Pocos días han pasado del bombardeo relámpago de EEUU a Venezuela, para secuestrar al dictador Nicolás Maduro dirigido por el autócrata Tronal Gump, a quien por esta vez y en lo sucesivo llamaré por su apodo “Donald Trump”. Y ya se nos va aclarando el panorama.
Lo primero que nos queda meridianamente claro es que no atacaron para erradicar ningún alijo de millones de toneladas de las más diversas drogas fuertes para surtir el mercado estadounidense compuesto de millones de adictos. Ni un cohete fue destinado a no se sabe que inmensos almacenes en que enorme polígono resguardan todo ese material. Y es más que probable que no veamos drásticamente reducido el tráfico y uso de drogas desde ya mismo una vez apresado el jefe del principal Cartel. Más que nada y seamos claros, porque el fentanilo les entra desde México, la heroína y la cocaína desde Ecuador, la mariguana y la metanfetamina y otras drogas de diseño se producen dentro de Estados Unidos.
Lo segundo es que a lo que sí le dedicaron tiempo recursos y espionaje es a saber exactamente como está cada pozo petrolífero, las condiciones de explotación y los recursos que serán necesario invertir para ponerlos a full hasta agotar todo el crudo, momento en el cual, según el propio Donald Trump, Estados Unidos dejará de gobernar Venezuela y hará el traspaso de gobierno esté como esté la situación. Es un problema que deben resolver los venezolanos.
Y la tercera es que para que los venezolanos vayan resolviendo sus asuntos, Trump delegó en la figura de Delcy Rodríguez que a lo largo de los años se consolidó como una de las figuras más poderosas del chavismo tras ocupar cargos clave, concentrar poder en áreas estratégicas del Estado y convertirse en una funcionaria de absoluta confianza de Nicolás Maduro. Hija de un militante revolucionario muerto a causa de las torturas en prisión. De una familia de larga tradición de lucha hasta ayer, cuando aparentemente las papas quemaron. Aunque todo parece indicar que el calor infligido al socorrido tubérculo ni era tanto, ni se comenzó a aplicar tan recientemente. Habrá que ver hasta que punto Delcy responde al pueblo venezolano, al lineamiento bolivariano o a Trump y Rubio. Pero sí fue sorpresivo y tomó con el paso cambiado a todo el mundo, a los millones de venezolanos del exterior que celebraban la libertad, aunque ni remotamente para retornar no ya a luchar, vade retro, sino a cumplir con su promesa de exilio privilegiado únicamente mientras hubiese chavismo, también a la izquierda trasnochada tras condenar la violación de todo tratado de derecho internacional bombardeando un país soberano, eso junto a todos los demócratas del mundo pero después se cortaron por su lado defendiendo los logros del chavismo, condenando toda crítica a la labor revolucionaria de Maduro, quedando desubicados, por un ataque sin una victima de los agresores, con el mandatario entregado sin oponer resistencia ni siquiera a golpes, tras años de alharacas, alardes, declaraciones altisonantes de morir él y todo su pueblo antes de entregar un grano de tierra bolivariana, a los medios de prensa, a los acérrimos obsecuentes de Trump obligándolos a encontrar entre el decálogo de los disparates más absurdos alguna explicación para seguir justificando lo imposible, en fin a toda la opinión pública, y por supuesto a este seguro servidor.
Lo más sorprendente para los desprevenidos en manejos políticos, decepcionante para exiliados y defensores de cualquier aberración trumpista en las redes, fue cuando Trump dijo, en parte respondiendo con la lógica del poder y en parte con su rencor por haberle sido arrebatado el Premio Nobel “no, María Corina no tiene apoyo ni respeto de la población, preferimos confiar en Delcy para gobernar”. Dejando de un plumazo abochornados, ridiculizadas, caricaturizadas todas las loas, frases obsecuentes, sometimientos incondicionales de la ex clandestina de huida “jamesbondiana” por tierra, mar en barco, submarino, aire en helicóptero y aviones donde recordemos se fracturó la espalda lo cual no le impidió correr, saltar vallas, pasar horas de pie en entrevistas, hacer todo tipo de reverencias al rey estadounidense. Un duro golpe a toda la diáspora, a todos los disidentes que sí, honradamente, de manera noble, se habían ganado el respeto de todos los seres cívicos del mundo y el deseo de que un día pudiesen regresar a formar parte de un gobierno en su país, más allá de las diferencias en el barnizado de las sensibilidades ideológicas. Dicho en español básico, coloquial, de manera sencilla y rápida, Trump y su escudero Marcos Rubio se cagaron en todo.
Lo que sí sorprendió el día de marras, fue la rapidez con que se solventó una ataque internacional, a la que a priori debía ser la dictadura más fortificada, armada, apertrechada, y resistente del continente y a juzgar por los alardes durante décadas, una de las más inexpugnables del mundo. En menos de una noche atacaron, y se llevaron al héroe nacional sin un solo rasguño. Pero hay que lamentar la muerte de unos cuantos venezolanos y de una treintena de agentes cubanos que hacían la labor de custodia del presidente, que si se llegase a concretar la sospecha de que fue arreglado, además de poner en el banquillo de los criminales a quienes dispararon habrá que juzgar a quienes los vendieron sabiendo lo que iba a suceder.
En un primer momento todos sentimos la indignación frente a la decisión unilateral no consultada ni consensuada con ningún organismo oficial ni siquiera el Congreso estadounidense de un bombardeo intensivo a una nación extranjera más como un acto terrorista que como una inevitable acción militar autorizada, llevado a cabo con alevosía y nocturnidad. Indignación que continuamos sintiendo y que debería inmediatamente traducirse en un juicio internacional. No puede ser que el único país sancionado por bombardear un país soberano sea Rusia, mientras Israel, Arabia Saudí, y Estados Unidos tienen carta blanca para matar, masacrar, secuestrar cuando y cuanto les de la gana. Este mundo que se nos ha quedado de derogación de todas las reglas del juego post Segunda Guerra Mundial e instauración de la ley de la selva, la del más fuerte militar y económicamente, debe cesar de inmediato.
Pero a continuación experimentamos una desazón al ver que no hubo resistencia ninguna más allá de la de los 32 custodios cubanos, que se sospecha fueron masacrados toda vez que no eran soldados para la guerra y si lo fuesen es más inexplicable aun que muriesen sin causar ni una baja, no hay aun datos firmes ni cronología detallada de los hechos al alcance de la opinión pública. No hubo un solo disparo a los agresores, el pueblo no salió, el ejército en sus cuarteles. Llamó profundamente la atención, decepcionó a los defensores del chavismo, alegró a los detractores y desubicó al resto.
No hubo ni una mención de Donald Trump ni de Marcos Rubio al Cartel de los Soles, a los millones de toneladas de drogas por las que se supone son objeto de destrucción, ni una sola mención a la recuperación de la democracia, en contraste hubo numerosas alusiones al petróleo y varias directamente y sin el menor rubor ni tapujo a los beneficios económicos que reportaría la gestión del ansiado oro negro. Cosa que nunca se escatimó al conocimiento público ya que EEUU hace poco más de un mes sacó la estrategia nacional dejando claro que su prioridad es el hemisferio y sus recursos naturales. Trump dijo además cuando asumió que el eje central de su gobierno sería bajar el precio del combustible, el petróleo venezolano no lo puede refinar cualquiera, casi nadie más que Estados Unidos fuera de Venezuela.
En fin hay para dar y para tomar, ni siquiera en la opera bufa o la obra del absurdo más disparatada se podría congregar semejante cantidad de despropósitos en solo tres días, y muy probablemente en menos de lo que canta un gallo, este escrito quede totalmente desfasado y anacrónico con los acontecimientos que nos esperan.
Cosas veredes Sancho.
Trump y su designada para gobernar Venezuela