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16 julio 2022 6 16 /07 /julio /2022 19:31

Como nadie quiso responder a las preguntas Gamsa dejó claro que no volvería nunca más a armar un debate de aquellas características. Había dejado de confiar en sus correligionarios, todo le parecía vacío, superficial, él mismo se veía como un exponente de la frivolidad, decidió no hablar nunca más, pero antes debía llegar a un rincón de la India en donde algunos gurús meditaban durante meses, incluso años sin emitir palabra alguna. El problema es que no pensaba dejar de comer y los gurús acompañaban la economía de palabras con la de alimentos.

Decidió hacer lo mismo pero más cerca de su casa, a la vuelta de un Kentucky Fried Chicken, a donde podía escabullirse cada vez que los gurús sucedáneos de los indios, de la ciudad de Londres, reunidos en aquel edificio húmedo y sin ascensor de King's Cross, estuviesen durmiendo la mona de sus fumatas hachís y ácidos dedicadas a Visnu y a Brahma, como aporte inglés a las deidades ciertamente humilladas durante la colonización británica.

En ese KFC contaban con pantallas para ordenar y pagar el menú sin necesidad de dirigir la palabra a nadie. Cuando se puso obeso como una bola de grasa, empezó a fumar la mezcla dedicada a los dioses para amortiguar la gula. En efecto adelgazó de forma notable, y en cambio de comer compulsivamente, dormía como un lirón, se despertaba fumaba, y volvía a dormir.

Al cabo de dos años Gamsa, se había olvidado de hablar las palabras pero también de pensarlas, solo conseguía divagar en un lenguaje inconexo aunque puro, tan espiritual como inmaterial, hasta que en un paso por la esquina un perrito Yorkshire le meó el tobillo y el pie derecho, que desde hacía dos años calzaba solo con sandalias llevándolo al descubierto en su parte superior.

Líquido a raudales, el perrito lo tomó por un árbol al ver que no emitía sonido alguno, Gamsa sintió un repentino placer al sentir ese calor en su pie en aquel día húmedo y frío, pero cuando se dio cuenta que lo estaban meando, cambió la expresión atolondrada de su rostro, mostró los dientes y gritó:

-¡Mierda!

Un transeúnte que cruzaba frente a él, atildado con un saco de tweed escocés, con expresión de contrariedad levantó la mirada hacia los ojos encendidos de Gamsa, y le aclaró:

-No hijo, no es mierda, es pis.

Entonces Gamsa volvió a hablar, primero con el hombrecito del tweed, estaban parados justo en la esquina de Brill Place, el verde persistía a la caída de las hojas, la dueña del perrito llegó solicita aunque tarde pidiendo perdón por las molestias y se apresuró a desaparecer parque adentro, al principio Gamsa quería explicar que su expresión no respondía al estado de los desperdicios del Yorkshire sino que era una interjección, pero no hallaba las palabras, entonces el hombre de los zapatos impolutos lo calmó con una sonrisa "solo tenía ganas de hablar con alguien y usted me dio pìe", el hombre que ya entraba en sus años menos ágiles, advirtió en un comentario, que era una mañana fría para ser otoño, pero con una luz especial que junto a la humedad dotaba de perlas de brillo a las hojas que persistían aun en las ramas, mientras que desnudaba a las caídas mostrando toda la gama de marrones, beige, carmelitas, amarillos, rojos bordeaux de que eran capaces, ofreciendo, junto a esos cuervos que exploraban la base de las raíces, un ambiente digno de ser mirado a párpado extra abierto y aspirado a pulmón lleno, en vistas de podría pasar tiempo para que alguien debidamente vestido, paseando a esas horas por al lado de la terminal donde miles de almas corretean cada día de un lado a otro en busca de conexión de tren, pudiese volver a apreciar un espectáculo de semejante belleza y calma. Gamsa asentía a todo lo que el hombrecito decía, le parecía que el tono con que expresaba sus palabras obraban, junto al paisaje que estaba describiendo, una suerte de milagro que no podía desperdiciar. Atinó a balbucear los primeros vocablos con sentido razonable que pudo construir en mucho tiempo, y tras despedirse, recoger sus cosas del antro gurú, usó el impulso para charlar con el conductor del ómnibus, con una señora que paseaba sin perrito, más tarde con su familia anonadada, mitad feliz mitad atribulada, cuando regresó a su casa. Dejó los ácidos y el hash, el pollo frito, los alrededores de King's Cross St Pancras, las chancletas en otoño, y retornó a sus simposios, debates  y conferencias convencido de que tenía suficiente profundidad que aportar a la superficie de sus reflexiones de antaño, partiendo de la premisa de lo compacto o licuado que puede expeler un lobo devenido en Yorkshire y de un rincón de la India, algo distorsionada y muy comprimida, que consiguió instalarse en las inmediaciones de su poco querido, pero familiar Brixton.

 

King Cross St Pancras

King Cross St Pancras

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14 julio 2022 4 14 /07 /julio /2022 17:35

No necesariamente con los mismos protagonistas, pero a menudo la vida te da la revancha, la oportunidad de riposta.

Cuando recién había salido de la pubertad, me levanté una mulatica muy mona, estuvimos tomando y yendo de un lado a otro hasta que nos fundimos en un beso y empezamos a apretar, pasamos las manos por cada centímetro de lo que cubría la ropa interior. En un momento en que ya me había deshecho de lo que tapaba las tetas y las había estado sobando, fui a besar un pezón y cuando acerqué la cara a la redondeada teta, un pestazo de mil demonios me echó para atrás como puñetazo de Clay.

Se me hacía incomprensible ese hedor en un pezón, hasta que cuando el viaje de la razón concluyó en su morada cerebral, se evidenció que era mi mano la que olía a rayos y centellas, porque primeramente había estado hurgando en el complemento del chichón: el chochín; a veces se es tremendamente afortunado sin saberlo, como en esa ocasión que por la razón que fuese, no había bajado a libar del pozo.

Muchos años después, más recientemente, también en una tarde de suerte en que conseguí sacar el anzuelo con pesca, ya no de esas presa tan titis ni tan ricotas de antaño, pero para mis abriles, un bomboncito más que aceptable. Tras paseos y charlas arrancamos sobre la pista del "peeting", la apretadera en los asientos delanteros del coche salvando palancas de cambios y de frenos, manos por aquí, no había suficientes dedos para tanta teta, bollo y culo, como suele pasar al inicio, por eso ese momento hay que disfrutarlo como un enano, nunca habría otro instante como ese con la misma mujer, la primera exploración es una explosión de clorofila, un chorro de sangre nueva. Ella ora metía mano por aquí, desabrochaba cinturón por allá, hasta que bajó a saludar al amigo, que a esa hora reclamaba más atención que un controlador aéreo a los empleados de pista. Le estuvo sacando brillo a la flauta durante buen rato y cuando subió a darme un beso en la boca de repente recordé a la mulatica del pezón descompuesto, sus labios olían a sobra de langostinos, pero de la navidad pasada. Pegué el respectivo respingo hacia atrás todo lo que las cervicales me permitieron, y cuando vi su cara de asombre, caí en que esa vez, las sobras de la pescadería no provenían de su oquedad sino de mi prominencia.

Estábamos más calientes que una cafetera así que la cosa siguió con los elementos menos afectados, y tras el dispendio de las secreciones del caso, esbocé una sonrisa y salvando los obstáculos de la cronología, uní las dos pestes en una, entendiendo por fin aquella sentencia tan mentada que rezaba:

"Hoy por ti, mañana por mi"

 

La revancha
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21 junio 2022 2 21 /06 /junio /2022 19:27

Carlitos Cecilia era un fiel amigo de la secundaria que murió de un cáncer devastador a los 22 años.

Había acabado de regresar de Argentina a vivir nuevamente en Cuba, fui a su casa y la madre me dijo "si quieres verlo ven con nosotros, porque no le queda mucho". Ella, el hermano y el padrastro estaban destrozados, se veía en las líneas que el dolor continuado pinta en el rostro de la gente, así como las arrugas de la risa en las comisuras de los labios y el extremos de la órbita ocular.

Llegamos al Oncológico, entramos al cuarto y le di un abrazo a mi amigo, pero no debía apretar mucho porque acababan de amputarle un brazo hasta el omóplato, estaba lleno de amputaciones, heridas, dolor, pero su cara era la misma de siempre, con los ojos bien abiertos de ilusión y con esa sonrisa pícara. Cuando me dirigía a su casa pensaba charlar toda la tarde de lo que había extrañado Cuba, de Buenos Aires, del regreso, etc, reírnos , dar vueltas por el barrio, tirar besos a mujeres, a lo mejor alguna se pegaba, Carlitos fue quien me introdujo a Moraima la primera muchacha con quien apreté en la secundaria. En octavo grado falté cuatro meses lectivos seguidos a clases, ni siquiera me fugaba, salía del Habana Libre directo a su casa, hasta que se armó un lío padre entre la escuela, mi madre, los del ICAP y este seguro servidor, tenía la lengua cargada de charlas para dejarlas caer junto con mi amigo. Pero al final me quedé cortado, creo que aun me dura el shock de verlo sin brazo, tan cerca del más allá, yo ni sabía lo que era eso, ni que nos podía pasar a nosotros, todavía estábamos naciendo coño. Carlitos empezó a decirme que en unos días saldría de allí y aunque ahora tenía solo un brazo, con ese mismo tocaría el piano y las niñas se nos pegarían como moscas, yo participé de su entusiasmo y dije una canción que había que tocar, "Soldier of Fortune" de Purple, y las tendríamos desmayadas a nuestros pies. Estuve un rato más pero dejé a los padres y al hermano, la montaña hecha de tristeza y amor que vi y sentí allí es muy difícil de describir.

Me fui solo del oncológico, es una zona de hospitales históricos, llena de vegetación y avenidas amplias, bellas para pasear, pero inmensamente crueles para acompañar a un ser empequeñecido por el absurdo, por un dolor nunca antes experimentado, por la vergüenza de ser acreedor de la fortuna de caminar, de respirar, de tener futuro, de poder construir o destruir mis opciones, de tener opciones. Al poco tiempo me enteré que a los tres días partió dormido, sedado, soñando.

Le dije a Carlitos en esa sala de hospital, que tocaríamos Soldier of Fortune, para las chicas, así que sigo esperando que salga y mientras tanto cada día que lo recuerdo, y cuando no también, lo llevo conmigo, junto a aquella montaña.

 

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19 junio 2022 7 19 /06 /junio /2022 18:04

 

 

Pierre eligió uno de los caminos que le indicaba la aplicación de navegación contenida en el teléfono móvil, pero al rato de emprender el viaje le surgieron las dudas de si iba por el camino más conveniente- caramba, si siguiese mirando el callejero para tomar las rutas como en otros tiempos, tendría el camino entero grabado en mi cabeza- así que se lo dio a su hijo que iba de copiloto y le pidió qiue pusiese otra dirección, iban de Saint Tropez a Toulouse, pero sentía más confianza si ponía como primera meta a Narbonne, de todos modos debían detenerse un rato allí para comer algo, una vez lleno el buche volvería a poner Toulouse. Cuando el hijo terminó de poner el destino en el teléfono, la voz guía de la App saltó con una indicación insólita:

-Tome la A-8-

Y es que iban por la A-8 desde hacía una hora. Entonces el padre tomó el teléfono entre asombrado y ligeramente asustado, miró la línea azul que le proponía la pantalla y se alivió al constatar que en efecto había incurrido en redundancia, ya estaban donde les recomendaba incorporarse-

Cuando estaba emitiendo el leve suspiro de alivio, de la ventanilla de una furgoneta que se ubicó al lado en el carril izquierdo, salió una cabeza haciéndole señas con la mano- carajo, a ver si voy a tener humo negro, o una rueda baja justo ahora- pensó en el instante, pero al volver a mirar al costado atendiendo a la insistencia del hombre de la ventanilla, se dio cuenta que lo invitaba a seguirlo, que era policía camuflada, y que estaban felices de haberlo atrapado con las manos en la masa.

-La puta que lo parió, por un segundo que miro el móvil, que mala suerte, a ver si los convenzo de que solo me fijaba si lo de tomar la A-8 era correcto-

La furgo se puso delante del automóvil, encendió un cartel luminoso en la ventanilla trasera indicando al automóvil de Pierre que lo siguiese. Llegaron a una rotonda, tomaron la salida, se detuvieron y bajaron dos efectivos de la Gendarmerie. Le comunicaron que la multa era irrevocable, que lo cogieron in fraganti y que daba igual si estaba mirando las redes sociales o el navegador. Pierre se defendió explicándoles que tenía tan claro que no se debía tomar el teléfono manejando, que le pidió al hijo que le pusiese Narbonne en el GPS, y que se alarmó por la recomendación de que tomase la carretera por la que ya iba, solo miró la pantalla a la misma altura del parabrisas sin quitar ojo de la vía.

-No importa si es para el navegador, para hablar o para el Facebook, la ley penaliza tomar el teléfono conduciendo. Son 200 euros y seis puntos del carnet.

Pierre evaluó la situación y se percató de que no había nada que hacer discutiendo con los agentes felices de clavarle la multa, todo lo que podía conseguir era empeorar, aunque fuese solo los ánimos y por otro lado, prefería dar ejemplo de conducta a su hijo, mantener la dignidad y no mostrarles ni siquiera su contrariedad y tristeza al tener que despedirse de doscientos morlacos. Pero sí atinó a decirles a los gendarmes, "con tanto delincuente suelto, me vienen a esquilmar el dinero de la comida de mis hijos"

Un pataleo con el que incluso, los dos agentes se mostraron condescendientes, un poco porque ya habían conseguido amargarle el viaje a un vacacionista, y otro tanto porque se habían dado cuenta de que en verdad, Pierre había sido victima de un agudo rapto de tremenda mala suerte.

Pierre prefirió pagar la multa en el momento por dos razones, para salir mentalmente de ese bajón, y para recibir el papel con los números de los dos agentes que tramitaron el cobro por tarjeta. Así fue, de repente, él los tenía identificados. Siguió su camino con su hijo, comieron en Narbonne, llegaron a su casa, creyendo haber pasado página.

A los pocos días en el trabajo le comunicaron que sería despedido en dos semanas, ya que se había quedado sin carnet de conducir debido a la sustracción de seis puntos que lo dejaban sin ninguno, él explicó la situación a todas las instancias de la empresa, les pidió por favor que klo esperasen, que tomaría un mes de vacaciones mientras hacía el curso que le devolvería la mitad de los puntos y podría volver a desempeñar su labor de gestor de activos en el automóvil por toda la zona de Toulouse hacia toda Occitania, pero le dijeron que el retorno del carnet llevaría tres meses como mínimo si todo iba bien, no podían permitirse esa cantidad de tiempo, ni les parecía serio  mantener en plantilla a un empleado, delegado de un área, que se tomase tan ligeramente su responsabilidad en el trabajo. A partir del despido, Pierre comenzó a enfrentar paulatinamente los problemas característicos de su situación, no encontró trabajo, los ingresos en la casa mermaron, esto llevó discusiones conyugales, sinsabores, peleas, separación temporal, más tiempo de lo que el decoro sugiere calentando las copas de vino de los bares, en definitiva, un deterioro de la comodidad que él daba ya por sentada para siempre, como si fuese el estado natural.

 Al pasar un espacio de tiempo, Pierre decidió dedicar las semanas siguientes a conocer cuanto pudiese de la vida de los gendarmes,  sus nombres, la comisaría donde trabajaban, costumbres, horarios.

Se desplazó a Pourcieux, donde trabajaban los policías chupópteros de trabajadores en vacaciones que se desplazan en coches humildes. Alquiló un motel de carretera Ibis a solo doscientos metros de la comisaría donde consiguió averiguar que trabajaban los dos agentes. Empezó a comer en establecimientos de comida rápida, a dar paseos alrededor del barrio del motel, el polígono industrial y la comisaria y vigilando de ese modo se enteró de la hora en que empezaban a patrullar, cuando iban a comer, a tomar café, al baño, incluso cuando paraban a mear. Y entre todas las actividades descubrió algo de lo que buscaba, detectó cada cuanto tiempo se detenían a pasar un buen ratito en el burdel que estaba a dos kilómetros.

Los policías trabajaban en un automóvil camuflado de civil, con el uniforme de la gernarmerie, pero antes de ir a relajarse merecidamente al puticlub se vestían de paisanos.

Una tarde Pierre entró al local y vio que ambos subían con dos muchachas a las habitaciones, sacó fotografías de los besos y arrumacos que se prodigaban con las mujeres en la barra, generalmente con dos clases de deseos diferentes, él de follar, ella de vomitar. Alcanzó a fotografiarlos también subiendo la escalera hacia los cuartos.

Antoine pasó toda su infancia en Bretaña, había nacido en la Normandía baja y los padres prefirieron el clima de Quimper, le gustaba hacer surf, insistía en pulir su técnica en las olas de las Landas, y a veces de cerca de Brest, pero lo cierto es que era demasiado torpe como para lograr mantenerse de pie en la tabla. Por eso pasó al windsurf, deporte en cual llegó a mantenerse sobre el agua sin sobresalir de sus amigos, incluso de los que se subían por segunda a vez, pero tampoco nunca le importó demasiado la vela tabla, su ilusión habría sido ser aceptable en solo tabla, y su frustración, imperceptible a simple vista, crecía por dentro recordándole su inclinación al fracaso cada vez que emprendía un nuevo desafío. Con el paso del tiempo y los tropiezos, decidió no fantasear más y dedicarse a algo que le permitiese intervenir en su favor la voluntad de los demás ¿qué mejor que ser policía? Cada vez que le diese la gana podía detener a unos pringados y hacerlos sonreir como tontos, decir a todo que sí, hacerlos pedir, rogar disculpas incluso sin haber cometido ninguna falta, también podría repartir buenos porrazos de vez en cuando, o practicar con una bolsa humana los golpes de defensa personal que en una pelea se los harían meter por el mismísimo orto. Y si alguien decidía no dar su brazo a torcer, se lo podría llevar al calabozo por desacato, insultos a la autoridad, o cualquier otra excusa. Perfecto, definido, Antoine el gendarme, desastre de la ley. Se casó con la prima de sus hermanastros, lo mejor que compartía con su mujer es que solían reír mucho en las largas sobremesas de los fines de semana. Habían tenido grandes dificultades para conseguir tener hijos, hasta que ella quedó embarazada, a los nueve meses nació una niña con Síndrome de Down, que a la vez que unía y separaba al matrimonio todo lo más posible. Los unía en la promesa de jamás separarse, y los distanciaba en imposibilidad progresiva de siquiera poder tocarse, por esta razón ella conocía que de vez en cuando las andanzas de su esposo por las casas de citas, con la condición inalienable de que permaneciese en el más estricto de los secretos y la discreción. Lo de trasladarse de provincia varias veces en la vida le había legado cierta inclinación a sentirse bien con la idea de viajar, de dar la vuelta al mundo, de hacer todo el trayecto del transiberiano, recorrer en bicicleta América del Sur, conocer el lejano oriente. Pero entre una cosa y las otras, nunca ponía en práctica esos proyectos, lo cual no le impedía sentir el mismo gozo al abordarlos en su mente.

Renaud nació y creció en un suburbio de Nimes. Su padre le daba buenas palizas que más tarde, Reanud las achacaba a varias frustraciones, no había podido estudiar, era el hermano más torpe y feo, se casó con la única mujer que lo soportó un par de meses como novio pero no le gustaba demasiado de joven, y nada en absoluto después de llenarse de hijos, cuando ambos descuidaron la estética, la educación, incluso la higiene. Llegaba del trabajo e iba al bar, cuando regresaba cobraban todos los que estuviesen por delante, sobre todo Renaud, que se parecía a su padre en que era acaso el menos agraciado de los hermanos, el del medio, que no tenía ni la más mínima habilidad que pudiese enorgullecer a unos buenos padres, mucho menos a semejantes ogros, solo mostraba interés por pasar el rato con los amigos pateando pelotas contra una enorme pared al lado del riachuelo y de vez en cuando cazar los pequeños animales de la zona y cortarlos en pedacitos, disfrutaba de ver su reacción. A las lagartijas, sapos y ratones primero les cortaba las patitas, después les abría el estómago o les cortaba la cabeza, trayecto en el cual, el padecimiento de los animalitos lo llenaba de placer, exudaba alborozo. Lo mejor de su vida era cuando cada verano lo visitaba una prima con los tíos, siempre estuvo enamorado de su prima, fina, linda, graciosa, parecía siempre tan contenta con todo que solo se podía disfrutar con ella al lado. Tras darse cuenta que no destacaba en los estudios y que tampoco sentía una diáfana inclinación hacía oficio alguno, que ni siquiera le veía sentido a poseer habilidades, decidió que el mejor trabajo que podría desempeñar, era el de policía. De policía nadie le preguntaría por sus carencias, por su escaso interés ni sus renuncios, y podría practicar tiro, que era algo que en cierta forma sí le atraía. Renaud se casó con una chica de Nimes, de su propio barrio, con la cual comenzó a reproducir los mismos tics de su padre con su madre, salvando la distancia entre los sensibilidades convencionales que establecían y toleraban los tiempos en materia de maltrato. Si el padre aporreaba con la mano cerrada a la madre mientras esta conseguía escabullirse hasta el cuarto para evitar el rubor de ser vista por los hijos aguantando semejante humillación, él insultaba a la esposa hasta hacerla llorar y experimentar cierta vergüenza de sí misma, de su figura, de su fracaso, de su dejadez y de cómo cada día que pasaba soportando tal degradación, más lejos estaba de tener la fuerza necesaria para salir de todo aquello. Hacía años no quería hacerle el amor, visitaba cada vez con mayor frecuencia sitios de prostitución donde poder afirmar que aún su virilidad funcionaba, que aún no era prisionero irreversible de las fantasías sexuales inapropiadas que asaltaban su cabeza y espoleaban su deseo cada vez con mayor frecuencia. El tema era que la esposa, Claire, era la causa de que viviesen con cierta holgura económica poco habitual en familias de su extracto socio cultural, todo debido a una jugosa herencia que ella había recibido de su padre, y por nada del mundo deseaba perder su ya perfectamente establecido, nivel de vida. Tenían dos hijos, que se pasaban el día peleando.

Antoine y Renaud llevaban patrullando juntos en tráfico los últimos cuatro años. Compartían el placer de disparar, de vez en cuando Antoine acompañaba a Renaud a cazar, pero no disfrutaba tanto de matar animales como su compañero. Tanto Antoine como Renaud eran intimaban en la idea, de que el tipo de patrullaje de ellos ejercían, con la furgoneta camuflada de transporte civil, era un método puramente recaudatorio, no preventorio ni profiláctico, aunque reconocían sentir deleite cada vez que tras atrapar a un infractor veían la cara que ponía al conocer el monto de la multa que devengarían de su cuenta, así como los puntos que le restarían.

Era una discusión ética, ya que el motivo de la recaudación daba un sentido totalmente distinto a la finalidad misma de la existencia de la policía, que la persecución de la prevención que supondría un automóvil con sus sirenas, su color corporativo y la inscripción de la fuerza policial en a puerta del vehículo, de cara a refrescar la memoria de todos los conductores con que se cruzasen, respecto de las buenas normas de conducta en la carretera.  

Y aunque una cosa no lleva necesariamente a la otra, siempre sentían el incómodo paseo del pequeño bichito del mal proceder cada vez que cazaban a un incauto. La fuerza del placer domaba con suficiencia cualquier resto de cargo de conciencia.

Pierre hizo imprimir las fotos que obtuvo de forma furtiva en el burdel. Y en los momentos en que sabía que Antoine y Renaud se encontraban desempeñando su trabajo de patrullaje por la carretera, se presentó en la casa de cada uno, portando sendos sobres con una inscripción que dejaba claro que eran sobres confidenciales para abrir exclusivamente por sus destinatarios, el señor Antoine Roux, y Renaud Morel. Se tomó un tiempo para llamar al timbre entre una casa y otra, en ambas como tenía programado lo atendieron dos mujeres que dijeron ser sus esposas, les comunicó que eran para entregar en mano, que podían recibirlo ellas firmando un recibo que Pierre había improvisado, dando un documento de la persona firmante y un teléfono móvil, tras lo cual se despidió dando las gracias y recordándoles la importancia de que recibiese, cada uno, su correspondiente sobre. Lo mismo hizo en la comisaría a donde pertenecían, dejó dos sobres con los nombres en las manos de su jefe, una vez que logró que él saliese a recibirlos, se presentó como un empelado de correo privado, pidió un nombre una firma y un teléfono al superior, él sargento no le facilitó un móvil, pero sí el teléfono fijo de su oficina en la estación.

Después se dirigió al punto de la carretera donde sabía que en breve llegarían a tomar su acostumbrado café de la tarde, parada que hacían cada día, sin falta. Mientras esperaba cargó los números de teléfono de las dos esposas de los agentes, los volcó en una aplicación de chateo y preparó un correo en que les decía que abriesen los sobres, y al que adjuntó las seis fotos de los dos compañeros de trabajo y compinches de farras con sus partenaires ocasionales. Con el teléfono del sargento no pudo hacer lo mismo porque era de línea, pero lo grabó en la agenda telefónica, con el nombre y apellido con que había firmado el recibo del correo. Le pagó a un repartidor de la zona para que entrase a la cafetería, para que le dejase al dueño o encargado tres sobre idénticos a los ya despachados, con la clara indicación de que les fuesen entregados a los dos agentes una vez llegasen al local.

Dentro del sobre, además de las mismas fotos que había dejado a las esposas y al sargento, introdujo una hoja señalando una serie de simples pasos que debían ejecutar, ipso facto, si preferían mantener estos deslices en secreto.

Una vez que el muchacho de los recados se hubo ganado los euros más fáciles de su vida, Pierre entró al establecimiento, se sentó al lado de una ventana, pidió un café con leche, un croissant, cruzó los dedos bajo su perilla y las comisuras de sus labios se arquearon hacia arriba dibujando una tenue, cauta, pero luminosa sonrisa.

 

Autoroute A8
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Published by martinguevara - en Europa Aorta Relax
3 junio 2022 5 03 /06 /junio /2022 23:47

Cada año de los tres que llevo viviendo en este edificio, se hacen las fiestas del barrio en el parking de abajo. Avisan una semana antes y hay que dejarlo vacío. Históricamente no soporto esa bulla, ese mal gusto, esa chorizada general y me voy unos días a otra ciudad. Sin embargo en esta ocasión, tras dos años interminables de devastación, soledades, muerte, recibí con cierta sensación agradable la noticia de que se hacía la fiesta- Algo similar a lo que me ocurrió por vez primera este año, ante la inminencia de la Semana Santa.

Hoy al ver los niños saltando en los hinchables, la gente comiendo esos infames cucuruchos portadores de cualquier seudocomestible que permita expeler chorros de grasa, las luces a full de los juegos mecánicos, la música bom bom, las panzas bamboleantes de feriantes y asistentes, y sobre todo al ver felices a los gitanos que dan vida a esas ferias, itinerando de un sitio a otro por todo el país como sus antepasados nómades, me llenó de júbilo. Me dije: a la mierda los atavismos neo culturales si van a servir solo para poner cara de trasero ¡que se vayan al demonio y que viva la alegría de la gente común!

Más frívolo es vivir amargado.

 

Fiesta del barrio

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Published by martinguevara - en Relax
23 mayo 2022 1 23 /05 /mayo /2022 12:58

La frase tan conocida para establecer una línea divisoria entre el periodismo audaz y los aduladores obsecuentes, que se le atribuye a Orwell “noticia es aquello que alguien no quiere que se publique. El resto son relaciones públicas”.   no consta que sea suya, sin embargo esta sí: “La libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír”. Aunque la frase que más aprecio en este sentido la escribió L.E.Edwardson, periodista del Chicago Herald:

 “Cualquier cosa que un patrón quiera ver publicada es publicidad; cualquier cosa que no quiera ver en el periódico es noticia”

Viviendo en España y viendo lo cortesanos y serviles que son la justicia, el periodismo y la sociedad en general con el ex rey, aún después de saberse que ha cometido delitos que en cualquier país anglosajón lo llevarían ante una corte, me doy cuenta de donde proviene esa obsecuencia hiperbólica que recordamos del periodismo y la sociedad cubana con Guarapo, el monarca isleño.

Recuerdo que una vez el famoso obsecuente Randy, de la Mesa Redonda, en una rueda de prensa, permaneció de pie con una sonrisa congelada que le encendía de dolor cada músculo y tendón de la cara, tras hacer una pregunta al dios devorador de la barba babeada, que este respondía con interminables tartamudeos y disparates. Mientras Guarapo desentrañaba la madeja de dislates a los que su empastillamiento lo sometía, nadie se atrevía a dar descanso a la comisura de los labios en aquella sonrisa emblemática de la guataconería institucional.

Lo mismo, exactamente igual, ocurre con el ex rey español que se ha limpiado el orto, la poronga y los mocos con la confianza ciega y muy poco audaz de los españoles. Desde antes de conocerse todas las tropelías y delitos inimputables, a merced de una ley de impunidad que dejaba clara la obsecuencia extrema nacional a la figura del Midas Borbón, ya era frecuente que en cada recepción, los invitados nacionales se mostrasen con los hombros caídos, las manos sujetas delante, pasitos de mongólicos y sonrisa de heroinómanos, todos reían con cada imbecilidad que decía el nada ingenioso rey de entonces, recuerdo que incluso una vez, él debió aclarar, que lo que había dicho no era un chiste, instante a partir del cual, la incomodidad imperante no impidió la desvergüenza de cambiar de súbito el semblante, de risotada a rictus sepulcral.

Hoy, habiendo sido una persona que sin oficio ni beneficio era mantenida hasta en sus más suntuosos caprichos con el sudor de los verdaderos virtuosos, tras evadir impuestos sobre unas cantidades indecorosas de dinero obtenidas de modos nada ejemplares, lejos de interpelarlo, interrogarle al respecto, ni tan siquiera hacerle una observación; el periodismo español en masa, dejando claro que por un premio Pulitzer no está pujando, lo aborda para preguntarle:

-Su Majestad ¿cómo desayunó hoy, durmió bien, lo pasó bien con sus nietitos? ¡Ay que majo es!

Valle Inclán decía: "España es una deformación grotesca de la civilización europea". Creo que no todo el país es así, pero seguro que sí el periodismo, la gran empresa y la justicia de la península y de sus adorables vástagos americanos.

Los Randys ibéricos o la Herencia hispana en el Caribe

 

Periodismo temerario

Periodismo temerario

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21 mayo 2022 6 21 /05 /mayo /2022 12:17

Estados Unidos.

Independencia de la monarquía antes que cualquier otro en América, democracia, abolición del esclavismo, empoderamiento y derechos del individuo, pioneros en ascenso y descenso social, voto, industria, literatura de las clases humildes, héroes analfabetos, western, misterio, thriller, acción, colt, winchester, remington, ragtime, Batman, Superman, Flash, Spiderman, el gordo y el flaco, los tres chiflados, Bugs Bunny, Mickey Mouse, Betty Boop, el Pato Donald y Huckleberry Hound.

Singer Sargent, Pollock, Mark Twain, Al Johnson, Scott Joplin, Jelly Roll Morton, Sacco y Vanzetti, Sinatra, Toro Sentado, Jerónimo, Grant, Custer, Al Capone, Martin Luther King, Lynch, Coppola, Scorsese, Ford, Chevrolet, Cadillac, GMC, locomotoras, trenes, camiones, buques, aviones, naves espaciales, satélites. Toda la telefonía desde Bell y la computación desde Apple y Microsoft.

Louis Armstrong Mahalia Jakson, Marilin Monroe, Kennedy, Max Roach, Bird, Miles davis, Elvis, Chuck Berry, Jerry Lee Lewis, Jim Thompson, Bukowski, Raymond Carver, Chandler , Hammet, Phillip Roth, Arthur Miller, Norman Mailer, Patricia Highsmith, Ella Fitzgerald, Janis Joplin, Billy Holliday, todo Hollywood, todo NY City Beatnik, todo San Francisco hippy, todo Oackland soul funky, todo el Blues de Mississippi, el de Chicago, el jazz de New Orleans y el rock'n'roll por toda la Highway 66.

Ganar pasta.

Blues jeans, zapatillas y guitarras eléctricas.

Costillas a la barbacoa, patas de cangrejo, camarones, hamburguesas en mil y una especialidad, pollo frito rebozado, fudge, cinamon rolls, coca cola, pepsi, fanta, seven up y criush, cafés interminables en Star"cunts" y refill en Panera Bread. Chicles y golosinas. Casinos y sus buffets libres baratísimos de familias sioux y apaches. Todo el verde la costa oeste y el espacio de la costa este, las nieves del centro, el desierto del sur, y el mar y el café y modo de vida cubano de Miami.

Estados Unidos sedujo más por toda esa sensación de accesibilidad para todos, que lo que conquistó con su imperialismo, que también blandió con no poca frecuencia.

 

Hamburguesas, moteles y rock'n'roll en la 66
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Published by martinguevara - en Opinion crítica. Relax
5 mayo 2022 4 05 /05 /mayo /2022 19:33

No sirves para nada, no te saques los mocos, no rasques el suelo, no huelas el aire, no te rías como boludo, no seas tan boludo, sos el rey de los boludos, que feo que eres dios mío, ¿por qué no me habrás salido más vivo, más despierto, más lindo? Van a pensar que soy también así, por suerte hay dos padres pero vas a ver que van a pensar que la boludez, la idiotez y la fealdad te viene de mi.

Camina más rápido seguro que estás pensando como siempre en tus estupideces,  ¡no, para ti no hay! ¡que me importa lo que te guste, lo que quieras, lo que te hace ilusión! ¡que carajo me importan tus habilidades de retrasado mental! Viboritas dinosaurios y caballos con plastilina, que boludo dios mío si tardas un minuto más sales mongólico.  “Me dijeron que este chico era genio o retrasado…¡y como todavía no ha dejado de babear…! Jajaja. Ve con tu abuela que te soporta, ve con tus amigos si te soportan, ve con tu padre que nunca está porque sos más boludo que los pollitos, ve con la concha de la vaca, para que carajo tuviste que nacer, ¿por qué carajo no fui más decidida y te aborté mientras podía? ¡ahora te me tengo que tragar con papas! La reputa madre que me parió ¿qué he hecho yo para merecer semejante pedazo de pelotudo, feo, imbécil e inútil?

No te pongas ese cinturón ancho de puto, esos vaqueros de mariconazo, escuchas esa música de drogadictos, es lo que me faltaba, pelotudo, feo y escuchando música de putos melenudos y drogadictos vagos de mierda.

Eres igualito a tu padre hijo de puta como él, una mierda, una basura, sé que quieres matarme basura de mierda, pero no te voy a dar el placer, primero te mato yo con mis propias manos.

Ahora que has crecido te has vuelto un lindo muchacho, precioso como tu padre, dan ganas de cogerte, de chuparte la pija, de que me cojas en cuatro patas me chupes la concha con esa cara de zafado y de pelotudo que tienes, que me cojas por el culo con esa pija dura, mira que te has puesto bueno, sigues dándome vergüenza pero que ganas de cogerte, que ganas de singarte, que ganas de mamarte hijo de la gran puta, toma, toma mi concha caliente , ven préstame tu entrepierna para restregarme toda en tus muslos y sentir tu pija caliente, dura, con ganas de metérmela, chúpame las tetas, como cuando eras bebé. Aquí están, mira que blanquitas y que deseosas, orondas, con los pezones erizados, están tan calientes como mi concha, cogeme, cogeme.

Todo eso fue ayer, hoy no sirves para nada, eres un pedazo de mierda, no eres inteligente, no eres ni siquiera un hombre, ve y fájate con todos, gánales a todos, ve a perder un ojo, un pulmón un brazo, mata o muere, se hombre, haz algo para sentir orgullo de ti pedazo de bazofia, báñate, lávate la ropa, ven que te abro las piernas ya se hizo de noche otra vez, mírame el chocho mojado, me estoy pajeando pensando en tu pija dura, apoyada a mi concha a mi culo, llenándome los muslos de tu leche, mientras sobas mis tetas, ven mariquita que te pareces a tu padre primero muy hombrecito después un marica.

Vete de aquí no te quiero ver más, hablé con los gobernantes para que te saquen del forro de los cojones y no vuelvas nunca más, así nos quedamos tranquilos sin ti, feo, boludo, imbécil, inútil, drogadicto, borracho, poco hombre, cero a la izquierda, vete y no vuelvas ni a pensar en volver.

Ya era hora de que me invitases, que me sacases pasaje, que me llevases por todo el país en tu coche de mierda  ¿Para esto me traes aquí, te haces el bueno para restregarme en la cara que después de todo saliste adelante, para mostrarme tu buena vida, me llenas de medicamentos, de atenciones de comida y de paseos para que sufra, para que sienta que me equivoqué? Pues no me equivoqué, eres un hijo de puta, una basura, un inútil que no se como no me hice un aborto.

El pasaje del avión de vuelta es una mierda, con los asientos de adelante pegados a mi rodilla, ¿no podías sacar algo mejor? Querías que sufra, esa comida de mierda del avión, eres una basura conmigo que te parí y me lo pagas así.

Pero eso sí, una cosita, como este mes lo pasé aquí y no me mandaste dinero, me voy sin nada, me preguntaba si podrías…..?  

Querido diablo
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Published by martinguevara - en Relax
2 mayo 2022 1 02 /05 /mayo /2022 21:00

Bruno era cubano, hijo de un médico italiano nacido en la zona del Abruzzo, en Montesilvano, la zona de playa vecina de Pescara y de una periodista cubana que nunca había querido irse de la isla, más que el estricto mes que cada cuatro o cinco años empleaban en visitar a la familia del padre de Bruno, que insistía al borde de los ruegos que se decidiesen en ir a experimentar como sería trabajar y vivir un año en la península

-No tiene que ser en Pescara, puede ser en Roma, estamos relativamente cerca o donde les guste más, aquí también tenemos un mar maravilloso-

La madre de Bruno hacía que la mesa la presidiese un silencio tan intenso, que el padre entendía que su única opción era romperlo cambiando rotundamente de tema, usando un tono de voz que sugiriese de manera expeditiva a los abuelos de Bruno que no retomasen el tema en lo que quedaba de vacaciones.

Sin embargo, Bruno sí que una vez cuando tuvo la oportunidad se fue a vivir a Italia, donde vagó de un lado a otro, primero echando de menos la manera única de emplear el tiempo en Cuba, imposible de reproducir en el resto del mundo, donde generalmente la catalogan de “pérdida” ¿pérdida de qué? ¿de la oportunidad de alienarse en la cadena o la oficina de un trabajo odioso? ¿cómo se puede llamar pérdida al ejercicio de la comunicación en todas las dimensiones posibles? Bruno sabía que al final de la cadena alguien pagaba todo ese perfeccionamiento del alma y los ademanes en la esquina, ¿y qué, no se pagan guerras, no se paga para que exista la miseria, para que existan las ganas de gritar, no se paga para infligir dolor? pinga y muela. Pensaba Bruno. Yo soy bueno en ambas, pero sólo en Cuba, aquí no ríen esa gracia, así que también puedo probar a trabajar, pinga y pincha. Y entonces se fue a Francia.

A los amigos les hablaba de Francia en las cartas como si fuese en París donde vivía, pero no, vivía en Lyon, que estaba bien, que era linda y tenía buenos vinos, de la Costa de Rhone, museos interesantes, historia, frío en invierno y flores en verano, pero para proyectar vivir la vida, hasta por ahí nomás. Cada vez que podía se pegaba un salto a Sicilia, a Reggio Calabria donde tenía amigos, o a Bari y Brindisi, uno de los trayectos más bellos y ricos de comer. Él decía que Sicilia era una isla como Cuba y que en cierta forma todos los isleños de islas grandes tienen una melancolía similar, a la Puglia por la comida y el mar, el Adriático a mitad del país donde vivían sus padres era lindo, pero aún fresco y la arena era gruesa, pero hacia el sur se convertía en un recuerdo proyecto de una Cuba europea. Decía que el norte de Italia le parecía muy lindo pero ya Lyon era demasiado norte, además no tenía mar, y él quería ver el mar.

Bruno no estaba casado pero tampoco era soltero, vivía con su pareja, Yesica, una mulatica de Santiago de Cuba emigrada a La Habana a pesar de la prohibición, Cuando decidieron vivir como un matrimonio, más que amor se habían jurado divertirse juntos a pesar de lo que fuese, nada los importunaba, si había pescado o pollo estaban de suerte, si había solo arroz, malanga o papas comían eso sin drama, si tenían ron bueno lo tomaban con hielo, si tenían ron Bocoy o Legendario lo tomaban a palo seco, un dedo de ron en el vaso, no más para que el aire cambiase el olor por el sabor, si había gualfarina o alcoholifán tomaban menos cantidad, ligada con algo de café para ocultar el regusto, pero la tomaban igual y salían a la calle a encontrarse con amigos. Vivieron dos años verdaderamente felices, al estilo ochentero, sin las preocupaciones que los cubanos de entes y de después tuvieron junto al resto del mundo. Yesica no compartía el deseo de Bruno de emigrar un par de años a Europa, para ella haber emigrado de Oriente a La Habana colmó cualquier inquietud por moverse, por probarse en el rodeo del destierro. Ella tenía uno de los nombres comenzados con Y que con el tiempo se convirtieron en míticos, pero no pertenecía a esa saga de cubanos, su Y responde a la pronunciación de la J en el modo original de su nombre Jessica, en la época que ella nació los nombres de moda eran los rusos, como Irina, Natacha, Natalia, e Igor, Iván, Vladimir en los hombres. Pero los amigos de la pareja les solían decir que Yesica era una precursora de las Yumisleidis y los Yosbanis, mérito que no le cabía a las Yolandas, y mucho menos las Yordankas.

Italo cubano
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Published by martinguevara - en Cuba Opinión Cuba flash. Relax
30 abril 2022 6 30 /04 /abril /2022 17:04

Cumplo una vuelta más de la Tierra al astro Mayor. cincuenta y nueve vueltas. Si hubiese apostado que llegaría hasta aquí, hoy habría competido con Elon Musk para hacerme con el pájaro azul.

En mi época de niño, a los de casi sesenta años les decíamos viejos chotos, bueno, no se los decíamos a ellos, sino que les llamábamos así a espaldas.

¿Qué te dijo ese viejo? "Nada, que dejásemos de patear la pelota" ¡que viejo choto!

Los que decíamos aquello solemos asegurar que hoy la percepción de la juventud y la vejez ha variado, que todavía es joven alguien de casi sesenta años. Pero la verdad es que me parece una ficción que habría que consultarla con la reacción de un niño mandándolo a callar a la hora de la siesta; hasta ese momento, somos los mismos los viejos chotos de otrora, así como todos los blues son los mismos viejos blues.

Eso sí, usamos jeans, no planchamos la ropa, nos reímos a carcajadas, miramos un buen culo con la atención que merece más allá de las directrices represoras de los nuevos monjes de la moral, decimos que le daríamos cabilla desde la noche a la mañana o viceversa, aunque eso lo decían también los de antes. Creemos que el rock es de pipiolos y nos pavoneamos cuando escuchamos un solo de guitarra como si estuviésemos más a la moda que el calendario. El corte de pelo, aunque tarde más en clarear la nuca que en otras cabezas contemporáneas, ya debe adecuarse a la carencia de volumen, pero insistimos en su desprolijidad, aquellos que nunca fuimos muy amantes de la combinación del jabón con la ducha, excepto a regañadientes en la proximidad de un encuentro del tercer tipo, que dicen los ufólogos, seguimos sintiendo cierta afirmación de nuestra eterna juventud en ese desaliño higiénico, sin llegar a permitir la leve pestecita que no le recriminábamos a nuestro jean en los años en que cada centímetro de nuestra carne, era más firme que nuestros actuales huesos.

Ah, pero esa arruga entre las nalgas y los muslos asomando bajo las cachas, esa insistencia de la barriguita hasta en las más estrictas de las dietas, o el descenso del sobaco hacia el pezón poblado de pelo y de una poco festejada carnosidad grasienta que lucha denodada contra pesas y planchas. Esa bolsa de los huevos cada vez colgando más acentuada por la gravedad, el imposible tercer set de un partido de paddle, todos los minutos tras el décimo en un partidito de basket, siempre entre viejos chotos. Poco ya de la rigidez lozana del tubo cual despertar de Lancelot con sus doncellas en la cama redonda, que lo caracterizaba otrora en nuestras imaginerías hiperbólicas, el tibio recuerdo de aquel día alamareño que eché ocho palos con Hanny.

Ocho palos que no volverán.

El palito mortecino de hoy, al que adjudicamos la síntesis de encantos de los ocho de antaño sumados al embrujo de la experiencia, sin embargo no fue auditado más que por “tinderas” de treinta y nueve años que en el frialdad inalienable del bar de la socorrida cita, adquieren la repentina apariencia de veinte abriles más, alguna vecina poseída por la misma ruina libidinosa, y de vez en cuando, muy de vez en vez, una titi que en ningún caso nos deja más constancia de esa certeza onírica, que un abanico olvidado en la mesa del living.

Bolitas, trompos, figuritas, barriletes o papalotes, la escondida, la mancha, el tesoro escondido, Billiken o Anteojito, Independiente campeón, Batman, Meteoro, Ultraman, Simon Templar “El Santo”, los tres Chiflados, Carlitos Balá, Gabi Fofó y Miliki, Capitán tormenta, Cristina Obín, Elpidio Valdés, la Calabacita y Toki, yo-yo, tiki taka, Scalextric, autitos, y siempre a mi lado Cocó, mi oso Cocosito que aún conservo en un cajón con las cicatrices de nuestras discusiones, que alguna veza llegaron hasta la hornalla. Cocosito quemado y perdonándome, yo perdonándolo. Paz y soledad, peso en los hombros, la mirada atenta a las baldosas. Una pelota que me pasa pro el lado y la hinchada silba. Cambio de paisaje, de amigos, olores, mudanza de acento, un padre que se va, una madre que se diluye, una abuela firme. alcohol caverna, escaso trabajo y abundante agotamiento. En precio.

Más lectura entre líneas, mejor comprensión, más análisis, pausa, consideración de las ranuras, mejor vista avizora de la veta del barniz,  gestión del carácter, de la fuerza, de la energía y mayor derroche de sabiduría. Imposible divertirse más y mejor, conseguir un extracto del placer más selecto, conocer y conocerse, saber y saberse de manera más integral. ¿Seguro que sí? ¿No será un cuento para no dejar tan vacío, yermo, helado, el otro extremo de la balanza?

Aunque algo sí es como si se rejuveneciese cada vez más, el amor a la vida, a la gente que me ha mostrado más amor que el que jamás hubiese imaginado. Y el niño que me acompaña, ya no mira más al suelo mientras camino.

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Viejos chotos
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