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10 marzo 2022 4 10 /03 /marzo /2022 01:16

Hoy una persona desubicada, consiguió molestarme. Resulta que atacando mi pacifismo y condena a la invasión criminal de Putin, me espetó en mis redes sociales, que al no haber nacido en España, no puedo defender la paz, no puedo pretender que no haya guerra en este continente donde vivo con mi familia, mis hijos, amigos, parientes y tanta gente buena, como mala, igual que en todos los países y continentes, me trato subrepticiamente de cipayo porque dije que en realidad, a pesar de los belicistas , de la OTAN y de EEUU; Europa está haciendo muchos esfuerzos por la paz, todavía no ha tirado un tiro a un ruso, y eso me parecía lo cívico y correcto.

Empezando por la posición obtusa de que existe un pensamiento europeo, no que hay miles, acaso sea el continente donde haya existido mayor diversidad y cantidad de pensamientos consagrados, habida cuenta que casi todos los pensadores universales desde Grecia antigua, son de estos lares exceptuando a China, India y Japón, y luego ensanchando su discurso de profunda estulticia, me reclamó que debería opinar como "argentino" ¿perdón? ¿qué tamaña imbecilidad, aparte de insolencia, puede llegar a ser esa? ¿Existe un pensamiento monolítico argentino, el país de la grieta infinita? ¿O más bien esta persona está de acuerdo con los bombardeos criminales de Putin y busca todo subterfugio para, toda vez que queda horrible justificar semejante barbarie, hacerlo atacando a todo lo que significa su opuesto, llámese civilización, razonamiento, pensamiento, tolerancia, desarrollo, progreso, diversidad, paz?

Estoy leyendo y escuchando en estos días a varios que les sucede algo similar, ante la dificultad de apoyar los bombardeos, hacens como que les preocupa mucho el Dombass o los nazis que realmente dentro del ejército ucraniano existen y significan un grave problema, atacan a quienes admiran el valor de Zelensky y prefieren la cobardía de Putin. Pero no me había ocurrido que me atacasen a mi directamente con semejantes diatribas autoritarias de una elaboración intelectual propia de un puerco espín, y de la hostilidad denigratoria del alacrán del desierto.

Nada de eso me mueve de mis convicciones, tanto aquí, como en Tanganica, en Cuba, en Paris, en el Congo Belga o en Tailandia, soy ciudadano, campesino, marinero, del mundo entero, de allí donde caiga y haya una sonrisa o alguien cuyo dolor o soledad necesite esa sonrisa. Pido que los asuntos, sean de la grevedad que parezcan ser, se resuelvan con mayor o menor pericia, pero siempre dentro de los contornos y el contexto de la paz.

No existen las medias tintas en este terreno, si se está con la paz, la concordia, el desarrollo, el bien, la justicia y los derechos humanos, se está siempre, no se apoyas a un tirano y a otro se lo condena, eso es peor que el propio tirano, que asume su condición.

No son verdaderos los pacifistas contra los fusilamientos de Guarapo pero a su vez apoyan las bombas a Irak o a Afganistán, ni existen los progresistas que condenan las bombas a iraquíes pero apoyan abierta, o soterradamente, las mismas bombas a niños ucranianos. Yo condeno y condené siempre, de palabra y de hecho, todas las guerras y todas las violencias; estas personas solo condenan la mitad.

Pido por favor, que cualquiera con esos mismos arrestos y problemas de identidad y estabilidad emocional, se abstenga de pasear su amargura por mis dependencias e inmediaciones.

 

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7 marzo 2022 1 07 /03 /marzo /2022 21:44

 

 

Dana tenía claro que si se iba de Beaverton sería hacia el sur. En el pasado habría tenido sentido irse al estado de Washington, ya fuese a Seattle, donde se estaba cociendo mucho de lo importante en una sociedad civilizada y un fuerte movimiento musical, que como ya era tradición desde los años sesenta,. todo lo musical implicaba una actitud, una filosofía y hasta una aproximación ideológica. O quizás al norte donde los mismos evergreens de Oregón eran igual de perdurables durante el año, de un verde más oscuro que debía resistir a temperaturas más bajas, pero igual de intenso y de robusto, con lagos, paisajes de ensueños, fauna, flora y gente generosa y amable. pero todo eso había cambiado, no era menos cierto que en California hacía más tiempo aún que el brillo de eso mismo había desaparecido, pero como había sido mucho más intensa la presencia de una corriente que hizo frente a los poderes más fuertes del país, también el poso era más consistente, la herencia más presente, los otrora esnobismos eran ya rasgos de ciertas ciudades, incluso de ciertas leyes.

Pero también Dana tenía en cuenta que había mucho Oregón formidable entre la frontera con California y Portland, la gran ciudad de la que era subsidiaria Beaverton, último punto de llegada del Max, el tranvía urbano portlandés, que era gratuito dentro del casco de la ciudad, y realmente económico fuera de los límites marcados por los dos cursos del río.

Esperó al fin de la fiesta de la cerveza, al costado del río, en ese recinto de jazz y amigos que se reunían a beber unos chopps o pintas de brebaje autóctono, preparado en los campos que cada vez se dedicaban más al vino, competencia firme que el había surgido al estado de California en el valle Willamette, donde su antiguo novio alemán se había puesto un viñedo de Riesling sin la más mínima brizna de éxito comercial, pero todo el suceso social toda vez qeu no había día que su finca no estuviese poblada de amigos, conocidos y hasta extraños bebiendo unos blancos fríos.

Dana amaba todo aquello, pero tenía que abandonar la ciudad, sus alrededores, y sobre todo la librería Powell's, una manzana entera de cultura, de historias, de cafés eternos en días que no sabía como lidiar con la pesadumbre con que cada minuto se tomaba su deber de pasar, de acabarse, de difuminarse en el siguiente hasta que llegase la hora de comer algo, y la de cerrar, y la de irse, y la no poder dormir hasta casi la madrugada. Suerte que en Beaverton estaban esos dos lugares tan maravillosos, el Black Bear Diner, donde se sentía como en el edén, atendida por esa señora gorda tan amable como una tía, y por esos dos camareros que le miraban el escote casi sin disimulo, cosa que ella no buscaba provocar pero tampoco evitaba ni le resultaba molesto en absoluto. No en aquel bendito rincón de hamburguesas, papas fritas y costillas. Y también ese pequeño restaurante mejicano que no era Tex Mex, sino auténticamente mejicano, tanto que las salsas estaban presentadas en pomos plásticos con el nombre en una tirita de papel escrito a mano y pegado con scotch tape por los costados, y alguna de esas salsas no eran las que podían verse en los Tex Mex, había una en un bote blanco que directamente era fuego en estado espeso.

No movía el coche en dirección a la ciudad, siempre tomaba el Max, allí sentada esperando llegar a su parada, había conocido al menos a cuatro hombres que se encontraban entre las categorías de novios a amantes, se divertía mirando a la gente de la ciudad caminando por la calle, subiendo o bajando de su vagón, y a quienes viajaban dentro. eso le recordaba Nueva York donde había vivido dos años y el metro era su segunda residencia, aunque en la gran ciudad había más que mirar, naturalmente.

Apenas terminase el festival de la cerveza, sin despedirse de sus amigos, sin decirles nada se iría hacia el sur. Quizás en Salem o en Eugene pudiese quedarse un tiempo, ganar algunos meses, sobre todo pasar desapercibida, alquilando una casita pequeña, un flat o incluso una habitación con baño, a lo mejor así se podía permitir un lugar más coqueto.

No podía tomar aquello como una fuga sino sería sentir una losa desde el inicio, tenía que imaginarlo como unas vacaciones, como una inspección del país, lo que hace la gente en un año sabático, explorar el medio circundante y de paso a sí mismos.

Sin ocultar nada, pero quizás haciendo menos evidente la alteración y los rasguños, las borracheras y los colocones que había exhibido ultimamente. Tenía que pensar rápido, no demasiado pero bien, llevarse lo justo, lo que cupiese en una maleta de mano, de las que se permiten en los más baratos de los vuelos de tarifas bajas. La última tarde, que se hizo noche, Dana se rió mucho con Pearl y Ken, había un pelirrojo bailando con el torso desnudo al son de unas trompetas de jazz estilo Dixieland, tenía una barriga inmensa y en lugar de avergonzarse de ella, la movía con una gracia que cautivó a muchos asistentes a la feria, tanto que hicieron un corro a su alrededor y cada vez que movía la panza como poseído por la electricidad, lo alentaban y celebraban con pequeños aullidos. Todos, incluídos el panzón tenían gruesos vasos de distintos tipos de cervezas artesanales en sus manos. Dana se quedó mirando a uno que daba vueltas en ocho del otro lado de la cerca, en la vereda que flanqueaba al río, montaba un ciclo y vestía la mitad como Darth Vader y abajo una falda escocesa, iba tocando una gaita. El sol caía tenue, desvencijado, rendido, sus amigos reían, el gordo hacía danzar su vientre como la mejor de las odaliscas mientras un híbrido de la Guerra de las Galaxias y Braveheart, parecía desearle una extraña mezcla de suertes con la música cervezal que expelía su instrumento.

Y Dana se abrió paso entre la costumbre de soportar todo lo que le viniese, entre las miradas interiores de muchedumbres de ancestros encadenados y no paró hasta Klamath Falls.

Scottish Darth Vader in Portland

Scottish Darth Vader in Portland

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6 marzo 2022 7 06 /03 /marzo /2022 13:49

El hecho de que este último, sea un bombardeo e invasión imperialista de un imperialismo que antiguamente era la madre patria comunista, tiene confundido a todo el personal, al más pintado, en Cuba apoyan a Putin, un magnate mafioso hipercapitalista, porque alguna vez fue del KGB, y porque ahora mantiene relación comercial con Cuba y Venezuela, aunque también con Trump, Bolsonaro, Orban, Marie LePen, y lo peor de cada casa, y por esta misma razón los extremistas de derecha le llamaban amigo, antes de estos últimos episodios. La confusión es que en Europa aún le llaman comunista y los demócratas estadounidenses también. es una locura total, nadie piensa por cabeza propia, nadie se detiene a hacer una pizca de memoria y recordar que, Bush, Aznar, Chirac, Schroeder, Blair y Juan Carlos de Borbón matando osos que emborrachaba Putin, endiosaron y engordaron al ególatra ruso.

 Y sí, la oligarquía rusa proviene de jerarcas del partido y la KGB, mafiosos, ex represores, pero sería hipócrita asombrarse desde países donde la aristocracia proviene de esclavistas terribles, asesinos de millones de africanos, de indígenas, de asiáticos, y la gran empresa actual reforzadas en sus respectivos fascismos, como en el caso de buena parte de la gran patronal de España.

En definitiva, este ataque imperialista de Putin a un país también colmado de corrupción y elementos neofascistas, con gobiernos represores, homófonos, racistas, en ambos casos, tiene confundido a todo aquel que observa la realidad desde el prisma que le fue instalado en la guerra fría.

Es solo separarse un poco del telescopio y mirar la realidad con ambos ojos a ciento ochenta grados, para percatarse de que ni Putin es comunista, ni Ucrania un paraíso cívico, ni Europa y EEUU fuman la pipa de la paz.

Telescopio de Guerra Fría
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6 marzo 2022 7 06 /03 /marzo /2022 06:05

Hay un debate abierto sobre un libro de la escritora portorriqueña Irene Vilar, que relata como practicó quince abortos.

En una seguidilla de quince abortos en la misma persona se puede apreciar una propensión tan personal como intrasferible a un comportamiento patológico, pero en la mayoría de los abortos, sí  que existen una multiplicidad de factores externos responsables compartidos con los de quien toma la decisión final.

Este tema me llevó a recordar la frecuencia y normalidad con que se realizaban abortos en Cuba, casi como una medida anticonceptiva.

 

En una reacción loable, la Involución cubana, al inicio combatió los prejuicios y atavismos católicos con prohibición y profilaxis. No más curas y monjas metiéndose en la vida, la cama y las alegrías de la gente. Plaga que dejó solo a los otrora bárbaros teutones, orientales, y americanos luteranos a cargo de los descubrimientos científicos y tecnológicos. Las consecuencias se abren paso con asombrosa independencia, y una de ellas fue que apareció una generación que no tenía ningún contén coercitivo frente al disfrute del sexo a cualquier edad, raza y posición social, llegando hasta a "cualquier estado civil", y ahí en las montañas de cuernos imposibles de camuflar, comenzaron a vivirse algunos inconvenientes socioculturales, en contra de los cuales no existe ley ni disposición filosófica o ideológica que los prevea, contenga, ni apacigüe.

Puñaladas en la tierna mañana ronera, del piar de los pajarillos y el canto del gallo. Lo mismo en un barrio popular que en uno fino de la burguesía que debió marchar dejando a los integrantes menos afortunados y por ende más socialistas.

-Tú eres un singao- y tawuata (¿o en aras de no niponizar el castizo coloquial debería ser “taguata”?), una gilda willsmithiana, un estrallón alamareño y gaznata va y gaznata viene.

Esto ocurría cuando se descubría la firme osamenta asomando por las sienes, pero también las pecadoras cobraban sonados tranqueos que nadie en el barrio se atrevía a juzgar.

-Coño, asere, la jeva se lo buscó, el tipo reaccionó como un hombre, un poco tarrú pero hombre al fin.

Así como cristianizar una tierra conquistada llevaba décadas de sangre y esclavismo, descristianizarla, siempre que fuese en virtud de la gozadera más auténtica, llevó un santiamén. Pero así como el pan, la carne o el propio mango, los dispositivos intra uterinos DIU, también "se perdían" con frecuencia, y los preservativos chinos, aquellos que parecían un neumático camionero rodeando el rabo, solían salir a la venta en packs de la suerte, como en una sesión de ruleta rusa, uno de cada paquete iba agujereado.

Los preservativos de caucho reforzado se rompían con la misma frecuencia y facilidad que pincharía la rueda de un camión hecha de preservativos, no sé a cuantos chinos se llevaron al calabozo de los mil años o a la gota fría por estos descuidos, pero en Cuba, cada cuatro polvos uno preñaba, y como el preservativo era el profiláctico que menos rastros del delito tarrual dejaba en el ambiente, pues ahí aparecían las sorpresas y los diferendos en las parejas:

-Coño ¿y ese jabao de donde salió?

Al principio de la Involución sumado al obligado descrédito sobre angelitos y vírgenes, se sumó que Cuba se estaba vaciando, así que se indujo a una explosión demográfica que llevó la isla de seis millones de habitantes a ocho y después no había manera de pararla, así que se pusieron a disposición de todos los singantes, todo tipo de artimañas para detener la hemorragia de fecundaciones.

Así es que entre urgencias de stop, carencias de DIU, pastillas y globitos averiados, se puso de moda el aborto. Y a la conga del traguito, del palito y la gozadera siguió la abortadera, para que no se dieran cuenta los maridos, o los padres de la niña, ni los primos y los vecinos. Cabe recordar que en Cuba confluyeron españoles muy previos a Zapatero y africanos de la tierra Enfí, ni siquiera en laboratorio se podría gestar un especímen con mayor concentración genética de machismo.

Esa fue la Cuba que yo conocí, no había otra cosa que hacer que beber o templar. Aunque hay que admitir que la promoción era exclusiva para el sexo heterosexual, esto conviene aclararlo, porque aunque los homosexuales no se cortaban en practicarlo, más machos de los declarados salían de sus pequeños closets para dar caña a las ofrecidas nalgas de jabalí, en un sucio baño encharcado de meado, para no dejarlos desamparados en sus ensoñaciones ninfómanas, lo cierto es que la represión con ellos era tan dura como en los regímenes de la derecha, en esto como en tantas cosas dictadura de izquierda y derecha se daban la mano y la lengua.

Los abortos eran un método más de anticoncepción, en realidad el más efectivo y socorrido, los hombres asistían unos días antes a los hospitales donde se iría a realizar el legrado y donaban un cuarto de litro de sangre, con lo que eran a la vez recompensados con un bocadito que rara vez contenía jamonada, pero siempre su seguro queso y su juguito de mango o guayaba.

Hoy, a través de la bendición de las redes sociales, he tenido la oportunidad de contactar con amigos del pasado, y preguntar a mis amigas, algunas que hicieron un legrado tras actos sexuales conmigo para lo cual di sangre, estando o sin estar seguros de la paternidad y otras que me habían comentado que se lo hicieron. Esta práctica en mi generación es tan generalizada, que lo raro es encontrar quien no la experimentó, y me respondieron a la pregunta de si habían vuelto a pensar en ello.

En esos días tuve un profundo y acuciado cargo de conciencia por aquellos abortos, a los que hoy no les guardo simpatía alguna, se tiraban los fetos a un cubo metálico al lado de la cama donde estaba la potencial madre, de manera que las mujeres llegaban a ver sus engendros extraídos, me interpeló la culpa de aquel "menefreguismo" tan pronunciado, ni siquiera lo vivíamos como algo importante, y también me pesó el hecho de no haber reparado en ello durante tantos años. De repente me vi pensando que aquellos fetos habrían sido mujeres y hombres como yo era entonces, o quizás más hombres, y seguro mucho más en el sentido de la nueva masculinidad.

Una vieja amiga carnal y nueva virtual me dijo que no quería hablar del tema, otra que sí, lo había pensado y sentía algo extraño al ver a sus hijos cuando pensaba en ello, y las dos que no pudieron o no quisieron tener hijos, me confesaron que pensaban mucho más de lo que les gustaría admitir en aquellos abortos. Recordé una mujer cercana, que se había hecho un montón de legrados, no tantos como Vilar, la del libro, pero una cantidad igualmente temeraria, y casi se queda sin tener hijos, cuando una vez a los cuarenta años, quedó embarazada de un bribón sinvergüenza, pero se plantó y dijo “este no me lo quito” .

La decisión de abortar es un asunto muy personal si una mujer está sola, y muy a discutir si es de una pareja que tiene un proyecto, sé que no hay reglas que sirvan para todos, que cada sensibilidad y cada experiencia es única, y así debe ser cada decisión, pero como a millones de causas posibles solo existen dos soluciones, o nace o muere. Es un asunto lo suficientemente delicado como para que se busquen todas las opiniones, que no se tome "a la cubana", que aun cuando se trate de un asunto de fuerza mayor se piense con todos los sentidos, sobre todo el sentido que tenga presente que, en el peor y mejor de los casos, existe un mañana.

Hoy, ante la revocación de la protección del derecho de aborto en todo el territorio estadounidense, no podemos menos que entristecernos, preocuparnos, alertarnos ante la ola de conservadurismo de corte medieval que se acerca a pasos agigantados amenazando empaparlo todo, lo cual de ninguna manera nos impide reflexionar y meditar a nivel personal acerca del tema. Mujeres y hombres.

Quince abortos
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Published by martinguevara - en Relax Cuba flash.
3 marzo 2022 4 03 /03 /marzo /2022 21:49

Rusia pagaba tributo al sultán de Turquía hasta Pedro el Grande, que la occidentalizó. Sus aspiraciones imperiales, iniciadas por Iván el Terrible, hicieron que la llegasen a llamar la Tercera Roma. A lo largo de su historia fue invadida muchas veces, lo cual dejó un recelo de su pueblo impreso en el ADN frente a todo lo extranjero. Y estas dos características identitarias tan opuestas, unidas, son lo que lo hacen un fenómeno tan raro y único.

Un dato al dorso que pone de relieve esa atracción/desconfianza de Rusia con lo extranjero: la palabra Zar viene de César.

Fue imperio antes que nación; no en tiempos de la URSS sino hoy, hay 99 nacionalidades distintas, en un mismo estado. El soldado ruso es el más inexpugnable e invencible en defensa de su tierra, y por el contrario, uno de los más desmoralizados en ataques a tierras ajenas.

Es un país de Historia riquísima y de gente resistente, profunda,  con silencios gélidos o canciones populares nostálgicas, preciosamente bellas. País de grandes artistas, escritores, músicos, bailarines, ajedrecistas, y de un carácter tan amable como impenetrable.

La Historia de la URSS fue la concreión del siglo XIX y marcó las grandes utopías y enromes decepciones del siglo XX. Fue la patria de grandes marxistas como Lenin y Trotsky, pero en realidad fue la tierra donde nació el anarquismo del espíritu de Bakunin y Kropotkin. Pero esta es una historia muy conocida, bajo los diferentes prismas que corresponden a cada sensibilidad ideológica.

Putin se alza con el poder tras un concienzudo acercamiento a Boris Yeltsin, quien lo recibe en su círculo íntimo en gratitud a que Vladimir estuvo detrás de la publicación de unas imágenes comprometidas con dos mujeres en un catre, de un fiscal que iniciaba un juicio contra el entonces presidente ruso, provocando la dimisión del fiscal.

El día que Putin ganó las elecciones, Yeltsin marcó varias veces su teléfono para felicitarlo por el resultado, y su flamante relevo, no atendió ni una sola vez. Nunca volvió a hablarle. Putin, que había estado destinado en Dresde Alemania, vigilando a los delegados soviéticos, había aprendido, en la médula espinal del espionaje, su rasgo más característico que le serviría para todo su largo, espinoso y complejo camino a lo más granado del poder: su obsesiva desconfianza de todo y de todos.

Los primeros años de su gobierno fueron plácidos, se llenaba de amor popular, visitaba barrios, dachas, pueblos, fábricas. Putin moldeó con dedicación el amor de su pueblo en aquellos años, luego fue alejándose más de las masas, cambió de amigos, de esposa, de aliados. José María Aznar era tan admirador suyo que decía “No se puede construir Europa a espaldas de Putin, y mucho menos contra Putin”, el entonces rey de España Juan Carlos de Borbón lo visitaba con suma frecuencia para tratar asuntos de negocios personales, solía ir acompañado de su amante Corinna Larssen. En los dominios de Putin tenía toda la libertad de matar cuanto animal se terciase, así fue que dio caza a un oso que previamente le prepararon para que no fallase el tiro, emborrachando al pobre bicho con miel y vodka previo a soltarlo en su línea de tiro.

El presidente de la República Francesa Chirac, fue como un padrino para Putin, le enseñaba todos los entresijos del poder, le indicaba las tretas, como manipular a Europa, las cortinas donde podía esconderse la daga, en tiempos en que todos en el mundo querían una foto con el presidente ruso. Chirac, Blair, Aznar, Schroeder, abrieron los brazos a los magnates rusos surgidos de las sangrientas guerras mafiosas de los años noventa post caída de la Unión Soviética. Putin supo aprovechar todos esos conocimientos y toda esa obsecuencia, colocó el gas ruso en Europa, de manera tal que el 40% del gas consumido en el viejo continente es ruso, un gol estratégico de dimensiones trascendentales, como hoy podemos apreciar.

George Bush hijo se vanaglorió de tenerlo como amigo cercano. De las pocas veces que se tiene registro audiovisual de Putin disipado con mandatarios extranjeros es en fiestas con el buen bebedor de Bush. Depardieu prefería la nacionalidad rusa al albergue de Putin y con su privilegiada amistad, como Steven Seagal le juraba lealtad casi militar. Existía un atractivo en el mundo pro entregarse a ese mandatario que sabía manejar el poder de una nación en la que toda la Historia hubo que desconfiar, pero que ahora era más capitalista que Adam Smith, que favorecía los intereses del capital casi de manera tan absoluta y con una desprotección para los trabajadores, como en el nacimiento del capitalismo en Birmingham y Liverpool. Era el Cecil Rhodes de Rusia, era un tesoro, y además esa personalidad enigmática tan rusa aportaba un punto de esnobismo excéntrico del que nadie con influencia, quería quedar fuera.

Putin no permitió ninguna sombra que pudiese cubrir del todo su figura, se sirvió de diferentes tácticas, desde el desprestigio, al envenenamiento, tan típico de las instancias jerárquicas superiores en la historia de Rusia y la URSS. Aplicó técnicas de Stalin aggiornadas a los tiempos de la globalización pero manteniendo la esencia, para  erradicar amenazas a su poder o a su popularidad.

El nivel de aceptación de Putin, teniendo en cuenta que el espíritu ruso admite de buena gana a una personalidad fuerte que los dirija con firmeza autoritaria, algo similar a nuestros caudillos, pude apreciarlo de cerca, hablando con moscovitas en aquella ciudad, estando de visita unas semanas en casa de mi buen amigo Slava, quien habiendo huido de la URSS por tierra para llegar a Viena, donde vivió décadas y se hizo un fotógrafo de prestigio, regresó a su Rusia natal, porque, con Putin se vivía muy bien, casi no pagaba impuestos comparado con la carga impositiva austríaca, según decía. Las tiendas vendían camisetas celebrando a su líder, ninguna criticándola. En Rusia existe una enorme libertad de mercado, sin embargo, las libertades democráticas, tal como se concibe hoy en las democracias consolidadas, están sesgadas, la crítica a Putin es perseguida, quizás no de forma explícita pero tampoco subrepticia. Rusia no desarrolló otra cosa que armamento y el gas, pero no sedujo al mundo como debe hacer un imperio, al contrario que China, quien ha introducido tantos elementos domésticos en nuestra vida cotidiana que a veces pareciera ser que viviésemos en una especie de China occidental.

En tiempos de la URSS en Cuba, cualquiera fuese el nível de desarrrollo de la sociedad, era parejo, se veían tantos ingenieros de las repúblicas soviéticas asiáticas como las europeas, en la actualidad las personas de estas repúblicas asiáticas son los encargados de realizar los trabajos duros, son quienes pueblan los barrios pobres, donde abunda el alcoholismo y la delincuencia por la falta de oportunidades.

El monstruo que hoy ruge y muerde, fue acariciado, festejado, tolerado y alimentado por el propio occidente al que él, como buen cultor de la tradición rusa, acusa de no quererlo lo suficiente, y que este a su vez, hoy reniega del impertérrito eslavo.

En medio de toda esta canalización del despertar de un sueño húmedo, queda atrapada Ucrania, la tierra del Holodomor, de Chernóbil, del Babi Yar, la matanza nazi, de Nikita Jruschev, del famoso baile típico. Mucho me temo que la gran preocupación que hoy muestra el mundo occidental por la suerte del pueblo ucraniano desaparecerá en tanto, y si Putin sufre y acepta una derrota que devuelva la nacionalidad a Depardieu, la guitarra a Seagal, y los mismos chistes que en su momento devolvió el Gadafi a todos los líderes occidentales.

Iván el Terrible y Pedro el Grande
Iván el Terrible y Pedro el Grande

Iván el Terrible y Pedro el Grande

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Published by martinguevara - en Europa Aorta Relax
1 marzo 2022 2 01 /03 /marzo /2022 16:01

Tenía dos casetes de música jazz, de noventa minutos cada uno. Uno era de Louis Armstrong y el otro de Glenn Miller, me encantaba el swing y el sonido New Orleans, así que cuando me metía unos buches de ron en mi casa de 1ª y 16 y me iba caminando al Sierra Maestra, a darme un baño, comer una hamburguesa, tomar un laguer y ver a amigos y materiales, muchas veces iba tarareando The bucket's got a hole in it o Chattanooga Choo Choo, sabroso por avenida primera, medio en pedo , el sol en la cara, la camisa abierta, el blue jean empercudido y las botas calientes, nada de short y chancletas como se usa hoy; a la playa había que ir como a la fiesta, después habría tiempo de cambiarse.

A veces paraba un ratito en 12 para mirar las jevitas ricas que se arriesgaban a alimentar las fantasías de los rescabucheadores que más de una vez cobraron gruesos tranqueos por pajuzos. Había una niña que me tenía loco, lo que se dice arrebatado, en aquel tiempo no se usaba tanga en Cuba, ella era la precursora, pero eso no sería nada sin su clase de culo y Papa John's, que aunque no tuve el gusto de conocerlo personalmente, se podía intuir sin mucha dificultad atendiendo al sitio donde se hendía la prenda premonitoria. Después pasaba el Karl Marx fijándome siempre de reojo, desde el inconsciente, si alguna vez se les volvía a ocurrir ocultar a toda la población un festival de rockeros y estrellas del pop internacional como aquel que me perdí a finales de los setenta. Pero nada, alguna vez los Son 14, o los Van Van, en tiempos en que los pepillos no escuchábamos música de guapos, un par de años más tarde todo se mezcló y hasta Manyenye comió ajonjolí.

Más adelante el Cristino, donde solo iban familiares de pinchos como podía ser yo pero sin ser mi caso, y chivatones de los de verdad. Donde años más tarde una prima no mía, sino de la planta de mi pie cuando lleva una semana sin agua y jabón, negó la entrada a mi hijo que vivía en 5ª y 10 porque no era hijo de revolucionarios, a un cumpleaños de su niña, que pobrecita no era culpable de las consecuencias de la deformación de una bola de cebo tan grande. Y unos pasos más allá, el drive way del Sierra Maestra, con su vigilante en la entrada, su tienda de productos especiales para técnicos extranjeros donde compraba mi madre, los cartones de cigarrillos Populares, la jamonada, el queso, el ron Legendario, el laguer cubano sin etiqueta, el Polar, el Hatuey y el Pilsen Urquell. también el vino búlgaro Cabernet. Y mucha más comida, tabaco y curda que la que había en la bodega.

Aquello era un abuso que a mi me avergonzaba, y por eso en vez de manifestarme mediante la abstención, llevaba amigos y novias a casa a comer todos los días, de esa forma pagaba la culpa de ser participe del engaño de la igualdad. Tenía un carnet de técnico extranjero, casi nunca me lo pedían a la entrada del Sierra, pero por si había un guardia nuevo, o un "imperfecto", lo llevaba encima.

A la entrada, iluminado con el sol que penetraba por los dos flancos, desde el mar y desde el cielo abierto de esa pequeña ensenada que hacía la costa de La Habana en ese punto, el mármol del suelo brillaba y el perfume del salitre empujaba a la cafetería de la entrada, para tomar una Pilsen fría. A esa altura generalmente ya me solía encontrar a un amigo, una muchacha, un primo, o cualquiera para meter una muela, la que se terciase, la que el estado de ánimo y el humor sugiriesen. Pero nada de política, en Cuba no se hablaba nada de eso, al revés de lo que la gente de afuera de la isla piensa, esa omni y multi presencia de la jerga política, ideológica, adoctrinada y alienante, causaba el efecto opuesto, en cuanto el cubano se despegaba de la muela oficial, del poema obligado, hablaba de todo menos de política.

A veces estaba Fernando, a veces el dominicano perverso, a veces Niurka, a veces Natalia, la bailarina de ballet acuático, a veces Renata, Suzanna, a veces el otro Fernando, el colombiano loco que sacó la cara por mi años atrás en la beca cuando me tenían loco a botazos voladores nocturnos llenos de meado, a veces a Robertón, que era un hacha para todos los deportes, apenas había empezado a jugar voleibol en la canchita de atrás de la piscina y ya era el mejor, igual que al wind surf, se subió a una tabla y navegó. No teníamos tablas como las que había en el capitalismo, pero teníamos alguna tabla y su botavara, lo cual era un lujo. Pero el que con más frecuencia encontraba antes de entrar, o íbamos desde mi casa porque era cubano y tenía que entrar con un extranjero, era mi amigo desde que llegué a Cuba diez atrás, Evelio, que era esponja igual que yo.

Esa vez lo encontré ya adentro, tomando una cerveza en el muro que daba al mar.

-Que volá yenika, me entró Fernan.

-Qué volaíta brother, hoy traje eso.

Yo también tenía la botella fría en la mano, le dije que fusemos atrás. Tras bañarnos en la piscina grande, en el mar nadando hasta los yakis que habían situado para que las marejadas no arruinasen las fachadas. Una vez me nadé con una titi amiga hasta los yakis, cubanismo que proviene del término “jaks”, y nos pusimos a singar con frenesí, con el sol lamiéndonos la espalda y la frente, de cara al cielo y a la orilla de enfrente a noventa millas, uno de los palos más ricos que se pueden echar en Miramar, porque la estructura del yaki permite acomodarse para mamar bollo, luego subir para ser succionado en el rabo, e invita a distintas posiciones para la singuetta. La singuetta es como la vendetta pero en plan bueno.

Y cuando cayó el sol le dije a Evelio- vamos a jamar algo- nos pusimos en la cola de la cafetería de la piscina, y de repente se me coló una rusa, el Sierra Maestra era más que nada hogar de rusos, que escudaban sus acciones en la isla bajo la denominación de técnicos extranjeros, pero eran militares, maestros de técnicas policiales, algún ingeniero, y mucho chivatón de su compañero que a su vez era vigilante de otro. Porque los que más hacían negocios en mercado negro entonces eran los rusos, compraban lo que no iban a consumir de la tienda de privilegios, y lo revendían en la poca población con que se dignaban a hablar. Había también polacos, húngaros, rumanos, búlgaros, ninguno de estos soportaba a los rusos, y eso que eran todos de partidos comunistas de sus países, si no salía nadie. Yo tuve amigos rusos, alguna noviecita también, aunque la rusa de esa época no se parecía en nada a la que anda ufana llena de rublos hoy por Marbella, esbeltas, producidísimas, lacadas, plastificadas, pero lindas. No, aquellas eran como salidas de una dacha, el traje de baño partía hacia abajo casi desde el sobaco, que dicho sea de paso, cada uno de aquellos sobacos sí que eran un arma letal mil veces más poderoso que todo el arsenal estadounidense, se bañaban en la piscina nadando en estilo pecho sin meter la cabeza en el agua, usaban gorros de pelo, y en la parte que hacían pie, siempre había algunas parejas de rusos jugando ajedrez con un tablero flotante, y miraban con ojos de oso con rabia a los niños que salpicaban o saltaban desde el borde en vez de hacerlo en la parte profunda y desde el trampolín. Los demás "técnicos" no se sentían cómodos con los rusos porque estos se creían superiores, bueno, no es que se creyesen, estaban situados en instancias superiores, y a los cubanos, que eran los encargados de construirles el edificio Mazinger, la embajada fortaleza más hostil con la estética de la Historia, ni siquiera les hablaban. De hecho los rusos no dejaron ni una costumbre en herencia tras su colonización del país, tras la caída de la URSS nadie extrañó los muñequitos, las películas, los sobacos ni a los propios rusos, exceotuando la "carne rusa" nadie se volvió a acordar de ellos. Salvedad hecha por las numerosas parejas ruso-cubanas que vivían de manera normal en la isla, generalmente compuestas durante el período de trabajo o estudio del cubano/a en tierras eslavas.

Le toqué el hombro a la rusa, y le dije que se me había colado, yo también era "técnico" .

-Mucho poco tiempo Cuba, no habla española- me dijo la muy descará.

Cuando cogía aire para decirle no recuerdo que barbaridad, Evelio me hizo señas de que la dejase por imposible, ¡él! justo él que cada día si querías ver una bronca a la salida del colegio Orlando Pantoja, a las 4 y 20 en la sinagoga lo tenías en el ring. Pero tenía razón, la rusa se empacó, se cuadró como una gendarme y no estaba dispuesta a deponer su derecho a arrebatar a los cubanos, a los aplatanados, o al resto del mundo incluso, su puesto para el helado. Cuando le tocó, la rusa dijo en español acentuado con el tono especiado de la taiga:

-Compañera, bocadita di qiueso-

Y entonces le dije: Tú sí que sabes hablar español y colarte como un cubano- Lo sardónico del caso, es que entre todos esos que llamábamos rusos, una enorme cantidad eran ucranianos, como lo fue Nikita Jruschev.

Cogimos un bocadito cada uno, y ya cayendo el sol, le dije a mi amigo, hoy nada de materiales ni socios, que traigo el Jazz. Lo que él  ya sabía. Le llamaban ñaña, efori, veneno, eran unas hojitas de marihuana seca envueltas en papel de estraza, lo que en aquella Habana de inicio de los ochenta era un porro, al coste de una “monja”, cinco pesos, de los pesos que valían, que traían a Maceo altivo, orgulloso, casi como un ruso en en el Sierra Maestra, no como hoy que el pobre está en los billetes alicaído, tumbado, sin machete ni cohete. Fumamos el porro y Evelio me decía -brother no me hace ná- y cada vez que lo repetía demoraba más en terminar la frase, hasta que empezó a reírse, y yo me empecé a deshollejarme a carcajadas. La cantidad era escasa pero era del Esacambray, una calidad superior.

En esa época y aún hoy, fumar yerba era un delito muy penado por la ley, por eso me refería a quemar una ñaña, como : " tocar Jazz"; así que para honrar el mote apelativo nos pusimos a cantar los temas de jazz de Armstrong y Miller, a dos voces, dos trompetas, dos baterías, en el fondo de las piscinas del Sierra, frente a las cabañitas, a los yakis, al sol del mar naciente cayendo sobre nuestra nota de ron, laguer y jazz.

No dejamos de reírnos hasta que nos despedimos en la parada de la guagua recordando la recién aprendida frase que marca la superioridad racial de los Urales:

"Compañera, bocadita di quieso"

 

Piscina del Sierra Maestra
Piscina del Sierra Maestra

Piscina del Sierra Maestra

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Published by martinguevara - en Cuba flash. Relax
28 febrero 2022 1 28 /02 /febrero /2022 11:32

Todavía me estoy riendo.

Los rabiosos mal perdedores del madridismo dicen que Mbappé es un "pesetero" que se quedó en su casa, donde nació, donde están sus amigos, sus padres, sus tíos, su idioma, sus comidas, sus esquinas, sus recuerdos, solo por dinero, que no se fue a otro país, donde se habla otra lengua, al club que otrora alardeaba de ser el más rico y por eso se llenaba de galácticos y compraba árbitros y balones de oro a trocha y mocha, porque es un traidor.

¿Perdón? ¿Qué me perdí?

Lo primero, todos, absolutamente todos los deportistas profesionales de elite o el peor pagado de cuarta división, juegan por dinero, y por la mayor cantidad de dinero que puedan conseguir. Absolutamente todos los jugadores extranjeros, incluso de otras provincias, ni siquiera los de otros barrios jugarían en los clubes que conocemos, si fuese gratis, cada uno, el fin de semana, como hacen muchos, jugaría con los amigos en el club que le queda más cerca de la casa.

Pero es más, toda la gente que trabaja lo hace a cambio de una paga, ya sea en forma de salario, comisiones, incentivos.

En toda mi vida, solo he sabido de una persona que dejó su pasar burgués para atender sus utopías, incluso atendió enfermos ad honorem durante toda su vida, a leprosos en Perú, a guajiros y casquitos en Cuba, a nativos en Congo y a campesinos indígenas en Bolivia, además de poder ser un gran profesional henchido de dinero, podía haber tenido la mejor de las vidas como comandante en un régimen en que la erótica del poder que recubre a un comandante, es mucho mayor que la de un gran magnate en las economías de mercado, y dejó todo, para luchar hasta morir pesando la mitad de sus kilogramos, persiguiendo sus afanes, objetivos, sueños, que nada tenían que ver con los beneficios materiales. Otro podría haber sido Jesús, solo que la distancia en el tiempo pueden haber difuminado los límites entre la ficción mística y la realidad.

Todos los demás que he conocido, han sido "peseteros" si ese término se usa en carácter descriptivo para referirse a quien cobra a cambio de los servicios prestados en materia de empleo, pero si se utiliza en tono peyorativo, entonces también todos, absolutamente todos hoy en día, son peseteros, solo que unos pueden ganar más y otros, mordisqueandose las uñas, se quedan a verlas pasar.

 

Peseteros
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Published by martinguevara - en Relax Opinion crítica.
25 febrero 2022 5 25 /02 /febrero /2022 18:31

Lo que más le gustaba de León es como usan el diminutivo, una bolsita es una “bolsina” y el vuelto de un billete son “las vueltinas”, y cuando lo escuchó por primera vez fue cuando alquiló una casina en un pueblo del Torío. En este diminutivo se basaba para decir que León era mucho antes astur que castellana, aunque los asturianos usan el mismo diminutivo más en masculino y León en femenino. Después fue observando que en el norte de la provincia estaba desapareciendo una lengua autóctona que era muy similar al bable, además del uso de hórreos con pies de madera al estilo asturiano en vez de los de piedra íntegros, típicos de Galicia, que sin embargo sí tienen lugar en la parte noroeste de la provincia de León, en el Bierzo. Pero bueno el Bierzo es mucho Bierzo como para llamarle León, ni siquiera Galicia, ellos son ellos, como cada uno de nosotros lo somos aunque estemos a veces perdidos, mezclados, entrelazados con la influencia de otros que han ejercido influjo más que seducción, pero los bercianos tienen claro que son verdes, caminantes y mineros. Que hacen buen vino y preparan buen café.

Ella llegó desde Melbourne, a donde habían ido a parar sus antepasados ingleses díscolos con las buenas costumbres que pretendía la corona  en tierras británicas. Se había casado siendo jovencita con un hombre mayor, que tenía unas hectáreas de tierras en un campo que aunque no llegaba a ser árido, le costaba mucho mantener bajo la línea de flotación de su tierra, los brotes de hierba tiernos, donde intentaba hacer crecer y engordar unas vacas Hereford de cabeza blanca como si estuviese en el Yorkshire.

Primero pasó un tiempo en Gijón, le encantaba el mar, lo había disfrutado de pequeña, pero luego se mudó tierra adentro, cerca de la ciudad de Victoria, y aunque era relativamente cerca de Melbourne, entre una cosa y la otra nunca volvió a ver el mar, hasta que después de divorciarse regresó a su ciudad natal, donde su padre y madre habían dimitido hacerse cargo de su crianza dejándola al cuidado de una tía por parte de madre, dedicándose a tiempo completo al alcohol y, al inicio a las malas compañías, para terminar completamente solos, cada uno por su lado, perdidos en los laberintos a los que lleva la panacea de la curda, la gloria del pedo olímpico. Intrincada y penosa, peor auténtica en cada personal, abismal, desértica, atronadora, tenebrosa, cegadora, ardiente o fría como el metal de la última hora, de la última cortina.

Por eso le gustaba Gijón, y ese diminutivo en masculino, “culín” de sidra, el vecino “Pepín” y sus perrines. Por eso se quedó sin saber bien que buscaba. Ella se había ido del dolor que le ocasionaban una y otra vez los suyos, sin falta, pero no era exactamente una huida, una fugitiva, era más bien una hoja o una rama desprendida, se había colmado de pesares, de hollín, de nidos de pájaros pesados, de frutos indeseados y un día se partió y se soltó del árbol, hasta ese momento fue frágil pero la liviandad la hizo fuerte, bailó con el viento y no paró de moverse. Hasta el día en que se detuvo frente al mar de Gijón y pensó que era hora de retomar un viaje al centro de la tierra, en horizontal, por eso se internó en Asturias, donde unas vacas Hereford se habrían criado comiendo incluso lo que sobresalía de las carreteras y de las bocas de los túneles, del verde que sale hasta debajo de las uñas, siguió caminando con su mochila y su tarjeta de crédito hasta que se perdió de vista entre las nubes, y sólo ella veía sus pies ascendiendo hasta que la ladera de la montaña, ya gris, fría, ya viril, hosca, se aterciopelase nuevamente en un verde gentil del otro lado, en la ladera opuesta.

Pero aunque en un punto de ascenso, nieve, frío y viento se avistó el descenso como la esperanza de una nueva Victoria y de la repetición de una boda anodina, con mucha comida y hectolitros de alcohol pero pocos invitados interesantes, no volvió a ver las hortensias saliendo de entre unas inmensas hojas verdes henchidas de clorofila a reventar, sino que veía en su bajada montoncitos de pasto pro aquí y otros montículos por allá, donde casi seguro se debían esconder los bichos que la esperarían, aunque sabía que en España no debía temer a víboras ni a escorpiones, lagartos y arañas de mordida venenosa. Y siguió bajando por la ladera de la montaña gris, camino sobre piedra, flanqueada de águilas y milanos, miradas torvas, una economía en la amabilidad que casi era hostil a no ser por las miradas, siempre cordiales de la poca gente que se encuentra en la montaña.

Durmió en algunos albergues y hostales de los pueblos en camino a la ciudad, hasta que las pocas pero seguras luces de León se hicieron presentes iluminando a su señora absoluta, esa catedral gótica comenzada a construir cuando, al cabo de un periplo muy similar al suyo, habían arribado a aquel Páramo sobre el año 900, ya templado tiempo atrás por romanos rudos, ahí, erguida, la Pulchra Leonina, alzada con orgullo pero piadosa, como una abuela.

Entró a una tienda de embutidos y quesos, compró un cacho de salchichón y una barra de pan de verdad, y la dependienta le preguntó ¿bolsina? Sonrió al escuchar el diminutivo, se armó unos bocadillos y se fue a la orilla del Bernesga a comerlos, tras lo cual se metió al agua, la profundidad del río le impediría morir ahogada, pero su temperatura podría matarla de hipotermia antes de repetir la boda, de sacarse las ganas de hacer el amor como se le antojase, encima, de costado, debajo, siendo lamida, lamiendo, besando, gimiendo, fingiendo, gritando o arañando a Baco por no enseñarle también a ella, como a sus padres, el tono preciso en las plegarias para ser atendida por el hada de la displicencia.

El amor volvió a su entrepierna, pero esta vez no le volverían a quitar una sonrisa, ni siquiera le provocarían el escozor que produce el soslayo de una mala mirada. Ella no enfundaría el hierro en la carne tibia una y otra vez con frenesí nunca más. Todo lo que ahora tocase a su puerta debía aprender a desprenderse del tronco, de la rama, de la flor.

 

El Bernesga
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Published by martinguevara - en Europa Aorta Relax
22 febrero 2022 2 22 /02 /febrero /2022 21:58

Si Paris es la ciudad de la luz, Tokio es la ciudad del brillo.

No en vano le llamaron a Japón el Imperio del Sol naciente. Los tokiotas, viven iluminados por los carteles publicitarios- pensó Tama, que no vivía precisamente de día- cruzan calles, comen, beben con prisa excepto los sábados, van a las salas de juego donde pueden pasar horas, o de compras de tecnología o ropa de moda exclusivamente japonesa, deslumbrados por los cambiantes colores e intensidades del haz lumínico de los carteles que cuelgan desde todas las alturas de la ciudad.

Tama era hondureño y debía su apodo a la abreviatura de su nombre, Tamarindo, que había sido motivo de chanzas durante toda la escuela primaria y secundaria. El padre amaba el jugo del preciado fruto, mientras la madre quería ponerle Cafetal, ya que decía que Café, le parecía demasiado corto. Ganó Tamarindo, y cafetal se lo tuvieron que poner a la hermana menor. Casi no había día en que Tama no tuviese una discusión áspera a la salida de la escuela, a causa de las burlas por su nombre o por el de su hermana, la que se hacía llamar Cafa.

Tama trabajaba en una empresa que le propuso mudarse dos años a Japón para cubrir una importante plaza, cuyo fin era más aprender que producir o enseñar. Se acostumbró rápido a los cambios de costumbres y horarios, a las sorpresas y los nuevos placeres, estaba haciendo amigos nuevos, al estilo y con los tiempos y distancias que exigían las costumbres tokiotas, no tan tradicionales como temía en un inicio, pero tampoco tan extrovertidas como acostumbraba. Pero la amistad que más atesoraba era la de Akiko cuyo significado es “luz brillante”, una educada y sonriente osakeña, se estaba enamorando pero quería tomarse el mismo tiempo que ella en ir materializando el lazo de amistad con ella, de confianza, de cercanía, lo que según intuía sería la mejor coraza para la conservación del amor. Pero el tema es que ya la estaba deseando casi sin interrupción, en la vigilia con las miradas y los gestos, de noche con sueños cada vez más frecuentes y cada vez más húmedos.

Shinkansen
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Published by martinguevara - en Relax
22 febrero 2022 2 22 /02 /febrero /2022 21:53

 

Buenos Aires vida cotidiana y alienación, ¿te acordás que fue el primer libro que me recomendaste?

-No era alguno de Bukowski?

-No, cuando te conocí todavía no lo habías leído.

Gabor sentía un enorme placer en esas conversaciones que evocaban el transcurso de cualquier tiempo pasado sentados leyendo, discutiendo sobre películas, libros , fumando marihuana o contándole historias cómicas, sentía que no existía nada que lo pudiese afectar mientras estuviese hablando con Lesa o recordando esas charlas en una nueva conversación, hablabando de tiempos pasados sentados en los mismos sillones, cruzándose las mismas miradas y escuchando el mismo tono de voz. Aunque entre visita y visita su vida cotidiana fuese muy distinta, sin hombros relajados, sin el culo bien apoyado en un sillón y los pies cruzados sobre los tobillos en actitud de “nadie me espere porque de aquí no me pienso mover en mucho rato” .

Gabor tenía solo veinte años cuando conoció a Lena, el doble de su edad, ella le enseñó secretos de Buenos Aires y de su riqueza cultural que él no conocía, y que de no haberla conocido probablemente jamás habría pasado ni cerca. A cambio él le aportaba a ella la desfachatez y ausencia total de melancolía del joven que acababa de despedirse de la adolescencia, estrechaba la mano de la adultez y experimentaba la inmortalidad, el mundo se reducía a una bocanada de aire que podía deglutir y devolver hecho poesía en un suspiro.

Había atravesado cada uno de lo estadios del alcoholismo y más reciente de la adicción a la cocaína, pero ya no tenía otra cosa que contenes y límites, vivía entre consideraciones, balances, reflexiones, reparos y frenazos. Ya nada era como antes, largarse a correr y sentir que las zapatillas se gastaban a un ritmo desenfrenado, gastando la suela hasta casi dejar las plantas de los pies al aire, al asfalto y las piedritas que hacen que uno deje de correr, tan poco habituado a pisar elementos sólidos y puntiagudos, como los negritos cubanos que corrían por el diente de perro en el malecón hasta que llegaban al borde y saltaban al agua, lo que embargaba a Gabor de un barniz familiar de la envidia, peor no era exactamente envidia, era más admiración, quedaba seducido por algo que él jamás podría hacer, ya que las veces que intentó emularlos, apenas se quitó el calzado, que tampoco era cuestión de dejarlo con el pantalón sin vigilancia, ante un más que posible extravío, iba pisando con el costado del pie, dando pequeños respingos cuando el dolor de la piedra erosionada se hincaba en sus plantas delicadas, pero ¡ah! La venganza llegaría rápido, muy de prisa, en solo unos segundos y delante de los propios ofensores, ellos solo eran buenos hasta el borde del diente de perro, una vez que habían saltado al agua no valían mucho, en cambio Gabor nadaba como una tabla de surf, con estilo aprendido de niño en una piscina porteña con profesor de natación, y encima, le gustaba el mar, así que se alejaba de la orilla como solo hacían los pocos que se adentraban con patas de rana careta y escopetas de ligas para pescar algo mejor que un pez mojonero. Se alejaba tranquilo ya que siempre dejaba a un amigo al cuidado de la ropa. Ya nada era como tirarse al agua tras llegar al borde la cueva de los tiburones con una torpeza digna de las mayores burlas, y después llegar casi al primer veril con estilo de Weissmuller.


 

Dientes de perro
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