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11 octubre 2020 7 11 /10 /octubre /2020 14:25

El bullying es una practica que existió desde la más remota antigüedad, los adolescentes pueden ser realmente crueles, de ahí el libro "El señor de las moscas". Pero en los últimos tiempos esto se ha visto elevado a la potencia dada la fragilidad de los valores actuales, y no es que "todo tiempo pasado fue mejor" sino que en la mudanza de piel hay un momento que el lagarto se queda pelado, lo mismo ocurre con la sociedad, en tiempo de cambios, algunos aspectos quedan relegados al final, en este caso se está construyendo a retazos la ética de la sociedad de l comunicación, del barniz, del maquillaje, de la pintura, el bronceado y la sábana seca.


Bullying es un término extranjero a la lengua española, tan bella y perfecta, pero es cierto que su traducción acoso o intimidación, no se ajustan a la edad en que más se produce, en inglés, sobre todo a nosotros nos suena como: acné, menstruación, pajas, imberbe, cambios, edad de exploración.


Cuando yo era un muchachón al que le iba saliendo ese bigotito ridículo que me negaba a afeitar, el hecho de que se burlasen, que los fuertes abusasen, que los propios mayores de la familia no aceptasen flojedad alguna, apartarse del grupo si no alcanzaba la fuerza o si sobraba, si no se era bueno en fútbol, beisbol, boxeo o imbecilidad, tener que luchar cada día contra la discriminación de la tribu por algún aspecto diferencial, ya fuese ser alto o bajo, elevado o rezagado, más negro o más blanco, narigón o cabezón, cara de granos o chueco, tartamudo o fañoso, poeta o maricón, era algo normal, que se hacía duro a quien lo padecía, y también había suicidios pro esta causa, pero entraba en lo que era el camino espinoso de hacerse mayor.

Ya que generalmente los abusadores, los impíos del grupo, de la aceptación, de la corrección, también se aterraban ante la proximidad de un examen, de una simple prueba escrita, de un pregunta en público, de una mirada inteligente.


A todos les tocaba de una manera u otra, porque a la salida de la adolescencia los esperaban un conjunto de valores morales, algunos perimidos y prejuiciosos pero otros probadamente válidos para la brega de la vida.


El problema de hoy es que lo único que espera es un rejunte de las peores pretensiones de siempre, pero magnificadas con esta simulación de la comunicación que nos ha propiciado la aparición y el desarrollo de la internet, con sus redes sociales, donde el éxito se entiende en cantidad de corazoncitos, de manitos con el pulgar elevado, de “me gusta”, en cantidad de seguidores, no en calidad, que provocan una sensación de compañía y éxito o de soledad y desprecio, irreales, que conducen al vacío a ambos extremos, a quien se cree dichoso porque se va a la cama entre sábanas secas y avisos del teléfono, y a quien se auto flagela, por su exclusión de la normalidad idiotizada, porque se les encoge el alma en edades de explosión hormonal, y no hay espejo que consiga levantarles el ánimo. Decenas de chuchos ladrando con histeria al intruso en lugar de un mastín atento, esbelto, que emita un sólo gruñido de alerta.


Contemosles a nuestros vástagos que el mejor "me gusta",  puede ser incluso esa manito con el dedo alzado, pero con un brazo detrás y más atr´s un hombro y arriba una cara con esa sonrisa, esa mirada, esa lágrima, un beso de buenas noches, o un "que rico" de gratitud compartida por una buena singada.

Cuidemos a todos los niños,

 

Bullying
Bullying

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Published by martinguevara - en Relax
20 septiembre 2020 7 20 /09 /septiembre /2020 15:44

Con el paso del tiempo, me acostumbré a que la gente querida parta hacia esa otra dimensión, estando yo a miles de kilómetros. Mi abuela, mi madre, tías, tíos, por suerte tengo casi todos mis amigos en esta zona del tablero, pero los que se fueron excepto Carlitos Cecilia y Silvana Rizzo, no los pude despedir de cuerpo presente.

Esta tendencia me asentó la costumbre de no sentir de inmediato la partida del ser querido, no hasta que su haz de presencia, de alguna manera se acercase a ese punto en que una parte de mi también se acerca para fraguar una cita, la primera tras el viaje, no la última. A veces pasan sólo días, en ocasiones meses y a veces el tiempo se hace protagonista dejando transcurrir años.

Hoy me puse a terminar un archivo al ordenador, y dejé la televisión encandida para que me acompañase, así de medio lado, un movimiento de imágenes sin audio, entonces giré la cabeza y vi a Tim Robbins, ni siquiera me fijé que era una película infantil, sino en la cara, las expresiones y la mirada del actor. Y entonces sí, me llegó el timbrazo que me avisó de que en el lugar donde fui a esperar, al fin se producía el encuentro con mi amiga, mentora y maestra, Gladys.

Falleció de repente hace pocos meses, no estaba en agenda, tenía siete décadas y media de tiempo ordinario, pero más vitalidad y energía que la mayoría de los de dos y tres décadas. Había publicado recientemente, y sobre todo, habíamos retomado la comunicación por medio de una aplicación de internet, y nos comentamos como iba la vida, y nos comentamos esas cosas que hacen bien al alma. habíamos interrumpido el contacto hacía bastante más tiempo del que me gustaría admitir, por temas que ya no merecen ni la mención.

Gladys tenía dos sobrinos que adoraba, muy talentosos, uno de ellos cuando era niño se parecía a Tim Robbins, que además era un actor que nos encantaba.

La conocí en el mes que regresé a Buenos Aires tras diez años de exilio en La Habana. En San Telmo, en la Plaza Dorrego, todo era fiesta, empezaba la Argentina del destape, en ese momento yo iba rumbeando detrás de unos morenos brasileños que tocaban batucada y bebiendo a morro de botella una Quilmes fresquita, que a la vez que animaba mi disposición a un baile que en Cuba temía más airear para no hacer el ridículo al lado de sus cultores históricos, también espantaba un poco el calor del enero porteño. Ella iba con su amigo Juan, ya me habían echado el ojo según me contó repetidas ocasiones, quizás ese día yo tenía el lindo subido, y Juan le dijo a Gladys, ¿vas vos o yo? y se acercó Gladys

Me abordaron y nos pusimos a charlar, Gladys llevaba un escote generoso que dejaban al aire sus buenas tetas y convertían en un esfuerzo titánico mirar hacia otro lado, de ahí para abajo todo era normal, pero con su cara, sus labios y sus lolas bastaba y sobraba para dejar que los morenos siguiesen su rumba destino al santo. Así que nos entendimos rápido, cerveza mediante, en uno de los concurridos bares de la Plaza donde nos contamos cosas de nuestras vidas, ahí supo que yo estaba recién llegado de la luz del Caribe y yo que ella era abogada, Juan traductor en la ONU y nos parecían bien las mismas cosas en aquella tarde cálida de San Telmo, así que subimos a su departamento. Juan quería participar del juego pero yo estaba interesado solamente en aquellos globos enigmáticos de una dama que me doblaba en edad cosa que por entonces me excitaba más que hoy, así que gentilmente expresé los limites de mi disposición, y una vez despedidos los líquidos seminales, nos reunimos  nuevamente los tres a charlar y contarnos más cosas, con efluvios de cerveza y hierba seca.

Como dato, ese día de enero de 1984, en el living de la casa de Gladys tenía lugar en una de las primeras reuniones de la CHA, de los que ella era abogada. Discutían acerca de una manifestación en el Parque Lezama que constituiría en que en una hora determinada todos los presentes se besarían sin importar el sexo del partenaire. Era un momento clave, en que de verdad estaban luchando contra una violencia explicita y la hostilidad de que todos fuimos ejecutores de una u otra forma en algún momento de la vida.

En Cuba era imposible pensar en una asociación así, entonces me llamó la atención, por la irreverencia y por el valor que le echaban al asunto quienes se suponía que eran los blandos, las nenas, y desde ahí siempre consideré que hay que adherir a cualquier lucha que emancipase a los más relegados, a los más estigmatizados, porque ello nos proporciona un aire renovado y el respeto a los derechos a las demás minorías, ya sean rockeros, vagos, drogadictos,  hedonistas, beodos, artistas, enajenados, lelos, deformes; marginados de todo tipo.

Incluso hablamos de conocidos en común, como Christian, un argentino trotamundos con quien había coincidido en Cuba y era novio de Rocío, una de las uruguayas Cultelli, hijas de un preso político tupamaro, que ella y Juan habían conocido en Nueva York y quien sí accedió al juego en trío. Recuerdo haber sentido cierta vendetta a la distancia de tiempo y espacio, porque Christian se hacía el machito, e imaginarlo en aquella situación puso parches en mi mente a su ignominiosa pretención. Y ahí empezamos a hablar ya de política, ella había sido de los abogados que presentaban Hábeas Corpus para proteger a detenidos montoneros o del ERP en la década de 1970 junto a quien había sido su esposo, y entonces salieron a relucir muchos nombres de personas más afines a la causa de mis padres que a las mías, a quienes ella conocía, e incluso había trabajado con ellos.

Luego en las posteriores e incontables visitas, ya Juan había regresado a su puesto en la ONU neoyorkina, fuimos dejando la actividad sexual de lado, para dar paso a una mucho más rica, el intercambio de impresiones, conocimientos, puntos de vista entre dos generaciones, entre dos personas diferentes en su entorno social y familiar, no acopladas al engranaje predispuesto y con una libertad, cada uno a su manera, para expresar, acaso con demasiado ahínco sus respectivas disfunciones. En el intercambio cultural de tipo convencional yo salí claramente favorecido. Gladys había sido secretaria de Arturo Jauretche, amiga de Sebreli, conocía la obra de Borges como si fuese la uña de su pulgar, era una franco centrista orgullosa de serlo, adoraba y conocía la literatura y lengua francesa igual que la italiana. Pero de igual modo amaba la literatura y la Historia nacional, y aderezaba todo aquello con un toque snob: era peronista.

Yo aportaba mis contradicciones más que convicciones, mis dudas e interrogantes más que certezas, sin pasaporte ni nacionalidad, sino que como la poesía, estaban en el aire esperando al poeta, y la forma en que aquello lo mezclaba con mi historia familiar marcada por las revoluciones del tercer mundo, siendo una parte indivisible de la conducta, una pose, aunque seria.

Durante años en que yo rodaba por distintos países, ciudades, barrios de la ciudad, clases sociales, "cayendo", pero en realidad "yendo" hacia una clase social no concebida aún, "yo mismo", sostuvimos una relación única. Puede resultar cómodo adjudicarle ese afecto, la necesidad o conveniencia de aquella fusión amistosa, al hecho de que ella no tenía hijos y que mi relación con mi madre no era fácil; y aunque estos condicionantes naturalmente propiciaban un clima de encuentro, no eran más que un punto de partida.

Horas compartiendo el mismo humor, contándonos cosas de nuestras respectivas relaciones, a pesar de que Gladys era tremendamente celosa con todos sus amigos, los quería sólo para ella, compartíamos estas aventuras mías, y las suyas con los amantes que iban y venían, sus historias con sus amigos gays, los disparates de toda índole que se nos presentaban a cada uno en nuestras esferas, a ambos nos hacía mucha gracia lo que le pasaba al otro, incluso a las cosas no agradables que nos pasaban les encontrábamos su costado hilarante cuando las reducíamos a carcajadas en su living.

Una vez tuve la colección entera de la revista Sur en mi cuarto, porque entre ella y  su amigo Hepel me la dieron para que la vendiese y me ganase unas rupias; no la vendí, lo vendió Hepel, pero saqué más que plata, disfruté en esos números a Victoria Ocampo, Borges, Bioy Casares, Tagoré, Ortega y Gasset, Silvina Ocampo, Sábato,  Gómez de La Serna o García Lorca, como un mono disfruta un platanal.

Juan enfermó de HIV y Gladys fue a cuidarlo hasta la muerte, entonces vivía en Viena. Una vez que Juan partió ella no podía recoger sus cosas, hacerse cargo de la vida que aún había en cada objeto, en cada rincón, y me invitó unos meses a Viena a condición que la ayudase a recoger todo, a despedirse de aquella ciudad, aquellas ventanas de Naglergasse, de los uruguayos, los rusos, las mejicanas y los austríacos y convertirlo en recuerdos, excepto Slava que siguió tal cual en su vida.

Gladys, la amiga, la abogada de los presos políticos, de la CHA, la protectora, la cultora de la literatura que me enseñó a Bukowski y Carver, a Bernhard, a Musil , a Sibilla Aleramo, a Simone, la autora y su gata siamesa, a Borges y Jauretche, la Gladys atrevida, la conservadora, la snob , la peronista, la sofisticada, la católica, la que cuidaba a su madre, a su hermana, a su cuñado, a su sobrina y a tantos amigos hasta la muerte, y ayudando en la vida a sus sobrinos, a los amigos que iba cosechando por el mundo, como si fuese un deber. Marcelo, Valeria, Claudio, Slava, Juan Carlos, le agradezco haberlos conocido. Incluso a la madre de mi segundo hijo, mi compañera durante años, la conocí en su living.

Fuimos a Mar del Plata, a Uruguay, a Londres, a Venecia, a Liubjana, a Pirán, a Cañuelas, a una chacra que habían comprado unos italianos del norte en los años ochenta escapando de la posibildiad de la guerra nuclear, y siempre de vuelta a tomar un café, aunque ya sin brasileños, sin cerveza y sin destape, a la placita Dorrego, de San Telmo. A la tarde, sentado en su balcón en la planta catorce en Paseo Colón, se podía entender toda la melancolía de Buenos Aires

Se fue hace un par de meses, pero recién hoy Tim Robbins me avisó que nos estábamos reuniendo a charlar en algún living pulcro, impecable, para mantener una de esas charlas en que uno puede despedirse sin lágrimas, con una sonrisa, con el alma llena de gratitud mientras el sol se desvanece sobre el marrón del Río de La Plata.


 

 

Plaza Dorrego y Naglergasse
Plaza Dorrego y Naglergasse

Plaza Dorrego y Naglergasse

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Published by martinguevara - en Argentina frizzante Relax
29 agosto 2020 6 29 /08 /agosto /2020 16:45

En los últimos días muchas bestias están dejando aparecer sus no demasiado pulidos instintos, en las redes sociales, se muestran partidarios de matar manifestantes de la oposición para defender la que es su idea de una grandeza perdida de los EEUU, su modo de entender el patriotismo. Convendría explicarles que el significante de lo que lo hacía un gran país, no era salir a liquidar a quienes piensan diferente, sino más bien lo contrario, estaba más relacionado a ser, junto a Francia, el país de la democracia y los derechos del individuo.

Por ser allí donde los inmigrantes pobres y analfabetos del mundo encontraron un sitio donde no se los trataba con prejuicios, donde se les daba una oportunidad de igualdad. Desde los hambrientos de Irlanda, como a William Penn al que el rey de Inglaterra otorgó una inmensa cantidad de tierras, donde el cuáquero estableció una carta de libertades y leyes tan modernas y progresistas, que sirvieron como modelo para redactar la Constitución de 1788.

El país donde Mark Twain comenzó un estilo que llegó hasta Raymond Carver, pasando por Miller, Highsmith, Steinbeck, Chandler, Thompson, Hammet, Bukovsky, Sallinger, Kerouac, Cheever o Mailer, de vuelo libre, novedoso, donde se empleó el argot de los pobres blancos y negros, un estilo literario donde la acción precede a la reflexión, en el cual el protagonista puede escupir al suelo, beber whisky malo directo de la botella, amanecer sin dinero, ser un poco tramposo, y no obstante al final sacar la mayor nobleza de espíritu sin necesidad de descender de la aristocracia.

Una escritura que no permite distinguir si precede al cine o parte del movimiento del celuloide, la descripción exacta de un puñetazo y de una estafa inocente.

Por ser el país en donde los hijos de los esclavos liberados, produjeron la mayor expresión artística de la época, el jazz, la irrupción del ritmo dotó de una explosión de color y sabores a la música universal, liberó de  la partitura al ejecutor, del corsé de lo que era políticamente correcto escuchar y bailar. La trompeta europea en manos de Armstrong alcanzó una dimensión nunca antes experimentada, un blanco como Al Johnson se disfrazaba de negro para ejecutar su número artístico, Robert Johnson inmortalizó sus blues a una habilidad a la guitarra aprendida en un cruce de caminos, Scott Joplin y Jelly Roll Morton liberaron a través de sus dedos al piano en burdeles y bares de mala muerte todo arte contenido entre cadenas, algodón, látigos, risas del carnaval de John the Conqueror, el alma libre de los esclavos, los rollos de piano para ragtime y el Scat.

El pais donde surgió el ritmo nueva Orleans, y donde los blancos hijos de los ex esclavistas, le dieron una vuelta de tuerca a ese sonido llamandolo Dixieland , para poder ser negros por un rato a través del alma, entonces el jazz pasó a ser una pose, una actitud, además de una expresión musical, el ritmo y la bemba entraron en pintura, en literatura, en los negocios, en la arquitectura, en la vida cotidiana y en el desenfado del twist y el rock'n'roll.

Por ser el país de los intelectuales libres, de Hollywood, de Broadway, de la mejor prensa libre del mundo, de la libertad de expresión, de la motivación para innovar, para crear, para emprender, el país de todas las razas y las nacionalidades encontradas en New York City, que llegó a ser considerada la gran manzana, compitiendo con Paris y Londres en el ranking de capitales del Mundo. Y aparecieron los Mies Van der Rohe, los Robert Rauscehmberg, Tiffany's , Calvin Klein, Levi's Strauss, Gibson, Fender, Pearl, Batman, Tarzán, Flash, los Tres Chiflados, el Gordo y el Flaco, Coca Cola, Pepsi, Chiclet's, KFC, Burger King, Wendy's, Taco bell, Lee, Ford, Chevrolet, General Motors, Larry Bird, Michael Jordan, y el etcétera más extenso que se tenga idea.

Y lo que no inventaron lo reciclaron, hay más gente en el mundo que conoce la hamburgusa, el hot dog, la pizza y la mayoría de los deportes por los Estados Unidos que por Alemania ,Italia, Inglaterra o Grecia.

El país de los hippies, de los Beatniks, de los heavys, de los rockers, blues players, del MOMA, del Met, del Mardy Grass, de Singer Sargent, O'Keefe, Hopper y la estatua de la Libertad.

Sin mencionar una sola efeméride nacida del ámbito de la política, del bursátil, ni de la industria bélica.

 

Hacer EEUU grande otra vez, es lo contrario de salir a matar a los oponentes, es hacer que vuelva a brillar como faro para todas las almas libres, como lo fue para mi generación de jóvenes rebeldes, los que hoy tenemos el honor de haber crecido con la famosa mancha en el expediente escolar acumulativo “Diversionismo ideológico” , homenaje que jamás se le hizo a quienes hoy, como ayer abrazaban la intolerancia, las armas,  el partido único, y la idolatría al caudillo de turno.

Estados Unidos de América, Ébano y Marfil
Estados Unidos de América, Ébano y Marfil

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Published by martinguevara - en Opinion crítica. Relax
11 mayo 2020 1 11 /05 /mayo /2020 21:17

Quién me introdujo en Jimi Hendrix y en el primer porro de “efori” que fumé en mi vida, fue un pepilllo casi hippie de mi edificio de Alamar, apellidado Jardines.

Recuerdo que fumamos la "bala" de aquella escasa pero maravillosa planta del Escambray y me puse a barrer las cenizas para que nadie descubriese que era yerba, barrí como tres veces el salón, en aquella época era extremadamente penalizado en Cuba, Jardines rompió a reír a carcajadas y me contagió la risa a mi y a la escoba que dábamos pasos de vals en un suelo ya reluciente entre nota y nota de un expandido punteo bajo los influjos del cannabis más clandestino.

Jardines tenía Long Play no sólo de Hendrix, sino de Deep Purple, Led Zeppelin, Peter Frampton, y otros grandes del rock, era algo muy raro en la isla por aquellos días, empecé escuchando el mejor musicalmente de todos los discos de Jimi, con el último grupo que armó, no con ingleses, sino con músicos negros estadounidenses de funk, "Band of Gypsys" con temas como Machine Gun, Midnight Lightning o The power of soul.

Así que fumé el primer porro escuchando por primera vez el mejor disco del mejor guitarrista de rock. Algo es algo.

Nunca volví a ver a Jardines desde antes de irme de Alamar porque se fue antes que yo, ni lo reencontré en las redes. Hoy hablando de pepillos y de guapos con un grupo de amigos recordé algo que me dijo Jardines, idéntico a una cosa que decía Andrés Alburquerque pero décadas más tarde en un programa de TV en EEUU y en otro sentido.


Jardines era mulato, y se quejaba medio en risa y medio en serio de que aún siendo uno de quienes más entendía de rock, la gente lo invitaba a fiestas de música de guapería afrocubana, y los blancos al principio desconfiaban de su "pepillismo rockero" hasta que al poco, no cabía de que era el mejor.

A mi estimado Andrés, lo escuché muchos años más tarde comentar en un programa de TV que le molestaba esa suposición racista y simplista de la gente, según la cual él debía votar a Obama por ser afrocubano.

La izquierda extrema reprimiendo la libertad, la liberación del individuo y la oda a la estupidez, la negritud, la derecha y el racismo por los siglos de los siglos

Señores: el prejuicio es todo nuestro

 

El último disco autorizado de Hendrix

El último disco autorizado de Hendrix

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Published by martinguevara - en Cuba flash. Relax
27 abril 2020 1 27 /04 /abril /2020 14:15

Cultura y libertad. Lo demás nos llegará por añadidura.

Retomamos los debates sobre puntos de vistas diversos con el pichón.

 

 

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Published by martinguevara - en Relax Opinion crítica.
10 febrero 2020 1 10 /02 /febrero /2020 13:55

Entre la adolescencia y la juventud, en la escuela al campo hacía escuchado tanto a los guajiros y los compañeros de la escuela hablar de como de rico era templarse una chiva que de a poco fui pasando de verlo como una zoofilia intolerable, a un acto disparatado y de ahí a algo que, bueno, en fin, a falta de pan bien vienen tortas. Encima en aquel año yo tenía una noviecita, nada serio pero muy agradable que estaba en el otro campamento, al que se llegaba caminando a través de los campos de plátanos no recuerdo cuantos kilómetros pero no serían más de cinco ni menos de tres. Las visitas consistían en apretar todo el rato que duraban, pero a los sumo una teta podía llegar a mis labios y una mano a mi glande. Todo quedaba entre costuras.

Claro el nivel de calentura con que volvía a mi albergue hacía que a veces me detuviese a cantarle a la Luna detrás de una mata de plátano embarazándola de un Banana Man, entiéndase, caminar tres kilómetros con aquella tensión añadía incomodidad al temor al ahorcado y los chichiricús mandingas que podrían salir de entre las hojas de los bananos. Los guajiros también aseguraban que abriendo un hueco cilíndrico en el tronco del platanal su pegajosidad y calor podían auxiliar a la mejor de las manuelas. Aunque jamás a una buena chiva.

Y mira que jodían con eso.

Así que un día me apresté a probar aquella papaya mágica, sólo necesitaba encontrar la chiva adecuada, todos decían que cerca del río al lado de la cerca había unos chivos, sólo era cuestión de hallar el amor en el rebaño. A un guajiro que le pregunté diciendo que era sólo por curiosidad, como dije cuando probé la marihuana, cuando una puta, cuando el ácido, robar, vender, matar...jaja no, matar no, es broma. El guajiro me dijo, es importante que le amarres los pies de adelante para que no se escape, eso me encantó, los pies, humanizar primero a la chiva y luego seducirla con el abrazo de una cuerda.

Tras andar en la soledad de los platanales encontré al pequeño rebaño de chivas, chivos, y tal vez "chives" pero de eso nunca me enteré. Llevé una como pude hasta el alambrado de púas como me dijo el guajiro, aunque yo no tenía una soga para amarrarle las patas delanteras, lo que empezarían en breve a ser "los delicados pies de mi Cenicienta", así que la acomodé de frente al alambrado, pensé por última vez lo que estaba haciendo, si me veía alguien y se corría la bola sería el fin para siempre, sólo me restaría convertirme en bicho de corral.

Me dije- ma, sí- y saqué el nabo a medio izar sintiéndome medio culpable por no hacerle unas caricias a la partenaire para entrar en tema, pero conviene entender que la higiene de las cabras deja lo suyo que desear, y tampoco ella me haría una felación, así que dejé la culpabilidad traté de agarrarle la cadera pero se movía a un lado y a otro, el aparato se "desentusiasmaba" cada vez más y la chiva empezó a pisarme las botas de goma del campo, pateó mis tobillos flacos, llenos de falta de carne y músculos, eran tan flacas como las de mi frustrada amante circunstancial. Desistí sin sentir demasiada frustración, guardé el objeto puntiagudo del poco deseo del caprino y me alegré de no haber tenido ni idea, ni la ruina suficiente como para clavar ahí ni en la mata de plátano más que la punta.  Aunque en el mismo día había intentado zoofilia y “boiofilia” ¡candela! poseído por el rapto de la inspiración por la clorofila y el flujo animal. La cabra se quedó ahí como decepcionada de mi escasa insistencia, y yo me alejé camino de ningún sitio, porque me había escapado del surco y no podía llegar a mi albergue ni al de de mi noviecita, donde todavía habría solo profesores haraganes y los vagos de la cocina.

Pasaron los años y tuve que cumplir unos meses de reclusión en una clínica de salud mental, a causa de la curda. Cada poco teníamos sesión de psicología todos juntos y luego uno por uno con la psicóloga. La sesión colectiva era al lado de una piscina que había pertenecido a Al Capone, bajo una glorieta cubierta de enredaderas, un día la psicóloga, en la charla de educación sexual, desarrolló el tema de de la zoofilia, en la medida que iba explicando de que se trataba y con los animales que era más habitual aquella práctica, algunos internos que habían sido campesinos en sus años mozos, comenzaban a compartir risas nerviosas y cómplices. Cuando terminó la charla se  deschavaron, que si la yegua era rica pero peligrosa, si la vaca demasiado difícil, y que la mejor era la chiva. Decían lo mismo que los guajiros del campamento unos pocos años atrás- el bollo de la chiva es de lejos el mejor, es igual o más sabroso que el de la mujer- Uno de los ex guajiros me miraba mientras yo me reía y me preguntó:

-¿Nunca probaste la chiva?

-No-le aseguré- y si vas por Artemisa y ves un cabrito con cejas tupidas y un Banana man detrás suyo, nada que ver conmigo, nunca tuve esa cuerda para enamorarla por los pies.

El hijo de la chiva

El hijo de la chiva

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Published by martinguevara - en Relax Cuba flash.
24 diciembre 2019 2 24 /12 /diciembre /2019 00:00

La época de navidad era nociva, evidenciaba que por una razón u otra siempre estaba lejos de esos afectos que prefería tener próximos; pero también en aquellos años en familia en que iba a donde mis padres decidiesen, ya fuese casa de los tíos Roberto o Cipriana, entonces sentía que la única relación que tenía con esa fiesta era que ponía a prueba mi capacidad de resistencia frente al paso el tiempo, extraordinariamente lento cuando le prestas atención, y tremendamente efímero cuando quieres que se demore en una parada de asientos mullidos y senos retozones. 

Acaso la hora de despedida en lo de Cipriana para ir casa abriendo los regalos en el coche o el camión de papá fuese más pasable, o el despertar en lo de Roberto con aquella cocina de asientos en estilo vagón de tren que daban al verde de San Isidro, o la mesa del jardín donde estaba mi tía Celia casi siempre dirigiendo la batuta de las charlas, no por ascendiente jerárquico sino contaba con mayor despliegue de gracia, y mi madre haciendo chistes eficaces como corroboraban las risas. Ese día siguiente cuando podía observarlos fuera de los brindis y los cohetes permanecen confortables en mis recuerdos .

 

Después pasé unos cuantos años donde la navidad estaba prohibida entonces brindábamos por año nuevo, esta fiesta sólo tenía lugar en casa, con mi madre, mi abuela y mis dos hermanos, sin regalos ni arbolitos ni un montón de parientes que evidenciaban la ausencia absoluta de elogios motivacionales. Sólo los cinco y la mesa que la abuela se había ingeniado en adornar con platos exquisitos con la menor cantidad de ingredientes que alguien pueda imaginar. Esos días los recuerdo con cariño, estábamos juntos un rato, todos los que ya no nos hablamos, ni nos escuchamos más. Si nos queremos o no es algo misterioso que habita en la relevancia que cada uno le cede en su espacio interior; en mi caso sólo puedo reconocer latidos sonoros, sobre los cuales prefiero obviar la naturaleza o calidad que les precede. Mi abuela era el elixir de la comunión, la antorcha colectiva, entonces jugábamos cartas, Scrabble, dados, ella era española y sus juegos de cartas eran con naipes y eran españoles, tute, brisca, escoba, pero aunque fuese el juego mas infantil y simplón, desde chico me encantaba "el culo sucio". Como me reía cuando alguien se quedaba con el culo sucio. 

 

En año nuevo no tocan regalitos, de ahí no haya que confrontar cuanto tiempo y recursos dedicaban los mayores en nuestro honor en la inevitable comparación con los demás. Y por otro lado, aunque alguien se encaprichase en hacer regalos en aquel páramos de tiendas, era una empresa tan improbable como respirar bajo el agua. Sin aqualungs ni branquias.

 

Curiosamente, volví a ver a mi padre tras diez años a una semana de una navidad, en que fuimos la misma noche a lo de tía Cipriana ya fallecida pero con todos los parientes de ese lado presentes y luego a lo de otra tía, Carmen Córdova que a la sazón, era como si fuésemos a lo de Roberto que seguía fuera del país y ya no viviría más en San Isidro, a las dos casas en la misma navidad. Aquella noche si fui feliz por volver a ver a mi viejo, a toda aquella gente, al país que me selló, y por volver a ver tanta carne y cosas ricas juntas en una única noche.

 

Después hubo unos años, dos décadas para ser exacto en que pasaba la navidad con la familia de Patricia. Aunque me sentía agasajado como nunca en afecto familiar, lo cierto es que nunca pude agradecerlo del todo porque mi sonrisa y mi indumentaria no se correspondían con el entusiasmo interior. Hoy les mandé un beso tierno por todo el cariño que me dieron. 

Sin embargo una vez más los Año Nuevo acudían en auxilio de la asfixia por tanto barniz. en casa de los eternos Marcos y Mirta y en nuestra mesa larga que daba hasta para catorce comensales. Pero un detalle, todavía bebía como un cosaco y fumaba como un escuerzo; todo bebedor y fumador compulsivo sabe que estar rodeado de comensales que ríen y hablan a los gritos es una bendición para descorchar botellas durante una eternidad sin intervenciones represoras de ninguna especie.

Pero hace años que no pruebo el elixir del canto.

Será la primera navidad en que no tendré sensación de exclusión por pasarlo solo con mis recuerdos y lecturas, ni tampoco agobiado por parecer que encajo entre servilletas rojas, alegría pautada y sobre todo, entre mucha gente, tantos testigos de esta sempiterna inutilidad, de esta verticalidad pretendida, que camufla el temblor, el frío, el miedo, la rabia, y el sombrero sobre la silla aplastado por un culo gordo, empapado en colonia barata, charlatán y ampuloso.

Más sucio que el as de oro.

 

 

El culo sucio

El culo sucio

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Published by martinguevara - en Relax
2 diciembre 2019 1 02 /12 /diciembre /2019 21:37

Cuando Crouch era un chaval le encantaba templar con casadas cuyos maridos de la edad que él tiene ahora, ya no les daban todo el alpiste que ellas deseaban picotear.

También es cultural, en Cuba o Francia esperan mucho menos que en España o Polonia para dotar de cornamenta al displicente cónyuge, pero tarde o temprano, ya sea en la carne o en el pensamiento, son más quienes resbalan que quienes aún sin demasiado entusiasmo, consiguen pisar el freno.

Era óptimo para todos, a Crouch le permitía agenciarse una buena cuota de placer sin compromisos, ellas no tenían que dejar al reno, sus comodidades y  costumbres, y el astado sentía el placer de disipar toda esa presión de los silencios incómodos que con sólo una mirada llamaban a retumbar en las paredes del cráneo, en la oquedad de la consciencia un eco como un grito en la penumbra "ya no me satisfaces" "ya no te gusto" "ya no me gustas", margaritas al viento ¿me quiere no me quiere? además de licenciar sus escapadas.

Todos ganaban, hasta el gato y el perrito recibían raciones extras y los hijos el doble de golosinas para mitigar la culpa. 

Pero la culpa de ninguno desaparecía, es que en realidad no había culpa alguna. La vida es como es, y se lleva como mejor se pueda.

Crouch confesó que siente hoy ningún orgullo por el "pata de lana" que fue, pero el rol que no soportaría en modo alguno es el del buey. En algunos países a los bueyes los nombran "Palomo" para que entiendan su nombre mientras aran. Y dada la edad en que va entrando, aunque fuese multimillonario, comprensivo, viril, enérgico, saludable, gracioso y dotado, de los dos papeles, indiscutiblemente el más cercano es el de Palomo, a raíz de esto Crouch es terminante: se comparte, se baila, se quimba, incluso se desayuna, pero antes que el sol torture la cortinas, cuando los bueyes comienzan a arar el surco, cada uno a su techo. 
Pero sin huir por la ventana con el cinturón atascándose en un cardo del jardín y la camisa puesta de sombrero, como cuando era el advenedizo pata 'e lana.

 

 

 

 

Crouch "El pata 'e lana"
Crouch "El pata 'e lana"

Crouch "El pata 'e lana"

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Published by martinguevara - en Relax
8 octubre 2019 2 08 /10 /octubre /2019 22:34

Será el abrazo suspendido, la historia de los dos viejitos judíos rumanos primos hermanos separados por la barbarie a mediados del siglo pasado que se reencontraron tras setenta y cinco años, será porque en esos años mi abuelo Ernesto dentro de su vida de Bon Vivant, hizo espacio para una firme conciencia antifascista. 

 

Será por el abrazo de mis hijos, al despedirme de Alejandro en Canarias y de Martintxo cuando regresamos de las playas de Nha Trang y las motos de Saigón. 

 

Será por el abrazo de mi viejo, a quien tanto quise y extrañé de niño cuando se fue para cumplir con esa maldita y condenada revolución de los cachetes rojos, colillas humeantes y colitas frescas con fécula;  de la que del todo nadie ha regresado ni dejado de esperar.

 

Será porque mi madre me enseñó a querer todo eso más que a la secuencia de exposiciones por segundo que componen la incertidumbre de la vida. 

 

Será por la voz educada y a la vez firme de mi tía Celia, el regalo de su visita justo detrás de mi viejo, será porque los vi cuando niño en las navidades y luego tras la atomización, los doce trabajos de Hércules, el exilio, la cárcel, la virtud, la desnudez de la verdad, los volví a ver abrazándose, porque vi a mi hijo abrazándolos, porque aquellas esquinas sombreadas me dieron la espalda cuando el filo del acero estaba a punto de cortar la fatiga de mis latidos, y me empujaron hacia adelante, perseguido por la obsesión de respirar que produce el asma, para que un día, a la vuelta de otras esquinas templadas por el sol, la charla de los viejos y los besos de los amantes, me esperara una colina de manzanas deseosas de un abrazo mordiscón, y me salpicara la cara un chorro de olas disgregadas por un viento llegado de otra dimensión, de las reminiscencias de una experiencia que sólo conocí en sueños acunados en el camino. Sueños de talco, de grieta, de sed y ampolla.


Será porque en algún tramo del regreso diario puede aguardar un pequeño cofre con la llave de otro cofre aún más pequeño, ínfimo, que al ser abierto desprende caricias, excusas y charlas sosegadas con cada uno de los que se quedaron esperando a quien no pude ser y risotadas con cada uno de los que fui.


¿Por Hildita, por Canek, por Cuba tendida en la alfombra del abismo? o sólo será porque el mundo no ha mejorado más que un pimiento, porque el miedo al miedo nos hace compartir la mueca hostil antes que el gesto de placer, será porque un calabozo detrás de otro, una bomba después de otra, una puñalada, un borbotón de sangre y sesos, las cabezas rodando, el hambre tosiendo polvo de las brasas, la oda a la guerra, el uso de la fuerza para el abuso, nos han enviciado, nos han hecho adictos a tentar los limites de la paciencia del aire, del semen, de los mangos y de la tierra.


No sé por qué, pero este aniversario de la muerte de mi tío Ernesto con su barba rala, el pelo a lo Ivanhoe y Morrison, el olor de la transpiración de animal acorralado en aquella quebrada, pesando la mitad de sus kilogramos, con la mirada más limpia que nunca, extraviada en el horizonte del cielo con un ligero toque de Venere, a sus pies los molinos vencidos y Dulcinea besando su frente, me llega más que nunca, como si al final el asma cumpliese su cometido, como si hubiese aguantado las ganas de vaciar la vejiga hasta llegar a la cima. Un año no es más que una vuelta de nuestra casa alrededor del astro mayor, pero siento como si este aniversario se hubiese desnudado de esos convencionalismos y me tocase el timbre para sentarse en mi mesa, para quedarse en mi cuarto de invitados, al lado del radiador y la cortina verde, y desayunar melocotones y mantequilla discutiendo cafés, mates, jugos, temas calientes y fríos. La fuerza del pequeño cofre.


Y acaso, ya con la barriga llena, la puerta cerrada y la ventana abierta,  preguntarle lo que Atahualpa Yupanqui a su caballo el Alazán, cuando éste agonizaba tras caer barranco abajo entrampado por un lazo de niebla:


¿Qué estrella andabas buscando?


 


 

 

 

Ernesto, de Madrid al cielo.
Ernesto, de Madrid al cielo.

Ernesto, de Madrid al cielo.

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Published by martinguevara - en Argentina frizzante Cuba flash. Relax
17 septiembre 2019 2 17 /09 /septiembre /2019 09:17

Un ricordo di Mario Bendetti

Oggi passeggiando, mi è venuto alla mente il ricordo di Benedetti e dei suoi baffi. 
Alamar, le sparute pulci e la sua enorme dignità, appena fuori l’Habana in direzione di Cojìmar, un barrio proletario dell’uomo nuovo. 
Mario Benedetti ha vissuto in esilio a Cuba ma ha chiesto in modo esplicito, conforme alle sue idee e al suo nerbo, che non gli dessero privilegi all’altezza del suo nome. Avrebbe potuto vivere a Parigi, in un dipartimento tipo il Trocadero. Ma lui era così.
Ha vissuto un po’ di tempo a Alamar dunque, una baraccopoli operaia di tipo stalinista, davvero orribile nell’aspetto, in cui non c’è mai stata nessuna attrazione particolare che si ricordi.
Occorre rammentare che a Cuba non è stata costruita una sola cosa in 50 anni utile a promuovere il turismo, ma nemmeno promossa dal governo rivoluzionario. Paradossalmente tutto ciò che il proprio istituto del turismo considera come attraente, è stato fatto prima del 1959.
Beh, Benedetti, il grande poeta, scendeva a piedi le scale dell’edificio di dodici piani dove viveva, sul mezzo del giorno, e andava a comprare con la “libreta”, non con dollari ma con soldi cubani, validi al massimo per piselli, riso, uova e qualche altra cosetta in più, al magazzino della zona 8.
Faceva imperterrito come tutti la sua coda, e poi tornava carico di quel poco che c’era, ma (vuoi mettere?) sotto quel sole di giustizia… 
Aveva addosso terribili pulci più affamate di lui, era un poeta solitario, di grande carattere, della gentilezza convenzionale e affettata non gli era rimasto nulla, e per questo alcuni lo criticavano, perché volevano che, una delle stelle della cultura d’America fosse più cordiale ancora di quanto fosse.

E non bastava che vivesse in Alamar e di lì andasse girando per il territorio imprecisato del Bachiplan, (un polverone biancastro e grigio che s’infilava da tutti gli orifizi fino al midollo) né che essendo uruguaiano, mangiasse ogni morte di Papa una bistecca, o che bevesse mate con quella erba rinsecchita al sole, impegnato a togliersi di dosso quelle fastidiosissime zanzare che non riusciva ad allontanare il ventilatore russo, scrivesse poesie meravigliose da quella baraccopoli operaia. Come Dostoevskij lo faceva dalla prigione in Siberia, anche se il poeta rioplatense per volontà propria, e addirittura senza lamentarsi, ma grato. 
Avrebbero preferito magari che “don Mario” discendesse fino alle catacombe dell’inermità, dove abita l’eco di tutte le codardie umane, la morchia del tedio, della procacità, della grossolanità, il trotto della mandria e il belare del gregge, dell’orrore più sordo che rappresentava quel convenzionalismo di quartiere, con le sue conversazioni banali, quel nulla di quotidiano, quell’omicidio alla poesia.

Era un eterno cospiratore della penna, un uomo coraggioso, elettrico, amante del minimalismo, della lealtà, e anche quando il suo posto in esilio sarebbe stato un prestigioso quartiere di Parigi o di Londra, non si è mai lamentato di quel “sole di giustizia” né di aspettare la sua bistecca trimestrale nella coda infinita del magazzino “agropecuario” né di resistere all’affronto di sentir chiamare “Rivoluzione” quella cosa amorfa e atonale intorno a lui. 
Nemmeno la tortura di ascoltare le preferenze musicali del vicinato lo distoglieva, che con orgoglio si esibiva tremante per la vibrazione degli altoparlanti delle loro radio russe messe al massimo volume, dietro le sottili pareti di quel dipartimento dell’edificio di dodici piani, dove quando se ne andava la luce, Benedetti accendeva una candela, sognava di accompagnarsi ai suoi connazionali detenuti, a quelli che non c’erano più, ai suoi amori, alle foglie cadute di uno degli autunni della sua terra, si chinava sulla carta e scriveva quei meravigliosi versi senza un filo di odio, con quella naturalezza e profondità degli uruguaiani di allora, con il sigillo impegnato di quelle generazioni, versi pieni di ammirazione per la grandezza dello spirito e anche di compassione per l’imbecillità umana, anche per le vittime e carnefici di essa, e di tutto quel nulla abissale quotidiano. 
Martìn Guevara Duarte (Traduzione Alessandro Silvestri)

Don Mario, el petiso gigante.

Don Mario, el petiso gigante.

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