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Sopa de granos
A veces, además de crueles los adolescentes éramos estúpidos. "Sopa de granos" era una chica inteligente, alta, delgada con unas piernas divinas, muy blanca, tímida, con unos ojos soñadores, pero tenía unos pocos, más o menos, sarpullidos en las mejillas, acaso descartada también por el exigente requisito caribeño de que las asentaderas sean dos zeppelines gemelos, y todo lo que no fuese así era un pestillo, un grillo, un cáncamo, sin la más mínima piedad la gente se refería a toda ella, a sus espalda, por las espinillas de su carita, cosa que sin duda alguna habría llegado a sus oídos, el cubano no se destaca precisamente por su discreción.
Ella quería enseñarme la matemática que yo me había perdido en mis largos períodos de ausencia de clases, así podría aprobar los exámenes extraordinarios. Pero quizás quisiese algo más, eso nunca lo sabré, pero los amigos parece que sí lo sabían "ñó asere, el loco se casa con sopa de granos", y yo cobarde como fui sucumbí a sus burlas, en vez de no sé si casarme con sopa de granos, pero sí dejarme querer aunque solo fuese por la tutoría en mates, por esos ojos soñadores, esa figura de modelo, y ese amor contenido en alguien que como yo, había experimentado en su camino las saetas del bullying, solo que ella no les concedió el placer de apartarse, mientras que yo sí tomé el atajo de hacerme el "vivo", el "listo", el "largo" cuando mi verdadera esencia estaba en continuar siendo para el territorio de los pelotudos, más corto que el cabo de los cigarros tras la última pitada, y alargarme ahí sí todo lo que fuese menester dentro del espacio de mi imaginación, entre la cabeza y ese suelo de piedras y hormigas que tan bien conocía.
Acaso y con suerte ella habría tomado mi mano y acariciado mi cabellera ora plena en fantasía ora atormentada y me habría besado la frente y más tarde el glande, no como la que yo miraba desde la primera clase a la última a la que nunca dije nada y que nunca habría acercado su cara limpia de granos a lo mullido de mi cuello. Ni a mi atribulado glande.
Fuimos crueles con Orly, con la directora a quien llamábamos King Kong que cuando se acercaba decíamos "vaya-monos por la escalera" y nos partíamos de risa, nos reíamos de la profesora de matemáticas "lobito peste a boca" aunque ahí sí había una razón de meridiano peso, de los bizcos, los cojos, los fañosos, los tartamudos, los afeminados, los altos, los bajos, los gordos y los flacos, todo eso era cruel, pero no aceptar el terso repaso de los ojos de sopa de granos sobre mi humanidad fútil, fue además, algo muy estúpido.
De Maisí a Guanahacabibes
La Revolución cubana no solo fue sátrapa en su territorio, no solo disfrutó haciendo sufrir a sus opositores exiliados prohibiéndoles comunicarse durante década con su familia, con su pueblo encarcelándolo si tocaban un dólar, si intentaban irse del país en un madero a riesgo de ser devorado a los dos kilómetros o ahogado a los diez.
De entre todas las veces que padecí el rechazo del establishment los que más me dolieron fueron fuera del país. Sin ser un opositor, un personaje importante, un luchador, un activista, sino simplemente un curda hedonista que no quería pasar por el aro de la corrección revolucionaria, como no habría pasado por la corrección burguesa en la otra sociedad. Me parecían la misma mierda. Era vago, bebedor, jevoso, vacilador y dormilón. Por eso me botaron de Cuba. Se juntaron mi madre, mi padre y el Consejo de Estado en la idea de que un sobrino de un comandante tan importante no podía dar ese ejemplo, que por supuesto, de ninguna forma era mi intención dar. Mi vida nunca fue vivida para dar ejemplo de nada a nadie, y aseguro que soy quien para dar fe de ello. A los progenitores en realidad les resultaba inconveniente para su relación con esos compartimentos sórdidos del poder.
Una de esas veces fue en Brasil. Llevo tiempo defendiendo la acción de Lula más que nada en contrapeso con el delirio ultraderechista desatado en nuestro hemisferio, muy a pesar de los errores y aberraciones que algunos brasileros estén padeciendo. Ayer tratando el tema asaltó la memoria mi experiencia tangencial con el PT en el año noventa, allí donde gobernaban, daban albergue y comidas a los necesitados o pasajes para el siguiente estado o ciudad, cuando de repente apareció en mi lóbulo frontal un nubarrón en forma de recuerdo.
Estaba en medio de un viaje en el país vecino de exploración interior y exterior. Iba a ir a Río de Janeiro, invitado por un sindicato cercano al PT de Lula da Silva, al principio del año1990, cuando él ni siquiera imaginaba que terminaría gobernando el país entonces en manos del macarra yuppy Fernando Collor de Melo. Me estaba quedando en casa de la actriz argentina Elida Gay Palmer en Mairiporá, en la autovía de San Pablo a Bello Horizonte. Su hijo Claudio, sindicalista, habló con sus colegas de Río para que me recibiesen, ellos le pidieron que diese una charla sobre el viaje que yo estaba llevando a cabo, diciendo que estaba reproduciendo uno de los viajes de mi tío por América para conocer las vicisitudes de sus clases humildes. Si bien era cierto que eso es lo que me estaba ocurriendo al entrar en contacto con la necesidad, aunque en carne propia, a fuerza de “strada”, carona y bolsillos vacíos. En verdad lo único que yo perseguía, era embarcar en un navío de bandera liberiana o panameña porque estos solo exigían el pasaporte para enrolarse, o con mucha suerte bandera noruega u holandesa que a veces también tomaban marineros. Les expliqué mi objetivo y me dijeron que no había problema, pero que diese la charla y a cambio ellos me daban albergue mientras estuviese en Río. Me fueron a buscar en un coche cuando llegué a la "rodoviaria", me llevaron a la sede, ahí me mostraron el sitio donde hablaría, y el cuarto donde dormiría.
-Bueno, y ahora a comer y a beber algo que tienes que disfrutar de Río.
Y fuimos a charlar, reir y comer “coxinhas”, “frango”, “esfihas”, chorizo, y beber Skoll o Brahma, porque Antártica era de San Pablo. Que locos son estos brasileros. En medio de la comida se acercó un colega de ellos, se levantaron y se apartaron para hablar con él, y cuando regresaron a la mesa me dijeron que tenían que llevarme a un hostal porque no iba a dormir ni a hablar en el sindicato, que las cosas habían cambiado porque de repente les surgió algo más urgente, que esto, aquello y lo otro.
Una cosa no ocurre sin la otra. Ahí mismo cambió el viento de proa, pagaron, fuimos al coche a buscar mi bolso, habían abierto el maletero y se habían robado todo. Yo llevaba el pasaporte y veinte dólares encima, Me llevaron a un motel con luces de neón donde el pedo que tenía abruptamente pasó de florido, festivo a lúgubre, a espeso. Me dijeron que en la mañana me llevarían a la “Rodoviaria” y me subirían a un bus de vuelta a Sao Paulo. Al regresar a Mairiporá, Claudio me pidió perdón y me confesó que habían contactado con la Embajada de Cuba y les recomendaron que no me recibiesen, que ellos solían enviar a otros familiares a hablar de mi tío, que yo no era el más indicado. Todavía hoy estoy choqueado por aquella basura. Hacerme eso después de echarme de Cuba, cuando yo iba a hablar con criterio, sin aprovecharme de nada, de un familiar mío, ¿quién les había dado permiso para meterse a ese nivel en mi vida, encima para joder, para dañar? Aquella bajeza proverbial aun hoy me deja un sabor amargo en el cielo de la boca.
La otra vez fue en Madrid, España. había llegado en febrero del 1997, y mientras salían los papeles y para no estar sin hacer nada, me acerqué a la Asociación Hispano Cubana Fray Bartolomé de las Casas, a ayudar en todo lo que se terciase, desde cargar cajas, ubicar libros, lavar platos o meter datos en computadoras. Me sentía colaborando con gente que quería a mi segunda patria, y había hecho un grupo de amigos muy agradable, Jesús, Pepe Garrudo, Humberto, María. Un buen día, Pepe me dice que si quería podía seguir yendo a la Asociación pero que la Embajada les había dicho que yo no era revolucionario, le daba vergüenza mientras me lo decía y a mi recordó a Río de Janeiro. Otra vez la embajada metiéndose fuera de Cuba en mi vida para joderme, únicamente para hacer daño. María me pidió que no dejase de ir, pero Humberto que era del PC y tenía relación con los cubanos se distanció de un modo muy feo y los reuní a todos en el salón y les dije en voz alta y claro, que quienes habían traicionado todas y cada uno de los utopías iniciales de la revolución, eran ellos mismos.
Y sin sentirlo nada, me fui por donde había llegado, Jesús siguió siendo mi amigo, Pepe y María también, y a la semana siguiente conseguí un buen trabajo. Pero la verdad es que nunca logré que se me fuese el regusto agrio, que tanto esa puercada como la de Brasil dejaban en mi paladar cada vez que las recordaba.
Podría añadir alguna otra gran decepción menos sorpresiva acaso, pero seguro más triste por tratarse de la propia sangre, aunque prefiero dejarlo en esos dos feos recuerdos, fríos, crueles, innecesarios.
Si eso pasó conmigo, imagino lo que habrá aguantado un humilde cubano cuyo único delito haya sido desear una vida mejor para él y para los suyos. Para todos los suyos, desde Maisí a Guanahacabibes .
Venezuela, lo irreal ordinario
Ya no queda ni una hebra de realismo mágico.
Aun ubicándonos en una línea neutral, lo único que se puede observar tras dos días de las elecciones venezolanas, es que las actas de los resultados aun no han sido publicadas, la irregularidad es palmaria. Por otro lado son los comicios más auditados del orbe, pero nadie puede controlar los sistemas informáticos desde afuera.
En la acera opuesta, la inhabilitación de María Corina Machado por omitir en la declaración de patrimonio el pago de bonos de alimentación, es concreta, aunque también tendenciosa, ya que ese "descuido" tan poco decoroso, que sí entenderíamos como grave en Suecia o Islandia, en Venezuela al lado de la corrupción desmesurada de dirigentes y empresarios (de toda la vida no solo de la era chavista) queda como un chiste de mal gusto, un dato excéntrico, una curiosidad anecdótica.
El popurrí resultado de la mezcla de tantos vectores de decadencia social, económica, cultural, refleja una sociedad donde la fe en la posibilidad de una mejoría nacional, ha sido sustituída por la única vía generadora de cierta esperanza: la emigración.
El oficialismo en Venezuela pone de relieve tanto sus propios vicios y falencias, como las de sus más acérrimos contrincantes y esto complica en demasía la entrada de un rayo de luz que aclare el tablero lo suficiente para poder apreciar la realidad. O una percepción menos interesada y psicodélica de la misma.
Puente de Bacunayagua
¿Alguién desconoce que las obras más impactantes en toda Cuba, fueron construídas antes de 1959? No se trata de ensalzar a Batista, Meyer Lansky, Lucky Luciano o a los nobles esclavistas del siglo XVI, aunque sí, merecidamente a los arquitectos que diseñaron y dirigieron todas esas maravillas, desde el castillo de la Fuerza, el Morro, toda la Habana Vieja monumental, el puente de Bacunayagua, el tren de Hershey, todo el Vedado, todo Miramar, Siboney, los túneles, las construcciones como Casa Dupont, el Biltmore Yacht Club, lugar que, ni corto ni perezoso eligió el comandante Guarapo para establecerse donde estaba el hoyo 2 del ex campo de golf de nueve hoyos del súper selecto Club, para disfrutar de la vida mientras no estuviese buceando en alguna de sus islas privadas al sur de la isla cerca de Isla de Pinos, con sus amigotes ricos del área ultracapitalista degustando vinos Vega Sicilia desde trescientos euros el pomo, sobre alguno de sus decenas de yates. Es tontería mencionar sus propiedades porque todo en Cuba le pertenecía.
Ni un sólo dirigente "pincho" estableció su vivienda en Alamar, y por supuesto los que provenían de barrios como Guanabacoa, Pogolotti o Palo Cagado en La Habana o similares del resto del país, se establecieron en Nuevo Vedado, Siboney, Miramar o casonas de El Vedado, según relevancia otorgada por el César. Nada diferente a los condes, marqueses y capos de la Cosa Nostra que los precedieron sin tanta muelita.
Lo importante de esta particularidad, de este rasgo paradójico, de la propaganda para atraer al turismo internacional, a todos los visitantes a la isla, incluso aquellos que iban hace décadas a brigadas de solidaridad impostadas, ubicados en barracas con aire acondicionado y machetes ultra afilados y aceitados para cortar dos o tres cañas de azúcar maduras, de campos sin incendiar por supuesto, son los monumentos, edificios, carreteras, puentes, construidos desde la colonia hasta 1959. Ni una sola construcción de tipo Girón como becas o microbrigada de Alamar fue objeto de visita de esos dispensadores de los codiciados fulas. Y de después de 1959, todos los Hoteles donde van los turistas son los que han construido empresas igual de capitalistas y explotadoras que Hilton o Sheraton, llámese Meliá, Guitart, o parientes, con estética y coste proporcional para el huésped, y no a Mar Azul de Santa María, Atabey y Siboney de Varadero, o cualquiera de los mamarrachos de Gaviota donde recalan los turistas pobres, tan despreciados por la revolución como por el sector hotelero de Palm Beach.
Así mismo, y de manera vomitiva se promociona la "mulata":
"Cásese Ud. estimado turista o mejor aún, empresario, con un ejemplar nacional que le saque una cabeza de altura y que cuando usted le coloque una mano en la cintura sienta un chuchazo de 220 voltios, gástese un pastón en venir a honrarla con un ajuar, luego en llevársela, y después arrégleselas para darle cabilla a eso, porque ahí sí mi amigo, le digo que no es jamón, como no esté usted todo el día bombeando y gastando, le auguro un enjambre de tarros encima de su güiro calvo en menos de medio mes".
También sin vergüenza alguna se promueve como logro de la Involución las bellas playas y la casi impalpable arena, el sol del Caribe y la flor Mar Pacífico.
"A la mulata llévatela compay Yuma, pero la playa y el sol me los dejas que tengo que seguir sacándoles estilla"
Peace and restoration of the environment.
In this time of ongoing global conflicts and environmental crises, we believe that the revolution we aspire to should center around peace and the restoration of the environment.
130 years after the Gobu revolt led by Jeon Bong Jun and Kim Gaenam, having arrived after tireless struggles of peasants, workers, intellectuals, to our comfortable democratic societies, the question we must ask ourselves is: are the problems that generated the classic revolutions already solved?
Each era of humanity was, and is marked, by some problems that are repeated throughout History and others that are particularities of the time. From the first migrations from Africa to the rest of the planet, to our era of scientific and technical development, which brought well-being but also weapons of mass destruction and environmental pollution.
The worst conflagrations and catastrophes of war or even natural nature are usually followed by generations more conscious of peace and solidarity.
Immediately after the war, even the winning side, given the “pyrrhic” nature of any martial victory, comes to the conclusion that a world in peace is the only way to understand the future. Generally, after a second generation, the conviction in peace remains healthy, a third generation begins to move away and ignore the value of what was obtained, and in the next generation an indomitable characteristic trait of the human species emerges, autophagy. The destruction of our own work
In this instance, frequent phrases begin to be said such as “with peace you don't eat”, “with democracy you don't live” and others like that, although these are not immediately accompanied by a drive for conflict, it do fertilize the ground for any spark, however minimal, to trigger again, the point of the vicious circle to which so many people, swore never to return.
Let's see what four famous figures thought about the war:
Already since the 5th century BC. Sun Tzu, who was a strategist before a tactician, said: “Complete victory occurs when the army does not fight, the city is not besieged, the destruction does not continue for a long time and, in each case, the enemy is defeated by the use of strategy”.
For Kant, nature uses war for the evolution and progress of humanity, but at the same time the imperative of reason rejects such degradation of man: war threatens the freedom and dignity of men.
Tolstoy in War and Peace about the Napoleonic French invasion of Russia wrote: "War is something so terrible that no man, especially a Christian, has the right to take responsibility for starting it."
Carl Von Clausewitz mentions that war is not an isolated act, it responds to political or economic objectives, to the character of the intervening nations.
Althoug, it is true that the repetition of this cycle can be observed throughout history in a natural way, it is also true that marked economic and power interests, participating in it, perpetuate it. It is striking that we are capable as a species of eradicating diseases and overcoming all kinds of evils through experience, lesson, empirical knowledge, science and effort and yet the cyclical reappearance of the drive to exterminate the opponent, as means of overcoming differences, remaining perpetual, unscathed-
Armed conflicts of the most diverse nature surround us everywhere today, always with the same common denominator: pain, extreme suffering, death and destruction for the most humble human beings. Along with the war between Israel and Hamas in the Gaza Strip, and the Russian invasion of Ukraine, there are currently large-scale armed conflicts in Burkina Faso, Somalia, Sudan, Yemen, Myanmar, Nigeria and Syria.
Although the rest of the inhabitants of the planet live in peace, if we are contemporary with wars that stretch beyond what is acceptable, it is a conditional peace, held with pins, with borders that are harshly guarded, paranoid, threatened by very real ghosts.
¿But can we really say that we live in peace while thousands of human beings, identical in chromosomes to us, are cut to death while we eat our breakfast? Doubly no. Firstly, because the Earth is our home, there are no borders for the air we breathe, nor passport for the tomatoes we eat, in the same way any other human being is ourselves. The pain of innocent people suffering and perishing is also our pain. The resonances of that war will reach us in one way or another, it will come as gratitude or as reproach.
And secondly, because it is a deception that we are not participating in these conflicts, all the effort of work contributed in taxes, in capital gains, is involved in the disproportionate amounts of weapons to favor one or another interest of our governments, managed by the immense arms industry, in those certain wars, with purposes never fully declared or clarified.
Hence, our duty to embody the sentence: “one day they came for the reds and since I am not red I did nothing, another day they came for the blacks and since I am not black I did nothing, and when they came for me, since the others are not me, no one did anything” and to begin precisely by moving to do something. After the 20th century with its numerous and deadly wars that left an huge crater of desolation and a deep reflection on the construction of the world, we believed it was impossible to revive the lowest human instincts guided by greed, power, hatred and manipulation. of beliefs. There is no better life than that which comes from the exercise of good, nor better action than the one that helps others.
The work of raising awareness about the need for peace, as a way of life regardless of the problems posed by development, or precisely including it in its roadmap, must occur in all areas of education, teaching, family, work, community. We must be aware and make it clear that whatever the problem that reality presents us, solving it by eradicating the interlocutor will only increase and dilate it to a much greater magnitude. Eating the cannibal, in addition to being unseemly, is the least effective way to end cannibalism.
The aspiration to advance towards peace as a sustained and sustainable way of life, and not only as a period, an interval, or a stage, must be based on consciousness that starts from the individual to the general, the knowledge of the mechanisms that lead us to violence. Demand and pressure, through democratic participation, that our governments establish and comply with policies of coexistence, human rights, education in values at school age, the eradication of aggressive speech and a drastic reduction of the arms industry.
I think it is important to highlight and thank the exemplary effort that Korea has made and is making for peace.
The goal of violent confrontation is Victory; while the objective of the discussion with arguments is Progress.
Ecology
Parallel to the pacifist awareness, a justified concern for ecology has been increasing. The environmental movement emerged between the sixties and seventies in the West, from the social denunciation of the domination of nature for development purposes. The environmental movement has three main roots: conservation and regeneration of natural resources, preservation of wildlife, and the movement to reduce pollution and improve urban life.
The word ecology was coined in 1866 by the German scientist Ernst Haeckel. The science of ecology as we know it today began with a group of American botanists in the 1890s. Evolutionary concepts relating to adaptation and natural selection are cornerstones of modern ecological theory.
In 1941, the American ecologist and forester, Aldo Leopold, wrote Almanac of Sandy County, a combination of natural history, scene painting with words, and philosophy. It is perhaps best known for the following quote, which defines his land ethic: "A thing is right when it tends to preserve the integrity, stability, and beauty of the biotic community.
At the beginning it was the affair of a small minority that the majority, even the well-intentioned ones, dismissed as eccentric. Left-wing parties and sectors defending the basic rights of humanity joked about the activists who boarded small boats and harassed large factory ships in defense of the whales, or those who went to the Brazilian Mato Grosso to demand the protection of one of the lungs of the planet, denouncing its deforestation.
In the sixties, several movements converged with certain aspects of environmentalism such as anti-consumerism, harmony with nature, which largely led to knowledge of the more ecological aspects of Hinduism and Buddhism, although it was more taken as an attitude, a matter of pose, was much more than a simple fashion, even today there are communities founded by hippies who live off what nature provides them.
But the social situation and the worsening of the world made the problem go much further than a position of resistance to consumption and industrial development
At this point I would like to say that it is curious, and not a little sarcastic, that today the descendants of those who caused the most damage to the environment in the world are the ones who teach how to take care of the forests and jungles, when there are, for example, the Yanomani of the Amazon. , who could better explain, empirically, how to coexist for centuries with the plant and animal environment.
Little by little, the consciousness born from the objective observation of the consequences of hyperconsumption, hyperdevelopment, oil exploitation, the growth of industry and urban centers, was finding paths that coincided with the objectives of the social revolutions, while Also environmentalism, the concern for the planet in the most tangible aspects integrated the quality of life of the workers, and the problem of poverty in all its degrees and the hunger produced by the speculation of food accumulation, but also deforestation. that cause the expansion of large conglomerates.
Poverty is a factor that triggers most environmental problems and is also present in many conflagrations. Poor populations impact the environment when they prey on the environment in search of resources to survive.
Impoverished populations need ecosystem services, which is why impoverishing dynamics are usually generated through the inadequate and disproportionate exploitation of natural resources, such as water, soil, fauna and vegetation.
Climate change: the most urgent problem facing humanity
It is a consequence of toxic gas emissions that began with the Industrial Revolution and has worsened decade after decade with the establishment of new industries.
Toxic gases produced by excessive global industrialization accumulate in the atmosphere, causing damage to the land, air and water. Climate change is not only an environmental problem, it is a social and economic problem that affects or will affect at some point everyone in the world.
The World Health Organization (WHO) estimates that 90% of humanity breathes polluted air and, consequently, requests a reduction in pollution to reduce the rate of respiratory diseases, thus avoiding seven million deaths per year. Contaminated water also causes significant health problems, in addition to five million deaths annually according to Oxfam Intermón.
The seas have become the planet's great plastic dumps. In addition, there are other serious environmental problems related to the oceans such as the deterioration of ecosystems due to global warming, polluting discharges, wastewater and fuel spills.
8% of known animal species have already disappeared, while 22% are in danger of extinction due, above all, to the destruction of their natural habitats, poaching and the introduction of invasive species.
The growth of cities, which will have to house some 5 billion people in 2030, will be another of the great environmental challenges of the decade. The metropolises of the future will have to be compact, safe, inclusive, ecological and energy efficient, with more green areas.
Many diseases, such as cholera, hepatitis A and dysentery, are spread by drinking contaminated water.
Many hundreds of people die annually from unsafe water, the highest percentage being children under five years of age. The situation is global, but especially serious in low-income populations and with deficiencies in water services.
Forests are a natural help against climate change, since they can reduce global warming. The disappearance of tree species is increasing. It is said that more than 20% of plant species are on the verge of extinction.
Solid and liquid waste is discharged directly into the environment, mainly in water and soil. The absence of efficient waste treatment accelerates the short-term consequences.
Emissions from vehicles, including private cars, public and commercial transportation, planes, trains and ships, contribute it corresponds to 30% of the responsibility for climate change, since this type of pollution is considered one of the most powerful causes of the greenhouse effect.
Inadequate management of toxic waste and its impact on the environment Toxic waste is a global problem, in one way or another it affects water and soil.
As the adult fish population has declined, companies have ventured deeper into the ocean. There has also been a decline in the capture of young species of reproductive age or with a low population of specimens, threatening the survival of the species.
Environmental awareness derives from knowledge of our environment. A person aware of their interaction with nature understands the importance of acting in an integral and rational manner regarding their natural environment.
School and social environmental education programs play a fundamental role in the development of environmental awareness. It is not enough to make laws and regulations, it is essential to teach children and adults the impact of their actions in the short, medium and long term.
The causes of the lack of environmental awareness are the ineffectiveness of the transmission of relevant information, the sensationalism given to these issues, the lack of commitment of governments to raise awareness, the low levels of education and technological poverty.
There are individual measures that we can consider, for example: Acquire recyclable packaging.
Save electric energy.
Use less automobile transportation, bicycles are an alternative.
Avoid the use of plastic bags.
At a collective level we can assume these commitments: Spread the ecological message to raise environmental awareness.
Take action against deforestation.
Reduce gas emissions, inorganic waste and toxic waste.
Encourage reforestation.
Have we achieved a universal quality of life worldwide in the 21st century that makes it reasonable to abandon the classic objectives of revolutionary struggles? No, not at all, although the progress in rights and the achievement of high standards of living in a part of the world's population is evident. There is still misery, hunger and pain in the world, to consider it a finished matter. But we have so many priorities, without peace or a decent planet, no other problem can be solved, simply because we will become extinct.
Today the need for a revolution for peace and ecology is imposed as a priority. In which we play a fundamental role through our own contributions, through our position towards the powers in a vehement or assertive manner as the case requires. For which the formation of a solid individual and collective conscience is essential, in which each and every one of us is the protagonist.
El país de las últimas cosas
Hace unos cuantos abriles, no tantos como cuando explotó no se sabe bien qué e hizo un gran ¡Bang! aquel estruendo tan famoso que nadie pudo escuchar aunque sí ha llovido desde entonces, comencé a leer.
Yo creo que los lectores, no estoy seguro sobre si a los escritores, pero a los lectores sí nos une un trazo especial, familiar, casi diría distintivo, relativo a la especie. Tal como calificaría Hermann Hesse en el "Lobo estepario", al suicida, no necesariamente aquel que lleva a cabo el acto, sino el individuo de una soledad danzante sinusoidal, que vive permanentemente con la hoja de la cuchilla próxima a la muñeca, así mismo el lector no necesariamente está leyendo todo el tiempo, los ofinistas seguro leen mucho más, los revisores de aduana, los empleados de correos, los de paquetería, nombres de calles, buzones, casillas de correos, membretes en los sobres, pasan ocho horas leyendo sin parar. El lector no. El lector va refinando con el paso del tiempo sus lecturas y pasando ocurrencias, novedades, brillos, por un tamiz que lo aboque cada vez más a encontrar las vertebras de la literatura, como el lugar exacto donde se halla la trufa no el árbol de referencia, sin dilapidar el exquisito tiempo en márgenes y artificios. Como si se tratase de presas de caza de un felino en la sabana donde habitan escasos recursos, perfeccionando la elección del objetivo, las tácticas de aproximación, para optimizar el gasto de energía en la carrera mejorando los resultados, como un cazador montañés que debe cuidar sus balas. Es decir el lector en la medida que aprende a leer, tiende a invertir la proporción entre cantidad y calidad, siendo que por supuesto abundan los lectores que devoran de todo, pero aun en ese caso el énfasis se hace en los buenos textos.
Pues yo empecé leyendo de todo, y por las mismas razones que toda la familia de lectores, porque el mundo real que me esperaba cada mañana al saltar de la cama no era todo lo estimulante que resultaba para mis iguales, ya fuese de la escuela, del barrio, de la familia.
Así aparecieron primero los cómics más al alcance de la mano, Batman, Tarzán, el japonés Ultraman, Patoruzú y su versión infantil, Hijitus y Pucho de la revista Anteojito, predilecta de mi hermano menor, y todo lo que contenía la de mi preferencia: Billiken. Los primeros libros sin dibujitos flanqueando cada texto fueron los de Salgari. Diría que durante la niñez soñé despierto gracias a los mundos de navegación, viajes, lucha, pulsión de justicia, dolor, amor, desesperanza, traición y lealtad, que me endilgó don Emilio. Sobre todo por esa característica tan única y suya de convertir los parajes más recónditos, los nombres más exóticos en lugares y apelativos familiares, de tal manera que Kammamuri, Tremal Naik, Yañez, Carmaux y Van Stiller, queden en nuestra mente tan fijados como el sargento García, Gaby Fofó y Miliki o Elpidio Valdés.
Después vino el exilio, los cambios, la reverberación de aquel remoto Big Bang o su segunda explosión pero esta vez en mi cabeza: Cuba. Colores, vegetación exuberante, descendientes de africanos, música de tambores, acento de chiste, enormes hoteles, trato aristocrático, un tío como Sandokan, como Tarzán pero moderno y trágico, y entonces leí el Último de los mohicanos, Colmillo blanco, Huckleberry Finn, La Tempestad, los crímenes de la calle Morgue, Autopista del Sur, La Metamorfosis, La casa tomada, La Intrusa, camino que inexorablemente me condujo al Quijote. Y entonces ya no pude leer nada que no fuese magistral. Entre mangos, ron y chicas leí a Don Alejo Carpentier, en honor a la verdad no me interesaba ningún otro latinoamericano, ni siquiera García Márquez, veía al Boom como a esos blueseros que ante un público blanco rico o los gitanos flamencos que en la cuevas del Sacromonte en Granada cantan para alemanes bordando de clichés sus indudables maravillas, para consumo de un público ávido de aventuras “chatwinianas” . Veía todo el camino del “boom” salpicado de enormes flores, verdor, situaciones disparatadas para foráneos, magia para viajeros, se me parecía a esas cuevas en el sur desértico de Túnez donde una señora enseña sus dependencias vestida de bereber con unas zapatillas Nike, sabiendo que la cueva, la situación geográfica, la señora y sus tatuajes de tinta del desierto son absolutamente reales, pero que no pasa nada por agregarle un matiz dramático con el fin de mejorar sustancialmente la propina a la salida de la cueva.
Entonces la literatura inglesa, británica en general y francesa, la poesía española e italiana, más Stefan Zweig, iban dotando de sentido los caminos de la vida que yo iba decidiendo tomar, entre enajenados, intensos, penosos, divertidos pero siempre contemplativos, como si estuviese tras un cristal viendo mi vida pasar desde otra existencia paralela, donde ya estaba convertido en un sociólogo escudriñador en actitudes tan autodestructivas como autocompasivas. Y por supuesto, como era mi propio auditor, nunca terminé el camino de la destrucción ni tampoco precisé de todo el esfuerzo de la compasión. Hasta que conocí a Gladys.
Aquel encuentro además de dotar mi vida de muchos beneficios que perduran tan instalados en mi ser como la huella dactilar, me legó la grandeza de una literatura norteamericana distinta de la que yo había leído, Mark Twain, Ernest Hemingway, Raymond Chandler, Dashiell Hammett, aunque directamente heredera de aquella. Y Gladys empezó por uno que la tenía absolutamente enamorada, Charles Bukowski. De ahí pasamos a Bret Easton Ellis, Raymond Carver, Ian McEwan y Martin Amis en representación de la madre patria allende los mares, y Paul Auster.
Más tarde vinieron Phillip Roth, Cheever y Jim Thompson para completar ese panorama. ¿estaría bien que metiese a Coetzee en esa vorágine? Mmm, no sé , si no terminaría metiendo a Amos oz Kenzaburo Oé, a Tabucchi, a todos los de editorial Anagrama importado en Argentina por Riverside y marca registrada de los snobs que nos creíamos parte de algo y, ya no tendría nada que ver con la introducción que me hizo Gladys, o acaso sí, quizás nada sea mejor que los afluentes.
Una vez leí “El país de las últimas cosas” en medio de los días aciagos aunque repletos de aprendizaje, vagando de un punto a otro de la ciudad en busca de abrigo, pan y techo, o de una ciudad a otra o de un país a otro del sur de América, en camiones de choferes que agradecían quien les cebase el mate, en los cuales aprendí a la fuerza que jamás hay que dormirse cuando un camionero te levanta en la carretera, no es tu chofer ni tu anfitrión y te lo hace saber en la primera estación de servicio “che pibe, despertate y bajate que hasta acá llegamos”.
"El país de las últimas cosas" llenó de felicidad al lector en esos días aciagos, como al sociólogo de la vida paralela que lo observaba, gracias a esas bocanadas de aire puro llegadas desde lo más alto de la cresta de la ola, aún con gotitas de agua perforando su pureza y ratificando su autenticidad, como había ocurrido con Netochka Nezvanova de Dostoievsky, narradas en primera persona como una mujer escritas por manos masculinas, pero en esos instantes, no de hombres, sino y sobre todo de su mitad madre, de su mitad curvilínea, de útero intuido, de senos atrofiados y clítoris híper desarrollado. Pero además el libro de Paul Auster, tenía un ingrediente extra que lo hacía a mis ojos todavía más increíble, contaba la carta de una mujer en un país indefinido intervenido por toda suerte de carencias y decadencias, el autor sin saberlo había hecho una fotografía de La Habana, de mi querida segunda tierra, de su "descascaramiento", la síntesis con el polvo, la ruina habitada. Junté unas rupias que no dedicaría a tabaco ni a ginebra y se lo mandé ipso facto a mi madre que había regresado a Cuba y allí resistía los embates del “período especial” aunque con otras premisas que el común del cubano. Mi vieja me respondió en una carta que le había encantado y me preguntó quien era ese escritor tan maravilloso, que había sintetizado dos aspectos tan ajenos a su persona en un libro, como ser mujer y describir una ciudad donde nunca estuvo: La Habana distópica. Tuve muchos desencuentros con mi madre a lo largo de nuestras existencias, pero en tres aspectos nos sentíamos muy próximos, como pareja de “truco”, en el sentido del humor, y en el análisis y el gusto por la poesía, y no son aspectos menores. Así que sentí una enorme satisfacción de que mi vieja hubiese coincidido conmigo en que había encontrado a un futuro clásico en literatura.
Con el paso de los años, me alejé de los albergues para cirujas, del alcohol barato y del caro también, de las drogas y de los pésimos almuerzos, cenas y de las pocilgas de mala muerte, aunque debo admitir, que paradójicamente con ello también me distancié de la catarata permanente de relaciones con mujeres bellas en su excepcionalidad, todo aquel amor de música ligera camuflado de sexo, de pasión por la médula espinal, por el desnudo integral sintetizando cuerpo, alma y creatividad; sin embargo me quedé con Pat, la mejor y más disparatada mujer que llegó a mi vida y me convertí en el protegido por el alcance de su fuerza, disimulado en la tarea varonil inversa, con ella por primera vez logré entender lo que era un ser socialmente útil, generalmente bienvenido, un proveedor, un trabajador, un consumidor, un padre, un ave en su amplia y preciosa jaula alejado de las cimas de las montañas más altas a la vez que del alcance de pico y garra de águilas y halcones. Una por otra.
En esta nueva tierra donde vinimos a vivir por azar, al norte de Madrid pero antes de llegar a la costa cantábrica, antes de atravesar la arruga que da un relieve abrupto al mapa hispano delimitando esa cornisa verde rabioso ora acariciado ora azotado por un mar norteño, melancólico, y aun alejada de la planicie implacable de la meseta, ese ínterin, el intersticio que es León entre dos Españas enfrentadas en geografía, de montañas heladas, viriles, de un recio gris coronadas de blanco, desprovisto del verde astur y de la monotonía castellana, un día se anunció la premiación de un insigne escritor estadounidense, que todos debían leer. A la recogida y coqueta León, tierra de rica historia, de escritores, resultado de una mezcla de reyes, bribones, oficios, parlamentarismo, guerras y olvido, venía para ser homenajeada por Leteo, nada menos que mi amiga Gladys a través de Paul Auster o viceversa.
La premiación, su pequeño discurso, la aglomeración de gente, la inacabable firma de cientos de ejemplares, que se dio cita en el amplio hall de entrada del Museo de Arte Contemporáneo, fue tan llamativo que Auster expresó que nunca en su vida ni tras su éxito con la Trilogía de New York, había vivido algo semejante, que era más propio del ámbito de las estrellas del rock. Yo hice la cola solo para saludarlo, el que iba delante de mi le dio un ejemplar a firmar de “El palacio de la Luna” que evidentemente no había comprado ahí por lo visible de su deterioro, Auster miró el libro, le miró la cara con esos ojos enormes, sonrió y se lo firmó. Yo podía haber hecho lo mismo con algún ejemplar suyo de mi biblioteca, aunque no con “El país de las últimas cosas”, que lo tenía mi madre hacía unos años en el país de pertenencia.
Uno o dos días más tarde fui a tomar un café a la cafetería del Hostal de San Marcos, un magnífico edificio histórico leonés, que fue de todo, desde una imponente vivienda de magnate de época con la adecuada prosapia, hospital de peregrinos, caballeriza, a campo de concentración y de asesinato de civiles demócratas por las fuerzas franquistas ni bien se fraguó el golpe de estado que dio lugar la guerra fratricida española. La cafetería del Hostal, convertido desde hace décadas en Parador Nacional, uno de los dos de cinco estrellas, era perfecta, una síntesis entre la belleza del palacio, lo diáfano del espacio, y la sensación de bienvenida general a cualquier persona independientemente de su indumentaria y refinamiento, aun cuando claramente se tratase de un lugar exclusivo. Nada que ver con lo que han dejado hoy tras las inauditas reformas que padeció el interior del edificio en sus zonas para uso colectivo, censurando el disfrute del claustro, de los tapices, de las sillas altas de madera, de escaleras y salones, donde difícilmente podrían sentirse molestos los huéspedes por la afluencia de un acotado número de curiosos, en su totalidad respetuosos del patrimonio del lugar, de la intimidad de sus ocasionales parroquianos, el traslado de la cafetería y la reubicación en ese espacio de la recepción del Hostal, corona el cúmulo de despropósitos o de intencionales atentados contra el más elemental sentido de la estética. Pero bueno, cuando todavía era un lugar que invitaba a todos los leoneses, por algún eurito más, a tomar un café en un entorno de novela medieval, me levanté para ir al baño, salvé el pasillo estrecho que permitía percibir en su dimensión justa la condición de individuo mientras se lo atravesaba, antesala del pis o el número dos en el excusado, actos de carácter personal e intransferible a los mayores niveles imaginables. Y, antes de entrar yo al baño, sale con sus dos ojos como platos que me recordaron al jugador germano turco Özil, el escritor al que mi madre había condecorado con la distinción de perfecto perceptor del alma femenina. Ahí, en la incomodidad del instante pero también en la complicidad del aislamiento de los juicios agrios frente a cualquier posible papelón, sin pensarlo, como proveniente de un cañón que dirige un disparo ejecutado con anterioridad, lo abordé con un saludo que indicaba a las claras que la intención iba más allá de robarle los dos segundos indispensables para el impersonal “hola”. Entonces en mi inglés rústico más que rudimentario, de nutrido glosario y escasísima gramática, le pedí permiso para comentarle una anécdota que podía resultarle curiosa, le conté mi impresión de "El país de las últimas cosas", que casualmente sin saberlo, traduje de manera literal “The country of the last things” y para mi alegría me salió casi exacto como pude comprobar después para saber en que podía haber metido la pata. Le conté que mi madre vivía en Cuba, que se lo envié y recibí como si hubiese lanzado un bumerán y me hubiese retornado intacto, un feedback totalmente satisfactorio. Paul Auster con esos ojos de Özil, sonrió, me pareció más un gesto amable que sorprendido por la anécdota, hasta que cuando iba por el medio del pasillo de retorno a su mesa de la cafetería, donde más tarde vería que estaba flanqueado por personajitos de a cultura local y la traductora, hija de Héctor Arce, un amigo de la infancia de mi padre, se giró y entonces sí me miró con una sonrisa más genuina y amplia a modo de saludo, como si mi inglés rudimentario tardase lo mismo en hacerse entender que lo que a mi me costaban esos chistes rebuscados de intelectuales ociosos, que provocaban la inexorable carcajada a destiempo.
Buen viaje Paul, te espera para un café Gladys, quien amaba Nueva York y París como tú, gracias por todo, tanto y tan bueno.
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Paul Auster, la invención de las últimas cosas
Auster, uno de los escritores insignes de nuestra época, falleció en su casa del barrio de Brooklyn, Nueva York, a los 77 años. víctima de un cáncer de pulmón. No dejó de escribir ni de pens...
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¡Baja la cámara!
Estando en el cine viendo la película Civil War, cuando entre la poca audiencia que por suerte me tocó, dos parejas de amigos no paraban de hablar y me giré para sugerirles con mi mejor poco buen humor que hiciesen silencio, me embargó, como el abrazo mullido y sin angustia de una tía, el recuerdo de la frecuente, sana, divertida costumbre de ir con frecuencia al cine en La Habana. De las pocas que se podían disfrutar más allá de encurdarse en bares, malecón, casas o esquinas (costumbre también bastante sana, dadas las circunstancias).
Las grandes películas eran precedidas de larguísimas colas, ya en el Yara, Payret, Trianon, Jigüe, Riviera o 23 y 12. Colas de más de una cuadra, en que casi siempre se podía asistir a broncas a piñazos, patadas y mordidas entre colados y “empingados” con los cueles, que harían enrojecer de envidia a las mejores veladas de UFC.
Una vez dentro empezaba el noticiero del ICAIC de Santiago Álvarez. En una ocasión salí en uno de sus noticieros con mi amigo el Nene, nos sorprendió el entrevistador con su micrófono cuando estábamos en la parte trasera de un camión de basura y le dimos la nota, pero esa es una larga historia para otro post.
Se encendían las luces por segunda vez cuando acababa el documental uno o dos minutos y se volvían a apagar para dar comienzo a la peli o a veces a un corto animado que precedía al filme principal. Extraño esos cortos en lugar de las propagandas y los avances.
Si alguien de cualquier otro país, planeta o galaxia entrase a la sala durante la proyección creería que allí había acontecido un accidente, algún percance de alcance general, dado el bullicio, las charlas, las risas, el gracioso que gritaba "baja la cámara" en una escena semi erótica, o cualquier otro chiste de obligada obviedad a viva voz para solaz del auditorio.
Podía tocarte el asiento en zona de peste a meado, detrás o delante del típico pajuso que no podía faltar en ningún cine cubano, o al lado de la parejita que estaba casi templando. También podía tocarle al lado tuyo y de tu chuchi, a otro aguantando como apretaban al duro y sin guante, a bragueta y escote suelto.
Pero lo que más habría alucinado al marciano o al foráneo, es un espécimen de cine autóctono, estrictamente habanero: El amigo que ya había visto la peli y te acompañaba para contártela "échate lo que viene ahora, el tipo hace así y le mete un...."
A todo aquel que no fuese habanero le costaría entender dos cosas al respecto: que un tipo fuese a ver otra vez la peli para hacerle spoiler a los amigos, y más que nada, escuchar a los amigos diciéndole:
¿Asere, y ahora que viene?
Amor difícil
El león estaba hambriento, divisó desde lejos, como todos los animales de la sabana, a la jirafa, esbelta, distinguida y distinguible, con su cuello y su andar grácil inconfundible. No era un león solitario, dirigía una gran manada, pero en ese instante paseaba solo por los dominios que había conquistado para su tropa, vigilando que todo estuviese en orden, que no anduviese otro león merodeando para discutirle el mandato. Eran seis kilómetros a la redonda así que entre el sol y el movimiento sintió el abrupto asalto de un hambre voraz. La jirafa también estaba pastando sola no había ninguna otra alrededor, ni ningún otro depredador, entonces el melenas decidió comenzar las maniobras para darse un buen festín, acercándose agazapado, con la panza pegada al suelo, el cuello estirado, dando pasos de algodón, hasta que estuvo a la distancia en que sabía que alcanzaría a la jirafa y se largó a correr usando toda la fuerza de sus extremidades, la jirafa ya había comenzado a huir, pero cuando estuvo a tres metros el felino dio un salto de vertigo y prendió las garras a los cuartos traseros del artiodáctilo mordiendo el nacimiento del rabo. La jirafa comenzó a dar saltos como los del caballo cuando intentan domarlo, alternándolos con patadas traseras, para espantarse al hambriento rey de la selva de encima. Al cabo de seis o siete brincos el león quedó convenientemente acomodado en la misma postura que solía usar con sus leonas, y la jirafa sintió el mismo roce que solía caracterizar sus encuentros íntimos con el jirafo, de manera tal que de forma paulatina fueron cambiando los saltos bruscos, por contorsiones cada vez más suaves, hasta que el rabo de la jirafa quedó hacia un lado, entonces el león retiró las uñas de su abrazo al cuerpo de su preso asiéndolo con las patas. Se le puso el nabo endurecido, enrojecido, húmedo, el miembro del rey de la sabana a la misma altura de la vulva ya empapada de la mamífera más alta del planeta. Sí, él tenía como a seis leonas para él, y ella a todos los jirafos de la manada, pero en cierta manera se dieron cuenta de que la novedad les abría un apetito que jamás habían experimentado en sus escarceos maritales, de repente sintieron el envión de un placer desconocido en la variedad, situada en el contraste cromático y sensorial que ejercían las manchas en las nada despreciables nalgas de la jirafa y en la mullida melena del león y su voz ronca, y aunque pudiera creerse, por razones obvias, el problema que aparecería cuando ella le pidiese la lengüita o un besito en el cuello detrás de la oreja, sin embargo incluso esas mismas inconveniencias, acaso producían un mayor afán en la vehemencia del acto, protegido del bochorno y el resarcimiento frente a los suyos por la soledad, en la certeza de un secreto compartido por siempre por interés mutuo. Una vez concluido el frenesí que estremeció un universo interno que ni el león ni la jirafa habían conocido, cuando la sangre volvió a recorrer las venas del felino a una velocidad razonable, el león se preguntó si no procedía continuar con sus instintos de fiera, miró a su partenaire y observó esas piernas largas, los glúteos firmes, el cuello de princesa y volvió a percibir rigidez en su entrepierna, a su vez la jirafa alzando el rabo indicó que estaba más que lista para una segunda ronda. Con la nueva amante era diferente que con las leonas, allí en su manada él mandaba y solo debía preocuparse de su placer, pero la jirafa esperaba sincronizar los orgasmos, exigía paridad y cierta proporción en la entrega y la recompensa. Los días siguientes en las extensas llanuras africanas los encuentros se hicieron más frecuentes, tórridos, explosivos, exploraron cada rincón del deseo, ese que tantos seres confunden con el amor.
Cosa que nunca y siempre les pasó al león y a la jirafa.
El león se aficionó a probar este curioso reemplazo por la cacería en la persona de la cebra, de la antílope, aunque se le dificultó con la hiena por su el marcado carácter de su fragancia y con el búfalo por su escaso sentido del humor.
A todo esto las leonas estaban más fieras que nunca y cazaban cuanta jirafa y cebra encontraban, casi con la única condición de que fuesen hembras y le guardaban para el león jefe de la manada el trofeo y un poco de carne. Una tarde, en los ojos sin vida semicubiertos por párpados con enormes pestañas, en una de las cabezas que las leonas le habían dejado, reconoció en la pupila fría, en el brillo apagado, a su bella amante de la sabana, y habría podido jurar que por una última vez, ella desde un algo en su nadedad, lo exhortó:
-Ruge amor.
Los trapos se lavan en casa
Es curioso y hasta gracioso, que gente de particular concepto sobre la coherencia, haya tenido la audacia de decirme que tengo razón en mis criticas a Cuba, pero que esas criticas habría que hacerlas "adentro de casa", como en voz bajita, que no se entere nadie para no dañar la buena fama engañosa de los valores revolucionarios, para no desmantelar la fantasía en la que se recrean para aliviar sus culpas hedonistas y ocupaciones codiciosas, antiguos coquetos con las utopías transformadoras, hoy panzones con bolsillos repletos pero aun conservando algún detalle distorsionador de la identidad, en la barba o el bigote, la desprolijidad en el último botón de la camisa o el descuido en la pintura en el frente de alguna de sus propiedades.
Y es que Cuba, claro, fue faro de lucha contra las injusticias en los años sesenta, mientras cimentaba y consolidaba las propias de la dictadura del proletariado, que al poco tiempo ni del proletariado ni del campesinado ni de afro descendientes ni de ninguno que no hubiese disparado un tiro en la Sierra o en su defecto, que no haya tenido medalla olímpica de chupamedias de Guarapo y sus secuaces. Pero es cierto que en toda América Latina, buena parte de África y Asia entregaron sus vidas valientes luchadores con la idea de cambiar las relaciones brutales de explotación vigentes, y lo hacían con la virgen marxista leninista del Caribe liderando la proa de sus emprendimientos. Continuó aun una vez muerto el Che, abandonado a su suerte en cualquier tierra alejada de los nuevos pero absolutos dominios de su ex amigo de postín, tras la década infame, la zafra del 70, el alineamiento incondicional con lo más burocrático y menos revolucionario de la URSS, la brutal represión a todo elemento distraído por costumbres pequeño burguesas, tales como disfrutar una canción de rock'n'roll o usar pantalones ajustados, "de movimientos feminoides y elvisprelianos" como dijo Guarapo en un famoso discursos en el cual alentó al pueblo a denunciar a estos peligrosos hedonistas o directamente hacerse cargo de ellos con sus propias manos, como ocurrió en cada barrio, en cada esquina, en cada pueblo Revolución: "aquí no queremos pepillos desviados sexual ni ideológicamente" gritaban las masas en un lenguaje más coloquial, ávidas de ver colgados de los timbales a esos elementos desenfadados deseados por sus esposas y esposos. Continuó pero ya con menos fuerza propia, con decenas de intelectuales entusiastas en un inicio con el proyecto y desencantados con la cárcel, prohibiciones, fusilamientos, abusos, y sobre todo dificultad para opinar, crear, pensar, con líneas de izquierdas disidentes del estalinismo primero, del “Jrushoismo” y “Brezhnevismo” más tarde, soltándole la mano a la ya no tan flamante, ilusionante y justa revolución cubana. Y entonces necesitaron del apoyo de toda la propaganda "fake" posible, como toda mentira medianamente eficaz, basándose en medias verdades, alabando la educación gratuita, medicina universal, que no hubiese niños viviendo en la calle, etc., cosas que eran ciertas aunque comportando un gran coste para la autoestima en la vida cotidiana, que una vez alojado en el hipotálamo garantiza una sociedad de autómatas, pueblos enardecidos, contaminados por el odio, la envidia, la vigilancia permanente ante la amenaza de gozo y solaz del prójimo. Dentro de la isla todos sabíamos que todo era mentira, y afuera también pero todavía se podía esconder con unos cuantos agentes muy bienvenidos en "casas de visitas" donde en las mañanas elogiaban la perfección de la sociedad igualitaria y, en las noches conocían el tan cacareado en en todo el mundo, embrujo enigmático de la mulata, que revitaliazasen los cantos de Carlos Puebla y Daniel Viglietti en las almas nostálgicas de quienes, en sus propios patios ya habían abandonado todo romance con las viejas utópias, a lo sumo beneficiandose dentro de algun proceso demoagogo con pésimo disfraz de revolucionario.
Pero sobre todo, que aquellos que por alguna razón supiesen y no comulgasen con los abusos, con el embuste llevado a la dimensión de burla, fuera de los límites del “caimán verde” liberados a su antojo, mantuviesen la boca cerrada donde no entrasen moscas.
"Eres negro, eres pobre, eres guajiro, sin la revolución nunca habrías aprendido siquiera a leer ¿cómo te atreves ahora a hablar de quien te dio educación, salud y arroz con gorgojos?"; "eres familia de un icono de la honestidad, del prestigio, del valor, de la humildad revolucionaria y por ello recibiste todo tipo de privilegios ¿cómo te atreves a correr las cortinas y abrir la ventana?".
La basura se saca por detrás, los trapos se limpian en casa, las violaciones entre parientes se resuelven en familia y las de los curas se saldan en Roma.
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