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¿Por qué la diáspora venezolana se hizo de derecha?
Ocho millones de venezolanos emigraron en diferentes épocas a lo largo de los últimos 25 años, así como fueron contingentes de diferentes sensibilidades ideológicas y clases sociales. Aunque de manera similar a los cubanos hayan terminado por coincidir en un común denominador a pesar de sus diferencias, por una razón u otra, a todo los une el antichavismo, como a los isleños los unió el anticastrismo.
De Cuba por ejemplo se fueron en el mismo 1959 los mandos militares con responsabilidad en represión, torturas y asesinatos, los torturadores que pudieron escapar, los mayores explotadores, generalmente batistianos. A continuación de inmediato se fueron los burgueses, los pequeños burgueses, los profesionales ya sean apolíticos o sin una adscripción clara a una ideología, siguieron los que habían luchado o ayudado a luchar contra Batista para establecer la Constitución de 1940 de Laredo Brú, pero alejados del comunismo o socialismo, luego se fueron muchos incluso del PSP y socialistas que no eran guerrilleros y fueron perseguidos por los guerrilleros, y más tarde se dieron distintos gruesos flujos migratorios en la década del '60 todavía muy ideológica, en la del 1980 por deseos de progreso económico, en el 1994 por hambruna, y todas as sucesivas han sido por razones de urgencia económica, aunque terminan siendo políticas también.
En Venezuela pasó algo similar pero con sus diferencias, aquello no fue una revolución socialista, Chávez era un general del ejército regular, un hombre de academia, que hizo su camino hasta la cúpula sin manifestar su desacuerdo con la sociedad hasta que llegó a la cima. Fidel era de entrada un elemento subversivo, un revolucionario clásico. Chávez no era marxista leninista, Fidel tampoco hasta que le resultó rentable con la URSS, pero tenía una formación intelectual sensiblemente mayor que el general bolivariano.
Esas diferencias hicieron que no fuese abrupto el primer exilio venezolano como fue el cubano, excepto aquellos que encontraron una amenaza el hecho de que se legitimase al 25% de la población que no estaba ni siquiera inscrita con el documento nacional que les permitía votar. Gente estigmatizada, humillada, sin embargo aun siendo pobres Venezuela era un país donde con un trabajo temporal se juntaba dinero para vivir mucho mejor que hoy con un trabajo fijo. Pero ciertamente Chávez, en un inicio los dignificó, un hecho innegable, de ahí su inmensa popularidad. Esos primeros emigrados no exiliados forzosos como habían sido los batistianos, fueron los burgueses que podían seguir produciendo fuera, aunque algunos decidieron quedarse porque Venezuela hasta hoy ha mantenido un comercio muy fluido con Estados Unidos y todo el campo capitalista, nada que ver con Cuba. Aun así hubo un fuerte flujo de la clase social que no deseaba igualarse al vulgo, de a poco se fueron profesionales, disidentes con la situación política, de censura, de prohibiciones de autoritarismo de personalismo como forma de gobierno sin ser una dictadura, ya que ningún presidente fue más votado que Hugo Chávez, pero sí con mecanismos y actos reflejos propios de dictadores, espíritus libres o más proclives a la libertad de expresión se fueron, Hasta que empezaron a emigrar por razones básicamente económicas, para progresar primero y muy poco tiempo después para poder comer. Venezuela no llegó al nivel de prohibiciones cubanas, de poseer dólares, de viajar. entrar a un hotel, de consumir, casa, coche vacaciones, de diversidad de partidos, prensa, editorial, sin embargo tampoco tuvo el nivel de asistencia social que tuvo Cuba hasta que cayó la URSS, todos con casa luz, agua, escuela, salud excelente, vivienda, barriga llena, todos con lo mismo pero todos tenían lo básico. Con el tiempo Cuba se ha deteriorado de una manera que de socialismo solo le queda el partido único, una hoz desafilada y un martillo con el mango roto.
Con este panorama Venezuela llegó a 31% de su población escapando de su país, la gran mayoría por razones económicas, padecieron una injusticia similar a la de los cubanos por todo el mundo. Fueron estigmatizados, rechazados como victimas, vapuleados como exiliados, destratados como desterrados, por los progresistas, la izquierda revolucionaria por supuesto, pero también la democrática, los partidos de vanguardia, todos esos sectores y organizaciones que por los hambrientos de África, Asia y América Latina capitalista, sentían una profunda conmiseración y solidaridad por su situación, sin embargo jamás repararon en las de los venezolanos, destratándolos acaso un poco menos, que lo que habían despreciado años atrás a los cubanos exiliados casi bajo los mismos términos peyorativos que había utilizado la revolución para marginarlos. Curiosamente, en lo que hoy son los emigrados, conviven sobre un común denominador lo que de no haber habido revolución ni chavismo, habrían sido clases sociales antagónicas, patrones y empleados.
En resumen no solo nunca sintieron el calor de los partidos políticos de izquierda o del campo popular sino que experimentaron su descrédito y su rechazo.
Es fácil hoy entender por qué un grueso de esa diáspora sea al menos formalmente y, en su expresión colectiva, más afín o asimilable a la derecha cuando no al nuevo movimiento mundial de extrema derecha, y en esa comprensión intentar pedirles perdón y abrazar su dolor e intentar mediante el dispendio de afecto, que no se entreguen a los cantos de sirena de los líderes más inescrupulosos, e inexorablemente vuelvan a someter a Venezuela a un nuevo despropósito de intolerancia, que de novedoso no tiene nada, aunque su barniz y jerga definitoria consiga disfrazarlos para el baile.
Timidus Hypokrisis
No escuchamos a Giorgia Meloni quejarse y condenar a Jannik Sinner por ir a jugar el oneroso torneo Six Kings Slam nada menos que a Arabia Saudita, homenajeando lo más granado del anticristianismo histórico, de la cuna del Islam, del Corán, de las guerras santas, las cruzadas, los califatos, y hoy igual de talibanes que los afganos, pero inmensamente ricos.
Creo que todos los que vivimos en Europa y defendemos el estado laico y el desarrollo que alcanzó el continente por su laicismo, ateísmo, agnosticismo, libertad de credo pero sobre todo, desarrollo social, económico basado en la ciencia y la técnica, enemigos conceptuales de toda religión ya que disputan el trono de "dios", no deseamos bajo ningún concepto un retorno a lo que fue el catolicismo del siglo XV en la figura de los actuales musulmanes, como por supuesto tampoco deseamos en ninguna medida la estigmatización de quien no profese religión alguna, bajo la condena pública inquisitoria de “A quien no le guste el crucifijo, fuera de Italia”.
De todos mis amigos italianos, desde Sicilia a Aosta, pasando por Calabria, Milán o Turín, son más quienes no simpatizan nada con el crucifijo que quienes le rinden homenaje.
Pero ¿qué se esconde detrás de "fuera de aquí los que no sean católicos"? en un país que encierra en sus contornos al Vaticano, estado de la religión occidental por excelencia, pero también al que fue cuna de teorías anarquistas, socialistas y comunistas por excelencia, con una trayectoria de lucha y anti fascista así como el país cuna del fascismo.
Tan fascista como antifascista, tan comunista como anticomunista, tan mafiosa como antimafiosa, tan clerical como anticlerical.
Los omeyas, los califas, eran árabes no magrebís, los jeques de hoy son Árabes, quienes descuartizan a opositores, apedrean a adúlteras y ejecutan homosexuales, ni son bereberes ni tuaregs, saharauis, ni tunecinos, son de los países a los que les estamos dando todas las competiciones sin exigir nada a cambio, a los cuales les toleramos que lleven décadas bombardeando Yemen con más de 500.000 muertos, oprimiendo mujeres, esclavos, homosexuales, disidentes.
No queremos ese atraso, ni el de los petrodólares, ni el de los que viene a solo a llevarse euros y no se integran exigen lo que ni siquiera insinúan en sus países. Pero no por racismo sino porque no queremos la Santa Inquisición española ni la Romana, no queremos recordar que el catolicismo mató adúlteras acusándolas de brujas, asesinó a los rebeldes, a miles de niños en las cruzadas, a miles de Cátaros iconoclastas y denunciantes de la corrupción del papado romano, en Occitania, miles de indios, millones de africanos.
No queremos refrescar a la Inquisición católica que despedazó a Tupac Amaru en Perú y quemó a Giordano Bruno en la propia Roma, precisamente en nombre del pesebre y de la cruz.
Queremos a Giordano Bruno, a Dante, a Pirandello, a Gramsci, a Malatesta, a Garibaldi (acaso en Sicilia lo quieran menos) a Caravaggio, al Tintoretto, a Leonardo, al último Miguel Angel de la Pitá Rondanini, a Pavese, a Pasolini , a Impastato, a Modigliani, a Mastroianni, a Loren, a Felllini, Vivaldi y Bellini.
No queremos el regreso de la Inquisición Romana, ni a su precursor Poncio.
María Corina ¿De Gaulle o Ghandi?
María Corina Machado es un personaje complejo, no es fácil encasillarla, hija de Henrique Machado Zuloaga, gran empresario del acero en Venezuela y de buena parte de la madera, cualquiera tendría derecho a creer que su lucha es para recuperar esa alta posición social mediante la herencia, pero no sería demasiado serio pensar así. Ella ha ido más allá, en lo personal ha demostrado un valor indiscutible, una conciencia de lucha más que respetable, sobre todo algo que todos los seres humanos conocemos bien, la valentía frente al miedo, el temple cuando aparece el pánico: no se fue y en cambio se enfrentó a Chávez primero cara a cara y después a Maduro de idéntica forma. Es un tipo de valor escaso.
Esto es indiscutible.
Pero por otro lado también es cierto que promovió intentonas golpistas, el detalle está en la etimología, "revolución- golpe" a la postre es lo mismo ambos buscan remover el status quo establecido, así como "intervención militar- bombardeo" toda vez que no existe una sola invasión que no se ejecute mediante una andanada brutal de misiles y todo tipo de bombas. Ella promovió las Guarimbas con decenas de muertos venezolanos. Y pidió a Netanyahu y a Trump, en sendas caratas documentos, la intervención-bombardeo de su país.
Ambas faces son ciertas, lo deseable sería que pudiésemos apreciar en su medida las dos caras de la moneda, y no que en dependencia de nuestra filosofía de vida o ideología, solo tomásemos en cuenta una de las dos vertientes del personaje descartando la otra.
¿Quién podría negar altos ideales a Charles de Gaulle, a Don José de San Martín, a Antonio Maceo o a Simón Bolívar, pero a la vez a quién se les ocurriría premiarlos con un reconocimiento a su trayectoria pacifista?
De ahí es que me parecería más adecuado que se la hubiese premiado con una presea al valor, al coraje, a la intrepidez incluso a la temeridad, y que considero un desatino total un reconocimiento a su labor por nada que guarde relación con el significado ni el significante del término: paz.
Wydma en Oslo
Una tarde golpearon la puerta de Guillermo a quien llamaban Willy, mientras estaba dormitando. Willy había pasado desde los veinte y dos años hasta los cincuenta y cuatro cagando gente, jodiendo cuanta vida mostrase esa pequeña hendiduras por donde meter toda la corrosión que pudiese soportar. Llevaba en la ciudad de la justicia dos años, las manos ya no eran lo que habían sido, su espalda acostumbrada a dormir sobre pompas de plumas de ganso o a veces sobre el cochón de agua que había mandado poner en todas las dependencias de su apartamento de cuatrocientos metros cuadrados del centro de la ciudad a donde llevaba las “churris”, ahora era una bolsa de durezas causadas por la incomodidad de dormir durante el primer año sobre una colchoneta fina como una feta de jamón de los bocadillos del aeropuerto y sobre dos cuando al año y medio pudo comprarse otra colchoneta de segunda mano. Jamón y queso de aeropuerto.
Willy trabajaba como un mulo abriendo agujeros en la madera, eso era lo único que había conseguido aprender a hacer, en toda su anterior vida de adulto cagador solo había desarrollado habilidad para seducir, maniobrar, amnipular y al final estafar. Abría empresas de construcción que levantaban inmensos bloques con unos charcos en el medio a los que llamaban piscinas, y donde se alojaría a cambio de treinta años de su trabajo a obreros que se creían de clase media por usar corbatas de rebajas y tirarse en esos charcos con azulejos azules los fines de semana en que el sol arreciaba . Unas corbatas tan baratas que si las tirasen a las piscinas recalentadas por las meadas de bebés, niños y manganzones con las bolas grandes como lámparas para dar un paseíto hasta el baño, como mucho solo conseguiría adecentarla. Aparte de los cientos de empleados que tenía contratados por semanas, días, a veces horas con overol y casco protector, también Willy contaba con un buen puñado de empleados con corbatas dentro de las oficinas, y lo primero que hacía cuando ascendía a uno era mandar a llamarlo a la dirección, hacerlo tomar asiento y preguntarle si sabía hacer el nudo “Windsor” doble cruzado que formaba un perfecto triángulo. Entre los empleados, que en su mayoría no tenían ni idea de cómo se hacía, ya era sabido que de todos modos a esa pregunta había que responder negativamente y entonces, digamos que la rúbrica al ascenso era enseñarles a hacerse el nudo Windsor en sus corbatas de tres al cuarto, además de recomendarle muy encarecidamente una nueva casa donde adquirir prendas de este tipo acorde con el nuevo status. “Pedazo de hijo de puta” pensó Wydma cuando pasó a su lado.
Wydma era hermana del loco que unos meses atrás había entrado a una licorería insultando y tirando piedras de tamaño temerario a todos los que estaban dentro, odiaba a los borrachos. No consiguió contusionar a todos pero llenó de moretones a unos cuantos y a dos los dejó bastante jodidos. Mientras vaciaba su saco de cambolos pensaba en esos locos estadounidenses que entran con ametralladoras de última generación disparando a todos los rincones llenando el suelo de chocolate, se hizo llamar “Billy the Kid”. Billy fue preso y Wydma puso rumbo a Escandinavia.
Desde pequeña le había subyugado la idea de vivir en una estepa nevada, en una casita de chocolate con un tejado cubierto de hiedra en verano y de nieve apelmazada, tupida, en invierno, renos alrededor, y no tan lejos, los lapones. Pero al aficionarse a las series nórdicas grabadas en pueblos costeros y ciudades, también por la proximidad de la materialización de su deseo en la cual intervenía más los datos concretos de precios, supermercados, comidas, restaurantes, tiendas, medios de transporte, y otras comodidades convenientes, sobre todo en el aislado norte, empezó a preferir dentro de sus anhelos, la nieve igual de caída y agrupada en cantidades generosas, pero sobre un emplazamiento más urbano.
Fue a Oslo, conocía a un amigo checo que vivía en la ciudad, se alojó dos meses en su apartamento que era de dimensiones aceptables para dos personas, pero como cabría suponer al menos en el terreno de las probabilidades el amigo tenía intenciones de intercambiar secreciones. Cosa a la que Wydma no se opuso en absoluto, en cierto sentido hasta le pareció una prestación extra, pero teniendo claro que era para dejar escapar la tensión en unos cuantos gemidos, contorneos, mamadas mutuas, paseo de lenguas y sobre todo abrazos, que al fin y al cabo eran protectores. Wydma era especial, todo lo hacía con sentido, no necesariamente para obtener algo pero sí habiendo sopesado pros y contras, y para ella empezar en una ciudad tan distinta en todo a su idiosincrasia suponía una presión extra que de alguna manera debía liberar. Milenko era una perfecta vía de descarga, un tipo alegre, amable, culto, estaba bueno, quizás con el culo un poco flácido pero tenía buen rabo, ella solo tuvo que dar unos retoques en las costumbres higiénicas y la sugerencia de cierta variedad culinaria, por lo demás estaba perfecto, además de contar con refugio hasta que pudiese independizarse. Ella le propuso pagarle la habitación que ocupó, pero Milenko se negó, solo le puso la condición de compartir gastos de comida y el dispendio, tampoco demasiado seguido, de esas energía hierática acumulada en la semana. Wydma era rubia, tenía el pelo lacio, ojos verdosos, piel pálida, pero sus curvas, el culo, las tetas, los muslos y sobre todo la gracia al andar eran marca registrada de allende los mares por donde el sol calienta más, Milenko se preguntaba como no se cansaba de caminar y hablar como si estuviese bailando, a veces se le paraba solo de mirarla, “uf es explosiva, blanca y mulata, dos en una, y las dos son unas bombas”, pero no la molestaba más que esa emergente vez a la semana en que todo parecía confabularse para sintetizarse en un abrazo ¿qué importancia tenía si con génesis en el deseo lascivo o de cueva cucha? Al final era un imperioso anhelo de ambos, el placer y la caución entreverados sin mezclarse intercambiando virtudes, tras el vidrio climatizado de una ventana empañado por dentro, congelado por fuera.
Ella no estaba ni estaría enamorada de él, pero la pasaba bien, le encantaba calentarlo y después fornicar con desenfreno. Milenko ya le había dicho que le gustaba la ropa interior blanca, de algodón, podían presentar algunos estampaditos pero tenues que no irrumpiesen en los dominios del blanco descolocándolo, en todo caso que lo potenciasen, le encantaba la vista de la vulva desde atrás apresada por la braga blanca, las piernas que aparecían desde los pliegues que formaban los glúteos, y cuando apretaba levemente con sus manos las nalgas cubiertas por esa tela ajustada, suave al tacto, se producía un contacto directo entre los dedos y la zona del cerebro encargada de enviar de inmediato la señal de zafarrancho al rabo. Una tarde Wydma fue a comprar un nuevo juego de lencería
del tipo que tanto a ella como a Milenko le gustaban, en la tienda le atendió una empleada que hablaba español, así que se entretuvo charlando un poco más de lo estrictamente necesario, la muchacha era uruguaya, había vivido casi la mitad de su vida en Buenos Aires y ya iba por la otra mitad entre Copenague y Gotemburgo, estaba probando hacía pocos meses vivir en Oslo, pero su intención era mudarse a una ciudad pequeña del interior, Wydma le dijo que esa era exactamente su misma intención. En realidad no lo tenía definido del todo pero encontrarse a alguien que pareciese tan cercana, tan ella misma y que tuviese esa decisión tomada cuando había cubierto una parte de la geografía escandinava viviendo, terminó de ponerle la guinda a un deseo que se mostraba más firme en la medida que se alejaba hacia atrás y en tanto iba acercándose al momento de decidir el enclave exacto en donde le gustaría “arranchar” todo se hacía más difuso y empezaba a carecer de sentido, como si la finalidad de esa idea motivadora no fuese más que una excusa para escapar del tedio, de sí y de su futuro.
Narcocapitalistas y narcocomunistas
Históricamente la izquierda revolucionaria y el narco estuvieron muy bien relacionados, solo basta echar un ligero vistazo a la historia reciente de Colombia y el financiamiento de la guerrilla y su relación con los carteles de la droga. Los indicios del uso de la isla de Cuba para punto de escala en el tráfico de cocaína desde el sur al norte del continente americano, por hechos de público conocimiento como la causa Nº1 que desembocó los fusilamientos de Ochoa, De La Guardia, Padrón y Martínez, uno de los eventos llevados a cabo a cielo abierto con evidencias más diáfanas de nuestros tiempos junto a Iran-Contra o Wartergate, y varios otros casos escandalosos más o menos difundidos, que proscriben toda necesidad de investigación dado el descaro evidente con que se llevaron a cabo.
Si bien el tráfico de drogas ha sido transversal y nunca manifestó preferencia sentimental por ninguna sensibilidad ideológica, se da por igual a todas, su lujuria no distingue barnices, cosa que en el lejano Oriente quedó más que patente con las guerras más sanguinarias por el control de la amapola y sus derivados, opio, morfina y heroína y en los gratos superávit de los mayores bancos capitalistas del orbe. Es tanto el dinero que mueve el tráfico de narcóticos, tanto el oriental como el occidental, tanto el de procedencia natural como el de laboratorio, que no deja de lado a nadie, solo depende la integridad personal de cada individuo, no se declarada sensibilidad social.
Pero en estos días ha habido una coincidencia nada baladí en dos representantes de la derecha, una en España y la otra en Argentina. En España el presidente del Partido Popular fue fotografiado en distintos momentos de su vida como presidente de la Xunta de Galicia pasando momentos de solaz junto a un importante narcotraficante gallego, Marcial Dorado. En Argentina el escándalo lo protagoniza Espert, diputado e importante militante de la Libertad Avanza y persona de la total confianza del presidente Milei, que aparece en la investigación por narcotráfico en EEUU, acusado incluso años atrás por importantes figuras libertarias del núcleo intimo de Milei como Lilia Lemoine. A uno en su yate a otro en su avión. Lo descorazonador del caso español es que no haya tenido consecuencias ni en la justicia ni en la opinión pública, esperemos que no ocurra lo mismo con su homologo argentino.
La tendencia de la izquierda a simpatizar con todo elemento que exceda los parámetros del "establishment" , así sea lumpen, marginal, delictiva, llevó si bien no a simpatizar abiertamente con los capos mafiosos de la droga, sí a asimilarlos con un dejo romántico, indulgente.
¿Será que la nueva ultraderecha, la que rehúye los ceremoniales atávicos, la que insulta con términos procaces, caracterizada por su incultura general, la que por un lado miente sin trazas de vergüenza en la prensa, y al mismo tiempo revelan a la sociedad sus más bajas intenciones sin el más mínimo prurito, incluye hoy en su desparpajo característico, desatar los últimos lazos diurnos del corset de las buenas formas y la hipocresía burguesa?
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