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19 abril 2018 4 19 /04 /abril /2018 22:49

El Nene, Orestes y Peter eran mis socios en el preuniversitario de Alamar.

El Nene era el amigo natural, ese que aún hoy cuando lo recuerdo lo hago con una sonrisa en el rostro, nos reíamos a pata suelta, Peter vivía en mi edificio, le gustaba escuchar rock como a mi y vestir imitando alguno de aquellos rockeros de "afuera". Ambos teníamos la misma mancha en el expediente escolar acumulativo: "diversionismo ideológico" por escuchar música en lengua enemiga y vestir pantalones de mezclilla azul, el estigma de los pioneros del imperialismo. La amistad con Orestes fue más extraña, pero igual de verdadera.

Era en la secundaria antes del pre, estábamos en la misma aula, un día que Orestes y su amigo de entonces, Amador, estaban sentados detrás de mi, recibí en reiteradas ocasiones impactos de pelotillas de papel en la oreja, reaccioné girándome cada vez con creciente enfado pidiéndoles que dejasen de joder, hasta que me levante y hablé en voz alta escupiendo no recuerdo que improperios. Tras sonar el timbre de cambio de turno, Orestes me dijo que el profesor los había regañado por mi culpa, le dije que ya estaba harto de los papelitos, y me dijo, junto a Amador, que él no tomaría represalias pero que lo haría su hermano esa tarde en la piscina, que era menor que él y de mi tamaño. 
Por la tarde fui a la piscina habiéndome desentendido del episodio y mientras estaba nadando sorteando cuerpos que se lanzaban o se cruzaban, vi que Orestes llegaba a la piscina junto a Amador sin aparente intención de nadar a juzgar por la indumentaria de pies a torso, Orestes habló con un muchacho que sí estaba bañándose y me señaló, entonces me di cuenta que era cierto lo del hermano, seguí nadando y sentí un bombazo justo a mi lado, tan cerca que parecía imposible que no me hubiese impactado. paré de nadar y era el hermano de Orestes que me decía que saliésemos del agua.
Empezaron a amontonarse los muchachos animando a que sonase un galletazo, exhortándonos a que nos diésemos un buen tranqueo para divertirse bajo el proletario, guaposo, “testosteronero” y cruel sol padrino de ese tipo de adolescencia.

El hermano de Orestes si bien era menor que nosotros en cuanto a edad, estaba muy trabado, hacía lucha libre, era puro músculo, yo me quedé de pie mirándolo y esperando a ver si empezaba una bronca sin las más mínimas ganas de seguirle el ritmo, pero entregado al destino, y entonces, Rubén, como se llamaba el gallo de pelea, empezó a decirme que por que le había guapeado al hermano, que si era guapo le guapease a él, y yo seguí impávido, no tanto por una suerte de gelidez samurái sino por un escasísimo deseo de empezar una bronca en esa piscina con aquel ovillo de músculos rodeado de amigos y hermanos. Orestes lo llamó, se fueron y seguí nadando completamente perturbado por la violencia de la situación. Había conseguido salvar los muebles de la dignidad pero por dentro estaba más apendejado que si hubiese salido corriendo con un tigre detrás.
Después de aquel día Orestes y su amigo Amador no me molestaron más, y de a poco se fue acercando a mi, hasta que en el preuniversitario comenzamos a trabar amistad, pero nunca se borró del todo el recelo que aquel episodio sembró. Igual le ocurrió con Jesusito, el hermano del Nene, con quien se había fajado en el baño en uno de los recesos de aquella secundaria, Jesús ganó, y después de aquello hicieron paces pero nunca se tragaron del todo.
Yo no le guardé rencor el absoluto, no así al hermano, con el tiempo comencé a ir a su casa y él a la mía, su familia me recibía como a un familiar, eran muchos en la casa, su hermana Pochi y Yamila eran como primas para mi, querían que yo fuese el padrino del primer sobrino de Orestes, Yidier, comenzaba entonces la generación Y. 
Cuando empecé a salir con mayor frecuencia con Hanoi y comenzamos a atravesar esos períodos en que no se sabe como definir la relación, justo antes de llamarnos novios y poco después de denominarnos materiales, amantes, amigos con derecho a roce, en ese ínterin ya Hanoi decidió que su amigo de mis amigos sería Orestes, no el Nene, a quien percibía demasiado amigo, demasiado cercano, demasiado competidor en el más que probable futuro camino de la intensificación del afecto, incipiente pero vigoroso.
Cuando ya había dejado el preuniversitario en el último año, Hanoi y yo nos aficionamos a hacer el amor a la mañana y la tarde para lo cual ella debía saltarse clases, fue in crescendo y un día que no olvido, por aquella imbecilidad de la vanidad masculina, ella llegó a casa en la mañana, echamos el primer amistoso, y cuando caía el sol que la acompañé a la guagua que la llevaría a Habana del Este, ya habíamos echado ocho palos.
¡Ocho palos! 
Los últimos eran tremendamente placenteros, me hacían temblar desde los pelos lacios de la cabeza a los enroscados de otras zonas, pero claro, lo que me salía entonces, era ya casi un holograma de semen. Tal vez si uno de aquellos últimos espermatozoides del octavo palo hubiese fecundado a un generosísimo óvulo ¿quién sabe si el crío resultante no habría sido un hacha de la sangre fría, el campeón de la probabilidad, un Atlante de la optimización?
El asunto con Hanoi terminó muy mal con su familia, su padre había sido embajador en Vietnam, por eso, en un rapto de genialidad impresionista se le ocurrió  el nombre de mi novia, aunque antes había sido embajador en Bolivia y había hecho ya uso de edu talento abstracto al ponerle a la primera hija, no La Paz, sino directamente Bolivia, y aunque su hermano del medio se llamaba Mauro, en absoluto había nacido en Mauritania.
Me culpaban a mi de que su hija hubiese dejado de estudiar y se hubiese aficionado al descanso prolongado y no merecido, a la bebida y al rabo.
¿Qué culpa tenía yo? ¿No era el simple vehículo liberador de la expresión que con el paso de los años y ya distante de mi, Hanoi llevó a niveles proverbiales? Bueno quizás un poquito de ánimo le daba, pero aquello era mutuo en todo sentido, hoy las feministas darían la vida por defender mi inocencia: la mujer no es un producto ni una costilla del hombre. 
La última vez que nos vimos como novios, yo la acompañé a los bajos de su edificio en la Habana del Este, ya había sido advertido por varios medios de que no me aproximase más a ella, y cuando nos vieron desde el balcón de su casa despidiéndonos, el padre y el hermano bajaron hechos unos basiliscos prometiendo que me dispararían, yo la despedí y puse pie en polvorosa, y aunque a los pocos días Hanoi pasó por casa a despedirse asegurándome que el padre andaba armado y decidido a agujerearme, como todos nos fuimos al mazo y la partida no se terminó de jugar, nunca llegué a saber si aquello era todo humo o había habido algo de incandescencia.
Caliente sí que estaba, así que por las dudas era mejor dejar enfriar las cosas.
Un año o dos más tarde, yo vivía en Miramar, en la misma playita de 16 y casualmente Hanoi, que hablaba bien alemán desde pequeña porque había crecido en la RDA donde su padre fue también embajador, se matriculó en la escuela de idiomas para los estudios superiores, eligió Inglés, estudiaba a una manzana de mi casa y de ese modo volvimos a vernos con frecuencia y volvimos a beber, a vaguear y a echar menos, pero más refinados palos. 
Una tarde de las que Oestes me visitó a Miramar, Hanoi se unió a nosotros, fuimos a comprar una botella de ron a la tienda de técnicos extranjeros del Sierra Maestra, y cuando la vaciamos subimos a mi departamento. Aquellas casas eran de tropas especiales y se repartían a familias o personas que se consideraban adecuadas para vivir en ellas. 
Antes que nosotros había vivido en aquel enorme departamento un militante de algún movimiento revolucionario de Latinoamérica, había dejado varias cosas, entre las que me interesaron había unos blue jeans Levi's, unas camisetas Adidas de los cuales le di un juego al Nene y me quedé con otro yo, y una pistola de aire comprimido que llamó mi atención, ya que la escopeta de perles que yo había tenido se la agitaron unos guapos en Guanabacoa a mi amigo Juan José, un día que me la había pedido prestada para ir con un amigo suyo a tirar cerca de la bahía. Me contó que los guapos sólo le dijeron "dame la escopeta o te despingamos todo" y se la dio en vez de tirarle aunque fuese un perle, pero aquello era Guanabacoa, la primera Villa, puedo figurarme la pinta de los personajes que le agitaron mi escopeta de balines, la sola mirada de los guapos de la Jata afloja el esfínter del más aguerrido.
La pistola semejaba una Luger alemán, las del cañón delgado. Me asomé al balcón y le disparé a un árbol, se la di a Orestes que le tiró a otro árbol y Hanoi hizo lo propio, hasta que a alguno de los tres se le ocurrió tirarle a un transeúnte que pasase a cierta distancia para que el balín sólo alcanzase a molestarlo.
Un hombre entraba a un pasillo de un edificio en la calle de enfrente con seis litros de leche en botellas de vidrio sostenidos por una cesta metálica para botellas, uno de nosotros le apuntó a la nalga, apretó el gatillo y ahí fue el perle. En el acto, el blanco improvisado soltó un alarido seco y también los litros seis de leche, que se hicieron añicos contra el suelo, el hombre se giró rápidamente hacia todos lados, los tres bajamos la cabeza, y al poco rato había dos coches de policía mirando en todas direcciones.
Les dije a Hanoi y a Orestes que los acompañaría abajo hasta la parada para que no tuviesen problemas, Orestes era negro y sabíamos que en esos casos, antes de cualquier investigación, tanto en Cuba como en el resto del mundo,  si había un negro cerca, cargaba con la culpa de manera ineludible.

El hombre se había rascado dos veces la nalga, imaginé que lo que más lo animó a llamar a la policía y no cesar de insistir en saber quien le había tirado una piedra, como se escuchaba desde lejos, no sería tanto aquel incómodo ardor postrero, como la atomización súbita de nada menos que ¡Seis litros de leche en la Cuba de la libreta! 
Y sinceramente era en lo único que yo pensaba "coño , le jodimos la leche de la semana".
Una vez que regresé a casa me estaba esperando el Nene, que no bebía ni le gustaba meterse en problemas. Le conté que Orestes y Hanoi acababan de irse y el resto de la historia pero tampoco a él le dije quien tiró y no hizo ningún esfuerzo en averiguarlo, o sí, pero recordar que no, tomamos café y le dije que si quería se podía quedar a dormir, porque yo no tenia más ganas de salir a la calle, ni de asomarme al balcón, ni de recordar que Hanoi estudiaba en la facultad de idiomas de la esquina, ni que años atrás Orestes me había enchuchado al hermano, sólo quería pedirle disculpas al vecino de la calle de enfrente por su picazón en la nalga, por la leche derramada y por toda aquella imbecilidad supina que me embargaba y de la que veces era rescatado por la alfombra planeadora de la amistad.

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Published by martinguevara - en Relax
2 abril 2018 1 02 /04 /abril /2018 20:09

Una querida amiga estaba de visita en casa y en un momento que intentábamos entrar en una determinada página web, el sistema me re direccionó a otra página en la que aparecían exuberancias y voluptuosidades poco destacables por su discreción, al instante apresuré el mouse buscando abandonar tal situación embarazosa que podía revelar alguno de mis suplementos en más de una medianoche impía, acompañando la prisa con excusas típicas de mal perdedor, ya que no hacia falta explicar nada, el pescado ya estaba vendido; pero aún así es comprensible que el chorro de sangre ascendente por las mejillas, exhorte aunque sea a un tímido intento de nobleza exculpatoria.

Luego ingresamos a la página que queríamos entrar en un inicio, mientras nos reímos de como a veces aquellos auxilios binarios al llamado del "mantecado celestial", cobran vida propia y deciden presentarse según sus propios criterios y decisiones.

Más tarde mientras íbamos a un pueblo típico del campo, mi querida amiga de muy buen ver, empezó a comentarme, advirtiéndome que lo hacía sin acritud, que un amigo gay le contó que cuando quería ver una película porno para encender su cacerola, no veía películas gays, sino heterosexuales, y concluía que todos los que ven películas porno, en lugar de calentarse con la cajita que guarda los fósforos se deleitan, consciente o inconscientemente, con la imagen de los fósforos; o sea que todo aquel que le concede unos minutos al séptimo arte del desenfado, alberga un gay agazapado, perdido en el subconsciente por el batallador embutido de tendones y venas, que todo aquél que se deja llevar por esas imágenes jadeantes, cadenciosas, lujuriosas de hembras insaciables que socorren las fantasías provenientes del nido del marote, en realidad no miran la cajita, sino que miran el fósforo.

No le veía demasiado sentido a tal sentencia aunque tampoco la encontré descabellada del todo, pero en lugar de oponer mi criterio me sentí invitado a contarle como desde hacía relativamente poco, en mi edad, había descubierto una forma de satisfacción gracias a las computadoras y la red que mezclaba la comunicación con partenaires de verdad con fantasías espontáneas guardadas en los tupperware de las babas contenidas, y me di cuenta que por primera vez hablaba de esta práctica, los "pali-pajas", o "paji-palos" como los bauticé al notar que la mitad de ellos aproximadamente, eran auténticos actos sexuales llevados a cabo por dos personas, toda vez que cuando llamamos acto sexual, incluyamos también ese altísimo porcentaje de ojos cerrados, imágenes complementarias recorriendo el iris resguardado por los párpados, ora de la vecina, la suegra o la compañera de trabajo, y la otra mitad compuesta de pura fantasía y autosatisfacción.

La primera vez, como casi todo, empezó por casualidad en uno de esos chats: "te mando un beso, pero mis besos son traviesos y por más que los mande a la mejilla a veces se escapan por el cuello, el escote, o las caderas, en fin, tú discúlpalo" y luego rematando el mensajito con un precavido: "jaja", para recibir a continuación la respuesta: "jajaja"- La cama lista y el champán servido. De ahí pasó a: "como me gustaría hacerte esto por aquí" o "lo otro por allá" y del trote al galope y de ahí al desboque, dando rienda suelta a los "que rico, que sabroso, mima, papi, toma, dame" y la mar en bote.

 

Sin reglas, solo una sugerencia planteada por el sentido común, es mejor que los jugadores no se conozcan para permitirse imaginar el olor perfecto, el aliento, la voz, la piel y poder siempre cuadrar los atributos en cuanto a forma, textura y volumen.

El ejercicio virtual no es supletorio ni excluyente, sino complementario.

Le conté que durante la época más álgida de las refriegas virtuales fue también cuando más empujado me sentí a vivir relaciones presenciales esporádicas. Ambas con gran respeto, pero sin inhibiciones ni tupperwares que retornen cerrados a la nevera, disfrutando de ese casi único capital que la edad nos declina: saber lo que nos interesa y lo que no.

Llegamos al pueblo con la boca seca y los patitos alborotados, lo atravesamos por la calle principal y salimos tan rápido como pudimos, busqué un camino de campo mientras sentía la mano de mi amiga acariciando la exigida cremallera del jean, cada vez que podía le tocaba las piernas y mi obsesión, mi deleite, mi perdición, los senos. Aparqué debajo de un árbol, ni bien tiré del freno de manos nos enredamos en un abrazo interminable, de besos, de lenguas desaforadas, enérgicas, exploradoras labios tersos y mullidos a la vez, los cuerpos cargados de sensibilidad desde la oreja hasta al pantorrilla, desabrochamos todo lo que tenía broches o botones, sus pezones erizados en mis manos primero y de ahí a la boca y otra vez en las manos, mi miembro ya encerado por una media eyaculación dentro del pantalón en sus manos y el interior de su braguita de seda manando jugos en mis manos, mis dedos subiendo y bajando mientras los besos y la tonelada de saliva producida anunciaba la gozosa explosión y la catarata de fluidos que no demasiado tiempo después tuvo lugar en el asiento trasero, de costado, precisamente cambiando de la posición de ella encima subiendo y bajando acariciando mis muslos y testículos, poniendo sus senos en mis labios, una nalga en mi mano y entregando la entrada de su oquedad posterior a las caricias de uno de mis dedos, el más sensible, como convenciéndose de la conveniencia de abrir todas sus puertas, semi vestidos ambos, sedientos de esa apresurada y retozona corrida con todos los patitos de la cabeza saliendo disparados campo afuera. Luego nos vestimos, visitamos el pueblo y terminamos la fiesta en casa pero nunca más hablamos sobre el tema.

 

¿A qué universo virtual debíamos agradecer aquel desenfadado escarceo liberador, a la aparición abrupta de la paginita picante, a la interpretación transgresora de la afición por disfrutarlas o a mi revelación del lascivo jueguito binario? Fuese cual fuese su génesis virtual, terminó tan concreta, tangible y directa, como la mejor de las refriegas soñadas.

 

De modo que si las preferencias de repente se ven invadidas en las fantasías por sujetos y objetos extraños, bienvenidos sean, lo que no mata ni engorda, alimenta al cuchi cuchi mandarina.

 

 

Cuchi cuchi mandarina

Cuchi cuchi mandarina

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Published by martinguevara - en Relax
7 marzo 2018 3 07 /03 /marzo /2018 13:56

 

Con motivo del próximo día de la mujer trabajadora, particularmente reivindicativo en el mundo entero.

 Uno de los rasgos característicos de la primerísima sociedad post revolucionaria cubana fue la emancipación de diversos sectores sociales, parecía estarse concretando el sueño de la intelectualidad europea y latinoamericana de principios del siglo XX, obreros al poder, la creatividad sin límites, el campesinado adueñándose de la tierra, y la plena realización de la mujer en todos los terrenos sociales, mujeres milicianas, mujeres trabajadoras, la publicación de la  revista “Mujeres” de alto contenido feminista, la fundación de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), el divorcio, el aborto y todo ello previo a los hippies, a la vez que los círculos intelectuales parisinos y los Beatnik de Nueva York, en el inicio de la década de los sesenta cuando el mundo casi entero era un chador para las aspiraciones de libertad de las mujeres.

Pero al igual que el resto del sueño de igualdad para todas las personas sin distinción de sexo, identidad, raza, clase social o nacionalidad, sin la más mínima discriminación, las aspiraciones   feministas, cual caprichosas veleidades también se fueron “a bolina”, al tiempo que los dirigentes fueron mostrando sus intenciones de atornillarse vitaliciamente al poder y desataron un feroz período de oscurantismo y de caza de brujas, para conseguir el efecto eterno del popper de su particular erótica del poder. Cuando la revolución se convirtió en “la Involución”, con una marcada pulsión machista.

Copyright que no le pertenece al experimento cubano, generalmente las sociedades están construidas desde la masculinidad incluso aun más que desde el machismo. Desde el simple croquis de una casa, un barrio, una calle, un revólver o una máquina de coser, concebidos desde una percepción fálica en lo estético y su esencia..

El comandante de aquella primerísima experiencia revolucionaria Ernesto “Che” Guevara, si bien bajo un prisma actual más o menos sofisticado se consideraría machista, ya que en sus convocatoritas o arengas en el fragor del combate, usaba a menudo la exhortación a la virilidad, a la hombría, pero más allá de las consideraciones sobre su accionar guerrillero e incluso ideológico, lo cierto es que en el universo de los hechos, se conducía de manera muy distinta a la percepción general hacia las mujeres en el prisma de los varones de su tiempo.

Desde muy joven en su casa tuvo la oportunidad de ver como su madre fue una mujer militante, feminista de hecho, rebelde, culta, montaba a caballo y nadaba mejor que la mayoría de los hombres, fumaba, usaba el pelo corto a lo garzón, era precisa en tiro al blanco con armas largas y cortas, y lo más importante que vio el comandante Ernesto desde chiquito, fue que su madre era con diferencia, tan o más temeraria que su padre, aun cuando este era todo un aventurero. También tenía dos hermanas portadoras de un carácter, determinación e independencia fuera de lo común, ambas se hicieron arquitectas como el padre, aunque como en todas las casas de la época, en la práctica, tanto en esa casa como en las de alrededor, las decisiones finales seguían siendo cosas de hombres y las vajillas y trapos aunque de mujeres aunque fuesen del servicio doméstico.

 

En este terreno como en varios otros él era de la convicción que cualquier grado de praxis convenía con creces que el mejor de los proselitismos. Así lo atestigua la realidad, las mujeres que tuvo Ernesto como parejas fueron mujeres de carácter fuerte, inteligentes, tendientes a la independencia no negociada, compañeras en un sentido integral, de diferentes estilos a lo largo de su vida y acorde a sus cambios pero con un rasgo común: no eran ayudantes y mucho menos sirvientes, sino que le aportaron formación. Ya fuese desde su inseparable amiga Tita Infante con quien compartía los aprendizajes de filosofía y literatura, la exiliada española Carmen González Aguilar, Carmen “ Chichina” Ferreyra quien era cualquier cosa menos una mujer sumisa, su primera esposa, compañera de lucha y su maestra en militancia, madre de primera hija, Hilda Gadea,  su primera compañera en la Sierra Maestra la campesina Zoila Rodríguez, de un gran valor y que le aportó conocimientos de la medicina popular, su segunda esposa y madre de cuatro hijos Aleida March, mujer de valor procedente de la lucha clandestina contra el régimen de Batista, así como la valerosa Tamara Bunke, conocida como Tania la Guerrillera, quien cayera en combate en Bolivia, por quien Ernesto sintiera una gran admiración y no poca atracción.

Ninguna de ellas destacadas como cocineras ni como cosedoras de calcetines.

 

Pero Ernesto Guevara partió a morir en Bolivia, en parte obedeciendo sus impulsos justicieros, en parte expelido por la avaricia de los intereses personales de sus ex compañeros, y en buena parte en la huida de las chimeneas hogareñas, donde se puede conciliar el sueño más placentero pero difícilmente provocar la fascinación de Dulcinea y la caricia de la mano materna al cráneo del hijo pródigo en su eterno vagar.

 

El vicio del poder de la cúpula cubana después de más de cincuenta años, sepultó lapidariamente toda intención inicial de aquellos sueños de reformas de los reflejos retrógrados de la sociedad que le precedía.

El sitio más propicio para la metamorfosis de la sociedad, el contorno más adecuado para toda revolución evolutiva, se reduce y a la vez eleva a uno mismo y su entorno. Si no podemos educar ni modificar nuestros más primitivos impulsos en el reducto de ese ineludible ámbito

¿Qué experiencia y autoridad moral se supone nos asistiría en su aplicación a gran escala?

 

 

Ernesto Guevara con Hilda Gadea, con su madre Celia de la Serna y con Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre
Ernesto Guevara con Hilda Gadea, con su madre Celia de la Serna y con Simone de Beauvoir y Jean Paul SartreErnesto Guevara con Hilda Gadea, con su madre Celia de la Serna y con Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre

Ernesto Guevara con Hilda Gadea, con su madre Celia de la Serna y con Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre

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Published by martinguevara - en Relax Argentina frizzante Cuba flash.
22 febrero 2018 4 22 /02 /febrero /2018 16:06

Estoy empezando a pensar, si el refinado intelectual que por fortuna le tocó a los Estados Unidos como presidente, el brillante Mr. Tronal Gump, no tendrá dentro de todo su buena parte de razón. 

Incluso en Europa deberíamos empezar a evaluar estas propuestas y desistir un poco del prestigio que el magisterio ostenta en Finlandia, Suecia, Noruega, ya que al aplicarlas, de nuestras las aulas los niños saldrán hechos unos perfectos “Dog of the War” sin necesidad alguna de gasto extra en servicio militar.

Hay que producir mucho más armamento, la gente en las calles en EEUU tiene muy pocas armas, no se permite ir con bazucas ni con morteros y si compras un tanque de guerra no te dejan usarlo en la ciudad, eso aparte de ser injusto es una muestra de tiranía contra la 2ª Enmienda de la Constitución Norteamericana.

A esos infames demócratas que son todos comunistas, gais, travestis, lesbianas, pervertidos, hippies, drogadictos, vagos, intelectuales, artistas, científicos, a toda esa plebe traidora, a todos esos Walt Whitman, Mark Twain, Norman Mailer, Paul Auster, Steinberg, Buckowsky, Marlon Brando, Redford, Roosevelt, Lincoln, Orson Welles, Patricia Highsmith, Susan Sontag, Arthur Miller, Louis Armstrong, Lisa Minelli, BB King, Sly Stone, Elvis, Luther King, Spielberg, Scorsese, Meryl Streep, Robert de Niro, Gene Hackman, Rauschenberg, Warhol, Dylan, Lou Reed, Ella Fitzgrald o Billy Holliday sólo por mencionar algunos traidores de EEUU, en fin toda esa basura antiamericana hay que enseñarle los valores de la Nación:

Lo de los maestros con ametralladoras está bien, pero no es suficiente ni para empezar.

Primero que todo hay que quitar a los maestros flojos y amanerados y poner en las aulas veteranos de guerra con serios traumas por haber disparado a una elevada cantidad de personas, también conseguir la mayor cantidad posible de personal del KKK, de la superioridad Aria, de los Hells Angels, y de esta manera conseguir esa tan ansiada seguridad en las aulas para los niños, y en adición, con la misma inversión, impedir que se perviertan con las demoníacas ideas del judeo comunismo de mezclas impuras de razas y otras herejías.

Sin descuidar el protagonismo de los críos, a quienes, siendo menores de doce años hay que darles un cinturón de granadas a cada uno, un par de revólveres de calibre 38 porque son pequeños aún, cuando ya pasen de los doce, que pueden aguantar el retroceso de una bazuca se les debe dar junto a tanquetas y morteros, y con dieciséis ya se les puede hacer responsables del uso de tanques de guerra así como a los profesores.

A los directores de las escuelas además del arsenal de armas lógico que debe tener un director, también se les debe apertrechar de minas para que rodeen los colegios y no entre nadie sin su detector anti minas y alambradas electrificadas con sus respectivas torres de guardias armados para disparar ante la más mínima duda.

A los padres que no tengan miedo a las alturas se les deben adiestrar en el uso de aviones B 52 y Sea Harrier lanzamisiles y a los que padezcan vértigo, pues cañones terrestres con ojivas nucleares. 

De esa forma sí que podemos garantizar que se estaría llegando a la paz absoluta, a la tranquilidad y al silencio total y la calma perfecta en las aulas y en general en todo el país.

No quedará ni el loro

 

 

Estampa de un día en el futuro inmediato en un colegio de Florida, Montana o Arizona

Estampa de un día en el futuro inmediato en un colegio de Florida, Montana o Arizona

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Published by martinguevara - en Relax
11 febrero 2018 7 11 /02 /febrero /2018 06:01

Reconozco esa sensación lejana. Se fue el roedor que incordiaba entre loas a las hienas, en su lugar entró una brisa dentada, afilada y fría como el acero, las pupilas me las llevé ajustadas a la nuca, esmerándose en conseguir una mirada que no obstante fenecía posada en el hombro, “una mirada y una danza" agua fría como en el primer día, una súbita ascensión y la corona oxidada.

Y luego rutas y carnes, pan, gritos, ademanes de Ave Fénix, cuchillos con trozos de grasa, de cuero, de limón y de ajo.

Ya lo había soñado recientemente y casi seguro que me hubiese pasado o estaría aprendido en lo más pertinente de mi ser para que tuviese lugar el futuro.

El entusiasmo del dedo en el gatillo, la mirada amenazante cinco balas y la pólvora mojada. ni salsa ni adobo, un fogonazo ente piernas semicubiertas por los vestidos autóctonos y algunos diafragmas y preservativos chinos de piel gruesa y tacto de rueda de tractor.

Piernas en Kimono, servicio de té verde que sale caliente, y sale con sake, con sashimi con umami, unir las palmas de la mano a la altura de la barbilla, esbozar una ligera inclinación y a comer. A discutir, a tirotear, a rasgar y cavar cuencas estrechas por debajo del festín, donde discurra el veneno, el tóxico, los jirones de rodillas pegados al suelo de alquitrán, carne picada a cuchillo y ojos tristes sobre la plancha con salsa vietnamita.

Laoseanos arrastrando su arado con su sombrero de carey, fumando el aliciente de sus batallas. Y otro y otra y muchas decepciones mas--


Es un agujero en el centro del órgano que gestiona la lealtad, el respeto, el temor a ser abandonado, la pleamar, la luz y la sombra de la noche.


Fui sin bolsa y regresé con diez premios.


¿Cuándo estuvo Dios con este sueño? ¿Cuándo se dejó Odin vencer?


Polizontes de las altas cuevas y lobos solitarios hoy se asoman al abismo y desentonan desde de las entrañas el aullido que llora a los muertos y canta a la nueva vida.

 

Paleolítico interior
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Published by martinguevara - en Relax
20 diciembre 2017 3 20 /12 /diciembre /2017 19:49

Bajé con la bolsita de la compra doblada dentro de mi abrigo, con el fin  de proveer mi alacena y nevera, con una barra de pan, algo de mantequilla, ensalada, un par de manzanas, jugo de naranja y un pomelo. Nada más.

Escogí cada alimento entre la muchedumbre apelotonada en los pasillos con sus carritos hinchados de productos más que para festejar el nacimiento de Odín, Jesús o Barrabás parecía que para despedir la vida ante la inminencia del Fin de los Tiempos. Conseguí hacerme con la última Coca Cola cero de azúcar y cero de cafeína, metiendo primero la mano entre una masa informe, luego al ver que no llegaba y quedaban dos botellas metí el brazo hasta el hombro quedando apoyado totalmente sobre las asentaderas de una dama oronda y ni aún arriesgando mi buen nombre ante la señora y su plebe conseguía llegar a mi objetivo, así que tuve que sumergirme entre los cuerpos inflados de pre turrones, pre cenas, pre almuerzos, tapeos, meriendas, piscolabis, desayunos opíparos, apoyé la bolsa en una góndola vacía, arrasada, desierta de catástrofe y hambrienta, y me sumergí entre adiposidades bufandas abrigos carritos, corderos, besugos, gambas a tres veces su precio habitual y tras dejar atrás la calva de un señor bajito, las enormes tetas de una anciana guerrera, barrigas y más barrigas, llegué intacto aunque sobado a la estantería de mi elixir imperialista y ¡Voilá! cogí la última botella por el cuello, pero no podía despegarla y me percaté que un flaco, el único flaco en el universo entonces, tiraba de la misma botella por la parte posterior, acaso gracias a ello no hubo que discutir porque la presión de los dedos que me permitió el delgado diámetro que yo sostenía era susceptiblemente mayor que la presión que a duras penas conseguía imprimir el único flaco de diciembre alrededor del culo de la botella.

Me abracé al recipiente y regresé a mi bolsa flotando entre carne recubierta de ropa y grasa.

Cuando llegué a la cola para pagar, vi que era tan larga y yo estaba tan agotado, que aún cuando conseguir cada artículo me había supuesto un derroche de creatividad y ejercicios innovadores, decidí desistir del intento de competir con semejantes manadas para lograr abonar mis delicias.

Eso sí, cuando vi una tromba en forma de tsunami humano entrando por la puerta automática, saqué todos los productos y los puse en una góndola semi vacía, nada de ubicarlos en sus sitios.

Huí despavorido y le compré la Coca Cola con cafeína a la tienda "carera" de las papas fritas para desprevenidos en la vía principalis, y por lo menos llegué a tiempo para terminar de ver mi serie favorita.

Tras este episodio se me ocurrió que para las próximas fiestas de "Los Grandes Almacenes" podríamos ganar todos si los empleadores en general, transfiriesen las pagas dobles de los trabajadores de diciembre, directamente a los grandes almacenes, por ejemplo: un 50% a E.C.I. un 20% para Inditex, un 20% para Carrefour, y el 10% restante para el resto de cadenas, y que a los trabajadores los empresarios los colmasen de baratijas, corderos y pescados carísimos y entonces todos saldríamos ganando.

 El trabajador no debería gastar horas reptando de tienda en tienda, el empresario soltaría menos por más, los grandes almacenes ahorrarían en sueldos a dependientes y finalmente, aquellos que sólo queremos una barra de pan, mantequilla, ensalada, un par de manzanas, jugo de naranja, un pomelo y que tal vez, a última hora le sumemos un refresco light sin cafeína, saltaríamos de alegría aunque echásemos de menos ese candoroso magreo ocasional entre góndolas.

 

Bueno ¡Felices Fiestas de los Grandes Almacenes!

¡Felices fiestas de los Grandes Almacenes!
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13 diciembre 2017 3 13 /12 /diciembre /2017 20:00

Tenía seis años, había elegido un barco anclado en el Dock Sud de Buenos Aires, para participar del concurso de pintura de La Boca a la que me llevó mi tía Celia. El barco se movía pero logré pintarlo como si lo hubiese captado con una cámara, con un parpadeo prolongado.
El día de los premios me llevé el tercero, al ver el primero y el segundo me sentí tan frustrado que mi tía me preguntó que me ocurría, le dije que mi pintura era mucho más arriesgada y lograda que aquellas dos, entonces me dijo:
-Martín, no sientas lástima de vos mismo- y fue una de las frases que junto a un manojo de citas literarias me han acompañado como muletas a lo largo de la vida.
Celia es la hermana mayor de mi padre, ya que el mayor de todos, Ernesto, el ínclito personaje de la política, la mística y la leyenda, concluyó su circulo vital mucho antes que los hermanos. 
Celia aún vive, viaja de un lado a otro, pinta, imparte clases, tiene energía para protestar por toda injusticia que se comete alrededor es inagotable, pero sobre todo es la persona más coherente que he conocido dentro y fuera de la familia, en la realidad y la ficción.  
Eran cinco hermanos, fueron criados por mis abuelos Ernesto y Celia, él un bon vivant, personaje pintoresco de Buenos Aires nacido con el siglo XX, emprendedor empedernido que no concluía ningún proyecto, le seducía más la fase creativa del sueño que su concreción, solidario con los exiliados republicanos españoles, y no obstante pertenecer a una familia tradicional de costumbres conservadoras, mostraba un cariño inusual en la época con sus hijos, a través de juegos, risas, charlas y debates, como más tarde lo hiciera con sus nietos, hombre pícaro, de recursos en la charla, seductor, hedonista a la manera que un caballero podía permitirse. Y mi abuela Celia, una mujer de una educación estricta, pero rica en virtudes, en colegios de monjas, a las que siempre recordó con afecto a pesar de su temprano ateísmo y feminismo militante, nadaba con notable estilo largas distancias, tenía una proverbial puntería en tiro con armas de fuego, y aunque no se salvaba de alguna frivolidad como ganar campeonatos de bridge, fue de las primeras damas argentinas en cabalgar con las piernas a ambos lados de la montura, en fumar, usar pantalones y cortarse el pelo a lo garçon, quien puso a mi tío Ernesto mucho antes de ser el “Che” a aprender francés a los dos años y a Celia a aprender inglés con una institutriz, y no les permitía abandonar las lecciones, lectora empedernida y fuente de la cual Ernestito extrajo la conclusión de que todo en la vida es lograble mediante la fuerza de voluntad.
Tía Celia tenía un año y medio menos que su hermano Ernesto, pasaron la niñez y juventud estrechamente unidos en juegos, deportes, Ernesto estudió medicina que era una carrera familiar, y Celia arquitectura como quería su padre que era ingeniero civil. Ambos recitaban a Machado y quizás por ello tomaron caminos distintos.
No habla en público y casi ni en privado de su hermano por temor a que sean utilizadas sus palabras, todavía ni siquiera ha podido mirar las fotos del cuerpo sin vida del Che en la infame escuelita boliviana. Para ella, él es el hermano mayor, el de las hazañas. Jamás obtuvo prebendas de su imagen sino que al contrario se ofreció para aportar conocimientos de arquitectura en una Cuba que se había quedado de repente vacía de profesionales.
No sé si por haber sido un niño que prefería los rincones para expresarme con mayor libertad hablando conmigo mismo y mis duendes y fantasmas, porque me llevó al concurso de pintura, al estreno de Yellow Submarine  o porque yo admiraba su estilo entre hippie, feminista, desinhibido y su imagen me permitía liberarme a la atracción que sentía, con el toque del barniz edípico que le daba ese condimento hereje e irreverente que siempre me ha cautivado, o simplemente por los enigmas del afecto, a lo largo de los años seguí viendo a Celia de un modo u otro, siempre me enriquecí con sus historias, sus puntos de vista completamente disparatados y a la vez exactos, hemos seguido visitándonos con el océano mediante y soy testigo de cómo, no sólo se puede vivir la vida entera amparado en un grado alto de coherencia, sino que precisamente hace la vida más fácil de ser entendida, aún cuando presente mayores obstáculos, más llena de sentido y sobre todo del poder supremo que otorga ser consecuente y acreedor de una buena cuota de dignidad consensuada.

Cuando me preguntan cómo sería el Che si estuviese vivo, abstracción en la cual caben dos posibilidades, una, que permaneciese con la edad del héroe de los afiches, y la otra, tan abstracta pero más imaginable, que cargase con sus correspondientes ochenta y nueve años, no tengo dudas, si a lo largo de la vida Ernesto hubiese logrado mantener su coherencia, su valor y su capacidad para romper convencionalismos, sería como tía Celia.

Ernestito y Celita en burro, en el patio de la casa y en Mar del Plata con toda la familiaErnestito y Celita en burro, en el patio de la casa y en Mar del Plata con toda la familia
Ernestito y Celita en burro, en el patio de la casa y en Mar del Plata con toda la familia

Ernestito y Celita en burro, en el patio de la casa y en Mar del Plata con toda la familia

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13 diciembre 2017 3 13 /12 /diciembre /2017 15:05

La Revolución había entrado en ese impasse en que hasta las parejas incurren pasado el fulgor inicial, el fragor de sofás y camas. Enfrentaba dilemas acerca de los caminos a tomar para dejar atrás la isla Utopía y concentrarse en el rigor de las asperezas que conforman la realidad. El adiós a la inocencia y la incógnita de los nuevos horizontes, ya no habría más besos apasionados bajo el farol ni lencería destrozada a dentelladas.

Había llegado el momento del frío con la helada URSS observando. El Che años atrás había intimado con Fidel en el centro de la ilusión mesiánica, dando cauce a la lava del volcán interior en una actividad más riesgosa que la escritura, que la observación, que el alpinismo, que la aviación y el rugby, la subversión del mundo a través de la voluntad.

Anduvieron caminos paralelos, con luz propia, aunque de distintas fuentes. Ernesto asumió el liderazgo de Fidel, pero no dejó de apuntar a cada paso del camino las ideas que le parecían más apropiadas para construir la liberté, égalité y fraternité americana y criticar aquellas que colisionaban con sus fabulaciones iniciales.

 Llegó el triunfo con la erótica del poder, el gozo del amor incondicional; eran precursores de la estética rock, barbudos, pelos largos y poco aseados, lumpen, rebeldes  y desobedientes, educados en buenos colegios, con ideales altruistas; les faltaba la música, el hedonismo y el amor declarado a Baco; les sobraba la pólvora, la invasión de la voluntad y exceso de testosterona, pero enamoraban. A continuación enfrentaron la meseta que sucede al clímax como peor pudieron.

Fidel, desaforado, enloqueció contra quienes le hacían sombra y le recordaban que el proyecto era inclusivo, democrático; Ernesto no se limitó a obedecer a su comandante desde el paredón, la economía o el trabajo voluntario. El romance ya era rutina, sobraban barrigas aburguesadas y faltaba el estruendo de la pólvora, el bálsamo a nuevos campos poblados de injusticias como excusa para el adiós y un nuevo amor.

Nacido para que su asma lo empujase hacia adelante con temeridad, solo Goethe, Verlaine, Luis Felipe y Sartre podrían entender su agobio.

La satisfacción, como en la Utopía de Tomás Moro, era improbable, como la creatividad en el arte antes de ser traicionada por el punto final, por la última pincelada, el descanso del cincel, cuando reniega de su capacidad transformadora y se convierte en pieza.

El Che, como la Pietá Rondanini de Miguel Ángel quedó en el limbo de lo imposible, encima de la cresta de la ola, frente al viento, en el punto más alto que el mar concede, no llegó a desaparecer entre espuma y remolinos como Fidel y el agua, tan sabiosy adaptables.

Pero desde el corazón de África, la hoguera dio paso a un páramo; acababa de perder a su madre en su lejana Argentina ¿cómo mantener encendido el motor? ella se había ido con dolores terribles sin derramar ni una lágrima, su única súplica fue repetitiva:

-¿Por qué no viene Ernestito? Nadie sabía donde estaba aunque sabían que ya no estaba en Cuba y no querían decirle para no preocuparla.

Pasó a otra dimensión de la existencia en la misma fecha del cumpleaños de sus otros dos hijos varones, que estaban presentes a los lados de la cama, y a ala vez tan ausentes para Celia como lo estaba Ernesto.

La URSS ya no era bolchevique, Fidel ya no era rebelde y su motor requería nuevo combustible para otro camino; el retorno a la nada, la última estocada del templario, el último  galope a lomos de Rocinante al encuentro del molino y de Dulcinea. La ternura del guerrero antes de enterrar la espada.

Su imagen perpetuada en afiches de la izquierda y más tarde en jóvenes deseosos de ejemplos de coherencia, en tatuajes, camisetas y billeteras, junto a Marley, Lennon o Hendrix, con el ansia intacta

Finalmente, el arribo a Utopía.

Celia y su hijo Ernestito

Celia y su hijo Ernestito

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16 noviembre 2017 4 16 /11 /noviembre /2017 21:44

Dos cosas maravillosas de Islandia son su frío con sus paisajes y su gente.

Semejante frío en diferentes tonos del blanco dan la sensación a quien no pertenece a esta temperatura, de que despedir la vida en medio de un paisaje así sería la menos terrible manera de dejarla, tendría algo de gentil, de mullido, de pacífico, de rictus en orgasmo y de semblante eternamente plácido. Para los naturales de este camino entre navajas de hielo esos filos cortantes son precisamente la constancia de la vida, y los significantes están entre la multitud de tonos del blanco que puede aglutinar el horizonte.

La gente como generalmente se muestran los escandinavos, prestos a ayudar pero no invasivos, sonrientes sin exceso, mirones pero no molestos, hieráticos pero colmados se fuego por dentro como el suelo de su tierra plagado de géiseres. Gente de paz que descienden más de granjeros que de guerreros vikingos, paganos, cristianos, luteranos, ateos, libres como el viento de la isla y así mismo condenados a una mirada limpia, directa, estricta, punzante y determinada.

Dos cosas no tan buenas a primera vista, el olor del agua potable y los precios.

Al abrir la ducha por primera vez pensé que me habían dado una habitación con la tubería averiada y conectada con una avería de otra tubería menos higiénica. Olía a mil demonios de los cuales novecientos noventa nueve no se habían duchado en el milenio que hace que Erik el Rojo puso pie en la isla.

Por Tutatis, por Babalú, Meu deus do Ceu...¡Que peste!

Llamé a recepción antes de enjabonarme con mi toalla alrededor del cuello y mi hacha reducida a un ínfimo picahielos a causa de fresquito reykjaviqueño, la chica de recepción, que de haber querido habría tardado medio segundo en devolver el aspecto temible a mi hacha, me hizo una revelación:

¡Lejos de ser un desagüe mi ducha emanaba agua bendita!

Resultó ser que el agua islandesa huele a rayos encendidos, a cáspita, recórcholis y mil centellas, pero a merced de una inmejorable razón, baby, las algas las sales la vida en descomposición en sus moléculas proporcionan un rejuvenecedor natural para la piel, para las afecciones de mucosas de respiración, y por qué no, se me ocurrió pensar pero jamás preguntar a la alentadora recepcionista, también esas algas funcionarían como eficaces herreras del hacha.

Los precios, ah, que maravilla, creía haberlo visto todo en Noruega, creía que jamás, ni siquiera en los confines de la Vía Láctea, más allá de Andromeda donde los soles congelados se dan la mano con las hadas del infierno podría ver semejantes precios. Me faltaba darme un saltito hasta aquí, y después de esto no quiero saber lo que puede ser una Coca Cola en Nuuk, capital de Groenlandia, donde Erik, el mismo Rojo dijo que era Verde Landia para no desanimar a las tripulaciones de vikingos que embarcó a ese intestino del más granado de los recórcholis. Pero a la espera de tocar costa de Nuuk jamás había imaginado semejante maravilla en forma de etiqueta en los productos, desde la más temida colgando de los ponchos de lana de oveja islandesa hasta las más tímidas etiquetas de los zumitos, botellitas de agua mineral que no bajan en supermercados de tres euros, la pequeña. Eso sí, agua agua.

Uno de los secretos que hace tan maravilloso poder volar sobre la explosión de los números jamás seguidos de un punto hasta superadas las cinco cifras inscritos ( e inscritas) en las etiquetas de precios es que proporcionan la misma paz que el hielo eterno, sabes que no sufrirás pagando por ello, el bolsillo del gaucho sureño en tales circunstancias goza de una inmunidad tal que lo dota de un áurea propia de multimillonario.

Pero así como no todo es peste esperando la catarata de la ducha, no todo es ruina y llanto con los precios de Reykjavik, no señor, a llorar a la funeraria. En las afueras de una taberna preciosa dentro de la cual se apreciaban alegres parroquianos derramando billetes y vasos se encontraba un cartel grande, enorme, como anunciando el día de la suerte, quien hubiese ganado la lotería habría preferido pasar por frente al pub en cuya puerta se publicita que se derrama cerveza fría sobre los bienaventurados chopps, a sólo y oiga bien, usted no está borracho aún, ni sordo, a sólo ¡siete euros!

Por Tutatis, me dije por segunda vez en el día, y no quise incomodar también a Babalú Ayé y a Odin, pero pensé en ellos, vaya si pensé. Me dije: de lo que me salvé viniendo a este divino país pasados cinco años de mi condición de "abstemio"

¡Lo que habría sido para las finanzas una tardecita en ese bar con un par de socios sedientos, desmayando una muela, descargando el peso, atesorando una curda de veinte géiseres, cuatro auroras boreales y todos los caballitos de la tundra que quepan en el chopp más barato de la ciudad!

 

 

Reykjavik
Reykjavik
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21 octubre 2017 6 21 /10 /octubre /2017 12:03

Estos escritores que enumero a continuación por orden cronológico pertenecieron a lo que se se dio por llamar la era de Plata de la literatura española, más conocida como la Generación del 27, teniendo en cuenta para que exista la consideración de Generación, factores tales como que hayan nacido en fechas cercanas, que haya habido contactos personales, rasgos similares, voz, estilo, mensaje generacional. 

Al movimiento de las mujeres escritoras que incluyo en la lista, se le llamó las "Sinsombrero" y con toda probabilidad habría que añadir también a dos luminarias de la poesía universal, de los cuales uno nació un pco antes y el otro un poco después de lo considerado apropiado para formar parte del grupo, por sus rasgos inequívocos que adhieren a este movimiento: 

Los "monstruos" León Felipe y Miguel Hernández.

Al recordar las lecturas de varios de estos "tótem de la literatura" y pensar que tuvieron lugar en una misma época, no puedo dejar de pensar en la cantidad de poetas, escritores ignotos, amantes de la poesía y de la narrativa que habría en el territorio nacional en los bares, en los puestos de trabajo, en sus tardes a la sombra con un libro en la mano, con el periódico abierto en la página de critica, o de opinión, y no puedo dejar de sentir cierto desasosiego al compararlo con el páramo desértico de interés por el arte en que ha devenido hoy el mismo territorio.

Ojalá estas almas de un vagar incesante, en algún momento cercano contemplen el retorno a los sabores de la tierra, se quiten el sombrero, lo dejen lejos de la cama, se den una larga ducha, se permitan un descanso reparador, deleiten su paladar con el recuerdo de las delicias casi olvidadas, y sobre todo y por favor les rogamos:  que deshagan sus maletas y petates y no las vuelvan a tocar por todo el tiempo que dure la siembra el regadío y la buena cosecha.

 

Rogelio Buendía (1891-1969, 78)
Pedro Salinas (1891-1951, 60)
Valentín Andrés (1891-1982, 91)
Juan Guerrero Ruiz (1893-1955, 62)
Jorge Guillén (1893-1984, 91)
Antonio Espina (1894-1972, 78)
Mauricio Bacarisse (1895-1931, 36)
Rafael Laffón (1895-1978, 83)
Juan Larrea (1895-1980, 85)
Antonio de Lara (1896-1978, 82)
Gerardo Diego (1896-1987, 91)
Agustín Espinosa (1897-1939, 42)
Amado Alonso (1897-1952, 55)
Miguel Valdivieso (1897-1966, 69)
José Fernández Montesinos (1897-1972, 75)
Josep Moreno Gans (1897-1976, 79)
Federico García Lorca (1898-1936, 38)
Juan José Domenchina (1898-1959, 61)
Vicente Aleixandre (1898-1984, 86)
Concha Méndez (1898-1986, 88)
Dámaso Alonso (1898-1990, 92)
Rosa Chacel (1898-1994, 95)
César Arconada (1898-1964, 66)
Rafael Porlán (1899-1945, 46)
Emilio Prados (1899-1962, 63)
Paulino Masip (1899-1963, 64)
Edgar Neville (1899-1967, 67)
Rafael Dieste (1899-1981, 82)
Ernesto Giménez Caballero (1899-1988, 89)
Francisco Madrid (1900-1952, 52)
Juan Chabás (1900-1954, 54)
Guillermo de Torre (1900-1971, 71)
Alejandro Collantes de Terán (1901-1933, 32)
Enrique Jardiel Poncela (1901-1952, 50)
Pedro Garfias (1901-1967, 66)
Ramón J. Sender (1901-1982, 81)
Andrés Carranque de Ríos (1902-1936, 34)
Luis Cernuda (1902-1963, 61)
Pedro Pérez-Clotet (1902-1966, 64)
Rafael Alberti (1902-1999, 97)
Felipe Alfau (1902-1999, 97)
Agustín de Foxá (1903-1959, 56)
Alejandro Casona (1903-1965, 62)
Antonio Oliver (1903-1968, 65)
Max Aub (1903-1972, 69)
Luis Amado-Blanco (1903-1975, 71)
María Teresa León (1903-1988, 85)
José López Rubio (1903-1996, 93)
José María Hinojosa (1904-1936, 32)
Joaquín Romero Murube (1904-1969, 65)
José María Souvirón (1904-1973, 69)
José María Luelmo (1904-1991, 87)
María Zambrano (1904-1991, 87)
Juan Gil-Albert (1904-1994, 90)
Luisa Carnés (1905-1964, 59)
Ernestina de Champourcín (1905-1999, 94)
Miguel Mihura (1905-1977, 72)
Pedro García Cabrera (1905-1981, 76)
Emeterio Gutiérrez Albelo (1905-1969, 64)
Manuel Altolaguirre (1905-1959, 54)
Francisco Ayala (1906-2009, 103)
Gustavo Durán (1906-1969, 63)
Josefina de la Torre (1907-2002,95)
Enrique Moreno Báez (1908-1976), 68)
Rafael de León (1908-1982, 74)
María Dolores Pérez Enciso (1908-1949,41)

Hombres y mujeres de la Generación del 27

Hombres y mujeres de la Generación del 27

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