguaje ultra coloquial, de tipo "cercano" hasta la pegajosidad, lo cual posibilitó que unido al hábito de alimentarnos con Mac Donald's, vestirnos con Levi's Strauss y exigir unas pocas escalas para llamarle música a unos encantadores y estimulantes sonidos, también pretendamos decir las cosas más trascendentes de nuestra época bajo la ley del mínimo esfuerzo.

Aunque en honor a la verdad, pocas cosas más coherentes que tal aspiración, pueden haber en la época del imperio del entretenimiento, del tranquilizante y del somnífero.

Cuando ya me había ido de Buenos Aires mi amiga Claudia me confesó que la situación la llevó a sentir que entraba al túnel del tiempo.

Exacto, quizás lo único que busco cada vez que doblo la esquina de Callao y comienzo a bajar por la calle de los libros, los cines y los teatros, es volver a la librería que allí tenía mi padre por los años en que yo nací, y donde por lo que me cuentan, en medio del bullicio  de la nutrida fauna que allí se daba cita, yo conseguía conciliar en mi moisés, un profundo sueño del cual aún conservo una remota idea.

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Published by martinguevara - en Argentina frizzante
13 noviembre 2012 2 13 /11 /noviembre /2012 20:59

 

 

“Epsis adocnis” me decía al tiempo que hacía denodados esfuerzos por incorporarme. La cabeza hacía lo posible por seguir mi directriz de no partirse en dos. El hombro lo tenía cubierto de una pasta rojiza con olor dulzón, y la boca con un sabor agrio y desierta de saliva, reconocí el pie del lavatorio del baño y me percaté que había podido dejar la puerta abierta, me incorporé, pero dos pasos más adelante perdí pie y pisada y fui a dar contra la mesita de luz que estaba al salir del baño, tiré al suelo la taza de café los libros el despertador y el cenicero.

Me quedé un rato más allí hasta que se me pasaron las ganas de asirme al parquet. Dormí un poco y al despertar logré llegar a la puerta que no estaba tan  lejos como parecía, todo en esa mísera cueva excepto la salvación, estaba demasiado cerca.

Presioné fuertemente las sienes y luego las cavidades orbitales por encima de los párpados, bordeando los ojos, eso me hizo ver las estrellas en sus colores originales con resplandores plateados repletos de mil y un demonios, que no obstante aliviaron el descontrol de mi cabeza, recién entonces tomé asiento.

¿ Qué habría querido decir con aquello?. Lo cierto es que en Claudio no se podía creer ni cuando daba la hora, pero a veces decía cosas que parecían venir de otra dimensión, de una existencia por donde ni por asomo paseó vez alguna su codo ni  su trasero. Aunque quizás en aquella ocasión, justo gracias a lo absurdo que parecía, tuviese algo de sentido.

                  Tenía que salir de aquel antro o los pulmones me iban cobrar una factura aún mayor en silbidos y tos. Mis fuelles estaban bien adiestrados para convivir con la polución y podían optimizar el oxígeno de cada bocanada de aire, pero no se les podía exigir lo imposible.

                  Llevaba cuatro meses alquilando ese departamento y ya me estaban pidiendo que lo abandonase con urgencia, ya que otros lo codiciaban como si fuese el Ritz, la propietaria era una conocida de mi amiga Karina, quien intercedió para el alquiler porque cuando solíamos dormir juntos se nos iba todo en hoteles. Y aunque yo no hiciese demasiado por la salud ambiental de aquel rectángulo, lo cierto es que al viciado aire que se respiraba allí contribuían otros condicionantes , estaba encajonado, no recibía un rayo de sol en todo el año y si se lo intentaba ventilar, entraba una corriente de aire gélido y húmedo que en invierno podía matar de neumonía y en verano de intoxicación a merced de los efluvios del pequeño y poco higiénico patio al que daba.

                  “Al demonio con todo aquello”- me dije.

                  Claudio me había dicho que en algunos sitios de la  costa cuando llegaba la temporada estival solía haber trabajo, la gran mayoría del malo, del verdaderamente malo de ese que no pagan y si lo hacen solo pagan la mitad de lo prometido, pero se podía encontrar diversión, me habló de algún puesto de camarero en algún restaurante caro que permitía regresar luego a la ciudad con unos cuantos billetes como para tirar unos meses sin preocupaciones. Pero a quien le importaba servir sándwiches de milanesa o canapés de caviar. Epsis adocnis me repetía yo una y otra vez, en apariencia no significaba nada, pero hasta ese entonces nunca algo había significado tanto para mi.

                  Junté todo lo de mi propiedad, que con libros incluidos  no llegaba repletar dos bolsos deportivos, le dejé una nota a la conocida de Karina diciéndole que ya podía intoxicar a algún otro desprevenido, con respecto a la factura de teléfono le puse en la nota: “Dios te la pague”,  y me fui.

                  Antes de haber emigrado solía ir cuando era niño con mis padres a San Clemente del Tuyu y a Villa Gesell. De aquello había pasado mucho tiempo, pero ambas seguían siendo zonas de veraneo, elegí Villa Gesell porque algunas personas me dijeron que tenía más onda, tanto las chicas de la arena como del bar, la tiza, la serpiente del bebedor que terminé enroscándome en la garganta, mientras me embebí en ese tipo de miel de la ciudad y alcohol de farmacia, laya de ese talante y también el ambiente de la gente como las fondas donde se podía trabajar.

No quería trabajar más que cuando me fui por toda la costa del Atlántico desde Uruguay hasta Guyana Francesa buscando un barco para convertirme en Simbad.

                  Fui a un pequeño hotel que había en la avenida Buenos Aires en pleno centro, cerca de donde paraba cuando era niño. Todo había cambiado, esa zona que otrora estaba entre pinos era en aquel momento un corredor de centros comerciales. 

                  Un primo de mi padre me comentó que mi tío Ernesto, cuando era muy joven había comprado junto con mi abuelo unas tierras en Villa Gesell,  mi abuelo había tenido tiempo de venderlas cuando comenzó el desarrollo turístico , no así mi tío que estaba en otras contingencias. Fui a verlas, parte de estas se expandían justo donde entonces se encontraba la casa redonda, una casa que sería de lo más vulgar si no fuese porque sus paredes estaban dispuestas en efecto, de modo circular y porque todos sus habitantes estaban en la costa para llevar a cabo su particular manera de entender las actividades lucrativas, un muestrario de todas las formas de agenciarse el sustento con picaresca, pequeños hurtos, ventas de substancias prohibidas, y me quedé dos meses atónito observando como si de un circo se tratase toda suerte de timos y algunos vicios, en el mismo sitio donde habían estado las parcelas que ocultaban arena en la sangre, arena en los dientes, que escondían los secretos mejor guardados de unos jóvenes, que una noche conocieron excesos que los condenaron al nunca más en un inicio y a la eternidad a renglón seguido.

Improntas de mi tío y sus amigos que cobraban vida cada período estival, dentro de la casa redonda en diferentes personas a lo largo del tiempo, a través de una cascada de rebeldía, en el sombrío extremo alternativo.

 

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