María Corina ¿De Gaulle o Ghandi?
María Corina Machado es un personaje complejo, no es fácil encasillarla, hija de Henrique Machado Zuloaga, gran empresario del acero en Venezuela y de buena parte de la madera, cualquiera tendría derecho a creer que su lucha es para recuperar esa alta posición social mediante la herencia, pero no sería demasiado serio pensar así. Ella ha ido más allá, en lo personal ha demostrado un valor indiscutible, una conciencia de lucha más que respetable, sobre todo algo que todos los seres humanos conocemos bien, la valentía frente al miedo, el temple cuando aparece el pánico: no se fue y en cambio se enfrentó a Chávez primero cara a cara y después a Maduro de idéntica forma. Es un tipo de valor escaso.
Esto es indiscutible.
Pero por otro lado también es cierto que promovió intentonas golpistas, el detalle está en la etimología, "revolución- golpe" a la postre es lo mismo ambos buscan remover el status quo establecido, así como "intervención militar- bombardeo" toda vez que no existe una sola invasión que no se ejecute mediante una andanada brutal de misiles y todo tipo de bombas. Ella promovió las Guarimbas con decenas de muertos venezolanos. Y pidió a Netanyahu y a Trump, en sendas caratas documentos, la intervención-bombardeo de su país.
Ambas faces son ciertas, lo deseable sería que pudiésemos apreciar en su medida las dos caras de la moneda, y no que en dependencia de nuestra filosofía de vida o ideología, solo tomásemos en cuenta una de las dos vertientes del personaje descartando la otra.
¿Quién podría negar altos ideales a Charles de Gaulle, a Don José de San Martín, a Antonio Maceo o a Simón Bolívar, pero a la vez a quién se les ocurriría premiarlos con un reconocimiento a su trayectoria pacifista?
De ahí es que me parecería más adecuado que se la hubiese premiado con una presea al valor, al coraje, a la intrepidez incluso a la temeridad, y que considero un desatino total un reconocimiento a su labor por nada que guarde relación con el significado ni el significante del término: paz.
Rocca y Milei picante debate
En Argentina está teniendo lugar una interesante discusión en el terreno económico entre un teórico y un práctico.
Y no es una discusión cualquiera ya que interviene el bolsillo del consumidor, de la gente, del votante. Pero también el mediano y largo plazo de proyecto país. dentro del espectro de la derecha mundial, Milei representa en economía todo lo opuesto a Tronal Gump.
Se suscitó un debate sugestivo con aspectos para aprobar y para rebatir de ambos lados del ring entre Milei y Rocca uno de los más exitosos empresarios argentinos, en los siguientes términos:
" Milei: “Me dicen que cierran algunas empresas. ¿Y qué? ¿Cuántas veces escuchamos ‘no, porque si abren la economía el sector X va a caer’ o ‘va a dejar un tendal de desempleados’? Falso, de vuelta, la falacia de lo que no se ve. Si ustedes abren la economía y determinado sector quiebra, es porque el bien que ustedes están trayendo de afuera es de mejor calidad y/o más barato. Cuando pasa eso, ustedes tienen un ahorro y ese ahorro lo van a gastar en otro bien que además es más productivo y lo quiere la gente. Con lo cual, en realidad, no se produce pérdida de empleo. Y como van a un sector que es más productivo, la economía gana en productividad. Además, como los individuos disponen de mayor cantidad de bienes, además son más felices”.
Hace dos semanas, Rocca había comentado la manera en que el mundo cambió a partir de la ofensiva china en todos los terrenos y cómo las distintas potencias empezaban a levantar muros de protección para sus industrias y trabajadores. “La apertura racional implica política industrial, entender qué cadena de valor hay que apoyar y en qué cadena de valor aceptamos otro rol. Doy un ejemplo. El año pasado importábamos 5 mil lavarropas por mes. Este año importamos 87 mil por mes. En un año pasamos de importar 10 mil heladeras por mes a 80 mil. Los clientes tienen que tomar decisiones: ¿produzco y doy valor agregado o cierro y uso la cadena comercial para distribuir productos exportados?. Ahora, ¿cómo guiamos esas decisiones? ¿Dejando que las fuerzas que presionan sobre esto actúen libremente -el exceso de capacidad en China, la dificultad en competir de nuestro país-?”.
Milei desprecia estos planteos. “Cuando hablamos de abrir la economía aparecen los parásitos prebendarios exigiendo que los argentinos paguen más caro bienes de peor calidad. ¿A ustedes les queda claro que el que está pidiendo por protección está pidiendo salarios más bajos? La protección puede ser efectivamente vía un arancel o alguna restricción o generando una política monetaria descontrolada para devaluar: todo conduce a lo mismo, reventar los salarios y aumentar los pobres e indigentes”.
Por momentos, como sucede tantas veces, Milei parece contradecir al imperio de los sentidos. Si alguien compra un celular chino porque es más barato, tiene un ahorro. Con ese ahorro tal vez se compre una heladera, que seguramente también sea china. Con los dos ahorros quizás se compre ropa…que también está entrando a carradas desde China. Con los tres ahorros puede ser que se compre un auto, que también será importado. ¿Y qué hará con todo ese ahorro? A juzgar por los números de los últimos años, tal vez se vaya a Florianópolis de vacaciones. ¿En qué momento de todo ese proceso surge una fábrica o una empresa en la Argentina?"
En cierta forma lo planteado por Milei restando improperios lenguaje soez insultos y toda esa morralla tóxica, tiene un asidero en el sentido común, a la vez que Rocca, conocedor del desarrollo económico tiene mucho más sentido mirando el país a largo plazo.
Lo primero a debatir es que es "felicidad" y cuanto está ligada al consumo. En la filosofía incluso la ideología de Milei está indisolublemente ligada y es directamente proporcional, pero descartando calidad, el tema es cantidad.
De las grandes casas de ropa accesible a precio razonable, Benetton ofrece un surtido variado de sweaters de lana de calidad, desde lana de oveja Merina, a Kashmir, pasando por más refinado o más cruda confección. Está padeciendo una merma notable en sus ventas, han tenido que cerrar un número importante de tiendas. El consumidor ha cambiado. Le da igual que el sweater sea de polyester si se adecua a su gusto estético, el precio permite cambiarlo cada año, en cambio una prenda fina de Kashmir invita a hallarle sitio permanente en el armario y por ende en su imagen, pose, actitud expresada en el vestir. Lo que antiguamente era una virtud, ver envejecer una prenda con elegancia, el perfeccionamiento de los colores con el uso, las formas adaptadas al cuerpo, hoy se considera una rémora. ¿Para qué comprar unos zapatos Bally o Martinelli, incómodos, carísimos, si los vas a tener que usar siempre, pudiendo adquirir unos comodísimos Skechers, baratos y renovables al año?
Eso en cuanto al consumo, suponiendo siempre a la felicidad dentro del consumo, pero es que partimos de un supuesto muy frívolo, la esencia de la felicidad no se encuentra en la buena o mala calidad de los productos, aunque puede crearse esa ficción y casi percibirla como cierta, está probado que al cien por ciento de un grupo que les induce a un estado de relajación y se les invita a que recuerden el mejor y el peor recuerdo de sus vidas, en ninguno de los dos casos tiene relación con lo material. Aunque sí los sucesivos.
Pero así y todo ¿Quién le discute a Milei que un trabajador con una entrada discreta pueda "preferir" comprar un televisor TD System o un TCL a un Bang & Olufsen? Lo novedoso es la posibilidad de consumir más.
El debate está servido, yo me quedo con la opinión Rocca que propone un híbrido al discriminar entre sectores, pero también entiendo a Milei aunque su posición sea monolítica, atiende al 75% de la población.
¡Serénese y apunte bien!
Mi tío fue la causa de muchos desencajes familiares, obviamente no podía pasar desapercibido en el seno de una familia esa tromba que contagió o enfrentó al mundo. Generalmente he escrito sobre su impacto en el sentido del peso del mito, pero también quiero decir que este apellido es un orgullo por muchas razones, desde el pueblo Gebara de Álava pasando por los pioneros del continente Americano, la fundación de la provincia de Mendoza, los límites del Beagle, las aventuras en el lejano oeste Californiano en el siglo XIX, hasta mis dos hijos y tres hermanos, y decir que mi tío, como mi tía Celia y mi viejo están en el lugar más destacado.
La ultima sopa del Che.
EL ÚLTIMO GESTO DE AMOR HACIA EL CHE.
Julia Cortez entró en la escuelita porque quería ver al “monstruo”. Los milicos y la CIA llevaban tanto tiempo tratando de dar con él… Y ahora estaba allí, detenido, en La Higuera, encerrado en su diminuta escuela. A esa aldea boliviana de poco más de 50 almas, perdida en la montaña, ella había llegado hacía no muchos meses para ser la maestra. “Tenía 19 años”, cuenta lento esta mujer de 65. “Yo ni siquiera sabía cómo se llamaba el preso. Lo que nos habían dicho desde meses atrás es que era un cubano comunista que venía a Bolivia a imponer sus ideales y a hacernos daño. Que era el jefe de unos guerrilleros que asaltaban y violaban. Que llevaba una coraza y un casco y que era imposible que muera”. No pudo resistir la tentación de ver al villano, al animal enjaulado, a ese tipo que más tarde supo que se llamaba Ernesto Guevara.
“El Che estaba sentado en una silla al lado izquierdo de la pieza, detrás de la puerta, a oscuras. Le alumbraba una vela”, relata esta docente jubilada, acomodada en el sofá de su casa en Vallegrande, 45 años después de aquello. “Llevaba una manta sobre las piernas y con eso tapaba la herida de bala que tenía del combate en la Quebrada. Estaba pálido, deteriorado, sin higiene, aunque trataba de demostrar firmeza”. El guerrillero acababa de ser capturado. La maestra, entró porque el centinela que vigilaba le había dado permiso para ojear. Eso hizo. “Esperaba otra cosa, ese hombre no daba miedo”, cuenta que pensó. Entonces Guevara levantó el rostro para mirar a la persona que había venido a observarle: “Se saluda”, dijo él. Ella no supo qué hacer y se marchó corriendo.
Era un 9 de octubre de 1967 y la cacería que habían llevado a cabo durante los últimos once meses el ejército boliviano y la inteligencia estadounidense se cerraba en brindis. Del comando de 52 guerrilleros con el que había contado el Che en este país para tratar de derrocar la dictadura de René Barrientos y avivar la mecha que hiciera triunfar la revolución de Latinoamérica -la que él mismo había prendido en Cuba-, ya no quedaba nadie. Todos habían muerto en combate, o fusilados, pocos pudieron huir y alguno había desertado. Liquidada la parte del grupo que había tratado de abrirse camino por Río Grande, el último halo de resistencia liderado por Guevara se extinguía un mes después en un valle llamado la Quebrada del Churo, a las faldas del monte espeso donde se ubica La Higuera. Allí, a la escuelita de esta aldea, trasladaron al líder comunista herido.
El silencio del insignificante habitáculo aún hoy impone. Sus paredes, su piso y su techo están renovados. Conserva su emplazamiento, sus ínfimas dimensiones y algunas de las sillas y pupitres de madera carcomida donde permaneció sentado el comandante durante el arresto. La cabaña entonces tenía el suelo de tierra. El que volvió a pisar Julia cuando, horas más tarde de su primer encontronazo con el mito, fue avisada por los militares de que el prisionero pedía verla.
“No sé por qué quiso verme a mí, pero pasó eso. Yo ni quería”, prosigue esta anciana de ojos negros, recuerdos intactos y tono severo.
- ¿Qué le dijo?
- Que si era la maestra y que si había escrito yo en la pizarra ‘Ángulos’ sin acento, que eso era una falta de ortografía.
- Tenía carácter.
- Sí, ya lo creo que tenía. Pero era algo más.
- ¿Qué más?
- No sé bien cómo hacerlo entender. Mire, yo lo que tenía ante mis ojos era un hombre pálido, sucio, sentado y herido -afloja la aspereza de su rostro, -pero no entiendo por qué no podía verle así. Era raro. Con todo eso, era fuerte, firme, atractivo. Empezó a hablarme...
- ¿De qué?
- Fueron unos diez minutos. Me empezó a contar que él y sus guerrilleros habían venido a Bolivia a luchar por los débiles. Que había llegado el momento de que los pobres vencieran a los ricos. Que nosotros teníamos que luchar... Me hablaba de sus ideales.
- ¿Y qué pensó usted cuando escuchó todo eso?
- Verá, era inteligente, respetuoso, hablaba bien. Decía cosas con mucho sentido. Lo cierto es que me quedaba parada mirándole. No sé. Por lo que decía y cómo lo decía más que por su aspecto. Pero también por su aspecto. Yo siempre digo que era hermoso. Bello. No era un monstruo. Pensé que tenía razón en lo que hablaba.
A Julia le desapareció el miedo. Horas más tarde, sintió el impulso de preparar una sopa para llevársela al recluso. “El guardia me dio permiso a entrar de nuevo”.
- ¿De qué era la sopa?
- De maní.
- ¿Le gustó?
- No lo sé, pero me dio las gracias.
- ¿Le habló de algo más?
- Si, ahí fue cuando le hice la promesa. Se lo había prometido.
- ¿Prometer? ¿Qué le prometió?
- Estuvo hablándome otro ratito de su causa y yo le escuchaba. Estaba cómoda hablando con él. Yo le miraba todo el rato.
- ¿Pero cuál fue la promesa?
- Él me pidió que si podía enterarme, preguntando con disimulo a los militares, que qué iba a pasar con él. Le dije que lo iba a hacer. Quedé con él de volver a la escuelita y contárselo. Se lo prometí, ¿sabe?
- ¿Lo hizo? ¿Se lo dijo?
- 20 minutos más tarde o algo así, desde mi casa, escuché disparos-, entrecruza Julia los dedos de las manos como haciendo resistencia al recuerdo–. Volví corriendo a la escuelita y la puerta estaba abierta. Entré y él estaba allí, tirado en el suelo. […] No pude cumplir mi promesa.
- ¿Qué hizo cuando entró usted en esa escuelita y vio a Guevara muerto, doña Julia?
- Para mí no era Guevara, era ese hombre que me había hablado y al que le había hecho una promesa. Me quedé paralizada. No sé por qué. Me había entrado mucho miedo. No podía ir ni quedarme. Estaba sola e inmóvil. Le miraba. Cuando pude mover las piernas, sin pensar, empecé a andar muy rápido hacia fuera del pueblo.
Ernesto Guevara había sido ejecutado. (…) Un miembro de la CIA –supuestamente– dio órdenes de asesinarle disparándole del cuello hacia abajo, ya que las radios llevaban desde el día anterior diciendo que el Che había muerto en combate. Mario Terán, el suboficial del ejército boliviano que ofició de verdugo, entró con su fusil M-2 al aula y efectuó las descargas. Fueron dos ráfagas que le agujerearon primero las piernas y luego el pecho. Más tarde, el suboficial relató aquel momento en una emotiva carta de arrepentimiento [según publicaron algunos medios] en la que cuenta cómo, al ingresar en aquella escuelita, el condenado se puso de pie, levantó la cabeza y le lanzó una mirada que le hizo “tambalear por un instante”. “Póngase sereno y apunte bien. Va a matar a un hombre”, le ordenó el reo a su ejecutor. Terán fue, quien con la camisa impregnada “de miedo, sudor y pólvora”, salió de allí tras finalizar su encargo, dejando a su espalda “la puerta abierta” que encontró Julia instantes después.
Pellejos y espejos
¡Ahora sí papi, estamos en el salón de los espejos!
Nuestros flautistas de Hamelin
El vertiginoso crecimiento y colonización del espacio público de Javier Milei es totalmente cierto e indiscutible, no es opinión, son hechos. Es un fenómeno de abducción de las victimas que habrá que estudiar, que deberán abordar historiadores, sociólogos y psicólogos sociales, pero lo cierto es ese deseo latente de la población que se produce cada ciertos períodos de tiempo, de autofagia, de que apareciese su flautista de Hamelin con su marcha inflexible al abismo, se vio ampliamente superado con el fenómeno Milei y su casta.
Lo cual nos obliga a contrastar con otros períodos de la Historia que discursos vacíos, absolutamente disparatados, contradictorios, sin el más mínimo sentido ni asidero con la realidad, han cautivado a las masas sensiblemente más que las propuestas reflexionadas, meditadas, equilibradas, forjadas en lo posible. Y sí, claro que ha habido un nutrido numero de estas para establecer como paralelismo, aunque no del mismo corte, ahí está la novedad de esta ola universal. En mi opinión las revoluciones en el momento de producirse fueron siempre un claro paso adelante de la humanidad, pero la persistencia en dicha pulsión sostenida en el tiempo es desde la misma lógica, una aberración contradictoria. De la aparente otra orilla que es la misma, los nacimientos de los movimientos fascistas, falangistas y nazis del siglo pasado, ocurrieron con idéntico entusiasmo e igual divorcio de la realidad.
¿Qué hace que un pueblo elija un líder que va a los ponchazos, improvisando en materia de ocurrencias a cada paso o frente a cada nuevo escollo? ¿Será la identificación de la gente con ese modo de actuar, un desdén por el programa, la profilaxis, la planificación toda vez que ello se asimila más a un aparato muñido de medios que a las soluciones imprevistas que la gente común debe hacer frente ?
Que se yo, lo cierto es que el sistema, sea cual fuere, el del poder, descubrió que ya es un dispendio injustificado gastar tiempo y recursos en golpes de estado, toda vez que las urnas pueden arrojar un resultado ostensiblemente mejor, elegido por las víctimas, y encima con renovado entusiasmo.
Ayer se juntaron ochenta mil personas en el Templo de Debod de Madrid a escuchar las soflamas de una presidenta de la Comunidad rodeada de corrupción desde antes de su posesión al cargo, padre, madre, hermano y pareja beneficiados pro su cargo, y un aspirante a presidente amigo del mayor narcotraficante de su Comunidad autónoma, Galicia, a proponer a la gente un gobierno donde se les reduzca a la mínima expresión la atención médica universal, la educación, la solidaridad social como garante de una paz demostrada y duradera, el acceso a vivienda y trabajo a cambio de una ficción de libertades, que incluye en primer término beber cervezas en una ciudad que inventó el tapeo en el siglo XVI, donde hay un bar cada cien habitantes desde hace más de dos siglos, y la libertad de prohibir la socialdemocracia. Cualquiera pensaría que se tuvieron que ir por los abucheos del pueblo damnificado, pero como ya vemos en esta cresta de ola universal, ocurrió lo contrario, las ratitas pidieron a gritos la asunción del flautista de Hamelin ibérico que se los lleve a todos a Finisterre acantilado abajo.
Y vuelta a empezar.
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