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El blog de martinguevara

Sombras tenues

30 Marzo 2025 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Relax, #Opinion crítica.

Quizás siempre ocurrió y por primera vez relaciono.

Hace poco empecé a sentir menos rechazo por la idea de encariñarme con Jesús más que con ese dios devorador controlador acomplejado vengativo celoso y cruel con que infunden el temor. Pero una cosa lleva a la otra y Jesús sin dios no es nadie, así que al final empecé a desenfadarme con la idea de un dios más orientado a la bondad que al poder. Siempre le puse a Babalú café y agua, a los costados de un Cohiba sin encender que llevará como veinte años sirviendo al señor de los enfermos y tullidos. El sentimiento comenzó la pasada Semana Santa, de pie frente a una procesión en la que ya me di cuenta que no me molestaba como toda la vida, en ese momento pensé que justo a este mundo de hoy le vendría bien una nueva inyección de cristianismo, de misericordia, y en la basílica de san Isidoro me quedé hierático petrificado mirando una piedad que sostenía al hijo moribundo sobre el regazo y una brisa lavó de preocupaciones mi cara y paseó por entre los vellos tupidos de mis cejas relajando su fruncido.

El lunes parte a Barcelona mi hijo menor a cursar el último año de estudio superior con el máster de su carrera, después a volar, se ha convertido en un buen hombre y a la vez que siento orgullo y felicidad por quien ya es, fue y será, no puedo evitar un poco de pena al tener que decir adiós a aquel niño, que sin embargo él siempre deberá atesorar en su compartimento interior más preciado, y más le valdrá cuidarlo con mimo.

Dos días después voy a Las Palmas de Gran Canaria a ver a mi hijo mayor, un ser humano que conoce la profundidad y la amplitud de la vida, un corazón de león, al cual no lo definió ninguno de sus avatares, los problemas que debió atender en los diferentes recodos del camino espinoso que le tocó andar, sino que lo calificó su actitud de hacer frente, de luchar, de ganar y de dejar el llanto para los velorios. Un atlante.

Dos semanas más tarde viene a España después de más de dos décadas de vivir en Estados Unidos, mi mejor amigo de Cuba, mi hermano de mil aventuras. Hace pocos meses vino también por primera vez a Europa mi mejor amigo de Argentina.

Un mes después viene mi viejo, un viejo que no es cualquier viejo, es un ser humano que vale la pena, con una vida durísima pero que al final ha conseguido orientarla de cara a esa brisa que airea las cejas y despeja los embrollos.

La parte triste pero también relacionada con este espectro, es que hace menos de un mes dejó esta dimensión de existencia una sobrina política, hija de dos seres buenos, se fue como el agua y dejó un arcoíris de tanto fulgor en su brillo como bruma hay en dolor.

Me llegaron en distintos soportes y de distintos remitentes dos invitaciones a orar, una por la red y otra in situ con una carta escrita a mano en mi buzón del edificio, con dos días de diferencia, a ambas las percibí amables. Una casualidad aparente que en otro tiempo podría haber interpretado como misteriosa, pero que hoy veo como una consecuencia coherente con la secuencia de esos fotogramas que quedan ocultos, pero no atrapados, entre esas otras veinticuatro instantáneas expuestas con impudicia en cada segundo.

Y lo más asombroso es que precisamente me sucede a mi que es quien menos lo necesita, en el momento en que menos lo requeriría, cuando tengo más que saldadas las deudas, acaso justo por ello se manifieste la epifanía cuando el vínculo carezca de una finalidad mundana, quizás para dar el mensaje de que lo que podamos dar nos trascenderá, su cualidad de permanencia podría dar entidad a ese amor que estamos temerosos de entregar del todo ante la duda de si será valorado, y a la gratitud por lo recibido en la vida. Solo es un quizás, pero es no es una mala especulación.

Obviamente ya no voy a modificar el sistema de pensamiento, de medición de la distancia y de interpretación de la realidad, pero la experiencia con esta nueva sensación es tan agradable que procuraré darle albergue.

Aunque no sienta extrañeza me asombra esta repentina pulcritud en la correspondencia entre el espacio de la razón y el místico en mi persona. Aunque como toda moneda, esta también en su debido momento presentará dos caras, el haber arribado a esta capacidad de lectura despojado de un prejuicio atávico me proporciona de una especie muy concreta de reparación, tranquilidad, sosiego, que tiene todo el aspecto de provenir de los dominios de la paz.

 

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Parque Aguirre

1 Marzo 2025 , Escrito por martinguevara Etiquetado en #Cuba Opinión, #Opinion crítica.

Una vez iba atravesando el parque Aguirre, como pisando huevos, hormigas, cucarachas, oh, eso sí era asqueroso, pisar una cucaracha sentir el cracksh y verle salir del interior la mucosidad amarilla Van Gogh, algunas la tenían verde Monet, el verde debía ser alimento recién ingerido y la amarilla, puaj, ya en proceso de cacona. De cualquier modo: al tema, iba cabizbajo quise decir, displicente, sin deseos de llegar a pocos metros de la entrada a la Anexa para no tener que sentarme en el aula y continuar faltando hasta los seis meses, iba casi caminando para atrás como años después caminaría Michael Jackson que por entonces cantaba María oh, oh, oh María. Con el rabo del ojo vi la habitual pandillita de muchachos sin camisa, en hora de escuela, olía a problema, o pojlema como dice la andaluza, uno, el mayor de todos estaba contando con un bisturí de cirujano, con el mismo que se sacaba punta a los lápices chinos, la barrriguita de un gorrión, otro le sostenía las alitas y el bichín intentaba decir algo con el piquito pero nadie entendía, ni sus torturadores ni los demás pajaritos de los frondosos arboles que poblaban el parque. Unos se hacían los sordos, otros los mongos, y otros los desentendidos. Fue superior al miedo que daba una pandillita de muchachos sin camisa a la hora lectiva y relativamente cerca de la Quinta de los Molinos de donde eran los Mao Mao. Me dije ¿serán los mao mao? Con minúscula, en ese momento el pingú era yo, no es que se notase demasiado en la bragueta pero estaba hecho un toletú.

-Eh, brother coño deja al bichito que no te ha hecho nada.

Quizás deba decir que tuve éxito porque vaya si lo dejaron, ipso facto, aunque de nada le sirvió a pobre gorrioncin, ya estaba todo despanzurrado. Lo dejaron sí y vinieron a mi. Lo cierto es que llevaban tiempos queriendo tener una oportunidad de meterse conmigo pero yo siempre, como un rugbier con la pelota avanzaba hacia mi destino esquivando obstáculos, si estaban en una esquina yo cruzaba por la otra, si estaban en el centro me pegaba a las paredes. Casi siempre eran varios pero aunque solo hubiese habido dos, el grande malo y algún guatacón, yo tomaba los recaudos pertinentes.

En la cuadra vivía Camilo, el mejor amigo de Gerardo que era el hermano mayor de mi amigo de la niñez, Fernando. Alguien le avisó a Camilo y bajó con el primer intercambio de golpes, yo en realidad saltaba y tiraba los golpes al aire con un cuidado milimétrico, quirúrgico, de no darle en la cara para no empingar más o lo que era peor, chotear, al abusador frente a su hueste. ¿Cómo cojones este argentino flaco, desgarbado, del Habana Libre, que se cree masacrador de cucarachas me va a interpelar por estudiar la anatomía de un gorrión cagarruciado?

Camilo solo habló y los muchachos se retiraron, él era mayor, y aunque era pepillo, también era guapo, por eso Gerardo lo tenía de amigo, entre otras cosas. Es que seamos sinceros, no era fácil ser del Habana Libre y tener que ir cuarenta y cinco días al campo a esos albergues o a esas otras becas todo el año.

Al otro día en el Hotel me miraban con admiración, mi amigo Fernan me dijo "coño sacaste la cara por un pajarito, te felicito" de repente sentí que las chicas de los distintos países que acompañaban nuestras travesuras me miraron como a Charles Bronson o más bien como a Daktari. Camilo me había hecho un doble favor, me salvó de un tranqueo y me corrió la bola de pingú, lo cual si bien en la casi totalidad del tiempo era bola enfangada, en aquella tarde del parque Aguirre, guiado por no sé bien que ánima, se materializó con la dureza del diamante.

Ayer presenciamos lo diametralmente opuesto, el hillbilly calzonazos y el ratón suertudo de las Torres Trump se metieron con el bajito ciertamente gastarín Jack Flash de miles de millones y censor, pero acreedor de todo elogio referente a timbales, profesor de master acelerado en pingudencia, y tuvieron la suerte de no estar en un campo de batalla en el que jamás se los podría hallar, porque el bajito sin saco y corbata habría hecho champola de guayabitos con los dos titiris.

Ni aquel episodio aislado del parque Aguirre consiguió asentarme en la fama de fajador timbalú, ni ese papelón que solo califica a los dos abusadores de la cortesía hierática, le resta el mínimo ápice de valor al pedigüeño ucraniano del par de huevos pysanki.

 

Parque Aguirre

Parque Aguirre

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