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14 diciembre 2020 1 14 /12 /diciembre /2020 13:00

Era ese mismo verano en que habíamos intentado pasar unas vacaciones fabulosas, pagadas y además cobrando un dinerito como Guía en el campamento de pioneros de Tarará, pretensión que a los tres días quedó fulminantemente cegada por una expulsión que caería en nuestros expedientes acumulativos, intentamos limpiarlo o continuar con la diversión buscándonos nuestro primer trabajo en serio.

Entré en el destacado puesto de “chico para todo”, con mi amigo “el Nene”, gracias a la gestión de Orestes, que trabajaba en esa empresa, de producción de todo tipo de utensilios de aluminio para las FAR por segundo año consecutivo durante las vacaciones con un contrato temporal por quince días prorrogable a dos quincenas, para llevarse unos pesos en época estival. Recibiríamos por el desempeño de la tarea 98 pesos cada uno.  Aunque no precisaba el dinero de esa paga, sino que quienes habían empezado a recriminarme que había dejado los estudios, no pudiesen decir que tampoco trabajaba. Había que vivir pendiente de lo que pensasen los demás, ya fuese para complacerlos o para molestar, sólo volviéndose loco  podía uno hacer la suya. Aunque también la idea de conocer el terreno laboral por un lapso, como descanso de tanta haraganería, me subyugó.

Al Nene y a mí nos habían destinado a limpiar los latones de basura, donde descansaban los restos de un enorme banquete con que se habían auto homenajeado a base de pollo y puerco los directivos de la empresa y sus invitados, justo el fin de semana antes de que empezásemos el trabajo. Soldados de avanzadilla  inspeccionando el terreno enemigo antes de que la tropa decidiese atacar.

Acercarse a aquellos latones suponía una inmolación, y se iba poniendo más intenso, en la medida que indolentemente, dejábamos el trabajo para el día siguiente a causa de la peste entre aguda, dulzona, pegajosa e insoportable que fluía de aquellos latones.

 

Al nene le habían dado la llave de un toro motor, que se utilizaba para levantar pallets, pero para el trabajo de volcar los ocho cubos de basura podrida e inflamada nos era de poca utilidad, ya que cuando intentamos levantar el primero, para trasladarlo al sitio indicado, se nos viró de costado, derramando los pollos con sus lomos y panzas hinchadas y hediondas por encima del borde del latón y liberar ovillos de gusanos color crema que con los rayos sol se engalanaban de verde brillante y con el calor despedían sus más intensos aromas . Después de ese accidente pasamos la semana entera haciendo trabajitos de poca monta, hasta que llegó el viernes y el jefe montó en cólera, y nos amenazó con echarnos el mismo lunes si no acabábamos la tarea.

Por fin logramos volcarlos en el patio donde nos indicaron,  hicimos una montaña con todos los pollos podridos, retiramos los latones, les echamos gasolina,  luego un fósforo, y vimos arder aquellas madejas de gusanos durante una tarde entera.

Nos llevó más tiempo del que pensábamos lograr quemar aquellos benditos pollos inflados que olían a mil demonios. Cuando los llevábamos al basurero nos entrevistó el noticiero del ICAIC, nos dijeron a la siguiente semana saldríamos en el noticiero del cine, en todos los cines de La Habana, sobre un camión trabajando de basureros. Al regreso de ese viaje el jefe nos esperaba con la liquidación por quince días de trabajo. No nos soportaba más según sus palabras.

Dejamos de ser basureros temporales, pero mis pantalones vaqueros no por ello volvieron a oler bien. Entre el escaso apego a la ducha que había desarrollado y el hecho de que quien lavaba la ropa en casa era mi abuela, a la que le llevaba una bolsa de ropa sucia para verla limpia, y que el único vaquero Levi’s que tenía prefería no gastarlo demasiado con el jabón y la tabla de lavar, ya que estaba  a punto de romperse, y una cosa era pavonearse como empleado responsable de la basura, que daba cierto halo de explorador en la vida y otra muy diferente  enfundar por obligación aquellos espantosos pantalones chinos, de la tienda para cubanos. Esa sí era una osadía.

Dos o tres semanas  más tarde, salió en las salas del Cine  el documental de los basureros, pusieron un trozo de nosotros con tomas de primeros planos, algunos amigos rieron burlones,  nos decían “leones” como se les conocía a los basureros, por el aroma más que por la fiereza. Tenía su gracia aunque presentó un inconveniente, durante un tiempo mi incipiente y saludable popularidad entre las chicas experimentó un repentino parón. El blue jean gastado y algo necesitado de jabón, me servía de contrapeso, aunque fuese únicamente con las pepillas de livianísimo galope y de nariz muy fogueada en innumerables las batallas.

 

Pollos aromáticos

Pollos aromáticos

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9 diciembre 2020 3 09 /12 /diciembre /2020 02:44

El preuniversitario Pedro Ortiz lo dejé en grado doce sin terminar, a los dos años de vagancia me permitieron volver a hacerlo en otro pre, el Pablo de la Torriente, lo cursé, llevé todas a extraordinario por no haber casi asistido a clases y no llegué a la puntuación básica de 70 en matemáticas por un detalle, me la había jurado el profesor, y yo mismo, claro.

Entonces por tercera vez lo comencé en la Facultad Obrero Campesina que solía ser de noche, pero había clases por el día, me di cuenta que para quien hace el pre en la FOC es mucho más fácil, y es el mismo título, pero sin aspiraciones universitarias en tal caso. En mitad de ese curso regresé a Argentina, y a menudo, entre las bromas de que soy licenciado en grado doce, a lo largo de los años soñé varias veces que suspendía, que Cepero me esperaba sonriendo para ubicarme en una aula sólo, sin posibilidad ni siquiera de consultar alguna pequeña muleta para alcanzar los 70 puntos, recién hace un años empecé a soñar de una manera muy vívida que apruebo todos los exámenes y soy bachiller, he soñado también que sigo en grado doce porque quería estar seguro de haber aprobado, pero los profesores me decían ¿qué haces aquí, tu ya pasaste a la universidad? Pero había un problema en mis sueños, nunca entré a universidad, no tenía un asidero de recuerdos en la realidad con mi paso por la uni.

No pasar por la universidad no era la cuestión, eso estaba clarísimo, el abuelo, con sus diatribas de que todos los Guevara estudiaban carreras de prestigio desde siempre, me había dejado ese gol para hacerlo de taquito y coronar el pataleo adolescente tardío, sin demasiado esfuerzo, porque encima estábamos en Cuba, donde casi todos los que estaban en el pre pasaban de una forma u otra a la universidad, yo sentía un placer indescriptible al presentar un claro contraste de mi mal desempeño académico y mi acervo cultural, que era este, con diferencia, más profundo y ecléctico que el de mis compañeros con altas calificaciones y mis parientes ya encaminados a profesionales. No, la cuestión no era esa, estaba claro que no entregaría por nada la prestigiosa distinción de ser el único de mi generación sin educación superior, no para ser trabajador como mi padre, ni guerrillero, ni siquiera delincuente, sino para ostentar un sobresaliente en inutilidad.

Pero una cosa era que quedase claro que había sido yo quien decidió no estudiar como era casi obligado e inevitable y otra era no tener siquiera el bachillerato, lo cual me dejaba al pie de los caballos frente a toda presentación de currículo, o cualquier trámite que requiriese una mínima seriedad; eso ya no reflejaba la expresión de una estúpida rebeldía juvenil, sino un abanico de suposiciones que podía ir desde la estupidez sin más, pasando por la posibilidad de una infancia plagada de carencias, hasta una escasa capacidad de aprendizaje, las cuales ya no me hacían ni pizca de gracia.

Tan reales y persistentes fueron los sueños, que sin pensarlo llegué a sentirme como si de verdad hubiese terminado aquel truncado preuniversitario que al parecer me había marcado en el subconsciente, en la vida onírica, y probablemente en las acciones de cada día.

Pero ya no tenía que temer, había retomado lo que en su momento abandoné por la fiesta, el sexo y el trago, y lo superé.

Pero ayer, al escribir sobre mis años escolares, como si realmente me despertase de un sueño, me di de bruces con que no he terminado, ni retomado el pre, que acaso en otra realidad lo están haciendo millones de estudiantes pero yo sigo barqueando, gastando todo el tiempo en otros menesteres que reportan escaso provecho aunque bastante anecdotario, y me sentí atado con un enorme soga gruesa, rodeándome todo el cuerpo, y me dieron ganas de gritar, de llamar a la profesora, a mis compañeros, a la trigonometría, a las diferenciales y los logaritmos, pero ninguno acudía, y me habían olvidado para siempre, había pasado mucho tiempo y me estuvieron esperando con paciencia hasta cierto punto.

Entonces no grité, me fijé en la otra cara de ese yo, y me vi sin ataduras, parado entre dos acantilados, flotando sobre el precipicio, logrando mantenerme en el aire sin mayor esfuerzo, comencé a batir los brazos y vi que a cambio de aprobar el pre, solté el lastre que me impedía manotear el aire y elevar todo el peso de mi ligereza

 

Preuniversitario

Preuniversitario

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8 diciembre 2020 2 08 /12 /diciembre /2020 18:09

Mi mejor amigo de afuera del hotel era de sangre caliente, si uno quería asistir a una buena pelea, sólo debía esperar hasta las cuatro y veinte que era la hora de salida de la escuela, y entonces o bien a la misma salida del colegio o, para evitar las represalias de la dirección, detrás de la Sinagoga de El Vedado, había espectáculo de bronca. A menudo me pedía que le sostuviese los libros cuando se fajaba así que eso me convertía en espectador privilegiado de primera línea. En Argentina, las peles se iban pactando con el incremento de bravuconería o insultos, eran generalmente a piñas, nunca vi una brinca en el suelo, un vez que uno caía, esperaban que se levante o se acababa la pelea, en Cuba el inicio, el despertar de la bronca era una sonora bofetada, incluso si los ofensores ya no tenían muchas ganas de fajarse, el público de alrededor los animaba para ese primer paso gritando a coro “la galleta, la galleta” , hasta que se desataba la riña tras la sonora “jilda” .

La función de la galleta era mucho más de alarde, de humillación, bien podríase empezar con un piñazo que fuese mucho más eficaz con la finalidad de vencer, pero la galleta además de ser el campanazo que anunciaba oficialmente la pelea, daba un plus de brillo al ejecutor, aún cuando este después perdiese. La “fajazón” cubana va mucho más allá del boxeo, lleva todos los ingredientes, patadas, piñazos, galletas, incluso palos y piedras, pero además proyecciones al suelo, llamadas en Cuba “estrallón” provenientes de la lucha o el judo, pero generalmente aprendidas en la calle, y luego en el suelo se daba el segundo capítulo de la bronca, lograr asfixiar al oponente con una llave al cuello, o simplemente ganarle a golpes en la cara, hasta que se rinda el vencido, o que sea evidente el desenlace. Los abusadores, dan patadas desde arriba , escupen, o incluso orinan al derrotado, pero eso ya pertenece más al terreno carcelario o de inquina guardada durante años. Mi hermano cubano, era un maestro propinando ese galletazo del inicio, ponía la mano medio cóncava y el sonido inundaba al barrio, y luego era muy bueno en el suelo, sus fuertes no eran los piñazos , por eso tras la galleta buscaba el estrallón, en lo cual era mejor aún que en la galleta, y ahí y dependía de la fuerza y pericia de cada gallo en lidia, nunca lo vi dar un golpe más del necesario, ni abusando de gente que no mereciese una buena tunda, ni pelear por algo que no fuese de justicia elemental.

Con los años y la curda, esas broncas se hacían extensivas icluso a la policía, aunque en ese caso, por más sonora que fuese la galleta de inicio, y bueno su estrallón posterior, naturalmente, al final siempre llevaba la de perder, tranqueo grupal y a la Unidad.

En cambio, a mi nunca me gustó fajarme, por miedo a recibir golpes y por a golpear, siento un atractivo por la violencia pero como mero espectador. Así he estado en situaciones realmente peligrosas, pero si no soy objeto directo de las hostilidades me quedo mirando como si los acontecimientos fuesen transmitidos o proyectados en un pantalla.Cuando no quedaba otr slid tenía bunos buenos puños, las pocas veces que me fajé, gané, excepto las dos veces que me metí a defender a animales que estaban siendo abusados. Esas dos veces cobré.

Recuerdo un día después de que tres amigos con sus parejas estables o circunstanciales habíamos pasado la noche en el Hotel Riviera, de El Vedado, curdeando y comiendo bien, una vez que entregué las llaves de mi habitación en carpeta y despedí a mi amiga de aquella noche, decidí quedarme en el hotel bebiendo unos tragos en el bar El Elegante, donde tocaba el piano Felipe Dulzaides, un poco más tarde. Al día siguiente debía regresar con mi familia mi país de nacimiento tras diez años de exilio, las despedidas ya iban llegando a su fin.

Me tomé unos cócteles bellomonte para equilibrar la curda del día anterior, decidí irme a casa y cuando estaba caminando por el lobby hacia la salida, un hombre vestido de guayabera se acercó a mi, y me invitó de manera brusca a que abrochase los botones superiores de mi camisa, le dije que ya me iba y que yo usaba así las camisas, me dijo que ahí no se podía, le dije con buenos modales que no iba a abrochar nada. llamó a otro y me llevaron al sótano, era un pasillo largo tras el cual había una habitación, era una oficina rudimentaria, bajo la tierra, y sentado detrás del buró estaba un tipo que dijo ser el jefe de seguridad del hotel. Me apresuré a quejarme del trato que me habían dado esos dos por no abrocharme la camisa, y para mi sorpresa, dijo que estaba bien lo que hicieron, que tenía que haberlos obedecido. El tipo se puso de pie, le expliqué que al día siguiente debía partir del país que me estaban esperando en casa, me echó en cara que estaba bebiendo en el Elegante, y que había pasado la noche allí bebiendo, que tanta prisa no tendría por llegar a casa.

Me di cuenta que el tipo me había estado cazando la pelea, pero no entendía la finalidad, yo ni había hecho “bisnes”, ni tenía marihuana encima, ni en la habitación, cuando par aflojar la situación saqué a relucir mi parentesco no se sorprendió en absoluto. Me preguntó:

-¿Tú "eres" karate?

-No, ¿por qué?

-Por los nudillos- Es cierto que los tenía callosos porque cuando estaba contrariado golpeaba las paredes con los puños.

-No-le dije - no hago ningún deporte de contacto.

Y entonces no esperó más y me preguntó ¿tú quieres fajarte conmigo? De repente se me fue un poco la curda porque necesitaba salir de ese sótano rápido, y sin problemas, por supuesto mi respuesta inmediata fu "No, no quiero fajarme con nadie, quiero y tengo que ir a mi casa, si hace falta me abrocho la camisa" Insistió una vez más, diciendo que yo estaba acostumbrado a formar líos, a emborracharme, pero después no me quería fajar de hombre a hombre, y yo insistí en que de batirme, nada.

Cada vez que el tipo me invitaba más , más me percataba de que aunque yo fuese guapo y karateca, y le pudiese dar una buena tranca, cosa difícil por mi estado de equilibrio y porque el tipo debía saber donde dar los golpes, entre los otros dos me pondrían calentito, pro lo que era peor, con el tiempo tan apretado podía perder el avión. Nunca supe quien era ese tipo, ni porque tras saber que podía hacer un par de llamadas, insistía en fajarse. Me asistió una flema que sólo parece cuando me doy cuenta que hay problemas, lo dejé hablar, el tipo se calmó, y me dejó irme, no por el lobby, sino por el parking, diciéndome que la próxima vez me abrochase la camisa-

En este caso no haberle dado un galleta, y metido un estrallón, cosa que y era improbable, me permitió llegar a casa con tiempo para hacer las maletas, y no poner nerviosa a mi madre.

El tipo se quedó con las ganas de joderme, y yo, nunca atravesé el lobby correctamente abotonado.

 

Bar el Elegnte, Hotel Riviera.

Bar el Elegnte, Hotel Riviera.

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7 diciembre 2020 1 07 /12 /diciembre /2020 23:34

El parque Hanói estaba a unos cien metros, había arboles de mango, aguacate, tamarindo. la temporada de mangos recién comenzaba, así que no había casi fruta madura, pero algunos, bien arriba donde daba más el sol, sí que había.

Yo era un mono trepando árboles, fui con Orama, que también estaba en noveno grado pero no en mi aula. Llegamos cerca de la copa y vi un mango pintón, la mitad roja y la otra verde, pero que y se podía comer, sólo tenía que caminar con cuidado por la rama en que estaba parado agarrándome de la de arriba que corría paralela. Oramas me dijo que no fuese, que comiésemos los verdes con sal, pero esos me daban dolor de estómago, hace poco vi que también en Vietnam es costumbre comerlos así , y yo le dije "no te preocupes que el mango lo compartimos entre los dos". Arriba de los árboles cuenta el más mínimo equilibrio con cualquier parte del cuerpo, yo sabía manejarme, llegué a una parte en que la rama a la que me agarraba, donde colgaba el mango, se volvió tan delgada que cedió ante mi presión para no dejar todo mi peso en la que apoyaba los pies, y al quebrarse perdí el control del equilibrio, caí y conseguí asirme a la rama en que estaba parado, pero también cedió y caí al vacío. Por el camino fui dándome golpes con ramas más o menos gruesas, hasta que el suelo, de tierra y hojas, detuvo mi caída. Del golpe sólo recuerdo el brazo y que empecé a dar vueltas en círculos en el suelo mientras Orama bajaba y me gritaba alarmado.

Lo próximo que recuerdo es estar en los brazos de mi madre y la Negra Cordero, su íntima amiga, me pusieron en un automóvil y volví a tener uso de memoria en el policlínico. Los huesos del antebrazo se me habían partido de tal manera que parecía una zeta, pero no llegaron a atravesar la piel, el médico que me atendió me pidió que aguantara y tiró del brazo mientras otros me sostenían hasta que acomodó cúbito con cúbito y radio con radio, aunque quedaron medio torcidos. Me llevaron de urgencia al Hospital Ortopédico Fructuoso Rodríguez, donde ya había estado ya que era la cuarta vez que me fracturaba el mismo brazo, el médico de policlínico de Alamar había acertado tanto que el doctor prefirió no volver a desacomodarlo ya que había empezado a soldar y sólo estaba muy poco torcido, me pusieron el yeso y de ahí al Neurológico, que estaba al lado, esa era la zona de Hospitales, también ahí estaba el Infantil Pedro Borrás, donde estuve ingresado también una vez, y el Oncológico el que por suerte nunca tuve que pisar como paciente.

En el neurológico me hicieron varias pruebas, porque tras dar esas vueltas sobre mi eje al caer, me desmayé y empecé a echar una espuma por la boca, como contaba Oramas, que acto seguido empezó a llamar la atención de los transeúntes y a darles mi dirección mientras se quedó a mi lado esperando, y fue cuando llegó mi madre y Ángela, la Negra, que en efecto me vieron con esa espuma en la boca que nunca supe de que se trató, pero que de vez en cuando la pasta de dientes me hace pensar en ella, como en ese viento que da en la nuca y se va, como el aliento de un muerto convertido en fantasma, o el chasquido de la rama y la sensación de vacío.

Me mantuvieron en observación porque dos desmayos de varios minutos tras un golpe de un caída de la altura de un cuarta planta, aunque me detuviesen ramas en el aire, podían significar varias cosas. Por suerte sólo significaron que acaso desconecté un pelín más los cables ya pelados de mi coco, o, nunca se sabe, quizás conseguí empatarlos. Al día siguiente me dieron el alta, estaba magullado por todos lados, pero en cierta forma contento de haberla sacado barata. La mayoría de los despelotes mentales que tuve, disparates, incongruencias, y más tarde ajustes con el alcohol, las drogas, algunos me lo atribuyeron a ese porrazo, no, lo único que me dejó ese golpe es cierto respeto a las alturas, pero yo, ya era distraído y lunático desde que empecé a caminar. Unos ños más adelante, tuve una novia que se llamaba Hanoi, que también casi me costó la cabeza.

Cuando me dejaron en casa pregunté por Orama, le avisaron y fue a verme, lo primero que le dije fue:

 

-Brother ¿te jamaste el mango?

 

Matas con mangos verdes y pintones.
Matas con mangos verdes y pintones.

Matas con mangos verdes y pintones.

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21 noviembre 2020 6 21 /11 /noviembre /2020 16:36

El cubano tiene una identidad cultural tan fuerte que parece europea o asiática, de más de 500 años.

Conozco varios hijos de cubanos que nacieron en países de habla no hispana y no sólo hablan muy bien el español, sino que lo hacen con tono cubano, y dicen "veddá", lo cual me alucina y llena de orgullo.

El resto de descendientes de inmigrantes latinoamericanos en su segunda generación ya portan nombres en inglés o la lengua de destino y si chapurrean un poco el castellano es con sumo desdén, el mismo que vieron en su hogar hacia sus propias raíces. En cambio el cubano, no.

El cubano vive orgulloso de sí, de su música, de ser tan buenos bailarines, de su gracia, de Carpentier, de "el Pandeado",  de Celia Cruz y Tata Güines, de Leo Brouwer y el maestro Lecuona, de sus chistes no siempre de salón, de su bulla identitaria tanto para discutir una jugada de beisbol, un hecho cotidiano, un buen o mal movimiento en el dominó como "pegarse" botar el doble nueve, o quitarse el doble "tres mil y más murieron" manteniendo la data, o el uso de la hipérbole para cualquier asunto referido a su hombría, virilidad, certeza en cualquier tema "te lo digo yo que soy de aquí" "deja el tango y canta bolero" "rema que aquí no pican".

Esa intensa personalidad y carácter bien puede deberse a la belleza de la isla que siempre quiso ser seducida por los mandamases de turno a lo largo de la Historia, España, EEUU, URSS, de ahí también un rasgo de no demasiada enjundia, esa marcada veta jinetera, o ya sea por la confluencia de las razas, de las zonas de España y de África que la poblaron una vez exterminados casi todos los habitantes autóctonos excepto unos pocos descendientes en Baracoa, la mezcla de la gracia flamenca con la yoruba y la seriedad y asturiana. y sea por el calor, los mangos, el ron, la mulata, el aguacate, el puerco y no la jutía, ya sea porque son fajadores avezados, el cubano mete una galleta y se enreda más rápido que un telegrama, por la poesía, el ajedrez, el mar, sí, ese mar tiene que guardar alguna relación con la excepcionalidad de varias de las cualidades cubiches.

Son altaneros, les da igual hablar de cualquier forma, como los andaluces que no sienten complejo de decir Grabiel en vez de Gabriel, sabedores de que su importancia, su identidad estriba en asuntos de mayor enjundia que los meros aspectos fomales. Y acaso por ello mismo, no necesitan, como otras comunidades, protegerse de sus propia carencia de autoestima creando guetos, cuando se los ve juntos, es porque sienten que nadie disfruta de una fiesta, de una tarde de ron, de risas, de baile, de canto, incluso de cuchi cuchi mandarina, como el cubano lo curte casi de modo natural. Pero en los trabajos, en los barrios, en las amistades, se integran como uno más. El caso de Miami es el opuesto al gueto, no se atrincheraron para protegerse del poder, sino que se convirtieron en poder, levantaron aquella ciudad, la dotaron de personalidad, gracia, charme, café colada, jugo de mango, sandwich cubano y pizza varadero, son sus alcaldes, sus policías, sus políticos, llegan hasta Washington y, también desde allí reciben una atención especial, acorde a su peso.

En Europa no se ve un cubano tirado, todos salen adelante con dignidad, no se dejan avasallar por ningún jefe, sus homologos latinoamericanos o africanos se asombran de la determinación que los lleva, no sólo a decirle a un jerarca "cuidaíto compay gallo, cuidaíto" sino que van más allá y dicen, "aquí estoy yo, y hay que respetarme porque soy cubano"....o a veces "por la cabeza de mi....". Habiendo recogido, aunque sólo de manera figurda en su educación, una gran cantidad de principios de igualdad, y en la experiencia empírica, de no creer en ninguna muela, sólo en la capacidad de "resolver" como sea.

Si bien al principio de la emigración, se muestran torpes en el desenvolvimiento de sus dotes competitivas, por su falta de experiencia en el trabajo, en el verdadero trabajo, y en el desarrollo de sus más intimas aptitudes desconocidas bajo aquel magma de simulación de corrección auspiciado por la doble moral, en el cual cualquier examen escolar se aprobaba si se sabía intercalar con cierta gracia las palabras "en el capitalismo: hambre, miseria y explotación"; incluso hubo quien aprobó Física o matemáticas con la correcta disposición de estos vocablos. Pero una vez tomada la velocidad no hay quien los pare.

Y aunque yo haya estado estos años criticando a los cubanos trumpistas de Miami, quiero dejar mi homenaje a semejante atrevimiento, a semejante herejía de defender con mayor vehemencia que muchos nacionales a cuales debería ser más pertinente esa posición, sin perder nunca la cubanía, es más, con la cubanía como sello y estandarte, la bulla, los carteles con errores ortográficos, la expresividad contagiosa, que llegaron a ser incluso determinantes en aspectos regionales de la contienda.

No sé como explicar la enorme suerte que tuve, aunque me haya costado lo suyo, de ser nacido precisamente en el otro país latinoamericano bien pagado de sí mismo, haber crecido en aquella explosión caribeña de colores, olores, contacto, y orgullo, y hoy vivir en la madre de esos dos proyectos allende los mares, que si bien se independizaron, llevan lo mejor del espíritu ibérico, de un orgullo hispano ya perdido en el tiempo, también in situ, pero del cual todos, incluso los españoles somos también descendientes.

 

La danzarina cubana Gloria Achón "Zegrina" 1932

La danzarina cubana Gloria Achón "Zegrina" 1932

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Published by martinguevara - en Cuba Opinión Cuba flash. Opinion crítica. Relax
20 noviembre 2020 5 20 /11 /noviembre /2020 12:02

Él ridículo, la pataleta y el berrinche de Tronal Gump está llegando a ser un esperpento, representado sin metáforas ayer en el cuantioso y repugnante sudor que corría por las mejillas del abogado Giulliani, hasta el cuello de su camisa cargado del tinte barato que, en este caso sí como metáfora, en vez de conseguir teñir la realidad con sus mentiras, consiguió manchar la esencia del civismo.

Nos están regalando mañanas impagables, divertidas a más no poder, risas en familia, memes a millones, pero lo importante es que está dañando seriamente la credibilidad en las instituciones del país que fundó la democracia.

Y el daño máximo no es tanto debido a las acusaciones del infame perdedor, como a la alarmante constancia empírica de que un absoluto desequilibrado mental, pudo ocupar durante cuatro años el sillón en el centro del despacho más cotizado de todo occidente, y que bajo ningún concepto quiere abandonar.

Da yuyu.

Ya no hablamos de Reagan el cowboy ni de Bush el tira bombas cuyos coeficientes intelectuales y acervos culturales podían generar cierta mofa e inquietud, sino que estamos frente a un fenómeno de inmenso desequilibrio permanente, con ínfulas de emperador vitalicio, como él mismo declaró que le habría gustado ser, un desmán que desde que asumió la presidencia ha ido destituyendo de sus cargos a todo aquel que lo contradecía en lo más minimo, que fueron in crescendo de manera exponencial con la entrada del Covid 19 en el panorama cotididano, ese al cual primero menospreció, luego ocultó, más tarde recomendó la aplicación de lejía, inyecciones de aire, venenos de rata, y cuanto disparate de dibujitos animados pueda ocurrirsenos en un velada de chistes con amigos.

Una persona que jamás reparó en inventarse seis bancarrotas, con lo cual usufructuó más dinero del "contribuyente" que todos los homeless de Skid Row juntos, obviando la vergüenza natural de un gran empresario, sobre todo en EEUU donde ser ganadoor o perdedor es algo que marca hasta el sepulcro, y encima después unió su discurso al del Tea Party en contra de cualquier atención atención del Estado a los más necesitados, incluso a los enfermos de esta terrible pandemia.

Todo ello sin el más minimo rubor.

Una persona que acostumbra a rodearse de obsecuentes y dos esposas del este de Europa comunista necesitadas de papeles de residencia, que de entrada las situasen como parte de esa cohorte de aduladores que no pueden ni siquiera chistar una orden, me trae tanto a la memoria a otro con veleidades de emperador romano que se rodeó de lo más mediocre y se aseguró que cada uno de sus "chicharrones" estuviesen en situación de debilidad, incluídas en este caso también sus esposas. Que usó el miedo, el victimismo, manipuló las emociones nacidas en el aparato digestivo (o en el tracto rectal) para mantener en situación de permanente efervecencia y agresividad a sus hordas, a la defensiva de un mundo cruel y hostil y que maniobró a la sombra para eliminar, primero, igual que el otro, a todo disidente, luego a todo diferente y cuando ya eran todos de su cuerda imprecisa, empezó a eliminar a todo cerebro pensante, que brillase con luz propia y que en materia de ética en las ideas, y no de altas traiciones en la politiquería, fuese un cerebro infinitamente más preparado e interesado en destacar en estos campos, que su maquinaria maquiavélica. La característica que más los hermana es esa indiferencia total hacia las vicisitudes y las variadas formas de abandono en que someten a sus ejércitos de adocenados abducidos, cada uno e su contexto histórico y usando los intrumentos que la necesidad les requiere al margen de su legitimidad o decoro, con tal de mantener o conquistar cualquier nueva cuota de poder personal, por infima que esta sea.

Giuliani sudando tinta para defender el embuste y conseguir salvar a su Nerón, trajo el recuerdo del infame Juan Escalona cuando escupía bilis como fiscal de la causa que perseguía mediante toda suerte de engaños,presiones y crimen legitimado, sobre todo, desvincular del tráfico de drogas a su Calígula.

Salvando los momentos históricos, las nacionalidades, y los rudimentos con que persiguieron sus obsesiones, es tal la similitud entre estos siameses, de barba rala caribeña Guarapo y de pelo rubio ralo estadounidense Tronal Gump, incluso hasta en sus sirvientes genízaros, que he sentido recorrerme el cuerpo un latigazo de escalofrío, temiendo la inquietante posibilidad de ya esté entre nosotros la clonación cerebral.

Giuliani suda tinta y Escalona escupe bilis
Giuliani suda tinta y Escalona escupe bilis

Giuliani suda tinta y Escalona escupe bilis

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Published by martinguevara - en Cuba Opinión Cuba flash. Opinion crítica.
17 octubre 2020 6 17 /10 /octubre /2020 14:57

La equidistancia entre las responsabilidades por el, según desde que orilla ideológica, geográfica y “comemierdológica” se mencione, Bloqueo o Embargo de EEUU a Cuba, se rompe cuando lo llamado "revolución" le incautó todas y cada una de las pertenencias y patrimonio a las empresas y ciudadanos estadounidenses, en mi criterio con razón fundada, si se hubiese hecho para crecer, para progresar, para crear una república independiente, soberana y autosuficiente, del tipo socio económico que con toda libertad y respeto elemental a los derechos humanos hubiesen convenido con su pueblo; pero incluso en tal caso, siempre teniendo en cuenta, recordando, que fue contra EEUU.

En tal clima lo lógico es esperar como respuesta cualquier grado de hostilidades, como mínimo: un bloqueo económico. Por tal razón al principio del experimento revolucionario lejos de quejarse de esa respuesta, el gobierno cubano vivía preparado esperando una invasión proporcional al nivel de afrenta.

Sea cual sea la ideología de quien lo analice tiene que saber que si le toca la nariz al lobo, este le va a arrancar la mano

Ahora bien, para las voluntades democráticas y cívicas del mundo libre, ello tampoco legitima que a sesenta años se recrudezca aún más el embargo cuyo único fin es hacer padecer hambre a la población para que salga desaforada y sin control a no saber que cambiar ni por que sustituirlo. Aún cuando en los papeles quienes proceden con tal impiedad pudiesen tener trazas de razón, es impropio de una sociedad civilizada.

Por esta razón no hay mejor manera de mejorar la vida de los cubanos que un acercamiento económico que a su vez conlleva una cercanía ideológica. Y  medianto una gradual apertura alentar a la gente a vivir cada día mejor, desear espacios de progreso económico, cultural, intelectual, y lejos de padecer un hambre que les impida ver más allá de sus narices, dotarlos mediante estas mejoras de un empoderamiento del cual no se regresa. La URSS jamás habría siquiera temblado frente a un ejército, pero se desmoronó como un castillo de naipes frente a un blue jean, a una hamburguesa y concierto de rock'k'nroll.

Levantar una población paupérrima, hambreada y humillada es una tarea ímproba, además de lo manipulable que ha es y ha resultado a lo largo de las décadas para Gurapo, su hermano y Canel, aglutinar al pueblo en torno a consignas patrióticas y patrioteras frente a la amenaza exterior. Una situación en la ha habido demasiado interesados en ambas orillas.

En cambio a una sociedad paulatinamente cada vez más empoderada económicamente es además de viable, mucho más propensa a que se establezcan mecanismos para que no los devore la corrupción del primer cantamañanas que se aparezca con unos muslos de pollo bajo el brazo y un discursito de vuelo a la altura de las promesas que retozan en el fango y se secan en las cenizas.

Los típicos tuertos, que necesitan procurar para su reino un país de los ciegos.

Cuba tiene el mayor tesoro, sus recursos humanos, con gran atraso en terrenos técnicos y de compatitividad, pero sedientos de satisfacer tantos anhelos acumulados y entumecidos y afrontarlos con la energía propia de quien parte de cero, con un más que aceptable nivel academico.

 

 

 

¿Civilización o Embargo/Bloqueo?

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Published by martinguevara - en Cuba Opinión Cuba flash.
16 octubre 2020 5 16 /10 /octubre /2020 18:00

En La Habana, viví en el Vedado primero, en Miramar, otra vez en el Vedado, pero en medio habité unos años la barriada popular de Alamar, fueron los años de mi desarrollo. Si bien en el refinamiento salí perdiendo, en la inmediatez del apareamiento indudablemente gané.

Las alamarenses venían de Guanabacoa, de Regla, Casablanca, de misma Habana Vieja incluso algunas familias de Marianao, en el otro extremo habanero, tuvo lugar una tónica entre proletaria y marginal. Por eso tengo tantas historias de templetas en tantos lugares diversos, los baños de los bares trancándolo por dentro, con toda aquella peste a meado pero con tremenda curda que neutralizaba toda sensibilidad olfativa, en la manigua, "el sao" como dicen los orientales o, los matorrales, ¿quien de Alamar no echó un amistoso entre matorrales?, en los pasillos de las escuelas por la noche, en la playa de los rusos, en el diente de perro con cuidado de que un diente de perro o un erizo no perforase el trasero de la partenaire, o un ovoide del seguro servidor, en camiones aparcados, en las escaleras o en las partes de atrás de los edificios de microbrigada, en la playa de Santa María, el Megano, Guanabo o Bacuranao.

Apretar también era una delicia porque ponía a prueba el aguante de las costuras de las prendas, su impermeabilidad, aquel descubrir los relieves por encima de la blusa, ver, tocar y lamer el nacer de una teta toda resguardada por los botones primero y el ajustador después, rebuscársela para llegar al electrizante pezón, meter la mano por aquí mientras un beso iba por acá, la otra mano por allá, las de ella por este lado y al final un andar pringoso que por unos instantes restaba firmeza al encabille.

El atractivo de templar en lugares no pensados para tal acto radica en la propia transgresión, llegar al momento en que la muchacha va lanzada y olvida los "no pipos, no" y se convierten en exquisitos "ay papi sí", entonces toda oquedad queda disponible ¡Al demonio con la comodidad!

Los matorrales callan.

En cambio las de El Vedado, y sobre todo las de Miramar no aceptaban así como así un palo con se nivel de improvisación, sin agua, jabón, sin siquiera una colchoneta, sin una intimidad básica obrada en el ámbito del mínimo respeto; en Playa tirando a Marianao o el Vedado yendo a Centro Habana, las chicas aceptaban de buena gana hacer colas apretando en la oscuridad de un sala de espera de una "posada", cosa que me restaba más de medio Perú de erotismo

- ¿Quién es el último pá' singal ahí?

- Nosotros dos y vamos detrás de esos dos de allá- señalando a una pareja que casi estaba ya clavando los clavos sueltos del sofá.

Aquellos antros nada higiénizados eran un buen nido de amor para la gonorrea y la sarna. Antes que eso prefería el sao.

En el Vedado eso sí, teníamos un lugar iconoclasta como pocos, había que brincar una cerca, a veces estaba abierta la puerta, los porches y pasillos de la Iglesia de I y 19, detrás de las columnas, no puedo decir que lo sazonaba de herejía porque no fui en absoluto criado en la fe, aunque no era del todo un edificio más, gurdaba el encanto de romper alguna antigua regla, y era con diferencia el más seguro, ahí protegen los ángeles.

Tres veces intenté meter el bosbonique en el malecón con “vedadianas” y no pude, "ay que pena", "no aquí no, tú no me respetas" "pipo, yo no soy una cualquiera" ¿Cómo explicarles lo del mar, la luna, el salitre?

 Donde sí se apuntaban casi todas en el Vedado, era en los jardines del Hotel Nacional, en su piscina y la del hotel Riviera de noche, ¡ah! esos palos flotadores silbando un blues antes de ser expulsado por el guarda; recostado al cañón de los jardines del Nacional de frente al Atlántico, con la brisa y el asombro de los paseantes por los senderos que no esperaban encontrar un Peep show ecológico. Eso sí, en las trincheras era imposible, es diez veces más higiénico el baño sin papel de un bar de Guanabacoa.

En Miramar ya era más exigente, querían hoteles o la casa o una casa de visita, una cabañita, un bote, yate o cualquier cosa linda. Aunque la playita de 16 me unió en matrimonio eterno con unas cuantas “miramarenses”, claro, yo vivía ahí mismo, pero nada como los bancos de cemento de aquella 16 noctámbula.

Lo más común era ir al hotel Tritón, todavía se podía pagar en pesos cubanos, aunque en los yaquis que hacen de barrera contra las olas en frente al Sierra Maestra fui un afortunado elegido por una preciosa sílfides, ella se acostó en el yaqui de frente al horizonte, un sol generoso nos lamía y secaba la saliva de los chupones, abrió las piernas, saqué el bikini y me entregué a un de las más ricas y cinematográficas mamadas de bollo que tengo recuerdo.

Y un lugar que pocos disfrutaron, en la Cafetería del Kasalta, al lado del túnel, había un pequeño bar iluminado con focos rojos y azules muy tenues, aire condicionado fuerte, con asientos en modo tren, un sólo barman, tragos, rara vez cervezas, y música, para poder hacer los ruidos del cuchi cuchi sin llamar la atención. Si bien, singar, lo que es singar, ahí no se podía, la apretadera ahí era un cielo de melcocha.

Como al perder un avión por una distracción homologble que en ese momento sienta terrible pero con el tiempo se convierte en un buena anécdota, igual se quedan impregnados en la memoria esos palos de complejidad extrema, adobados con la desinhibición y la torpeza que donaban los espirituosos, los fluidos y el zigzag deambulante de medianoche.

He ahí mis barrios habaneros vistos a través de la templeta con sus pruritos sociales.

 

Palito de luna y sal en los jardines del Hotel Nacional

Palito de luna y sal en los jardines del Hotel Nacional

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Published by martinguevara - en Cuba Opinión Cuba flash. Relax
4 septiembre 2020 5 04 /09 /septiembre /2020 11:15

 Existe un persistente intento historiofráfico de identificar la cultura Abakuá como un invento vago con retazos de africanismo de total creación cubana, ya desligado de su procedencia y que obedece a unas referencias difusas a las raíces para armar una secta de débiles conceptos, con el fin de aglutinar a un grupo étnico desorientado en cuanto a sus orígenes en la normalidad de la vida africana, desnaturalizados a través de la opresión propia del esclavismo.

De eso nada.

La sociedad abakuá cubana, descendió de las sociedades èfìk del sudeste de Nigeria y el suroeste de Camerún, fundada en La Habana en la primera mitad del siglo XIX por líderes capturados en aquellas aldeas. De ahí que quienes han tenido algún contacto con el ñañiguismo hayan escuchado "la tierra efik, o enfí" refiriéndose a Regla "la primera villa" dónde se establecieron las primeras sociedades abakuá. También se puede escuchar tierra efó, proveniente de la etnia efut. Los abakuás era una secta de varones "no afeminados" llegaron a funcionar como un sindicato para procurarse apoyo, conseguir trabajo, al principio no eran permitidos los mulatos con el fin de proteger la pureza, de a poco se permitió su entrada incluso en 1863 se fundó el primer juego blanco.

Un buen día, sobre el fin del siglo XX, en la sociedad éfik estadounidense escucharon una grabación de un toque y canto abakuá "Enkame" (canto que este seguro sevidor escuchó en reiteradas ocasiones cantado por los morenos del edificio) y de inmediato reconocieron música y palabras del lenguaje, como ellos también habían tenido que recomponerse, reamarse, viajando a África en busca de sus raíces, habían ya recabado contactos y mucha información con los puntos geográficos donde se encontraban las aldeas de donde fueron secuestrados y arrancados sus antepasados, por suerte Nigeria atesora su inmenso acervo de joyas culturales, en constante proceso de cambio , de evolución, pero guardan la historia contada de boca en boca, no escrita. Y mandaron esta cinta, a lo que los lejanos parientes nigerianos reconocieron de inmediato su propia cultura. No reminiscencias, sino el lenguaje asombrosamente conservado bajo condiciones impensables y toques y voces procedentes del lugar.

Así fue que se reunieron estadounidenses, nigerianos, cameruneses y cubanos en un plante abakuá realizado con el fin de encontrar los parentescos. Las diferencias en los rituales radicaron en la salida de los íremes, los diablitos abakúa, comparados a los diablitos Igbó, en cuanto al cinturón, los manojos que usan para espantar a otros demonios, los cencerros, detalles, pero en suma muy similares, aunque eso ya se sabía, pues era lo más fácil de conservar, ya en la salida del primer diablito comenzó a instalarse en el recinto una fuerte energía sacra. Cuando tuvo lugar un canto: "Okobio Enyenisón, awana bekura mendo/ Núnkue ItiaOroro Kánde Efí Kebutón/ Oo Ékue" no les cupo dudas de que estaban hermanados, que no había tierra, ni había tiempo, que no había dolor ni nombres, ni siquiera había historia, sólo una unidad, un alma más fuerte que todas las murallas unidas.

Terminado el canto donde todos montaron su santo, el jefe de la delegación africana tomó la mano del estadounidense, la del Tata Bocandá, anfitrión cubano, y sus ojos se cruzaron, sin lágrimas, sin aspavientos, hasta el silencio quedó debajo de aquel reencuentro tras el largo peregrinaje.

Abakuá sólo le debe a Cuba el haberles podido demostrar, amén de las penurias del camino, la fuerza de la cultura efik y efut , la dificultad de talar aquellas raíces, y el haberles devuelto esa mirada abrasiva por encima del silencio.

 

 

 

Íreme abakuá

Íreme abakuá

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Published by martinguevara - en Cuba Opinión Cuba flash. Opinion crítica.
22 agosto 2020 6 22 /08 /agosto /2020 11:52

En 1974 en el Hotel Habana Libre había niños de medio mundo.

Si bien vivían y comían como ningún niño cubano podía, también representaban un cúmulo de carencias afectivas y emocionales que los niños de fuera del hotel no padecían. Estban los hijos de Caamaño y los de Hamlet, guerrilleros dominicanos, Patria, el niño de la princesa indonesia que había vivido un año y medio en una cueva y cuyo padre era experto en artes marciales. Las hijas de Mario Roberto Santucho, los de Peter Chaskel y Fedora Robles, cinematógrafos chilenos, los hijos de los corresponsales de prensa, de Jorge Timossi, Gerardo y Fernando, Roger el de Mario Menéndez de Méjico, los hijos del de L'Humanité, Sebastien y Valerie, varios primos míos, los hijos de Huey Newton uno de los tres fundadores de Black Panthers, Ronnie y Jessica, la brasileña Suelí, y había niños del mundo árabe y de países de lejano Oriente hijos de dirigentes revolucionarios exiliados, presos o muertos, de aquellos países, cuyos nombres no recuerdo aunque sí sus rostros hieráticos. Y además iban otros niños a visitarnos, mis primos cubanos, las preciosas hijas de Margret Randall, Sarah y Gimena, los hijos de Annie, la francesa de la revista Mujeres y su marido de Ghana, mulatos de ojos verdes, los de Isabel Larguía y John, las hijos del estudiante comunista torturado en el primer gobierno de Perón, Bravo y su esposa Estela, los de los actores chilenos Nelson Villagra y Chenda, Pancho, Nelson y Álvaro, las nenas de Patricio Guzmán y Paloma, etc. y juntos armábamos juegos multitudinarios y divertidos.

Una uruguaya, artista de monólogos en teatro, Dahd Sfeir "Ducho", nos enseñaba juegos teatrales didácticos y entretenidos, ya que participaban las chicas y a menudo tocaba rozar brazo con brazo o con alguna otra zona que elevaba el espíritu aun más que los pisos del hotel, pero los que más aceptación tenían en la mayoría de los críos eran los juegos de extrema expresión corporal, una mezcla de los clásicos  "las escondidas" , "la mancha" o "los cogidos" con raciones generosas de cocotazos, piñazos, galletas, golpes de palos; o el predilecto de mis primos: alcanzar la cama más cercana al balcón partiendo desde el baño con una pléyades de salvajes apostados a los lados con toallas mojadas y enrolladas, con el fin de atizar bien al competidor.

Y ahí entran los hijos de Eva, de la RDA y Arqueles Morales, poeta guatemalteco, el pequeño llamado Rodrigo, y el mayor Luis. Cuando le tocaba al menor, al que Luis llamaba "Goguigo", por la erre alemana, salía del baño entre implorando e imponiendo:

-¡Con "fuguia" no, con "fuguia" no!

Hoy viene a mi el recuerdo de esa niñez nutrida de ápices que todavía no he alcanzado a ordenar, y la súplica sabia de aquellas palabras en tono teutón, como la mejor de las indicaciones para aquel descontrol de testosterona en desarrollo de los hijos de las balas, al tiempo que hoy, se me antojan la mejor recomendación para la humanidad:

 

Con furia, no

 

Hotel Habana Libre

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  • : Mi déjà vu. En este espacio comparto reflexiones, flashes sobre la actualidad y el sedimento de la memoria. Presentes Argentina, Cuba y España, países que en mi vida conforman un triángulo identitario de diferentes experiencias y significantes correlativos.
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