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29 septiembre 2011 4 29 /09 /septiembre /2011 01:44

Hace pocos meses hacía alusión en un artículo al hecho de que en mi percepción más intima y personal, las personas autoproclamadas comunistas en los países con dictaduras comunistas, se corresponden más con los que detentan el poder en la dictaduras que acostumbramos a ver como de derechas, no guardan relación alguna, en solidaridad , dignidad , entrega al ser humano , con los que se declaraban comunistas en medio de las dictaduras de derechas, quienes a su vez, no en sus declaraciones ideológicas, pero sí en sus conductas conspirativas, de resistencia, de inversión cotidiana de valor, eran mucho más similares a los disidentes de todo  lo que fue conocido como el campo socialista.

Esto no resulta contradictorio, sino coherente solo si se atiende a la realidad y no a los discursos

A juzgar por los comentarios que recibí , no conseguí explicar con suficiente claridad mi observación. A ver si puedo acercarme un poco a lo quiero decir.

Nunca presté  demasiada atención a las carátulas con que la gente se suele presentar, para conocer su verdadera catadura y calado moral. Más bien he preferido observar los actos, los hechos.

La palabra es importantísima, y representa una carga de intenciones  que no deja lugar al equívoco, revela todo el interior, siempre y cuando se las analice correctamente, sin prestarle atención al sentido literal, ni en primera ni en segunda instancia. El hombre a través de la palabra habla en un alfabeto abstracto, en jeroglíficos, de lo que en mayor o menor medida le permite su alma liberar, le permite su yo más intimo revelar, y pide auxilio rebelándose así, de sus miedos más intensos y atávicos, pero puede pasar mucho tiempo y gastar mucha cordura antes de ser escuchado, si es que alguna vez lo termina siendo. Y desenredar la madeja no es sencillo ni para el mismo ser interesado, menos aún para los demás, si no sabemos bien que queremos, ¿cómo podríamos ser claros y concisos en lo que queremos decir?.

También la palabra interviene de manera activa en la inteligencia, la diversión, el ocio, el arte. Estos son sus rasgos más relevantes para mi.

Pero los hechos representan harina de otro costal.

Sólo pasa una cosa a la vez, la contundencia de los actos es incontestable. Frente a estos sólo caben explicaciones y excusas, pero nunca diferentes interpretaciones.

Una persona golpea a otra, y pueden haber intervenido infinidad de causas y factores, pero desde cualquier ángulo que se lo mire, siempre será la misma persona quien golpeó y la misma quien  recibió el golpe.

 

La gente, casi en su mayoría por lo general, analizan las cosas, cuando el tiempo apremia, con los elementos que la realidad les provee. Incluso la fantasía se compone de principios armados y basados en la realidad, concatenados en  el mundo del volumen y la temperatura, del aire y la bilirrubina.

Saltarín Jack Flash, todo es gas, gas, gas.

Aún cuando crean ser muy inmateriales, los verás saliendo de los engorros utilizando la inteligencia práctica.

Si usasen ese mismo método cuando alguien los consigue engatusar como a los chicos de secundaria con caramelitos alucinógenos, más cosas estarían desde hace mucho más tiempo en su justo lugar.

Así es que por más que desde todas las instancias oficiales se hacía lo posible por presentar a esos espantosos cerdos come lechones, como hombres probos, revolucionarios íntegros que vivían como Cristo, por y para el prójimo, que debían divertirse en esas casonas de visita, cedidas por el Ministerio del Interior en primera línea de playa en Varadero, así como las autoridades religiosas, deben reposar sobre sus posiciones suntuosas, para conocer la perversión de cerca y distinguir las armas de primera mano para luchar contra su influjo, para forjar una voluntad en primera línea frente a la tentación.

Por más cerca que estuviesen de lograr que me apiadase de su condición de conejillos de India, de carnada humana, había un momento de luz, en el atolondramiento de la adolescencia, en que conseguía ubicarme en la realidad y notar, que no sólo esas personas no se desprendían de nada en absoluto, ni se sacrificaban en lo más mínimo por nadie, sino que a merced de presentarse como comunistas, eran objeto de todo tipo de agasajos y prebendas.

Rock fuera del oído; y en la orilla, sangre y arena, el colón a reventar nena,

una familia entera partida, y a la hora de la almohada;

Babas y Rock, 

La funda mojada y lejana la ilusión.

Una brizna aún, podría salvar al gordo de la guayabera,

pero el lechón,

ya está asado nena.

 

Vivir la vida sin disfrutar las verdaderas inclinaciones del alma, es triste. En mi entorno en la Isla, de gran dialéctica socialista, de familias de pesos pesados, se hacían ejercicios que parecían consistir en quien alardeaba más de su entereza revolucionaria, los únicos imperios que derribábamos eran los silos donde se contenía la producción de ron, o de cebada de exquisita cerveza caribeña, y las patas de jamón que a la mayoría de la gente, a los que con su trabajo en el surco, mantenían nuestras malcriadeces, les estaban vedadas.  

Ninguno que yo conociese, ni por error, ni por asomo se le ocurrió aparecerse por una de esas selvas o montañas a liberar a ningún pueblo ni a niño famélico alguno.

Hablo de ir en serio. No en una casa de visita con un ejército detrás para cuidarle el pertusso.

Estas palabras pueden parecer habitadas por el resentimiento, y en cierto modo lo están.

Debo aclarar que a pesar de los daños que algunos de estos ejemplares causaron con su doble moral, y vaya si lo hicieron, les deseo solamente el bien, por ello, en realidad me alegra que al fin y al cabo no fuesen más que ese tipo de perritos que ladra cuando hay un pastor alemán detrás.

Y sólo cuando hay un pastor alemán detrás.

Sin embargo, cada cosa a su tiempo.

Hoy a ninguno de esta especie se le ocurre reivindicar para sí el papel de revolucionario. Ya no hay moda en ello, ni mecenazgo alguno para ese tipo de representación.

Es paradójico, que en Cuba, los únicos rebeldes contra el abuso, contra la opresión, y contra el mal sean los disidentes del otrora intento de socialismo revolucionario, y sus hermanas y esposas, las damas de blanco, guste o no.

Ahora mismo, si alguien del establishment tuviese la osadía de presentarse como marxista leninista, seguidor de Ho Chi Min, Mao Tse Tung, Stalin, Julio Antonio Mella o Rubén Martínez Villena, en la Cuba de estos días, estaría comprando un buen número de billetes premiados,  para como mínimo terminar en uno de esos hospicios para desequilibrados mentales.

Porque para bien o para mal, nadie ya quiere saber nada de lineamientos morales, de palabras , de discursos, de injerencias en la vida privada, en los deseos de comer bien, de vestir, de viajar, de experimentar la individualidad.

Para cambiar la realidad deberán participar todos los que tengan algo que decir, y algo que cambiar. Deberá hacerse de manera concienzuda y no caprichosa,  por decreto y como si nada hubiese ocurrido.

 

Cada tanto, la realidad hace acto de presencia con una capacidad desbordante, para echar por tierra cualquier producto de la imaginación, por más alucinante que esta hubiese aparentado ser.

Quizás para recordarnos que aun en el caso, en que fuese factible vivir las fábulas o habitar las líneas de nuestros versos favoritos, tomásemos el recaudo de poder retornar cada noche a la casa de la realidad, si verdaderamente estuviésemos persiguiendo vivir una experiencia increíble.

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Published by martinguevara - en Cuba Opinión
27 septiembre 2011 2 27 /09 /septiembre /2011 01:08

Desesperado por un trozo de pan con mantequilla y por un café con leche  bajé las escaleras del edificio saltándome la mayoría de los escalones, no quería esperar el ascensor. Tenía la cabeza adormecida en un hemisferio y en el otro, adolorida. La noche anterior había estado hasta la hora que me acosté, pegado a la última botella de cerveza, la cual estaba al lado de la cama por la mitad, hasta que al levantarme le di un ligero toque con el pie, y derramó lo que le quedaba del dorado líquido nórdico, sobre la alfombra y las gafas de leer.


Al llegar al kiosco de la esquina miré detrás de mi, cauto, para no sacar los billetes justo delante de alguno de los ocupantes de la casa tomada que había en frente.  El muchacho que atendía, que era sobrino de la dueña y que cada noche cuando su tía se iba del kiosco llevaba unas chicas y armaba sus fiestas en el cuarto de la segunda planta, parecía estar con peor resaca que yo, a juzgar por los ojos y la voz con que me dijo


-Buen día fiera, que te doy?.


_ Dame una botella de Coca de un litro casi congelada  con carácter urgente, por favor.

Me la tomé casi sin respirar, después del eructo de rigor dije-Ahh!. Y sentí como mi alma hacía un esfuerzo por retornar al cuerpo.  Ni bien logré pestañear sin que me causara migrañas, le dije al muchacho del kiosco, dame un paquete de cigarrillos negros, particulares 30 sin filtro por favor- le pagué, me dio el vuelto y me dijo _  Que nochecita vecino, eh?-  esbocé una media sonrisa, no estaba decidido ni a caerle mal ni a permitirle una confianza de viejos conocidos.


                Crucé la calle y me fui al bar del gallego  de la otra esquina. Pasé por delante de la casa tomada como cada mañana y no podía dejar de mirar de reojo, intentando encontrar algo macabro, truculento, a través de la oscuridad que había inmediatamente después del portón de entrada. y como de costumbre no veía nada sospechoso. Aunque sabía  que allí dentro podría nacer o morir alguien sin que nadie se percatase y ninguna autoridad estuviese jamás al tanto. A juzgar por las peleas callejeras y los tiroteos que los habitantes de ese tugurio protagonizaban en la calle, debía haber tantos revólveres allí, como en la comisaría. Dejé atrás ese cuartel del delito porteño, y a los cincuenta metros entre en el bar de Pepe, donde servían unas porciones de tortilla de papas con queso mozarela por encima, que hacían suspirar.


                Le pedía al camarero café con leche, doble, y dos medias lunas de grasa calientes. Encendí un cigarrillo y me tiré de cabeza al centro de la taza. Una vez que hube atravesado la capa densa de leche y café me aguardaban unas pocas brazadas más, hasta alcanzar el aire de las ilusiones mañaneras. Llené los pulmones con toda esa masa de viento limpio, dejé que el aroma de todas las flores se impregnara en la chaqueta de cuero negra que llevaba, después me dejé abrazar por la morena voluptuosa, que acostumbraba  acariciarme en ropa interior de color  blanca o violeta, y una vez que me hubo dejado todo el cuello babeado por su beso de despedida, salí a flote nuevamente del café con leche , ya quedaba menos de la mitad de la taza. Le pedí sacarina al camarero y encendí otro cigarrillo.


                Mientras observaba a través de la ventana, el suave otoño de Buenos Aires, con sus árboles gises, y la arquitectura de hojas caídas, pensé_ Por qué no puedo vivir en paz con esta ciudad, y por qué no me puedo ir  ya, del todo, completamente? Entonces Pepe en persona me trajo las medialunas, se sentó  y me dijo

_Muchacho, no es una novedad que alguien tenga dificultades para aclimatarse, si lo que quieres es lamentarte de tu suerte, todo lo que te rodea te ayudará en ese sentido, no te faltarán pretextos. Ahora bien, muchacho ojos de papel, si lo que estás buscando es una sincera explicación a tu angustia, un remedio a esa molestia que te oprime el pecho cuando quieres saber a donde perteneces, de donde provienes,  y cual es tu destino, te repito lo que querría decirte cada mañana, hazte las preguntas correctas, ¿ Existe algún sitio de donde me gustaría ser?. Le agradecí a don Pepe sus amables consejos, pero le dije que en realidad el dónde, no era mi problema, sino el quién. Que lo que querría encontrar yo, es quienes quisieran  pasar más de una noche conmigo, cambiaba todas las amantes por una novia, amigos bien vestidos y con trabajo que quisieran verme, y recibirme en sus reuniones aburridísimas,  padres, hermanos y tíos que volviesen a aceptarme. _En realidad, Pepe, eso me importa más que el espacio en sí.

_ Entonces- me dijo Pepe-  preocúpate menos aún, siempre que traigas contigo esas monedas, serás bienvenido aquí. Eso hijo, es más o menos todo el cariño que vas a conocer.

 

                Cuando nos despedíamos Pepe me dijo que no me olvidase de pasar esa noche,  regalaría un vaso de vino por cada porción de tortilla de papas. Le dije_ Pepe, claro que vendré, pero pagaré mi vino, con todo respeto, tu tortilla merece una mejor  compañía que ese vinagre gratis.

 

                Fui a tomar el autobús a la avenida Callao. Mezclándome y esquivando a los zombis de la ciudad, que pasan delante de los mendigos, delante de los automóviles detenidos en los semáforos, detrás del tubo de escape de los colectivos. Los autómatas del mediodía, en busca de su sándwich con suficiente fiambre y vegetal  como para experimentar un mordida integral, completa, y a su vez suficientemente liviano como para no provocar un gran  entusiasmo metabólico. Yogures, ensaladas, jugos o batidos de frutas.  Los robots del mediodía que salen de los bancos mirando a ambos lados, señalándose como piezas favoritas para los cazadores furtivos de la gran ciudad. Los del tirón, los de las motos, los del cuchillo o los del revólver.

Cuando estaba llegando el autobús a la parada, sonaron tres ruidos idénticos, secos, y un cuarto sonido desigual, estridente y atenuado a la vez. Y a continuación, entre las bocinas de los coches de la avenida, el ajetreo de los oficinistas y las voces de la ciudad se escuchó un grito, un alarido de dolor y acto seguido el sonido apagado de un cuerpo chocando contra el asfalto.

                Giré la cabeza para observar lo ocurrido y vi tres bolos que habían en el suelo, una bocha para derribar bolos, aún rodando sobre la avenida, y un hombre tendido en el piso, con una brecha  en la cabeza, ya escasa en cabello, que  empezaba a mostrar una incipiente cantidad de sangre brotando de sus venas.

Se detuvo el tráfico, en parte por la curiosidad de los conductores y también porque el hombre había caído al borde de la acera, un brazo le colgaba fuera del contén.          

Hasta que llegó la ambulancia pude contar  a tres personas que hicieron el amago de ayudar en algo, y de esa cifra estoy seguro ya que estuve sosteniendo su cabeza sobre el muslo de mi pierna, que apoyé a su lado en el suelo, con la intención de evitar que se desangrase. El hombre tenía un aspecto prolijo, pero su cabeza pintaba muy mal, los gestos de la cara, y los sonidos guturales que profería,  denotaban que no tenía mucha intención de regresar a un estado de conciencia por lo pronto, y que allí donde estaba, entre balbuceos y silencios sepulcrales, tampoco es que se estuviese divirtiendo a mares.

                Los enfermeros de la ambulancia me preguntaron inmediatamente, si había visto lo sucedido, les dije lo que había escuchado y que lo más probable, era que el elemento que le hubiere alcanzado de lleno la cabeza, fuese la bocha. Ya que los tres sonidos restantes eran idénticos, y la brecha de la cabeza era demasiada grande como para deberse al golpe de uno de esos bolos. Un enfermero me alcanzó un bolo, después de llevar al desafortunado a la ambulancia, y me dijo, _tómele el peso a esto.

_Ya veo que no es liviano- le repliqué-  pero de todos modos, los tres ruidos fueron iguales_  Acto seguido, dos policías acompañaban a un coche patrullero al niño que había puesto en práctica su pericia, en el derribo de bolos desde el balcón de la quinta planta, y a la que parecía ser su mamá.

Ambos lloraban y se agarraban la cabeza con las manos, a causa de la desgracia parecían estar acongojados  también los dos policías, tan adiestrados y curtidos en el arte de las multas a esa hora en el centro, en dar patadas a un vendedor ambulante  o a un ladronzuelo aspirador de pegamentos alucinógenos. Hombres listos en todo momento para introducir  a un borracho infeliz en una comisaría, desvestirlo,  aliviarle el bolsillo de las pocas monedas que le quedasen,  y darle luego un buen ramillete de caricias para mantener la forma. Pero de ninguna manera, preparados para llevarse presos a  un nene y a su madre,  por haber cometido una imprudencia que podría terminar en tragedia.

Yo también me tomé la cabeza con ambas manos después de limpiarme la sangre con una servilleta, un poco preocupado naturalmente por todo ese tema del contagio rojo. La policía me pidió que los acompañase para declarar. Me sentó bien. Eran pocas las ocasiones en que me pedían de manera tan amable y cívica que les acompañase a sus dependencias, constituía una petición depuradora. No es que yo fuese un sujeto peligroso ni algo por el estilo, sino que por aquellos días en Buenos Aires, la policía tenía la potestad y hasta el deber de llevarse a dormir entre rejas a cualquier beodo que encontrasen en la vía pública, aunque no estuviese conduciendo su automóvil, aunque estuviese esperando un taxi, incluso  llegando a su casa. Y alguna vez me tocó probar uno de los frescos y ortopédicos lechos, que se ofertan en sus dependencias.

En la comisaría tardaban y me entró un hambre tremenda. Después de contarles lo sucedido, y mis sospechas de que fuese la bocha y no un bolo el que le dio en la cabeza, me comentaron que lo más probable era que el hombre sobreviviese al golpe, pero que quedaría con importantes secuelas, y que lamentablemente eso no les suministraría ninguna dicha al niño ni a su madre. 

El muchacho  había declarado, que al no poder jugar en el pasillo donde habitualmente lo hacía, a causa de un trabajo de refacción en la casa, lo hizo en el living, apoyando los bolos al borde del balcón, sin percatarse primero de que los barrotes permitían el paso, tanto de los bolos como de la bocha. El set, era un regalo que le había hecho su padre, un hombre que vivía lejos, y al que veía muy poco.

El niño lanzó la bocha con la habilidad que ya había adquirido en esos meses, justo antes de impactar contra los bolos, la pelota dio en el marco que divide el balcón del living, hizo un bote llevándose a tres de los bolos consigo por el aire y se perdió en la concurrida avenida porteña. Lo cierto es que ese juego ya había sido causa de varias discusiones en el hogar, y la madre comentaba en llantos en la comisaría, que el destino era perversamente irónico, ya que cuando ella estaba enfadada con el niño por los golpes de la bola en las paredes,  le gritaba, _¡un día de estos voy a tirar los bolos con la bocha y todo por el balcón! .

Entonces recordé el juego de bolos que me había tocado el día de los juguetes cuando era muchacho.

Había vivido diez años en Cuba.  Exactamente desde los diez a los veinte años.

Una vez instaurada la Revolución cubana, fueron desapareciendo paulatinamente las fechas conmemorativas de festividades  que no tuviesen relación con la Revolución.  Quedaron el día de fin de año,  el diez de Octubre día del grito del Yara, cuando se inició la guerra por  la independencia de España.

Pero los días feriados, eran tres y eran conmemoraciones de eventos en los que intervino el dirigente máximo del gobierno. A diferencia de la Unión soviética y China, Cuba se había tomado el tema del culto a la personalidad muy seriamente, según decía Fidel.  Y sin duda era así. Resultaba notable con que seriedad se lo habían tomado.

Uno de los días feriados que no tenía nada que ver con las tribulaciones de los barbudos y su jefe máximo, era el día de los niños, el 6 de Junio. Ese día era asueto solamente para los niños. Era el único día del año que los críos tenían la alegría , la dicha de recibir de regalo, el elixir de los niños: los juguetes. Ningún niño se quedaba sin juguete, no se conmemoraba ya la navidad ni los reyes magos, y no existía ninguna posibilidad de adquirir algún juguete por sencillo que fuese en las tiendas del estado. Solo se podían comprar en dólares, o los podían traer de sus viajes al exterior algún familiar dirigente o que residiese en el exterior, los sucedáneos socialistas de los reyes magos y de Santa Claus.

 

Cuando hube de recibir mis primeros regalos en la tienda ya me quedaban dos años de niño en modo oficial, así que recuerdo exactamente, las dos ocasiones, los juguetes que me tocaron.

 

Una semana antes del día fijado para comprar, se establecía mediante unos folios colgados en unos tabloides, el orden en que le tocaba comprar a cada niño, y la hora exacta en que debía ir a la tienda para evitar aglomeraciones.

                 Los juguetes a percibir por cada niño eran tres. Al más importante, se le llamaba el “Básico”, que podía ser una bicicleta, un triciclo, o un tren a pilas, el siguiente en importancia era conocido como el “ No básico”, y era un juguete de menor entidad, un juego de damas, un camión, un coche, una ametralladora , mientras que el tercero en relevancia era el “Dirigido”, y solía ser un juego de yaquis, un parchís o una pelota de goma.

El primer año que me tocó ir de compras fuimos en el horario en que ya quedaban pocos juguetes Básicos interesantes, así que de ese cogí  una carriola, de no básico un guante de beisbol, y de dirigido un juego de bolos de plástico.

La carriola y el guante de beisbol se rompieron rápidamente, ya que la calidad era la misma que hoy conocemos como  calidad china, solo que sin la  perceptible mejoría que lograron unas décadas  más tarde. 

Sin embargo el juego de bolos de plástico duró  más que los juguetes que me tocaron el segundo año. La pelota era casi tan liviana como los bolos, en los que tanto se había economizado en polietileno  para su confección, que resultaban casi transparentes. Quizás alcancé a jugar con ellos una vez o dos, porque se hacía absolutamente imposible lograr una trayectoria programada con semejante bocha. Tampoco era fácil encontrar un sitio de la calle donde no corriera ni un poco de brisa, para que los bolos  se mantuviesen en pie, al menos hasta que la bocha lograse tumbar uno.

Solo el set de bolos con la bocha, resistió y quedaron en un rincón de la habitación del cuarto piso del edificio C 54 de Alamar, durante más tiempo que cualquier otra cosa de aquellos días. Casualmente  esos juguetes,  cualquier cosa de la libreta, y toda la maldita revolución cubana eran un recordatorio de mi padre, que estaba lejos, trabado en una celda argentina.

Una vez que firmé la declaración de lo que vi y les dejé mis datos por si me necesitaban,  el oficial me preguntó si quería que me llevasen hasta el lugar del accidente, u otro sitio, le dije que sí, que me dejaran enfrente del bar de Pepe.

Cuando Pepe me vio llegar me dijo_ Que raro tan temprano por acá. Una ración de tortilla y un vino?

_Pepe, ponme una ración de tortilla con mozarela, pero sin vino, cada vez que me zambullo en él, no sé porque, pero salgo medio perdido.

Tráeme un café con leche.

 

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Published by martinguevara - en Argentina frizzante
26 septiembre 2011 1 26 /09 /septiembre /2011 02:31

 

Fui al cuarto de baño, que se encontraba en la misma planta,  estaba austero pero limpio,  regresé a la habitación, le dije a Joao que bajaría y en dos horas estaría allí nuevamente y me fui a la calle a ver que tenía preparado la ciudad de Santos para seducir a un entumecido paladar citadino.

El pasillo del "Hotel" era luminoso, de suelos de mármol y marcos de caoba, revelaba un pasado de mayor resplandor. Había  cierta decencia declarada,  en el esfuerzo que parecía hacer , ese  otrora conjunto de espacios ordenados armónicamente , para intentar  dar fe de su rancia aunque muy avejentada prosapia.

Cuando bajé ya se había hecho de noche.

El Hotel estaba en una calle perpendicular a la avenida que pasaba frente a los muelles de carga.

Al lado del viejo portón de entrada del Hotel, de madera oscura y compacta, hacia la esquina del muelle, había un bar desde el cual procedía el sonido en alta voz, típico de las discusiones de gente bastante macerada ya por  la ingesta de alcohol, sonando  todas a la vez, formando un coro  reconocible en cualquier ciudad del mundo, más allá de lo gregarias de sus idiosincrasias.

Me asomé a la puerta iluminada y de donde además del bullicio y del vahído de cachaza salía de  una victrola una música alegre. Percibí el olor a algún tipo de fritura y me adentré en el local.

La música  lejos de parecer atemperar los ánimos de las conversaciones las azuzaba, parecía exhortarlas a llegar a las más altas cotas de volumen.

Excepto por la variedad en los productos, me recordaba a los bares cubanos,  por lo animado de la charla hasta por el fenotipo de los parroquianos y sus ademanes.

Una vez en la barra pedí dos muslos de pollo y una coxinha, que es una especie de croqueta que se hace también, a base de pollo, y que recién cocinada en un sitio menos grasiento que aquel, puede resultar incluso, más que aceptable a un buen paladar.

Los acompañé con una coca cola fría. Debía ser el único tipo en ese bar y a varios metros a la redonda, que no estaba bebiendo cerveza o cachaza. Una semana antes me había propuesto no ingerir alcohol, al menos hasta que tuviese un alojamiento en condiciones y un trabajo como la gente, debía andar fresco y en las mejores condiciones posibles, hasta que volviese a reunir las   condiciones para vomitarme encima .

Había mujeres con medias negras y medio pecho al aire, arrimadas a los tipos de la barra que discutían entre sí, sin participar en las palabras de ellos pero sí en los sorbos a sus vasos.

El culo de la chica que acompañaba al morocho alto que estaba a mi lado, se pegó a mi cadera sin que yo lo procurase, aunque sin que me desviviese por evitarlo.  La chica que contaba con una cantidad de años imposible de intuir detrás de todas aquellas manos de pintura facial, me miró de reojo y sonrió.

El moreno la apartó con la mano y me echó una mirada desafiante, yo lo observaba con el rabo del ojo mientras comencé a levantarme de la banqueta atornillada al suelo, con la coxinha en la mano y un muslo de pollo en la boca.

_ ¿Que es lo que es?  Me preguntó en tono camorrero.

De inmediato y sin pensarlo, me levanté y salí de aquel antro, guardando  la dignidad que fuese capaz de conservar en mi huida.

Llevaba el tiempo necesario en Brasil como para saber que en cualquier sitio que  se podía armar una pelea, se armaría.  Y podían intervenir puños, navajas, armas de fuego o todos los clientes del local.

 

Y aunque alguna vez habría podido fantasear con ser una especie de maestro de Shaolín y darle su merecido a todos los que se habían mofado de mi, lo cierto es que no pasaba de ser un deseo difuso, y no sentía el más mínimo apego por la temeridad o el heroísmo.

Antes de salir miré a los ojos de la chica y del borracho, sonreían, parecían estar festejando mi espantada con sus interlocutores. Los dejé con sus asuntos a tratar y me fui con mis dientes sanos y el estómago sensiblemente más aliviado a dar un paseo por esa parte de la ciudad.

No había muchos sitios más recomendables que ese, para ir a aquellas horas. El hotel se encontraba en una parte de la ciudad que no era la elegida por las familias de clase media para salir de paseo.

Comí alguna cosa más en un bar retirado de las inmediaciones del dock,  donde pedir un refresco de guaraná o una coca cola, se pareciese más a un acto cotidiano que a una afrenta. Luego regresé al hotel, al fin y al cabo no había dormido más que un rato, y no tenía demasiado sentido quedarme haciendo turismo por aquella barriada de clasicismo  portuario.

En la entrada  había dos hombres discutiendo algo, estaban alterados, pero conservaban el tono de voz bajo, cuando pasé por su lado hicieron silencio y me observaron , les di las buenas noches y me dirigí al cuarto sin más escalas.

Joao estaba profundamente dormido, era demasiado temprano para un brasilero buscavidas, observé  su corte de pelo, la higiene de su ropa y tenía aspecto de llevar una vida ordenada,  tanto él como yo habíamos dejado el equipaje tras las rejas de la recepción, así que podíamos confiar en nuestras respectivas corazonadas.

 

 

 


 

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Published by martinguevara - en Relax
22 septiembre 2011 4 22 /09 /septiembre /2011 22:26

 

La única preocupación que me acecha con respecto del destino que afronta la isla de Cuba, es saber que pasará con la gente que ha aguantado nada livianas lozas estos años.

Como es normal, tengo prioridades en los gustos como en los sentimientos.

Me inclino a sentir mayor compasión por las personas que llevan más o menos años soportando segregación  por motivos de orden  ideológico, moral o simplemente por salir a pasear por el barrio con un plumero en el trasero, que por los que hasta hoy han estado olfateando asentaderas bien apoltronadas.

Sin decoro alguno están empezando a salir como roedores de sus hoyos,

Oliendo rincones, vigilando esquinas e intentando asegurar un trozo más de queso,

Que el vecino pulpo, que el centinela ratón,  que la fulana que los parió.

 

No todos, pero muchos a lo largo de cincuenta años, han pasado por el tamiz de la doble moral, han pasado por la complicidad hecha silencio frente a los abusos, algunos levantaron la mano para aprobar una sanción a un amigo o a un hermano, otros hicieron chirriar la silla al levantarse en medio de la asamblea de moral comunista, para acusar a un colega.

Más de los que convendría llevaron las llaves del cerrojo, llevaron la mirada vigilante de los buitres consigo, a donde sea que fuesen.

Incluso, los hay de los que impartieron las órdenes, señalando a los que apretarían el gatillo, y hundirían la balsa improvisada o aplastarían la sien del infausto, que al no poder huir despavoridos del barco porque están siendo esperados arpón en mano, aseguran , juran y perjuran que si probaron del cadáver que alimentaba a la hiena mayor, fue por abducción.

 

Mi interior se debate entre el deseo de que todos los que tenían el dedo índice siempre listo, la supremacía moral a flor de piel, y el queso a resguardo, lograsen escapar  de la nave por el cabo del ancla; y el de que no boyen los incidentes para que la sociedad pueda por fin avanzar en paz.
Peron no olvido la sonrisa del amigo de la hiena, y las entrañas que colgaban de sus mandíbulas.

 

Que el vuelo sea de los tullidos, de los parias, de los que enloquecieron

Justo antes de sobrevivir.

 

Un amigo me dijo que no existe el capitalismo humano. Hoy no hay mucho con que seducir a Cuba.

Entre la miseria, el control, la opresión y los extremos de doble moral a los que llegó el hombre, intentando construir el Mundo mejor, el socialismo real, con el hombre nuevo, y la desafección por el prójimo, por la suerte del resto del planeta que nos sugiere el actual occidente, desprovisto de las necesarias concesiones que debió hacer en su momento a los pobres y perdedores, y bien apertrechado de excusas para la insolidaridad, será conveniente que la Perla del Caribe elija un camino nuevo. De un capitalismo controlado, o de un socialismo de plena libertad.

 

Será el único y más justo antídoto para ratas y tullidos.

O la maldición eterna.

 

 

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Published by martinguevara - en Cuba Opinión
21 septiembre 2011 3 21 /09 /septiembre /2011 20:47

 


 
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Published by martinguevara - en Relax
21 septiembre 2011 3 21 /09 /septiembre /2011 00:37

_Hola- le dije al conserje en portugués- me dijeron que aquí se puede dormir por poco dinero.

_ Depende- me dijo el hombre- de lo que usted considere poco.

Me dijo que por medio dólar tendría una cama, que debía compartir con un compañero de cuarto. Acepté, y le dí dos dólares para cuatro días, los tomó sin salir de dentro del cubículo enrejado en que estaba, y me indicó las escaleras que me llevaban a mis nuevos aposentos.

Mi habitación era un trozo de un cuarto mayor que había sido dividido en tres o cuatro espacios con tablones de aglomerado, de una forma que dejaba ver el escaso amaneramiento del  propietario.

Había dos literas con dos camas cada una, y un pasillo estrecho entre ambas, tuve suerte de que me tocara la parte de la habitación donde originalmente se encontraba la ventana.  las camas contaban con una sábana gastada pero limpia, y una almohada sin funda que sólo de verla me despertaba los alérgenos del asma.

_Y ahí? – me dijo un hombre delgado de estatura baja, con pocos dientes y de mediana edad_ Joao, dijo cediéndome la mano.

_ Martín- le dije mientras presentí como escudriñaba mi humanidad con la mirada, tal como yo había  hecho poco antes con él. 

Un joven de otro país, delgado, de estatura media, pelo oscuro largo hasta los hombros y de vestimenta llamativa, y con un extraño abrigo polar en su mano, un pequeño bolso al hombro, que no debe esconder mucho de valor, y un reloj que sí debería estar escondido-Debió haber pensado a su vez,  Joao.

Yo estaba cansado , había llegado a Santos a dedo, después de andar  dando vueltas entre Sao Paulo y Río de Janeiro, viajes en los que gasté todo el dinero que llevé a Brasil.

Me desplomé sobre la catrera, que en ese momento me sabía a gloria,  preguntándole antes al flamante compañero de habitación:

_ No irás a robarme mientras duermo no?. Joao sonrió y no entendí lo que me dijo a continuación, pero su semblante hablaba por él, era de fiar.

Me levanté unas horas más tarde con mucha hambre, solo había comido una coxinha y una esfinha en la rodoviaria al llegar a Santos. Me quedaban unos dólares que llevaba cuidadosamente enrollados en los calzoncillos. Esto solucionaba dos asuntos: dado el estado higiénico de mis pantalones , cabría  suponerle demasiado valor a cualquier delincuente rastrero que decidiese probar suerte mientras dormía introduciendo sus dedos en semejante caja de sorpresas, y por otro  lado, mientras estaba en vigilia , le daba ese toque de aumento , que no se puede decir de manera categórica, que mi bulto lo precisara, pero el cual no le venía mal en absoluto, para poder pavonearme entre las garotas. Estaba bien reguardado frente a posibles decepciones, ese blue jean no me iría a permitir demasiados acercamientos. Años más tarde, a mi analista le resultó poco sugerente, la imagen de un pene envuelto en dólares, para lo que sea que fuese.

   

Había ido a Brasil unos tres meses atrás, sin saber bien donde dirigirme, pero con la intención de encontrar  un puerto importante donde parasen barcos de bandera noruega, panameña y de Liberia, que eran los que tomaban trabajadores para cubrir plazas sin requerir mucho más que un pasaporte en regla, y la promesa de que no se marearía en alta mar, requisitos hasta los que podía llegar.

Mi intención era pasar un par de años a bordo como marinero general  o como ayudante de cocina y ganar un buen sueldo ahorrándomelo íntegro. Aunque la fantasía del escape, componía el mayor porcentaje en el entusiasmo con que iba en la búsqueda de mi barco.

Tenía metido en la cabeza a mi tío el héroe de las Américas, incluso hasta en este deseo, ya que él haía intentado viajar sin abonar el monto del pasaje  en un barco, durante uno de sus viajes, hasta que el hambre lo obligó a presentarse en el puente de mando y admitir que iba de polizón.

Lo cierto era que embarcar no se estaba llevando a cabo lo rápido que había supuesto, en honor a la verdad, aunque  seguía subiendo a la borda de los barcos mercantes para hablar con el capitán, lo cierto es que  ya m e estaba divirtiendo más  recorriendo Brasil, conociendo a su gente y quizás también un poco más a mí mismo, como es menester en un verdadero viaje.

                Tenía el discurso fijo de bajarme en Rotterdam una vez que me cansara de alta mar, pero la idea era difusa. Se me había ocurrido Holanda a raíz de un par de amigas que me habían hablado muy bien de la vida allí. Por eso llevaba un abrigo de pluma de ganso que en el sur argentino lo había puesto a prueba de un invierno durísimo.

                Santos era la ciudad portuaria más importante de Brasil, y en los muelles brasileros por entonces, con solo presentar el pasaporte la guardia permitía entrar hasta los embarcaderos, a los que pretendían enrolarse.

Era de esperar que allí tuviese más suerte que en Río grande do Sul donde llegué a bordo de  un camión, que tomé en el mercado central de frutas, los camioneros argentinos entonces solían dar aventones para que les entretuviesen con historias y les cebaran el mate, siempre que uno se acreditara debidamente y presentara un aspecto, si bien no atildado, al menos poco temerario.  Subí a tres barcos en los cuales me trataron con cordialidad, y escucharon mis plegarias de dos años de sueldo y al cabo de ello,  Rotterdam, con cervezas holandesas y pasto de marineros.

Así que cuando desperté en mi cuarto de hotel con los jugos gástricos pidiendome combustible,  aún estaba Joao en la habitación tumbado en su cama, y continuaba en mi pantalón el preciado bulto.

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Published by martinguevara - en Relax
18 septiembre 2011 7 18 /09 /septiembre /2011 01:24

 

No anda de fiesta la actualidad socio económica española, país donde vivo hace muchos años, realidad a la que pertenezco.

 

Llevamos cuatro años de un frenazo y posterior caída de la actividad económica, ligada casi exclusivamente a la construcción, donde descansaba el milagro económico nacional, sin diversificación ni reinversión alguna en terrenos de mayor calado, de mayor simiente.

Todo comenzó a partir del conocido desplome de Lehman Brothers Inc. E idéntico segmento socioeconómico, fue el que en España dio los primeras campanadas de que algo estaba por cambiar.

Lo que ocurrió es de todos conocido, los datos son devastadores en cuanto al trauma sufrido por la desarticulación de una maquinaria que mantenía en activo a millones de personas, directa o indirectamente ligadas a la tarea de colocar un ladrillo sobre otro.  Toda la industria satélite parasitaria de dicha actividad, que va desde las fábricas de tornillos hasta las de grúas, se vio bruscamente afectada por el parón.

En un primer momento se pensó que podía ser pasajero, ni el FMI a manos de Rodrigo Rato, ex ministro de economía con gobiernos del Partido Popular, vio la más mínima punta del iceberg asomar por bajo su propio barco, ni los presidentes de los países más desarrollados siquiera.

Tampoco las empresas calificadoras.

 O estas quizás si pudieron haberlo visto, sólo que la discreción podría haber sido un  condicionante sine qua non,  para llegar a catar  esos interminables trozos de pastel, con que se los puede observar  siempre al cabo de los festines.

 

Novedosa prestidigitación, ¡todo por aquí; nada por allá!.


Transcurrieron los meses, los años, y el país cambió, incluso en su mapa  cromático y fenotípico, que empezaba a cobrar una variedad similar a Nueva York, o Amsterdam a causa de la cantidad de nacionalidades que decidieron instalarse aquí, como una subsidiaria de la Babilonia moderna, a saber: cualquier Metrópoli que sea capaz de congregar  pasta y libertades, en cantidades que logren suplir las añoranzas de la tierra patria, del pésimo vino propio y de las moscas vespertinas seseantes entre las chozas del poblado.

Entonces el paisaje  retornó paulatinamente a la imagen de una España habitada casi en exclusiva por material nacional o de proximidad, incluyendo, los sempiternos ingleses y alemanes que arriban con el fin de transcurrir la vejez bajo el Sol y bulliciosas maneras del amor.

En eso se llegó una situación de casi cinco millones de desempleados con seguro de paro, de medio millón de inmigrantes retornados a sus respectivos países, de cuarenta mil españoles emigrados en cuatro años a Argentina, de más de diez mil cada año a trabajar en la uva, en fresa y en la manzana en Francia, de profesionales emigrados al Reino Unido, y Alemania y el éxodo de unos cuantos miles de informáticos y otros profesionales de innovación y desarrollo, a Estados Unidos.

 

Las cosas donde solían estar.

 

En estos cuatro años, no solo no se penalizó a los culpables del descalabro, y no se abrió una investigación para esclarecer el grado de responsabilidad de los involucrados, sino que sin ninguna garantía, ni condición de retorno se les concedió el dinero que celosamente se había ido guardando durante estos años de vacas gordas, espantosamente obesas, y que procedía en su mayoría del pago de impuestos generales, o gravados a las clases medias y bajas.

No hubo ni una medida para recaudar que afectase a los más ricos, pasando por alto dos motivos de orden prioritario, uno es que eran los reponsables de esa situación, y el otro es que son quienes más solidarios pueden ser.

  Me refiero a los obscenamente ricos, a los cuales un Estado no debe culpar de mezquindad, ni puede esperar de ellos por motus propio un acto de generosidad, sino que debe exigirla. Es lo único que le pedimos al Estado.


Se les proveyó de varios lotes de dinero a fondo perdido. A los trabajadores y pequeños y medianos empresarios que se quedaron sin un céntimo no se les facilitó  más que la advertencia de que no se iría a tolerar una actitud incivilizada.

También la amenaza de que si no manteníamos contentos a los bancos, corríamos el riesgo de perder los últimos ahorrillos , los cuales ciertamente, el que más o el que menos, mantenemos resguardados y bien vigilados.

Accedimos. 

Un poco reconociendo también nuestra porciónón de responsabilidad en la quiebra del confort prefabricado, cuando la codicia humana llegó a ámbitos del alma otrora límpida y despreocupada de lo material. 

Más o menos todos y cada uno, en ese acto de aceptación de semejante sodomía, aceptamos el hecho de que nadie nos colocó una pistola en la cabeza ni nos emborrachó para firmar hipotecas inmobiliarias a treinta, cuarenta y hasta a cincuenta años,  por coches de marcas y características  fuera del alcance de las clásicas  posibilidades del vulgo, y todo tipo de elementos fetiches de la suntuosidad mersa, así como artefactos o marcas, diseñados exclusivamente para el nuevo perfil de socios admitidos en el club de gasto.

Diseñados exclusivamente para esa época de espuma de billetes, con líneas y calidades notablemente  vulgares, tan poco sugerentes como los nuevos ostentosos.

Con distintivos acreditativos del más dudoso gusto. Ya que en definitiva, aún cuando se permitía y promovía el acceso de los grasas al mismo gasto que algunos viejos pudientes, tampoco era cuestión de descuidar la separación de compartimentos.

Unos por un lado y los de siempre por otro, como corresponde.

Pero la participación del vulgo en el sainete, no excusa en absoluto la responsabilidad de bancos y constructoras, quienes promovieron la estampida de esa masa indolente, de todo ese rebaño irresponsable,  hacia la mímica burda de una posición financiera holgada, utilizando la tendencia más elemental del hombre común, su codicia.

            Un año más tarde del comienzo de la crisis., y cuando comenzaban a perderse numerosos puestos de trabajo, el director del banco Santander, anunció que los beneficios de ese período fiscal eran superiores a ocho mil millones de euros, manifestando no comprender bien el motivo de queja de la gente.

Hoy, unos años más tarde, además de continuar acumulando beneficios nada despreciables, poseen ya, entre esta y otra entidades bancarias españolas, no sólo las viviendas adquiridas a las que no pudieron hacer frente al pago de la hipoteca, sino también la deuda total contraída.

Se les tomaba la casa que debería suponer el fin de ls obligaciones, y encima cuando la rematan no descuentan lo invertido como pago del préstamo.

Por los bares, las plazas y los loqueros de España toda, se pueden ver zombis a los cuales el banco les quitó la casa y al que le deben unos cuantos cientos de miles de euros.

Más que un abuso parece una broma de mal gusto, una felonía medieval.

 

            La izquierda administrando injusticia es un contrasentido, la izquierda en el poder institucional es como el hombre desempeñando un trabajo bajo la superfice del oceáno, con un traje de buzo o escafandra, o en el cosmos con casco suministrador de oxigeno. Puede ser que incluso hiciese un excelente trabajo, pero en algún momento sentirá la hostilidad del medio ajeno, y por más reservas de airte o de entusiasmo con que cuente, tarde o temprano deberá regresar a su habitat natural.

 

            Eludo caer en la tentación de considerar que el mismo gobierno que fue acusado de extremista, durante su primera legislatura, no se encontrase con elementos de presión, no hechos públicos por supuesto,   que lo  pudieron haber persuadido, de tomar las medidas que  ya conocemos, sin tocar otras cuerdas sensibles del sistema.  Por dos razones, Zapatero no es ni fue un revolucionario llamado a subvertir el orden social, sino un socialista reformista, acorde a la tradición y los usos progresistas de la democracia social, y la otra versa sobre la gravedad de la alternativa, de negarles a los mercados las  ofrendas y cebos que lo mantienen de buen humor.

           No me cabe duda alguna de que debió haberse encontrado en una encrucijada dificil de resolver ,sin echar por tierra  del modo que lo hizo, toda posibilidad de trascendencia noble, que se tenía ya ganjeada de sobra por lo hecho en sus primeros cuatro años al frente del ejecutivo.

Ciertamente no debía ser un panorama  demasiado animado, para terminar aceptando semejante cambio de calidad en el perfil con que pasar a la Historia.

            Pero una vez dicho esto, también resulta de dificil digestión, asistir a tantas generosas concesiones a quienes propiciaron esta crisis, sin exigirles a cambio el más minimo aporte.


            Esta semana, con el escaso asombro que me va quedando frente a los disparates de la política en general, pudimos ver como por fin después de que en Francia, catorce fortunas de las mayores del país pidiesen ser gravados con mayores cargas impositivas, lo mismo que en Suecia, Alemania y Reino Unido, observé atónito sin embargo, como el principal Partido de oposición, que pretende gobernar, y que se ha llenado la boca con que Zapatero no atiende a los pobres, a los cuatro millones de parados, además del propio Emilio Botín, quien declarara haber ingresado atractivas cantidades de efectivo mientras el país se iba a pique, sin el menor rubor, dijeron que les parece un despropósito, un abuso con quienes han tenido la delicadeza y la prudencia de ahorrar  en tiempos de vacas gordas. Una falta de consideración. Y las señoras gordas de los barrios proletarios, con todos los hijos en el paro, acompañandolos en sus lamentos.

           

A los maestros , policías, bomberos se les está exigiendo cada vez más sacrificios por el mismo dinero y la gente considera que son unos cara duras por quejarse. Tres millones de personas perdieron sus trabajos, y miles de familias están en proceso de desahucio por impagos. La sociedad quebrada, y no se ha ingresado a un período marcado por los problemas de violencia social, porque  el hambre no ha llegado a los hogares. El sistema de bienestar social aún no está completamente desmantelado.

Y ahora que se quiere aplicar una medida necesaria, que recaudará de quienes menos lo precisan y que más oportunidad tienen de mostrar su amor por  España, y compromiso con la Patria, resultan ser los menos dispuestos a ayudar en esta coyuntura.

Se han ofendido mucho. Nadie les dio una explicación.

Lo natural es que Botín lo esté. Lo normal era que el Partido Popular se quitase esa máscara con que quería hacer no sé bien que simulación , que tampoco les convenía demasiado, y que dijese:

_Nosotros somos  partidarios del mercado liberal, del capitalismo más o menos salvaje, y lo que no podemos hacer es apoyar ningún tipo de gravamen sobre las ganancias.

Pero: ¿ qué hacen todos los medios de prensa haciéndose eco de este escandaloso comportamiento?.

¿Qué hacen las madres y padres de jóvenes desocupados opinando que a los maestros hay que mandarlos a trabajar más, pero a los ricos es mejor dejarlos en paz con sus dineros,  porque si deciden irse de España quien nos dará trabajo ( en realidad deberían referir “si terminan de irse”, porque  entre paraísos fiscales y mano de obra barata en Oriente, ya no tienen casi capital invertido en el país)?.

 

Me reconozco como simpatizante del capitalismo controlado y con indumentaria humanizante, ese que no pone ningún tope a la capacidad de las personas por arriba, pero sí coloca un límite de caída, tras el cual interviene, no permaneciendo impasible ante la degradación del ser humano. Capitalismo Keynesiano si se quiere. De tipo escandinavo. E incluso de los buenos tiempos  europeos del estado de bienestar, lleno de concesiones hechas a los idearios socialistas democráticos.

Tengo la certeza, adquirida a través del conocimiento empírico de que un sistema socioeconómico basado en la vigilancia estatal de la igualdad indiscriminada, como las dictaduras del proletariado del Este de Europa Asia y Cuba, termina resultando  el más injusto de los sistemas posibles, ya que inevitablemente tiende a alejarse  de la felicidad social, al suprimir de la persona,  su condición de individuo y sus diferencias en pos de la masa.

Impartiendo además a la manera de la Santa Inquisición, el oportuno castigo a la tentación de corromper el alma.

Aún cuando creo que categóricamente hay que desterrar la violencia política, sea cual fuere su signo y cuales fueren sus declaradas e inconfesas finalidades.

Y aunque pienso que el mundo que mejore a este, debe estar asentado sobre la base de libertad, y el mismo respeto por la diferencia que por la similitud, no he podido evitar estos días sentir una cercanía repentina a ciertos reclamos de mi tío Ernesto, no ya en su espíritu que es donde casi siempre la he experimentado, sino en el terreno en que generalmente me siento más distante.

 

 

Quizás, haya servido en definitiva para acercarme sin ataduras incómodas, a algunos aspectos de su carácter, aquellos en que coincido no por mandato de una religión familiar ni política,  sino por el más elemental sentido del orgullo  y el decoro.

Y si se quiere, por la firmeza frente a la sodomía no autorizada, ni debidamente lubricada.

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Published by martinguevara - en Europa Aorta
16 septiembre 2011 5 16 /09 /septiembre /2011 14:32

http://wqba.univision.com/audios/audio/2010-11-23/yo-no-quise-ser-como-el-che

 

Copiar y pegar para escuchar parte de la entrevista,  sólo hay diez minutos de una hora en que haza nos trató con mucha amabilidad.

Disfruten de mi voz nasal!!!

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Published by martinguevara
16 septiembre 2011 5 16 /09 /septiembre /2011 14:23

http://www.miamiherald.com/2010/09/19/1830125/cuba-ignoring-the-cruelty.html#storylink=misearch

 

 

Artículo mismo que Salto al capitalismo, pero en el Miami Herald, en inglés, para los amigos angloparlantes.

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Published by martinguevara - en Cuba Opinión
14 septiembre 2011 3 14 /09 /septiembre /2011 23:10

Trabajo  recorriéndo Castilla en su gran extensión, de manera casi  permanente. Es una comunidad hermosa, llena de tradiciones y de buenos platos, y está relativamente poco explorada. También está salpicada de estos antros del espanto con lucecitas de colores, que anuncian un buen sitio donde pasar un buen rato, o como me decía una amiga meretriz argentina, un lugar para ponerla y sacudirla. con un cartel sugerente a la entrada que los denomina con el eufemismo de "Club"  Y aquí evito ser irónico, ni jocoso, porque la realidad no lo es. La mayoría de esas chicas fueron llevadas con engaños, y son retenidas con amenazas a ellas o a sus familiares, de la más diversa índole. No puedo entender la escandalosa demora en la actuación policial en torno a los criminales que sostienen esto, en comparación con lo raudos que se manejan en atacar la privacidad de las prostitutas libres.  

He reparado  en los vehículos aparcados,

y ni uno solo es una furgoneta hippie, no ves entrar y salir a los vilipendiados jóvenes anti sistemas, ni a los alegres rastafaris.

Más bien la pinta de los asiduos, tiene más que ver con ese tipo de padres que deshereda a su hija si esta decide casarse por lo civil, o si se suscribe a la revista Cáñamo. Yo no sé bien que decirle a mi hijo cuando pasamos por al lado alguno de esos burdeles y me pregunta, -¿ pero papá, Club de qué es eso?, y eso que de sexo le respondo lo que sea que pregunte , pero de esclavitud tolerada, consentida y promovida, ¿cómo podría hacerlo sin decirle a mi vez?:_Mirá Pichón, tu viejo que siempre te dice que te conmuevas por las injusticias, todos los días pasa de largo sabiendo que muy probablemente, allí dentro se esté fraguando un delito de lesa humanidad.

Y me pregunto aún más, ¿ por qué no entro allí y hago lo que haya que hacer para denunciar eso, será dejadez o que al fin y al cabo, unas putitas más o menos, quién sabe, cuando esté más viejo, más rico y  más casado, lo que uno puede llegar a precisar?

Hay más vergüenza que rabia. Y más prevención que ambas.


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Published by martinguevara - en Europa Aorta

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